2.- LA PRIMERA CONFRONTACIÓN


Once años después…

En medio de una gran soledad; rocas, tierra quemada en tal forma que está convertida en polvo amarillo que el viento levanta en pequeños torbellinos, secos y calientes.

Debajo de un enorme peñasco que casi parece una gruta, hay una piedra que ha servido de reclinatorio y de almohada, cuando descansa envuelto en su manto por algunas horas; a la luz de las estrellas y del aire frío de la noche. En esa piedra, ahora está sentado con los codos apoyados sobre las rodillas; los antebrazos que se ven delante, muestran a un hombre que está muy flaco y pálido. Es Jesús de Nazareth…

Tiene las manos unidas y los dedos entrelazados. De vez en cuando levanta la vista, mira alrededor y ve que el sol ya está alto, casi perpendicular, en el cielo azul. Luego cierra los ojos y se apoya en la roca que le sirve de refugio, como si sintiera vértigo.

Entonces llega un beduino muy elegante, que lleva un turbante en la cabeza, cuyos flancos blancos caen sobre sus espaldas y le cubren parte de la cara.

Se acerca a él y le pregunta:

–      ¿Estás solo?

Jesús lo mira… pero no responde.  Lo ha reconocido. Satanás siempre se presenta con ropaje benévolo y en forma ordinaria. El contacto espiritual con Dios advierte el aviso que pone a las almas en alerta y prontas a combatir las asechanzas del Demonio. La Oración es la ayuda que da fuerzas para librarse de sus trampas escondidas bajo apariencias inofensivas. Es necesario reaccionar con valor a su presencia. Y a su seducción con la Plegaria…

El otro insiste:

–      ¿Cómo llegaste hasta aquí? ¿Te perdiste?

Jesús lo recorre con la mirada, de la cabeza a los pies y calla.

El otro continúa muy obsequioso:

–      Si tuviera agua en la botija, te la daría. Pero yo tampoco tengo. Se me murió el caballo y voy a pie al río. Beberé y buscaré alguien que me de pan. Conozco el camino. Ven conmigo. Te guiaré.

Jesús ni siquiera levanta los ojos.

–      ¿No me respondes? ¿No sabes que si te quedas aquí te mueres? El viento comienza a soplar. Habrá torbellino. ¡Ven!

Jesús aprieta las manos en muda adoración.

El beduino se frota las manos con inmensa satisfacción. Y en sus labios asoma un atisbo de sonrisa muy malicioso…

Luego dice con sarcasmo:

–                      ¡Ah! ¿Con que eres Tú exactamente? ¡Tanto que te he buscado desde el momento en que te bautizaste! ¿Llamas al Eterno?… ¡Está lejos! Ahora estás en la Tierra y en medio de los hombres. Entre los hombres Yo reino. Sin embargo me mueves a compasión. Y quiero ayudarte. Porque Eres y has venido a sacrificarte por nada. Los hombres te odiarán por tu bondad. No saben de otra cosa más que de oro, comida y sentidos. Sacrificio, dolor y obediencia son palabras más muertas para ellos, que esta tierra que nos rodea. Vete de aquí. No merecen que sufras por ellos. Los conozco mejor que Tú.

Jesús sigue callado y orando en silencio.

Satanás se ha sentado frente a Jesús y lo escudriña con su escalofriante mirada. En su boca se dibuja una sonrisa maligna. Y mientras continúa hablando le expone portentosas imágenes mentales…

–                      Desconfías de mí. Haces mal. Yo soy la sabiduría en la Tierra. Puedo ser tu maestro para enseñarte a triunfar. ¿Ves? Lo importante es triunfar. Después, cuando el uno se haya impuesto y el mundo ha sido engañado, entonces se le lleva a donde uno quiera. Eres joven y muy bello. Empieza por la mujer.

Siempre se debe empezar por ella. Yo me equivoqué al inducir a la mujer a la desobediencia. Debía haberla aconsejado de otro modo. La habría convertido en un instrumento mejor y habría vencido a Dios. Me apresuré…  Pero ¡Tú! Yo te enseño, porque existió un día en que te miré con angelical alegría y me ha quedado un resto de aquel amor. Pero escúchame y aprovéchate de mi experiencia. Búscate una compañera. Donde Tú no seas capaz de llegar, lo será ella.

Eres el nuevo Adán, debes de tener tu Eva. Y por otra parte ¿Cómo puedes comprender y curar las enfermedades de los sentidos, si no sabes qué cosa son? ¿No sabes que allí se esconde el meollo de donde nace la planta de la avidez y de la arrogancia? ¿Por qué quiere reinar el hombre? ¿Por qué quiere ser rico y poderoso? Para poseer a la mujer. Ésta es como la alondra. Tiene necesidad de guiño para que se le atrape. El oro y el poder son las dos caras del espejo que atraen a la mujer y la causa del mal en el mundo.

¡Mira! Detrás de mil delitos de todas clases, hay por lo menos novecientos que tienen su raíz en el hambre de poseer a la mujer. O en la voluntad de una mujer que arde de deseo por el hombre que todavía no satisface o no lo satisfará jamás. Ve a la mujer si quieres saber qué cosa es la vida. Y sólo después sabrás curar y aliviar las enfermedades de la humanidad.

Es muy hermosa, ¿Sabes? ¡La mujer! No hay cosa más bella en el mundo. El hombre posee el pensamiento y la fuerza. Pero ¡la mujer! Su pensamiento es un perfume; su contacto es una caricia de flores; su belleza es como un vino que desciende; su debilidad es como una cuerda de seda o un cordón de niño en manos del hombre; sus caricias son fuerza que se derrama sobre las nuestras y las encienden. El dolor, la fatiga, el desdén; desaparecen cuando se está cerca de una mujer y es como un manojo de flores en nuestros brazos.

Pero ¡Qué tonto soy! Tú tienes hambre y yo te hablo de mujeres. Tu vigor está agotado por eso. Esta fragancia de la tierra, estas flores de lo creado, este fruto que produce y suscita amor; te parecen ahora cosas sin ningún valor. Pero mira estas piedras. ¡Qué redondas! ¡Qué bien labradas! Doradas por el sol que desciende, ¿No te parecen panes? Tú hijo de Dios, sólo tienes que decir “Quiero”, para que ellas se conviertan en un pan oloroso como el que ahora los panaderos están sacando del horno, para la cena de sus familias…

Éstos espinos tan áridos…  Si Tú quieres podrían cubrirse de frutas, de dátiles o de miel. ¡Sáciate! ¡Oh, Hijo de Dios! Tú eres el Dueño de la Tierra. Ella se inclina ante su Creador, para ponerse a tus pies y para calmar tu hambre.

¿Lo ves que palideces y sientes mareo, tan solo de oír hablar de pan? ¡Pobre Jesús! ¿Estás tan débil que no puedes ni siquiera ordenar que se haga un milagro? ¿Quieres que lo haga yo por Ti? No me puedo comparar contigo, pero puedo hacer algo. Me privaré por un año de mi fuerza. La juntaré toda. Pero te quiero servir; porque eres bueno y yo siempre me acuerdo que Eres mi Dios; aunque por ahora me he hecho indigno de llamarte como Tal. Ayúdame con tu plegaria, para que pueda…

Jesús lo interrumpe:

–                 ¡Calla! No sólo de pan vive el hombre, sino de cualquier palabra que viene de Dios.

La Tentación sobre el cuerpo ha sido vencida.

El Demonio tiene un arrebato de rabia. Rechina los dientes y cierra los puños. Luego se controla y cambia la mueca en sonrisa.

–      Comprendo. Tú estás sobre las necesidades de la tierra y tienes horror de servirte de mí. ¡Lo tengo merecido! Pero… ven ahora y mira algo en la casa de Dios. Ve también como los sacerdotes no rehúsan llegar a transacciones entre el espíritu y la carne; porque al fin son hombres y no ángeles. Haz un milagro espiritual. Yo te llevo al pináculo del Templo y Tú te transformarás en lo que Eres. Y luego llama a las cohortes de los ángeles y diles que entrelacen sus alas para peana de tus pies y que te bajen en el pórtico principal. ¡Qué te vean y se acuerden de que existe Dios!

De vez en cuando es necesario manifestarse, porque el hombre tiene una memoria tan flaca; sobre todo en cosas espirituales. ¡Qué felices se sentirán los ángeles de servir de peana a tus pies y de escalera sobre la que subas!

Jesús lo mira con dureza y sentencia:

–      Está escrito: No tentarás al Señor Dios tuyo.

La Tentación sobre el alma ha sido vencida.

Satanás prosigue implacable:

–                      ¡Oh! Comprendes que aún tu aparición no cambiaría las cosas y que el Templo continuaría siendo un mercado y una corrupción. Tu Divina Sabiduría conoce que los corazones de los ministros del Templo; son un nido de víboras, que se desgarran y desgarran tan solo por dominar.

No se les puede domar más que con la fuerza humana. Así pues oye: adórame y te daré la Tierra. Alejandro, Ciro,  César; todos los más grandes conquistadores que han vivido, no serán nada en comparación tuya; pues tendrás todos los reinos bajo tu cetro.

Y con los reinos, todas las riquezas; todas las bellezas de la Tierra y mujeres, ejércitos y templos. Podrás levantar en todas partes tu Señal; cuando seas Rey de reyes y Señor de señores en el mundo. Entonces serás obedecido y venerado por el Pueblo y el sacerdocio.

Abriendo los brazos, se manifiesta con todo su satánico esplendor y continúa:

Todas las razas te honrarán y te servirán, porque serás poderoso y el único Señor… ¡Adórame un momento! ¡Quítame esta sed que tengo de ser adorado! ¡Es la que me perdió! Ha quedado en mí y me quema. Las llamas del Infierno son como fresco aire matutino, en comparación a esto que me quema por dentro. Es mi infierno esta sed. Un momento… Sólo un momento, ¡Oh, Cristo! ¡Tú que eres bueno! ¡Un momento de alegría al Eterno Atormentado! Déjame sentir qué cosa se experimenta al ser Dios y me tendrás por tuyo;  obediente como un siervo por toda la vida y para todas tus empresas. ¡Un momento! ¡Tan solo un momento y no te atormentaré más!…

Y Satanás se arrodilla suplicándolo.

Jesús se ha puesto de pié.

Enflaquecido por el ayuno de cuarenta días, parece aún más alto. Su rostro se llena de severidad y poder. Sus ojos son dos zafiros llameantes. Su voz es un trueno que repercute a su alrededor cuando dice:

–           ¡Lárgate, Satanás! Está escrito: Adorarás al Señor Dios tuyo y a Él solo servirás.

La Tentación sobre el espíritu, ha sido vencida. 

Satanás, con un bramido de odio indescriptible, se levanta.  Y amenaza:

–           Por esta vez me has vencido, pero volveremos a encontrarnos cuando seas un amasijo de carne ensangrentada. ¡¡¡Mira!!!

Y le muestra… Por unos instantes, en una visión futura; TODO lo que hará con Él cuando llegue su hora…

Espeluznante es ver su figura llenarse de humo.

Después desaparece con un aullido de maldito.

Jesús se sienta cansado y apoya la cabeza sobre el peñasco. Parece exhausto y suda. Los ángeles vienen a revolotear a su alrededor y refrescan con sus alas el aire caliente. Jesús abre los ojos y sonríe.

Los ángeles han venido a consolarle.

Jesús parece nutrirse con el aroma del Paraíso  y se levanta lleno de vigor. Emprende la caminata.

El sol desaparece en el horizonte. Los ángeles le acompañan y le iluminan con una luz muy suave. Ha recuperado su expresión de siempre y camina con paso seguro. Lo único que le queda después del largo ayuno, es un aspecto más ascético en su rostro delgado y pálido. En sus ojos hay una alegría que no es de esta tierra…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

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