Archivos diarios: 8/12/12

144.- ENCUENTRO CON DIOS


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Están ya cerca de Beterón. Bartolomé con Esteban alcanza a Jesús, para decirle que uno de Elquías el Fariseo, ha venido a pedirle que lo lleve lo más pronto posible, porque su mujer está agonizando y dejó a un siervo suyo para guiarlo.

Jesús ordena:

–                       Tráelo y apresuremos el paso.

El siervo acude. Es un viejo robusto y consternado. Saluda…

Jesús le sonríe y le pregunta:

–                       ¿De qué está muriendo tu patrona?

–                       Tenía que dar a luz a un niño; pero se le murió en el vientre. Y su sangre se ha corrompido. Delira como una loca y está agonizando. Le han abierto las venas, para que le baje la temperatura, pero toda la sangre está envenenada y debe morir. La han bajado a la cisterna para calmar el ardor. Éste disminuye mientras está en el agua helada y luego, más que antes, tose y tose… ¡Se morirá!

Pedro exclama:

–                       ¡Y cómo no! ¡Con ciertos remedios…!

–                       ¿Desde cuándo está enferma?

El siervo va a responder, cuando llega corriendo por la bajada, el jefe del regimiento romano. Es un centurión.

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Se detiene ante Jesús y lo saluda:

–                       ¡Salve! ¿Eres Tú el Nazareno?

Jesús contesta:

–                       Lo soy. ¿Qué se te ofrece?

–                       Mi nombre es Octavio. Un día nuestro caballo mató a un niño hebreo y Tú lo curaste para impedir que los hebreos armasen alboroto contra nosotros. Ahora las piedras hebreas han hecho caer a un soldado y él está tendido con la pierna rota. No puedo detenerme, estoy en servicio. Nadie lo quiere en el poblado. No puede caminar. No puedo llevarlo conmigo con la pierna rota. Sé que no nos desprecias, como hacen todos los demás hebreos… Quisiera…

–                       ¿Quieres que te cure al soldado?

–                       Sí. Curaste también al siervo del centurión y a la niña de Valeria. Salvaste a Alejandro de la ira de tus compatriotas. Estas cosas se saben entre los de arriba y entre los de abajo.

–                       Vayamos a donde está el soldado.

El siervo pregunta:

–                       ¿Y mi patrona?  – un poco descontento.

–                       Después.

Jesús camina detrás del oficial que a paso largo, sin estorbo de vestido alguno, parece como si corriera. Y le comenta a Jesús que le precede…

El centurión dice:

–                       Un tiempo estuve con Alejandro. Él te ad… hablaba de ti. La casualidad me pone ahora cerca de Ti.

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Jesús contesta:

–                       ¿La casualidad? ¿Por qué no dices Dios? El verdadero Dios.

El oficial calla por unos instantes.

Luego dice de modo que solo Jesús lo oiga:

–                       El Verdadero Dios sería el de los hebreos… Pero no se hace amar… ¡Si es como los hebreos!  Ni siquiera tiene compasión de un herido…

–                       El Verdadero Dios es el Dios de los hebreos, de los romanos, griegos, árabes, partos, escitas, íberos, galos, celtas, libios, hiperbóreos. ¡No hay más que un solo Dios!

DIOS PADRE CREADOR

Pero muchos no lo conocen. Otros lo conocen mal. Si lo conociesen bien, todos se tratarían como hermanos y no habría vejaciones, ni odios, ni calumnias, ni venganzas, ni lujurias, ni robos, homicidios, adulterios y mentiras. Yo conozco al Dios Verdadero. Y vine para darlo a conocer.

Octavio titubea un poco antes de decir:

–                       Se dice… Nosotros debemos estar siempre preparados y dar cuenta a los centuriones y éstos al Procónsul. Se dice que tú Eres Dios. ¿Es verdad?…

El soldado está preocupado al decir estas palabras. Mira a Jesús por debajo de la sombra de su yelmo y parece que le tuviese temor…

Jesús sonríe y contesta con sencillez:

–                       Lo soy.

–                       ¡Por Júpiter! ¿Entonces es verdad que los dioses bajan a hablar con los hombres? ¡Después de haber recorrido el Mundo detrás de las insignias, vengo aquí ahora ya viejo a encontrar a un Dios!

Jesús le corrige:

–                       A Dios. Al Único. No a un dios.

El soldado se siente anonadado al ver que lleva atrás de él, a Dios… No habla más. Piensa… Esta es una noticia un poco difícil de digerir…

Piensa hasta llegar a la entrada del poblado donde encuentran al regimiento…

Roman_soldiers_Alrededor del herido que tirado en tierra, se lamenta dolorosamente…

El centurión se dirige al Tribuno y dice:

–                       ¡Aquí lo tienes! –señalando a Jesús.

El oficial le dice:

–                       Gracias por haber venido… ¿Podrías?…. Ayudarnos… –no sabe cómo expresarlo y se limita a señalar a su soldado tirado.

Jesús se abre paso, se acerca. Observa al herido… La pierna ha sufrido un duro golpe. El pie lo tiene al revés. Está hinchada y amarillenta. El soldado sufre mucho…

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Al ver que Jesús alarga su mano, suplica:

–                       ¡No me vayas a hacer mucho mal!

Jesús sonríe. Apenas toca con la punta de sus dedos, donde se ve el moretón de la fractura.

Y dice:

–                       ¡Levántate!

El Tribuno aclara:

–                       Tiene otra fractura más arriba, en la cadera…  –dice el oficial, como queriéndole decir: ¿No tocas esa?

En ese momento, uno de Beterón se acerca y dice:

–                       ¡Maestro! Maestro… Pierdes el tiempo con los paganos y mi mujer se muere…

Jesús dice:

–                       Ve a traérmela.

–                       No puedo. ¡Está loca!

–                       Ve a traérmela si tienes fe en Mí.

–                       Maestro, no se puede, está desnuda y no se puede vestir. Está loca y rasga los vestidos. Está agonizando. No puede más.

Jesús repite con autoridad:

–                       Ve a traérmela si es que no eres inferior en la Fe a estos gentiles.

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El hombre se va de mala gana.

Jesús mira al romano extendido a sus pies y le dice:

–                       ¿Puedes tener Fe?

El herido contesta:

–                       Yo sí… ¿Qué quieres que haga?

–                       Que te levantes.

El tribuno dice:

–                       Ten cuidado, Camilo que…  – y se interrumpe quedando con la boca abierta por el asombro más absoluto.

Porque el soldado está ya de pie, ágil y curado del todo. Camilo mueve las piernas brincando en una y otra haciendo un ejercicio completo…

Los israelitas no lanzan sus hosannas. No es un hebreo el que ha sido curado. Parece como si estuvieran enojados y en su mirada se refleja una crítica contra Jesús.

No así los soldados, que desenvainan sus cortas y anchas dagas, las levantan después de golpearlas contra sus escudos, como si se tratase de una fiesta.

Jesús está en medio del círculo de espadas levantadas hacia el cielo.

El Tribuno lo mira, no sabe qué hacer. El soldado curado llora de agradecimiento y mira a Jesús totalmente asombrado… Luego pone una rodilla en tierra, levanta su espada y…

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Finalmente lo saluda con voz fuerte:

–                       ¡Salve, Maestro! ¡Muchas gracias!…

Octavio está igual…Ni qué decir, él un pagano que está tan cerca de Dios…

El tribuno piensa y decide que debe tributar a Dios lo que tributaría al César. Y da orden de que se le dé el saludo militar dado al emperador…

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Se oye un fuerte:

–                       ¡Ave!

Mientras que las hojas de las espadas brillan al ponerse como horizontales sobre el brazo derecho.

No contento con esto, el Tribuno dice en voz baja:

–                        No te preocupes si viajas de noche.  Los caminos… están vigilados. Hay auxilio contra los ladrones.

Jesús contesta:

–                       Gracias. Que la Luz se te muestre…

Octavio dice asombrado:

–                       Puedes estar tranquilo. Yo… -se calla. Ya no sabe qué más decir.

Jesús le sonríe diciendo:

–                       Gracias. Vete y sé bueno. Aún con los ladrones, sé bueno. Se fiel en tu servicio, pero sin crueldad. Son infelices y deberán dar cuentas de sus acciones ante Dios.

–                       Lo haré, Señor.

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El tribuno corrobora:

–                       Yo también haré como dices. ¡Salve!…

Octavio suspira:

–                       ¡Quisiera volver a verte otra vez!…

Jesús sonríe y vaticina:

–                       Nos volveremos a ver, sobre otro monte. –y repite- Sed buenos. Adiós.

Los soldados se ponen en marcha y prosiguen su camino.

Jesús entra en el poblado…

Le salen al paso varias personas que se deshacen en comentarios. Del grupo salen un hombre y una mujer. El hombre es el marido de la enferma. Se inclinan ante Jesús. La mujer se pone de rodillas, el hombre no.

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Jesús dice:

–                       Alzaos y alabad al Señor. Debo decirte a ti,  -se dirige al hombre- que tu conciencia no está limpia… Viniste a mí por mero egoísmo. No porque me ames, ni porque creas en Mí. Dudaste de mi Palabra. Y ¡Sabes quién Soy!…  Después abrigaste un prejuicio porque me detuve primero a curar a un gentil, así como todo el poblado que se rehusó a atender al herido.

Por un exceso de misericordia y por tratar de que tu corazón sea bueno, curé a tu esposa, sin haber ido a tu casa. No lo merecías. Lo hice para mostrarte que no era necesario haber ido allí. Basta que Yo lo quiera.

Pero en verdad te digo y digo a todos vosotros, que a quienes despreciáis son mejores que vosotros. Y saben creer mejor que vosotros en mi poder. Levántate mujer. Vete y procura creer de hoy en adelante, en gratitud de lo recibido por el Señor.

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La expresión de los pobladores es fría. Reaccionan solo cuando Jesús los reprende. Lo siguen con poco entusiasmo hasta la plaza, donde se detiene a hablar, porque no lo invitan a la sinagoga y ninguna casa le abre sus puertas.

Jesús dice:

–                       Cuando Dios está con los hombres, éstos pueden todo contra la desgracia, cualquiera que sea su nombre. Pero la condición necesaria para tener a Dios de nuestra parte es obrar por un motivo de justicia. Os vine a decir que seáis sinceros en vuestras acciones, porque Dios ve todas las cosas y los sacrificios son inútiles. Vanas las plegarias que se hacen por mera ostentación de culto, cuando el corazón está lleno de pecados, de odio, de perversos deseos…

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No murmuréis. Me acusáis de que tengo amistades con el enemigo, con el opresor. Lo estoy leyendo en vuestros corazones. Pero vosotros, ¿No os hacéis amigos de Satanás, al haceros secuaces de los que atacan al Hijo del Hombre, al enviado de Dios? Vosotros me odiáis. Pero Yo conozco la cara del que os inspira el odio. ¡Oh, los que descarrían y engañan las conciencias, serán juzgados siete veces más severamente que los engañados!

Hice un milagro y os he dicho la verdad, para persuadiros de que Yo Soy. Ahora me voy. Si hay alguno entre vosotros que sea justo, que me siga. Porque triste es el futuro de este lugar en donde anidan las sierpes para engañar y traicionar. ¡Vámonos!

Jesús se regresa por el camino por donde vino.

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Los apóstoles le dicen:

–                       ¿Por qué rabí has hablado de este modo?

–                       Te odiarán.

Jesús responde:

–                       No trato de conquistar el amor con compromisos, con mentiras.

–                       En ese caso sería mejor no haber venido.

–                       No. Era necesario no dejar ninguna duda.

–                       ¿Y a quién convenciste?

–                       A nadie. Por ahora a nadie. Pero pronto alguien dirá: ‘No podemos maldecir a nadie, porque se nos avisó y no lo hicimos.’

–                       ¿A quién aludías al decir…?

–                       Preguntádselo a Judas e Keriot. Conoce a muchos de este lugar y todos sus ardides…

Judas contesta:

–                       Así es. Pero casi todo el lugar es propiedad de Elquías. Pero… no creo que Elquías…

Las palabras mueren en los labios de Judas que al levantar sus ojos de la cintura, que se estaba ajustando como para darse tono, encuentra la mirada de Jesús…

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Una mirada tan penetrante, que parece como si fuera magnética.

Judas baja la cabeza diciendo:

–           Ciertamente que es una población soberbia y odiosa, digna de quién se ha apoderado de ella. Cada quién tiene lo que se merece. Ellos tienen a Elquías, nosotros a Jesús. El maestro ha hecho muy bien en hacerles notar que sabe todo… Muy bien.

Jesús no contesta nada y reanuda su caminar.

Felipe observa:

–                       Pero que si son malos. ¿Habéis visto? ¡Ni siquiera un saludo después del milagro! ¡Ni siquiera una limosna! ¡Nada!…

Andrés suspira:

–                       Me preocupa muchísimo cuando el Maestro los desenmascara así.

Juan dice:

–                       Que lo haga o que no lo haga, da lo mismo. De todos modos lo odian. Quisiera regresar a Galilea.

Pedro suspira y dice:

–                       ¡A Galilea! ¡Qué bueno sería!  – y baja pensativo la cabeza…

Jesús no tiene mucho tiempo para aislarse en sus pensamientos.

ADELANTE

Juan y Santiago su primo. Y luego Pedro y Simón Zelote, lo alcanzan y tratan de llamar su atención sobre el panorama que se ve desde lo alto del monte. Es inútil su intento porque se ve a las claras, que está muy triste…

Tratan de distraerlo trayendo a su memoria hechos prodigiosos y más felices. Y almas conquistadas… Se trata de cosas, cada una de las cuales es capaz de infundir alegría, pero en los que hay una mezcla de tristeza y el recuerdo de un dolor.

Al darse cuenta, los mismos apóstoles murmuran:

–                       Verdaderamente que en todas las cosas de la tierra, se encuentra el dolor. Es un lugar de expiación.

Andrés observa:

–                        Ley justa para nosotros los pecadores. Pero, ¿Por qué Él debe sufrir tanto?

Se prende una discusión amigable a la que casi se han integrado todos, menos Judas de Keriot que se ha quedado hasta el final de la fila de apóstoles…

Encuentran a un grupo de viandantes entre los que hay varios extranjeros que se acercan y empiezan a hacer preguntas…

Jesús se adelanta con Simón y Bartolomé.

Los demás contestan e instruyen a los distintos viajeros… Cuando resuelven sus inquietudes, se despiden y alcanzan al Maestro…

Judas se emociona y se ha ocupado de los peregrinos más ricos… Aprovecha las circunstancias y despliega todas sus habilidades con la gente a la que enseña, imitando al Maestro en voz, modales e ideas.

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Pero es una imitación teatral, pomposa, a la que le falta el fuego de la convicción… Los que lo escuchan se lo dicen sin rodeos…  Lo que lo pone nervioso…

Él les echa en cara que sean unos necios y que por eso no comprenden nada…

Luego les dice que los deja porque:

–                       No es justo arrojarles las perlas de la sabiduría a los cerdos.

Pero se queda porque la gente sencilla, le ruega que los compadezca porque son tan inferiores a él, como lo es un animal a un hombre.

Jesús que parece estar distraído con lo que le dicen los once que le rodean, pareciera no escuchar lo que está diciendo Judas… Que por cierto, no le agradaría nadita.

Los apóstoles han retomado su inquietud anterior y se lo manifiestan a Jesús, que suspira y se queda callado hasta que Andrés le dice:

–                       Yo creo que sufres porque tu amor es rechazado. No sufres por no castigar, como tú humanidad lo pediría. Sino que sufres por no poder hacer el bien, como quisieras.

Cada quien expresa su opinión. Santiago de Alfeo su primo y Juan se quedan en silencio…

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Jesús les pregunta:

–                       ¿Vosotros no decís nada?

Santiago dice:

–                       Juan y yo creemos… Somos de los israelitas que tenemos tanto miedo de Dios, que no nos atrevemos a pronunciar su Nombre y ¿Cómo puede Satanás atreverse a hacer daño a Dios?… Y con todo, vemos que siempre sufres más porque Eres Dios y Satanás te odia. Te odia más que a nadie. Te topas con el odio hermano mío, porque Eres Dios.

Juan confirma:

–                       Sí. Te topas con el Odio, porque Eres el Amor. No son los Fariseos, ni los rabinos, los que te causan dolor. Es el Odio que se apodera de los hombres y os lanza ciegos de ira contra Ti; porque con tu amor le arrancas muchas presas.

Jesús dice:

–                       Falta todavía algo más: el que echó a perder el corazón del hombre, fue Satanás. la Serpiente, el Adversario, el Enemigo, el Odio. Llamadle como queráis. Pero, ¿Por qué lo hizo? Porque es muy envidioso. No pudo soportar que el hombre fuese destinado al Cielo, de donde fue arrojado él. Quiere que el hombre participe del destierro al que ha sido condenado. ¿Por qué fue arrojado?

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Por haberse rebelado contra Dios. Lo sabéis. ¿En qué se rebeló? No obedeciendo. En el principio del dolor hay una desobediencia. ¿No es pues lógico que para restablecer el orden, que es siempre alegría, deba existir una obediencia perfecta? Es difícil obedecer, sobre todo en cosas importantes. Lo difícil causa dolor a quién lo cumple. Y Yo debo sufrir para Borrar el Pecado por excelencia; que tanto en Lucifer, como en Adán y en el último ser viviente sobre la tierra fue y será siempre: Pecado de desobediencia a Dios.

Vosotros debéis obedecer en cierto límite. Eso poco que os parece mucho, pero que no lo es, que Dios os pide, teniendo en cuenta su Justicia, lo que podéis dar. Vosotros de la Voluntad de Dios, conocéis sólo lo que podéis realizar. Pero yo conozco todo su Pensamiento en los sucesos grandes o pequeños. No se me han puesto límites en conocer y en ejecutar lo que sé.

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     El Sacrificador Amoroso, el Abraham Divino, no perdona a su Víctima y a su Hijo. Es el Amor insatisfecho y ofendido, que exige reparación y ofrenda. La Obediencia es honor y gloria. En verdad os digo que los verdaderos obedientes serán como dioses, pero después de una lucha continua contra sí mismos. Contra el Mundo, contra Satanás.

La Obediencia es Luz. Cuanto más obediente se es, tanto más se llenan de Luz y se ve mejor. La obediencia es paciencia. Cuanto más obediente se es, tanto más se soportan las cosas y las personas. La obediencia es humildad, caridad y heroicidad. El héroe del espíritu es el santo, el ciudadano de los Cielos, el hombre divinizado.

Si la caridad es la virtud en que se encuentra de nuevo al Dios Uno y Trino. La Obediencia es la virtud en donde me encuentro Yo, vuestro Maestro. Haced que el mundo os reconozca como mis discípulos: por una obediencia absoluta a todo lo que es santo. Llamad a Judas. Tengo que decir algo también para él.

Judas acude.

Jesús señala el panorama que se empequeñece, cuanto más se desciende…

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Y dice:

–                       Os voy a proponer una parábola breve a vosotros, futuros maestros del espíritu. Tanto más veréis cuanto más subáis por el camino de la perfección, que es arduo y penoso. Veíamos antes las dos llanuras: la filistea y la de Sarón. Con muchos poblados, campos y huertas y lográbamos ver, allá en la lejanía, el gran mar azul. Ahora vemos menos. El horizonte se ha reducido y se reducirá hasta desaparecer, cuando lleguemos a la llanura…

 Lo mismo sucede con quien baja en el espíritu, en vez de subir. Su virtud y su saber se hacen cada vez más limitados, lo mismo que su modo de juzgar. Hasta que desaparecen. Es entonces cuando la vida del espíritu ha muerto para su misión. No es capaz de discernir, como tampoco de guiar. Es un cadáver y puede corromper, así como está, corrupto ya.

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El descender anima bastante, porque en el fondo hay satisfacción de los sentidos. También nosotros descendemos a la llanura a encontrar descanso y comida. Pero si esto es necesario para nuestro cuerpo. No es necesario satisfacer el apetito del sentido y la pereza del espíritu, con bajar a los valles del sensualismo moral y espiritual. Sólo está permitido tocar un valle, el de la humildad.  Y es porque hasta él desciende Dios, para tomar el espíritu del humilde y llevarlo arriba, consigo. Quién se humilla será exaltado. Cualquier otro valle es letal, porque aleja del Cielo.

Judas dice:

–                       ¿Para esto me llamaste, Maestro?

Jesús responde:

–                       Para esto. Has hablado mucho con los que te hacían preguntas.

–                       Sí, pero no vale la pena. Son más duros de cabeza que unos mulos…

–                       Y yo he querido depositar un pensamiento donde no queda nada. Para que puedas nutrir tu espíritu.

Judas lo mira cortado. No sabe si es una alabanza o un regaño.

Los demás, que no habían oído a los seguidores de Jesús; no comprenden que Jesús echa en cara a Judas su soberbia…

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Judas piensa que es mejor desviar la conversación por otros caminos:

–                       Maestro, ¿Qué piensas? ¿Esos romanos podrán comprender algún día  tu Doctrina, pues por tan poco tiempo han tenido contacto contigo? Aquel Alejandro se fue… Y no lo volveremos a ver…

También éstos. Se puede decir que en ellos existe un instinto por buscar la Verdad. Pero están sumergidos hasta el cuello en su paganismo. ¿Lograrán llegar a decidirse por alguna cosa buena?

Jesús contesta:

–                       ¿Quieres decir que encuentren la Verdad?

–                       Eso es, Maestro.

–                       ¿Y por qué no podrán lograrlo?

–                       Porque son pecadores.

–                       ¿Sólo ellos lo son? ¿No los hay entre vosotros?

–                       Ciertamente muchos. Por esto digo que si nosotros, alimentados con la sabiduría y verdad seculares, somos pecadores y no logramos ser justos y seguidores de la Verdad que representas. ¿Cómo lo podrán llegar ellos, repletos de inmundicias cómo están?

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–                       Cualquier hombre puede llegar a poseer la Verdad, esto es a Dios. Cualquiera que sea el punto de que se parta. Mientras no haya soberbia en la inteligencia y perversión en la carne; sino una búsqueda sincera de la verdad y de la luz. Pureza de fin y anhelo por Dios; cualquier hombre está ya en los caminos de Dios.

–                       Soberbia en la mente… Depravación en la carne… Maestro, entonces…

–                       Continúa lo que estás diciendo. Está bien…

Judas tergiversa todo y concluye:

–                       Luego, ellos no podrán llegar a Dios porque son depravados.

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–                       No era esto lo que querías decir, Judas. ¿Por qué has tergiversado el pensamiento y tu conciencia?  ¡Oh, cuán difícil es que el hombre suba a Dios! El obstáculo se encuentra en sí mismo; que no quiere confesar y reflexionar sobre sí mismo y sus defectos.

Es verdad también que muchas veces se calumnia a Satanás, echando sobre él la culpa de cualquier ruina espiritual. Y mucho más calumniado lo es Dios, a quien se achaca todo lo sucede. Dios no viola la libertad del hombre… Satanás no puede vencer una voluntad firme en el bien.

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En verdad os digo que el setenta por ciento de las veces, el hombre peca por su voluntadY no se levanta del pecado, porque evita el examinarse…Y aun cuando la conciencia con un movimiento imprevisto, se yergue ante él y le grite la verdad que no ha querido meditar, el hombre sofoca ese grito. Borra esa figura enérgica y afligida que se yergue ante su inteligencia.

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Altera con esfuerzos su pensamiento, al que había llegado la voz acusadora y rehúsa decir, por ejemplo: “Entonces nosotros… Yo… No podemos llegar a la Verdad, porque tenemos soberbia en la inteligencia y corrupción en la carne.”  Una soberbia verdaderamente rival de la satánica; en tal forma que los actos de Dios, se les juzga o se les pone obstáculos, cuando son contrarios a los intereses de los hombres y de los partidos. Este pecado hará que muchos en Israel se condenen.

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Judas dice muy firme:

–                       Pero no todos somos así.

–                       Es verdad. Hay corazones buenos, todavía y en todas las clases sociales. Más numerosos los hay entre la gente humilde del pueblo, que entre los doctos y ricos. ¿Cuántos? Teniendo en cuenta este pueblo de Palestina al que hace ya casi tres años que evangelizo y hago bien. ¡Y por el cual muero! Se ven más estrellas en un cielo nublado,  que corazones en Israel, deseosos de venir a mi Reino.

–                       ¿Y los gentiles? ¿Esos gentiles entrarán?

–                       No todos. Pero sí muchos. También entre mis discípulos…  No todos perseverarán hasta el fin.

–                       ¿Por qué dijiste al centurión, que lo volverías a ver sobre un monte? ¿Cómo haces para saberlo?…

Jesús mira a Judas fijamente, de una manera extraña. Una mirada que está envuelta parte en alegría, parte en tristeza.

Jesús responde:

–                       Porque será uno de los que estarán presentes cuando Yo sea levantado  y esté arriba. Y dirá a Gamaliel, el Gran Doctor de Israel, unas palabras severas pero verdaderas… Y desde ese momento, tomará su camino que lo llevará a la Luz…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONOCELA