Archivos diarios: 27/10/16

2.- UN NOMBRAMIENTO PROVIDENCIAL


galera-la-real-de-ferre-clauzelBajo un cielo azul y despejado, los buques militares se yerguen poderosos. Sobre las olas de un mar apacible, avanzan veloces hacia las costas del Cercano Oriente.

En la cabina de mando del “Orión”, varios hombres elegantemente vestidos y muy parecidos entre sí, conversan animadamente. En un suceso insólito, las principales cabezas de la Gens Petronia se encuentran reunidas en el navío que comanda aquel convoy.

Tito Petronio Níger, está sentado ante una mesa donde se encuentran desplegados varios rollos de papiro y una carta de navegación. Viste la toga senatorial a pesar de ser un hombre demasiado joven. En su hermoso rostro varonil  destacan unos grandes ojos gris acerado, con una expresión de madurez e inteligencia, en los que destella una chispa de curiosidad al escuchar a su padre Cayo, preguntar a su tío Publio:

–                     En Roma abundan los rumores escandalosos. He esperado volver a verte querido hermano,  para preguntarte a ti que eres testigo: ¿Qué es lo que sabes del hijo de Teófilo?

Es evidente que la inevitable respuesta, es perturbadora para el hombre más joven que está frente a él. Publio juega con  los arabescos de oro de la copa de vino que tiene en la mano, mientras parece reflexionar…

Luego dudoso, mira a su hermano mayor y responde con voz pausada:

–                     Cuando el emperador me envió como gobernador de Siria, habían pasado tres meses de la muerte de Teófilo, mi antecesor. El pueblo le quería. Pero desafortunadamente su hijo no era fuerte y saludable como él. Desde que lo conocí, constaté que era un hombre delgado y frágil, al que le era muy doloroso caminar. Nos encontramos muy pocas veces. Se retiró a su palacio de Bethania donde se fue consumiendo poco a poco por una penosa enfermedad. No volví a verlo hasta después de… -Publio carraspea y se calla.

Todos lo miran expectantes…

El silencio se prolonga hasta que Cayo exclama exasperado por la impaciencia:

–           ¡Por Zeus! Termina de una vez. He esperado tanto para volver a verte. Y solo a ti te creeré.     ¡Dímelo ya! ¿Después…? ¿De qué…?

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Publio cierra los ojos, respira profundo y luego, después de una pausa muy larga dice contundente:

–                     ¡Ni siquiera imaginas las cosas que han sucedido en esta región del Imperio! Tú conociste a Teófilo y sabes lo respetado que era entre sus compatriotas. Para nosotros era muy importante su influencia para mantener la paz. Cuando su hijo agonizaba, Poncio Pilatos me avisó y vine desde Antioquia para asistir a sus funerales. Tenía varios asuntos pendientes y tuve que posponer mi regreso. Habían pasado casi cinco días después del sepelio y entonces… ¡Sucedió lo imposible!

Como Publio parece olvidar a los que esperan ansiosos…

–                     ¡¡¡Qué!!! –exclaman todos.

Publio dice con voz muy pausada:

–                     Lázaro el hijo de Teófilo, resucitó.

Todos exclaman al mismo tiempo:

–                     ¡Qué! ¡OH! ¡Ah! ¡No puede ser! ¿Lo viste?

–                     Lo vi y lo toqué. Fuimos a su palacio, porque era imposible mantenernos impasibles ante un suceso tan extraordinario. Además de vigoroso, está tan vivo como nosotros.

Poncio Nigrino objetó:

–                     ¡Eso es imposible!

Turpiliano, el tercero de los hermanos, exclama asombrado:

–                     ¿Entonces es verdad que el Nazareno era un Dios Encarnado, nacido de una Virgen?

Nigrino refutó:

–                     ¿Dioses? Tal vez los haya. Ni lo afirmo ni lo niego porque no lo sé, ni tengo medios para saberlo. Pero si sé, porque esto me lo ha enseñado la vida;  que si existen no se ocupan ni se preocupan de nosotros.

Cayo respondió:

–                     Lo invisible y lo inexistente se parecen mucho. El hombre condena cuando no entiende. La razón pura no puede probar la existencia de Dios.

Sin poder contenerse Tito Petronio, que hasta ese momento había permanecido callado, se levantó del asiento y arrojando sobre la mesa el estilo con el que había jugueteado mientras escuchaba, dijo con displicencia:

–                     Todos sabemos que los dioses son seres mitológicos. Si estuviéramos en una asamblea pública, sería imprudente negar su existencia. Pero entre nosotros podemos hablar con la verdad. Los dioses son cosas frágiles que pueden ser destruidos con un atisbo de ciencia o una dosis de sentido común.

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Turpiliano le replica:

–                     Esa es tu muy particular manera de pensar. Para numerosas personas los dioses son seres reales.

Nigrino, con un dejo de impaciencia respondió implacable:

–                     Los hombres podemos perfectamente vivir sin ellos, pues los dioses le deben la vida a la imaginación humana que los necesita para culparlos, de lo que es producto de su propia locura. La búsqueda de Dios es una ocupación inútil, pues no hay nada que buscar en donde nada existe. A los dioses no se les busca, se les crea.

Turpiliano preguntó a todos y a nadie:

–                     ¿Por qué cuesta tanto trabajo aceptar que un Dios pudiera encarnarse?

Petronio protesta:

–                     Yo no puedo ser religioso ni creer en Dios. Prefiero la filosofía a la religión, pues no puedo poseer al mismo tiempo lo evidente y lo incomprensible. Hay que ser realistas. En caso de que haya dioses, no se ocupan para nada de los hombres.

Cayo interviene:

–                     La realidad es aquello que cuando dejas de creer en ello, no desaparece.- Y agrega- Y en este imperio poseemos inclusive, la libertad de no creer.

tribunado-militar-con-poder-consularTurpiliano concluye perplejo:

–                     Yo creo que solo un Dios Verdadero puede resucitar a un muerto después de casi una semana de haber sido sepultado.

Cayo sentencia:

–                     Afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias.

Verdaderamente incómodo, Petronio mira a su padre y dice fríamente:

–                     Solo los locos persiguen lo imposible. En el mundo existen dos clases de hombres: hombres inteligentes sin religión y hombres religiosos sin inteligencia. – Respira profundamente y agrega-  A este paso, también me dirás que crees que Minerva es una virgen, que nació del cerebro de Júpiter.

Turpiliano declara:

–                     Cuando lleguemos a Palestina, lo primero que haré será buscar a ese prodigio resucitado…

Sorprendido por el giro que ha tomado la conversación, Publio interviene aliviado y dice a su sobrino Petronio:

–                     Será mejor que hablemos de la encomienda que te ha dado el Príncipe. En Antioquia uniremos mis legiones a la que traes y…

Y Publio continúa detallando lo que harán cuando toquen tierra…

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CALÍGULA

   Tiberio ha muerto y el nuevo emperador es hijo de Germánico, el más amado por los romanos. La tiranía de Tiberio fue cruel pero reflexiva y aunque lo atormentaron los remordimientos, fue un desgraciado en el trono imperial.

Calígula es la demencia en el poder, con un régimen de terror absoluto. Se considera a sí mismo un dios, con derecho a ser honrado como tal en todos los templos.

Y lo que hizo en Roma, ha ordenado que se haga en todo el imperio.  Por eso ha enviado a Petronio a Jerusalén junto con unas estatuas que representan su divina imagen y con la orden de que si los judíos no las admiten, mate a los reacios y esclavice al resto de la nación.

La siguiente semana, entran a Judea desde Antioquia.

En el puente de mando, Petronio mira con gesto preocupado la cara de terror de los judíos que contemplan asombrados las tres legiones que componen el ejército romano.

Cuando llega a Ptolemaida, ciudad marítima de Galilea rodeada por montes; los judíos le esperan congregados en una inmensa multitud.

Al conocer el nuevo mandato del emperador, ellos le suplican que no lo haga; pues su Ley Sagrada les impide su realización.

Petronio les expone el poder de los romanos y las amenazas del César; añadiendo que su petición es irrazonable, pues todas las naciones sometidas a ellos en sus diferentes ciudades, tienen las imágenes  del emperador entre sus dioses y ellos son los únicos que no lo consienten.

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Esta es una rebeldía que injuria al César y que será castigada  con infinita severidad.

Los judíos insisten en que su Ley Sagrada les prohíbe tener imágenes de Dios o de hombres, no solo en cualquier lugar de su tierra; sino principalmente en el Templo de Jerusalén.

Petronio replicó:

–           ¿Y acaso yo dejaré de respetar la  ley de mi señor? Si no obedezco y os perdono, seré justamente castigado. Y el que me envía no yo, os declarará la guerra; porque tanto vosotros como yo estamos a sus órdenes.

La multitud,  airada gritó que estaba dispuesta a sufrir por sus leyes.

Petronio los mandó a callar y preguntó:

–           ¿Pelearéis contra el Cesar?

Y los judíos contestaron:

–           Ofrecemos dos veces al día sacrificios por el emperador y por el pueblo romano. Pero si las estatuas van a ser puestas en el templo, primero tendrás que sacrificar a toda Judea; pues nosotros, nuestras mujeres y nuestros hijos, nos ofrecemos para que nos sacrifiques para honra de nuestro Dios.

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 Esto sorprendió mucho Petronio. Y sintió una gran compasión al ver su increíble pasión religiosa y el valor con el que se declararon dispuestos a morir. Como nadie cedió, la reunión fue disuelta sin llegar a ningún acuerdo. Entonces dejó al ejército y las estatuas en Ptolemaida y se trasladó a Tiberiades.

En los siguientes días reunió a los poderosos en privado y habló también en público al pueblo. Amonestó tanto a unos como a otros con persuasivos argumentos; pero sobre todo, insistiendo en la amenaza que representa el poder de los romanos y la indignación de Calígula; pues Petronio tiene que cumplir lo que le ha sido ordenado.

Después de cincuenta días de negociaciones fallidas y viendo el peligro de perder las siembras de ese año por la obstinación de los judíos, en la última convocatoria les anunció:

–                     Estoy  dispuesto a correr un albur. Decid a vuestro Dios que me ayude a apaciguar la ira del emperador. Si Él interviene, me salvaré con vosotros, lo que será motivo de regocijo para todos. Pero si Calígula continúa irritado, será mi sentencia de muerte por no haberlo obedecido. Será sólo mi vida, a cambio de la vuestra y la de vuestra nación.

Enseguida de esta declaración, Cayo Petronio que está a su lado, le mira boquiabierto. Luego sonríe con evidente orgullo y  dice a su hijo en voz baja:

–                     Tremendo riesgo para un hombre que recientemente manifestó su absoluta incredulidad religiosa. ¿Por qué lo hiciste?

Petronio esbozó una sonrisa que iluminó su rostro, antes de decir con tono reflexivo:

–           Una fe como esta, merece ser tenida en consideración. Si ese Dios existe, lo manifestará. Además ¿Acaso una teocracia y una nación tan vehementes, pueden estar erradas?

Y movió la cabeza como si estuviese sorprendido de su propia audacia. Luego despidió al pueblo y éste rezó por su prosperidad.

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A continuación, Petronio reunió su ejército y lo condujo a Antioquia, donde rindió su informe al César en una carta, exhortándole que si no deseaba perder la región y sus habitantes, debía permitir que conservasen sus leyes y retractarse de sus órdenes.

Calígula reaccionó con violencia, por su tardanza en cumplir lo que le había ordenado e inmediatamente le contestó.

Pero aconteció que los que llevaban la respuesta del emperador fueron detenidos en su navegación durante tres meses, por continuas tempestades.

Entonces en Roma hubo una conspiración y el emperador fue asesinado por sus pretorianos.

Claudio fue nombrado en su lugar y los portadores con la noticia del fallecimiento de Calígula tuvieron tan excelente viaje, que Petronio recibió la epístola que le avisaba de  su nombramiento como gobernador de Bitinia, veintisiete días antes que la que llevaba el decreto de su sentencia de muerte.

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA  

1.- LA PROFECÍA


Al rayar el alba de una fría mañana invernal, dos personas con ropajes oscuros caminan presurosas. Llegan a una plaza pavimentada con bruñida piedra, en la que señorea imponente una estatua del Amo del mundo: NERON. Alrededor hay extensas alamedas que se hunden en el bosque que sube hasta la montaña.

Atraviesan la plazoleta y siguen por un camino dividido al centro por balaustradas bajas, interrumpidas de trecho en trecho por pedestales con estatuas. A ambos lados del camino hay una sucesión de villas de recreo rodeadas por frondosos bosques de encinas, sicómoros, plantas resinosas y sombreadas por parras.

Los peatones tienen aceras pavimentadas con piedra rojiza. Se encuentran al paso un gran número de fuentes que lanzan continuamente sus abundantes chorros de agua, para refrescar el ambiente y calmar la sed de los viandantes. A unas tres millas se estrecha un poco la magnífica vía, donde se yergue majestuoso un arco del triunfo erigido por Augusto.

La luna llena es un magnífico y enorme disco que avanza hacia su ocaso e ilumina todo con sus suaves reflejos argentados. Los dos hombres continúan avanzando por la Vía Apia en dirección a la costa. Uno de ellos es un joven como de veinte años. El otro, un anciano de mediana estatura, de blanca cabellera y aspecto venerable que sostiene con firmeza su báculo.

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El firmamento por el oriente se ilumina con unos destellos de color esmeralda, que tienen en sus bordes unos reflejos azafranados… Poco a poco van surgiendo de entre las sombras de la noche los árboles con sus ramas desnudas y cubiertas de nieve; algunos con sus hojas plateadas que parecen de cristal por el hielo.

Luego emerge imponente el blanco mármol de las villas de recreo y los arcos de los acueductos que se extienden por la llanura a través de la campiña, hacia la ciudad. Mientras la aurora va iluminando con sus brillantes franjas de oro y rosa, que se reflejan en las gotas de rocío; en tanto que la niebla matinal se disipa y deja al descubierto un paisaje grandioso, en todo su magnífico esplendor.

El anciano cierra los ojos y suspira, mientras gruesas lágrimas se deslizan por sus mejillas. Recuerda lo sucedido en las últimas horas… otro suspiro mayor. Por espacio de treinta y tres años, después de la Muerte y Resurrección de su Maestro, no ha conocido el reposo. Báculo en mano ha ido por el mundo anunciando a los hombres el Evangelio. Ha agotado sus fuerzas en durísimas jornadas…

Y cuando la Iglesia empezaba a florecer… ¡ZAZ! Un hálito sangriento de cólera y de crimen la ha barrido de la faz de la tierra. Lo único que queda, son recuerdos de martirio y de muerte. El grano esparcido había producido ricos frutos… pero Satanás los ha aplastado.

MARTIRIO jean-leon-gerome-the-christian-martyrs_-last-prayer

Nerón gobierna el mundo poderoso como nunca, extendiendo su gloria sobre tierras y mares. Y aun cuando en Roma ya nadie cree que los cristianos han sido los autores del incendio, han sido declarados los enemigos de la humanidad y del Estado. Y el Edicto “QUE LOS CRISTIANOS NO EXISTAN” continúa contra ellos con todo su rigor y se extiende a todos los confines del imperio.

En el Palatino se sabe que los líderes de la Iglesia Cristiana siguen vivos, a pesar de los millares de cristianos que han sido sacrificados. Haloto y Sofonio Tigelino, los dos más crueles agentes de Nerón han resuelto apoderarse de ellos, porque esperan que con su muerte quede extirpada de raíz la odiada secta. Al barrio del Transtíber en el Janículo; han sido enviados varios destacamentos de pretorianos a registrar una a una, todas las casas.

Pedro no sabe qué hacer. Está lleno de incertidumbre y el miedo lo ha invadido. Se siente como si Dios lo hubiese abandonado. Su Rebaño ha sido dispersado y su obra parece destruida. Aquella Iglesia que antes del incendio estaba como un árbol exuberante en plena floración, ha sido reducida a polvo por el poder de Satanás. Y en medio de su soledad y de su amargura, Pedro extiende sus manos hacia el Cielo preguntando:

–         ¿Señor, que debo hacer? Soy un hombre cada vez más anciano y más débil. Y siento que ya no puedo seguir luchando contra este poder del Mal, que has permitido que gobierne y triunfe… – una oleada de dolor lo ahoga- Las ovejas que me ordenaste que apacentara ya casi se acaban. Tu Iglesia está a punto de ser aniquilada por completo. Y yo… ¿Qué quieres que haga ahora?

Esta última frase es un ronco sollozo que se convierte en un estremecimiento completo de su cuerpo, mientras el llanto brota incontenible.

Pero el cielo no responde. El Cielo está cerrado como un día lo estuvo para Jesús, en el Huerto de Getsemaní…

Y el apóstol vacila… ¡La Iglesia no debe perecer! La sangre de millares de inocentes ha empapado los cimientos de la capital del imperio más poderoso del mundo y ha dado testimonio de su fe y de su doctrina. Y él… ¿Está huyendo como un cobarde?…Esta tortura es más grande que cualquiera que hubiese conocido… Y las lágrimas fluyen más abundantes todavía…

El camino está casi desierto, a excepción de los pocos comerciantes que encuentran de vez en cuando y que se dirigen hacia la ciudad.

Cuando el sol se asoma sobre las colinas, de una manera insólita a Pedro le parece que en lugar de ascender hacia lo alto del firmamento, el disco solar descendiera de aquellas alturas, para dirigirse a su encuentro. El anciano se detiene y se pone una mano sobre la frente tratando de atisbar para distinguir mejor…

Y ante la sorpresa de David su joven acompañante, exclama:

–           Alguien viene hacia nosotros envuelto en los resplandores del sol.

El joven al principio no ve nada. Solo siente la brisa fresca de la mañana que mece ligeramente las hojas de los árboles. Y su sorpresa aumenta al ver que efectivamente, una alta figura se acerca…

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Mientras tanto el apóstol cae de rodillas, suelta su báculo y extiende los brazos hacia adelante, diciendo con el rostro radiante:

–            ¡Señor mío y Dios mío!…Domine ¿Quo vadis? ¿Señor a dónde vas?)

David, que también ha caído de rodillas, escucha una voz dulce y dolorida que dice:

–             Si tú abandonas a mi Pueblo, volveré a Roma para ser crucificado por segunda vez.

Pedro responde con vehemencia:

–            ¡OH NO, mi Señor! Por favor perdóname. Yo te amo y seguiré tus pasos. Dame fuerzas mi Jesús y dime que quieres que haga.

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Jesús le dice:

–             Nombra a Lino tu sucesor. La Iglesia NO morirá. Ya te dije que las puertas del Infierno no prevalecerán contra Ella.  Será atacada, oscurecida, hecha prisionera… Pero triunfará… En la persecución que tendrá lugar cuando sea adulta en la Era Satánica; cuando el Enemigo piense haber acabado con Ella… La Iglesia verá el ejemplo de la “Iglesia Niña” y dará mártires más gloriosos todavía…

Porque Satanás habrá refinado sus métodos de persecución haciéndolos más sutilmente diabólicos, pues estarán complementados con la más alta tecnología inventada por el hombre. Y aun así, te digo que mi Iglesia renacerá triunfante sobre todas las insidias, porque Yo he vencido a Satanás desde la Cruz. Y todo poder se me ha dado en el Cielo, en la Tierra y sobre el Infierno. Además, Mi Madre sigue pisando la cabeza de la Serpiente y Ella DEFENDERÁ y protegerá a sus hijos…

Cuando la Iglesia esté sola y herida, prisionera y crucificada; la Prueba será muy dura y dependerá del arrepentimiento de los hombres, el que sean mitigados los sufrimientos de la Gran Tribulación.  Porque cuando la locura humana y diabólica se hayan fundido; juntas desencadenarán un cataclismo sin paralelo…

Pero no siempre quien está en manos de sus enemigos es destruido por ellos. Queda solamente prisionero… ¡Felices los que sepan perseverar hasta el fin! Ha llegado la hora, Pedro mío… ¡Te estoy esperando!…

El apóstol yace postrado con el rostro en la tierra. Finalmente cuando se levanta, tiene en su cara una sonrisa radiante. Toma su báculo y se da la vuelta.

David al ver esto, como un eco repite:

–         Domine ¿Quo vadis?

Pedro contesta con una voz jubilosa:

–          A Roma. Volveremos a Roma…

Y regresan.

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Al día siguiente, el sol ilumina desde lo alto a tres jinetes que cruzan como una exhalación la plazoleta de Nerón desde la que parten diversos senderos que atraviesan el bosque y se dirigen a las más suntuosas quintas, pertenecientes a los patricios más ricos y prominentes de Roma. Palacios que rivalizan unos de otros en magnificencia y belleza.

El más señorial es una villa situada en la parte inferior de la colina. Domina el paisaje como si estuviera colocada en la cima. En el arco de la entrada a la galería porticada que parte del atrium hacia el interior de la casa, está la siguiente inscripción “ LA PUERTA DEL CIELO’

En los espacios abiertos hay magníficos jardines unidos por galerías porticadas muy largas, ceñidas por diversas fuentes hechas con mucho artificio y cisternas con figuras de metal, por las cuales se vierte el agua. Después del tercer patio hay un inmenso jardín bordeado por altísimos cedros, palmeras y sicomoros; fresnos, sauces y hermosos setos de flores que hacen del lugar un auténtico paraíso.

En un extremo del jardín hay una edificación parecida al Partenón. El frontón está adornado con una enorme cruz desnuda de cuyos brazos pende un sudario. Flanqueada a un lado por peces y al otro por una fuente que parece recoger el líquido de las gotas de sangre que brotan de la garganta abierta del Cordero Místico. Por dentro, en el muro posterior solo hay una enorme cruz desnuda y un altar de mármol.

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En el salón, alrededor de quinientas personas están celebrando la Eucaristía que preside un anciano de porte majestuoso. Amor, fe, imperio, dulzura, se reflejan en su mirada. Habla con voz pausada y ademanes de orador. Es el Pontífice de la Iglesia Cristiana y su voz resuena clara hasta el último de sus oyentes.

Es el apóstol Pedro que acaba de consagrar a Lino como su sucesor y le ha entregado la Iglesia como su rebaño. Ésta lo ha recibido como su nuevo pontífice. Antes de concluir con la bendición apostólica, Pedro les recomienda:

–             No olvidéis nunca que el Vicario de Cristo para ser auténtico, debe ser nombrado por ÉL.

Después de concluida la celebración Eucarística, los tres caballeros que galopaban veloces y están elegantemente vestidos, se acercan al apóstol y lo saludan reverentes. El más joven; un hombre que parece tener alrededor de cuarenta años de edad y luce llamativos mechones plateados en las sienes, dice con preocupación:

–             Santo Padre, no deberías estar aquí. El barco te está esperando en Ostia para llevarte a Sicilia. Desde que ejecutaron a Séneca, este lugar no es seguro. El único recinto inexpugnable son las Catacumbas…

Pedro contesta apaciblemente:

–             Ha llegado mi hora, Maximiliano. Tampoco ustedes deben estar aquí. Tienen una misión que cumplir y no es precisamente en Roma. La ciudad se ha vuelto muy peligrosa, especialmente para ti. ¿Qué harás si alguien te reconoce?

El hombre inclina la cabeza y como si se disculpara, dice:

–              Es que tú eres tan importante para nosotros…

Entonces el segundo hombre interviene:

–               Hemos venido por ti. No podemos permitir que te suceda nada. Nerón ha enloquecido por completo… Y más que nada, es una fiera sedienta de sangre.

Pedro niega con vehemencia:

–                No, senador Astirio. Voy a regresar a Roma.- y a continuación relata lo sucedido en la Vía Apia.

El más anciano de los tres, suplica:

–                Por favor, sólo espera unos días… Los suficientes para que nos relates la historia de Judas.

Pedro exclama entre admirado y sorprendido:

–              ¡LA HISTORIA DE JUDAS!Y mirándolo fijamente agrega- Tribuno Publio Quintiliano, extraño pedido es el tuyo.

JUDAS

En la mirada del anciano tribuno aparece una expresión de añoranza y suspirando agrega:

–            Ese hombre siempre me intrigó. Nunca comprendí porqué lo eligió el Maestro. Es un enigma que quisiera descifrar… En cierta manera también es la historia de Jesús. ¿No te parece?

Pedro parece reflexionar ante la insólita petición. Lleva su mano derecha hacia su frente y la toca por un largo momento. Luego, como si obedeciera a un Locutor interno dice:

–            ¡Uhmmm! No se me había ocurrido pensarlo así, pero… ¡Tienes razón! ¡El Espíritu Santo lo hará!-Pedro abre los brazos abarcando todo a su alrededor. Y agrega sonriente-Será la última lección en la Puerta del Cielo…Quién hubiera dicho que una de las mejores propiedades de Lucius Anneus Séneca se convertiría en nuestra escuela…- Pedro suspira profundo y agrega con determinación- Les contaré la historia de Judas y enseguida cada quién iremos al encuentro de nuestro destino. Lo que tiene que ser, será…

Tres semanas después, el senador Astirio toma el camino a Nápoles y Pedro regresa a Roma con su pequeño séquito. El tribuno Publio Quintiliano sigue por el camino que va hacia Ostia, para embarcarse en el “Cronos” que lo llevará a Sicilia. En su comitiva lleva a un esclavo encargado de sus caballos favoritos que al mirarlo con más detenimiento, se puede reconocer que es Maximiliano… Pero, ¿Por qué viaja disfrazado de esclavo?…

Tres días más tarde…

barco del imperio romano

Luego que el Cronos va navegando en mar abierto y se pierde en la lejanía el puerto de Ostia; aparece en la cubierta del barco, la elegante figura del patricio que ha abandonado su disfraz.

Publio al verlo le sonríe, le invita un refrigerio y le dice cordial:

–            Bienvenido a bordo del Cronos, Tito Petronio. Será un placer viajar en tu compañía.

El patricio le corrige:

–             Recuerda que Petronio, el consejero de Nerón, ha muerto. Mi nombre es Maximiliano de Jesús.

Publio lo mira con una curiosidad que le es imposible disimular; levanta su vaso y dice:

–             Salud, noble Maximiliano. Porque ahora eres siervo de Nuestro Señor Jesucristo. ¿Sabes qué es lo más interesante?

Petronio lo miró intrigado. Correspondió al brindis y dando un sorbo a su vaso con vino, preguntó:

–             ¿A qué te refieres?

–           Me gustaría saber por qué un hombre como tú, amante de la buena vida y los placeres; que ha conocido el poder en su máxima expresión, cómo fue que te convertiste de consejero del emperador, en cristiano.

El júbilo destella en la mirada del que fuera Árbitro de la Elegancia en la corte de Nerón, al contestar:

–            Acabas de pedirme lo que es mi máximo deleite: testimoniar lo que Jesús el Redentor Santísimo puede hacer con una escoria como yo… Para la gloria de Dios disponemos de tiempo, general. ¡Aleluya! –Al decir esto, levanta su vaso de cristal recamado en oro y el rubí del licor resplandece a la luz del sol que ilumina la nave que se desliza sobre las aguas del mar mediterráneo, en dirección a las costas sicilianas.

El general confirma:

–               ¡Amén! Y vaya que tenemos suficiente tiempo.-repite Publio, degustando con deleite el licor que se disuelve en su boca y arrellanándose en la poltrona en la que se ha recostado, agrega.- Soy todo oídos.

–                Un día…

La voz grave de Maximiliano resuena, al comenzar la historia más fascinante de su vida…

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HERMANO EN CRISTO JESÚS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONOCELA