Archivos diarios: 6/04/12

EL DRAMA DEL CALVARIO I


Cuatro musculosos hombres que traen túnicas cortas y sin mangas, brincan de una vereda, al lugar del suplicio. Llevan en las manos clavos, martillos y cuerdas. Objetos que con gestos elocuentes, muestran a los sentenciados.

La multitud es presa de un sanguinario delirio…

El centurión presenta a Jesús la jarra, para que beba vino mirrado; que es como un ligero anestésico; pero no acepta. Los dos ladrones beben mucho. La jarra vacía la colocan cerca de una gran piedra, casi al borde del precipicio que está detrás.

Se ordena a los sentenciados que se desvistan. Los dos ladrones lo hacen sin ningún pudor. Uno de ellos insinúa gestos obscenos a la plebe y sobre todo, al grupo sacerdotal; que se distingue por sus vestiduras blancas. El otro está muy pensativo y en su rostro tiene una expresión reflexiva…

Los verdugos ofrecen tres pedazos de tela, para que se cubran las ingles. Los ladrones los toman de inmediato y uno, sigue maldiciendo…

Jesús, que se ha quitado sus vestiduras despacio, por el dolor de las heridas; lo rehúsa. Tal vez piensa que todavía puede conservar los paños menores que tuvo en la flagelación. Pero cuando le dicen que aún estos se quite, Él se angustia.

                       

 Extiende su mano al verdugo y le pide el pedazo de tela que rehusó, para poder cubrirse…

¡El Creador del Universo y de todo cuanto existe, Aniquilado a este nivel!…

Es realmente el ‘Nada’… Reducido a tener que mendigar un trapo a los delincuentes que van a acabar con su vida…

María lo ve… Se quita el largo y fino velo blanco que le cubre la cabeza, bajo el manto oscuro… Y que ha bañado con sus lágrimas… Se lo quita sin que se caiga el manto y se lo da a Juan. Éste lo pasa a Longinos y él se lo da a Jesús…

Él está desnudo, frente al lado escarpado donde no hay nadie…

Y muestra a todos, su Cuerpo llagado y deshecho por los golpes…  Lleno de heridas abiertas y sangrantes…

Cuando Longinos le da el velo de la Virgen; Jesús lo reconoce… Se lo pone cuidadosamente, para que no se caiga. Sobre este lino que hasta ahora estuvo bañado en lágrimas, caen ahora las primeras gotas de Sangre…

Jesús se vuelve hacia la plebe… Se ven los azotes en el pecho, los brazos y las piernas. A la altura del hígado; tiene un enorme moretón… Y bajo el arco costal izquierdo, se ven claras siete rayas, que terminan en siete pequeños golpes, que reventaron la piel y sangran… Un cruel golpe en esta zona tan sensible del diafragma…

Las rodillas, tan castigadas con las caídas; desde la detención y en la subida al Calvario; están negras de cardenales abiertos en la rótula. Sobre todo la derecha… Y también sangran…

La chusma se burla de Él en coro… Cantando, con el Cantar de los Cantares:

–                       ¡Oh, Bello! ¡El más Bello entre los hijos de los hombres! ¡Las hijas de Jerusalén te adoran!…  –y en tono de Salmo-   “Mi amado es blanco y rubio; diferente de miles y miles. Su cabeza es oro puro. Sus cabellos, racimos de palmeras. Sedosos como plumas de cuervo… Su Tronco es marfil, con vetas de zafiros. Sus piernas, perfectas columnas de blanco mármol, sobre pedestales de oro. Su Majestad es como la del Líbano, imponente… Es más alto que el más alto cedro. Su lengua está impregnada de dulzura y él es toda una delicia.

Se carcajean a placer…  Luego gritan:

–                       ¡El Leproso! ¡El leproso! ¡Fornicaste con un ídolo, pues Dios te castiga de este modo! ¡Oh, oh!…  ¡El Perfecto! ¿Eres el Hijo de Dios? ¡Que no!… ¡Eres un aborto de Satanás! Por lo menos él: Mammona, es poderoso y fuerte… Tú… Eres una piltrafa impotente y asquerosa…

Los ladrones están amarrados a las cruces y los colocan a cada lado, respecto al lugar destinado a Jesús. Hay gritos, maldiciones, blasfemias. Blasfeman de Dios. Dela   Ley.Delos romanos. De los judíos…

Es el turno de Jesús. Se extiende sobre el leño sin oponerse. Los dos ladrones se mostraron tan rebeldes que, no dándose abasto con cuatro verdugos; tuvieron que intervenir varios legionarios, para sujetarlos…  Para que no diesen de puntapiés a los verdugos, cuando les amarraban las muñecas. Para Jesús, no hay necesidad de nada de esto… Pone la cabeza donde le dicen que la ponga. Abre los brazos como se lo ordenan. Extiende las piernas, como le mandan. De lo único que se preocupa; es de acomodarse bien el velo…

Su largo…  delgado y blanco cuerpo; resalta sobre el leño negruzco y sobre el suelo amarillento. Dos verdugos se sientan sobre su pecho, para asegurarlo. ¿Cuál no habrá sido el dolor y la opresión que experimenta?…  Otro le toma el brazo derecho. Con una mano por el antebrazo y con la otra, las extremidades de los dedos…

El cuarto tiene un clavo largo, cuadrangular. Puntiagudo; remachado en la cabeza grande. Como de una pulgada de diámetro. Valora si el agujero hecho en el palo, corresponde a la coyuntura de radio de la muñeca…

Corresponde. El Verdugo coloca la punta del clavo en el pulso. Levanta el martillo y da el primer golpe…

Jesús. Que tenía los ojos cerrados… Al sentir el agudo dolor; da un grito… Y se contrae… Abre sus ojos que nadan en lágrimas. El clavo penetra; desgarrando la piel… destrozándole músculos, venas, nervios… Lastimándole los huesos…

María responde al grito de su Hijo; con otro que se parece al de un cordero degollado. Se inclina como destrozada; sosteniéndose la cabeza con las manos. Para no darle más aflicción, Jesús no grita más.

Pero los golpes se suceden…  Metódicos, duros; de hierro sobre hierro… Y pensar que debajo hay un miembro vivo que los recibe…

La mano derecha ha sido ya enclavada.

Y pasan a la izquierda… El agujero no corresponde a la muñeca. Toman un lazo. La amarran y la estiran, hasta dislocar la coyuntura… Arrancando tendones y músculos… Además de desgarrar aún más la piel, que las cuerdas habían rozado tan fuerte, cuando  lo apresaron. La otra mano también sufre, porque por reflejo se estira y el agujero del clavo se alarga. Ahora apenas si se llega a la muñeca. No les queda más, que clavar en medio del metacarpo. El clavo entra más fácilmente; pero con un dolor mucho más intenso; pues toca una red de nervios mucho más sensibles. Tanto es así, que los dedos se quedan inertes, mientras que los de la derecha se contraen y se doblan, mostrando su vitalidad.  Jesús no grita más.

Un lamento ronco desaparece entre sus labios. Las lágrimas, después de haber caído sobre el madero; ahora caen sobre la tierra.

Es el turno de los, pies. A más de dos metros de la punta dela Cruzhay una cuña que apenas basta para un pie. Los pies se ponen ahí para ver si la medida está bien hecha y como está un poco abajo y los pies no llegan; tiran de sus tobillos. El palo rugoso dela Cruzrestriega las heridas, mueve la corona que arranca más cabellos y está a punto de caer. De un manotazo, un verdugo la vuelve a colocar sobre la cabeza.

Los que estaban sentados sobre el pecho de Jesús, se levantan para luego sentarse sobre sus rodillas, porque Jesús en un acto reflejo, retiró las piernas al ver brillar el enorme clavo demasiado grande; más del doble de los que emplearon para las manos. Se apoyan sobre las rodillas desolladas. Aprietan los huesos de la pierna, mientras que los otros dos clavan…

Una labor más difícil, porque tratan de que las junturas correspondan a las de los tarsos. Aunque con cuidado; pretenden que los pies estén quietos y que el tobillo y los dedos, coincidan. El pie que está debajo, se mueve al penetrar el clavo y tienen que sacarlo… Después de que penetró en la parte blanda, ya había despuntado por haber perforado el pie derecho. Cambian la posición de los pies. Ahora el izquierdo arriba. Hincan el clavo un poco más al centro. Golpean, golpean…

Y la misma multitud que recibió los beneficios de los milagros de Jesús…

Está presente ahora…

No se oye más que el horrible golpeteo del martillo, sobre la cabeza del clavo, pues multitud que está presente en el Calvario tiene los ojos y los oídos atentos… Para captar cualquier gesto, cualquier ruido, para después reírse…

Al áspero sonido del martillo, contesta un levísimo gemido de paloma: el gemido de María que se inclina con cada golpe; como si el martillo diese sobre Ella. Y tiene razón en sentirse despedazada… Puesla Crucifixión; si es algo espantoso de describirse. Vivirla y sentirla Jesús…

Y que una Madre amorosísima como es Ella, tenga que soportar el presenciarla en su Hijo… Y es colocado el letrero que informa el crimen cometido y la causa de su sentencia…

Igual quela Flagelación, por lo que toca a la contracción involuntaria muscular; pero mucho más atroz. Porque se comprueba cómo el clavo se pierde en la carne viva. Eso sí, es más breve.La Flagelaciónes una tortura que debilita mucho, porque dura más tiempo.

Se arrastra ahorala Cruzal agujero, que debido a la desigualdad del suelo, se sacude violentamente… Y con ella, el Cuerpo de Jesús… Cuando intentan levantarla, no logran equilibrarla. Se les escapa de las manos y cae cuán pesada es…

Una vez más lo intentan. Se escapa de las manos de los verdugos y vuelve a caer… Esta vez, sobre el brazo derecho de la misma cruz. A la tercera vez, por fin se levanta la Cruz. Cada caída causa un horrendo dolor a Jesús, (Otro más) en todo su Cuerpo, porque el sacudimiento le afloja los miembros heridos.

Satanás observa su obra… 

Cuando dejan caer la cruz sobre el agujero y antes de que se le asegure con piedras y tierra, se balancea para todas direcciones, produciendo continuos desplazamientos del cuerpo suspendido con tres clavos. El sufrimiento es completo.

Todo el peso del cuerpo se desplaza para adelante y hacia abajo. Los agujeros se alargan. Sobre todo el de la mano izquierda. También el de los pies; en donde mana sangre con fuerza. La sangre que brota de los pies. Gotea por los dedos en tierra y corre bañando el palo.

La de las manos corre por los antebrazos, porque están más altos que las axilas. Baña las costillas bajando hacia la cintura. La corona que se movió cuandola Cruzse balanceaba antes de ser fijada, hundiendo en la nuca el grueso nudo de espinas; vuelve a encajarse hasta la frente; a la que rasga sin piedad.La Cruzha sido asegurada.

Ahora el tormento es estar enclavado.

Levantan también a los ladrones que gritan como si fuesen desollados; por el tormento de las cuerdas que rasgan sus muñecas y ennegrecen las manos, con las venas hinchadas por la falta de circulación sanguínea.

Jesús calla.

La plebe empieza su gritería infernal…

Ahora la cima del Gólgota tiene su trofeo y su guardia de honor…

En el lado más alto, la Cruz de Jesús. Flanqueada por las otras dos. Media centuria de soldados rodea la cima. Dentro de este círculo, los que se apearon del caballo, se juegan a los dados las vestiduras de los sentenciados.

De pié, entre la cruz de Jesús y la de la derecha, está Longinos. Parece como si montase guardia al Rey Mártir.

La otra media centuria, descansa en la plazoleta inferior, a la espera de que se les pueda necesitar. Los soldados muestran casi una indiferencia total. Como si estuvieran acostumbrados a estos espectáculos. Solo alguno levanta de vez en cuando su cara, a mirar a los crucificados.

Longinos mira todo atentamente y con interés. Piensa, compara, saca sus conclusiones. ¡Qué diferente es Jesús de los otros dos y de los espectadores!

Se lleva la mano sobre la frente, para taparse el sol que parece molestarlo. En realidad es un sol extraño, de color amarillo-rojizo de fuego. Es tan fuerte, que apenas si los ojos lo resisten. Ve ala Virgenque está en la explanada y mira a su Hijo con el rostro desgarrado por el Dolor.

Llama a uno de los soldados que juegan a los dados y le ordena:

–                       Si la Madre de Él quiere subir con su hijo que la acompaña, que vaya. Escóltala y ayúdala.

El joven militar obedece inmediatamente y va a donde está María con Juan.

Luego los tres suben por los escalones tallados en la roca. Pasan el cordón que forman los soldados y se acercan al pie de la Cruz. María se pone a una distancia, para que Jesús la vea bien. Ella lo mira tratando de darle algún consuelo, con un rostro heroico por el corren las lágrimas incontenibles.

La chusma suelta sus insultos ignominiosos contra Ella y contra Él.

La plebe, los sacerdotes, los herodianos, etc. Quieren divertirse. Y se ponen en fila, subiendo por la pendiente;  pasando por la elevación final del monte y bajando por el otro camino. Y viceversa.

Cuando pasan frente al patíbulo a los pies de la meseta, en la segunda plazoleta; lanzan sus blasfemias, en señal de homenaje contra el Agonizante.

Toda la suciedad, crueldad, odio, insensatez; de que los hombres son capaces, brotan de esas almas poseídas y con labios infernales…

Los más furiosos son los miembros el Templo con todos sus compinches…

Los miembros del Sanedrín:

–                       ¡Y bien! ¡Tú Salvador del género humano! ¿Por qué no te salvas? ¿Te ha abandonado tu rey Belzebú? ¿Te desconoció ya?

–                       Tú, que no hace ni tres días, con ayuda del Demonio hiciste decir al Padre… ¡Ja, ja, ja! Que te había glorificado. Entonces, ¿Por qué no le recuerdas que guarde su promesa?

–                       ¡Blasfemo! Ha salvado a los otros. ¡Y decía que con la ayuda de Dios! ¡Y no logra salvarse a Sí Mismo! ¿Quieres que se te crea? ¡Haz entonces el milagro! Ya no puedes, ¿Verdad? Ahora que tienes las manos clavadas y estás desnudo.

Algunos saduceos y herodianos a los soldados:

–                       ¡Cuidado con la hechicería! ¡Vosotros que tenéis sus vestidos! Contienen la señal del Infierno…

La gentuza en coro:

–                       ¡Baja dela Cruzy creeremos en Ti! Tú que destruyes el Templo… ¡Loco! Mira. Allá está el santo y glorioso Templo de Israel. ¡Es intocable! ¡Profanador! Te estás muriendo…

Calascebona, Simón Boeto y Félix:

–                       ¡Blasfemo! ¿Hijo de Dios Tú? Baja pues. Fulmínanos si eres Dios. No te tenemos miedo. Al contrario, te escupimos. Lo único que sabe es llorar. ¡Sálvate si en verdad eres el Elegido!

Los soldados:

–                       ¡Sálvate pues! Reduce a ceniza a estos bribones. –y volviéndose a los fariseos- Eso sois vosotros judíos. Sois los peores bandidos del imperio. Su hez. Baja. Roma te pondrá en el Capitolio y te adorará como una divinidad.

Simón de Cafarnaúm, Cornelio y Cananías.

–                       Eran más dulces los brazos de las mujeres, que los dela Cruz, ¿No es verdad? Pero mira: están ya prontas para recibirte tus… hetairas. ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! Toda Jerusalén te servirá de madrina de bodas.  –y silban como carreteros.

Otros del Sanedrín lanzan piedras y Félix grita:

–                       Cambia éstas en panes, Tú, multiplicador de ellos.

Los escribas y fariseos, remedando el Domingo de Ramos; avientan palmas gritando:

–                       ¡Maldito el que viene en el nombre del Demonio! ¡Maldito su reino! ¡Gloria a Sión que lo arranca de entre los vivos!

Doras se coloca frente ala Cruzy muestra el puño haciendo cuernos y gritando con odio feroz:

–                       ‘Te entrego al Dios del Sinaí’ Así dijiste, ¿No es verdad? Ahora el Dios del Sinaí te prepara para el fuego eterno. ¿Por qué no llamas a Jonás?…

CONTINUARÁ…