Archivos diarios: 30/03/12

SEGUNDO MISTERIO DE GOZO


MARÍA VISITA A SU PRIMA ISABEL

“Por entonces María tomó su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Al oír Isabel su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espiritu Santo y exclamó en alta voz: ‘¡Bendita tú eres entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Cómo he merecido yo que venga a mí, la Madre de mi Señor? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. ¡Dichosa tú por haber creído que se cumplirían las promesas del Señor!’ María dijo entonces: ‘Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador; porque se fijó en su humilde esclava y desde ahora todas la generaciones me llamarán feliz. El Poderoso ha hecho grandes cosas por mí: ¡Santo es su Nombre! Muestra su misericordia siglo tras siglo a todos aquellos que viven en su presencia. Dio un golpe con todo su poder: deshizo a los soberbios y sus planes. Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel su siervo, se acordó de su misericordia como lo había prometido a nuestros padres, a Abraham y a sus descendientes para siempre.’ María se quedó unos tres meses con Isabel y después volvió a su casa. (Lucas 1, 39-56)

María revela:

“PORQUE PARA DIOS, NADA ES IMPOSIBLE.”

Esto me dijo el Ángel al referirse al sexto mes de embarazo de mi prima, que había concebido un hijo en su avanzada edad.

Yo solamente comuniqué a José, la necesidad de ir a atender a Isabel en el tiempo que faltaba para el parto y después durante el puerperio.

“Partió apresuradamente…” dice el Evangelio.

Y lo hice porque quería ayudar materialmente a Isabel, mujer valerosa de fe firme y entrega confiada en la Voluntad de Dios; a la que con su don quitó la humillación de la esterilidad; pero a la que al quedar encinta en edad no apropiada, tenía un gran sufrimiento físico.

Dios provee aun en las cosas más pequeñas a quién en ÉL espera.

El don de Dios nos debe hacer siempre mejores y yo no podía ser egoísta. Hice a un lado mis propias labores y me fui a hacer las de Isabel. No me dio miedo no tener tiempo después para preparar la llegada de Jesús. Sabía que Dios es el Dueño del tiempo y que la caridad nunca retrasa; así como también sabía del grave daño que el egoísmo causa a nuestra alma.

Con grande amor y alegría, acudí presurosa a la casa de mi prima. Dios santificó mi intención y pre santificó al Bautista, pues al saludarnos, al mismo tiempo que se quitaron los sufrimientos físicos a Isabel, quedó llena del Espíritu Santo y los movimientos del bebé, fueron el primer discurso del Precursor, ya que hizo comprender a su santa madre, el Misterio que se encerraba en mí.

Apenas se formó mediante la potencia del FIAT Supremo la pequeña humanidad de Jesús en mi seno, el sol del Verbo Eterno se encarnó en Ella. Su Luz se desbordaba fuera e invistiendo Cielo y tierra llegaba a todo corazón.

Y con su toque de luz llamaba a cada criatura y con voces de luz penetrante les decía:”Hijos Míos, denme lugar en vuestro corazón, he descendido del Cielo a la tierra para formar en cada uno de vosotros Mi Vida. Mi madre es el centro donde Yo resido y todos Mis hijos serán la circunferencia donde quiero formar tantas vidas Mías por cuántos hijos son.”

Yo me sentía arder en el deseo de dar un desahogo a las llamas de amor que me consumían y de comunicar mi secreto a Isabel, quien también suspiraba por la venida del Mesías a la tierra.

El secreto es una necesidad del corazón que irresistiblemente se revela a las personas que son capaces de entenderse. ¡Quién podría deciros cuánto bien dejó mi visita a Isabel.

 

A Juan en particular, recibió todas las gracias para prepararse como precursor de mi Hijo, que entonces exultó tan fuertemente de amor y alegría que Isabel se sintió sacudida…

Y llena de gratitud exclamó “¿De dónde a mi tanto honor, que la Madre de mi Señor venga a mi?”

Dios le descubrió nuestro secreto. Y yo di al Señor la Alabanza que era justo darle, porque no podía negar la Gracia que me había sido concedida: ser la Madre de su Verbo:

Magnificat
Magníficat ánima mea Dóminum,
et exsultávit spíritus meus
in Deo salvatóre meo,
quia respéxit humilitátem
ancíllae suae.
Ecce enim ex hoc beátam me dicent
omnes generatiónes,
quia fecit mihi magna,
qui potens est,
et sanctum nomen eius,
et misericórdia eius in progénies
et progénies timéntibus eum.
Fecit poténtiam in bráchio suo,
dispérsit supérbos mente cordis sui;
depósuit poténtes de sede
et exaltávit húmiles,
esuriéntes implévit bonis
et dívites dimísit inánes.
Suscépit Ísrael púerum suum,
recordátus misericórdiae,
sicut locútus est ad patres nostros,
Abraham et sémini
eius in sæcula
Glória Patri, et Filio,
et Spirítui Sancto.
Sicut erat in princípio,
et nunc et semper,
et in sæcula sæculórum. Amen.

Los meses fueron transcurriendo y conversábamos mientras tejíamos. ¡Cuánta paz había en aquella casa! Si no hubiera venido a mi mente el recuerdo de José y el pensamiento de que mi Niño era el Redentor del Mundo, hubiera sido feliz. 

Pero la sombra de la Cruz y el eco fúnebre de las voces de los profetas, me perseguían a través de los siglos y eran un martirio que no se apartaba de mí.

Mi nombre: MARÍA.  (Estrella, pero también Amargura)

Y la amargura se mezclaba en mi corazón, con las dulzuras que Dios vertía en él. Y fue siempre en aumento hasta la muerte de mi Hijo.

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Oración,

AMADO PADRE CELESTIAL:

Toma todo nuestro ser y aparta de él todo lo que nos estorba para llegar hasta TÍ. Libéranos de la soberbia y del egoísmo. Llénanos de amor y de verdadero espíritu de servicio para con nuestros hermanos.  Amen

PADRE NUESTRO…

DIEZ AVE MARÍAS…

GLORIA…

INVOCACIÓN DE FÁTIMA…

JACULATORIA…

CANTO DE ALABANZA…