229.- RAZÓN DE LOS PORQUÉ


1Aurora-Borealis-Alaska

Es lunes de Pascua, por la noche en el Cenáculo…

Ha sido un día extraordinario y cargado de emociones… La mayoría de los que vinieron se han retirado felices y exhaustos… Sólo están los diez apóstoles que han terminado de cenar… Sobre los platos quedan los restos de pescado y dan sorbos a las copas de vino, mientras hablan.

Sus palabras son breves, como si monologasen consigo mismos y mutuamente dejan que cada uno siga hablando, sin hacerle caso al otro. Están ansiosos y a la vez temerosos… Pero la conversación gira alrededor de Jesús.

Tadeo afirma:

–                       Longinos dijo que había pensado: ¿Debo pedirle que me cure o que crea? Su  corazón le respondió que pidiese ‘poder creer’ y eso pidió. Y la Voz de Él le dijo: “Ven a Mí”. Y experimentó la voluntad de creer y se sintió curado. Así me lo dijo.

Mateo, que está a su lado, pregunta:

–                       ¿A qué hora dijo Valeria y las romanas que lo habían visto?

Nadie responde.

Andrés:

–                       Mañana voy  a Cafarnaúm.

Silencio.

Bartolomé se felicita:

–                       ¡Qué maravilla! Coincidir exactamente en el momento en que llegó la litera de Claudia.

2claudiaprocula

Juan suspira:

–                       Pedro, hicimos mal en habernos venido inmediatamente… Si nos hubiéramos quedado, lo habríamos visto como Magdalena.

Santiago de Zebedeo:

–                       No comprendo cómo pudo estar en Emaús y en el palacio de Juana al mismo tiempo. Y cómo aquí, dónde está su Madre. Allá dónde estaba Magdalena… Y luego Valeria…

Pedro:

–                       No vendrá. No he llorado lo suficiente para merecerlo… Tiene razón. Pero, ¡Cómo! ¡Cómo pude haber hecho eso!

Zelote:

–                       ¡Qué transfigurado estaba Lázaro! Os aseguro que parecía un sol. Me imagino que le pasó lo mismo que a Moisés, después de que vio a Dios. ¿No es verdad vosotros, que os encontrabais allí?

Nadie lo escucha.

Santiago de Alfeo se vuelve a Juan y le pregunta:

–                       ¿Cómo dijo a los de Emaús? Me parece que nos excusó, ¿No es verdad? ¿No dijo que todo había sucedido porque nosotros los israelitas comprendemos mal la naturaleza de su Reino?

3emaus

Juan no responde.

Y volviéndose a mirar a Felipe,  habla al aire porque a Felipe no se dirige:

–                       A mí me basta saber que ha resucitado. Oraré porque mi amor sea cada vez más grande. Porque si pensáis bien; ha ido en proporción al amor que le tenemos. Primero a su Madre, a María Magdalena, luego los niños, a mi madre y la tuya; luego Lázaro, Martha… Los romanos… ¿Cuándo se apareció a Martha? Estoy seguro que cuando se puso a cantar el Salmo: “El Señor es mi pastor…”

¿Recuerdas cómo nos maravilló con su inesperado canto? ¡Qué bueno que ya encontró nuevamente su camino! Antes andaba como sin saber qué hacer… Pero, ¿Qué habrá querido decir con esponsalicios confirmados?

Felipe, que por un momento lo miró y luego dejó que hablara solo… Da un suspiro y piensa en voz alta…

Felipe monologa:

–                       No sabré qué decirle si viene… Huí… Y me parece que huiré. Antes lo hice por temor a los hombres, ahora será por temor a Él.

Bartolomé se pregunta:

–                       Dicen todos que es hermosísimo. Pero, ¿Puede ser más bello de lo que ya era?

Mateo:

–                        Yo le diré: ‘Me perdonaste sin decir palabra alguna, cuando yo era publicano. Perdóname también ahora con tu silencio; porque mi cobardía no merece que me hables.’

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Zelote suspira:

–                       Yo no puedo dejar de pensar en Lázaro que al punto se le premió, después de haber ofrecido su vida… También yo lo he dicho: ‘Mi vida por tu gloria’ Pero no ha venido…

Pedro:

–                       ¿Qué estás diciendo Simón? Tú que eres culto, dime. ¿Qué debo decirle para darle a entender que lo amo y que le pido perdón? Tú Juan. Tú has hablado mucho con su Madre. Ayúdame. ¡No está bien dejar solo al pobre de Pedro!

Juan se compadece de su atribulado compañero y responde:

–                       De mi parte le diría sencillamente: ‘Te Amo’ En el amor está incluido todo el arrepentimiento y también el deseo de ser perdonado. Pero… no sé. Simón, ¿Qué dices tú?

Zelote responde:

–                       Yo pronunciaría el grito que provocaba los milagros: “¡Jesús, ten piedad de mí!” Y basta.

Pedro se angustia:

–                       En esto pienso y es lo que me hace temblar. ¡Oh! Me siento aniquilado por la vergüenza y el arrepentimiento… Aún ésta mañana tenía miedo de verlo. No me atrevo a enfrentarlo y…

Juan le da ánimos:

–                       Y fuiste el primero en entrar. No tengas miedo. Parece que no lo conocieras.

De pronto, la habitación se ilumina como si un relámpago hubiese penetrado en ella.  Los apóstoles se tapan las caras temiendo un rayo. Pero al no oír el estruendo. Levantan la cabeza.

Jesús está en medio de la habitación, junto a la mesa.

Abre los brazos diciendo:

–                       La paz sea con vosotros.

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Nadie responde.

Todos lo miran asombrados. Quién con la palidez o con la vergüenza, con miedo y con reverencia. Se sienten atraídos y al mismo tiempo deseosos de huir.

Jesús, con una gran sonrisa, da un paso adelante.

Y dice:

–                       No tengáis miedo. Soy Yo. ¿Por qué estáis acobardados? ¿No teníais deseos de verme? ¿No os había dicho que regresaría? ¿No os lo dije hasta la tarde de la Pascua?

Nadie se atreve a hablar. Pedro ha empezado a llorar. Juan sonríe. Los dos primos lo miran con los ojos brillantes y con un intento de decir algo que se queda solo en sus labios. Parecen dos estatuas representando el deseo.

Jesús dice:

–                       ¿Por qué dentro de vuestros corazones, traban lucha la duda y la Fe? ¿El amor y el temor? ¿Por qué queréis seguir siendo carne y no espíritu? Soy Jesús. Vuestro Jesús Resucitado.  –Levanta sus manos mostrando las llagas por ambos lados. Y agrega-  ¡Mirad! Tú que viste mis heridas y vosotros que no las visteis. Porque sabed que esto es muy diferente de lo que Juan vio.

Tú primero. Ven, estás completamente limpio. Tanto que puedes tocarme sin temor. El amor, la obediencia, la fidelidad, te han purificado del todo. Mi Sangre, con la que bañaste cuando me bajaste del patíbulo, completó todo.

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Mira. Son mis propias manos, mis propias heridas. Contempla mis pies. ¿Ves cómo ésta es la señal del clavo?

Sí. Soy Yo. No soy un fantasma. Tocadme. Los espectros no tienen cuerpo. Yo tengo un cuerpo verdadero.  –Pone su mano sobre la cabeza de Juan que se le ha acercado- ¿Sientes? Tiene calor y es pesada. –Le sopla a la cara- Y esto es aliento.

Juan murmura:

–                       ¡Oh, Señor mío!

Jesús dice:

–                       Sí. Vuestro Señor. Juan no llores de miedo, ni de deseo. Ven a Mí. Soy quien siempre te ama. Sentémonos, como siempre, a la mesa. ¿Tenéis algo que comer? Dádmelo entonces.

Andrés y Mateo, caminando como sonámbulos: toman de la alacena pan y pescado asado. Y un tarro con miel apenas abierto, que está a un lado.

Jesús ofrece el alimento y come. Da a cada uno, un pedazo de lo que come. Los mira. Es Bueno; pero tan inmensamente Majestuoso, que están paralizados.

Santiago de Zebedeo es el primero que se atreve a hablar:

–                       ¿Por qué nos miras así?

Jesús contesta:

–                       Porque quiero conoceros.

–                       ¿Todavía no nos conoces?

7jesus-resucitado

–                       Igual que vosotros que no me conocéis. Si me conocierais, sabríais Quién Soy, cuánto os amo y encontraríais palabras para hablarme de vuestro tormento. Estáis callados, como lo estaríais enfrente de un desconocido, cuyo Poder imagináis y por eso teméis. Hace unos momentos hablabais… He venido y ahora os calláis. ¿Estoy tan cambiado que no me parezco? ¿O estáis tan cambiados que ya no me amáis?

Juan, que está cerca de Jesús, reclina su cabeza sobre su pecho, como solía hacerlo antes. Y con voz queda dice: ‘Te amo, Dios mío.’ Pero se estremece por haberse atrevido a recargar su cabeza sobre el resplandor que mana de Jesús, pese a que la carne de su Cuerpo, es semejante a la nuestra.

Jesús lo atrae sobre su corazón y entonces Juan se entrega libremente a un llanto de felicidad.

Esta es la señal para que todos se acerquen.

Pedro se desliza entre la mesa y el asiento y llorando, de rodillas le suplica:

–                       ¡Perdón! ¡Perdón! Sácame de este infierno en el que desde hace tantas horas me debato. Dime que comprendiste que mi error no fue error de mi corazón, sino de mi debilidad humana que se impuso sobre él. Dime que has visto mi arrepentimiento… Que hasta la muerte me durará…

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Jesús le dice:

–                       Ven aquí, Simón de Jonás.

–                       Tengo miedo.

–                       Ven aquí. No quieras ser ahora cobarde.

–                       No merezco acercarme a Ti.

–                       Ven aquí. ¿Qué te dijo mi Madre? “Si no lo miras en este Sudario, no tendrás el valor de mirarlo otra vez.” ¡Eres un necio! ¿Con mi rostro, con mi dolorosa mirada, no te decía que te comprendía y que te perdonaba? Regalé ese lienzo para consuelo, para guía, para absolución y bendición…

¿Qué cosa os ha hecho Satanás, para cegaros en tal forma? Ahora Yo te digo: Si no me miras ahora, que sobre Mí he puesto un velo para ponerme al alcance de vuestra debilidad; jamás podrás venir a Mí, tu Señor, sin temor. ¿Y entonces qué cosa te volverá a traer? Pecaste por presunción, ¿Quieres pecar ahora por obstinación? Ven. Te lo mando.

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Pedro se arrastra sobre sus rodillas, con las manos cubriendo su cara llena de lágrimas. Cuando llega a los pies de Jesús, Él lo detiene poniéndole una mano sobre su cabeza.

Pedro, con lágrimas más abundantes, toma esa mano y se la besa…

Mientras dice sollozando:

–                       ¡Perdón! ¡Perdón! ¡Oh, Dios mío, perdón!

Jesús quita su mano y con ella levanta la cara del apóstol. Lo mira en esos ojos enrojecidos, quemados, destrozados por el arrepentimiento. La mirada de Jesús parece querer llegar hasta el fondo de su alma.

Luego dice:

–                       Vamos. Quítame el oprobio de Judas. Bésame dónde él me besó. Quítame con tu beso, la huella de su Traición.

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Pedro levanta su cabeza al mismo tiempo que Jesús se inclina y le besa en la mejilla… después se reclina sobre las rodillas de Jesús y se queda en esta posición. Como un anciano que se comporta cual niño que sabe que ha hecho mal, pero que sabe que ha sido perdonado.

Los demás, al ver la Bondad de Jesús, encuentran fuerzas para acercarse. Los primeros son sus primos. Quisieran decir tantas cosas… Pero no logran decir ni una palabra.

Jesús los acaricia y los anima con su sonrisa.

Luego se acercan Andrés y Mateo.

Mateo dice:

–                       Como en Cafarnaúm…

Y Andrés:

–                       Yo… yo… te amo.

Bartolomé entre lágrimas:

–                       No fui un docto, sino un necio. Éste sí que lo fue.  –y señala a Zelote a quién Jesús sonríe.

Santiago de Zebedeo dice a su hermano, Juan:

–                       Díselo tú…

Jesús se vuelve y dice:

–                       Hace cuatro noches que lo dices y siempre he tenido compasión de ti.

Felipe muy inclinado, es el último en acercarse; pero Jesús le obliga a levantar la cabeza…

Y le dice:

–                       Para predicar al Mesías, se necesita mucho valor.

Ahora todos están alrededor de Jesús. Poco a poco ganan confianza. Vuelve la tranquilidad.

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La Majestad de Jesús es tan grande, que les impone un sumo respeto.

Pero poco a poco, ellos atraviesan el límite que les imponía y empiezan a hablar.

Su primo Santiago se lamenta:

–                       ¿Por qué nos has hecho esto, Señor? Sabías que somos nada y que todo viene de Dios. ¿Por qué no nos diste las fuerzas para estar a tu lado?

Jesús lo mira y sonríe.

Zelote:

–                       Ahora todo se ha cumplido y nada tienes que padecer. Tus sufrimientos los imaginaba y esto acabó con mis fuerzas. Sentía que me ahogaba, pero te obedecí…

Jesús lo mira y sonríe.

Andrés:

–                       Señor. sabes lo que mi corazón anhelaba. Pero después me faltó todo. Como si me lo hubiesen arrebatado, los verdugos que te aprehendieron. Y solo me quedó un agujero en la mente… ¿Por qué has permitido esto, Señor?

Felipe:

–                       Tú hablas del corazón… Yo me sentí como si hubiese perdido la razón, después que me dieran un mazazo en la nuca. De pronto en la noche me encontré en Jericó. ¡Oh, Dios, Dios! Me imagino que así será la posesión. ¡No supe ni cómo había llegado allá!

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Bartolomé:

–                       Felipe tiene razón. Yo miraba hacia atrás. Estaba tan aturdido, que no sabía nada de nada. Miraba a Lázaro cruelmente atormentado, pero muy seguro. Y me decía: ‘¿Por qué él puede estar así y yo no?’

Santiago de Zebedeo:

–                       También yo miraba a Lázaro y decía: ‘Si por lo menos mi corazón fuera así.’ Porque yo solo experimentaba dolor, dolor y más dolor. Lázaro sufría, pero tenía paz.

Jesús los mira a cada uno de los tres y sonríe. Pero no dice nada.

Tadeo:

–                       Traté de ver lo que Lázaro veía. Pero no pude. Por eso me mantenía cerca de él. ¡Su cara parecía un espejo! Un poco antes del terremoto del viernes, la tenía como si estuviera aplastado. Y luego de pronto, cobró un aire de majestad en su dolor.

¿Recordáis cuando dijo: ‘El deber cumplido, produce Paz’? Todos pensamos que era un reproche dirigido contra nosotros. Ahora pienso que lo dijo por Ti. Lázaro fue un faro en nuestras tinieblas. ¡Cuánto le has dado, Señor!

Jesús sonríe y calla.

13resu-lazaro

Andrés confirma:

–                       Sí. La vida. Tal vez con ella le diste un alma diferente. Porque pensándolo bien, ¿En qué se diferencia de nosotros? Y sin embargo no es solo un hombre. Es algo superior. Por lo que fue en el pasado, debía ser menos perfecto en su espíritu. Pero ha logrado serlo. Y nosotros… Señor… mi amor ha sido como una espiga vacía. Sólo produce paja.

Mateo:

–                       No puedo pedir nada, porque ha sido mucho lo que he obtenido con mi conversión. Pero, ¡Sí! Yo hubiera querido lo que tuvo Lázaro. Un corazón entregado a Ti. También yo pienso como Andrés…

Juan:

–                       También Magdalena y Martha fueron como faros. Vosotros no las visteis. Una era piedad y silencio. ¡La otra! ¡Oh! Si estuvimos juntos como un manojo de paja, alrededor de la Virgen, es porque Magdalena lo hizo con el fuego de su amor intrépido. Sí. El amor. Nos han superado en amar… Por esto fueron lo que fueron.

-1en bethania

Jesús continúa sonriendo y sin decir una palabra.

Los apóstoles dicen al mismo tiempo:

–                       Pero han sido grandemente recompensados…

–                       Tú dejaste que te vieran.

–                       Los visitaste primero.

–                       A los pastores y a los discípulos…

–                       A María después de tu Madre…

–                       A Juana, a las romanas y a los militares romanos.

Es indudable que en sus palabras se trasluce el tono de un cierto reproche, por estas personas privilegiadas.

Que se hace más evidente en los que hablan luego, conforme se van atreviendo a más…

Felipe:

–                       Magdalena sabe desde hace muchas horas que has resucitado. Ha transcurrido todo el Domingo…  Y nosotros sólo ahora podemos verte…

Tadeo:

–                       No más dudas en ellos. Pero en nosotros, ¡Cuántas!… Mira. Sólo ahora comprendemos que nada ha terminado. Si todavía nos amas y no nos rechazas… ¿Por qué entonces, solo a ellos; Señor?

Pedro:

–                        Sí. ¿Por qué a las mujeres y sobre todo, a María Magdalena? Le tocaste la frente. Ella asegura que le parece llevar una guirnalda eterna. Y a nosotros tus apóstoles, nada…

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La sonrisa desaparece del rostro de Jesús.

Mira seriamente a Pedro y dice:

–                        Tenía Yo Doce discípulos. Los amaba con todo mi corazón. Los había elegido. Y como una madre cuidé de que crecieran durante mi vida. No tenía secretos para ellos. Todo les decía, les explicaba, les perdonaba. Tenía discípulos…  Había ricos y pobres. Tenía mujeres discípulas de un pasado turbio y de frágil constitución. Pero mis predilectos eran los apóstoles.

Llegó mi Hora…

16tristeza mortal

Uno me Traicionó y me entregó a los verdugos. Tres se echaron a dormir, mientras Yo sudaba sangre…

1JESUS EL ANGEL Y SUS DICIPULOS DURMIENDO

Todos menos dos, huyeron cual cobardes. Uno me negó por temor, no obstante el ejemplo del otro, joven y fiel…  Y como si no fuera suficiente, entre los Doce he tenido un suicida desesperado y otro que ha dudado de tal forma de mi Perdón, que no quiso creer en la Misericordia de Dios, pese a las palabras de mi Madre.

Si tuviera que ver a mis seguidores con ojos humanos, tendría que asegurar: ‘Fuera de Juan, fiel en el amor y de Simón, fiel en la obediencia, ya no tengo apóstoles.’ Esto debería haber dicho cuándo padecía en el recinto del Templo, en el Pretorio, por las calles de Jerusalén, en la Cruz.

18-Jesus being nailed to the cross - by William Hole

     Había mujeres… Una, la más pecadora en el pasado, fue la llama que soldó las fibras deshechas de los corazones. Esa mujer es María de Mágdala.

Tú me negaste y huiste. Ella desafió la muerte para estar cerca de Mí. Al sentirse insultada se levantó el velo, para recibir los escupitajos  y burlas, pensando que así se asemejaba más a su Rey Crucificado.

19magdalena

En el fondo de los corazones era objeto de burla porque creía en mi resurrección y pese a ello siguió creyendo. Destrozada ha vuelto a reaccionar…  Y por la mañana pese a su Dolor dijo: ‘De todo me despojo, pero dadme a mi Maestro.’ Puedes repetir tu pregunta: ¿Por qué a ella?

20RESURRECCION

Tuve discípulos pobres, que eran los pastores. Pocas veces tuve la oportunidad de estar cerca de ellos y sin embargo no dudaron en proclamar su fidelidad.

21pastores

Tuve discípulas tímidas, como lo son todas las mujeres hebreas. Y con todo, no vacilaron en abandonar sus casas y avanzar en medio de la marea del odio de un pueblo que me blasfemaba, con tal de darme esa ayuda que mis apóstoles me negaron…

Tenía el rostro cubierto de escupitajos y de sangre. Lágrimas y sudor corrían por mis heridas. Suciedad y polvo lo cubrían. ¿Cuál fue la mano que lo limpió?

22compasion

Ninguna de las vuestras. Éste estaba junto a mi madre. Éste juntaba a las ovejas dispersas. ¿Cómo podían ayudarme?

Tú escondiste tu cara por miedo al desprecio del mundo, mientras tu Maestro se cubría con él. A esa delicada mano de mujer, le di el regalo de mi sonrisa.

24veronica

Tuve paganas que admiraban al ‘filósofo.’ Porque eso era para ellas. Y cuando todo un mundo de ingratos me había abandonado… Ellas, las poderosas romanas; no tuvieron empacho en aceptar las costumbres hebreas, para decirme: ‘Somos tus amigas’

23An_Audience

Me moría de sed. La fiebre y el dolor se habían apoderado de Mí. Ya había manado Sangre de Mí, en el Getsemaní por el Dolor de ser Traicionado, abandonado, negado, azotado, sumergido por las culpas infinitas y por el Rigor de Dios. También corría sangre en el Pretorio…

¿Quién quiso dar una gota de agua a mi garganta que ardía de sed? ¿Una mano de Israel? No. Un pagano compasivo. La misma mano que por decreto eterno, me abrió el pecho para mostrar que el corazón tenía ya una herida mortal.

Y era que la falta de amor, la cobardía, la Traición; ya la habían abierto. Fue un pagano. Os lo recuerdo: “Tuve sed y me dio de beber” En todo Israel no hubo Uno, que me hubiese dado un solo consuelo.

25rostro de cristo

O porque no podían, como mi Madre, las mujeres fieles y los pastores. O por mala voluntad.

Y un pagano tuvo para el Desconocido, un gesto de compasión que mi pueblo no me dio. En el Cielo encontrará el sorbo de agua que me dio…

En verdad os digo que sí rechacé todo consuelo, porque cuando se es víctima no conviene templar la suerte. No quise rechazar lo que me ofrecía el pagano; porque en ello probé la miel de todo el amor que los gentiles me brindarán, en recompensa de toda la amargura que me hizo beber Israel.

No me quitó la sed. Pero sí el desconsuelo. Acepté ese sorbo, para atraer hacia Mí, al que ya se inclinaba hacia el Bien. ¡Que el Padre lo bendiga por su compasión!

26longinos

¿No habláis más? ¿Ya no me preguntáis porqué he procedido como lo hice? No os atrevéis ¿Verdad? Os lo diré. Os diré los porqués de esta Hora.

¿Quiénes sois? Mis continuadores. Los sois pese a vuestro extravío. ¿Qué debéis hacer? Convertir al Mundo al Mesías. ¡Convertirlo! Es la cosa más delicada y difícil, amigos míos. Los desprecios, las burlas, el orgullo, el celo exagerado, son cosas que se opondrán al éxito.

Pero como nada, ni nadie os hubiese convencido para que usaseis bondad, condescendencia y caridad;  para con los que están en las Tinieblas. Fue necesario, ¿Comprendéis?…

27Getsemani-oracion-del-huerto-traicion-de-Judas1

Que después de que se hubiera aplastado vuestro orgullo de hebreos, de varones, de apóstoles.  Tuvieseis la Humildad, para comprender la verdadera sabiduría y la grandeza de vuestro ministerio… Y creciese en vosotros la mansedumbre, la paciencia, compasión y el amor sin límites.

¿Veis que aquellos que mirabais con desprecio o con orgullosa compasión, os han superado en la Fe y en el Obrar? Todos. La pecadora de otros tiempos… Lázaro, aficionado a la cultura profana, fue el primero que perdonó y guió. Las mujeres paganas, desafiaron un pueblo enloquecido por el Odio…

28romanas

La débil mujer de Cusa. ¿Débil? En verdad que a todos os supera. Es la primera mártir de mi Fe…  Los soldados de Roma. Los pastores. El herodiano Mannaém y hasta Gamaliel el rabino…  No te estremezcas Juan. ¿Crees que mi espíritu estaba en las Tinieblas?

Y esto os ha sucedido, para que el día de mañana al recordar vuestro error, no cerréis vuestro corazón a quien se acerca a la Cruz. Y sin embargo Yo sé que no lo haréis hasta que la Fuerza del Señor, no os haya revestido con su Fuego.

29Crucifixion-Christ-Cross-Mormon

Pedro. En lugar de estar llorando, tú que debes ser la Piedra de mi Iglesia, grábate ésta verdad en el corazón: La mirra se emplea para preservar de la corrupción, llénate de su amargura. Y cuando quieras cerrar tu corazón y la Iglesia a uno de otra fe, recuerda que no fue Israel…  No Israel, sino Roma; quién me defendió y tuvo piedad…

Acuérdate que no fuiste tú, sino una pecadora, la que tuvo la osadía de estar a los pies de la Cruz y por eso mereció ser la primera en verme.

30magdalena

Y para que no te hagas digno de una reprensión, Imita a tu Dios. Abre tu corazón y la Iglesia diciendo: “Yo el pobre Pedro no puedo despreciar, porque si lo hiciere; Dios me despreciará y mi error tornará cual es, ante sus ojos” ¡Ay de ti si no te hubiera reducido a este estado! Serías un Lobo y no un Pastor. 

Jesús, revestido con toda su imponente majestad se pone de pie…

Hijos míos, os hablaré más veces, mientras esté con vosotros. Entre tanto os absuelvo y os perdono. Después de la Prueba que si  fue cruel y avasalladora… También fue necesaria y saludable.

31Carl_Heinrich_Bloch_-_Consolator

Descienda sobre vosotros la paz del Perdón. Y con ella en el corazón volved a ser mis amigos fieles y fuertes. Mi Padre me envió al Mundo. Yo os mando a él, para que continuéis mi Evangelización.

Miserias de toda clase vendrán a vosotros en demanda de consuelo. Sed buenos, pensando en la miseria vuestra, cuando os quedasteis sin Mí… Llevad con vosotros la   Luz. En las Tinieblas no se puede ver. Sed limpios, para que otros lo sean. Sed amor para amar.

32Josephsaltar_Altarblatt_Pfingstwunder

Luego vendrá El que es Luz, Purificación, Amor. Para prepararos a este Ministerio os comunico el Espíritu Santo. A quienes les perdonareis sus pecados, les serán perdonados. A quienes no, no se les perdonarán. Vuestra experiencia os haga  justos para juzgar.

El Espíritu Santo os haga santos para santificar. Vuestra voluntad sincera de reparar vuestra falta, os haga heroicos para la vida que os aguarda. Lo que todavía no os digo, os lo diré cuándo el que está ausente, haya venido. Rogad por él. Quedaos con mi paz y sin angustia alguna de que no os ame.

Jesús desaparece igual que como entró, dejando entre Pedro y Juan el lugar vacío. Desaparece en medio de un resplandor que hace que los apóstoles cierren sus ojos. Cuando los abren, encuentran que solo la Paz de Jesús ha quedado como una flama que quema y que sana. Que consume las amarguras del pasado en un solo deseo: el  de servir.

33emaus

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA

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