Archivos diarios: 14/08/12

99- OCASO DE UNA DINASTÍA


Después de regresar de la Casa de las Gallinas, cayó un rayo en el Palacio de los Césares y cayeron al mismo tiempo las cabezas de todas sus estatuas. A la de Augusto se le cayó el cetro de las manos.

Babilo y sus astrólogos le pronosticaron a Nerón que lo depondrían y él les contestó:

–           El arte nos hará vivir.

El mundo, después de haber soportado por catorce años a este singular gobernante, por fin se hizo justicia; dando la señal de sublevación en la Galia, donde mandaba como propretor Julio Vindex. Fue en Nápoles, en el aniversario de la muerte de Agripina, cuando le avisaron de la rebelión de las Galias.

Y Nerón recibió la noticia con tanta indiferencia, que muchos sospecharon que se alegraba de tener la oportunidad para despojar por derecho de guerra, a las provincias más ricas del imperio. En el acto se marchó al gimnasio y contempló las luchas de los atletas, mostrando gran interés en sus ejercicios.

Durante la cena le trajeron cartas más inquietantes y fue cuando prorrumpió en imprecaciones y amenazas contra los sublevados. Durante ocho días no contestó ninguna carta, no dio orden alguna, tampoco instrucción alguna de ningún tipo. No hizo comentarios sobre aquel acontecimiento y se mantuvo en silencio sobre este asunto.  Trató por todos los medios y en todas las circunstancias de mantener su ritmo de vida habitual, conduciéndose como si no pasara nada extraordinario.

Pero el tiempo y el destino siguieron su implacable marcha. Conforme pasaban los meses, las noticias eran cada vez más inquetantes. Turbado finalmente por las injuriosas proclamas de Vindex, escribió al senado para exhortarles a vengar al emperador y a la república.

Y se excusó con una enfermedad de la garganta para no acudir personalmente.

Pero lo que más le ofendió de aquellas proclamas, fue que lo calificaran de pésimo cantante y que en lugar de Nerón, lo llamaran Enobarbo. En su concepto, lo más falso era la censura que ignoraba un arte que había cultivado con tanto afán y buen éxito.

Y les preguntaba a todos:

–           ¿Habéis conocido un artista más grande que yo?

Mientras tanto, se sucedían las noticias alarmantes y sin poder ocultar su temor, regresó a Roma. Pero cuando supo que Galba y España se habían sublevado, perdió completamente el coraje y dejándose caer, permaneció largo tiempo callado y sin reaccionar; casi como si estuviera muerto.

Luego se levantó, rasgó sus ropas, se golpeó la cabeza y exclamó:

–           Todo ha concluido para mí.

Sus nodrizas le acompañaban y Eglogea queriendo consolarle, le nombró a otros príncipes a los cuales les habían ocurrido desgracias similares.

Y Nerón contestó:

–           Pero las mías son inauditas y sin comparación, pues pierdo el imperio antes que perder la vida.

Y continuó con su vida acostumbrada, llena de diversión  en las carreras en el circo…   

Espectáculos variados,  lujos y molicie.

Dio banquetes espléndidos y compuso contra los jefes de la sublevación versos satíricos, que empezó a cantar gesticulando y procuró divulgar en público. Se hizo llevar secretamente al teatro y mandó decir a un actor que tenía una gran voz y era un gran artista: Que era una gran fortuna para él, que el emperador tuviera otras ocupaciones’.

Concibió muchos proyectos atroces y acordes con su carácter, pero los abandonó ante imposibilidad de ejecutarlos. Saliendo de un convite, apoyado en los hombros de sus amigos, dijo:

–           Iré a las Galias y me presentaré sin armas ante las legiones rebeldes. Me limitaré a llorar ante ellos y un inmediato arrepentimiento me atraerá a los sediciosos. Y a la mañana siguiente, en medio de la alegría general, entonaré un canto de victoria que ahora mismo voy a componer.

Y su primer cuidado al preparar esta expedición, fue elegir carros para el transporte de sus instrumentos musicales y hacer cortar el cabello como si fueran varones, a todas sus concubinas a las que se propuso llevar vestidas como amazonas.

Entonces llegó la noticia de que los demás ejércitos también se habían sublevado…  Se llenó de cólera y furioso rompió la carta que le habían llevado durante la comida. Derribó la mesa y estrelló contra el suelo dos vasos que tenía en gran estima y que llamaba ‘homéricos’, porque estaban esculpidos en ellos escenas tomadas de los poemas de Homero.

Enseguida hizo que Locusta le diera un letal veneno y lo guardó en un cofrecito de oro. Y se fue a los jardines de Servilio…  Allí, mientras sus libertos más fieles se iban a Ostia a preparar naves; quiso comprometer a los tribunos y centuriones del Pretorio a que lo acompañaran en su fuga. Pero no sabiendo que Tigelino ya lo había traicionado, unos se excusaron y otros se negaron abiertamente diciéndole:

–           ¿Tanta desgracia es morir?

Más tarde, después que la conjura fue consumada;  se encontró entre sus papeles un discurso, donde planeaba presentarse públicamente en la tribuna de las arengas con traje de luto y pedir con el acento más lastimero posible, que le perdonasen el pasado o al menos, si los corazones permanecían insensibles; que le concediesen la Prefectura de Egipto. ¡Aún mantenía la esperanza de consolidar su absoluto poder!

El único motivo que le impidió pronunciarlo, fue el miedo de que lo despedazaran antes de llegar al Forum. Y dejó para el día siguiente, el tomar una decisión. Pero se despertó a la medianoche y se dio cuenta de que lo habían abandonado todos sus guardias. Saltó del lecho y mandó mensajeros a las casas de todos sus amigos. Al no recibir contestación, fue con poco séquito a pedir refugio a los que consideraba más fieles entre ellos.

Pero todas las puertas permanecieron cerradas y nadie le contestó. Entonces regresó a su palacio y vio que también  los centinelas habían huido, llevándose hasta las ropas de su lecho y la caja de oro en la que había guardado el veneno. Luego pidió que lo llevaran con los gladiadores para recibir la muerte, pero no encontró a nadie que quisiera matarlo.

Y exclamó:

–           ¡¿Acaso no tengo amigos, ni enemigos?!

Luego quiso hallar un refugio para meditar…  Y su liberto Faonte le ofreció su casa de campo, situada entre la Vía Salaria y la Nomentana, a seis kilómetros de Roma. Desesperado, vestido con la túnica y con los pies descalzos, tal como se encontraba; montó a caballo. Iba envuelto en un manto viejo y descolorido. Llevaba la cabeza cubierta y un pañuelo en el rostro, acompañado de cuatro personas, entre ellos Esporo.

De pronto, sintió temblar la tierra y  vio brillar un relámpago que lo estremeció de terror.

Al pasar cerca del campamento de los pretorianos, oyó los gritos de los soldados que le dirigían imprecaciones y hacían votos por Galba.

Al ver al pequeño grupo, un viajero dijo:

–           Esos persiguen a Nerón.

Y otro preguntó:

–           ¿Qué hay de nuevo en Roma en cuanto a Nerón?

El olor de un cadáver abandonado en el camino, hizo retroceder a su caballo y se le cayó el pañuelo que le ocultaba el rostro, un veterano pretoriano lo reconoció y lo saludó por su nombre. Entonces emprendieron el galope hasta llegar a un cruce de caminos y siguieron por una vereda. Dejaron los caballos y penetrando entre abrojos y espinos por un sendero cubierto de zarzas; en el que no podían avanzar más que tendiendo ropas bajo sus pies, llegaron trabajosamente hasta las tapias de la casa de campo.

Allí le aconsejó Faonte que entrase temporalmente en una cantera de la que había sacado arena… Pero Nerón estaba aterrorizado…

Balbuceando exclamó:

–           No quiero que me entierren vivo. –refutó.

Y se detuvo para esperar a que le abrieran la entrada secreta de la casa. Como tenía sed, cogió en la mano agua de una charca y dijo antes de beberla:

–           He aquí los refrescos de Nerón. – Y se puso a arrancar las zarzas que se habían atorado en su manto.

Después de esto se arrastró sobre las manos, por un agujero abierto debajo de la tapia hasta la habitación más próxima, en la que se acostó sobre un jergón cubierto con una vieja manta. Atormentándolo de vez en cuando el hambre y la sed, rechazó el pan que era de buena calidad; pues Faonte es un hombre muy rico e influyente y bebió gran cantidad de agua templada.

En el Senado ya se conocía su huída y deliberaban la forma de castigarle cuando le atrapasen; pues están seguros de que es demasiado cobarde para darse muerte por sí mismo.

Mientras tanto en la villa de Faonte, Nerón está muy abatido, lleno de impotencia y de contrariedad…

Por largas horas se mantuvo abstraído, tratando de evitar una respuesta a las demandas de sus amigos y de una manera inexplicable para él, le llegó una avalancha de recuerdos en los que hacía demasiado tiempo no reflexionaba… Se miró a sí mismo cuando muy jovencito adoraba a su madre y  después, cuando fue coronado emperador…

Cuando se enamoró perdidamente de Popea Sabina y por la cual mató a su esposa Octavia y a su madre Agripina…

A continuación el Incendio de Roma y todos los intentos por aplacar a la plebe; después del escándalo suscitado por la acusación de Prócoro Quironio… 

Seguidamente fue la pelea con Popea y cuando la asesinó  con un fuerte puntapié;  junto con su heredero estando muy ebrio, después de las carreras…

Todos los que le acompañan están aterrorizados, pues comprenden que ya no hay salida…  Epafrodito volvió a suplicarle, insistiendo en  que el tiempo se está acabando y el Senado ya debe haber tomado una fatal resolución contra él.  Todos sus compañeros lo instan, a que se sustraiga cuanto antes a los ultrajes que le amenazan.

Nerón los miró angustiado y movió la cabeza negando; pero luego se rindió y mandó que abrieran una fosa delante de él, a la medida de su cuerpo.  Pidió que le encontraran unos pedazos de mármol y que trajesen agua y leña, para tributar los últimos honores a su cadáver. Por primera vez en toda su vida, lo que está viviendo no es una escenificación proyectada de antemano.

Su sufrimiento es auténtico y se siente verdaderamente desconsolado al contemplar su total abandono y su absoluto desamparo.  Llorando con cada orden que da, repite sin cesar:

–           ¡Qué gran artista va a perecer conmigo!

Durante estos preparativos llegó un correo a entregarle una carta a Faonte.

Nerón se la arrancó de las manos y leyó que el Senado le ha declarado Enemigo de la Patria y le está buscando para castigarle, según las leyes de los antepasados.

Horrorizado preguntó:

–           ¿En qué consiste este suplicio?

Epafrodito le contestó:

–           En desnudar al criminal. Sujetarle el cuello con una horqueta y azotarlo con varas hasta la muerte.

Aterrorizado,  se cubrió la boca con las manos para ahogar un grito… Luego tomó los puñales que había llevado consigo, probó la punta…

Y volvió a envainarlos diciendo:

–           Aún no ha llegado la hora fatal.

Exhortaba a Esporo a lamentarse y a llorar.

Y luego dijo:

–           Mátese uno de vosotros para que me dé valor para morir.

Pero los presentes le miraron estupefactos y abatidos, sin contestar una sola  palabra.

Luego se reprochó a sí mismo su cobardía, diciéndose en voz alta:

–           Arrastro una vida vergonzosa y miserable. –Y añadió en griego- Esto no es propio de Nerón… En momentos así, es necesaria la sangre fría. ¡Vamos! (Y citando su nombre completo)  NERO·CLAVDIVS·CÆSAR· AVGVSTVS·GERMANICVS   ¡Ya!…¡Despierta!

Entonces oyó que se acercaban los jinetes que traían orden de capturarlo vivo y recitó temblando este verso en griego:

–           Oigo el paso animoso de veloces corceles.

Y enseguida se clavó el puñal en la garganta, ayudado por su secretario, Epafrodito.

Todavía respiraba cuando entró el centurión que quiso vendarle la herida, fingiendo que venía a socorrerle.

Nerón dijo:

–           ¡Es demasiado tarde! ¡Cuánta fidelidad!

Al pronunciar estas palabras expiró con los ojos abiertos, dejando espantados y llenos de horror a quienes lo miraban.

Esporo, sollozando  y muy afligido le cerró los ojos y dijo a los demás…

–           Quieran los dioses respetar su último deseo.

Había recomendado mucho a sus compañeros de fuga, que no abandonasen su cabeza a nadie y que le quemasen entero, de la manera que fuese. Esta autorización la concedió Icelo el liberto de Galba, que acababa de salir del encierro donde lo arrojaron al comenzar la insurrección.

Los funerales de Nerón costaron doscientos mil sestercios. Y emplearon en ellos, tapices blancos bordados de oro. Sus nodrizas Eglogea y Alexandria, junto con Actea; depositaron sus restos en la tumba de los Domicios, que está en el campo de Marte.

Y así pasó Nerón como un tornado, como un huracán, como un incendio.

Como pasa la guerra y pasa la muerte.

Sin embargo, a pesar del Edicto para el exterminio total de los cristianos; la Basílica de San Pedro gobierna espiritualmente hasta hoy, desde las cumbres del Vaticano,  a la ciudad de Roma y al mundo.

Cerca de la antigua Puerta Capena, en la Ciudad Eterna; existe actualmente una pequeña capilla que lleva esta inscripción algo borrada por el tiempo: ¿Quo Vadis Domine? 

Para los primeros cristianos Nerón fue el Primer Anticristo.

El Segundo sería Dioclesiano.

¿Cuál ES el Tercero?…

Nerón murió a los treinta años y medio de edad. En el mismo día que en otro tiempo, él personalmente hiciera perecer a Octavia.

Con él se extinguió la familia de los Césares…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

98.- ENTRE LA CRUZ Y LA ESPADA


Y el pobre pueblo romano, a los ultrajes y males que procedían del Príncipe, tuvo que agregar otros desastres: el siguiente otoño hubo una peste que costó treinta mil vidas. Casi simultánea con una derrota sangrienta en Bretaña, seguidas del pillaje de dos importantes fortalezas y de la matanza de un gran número de ciudadanos y de aliados. El imperio perdió Armenia y Tigelino vio impotente como se perdieron varias legiones que casi provocaron también la pérdida de Siria.

En el día del martirio de Pedro y Pablo, Nerón hizo un convite en Baias y fue a ver su arbusto que ya tenía trece años. Había estado frondoso y saludable; pero en esta visita a la Casa de las Gallinas, se llevó la sorpresa de que habían muerto todas las aves y su árbol que él había plantado después que fuese coronado emperador, se había secado hasta la raíz.

Se consideró esto como un presagio funesto y Tigelino para consolarlo organizó una fiesta para celebrar su cumpleaños, en donde todo el ejército iba a honrarlo, ofreciendo sacrificios a su divinidad y jurando ante la imagen del emperador.

Ante el estupor y la rabia del Prefecto de los Pretorianos, más de una legión de soldados se negó a hacerlo.

Al día siguiente, Nerón notó la ausencia del capitán de su guardia personal y preguntó por el tribuno:

–           ¿Dónde está Xavier?

Tigelino contestó:

–           Tuve que encerrarlo en la Mamertina. Es cristiano.

Nerón se quedó atónito y exclamó incrédulo:

–           ¡Queeé!… ¿Cómo…? A esto hemos llegado… –y no dijo más porque se quedó perplejo.

A pesar de todos los portentos que había presenciado en los últimos años de su gobierno, ¡De ninguna manera está dispuesto a doblegarse y menos a arrodillarse ante un Dios que a pesar de ser tan Poderoso, como de diversas maneras lo ha manifestado; había escogido para Encarnarse a los odiosos judíos, a quienes desprecia profundamente! ¡Jamás derogará su Edicto contra los cristianos! Bién puede su Cristo destruir todo el Olimpo; él no está dispuesto a dejarlos adorar libremente a Este Dios que lo ha desafiado constantemente, arrebatándole sus mejores soldados. ¡Por algo es el Amo del Mundo y gobierna desde el trono imperial más poderoso que existe! Si esto es una guerra, está dispuesto a luchar contra este Dios al que sin saber porqué, ¡Ya lo odia profundamente!…

De este monólogo interior lo sacó  un Tigelino furioso.

El Prefecto sentenció:

–           Pagará con la vida su traición.

Tugurino intervino:

–           Divinidad. Tenemos cosas más importantes de qué ocuparnos…

El César frunció el entrecejo y contestó disgustado:

–           Tienes razón. –y Nerón se olvidó del asunto, para trabajar en sus versos.

Mientras tanto en la cárcel…

Todos los compañeros de Xavier están admirados y le preguntan el motivo de tan súbita conversión. Él lo explica así:

–           Tres días después del martirio de Margarita, ella vino a verme y me colocó una corona sobre la cabeza. Me dijo que había pedido gracia para mí al Señor y que Él me la había otorgado. Y que pronto vendría por mí, para llevarme con ella al Cielo. Cuando la ví ¡Estaba tan bellísima y tan viva!… –concluye Xavier extasiado.

Pocos días después, los hermanos lo bautizaron y al día siguiente, fue decapitado.

El drama de los soldados romanos cristianos pone de manifiesto en forma muy clara, el conflicto entre la religión y el estado. Y ellos mismos pronunciaron su propia sentencia humana y sobrenatural, sellando con esto un testimonio que se encuentra plasmado en todas y cada una de las palabras del Evangelio. Y todo esto está certificado en sus procesos. Las actas elaboradas por los escribanos en los tribunales romanos, son los testimonios oficiales de sus martirios.

El centurión Marcelo, rehusó participar en la fiesta del emperador por dos motivos: Uno, porque incluía una ceremonia idolátrica a la divinidad del César. Y dos: para asegurarse de que no eran cristianos, tenían que maldecir el Nombre de Jesús…

Cuando fue presionado, arrojó las insignias de soldado, (el cinto y la espada) y las de su grado (el sarmiento) Acusado de indisciplina y de traición, fue procesado por desertor.

Cuando fue llamado al tribunal, el Procónsul Astayano Fortunato le preguntó:

–           ¿Qué te ha pasado por la cabeza, para que contra la disciplina militar te quitaras el cinto con la espada y arrojaras el sarmiento?

Marcelo contestó sin titubear:

–           Porque soy cristiano y milito en la milicia de Jesucristo, el Hijo del Dios Omnipotente.

Fortunato movió la cabeza y contestó disgustado:

–           No puedo encubrir tu temeridad y por tanto haré llegar tu caso a conocimiento de nuestro señor, el divino César. Tú, sin fallo pasarás a la audiencia de Agricolano. He aquí el informe.

Una decuria se llevó al rebelde y lo escoltaron hasta el Foro.

Entonces fue introducido en el Tribunal, Marcelo, uno de los centuriones de Astayano y el oficial dijo:

–           El Procónsul Fortunato ha sometido a tu poder a Marcelo. Sea pues traído ante tu grandeza, juntamente con esta carta firmada por él y dirigida a ti. La que si lo mandas, será leída públicamente.

Agricolano ordenó:

–           Que sea leída.

–           He aquí el informe:

“Manilio Fortunato a su amigo Agricolano, salud.

Estábamos celebrando el día felicísimo para todo el orbe, del natalicio de nuestro señor, el Augusto César Emperador, ¡Oh, señor Agricolano! Cuando Marcelo, centurión regular, arrebatado por no sé qué locura, se quitó espontáneamente el cinto y la espada. Y se atrevió a arrojar el sarmiento que llevaba, ante el mismo estandarte de nuestro emperador. He juzgado necesario poner en tu conocimiento este hecho y al mismo tiempo, remitirte al culpable.”

Leído el informe, Agricolano preguntó:

–           ¿Has dicho lo que está insertado en estas actas?

Marcelo respondió:

–           Lo he dicho.

–           ¿Militabas como centurión regular?

–           Militaba.

–           ¿Qué locura te picó para pisotear tus juramentos y perpetrar tales actos?

–           No hay locura en el que teme a Dios.

–           ¿De veras has dicho todo lo que está consignado en el informe del Procónsul?

–           Todo.

–           ¿Arrojaste las armas?

–           Las arrojé. No conviene que un cristiano que teme perder a Cristo, milite en los afanes de este mundo.

–           Estando así las cosas. Al violar Marcelo las leyes de la disciplina militar, debe ser castigado con una sanción.

Y sentenció:

“Marcelo, centurión regular quebrantó y deshonró públicamente el juramento militar y según el informe recibido, pronunció palabras llenas de locura. Por eso lo condenamos a que sea pasado a filo de espada.”

¡Deo Gratias! –contestó Marcelo.

Enseguida fue conducido ante los verdugos, que ejecutaron la sentencia decapitándolo.

* * * * * *

            Había vacante un puesto de centurión que le correspondía a Eduardo, oficial del ejército distinguido por su nacimiento y por sus riquezas. Iba a obtener el ascenso por razón de las promociones. Y ya estaba por recibir el cargo cuando un rival se presentó ante el Tribunal y acusó a Eduardo de ser cristiano y de negarse a sacrificar para el emperador. Y alegó que por esto y según la ley, no podía ser promovido a ninguna dignidad romana. Aquel puesto le correspondía a él, así como también las riquezas del acusado; en virtud de las recompensas a los delatores, que pueden adjudicarse las posesiones de los acusados.

El juez Aristos se sintió sorprendido por el caso y ante todo preguntó a Eduardo por su religión. Y Eduardo confesó que era cristiano. Entonces el juez le concedió un plazo de tres horas, para reflexionar.

Al salir del tribunal, Eduardo se encontró con Nicandro, obispo de la ciudad y conversó con él. El obispo lo tomó de la mano y lo llevó al altar donde se celebraba la Eucaristía.

Entonces el obispo entreabrió la capa del oficial le indicó la espada que llevaba colgada y al mismo tiempo le presentó el Libro de los Santos Evangelios que mostraban una Cruz. Mandándole escoger entre los dos, según su decisión.

Sin vacilar, Eduardo extendió la mano y escogió el Libro Divino. Entonces Nicandro lo exhortó así:

–           Mantente unido, muy unido a Dios. Que Él te conforte con su Gracia y que alcances lo que has elegido sin titubear. ¡Vete en paz!

En el tribunal, el pregonero lo llamó nuevamente, pues había expirado el plazo concedido. Eduardo se presentó ante el juez y confesó su Fe con mayor decisión que antes. Miró a su acusador y lo perdonó diciéndole:

–           Gracias por abrirme las puertas de la Verdadera Vida, Kevin. Te perdono por querer perjudicarme, denunciándome para obtener el puesto que me correspondía. Que Dios te bendiga como yo lo hago ahora y alcances la Luz y la verdadera riqueza.

El impactado delator y futuro cristiano, escuchó estas asombrosas palabras que rondarían por su cabeza constantemente; abriendo una brecha en su mente pagana y en su corazón de piedra, lleno de codicia y envidia. Años más tarde, las recordaría con arrepentido agradecimiento, cuando a su vez llorando daría testimonio a otros soldados a los que evangelizaría con amor, mientras espera el momento de su propia confesión sangrienta en imitación del que con su ejemplo, le mostrara el Camino del Calvario.

Sin más trámites, el juez lo sentenció y  Eduardo fue conducido a donde fue decapitado por confesar a Cristo. Después el senador Astirio, que formaba parte de la corte del emperador y era célebre por su nobleza y sus riquezas, tomó el cadáver y lo envolvió en una tela blanca. Cargándolo sobre sus hombros, le dio una honrosa sepultura.

* * * * *  *

En Sebaste Armenia, la defensa del Asia Menor estaba encomendada a la Legión XII, Fulminata y a la XV, Apollinaris. Cuando el Prefecto Agricolano leyó el decreto del emperador, cuarenta soldados de la Legión Fulminata declararon que ellos no podían ofrecer incienso a los ídolos, porque eran cristianos.

El gobernador les anunció que si no renunciaban a su religión morirían entre tormentos, pero que si quemaban incienso a los dioses, recibirían grandes premios.

Pero ellos declararon valientemente que todos los tormentos del mundo no los apartarían de la verdadera religión.

El gobernador intentó convencerlos de la necesidad de acatar las órdenes del emperador y los puso a decidir entre servir a Cristo o al emperador. Ante esta disyuntiva, ellos prefirieron oponerse a un rey temporal, para servir a su Soberano Celestial. Entonces todos fueron arrestados, degradados de su rango, despojados de su uniforme, encadenados, apedreados, azotados y lanzados a un oscuro calabozo.

Todos eran capadocios y tenían alrededor de veinte años. Muy pocos estaban casados. Redactaron un testamento colectivo donde exhortaban a los padres, a la novia o las esposas, a permanecer fieles a Jesús y pidieron ser enterrados juntos.

En la prisión, los soldados alababan alegres a Dios cantando el Salmo noventa: “Dice el Señor: el que se declara en mi favor, lo defenderé, lo glorificaré y estaré con él en la tribulación.” Entonces la cárcel se iluminó y pudieron oír a Jesús que los animaba a sufrir con valentía.

Mientras tanto el gobernador no sabía qué clase de martirio podía intimidar a estos atletas y se decía a sí mismo:

–           Si los amenazo con la espada, se reirán, pues están familiarizados con ella desde su infancia. Si los someto a otros suplicios, los sufrirán generosamente, pues están bien entrenados. Al fuego, tampoco le temen…

Y estuvo pensando en cuál sería el  suplicio que fuese más penoso y largo…

Era invierno y estaba haciendo un frío tan intenso, que se helaban aún los cabellos. El río estaba congelado, el lago también. Tanto, que los animales y las personas transitaban por ellos sin peligro. Entonces el gobernador ordenó que por la noche fuesen arrojados desnudos, en el agua congelada. Lejos de intimidarse con aquella cruel orden, ellos corrieron alegremente al lugar designado.

Se animaban mutuamente unos a otros diciendo:

–           Amargo es el invierno, dulce el Paraíso.

–           Desagradable la congelación del cuerpo, pero dichoso el descanso que nos espera.

–           Suframos un poco y después seremos confortados en el seno de los Patriarcas.

–           A una noche de torturas, seguirá una eternidad feliz.

–           Por lo mismo, todos seamos valientes. Que nadie dé oídos a las voces del demonio.

–           Somos mortales y algún día tendremos que morir. Aprovechemos ahora la ocasión que se nos presenta para llegar gloriosos a la Presencia de Dios.

Y  todos coreaban como un himno triunfal:

“Señor, cuarenta hemos bajado al estadio. Haz que los cuarenta seamos coronados.”

Las horas pasaron, los miembros se entumecieron y creció el valor, mientras sus carnes se tornaban lívidas. Luego apareció la gangrena.

El Prefecto esperaba que los tormentos doblegaran su voluntad. Y los invitó a abandonar aquel lugar de tortura, mostrándoles que enseguida estaban las aguas cálidas de las termas, que los estaban esperando. Que el que estuviera dispuesto a renunciar a Cristo, se pasase a ellas.

Pero aquellos soldados, acostumbrados a la vida dura de la milicia, rechazaron decididamente aquella invitación. Ellos oraban pidiendo a Dios fortaleza para resistir. Sin embargo sucedió que el desaliento se apoderó de uno de ellos y se salió del agua helada para pasarse al agua caliente. El cambio de temperatura fue tan brusco, que murió y perdió la salvación junto con la vida.

Ricardo, el jefe de los que los custodiaban vio que los Cielos se abrían y bajaban cuarenta ángeles, uno por cada mártir y los fueron coronando uno a uno, conforme iban muriendo. Luego los acompañaban al subir.

Solo uno se quedó en lo alto, sin atreverse a bajar, con la corona en la mano pues ya no la puede entregar a nadie… ese fue el preciso momento en que falló cobardemente uno y se salió hacia las termas.

El tribuno Ricardo, mirando al ángel gritó:

–           ¡Esa corona es mía! Yo también quiero ser cristiano y dar la vida por Cristo.

Ante el asombro general empezó a correr, mientras se despojaba de sus vestiduras militares y desnudo se sumergió en el agua helada. Cuando se unió a los demás cantaba jubiloso junto ellos: “Cuarenta bajamos al estadio. Cuarenta seremos coronados.” Y poco después murió congelado.

Al amanecer, los cadáveres fueron amontonados en carretas para llevarlos a incinerar y fue cuando vieron al más joven de todos, llamado Damián que agonizaba todavía.

El gobernador lo invitó a salvarse. Pero Adriana la madre del joven soldado, que estaba presente y era una formidable cristiana le dijo:

–           Hijo mío, recuerda que si te declaras amigo de Cristo en esta Tierra, Cristo se declarará Amigo tuyo en el Cielo, ante el Padre Celestial.

Damián declaró agonizante que perseveraba en la Fe. Y su madre ahorró a los soldados la faena de llevarlo a la  carreta, pues ella misma lo tomó en sus brazos, para unirlo a sus compañeros.

Los cristianos vibraban con el heroísmo de sus soldados y su renuncia a una vida larga y privilegiada. Sus nombres están escritos en el Libro de la Vida:

Samuel, Daniel, Mateo, Alberto, Ángelo, Matías, Gabriel, Tomás, David, Andrés, Alejandro, Juan, Lucas, Benjamín, Felipe, Emmanuel, Emilio, Jorge, Aarón, José, Luís, Cristian, Ignacio, Christopher, Jonathan, Agustín, Simón, Miguel, Hugo, Ricardo, Rafael, Leonardo, Pedro, Dylan, Bautista, Marcos, Kimberly, Cristóbal, Damián y Gonzalo.

* * * * * * *

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

97.- EL INFIERNO II


LOS TORMENTOS DEL INFIERNO

29. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo lejos de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. 30. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna. (Mateo 5, 29 y 30) 

12. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.13.Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición y son muchos los que entran por ella. (Mateo 7, 12 y13)

El mundo actual se mofa y se burla de la existencia del infierno; sin embargo Jesús nuestro Señor y Salvador, en su Infinita Misericordia insiste en confirmar su real y pavorosa existencia; para lo cual toma almas escogidas para tal fin, mostrándoselos o llevándolas vivas al Infierno. 

“Mientras estaba en la Iglesia después de Misa recibí la siguiente Visión: Vi un tenebroso lugar donde había un mar de fuego y lo que parecía una enorme puerta de garaje que se abrió hacia abajo para crear como una caída. Entonces una multitud de personas se deslizó hasta el mar de fuego. Oí a esa gente que  estaba gritando en extrema agonía.

Luego los demonios empezaron a torturarlos. Sus cabezas eran aplastadas y sus cuerpos desgarrados. A otros que les atormentaron sus genitales, gritaron con inmenso  dolor y también sus manos estaban en llamas. Entonces, comprendí que este lugar era el infierno y la gente estaba siendo torturada en esa parte de su cuerpo que utilizaron para cometer tanto pecado.

Aquellos cuyas cabezas eran aplastadas y cuyos cuerpos fueron desgarrados, eran médicos abortistas. Lo mismo que ellos hicieron, les fue aplicado entonces. Aquellos cuyos genitales estaban siendo torturados, habían cometido pecados sexuales.

Y aquellos quienes las manos las tenían en llamas eran Sacerdotes, Obispos, Cardenales y otros, quienes habían abusado de LO MÁS SAGRADO: LA EUCARISTÍA.

JESUS me habló y me dijo que muchos se dirigían al infierno y que era urgente que hiciéramos oración de intercesión.

Yo estaba llorando y pidiéndole a JESÚS que tuviera piedad y que por favor nos salvara. Después de ver esto jamás podría desearle a alguien que termine en el INFIERNO. La visión fue tan Aterradora e Inquietante (ESTREMECEDORA AL EXTREMO). Yo les pido que oren por todos nuestros hermanos y hermanas que han sido engañados por Satanás y que se han convertido en esclavos del pecado.

Oremos a través del CORAZÓN INMACULADO DE NUESTRA BENDITA MADRE A JESÚS, PARA QUE PUEDAN SALVARLOS.

Vi que un hueco inmenso se abrió bajo los pies del Señor. No sé si viajamos a través de él, pero de pronto me encontré en el Infierno. Era una caverna impresionante y aterradora. Escuché gritos y lamentos escalofriantes… Era un ambiente tenebroso donde había una increíble desesperación, un hedor espantoso y aquel lugar era aterrador. Sentí mucho miedo; empecé a temblar y me sentí morir de pavor…

Verdaderamente aterrada, exclamé:

–           ¡Hay de mí Señor! ¿Dónde estoy?

El señor me respondió:

–           No temas nada. Nada te pasará, Yo estoy contigo, observa bien.

Entonces vi una hornilla como la boca de un volcán. De ella salían llamas inmensas. Era como un fondo donde se cocina la caña para hacer miel. Como un lago de azufre hirviendo a borbollones.

Había allí mucha gente que gritaba y pedía auxilio sin ser escuchados. Todos insultaban y maldecían. Unos estaban vestidos lujosamente, otros estaban sin ropa. Creo que estaban con la ropa que los enterraron. Un hombre muy rico con mantos y anillos en los dedos y cadenas en el cuello, sacaba la mano y decía: ¡Sálvame por esto! Y mostraba algo como un gajo de cebolla. Pero las llamas empezaron a consumir el gajo de cebolla hasta quemarle los dedos. Y entendí que fue algo que dio, pero sin amor o tal vez haya sido lo único que regaló en su vida.

El tormento era  muy cruel y no había paz.

Le pregunté al Señor:

–           ¿Éste es el rechinar de dientes?

Y ÉL me contestó:

–           No, todavía no es. Es solo parte del sufrimiento de los condenados.

Alrededor de la hornilla había demonios con las piernas cruzadas, todos tenían un trinche largo. Su aspecto era espantoso: sus ojos rojos, boca malvada, sonrisa malévola, de un color gris, casi negro. Fumaban y fumaban algo que los hacía más rebeldes. Y bebían un líquido rojizo que los llenaba más de soberbia.

De pronto todos se colocaron de pie en posición de firmes. Los condenados desearon desaparecer… Era una multitud incontable que se consumía en el lago de fuego.

El Infierno se estremeció y todo tembló. Por una puerta entró un demonio como de 2 metros de alto, más horrible que todos los otros demonios. Tenía cuernos, garras, cola y alas como de murciélago. Los demás no tenían nada de eso. Gritó y zapateó. Y todo volvió a temblar.

Pregunté:

–        ¿Quién es?

Jesús me dijo:

–         Es Lucifer, el Rey del Infierno.

Los demás demonios le tenían mucho miedo. A una orden dada por él; todos corrieron ante él con el trinche en la mano y en fila, como un batallón de soldados. Les dijo algo que no alcancé a escuchar, pues estaba demasiado asustada. Y tampoco le pregunté al Señor Jesús. Si Él no me hubiera sostenido en ese momento, yo hubiera muerto de terror.

El Señor Jesucristo me dijo:

–           Acá no hay paz ni un segundo. Aquí no hay nada de amor. Es el Reino del Odio. Aquí vienen todos aquellos que me despreciaron cuando estaban vivos… Libre y voluntariamente, prefirieron el Mal en lugar del Bien. Ahora observa bien, pues para algunos comienza el rechinar de dientes; sufrimiento y muerte eterna; gusano que no muere y fuego que no se apaga. Porque el que no está Conmigo, está contra Mí y está muerto. Esta es la verdadera muerte. No la que llaman ustedes muerte.

Los demonios corrieron hacia la hornilla después de la orden de Satanás y metieron el trinche. Sacaron a los condenados traspasados por éstos y ellos se movían como culebras, sin poder soltarse. Gritaban, se contorsionaban, les salía sangre por donde fueron atrapados. Algunos fueron traspasados por la espalda, otros por las piernas, otros por la cabeza. Todos agarraban los trinches tratando de liberarse. Eran hombres y mujeres de todas las edades, sus manos sangraban y ellos al mirarlas gritaban de terror.

Pregunté al Señor:

–           ¿Por qué estas almas tienen sangre?

Y Él me respondió:

–           Al infierno vienen en cuerpo y alma; así como al cielo van en cuerpo y alma. Estamos en el Primer Infierno y ellos ya fueron juzgados. Aquí están todos los condenados desde la creación del mundo y también les dan la bienvenida a los violadores del Quinto Mandamiento.

Pregunté:

–           ¿Quiénes son Señor?

Jesús contestó:

–           Son todos los asesinos, los secuestradores, los atracadores. Todos aquellos que le han quitado la vida a alguien: física, psíquica y espiritualmente. Son aquellos que pudiendo salvar una vida, no lo hicieron. En las víctimas: su sangre clama, desde la tierra a cielo. Y Dios los escucha. La vida Yo la doy y la quito cuando quiero. Nadie fuera de DIOS puede quitar la vida: ni a un niño, ni a un anciano, ni a un enfermo. Sólo DIOS dispone de ellos. A quien lo hace; le esperan los más grandes castigos y tormentos, en el Lago de Azufre donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Oren mucho, porque hay muchos que están todavía vivos y pueden arrepentirse. Oren especialmente por los médicos… Observa bien.

Los demonios colocaron a los condenados en algo que parecía una lámina de zinc galvanizada y los trincharon entre dos o tres demonios. Luego, como con una especie de cortaúñas, un poco más largo; les prendían pedazos de carne y poco a poco les arrancaron las uñas, los dedos, el pelo… Los gritos eran tan desesperados; que parecían aullidos y terminaban en lamentos escalofriantes…

Para que no gritaran, los demonios sacaron una especie de arma no vista nunca en la tierra por mí y se las metieron en la boca. Aquella arma se abrió como una mano y al cerrarse les agarró la lengua; enseguida se las arrancaron, bien torciéndola o tirando de ella. Luego con un cuchillo bien afilado, comenzaron a cortarlos en pedazos, volviéndolos bistec y cecina.  Los condenados no podían gritar y sus ojos parecían salírseles de sus órbitas… Y sus mandíbulas pegaban una con otra haciendo un rechinar de dientes espeluznante. Después de desprender la carne, trozaron los huesos hasta casi deshacerlos totalmente. Por último, les partían la cabeza, hasta quedar hecha trizas. Todo era completamente deshecho en aquella lámina: sangre, carne en trozos, huesos. Aquello era una carnicería espantosa. Y en los huesos había gusanos…

Entonces dije al Señor:

–           Pobres personas. Pensé que no iban a morir, pero por fin murieron. Aunque los pedazos de carne todavía se mueven…

Él me respondió:

–           Aquí no existe la muerte. Fíjate bien.

Los demonios tomaron esa lámina y echaron los trozos de la persona sobre un hueco donde había llamas y fierros filosos. Era como una especie de molino para volver todo polvo. En la parte de abajo de ese hueco estaba otra vez el hueco de la hornilla. Al caer ese polvo vi que las personas volvían a tener cuerpo y el que se dejaba agarrar por el trinche, volvía a padecer lo mismo…

Entonces pregunté al Señor:

–              ¿Qué pasa? ¿Por qué tienen que volver a vivir?

Y Jesús me contestó:

–           La muerte tal como los hombres la llaman, ya no existe. Aquí se padece la Muerte Eterna, que ES LA SEPARACIÓN DE DIOS. Y para llegar a este lugar de tormentos, cada uno llegó aquí libremente. Ésa fue la elección de ellos. Ellos me rechazaron absolutamente al elegir el Reino del Mal y sirviendo al Amo de este lugar. Yo ya no puedo hacer nada por ellos. Cuando podía me despreciaron y por su libre albedrío; de esta forma llegaron a este lugar que no fue creado para los hombres. Para los hombres fue creado el Cielo. Este lugar fue creado para Satanás y sus Ángeles Rebeldes.

Comprendí que a mayor pecado, mayor el sufrimiento. Cada uno paga según sus deudas. Y cada uno tiene castigos diferentes; pero todos sufren atrozmente. También me di cuenta que con el órgano que pecan y sirvieron al Mal, es con el que más sufren.

Según se hundían en el lago de fuego; aparecían en un lugar de arenas candentes, al rojo vivo. El calor era sofocante, no se podía respirar y gritaban: ‘¡Tengo sed!’ Entonces un demonio se les subía a la nuca y les abría la boca, desgarrándoselas hasta los oídos. Otro demonio agarraba la arena caliente, para que la bebieran. Era tal el desespero, que corrían sin control en la oscuridad iluminada únicamente por las arenas… Chocaban con otros condenados y peleaban entre sí, como perros callejeros.

Al llegar al final había rocas con puertas… Cada uno miraba solo una puerta y al abrirla había un hoyo, donde estaban los animales ponzoñosos y aquellos a los que más temían, cuando estaban en la tierra. El Señor me dijo que eran castigos psicológicos…

¡Oh pobres condenados! ¡Qué desesperación, que pesadilla sin fin!… Cuando finalmente lograban salir de allí, ellos se veían esos animales por todo su cuerpo y que les salen por la boca y por cada orificio en él. Desesperados, trataban de huir… Y por lo único que podían correr, es por un desfiladero de piedras cortantes; donde se caían, de frente o de espalda y se cortaban por todas partes. Al final  había una planicie… Al que no lograba pararse rápidamente, una piedra redonda lo aplastaba como a una cucaracha. Cuando por fin logran levantarse, se lanzan por un hueco que había y caen a la hornilla del inicio.  Y todo vuelve  a repetirse.

El Señor Jesús me dijo:

–           ¿Te diste cuenta que acá no hay descanso ni un segundo? Ahora te voy a mostrar otro lugar que está esperando a esta generación perversa y malvada. Te voy a mostrar quien sufre más… Y quienes van por el camino al Infierno.

Vi entonces tres hornos más grandes que el primero y a Satanás que gritaba:

–           Qué se haga el Juicio…  He trabajado bastante para darles la bienvenida a mi reino. ¡JA! ¡JA! ¡JA!… ¡Los odio tanto, como a su Padre y sé cuánto Él sufre, por mi venganza sobre ellos! ¡Gracias a ellos, que me han dado la manera de alcanzarlo; para destruirlo a Ése en sus hijos! ¡JA! ¡JA! ¡JA! (Lanza una carcajada espeluznante y añade) He inventado nuevos castigos y tormentos. Que vengan aquí los que pudieron salvarse y no quisieron. Que vengan a mí los que me adoraron y me sirvieron en la tierra.

Entonces vi unas mujeres arrastradas con cadenas que llevaban cargas como si fueran mulas; (Eran todas sus culpas) fueron golpeadas atrozmente y atormentadas. Les abrieron sus vientres, las dejaban gritar y las despedazaban. Les dieron azotes con unas cuerdas como de hierro, mientras las insultaban. Les mostraban sus hijos que ellas habían asesinado y se los amarraban a sus pechos. Ellas escuchaban el llanto y los gritos de sus hijos (¡¡¡¿Por qué me mataste mamá?!!!) Al grito del niño, sus pechos se desgarraban y comenzaban a sangrar; sus oídos sangraban y todo aquello era horripilante.

Y pregunté al Señor:

–           ¿Señor JESUS quienes son esas mujeres y porqué sufren tanto?

Y Él me contestó:

–           Son todas aquellas que matan a sus hijos con el aborto. Sufren porque hicieron de sus vientres tumbas y el vientre es para dar vida. Él pecado del aborto le es a mi Padre muy difícil de perdonar. No basta con confesarlo, si no hay verdadero arrepentimiento. Hay que hacer mucha oración y penitencia, pidiendo misericordia a DIOS Padre; así como al hijo que asesinaron. Pues sus gritos de dolor y sus llantos estan frente al trono de DIOS y su sangre clama justicia, desde la tierra al cielo. Ora mucho por ellas, porque algunas que cometieron sus mismos pecados, están todavía vivas y pueden arrepentirse. Son muchísimas las que van veloces, por el Camino del infierno.

Satanás se burló de Dios con un grito triunfante:

–           Estos niños fueron sacrificio ritual para mí, en el Aborto deseado, consentido y ejecutado; para aumentar mi poder. Y sus almas inocentes también me pertenecen. Madres e hijos me han dado el poder para derrotarte y destruirte en ellos; porque son parte de este reino maldito al que me has confinado. Dime que se siente Nazareno, haberte sacrificado por todos y que ellos me hayan elegido por su propia voluntad. ¡JA! ¡JA! ¡JA! ¡Son míos eternamente; porque yo te los gané! ¡Ellos me eligieron a pesar de tus Mandamientos y de tu Sacrificio de Amor! ¡JA! ¡JA! ¡JA! Y también sus hijos sacrificados libremente, me pertenecen. ¡Porque ellas despreciaron tus leyes que podían rescatarlos y no fueron bautizados!… ¡¿Dónde está tu triunfo, Dios Encarnado?! ¡Muéstrame ahora si te atreves, en dónde está tu Triunfo! ¡Todos son míos! ¡Nadie te ama, ni quiere sacrificarse sufriendo por Ti! Todos me pertenecen. ¡JA! ¡JA! ¡JA! El final de esta Guerra la están escribiendo tus ‘Amados hijitos’ a los que no les interesa nada tuyo: ni tu Redención, ni tu Amor, ni tus promesas… Porque han querido ser míos… ¡Porque me han elegido a mí!… ¡A mí! Por su libre albedrío eligieron ser mis esclavos. Los que me adoraron, me conocieron y me escogieron. Y  por sus pecados me pertenecen todos los que han venido hasta aquí.  Yo soy su amo y su rey por la eternidad.

Vi al lado de ellas, un poco separadas; a otros hombres y mujeres que sufrían iguales tormentos que ellas.

Y pregunté:

–           ¿Éstos quiénes son y porqué sufren iguales tormentos?

El Señor me dijo:

–           Son todos los cómplices del aborto, los que las ayudaron… Son médicos, amigos, enfermeros, parientes o alguna persona que escuchó que iban a abortar y no les advirtió: ‘No lo hagas.’

Seguimos caminando por aquel ancho camino y encontramos hombres que venían cabizbajos, con la lengua afuera. Se las machacaban con piedras, les quemaban las manos y los pies y los atravesaban con punzones. Los demonios descargaban toda su ira infernal contra estos hombres.

Viendo cómo sufrían, pregunté:

–           ¿Estos quiénes son y porqué sufren tanto?

Y me dijo el Señor:

–           Son los llamados a la más alta gloria de los cielos pero la han perdido. Se han vendido y me han vendido. Ellos son mis sacerdotes. Los pecados del sacerdote son doble pena para Mí y por eso su castigo es doble. Son martirizados en la lengua, porque han callado mi Santa Palabra y fueron perros silenciosos, tartamudeando al hablar. Se han consumido en las pasiones y llenado de mosto y vino. Para ellos son la maldición y el fuego y el fuego eterno.

También vi mujeres y hombres al lado de ellos, que sufrían grandes penas y pregunté

–           ¿Quiénes son estos?

Y Jesús me dijo:

–           Son los que han pecado con ellos. La mujer que hace caer a un sacerdote, más le valiera no haber nacido; porque es más maldita que Judas. Lo mismo el hombre que hace pecar a un sacerdote.

Detrás de ellos había una multitud que seguían ese mismo camino y sufrían iguales tormentos…

Yo pregunté:

–           ¿Y estos quiénes son?

Y Jesús me respondió:

–           Son todos aquellos que se alejaron de Mí y de mi iglesia por el pecado del sacerdote y no oraron por él. El sacerdote se hizo para salvar a los hombres. Si no lo hace, lo ayudan a condenar. Pues mi palabra dice: ‘Los guardianes de mi templo están ciegos, ninguno hace nada, son todos perros mudos incapaces de ladrar, vigilantes perezosos que les gusta dormir. Perros hambrientos que jamás se hartan. Y son ellos los pastores, pero no saben comprender, cada uno va por su camino. Cada uno busca su interés, vengan dicen, busquen vinos y emborrachémonos con los licores, no ayudan al inocente y hacen desaparecer a los hombres fieles’ (Isaias-56-9)”.

Detrás de estos, venían otros hombres y mujeres que sufrían iguales tormentos; al mirarlos le pregunté:

–           ¿Quiénes son?

Y Él me dijo:

–           Son todos los religiosos y religiosas, que han traicionado sus votos. Nadie ha orado por ellos, para que me amen y logren salvarse. No hablen nunca mal de los míos. Es como si se untaran el dedo con chile y me lo metieran en el ojo. Solamente oren mucho por ellos y no me causen ustedes más tormentos.

Me dio una gran tristeza escuchar este reproche. Luego vi hombres y mujeres que llevaban vendados los ojos y detrás de ellos iban muchos encadenados. Los demonios los insultaban, los golpeaban y los violaban.

Su tormento era muy cruel y pregunté:

–           ¿Quiénes son estos?

Y Jesús me respondió:

–           Son todos los brujos, hechiceros y adoradores del Mal, que se han dejado enceguecer por Satanás. A ellos les esperan los máximos tormentos, porque en la tierra vivieron más cerca de mi Gran Enemigo, que de Mí. Y sufrirán inmensamente por haber servido en el mal, libre y voluntariamente. Los encadenados son todos aquellos que los consultan y todos aquellos que les mandaron hacer un maleficio de brujería. Es preferible que mataran cara a cara y no así…  Pues escrito está que mi Padre no salvará a esa raza. ¡Fuera de mi perros malditos, para ustedes no habrá fuego ni brazas para calentar el pan! (Isaías 47- 12). En el Reino del Anticristo, son demasiados los satanistas consagrados completamente al Adversario. Oren, oren, porque hay muchos que todavía están vivos y que pueden arrepentirse…  También la multitud que les sigue y sufren tormentos, son los creyentes en horóscopos, invocadores de espíritus; los nigromantes, clarividentes y sus consultantes. Su idolatría y su contubernio con Satanás, los hace merecedores del Fuego Eterno del Infierno.

Enseguida vi hombres y mujeres atados por cadenas en las manos. Cada uno tiraba por su lado, se derribaban y se caían entre sí. Los demonios les decían: ¡Por tu culpa sufres!  Unos a otros se azuzaban: ¡Dénles más duro!

Yo pregunté:

–           ¿Quiénes son?

Jesús me dijo:

–           Son todos mis matrimonios que no viven en paz, ni se respetan obedeciendo mis Mandamientos. Viven profanando el Sacramento del Matrimonio y violando los juramentos que hicieron ante Mí. Su sacrilegio convierte su unión en una maldición. Son dos fieras unidas por una misma cadena.

–           ¿Por qué van al infierno?

–           Besa mi mano.

Lo hice y Él me la colocó en los ojos.

Y vi cómo en esos hogares había insultos, celos, peleas y Satanás le gritaba a JESUS: ¡Mira como tengo a tus matrimonios! ¿De qué te sirvió santificarlos con el Sacramento? ¿Ves cómo están pecando? Y sólo por esto, cómo la primera pareja me pertenecen.  Pero ahora haré que pierdan la gloria… No permitiré que oren, ni que vayan a Misa. No se convertirán, porque no hay quién ore por ellos. Y ninguno desea arrepentirse y cambiar. ¡Ahora se odian! Y yo haré que se aborrezcan siempre más.  Cuando se divorcien o yo consiga que se enamoren perdidamente de otros; con el Adulterio, estarán totalmente perdidos para Ti y ellos mismos me entregarán más almas. ¡Y NO! ¡No me los quitarás! Y se reía a carcajadas…

Mientras JESUS lloraba.

A continuación vi hombres y mujeres atados por los pies que sufrían peor que los anteriores. Y pregunté:

–           ¿Éstos quiénes son?

Y Jesús me contestó:

–           Son todos los que viven sin casarse o han cometido adulterio o fornicación.

–           ¿Por qué van al infierno?

Y Él me toco los ojos y vi que JESUS bendecía todas las uniones entre el hombre y la mujer cuando estaban íntimamente, como la primera pareja. Pero cuando no estaban casados; era Satanás el que consumaba sus uniones, gozando a través de la posesión de sus cuerpos, glorificando la lujuria y golpeando al Señor JESUS.

El Señor me explicó:

–           Los adúlteros, son criminales y ladrones de la peor especie; pues además también perjudican destruyendo las vidas y asesinando las almas de los hijos inocentes. Ningún hogar puede cimentarse sobre la traición, el arma favorita de Satanás; ni edificarlo con la sangre y el dolor del prójimo. Es un crimen pérfido sobre los inocentes, que invoca toda la Justicia divina sobre los trasgresores.

Mientras tanto yo seguía viendo como por medio de este pecado, Satanás le escupía la cara a JESUS diciendo:

–           Mira a tu criatura el hombre… Convertido por mí en una bestia aun peor que ella, ¿De qué te sirvió morir por ellos? Yo destruiré tu Sacramento que les permite unirse santamente y lo convertiré en el sacrilegio, que los sella con mi signo y los convierte en mi posesión absoluta. Haré de cada lecho un fuego infernal envuelto en pasiones ilícitas… Pues a mí sí me escuchan, aunque yo no les ofrezco ningún reino de paz, sino de mucho dolor…

Y JESUS me dijo:

–           Mi sufrimiento para ellos ha sido inútil, por eso están en el Infierno.

Y entonces vi que uno de los castigos para ellos, es ver al hombre o mujer por el cual se condenaron en su pecho. Satanás les dio un cuchillo filoso, con el que ellos mismos se cortaban y sacaban pedazos de carne hasta llegar al corazón, diciendo con odio: “¡Maldito, maldito, por tu culpa estoy aquí en este infierno! ¡Te quiero sacar de mi pecho para siempre, pero no puedo!

Luego encontramos hombres encadenados con hombres y mujeres encadenadas con mujeres. Atados por la cintura y que se balanceaban como animales salvajes, arrastrando una presa.

Pregunté:

–           Señor Jesús, ¿Estos quiénes son y porqué sufren?

El Señor Jesús me dijo:

–           Son toda clase de homosexuales y lesbianas, que libremente me rechazaron y no fueron capaces de ser castos ofreciéndome su vida y sus sacrificios.

Y pude ver cómo los demonios se revolcaban en el lecho poseyendo a estos pobres seres, deleitando su lujuria a través de ellos; aumentando sus pasiones sin llegar a ser saciados nunca. Y también cómo los espíritus que los habían poseído, los atormentaron en sus partes nobles con las que pecaron… Y de una forma cruelísima y horripilante, les atravesaban palos desde el ano hasta la boca y con  ellos les giraban como si fueran divertidos trofeos…

Yo pregunté:

–           ¿Qué es la presa?…

Y Él me contestó:

–           Son todos aquellos que se acostaron con ellos y usaron el sexo de manera perversa. Toda relación anal la condeno;  porque es contra natura… Y también condeno a los que cometen crímenes de Odio, contra estos pobrecitos pecadores. No lo olviden nunca: solamente Yo juzgoY el que se atreve a juzgarlos condenándolos, se convierte en cómplice del mismo pecado… Oren porque todavía hay muchos que están vivos y pueden salvarse, al arrepentirse. La persona homosexual que me ofrezca su castidad a Mí y viva sin hacer pecar a nadie; yo le derramo mi infinita misericordia, porque los amo a todos infinitamente.

Para mí absoluto horror; después vi muchísimos hombres y mujeres con caras de animales, que sufrían espantosamente. Y al lado de ellos, unos que llevaban unas como cintas de películas y unas hojas o revistas donde habían mujeres y hombres desnudos… Que también eran atormentados atrozmente a manos de los demonios.

Y le pregunté al Señor:

–           ¿Quiénes son?  ¿También ellos van al infierno?

Jesús me contestó:

–           Sí. Van al infierno porque no se arrepienten. Los primeros son todos los que han tenido intimidad con los animales; rebajándose al nivel de la bestia y aún más que ella; porque si ella tuviese razonamiento, no lo haría. Mi creación obedece las leyes que les he dado. Solamente el hombre es un rebelde; instigado por la malicia del Rebelde.  Y todo aquel que hace del sexo una obsesión y una adicción; a través de películas, revistas, chistes grotescos, prostitución, palabras de mal sentido y llenas de obscenidad, aprendidas del Amo al que adoraron y  al que ahora pertenecen en cuerpo y alma, por toda la eternidad;  son dignos del fuego eterno, con todos sus tormentos. Pues han aprendido a hablar con la bajeza de Satanás y no el lenguaje del Cielo, viviendo la santidad y pureza de DIOS Uno y Trino.

Había muchos hombres y mujeres de diferentes edades que caminaban como ciegos golpeándose con todo. Y un demonio estaba al pie de ellos, derribándolos una y otra vez. Pregunté:

–           ¿Y estos quienes son Señor?

Y Él me dijo:

–           Son todos los borrachos, los alcohólicos y drogadictos; porque han destrozado el templo de Espíritu Santo, donde mora la Trinidad Santa: su propio cuerpo. Y han hecho daño a sus semejantes, a sus familias, olvidándose del Primer Mandamiento: Amar a DIOS y al prójimo como a sí mismo. Estos no han aprendido ni siquiera a amarse a sí mismos.

Y al lado de ellos, iba una multitud de personas de diferentes edades, con los labios reventados y con humo en la nariz.

Pregunté:

–           ¿Y estos quiénes son?

Y ÉL me contestó:

–           Son los fumadores de toda clase de hierbas, drogas, cigarros o diversos vicios. Y van porque no han amado su propio cuerpo.  Y los que van con ellos, son los mercaderes de la muerte y todos los que se los ofrecieron incitándolos a pecar. Yo les he dicho, que el que regala un vaso de agua, es digno de cielo eterno. Pero también quien ofrece o induce pecar a alguien, es digno del Fuego Eterno. Todos lo que están aquí, rechazaron cambiar su vida y nadie oró por ellos, para librarlos de este castigo.

Continuamos caminando y encontramos a una gran muchedumbre de hombres y mujeres con vestuarios indecentes. Y detrás de ellos, un gran número de hombres y mujeres.

Y pregunté:

–           ¿Por qué están en el Infierno y por qué los atormentan?

Jesús me contestó:

–           Porque usaron su cuerpo para corromper a su prójimo. Y los que se dejaron seducir, tampoco se arrepintieron.

Siguieron muchísimos hombres y mujeres de toda edad. Hasta niños con las manos cortadas y algunos sin dedos. Los demonios les clavaban con suma crueldad en todo el cuerpo, una especie de agujas largas y ardientes al rojo vivo, que los hacían lucir como alfileteros flameantes.

Y le pregunté:

–           ¿Quiénes son y porqué están en el infierno?

Y Él me dijo:

–           Son todos los tramposos, los ladrones, los estafadores, los que no pagan sus deudas; los que se dedicaron sólo al trabajo, los avarientos; todos los que en su corazón solo estaba el dios dinero y nunca dieron una limosna al pobre, ni ayudaron al más pequeño de sus hermanos. Son todos aquellos que al final les tendré que decir: ‘¡Apártate de Mi maldito, vete al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles! Pues tuve hambre y no me dieron de comer, sed y no me dieron de beber. Fui forastero y no me alojaron, desnudo y no me vistieron, enfermo y en la cárcel y no me visitaron. (Mateo 25.) Todos los llamados a la caridad, los despreciaron con su corazón de piedra.

Enseguida vi familias y padres e hijos golpeándose. De sus bocas salieron llamas de fuego. Y pregunté:

–           ¿Por qué vienen aquí y por qué los atormenta el demonio. Por qué escupen fuego?

Y Él me dijo:

–           Son los padres que no se hicieron amar y respetar con sus hijos. Y ellos los insultaron. Son los hijos altaneros y groseros con sus padres. Los que terminan maltratándolos y son profanadores del Cuarto Mandamiento.

–           ¿Por qué van ellos están aquí?

–           Al final cuando cada uno se presente ante el justo juez, si no fueron buenos; van a decir: ‘Maldito de mí por no haber respetado y amado a mis padres.’ Y por esa maldición van al infierno. O van a decir: ‘Maldito soy por no obedecer y seguir la fe católica’ O ‘Malditos mis padres porque no me enseñaron a respetarlos y amarlos.’ Por esa maldición los padres van al infierno. Por eso los padres deben respetar y dar amor a sus hijos. Jamás tratarlos con insultos.

Y entonces vi que en esas casas, donde el padre y la madre, insultan a sus hijos; los demonios salen de sus bocas como gusanos o serpientes que se arrastran. Y luego van y se meten a los hijos o al cónyuge que está lejos. Y hacen de todo para destruirlos y llenarlos de odio. También vi que la única manera para acabar esos demonios en esas casas, es rezar el Santo Rosario.

Entonces el Señor me trasladó hasta un camino muy ancho y pavimentado. Era muy hermoso y estaba muy adornado con fuentes de mucho artificio y grandes monumentos que no reconocí.

Allí vi hombres y mujeres de todas las edades, que llevaban la lengua afuera y un demonio, iba montado sobre sus hombros, metiéndoles su lengua en la boca de ellos. Era una gran cantidad y le pregunte al Señor:

–           ¿Quiénes son Señor, y por qué traen ese demonio?

Y Jesús me dijo:

–           Son todos los chismosos, calumniadores, mentirosos; son todos aquellos incapaces de domar la lengua. Que hicieron mal, pues está cargada de veneno mortal, como escrito está en mi apóstol Santiago “Sepan domar su lengua” El demonio que llevan es el demonio del chisme. No se arrepintieron de su maldad y por eso recorren el Camino del Abismo hacia el infierno, donde los espera un terrible  castigo.

Luego encontramos hombres y mujeres que de sus bocas salían sapos y víboras. Y Pregunté:

–           ¿Y estos quiénes son?

Jesús estaba muy triste y dijo:

–           Son todos los que pudieron enseñar mi fe y mi doctrina y no lo hicieron. Pero sí enseñaron cosas falsas basadas en teorías sin poderse comprobar. Son los maestros, escritores, catequistas, sacerdotes y padres de familia. Todos los mentores y todo el que pudo enseñar la fe en Mí y prefirieron destruir la fe de los demásToda persona que escandalice y destruya la fe de mis pequeños niños, es digno del Fuego del rigor de Dios; porque está escrito: Hay del que enseñe otra palabra, hay del que escandalice a uno de estos pequeños; más le valiera amarrarse una piedra de moler al cuello y tirarse al mar. Conociendo la Verdad, no se arrepintieron y su castigo es de los más tremendos.

A continuación encontramos gente de todas las clases sociales y de diversas edades, que arrojaban dinero al aire y alrededor de ellos; había muchas personas muriéndose de hambre…

Pregunté:

–           ¿Y estos quiénes son y porque van al infierno?

Y Jesús me dijo:

–           Son todos los que desperdician sus riquezas materiales en vanidades y lujos que alimentan la molicie. Son los que compran cosas innecesarias; hacen fiestas para sus deleites, invitando únicamente a los que pueden corresponderles con algo equivalente  o superior y les retribuyen invitándoles a otras fiestas, donde honran su egolatría. Son todos los que desperdiciaron comprando demasiados manjares y exquisiteces y las dejan dañar en sus refrigeradores en vez de regalarlas. Nunca hacen obras de misericordia, solo piensan en ellos mismos con una idolatría repugnante; mientras alrededor del mundo demasiados menesterosos se mueren de hambre.

Luego vi jóvenes que llevaban audífonos en sus oídos, conectados a un aparato digital. Caminaban como sonámbulos… Por esos aparatos les entraban escorpiones, sapos y muerte. Y pregunté:

–           ¿Quiénes son?

Y Jesús me contestó:

–           Son todos aquellos que escuchan música satánica: rock, la música metálica y se han convertido en adoradores de Satanás que los lleva a la Muerte Eterna y les hace perder el sentido de la vida. Son todos los que entran al culto satánico en las discotecas o en sus casas se encierran utilizando todas sus energías, en la tecnología maldita del Anticristo. Para ellos la vida no tiene sentido, ni propósito; se vuelven perezosos y rebeldes. De esta manera la pobre juventud es arrastrada hacia el Abismo y ya no hay inocencia en los mayores de 4 años. La maldita televisión y la música los han pervertido y su corazón enceguecido se aleja cada vez más de Mí. Satanás los está enseñando a ser impíos y blasfemos.

A continuación vi a una gran multitud de hombres y mujeres de toda clase, que caminaban de espalda y un demonio los arrastraba. Al caminar tropezaban con otros y los hacían caer. Pregunté:

–           ¿Señor, éstos quiénes son?

Y Él me dijo:

–           Son todos aquellos que me iban siguiendo por el Camino del Cielo; pero las dificultades, los tropiezos, el desaliento, los problemas con los mismos grupos; los hicieron que me abandonaran y hoy van camino al Infierno, arrastrando consigo a otros. A todos estos les es difícil volver a Mí. Porque tienen un demonio que los detiene. Este demonio al final los entregará a Satanás y recibirán más honores por haber vencido y llevar como trofeo, a uno de los míos. Nadie ha orado por ellos y  mi Corazón se hiere continuamente, por estos nuevos Judas que no quieren sufrir por Mí.

Enseguida vimos a hombres y mujeres de diferentes edades y clases; golpeándose el pecho con un cuchillo y luchando por quitar un espectro humano, que ellos sentían adheridos desde el pecho hasta sus ingles. Al golpearse, sus heridas sangraban mucho, mientras que un demonio les gritaba: ¡Tú has sufrido mucho por culpa de él! ¡Dale más duro! ¡Dale más duro! ¡No le perdones! ¡No le perdones!

Entonces pregunté:

–           ¿Quiénes son éstos Señor y quienes son los que están en su pecho?

El Señor me explicó:

–           Son todos aquellos que nunca han perdonado la falta de sus hermanos, guardan rencores, odio, resentimiento, rencillas, pensando que fueron los únicos que sufrieron. Las personas que llevan en el pecho, son sus supuestos enemigos. Y por eternidad de eternidades, los llevarán en el pecho como castigo. Oren mucho, para que los que odian como ellos y todavía están ahora vivos en la Tierra; perdonen como Yo Perdono. Porque si no perdonan las faltas de sus hermanos y deciden seguir adorando su rencor; mi Padre tampoco les perdonará.

Seguimos caminando y vi hombres y mujeres; jóvenes y niños de todas las clases; iban dando vueltas entre sí como perdidos y confusos… Los demonios los cubrían con sus sombras mientras les repetían incesantemente: ¡No crean, no crean, no crean!

Y pregunté:

–           ¿Quiénes son?

Y Jesús me dijo:

–           Son todos aquellos, que pertenecen a mi iglesia o pertenecieron, pero que abandonaron los Sacramentos. O si acuden no creen en ellos, ni en la gracia ni en el poder santificador a través de ellos; porque han despreciado al DIOS de la Verdad, por la mentira. Quienes más sufrirán, son los que no creyeron en mi Real Presencia en la Sagrada Eucaristía, profanaron mi Iglesia con su presencia blasfema y se hicieron sacrílegos; pues mi Carne es verdadera comida, mi Sangre es verdadera bebida y quien come mi Carne y bebe mi Sangre; permanece en Mí y yo le resucitaré el Último Día. Oren mucho por ellos; porque algunos todavía están vivos y pueden convertirse.

Siguió una gran muchedumbre de hombres, jóvenes, mujeres y niños con edad de razón, que caminaban a tientas, pisaban cualquier luz que los podía iluminar y los demonios les gritaban: ¡No crean! ¡No crean en la Luz! ¡No crean!

Y pregunté:

–           ¿Quiénes son?

Y el Señor Jesús me dijo:

–           Son todos aquellos, que han cometido pecados que no los han confesado: Por pena o porque no creen. O si lo confesaron, no lo hicieron con verdadero arrepentimiento. DIOS conoce el corazón de cada hombre. Oren mucho para que se conviertan, pues esos pecados los están arrastrando velozmente hacia el Abismo y Satanás los está esperando para regodearse en martirizarlos, hiriéndome a Mí. Porque nadie que no confiese su pecado puede entrar en el reino de los cielos.

Entonces exclamé:

–           ¡Oh Señor JESUS, DIOS mío! Entonces ¿Quién puede salvarse?

Él me contestó:

–           Tú ven y sígueme. Ora con el Rosario de mi Madre Santísima.  Para DIOS nada es imposible…

Callé y seguimos caminando. Encontramos miles, miles y miles que recorrían el fácil y atrayente camino del Infierno. Ya no pregunté quienes eran ellos. Sólo iba pensando: ¡Misericordia DIOS mío! ¡Misericordia Señor!… Y empecé a rezar la Coronilla de la Misericordia…

Él tampoco me dijo quiénes eran, ni cuál fue su pecado. Eran de toda edad y de toda clase. De una manera inexplicable, comprendí que eran de toda religión, fe y creencia. Porque DIOS hace juicio sobre toda persona que venga a esta tierra, nazca donde nazca y crea en lo que crea.

Después de mucho caminar y continuar viendo más horrores,  JESUS me dijo:

–           Aquí termina el camino al Infierno.

Y se sentó sobre una piedra. Sus llagas sangraban, sus ropas eran rojas y estaba llorando.

Le pregunté:

–           ¿Qué tienes Señor y DIOS mío? ¿Por qué tus vestidos están rojos, si llegaste de blanco? ¿Por qué sangran tus heridas y por qué estás llorando?

Y ÉL me contestó:

–           Soy el Redentor porque cuando redimí al hombre, pagué por TODOS LOS PECADOS DEL MUNDO, incluidos los cometidos por el último hombre que tenga  vida sobre la tierra. Pero no puedo violentar su libre albedrío. Lloro al saber que para todos ellos, Mi Infinito Sacrificio fue inútil y mi Sangre se derramó en vano. Pues ellos no quisieron salvarse, me despreciaron. Mis ropas están rojas, empapadas por mi Sangre que he vertido en el dolor de sus pecados, por su salvación. Y que ellos No quisieron  recibir; ya que Mi Perdón está dado por parte de mi Padre, pero ellos no Me aceptaron como su Salvador. Y yo les he escrito: al que me reciba lo haré hijo de DIOS. ¡Oh hija mía, cuánto Dolor!  Diles a todos tus hermanos que me ayuden  a la salvación de los hombres y de las almas.

Nos abrazamos y lloramos juntos. De pronto me encontré en mi habitación, abrazada fuertemente a Él. El terror era espantoso, todo mi cuerpo temblaba.

Le dije:

–           Señor Jesús, tengo mucho miedo.

Él me colocó la mano sobre la cabeza y me dijo:

–           Esto que has visto no lo contarás hasta dentro de 6 meses; cuando te hayas repuesto completamente. Luego te llevaré al Cielo y te mostraré el Camino de quienes van por él.

Oramos juntos…Luego se despidió dejándome su Paz.

Lo vi partir, me volvió a mirar. Aun iba llorando… Sus ropas estaban rojas y sus llagas sangraban.  Me dijo adiós con la mano y desapareció de mi vista.

Tantas mentiras, donde la existencia del infierno es rechazada, será la caída de los cristianos.
Sábado, 14 de abril del 2012, a las 15:27 hrs.

Mi queridísima y amada hija, no importa cuán difícil sea tu sufrimiento físico, tú debes reconocer que mientras éste continúa intensificándose, que así es como Yo Me siento.

Tu sufrimiento refleja solo una fracción de Mi propio sufrimiento. En unión conmigo, tú sabrás que por cada dolor y oscuridad interior del alma, tú conocerás el tormento que Yo soporto por los pecados de la Humanidad. Mucha gente, cree erróneamente, que Mi sufrimiento comienza y termina en la Cruz. Mi sufrimiento no terminará, hasta que todos los hijos de Dios estén unidos en amor y armonía, en donde ningún pecado existirá en el Nuevo Paraíso de Mi Padre.

Tampoco importa cuánto ha sido dicho a la Humanidad acerca de Mi existencia, Yo todavía soy odiado.  

Entre los creyentes aunque soy aceptado;  Mis enseñanzas solo son toleradas por ellos, basadas en sus propios términos. Muchos tratarán a otros con amor y bondad, pero solo si aquellos a quienes ellos ofrecen este don, corresponden a sus propias ideologías.

Por ejemplo, muchos condenan a los pecadores cuando ellos deberían mostrar bondad y rezar por ellos. Ellos deben, en cambio, predicar con el ejemplo. Algunos derraman desprecio sobre otros, en vez de mostrar el amor que se espera de ellos como cristianos.

Nunca condenen a otros, incluso si no están de acuerdo con ellos; porque ese no es su derecho. Nadie, solo Dios, tiene la autoridad de juzgar a otro.Mientras muchos creyentes continúan rindiéndome homenaje a Mí, esto es en sus propios términos.

Algunos sienten la necesidad de diferenciarse de sus hermanos y hermanas; para mostrar al mundo cuán eruditos son en materias espirituales. Entonces usan sus propias interpretaciones de lo que Mi Misericordia realmente significa.

¿Cuántas veces han oído ustedes que Dios es Todo misericordia?: ‘Él es tan misericordioso que porque El ama a todos, Él nunca les condenaría. Que Él nunca enviaría un alma al Infierno.’

Bueno, ¡Esto es una mentira! Tantas mentiras!… En donde la existencia del Infierno es negada, será la caída de los cristianos. Las personas se condenan a sí mismas al Infierno. Yo no las pongo a ellas ahí. Ellos lo escogen, rechazando darle sus espaldas al pecado mortal. Tampoco buscan perdón o mostrarán remordimiento. Esto es un pensamiento muy peligroso y es el deber de todos los cristianos, advertir a otros de los peligros del Infierno.

Muchos, incluyendo a aquellos que niegan a sus hijos el sacramento del Bautismo, hablan como si el pecado no importara más. El creer que todo pecado “será” perdonado. ¡Esto no es correcto! Todo pecado “puede” ser perdonado, no importa cuán negro sea el pecado, pero solo si el pecador busca perdón.

Ahora les hablo desde el Cielo para preparar a todos los hijos de Dios, para Mi Segunda Venida y ¿Qué encuentro? Les hablo a ustedes de detrás de las paredes de la prisión y en una celda entre la cual ustedes Me han arrojado, porque se rehúsan a creer que Yo podría hablarles de esta manera. ¡Oh cómo Me ofenden!

A aquellos que han gastado sus vidas dedicados a Mí y que están bien informados acerca de Mi Sagrada Escritura, pero ahora Me rechazan, les digo esto: Sus rechazos a Mí ahora, les dejarán atormentados y en gran tristeza, ¡Cuando la Verdad sea revelada a ustedes!  Porque entonces, se darán cuenta de las almas que arrojaron a un lado, cuando Yo necesité su ayuda para salvarlas.

¡Cómo Me hacen llorar con la frustración de su ceguera, causada por su falta de humildad! Dudan de Mi Santa Palabra cuando deberían abrazarla, sujetarla, porque son un alma ahogada y falta de generosidad de corazón.

Les suplico que respondan a Mi llamado.

Su amado Jesús, Redentor de la Humanidad.

Fornicación, Pornografía y Prostitución, todos son pecados mortales
Jueves, 9 de febrero del 2012, a las 15:00 hrs.

Mi muy querida y amada hija, el hombre debe alejarse del pecado y ¡Pronto! Muchos pecados hoy día no son vistos como tales. Demasiados agravios en contra de Mi Padre se están cometiendo sin ninguna culpa.
¡Hijos, deben detenerse! ¡Están destruyendo sus vidas! Satán Me provoca mientras se burla de las almas que Me roba cada segundo.  Si ustedes
vieran los  millones de almas que están cayendo dentro del fuego de la eternidad, ¡Morirían del impacto! 
¡Cómo Me rompe el corazón el presenciar el terror que estas almas, que vivieron en pecado terrible cuando estaban en la Tierra y ahora los tienen que sufrir!  Los pecados de los cuales fueron culpables, no son siempre aquellos que ustedes presumen que son pecado mortal.
Yo hablo de la fornicación, tan fácilmente aceptada en el mundo hoy día, participando y viendo pornografía, prostitución y abuso sexual.
Me refiero al odio por otros, así como quien causa dolor y miseria a aquellos menos afortunados que ellos mismos.  Así, también, es el pecado de la idolatría donde adoran los bienes materiales sobre todas las cosas, no obstante ellas no son nada más que cenizas.  ¿No entienden que una vez que pecan de esta manera son alejados de Mí cada día? Despues se hace muy difícil liberarles de las garras, puestas sobre ustedes por el Rey de las Tinieblas.
¡Despierten hijos! ¡Estén conscientes de la existencia del Infierno y sean muy temerosos de entrar por las puertas de la eterna condenación!  Les digo esto no para asustarlos; sino para asegurar que ustedes entiendan que el pecado mortal les lleva ahí, a menos que regresen a Mí ¡Ahora!

La oración y mucha de ella será necesaria para regresar a Mí; pero oigan esto: A aquellos de ustedes que están desesperados, afligidos y se sienten impotentes por el Abismo de Pecado en que están, Yo les perdonaré.

Deben mostrar verdadero remordimiento e ir a confesarse; luego rezar Mi Cruzada de Oración para una Indulgencia Plenaria para la absolución total, por un período de 7 días consecutivos:
Oh mi Jesús, Tu eres la Luz de la Tierra.
Eres la llama que toca todos los corazones.
Tu misericordia y amor no conoce límites.
No somos dignos del sacrificio que hiciste con Tu muerte en la cruz.
Sin embargo sabemos que Tu amor por nosotros es mayor que el amor que tenemos por Ti.
Concédenos, Oh Señor, el don de la humildad, para que así seamos merecedores de Tu Nuevo Reino.
Llénanos con el Espíritu Santo, para que así podamos marchar hacia adelante y guiar a Tu ejército para proclamar la verdad de Tu Santa Palabra y prepara a nuestros hermanos y hermanas para la Gloria de Tu Segunda Venida a la Tierra.
Te honramos.
Te alabamos.
Nos ofrecemos a nosotros mismos, nuestras penas, nuestros sufrimientos, como un don a Ti para la salvación de las almas.
Te amamos Jesús.
Ten Misericordia de Tus hijos donde sea que ellos estén. Amen.

Nunca Me doy por vencido con los pecadores. Yo siento un particular afecto por ellos.  Les amo de una manera especial, pero detesto sus pecados.  Ayúdenme a salvarles, hijos. No lo dejen hasta que sea muy tarde.

Su amado Jesús

Lo malo es presentado como siendo bueno y lo bueno es presentado como malo
Lunes 22 de agosto del 2011 a las 20:10 hrs.
Cuando el hombre cuestiona su fe, necesita pensar. Si tiene dudas, entonces debe pedirme que abra sus ojos, si  encuentra dificultad para rezar, debe pedirme que abra su boca, pero si él no va a escuchar la verdad, entonces necesita las oraciones de otros.
Hijos Míos, Yo estoy profundamente preocupado de la forma en que el mal es presentado como siendo bueno, mientras, lo bueno está siendo presentado como malo. Todo en su mundo está al revés. Aquellos de ustedes sin una profunda devoción a Mí, no serán de ningún modo los más sabios. Las acciones están siendo ahora perpetradas en el mundo, en cualquier nivel de gobierno, La iglesia y el estado en su nombre y ustedes están ajenos a todo esto.  Las malas leyes están siendo introducidas y presentadas a la humanidad, como siendo de su mejor interés. Esto incluye nuevos regímenes, medicina, ayuda exterior, vacunación y la predicación de nuevas religiones y otras doctrinas. Nunca ha habido tanta confusión entre Mis hijos.

En la superficie todo es visto como que está controlado y en orden y en la forma que es; pero el único verdadero orden que existe, está en las manos de aquellos que controlan los eventos mundiales, ocultos en la comodidad de sus malos  caminos, tras puertas cerradas.

No sean engañados, hijos. Deben volverse a Mí por ayuda, para que los malvados eventos planeados por poderes globales secretos, puedan ser debilitados. Su única ruta a la libertad real es cuando reaviven su fe en Mí. Esto sucederá pronto, Mis hijos preciosos, cuando Yo Me presente al mundo durante el GRAN AVISO, que se está cada vez más cerca.  Les urjo a rezar por aquellos que tienen vista y están ciegos a Mi Santísima Palabra. Recen por aquellos que insisten en torcer Mis enseñanzas y por Mis siervos sagrados quienes, por cobardía, están cediendo a las demandas hechas a ellos por los gobiernos.

Solo hay un Gobernante ahora, que está a cargo del futuro y ese es Mi Padre Eterno, Dios el Creador y Hacedor de todo. Rindan lealtad a El sobre todo y encontrarán una base firme, cuando se muevan hacia adelante en el Camino de la Verdad.

Su Amado Salvador, Jesucristo

El Aviso del Infierno y la promesa del Paraíso

Sábado 13 de noviembre del 2010 a las 15:00 hrs.

Mi amada hija has entrado en una persecución que He permitido, para salvar tu alma de los tormentos del infierno. Ahora eres libre y tu espíritu permitirá difundir Mi Palabra para que la humanidad sea liberada del sufrimiento que les espera en caso de que sean tan necios de sucumbir ante el Maligno. Tú, hija Mía, has sido enviada justo desde el comienzo. Te estoy fortaleciendo todo el tiempo, pero en pocos días. ¿Cómo crees que serás en una semana, en un año o dos? Una luchadora, valiente hasta el final. Trabajarás conmigo para aclarar las almas de Mis queridísimos, amados hijos por los que tengo una profunda y totalmente amorosa compasión. El amor corre por Mis venas como un río. Mi compasión nunca disminuye a pesar del hecho de que ellos giran en el sentido opuesto.

Les salvare de los Tormentos del Infierno
Diles hija Mía, que les salvare de los tormentos del infierno. Necesito que se vuelvan hacia Mí en su triste estado de confusión. Hay una sola forma de amor y paz. Eso será en Mi Nuevo Paraíso cuando el Cielo y la Tierra sean uno. ¿No lo saben ellos? ¿No han oído Mi promesa desde antiguo? La promesa de vida eterna cuando ellos, la humanidad; serán levantados en cuerpo, alma y mente a la Nueva Tierra y Cielo cuando una vez más combinen como el Paraíso por tanto tiempo prometido a los hijos de Mi Padre.

Crean, se los suplico. Piensen. Si ustedes nunca han sido expuestos a las Sagradas Escrituras, entonces pregúntense la simple pregunta: ¿Si sienten amor en sus corazones, de donde creen que proviene? ¿Es el amor lo que los hace sentir gentiles, humildes, anhelantes y libres de todo ego? Si es así, este es el amor que Yo les prometí a todos Mis hijos que se vuelven hacia Mí.

Cómo las ambiciones mundanas les dejan vacíos
Es duro, lo sé, queridos hijos creer en un mundo diferente al que ustedes habitan. Recuerden que este mundo fue creado por Dios, el Padre Eterno. Luego fue manchado por la obras del Engañador. El, Satanás, es extremadamente astuto. ¿Ustedes, hijos Míos, seguramente saben que las ambiciones mundanas, que encuentran insaciables, no satisfacen? ¿Sienten un vacío que no pueden explicar o entender; no es así? Y entonces buscan más y más; pero entonces, todavía no están satisfechos cuando sienten que deberían estarlo. ¿Qué es esto? ¿Han mirado dentro de sus corazones y se han preguntado por qué? ¿Por qué? La respuesta es muy simple: Dios creó a la humanidad. La humanidad fue tentada por Satanás. Satanás existe en este bello mundo que fue creado por Mi Padre Eterno de puro amor. Tristemente él, Satán; existirá hasta Mi Segunda Venida. El, entonces será expuesto por sus puras mentiras y decepción que ha manifestado a Mis hijos. Para entonces será muy tarde para muchos de Mis hijos, incluidos aquellos que están inseguros y dudosos en creer en la creación divina superior, creación del Reino de Mi Padre.

No Me rechacen
¡Escuchen! Yo, Jesucristo, el Salvador enviado para darles una segunda oportunidad de entrar en el Reino de Mi Padre; escuchen Mi promesa. Escuchen Mi voz, enviada por divina gracia a través de Mis videntes y profetas en el mundo de hoy y entiendan que todos Mis hijos son iguales ante los ojos de Mi Padre. Aquellos que le siguen son bendecidos, pero sufren tortura por aquellos que no creen y se rehúsan a oír. Dios hizo el mundo. El no apareció de la nada. El hombre no, ni no pudo inventar tal milagro que la ciencia nunca sería capaz de explicar. Lo divino sobrenatural nunca podrá ser entendido hasta que todos los hijos de Dios se rindan en mente, cuerpo y alma al amor puro que Yo ofrezco. Por favor, les suplico que no rechacen a su Creador. No escuchen el engaño de las mentiras que les han sido dichas por el Engañador, a través de la división de la francmasonería, los illuminati, los falsos profetas y los extraños y totalmente malvados cultos que han evolucionado a través de la estupidez del hombre.

Satán es real
La humanidad es débil. Incluso los más santos de Mis seguidores caen presas de las constantes tentaciones del Maligno. El problema es que aquellos que buscan el placer, no creen que él es real. Otros no conocen que él es real y que existe. Ellos son los que me causan más dolor de corazón. Heridas abiertas una vez más e infectadas. Estoy sufriendo tan extensamente que las heridas infligidas a Mi terrible crucifixión, en la que sucumbí; se están abriendo otra vez e infectándose, dejándome en la más dolorosa agonía de cuerpo, alma y divinidad. Sin embargo Yo nunca Me rendiré de amarlos a todos ustedes. Hago un llamamiento dese el Cielo y en nombre de Mi Padre Eterno que creó cada uno y a todos ustedes de puro amor para mantenerse firmes. Rechacen a Satanás. Crean que él existe. Acéptenlo que es así. Abran sus ojos. ¿No pueden ver el estrago que hace en sus vidas? ¿Están ciegos?

Un mensaje a los ricos:  A los ricos les digo: ¡Paren! Piensen y pregunten a Dios un momento. ¿Esta negación a vivir los mandamientos, está complaciéndoles? ¿Esto se siente bien? ¿Me has negado a expensas de los excesos mundanos? Estos mismos excesos y placeres te dejaran un corazón vacío. Sabrás, en tu propio corazón, que nada de esto te satisface plenamente, ni te hace feliz. No obstante todavía sentirás sed y más vacío; a pesar de las excitantes promesas que te son dadas por el Engañador, a cambio de tu alma.

Un mensaje a aquellos que siguen a los “illuminati”: Les imploro a todos ustedes, especialmente a Mis hijos que han sido absorbidos por los illuminati y otras tales malvadas entidades. Una vez ahí están predestinados a la eterna condenación. ¿No entienden que lo que les han prometido a cambio de su alma es una mentira? Una mentira engañosa y aterradora. Nunca recibirán los dones prometidos por el siniestro mensajero de las profundidades del infierno. Como su Salvador en la Cruz, cuando di la vida para salvarles, por favor no Me dejen perderlos ahora. Amo a Mis hijos. Lloro cuando les imploro una última vez, que no me rechacen a favor del Engañador. Perdonare a todos los que se confiesen.

 No puedo interferir con el libre albedrío, porque ese es uno de los dones dados a ustedes cuando nacieron en la Luz de Dios. Yo estaré viniendo, como las escrituras lo profetizaron, muy pronto, más rápido de lo que nadie pueda comprender. El mundo se sumergirá en tinieblas y desesperación. Aún así, perdonaré a cada uno de Mis hijos que, cuando sus pecados les sean  revelados a ellos, no importa que tan ofensivos sean, instantáneamente al momento de la confesión. Entraran en cuerpo y alma al Paraíso, cuando el Cielo y la Tierra sean uno, en donde todos ustedes vivirán por toda la eternidad con su familia, por siempre y para siempre.

PROMESAS QUE EL PARAÍSO TIENE QUE OFRECER
Sin enfermedades, corrupción corporal, sin pecado, solo amor. Esa es la promesa de Mi Paraíso. Nadie tendrá necesidad de nada. Todos vivirán en armonía, gozo y amor.

La realidad del infierno
No rechacen esta Vida por la vida que les ha prometido Satanás. Están siendo engañados. Si siguen este camino, en donde Dios o Yo Jesucristo Su Salvador no son parte; ustedes están en el camino de la eterna condenación. Gritaran de terror cuando realicen el error. Para entonces ustedes suplicaran misericordia. Se rasgaran la cara. Se jalaran el cabello. Pero porque tienen libre albedrio, un don de Mi Padre; no les podrá ser quitado. Cuando ustedes escojan este camino sufrirán condenación y se quemarán en el Infierno por siempre. Esto es muy real. La mayor condenación es finalmente comprender que hay un Dios. Que Yo, Su Salvador realmente existo. Y no habrá manera en esta etapa, de salvarlos.

La gran condenación es cuando ustedes comprueben que nunca  verán el rostro de Dios.  Tu familia podrá verte desde el otro lado. Cuando eso pase y realices la terrible verdad, será muy tarde. Recuerden estas palabras. La gran condenación será cuando comprueben que nunca verán el rostro de Dios. Ese será el más grande tormento y uno que se quedará por siempre con ustedes en las llamas del infierno, donde la pena es constante e implacable. Ustedes, en vez de disfrutar el Paraíso prometido a ustedes, a través de las mentiras del Engañador, van terminar en los aterradores corredores del infierno. Esto es muy real y representa un atroz sufrimiento por la eternidad.

Por favor, a todos ustedes que no creen que me estoy comunicando con la humanidad, les pido que recen a Mi Sagrado Corazón. Recen Mi Divina Misericordia a las 15:00 hrs. cada día. Yo responderé a su solicitud con el amor que van a sentir instantáneamente. Tomen Mi Mano, hijos. No la dejen ir. Les amo a todos tanto que di Mi Vida por todos y cada uno de ustedes, para que pudieran ser salvados. Esta vez vengo a juzgar. Por lo mucho que les amos no puedo interferir con su don del libre albedrío que fue otorgado a ustedes por Mi Amado Padre. Espero, que a través de Mis modernos videntes y profetas, ustedes finalmente escucharán. La verdad es el camino, recuérdenlo para salvación eterna y el nuevo comienzo cuando el Paraíso regrese a la Tierra.

Las mentiras de Satán
Las mentiras, no importa cuán seductoras, son solo eso. Mentiras, diseñadas para robar las amadas almas que no pueden ser liberadas por Mi Padre, el Creador y Hacedor de la Tierra.

Su Divino Salvador Jesucristo

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA