84.- EL ESPÍA DEL SANEDRÍN


Jesús al llegar al jardín de Lázaro, bendice la casa que le hospeda. Y se encuentra con la familia y con José de Arimatea y Nicodemo que también son huéspedes de Lázaro.

Todos corren al encuentro de Jesús.

Después de los primeros saludos, Jesús pregunta:

–                      ¿No está Síntica?

Maximino contesta:

–                     Está con Sara y Marcela adornando las mesas. Ahorita viene.

Jesús avanza hasta el pórtico y entra en el salón donde los sirvientes los ayudan con las purificaciones rituales antes de la comida.

Mientras las mujeres se retiran, Jesús se queda con los apóstoles en la sala.

Juan de Endor y Ermasteo, van a la casa de Simón Zelote, para dejar los sacos con los que venían cargados.

José de Arimatea pregunta:

–                     ¿Aquel joven que se fue con Juan el Tuerto, es el filisteo que aceptaste?

Jesús contesta:

–                     Sí, José. ¿Cómo lo supiste?

–                     Maestro… Nicodemo y yo, hace días que nos estamos preguntando, ¿Cómo pudieron saberlo los otros del Templo? Y sin embargo así es. Lo único cierto es que lo sabemos.

En la sesión que precedió a la Fiesta de los Tabernáculos; algunos fariseos dijeron que sabían exactamente, que entre tus discípulos; además de… Perdona Lázaro… las pecadoras conocidas y las ignotas. Y… Perdona Mateo… Los cobradores de impuestos y los galeotes; se habían unido un filisteo incircunciso y una pagana.

Por lo que se refiere a la pagana… Que en este caso, sin duda es Síntica; se comprende que se puede saber o por lo menos adivinar. La batahola que se armó con el romano no fue para menos…

Y se convirtió en tema de pleito entre los suyos y entre los judíos. Porque se fue, quejoso y amenazador al mismo tiempo, a buscarla por todas partes.

Fue a molestar al mismo Herodes; porque insistía en que estaba escondida en casa de Juana de Cusa y que el Tetrarca debía ordenar a su mayordomo, que se la entregase. Porque entre tantas personas que te siguen; que se pueda saber que unos es filisteo incircunciso y otro galeote… es extraño. Muy extraño, ¿No te parece?

–                     Me parece y no me parece. Voy a tomar las providencias necesarias en el caso de Síntica y del galeote.

–                     Sí. Harás bien en alejar sobre todo a Juan. No está bien entre tus seguidores.

Jesús pregunta severo:

–                     José, ¿También tú te has hecho Fariseo?

–                     No… Pero…

–                     ¿Debería Yo, arrastrado por un necio escrúpulo del peor farisaísmo, humillar a un alma que se ha regenerado? ¡No! No lo haré. Pensaré en su tranquilidad. En la suya; no en la mía. Vigilaré por su formación, como velo por la del inocente Marziam.

¡En verdad que no hay diferencia en la ignorancia espiritual! Uno dice por vez primera, palabras de sabiduría; porque Dios ya lo perdonó. Ha renacido y Dios lo estrecha contra su corazón. El otro las dice; porque al pasar de una niñez abandonada, a una adolescencia por la que vela el amor humano, además del de Dios; abren su alma como una corola al sol.

Su sol es Dios. Uno está por decir sus últimas palabras. ¿No veis con vuestros ojos, que se está consumiendo de penitencia y de amor? ¡Oh! ¡Cómo me gustaría tener muchos Juanes de Endor! ¡En Israel y entre mis siervos! Quisiera que también tú, José… Y tú, Nicodemo, tuvieseis su corazón. Y sobre todo que lo tuviese su Delator… La abyecta víbora que se oculta bajo el manto de amigo y que hace de ESPÍA, antes de convertirse en ASESINO. 

La víbora qué envidia al pájaro las alas y que espera agazapada, poder quitárselas; para arrojarlo en la cárcel. ¡Ah! ¡No!…  El pajarito ya está para convertirse en un ángel. Y aún cuando la víbora pudiese… ¡Cosa que no podrá!…  Arrancarle las alas y ponérselas sobre su cuerpo viscoso. Se le convertirían en alas de demonio. Cada delator es ya un demonio…

Pedro exclama:

–                     ¿Pero dónde está ese tal? Decídmelo para arrancarle la lengua, ¡Ya!

Tadeo dice:

–                      Sería mejor que le arrancaras los colmillos; llenos de veneno.

Iscariote afirma secamente:

–                     No. ¡Mejor estrangularlo! Así no hará otra vez el mal.

Jesús lo mira fija y largamente… pero con más dolor que condena.

Y luego agrega un largo discurso contra la hipocresía que es ignorado totalmente por Judas de Keriot… 

Y termina diciendo:

–                     … Y mentir. Pero nadie debe hacerle daño. No vale la pena que por ocuparse de la víbora, se deje que perezca la avecilla. Con respecto a Ermasteo; Yo me detendré aquí en casa de Lázaro, para su circuncisión que se acepta por amor mío y para evitar que estrechas mentes hebreas; persigan la Religión Santa de nuestro pueblo.

Pero yo os digo: en esta hora del Cristo, no es necesaria esa cosa, para pertenecer a Dios. Basta la voluntad y el amor. Basta la rectitud de conciencia. ¿Y dónde circuncidaremos a la griega? ¿En algún punto de su espíritu, si ella ha sabido experimentar a Dios, mejor que muchos en Israel?

En verdad que entre los presentes hay muchos que son oscuridad, respecto a los que desprecian por tinieblas. De todos modos; El Delator y vosotros, Sinedristas, podéis informar a quien debéis, que a partir de hoy mismo quitaron el escándalo.

Judas de Keriot pregunta:

–                     ¿Quién? ¿Los tres?

–                     No, Judas de Simón. Ermasteo. Pensaré qué hacer con los otros dos. ¿Tienes algo más que preguntar?

–                     No, Maestro.

–                     Ni Yo tampoco tengo nada que agregar. Os pregunto a todos, ¿Qué pasó con

–                     el dueño de Síntica?

Nicodemo contesta:

–                     Pilatos lo regresó a Italia en el primer navío que se le presentó; para no tener querellas con Herodes, ni con los hebreos en general. El gobernador está atravesando momentos difíciles. Y que si le bastan…

–                     ¿Es segura la noticia?

Lázaro dice:

–                     Puedo comprobarlo si quieres.

Jesús dice:

–                     Sí. Hazlo y luego me dirás la verdad.

–                     Da lo mismo. En mi casa, Síntica está segura.

–                     Lo sé. También Israel defiende a la esclava fugitiva de un amo extranjero y cruel. Pero quiero saberlo.

Pedro dice:

–                     Y yo quisiera saber ¿Quién es el Delator; el Informante, el doloso Espía de los Fariseos?… Esto se puede saber y quiero saber quiénes son los fariseos delatores. Que sean descubiertos los nombres de los fariseos y los de sus ciudades.

Me refiero a los fariseos que realizan la hermosa tarea de informar, previa traición de uno de nosotros; porque solo nosotros sabemos ciertas cosas. Nosotros, discípulos viejos y nuevos; para poder informar al Sanedrín, sobre los hechos del Maestro. Hechos que son totalmente justos. Pero hay un demonio que piensa y dice lo contrario. Y…

Jesús dice:

–                     Ya basta, Simón de Jonás. Te lo ordeno.

–                     Yo… Yo obedezco, aunque se me revienten las venas del corazón, por los esfuerzos que hago. Sin embargo la alegría de hoy se perdió…

–                     ¡No! ¿Por qué? ¿Ha cambiado algo entre nosotros?  Y, ¿Entonces? ¡Oh, Simón mío! Ven aquí a mi lado y hablemos de lo que es bueno…

Lázaro dice:

–                     Maestro. Me acaban de avisar que ya está lista la comida.

–                     Vamos ya…

Más tarde…

En el jardín de la casa de Lázaro. Jesús está sentado bajo el pórtico, sobre un banco de mármol, con cojines. Con la espalda apoyada contra el muro, rodeado de todos: dueños, apóstoles, discípulos, sirvientes y huéspedes.

Todos escuchan muy atentos a la esclava griega, que es una mujer muy hermosa. Ya no luce desaliñada, como el día que la encontrara Jesús. Viste una túnica de color malva. Tiene alrededor de veinte años.

Un porte severo y de radiante calma, en un cuerpo escultural. Sus ojos violetas, se ven casi negros; tienen una mirada inteligente, sincera, honesta y firme; en una cara de facciones armoniosas y perfectas. Su piel es muy blanca y sus cabellos ondulados y negros. Sus ademanes patricios, hablan de una noble cuna.

Y su voz grave, se escucha fuerte:

–                     Soy botín de guerra desde mi más tierna edad… -Síntica da su testimonio, repitiendo lo que dijera el día que encontró a Jesús y el por qué huyó del romano cruel- Sé que él anda en mi busca. Le costé mucho dinero y le agrado demasiado, para que me deje en paz. Busqué al Desconocido que no rechaza a los esclavos y habla del alma. Y quise venir a Él, para que me instruya y me levante otra vez. Quise estar cerca de Él. Vivir en medio de los brutos, embrutece a uno. Quiero volver a tener mi antigua dignidad moral.

¡Y lo encontré! –Síntica se postra y le besa los pies a Jesús- ¡Gracias, Salvador y Dios mío!… –lo adora durante un largo momento, con un silencio lleno de reverencia. Luego se levanta y continúa- Y creo en Él.

Amarlo es mi necesidad. Para no sentir todo el peso de mi condición. Significa ya no estar sola, ni ser esclava, ni estar desterrada de mi patria. Es pensar que mi madre y mis hermanos. Mi padre y mi amada y dulce Ismene, no se han perdido para siempre.

Porque aún cuando todo mundo se encarnizó en separarnos; como Roma nos había dividido; vendido como animales de carga a nosotros, que éramos libres. En la otra vida, un lugar nos reuniría.

Pensar que nuestro vivir no es solo materia que se encadena; sino que dentro de ella hay una fuerza libre que nadie puede encadenar, si no es el deseo voluntario de vivir en el desorden moral y en la crápula. Vosotros le llamáis “Pecado” Los que eran mis luces en la oscuridad de mi noche de esclava, lo definen de otro modo.

Pero también ellos admiten que un alma esclavizada por las pasiones malvadas; no llega a lo que vosotros llamáis Reino de Dios y nosotros, convivencia con los dioses en el Hades.  Por lo cual es necesario abstenerse de caer en el materialismo y esforzarse por llegar a la libertad del cuerpo. Hacerse de virtudes para poder poseer una inmortalidad dichosa y poder reunirse con los seres amados.

Pensar que el alma de los muertos puede estar cerca de la de los vivos y poder decir: ‘Sí, Mamá. Para ir a donde estás, mantendré mi alma libre; la única posesión que tengo y que nadie me puede quitar. Que quiero conservar, para poder razonar de una manera virtuosa.” Pensar de este modo significa para mí, libertad y alegría.

Y así quiero pensar y obrar; porque no es sino una filosofía falsa y a medias, pensar y obrar contra las propias ideas. Pensar de este modo es lo mismo que construirse una patria en el destierro. Una patria grande y misteriosa. La patria de las almas. El lugar de origen. El lugar de la vida. Pues la vida sale de la muerte.

¡Y todo fue luz! He comprendido en qué punto no se equivocaron los maestros de Grecia y como después sí, al carecer de un solo dato, para resolver el teorema de la vida y de la muerte. El dato era: ¡Existe el Verdadero Dios; Señor y Creador de todo cuanto hay!

¿Puedo ponerlo en estos labios de pagana? ¡Sí! ¡Sí puedo, porque como todos los demás, también vengo de Él! Porque Él puso en la inteligencia de todos los hombres esa capacidad. Y en los más sabios, una inteligencia superior, por la que aparecen cual semidioses, como dotados de un poder más que humano.

Puedo nombrarlo porque les hizo escribir esas verdades que son ya Religión Divina, capaz de tener las almas ‘vivas’ no solo durante el corto espacio de tiempo que es su estadía acá en la tierra; sino para siempre.

Y comprendí que la vida nace de la muerte, porque esta existencia no es sino el principio de la vida. Y que la verdadera Vida empieza cuando la muerte llega… En los Hades como pagana. En la Vida Eterna, si creo en Ti. ¿Dije mal?

Jesús aprueba:

–                     Hablaste bien, mujer.

Nicodemo interviene:

–                     ¿Pero cómo lograste conocer las palabras del Maestro?

–                     Señor… quien tiene hambre busca la comida. Yo buscaba la mía. Mi oficio es leer libros a mis patrones. Y podía leer mucho en las bibliotecas. No estaba del todo satisfecha. Me parecía que más allá de esas paredes había algo… y como aprisionada en una cárcel oro, me esforzaba por romper las paredes… En salir para encontrar…

Al venir a Palestina con el último patrón, tuve miedo de caer en las tinieblas. Y sin embargo venía al encuentro de la Luz. Las palabras de los siervos de Cesárea, eran como golpes de pico que resquebrajaban las paredes y que hacían agujeros cada vez más grandes, por los que entraban tus palabras.

Yo las recogía junto con las noticias. Y como un niño que enhila perlas, para adornarse con ellas, igual hacía yo y sacaba fuerzas para purificarme y poder así recibir la verdad.

En este plan de purificación, pensaba que daría con lo que buscaba y me propuse ser pura, aún a costa de la vida.  Por eso me defendí como fiera del lascivo romano. Para que cuando me encontrase con la Verdad; con la Sabiduría, con la Divinidad…

Señor Jesús estoy diciendo palabras tontas. Éstos me están mirando cómo aturdidos… Pero Tú me dijiste que hablase…

–                     Habla. Habla. Es necesario.

–                     Con fortaleza y templanza, resistí las presiones externas. Pude haber sido libre y feliz según el mundo, con tal de que lo hubiera querido. No quise trocar el saber por el placer; porque sin sabiduría, de nada sirven las demás virtudes.

El filósofo así lo dijo: “Justicia, templanza y fortaleza, sin tener como compañero el saber; son semejantes a un escenario pintado. Son virtudes de esclavo sin nada sólido y real. Yo quería poseer cosas reales.

Mi necio patrón, hablaba de Ti en mi presencia. Entonces sucedió como si las paredes se convirtieran en un velo. Bastaba querer para desgarrar el velo y unirse a la verdad. Y lo hice.

Judas de Keriot, le dice:

–                     No sabías que nos ibas a encontrar.

–                     Yo sabía y creía que los dioses premian la virtud. No quería ni oro; ni honores; ni libertad física. Ni siquiera ésta. Quería sólo la verdad. Pedía a Dios esto o que muriese. Ya no quería ser tratada como un ‘objeto’ Y pedía que me ayudase a no consentir en serlo.

Renunciando a todo lo que es corporal al buscarte, ¡Oh, Señor! pues las búsquedas con los sentidos son siempre imperfectas. Y Tú lo viste que cuando te vi huí, engañada por los ojos. Me puse en manos de Dios que está sobre nosotros y que informa al alma por Sí. Te encontré porque mi alma me condujo a Ti.

Judas de Keriot dice:

–           Tu alma es un alma pagana.

–                     Pero el alma tiene siempre en sí, algo de los divino. Sobre todo cuando con esfuerzos se guarda del error… Y por esto tiende a las cosas que son de su misma naturaleza.

–                     ¿Te comparas tú con Dios?

–                     No.

–                     Entonces, ¿Por qué dijiste eso?

–                     ¿Cómo? ¿Tú que eres discípulo del Maestro, me lo preguntas a mí que soy griega y que hace poco soy libre? Cuando Él habla, ¿Acaso no escuchas?

¿O en ti el fermento del cuerpo es tan fuerte que te aturde? ¿Acaso Él no dice siempre que somos hijos de Dios? Luego, somos dioses, si somos hijos del Padre.

De ese Padre tuyo y nuestro, del que siempre habla. Tú me puedes echar en cara que no sea humilde; pero el que sea incrédula o maleducada.

–                     ¿Entonces piensas que eres superior a mí? ¿Crees haber aprendido todo en los libros de tu Grecia?

–                     No. Ni una cosa, ni la otra. Pero los libros de los sabios me han dado lo mínimo para saber conducirme. No dudo que un israelita sea superior a mí; pero me siento contenta con la suerte que Dios me ha dado.

¿Qué más puedo desear? Lo he encontrado todo al encontrar al Maestro. Y me imagino que estaba ya escrito. Porque en verdad experimento que vigila sobre mí un Poder que me señaló el destino, al que he tratado de secundar, convencida de que es bueno.

–                     Bueno, has sido esclava y tus patrones fueron crueles… Si te hubiese capturado, ¿Cómo habrías secundado el destino? Dímelo sabia.

–                     ¿Tu nombre es Judas? ¿Verdad?

–                     Sí. ¿Y qué?

–                     Nada… Quiero recordar tu nombre, además de la ironía. Mira que la ironía no se ve bien, ni aún en los virtuosos… ¿Qué cómo habría yo secundado al destino? Me habría quitado la vida. Porque en verdad en ciertos casos, es mejor morir que vivir.

Cuando el filósofo diga que no está bien porque es algo impío procurarse el bien por sí mismo; porque solo los dioses tienen el derecho de llamarla a una a sí- y esto; esperar una señal de los dioses para quitarme la vida, fue lo que me entretuvo en medio de las cadenas de mi triste suerte.

Y si ahora el asqueroso patrón me capturase, vería esto como una señal y preferiría morir que vivir. También yo tengo mi dignidad, ¿Sabes?

–                     Y si volviese ahorita a apoderarse de ti? ¿Estarías siempre en las mismas condiciones?

–                     Ya no me quitaría la vida. Porque ahora sé que cuando se hace violencia a la carne, no se hace daño al espíritu que no consiente. Ahora resistiría hasta que me doblegase por la fuerza; hasta que me matase su violencia.

Pues también esto lo tomaría como señal de Dios, que me llamaría a Sí, a través de esa violencia. Y moriría tranquila; sabiendo que perdería lo que sí se puede perder.

Lázaro aplaude:

–                     Haz respondido bien, mujer.

Y Nicodemo es del mismo parecer.

Iscariote objeta:

–                     El suicidio jamás está permitido.

Jesús dice con dulzura:

Muchas cosas están prohibidas y no dejan de hacerse. Síntica, procura pensar que así como Dios te guió siempre; de igual modo de igual modo te habría librado de que te hubieses hecho violencia a ti misma. Ahora vete.

La mujer se inclina hasta la tierra y se va.

Todos la siguen con la mirada.

Lázaro dice en voz baja:

–                     ¡Así es siempre! No puedo dar con la clave de cómo las cosas que para ella han sido ‘vida’, para nosotros lo de Israel sean ‘muerte’. Si la vuelves a examinar, comprobarás que el helenismo que nos corrompió a nosotros que ya poseíamos una sabiduría, la salvó a ella. ¿Por qué?…

Jesús dice:

–                     Porque los caminos del Señor son admirables y los muestra a quién lo merece. Ahora amigos, es tiempo de que partáis, porque el atardecer ya está cerca. Estoy contento de que oísteis hablar a la griega. Sacad la conclusión de que excluir a cualquiera, por el hecho de que no sea de Israel, de las filas de Dios; es una cosa odiosa y peligrosa tenedlo como una norma para el futuro…

No refunfuñes, Judas de Simón. Y tú José, no tengas escrúpulos innecesarios. Ninguno de vosotros se ha contaminado porque la griega estuvo cerca. Procurad más bien, que el demonio no se os acerque. Hasta pronto. Espero veros otra vez, mientras estoy aquí…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA

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