Archivos diarios: 21/04/12

34.- PERDONA NUESTRAS OFENSAS II


Es necesario saber siempre perdonar, porque todos tienen necesidad del Perdón. El crecimiento espiritual se manifiesta a través de esfuerzos superiores a las fuerzas humanas. No es un mérito guardar silencio: pero lo es y muy grande, cuando se lo guarda al no responder cuando se recibe una ofensa. Este Perdón es muy valioso como testimonio para impulsar a otros a la conversión.

La única medicina para calmar la ira, es callarse. En las disputas es muy difícil conservar la justicia y la paz del espíritu. Y los que son enemigos nuestros, son amigos de Satanás. ¿Queremos ser amigos de Satanás, al odiar al que nos odia?

El perdón es un regalo que nos devuelve el equilibrio interior y la salud: mental, espiritual y física. A fuerza de otorgarse una y otra vez; es como cubrirnos con una cúpula de fuerza protectora para las agresiones. En otras palabras: les quitamos a los demás, el poder para hacernos daño.

El Perdón es el testimonio más poderoso de que Dios está con quién lo ejerce. Al igual que la Fe y el amor, tiene su origen en la voluntad.

Esta es la respiración de la vida del cristiano:

QUERER CREER.  QUERER AMAR.  QUERER PERDONAR.  QUERER SALVARSE.

Amar Quiere decir imitar con espíritu de amor a quién se ama. El Amor es magnánimo y misericordioso. Tiene necesidad de perdonar. Porque no puede odiar.

EL PERDON HACIA LOS DEMÁS, ATRAE EL PERDÓN DE DIOS.

El hambre de aceptación es un instinto básico en el ser humano y es por eso que los rechazos y las agresiones son tan dolorosos. Son como ardientes flechas que producen heridas punzantes en las que se inocula un veneno atormentador compuesto de Ira, Dolor, Amargura, Rencor y Venganza. Su doloroso aguijón produce primero un escozor que dependiendo de nuestra susceptibilidad y nuestra soberbia, se va agigantando hasta convertirse en Odio. Nos enferma y nos hace perder el equilibrio en nuestras tres partes: el cuerpo, el alma y el espíritu.

Cuando concluí la enseñanza del Padre Nuestro, lo hice con estas palabras: “Queda bien claro que si ustedes perdonan las ofensas de los hombres, también el Padre Celestial los perdonará. En cambio, si no perdonan las ofensas de los hombres, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.”

Mis palabras no dejan alternativa. Cuando tenemos una fe auténtica al orar el Pater Noster, si lo decimos, tenemos que hacerlo.

Y SI NO LO DECIMOS, PERDEMOS LO MÁS IMPORTANTE DE DIOS EN ESTA TIERRA: SU PERDÓN.

YO practiqué esta enseñanza cuando desde la Cruz, oré para el perdón para mis asesinos…”

¿POR QUÉ DEBEMOS Y NECESITAMOS PERDONAR?

El hombre para ser feliz, necesita amar y ser amado. Si Dios es amor y estamos hechos a imagen y semejanza de Él, es por eso que el Amor juega un papel tan fundamental en todas las relaciones humanas. Al enfrentarnos a un mundo que no sabe amar, el rechazo es determinante en las consecuencias de nuestras reacciones a lo que nos rodea.

Fuimos creados para amar y al empeñarnos en odiar, nos forzamos a funcionar al contrario.

Éste conflicto es el núcleo de todas las alteraciones psicológicas en el ser humano. Especialmente dañino es, cuando se ve obligado a odiar, lo que debe ser lo más amado en este mundo después de Dios: los hijos o los padres.

El hombre es la maquinaria más perfecta y su desequilibrio afecta las tres partes de él. Cuando el odio se enseñorea de nuestro ser, el espíritu muere a la Gracia y se pierde la armonía con su Creador. Al perder la armonía con la principal fuente de la Vida: Dios; se entra en contacto con la energía emanada por Satanás a través del Odio, que afectan terriblemente al alma y al cuerpo. EL ODIO MATA EL ESPÍRITU.

El espíritu muerto es controlado por Satanás.

El alma se enferma. De acuerdo al daño recibido son las alteraciones psicológicas manifestadas. Y la dureza de corazón y de carácter se agudiza.

Entre más herida está una persona, más llena de odio, amargura; y más endurecida estará. Al no tener armonía con Dios, perdemos la armonía con nosotros mismos y no podemos tenerla tampoco con los que nos rodean.

Y la depresión es el termómetro que marca la intensidad de una ira reprimida y convertida en odio contra sí mismos y que no encuentra salida a través de una venganza contra el que lo dañó.

El cuerpo: una mente dañada, se proyectará en un cuerpo enfermo. Éste es el origen de un gran porcentaje de las enfermedades crónicas, que la ciencia no ha podido curar.

El odio es invalidante: la artritis y el cáncer, son un claro ejemplo de ello. Cuando el hombre aprende a perdonar, la mejoría es notable.

EL PERDON ES SALUD PARA EL CUERPO Y PARA EL ALMA.

Y PARA EL ESPIRITU ES SALVACIÓN.

PERDONAR ES SANAR.   PERDONAR ES LIBERARSE.   PERDONAR ES RESUCITAR.

EL  PERDON  DE  DIOS

Dios perdona a cualquiera que con corazón contrito, humilde y decidido a perseverar en el bien, se lo pide. Porque por más grande que sea el pecado cometido, el arrepentimiento sincero, alcanza de Dios el Perdón.

Dios conoce nuestra debilidad. Sabe de qué barro estamos hechos y distingue perfectamente las intenciones del corazón. La humildad y el amor, siempre obtienen su Perdón.

La soberbia de la inteligencia y la lujuria de la carne, son los pecados que espiritualmente dejan al alma como un cadáver putrefacto y asqueroso.

Y así es como nos ven los ojos de Dios.

El llanto del arrepentimiento de un corazón contrito y humillado, es amor expiatorio que unido al Amor Purificador del Perdón de Dios, curan las almas de tan horrendas heridas.

Cuando se ama a Dios, el Pecado duele y no se quiere ofenderlo.

 

Para gozar de la protección de Dios, es necesario su Perdón. El alma que se sabe perdonada y tiene la seguridad de tener a Dios consigo, recupera la alegría y la paz. El bienestar se extiende hasta el cuerpo.

Yo sabía que esto era tan importante, que por eso lo convertí en Sacramento. El salmo 32, expresa muy bien este alivio.

ES NECESARIO EL PERDÓN DE DIOS

El Sacramento de la Reconciliación, es un Sacramento de Liberación y de Sanación

Interior. Yo lo instituí precisamente por esto: el pecado toma vida propia. Y quise liberar a vuestro espíritu de las cadenas y las cargas por el pecado. Y vuestra alma del Caos y la Destrucción, que siempre traen consigo.

El Perdón de Dios resucita nuestro espíritu a la Gracia y nuestra alma se une a la Vida: la Santísima Trinidad.

¿POR QUÉ ES NECESARIO EL PERDÓN DE LOS DEMÁS?

Casi nunca nos gusta reconocer las cosas lamentables de nuestra propia conducta. No es fácil reconocer nuestras culpas. Se necesitan grandes dosis de humildad, para reconocer los propios errores. Y una confesión dolorosa que no siempre estamos dispuestos a hacer.

Una auténtica disculpa, es mucho más que el mero reconocimiento de un error. Equivale a confesar que algo que dijimos o hicimos, le provocó un daño a otro. Y que ese daño como un boomerang, también nos lastima a nosotros. Nuestro equilibrio interior es tan sensible, que aunque conscientemente nos neguemos a aceptar que actuamos mal y disponemos de una montaña de justificaciones; la conciencia es un juez tan implacable, que hasta que no resarcimos el daño es como nos sentimos mejor.

El arrepentimiento sincero, es una medicina dolorosa y amarga, pero sus efectos son tan saludables, que cuando lo llevamos activo a solicitar el Perdón y somos capaces de decir sinceramente: ‘Lo siento. Lamento mucho haber…  Por favor, Perdóname.’

Estas palabras obran efectos maravillosos y curativos. Purifican de una manera esplendorosa nuestro interior. ¡Cuántas relaciones importantes se restaurarían, si fuésemos capaces de decirlas más seguido!

En una ocasión tuve un paciente que me fue a consultar, aquejado por una serie de síntomas: insomnio, depresión, dolores de cabeza, trastornos estomacales, etc.  El reconocimiento médico no reveló ningún trastorno orgánico.

El Espíritu Santo me hizo ‘percibir’…y finalmente le dije:

–           Si no me dice usted lo que pesa en su conciencia, no podré ayudarlo.

El hombre me miró sorprendido. Y después de dolorosas vacilaciones, confesó que como albacea del testamento de su padre, había despojado a su hermano de su parte de la herencia.

Allí mismo lo persuadí para que pidiera perdón a su hermano y le devolviera lo que le había quitado.

Después de haberlo hecho, el hombre fue a darme las gracias, porque se había curado.

A veces dudamos de pedir perdón por temor a vernos desairados. Es una dolorosa posibilidad que no debe detenernos. Porque en el dado caso de que así sucediera, ya no es responsabilidad nuestra, el que no haya una reconciliación.

Vale la pena porque seremos nosotros los que sanaremos. 

¿PORQUÉ ES NECESARIO EL PERDÓN HACIA NOSOTROS MISMOS?

ARREPENTIMIENTO: Pesar de haber hecho una cosa con intención de resarcir y reparar el daño.

REMORDIMIENTO: Inquietud interior que perturba la conciencia, ante el recuerdo de un crimen cometido.

Cómo podemos observar el remordimiento es pasivo y el arrepentimiento es activo. Esta diferencia marca las consecuencias de nuestras acciones.

Cuando reconocemos nuestras culpas y pedimos perdón al que ofendimos, el siguiente paso es perdonarnos a nosotros mismos.

Cuando este último perdón no lo llevamos a cabo, no podemos recuperar la paz del espíritu.

Diablo significa acusador. Él hace honor a este título utilizando algunos pecados nuestros, como verdaderos tormentos que convierten la vida en un infierno. Cuando esto sucede, el hombre que comete pecados tan atroces que le resulta imposible pensar que pueda alcanzar el Perdón: los remordimientos torturan tanto y el hombre se siente tan culpable, que cree que Dios no puede perdonarlo.

La humildad, llorando dice: ‘Señor, ten piedad de mí. Yo no puedo, Tú si puedes. Ayúdame porque solo Tú puedes hacerlo.’

La soberbia impotente, declara: ‘Dios no puede perdonarme. Es imposible.’ El que dice estas palabras está midiendo a Dios consigo mismo. Y piensa que Dios no perdonará, porque si él fuese el ofendido, no perdonaría.

El humilde compadece y perdona, aun cuando sufra por haber sido ofendido.

El soberbio no perdona, porque no quiere renunciar a su rencor.

El que no se perdona a sí mismo, está odiándose. Y sé autodestruye con un auto castigo impuesto, ya que de manera subconsciente busca sufrimientos para castigarse y se entrega a relaciones destructoras.

El arrepentimiento auténtico debe tener un valor viril y sin pedir excusas, ni dárselas; hay que aceptar las consecuencias del pecado, como un doloroso medio de expiación. Y con renovadas fuerzas, aceptarnos como somos, amándonos y con inmensa gratitud hacia Dios.

Cuando hemos alcanzado el Perdón de Dios, debemos hacerlo extensivo a nuestra voluntad, con este pensamiento: “Si Dios me ha perdonado, ¿Quién soy yo para no hacerlo?”

La soberbia impulsada por Satanás, es la que dice que Dios no puede perdonarnos.

Pues donde abunda el pecado, sobreabunda la Gracia. Esto debemos recordarlo porque nos muestra la infinita misericordia de Dios y debe ser el baluarte cuando Satanás quiere afligirnos, con sentimientos de culpa.

¿PORQUÉ ES NECESARIO PERDONAR A LOS DEMÁS?

Muchas personas creen equivocadamente que el perdón solo debe otorgarse, cuando el ofensor se muestra arrepentido. Si queremos obtener óptimos resultados, debemos corregir este error.

Primero que nada tenemos que estar conscientes, que el perdón es un regalo. Tanto para el perdonado, como para el perdonador. El que recibe la mayoría de los beneficios, es el que lo otorga.

A menos que decidamos amar nuestras enfermedades y desequilibrios y seguir manteniéndonos alejados de Dios por el resentimiento; no nos queda otra alternativa. Porque ni siquiera podremos volver a orar el ‘Pater Noster’, con la seguridad de estar siendo atendidos

¿CUÁNTAS VECES SE DEBE PERDONAR?

Para el Amor y para el Perdón, no hay límites. No lo hay. Ni en Dios, ni en los verdaderos hijos de Dios. Mientras dure la vida, no hay límite.

En el cristiano, por más que las culpas produzcan dolor, hay que perdonar siempre al que nos hace daño.

La primera vez que perdonamos de verdad duele tanto; que es como si nos desollaran vivos. Después va disminuyendo la sensación de dolor, hasta que quedamos envueltos en una muralla de amor tan densa; que los dardos envenenados del Demonio, pierden toda su eficacia.

Conforme nos habituamos a ejercer el Perdón, se va formando un escudo formidable a nuestro alrededor, que inclusive desarma al Enemigo. Porque se convierte en un ejercicio tan habitual, que llegamos a perdonar en el mismo momento en que estamos siendo ofendidos y al contestar con amor, estamos poniendo la otra mejilla, al mismo tiempo que detenemos la flecha de fuego llena de odio que se ha lanzado para herirnos, antes de que ésta llegue a tocarnos.

El Perdón de las ofensas es la Prueba de nuestra caridad y de nuestra unión con el Verbo.

Si consideramos las flechas de las ofensas como ofensas, no las podemos amar. Si consideramos a los que nos afligen como injustos, no los podemos amar.

Si consideramos las ofensas como plumas agregadas para volar a Dios y miramos a los torturadores como los cooperadores más valiosos para que adquiramos méritos celestiales, entonces sí los podemos amar.

Desgraciadamente vivimos en un mundo que nos obliga a practicar el perdón continuamente y por lo mismo, su valor es inapreciable. Porque al ser el Odio, el principal elemento que nos rodea; la única manera de neutralizarlo es el Perdón. Él nos ayuda a convertirnos en amos de nuestras pasiones y el dolor deja de ser un Verdugo, para transformarse en un Maestro.

Y el maravilloso bienestar que lo acompaña es sensacional. Entonces somos espectadores de las ofensas que nos infieren, sin sentirnos lastimados por ellas. Y somos capaces de realizar, al compadecer el porqué de la crueldad del ofensor, el precepto más asombroso de la Doctrina Cristiana: amar a nuestros enemigos.

EL AMOR A NUESTROS ENEMIGOS

El que no ama, permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un asesino. Y como lo saben ustedes, en el asesino no permanece la Vida Eterna.”

A S E S I N O.

Es una palabra bastante fuerte para calificar una conducta bastante común en nuestros días.

Es imposible pasar por esta vida, sin encontrarnos con gente que de muy diversas maneras, nos lastiman una y otra vez. La reacción más natural es el enojo y el resentimiento; entonces ¿Cómo poder cumplir con el Mandamiento tan perentorio de Jesús?

El Perdón es totalmente activo y requiere de un enorme esfuerzo de la voluntad, pero su ejercicio es sumamente fácil, si dejamos que sea Jesús el que lo haga por nosotros.

Si él vive dentro de nosotros y de verdad lo amamos. Basta con que le entreguemos lo que sentimos y le pidamos ayuda. Nunca nos defraudará.

Cuando logramos dominar el ejercicio del Perdón, nuestra vida se transforma de manera total.

 Es infinitamente feliz y saludable; porque el Odio aparte hacernos vivir infelices y amargados. Es una pasión tan avasalladora, que cuando no se vierte al exterior en desórdenes de conducta violentos, se vuelve contra nosotros mismos y toma cualquiera de las dos formas: alteraciones físicas que desarrollan enfermedades psicosomáticas hasta llegar al cáncer.

O alteraciones nerviosas en forma de depresión que culmina con el suicidio.

Viendo el contexto completo de lo que significa el odio, adquiere sentido la fuerte palabra: ‘asesino’.

Si no somos asesinos de los demás, lo somos de nosotros mismos.

Si es el Odio o la indiferencia, uno de los látigos que nos fustigan, roguemos a Dios para que sane nuestro corazón, entregándole nuestros sentimientos y pidiéndole que resucite el amor.

Porque es solamente amando como adquiere sentido nuestra vida. Cuando todas nuestras potencias están ocupadas en amar, no hay lugar para el resentimiento.

Es al señor al que le toca castigar, las venganzas se le deben entregar a Él. Al hombre le toca amar y perdonar. Compadecer y perdonar. Orar y perdonar. ¡Cuánta necesidad de ayuda y de perdón, tienen los culpables ante Dios!

Y solo a través de la Oración se ahuyentan los fantasmas de Satanás y podemos sentir la Presencia de Dios que nos llena de fortaleza, amor y compasión.

Si Dios está cerca puede uno enfrentarse a todo y soportarlo con rectitud y mérito. Solo la Fe en Aquel del cual nos alimentamos, puede ayudarnos a vencer el Odio y hacer posible lo que para muchos no solo es imposible, sino una verdadera locura: el amor por nuestros enemigos.

¿CÓMO DETECTAR AL ESPIRITU RENCOROSO?

El espíritu rencoroso es uno de los principales obstáculos para la Oración. El rencor es hijo del Odio y la Soberbia. El rencor es pecado. El pecado impide la comunicación con Dios.

Satanás es habilísimo para disfrazarse con la hipocresía. El que trata de orar con el rencor en el corazón, no recibe contestación. Y el alma deja de orar. Deja de ser creyente. Es por eso que Jesús es tan intransigente con este mandamiento.

En nuestro corazón siempre debe haber paz y alegría. Y el espíritu rencoroso nos está saboteando, si al pensar en nuestro ‘enemigo’ sentimos malestar y evitamos encontrarnos con él. Decimos perdono, pero no olvido. Reconocemos que en el fondo del corazón, nos alegra que le vaya mal y lo consideramos ‘un justo castigo por su maldad’. Deseamos que Dios se encargue de vengar pronto nuestros agravios. Cuando ‘inadvertidamente’ dejamos caer indirectas y pequeñas puyas venenosas que le hagan la existencia tan pesada, como nos la hicieron a nosotros. Cuando nos vengamos con críticas y murmuraciones, tratando de destruir la reputación del ‘enemigo’.

Si reconocemos cualquiera de estas circunstancias con alguien relacionado a nuestra vida, ¡Es el momento de efectuar los Siete Pasos del Perdón, para recuperar nuestro equilibrio interior!

En primer lugar, debemos recordar que el verdadero cristiano no ve en sus semejantes, ‘enemigos’. El Enemigo ya sabemos quién es.

Porque se debe amar a los malvados. Porque con el amor se alcanza la misericordia que los convierte y los salva.

Cuando se siente aversión por el enemigo, es señal de que se puede fermentar en el corazón, la levadura del Odio.

El que camina por el sendero de la cruz, siguiendo a Jesús y no perdona, termina por encaminarse hacia el Odio.

NO SE DEBE ODIAR AL QUE NOS ODIA. No abráis ni siquiera un resquicio a lo que no es de Dios.

¡Hay peligro de perecer y de ser vencidos por el verdadero Enemigo! ¡NO! Tened Caridad y prudencia…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

 

33.- PERDONA NUESTRAS OFENSAS I


Cuando Marco Aurelio termina de escribir, llegó Mauro a revisar a revisar a su paciente. Y teniendo reunidos a todos los miembros de la casa, les anunció:

–           Bien Marco Aurelio, por disposición de Pedro, ya no seré solamente tu médico, sino también tu maestro. David, -dice dirigiéndose al joven- si hay cristianos catecúmenos que quieran escuchar la enseñanza, ve a llamarlos. Y mientras revisaré a mi querido paciente.

David respondió feliz:

–           Voy inmediatamente.

Mauro con gran delicadeza procedió a examinar a Marco Aurelio, que mira sonriente y extasiado a su esposa, que a su vez le sonríe con amor y dulzura.

Para sorpresa de Marco Aurelio, David regresa con una treintena de personas que se distribuyen en la habitación.

Y el tribuno escucha su primera lección particular, en la voz fuerte y sonora de Mauro:

“PERDONA NUESTRAS OFENSAS…”

Dios es Amor. Dios ama. Ama como padre a sus hijos. Como Jesús, Dios-Hombre a sus hermanos. Él, siendo Amor, no puede ser más que Justicia, porque solo quién no ama es injusto. Por lo tanto es siempre Justo, tanto en el castigar como en el premiar.

Dios tuvo Misericordia y compasión, desde antes de crear al Hombre, cuya culpa futura no era ignorada por su Creador. Y esto, el haber creado al hombre para darle el Cielo y hacerse una familia con la semejanza divina. Y haberlo creado conociendo su destino, en el que por su propia voluntad sería un pecador, un rebelde, un prevaricador, un ladrón, homicida, violento, mentiroso, concupiscente, sacrílego, idólatra. Y sobre todo, haberlo creado sabiéndolo capaz de matar a su Verbo. Que por el hombre tomaría un Cuerpo y por la Humanidad sería herido infinitas veces con sus pecados, desde su venida redentora hasta el fin de los siglos, da la medida exacta de la Infinita Misericordia y Compasión de Dios.

Él miraba en lo eterno a su Verbo. Y su Pensamiento Eterno pensaba en todas las cosas que para el Verbo habría creado y contemplando en lo eterno la futura Creación, en la cual todo sería creado ‘Bueno’; vio a la Serpiente atacar, corromper, envenenar todas las cosas, llevándoles el Dolor. Vio al hombre Decaído. Vio a Caín, asesino de Abel; figura del otro Caín (Israel) que asesinaría al nuevo Abel: su Verbo.

Aún el más santo de los hombres, delante de un conocimiento similar; habría, si no odiado; sentir al menos surgir indiferencia por el Ingrato, inútilmente beneficiado, destructor de los bienes recibidos.

Dios, no. Dios sabe todo. Pero su misericordia y compasión no murieron, ni languidecieron. Al contrario, oculto precisamente por este conocimiento eterno; desde la Eternidad fue decretado que, porque el Hombre y los hombres serían pecadores, homicidas de sí mismos en su parte eterna y de sus hermanos. Para hacerlos de nuevo ‘vivos’, ‘hijos’, ‘coherederos’; era necesario sacrificar al Hijo.

Él sería el Hijo del Hombre. El Adán Fiel y Santísimo. El Abel y el Cordero Inmolado por los Caínes Deicidas. Y de la Primera Culpa (aquella del Edén) y de la Segunda Culpa (la del Templo) vendrá la Redención. Y Dios será Compasivo y Misericordioso con todos aquellos que con su ‘buena voluntad’, querrán ser hijos de Dios, habiendo acogido con amor a Cristo. Y seguido y practicado los Mandamientos y las enseñanzas de la Palabra Divina.

¡Y EL PERDON FUE PRIMERO QUE EL PECADO!

Dios quería perdonar al hombre y la Promesa de la Redención le fue dada al hombre en el Edén…

El Amor Perfecto e Infinito creó el medio para absolver al Culpable, antes de crearlo. ¡El Perdón es la Venganza de Dios! 

¿CÓMO SE APRENDE A PERDONAR?

Para practicar esta enseñanza es necesario comprender, cómo funciona el Perdón.

EL PERDON CONSTA DE SIETE PASOS DIVIDIDOS EN DOS PARTES.

La primera parte la da el Hombre, no puede darlos Dios.  Porque entra en juego algo de lo que Dios quiso que el hombre fuera el soberano absoluto: la voluntad.

La voluntad es el propio ‘yo’. Es un gran amigo. Un gran tentador. Un gran enemigo y un gran juez.

Es amigo fiel en el hombre bueno. Es amigo hipócrita, en el que no es bueno; porque después de servir de cómplice para las fechorías que incita, se convierte en juez inexorable y atormenta con reproches crueles. Es un gran enemigo en el hombre inclinado a la soberbia.

Pero la buena voluntad, el gran amigo que lleva al heroísmo espiritual, es lo que se necesita para llevar a cabo los cuatro primeros pasos, en la Primera Parte del Proceso del Perdón.

Como el perdón depende en gran parte del libre albedrío concedido al hombre, por eso al hombre le toca realizar más de la mitad del ejercicio que debe hacerse al perdonar. La palabra clave es: QUIERO.  

1°- QUERER  PERDONAR.

Independientemente de los sentimientos. Aquí lo que importa es nuestra voluntad. No debemos mirar el agravio recibido, por grave que sea. Tampoco importa lo que sentimos. Eso es aparte. Lo único que debemos tener en cuenta es el amor por nuestro Dios y el deseo de imitar a nuestro Salvador. Debemos ‘forzar’ nuestro ‘yo indignado’ y como dueños de nuestra voluntad, uniéndola a la de Jesús que dijo: “Padre, hágase tu voluntad y no la mía…”, decir: ‘Quiero’.  Quiero perdonar.

2°- QUERER RECONOCER NUESTROS SENTIMIENTOS COMO PECADOS.

La Ira. La Furia. El Orgullo lastimado. La Soberbia herida. El deseo de Venganza. El Rencor. El Odio. ¿Qué son?… PECADOS. CON LOS CUALES ESTAMOS OFENDIENDO A DIOS. No importa lo que otro nos haya hecho. Importa lo que nosotros estamos haciendo. Y esos sentimientos hieren al Amor y ofenden gravemente al Señor. Cuando reconocemos esto, sabemos que es Satanás, el que quiere derrotarnos con el Pecado, para apartarnos de Dios.

3°- QUERER ARREPENTIRSE…

Y pedir humildemente Perdón a Dios.

Al arrepentirnos por el dolor que hemos causado al Señor, le pedimos perdón. Y cuando renunciamos a estos sentimientos-pecados, le entregamos nuestra alma herida y nuestro corazón desgarrado, para que Él los sane. Y con la reconciliación con Dios, desaparecen las cadenas con las que Satanás nos ha atrapado.

4°- QUERER ROMPER EL PAGARÉ DE NUESTRO DEUDOR.

Orando. Perdonando. Especificando la ofensa recibida y el nombre del ofensor. Pidiendo las bendiciones de Dios, sobre nuestro enemigo. Al declarar el perdón al ofensor por el agravio recibido, con esto cancelamos la deuda del culpable con nosotros. Y oramos por él, para que la Gracia de Dios descienda sobre el que ha pecado contra nosotros. Así devolvemos Bien por mal, al invocar las bendiciones de Dios sobre él.

Y aquí se acaba nuestra intervención

Para los pasos que da el hombre es necesaria la humildad. La fe. El Arrepentimiento y MUCHO VALOR. La entrega es necesaria, porque se requiere Poder, para vencer al Rencor.

Querer doblegar el amor propio herido, es un esfuerzo titánico y muy doloroso. Solo cuando lo intentamos por primera vez, lo podemos comprender. Es como dar un salto al vacío. Al llegar a este punto (cuarto paso), solemos quedarnos sin voz. Y las palabras más angustiosas, son las que debemos obligarnos a pronunciar. Cuando logramos vencer la parálisis momentánea y recuperamos la voz, nuestra alma desgarrada brota con cada sílaba. Para esto es necesario un tremendo esfuerzo de voluntad. Pero, ¡Vaya que vale la pena!

Para los pasos que da Dios, el hombre no puede intervenir, porque está fuera de su capacidad. Lo único necesario es la Fe. ¡Y el Gozo que se experimenta es tan maravilloso! ¡Cómo el bienestar que invade todo nuestro ser, al ver como Dios siempre cumple sus promesas! 

5°- DIOS ESCUCHA NUESTRA ORACIÓN Y HACE LO QUE LE PEDIMOS.

Satanás ya no puede acusar al culpable de habernos ofendido delante de Dios, porque nosotros ya le perdonamos. Y pierde su dominio sobre nosotros y sobre el instrumento que usó para dañarnos. Tampoco puede acusarnos a nosotros, porque ya fuimos perdonados y no tiene pecados con qué encadenarnos y torturarnos. La Misericordia de Dios llega al ofensor para que se convierta y se salve. Y Dios recupera otra oveja perdida. Y a nosotros, con esa misma misericordia nos llena de Gracia, con la cual regeneramos nuestra propia alma, para que alcance la perfección. 

6°- DIOS TOMA NUESTRO CORAZÓN Y NUESTRA MENTE  Y SANA LOS RECUERDOS DOLOROSOS.

¡Se olvidan las ofensas! ¡Es como si le hubieran sucedido a otra persona ajena a nosotros y el corazón hubiera sido anestesiado! DEJAN DE DOLER. El Amor de Dios es el bálsamo perfecto y santo. Nos fortalece y quita de las manos del ofensor, el arma con la que nos estaba destruyendo. Al orar por nuestro ‘enemigo’ Dios no puede resistir la Fuerza del Perdón, que es la Fuerza del Amor Perfecto. Porque éste es amor operante que destruye el Odio y abre las fuentes de la Gracia, haciendo que cada día crezcamos en amor, santidad y perfección, hasta ser verdaderos hijos suyos.

7°- DIOS TOMA TODO NUESTRO SER Y LO LLENA DE AMOR.

Jesús desde la cruz dijo: “Padre, perdónalos… porque no sabe lo que hacen…” Y Él amó a sus asesinos mostrándonos con el ejemplo: El Amor al enemigo.

Es un Don que Dios nos da, después de que ya hicimos nuestra parte. Él nos hace sentir el amor y la compasión por el alma que yace encadenada por Satanás. Que es el verdadero culpable de nuestro dolor, ya que el hombre pecador es su instrumento para destruirnos. Con este amor sublime se rompe el círculo que Satanás ha tratado de crear por medio de la Venganza y el Rencor. Dios ama a través de nosotros a esa alma desgraciada, que llena de odio nos aflige y trata de destruirnos. Y a nosotros nos da la fortaleza necesaria para soportar las injurias y convertirlas en amor y en alegría, pues la dicha que se siente es incomparable. Y para lograrlo, lo único que es necesario, ES LA DECISIÓN DE QUERER PERDONAR.

Sentir el Poder de Dios en el Perdón Total, es una de las experiencias más sublimes que el Espíritu Santo nos puede dar.

Alcanzar el amor a este grado de virtud, es lo que deifica al alma, porque se ha llegado a la semejanza perfecta con el Salvador. Entonces es cuando somos y nos sentimos dioses. Hijos verdaderos del Dios Único y Trino, el Altísimo Señor del Universo.

EL PERDON ES EL AMOR PERFECTO.

Jesús es el Hijo del Amor. Y como Hombre vino a instaurar el Amor en la Tierra. El amor es Paciencia y Perdón.

Jesús como Maestro enseñó:

“El holocausto perfecto es amar como a nosotros mismos a los que nos persiguen y nos guardan rencor. Quién haga esto poseerá la Paz.

Está dicho: los mansos poseerán la Tierra y gozarán de abundancia y de paz. En verdad os digo que el que sabe amar a sus enemigos, llega a la perfección y posee a Dios. A vosotros os ordeno que améis, que perdonéis. Si en el mundo existe el Odio, en vosotros solo debe existir el Amor. Un amor para todos. ¡Cuántos traidores encontraréis en vuestro camino! Pero no debéis odiarlos y devolverles mal por mal. De otra manera el Padre os odiará. Antes que vosotros Yo he sido objeto de Odio; se me ha traicionado y sin embargo, siempre perdonado.

Es importante el dominio de sí mismos y tolerar las ofensas, que es la manifestación más sublime de la Caridad. Esto solo lo pueden conseguir los que quieren que en su vida, no haya otra ley que la Ley del Amor, que Yo proclamé y practiqué en toda su realidad. No podéis imaginar lo que significó para Mí, tener a la mesa al Traidor. Haberme dado a él en la Eucaristía. Humillarme ante él, al lavarle los pies. Tener que compartir con él, la Copa Ritual y poner mis labios en donde él había puesto los suyos. Hay discusión sobre mi modo de haber muerto tan rápidamente. Es verdad que los golpes de la flagelación enfermaron mi Corazón. Pero también es verdad que estaba enfermo y despedazado por el esfuerzo, de tener que soportar a mi lado al Traidor. Ya desde la Cena empecé a morir físicamente. Lo perdoné con mi silencio. Y lo amé al grado de que habría perdonado su Traición; si se hubiese arrepentido y venido a Mí, en lugar de suicidarse. Porque un espíritu vale tanto, que es digno de que se superen cualquier repugnancia y resentimiento. El valor de un alma es tan grande, que aún a costa de morir por el esfuerzo, se debe perdonar para salvarla. Y ese será siempre mi más grande dolor: NO HABER PODIDO SALVAR A JUDAS, PORQUE ÉL NO QUISO.

EL INFIERNO ESPERA A LOS QUE NO SABEN PERDONAR.

¿Se os calumnia? Amad y perdonad.

¿Se os golpea? Amad y perdonad. Presentad la otra mejilla a quién os abofetea.

¿Se os roba? Perdonad y regalad lo robado. Dad sin juzgar al culpable. Dios os recompensará y el inicuo pagará su pecado.

Ama a quién te odia. Ruega por quién te persigue. Justifica a quién te calumnia. Bendice a quién te maldice. Haz el bien a quien te hace daño. Sé pacífico con el furioso. Condescendiente con el que te desagrada. No critiques. No juzgues. Tratad de amar y de haceros amar. No penséis en lo que pasó y rogad por los infelices que os han causado daño. PERDONADLOS.

Si perdonáis a los hombres en sus errores, también vuestro Padre de los Cielos os perdonará los pecados. Pero si tenéis rencor y no perdonáis, tampoco vuestro Padre os perdonará. Si tú perdonas, Dios perdona. Es menester limpiar el corazón para obtener gracias. Debemos augurar al prójimo aunque sea malo, un mayor bien.

El Perdón es rocío en la sed ardiente del culpable. Es una humedad de lágrimas que es consuelo y lluvia de gracias celestiales; que trae consigo la limpieza y jugos vitales espirituales. Dios perdona todo a quién lo ama con todo su ser. Y el Perdón de Jesús hace dignos de orar y de ser escuchados. Perdonad al culpable, como Dios perdonó. Amadlo, porque con el dolor que os dio, os ha proporcionado un medio para merecer un premio mayor en el Cielo. Unid a lo que él os proporciona, el Perdón. Y vuestro premio será mucho mayor.

La mirada que se niega al pariente pobre o al amigo que ha caído en desgracia, es igual a un puñal que se ha clavado en medio del corazón. De igual modo la mirada de odio, la de desprecio, que se lanzan al enemigo o al mendigo. Hay que perdonar y amar al enemigo, aunque la carne se rehúse a hacerlo. El perdón es amor del espíritu. No vengarse, es manifestación y mérito del espíritu. Haced a los demás, lo que queráis que se os hiciese. Y no hagáis a otros, lo que no queráis para vosotros. ¡Amad! ¡Amad! ¡Amad!

Amad a amigos y a enemigos. Para que seáis semejantes a Mí. Amad por respeto a Mí, que Soy Creador de vuestros enemigos. Quiero que en vosotros exista la perfección del Amor.

Es inútil presentar ofrendas ante el altar, si antes no se han sacrificado en el interior del corazón, todos los rencores por amor a Dios y no se ha llevado a cabo el rito santísimo de saber perdonar. Antes de presentar la ofrenda, haced la inmolación del amor propio y reconcíliate con tu hermano. Después trae tu ofrenda. Y solo entonces será santo tu sacrificio.

Vestid a los desnudos del espíritu, perdonando a quién os ofende. La ofensa es anti Caridad. La anti Caridad, despoja a Dios. Por eso el que ofende se desnuda y solo el perdón del ofendido lo vuelve a vestir. Porque lo trae hacia Mí y Yo estoy dispuesto a perdonar a quien ha sido perdonado.

Nadie hay que no haya ofendido a Dios. Yo perdono al que perdona. Se os tratará como tratéis. Perdonad por tanto, si queréis ser perdonados. Y os alegraréis en el Cielo, por la caridad que hayáis tenido.

EL INFIERNO ESPERA A LOS QUE NO SABEN PERDONAR.

Y pondré en las manos de quién fue generoso, una recompensa mucho mayor. No solo daré o que disteis, sino mucho más. Cuando vosotros decís: ‘Padre pequé. Perdóname.’ Vosotros sentís cuán dulce es el Perdón. Así como lo es también para Mí, el perdonar. Pensad en vuestra propia condición. Pensad en que vuestra intransigencia no se cambie en daño, al obligarme a ser intransigente con vosotros. Sed misericordiosos para obtener misericordia.

Nadie puede considerarse sin pecado para que pueda ser inexorable con el pecador. Es preciso compadecer y perdonar. Porque si la vida del hombre es frágil, mucho más frágil es su bienestar. No juzguéis el pecado de los culpables. Y no os alegréis cuando lo estén expiando. PERDONAD PUES, PARA QUE SE OS PERDONE.

Es menester perdonar como Dios perdona. Por más dolor que os produzca, perdonad. Perdonad siempre a quién os hace mal. Perdonad para ser perdonados; porque también habéis ofendido a Dios y a los hermanos. El Perdón abre el Reino de los Cielos, tanto al perdonado como al que perdona. Como os comportéis, así seréis tratados.

PERDÓNANOS NUESTRAS OFENSAS, COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN… 

Hay deudas materiales, morales y espirituales. Es una deuda material el dinero o la cosa que se restituye, porque se la prestaron a uno. Es una deuda moral la honra ofendida y no reparada; Como el amor pedido y no recibido. Es una deuda espiritual la obediencia a Dios, a quién pedir lo que se quiera siempre es poco. Es obediencia espiritual el amarlo.

El egoísta quiere tener pero no dar. Este es el antípoda del Cielo. Tenemos deudas con todos. ¡Hay de quien no perdona! No será perdonado. Dios no puede en Justicia, perdonar la deuda que tiene el hombre con Él, Ser Santísimo, si el hombre no perdona a su semejante. Yo Soy el Cristo Salvador. De Mí está dicho que Soy el que llevará la justicia entre las naciones. Es verdad. Porque si los ciudadanos de todos los países, hicieran lo que enseño; los odios, las guerras, los atropellos, tendrían fin.

EL INFIERNO ESPERA A LOS QUE NO SABEN PERDONAR. 

LA DOCTRINA DEL AMOR Y DEL PERDON. Compendia el Mandamiento de ser perfectos como el Padre Celestial es Perfecto. Amando a Dios y al prójimo. Y ser justos con el prójimo es todavía más difícil, que ser amantes de Dios. Porque Dios es Bueno y es fácil amar a quién es bueno. Dios es Consuelo y es fácil amar a quién conforta y consuela. Dios es sostén y es fácil amar a quién sostiene. Dios es Perdón y es fácil amar a quién perdona. Dios es amor y es muy fácil amar a quién ama.

Pero el prójimo; frecuentemente es malvado, injusto, pronto a afligir y a aumentar nuestro dolor con sus incomprensiones, obstinaciones, escarnios y durezas. Fácil a abandonarnos si nos ve agobiados e infelices; cuando no se hace cómplice de quién nos oprime, para tiranizarnos y afligirnos todavía más. Duro para perdonar cuando se cree injustamente ofendido o perjudicado por nosotros, aunque seamos inocentes. Es durísimo para perdonar, cuando ha sido probada la culpa. Y por todo eso, amarlo es muy difícil.

Pero está dicho: “Amad a aquellos que os odian y seréis hijos del Altísimo.” ¿Por qué? Porque este es el amor Perfecto. La más grande semejanza e imagen con Dios. Así como cada hijo asume la vida que el Padre le trasmite con los genes. Y son incancelables en la sangre o en el aspecto. En el carácter, más que en el apellido, la herencia física paterna en el ser. Así se asumen los principales atributos de Dios, aquellos que son su Esencia al asumir la vida misma de Dios. Viviendo por Él, en Él y para Él. Y convirtiéndonos en verdaderos hijos; no por igualdad de naturaleza y sustancia. Sino por sobre naturalización de la criatura, que así se diviniza por su participación relativa a las acciones de Dios Uno y Trino. Y por semejanza, haciendo lo que Él hace siempre: amando.

El perdón es dulce. Los que perdonan son la réplica más acabada de Dios, puesto que Él perdonó y sigue perdonando. Así es como el hombre se hace espiritual y debemos imitar a Jesús, porque una de las armas favoritas de Satanás es inocular el Odio y fermentar el rencor. Porque así la carne es terreno propicio para cultivar los vicios satánicos.

El Odio es el antagonista del Amor y en donde está el Odio, está Satanás. El Odio está siempre cubierto por la soberbia y muchas veces se disfraza con la más refinada hipocresía. Se anida en los corazones vengativos y el corazón que odia, no puede amar a Dios. Y Dios no puede estar en un corazón que odia.

El perdón es dulce. Los que perdonan son la réplica más acabada de Dios, puesto que Él perdonó y sigue perdonando. Así es como el hombre se hace espiritual y debemos imitar a Jesús, porque una de las armas favoritas de Satanás es inocular el Odio y fermentar el rencor. Porque así la carne es terreno propicio para cultivar los vicios satánicos.

El Odio es el antagonista del Amor y en donde está el Odio, está Satanás. El Odio está siempre cubierto por la soberbia y muchas veces se disfraza con la más refinada hipocresía. Se anida en los corazones vengativos y el corazón que odia, no puede amar a Dios. Y Dios no puede estar en un corazón que odia.

Continuará…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA