Archivos diarios: 18/11/16

54.- EL MEJOR ACTOR: ¿NERÓN?


incendio-fuegoAl tercer día del incendio, los soldados con ayuda de algunos habitantes, estaban demoliendo casas en el Esquilino y el Celio, así como en el Transtíber. Y por eso, estos barrios se salvaron en parte.

Pero en la ciudad quedaron destruidos una cantidad incalculable de tesoros acumulados a través de los siglos y las conquistas. Inestimables obras de arte. Espléndidos templos y los más preciosos monumentos de Roma y de su pasado glorioso.

Y Tigelino enviaba a Anzio correo tras correo, implorando al César que viniese a calmar la desesperación de su pueblo con su presencia.

Pero Nerón solamente se movió, cuando el fuego alcanzó la ‘Domus Transitoria’ y aceleró su regreso a fin de no perder el momento, en que la conflagración se encontrara en todo su apogeo.

Entretanto el fuego había llegado hasta la Vía Nomentana, rodeó el Capitolio y se extendió a lo largo del Forum Boarium, destruyendo todo lo que encontraba a su paso, hasta llegar al Palatino.

Tigelino, después de haber reunido a los pretorianos, despachó otro correo al César, anunciándole que no perdería nada de la grandeza del espectáculo, porque el fuego había seguido aumentando y ya casi abrasaba a toda la ciudad.

Pero Nerón que ya venía en camino, quería llegar de noche, a fin de extasiarse en la contemplación de la agonizante y ardiente capital del imperio.

Y por esto se detuvo en los alrededores de Aqua Albano e hizo venir a su tienda, al trágico Alituro. Estudió junto con él, las actitudes y miradas que debía adoptar a la vista del incendio.

Así como también los ademanes y gestos más adecuados; disputando porfiadamente con el actor, acerca de sí al pronunciar las palabras: ‘¡Oh, tú sagrada ciudad que parecías más resistente que Ida!’, Levantaría las dos manos.

O si conservando una de ellas sobre la forminga y cayendo a un lado, solamente alzase la otra.

Éste era el asunto que para él parecía tener la mayor importancia sobre todos los demás.

Luego, mandó llamar a Petronio y le pidió consejo sobre la conveniencia de agregar a los versos en que hacía una descripción de la catástrofe, unas cuantas grandilocuentes blasfemias contra los dioses, que parecieran lo más naturales y plausibles, desde el punto de vista del arte, en boca de un hombre colocado en su situación.

Un gran hombre como él, cuyas palabras quedarían legadas a la posteridad.

Antes de responder, Petronio inclinó la cabeza, con un movimiento que escondió la expresión de su rostro y luego dijo al César las palabras que éste deseaba oír.

Después emprendió la marcha casi al amanecer y llegó cerca de las murallas a la media noche, acompañado de su numerosa corte, compuesta por los augustanos, nobles, senadores y todos los que habían estado en el desfile de su partida, excepto los Flavios que habían sido despachados a Judea y Marco Aurelio y Tigelino que estaban en Roma.

Veinte mil pretorianos dispuestos en línea de batalla a lo largo del camino, velaban por la seguridad y el orden a su entrada. Y mantenían a raya al indignado populacho.

Éste vociferaba, silbaba y maldecía a la vista del César y su comitiva, pero no se atrevía a atacarlo.

En algunos puntos se escuchaban aplausos de aquella plebe.

Eran los que no poseyendo nada, tampoco habían perdido nada en el incendio y sí esperaban a cambio una distribución gratuita de trigo, aceitunas, vestidos y dinero, más abundante que la ordinaria.

A la orden de Tigelino sonaron las trompetas y los cuernos, que ahogaron todos los gritos y vociferaciones.

Nerón, al llegar a la Puerta Ostriense, se detuvo y dijo con un lamento:

–           Soberano sin hogar de un pueblo sin techo. ¿En donde posaré esta noche mi infortunada cabeza?

Después siguió adelante y atravesó el Clivus Delphini, subió al acueducto Apio, por sobre gradas construidas expresamente para esta ocasión.

Le siguieron los augustanos y un coro de cantantes con sus instrumentos musicales.

Y todos los miembros de su comitiva contuvieron el aliento, ante la expectativa de que el césar pronuncie una frase de efecto especial, que en interés de su propia conservación, deban ellos de retener en su memoria.

Pero él se mantuvo solemne, silencioso, vestido de púrpura y oro. Extático ante la contemplación de aquel inmenso mar de fuego.

Y cuando Terpnum le pasó el áureo laúd, alzó los ojos al cielo y miró los destellos rojos de la gigantesca conflagración. Durante un largo momento, pareció esperar a que la inspiración batiera sus alas sobre él.

El pueblo le señalaba desde lejos al verle de pie, en medio de aquel fulgor sangriento.

El fuego crepita devorando los más antiguos y sagrados edificios: el Templo de Hércules construido por Evandro.

El Templo de la Luna, levantado por servio Tulio. La casa de Numa Pompilio. El Santuario de Vesta y el Capitolio.

La Domus Transitoria… el pasado de Roma, su espíritu, su historia, están siendo consumidos por el poderoso foco ígneo.

Mientras que César está ahí, con una cítara en la mano, en teatral expectación, pensando no en su patria arruinada. Sino en la mejor manera de causar la impresión adecuada y precisa.

Con la expresión de su rostro, sus ademanes y en su voz, con las patéticas palabras con que mejor pueda describir, la magnificencia del espectáculo de aquella catástrofe y despertar la mayor admiración, para así recibir las más entusiastas aclamaciones.

En lo profundo de su corazón, la verdad es que odia esta ciudad y detesta a sus habitantes.

¡Oh! ¡Si tan solo pudiese lograr que el corazón del imperio fuese como Athenas y la gloriosa Grecia!

Ama tan solo sus propios versos, su canto, su arte. En lo profundo de su alma experimenta un gran regocijo al ser por fin espectador de una tragedia de aquellas dimensiones…

Y poder describirla es un éxtasis.

El poeta está feliz. El histrión inspirado. El buscador de emociones extático ante aquel horrendo espectáculo.

Su ánimo deleitado por la idea de que la destrucción de Troya es una cosa baladí, comparada con la ruina espectacular que está presenciando.

Esto es más de lo que hubiera podido ambicionar jamás. ¡Su nombre pasará a la historia y será más grande que Príamo y Homero juntos!

Allí está Roma, la poderosa, la señora del mundo, envuelta en llamas. Y él de pie, erguido sobre los arcos del Acueducto.

El hombre más poderoso del mundo, admirado, poético, magnífico. A sus pies, el dantesco espectáculo de una tragedia inmortal.

¡Pasarán los siglos y la humanidad conservará el recuerdo y glorificará el nombre del poeta que en esta magnífica noche, cantará la Caída y el Incendio de Roma!

¡¿Qué es Homero a su lado ahora?!

Y al pensar en esto, levantó los brazos.

Luego pulsó las cuerdas, pronunciando las palabras de Príamo:

–           ¡Oh! ¡La de mis padres, cuna querida!…

Su voz al aire libre, en medio de aquel horrendo estrépito del siniestro y el distante rumor de la muchedumbre enfurecida, se oyó bastante débil, incierta y apagada.

Y los sones del acompañamiento se oyeron lúgubres y discordes completamente, ante la magnitud de la tragedia.

Pero toda la comitiva de Nerón reunida a su alrededor, se mantiene con las cabezas inclinadas, escuchando el canto de su emperador.

Durante largo rato cantó Nerón sus trágicos versos melancólicos.

Cuando se detiene a tomar aliento, el coro de cantantes repite el último verso.

Entonces Nerón deja caer de su espalda la Syrma trágica, (vestidura talar con cola, de los actores trágicos), con un gesto que le enseñó Alituro.

Pulsó de nuevo el laúd y siguió cantando…

Cuando terminó su composición, empezó a improvisar buscando comparaciones grandiosas, acordes al espectáculo que está frente a él.

Y se demudó su semblante. Pero no porque le importe la ruina de su capital; sino porque lo patético de sus propias palabras le ha deleitado a tal punto, que se conmovió y brotaron lágrimas de sus ojos.

Por último, dejó caer con estrépito el laúd a sus pies y envolviéndose en la syrma, permaneció inmóvil.

Petrificado como una de las estatuas de Niobe que adornan el patio del Palatino.

Hubo un breve silencio que fue interrumpido por una tempestad de aplausos, que fueron contestados por los alaridos de la muchedumbre.

Nadie tiene ya la menor duda acerca de que el César había decretado el Incendio de Roma, a fin de darse el inefable placer de aquel espectáculo y consagrarle allí su mejor canto.

Nerón, al escuchar el poderoso alarido que sale de las gargantas de centenares de miles de personas, se volvió hacia los augustanos con la triste y resignada sonrisa de un hombre que está siendo víctima de la incomprensión y de la injusticia.

Y dijo:

–           ¡Ved como estiman los quirites a la poesía y a mi persona!

Vitelio exclamó:

–           ¡Perversos! ¡Ordena, oh señor, que los pretorianos caigan sobre ellos!

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Entonces Nerón preguntó a Tigelino:

–           ¿Puedo contar con la fidelidad de los soldados?

El Prefecto contestó:

–           Si, divinidad.

Pero Petronio, encogiéndose de hombros, dijo:

–          Con su fidelidad sí, más no con su número. Mejor permanece donde estás, aquí estamos más seguros. Pero hay necesidad de pacificar al pueblo.

Séneca y el cónsul Valerio Máximo, fueron de la misma opinión.

Mientras tanto, crecía la agitación abajo y el pueblo estaba armándose con piedras, palos y pedazos de hierro.

Luego se presentaron los jefes de los pretorianos, diciendo que las cohortes ya no podían contener más a la multitud.

Y sin orden de ataque, no sabían que hacer.

Nerón exclamó:

–           ¡Oh, dioses!¡Qué noche! ¡Por un lado el incendio y por otro los tumultos populares!

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Y se puso a buscar las expresiones más gráficas y brillantes que pudieran representar el peligro del momento.

Pero al observar las miradas de alarma y la palidez en los semblantes de los cortesanos, le invadió el miedo como a los demás.

Y ordenó:

–           Dadme mi manto oscuro con su caperuza. ¿Entonces realmente hay conato de sublevación?

Sofonio Tigelino contestó con voz temblorosa por el miedo:

–           Señor. He hecho cuanto me ha sido posible para restablecer el orden, pero el peligro es inminente. Habla, ¡Oh, señor, al pueblo! ¡Y hazle promesas que le aplaquen!

Nerón rechazó:

–           ¿Hablar el César a la plebe? Que algún otro lo haga en mi nombre. ¿Quién quiere encargarse de ello?

Hubo un intercambio de miradas temerosas, envueltas por un largo y denso silencio.

Petronio, que había permanecido con la cabeza inclinada, escondiendo la expresión de su rostro, finalmente habló con calma, voz grave y pausada:

–           Yo lo haré.

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Nerón contestó presuroso:

–           Ve, amigo mío. Tú siempre me has sido fiel en la hora de la prueba. Ve y haz todas las promesas que consideres necesarias.

Petronio se volvió entonces a los cortesanos y con una expresión irónica, les dijo:

–           Que me sigan los senadores aquí presentes y también Pisón, Nerva y Plinio.

Y descendió lentamente las gradas del arco del acueducto.

petronio0Las personas designadas vacilaron un poco y le siguieron confiadas al observar la calma que demuestra Petronio.

Éste se detuvo al pie de las gradas y ordenó que le trajesen un caballo blanco.

Y montando en él, emprendió lentamente la marcha, en medio de las filas de los pretorianos, hacia la arremolinada y rugiente multitud.

Va desarmado, llevando en la mano un delgado bastón de marfil que usa de ordinario.

Avanzó y desvió su caballo hasta mezclarse entre la muchedumbre.

Y vio a la luz del incendio, los puños que se levantan amenazantes y los proyectiles en las manos, listos para ser lanzados.

Todos los rostros lo miran enfurecidos, lanzando toda clase de injurias al César.

Petronio prosigue su marcha con una fría calma y se abre paso entre la furiosa plebe, que se ha quedado atónita por esta intrépida indiferencia…

Lo que no saben los que lo miran asombrados, es que es la segunda vez que tiene que calmar a una turba enfurecida. La experiencia fortalece la confianza…

La primera fue en Jerusalén, en el conflicto causado por las estatuas de Calígula.

Ahora algunos entre la plebe lo reconocen y empiezan a gritar por todos lados:

–           ¡Es Petronio!

–          ¡El Arbiter Elegantiarum!

–           ¡Petronio!

–          ¡Petronio!

Y a medida que este nombre corre, pone de manifiesto la gran popularidad de que éste goza.

Disminuye el estrépito de las injurias; porque este exquisito y elegante patricio, aunque nunca se ha esforzado por captarse la voluntad del pueblo, sigue siendo su favorito.

Tiene fama de ser un hombre generoso y magnánimo.

Su popularidad aumentó desde el día que por su intervención, se suspendió la sentencia por la que habían sido condenados a pena capital, todos los esclavos del Prefecto Floro.

Y solo por esto el pueblo lo ama y en forma especial, los esclavos. Con ese amor agradecido que los oprimidos y desgraciados, consagran a quienes les dan su simpatía y les demuestran ser sus benefactores.

Se hace el silencio para saber lo que el enviado del César les va a decir.

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Petronio se yergue sobre su cabalgadura y dice con voz clara y firme:

–           ¡Ciudadanos de Roma! ¡Escuchadme y repetid mis palabras a los que se encuentran más lejos! ¡Y entretanto, sabed conduciros todos vosotros como hombres y no como fieras del circo!

Un coro de voces le replicó:

–           ¡Así lo haremos! ¡Así lo haremos!

–          Pues bien. ¡Oíd! : La ciudad será reconstruida y se abrirán los jardines imperiales. Mañana empezará la distribución de trigo, vino y aceitunas de tal forma que todos quedarán plenamente satisfechos.

Además, el César organizará juegos y espectáculos como no se han visto nunca hasta hoy, durante los cuales tendréis banquetes y espléndidos obsequios.

Y se les resarcirán de tal forma sus pérdidas, que seréis más ricos después del incendio, que antes.

Le contestó un murmullo inmenso que se fue extendiendo desde aquel punto como centro hacia todos lados, igual que se expande una onda sobre el agua, donde se ha lanzado una piedra.

Y todos van repitiendo las palabras de Petronio, hasta llegar a los más distantes.

Y enseguida llegó la respuesta.

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Voces de cólera y aplausos que por último se unieron en un solo grito:

–           ¡Pan y Juegos!

Petronio permaneció inmóvil por unos momentos, como una estatua de mármol.

El rumor aumenta hasta ahogar el crepitar de las llamas.

Pero es evidente que el augustano no ha terminado.

Cuando se restablece la calma, imponiéndose de nuevo con un ademán, dice:

–           Ya os he prometido pan y juegos. El César os alimenta y os viste. Sed agradecidos y aclamadlo. Ahora gritad: ¡Viva el César!

La muchedumbre lo mira asombrada y renuente. Todos se quedan callados.

Petronio insiste:

–           ¡Viva el César!

Es una orden perentoria e irresistible. La actitud de Petronio no admite réplica.

Todos le obedecen. Tres veces repite el grito y tres veces Nerón es aclamado.

Enseguida, con su mano en alto, los despide diciendo:

–           Podéis retiraros a descansar, pueblo querido, porque muy pronto amanecerá.

Y después de esto volvió la brida de su caballo y se regresó con paso lento hacia la valla de los pretorianos.

Cuando llegó al pie del acueducto, sobre éste había un verdadero pánico, pues los cortesanos habían interpretado mal los gritos de la multitud, tomándolos como una expresión de ira popular.

Ni siquiera esperaban que Petronio se salvara en medio de aquella tempestad.

Así que cuando Nerón lo vio, se adelantó corriendo hacia las gradas y pálido por el susto, preguntó:

–           ¿Qué pasó?

–           Les he prometido trigo, vino, aceitunas. Libre acceso a los jardines y a los juegos. -Ahora han vuelto a adorarte y están aullando en tu honor. ¡Oh, dioses, qué difícil es manipular las turbas!

Tigelino exclamó despechado:

–           ¡Mis pretorianos se encontraban listos! Y si tú no hubieras calmado a todos esos turbulentos, yo los hubiera hecho callar para siempre. ¡Qué lástima César que no me hayas permitido hacer uso de la fuerza!

Petronio le miró son desdeñosa ironía.

Y encogiéndose de hombros dijo:

–           No te ha de faltar ocasión. Puede que necesites hacer uso de ella mañana mismo…

Nerón intervino apresurado:

–           ¡No! ¡No! Mandaré que abran los jardines y les distribuyan lo que les dijiste. ¡Gracias Petronio!…

Haré disponer juegos y repetiré en público, la canción que habéis escuchado ahora. –puso su mano sobre el hombro de Petronio y le preguntó- Dime con sinceridad. ¿Qué concepto te formaste de mí, cuando cantaba?

Petronio lo miró fijamente antes de decir muy despacio:

–           Te creí digno del espectáculo. Así como el espectáculo es digno de ti…  Pero sigamos contemplándole…

Miró reflexivo hacia la ciudad y agregó con voz fuerte y enigmática:

–         Y demos al postrer adiós a la Antigua Roma…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

53.- EN LA ESCUELA DEL SUFRIMIENTO II


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Pablo continúa la lección en la Escuela de Apolonio:

EL SUFRIMIENTO REDENTOR

Redimir quiere decir rescatar a las almas de la tiranía de Satanás.

Jesús vino para restablecer en la naturaleza humana, el orden tan terriblemente turbado por el Pecado Original.

Jesús unió la Naturaleza Divina a la Humana, para dar a la Divinidad la debida satisfacción y reparación por parte de la Humanidad.

Y para dar nuevamente a la Naturaleza humana y degradada por el Pecado, su primera dignidad.

Y esto ha exasperado terriblemente en Satanás la sed del Odio, de Envidia y de Celos hacia el hombre.

Por todo esto, no se puede justificar el mal que los hombres hacen, aún empujados por Satanás. Porque el hombre ya es libre y las Redención ha establecido el Orden y el equilibrio trastornados.

Exactamente por medio de la Redención, al hombre le son proporcionados los medios necesarios para enfrentarse y superar las tentaciones.

Si el hombre complaciente, da oídos a la voz del Mal, lo hace bajo su responsabilidad.

Porque voluntariamente rechaza los frutos de la Redención; camina sobre una pendiente peligrosa en la que fácilmente resbala, descendiendo de precipicio en precipicio, hasta el fondo del Abismo.

El sufrimiento es el alma del Amor.

Al presente me alegro cuando tengo que sufrir por ustedes, así completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia.

Es ley natural que el sufrimiento de un órgano se refleje y repercuta en todos los demás órganos del cuerpo. Así también la Redención iniciada en la Encarnación y consumada en la Cruz, se completa en todos los miembros del Cuerpo Místico, con el sufrimiento, hasta el Fin de los Tiempos.

Nuestras acciones humanas nunca son solo personales. Sus consecuencias buenas o malas NO son solo personales, sino que repercuten positiva o negativamente en todo el Cuerpo Místico, del que cada uno somos miembros.

Por eso el cristiano, nunca es más cristiano que cuando sufre. Porque con su sufrimiento se une más a Cristo y completa el Misterio de la Redención y triunfa en el Dolor, en la Humillación y en la Persecución.

No se debe tener miedo de sufrir por amor a la Justicia y a la Verdad.

Por mí, no quiero sentirme orgulloso de nada, sino de la Cruz de Cristo Jesús nuestro Señor. Por Él, el Mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo, y llevo en mi cuerpo, las señales de Jesús.

María fue educada en el Templo. Era erudita en las Sagradas Escrituras y como Esposa del Espíritu Santo, poseía la Luz. Al aceptar la Maternidad Divina, sabía muy bien lo que iba a ser de Ella.

María fue la verdadera sacerdotisa del Calvario, porque en la cima, se ofreció a sí misma junto con el Cordero de Dios.

La víctima se destruye. La víctima se consume. Ella debió destruir su Corazón de Madre y sacrificó e inmoló cada uno de sus sentimientos, repitiendo su ‘FIAT’ y junto con Jesús: ‘No se haga mi voluntad, sino la tuya’ Solo un amor sobrenatural es capaz de tal prodigio.

María como SACERDOTISA  ha testimoniado a Dios y a los hombre la más grande prueba de su amor que consiste NO solo en sacrificar la propia vida, sino también la de AQUEL a quien más se ama.

Debéis grabar en vuestra mente y comprender en vuestro corazón, que el Misterio de la Cruz se renueva incesantemente, pues en el Santo Sacrificio de la Misa, junto con Jesús se renueva  la Pasión.

Y las almas-víctimas somos inmoladas en unión con Jesús y con María, ofreciéndonos al Eterno Padre.

Estamos presentes en el Ofrecimiento en unión con Cristo; disponiéndonos para aceptar, sufrir y ofrecer: dificultades, incomprensiones, insultos, ofensas y todo nuestro sufrimiento en general; tal y como Jesús lo ha hecho.

Y somos las lámparas vivientes delante de sus altares.

Hay que estar dispuestos a proseguir en el Camino de la Cruz, sin olvidarnos de que Él va adelante.

Él ya no puede sufrir físicamente. Pero moral y espiritualmente, Jesús tiene un sufrimiento infinito.

¿Quién puede comprender y narrar sus sufrimientos? Creerlo insensible ante la ceguera de muchos y a los Pecados contra Él, quiere decir NO conocerlo. Se redime con Él, en la medida en que se sufre. No se debe tener miedo. Hay que escuchar su Voz.

Hay que agradecerle el privilegio de haber sido escogidos para una misión grandiosa. Él permite la Persecución para habituarnos a NO buscar apoyo en creatura alguna, sino solamente en Él.

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Satanás hace de todo para desanimar, para cansar y abatir. ¡No hay que ceder! Su Rugido puede sobresaltar, pero si nosotros como almas-víctimas sabemos usar los medios que Jesús ha puesto a nuestra disposición, podemos convertir el rugido en un maullido lastimero.

Se sufre, sí. Pero el sufrimiento es levadura de perfección para el alma y de salvación para los demás.

Hay momentos en que es imposible explicar lo que se sufre. Se siente en el alma un completo desamparo, como si se estuviese muy lejos de Dios. El cuerpo se encuentra sin fuerzas y sin ánimo para nada.

Es como si estuviésemos atrapados entre las muelas de un molino. ¡Harina de hostias! ¡El Infierno nos odia y nos combate! Pero no hay nada que temer. Si Jesús está con nosotros ¡Quién contra nosotros!

Los sufrimientos físicos, morales y espirituales, son fermentados por el Espíritu Santo y trasmutados en Luz, amor y Gracias para muchas almas que sin coparticipación en la Pasión, estarían eternamente perdidas.

Los sufrimientos deben ser aceptados con humildad y abandono, para que Dios los transforme en Gracias para salvar a otras almas y fortalecer el Cuerpo Místico que es la Iglesia.

Ningún discípulo es más que su Maestro. Y si Jesús sufrió tanto para redimir a los hombres, el que sigue la estela del Maestro ¿Sufrirá menos?

Amar el sufrimiento nos permite llevar a cabo la Misión que Dios nos ha encomendado.

Recordad que la vida de la víctima no tiene satisfacciones humanas, sino sobrenaturales. Jesús Víctima Suprema no tuvo durante los treinta y tres años de vida terrenal, tantas injurias cuantas recibió, durante las pocas horas que van desde el Getsemani hasta el Gólgota en su Muerte.

Pero fueron precisamente aquellas horas, las que hicieron de Él, el Redentor. Por ahora, solo en Él debemos esperar consuelo. Finalizada la Prueba, tendremos la dicha de leer en el Libro de la Vida, los nombres de los salvados con nuestro sufrimiento. Y unidos a Jesús, estaremos en la Paz.

El no querer sufrir es falta de amor a Dios. Y acarrea un gravísimo daño a nuestro espíritu. Y corremos el peligro de matar nuestro espíritu, por un infame egoísmo espiritual, que es la trampa más solapada de Satanás para destruirnos.

Conviene pagar las deudas con Divina Justicia en el tiempo y no en la Eternidad.

Es mejor aprender a amar en la Tierra, con la ayuda del Espíritu Santo, que en el Purgatorio, donde la Ausencia de Dios, es el Supremo Tormento.

El que llega a amar a Dios con un amor total y absoluto, comparte con Jesús bebiendo de su cáliz, la gota o el sorbo de amargura que la Predilección de Dios tenga a bien concederles.

Es una señal de su amor privilegiado y la da a quién es generoso y sabe hacer renuncias y penitencias, para completar la Obra de la Redención.

Dios es Bueno. Él también sufre por tener que llevarnos por el Sendero del Sufrimiento, que Él caminó primero.

Sufrió al separarse de Sí Mismo y esforzándose por ser Hombre, con todas las miserias y angustias que el ser humano lleva consigo: nacer, tener frío, hambre, cansancio, padecer sarcasmos, calumnias, afrentas, odios, asechanzas, traiciones y morir derramando la Sangre con una muerte brutal, para darnos el Tesoro de la Salvación.

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Esto es lo que sufre Dios para salvarnos. El Padre celestial contempla consternado la manera tan infame con que el hombre desprecia la Salvación y pisotea la Sangre de su hijo.

Ningún hombre, por más difícil que sea su sendero que lleva al Cielo, caminará por una vereda tan amarga, fatigosa, llena de dolor, como la que va caminando el Hijo del Hombre, al venir del Cielo a la Tierra y de la Tierra al Sacrificio que abre las Puertas del Cielo.

Él busca corazones que le ayuden a soportar la amargura de la Pasión. Jesús sufrió el cansancio corporal de Evangelizar sin detenerse. El cansancio moral de buscar amor en los corazones, sin encontrarlo más que en muy pocos. Él NO es insensible al rencor y lo lastiman los que lo odian sin motivo, con las conjuras para matarlo y las traiciones de los que fingen ser sus amigos y son espías de los enemigos.

En el eterno Presente de Dios, los que se dicen cristianos pero NO le aman, toman los diferentes papeles de los integrantes del drama, que relata el Evangelio. Pues aún entre los que dicen amarlo hay nuevos Judas que lo venden por los denarios de los ídolos y del Racionalismo. Él fecundó con su Sangre las Tablas de la Ley.

El camino que nos traza lleva sus huellas ensangrentadas. Nuestras almas las hace puras y fuertes, al lavarlas con su Sangre. Él Mismo nos hace capaces de obedecer los Mandamientos que nos exige, para llegar a Él.

Si no olvidamos que en nuestro sufrimiento está Él y también su Sufrimiento que es Infinito, lograremos darle besos y sonrisas, junto con nuestras lágrimas, unidos a una voluntad heroica, de amarlo hasta el sacrificio y la muerte si fuera preciso.

La Pasión de Jesús es un mar dolorosísimo, en el que se lavan los pecados de todo el mundo. Y un mar de Odio satánico en el que se trata de sumergirlo a Él y a todos los que son amados por Él, para aniquilar todo su trabajo de Maestro.

El hombre que no está totalmente sumergido en el amor de Dios, por más fuerte que sea, termina por doblegarse ante el sufrimiento y pierde su combate con Satanás.

            COMO APRENDER A SUFRIR

En el Paraíso nos espera la felicidad total y absoluta. Y si los que están allá, pudieran formular un deseo, sería solo el de volver a la Tierra, para centuplicar en tiempo y en intensidad, los sufrimientos.

Las almas-víctimas en lo que les falta por vivir, deberán sufrir mucho, pero será un sufrimiento fecundo, de mucho bien y bastantes méritos.

Y no le agradecerán nunca a Dios lo suficiente, por el gran don que han recibido por su elección, porque a este don está ligada la salvación de muchas almas. ¡Qué felicidad por el puesto que les han asignado para el Plan Divino de la Salvación!

Por larga que sea la existencia y áspera la Prueba, siempre serán desmesuradamente inferiores en extensión y profundidad, respecto a la eternidad y la beatitud que nos esperan.

Por fuertes que sean las causas y los agentes que nos hacen sufrir hay que pensar que Dios nos ha dado agentes y causas de fuerza y de victoria, infinitamente más grandes que los que nos atacan y nos afligen: la Gracia, los Sacramentos, la Palabra Evangélica.

Breve. Siempre breve es la Prueba terrena, respecto a la Eternidad. Y relativos son el sufrimiento y la Cruz, respecto al gozo celestial e infinito, como todas las cosas que vienen de Dios, para aquellos que ya están en el conocimiento de Dios, como hijos suyos y herederos.

Igualmente, siempre serán relativas las humillaciones terrenas respecto de aquella gloria que se manifestará en los elegidos, cuando Dios se comunicará a ellos en una medida plena y perfecta en su grandeza, belleza, conocimiento, fuego de amor.

Su Luz y todos sus atributos y bienes que Él tiende a comunicar en forma relativa, proporcionada al viviente, conforme crece en la vida sobrenatural, vaciándose de sí mismo y de todas las cosas, para recibir a Dios, mientras todavía está sobre la Tierra.

El Reino de Dios es Eterno como su Rey. En la eternidad se conoce una sola palabra: Hoy.

También nosotros debemos conocer solo esta palabra, para medir el tiempo del Dolor: Hoy. ¿Por cuánto sufro? Por hoy. Al Presente. Para las criaturas espirituales, no hay otra cosa que aquello que es de Dios.

También en el Tiempo. Hay que prepararse desde aquí a calcular el tiempo, como lo poseeremos en el Paraíso: ‘Hoy…’

Pablo hace una pausa y Oliver se adelanta. Cómo es un hombre joven y alto, camina con seguridad y los cristianos ya lo conocen y reconocen en él, porque también es un gran profeta, el Instrumento que está siendo impulsado por el Espíritu Santo…

Pablo a su vez también vislumbra la Majestuosa e inconfundible Presencia que irradia el joven  y todos esperan anhelantes…

La expectación NO se ve defraudada. Los cristianos comprenden cuando Oliver eleva la voz y empieza a hablar:

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Hijitos Míos, cuánto agradezco éstos momentos que pasáis frente a Mi Presencia, ante la Sagrada Eucaristía, ante Mi Sagrada Presencia.

Cuánto gozo estos momentos en los cuales comparten conmigo sus gozos, sus sufrimientos, sus necesidades. Yo de antemano conozco vuestras necesidades y vuestros pensamientos, pero cuando os tomáis la molestia de venir ante Mí a compartirlos, NO puedo más que volar hacia vuestras almas y abrazarlas con un amor tan grande que no las dejo expresarse, sobre todo cuando es el arrepentimiento sincero el que os trajo ante Mí.

Vivo entusiasmado en pensar y esperar los momentos en los cuales os acercaréis a Mí y Yo os tomaré y os haré aliviar de vuestras peticiones. Cómo disfruto esos momentos íntimos del alma hijitos míos, pero son tan pocos los que se acercan y Me tienen esa confianza de Padre, de hermano, de amor.

De Mí sólo obtendrán Paz, Gozo y Alivio a vuestras necesidades. Por favor hijitos Míos, compártanme sus vidas, puesto que ellas también Me pertenecen..

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La gran mayoría de vosotros os imagináis que La Redención por todo Mi pueblo se realizó solamente en los últimos tres años de Mi Vida. O sea, en Mi Vida Pública, en Mi Vida de enseñanza. NO hijitos Míos, vuestra Redención se llevó a cabo desde Mi Concepción en el vientre de Mi Madre, la Santísima Virgen María. Desde ése preciso momento Mi Abandono a Mi Padre fue Total.

Yo tenía que crecer como vosotros, sufrir penas y privaciones como vosotros, rechazos y dolores como vosotros, muerte como vosotros. ¿De qué hubiera servido una redención como la esperaban los fariseos? Ellos esperaban a un juez poderoso, adulto, que llegara a exterminar al pueblo romano quienes los tenían sojuzgados.

De haber sido así, mi función hubiera sido sólo de libertador, usando sólo la fuerza humana y exterminando de la misma forma como todos los pueblos lo hacían y los actuales lo siguen haciendo. Hubiera pasado a la Historia como el Gran Libertador del pueblo judío, lo cuál sólo significaba fuerza, poder, inteligencia para la guerra.

¡El Mesías!, el Esperado, el Hijo de Dios, tenía que ser como Su Padre ¡Lleno de virtudes¡ lleno de Gracia, lleno de Amor, lleno de HUMILDAD.

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Acatando la voluntad de Mi Padre, Me humillé, Me hice como vosotros, como sois vosotros menos en el Pecado, para que fuera realmente un ejemplo a seguir. Ya que de una u otra forma, con Mi Ejemplo, vuestras vidas se ven asemejadas a la Mía de la otra forma NO. Como guerrero y libertador sólo sería ejemplo para unos cuantos, un muy limitado número de hombres, hombres de armas.

Yo crecí en perfecto abandono a Mi Padre, aceptando la “cárcel” de Mi Cuerpo, el cuál NO debía mostrar Mi verdadera Identidad como Dios. Solamente cuando “Me perdí” de la caravana en Mi Niñez y Me encontraron Mis padres enseñando a los sacerdotes en el Templo, fue la única vez que mostré Mi identidad como Dios, por Mi Sabiduría y por la respuesta que dí a Mis padres al decirles: ¿Por qué Me buscaban, acaso no saben que tengo que hacer las cosas de Mi Padre?

Palabras que NO comprendieron de inmediato pero que después entendieron muy bien. Después de esto se Me ordena una vida normal y oculta, con sus cruces de cada día, con las delicias de los Amores que Mi Padre Celestial Me daba todos los días, con la vida de Oración continua y profunda que llevaba con El, pidiéndole en todo momento por vuestra salvación y para todos vuestros hermanos de todos los tiempos.

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Yo veía a cada uno de vosotros reflejados en la gente de ése tiempo. No creáis que porque Mi Venida fue hace 2,000 años la condición humana ha cambiado, NO hijitos Míos. Las causas del Pecado son las mismas, lo refinado en el pecar ahora en vuestro Tiempo, es peor. El Demonio ha utilizado las mismas tretas y mentiras para hacer caer al género humano en el pecado, desde que se le quitó la Gracia que tenía, por su pecado y se volvió malo.

El ya no puede crear formas nuevas para hacer caer al género humano, porque por su Pecado ya quedó limitado para siempre, Les puede dar otra cara, otra presentación; pero la esencia del pecado es la misma, por eso Yo os levanto de vuestros pecados ya desde hace 2,000 años.

Mi Abandono al Padre fue siempre total y la única vez que Le dije algo diferente fue, cuando en Mi Pasión Dolorosa, en el Huerto de los Olivos, Le digo: “Si es posible aparte de Mi éste Cáliz, pero no se haga Mi Voluntad sino la Tuya”. Yo veía los atroces sufrimientos que iba a pasar en los tormentos recibidos por los verdugos. Verdugos que eran presa del mismo demonio y que se Vengaban de su Dios, haciéndolo sufrir como Hombre.

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Pero mi Dolor más grande era que Mi Redención que duró 33 años, no los 3 que siempre os imagináis, NO IBA A SERVIR PARA MUCHAS ALMAS. Mi Redención, para muchos de Mis hijos, iba a quedar totalmente fuera de los intereses de su vida. El haber venido a la Tierra para salvarlos o el NO haber venido, para ellos les iba a dar igual. ¡Cuánta ingratitud! Os creéis dioses, cuando apenas sois pequeñas creaturitas tratando de empezar a caminar, pobres hijitos Míos.

Treinta y tres años sufrí por vosotros y muchos de vosotros os quejáis de los dolores, ofensas, malos tratos, desprecios que se os dan en vuestras vidas, en vuestra misión que tenéis para salvar almas, por las que bajasteis a la Tierra. Actualmente vuestra Tierra es un desierto y campo de batalla en donde el Mal se va posesionando cada vez más de Mi Obra de Creación y de la vida de amor que Yo puse en cada uno de vosotros.

El malo os quiere destruir por que sois Míos, como Me quiso destruir a través de los verdugos que Me azotaron y Me rebajaron a piltrafa humana. Mi Fuerza reside en lo espiritual y la vuestra, también. Podrán destruir el cuerpo, pero NO el alma si realmente estáis Conmigo, como Yo lo estaba con Mi Padre.

De ésta forma vuestro “real cuerpo” que es el alma, resucitará gloriosa después de que hayáis aceptado y llevado a cabo con amor y abandono, vuestra Misión. La misión que a cada uno de vosotros se os designó para salvar una o millares de almas.

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No os deis por vencidos, hijitos Míos. El Mal se revuelca en Odio por destruir Mi Obra y NO PUEDE NADA contra aquellos, que permaneciendo en Mí y en Mi Madre, serán la Nueva Estirpe del Nuevo Pueblo de Dios en la Tierra. Acercaos a Mí en vuestras tribulaciones y en vuestras cruces y sabed que Yo ya antes sufrí por vosotros y conozco vuestro Dolor y vuestras debilidades y sólo Yo os puedo comprender perfectamente, porque os conozco desde antes de que nacierais.

Mi Vida de Amor y de abandono se va dando perfectamente en aquellas almas que se confían a Mí y que toman de Mí la Fuerza necesaria para seguir adelante. Aún cuando sintáis que vuestras fuerzas os abandonan y queráis apartar vuestra cruz de sufrimiento, recordad Mi subida al Monte Calvario, cuando Yo llevaba la Cruz a cuestas.

Mi debilidad era extrema, puesto que había perdido muchísima sangre por la Flagelación, estaba en ayunas y no Me habían dejado dormir en toda la noche los verdugos porque se la pasaron dañándoMe físicamente en forma brutal, de una u otra forma. La fiebre por la infección tan grande ocasionada por las heridas de la Flagelación, era muy alta y aún así tomé Mi Cruz. La abracé con cariño, ya que por ella, por Mi Muerte en ella, YO os iba a poder dar vida a todos vosotros.

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Con esto os quiero dar a entender, Mis hijitos que no reneguéis a la Cruz que cada uno de vosotros tenéis. Vuestro sufrimiento se acrecienta según vuestro grado de olvido a Mi Voluntad, a la Voluntad del Padre. O se disminuye cuando os abandonáis a Mi Voluntad y tomáis de Mí, Fuerza y Vida Divina para vencer vuestras flaquezas humanas.

No os agobiéis más, hijitos Míos, en vuestro abandono” en el aceptar Mi Voluntad y en el Interceder y ofrecer con amor verdadero, vuestros dolores y sufrimientos espirituales por aquellos que os causan un Mal. Encontraréis vuestra paz interior, porque entonces estaréis, verdaderamente actuando como Yo, vuestro Hermano Mayor que os dio la Luz, el Camino a seguir y la vida Eterna; gracias al aceptar con amor, el abandono a la Voluntad de Nuestro Padre Dios.

Venid todos a Mí, corderitos Míos, que Yo os preparo los pastos verdes y reconfortantes de Mi Reino de Paz, que recibiréis por haberos hecho uno Conmigo.

“Aquí estoy Señor, para hacer Tú Voluntad”. Esta frase, hijitos Míos, es la frase que sale del corazón de todos aquellos que ya Me encontraron.

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Esta frase es la frase de la reciprocidad en el Amor. Nadie que reciba y acepte Mi Amor se mantiene estático, porque el Amor es dinámico. Esta frase es la que realiza la separación o la unión conmigo, vuestro Dios. Aquél que NO se ha dejado llenar de Mí, NO PUEDE darse a su Dios ni a sus hermanos. Pero aquellos que se han olvidado de sí y Me dejan a Mi tomar el lugar privilegiado de sus vidas y en su corazón, ya han aprendido a ser verdaderos hijos Míos.

“Aquí estoy Señor, para hacer Tú voluntad”, ha sido la frase de los antiguos y modernos profetas y de todos aquéllos hermanos vuestros a los que la Iglesia ha nombrado santos por sus méritos ejemplares. Fue también la frase que separó al Antiguo, del Nuevo Testamento, cuando fue expresada por Mi Madre Santísima, que quien estando llena del Espíritu Santo, aceptó con docilidad Su Misión.

Al EncarnarMe en Ella, Yo mismo aceptaba Mi Misión, aunque Yo ya había aceptado la Voluntad de Mi Padre desde el momento en que se llevó a cabo el Pecado Original, donándoMe para la Salvación de todo el género humano.

 Esta frase marca la División entre la soberbia con la humildad. De la total Donación con el Egoísmo. Entre el ver la necesidad del hermano, con el verse a sí mismo.  Gracias a ésta frase se han dado los grandes cambios en vuestra historia, marcados por Mis pequeños quienes se han donado como Instrumentos de Mi Amor. Yo NO puedo actuar en un alma si antes NO ha aceptado el que Yo haga Mi Voluntad en ella.

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 Sólo las almas valientes, las almas que tienen sus ojos puestos en Mí, en Mis necesidades, que son las vuestras. Las almas que buscan su perfección en el Amor, las almas donadas hasta al martirio, las almas escogidas que han aceptado su misión perfectamente, son las que pueden decir sin titubear, ésta frase.

Son almas que se dan en totalidad, sin poner restricciones ni condiciones de alguna especie. Simplemente se dan completamente a su Dios, porque han sabido amar y confiar perfectamente en su Dios, sabiendo que a pesar de que en la donación puedan suceder cosas NO muy agradables a su comodidad humana, saben que su Dios estará en todo momento guiándolas y cuidándolas y también saben, que el premio prometido a ésas almas, será MUY grande en el Reino de los Cielos.

Cómo quisiera escuchar, NO de vuestros labios, sino de vuestro corazón, ésta frase de parte de todos vosotros. SI así sucediera, vuestro Mundo cambiaría radicalmente, sería un mundo como nunca lo habéis imaginado, un mundo en donde vuestro Padre Dios habitaría perfectamente y proveyéndoos de Sus regalos excepcionales os satisfarían.

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La muerte, el dolor, la corrupción, el Pecado y todas sus consecuencias desaparecerían, porque vuestro Dios NO puede habitar y reinar en donde el Mal habita. Por eso, al decir de corazón ésta frase, es vuestro Dios en Nuestra Santísima Trinidad, los que inmediatamente entramos a habitar ésa alma y así su Cielo comienza desde ésta vida.

No hay alma que se haya arrepentido de haberse donado con ésta frase tan hermosa: “Aquí estoy Señor, para hacer Tú Voluntad”, porque Yo vuestro Dios, también respondo a vuestra frase con Mi frase, “Si, gracias, hijito Mío y aquí estoy Yo, Tú Dios, para habitar en ti”. Desde ése momento el alma  recibe el Gran Tesoro que todas las almas anhelan desde que son creadas, el ser tomadas plenamente por su Dios. No hay nada más grande que un alma anhele, que el ser consumida por el Amor de su Creador.

Esto no lo entendéis ahora muy bien, porque tenéis un cuerpo, pero cuando vuestra alma se separe de él, lo entenderéis perfectamente, cosa que ya entendíais antes de bajar a servirMe. El deseo del alma en el Cielo, antes de que os encarnéis para tener una misión en la Tierra, es la de hacer Mi Voluntad. Pero es la carne, ya afectada por el Pecado Original, la que os hace cambiar de opinión por las múltiples tentaciones que el Maligno os pone.

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Por ello debéis luchar afanosamente para hacer y triunfar a vuestra alma sobre el cuerpo con sus pasiones desordenadas, para que logréis alcanzar nuevamente el grado de espiritualidad que teníais antes de bajar a la Tierra y podáis retomar la Donación que prometisteis a vuestro Dios, para hacer Su Voluntad. Por eso, el alma que ya puede decirle a su Padre “Aquí estoy Señor, para hacer Tú Voluntad”, es un alma que ya ha alcanzado nuevamente su vida espiritual, su vida primaria, su vida de Cielo, que ya luchó contra las Fuerzas del Mal y sus Tentaciones y Triunfó.

Esta frase, hijitos Míos, es la voz de triunfo que sale de los corazones que aprendieron a escoger la mejor parte, que aprendieron a seguir a su Dios y NO al Mundo; que aprendieron a base de caídas y que saben que el Único que puede devolverles su dignidad espiritual Soy Yo, vuestro Dios. Rogad, hijitos Míos por vuestro crecimiento y por vuestro triunfo personal, para que podáis alcanzar la Vida que os tengo prometida, tanto para vosotros como para vuestros hermanos. Para que tan pronto escuche de vuestro corazón el “Aquí estoy Señor, para hacer Tú Voluntad” Yo, inmediatamente vuele a hacer morada en vuestro corazón.

Que Mi Padre en Su Infinita Bondad, os Bendiga. Que Mi Santo Espíritu os Guíe por la senda del Abandono confiado y amoroso y Yo os Bendigo y os cubro con Mis Méritos para que alcancéis la plenitud y la perfección de vuestra Misión. Yo os Bendigo en Nombre de Mi Santísimo Padre, en Mi Santísimo Nombre y en el Santísimo Nombre de Mi Espíritu de amor.

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La experiencia sublime de ser tomado plenamente como un Istrumento para que Jesús manifestase su Presencia Santísima, llena de tal júbilo a Oliver, que lágrimas de agradecimiento y de éxtasis, corren por el rostro del joven cuando el Amoroso Dios de los cristianos ha derramado sus Bendiciones…

Pablo y todos los cristianos dan las gracias y el apóstol retoma el Tema sobre el que estaba hablando…

“Hermanos, todos los dichosos que ya hemos sido capaces de pronunciar esas benditas palabras: ‘Aquí estoy señor, para hacer Tu Voluntad…’ y hemos sentido la Grandiosa Majestad que la Presencia del Señor imprime en nuestra alma, cuando toma posesión de ella, al imprimirnos delicadamente Su Imagen y Semejanza que nos convierte en verdaderos hijos.

Y nos declaramos listos para proseguir con nuestra sagrada misión de ‘pequeños cristos y corredentores’, es cuando experimentamos la Transfiguración particular que nos identifica con Jesucristo, nuestro Dios Único y Trino…

Porque ES ÉL, el que nos convierte en apóstoles, profetas y mártires…

Yo por mi parte, estoy crucificado con Cristo y ahora no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Todo lo que vivo en lo humano se hace vida mía por la Fe en el Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí. También nosotros los apóstoles pasamos hambre, sed, falta de ropa y malos tratos, mientras andamos de un lugar a otro.

Trabajamos con nuestras manos hasta cansarnos. La gente nos insulta y los bendecimos. Nos persigue y todo lo soportamos. Nos calumnian y entregamos palabras de consuelo.

Hemos llegado a ser como la basura del mundo, como el deshecho de todos hasta el momento. Nos preocupamos en toda circunstancia por no dar a otros ocasión de tropiezo, ni de criticar nuestra misión. Al contrario, en todo demostramos ser auténticos ministros de Dios.

Somos muy perseverantes. Soportamos persecuciones, necesidades, angustias, azotes, cárcel, motines, fatigas, noches sin dormir y días sin comer. En nosotros pueden ver pureza de vida, conocimiento, paciencia, bondad, actuación del Espíritu Santo y Amor sincero.

En nosotros está la Verdad y la Fuerza de Dios. Luchamos con las armas de la Justicia, tanto para atacar como para defendernos. Unas veces nos honran y otras nos insultan.

Recibimos tantas críticas, como alabanzas. Pasamos por mentirosos aunque decimos la verdad.

Por desconocidos, aunque nos conocen. Nos dan por muertos y vivimos. Se suceden los castigos y todavía no hemos sido ajusticiados.

Nos creen afligidos y permanecemos alegres.

Tenemos apariencia de pobres y enriquecemos a muchos. Parece que no tenemos nada y todo lo poseemos.

¿No han aprendido nada en el estadio? Muchos corren, pero uno solo gana el premio. Corran pues de manera que lo consigan.

Como los atletas que se imponen un régimen muy estricto, solamente que ellos lo hacen por una corona de laureles perecederos, mientras que nosotros lo hacemos por una corona que no se marchita.

Y así como yo, sabiendo a donde voy, doy golpes pero no en el vacío. Castigo mi cuerpo y lo someto, no sea que después de predicar a los otros, venga yo a ser eliminado. Yo no quiero sentirme orgulloso de nada, sino de la Cruz de Cristo, nuestro Señor.

Alégrense en el Señor en todo Tiempo. Les repito: alégrense. Y den a todos muestras de un espíritu muy comprensivo. El Señor está cerca. No se inquieten por nada.

En cualquier circunstancia recurran a la Oración y a la súplica, junto a la acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces la Paz de Dios que es mucho mayor de lo que se puede imaginar, les guardará su corazón y sus pensamientos en Cristo Jesús.

Y estimen como la mayor felicidad el tener que soportar diversas pruebas.

Ya saben que al ser probados en nuestra Fe, aprendemos a ser constantes. Procuren pues que esa constancia perfecta se verifique con hechos, para que de ahí salgan perfectos e irreprochables, sin que les falte nada. Y demuestren su Fe con su manera de actuar.

Que la Paz del Señor, esté con todos vosotros…

Pablo ha terminado de hablar.

Marco Aurelio, que ha escuchado desde el principio y  Oliver, se acercan al grupo que rodea a los apóstoles.

Oliver se aproxima a Pedro y le dice en voz baja que lo busca el tribuno.

Entonces Pedro va al encuentro de Marco Aurelio.

Éste le relata todo lo sucedido en Anzio y su Bautismo recibido de manos del Obispo Leonardo. Sus peripecias en la búsqueda de Alexandra y el motivo por el que ha venido a buscarlo.

Finaliza diciendo:

–           Roma está ardiendo por mandato del César. Y solo Dios sabe que calamidades faltan, pues Nerón está loco. Y yo no puedo abandonarte aquí a una destrucción cierta. Por favor, ven con nosotros a Sicilia. –suplica Marco Aurelio arrodillándose ante el anciano Pontífice.

Pedro le responde:

–           Que te bendiga el Señor por tus deseos. Pero ¡No has oído decir que Cristo me repitió por tres veces: “Apacienta mis corderos” Si tú a quién nadie ha confiado la custodia de mi persona, me dices que no me abandonarás a una destrucción cierta, ¿Cómo puedes querer que yo abandone al Rebaño del Señor, en el Día del Desastre?

Toma a tu esposa y a los tuyos y vete a Sicilia. Tu camino apenas empieza. Y debes madurar para que des fruto. Te lo repito: No caerá uno solo de tus cabellos. Ten Fe. Parte con mi bendición y la Paz de Cristo, esté contigo y los tuyos.

Pedro los bendice y los despide.

Y prosigue en la reunión de los cristianos, donde comparte con los obispos, las últimas noticias recibidas y las decisiones pertinentes que deberán tomar…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

52.- EN LA ESCUELA DEL SUFRIMIENTO I


INCENDIO DE ROMA
PRINCIPIO   DEL   DESASTRE

Mientras tanto en Roma, los cristianos advertidos por el Espíritu Santo; algunos abandonaron la ciudad y se fueron a la Puerta del Cielo o a otros lugares más lejanos, donde tenían parientes.

Otros, también siguiendo las instrucciones del Divino Espíritu, solo cambiaron de barrio o se refugiaron en casas de otros cristianos.

En la Puerta del Cielo, ante millares de cristianos reunidos, se oyó fuerte y clara, la voz apacible e inconfundible:

–           ¡Qué la Paz sea con todos vosotros!

Es el apóstol Pedro que extendiendo sus manos dice tranquilamente:

–           ¿Por qué perturba el temor vuestros corazones? ¿Quién de vosotros podría decir lo que va a suceder, antes de que llegue la hora? Si el castigo de Babilonia es el fuego de su Indignación Santa que ha permitido que esto sucediera, NO debéis olvidar que su Misericordia se extenderá a todos los que han sido purificados con el Bautismo y vosotros, cuyos pecados han sido redimidos con la Sangre del Cordero moriréis con su Nombre Santísimo en vuestros labios.

Creo que es necesario que Pablo os recuerde, una lección que ya habéis escuchado antes de vuestro Bautismo, cuando fuisteis catecúmenos.

Pedro se hace a un lado y la voz de Pablo resuena fuerte como una campana en aquel lugar.

Cada corazón bebe ansioso sus palabras:

“Nos gloríamos hasta en las tribulaciones, sabedores de que la tribulación produce paciencia. La paciencia, una virtud probada: la esperanza. Y la esperanza no quedará confundida pues el Amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones, por virtud del Espíritu Santo que nos ha sido dado. Porque si somos hijos, también somos herederos. Herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con Él, para ser también con Él glorificados.”

EL SUFRIMIENTO ES LA PARTE ESENCIAL DEL DOLOR.

El padecimiento toca al cuerpo y el sufrimiento toca el alma. Los dos constituyen la esencia de la Cruz, preparan al alma para la contemplación y son apoyos indispensables para la Oración.

Porque sin sufrimiento no existe la vida espiritual ni se puede llegar a la perfección. Pues la regeneración del alma es dolorosa. 
El sufrimiento es medio no solo útil, sino necesario para la purificación, la transformación y divinización del alma. El que se niega a purificarse en su camino por la Tierra y NO aprende a amar de verdad, deberá hacerlo de una manera mucho más tremenda en el Purgatorio, donde la ausencia de Dios es el más terrible de los tormentos. 

En nuestra jornada terrenal, Jesús dosifica el sufrimiento y nos ayuda a soportarlo, con su Amor.

Él nos imprime su Semejanza de tal forma que se llega a amar el sufrimiento y lo pedimos como una Gracia.

El alma que ama desea sufrir y el sufrimiento aumenta el amor. El amor y el sufrimiento, unen al alma con Dios hasta fundirla en una misma cosa con Él.

 La comodidad y el placer son los peores enemigos del sufrimiento y cuando son apoyados por el amor propio, el alma huye del Dolor y por lo tanto de la Cruz.

El que huye de la Cruz, huye de la Luz. Se ama en la medida que se sufre. Y el que huye del sufrimiento, huye del amor.

No se puede orar; no se puede aceptar el sufrimiento, si no se cree y no se ama.

Amor es paciencia y perdón.

Paciencia en las tribulaciones. Porque el mal lo hereda el hombre de Satanás, Príncipe del Mal y Monstruo devorador e insaciable, de Odio Eterno y viviente.

El mundo es de los malos y el Paraíso de los buenos. Esta es la verdad y la promesa. El mundo pasa, el Paraíso, no. Y si es así, ¿Por qué perturbarse por lo que hacen los malos?

¿Por qué son felices los que obran mal?

Son los eternos lamentos de quién es bueno y oprimido. Porque la carne gime, cosa que no debería ser. Y cuanto más pisoteada, tanto más debería levantar, las alas del alma en el júbilo del Señor.

La Tierra es un lugar de exilio. La Humanidad entera está en marcha hacia la Eternidad. La vida es una Prueba para amar y expiar.

El sufrimiento que el hombre se procura al estar lejos de Dios y por desobedecer sus Leyes, es un cáliz amarguísimo y un sufrimiento inútil.

Al no beber en las fuentes de la Sabiduría, el hombre carece de la Fuerza de Dios, que podría consolarlo.

SUFRIMIENTO

El hombre se cree siempre capaz de todo y trata de ser autosuficiente. Frecuentemente olvida que necesita a Dios y en ese empeño se va a la ruina.

El sufrimiento hace que el hombre recuerde que sin la ayuda Divina, somos causantes del mismo sufrimiento que nos aflige. Las desventuras manifiestan la locura y necedad humana y la existencia del Poder y la Bondad de Dios.

Cuando la soberbia más refinada de un alma llega hasta el punto de creerse buena, se cree que NO se merece sufrir tanto y se autoproclama que NO hay culpas que expiar. Cuando se piensa así, es porque se es un monstruo perfecto.

Es entonces cuando hay que mirar atrás en el pasado: ‘NO he robado’, ‘NO he matado’.

No son sólo éstas las culpas que merecen pena. No roba solamente el asaltante que hace uso de la violencia y sabe ocultarse para que no lo identifiquen.

Se roba de muchos modos y se roban muchas cosas que no son solo bienes materiales. Además del dinero, joyas, bienes: se roba honor, pureza, estima, salud, beneficios.

Y hacia Dios, respeto, culto de verdadera obediencia, agradecimiento, amor auténtico, etc.

Y esto lo hacen aparentemente las personas más honestas. ¿Aquel que lleva a alguien a desesperarse, no mata; aunque el desesperado no se suicide? Sí. Mata la parte más selecta: el espíritu, que desesperado se aleja de Dios y muere, cuando el Odio se apodera del alma.

El que con obras y palabras siembra la incredulidad y la idolatría en sí mismo o en los demás, comete el pecado de Deicidio, porque al matar la Fe imposibilita al alma para salvarse y además le roba a Dios el alma que le pertenece por justicia.

El que quita la paz y el honor a una mujer y niega la paternidad y el amor al bastardo que engendró, comete uno de los robos más graves y maldecidos por Dios… Y…

Nadie está sin culpas que expiar.

Meditando las cosas de esta forma, debemos llegar a la conclusión de que la vida más dolorosa es un castigo de amor muy leve, dado por un Dios Amorosísimo, que NO quiere castigar eternamente…

EL SUFRIMIENTO Y EL AMOR.

Nunca la caridad va separada del sufrimiento, porque al ser cosa santa, desencadena las iras del Enemigo y Satanás es experto en infligir tormento.

Y nunca el sufrimiento va separado de la gloria, porque Dios es justo y da a quién da.

Los propósitos del Amor, son constantemente atacados por el Demonio, el Mundo, la Carne. Y no hay flagelo más duro que los hombres mismos.

Ellos proporcionan el fuego y la purificación con la que el alma se prueba y se acrisola como el oro y la plata.

La sabiduría de la Resignación y las promesas del mundo futuro, preservan del Odio.

El Odio es poderoso en el mundo pero tiene sus límites.

El Amor no tiene límites, ni en fuerza, ni en tiempo. El amor se convierte en defensa y consuelo sobre la tierra y premio en el Cielo.

La justicia de Dios, siempre vigila aunque parezca ausente. Y el sufrimiento nunca debe conducir al Odio, aunque los hechos parezcan justificarlo.

Dios nunca retira la Gracia que da. Si el hombre permanece sin pecar, su sufrimiento lo lleva a la santidad.

Quien cree en Él, no debe estar triste y sin esperanza, como los que no lo conocen.

No es pecado estar triste, si los momentos son dolorosos. Es pecado ceder más allá de la tristeza y caer en la inercia y la desesperación.

La Oración y la Palabra son el lenitivo para los sufrimientos.

Solo se debe buscar el Amor de Dios para consolarnos. Y en el corazón solo debe existir un amor absoluto por Dios, sin apoyarse en nadie más.

A Dios no le agrada hacer sufrir al hombre, porque lo ama. Por ese mismo amor que lo indujo a Él para salvar, Él sabe que no hay otro camino que el de la Cruz.

Nunca impone sufrimientos que estén por encima de los que la creatura pueda soportar. Cuando el dolor aumenta, también es aumentada la capacidad de sufrimiento…

Y el Espíritu santo comunica la fortaleza necesaria, para que la voluntad del hombre siga siendo heroica y crezca la tolerancia y el amor. Y puedan cumplir la misión delicada y santa de ser víctimas que salven.

No importa el camino por el que se le llama, siempre será el amor. El alma aprende a amar hasta consumirse en una llama de amor, porque han comprendido la Fuerza Poderosa del Dolor.

Y el Amor hace que el sufrimiento sea dulzura y la dulzura sufrimiento.En la misma proporción en que se ama, Dios ayuda a triunfar.

Las almas-víctimas aman de una manera total y triunfan de una manera absoluta.

El viento de las contrariedades aviva a los que son verdaderas llamas en el amor. Arden y se consuman a sí mismas en una Oblación constante.

Los dolores más amargos son proporcionados por los más amados de los suyos. Los sufrimientos mayores vienen de los propios familiares. Son la corona de espinas de los elegidos.

Dios siempre sabe en qué medida debe probarlos. Cuando el sufrimiento aumenta, también aumenta la Gracia para soportarlo. Cuanto más fuerte es la Prueba, tanto más debemos confiar en Él.

Algunas veces es tan dolorosa que nos asalta el deseo de renunciar y el pensamiento de que era mejor NO haber conocido el Camino, jamás.

La voluntad de entrega y el amor que clama al  Señor, es lo único que fortalece para salir adelante.

Cuanto se es mejor, tanto más se sufre.

El sufrimiento es amor activo que trabaja más que cualquier otra cosa a favor de las almas y principalmente en la salvación de los familiares, que son los primeros que hay obligación de salvar.

Cuanto más se sufre, más se redime. El sufrimiento es amor ofrecido en sacrificio a Dios y sirve para obtener gracias para los demás.

Nada se pierde en la economía santa del Amor Universal.

En el Sufrimiento está la perfección del Amor: Dar afecto y recibir indiferencia y odio.  Dar obras y verlas rechazadas, supera en acerbidad a los tormentos que solo torturan el cuerpo.

La Indiferencia, la Ingratitud y el Odio, hieren al alma y convulsionan el espíritu.

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Por eso Jesús debe ser el único amor de nuestro corazón, dulce tormento de nuestra alma y agradable martirio de nuestro cuerpo.

Debemos ser víctimas de su Corazón, por medio de un amargo disgusto que no sea Él.

Víctimas de su alma, por todas las angustias que la nuestra sea capaz de soportar.

Víctimas de su Cuerpo, con el alejamiento de todo lo que satisface al nuestro y por el sometimiento total de una carne criminal y maldita.

Él nos quiere conscientes de nuestro papel dentro del Cuerpo Místico.

Nos quiere vivos, vibrantes de Gracia, de Fe, de amor y por tanto de sufrimientos.

Nos quiere totalmente consagrados a Él, trabajando por sus intereses, sin perdonar esfuerzos, ni sufrimientos.

“En vuestro Nombre Señor obraré y sé que seré poderoso.”

Esta es la Oración que hemos hecho nosotros los apóstoles, pobres e ignorantes ante el mundo, pero ricos y sabios con Cristo. Él, lo único que nos pide son tres cosas:

1-      REPARACIÓN. Sabiendo cuantas almas le ofenden, debemos trabajar con Él, reparando con nuestras oraciones, trabajos y penitencias.

2-      AMOR. Intimidad con Aquel que es todo Amor y que se pone al nivel de sus creaturas para amarlas y enseñarlas a amarlo. Estrechando nuestra unión con Él.

Reparando, redimiendo y salvando con el Salvador Divino. Trabajando por Él, con Él y en Él, en íntima unión con sus sentimientos y sus deseos.

3-      CONFIANZA. Debemos estar seguros de Aquel que es Bondad y Misericordia, estando en contacto con Él, las veinticuatro horas del día.

Viviendo con Él, que nos conoce y al cual conocemos.

Sabiendo que nos ama con locura, porque somos sus almas escogidas, para que viviendo en Él y conociendo su Corazón, lo esperemos todo de Él.

Este es el llamado que Jesús hace como invitación al alma que ha elegido y que siente estremecer su corazón ante este maravilloso privilegio. Pero…

EL HAMBRE DEL ESPIRITU, CONTRA LA RESISTENCIA DE LA CARNE.

Jesús tuvo necesidad de un Ángel Confortador que lo exhortara a sufrir en el Huerto de Getsemani.

Porque si para Él, era algo precioso el hacer la Voluntad del Padre, con su espíritu encendido por la Caridad, sin embargo NO estaba privado de los terrores y las rebeliones de la carne delante del sufrimiento.

Los pequeños Jesús también experimentan este dualismo entre el espíritu y la Carne.

El espíritu que grita: ‘! Inmolación para tener salvación!’

Y la carne que gime: ‘! Piedad! Quiero vivir y no sufrir’

Cuando  esto sucede, Dios viene y auxilia fortificando la carne al Dolor, con su Palabra.

Él tiene piedad de nuestra carne, porque en las almas víctimas, es instrumento de Redención, cuando el Espíritu de Dios la posee y la mueve a su placer, como la hierba que el viento besa. Conocerá la gloria del Reino de Dios.

Jesús santificó también la carne, redimiéndola con su Doctrina y con la Sangre.

Es la vestidura del altar del corazón en el espíritu que se inmola en una carne pura, sacrificada, hecha preciosa por el Dolor.

No se debe esperar comprensión y gratitud del mundo. El Mundo los tratará como trató a Jesús: el Mundo no las conoce porque ya no son del mundo.

Ellas se inmolan por el Mundo y el Mundo las mira sacudiendo la cabeza, cubriéndolas de escarnio y golpeándolas con sus armas más perversas.

También el Mundo llega a matarlas y Dios les dará doble vida, porque serán mártires dos veces: del Mundo y del Amor.

No hay que cansarse de ser víctimas.

Las injurias y los golpes del Mundo, no obstante que son como golpes de ariete contra frágiles carruajes, NO deben apartarnos fuera de la Vía Purpúrea del Sacrificio, que se injerta en la Vía Regia que conduce al espíritu hacia Dios.

Hay que seguir a Jesús por la senda del Sufrimiento comprendido, aceptado, amado y vivido sólo por Él, como humilde respuesta a lo que nos pide el Señor.

Cuando las tribulaciones y el sufrimiento se hacen más agudos, hay que cuidarse del Desaliento, arma infernal usada por Satanás, para atrofiarnos toda actividad interior.

Es entonces cuando hay que encuadrar los sufrimientos, dentro de la real visión de la vida entendida como Prueba.

No hay que decir: ‘Todo es inútil’ cuando parece que la semilla haya caído en terrenos áridos.

Con el llanto se riega y con el holocausto total, todo se convierte en tierra fecunda. Y con la Oración y una inteligencia despierta al Amor, las derrotas se vuelven las más rotundas victorias.

El sufrimiento es el oro puro del amor del Alma-víctima, sangre del corazón de la mística Comunión de los Santos y que con Cristo a la cabeza, resucita a los muertos en el espíritu.

Resurrección mucho más preciosa que la de la carne.

El sufrimiento ofrecido a Dios con amor y con alegría, abandonándose completamente a la Voluntad de Dios, se convierte en un don precioso.

Y Él corresponde con su ayuda y su consuelo.

MADRE Y REINA

Él Mismo ayuda a sufrir. Y el auxilio de María es invaluable, con su dulzura maternal. Ella también nos forma y nos ayuda a extendernos sobre la Cruz, en la alegría de ofrecerse a Dios por los hermanos, igual que Jesús se entregó a nosotros.

Y es entonces cuando la Cruz se lleva con alegría y no pesa. El sufrimiento se vuelve dulce y conduce a la verdadera paz del corazón, porque en la Oración está el lenitivo y la fuerza para seguir siempre adelante, ofreciendo siempre a Dios todos:

Los sufrimientos interiores. Humillan mucho porque provienen de la experiencia de sus limitaciones, de sus defectos, de sus numerosos apegos.

Lo procuran, el desarrollo de las circunstancias que nos rodean y que la providencia de Dios permite para sus misteriosos designios, que siempre están llenos de Amor.

Los sufrimientos exteriores. Son los que con frecuencia nos procura Satanás, cuando nos ataca con toda su rabia y su furor, tratando de destruirnos para hacernos desistir de seguir a Jesús.

A todos nos atormenta con todo género de tentaciones. Con la Duda y la Desconfianza, con la Aridez y el Cansancio, con la Crítica, la Ironía y la Calumnia.

Y a veces con palizas que físicamente nos dejan fuera de combate por breve tiempo, pero que con la Oración son vencidas y ampliamente recompensadas.

También aquí entran los que provienen de las persecuciones que terminan con el martirio cruento.

EL SUFRIMIENTO EXPIATORIO.

El hombre peca con demasiadas maldiciones y para que Dios no acabe exterminándolo, porque además hace la tremenda acusación a Dios de las desesperaciones que son fruto natural de una vida sin Fe y alejada de Dios.

Y que se procuran a sí mismos con las consecuencias de sus actos. Y para que no finalicen condenados eternamente, es necesario que las víctimas amen, sufran, rueguen, bendigan, crean, esperen, adoren, sufran.

Sufrir, sufrir y sufrir, para que purifiquen a los que van a la muerte del espíritu.

El sufrimiento de las víctimas, es el que mantiene a raya a Satanás, que se ha vuelto poderoso por las demasiadas maldiciones que lo hacen permanecer haciendo el Mal.

El sufrimiento expiatorio convierte a las almas en salvadoras.

¡Salvar! Para salvar a la humanidad, Jesús dejó el Cielo y conoció la Muerte. Salvar es la más grande de las caridades.

Y convierte a las almas víctimas en salvadoras iguales a Cristo.

Para salvar al mundo de la desesperación las víctimas son torturadas con todas las desesperaciones y nunca cesan de sufrir.

Las calumnias y las murmuraciones del mundo, son su pan de cada día.

CON SU SUFRIMIENTO OFRECIDO Y ACEPTADO POR DIOS, SE CONVIERTEN EN LOS PEQUEÑOS CRISTOS…

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¿POR QUÉ SUFREN?

Porque un alma necesita su agonía para volver a Dios.

Dios toma su ardor para calentar a otras almas y ellas se quedan frías; sufriendo la gélida aridez espiritual. Sintiendo que NO aman a Dios y con un dolor punzante por lo mismo.

Pero mantienen su fidelidad y esto detiene el Brazo de la Justicia Divina, para que NO descargue su cólera sobre los pecadores. Un solo acto de amor, cuando se sienten desamparadas, repara las ingratitudes de muchas almas.

Y cuando están insensibles y con su voluntad heroica, repiten su amor y su fidelidad y se entregan con docilidad, para seguir crucificadas, siendo un bálsamo precioso y un consuelo para el corazón de Dios.

SEÑOR TE ENTREGO TODO LO QUE SIENTO Y FORTALÉCEME PARA SEGUIR AMANDO

SEÑOR TE ENTREGO TODO LO QUE SIENTO Y FORTALÉCEME PARA SEGUIR AMANDO

Y beben su amargura voluntariamente, para expiar convencidos de que Dios trabaja con su sufrimiento, cuyos resultados solo verán cuando hayan regresado a Él.

Y con el llanto bañándoles las mejillas, lloran sobre el Corazón de Dios su Dolor y su tristeza, porque sobre Él es dulce amar y es dulce sufrir. Y le entregan todo su Dolor y su Tristeza.

Todo su sufrimiento y el Sufrimiento de la Creación que les rodea y que NO OFRECEN los que no saben cómo hacerlo.

Y Jesús es el Sol que ilumina con una sonrisa, en medio de la tempestad.

Y sus brazos son el consuelo que rodea su soledad.

El sufrimiento de las víctimas suple el segundo martirio que el Padre ya no quiere que Jesús cumpla.

Y por eso, a cada alma que se inmola, le es concedido expiar y salvar.

Los sufrimientos del alma-víctima, obtienen de Dios Luz, para que las almas puedan reconocerlo.

Siempre sufrirán los inocentes y los santos, porque ellos expían por todos.

Su dolor y su sufrimiento redime y salva.

Víctimas puras a las que consuma el amor, junto a la Gran Víctima, en el Sacrificio Perpetuo: La Eucaristía.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, – CONÓCELA

51.- EL ENCUENTRO


imperio-romano-cole_thomas_the_consummation_the_course_of_the_empire_1836En el jardín de la casa del obispo Acacio, en el banco junto a la fuente que está rodeado de mirtos y rosales, están sentadas Alexandra y Jazmín, conversando animadamente, cuando llega corriendo Oliver, el sobrino del obispo y les grita:

–           ¡Rápido! ¡Vámonos! Roma está ardiendo.

Las jóvenes se levantan sobresaltadas y Alexandra palidece, mientras murmura angustiada:

–           ¡Marco Aurelio! Él va a venir a buscarme aquí. ¿Cómo le aviso? ¿A dónde vamos?

Se han reunido todos los moradores de la casa y el anciano Lautaro, está con todos en el Atrium.

Llega corriendo Bernabé y dice:

–           ¡Todo el circo está ardiendo y hay incendios en muchas partes! ¡Tenemos que escapar!

Alexandra exclama afligida:

–           Pero ¡Marco Aurelio! ¡Mi esposo!

Lautaro recomienda:

–           No te preocupes. El Señor le ayudará a encontrarte. Lo importante es ponernos a salvo.

Oliver dice:

–           Yo sé como podemos llegar a las canteras de Calixto en una forma más segura. Síganme.

Y el joven Oliver encabeza al grupo de cristianos.

Al salir a la calle, el viento trae el humo acre del fuego y todos siguen a Oliver; que da vuelta en la esquina y sigue por una estrecha callejuela.

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Entretanto el terrible elemento ardiente, sigue abarcando nuevos barrios de la ciudad.

Es imposible abrigar dudas de que manos criminales están encargadas de propagar el fuego, puesto que a cada momento y como siguiendo un plan predeterminado, se ven estallar nuevos incendios a remota distancia del foco principal.

El grito de: ‘¡Roma perece!’ Se escucha por todos lados.

Algunos declaran que Vulcano por orden Júpiter, está destruyendo la ciudad con fuego, porque Vesta está vengando la violación de Rubria.

En el centro de la ciudad entre el Capitolio y el Quirinal, el Victimal y el Esquilino; así como entre el Palatino y el Monte Celio, en donde las calles están ocupadas por una población más densa, el fuego había empezado en tantos puntos al mismo tiempo, que muchas personas al huir en una dirección, se encontraban de repente con una muralla de fuego y tomaban otra dirección, solo para encontrarse con otro cerco de fuego que les cierra el paso.

De esta manera quedan atrapados y finalmente mueren calcinados.

Dominada por el terror, el pánico y el frenesí, la gente no haya como escapar.

Las calles están obstruidas y por todos lados avanza el incendio, abrasando a los infelices que quedan carbonizados, en aquel mar de fuego.

Y mientras unos imploran a los dioses, otros blasfeman de ellos a causa de la desesperación por la espantosa catástrofe.

La destrucción parece tan completa, implacable y fatal, como el destino.

Cerca del anfiteatro de Pompeyo, el fuego alcanza unos depósitos de cáñamo y de barriles de pez, con los que se embrean las cuerdas y las antorchas.

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Y de repente se levanta una gran flama roja, tan brillante y tan enorme que ilumina toda la ciudad.

Y en aquella gran tragedia que es una ruina total, la noche se convierte en día; con aquel fulgor extraño, que hace que la luz parezca de un mortal resplandor sanguinolento, en medio de las crepitantes llamas policromas.

De aquel mar de fuego se elevan hacia la atmósfera gigantescas columnas ígneas y lenguas que en sus cúspides estallan en fantásticos abanicos de chispas doradas, aumentando y propagando una conflagración que cada vez se extiende más, como una ola furiosa y atronadora que va devorando todo a su paso, en la desventurada ciudad.

Tres días antes del incendio, estaba Pedro en la Escuela de Apolonio en el Transtíber, cuando llegó el ingeniero Frontino, diciendo que sería posible continuar las obras de las Catacumbas, pues ya había recibido órdenes para extender la construcción de la Domus Áurea.

Y comentó:

–           Para la extensión de lo que el Príncipe pretende, sería necesario derribar más de la mitad de la ciudad. Y la verdad NO entiendo como eso será posible…

La sangrienta respuesta está envuelta en llamas.

En la parte de las catacumbas que ya había sido concluida, los dos laberintos de túneles galerías que se habían edificado subterráneos en dos polos opuestos fuera de las murallas de la ciudad; uno está en una vastísima área que había sido propiedad de Séneca.

Tiene siete entradas y salidas: cuatro dentro de la ciudad en diferentes casas y barrios. Y tres, fuera de las murallas.

Por fuera, una de las entradas-salidas, está en una rica casa de campo, propiedad del senador Astirio y la otra junto a una cantera, en la propiedad que pertenece a Calixto.

Por encima, nadie sospecharía lo que está edificado abajo. Arriba nada había cambiado: campos de cultivo, extensos huertos y jardines, bosques, almacenes de grano y establos.

Oliver había participado en la construcción de las Catacumbas y ha guiado al grupo hasta una casa donde al llegar, da una contraseña y lo hacen pasar de inmediato, junto con sus acompañantes.

Aquí, el fuego no ha llegado todavía.

Los conducen a través de la casa, hasta el triclinium del jardín posterior.

Junto a la fuente, hay un león y un águila de mármol y un par de corderos pastando junto a un trío de palomas, al lado de una balaustrada.

Alberto, el que los ha guiado, toma la paloma del centro y la gira de su posición original, con la cabecita orientada hacia el norte…

Un ingenioso mecanismo, hace que se muevan los corderos y aparece una abertura bajo el emparrado, entre dos cipreses.

Alberto el que los recibió, le da a Oliver una antorcha y les indica que entren por allí, despidiéndolos con las palabras:

–           Pax Vobiscum. (Que la paz de Cristo esté con vosotros)

Todos no acaban de salir de su asombro, cuando a sus espaldas se cierran las puertas y se encuentran en un sótano, al que sigue una extensa galería, por donde avanzan siguiendo a Oliver…

Cuando por fin salen del oscuro y largo pasadizo a los espacios abiertos, desde donde se ve nuevamente la ciudad ardiendo, les parece increíble que realmente están fuera de las murallas de Roma.

Oliver les dice:

–           Vamos. No está lejos la casa de Calixto. –y decidido se dirige a través del campo, seguido por todos los demás.

Tres días después…

INCENDIO ROMA

Marco Aurelio ha inhalado mucho humo, a pesar de todas las precauciones tomadas.

La carrera desde Anzio. Los incidentes ocurridos mientras buscaba a Alexandra en medio de las casas incendiadas y humeantes; el insomnio, los terribles sucesos y extraordinarias experiencias de las últimas horas, han debilitado sus fuerzas y el resto de ellas parece abandonarlo ahora…

El joven tribuno se recarga vacilante, apoyándose en un peñasco.

Pasan unos minutos, cuando distingue la inconfundible figura del Pontífice de la Iglesia cristiana, acercándose hacia él.

Se arrodilla con gran veneración…

Pedro se acerca y le pone la mano sobre su cabeza inclinada, bendiciéndolo.

Luego…

Pedro dice a Marco Aurelio:

–           Nada temas. La casa del cantero está muy próxima. Si te vas… –y le da las instrucciones necesarias. Luego agrega- En ella encontrarás a Lautaro, a Alexandra y al fiel Bernabé. Cristo, que la ha destinado para ti, te la conserva. Sigue adelante hijo mío y que la Paz del Señor te acompañe siempre.

Las palabras de Pedro, al encontrarlo cerca de la cantera, le renovaron su esperanza y por un momento se siente desvanecer.

Está cada vez más cerca de la persona que para él, es la más cara en el mundo.

Pronto volverá a verla después de casi sentirla perdida, en el caos de la ciudad incendiada.

Besa el anillo en la mano de su Pontífice y continúa arrodillado mientras él y los que lo acompañan se despiden bendiciéndolo y luego se alejan.

Marco Aurelio siente en su ser una alegría tan grande que casi lo hace desmayar. Y eleva una plegaria de agradecimiento al Dios que ha comenzado a amar con todas sus fuerzas.

Recordó que cuando era niño creía en los dioses romanos, pero no los amaba. Ahora Jesús, su Dios amado, es la Fuerza que lo impulsa en todo lo que hace.

Siguiendo las instrucciones de Pedro, llegó a la hondonada que está al filo de las cavernas de la mina de cantera.

Y desde allí distingue al fin la finca en la que brilla una luz a través de la ventana.

El portón está abierto y un extenso jardín rodea la casa. Una vereda bordeada de azucenas, llega hasta la puerta de madera de la entrada.

Marco Aurelio llama, jalando una campanilla y la puerta se abre, dejando ver la gigantesca figura de Bernabé, que al reconocer a Marco Aurelio…

Dice emocionado:

–           ¿Eres tú, señor? ¡Bendito sea el nombre de Jesucristo, por la alegría que darás a mi señora!

Y abre la puerta, inclinándose para que pase.

En la cocina cerca del fuego, está Alexandra sentada con una sarta de peces que está asando para la cena.

Ocupada en separar los pescadillos y creyendo que es solo Bernabé el que ha entrado, no levanta la mirada.

Marco Aurelio se le acerca con los brazos extendidos y pronunciando dulcemente su nombre:

–           ¡Alexandra, amada mía!

Ella levanta su cara con asombro y alegría. Deja la sarta de peces a un lado. Se levanta y se arroja en sus brazos.

Es un abrazo que como un cerco de amor, aumenta la dicha de tenerse; después de haberse sentido perdidos, el uno para el otro.

Se besan una y otra vez. Se miran extasiados y se vuelven a abrazar, repitiendo sus nombres con adoración, con ternura. Y sintiendo como un verdadero milagro, el poder estar juntos otra vez.

Marco Aurelio la abraza. La acaricia sin poder asimilar que ya la tiene entre sus brazos.

Ella le mira con un amor inmenso y los dos se deleitan en su mutua alegría, amor y felicidad sin límites.

Entre besos y caricias, Marco Aurelio le refiere su búsqueda en la incendiada Roma y la casa vacía de Acacio.

También todos los temores y sufrimientos que padeció hasta encontrarla.

Concluye diciendo:

–           Pero ahora que te he encontrado, no puedo dejarte cerca del peligro por más tiempo. Las turbas están enfurecidas. Bajo las murallas están matándose entre sí, los fugitivos de la ciudad y los esclavos que se han sublevado, entregándose al saqueo.

Alexandra exclama:

–           ¡Oh! Pobrecitos… la desesperación los ha enloquecido.

Marco Aurelio dice:

–           ¡Sólo Dios sabe qué calamidades más pesan todavía sobre Roma! Necesitamos salir de aquí, con todos vosotros.

Vámonos a Anzio, en donde tomaremos un barco que nos lleve a Sicilia. Iremos a nuestras propiedades y allá nos encontraremos con Publio.

Alexandra escucha estas palabras, con el rostro radiante de alegría.

Porque en efecto, los cristianos que anteriormente debían soportar las persecuciones de los judíos, ahora con los disturbios provocados por el desastre, estàn llenos de incertidumbre.

NERON EMPERADOR

El obispo Lino, Lautaro y los demás que ya se han acercado a dar la bienvenida al joven tribuno, oyen con asombro la declaración de éste:

–           Roma está ardiendo por mandato del César. En Anzio se quejaba de no haber presenciado jamás un gran incendio.

Y si no ha retrocedido ante un crimen de tal magnitud, pensad en qué otras atrocidades será capaz de perpetrar después del incendio.

¡Huid todos conmigo! ¡En Sicilia esperaremos a que pase la tempestad! Y cuando haya pasado el peligro volveréis, para seguir esparciendo la semilla y las enseñanzas de Cristo.

Afuera, en dirección al Monte Vaticano y como confirmación de los temores expresados por Marco Aurelio, se oyen gritos distantes llenos de rabia y de terror.

En ese momento entra Calixto el cantero y cerrando precipitadamente las puertas, exclama:

–           En las inmediaciones del Circo de Nerón, están matándose. Los esclavos y los gladiadores están atacando a los ciudadanos. Hay saqueos por todas partes.

Marco Aurelio confirma:

–           ¿Lo habéis oído?

Lino dice con tono pesaroso:

–           Se ha colmado la medida y vienen calamidades inmensas sobre todos nosotros.

Pero Marco Aurelio piensa en Pedro y dice impetuoso:

–           Estad preparados. Voy a ir por el Pontífice. No lo vamos a abandonar aquí.

Alexandra lo abraza estrechándose a él y dice:

–           Llévate a Bernabé. No quiero que te suceda nada.

–           No, vida mía. Bernabé se queda contigo. Tú eres demasiado preciosa para mí- Y mirando al gigante, le sonríe y agrega-  Y yo sé cómo él cuidará de ti.

Bernabé se ruboriza al recordar el incidente con Atlante y un poco turbado, dice a Alexandra:

–           El amo tiene razón, domina. Además, si Cristo te protegió y lo guió hasta aquí, nada malo va a pasarle.- Y mira con ojos suplicantes al tribuno.

Lino interviene:

–           Primero cenaremos y luego descansarás. Hijo, has hecho un largo viaje a caballo y muy accidentado.

Mañana irás a buscar a Pedro. Además, todavía nos falta saber en todo esto, cual es la voluntad de Dios.

El obispo es la autoridad entre los cristianos. Todos le obedecen y entonan los cantos de agradecimiento antes de comer y luego se retiran a descansar.

A Marco Aurelio y Alexandra les dejan una habitación. Cuando se quedan a solas,

el tribuno dice:

–           ¿Sabes que gracias a Petronio  el César me autorizó a venirme antes para que estuviera contigo? Me regaló un collar para ti… y…  ¡Oh!… No sé en donde lo perdí…

Alexandra lo besa tiernamente en la nariz y exclama:

–           ¿A mí qué me interesa un collar por fabuloso que sea y regalo del César? Lo único que me importa es que ya estás conmigo…

Entre besos y caricias, Marco Aurelio le relata todas las peripecias de su estancia en Roma y de su viaje desde Anzio.

Y agrega:

–           También necesito despedirme de Petronio…

Los acontecimientos tan extraordinarios hacen que los recién casados pospongan su noche nupcial; porque Marco Aurelio, vencido por el cansancio y las emociones, cae rendido en brazos de su esposa y se duerme como un niño.

Alexandra vela su sueño y lo besa con dulzura y delicadeza, elevando plegarias por este hombre bueno, que Dios le ha dado como esposo.

Al día siguiente, Marco Aurelio se despide de todos.

Lautaro envía con él a Oliver, para que lo acompañe a buscar a Pedro.

Marco quiere despedirse de Petronio, antes de abandonar Roma.

Y cuando van caminando entre el caos de la ciudad que continúa ardiendo, un negro presentimiento le oprime el corazón…

CATACUMBAS

Y recuerda las palabras de Prócoro Quironio, cuando antes de separarse, el griego le comentó:

–           Entre el Janículo y el Monte Vaticano, detrás de los jardines de Agripina, existen unas excavaciones de las cuales se han estado extrayendo piedras y arena, para construir el Circo de Nerón.

Pues bien, escúchame señor. Hace poco los judíos, de los cuales hay un gran número en el Transtíber, han empezado de nuevo a perseguir a los cristianos.

Recordarás que en tiempos del divino Claudio, hubo tales disturbios que el César se vio obligado a decretar la expulsión de los israelitas de Roma.

Marco Aurelio preguntó:

–           ¿Y por qué lo estás mencionando?

Prócoro contestó:

–           Y ahora que han vuelto gracias a la protección de la divina Augusta, se sienten seguros y han vuelto a molestar a los cristianos, de manera más insolente.

Yo sé esto porque lo he presenciado. Ningún edicto ha sido promulgado aún contra los cristianos, pero los judíos se quejan de ellos continuamente al Prefecto de la ciudad.

Los acusan de ser delincuentes y de predicar una religión que el senado no ha reconocido. Y por eso los cristianos se ocultan.

–           ¿Qué estás tratando de decir?

–           Esto, señor. Que las sinagogas existen abiertamente en el Transtíber, pero los cristianos se ven obligados a ocultar su condición como tales y por eso muy pocos los conocen, pues hacen sus reuniones en secreto.

Prócoro era tan parlanchín y tan mentiroso…

Además, en aquel momento estaba tan obsesionado con encontrar a Alexandra en medio del caos horroroso del incendio, que casi no prestó atención a lo que decía.

MEDITACION

Pero ahora sus palabras resuenan claras en su memoria… Y una duda le atravesó como un puñal.

Él conoce perfectamente al griego y sabe que es un pillo consumado. Ya no tiene órdenes ni le estaban pagando por buscar a Alexandra.

Su trato se había terminado la tarde en que Bernabé mató a Atlante y les había dicho a los cristianos que lo enterrasen en el jardín.

Entonces… ¿Cómo sabe  Prócoro todas aquellas cosas y qué estaba haciendo entre los cristianos si es un bribón?

¿Acaso seguía espiando a Alexandra?…

El pensamiento de que Bernabé se había quedado con ella, le tranquilizó un poco; por si el griego estaba pensando en una venganza…

En ese momento, Oliver le preguntó:

–           ¿Adónde quieres que vayamos primero?

–           Vamos por Pedro, creo que a Petronio mejor le escribiré luego una carta…

–           ¿Y cómo sabremos donde está Pedro?…

Marco Aurelio miró a su alrededor y vio que estaban en la Puerta Flaminia.

Luego dijo:

–           Oremos para que el Señor nos guíe.

Después de unos momentos, se dirigieron al río…

Y luego de atravesarlo, pasaron al campo Vaticano, más adelante de la Naumaquia.

Llegaron al Monte Vaticano y se fueron rodeando por donde no hay fuego, tratando de evitar los peligros, pues la ciudad sigue ardiendo.

El Circo Máximo, es un montón de ruinas humeantes.

Calles enteras y callejuelas se están derrumbando en medio de columnas de fuego que se elevan hacia el firmamento.

El viento cambia de dirección y sopla con impetuosa fuerza desde el mar, llevando hacia los montes Celio, Esquilino y Vitimal, ríos de llamas, tizones y cenizas.

Hasta que al fin, las autoridades se pusieron a trabajar en programas de salvamento.

Por orden de Tigelino que se había apresurado a venir de Anzio al tercer día, al quinto día empezaron a derribar los edificios del Esquilino para que el fuego, al llegar a espacios abiertos, se extinguiese por sí solo.

Y esto se ha hecho simplemente para salvar los restos de la ciudad, porque no podía ni pensarse en el salvamento de lo que ya estaba ardiendo.

Y es necesario también ponerse en guardia contra las consecuencias de aquella devastación. En ella se perdieron incalculables riquezas…

Todas las propiedades de la mayoría de los romanos, quedaron reducidas a cenizas.

Muchos vagan errantes y enloquecidos, en medio de la mayor miseria.

El hambre ha empezado a morder las entrañas de los sobrevivientes, pues desde el segundo día de la catástrofe fueron consumidas las inmensas provisiones almacenadas en la ciudad.

En medio del caos y el desorden, nadie pensó en nuevos suministros.

Solamente después de las promesas de Petronio, se comunicaron a Ostia las órdenes necesarias, pues las turbas están cada vez más inquietas y amenazantes, exigiendo: ‘Pan y techo’

pretorianos

En vano los pretorianos traídos desde todos los campamentos, se esfuerzan por mantener de algún modo el orden, pues se encuentran por dondequiera con una abierta resistencia.

En diferentes puntos, grupos de gente inerme, señalan la ciudad ardiendo y gritan:

–           ¡Matadnos ahora! ¡Ya perdimos todo! ¡Qué nos importa la vida!

E injurian al César, a los augustanos, a los pretorianos.

Y el tumulto va creciendo cada vez más, de tal forma que Tigelino al contemplar los millares de incendios, se dice a sí mismo que son otros tantos fuegos de enemigos.

Además de una enorme cantidad de harina, hizo traer todo el pan que fue posible obtener no solo desde el puerto de Ostia, sino de todos los poblados circunvecinos.

Y cuando llegó el primer suministro, el pueblo derribó la puerta que daba al Aventino y se apoderó en un pestañeo de todas las provisiones, en medio de un atropellado desorden.

Se peleaban por los panes, muchos de los cuales caían al suelo y eran pisoteados.

La harina de los sacos rotos, blanqueaba como nieve en todo el espacio comprendido, entre los arcos de Druso y Germánico.

Y aquel desordenado saqueo continuó hasta que los soldados dispersaron a la muchedumbre, disparando flechas y otros proyectiles.

Nunca desde la invasión de Roma por los Galos a las órdenes de Bretón, había presenciado la ciudad un desastre más completo.

El Capitolio era un espectáculo inusitado, pues cuando el viento desviaba por momentos las llamas, se veían sus columnatas rojas como carbones encendidos.

Si en el día era horrendo el espectáculo que deslumbraba la vista; la noche presentaba ser espeluznante como un infierno.

Todo el centro de la ciudad, parecía el cráter de un volcán rugiente.

Diversos rumores y noticias agitan el mar de seres humanos, tratando de sobrevivir al mar de fuego.

Estas noticias son alternativamente opuestas. Se habla de una inmensa provisión de trigo y vestidos, para ser distribuida gratuitamente al pueblo.

Se dice también que el César ha dado orden de que a todas las provincias de África y de Asia, serían despojadas de todos sus tesoros y sus riquezas, para repartirlos a los habitantes de Roma, de tal forma que todos serán más ricos que antes del incendio.

Simultáneamente circula el rumor de que ha sido envenenada el agua de los acueductos.

Que Nerón ha decidido exterminar hasta el último de sus habitantes y que luego se trasladará a Grecia o a Egipto, para fundar una nueva capital.

Cada uno de estos rumores se extiende con la velocidad del rayo y encuentra fácil aceptación entre el pueblo, infundiéndole esperanzas o estallidos de terror, rabia, indignación y una ansiedad febril.

La creencia válida entre los cristianos de que está próximo el Fin del Mundo y su exterminio por medio del fuego, fue ganando terreno y más aún entre los paganos que rinden culto a los dioses del Olimpo o en otros cultos. Pues en ese aspecto, Roma había sido muy tolerante hasta hoy.

Se dispusieron campamentos para el pueblo en los regios jardines del César, en los de Pompeyo, Salustio, Micenas.

En los campos de Marte y otros edificios que el César dispuso. Los pavoreales, cisnes, flamencos, gacelas, etc. Que constituían el principal adorno de esos jardines, perecieron bajo el cuchillo y bandidaje de la plebe.

Mientras tanto, comenzaron a llegar abundantes provisiones del Puerto de Ostia; en una gran cantidad de barcos, buques y botes, anclados a lo largo del Tíber.

El trigo es vendido a precios increíblemente bajos y se distribuye gratuitamente a los desvalidos. Cargamentos de vinos, aceitunas, castañas, toda clase de ganado.

Todo esto hace que muchos infelices disfruten ahora de un bienestar aún mayor que antes del incendio.

El peligro del hambre ha sido neutralizado casi por completo. Pero fue más difícil reprimir los robos, bandidaje, asesinatos y violaciones que a diario ocurren.

La vida nómada asegura la impunidad a los facinerosos, que siempre que pueden proclaman su admiración al César y le tributan aplausos cada vez que aparece en público.

Y la ciudad sigue ardiendo.

La violencia del fuego disminuyó hasta el sexto día. Se renovó su fuerza la séptima noche. Pero tuvo corta duración, pues ya casi no hay combustible que lo alimente.

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA