Archivos diarios: 16/12/12

164.- LA SENTENCIA DE CAIFÁS


aurora-boreal-2Esa noche, en el palacio del Procónsul…

Eleazar logra hacerse anunciar con Pilatos y los pasan a una sala amplia y vacía. Sólo hay un trono, cubierto con un paño de púrpura que resalta en el color blanco del mármol, en donde… ¡No hay nada!… Únicamente el trono.

Los judíos miedosos y friolentos, están de pie en el pavimento blanco. No viene nadie. El silencio es absoluto. A intervalos se escucha el sonido de la música…

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Eleazar de Annás dice:

–                       Pilatos está en un banquete con sus amigos. La música viene del triclinio. Hará danzas en honor de los invitados…

Elquías responde con desprecio:

–                       ¡Corrompidos! Mañana me purificaré. La lujuria trasuda por estas paredes…

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Eleazar replica:

–                       Entonces, ¿Para qué viniste? Tú fuiste el de la idea…

Elquías responde teatral:

–                       Por el honor de Dios y por el bien de la patria, soy capaz de hacer cualquier sacrificio. ¡Y este es grande! Me había purificado, porque me acerqué a Lázaro… ¡Y ahora!… Día terrible el de hoy…

Pilatos no viene. Pasa el tiempo…

Eleazar se acerca a las puertas… Están cerradas. El miedo se apodera de ellos… Se lamentan de haber venido. Se sienten perdidos…

Finalmente entra Poncio Pilatos.

Viene con unos invitados con los cuales bromea y ríe. Entra con su lujosa vestidura blanca y da órdenes a un esclavo para qué eche esencias en un brasero y traiga perfumes y agua para lavarse las manos.

Hace que venga otro esclavo con el espejo y el peine… Y se acicala.

No se preocupa por los hebreos. Es como si no existiesen.

Éstos se encolerizan, pero no lo manifiestan…

Traen los braseros. Ponen resina sobre las brasas y vierten agua en las manos de los romanos. Otro esclavo les peina los cabellos.

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Los hebreos se mueren de rabia.

Los romanos ríen entre sí, diciendo picardías… De vez en cuando, miran al grupo que está esperando y uno de ellos habla a Pilatos, que no se ha volteado ni un instante a mirar a los judíos.

El Procónsul hace un gesto como de enfado con la espalda y a un esclavo le ordena que traiga pastelillos y que vengan las bailarinas…

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Los hebreos tiemblan de enojo y de escándalo. En su semblante se dibuja la ira, el sufrimiento y el odio.

Regresan los esclavos con lo solicitado y detrás vienen las bailarinas coronadas con flores. Sus magníficos cuerpos se revelan a través del velo transparente de sus provocativos atuendos…

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Los romanos admiran la gracia de los movimientos y Pilatos elogia la danza.

Elquías, enojado se voltea contra el muro, para no ver a las bailarinas que como gráciles mariposas, siguen el ritmo de la música.

Terminada la danza, Pilatos les ordena que se vayan. Y es entonces cuando se digna mirar a los hebreos.

Con voz fastidiada, dice a sus amigos:

–                       Y ahora deberé pasar del sueño a la realidad. De la poesía a la Hipocresía…  Del fastidio de la belleza, al fastidio de la vida.  Miserias que me tocan por ser Procónsul. Salve amigos. Y tened compasión de mí…

Se queda solo. Lentamente se acerca al trono y se sienta. Examina sus bien cuidadas manos. Después, con gran condescendencia…

Despacio…  Vuelve la cabeza. Sonríe malignamente al ver a los judíos inclinados de manera servil y…

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Pilatos con manifiesto desprecio hacia los que se consideran a sí mismos, sus amigos… dice:

–                       ¡Eh, vosotros!  ¡Sed breves! ¡No puedo desperdiciar mi tiempo con tonterías!   ¡Hablad payasos! ¡Y pronto!…

Elquías toma la palabra:

–                       Debes saber, ¡Oh, Poncio! Que en Bethania; un hombre hoy fue resucitado…

Pilatos contesta:

–                       Lo sé. ¿Habéis venido a anunciármelo? ¡Hace horas   que lo supe! ¡Feliz el que sabe lo que es morir… y lo que es volver de ultratumba!

Y… ¿Qué puedo hacer si Lázaro de Teófilo ha sido resucitado? ¿Acaso me trajo un mensaje del Hades?  -dice con glacial ironía.

Eleazar de Annás:

–                       No. Pero su resurrección es un peligro…

–                       ¿Para él? ¡Claro! Porque de nuevo tendrá que morir, lo que no es muy agradable. ¿Y yo que tengo que ver en eso? ¿Acaso soy Júpiter?

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Simón Boeto:

–                       El peligro no es para Lázaro, sino para el César…

–                       ¿Para…?  -Pilatos suelta una sonora carcajada-  ¿He bebido mucho?…  ¿Dijisteis para el César? ¿Y qué mal le puede hacer Lázaro a César? ¡Calmaos! ¡César está muy lejos!

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Sadoc:

–                       No se trata de esto. Es que al resucitar Lázaro, el emperador puede perder el trono…

–                       ¿Quitarle el trono a Tiberio? ¡Ja, ja, ja!…

Para Pilatos ha sido un gran chiste. Y se desternilla de risa, en clamorosas carcajadas…

Cuando deja de reír, dice con sorna:

–                       ¡Sólo esto me faltaba! Yo me acabo de tomar el más delicioso de los vinos… ¡Y sois vosotros los que estáis borrachos…

Y se vuelve a desternillar de risa…

Cuando se calma…

Pilatos dice con excelente humor:

–                       Ya veo que yo no soy el que está ebrio, sino vosotros… Tal vez el susto os ha hecho perder el juicio. Váyanse a casa. Un buen descanso y un baño caliente, es saludable contra el delirio…

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Elquías contesta muy solemne:

–                        No estamos delirando Poncio. Te decimos que si no tomas providencias, pasarás horas muy tristes. Se te castigará aun cuando el usurpador no te matare. Dentro de poco el Nazareno será proclamado Rey…

Rey del Mundo, ¿Comprendes?…  Tus mismos legionarios lo harán. ¿Qué siervo de Roma eres, si no te preocupas de su tranquilidad? ¿Quieres ver el imperio destruido y dividido por causa de tu inercia?

Sigue un largo y tenso silencio… Luego…

Pilatos se levanta  y ordena furioso:

–                       ¡Silencio! Hablo yo y os digo: ¡Estáis locos! Sois unos mentirosos y unos cobardes. Merecéis la muerte. ¡Largaos de aquí! ¡Asquerosos esclavos de vuestro interés! ¡De vuestro Odio! ¡De vuestra bajeza!…

Soy un representante imperial y trabajo por la fortuna de la patria. Vosotros sois los galeotes amarrados al banco e inútilmente tembláis.

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¡El Nazareno!… ¡Queréis que yo mate al Nazareno! ¿Queréis que lo encarcele?…

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¡Por Júpiter! Si para salvar a Roma y al divino emperador tuviese que meter en prisión a súbditos peligrosos o matarlos en donde yo gobierno; a los únicos que dejaría libres sería al Nazareno y a sus seguidores. Solo a ellos, ¿Habéis entendido?

¡Largaos y no vengáis a estorbar otra vez! Conozco todos vuestros engaños… ¡Revoltosos! ¡Agitadores! ¡Ladrones! ¡Conozco todas vuestras tácticas!… ¡Buitres asquerosos!…

Os morís de rabia por los impuestos de Roma y vosotros pagáis a los agitadores que pronto tendré en prisión, porque ya sé quiénes son…

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Tengo esperanzas de poder vivir muchos años, para poder veros cargados de cadenas. Esclavos entre esclavos, bajo el pie de Roma. ¡Yo soy el Procónsul y soy el que mando!¡Largaos sierpes nocturnas! ¡Vampiros!…

¿El Nazareno os quiere redimir? ¡Si fuese Dios os debería exterminar con sus rayos!…

¡Fuera! ¡Y no os atreváis a hacer una conspiración, porque probaréis el látigo!

Poncio golpea las puertas ante los pálidos sinedristas que no tienen tiempo para reaccionar y una partida de soldados los arroja del palacio…

Elquías y toda su pandilla… Regresan al Sanedrín.

Cuando relatan lo sucedido, la agitación es muy grande.

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Elquías y sus compinches gritan:

–                       ¡Y pese a todo, no podemos dejarlo vivir!

Sadoc exclama furioso:

–                       No podemos dejar que obre. Día tras día perdemos terreno. Si lo dejamos libre continuará haciendo milagros. Y todos creerán en Él…

Cananías:

–                       Los romanos terminarán por atacarnos y destruirnos completamente. Poncio piensa así… ¡Ya lo oísteis!…

Eleazar ben Annás dice:

–                       Está bien. ¿Pero cómo?… El camino legal el romano, no dio resultado. A Poncio no le preocupa el Nazareno. No lo considera un delincuente, porque Él no falta en nada…

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Caifás insinúa:

–                       Se inventa la culpa si es que no la hay…

Varios gritan al mismo tiempo con horror:

–                       Hacerlo así, es pecado.

–                       ¡Jurar en falso!

–                       ¡Condenar al Inocente!

–                       ¡Es… demasiado!

–                       ¡Es un crimen, porque significaría su muerte!

Caifás grita con odio mortal y astuto:

–                       ¿Y qué? ¿Os espanta esto? Sois unos estúpidos y no sois capaces de entender nada. Después de lo sucedido, Jesús debe morir. Y es mejor que muera un solo hombre por el pueblo y no que perezca toda la nación.Que muera Él para salvar a su pueblo. por otra parte… Él dice que es el Salvador… ¡Que se sacrifique pues, para salvar a todos!

Gamaliel objeta:

–                       Pero Caifás. Él…

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Caifás sentencia:

–                       Lo he dicho. El Espíritu del Señor está sobre mí, Sumo Sacerdote. Soy el Pontífice de Israel. ¡Basta de vacilaciones!

¡Ordeno y decreto que cualquiera que sepa en donde se encuentra el Nazareno, que venga a denunciar el lugar!  ¡Y que el anatema caiga sobre quien no obedezca mi palabra!

La sesión ha terminado. Convocad a todos para el viernes. 

Todos salen del Templo para dirigirse a sus hogares.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

163.- AGUIJÓN DEL DESPECHO


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Al día siguiente…

Si la noticia de la muerte de Lázaro había agitado Jerusalén y gran parte de la Judea; la de su resurrección terminó por estremecerla… Y penetró hasta donde no había llegado la de su muerte.

Las aclamaciones hebreas al Mesías y al Altísimo, se mezclan con las de los romanos: ¡Por Júpiter! ¡Por Pólux! ¡Por Libitina! Etc.  Pues todos hablan del extraordinario suceso.

Mannaém sale de su palacio, acompañado de Cusa que dice:

–                       ¡Extraordinario, extraordinario! Ya mandé la noticia a Juana. ¡Realmente Él es Dios!

Mannaém responde:

–                       Herodes vino desde Jericó a obsequiar a Poncio y parece un loco en su  palacio. Herodías está fuera de sí. Le grita que mande arrestar a Jesús. Ella tiene miedo de su poder y de Él por sus remordimientos… Castañetea los dientes, pidiendo a los de más confianza, que lo defiendan de los espectros. Se ha embriagado para darse valor y el vino le hace alucinar fantasmas…

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Grita diciendo que el Mesías también resucitó a Juan, quien lo maldice. Yo huí de ese infierno y le dije: ‘Lázaro ha resucitado por obra de Jesús Nazareno. Ten cuidado de no tocarlo porque es Dios’ Le conservo en este temor, para que no ceda en sus deseos homicidas.

–                       Yo voy a casa de Eliel y Elcana. Son grandes voces en Israel. Juana está contenta de que los honre…

–                       Son una buena protección tuya, Cusa. Pero no como la del Amor del Maestro. Es la única que tiene valor…

Cusa no replica. Piensa…

Y los dos se alejan sumidos en sus reflexiones.

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José de Arimatea, viene presuroso de Bezetha. Lo detiene un grupo de ciudadanos que le pregunta por la veracidad de la noticia…

José contesta:

–                       Es verdad. Es verdad. Lázaro ha resucitado y también está curado. Lo vi con mis propios ojos.

–                       Entonces… ¡Él es el Mesías!

–                       Sus obras son tan grandes. Su vida es perfecta. Los tiempos han llegado. Satanás lo combate. Cada quien resuelva en su corazón lo que es el Nazareno.  –responde José con prudencia y se va.

El grupo discute y concluye:

–                       En realidad, Él es el Mesías.

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Un grupo de legionarios conversa:

–                       Si mañana puedo, iré a Bethania.

–                       ¡Por Venus y Marte! Mis dioses preferidos…

–                       Aunque vaya a los desiertos que arden o a las heladas germanias, no encontraré alguien que haya resucitado ¡Jamás!…

–                       Quiero ver cómo es alguien que regresa de la muerte.

–                       Le preguntaremos como son los Prados de Asfódelo en el Hades…

–                       Si Poncio nos lo permite…

–                       ¡Oh, sí que lo permitirá! Al punto envió un correo a Claudia, para que venga.

–                       Claudia cree en el Nazareno y para ella es superior a cualquier hombre.

–                       Sí. Pero para Valeria es más que hombre… Es Dios.

–                       Una especie de combinación de Júpiter y de Apolo, por su poder y por su belleza.

–                       Y dicen que es más sabio que Minerva.

–                       ¿Lo habéis visto?

–                       Yo no sé. Es la primera vez que vengo…

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–                       Creo que has llegado a tiempo para ver muchas cosas. Hace poco, Poncio andaba gritando como Esténtor: “Aquí debe cambiar todo. deben comprender que Roma es la que manda y que ellos son sus siervos. Y cuanto más fuertes, más siervos porque son más peligrosos.” Creo que fue a causa de la tablilla que le mandó Annás…

–                       Después de los motines de los Tabernáculos, pidió y obtuvo el cambio de todas las guardias. Y por eso a nosotros nos toca irnos…

–                       Es verdad. Ya esperan en Cesárea la llegada de la galera que trae a Longinos y a su centuria.  Nuevos graduados, nuevos soldados… Y todo por culpa de esos cocodrilos del Templo. Yo estaba tan bien aquí…

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–                       Yo me sentía mejor en Brindis. Pero ya estoy aquí y me acostumbraré.

Ven pasar algunos guardias del Templo con tablas enceradas.

La gente los mira y comenta:

–                       El Sanedrín celebra reunión de emergencia.

–                       ¿Qué pretenderán hacer?

–                       Subamos al Templo para ver.

Y toman la calle que sube para el Moria. Pero pronto bajan enojados porque los echan fuera, aún de las puertas donde se detuvieron para ver pasar a los sinedristas.

El Templo está vacío. Desierto. Envuelto en la luz de la luna, se ve todavía más inmenso.

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Todos sus miembros van llegando poco a poco a la sala del Sanedrín. Entra Caifás con su cuerpo de sapo, obeso y malo. Se dirige a su puesto.

Empiezan a discutir sobre los acontecimientos y pronto se produce una apasionada algarabía. Gesticulan, gritan, debaten, discuten. Alguien aconseja calma y que se piense bien antes de tomar cualquier decisión.

Sadoc dice:

–                       Si perdemos a los judíos más importantes, ¿De qué nos sirve acumular acusaciones? Cuanto más Él viva, tanto menos se nos creerá si lo acusamos.

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Elquías confirma:

–                       Este hecho no puede negarse. No se puede decir a tanta gente que estuvo ahí: ‘Visteis mal. Fue una burla. Estabais ebrios.’

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En realidad él estaba muerto. Podrido. Deshecho. El cadáver fue puesto en el sepulcro que taparon bien. el muerto estaba bajo vendas y bálsamos, desde días antes. Estaba ligado y sin embargo salió de su lugar… Salió por sí solo, sin caminar, hasta la entrada.

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Y cuando le quitaron las vendas no tenía señales de haber muerto. Respiraba. No había nada de corrupción. Cuando vivía estaba lleno de llagas. Y cuando murió, deshecho.

Cananías agrega:

–                       Los judíos influyentes que llevamos para ganarlos, dijeron: ‘Para nosotros es el Mesías’ Y luego el pueblo…

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Eleazar dice furioso:

–                       Y estos malditos romanos con sus fábulas, ¿Dónde los meteréis? Para ellos es el Júpiter Máximo. ¡Y si se les mete esa idea! Anatema sobre quién quiso que hubiera helenismo entre nosotros y se contaminó por adulación con costumbres ajenas.

Elquías argumenta:

–                       Pero esto también sirve para conocer y sabemos que el romano es listo en destruir y en ensalzar valiéndose de conjuraciones y golpes de estado. Ahora si alguno de esos locos se entusiasma con el Nazareno y lo proclama César y por lo tanto, Divino, ¿Quién lo va a tocar después?

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Doras replica:

–                       No, hombre. ¿Quién quieres que lo haga? Ellos se burlaron  El y de nosotros. Por grande que sea lo que hace, para ellos es siempre ‘Un hebreo’ y por lo tanto, un  miserable. ¡Oye, hijo de Annás; el miedo te está entorpeciendo!

Eleazar responde:

–                       ¿El Miedo? ¿Sabes cómo respondió Poncio a la invitación de mi padre? Está muy preocupado por esto último y teme al Nazareno. ¡Desgraciados de nosotros! ¡Ese Hombre ha venido para ser nuestra ruina!

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Simón Boeto agrega:

–                       ¡Si no hubiéramos ido allí y no hubiéramos invitado a los judíos más poderosos e importantes!  ¡Si Lázaro hubiera resucitado sin testigos!…

Eleazar:

–                       ¿Y qué con ello? ¿Iba a cambiarse algo? No íbamos a hacerlo desaparecer para hacer creer que seguía muerto…

Simón:

–                       Eso no. Pero podíamos decir que su muerte fue una farsa. Siempre se encuentran testigos pagados, para decir lo que se quiere…

Eleazar:

–                       Pero, ¿Por qué hemos de estar intranquilos? No veo la razón. ¿Acaso ha atacado al Sanedrín y al Pontificado? ¡No!  Solo se limitó a hacer un milagro…

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Sadoc:

–                       ¿Se limitó? ¿Acaso eres un vendido Eleazar?  ¿Qué no ha lanzado ningún ataque contra el Sanedrín y el Pontificado? ¿Y qué más quieres? La gente…

Nicodemo:

–                       La gente puede decir lo que se le ocurra. Pero las cosas son como las dice Eleazar. El Nazareno no hizo más que un milagro…

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Doras:

–                       Ved a otro que lo defiende. ¡No eres justo, Nicodemo! ¡Ya no eres un justo! Esto es un acto contra nosotros. ¿Comprendes?…  Nada persuadirá más a la gente. ¡Ah, desgraciados de nosotros! Hoy en este día, algunos judíos me befaron. ¡Yo befado! ¡Yo!

Simón:

–                       Cállate Doras. Tú no eres más que un hombre. La idea es la que sigue atacada.

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–                       ¡Nuestras leyes! ¡Nuestras prerrogativas!

Sadoc:

–                       Dices bien Simón. Hay que defenderlas.

–                       ¿Cómo?

–                       Ofendiendo. Destruyendo las suyas.

–                       Es fácil decirlo Sadoc. ¿Y  cómo vas a destruirlas, si por ti mismo no puedes siquiera revivir un mosquito?

–                       Lo que nos hace falta es un milagro como el que hizo. Pero nadie de nosotros puede hacerlo porque…  -se calla.

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José de Arimatea termina la frase:

–                       Porque nosotros somos hombres. Solamente hombres… 

Se arrojan contra él, preguntando:

–                       ¿Y entonces que es Él?

José de Arimatea contesta con firmeza:

–                       Él es Dios. Si alguna duda me quedaba…

Elquías:

–                       Pero no las tenías. Lo sabemos, José. Lo sabemos…  Di también claramente que lo amas.

Gamaliel:

–                       No hay nada de malo si José lo ama. Yo mismo lo reconozco como el más grande Rabí de Israel.

Cananías:

–                       ¡Tú! ¿Tú Gamaliel, dices esto?

–                       Lo afirmo. Me siento honrado de que Él haya tomado mi lugar. Hasta ahora había conservado la tradición de los grandes rabinos, el último de los cuales fue Hillel. Pero después de mí no había podido encontrar quien pudiera recoger la sabiduría de los siglos. Ahora me voy contento porque sé que no morirá, sino que crecerá más porque aumentará con la suya, en la que ciertamente está el Espíritu de Dios.

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Sadoc:

–                       ¿Pero qué estás diciendo Gamaliel?

–                       La verdad. No con cerrar los ojos se puede ignorar lo que somos. Ya no somos sabios, porque el principio de la sabiduría es el temor de Dios. Y nosotros no lo tenemos. Si lo tuviésemos no aplastaríamos al Justo. No estaríamos ávidos de las riquezas del mundo. Dios da y Dios quita, según los méritos y los deméritos. Si Dios nos quita ahora lo que nos había dado para darlo a otros, sea Bendito porque el Señor es Santo y todas sus acciones son santas.

Elquías:

–                       Nosotros estábamos hablando de los milagros y quisimos decir que ninguno de nosotros puede hacerlos, porque con nosotros no está Satanás.

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Gamaliel:

–                       No es así…  Es porque con nosotros no está Dios. Moisés dividió las aguas y abrió el peñasco. Josué detuvo el sol. Elías resucitó a un niño e hizo llover, pero Dios estaba con ellos. Os recuerdo que hay seis cosas que Dios odia y la última la aborrece del todo: ojos altaneros, lengua mentirosa, manos que derramen sangre inocente, corazón que maquina planes perversos, pies ligeros para hacer el mal y a quién siembra discordias entre sus hermanos. Nosotros estamos haciendo todas estas cosas. Nosotros digo, pero sois vosotros los que las hacéis, porque yo me abstengo de gritar: ¡Hosanna! Y de gritar: ¡Anatema! Yo espero…

Sadoc:

–                       ¡La Señal! ¡Comprendido! ¡Tú esperas la Señal! ¿Pero qué señal puedes esperar de un pobre loco, aun cuando no quisiéramos condenarlo?

Gamaliel levanta los brazos. Cierra los ojos inclinando ligeramente la cabeza. Hierático, con una voz que parece lejana, continúa hablando:

–                       Con todas las ansias he preguntado al Señor que me indicase la verdad y Él se ha dignado iluminarme, las palabras de Jesús ben Sirac: “el Creador de todas las cosas me habló y me dio sus órdenes. El que me creó reposó en mi tienda y me dijo: habita en Jacob. Tu herencia sea Israel hecha tus raíces entre mis elegidos…

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Venid a Mí todos los que me deseáis y saciaos de mis frutos. Porque mi espíritu es más dulce que la miel y mi herencia, más que el panal. Mi recuerdo permanecerá en las generaciones por venir. Quién me comiere, tendrá hambre de Mí y quien me bebiere tendrá sed de Mí. Quien me escucha, no tendrá por qué avergonzarse y quién trabaja por Mí, no pecará. Quién me dé a conocer, tendrá la Vida Eterna.”

Esto me lo ha iluminado Dios. Pero ¡Ay! La Sabiduría que está entre nosotros, es demasiado grande para que se le comprenda y se acepte… Esto me ha hecho leer Yeové el Altísimo…  -Gamaliel baja los brazos y levanta la cabeza.

Elquías:

–                       ¿Entonces para ti es el Mesías? ¡Dilo!

–                       No.

–                       ¿No? ¿Entonces qué cosa es para ti? Un demonio, no. Un ángel, no. El Mesías, no…

Gamaliel dictamina lentamente:

–                       El Es, el que Es…

Inmediatamente reclaman:

–                       ¿Deliras?

–                       ¿Es Dios?

–                       ¿Es Dios para ti ese loco…?

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–                       El Es el que Es. Dios sabe que El Es. Nosotros vemos sus obras. Dios ve aún sus pensamientos. Pero no es el Mesías. Porque para nosotros Mesías quiere decir Rey. Él no lo es, ni lo será jamás. Es Santo. Sus obras son de un santo. No podemos levantar la mano sobre el Inocente, sin cometer pecado. Y yo no

aprobaré este pecado.

Sadoc:

–                       Pero con esas palabras, casi has dicho que es el Esperado.

–                       Lo dije. Mientras duró la Luz del Altísimo, así lo vi.… Luego, cuando dejé de tener al Señor de su mano, volví a ser el hombre y sus palabras no fueron más que palabras del Hombre de Israel…

Cananías grita:

–                       No hacemos más que hablar. Estamos divagando y perdiendo el tiempo.

Sadoc confirma:

–                       Dices bien. Hay que decidirse por la acción.  Salvarse y triunfar.

Elquías:

–                       Dijisteis que Pilatos no quiso escuchar cuando le pedimos su ayuda contra el Nazareno. Pero si le hiciéramos saber…

–                       También dijisteis que los soldados se exaltan y podrían proclamarlo César…

–                       ¡Eh, eh! ¡Excelente idea! Haremos ver al Procónsul este peligro. Seremos honrados como fieles siervos de Roma y…

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Cananías:

–                       Si conviene, nos desharemos de Él.

Elquías:

–                       Vamos. Tú Eleazar de Annás, que eres su amigo. Llévanos. Sé nuestro jefe.   –y Elquías ríe traidoramente.

Titubean…  Pero un grupo de los más fanáticos se apresta para salir a la Torre Antonia.

Se queda Caifás con los demás…

Nicodemo y José exclaman:

–                       ¡A esta hora!

–                       ¡No serán recibidos!

Caifás replica:

–                       Al contrario. Es la mejor. Después de haber comido y bebido como lo hacen los romanos… Poncio estará de mejor humor.

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Y se van.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA