Archivos diarios: 16/04/12

QUINTO MISTERIO LUMINOSO III


JESÚS INSTITUYE LA EUCARISTÍA

Jesús, con la cabeza inclinada, maquinalmente acaricia los cabellos rubios de Juan. Se estremece. Sacude la cabeza, la levanta, mira a su alrededor, sonríe a sus apóstoles como para consolarlos y dice:

–                       Levantémonos y sentemos juntos, como los hijos se sientan alrededor de su padre.

Toman los lechos que están detrás de la mesa y los llevan al otro lado.

Jesús se sienta en su lecho, entre Santiago y Juan, como antes. Pero cuando ve que Andrés va a sentarse en el lugar que dejó Iscariote, grita:

–                       ¡No! ¡Allí, no!

Un grito impulsivo que su inmensa prudencia no logra controlar. Luego busca de darle una explicación diciendo:

–                       No es necesario dejar tanto lugar. Estos asientos son suficientes. Quiero que estéis muy cerca de Mí.

Andrés deja el asiento vacío y sin moverlo. Y busca acomodarse en otro lugar.

Jesús está en el centro.

Santiago de Zebedeo llama a Pedro y le dice:

–                       Siéntate aquí. Yo me siento en este banco, a los pies de Jesús.  –y le deja su lugar junto a Jesús.

Pedro suspira feliz:

–                       ¡Qué Dios te bendiga, Santiago! ¡Tenía tantas ganas!

Jesús sonríe:

–                       Veo que empieza a surtir efecto lo que antes os dije.  Los buenos hermanos se aman entre sí. Y en cuanto a ti, Santiago, te digo: ‘Dios te bendiga’ Esta acción tuya, jamás será olvidada. Y la hallarás premiada allá arriba.

Todo lo que pido lo alcanzo. Lo habéis visto. Bastó un deseo mío para que el Padre concediese a su Hijo darse en comida al hombre. El Hijo del hombre ha sido glorificado ahora, con todo lo ocurrido. Porque el milagro es prueba de poder y solo es posible que sea realizado, por los amigos de Dios. Cuanto más grande es el milagro, tanto más segura y profunda es la amistad divina. Esto es un milagro que por su forma, duración, naturaleza, por sus límites; no puede ser mayor. Yo os lo aseguro: es tan poderoso, sobrenatural e inconcebible a los ojos del hombre a los ojos del hombre soberbio; que muy pocos lo comprenderán como debe ser. Y muchos lo negarán. ¿Qué diré entonces? ¿Qué se les condene? ¡No! ¡Que se les tenga piedad! Cuanto mayor es el milagro, tanto mayor es la gloria que recibe el que lo hizo. Ha sido Dios Mismo Quien dice: “Este amado mío lo quiso, lo alcanzó. Se lo concedí porque lo amo”

Alégrate tú que regresas a tu Trono, ¡Oh Esencia espiritual dela SegundaPersona! ¡Alégrate! ¡Oh, carne que vuelves a subir, después de un largo destierro en el fango! No es el paraíso de Adán, sino el del Padre, que será el lugar donde vivirás. Si por órdenes de Dios un hombre detuvo el sol con admiración de todos, ¿Qué no sucederá en los astros, cuando vean el prodigio de que el Cuerpo del Hombre perfectamente Glorificado, sube y se sienta a la derecha del Padre? Hijitos míos, todavía estaré un poco con vosotros. Luego me buscaréis, pero donde Yo esté, no podréis ir.

Pensad en mi Madre… Ni siquiera Ella podrá ir a donde Yo voy. Y sin embargo Yo dejé al Padre para venir a Ella y hacerme Jesús en su vientre inmaculado. Nací de Ella, de la Inviolable, en un éxtasis luminoso. Me alimenté de su amor convertido en leche. Tuve pureza y amor, porque me alimentó con su virginidad, que fecundó el Amor Perfecto, que vive en el Cielo. Yo crecí con sus fatigas y sus lágrimas… Y sin embargo le pido un heroísmo que nunca se ha realizado y que no tiene comparación.  Y con todo, nadie le iguala en amarme. Y pese a todo esto la dejo y me voy a donde Ella no irá, sino después de mucho tiempo. En Ella reside toda clase de gracias y de santidad. Es el ser que todo lo ha tenido y que todo lo ha dado. Nada se le puede agregar, nada quitar. Es el testimonio santísimo de lo que puede Dios.

Para estar seguro de que seréis capaces de llegar a donde Yo esté; de olvidar el dolor de la pérdida de vuestro Jesús. Os doy un mandamiento nuevo: Que os améis los unos a los otros, así como os he amado. Y de este modo se conocerá que sois mis discípulos. Cuando un padre tiene muchos hijos, ¿Cómo se sabe que lo son? Por el amor común que los une. Aun cuando muera el padre, la familia buena no se dispersa,  porque la sangre es una, la que el padre comunicó. Y liga en tal forma que ni siquiera la muerte destruye tal unión. Porque el Amor es más fuerte que la muerte. Ahora, si vosotros os amáis, después de que os haya dejado; todos reconocerán que sois mis hijos y por lo tanto mis discípulos. Y verán que todos sois hermanos, porque tenéis un solo Padre.

Pedro pregunta:

–                       ¿Señor, pero a dónde te vas?

Jesús contesta:

–                       Me voy a donde por ahora no puedes seguirme. Más tarde lo harás.

–                       ¿Y por qué no ahora? Te he seguido siempre, desde que me dijiste: ‘Sígueme’ Sin pena alguna he dejado todo. ahora, no es justo de tu parte irte sin tu pobre Simón, dejándome sin Tí.  Tú que eres todo para mí. Por quién dejé lo poco que antes tenía… ¿Vas a la muerte? Está bien. también yo voy. Iremos juntos al otro mundo, pero antes te defenderé. Estoy dispuesto a morir por Ti.

–                       ¿Qué morirás por Mí? ¿Ahora? Ahora no. En verdad, en verdad te aseguro que no habrá cantado el gallo, antes de que me hayas negado tres veces. Estamos en la primera vigilia. Luego vendrá la segunda… y después la tercera. Antes de que lance su qui-qui-ri-quí el gallo, tres veces habrás negado a tu Señor.

–                       ¡Imposible, Maestro! Creo lo que dices, pero no esto. Estoy seguro.

–                       En estos momentos lo estás, porque estoy contigo. Tienes a Dios contigo. Dentro de poco el Dios Encarnado será apresado y no lo tendréis más. Satanás después de haberos engañado, os llenará de espanto. Tú misma confianza es un ardid suyo, una treta para engañaros.  Os insinuará: ‘Dios no existe. Yo sí existo.’ Y aun cuando el miedo os haya hecho incapaces de reaccionar; sin embargo lograréis comprender que cuando Satanás sea el dueño dela Hora, el Bien habrá muerto y el Mal estará a sus anchas. El espíritu habrá sido abatido y lo terreno triunfante. Entonces quedaréis como soldados sin jefe, perseguidos por el enemigo. Y atemorizados doblaréis cual vencidos, vuestra espalda ante el vencedor. Y para que no se os mate,  renegaréis del héroe caído. Pero os pido una cosa y es que vuestro corazón no pierda su control. Creed en Dios. Creed también en Mí. Creed en Mí, contra todas las apariencias. Tanto el que queda como el que huye; crea en mi Misericordia y en la del Padre.  Tanto el que calle, como el que abre su boca para decir: ‘No lo conozco’ De igual modo crea en mi Perdón.  Creed que como fuesen vuestras acciones en lo porvenir, dentro del Bien, de mi Doctrina y por lo tanto de mi Iglesia, os dará un  lugar en el Cielo. Enla Casade mi Padre hay muchas moradas. Si no fuese así os lo habría dicho, porque no me adelantaría a preparaos un lugar. Ahora me voy, cuando haya preparado a cada uno su lugar enla JerusalénCelestial, regresaré y os llevaré conmigo, para que estéis donde Yo estoy. Donde no habrá muerte, lutos, llantos, gritos, hambre, dolor, tinieblas, sequía. Sino luz, paz, felicidad, cánticos… Quiero que estéis donde estaré Yo. Sabéis a donde voy y conocéis el camino.

Tomás pregunta:

–                       ¡Pero Señor! No sabemos nada. Nos debes decir a dónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino que debemos tomar para ir a Ti y abreviar la espera?

–                       Yo Soy el Camino,la Verdad,la Vida.Muchasveces os lo he dicho y os lo he explicado. En verdad os digo que algunos que ni siquiera sabían que existe Dios, os han tomado ya la delantera, dirigiéndose por mi Camino. ¡Oh! ¿Dónde estás tú, oveja extraviada de Dios a quién volví a traer al rebaño? ¿Dónde estás tú, que resucitaste en el alma?…

Los apóstoles preguntan:

–                       ¿Quién? ¿De quién hablas? ¿De María la hermana de Lázaro? Está allá con tu Madre. ¿Quieres que la llamemos? ¿O quieres a Juana? Debe estar en su Palacio. ¿Quieres que vayamos a llamarla?

–                       No. No me refiero a ellas.  Pienso en Fotinaí y Aglae. Ellas me encontraron. No se han separado de mi Camino… A una le señalé al Padre como al Dios Verdadero y al espíritu cual levita en esta adoración individual.  A la otra, que ni siquiera sabía que tenía alma, le dije: ‘Mi Nombre es Salvador. Salvo a quien tiene buena voluntad de salvarse. Soy quien busca a los extraviados. Soy quien dala Vida,la Verdadyla Pureza.Quienme busca, me halla.’ Y ambas encontraron a Dios.  ¡Os bendigo débiles Evas que os habéis convertido en seres más fuertes que Judith!… Voy donde estáis… Vosotras me consoláis… ¡Sed benditas!… ¡Oh!  Nadie viene al Padre, sino por Mí. Si me conocen a Mí, también conocerán al Padre.

Felipe dice:

–                       Señor, muéstranos al Padre, seremos como ellas y eso nos basta.

–                       Hace tiempo que estoy con vosotros y tú Felipe, ¿Todavía no me has conocido? Quién me ve a Mí, ve a mi Padre. ¿Cómo puedes decir muéstrame al Padre? ¿No logras creer que Yo estoy en mi Padre y el Padre en Mí? Las palabras que os digo, no las digo por Mí. El Padre que mora en Mí, lleva a cabo cada obra mía. Os lo digo y os lo afirmo: Quien cree en Mí, realizará las obras que Yo hago y hará mucho mayores; porque me voy donde el Padre. Y todo cuanto pidiereis al Padre en mi Nombre, lo haré Yo, para que el Padre sea glorificado en su Hijo. Haré todo lo que me pidiereis en mi Nombre. En virtud de este Nombre, todo es posible. Quien piensa en mi Nombre me ama y me alcanza.

Pero no basta amar. Hay que observar mis órdenes, para alcanzar el verdadero Amor.  Las obras son las que dan testimonio de los sentimientos. Si ustedes me aman, guardarán mis Mandamientos y Yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador que permanecerá siempre con vosotros. A quién Satanás y el Mundo no podrán hacer daño alguno. Este es el Espíritu de Verdad que el mundo no puede recibir, que no puede hacerle mal,  porque no lo ve y no lo conoce. Se burlará de Él. Pero Él está muy por arriba, de tal modo que la befa no le llegará. Mientras que Misericordiosísimo sobre toda medida, estará siempre con quien lo amare; aun cuando sea pobre y débil. Vosotros lo conoceréis; porque está ya viviendo con vosotros y pronto estará en vosotros. Y permanecerá siempre con vosotros. No os dejaré huérfanos. Regresaré a vosotros. Dentro de poco el Mundo no me verá más, pero vosotros me veréis; porque Yo vivo y vosotros vivís. Porque viviré y vosotros también. En ese día conoceréis que estoy en mi Padre y vosotros en Mí y Yo en vosotros. El que ama, es el que acepta mis preceptos y los observa. El que me ama será amado por mi Padre y poseerá a Dios, porque Dios es Caridad. Y quién ama tiene a Dios en sí. Yo lo amaré porque veré en él a Dios y me manifestaré haciéndome conocer en los secretos de mi Amor; de mi sabiduría; de mi Divinidad Encarnada. Estos serán los modos como regresaré entre los hombres a quienes amo. Aunque sean débiles, aunque sean mis enemigos. Éstos serán sólo débiles. Los robusteceré. Diré: ‘¡Levántate!’, gritaré: ‘¡Sal fuera!’, ordenaré: ‘¡Sígueme!’, Mandaré: ‘¡Oye!’, avasallaré: ‘¡Escribe!’… y entre éstos estáis vosotros.

Tadeo pregunta:

¿Por qué Señor, te manifestarás a nosotros y no al mundo?

Jesús responde:

–                       Porque me amáis y observáis mis palabras. Quien hiciere así, mi Padre lo amará. Vendremos a él y haremos en él nuestra mansión. El que no me ama no guarda mis palabras y obra según la carne y el mundo. Cuando venga a vosotros el Consolador. El Espíritu Santo que el Padre mandará en mi Nombre, entonces comprenderéis y Él os enseñará todo y os traerá a la memoria cuanto os he dicho.

Os dejo mi Paz. Os doy mi paz. Os la doy, no como la da el mundo. La paz que os doy es más profunda. Yo me comunico a Mí Mismo, en este adiós a vosotros. Os comunico mi Espíritu de Paz, como os he entregado mi Cuerpo y mi Sangre; para que en vosotros exista una gran fuerza, en la batalla que se acerca. Satanás y el Mundo han declaradola Guerracontra vuestro Jesús. Es su Hora. Conservad en vosotrosla Paz, mi Espíritu, que es espíritu de Paz, porque Yo Soy el Rey de la paz. Tenedla para que no os encontréis muy abandonados. Quién sufre tiendola Pazde Dios en sí; sufre, pero no blasfema, ni se desespera.

No lloréis. Si me amaseis más allá de lo que veis en Mí, os alegraríais inmensamente, porque regreso al Padre, después de un largo destierro. Voy a donde está El que es Mayor que Yo y que me ama. Os lo digo ahora… Antes de que se realice. Así como os he contado los sufrimientos del Redentor antes de salir a su encuentro; para que cuando todo se cumpla, creáis más en Mí. ¡No os conturbéis de este modo! ¡No perdáis los ánimos! Vuestro corazón tiene necesidad de control… ¡Hay tantas cosas que quisiera deciros!… Llegado al término de mi evangelización, me parece que falta mucho por hacerse. ¿Acaso no he cumplido con mi oficio? ¿Dudaré? ¡No! Pongo mi confianza en Dios y a Él os confío, amados amigos. Él completarála Obrade su Verbo. No soy como un padre que está por morir y a quién no le queda otra luz, más que la humana. Yo tengo mi esperanza en Dios. Y me dirijo tranquilo a mi destino. Sé que está por bajar otra lluvia sobre las semillas arrojadas en vosotros, que hará que germinen todas. Luego vendrá el sol del Paráclito y se convertirán en un poderoso árbol…

El Príncipe de este Mundo está por venir. Aquel con quien no tengo nada que ver. No podría nada sobre Mí, si no fuese por la razón de querer redimiros. Esto sucede porque quiero que el mundo conozca que amo al Padre. Y lo amo hasta obedecerlo enla Muerte.Yde este modo cumplo lo que me ha mandado.

Es hora de irnos. Oíd las últimas palabras. Yo soyla Vidverdadera. El Padre, es el agricultor. A todo sarmiento que no produce fruto, Él lo corta. Y poda al que produce, para que produzca más.  Os habéis ya purificado con mi Palabra. Permaneced en Mí y Yo estaré en vosotros, para que lo sigáis estando. El sarmiento que ha sido separado dela Vid, no puede producir fruto. De igual modo vosotros si no permanecéis en Mí. Yo soyla Vidy vosotros los sarmientos. El que permanece unido a Mí, produce muchos frutos. Pero si uno se separa, se convierte en rama seca, que se arroja al fuego, para que se queme. Permaneced pues en Mí y que mis palabras queden en vosotros. Luego, pedid cuanto queráis, que se os dará. Mi Padre será cada vez más glorificado, cuanto más produzcáis frutos y seáis mis discípulos.

Como el Padre me ha amado, así también Yo a vosotros. Permaneced en mi Amor que salva. Si me amáis, seréis obedientes y la obediencia aumenta el amor recíproco. No digáis que estoy repitiendo lo mismo. Conozco vuestra debilidad. Quiero que os salvéis. Os digo esto para que la alegría que os quise comunicar, exista en vosotros y sea perfecta. ¡Amaos! ¡Amaos! ¡Este es mi nuevo mandamiento! Amaos mutuamente, más de lo que cada uno se ama a sí mismo. El amor del que da su vida por sus amigos, es mayor que cualquier otro. Vosotros sois mis amigos y doy mi vida por vosotros. Haced lo que os he enseñado y mandado. No digo que sois mis siervos;  porque el siervo no sabe lo que hace su dueño. Entretanto que vosotros sabéis lo que hago. Todo lo sabéis respecto a Mí. Y fui quién os eligió y lo hice para que vayáis entre los pueblos y produzcáis frutos en vosotros y en los corazones de los evangelizados; vuestro fruto permanezca y el Padre os conceda lo que pidáis en mi Nombre.

No digáis: “Si Tú nos has escogido, porqué escogiste a un traidor. Si todo lo sabes, ¿Por qué lo hiciste? ” No preguntéis ni siquiera quién sea ese tal. No es un hombre. Es Satanás. Lo dije a mi fiel amigo y permití que lo dijese. Es Satanás. Si Satanás el Eterno Comediante, no se hubiera encarnado en un cuerpo mortal; este hombre poseído no habría podido escapar a mi poder. He dicho ‘poseído’. No. Es algo mucho más: es un entregado a Satanás.

Santiago de Alfeo pregunta:

–                       ¿Por qué Tú que has arrojado demonios, no lo libraste de él?

Jesús contesta:

–                       ¿Me lo preguntas porque amándome tienes miedo de ser tú? No temas.

Varios preguntan al mismo tiempo:

–                       Entonces, ¿Yo?

–                       ¿Yo?

–                       ¿Yo?

Jesús ordena:

–                       Callaos. No diré su nombre. Tengo misericordia. Tenedla también vosotros.

Tomás pregunta:

–                       ¿Pero por qué no lo venciste? ¿No pudiste?

–                       Podía. Pero si hubiera impedido a Satanás que se encarnara para matarme, habría tenido que exterminar a la raza humana, antes de su Redención. Y entonces, ¿Qué habría redimido?

Pedro se arrodilla y sacude frenéticamente a Jesús, como si estuviese bajo el influjo de un delirio:

–                       Dímelo, Señor. Dímelo. ¿Soy yo? ¿Soy yo? Me examino… No me parece. Pero Tú dijiste que te negaré… Yo tiemblo de miedo… ¡Oh, qué horror que sea yo!…

Jesús niega:

–                       No Pedro. No eres tú.

–                       ¿Entonces quién?

Tadeo grita sin poder contenerse más:

–                       ¡Quién otro, sino Judas de Keriot! ¿No lo has comprendido?

Pedro grita:

–                       ¿Por qué no lo dijiste antes? ¿Por qué?

Jesús ordena:

–                       Silencio. Es Satanás. No tiene otro nombre. ¿A dónde vas, Pedro?

–                       A buscarlo.

–                       Deja inmediatamente tu manto y esa espada. ¿O quieres que te arroje de Mí y te maldiga?

–                       ¡No, no! ¡Oh, Señor mío! Pero yo… pero yo… ¿Deliro acaso? ¡Oh! ¡Oh!…

Pedro se ha postrado en tierra y llora a los pies de Jesús.

Jesús dice terminante:

–                       Os ordeno que os améis. Que perdonéis. ¿Habéis comprendido? Si en el mundo existe el Odio, en vosotros sólo debe existir el Amor. Un amor para todos. ¡Cuántos traidores encontraréis por vuestro camino! Pero no deberéis odiarlos y devolverles mal por mal. De otro modo el Padre os odiará. Antes que vosotros he sido objeto de odio y se me ha traicionado. Y sin embargo lo estáis viendo, no odio. El mundo no puede amar lo que no es como él. Por esto no os amará. Si fueseis suyos os amaría. Pero no lo sois, porque os tomé de en medio de él y éste es el motivo por el cual os odia.

Os he dicho: el siervo no es más que el patrón. Si me han perseguido, también a vosotros os perseguirán. Si me hubieran escuchado, también a vosotros os escucharían. Pero todo lo harán por causa de mi Nombre; porque no conocen y no quieren conocer, al que me ha enviado. Si Yo no hubiera venido y no les hubiese hablado, n serían culpables. Pero ahora su pecado no tiene excusa. Han visto mis obras, oído mis palabras… Con todo, me han odiado y además a mi Padre, porque Yo y el Padre somos una sola unidad con el Amor. Está escrito: ‘Me odiaron sin motivo alguno’

Pero cuando venga el Consolador, el Espíritu de Verdad que procede del Padre, dará testimonio de Mí y también vosotros, porque desde el principio habéis estado conmigo.

Esto os lo he dicho para que cuando llegue la hora; no quedéis acobardados, ni escandalizados. Pronto va a llegar el tiempo en que os arrojarán de las sinagogas y cuando el que os matare, pensará dar culto a Dios con lo que hace. No han conocido, ni al Padre, ni a Mí. Esa es la única razón que puede excusarlos. Antes no os lo había dicho tan claro, porque erais como niños recién nacidos. Ahora vuestra madre os deja. Me voy. Debéis acostumbraros a otra clase de alimento. Quiero que lo conozcáis.

Ninguno me pregunta de nuevo ¿A dónde vas? La tristeza os ha vuelto mudos. Y con todo es bueno que me vaya, de otro modo el Consolador no vendrá. Os lo mandaré. Y cuando venga, por medio de la sabiduría y de la palabra; de las obras y del heroísmo que os infundirá; convencerá al mundo de su pecado deicida y de mi verdadera santidad. El mundo se dividirá claramente en dos partes: la de los réprobos, enemigos de Dios y en la de los creyentes. Estos serán más o menos santos según su voluntad. Pero se juzgará al Príncipe del Mundo y a sus secuaces. No puedo deciros más, porque por ahora no lo podéis comprender. Cuando venga el Paráclito os lo dirá.

Todavía nos veremos un poco. Después no me veréis más. Y poco  después, de nuevo me veréis.

Dentro de vosotros mismos estáis dialogando. Oíd una parábola. La última que os dice vuestro Maestro: cuando una mujer está encinta y llega la hora del parto, se encuentra en medio de una gran aflicción, sufre y llora. Pero cuando nace el pequeño, lo estrecha contra su corazón. Todo dolor desaparece. Su tristeza se cambia en alegría, porque ha venido al mundo, un nuevo ser.

Así también vosotros. Lloraréis y el mundo se reirá de vosotros. Pero después vuestra tristeza se cambiará en alegría, una alegría que el mundo jamás conocerá. Ahora estáis tristes, pero cuando me volváis a ver, vuestro corazón se llenará de una alegría tal, que nadie podrá arrebatárosla. Una alegría tan completa que no tendréis necesidad de pedir para la mente, el corazón y el cuerpo. Os alimentaréis solo con verme, olvidando cualquier otra cosa. Pero por esto mismo podréis pedir todo en mi Nombre y el Padre os lo dará, para que vuestra alegría sea siempre mayor. Pedid. Pedid y recibiréis.

Ya llega la hora en que os podré hablar abiertamente del Padre.  Porque permaneceréis fieles en la prueba y todo será superado. Vuestro amor será perfecto porque os habrá ayudado en la prueba. Y lo que os faltare lo daré al tomarlo de mi inmenso tesoro, diciendo: “Padre, mira. Estos me han amado creyendo que vine de Ti” Bajé al Mundo, ahora lo dejo. Voy al Padre y rogaré por vosotros.

Los apóstoles exclaman:

–                       ¡Oh! ¡Ahora te explicas! Ahora comprendemos lo que quieres decir y entendemos que sabes todo y que respondes sin que nadie te haya preguntado. ¡Verdaderamente has venido de Dios!

–                       ¿Creéis ahora? ¿En los últimos momentos? ¡Hace tres años que os estoy hablando! Pero ya ha empezado a obrar en vosotros el Pan que es Dios y el Vino que es Sangre, que no ha brotado de algún hombre y os causa el primer estremecimiento de ser divinos. Llegaréis a ser dioses si perseveráis en mi amor y en ser míos. No como lo dijo Satanás a Adán y a Eva. Sino como Yo os digo. Es el verdadero fruto del Árbol del Bien y dela Vida. Quién se alimenta de él, vence al Mal yla Muerte no tiene poder. Quien coma de él, vivirá para siempre y se convertirá en ‘dios’ en el Reino Divino.  Vosotros seréis dioses si permanecéis en Mí.

Y sin embargo… aun cuando tenéis en vosotros este Pan y esta Sangre, está llegando la hora en qué seréis dispersos. Os iréis por vuestra cuenta y me dejaréis solo… NO.  No lo estoy. Tengo al Padre conmigo. ¡Padre! ¡Padre, no me abandones! Os he dicho todo… para que tengáis paz… Mi Paz. Una vez más os veréis atribulados. Pero tened confianza que Yo he vencido al Mundo.

Jesús abre los brazos en forma de cruz y recita al Padre con el rostro radiante, la sublime plegaria:

Padre, ha llegadola Hora.¡Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te de Gloria a Ti!

Tú le diste poder sobre todos los mortales y quieres que comunique la VidaEternaa todos aquellos que le encomendaste. Y esta es la VidaEterna.Conocerte a Ti, único Dios Verdadero y al que Tú has enviado, Jesús el Cristo. 

Yo te he glorificado enla Tierray he terminadola Obraque me habías encomendado. Ahora Padre, dame junto a Ti la misma Gloria que tenía a tu lado antes de que comenzara el Mundo.

He manifestado tu Nombre a los hombres. Hablo de los que me diste, tomándolos del mundo. Eran tuyos y Tú me los diste y han guardado tu Palabra. Ahora reconocen que todo aquello que me has dado, viene de Ti. El mensaje que recibí, se los he entregado y ellos lo han recibido. Y reconocen de verdad que Yo he salido de Ti y creen que Tú me has enviado.

Yo ruego por ellos, no ruego por el Mundo. Sino por los que son tuyos y que tú me diste.  Pues todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío. Yo ya he sido glorificado a través de ellos.

Yo ya no estoy en el Mundo. Pero ellos se quedan en el Mundo; mientras Yo vuelvo a Ti. Padre Santo, guárdalos en ese Nombre tuyo que a Mí me diste, para que sean uno como nosotros.

Cuando estaba con ellos Yo los cuidaba en tu Nombre. Pues Tú me los habías encomendado y ninguno de ellos se perdió; excepto el que llevaba   en sí la perdición. Pues en esto debía de cumplirse l Escritura. Pero ahora que voy a Ti y estando todavía en el mundo, digo estas cosas para que tengan en ellos la plenitud de mi alegría.

Yo les he dado tu mensaje y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo. Como tampoco Yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del Maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo.

Conságralos mediantela Verdad: Tu Palabra es Verdad. Así como Tú me has enviado al mundo. Así también los envío al mundo. Por ellos ofrezco el Sacrificio, para que también ellos sean consagrados enla Verdad.

No ruego solo por éstos, sino también por todos aquellos que creerán en Mí por su palabra. Que todos sean uno, como Tú Padre estás en Mí y Yo en Ti. Que ellos también sean uno en nosotros; para que el mundo crea que Tú me has enviado.

Yo les he dadola Gloriaque Tú me diste, para que sean uno como nosotros somos Uno. Yo en ellos y Tú en Mí. Así alcanzarán la perfección en la unidad y el Mundo conocerá que Tú me has enviado y que Yo los he amado a ellos, como Tú me amas a Mí.

Padre, ya que me los has dado, quiero que estén conmigo, donde Yo estoy y que contemplenla Gloriaque Tú ya me das; porque me amabas antes de que comenzara el Mundo.

Padre Justo, el mundo no te ha conocido. Pero Yo te conocía y éstos a su vez han conocido que Tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se los seguiré dando a conocer; para que el amor con que Tú me amas esté en ellos y también Yo esté en ellos. +

Se oyen los sollozos de todos los apóstoles. Cantan un himno.

Jesús los bendice y luego dice:

–                       Tomemos los mantos y vámonos. Andrés, di al dueño de la casa, que deje todo así, porque es mi voluntad. Mañana os dará júbilo volver a ver este lugar.

Jesús mira lentamente a su alrededor. Parece bendecirlo todo.

Este Cenáculo será, la primera Iglesia Cristiana…  Luego se echa encima el manto y sale seguido de sus discípulos.

A su lado va Juan, sobre el que se apoya… éste le pregunta:

–                       ¿No te despides de tu Madre?

Jesús contesta:

–                       No. Ya lo hice. Ahora no hagáis ruido.

Simón, con la antorcha que ha encendido, ilumina el ancho corredor que lleva hasta la puerta. Pedro abre con cuidado el portón, salen todos a la calle. Y con la llave la cierra por fuera.

Se ponen en camino y atraviesan por el puentecillo el torrente del Cedrón…

*******

Oración:

Amado Padre Celestial: toma nuestro corazón y con tu infinita misericordia, lávalo de nuestros pecados en la Sangre Preciosa de tu amadísimo Hijo Jesucristo. Resucita nuestro espíritu y danos un corazón nuevo y despierto, para que también nosotros podamos adorarte. Abre nuestros oídos y nuestros ojos, para que ya no seamos más ciegos y sordos a tu Palabra. Amen

PADRE NUESTRO…

DIEZ AVE MARÍA…

GLORIA…

INVOCACIÓN DE FÁTIMA…

CANTO DE ALABANZA…

 

QUINTO MISTERIO LUMINOSO II


JESUS INSTITUYE LA EUCARISTIA

Esta noche todos traen sus mejores vestidos y lucen los puñales damasquinados y pequeños, en los preciosos cintos.

Simón Zelote se levanta para ir al cofre donde colocó su rico manto y toma dos espadas largas, ligeramente curvas.

Y se las lleva a Jesús diciendo:

–                       Pedro y yo nos hemos armado esta noche. Tenemos éstas.

Los demás traen solo el puñal corto.

Jesús toma las dos espadas. Las observa. Desenvaina una y prueba el filo sobre una uña. Es muy raro e impresionante, ver la feroz arma en las manos de Jesús… Mientras Jesús la contempla sin decir nada.

Judas pregunta cómo gato sobre ascuas:

–                       ¿Quién os la dio?

Simón replica:

–                       ¿Quién?…  Te recuerdo que mi padre fue noble y rico.

Judas insiste:

–                       Pero Pedro…

Simón responde seco.

–                       ¡Y bien!…  ¿Desde cuándo debo dar cuenta de los regalos que hago a mis amigos?

Jesús mete la espada en la vaina y la devuelve a Zelote. Levanta la cabeza y dice:

–                       Bueno. ¡Basta! Hiciste bien en traerlas. Pero ahora, antes de que bebamos la  tercera copa, esperad un momento. Os dije que el que es el más grande, es igual al más pequeño. Y que Yo ahora parezco vuestro criado. Y os serviré. Hasta ahora os he distribuido la comida. Cosa necesaria y servicio para el cuerpo. Ahora os quiero dar un alimento para el espíritu. No es un plato del rito antiguo. Es del nuevo. Yo me bauticé primero, antes de ser el Maestro. Para esparcirla Palabra, basta ese bautismo. Ahora será esparcidala Sangre.Esnecesario que os lavéis otra vez, aun cuando hayáis sido purificados por el Bautista, en su tiempo y también hoy en el Templo. Pero no basta. Venid a que os purifique. Suspended la comida. Hay algo que es mucho más alto y necesario que el alimento con el que se llena el vientre, aun cuando sea un alimento santo, como es del Rito Pascual. Es un espíritu puro, pronto a recibir el Don del Cielo, que baja ya para hacerse un trono en vosotros y darosla   Vida.Darla vida a quién está limpio.

Jesús se pone de pie. Y va hacia el arquibanco. Se quita el vestido púrpura. Lo dobla y se  pone el manto, que ya había doblado antes. Se ciñe la cintura con una larga toalla. Después va a donde hay otra aljofaina, que está vacía y limpia. Echa agua. La lleva al centro de la habitación, cerca de la mesa. La pone sobre un banco.

Los apóstoles lo miran estupefactos…

Jesús interroga:

–                       ¿No me preguntáis porqué hago esto?

Pedro responde:

–                       No lo sabemos. Sólo te digo que ya estamos purificados.

Jesús contesta:

–                       Y Yo te repito que no importa. Mi purificación servirá para que el que ya esté puro, lo esté más.

Se arrodilla. Desata las sandalias a Judas de Keriot. Y le lava los dos pies. Es fácil hacerlo, porque los lechos-asiento están colocados de tal manera, que los pies dan hacia la parte exterior.

Judas está desconcertado, pero no replica.

Sólo cuando Jesús, antes de ponerle la sandalia en el pie izquierdo y levantarse; trata de besarle en el pie derecho que ya está calzado; Judas retrae violentamente su pie y pega con la suela en la boca divina…  Lo hizo sin querer. No fue fuerte el golpe. Pero ha causado mucho dolor. Jesús sonríe al apóstol que está muy turbado.

Judas le pregunta:

–                       ¿Te hice daño? No era mi intención. Perdóname…

Jesús contesta:

–                       No amigo. Lo hiciste sin malicia… Y no hace mal.

Judas lo mira lleno de consternación; con una mirada que huye de todo…

Jesús sigue… lava a Tomás y luego a Felipe. Da la vuelta a la mesa y se acerca a su primo Santiago. Le lava los pies y al levantarse, lo besa en la frente. Llega con Andrés, que está rojo de vergüenza y se esfuerza por  no llorar. Le lava los pies y lo acaricia como si fuera un niño. Luego es el turno de Santiago de Zebedeo, que solo dice en voz baja:

–                       ¡Oh, Maestro! ¡Maestro! ¡Maestro! ¡Te has rebajado, sublime Maestro mío!

Juan se ha aflojado ya las sandalias y mientras Jesús está inclinado, secándole los pies; se inclina también y le besa los cabellos.

¡Pero Pedro!… No es fácil persuadirlo de que debe sujetarse a este nuevo rito.

Pedro exclama:

–                       Tú, ¿Lavarme los pies a Mí? ¡Ni te lo imagines! Mientras esté vivo, no te lo permitiré. Soy un gusano y Tú Eres Dios. Cada quién debe estar en su lugar.

Jesús replica:

–                       Lo que hago no puedes comprenderlo por ahora. Algún día lo comprenderás. Déjame lavarte.

–                       Todo lo que quieras, Maestro. ¿Quieres cortarme el cuello? Hazlo. Pero lavarme los pies; no lo harás.

–                       ¡Oh, Simón mío! ¿No sabes que si no te lavo, no tendrás parte en mi Reino? ¡Simón, Simón! ¡Tienes necesidad de esta agua para tu alma y para el largo camino que tendrás que recorrer! ¿No quieres venir conmigo? Si no te lavo, ¡No vienes conmigo a mi Reino!

–                       ¡Oh, Señor mío Bendito! ¡Entonces lávame todo! ¡Pies, manos y cabeza!

–                       Quién se ha limpiado como vosotros no tiene necesidad de lavarse sino los pies. Porque está limpio… El hombre con los pies camina entre lo sucio. Los pies del hombre que tiene un corazón impuro, van a las crápulas. A la lujuria. A los tratos ilícitos. Al crimen… Por eso, entre los miembros del cuerpo; son los que tienen más necesidad de purificarse… ¡Oh, hombre que fuiste una creatura perfecta el primer día! ¡Y luego te has dejado corromper en tal forma del Seductor! ¡En ti no había malicia, ni pecado!… ¿Y ahora? ¡Eres todo Malicia y Pecado! Y no hay parte en ti, que no peque.

Jesús lava los pies a Pedro. Y se los besa. El apóstol llora y toma con sus grandes manos, las dos de Jesús. Se las pasa por los ojos y luego se las besa.

También Simón se quita las sandalias y sin decir nada, se deja lavar.

Pero cuando Jesús está por acercarse a Bartolomé, Simón se arrodilla y le besa los pies diciendo:

–                       Límpiame de la lepra del Pecado; así como me limpiaste de la del cuerpo. Para que no me vea confundido en la hora del Juicio, Salvador mío.

Jesús le dice:

–                       No tengas miedo, Simón. Llegarás a la ciudad celestial, blanco como la nieve.

Nathanael pregunta:

–                       ¿Y yo Señor? ¿Qué dices del viejo Bartolomé? Tú me viste bajo la sombra de la higuera y leíste en mi corazón.

–                       Tú tampoco temas. En aquella ocasión dije: ‘He ahí a un verdadero israelita, en quien no hay engaño.’ Ahora afirmo: ‘He aquí a un verdadero discípulo mío. Digno de Mí, el Mesías’ Y te veo sobre un trono eterno, vestido de púrpura. Siempre estaré contigo.

El turno es de Judas Tadeo…

Cuando ve a Jesús a sus pies; no puede contenerse. Inclina su cabeza sobre la mesa, apoyándola sobre el brazo y llora…

Jesús le dice:

–                       No llores, hermano. Te pareces al que deben arrancar un nervio y cree no poder soportarlo. Pero el dolor será breve. Y luego… ¡Oh! ¡Serás feliz! Porque me amas. Te llamas Judas. Eres como nuestro gran Judas. ¡Como un gigante! Eres el que protege. Tus hechos son como de león y como de cachorro de león, que ruge. Tú desanidarás a los impíos que ante ti retrocederán. Y los inicuos se llenarán de terror. Lo sé. Sé fuerte. Una unión eterna estrechará y hará perfecto nuestro parentesco, en el Cielo. –y lo besa también en la frente, como a su otro primo.

Jesús sigue adelante con los que le faltan…

Mateo protesta:

–                       Yo soy un pecador, Maestro. No a mí.

Jesús contesta con dulzura:

–                       Tú fuiste pecador, Mateo. Ahora eres apóstol. Eres una ‘voz’ mía. Te bendigo. Estos pies han caminado siempre para seguir adelante; para llegar a Dios… El alma los espoleaba y ellos han abandonado todo camino que no fuese el mío. Continúa. ¿Sabes dónde termina el sendero? En el seno de mi Padre y tuyo.

Jesús ha terminado.

Se quita la toalla. Se lava las manos en agua limpia. Se vuelve a poner su vestido púrpura. Regresa a su lugar y mientras se sienta, dice:

–                       Ahora estáis puros. Pero no todos. Sólo los que han tenido voluntad de estarlo.

Mira detenidamente a Judas de Keriot, que aparenta no oír. Finge estar ocupado explicando a Mateo; porqué su padre decidió mandarlo a Jerusalén. Una charla inútil que tiene por objeto dar a Judas, cierto aire de importancia. Aunque es audaz; no debe sentirse muy bien.

Jesús escancía vino por tercera vez, en la copa común. Bebe y ofrece a los demás, para que beban. Luego entona un cántico al que todos se unen. (Salmos 114-115-116-117)

–                       Amo porque oye el Señor, la voz de mis súplicas. Porque inclinó a Mí sus oídos. Lo invocaré toda mi vida. Me sorprendieron los lazos de la muerte. (Una pausa brevísima) Luego sigue cantando: tuve confianza por eso hablo. Pero me había encontrado en gran humillación. Habíame dicho en mi abatimiento: ‘Todos los hombres son engañosos’ -Mira fijamente a Judas. La voz cansada; toma aliento cuando exclama: ‘Es preciosa a los ojos de Dios, la muerte de los santos.’ y ‘Tú has roto mis cadenas.’… Y el cántico sigue…

Judas de Keriot canta tan desentonado, que dos veces Tomás le obliga a tomar el tono, con su fuerte voz de barítono. Y lo mira fijamente…

Los demás, también lo miran sorprendidos; porque generalmente entona bien y también se gloría de su voz, así como de sus otras dotes. ¡Pero esta noche! Ciertas frases lo turban y se detiene. Lo mismo que ciertas miradas de Jesús…

Cuando pone énfasis en determinadas frases como: “Es mejor confiar en el Señor que en el Hombre” y “No moriré, sino que viviré y contaré las obras del Señor …”

Las dos siguientes, parecen estrangular la garganta del Traidor: “La Piedra que los albañiles desecharon ha sido convertida en piedra angular.” Y “Bendito el que viene en el Nombre del Señor”

Terminado el salmo, mientras Jesús corta el cordero y lo reparte.

Mateo pregunta a Judas de Keriot:

–                       ¿Te sientes mal?

Judas replica áspero:

–            No. Déjame en paz. No te metas conmigo.

Mateo se encoge de hombros.

Juan, que oyó lo que Jesús contestó, dice:

–                       Tampoco el Maestro está bien. ¿Qué te pasa, Jesús? Estás ronco. Como si estuvieras enfermo o hubieras llorado mucho.

Y le extiende los brazos y reclina la cabeza sobre su pecho.

Judas dice nervioso:

–                       No he hecho más que caminar y hablar. Estoy resfriado.

Jesús se dirige a Juan:

–                       Tú ya me conoces… y sabes qué es lo que me cansa.

Jesús come muy poco y bebe mucha agua. Está haciendo un esfuerzo supremo, para soportar cerca de Sí al Traidor. Tratándolo como a un amigo para que los demás no se den cuenta y evitar así un crimen. ¡El Cielo está cerrado y sólo Dios sabe, cuánto necesita el Hijo del Padre, en esta noche del jueves! Para el dominio de sí Mismo y el tolerarla Ofensa, que es la manifestación más sublime de la caridad. Y esto solo lo pueden conseguir, los que quieren que para su vida no haya otra ley, más que la Caridad.

Su alma agoniza por el doble esfuerzo al tratar de vencer los dos más grandes dolores que puede un hombre soportar: la despedida de una Madre sin igual y la proximidad del amigo infiel. Dos heridas que taladran su corazón. Una con su llanto. Y otra con su Odio.

Tan solo estas heridas son suficientes para hacerle agonizar. Pero Él tiene que expiar. Esla Víctima.ElCordero. Éste, antes de ser inmolado; sabe lo que duele la marca del hierro candente; los golpes; el trasquilo. Ser vendido al matancero, para sentir finalmente el frío del hierro que le corta la garganta. Debe dejar primero todo: su pastizal. Su madre que lo crió, que lo alimentó, le dio calor. Sus compañeros con quienes convivió. Todo esto lo conoció Jesús, el Cordero de Dios; para quitar el Pecado del Mundo.

Mira a Judas de Keriot que conversa animadamente con Tomás. Le observa… Se ve tan joven; tan elegante con su vestido amarillo y su faja roja.

Pensativo, inclina la cabeza… ¡Qué difícil es conocer lo que hay en su corazón y tener que amarlo así!  Consiguió tener la bolsa, para poder acercarse a  las mujeres; las dos cosas que ama desenfrenadamente, además de la tercera; que es la más importante: los puestos humanos junto con los honores del mundo…

Ya ha comenzado la agonía. Jesús tiene que vencer la tentación de no amar…

Durante treinta y tres años ha vivido en la Caridad y no se puede llegar a una perfección como la que es necesaria para perdonar y tolerar nuestro ofensor, si no se tiene el hábito de la Caridad. Él lo posee y tiene que vencer… En este drama inaudito que el demonio ha formado: Judas.

Judas tiene a Lucifer y Jesús lo tiene cerca. Judas en su corazón. Jesús frente a Él. Son los dos personajes principales en esta tragedia insólita. Y Satanás se ocupa personalmente de ambos. Después de haber empujado a Judas hasta el punto en que no hay retroceso; se ha vuelto contra Jesús. Y con Judas como instrumento, se burla de Él.

El cordero se ha terminado. Jesús que ha comido muy poco, en lugar del poquísimo vino que se sirvió, ha bebido mucha agua. Como si tuviera fiebre. Vuelve a tomar la palabra:

–                       Quiero que entendáis lo que acabo de hacer. Os dije que el primero es como el último y que os daré un alimento que no es corporal. Os di un alimento de humildad que es para vuestro espíritu. Vosotros me llamáis Señor y Maestro. Y decís bien porque lo Soy. Si Yo os he lavado los pies, también vosotros debéis hacerlo, el uno con el otro. Ejemplo os he dado, para que  cómo Yo he obrado. Obréis. En verdad os digo: el siervo no es superior al patrón. Ni el enviado, al que envió. Tratad de comprender estas cosas. Si las comprendéis y las ponéis en práctica, seréis bienaventurados. Cosa que no todos lograréis. Os conozco. Conozco a quién he escogido. No me refiero a todos. Digo lo que es verdad. Por otra parte debe cumplirse lo que está escrito respecto a Mí: “El que come conmigo el pan, levantó su calcañal contra Mí.” Os digo todo antes de que suceda, para que no vayáis a dudar de Mí.  Cuando todo se haya cumplido, creeréis con mayor firmeza, que Yo Soy. Quién me acoge, acoge a quién me ha enviado: al Padre Santo que está en los Cielos. Y quién recibe a los que Yo envíe, me recibirá a Mí Mismo. Porque Yo estoy con el Padre y vosotros conmigo… Ahora terminemos el rito.

Jesús vacía nuevamente vino en el cáliz común. Y antes de beber de él y de darlo a los demás, se pone de pie. Todos lo imitan y repiten de nuevo el Salmo 115 y luego el largo 118, cantando un trozo todos juntos y enseguida se turnan alternadamente, hasta terminarlo. Jesús se sienta y dice:

–                       Ahora que hemos cumplido con el rito antiguo, voy a celebrar el nuevo rito. Os prometí un milagro de Amor y ha llegado la hora de hacerlo. Por esto he deseado tanto esta Pascua. De hoy en adelante, esta esla Hostiaque será inmolada como un rito eterno de amor. Os he amado durante toda mi vida terrenal, amigos míos. Os he amado desde la eternidad, hijos míos. Y quiero amaros hasta el fin. No hay cosa mayor que ésta. Recordadlo. Me voy, pero quedaremos siempre unidos mediante el Milagro que voy a realizar.

Jesús toma un pan entero. Lo pone sobre la copa llena de vino. Bendice y ofrece ambos.

Luego parte el pan en trece pedazos y da uno a cada apóstol diciendo:

–                       Tomad y comed. Esto es mi Cuerpo. Haced esto en recuerdo de Mí, que me voy.

Toma el cáliz, lo da y dice:

–                       Tomad y bebed, esta es mi Sangre. Esto es el cáliz del Nuevo Pacto, sellado con mi Sangre y por mi Sangre, que será derramada por vosotros para que se os perdonen vuestros pecados y para darosla Vida.Hacedesto en recuerdo mío.

Jesús está tristísimo. En su rostro no se dibuja la sonrisa que lo caracteriza. Ha perdido el color. Parece un agonizante.

Los apóstoles lo miran afligidos.

Se pone de pie diciendo:

–                       No os mováis. Regreso pronto.

Toma el décimo tercer pedazo de pan; toma el cáliz y sale del Cenáculo.

Juan dice en voz baja:

–                       Va a donde está su Madre.

Judas Tadeo suspira:

–                       ¡Pobre mujer!

Pedro pregunta quedito:

–                       ¿Crees que estará enterada?

Santiago de Alfeo confirma:

–                       De todo lo está. Siempre lo ha sabido.

Todos hablan en voz baja, como si estuvieran en un funeral.

Tomás se niega a creerlo y pregunta:

–                       ¿Pero estáis seguros de que así es?…

Santiago de Zebedeo le responde:

–                       ¿Todavía dudas de ello?  Es su Hora.

Zelote dice:

–                       Que Dios nos dé fuerza para serle fieles.

Y Pedro:

–                       ¡Oh! ¡Yo…!

Es interrumpido por Juan, que está alerta y dice:

–                       Psss. Regresa.

Jesús vuelve a entrar. Trae en la mano la copa vacía. En el fondo se ve apenas un rastro de vino, que bajo la luz del candil, en realidad parece sangre.

Judas de Keriot, que tiene delante de sí la copa que Jesús puso sobre la mesa, la mira como fascinado… Y luego aparta la vista, como si no la soportara.

¡A lo que puede llegar el Amor de un Dios que se hace alimento de los hombres! Jesús, Verdadero Dios como Hijo del Altísimo, ha obedecidola Leysegún el rito de Moisés. Al vivir en la tierra y ser un hombre entre los hombres, cumple su obligación para con Dios, obedeciendo su Ley, igual que todos los demás.

Jesús tiene literalmente, su corazón destrozado por el esfuerzo para dominarse a Sí Mismo y Tolerarla OfensaSuprema…

Sabiendo lo que hay en Judas. Lo que es Judas. Lo que está haciendo Judas; lo sigue tratando con amor.  Se ha humillado ante él. Ha compartido la copa ritual, poniendo sus labios donde él ha puesto los suyos. Y ha tenido que hacer que María haga lo mismo. ¡Y se ha dado también a él!…

El Sacramento realiza lo que es, cuanto más digno se es de recibirlo.

El que ama trata de hacer feliz al Amado. Juan, que lo ama totalmente y que es puro y bueno, alcanzó del Sacramento la mayor transformación. Y desde ese momento comenzó a ser el águila que llega a lo alto del Cielo y fija su mirada en el Sol Eterno. Pero, ¡Ay de aquel que recibe el Sacramento sin haberse hecho digno! Que ha aumentado su iniquidad con culpas mortales…  Porque entonces el Sacramento se convierte, no en semilla de preservación y Vida; sino en muerte para el espíritu y corrupción para la carne.

La muerte del profanador del Sacramento es siempre la de un desesperado y por esto no conoce el tranquilo tránsito del que está en Gracia. Ni el heroico de la víctima, que pese a los sufrimientos, mantiene sus ojos fijos en el Cielo y su alma en la serenidad de la paz.

La muerte del desesperado es presa de contorsiones y miedo. Es una convulsión horrible del alma, de la que se apoderó Satanás y la ahoga para arrancarla de la carne, matándola con su nauseabundo aliento. Y en espantosa caída, siente que se le arroja ala MuerteEterna.Y en un instante aterrador;  se da cuenta de lo que quiso perder y que ya no puede recuperar…

Jesús mira a Judas y se estremece.

Juan, que está apoyado en su pecho, lo siente y le dice:

–                       ¡Dilo! Tiemblas…

Jesús contesta:

–                       No. No tiemblo porque tenga fiebre… Os he dicho todo. Y todo os he dado. No podía hacer más. Me he dado Yo Mismo…

El Nuevo Rito se ha realizado. Haced esto en memoria mía. Os lavé los pies para enseñaros a ser humildes y puros como lo es vuestro Maestro. Porque en verdad os digo que los discípulos deben ser como el Maestro. También cuando estéis en alto, recordadlo. El discípulo no es más que el Maestro. Sed puros para que seáis dignos de comer del Pan Vivo que ha descendido del Cielo, para que tengáis en vosotros y por Él, la fuerza para ser mis discípulos, en un mundo enemigo que os odiará por causa de mi Nombre.

Uno de vosotros no está puro. Uno de vosotros, el que me traicionará. Por eso estoy profundamente conturbado dentro de mi corazón. La mano del que me traicionará está en esta mesa. Ni mi Amor, ni mi Cuerpo, ni mi Sangre, ni mi Palabra, le han hecho cambiar su determinación; ni que se arrepienta. Lo perdonaría aún, muriendo por él.

Los discípulos lo miran aterrorizados. Se miran. Sospechan el uno del otro.

Pedro mira fijamente a Iscariote. Mostrando abiertamente sus sospechas.

Judas Tadeo se pone de pie violentamente, para mirar a Judas de Keriot,  por encima de Mateo.

Pero Iscariote no da muestras de intranquilidad. Mira a su vez fijamente a Mateo, como si sospechase de él y luego a Jesús. Con habilidad quiere mostrar que está seguro de sí. Y con su audacia característica, para que la conversación no se interrumpa…

Sonriendo le pregunta:

–                       ¿Soy yo acaso?

Jesús responde:

–                       Tú lo has dicho, Judas de Simón, no Yo. Tú lo estás diciendo. No dije tu nombre. ¿Por qué te acusas? Interroga a tu consejero interno. A tu conciencia. A la que Dios Padre te ha dado para que te comportaras como un hombre. Y si te acusa, lo sabrás antes que todos. Pero si te tranquiliza. ¿Por qué dices una palabra y piensas en algo que es aún anatema decirlo o pensar por broma?

Jesús habla calmadamente. Parece un Maestro que explicara a sus discípulos una tesis.

La confusión es grande; pero la tranquilidad de Jesús la apacigua.

Tadeo, que sospecha de Iscariote; se calma al ver su fría y descarada desenvoltura.

Pedro, que es el que más sospecha, jala de la manga a Juan y le dice en voz baja:

–                       Pregúntale quién es.

Juan se recarga sobre Jesús y levanta la cabeza como si fuera a darle un beso… Y en voz bajísima le dice:

–                       Maestro, ¿Quién es?

Jesús, hace como si le besara el cabello y muy quedito le responde:

–                       Aquel a quién daré un pedazo de pan mojado.

Toma un pedazo de pan. No del que sirvió parala Eucaristía, sino de otro entero. Lo moja en la salsa de cordero que hay en la salsera, extiende su brazo y dice:

–                       Toma Judas. Esto te gusta.

Judas ríe contento:

–                       Gracias, Maestro. Me gusta, sí.

Y sin saber lo que significa aquel bocado, se lo come…

Mientras Juan cierra los ojos aterrorizado,  para no ver la sonrisa diabólica de Iscariote, que muerde el trozo que lo delata…

Jesús dice a Judas:

–                       Bien. Ahora que he logrado contentarte, vete. Todo está terminado aquí. Lo que te falta hacer en otro lugar, hazlo pronto, Judas de Simón.

Iscariote responde:

–                       Obedezco inmediatamente, Maestro. Después me reuniré contigo en Getsemaní. Vas a ir a allá, ¿O no? ¿Como de costumbre?

–                       Voy a ir allá… Como de costumbre… De veras.

Pedro pregunta:

–                       ¿Qué va a hacer? ¿Va solo?

–                       No soy un niño.  –se mofa Judas al ponerse el manto.

Jesús responde:

–                       Déjalo que se vaya. Yo y él sabemos lo que tiene que hacerse.

–                       Sí, Maestro.  –Pedro no replica más.

Y apenado, se lleva la mano a la frente por haber faltado a la caridad al sospechar de un compañero.

Jesús estrecha hacia Sí a Juan y sobre su cabeza le dice en voz baja:

–                       Por ahora no le digas nada a Pedro. Inútilmente se provocaría un escándalo.

Iscariote se despide:

–                       Hasta pronto, Maestro. Hasta pronto, amigos.

Jesús responde:

–                       Hasta pronto.

Pedro dice con tono de disculpa:

–                       Te devuelvo el saludo, muchacho.

Juan, con la cabeza inclinada sobre las rodillas de Jesús, murmura:

–                       ¡Satanás!

Jesús es el único que lo oye y suspira profundamente.

Siguen unos minutos de absoluto silencio.

 

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