Archivos diarios: 22/11/16

64.- EL OCTAVO SACRAMENTO


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En la casa de Nicolás, Fernanda está en el jardín posterior, rodeada por Emiliano su cuñado, otros familiares y su esposo, además de todos los sirvientes de la casa, que están recibiendo las enseñanzas de la joven domina.

Ella se ha encargado de darles la Evangelización, para transformarlos en los formidables Guerreros Celestiales que serán cuando estén dispuestos a morir por el Dios que los salvó primero a ellos y que les dará la Gracia y el Poder, una vez que se hayan donado y sean también corredentores.

Cuando reciban el gran honor y el privilegio santo de la invitación del Padre Celestial, para ser colaboradores en La Magna Obra de la Redención y que comienza, al pedir el Sacramento del Bautismo.

Por el momento sólo son catecúmenos ansiosos de Conocer y Amar cada vez más, a este Maravilloso Dios Crucificado que los ha inundado de plenitud y felicidad, conforme avanzan en el Conocimiento de su Poderosa Doctrina.

La lección de hoy también es importantísima.

Y por eso escuchan muy atentos a la joven domina:

EL OCTAVO SACRAMENTO ES: EL DOLOR

La Humanidad se horroriza por las ruinas que dejan las guerras en las ciudades y que destruyen palacios, templos, puentes, etc. Y maldice los explosivos que destrozan pulverizándolo todo, lesionando y destruyendo todo.

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LA PESADILLA Y EL INFIERNO QUE CAMBIARON ALEPO, SIRIA

El hombre era la Obra más perfecta y maravillosa de la Creación. Y Dios estaba lleno de júbilo, cuando lo contempló terminado.

Y los Cielos se estremecieron de admiración.

Y la Tierra cantó su alegría, porque sería el planeta que acogería regiamente al rey-hombre, hijo de Dios.

El Pecado. Más nefasto que todas las dinamitas, ha trastornado las raíces de hombre, en lo más íntimo del Pensamiento de Dios.

El Pecado, destruyó el complejo conjunto perfecto de carne y de espíritu, movido por los sentimientos; en el que la carne era más pesada, pero NO era contraria y mucho menos enemiga.

Con un espíritu que NO estaba prisionero en ella, porque era su rey y ella era dócil y lo guiaba hacia Dios.

Era atraído por Él como un imán divino, mediante las relaciones de amor entre su Creador y su criatura.

El Pecado trastornó aquel armónico contorno que Dios había puesto alrededor de su hijo, para que fuese un rey feliz. Caído el amor del hombre hacia Dios, cayó el amor de la Tierra hacia el hombre.

Y la ferocidad se desencadenó sobre la tierra; entre los animales y entre hombre y hombre.

La sangre, que solo debiera haber sido calor de apasionado amor; se volvió una ardiente caldera de Odio.

Y en ardiente gorgoteo, contaminó el altar de la Tierra; en el cual el único rito que Dios quería, era el del Amor.

Y nació una planta espinosa y de fruto amargo: el Dolor.

Cuando el hombre desobedeció, él mismo introdujo el dolor a la tierra.

Al principio, el dolor fue sufrido como el hombre lo podía sufrir, en su embrionaria espiritualidad contaminada: un dolor animal hecho con los primeros dolores de la mujer y de las primeras heridas inferidas a la carne fraterna.

Un dolor feroz de alaridos y maldiciones, semilla siempre de nuevas venganzas.

Después se fue refinando en la ferocidad, pero no en el mérito. Y el Dolor se fue haciendo más vasto y complicado al igual que el Pecado.

Ninguno de los nacidos de mujer, está exento de las consecuencias del Pecado. Que violó para siempre el orden establecido por Dios. Alteró la armonía entre las criaturas y el Creador.

Contaminó el amor, antes todo santo, con los falsos amores: el rebullir de pasiones carnales y fácilmente desordenadas, para que causaran las imperfecciones y la muerte espiritual al alma humana, creada con predestinación a la Gloria.

¿Irreparables estas consecuencias? ¿Obstáculo al Cielo para los hijos de Adán? NO.

Si incancelables son los signos del Pecado. Si el castigo del dolor y de la Muerte permanecen. Si los fomes han quedado después del Redentor. Y los Sacramentos instituidos por Él, hacen descender la Gracia a los hombres.

No están cerrados los Cielos, ni negada la Gloria a  aquellos que heroicamente saben conseguir la santidad.

Y el Mal, cualquiera que sea, tiene un noventa y nueve por ciento origen en el hombre.

Y el Bien tiene una sola fuente: Dios.

Desde el momento en que Satanás quiso ser igual a Dios en todas sus acciones: libertad, potencia y libertad de actuar. Quiso su propio pueblo como contraparte al Pueblo de Dios.

Y este fin persigue sin detenerse, lleno de Odio hacia Dios y hacia las criaturas que Él ama como Padre.

Y su Inteligencia conservada igual después de la fulminación divina. Inteligencia agudísima, adecuada al Príncipe de los ángeles…

Y sus poderes los usa para este fin, espiando en cada acción del hombre. Escuchando en cada una de sus palabras.

Extrayendo del conocimiento de cada acción y palabra humana; de la constitución física del individuo, de las enfermedades, de las desgracias, de los estudios, de las ocupaciones, de los proyectos, de los afectos, de todo…

ABSOLUTAMENTE DE TODO lo que le interesa al hombre; para hacer otros tantos terrenos donde sembrar su cizaña: creando confusiones y divisiones. Utilizando todas las armas para atormentarlo. Creando prodigios para seducirlo y hacerlo caer en el error.

El hombre es un niño irreflexivo y destructor, que busca con medios cada vez más refinados, la manera de atormentar con armas cada vez más mortíferas y con intransigencias morales, cada vez más astutas, para obtener dominio sobre los demás.

Dos son las necesidades del hombre: el Amor y el Dolor. El Amor que impide cometer el Mal. Y el Dolor que repara el Mal.

Esta es la Ciencia que se debe aprender: Saber amar y saber sufrir. Pero el mundo NO sabe amar y NO sabe sufrir. Sabe hacer sufrir. Pero esto no es amor, es Odio.

Soledad, amargura, desolación. Satanás trabaja para aumentar el sufrimiento y llevar a las almas a la ruina, por medio de la desesperación. ¡Cuánto dolor hay sobre la Tierra y solo Dios Puede aliviarlo!

Dios pliega siempre el Mal al Bien.

El dolor desde el punto de vista humano, es un mal por el sufrimiento que comporta.

Pero desde el sobrenatural, es un bien; porque aumenta los méritos de los justos, al fortalecer las virtudes por el ejercicio de las mismas.

Porque saben sufrir sin desesperarse, sin rebelarse. Y les da la oportunidad de ofrecerlo a Dios, como sacrificio de expiación por las flaquezas propias; repara los pecados del mundo y es redención por los que no son justos.

Para el hombre es muy difícil comprender y aceptar esto.

La vida es cruz. Siempre.

Los que reniegan de Dios, cargan la cruz sin Él.

Las almas que huyen de la cruz y del dolor, huyen del Amor. Volviéndose muy desgraciadas al carecer de la Paz interior que fortalece al alma con la Presencia de Dios.

El Dolor aceptado sin rebelión es expiación. En la pobre justicia humana, se pide que quién causó un daño, restituya lo que quitó arbitrariamente. Quién calumnió se retracte y así sucesivamente.

La Justicia de Dios exige la reparación de la culpa por medio de la expiación, con los mismos medios que se usaron para cometerla.

Nadie quiere sufrir, pero todos buscan que los demás sufran…

En su paso por la Tierra, el hombre más que para sufrir, vive para hacer sufrir.

Pero es mejor sufrir y expiar por un poco de tiempo en la Tierra… Y mientras dura la jornada terrena, que es solo un instante en la Eternidad…

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Que expiar en el Purgatorio, donde el tiempo está en proporción de uno a mil…

En el Purgatorio se sufre intensamente el dolor de haber amado poco. Y el proceso de regeneración, con el consiguiente crecimiento espiritual al que es sometida el alma por medio de la Purificación en el Purgatorio, es tanto más intenso y más doloroso, en cuanto menos se amó.

El Dolor es Cruz, pero también alas. Y es el camino que lleva a la conquista de las virtudes. El Dolor es el termómetro perfecto que mide la capacidad de amar.

Porque el amor y el dolor tienen una unión íntima, tan fuerte que parece indisoluble.

Cuanto más se está en la Luz, tanto más se acepta, se ama y se desea el dolor.

Por el contrario, mientras más alejados estamos de Dios, tanto más se teme y se odia el dolor. Y por lo mismo, hay una rebelión contra él.

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LOS PECADORES.

Que se han rebelado contra los mandamientos de Dios, odian el Dolor porque es el principal obstáculo, para el goce de todos sus vicios. Y no soportan a este gran maestro de la vida espiritual, ya que lo consideran un verdugo cruel y despiadado que les impide el disfrute de la vida.

Y se rebelan contra el sufrimiento con la violencia: el suicidio o el homicidio.

Así el dolor es mal que los fermenta y los convierte en presas del Infierno.

Porque Satanás los atormenta y los lleva gradualmente a la desesperación; haciendo que el hombre blasfeme por el dolor que él mismo se ha provocado y del cual termina acusando al Creador; maldiciéndolo y buscando venganzas que llevan a males mayores.

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LOS TIBIOS.

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Huyen del Dolor como de su peor enemigo.

Se la pasan gimoteando, buscando milagros y consuelos divinos.

Son las almas débiles, faltas de fuerzas para operar tanto en el Bien como en el Mal.

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LOS JUSTOS.

Primero: aceptan el dolor con resignación amorosa.

Su Fe y su fidelidad les dicen que Dios es infinitamente Bueno y Misericordioso.

Y que si Él lo permite, es porque de su dolor, va a sacar un bien mayor que es necesario.

Ya que al unirlo con los méritos de Jesús, Él va a darles un valor infinito, santificándolo al fundirlo con Él.

Ya que el Amor impide el Mal y el Dolor lo repara.

Lo soportan y ruegan, pidiendo amor para amarlo y para saber sufrir.

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Segundo: Aman obedeciendo y haciendo fuerza a sus quereres naturales, para hacer siempre la Voluntad Divina. El Dolor que les comporta, lo lloran en los brazos de Dios. Sus lágrimas se enjugan al calor de la ternura divina.

Y comprenden la razón de su sufrir. Saben que Él las ama tanto, que les da dolores con un fin santo. Y al dejar su corazón en sus manos; reciben curación, aliento y consuelo.

Tercero: la sabiduría comporta dolor. El que aumenta su saber, aumenta su dolor. El que conoce al Señor, le confía sus afectos, intereses, esperanzas y dolores.

Se abandona totalmente en Dios y ve en Él, al Amigo, al Hermano, al Padre. A aquel que lo ama con su Amor Perfecto, como Perfecta es su Naturaleza Divina y se une a Él.

Por eso hay que dar a Dios, lo que es de Dios y al hombre lo que es del hombre. Dar a cada uno el juicio justo.

Si meditamos bien en nuestros tormentos, que a veces se convierten en un sufrimiento mortal, veremos que en cada tormento está el nombre de un hombre. Nunca el de Dios.

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Y en el momento de la desolación, el alma más que nunca debe ser la hija de Dios. Y le llama con la seguridad de que puede hablarle, porque ha conquistado el derecho de ser escuchada.

No más oscuridad de desolación humana. No más afán de creyente que quiere y no puede alcanzar la paz en el Dolor.

Sino la alegría del sufrir: Una alegría del alma, bajo el llanto de una carne que muere por último.

Carne y sentimientos son los vestidos del ‘yo’ espiritual, el verdadero ‘yo’.

Y la criatura santificada por su heroísmo, puede alcanzar a decir:

“Por aquel sí’ que yo he dicho, ¡Escúchame!

Y hay que esperar en Dios y confiar en Él.

Cuando se juntan dos para llevar una pena, ésta se hace más ligera. Él enjuga toda lágrima de sus ojos y le consuela de un dolor que no le puede evitar, porque sirve para la Gloria de Dios y la suya.

Comprende que la vida es una ráfaga que termina, cuando en el Cielo le son arrancadas las espinas que le fueran clavadas por amor.

Sabe que el mundo necesita sufrimiento. Y pide el dolor para unirlo con Jesús, para la salvación de las almas.

Y así, uniendo su voluntad a la Divina, comparte con Dios, la necesidad del Dolor Absoluto, completo, profundo…

Hasta llegar a bendecirlo como una Gracia Inmerecida, que le permite unirse y parecerse al Dios Redentor, que adora con confianza y con amor.

Porque el dolor es una gran absolución cuando se sufre con santidad y se une a la Magna obra de la Redención.

Vivir junto a Jesús es un gran gozo hasta en el dolor.

Y morir por Él, es pasar a la gloria.

El alma se convierte de consolada, en consoladora. Y desea enjugarle las lágrimas a un Dios que NO es amado.

Convertirse al Amor es saber soportar el Dolor. Porque el amor nunca va separado del sufrimiento. Porque al ser una cosa santa, desencadena la furia del Enemigo.

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Señor, te entrego todo lo que siento. TE AMO. Ayúdame con tu Fortaleza a pasar esta amarga Prueba… 

En compensación, el sufrimiento nunca va separado de la Gloria, porque Dios es justo y da a quien da. Ya desde la Tierra, el alma prueba la Gloria del Cielo.

Y el Reino de Dios en ella, lo siente hecho realidad, por la Paz verdadera que le da la Presencia de Dios dentro de ella. Esta paz que es imperturbable en medio del más atroz de los tormentos, mientras apuran el cáliz amarguísimo del Odio.

Y de lo que darán testimonio, los mártires.

SE DEBE IMITAR A CRISTO EN TODO.

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Y es todavía siempre por el Dolor, el holocausto con el que el hombre salva.

Continuando la Obra de salud, iniciada por Cristo, pues el Martirio del Dolor, está siempre presente en la vida de los elegidos.

Los cuales demuestran su justicia mediante su amor al Dolor, NO solamente soportado con resignación, sino también pedido como ‘Octavo Sacramento’ y ‘Novena Bienaventuranza’

Para ser ungidos ‘víctimas’ y ser la verdadera efigie de Jesucristo Víctima.

Porque es por el Dolor y la Muerte, que Jesucristo fue el Salvador y el Redentor.

Del Mal, Dios siempre saca un fin bueno. Los que martirizan al alma-hostia, hacen que ésta se encamine hacia la perfección.

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El Purificador deberá dar cuenta de su crueldad.

Pero las victorias sobre el Mal, son la corona de los elegidos.

Si la maldad no pudiera crear en manos de Dios una consecuencia buena, Dios la hubiese destruido.

El Mal glorifica a los justos. La Obediencia a la Voluntad de Dios es el perno que fija y NO nos permite desfallecer, aumentando el amor y el deseo de perseverar.

Jesús fue Obediente hasta el extremo y nos recuperó a nosotros.

Y compartimos con Él, la sublime misión de recuperarle los hijos a Dios a través del Dolor y el sacrificio…

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Al beber del mismo cáliz que Jesús, que también en su amargura es bello; porque tiene en su borde el sabor de los labios del Maestro, que ha sido el que bebió primero.

LA FUERZA DEL DOLOR.

El Dolor no es un castigo cuando se acepta y se hace uso de él rectamente.

Y se convierte en Sacerdocio que da un gran poder sobre el Corazón de Dios.

Un gran mérito nacido con el Pecado. Sabe aplacar la Justicia, porque Dios sabe emplear para el Bien, cuanto el Odio hace para causar Dolor.

A través de la Oración, el Dolor se hace soportable y se convierte solo en una molestia de la materia.

Y el corazón se fortalece con las fuerzas del león, para que el espíritu vuelva a ser rey.

Cuanto más un alma está en la Luz, tanto más ama y acepta; ama y desea, el Dolor.

Cuando se vive inmerso y viviente en la Luz, se ama y se pide: EL OCTAVO SACRAMENTO.

Porque si con el dolor hay Paz, entonces es prueba de que viene de Dios.

Las almas-hostias hacen lo que Jesús hizo: hacer del Dolor el principal instrumento para salvar.

No debe preocupar el llanto. También Él lloró.

Él sollozó gimiendo y con repugnancia de carne y de mente, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, ha dicho: “Hágase tu Voluntad”

IMITAR AL MAESTRO ES EL SECRETO QUE SALVA.

“Hágase tu Voluntad” Lo ha dicho.

El espíritu solo, ha tenido el coraje de decirlo.

Entre las repugnancias y los miedos de todo el Cuerpo y del Pensamiento, contra el espíritu; se debe decir: ‘Señor, fundo mi voluntad en la tuya y haz que tu Voluntad sea la mía.”

Y mientras la crueldad del Dolor flagela, Dios está junto al alma valerosa, como un Padre y un Amigo que la compadece. Que la vela, que llora con ella y de la que recoge el infinito tesoro que Él necesita para salvar: el Dolor que redime.

Porque la tierra es un altar contaminado y el Dolor es el Holocausto por el Pecado. El Amor es el holocausto por el sacrificio. Y el Amor nace en las almas al purificarse por el Dolor.

Dios no condena las lágrimas, ni la repugnancia del hombre por el sufrimiento y el dolor. Condena solo el Pecado, la resistencia a la Conversión y la Desesperación en su Misericordia.

Lamentarse con Dios refugiándose en Él, hace que las lágrimas sean las monedas más preciosas para la conquista del Cielo, si el hombre padece y las soporta, sin salir del amor y de la justicia.

Siempre hay dolores más fuertes que los propios. Cuando el hombre se lamenta de su suerte y recuerda los dolores de Dios, se ve el sufrimiento tan relativo, que la Cruz cada día se hace más soportable.

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Señor, TE DOY GRACIAS POR ESTE SUFRIMIENTO que no comprendo y que te entrego por …¿¿¿???    SÓLO SÉ QUE TE AMO    Y TE BENDIGO POR ESTO… Lléname de tu Amor para seguir adelante… 

El llanto es el tributo de nuestra condición de hombres.

Jesús y María Inmaculada lloraron muchísimo. Los Dos que debieron estar exentos, tanto por su Pureza como por su Santidad. Lloraron para redimir y debieron vivir sumergidos en el Dolor.

Las almas unidas a Dios deben expiar por sí mismas y por las demás, haciendo del llanto una moneda para rescatar a los esclavos que Satanás tiene amarrados a sus galeras.

El alma-ostia pide sufrir, para aliviar el sufrimiento de los demás y transformarlo en paz y luz, para que puedan salvarse.

El hombre acusa a Dios, por el dolor que él mismo se genera. Y los verdaderos hijos de Dios, saben amar el Dolor. Lo quieren y lo piden para expiar por sí y por los demás.

Vivir unidos a Dios, es alegría también en el Dolor.

LA LEY DEL DOLOR.

A esta dolorosa consecuencia del desorden de un Ángel y de los Progenitores, nadie escapa.

CADA DÍA NUESTRO DOLOR Y SUFRIMIENTO SON MAYORES Y MÁS AMARGOS

Cada día nuestro Dolor y Sufrimiento son mayores y más amargos… Convirtamos nuestras lágrimas en diamantes que adornen  LA CORONA DE VENCEDORES, Con la cual  ABBA nos recibirá en la Patria Celestial… 

Ni siquiera el Hijo del Hombre, el Santísimo Verbo del Padre, que sin haber pecado, conoció los asaltos del Tentador que en la Hora en que fue el ‘Hombre’.

El Cordero de Expiación, cargó con los pecados de todos los hombres y fue condenado a morir fuera de la Ciudad Santa, en el Desierto de los desiertos. Aquel no solo de su Pueblo, sino de los amigos y hasta de su Padre.

Porque siendo Dios y por lo tanto Eterno, Purísimo y exento de las consecuencias del Pecado, conoció el Dolor y la Muerte.

Jesús vino a santificar el dolor, sufriendo el Dolor por todos los hombres y fundiendo los dolores humanos en el suyo infinito, dando así mérito al Dolor.

Con el Martirio del Dolor, viene el Martirio del Amor, no menos consumante con su ardiente dulzura, que el del Dolor.

Nadie fue más probado que Jesús.

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Y nadie como Él, conoció la soledad, la incomprensión, el abandono. Desde los celestes a los humanos.

Nadie padeció los dolores que Él ha padecido. Dolores de toda especie, siempre en aumento en cantidad y en intensidad. Y cada vez mayores.

Pero Él nunca reclamó al Padre por este Océano de Dolores que lo circundaban y que subían con sus olas amargas, cada vez más grandes, para sumergirlo.

Nunca acusó al Padre. Sabía que Él permitía esto para exaltarlo después por sus méritos, en medida infinita, en proporción a su Sufrimiento.

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Él sabía que el mal, el dolor, la soledad, la angustia que sufría, venían del hombre decaído y manejado como una marioneta por Satanás.

Y no podían dar más que dolor a Aquel que era Dios en vestidura humana.

Y que lo había hecho así para devolverle los hombres a Dios. Los mismos a los que Satanás impulsaba y él lo sabía, porque estaba consciente de su próxima derrota; por la restitución del estado de Gracia a los redimidos.

Y se vengaba con su máximo Odio contra el Amor.

El Dolor meditado, comprendido, contemplado, sobrenaturalmente; no es castigo del Rigor Divino, sino Gracia del Amor Divino.

Gracia que Dios concede a sus mejores hijos, para hacer de ellos pequeños ‘Cristos’, por coparticipación al Cáliz Amargo, a la Dolorosa Pasión del Getsemani al Gólgota, a la Cruz que fue el Patíbulo de Cristo…

Yugo pesadísimo, aplastante. Yugo que no hubiera podido ser portado sin el Amor de Dios y por el prójimo, que lo vuelve ‘suave y ligero’, si no a la carne; al menos al corazón, a la mente, al espíritu.

Fue el perfecto amor a Dios y al prójimo, el que hizo correr al Verbo de Dios al encuentro con su Cruz, con la ansiedad de haber ‘Todo cumplido’.

El Dolor es Holocausto y participación a la misma suerte de Jesús. El dolor es embriagante más allá de la alegría, cuando es el Dolor de Cristo. Y Él ayuda siempre al alma que lo ama hasta el sacrificio.

Jesús subió a la Cruz Orando y Sufriendo.

La conversión se obtiene con la Oración y el Dolor. Después en el ánimo preparado para recibirla, se enciende la luz de Dios y se hace Palabra y Vida. Y por eso se debe gustar el Pan del Dolor de Dios.

En el tiempo preciso se debe contemplar el Dolor como el mejor de los dones. Pero debe haber amor, una grande Fe y un gran, gran agradecimiento. La peor de las torturas morales son la ingratitud y el desamor. Es peor que la tortura física.

Dar afecto y recibir indiferencia y rencor. Dar obras y verlas rechazadas. Supera en potencia a los golpes del flagelo y al penetrar de las espinas. Estas son cosas que golpean solo la carne; pero la indiferencia, la ingratitud y el rencor, golpean al alma y sacuden al espíritu.

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SEÑOR, YO PERDONO A…. POR…. TE ENTREGO TODO, BENDÍCENOS. DALE LA LUZ Y TU GRACIA…. Y A MÍ….. TE AMO.

En momentos así, no se deben mirar a las criaturas sino a Dios.

No se debe pensar en la criatura que lastima, sino en orar para proveer su paupérrima alma y entregarle su alma a Dios para que la sane y la convierta. No se debe amar a la criatura por su persona, sino amar a Jesús en ella y así se encontrará lo que debe ser amado.

En la Hora de las Tinieblas el Egoísmo domina y por medio de él, Lucifer trastorna el mundo.

Para el cristiano-alma-víctima, son algunas personas que no agradecen o que traicionan.

Para Dios, son millones los que se niegan a Reconocerlo…

Debemos consolarlo con nuestro amor.

Fernanda calla y todos meditan en la enseñanza recibida. Tan asombrosa y…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

63.- ORGÍA DE CRUELDAD Y DE SANGRE


0imperio-romanoEn el palacio de Tiberio hay una zona donde están los edificios destinados para las habitaciones de los huéspedes distinguidos: rehenes reales, invitados especiales o personajes importantes que participan en los banquetes imperiales.

También están los lupanares de Tigelino y en el sótano de los edificios se hallan los calabozos que construyó Calígula, para desfogar su crueldad, lo que era su máxima diversión.

Los cristianos han sido conducidos a éste último lugar…

Y el César y sus invitados llegan detrás de ellos unos veinte minutos después.

Entonces Nerón ordena a Tigelino que se haga acompañar de Asinio Corvino y de Furio Escribonio, dos hombres abyectos y sanguinarios; para que conduzcan a las vírgenes cristianas a sus lupanares y sean violadas con especial barbarie, por los gladiadores.

Y sonriendo con maligna y anticipada satisfacción, pues conoce a fondo su índole criminal…

Le ordena a Corvino:

–                      Quiero que te encargues personalmente de Fátima. Haz que aprenda a temblar al escuchar mi nombre ¿Entiendes?…

El augustano sonríe con diabólica crueldad, al contestar:

–           Así lo haré, divinidad. Te aseguro que quedarás plenamente satisfecho…

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Una decuria conduce a las vírgenes al lugar designado, seguidos por el inesperado séquito encabezado por Tigelino.

Nerón y sus acompañantes bajan a los sótanos, donde los esperan los cristianos y sus verdugos.

Los muros están hechos con sólidas piedras cuadradas, sobrepuestas.

La luz es tenue y triste, como si se filtrase por aspilleras y se mezclase con el resplandor incierto de algunas lámparas de aceite, que iluminan un poco aquel ambiente oscuro y siniestro.

Es un amplio corredor espacioso que llega a una estancia muy grande y sigue como una especie de curva, como si formara una larga elipsis.

Y hay desparramadas gruesas piedras que sirven de asiento.

Varios hombres gigantescos barbados, semidesnudos y portando teas encendidas, se despliegan a lo largo del enorme recinto y lo iluminan totalmente.

En este lúgubre lugar, Calígula dio rienda suelta a sus sanguinarias y brutales inclinaciones, pues uno de sus placeres más gratificantes era presenciar torturas y el último suplicio de los condenados.

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Este sitio ha sido diseñado y construido, precisamente para eso.

A lo largo de toda la muralla en un lado, están una especie de bancos de piedra de granito adosados a la pared; para que se instalen los morbosos espectadores que quieran observar el infernal espectáculo que proporcionarán, las desventuradas víctimas de tan macabros instrumentos…

Y en la muralla de enfrente están todos los artefactos de tortura, que la ferocidad humana ha sido capaz de inventar: argollas en el piso, en el techo y en las paredes. También están una docena de potros y otra de parrillas.

Y colgados: garfios, cadenas, flagelos, tenazas, ganchos, etc.

El lugar es húmedo y frío. Los espectadores se envuelven en sus lujosas togas, buscando un poco de alivio al estremecimiento que el aire helado les produce.

Nerón se arrebuja en su capa de visón que le diera Pitágoras, mientras le aconsejó que cuidara su garganta y hace una señal a Haloto.

Éste inclina la cabeza y da una orden…

Entonces hacen su entrada los cristianos…

Cada uno de ellos lleva cuatro verdugos.

Uno lo azota con varas y los otros dos lo empujan entre sí, como si fuera una pelota. El cuarto les avienta agua helada sobre el cuerpo desnudo. Otro más, los espera en cada instrumento de tortura…

A los que son colgados del potro, les ponen fuego bajo los pies y son desgarrados con garfios que dejan al descubierto los pulmones.

Mientras que son azotados con látigos múltiples, de nervios durísimos.

Los que son atados con grilletes a las parrillas, también son azotados y desgarrados con ganchos.

Y los que son metidos en el cepo, reciben el mismo tratamiento.

Pero en aquel lugar espeluznante, NO se oye ni una sola queja…

Al contrario.

Los mártires son tomados en el espíritu y un cántico celestial, en una lengua incomprensible para ninguno de los presentes.

Se eleva suavemente al principio…

Triunfal y resonante después…

El tiempo pasa…

Los verdugos se relevan unos a otros, hasta que empiezan a fatigarse…

Nerón se levanta con el semblante desencajado por el asombro más absoluto.

Está totalmente perturbado y después de un largo momento exclama:

–           Pero ¡¿Quién es este Dios?!   

Iván le contesta tranquilamente desde el potro donde ha sido atado, mientras le estiran los miembros para dislocárselos:

–           Si fueres digno le Conocerás…

Más cuando Nerón voltea a mirarlo…

El joven sigue abstraído en una intensa Oración.

El César y sus acompañantes están perplejos y estupefactos. Sin poder comprender, ni asimilar lo que está sucediendo…

Marco Aurelio está dichosísimo ante este inesperado despliegue de la Presencia de Dios…

Petronio, recuerda su salvación milagrosa con la muerte de Calígula, después de que pidiera a los hebreos que lo encomendaran en sus oraciones…

Y su nombramiento como Procónsul de Bitinia por parte de Claudio…

Y por segunda vez en su vida lo sobrecoge un estremecimiento, ante un hecho totalmente sobrenatural e inexplicable…

Sin poder evitarlo, un pensamiento le sacude:

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‘¿Acaso el Hijo es tan Poderoso como el Padre?’... De ser así…

 ¡Este Dios es Increíble…!

Y recordando la carta de Alexandra, que se ha grabado en su memoria palabra por palabra, concluye pensando:

–           ‘Por eso sus adeptos están dispuestos a dar su vida por Él y NO LE TEMEN A NADA…’

En eso llega un centurión pretoriano y le dice al César que Tigelino desea hablarle…

Nerón hace una señal a Carlos, el jefe de los verdugos y éstos hacen una pausa.

Luego ordena que pasen Tigelino y sus acompañantes…

Pero éste entra solo acompañado por Xavier, el jefe de la guardia personal de Nerón.

Y éste, sorprendido les pregunta:

–           ¿Qué pasó?…  ¿Dónde están Corvino y Escribonio?

El Prefecto le responde:

–           Nadie se pudo acercar a ellas… Tenemos veintitrés gladiadores muertos, porque les ordené que las tomaran o yo personalmente les aplicaría la pena de muerte, si no obedecían.

Corvino y Escribonio, obedeciéndote a ti, se acercaron a Fátima y…

Tigelino titubeó antes de proseguir.

Y Nerón, muy impaciente y alterado, le preguntó:

–           ¿Y qué? ¡Por Zeus! ¡Acaba de una vez!…

–           El Ángel que cegó a Aminio Rebio los fulminó a todos… –concluye Tigelino con tono de disculpa y de derrota.

Por unos segundos, el César se queda paralizado…

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Trata de asimilar la noticia recibida…

Luego aspira profundamente y grita:

–           ¡Tráelas aquí!… –Ordena Nerón con los dientes apretados.

Y furioso agrega:

–        ¡Y atorméntenlas igual que a éstos!

Marco Aurelio está sorprendido y feliz… Y su esperanza se renueva…

Petronio sonríe de manera enigmática…

El canto se reanuda…

Todos los demás, están pasmados y en shock…

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¡No pueden creer lo que están oyendo!…

Mientras tanto los verdugos se preparan a seguir el mismo procedimiento con las vírgenes que NO pudieron ser profanadas.

Cuando éstas llegan, se unen al himno que resuena glorioso en aquel macabro lugar…

¡Aleluya!

Alaben al Señor desde los Cielos

Alaben al Señor en las alturas

Alábenlo todos sus ángeles,

Alábenlo todos sus ejércitos.

Alábenlo el sol y la luna

Alábenlo estrellas luminosas

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Alábenlo los más altos Cielos

Y las aguas que están

Por encima del firmamento.

Alaben el Santísimo Nombre de Jesús

A cuya orden fueron hechos

Él los estableció para siempre

Y les dio una Ley Eterna.

Los reyes de la Tierra y todas las naciones

Príncipes y gobernantes de la Tierra,

Jóvenes y doncellas.

Los ancianos junto con los niños.

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Alaben todos el nombre de Jesús.

Sólo su Nombre es sublime.

Su majestad se eleva sobre la Tierra y el  Cielo

Y ha dado a su Pueblo gloria.

Canten al Señor un canto nuevo.

Alábenlo en la Asamblea de sus santos.

Alégrense cristianos en su Creador.

1CRISTO REY

Que los hijos de Dios se alegren en su rey.

Alaben su Nombre entre danzas

Al son del arpa y el tambor

Porque dios ama a sus hijos

Y viste de gloria a los humildes.

JESÚS VIVE,

JESUS REINA,

JESÚS VIENE…venida JESUS VIENE TROMPETA

¡Aleluya! ¡Aleluya!

Las vírgenes son lanzadas, suspendidas, estiradas, desgarradas, flageladas, azotadas y asadas…

Los verdugos están exhaustos…

Los cristianos siguen alabando al Altísimo.

Los espectadores están estupefactos y Nerón está furiosísimo.

Mientras los mártires cantan, sus heridas son milagrosamente sanadas…

Y su rostro resplandece más y más, con una gloria sobrenatural…

Joshua desde la parrilla dice con gran tranquilidad, como si estuviera bronceándose en una playa:

–           Tu fuego y tu tortura, regeneran nuestras almas. Sufrir por Dios es nuestra gloria y morir por Cristo la deificación total. 

Margarita desde el potro, declara majestuosa:

–           Tú defiendes la causa de Satanás y por eso estás tan enojado… No podrás perjudicarnos con tus suplicios…

Tú en cambio, estás preparando tu alma para el Infierno, donde hay un fuego infinitamente más fuerte que éste.

Un fuego que jamás se apaga…

Fátima, que ha sido colgada de una argolla del techo, amarrada de los pies y estirada con las argollas del suelo, para poder desgarrarla mejor con los garfios.

Mientras dos verdugos la flagelan, con su voz llena de dulzura, pregunta:

–           ¿De qué te ha servido cebar en nosotros tu crueldad y tu infamia?…

¿Por qué NO reconoces que Dios te ha Vencido?

¿Por qué NO reconoces que Él es el Rey de reyes y Señor de los señores?

¿POR QUÉ NO TE INCLINAS ANTE SU SEÑORÍO, SU MAJESTAD, SU GRANDEZA Y SU PODER?  

¡Eres un hombre necio!… 

Esto es más de lo que Nerón puede soportar…

Se voltea hacia Tigelino y le da varias instrucciones en voz baja.

Éste asiente con la cabeza y va a hablar con Carlos, el jefe de los verdugos.

En el colmo para el emperador en esta increíble noche, Joshua vuelve a hablar:

–           Jesús Resucitó… Y Venció a la Muerte. Él es el Señor, Dueño de la Vida y de la Muerte.

Esto es lo que Dios nuestro Señor, ha querido demostrarte en este día.

Nerón lo mira feroz, pero no le contesta nada.

Y espera…

Los verdugos retiran a todos los cristianos, menos a los tres que han hablado…

Los jóvenes no sólo NO se ven atormentados, sino que su hermosura ha aumentado en forma tan impresionante…

Porque es la belleza sobrenatural de los cuerpos glorificados la que palpita en ellos y deja pasmados y con la boca abierta a quienes los contemplan…

A Margarita  la bajan del potro y la hacen a un lado.

Separándola de los demás que hacen una doble fila frente a los impactados espectadores y Xavier el capitán de los pretorianos se pone junto a ella, como escolta.

A Fátima que tiene su rostro radiante por el éxtasis en una visión celestial…

No se da cuenta que le han soltado los pies de la argolla del suelo y la elevan más con la cadena, hasta la argolla del techo…. Luego le separan las piernas con los grilletes y las cadenas de los tobillos a dos argollas que la dejan casi totalmente abierta…

Y le colocan debajo, sobre el piso, una gruesa cuña de hierro…

A una señal del César, sueltan la cadena del techo y Fátima se precipita de tal modo sobre la cuña…

Que le descuartiza las vísceras.

La virgen queda empalada, sin un quejido y sin perder la sonrisa…

Nerón quiso de esta brutal manera,  quitarle la virginidad tan tenazmente preservada…

Pero nunca como en aquel baño de sangre, el lirio floreció más bello…

Y de las vísceras descuartizadas se expandió para ser recogido, por el Ángel de Dios.

Margarita dijo:

–           Paz, para Fátima.

–           Paz. –repitieron todos los cristianos.

Joshua está de pie, junto a la parrilla de donde acaban de quitarlo.

Su cuerpo glorioso ha sido completamente sanado y NO tiene una señal del tormento recibido…

Nerón lo llama:

–           Ven aquí…

El joven avanza con paso firme y queda frente al emperador a un poco más de un metro de distancia.

Lo mira tranquilamente y espera…

Nerón lo mira fijamente mientras le dice:

–           El señor de la vida y de la muerte soy yo…

neron pulgar abajo

Y de repente, el César levanta la espada que le había quitado a Xavier y que estaba oculta entre sus vestiduras…

De un solo tajo le corta la cabeza que cae, salpicando por segunda vez de sangre la vestidura color amatista del emperador y rueda a sus pies.

Y éste la mira con desprecio y le da un puntapié como si fuese un balón…

Arrojándola hasta el otro extremo del enorme salón.

Un silencio sepulcral sigue a esta ejecución y el tiempo parece detenerse…  

Luego…

Ante el estupor general, el cuerpo decapitado de Joshua, NO se derrumba.

Y por el contrario,  avanza con pasos firmes hasta el lugar donde ha caído la cabeza…

La toma con sus manos y la coloca a un costado de su cintura como si fuera un yelmo, rodeándola con su brazo y sosteniéndola con su mano izquierda…

Luego regresa con paso mesurado, hasta el mismo lugar en donde fuera decapitado…

Nerón está paralizado.

La cabeza en las manos del mártir, lo mira con autoridad…

Y con voz majestuosa y muy pausada, le repite:

–           El Señor de la Vida y de la Muerte es el Dios Altísimo, nuestro Señor Jesucristo. 

Y a ÉL debes rendirle Gloria y Alabanza.

Y ¡Como corolario de aquella noche increíble!…

Enseguida Joshua vuelve a colocar la cabeza en su cuello.

Y la gira con fuerza como si la acomodase…

Mientras continúa como si nada extraordinario hubiese en aquel gesto:

–           El Fuego Purifica…  Si quieres matarme, sólo podrás hacerlo con el fuego.

Y sin que nadie se lo mande, se coloca en la fila junto a sus compañeros…

Se oye el golpe seco de un cuerpo que cae al suelo, pero nadie le hace caso…  Julia Mesalina se ha desmayado.

Petronio está literalmente, con la boca abierta por el asombro más absoluto…

Marco Aurelio no puede ocultar su júbilo y levanta las manos poniéndolas sobre su cabeza…

Orando y alabando en silencio.

ESTE ES EL DÍA DE LA VICTORIA

angel victoria columna de la independencia en méxico

Nerón reacciona furioso y ordena:

–           ¡Llévenselos a la cárcel! ¡Serán pasto de los leones!

Y devolviendo la espada a Xavier, le dice:

–           Sabes lo que tienes que hacer…

El oficial inclina la cabeza, hace el saludo militar al emperador  y regresa junto a Margarita.

Mientras tanto en el cuello de Joshua, hay una línea roja que se va borrando poco a poco…

Entonces la fila de prisioneros es conducida por sus aturdidos verdugos, de regreso hacia la cárcel Mamertina…

Los cristianos reanudan su canto, con un Himno de Victoria absoluto…

Nerón y sus invitados salen al exterior para dirigirse al salón donde quedaron los restos de la fiesta suspendida…

Afuera reina la intensa oscuridad que precede al alba…

En el firmamento brillan las estrellas y una luna creciente ilumina la noche estrellada, justo antes de que el sol se asome.

El emperador, una vez que ha llegado a su ‘Paraíso de Deleites’…

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Se despide de sus invitados así:

–           Amigos, estoy cansado y voy a retirarme.

Los que quieran quedarse, Doríforo los atenderá.

Nos veremos mañana en el Circo.

Y Nerón se retira con su séquito personal…

Mientras casi todos los invitados abandonan el Palacio y se dirigen a sus casas, comentando entre sí los extraordinarios sucesos de los que acaban de ser testigos…

Una aurora espectacular, tiñe de rojo el horizonte…

Cuando Nerón ha salido con su séquito y sus invitados, le siguen los mártires con sus verdugos que los regresarán al Tullianum…

Una vez que han quedado solos, Xavier se quita su clámide y la pone sobre los hombros de Margarita, para cubrirla en su desnudez.

Luego le indica suavemente que lo acompañe…

La hermosa virgen, después de haber soportado torturas espeluznantes y permanecer firme en su Fe, es conducida nuevamente hacia las galerías en donde están los gladiadores.

Donde la aguarda el nuevo suplicio ordenado por el emperador…

Una vez que llegan al amplio corredor que conduce al lugar designado…

Dónde ya la está esperando el verdugo…

Una multitud de hombres al verla pasar, trata de molestarla, insultándola con frases obscenas y sarcasmos lascivos.

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Xavier les advierte con voz imperiosa:

–           ¡Si no os calláis y la respetáis, yo mismo me encargaré personalmente de que compartáis su tormento!…

Un silencio temeroso sigue a la amenaza del tribuno…

Xavier pone su brazo izquierdo protector, sobre los hombros de la virgen y su mano derecha sobre la empuñadura de su espada.

Y trata con mucha gentileza a la doncella cristiana…

Cuando llegan al sitio designado,  ella dice gentilmente:

–           Por favor, valiente soldado. Antes de entregarme en manos del verdugo,

¿Me permitirías estar un momento a solas, para hacer una Oración a mi Señor Jesucristo?

El pretoriano le sonríe y contesta solícito:

–           ¡Claro que sí! Mientras me informaré de algunas cosas con mis legionarios…

Y se acerca al verdugo, haciendo un comentario e iniciando una conversación trivial.

alex actea margarita

Margarita se aleja hacia un rincón y con la cara hacia el murallón, inclina la cabeza en una oración mental ardiente y fervorosa…

Invocando al Dios que ama y está dispuesta a honrar y defender con la vida…

Después de unos diez minutos, el oficial voltea hacia la joven y ve que ya está lista.

Se acerca y mientras le retira la capa, le dice con suavidad:

–           Si de mí dependiera, no estarías aquí. –en su voz hay un tono que ofrece una disculpa implícita.

Margarita se conmueve por estas muestras de simpatía y sonriendo al joven tribuno,

Le dice con sencillez:

–           No te preocupes por mí. Mi Señor Jesús está conmigo.

Alégrate y ten buen ánimo. Apenas yo salga de este mundo le rogaré a Dios por ti y alcanzaré la Gracia para ti.

Y Él te pagará muy pronto lo que has hecho por mí.

Después de decir esto, con una dulzura y una gracia conmovedoras, se dirige desnuda, digna y majestuosa, hacia los dos hombres.

El verdugo y su ayudante que la esperan junto  a una hornilla encendida, donde hay un cubo de metal que hierve…

La sujetan con cadenas y la dejan de pie, en el centro de aquella estancia.

Luego le derraman pez derretida en todo el cuerpo, lentamente y en pequeñas dosis…

La doncella NO exhala la más mínima queja. Ni siquiera un lamento…

Margarita sufre noblemente este nuevo tormento y sonríe dulcemente a Xavier, que se ha hecho a un lado y se queda de pie junto a la muralla.

El militar está muy pensativo…

Los gladiadores y los demás que los siguieron y que han visto todo… Están con la boca abierta, totalmente pasmados…

El pretoriano no tanto; porque ¡Después de lo que ha presenciado aquella noche!…

Corresponde a la sonrisa de la virgen cristiana y espera…

Las injurias se han convertido en asombro y admiración.

Y los verdugos están completamente desconcertados…

Es el segundo suplicio de esta noche en particular.

El primer hombre que les llevaron, no les dejó completar el trabajo.

Aulo Plaucio gritaba que era inocente y a medio suplicio, prácticamente murió de terror. Después de los pavorosos alaridos, se derrumbó sobre el piso y su corazón dejó de latir…

En un inusitado contraste, ahora el cuerpo de la doncella, NO solo NO está quemado.

Sino que se parece a los de los gladiadores cuando desfilan en el circo para el combate…

Es una escultura viviente de alabastro blanquísimo. Soberbio e imponente, en una belleza impresionante…

Y lustroso como si la hubieran ungido con aceite de oliva.

Parece la estatua de una diosa, cuando los verdugos han terminado su trabajo…

Lo más impactante, es la Luz que parece irradiar a través de todos los poros de su piel…

Y más en su rostro perfecto que habrá enamorado a más de uno…

Xavier la espera con su capa desplegada entre sus manos.

La mira sonriente y la llama por su nombre:

–           Margarita, por favor ven hacia mí…

Y volviendo su rostro hacia el jefe de los verdugos, le dice:

–        Claudio, rinde tu informe al emperador y envíalo a mi cuartel.

Trata de ser específico y ecuánime… Bueno… Lo más que puedas…

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El militar le contesta aturdido y completamente pasmado:

–            Xavier… Creo que antes de hacerlo, necesitaré un buen vaso de vino… ¡Por Pólux!… Ni siquiera entiendo lo que sucede…

¡Y  es la primera vez en mi vida que siento no tener las palabras adecuadas…!

–           Inténtalo… De todas maneras, NO es fácil explicar todas las cosas que han sucedido esta noche…

El César te comprenderá perfectamente. No te preocupes…

Te espero en la tarde, para que platiquemos…

Su interlocutor solo mueve la cabeza asintiendo.

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Margarita avanza hacia él y el tribuno la envuelve nuevamente con su clámide.

Y sale con ella dejando a todos los demás estupefactos y sin poder comprender que es lo que ha pasado…

Y los comentarios de los soldados, los esclavos, los augustanos, los invitados del Banquete, los verdugos, los gladiadores y todos los impactados testigos de lo sucedido en el palacio, en los calabozos de Calígula y ahora en el patíbulo de los condenados…

Se cruzarán como una ola gigante que desbordará sobre el recinto imperial y correrá como un rumoroso río que cubrirá todas las colinas de Roma y rebasará sus murallas…

Mientras tanto, los dos protagonistas del último encuentro y despliegue del Poderoso Dios de los cristianos, se dirigen al Tullianum.

El sol alumbra en todo su esplendor.

Al día siguiente serán los Ludus Matutinus…

HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

62.- LA ORGÍA INOLVIDABLE…


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El emperador Tiberio, fue muy aficionado al dinero y difícilmente se le arrancaba. Con el tiempo, su avaricia le llevó a la rapiña y el lema que rigió su gobierno fue: ‘Que me odien con tal dé que me teman’.

Cuando comenzó su vida militar, antes de que fuera César, sus compañeros le  conocieron por su afición al vino hasta tal grado, que los soldados le apodaron: ‘Biberius Caldus Mero’ (todas estas palabras aluden al vino de diversas maneras)

Su crueldad y su hipocresía eran tales, que cuando Augusto lo nombró su sucesor, las palabras que pronunció en su lecho de muerte, fueron: ‘Desgraciado pueblo romano que va a ser presa de tan lentas mandíbulas’

También era un hombre extremadamente lujurioso. En su retiro de Capri tenía una habitación destinada a sus desórdenes más secretos, guarnecida de lechos alrededor….

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Y allí, un grupo elegido de jóvenes disolutos reunidos de todas partes y algunos que inventaron ‘monstruosos placeres’, a los que llamó ‘spintrias’(sus maestros de voluptuosidad)

Formaban entre sí una triple cadena y entrelazados de esta manera, se prostituían en su presencia para estimular sus lánguidos deseos; pues al final de su vida, solo era un anciano impotente.

Como gran adicto al sexo, en el palacio de Roma que se ha salvado del incendio, también tenía todo un sector destinado a lo mismo.

Además de esa habitación especial, hay diferentes salones arreglados especialmente para estos placeres, adornados con cuadros y bajorrelieves lascivos y llenos de libros de Elephanditis (Pornografía gráfica), para tener en la acción modelos que imitar.

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Sus jardines han sido diseñados como bosques y selvas consagrados a Venus Afrodita y están decorados con grutas excavadas en la roca y en las cuales hay hermosas y artísticas estatuas que parecen casi vivas.

En las cuales se ven jóvenes de ambos sexos, mezclados en actitudes voluptuosas y posiciones obscenas y sugerentes, con trajes de ninfas y faunos.

Hay también un baño con una piscina especialmente diseñada, en la cual enseñó a niños de tierna edad a los que llamaba sus ‘pececillos’ a que jueguen entre sus piernas, excitándole con la lengua y con los dientes.

Y a los más grandecitos que estaban en lactancia aún, les ofrecía los genitales para que le diesen el género de placer al que sus tendencias y su edad le inclinaban de una manera especial.

Recibió un legado de uno de sus amigos que le daba a elegir entre un cuadro de Parrasio en el que Atalante prostituye su boca a Meleagro o un millón de sestercios…

Tiberio prefirió el cuadro y lo colocó como un objeto sagrado en su alcoba…

Y este cuadro adorna ahora el salón principal de la casa de Tiberio en Roma, justo encima de donde se encuentra el triclinio imperial.

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Aminio Rebio y Vitelio en su infancia, fueron ‘pececillos’ de Tiberio y desde su juventud, han sido marcados con el afrentoso nombre de ‘Spintria’.

Y por su gran experiencia en estos oficios, Vitelio ahora es el intendente de placeres de Nerón…

Aminio Rebio, Faonte el liberto del César y dos enviados de Tigelino; fueron a las cárceles para elegir doncellas y jóvenes cristianos… Para recreación del César y de sus invitados…

La fiesta en el palacio de Tiberio en el Esquilino, está en todo su apogeo…

Cientos de lámparas brillan sobre las mesas y penden de las murallas.

Los acordes de la música, invaden el ambiente.

El aroma de las flores y los perfumes de Arabia, son aspirados con deleite por los invitados lujosamente ataviados y que reclinados en sus triclinios, disfrutan de los deliciosos manjares y los exquisitos vinos que aumentan la euforia general.

Y las rosas siguen cayendo…

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Nerón está muy contento…

Y Popea regia y magnífica, luce su belleza con una sonrisa congelada que no llega a sus ojos, ni ilumina la expresión sombría que encubre su dolor, después del asesinato de su hijo Rufio Crispino.

Nerón ya cantó su Troyada y una atronadora tempestad de aplausos y aclamaciones le alimentan su insaciable vanidad de artista.

Algunos que levantaron sus manos como enajenados por su prodigioso talento, le han dejado sumamente satisfecho.

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De vez en cuando mira con una sonrisa de maligna crueldad a Marco Aurelio y a Petronio, a los que tiene como invitados de honor, muy cerca de él…

Petronio, ingenioso y elegante como siempre, hizo destellar su inteligencia y exquisita agudeza a lo largo del banquete…

Sacando a Marco Aurelio de varias sutilezas engañosas por parte de los demás augustanos…

Y luchando él mismo en aquellas arenas movedizas que son las intrigas de la corte imperial, saliendo adelante con donaire y su gallardía habitual.

Marco Aurelio está tranquilo y se porta tan distinguido como su tío, con una innata elegancia y sobriedad en todos sus ademanes.

Popea mira disimuladamente a Marco Aurelio…

Pues que lo único que la alienta en este banquete, es la alegría anticipada de su venganza sobre el tribuno.

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Se siente un poco mareada por el vino y el humo del incienso.

Finge que disfruta de los espectáculos que han sido preparados para la fiesta…

Nuevamente se da lectura a versos y se escuchan diálogos en los cuales la extravagancia, ocupa el lugar del ingenio.

Después Paris el célebre mimo, hace una representación magistral en lo que parecen escenas llenas de encantamiento.

Pues con los movimientos de sus manos y del cuerpo, tiene una increíble habilidad para expresar cosas que parecen imposibles de hacer patentes en una danza…

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Sus manos parecen oscurecer el aire creando una nube animada, sugerente, voluptuosa, que circunda las formas de una doncella agitada por un inefable desmayo…

Es una verdadera pintura, no una danza…

Una pintura expresiva en la que se revelan los secretos del amor, embelesante a la par que impúdico.

Y al finalizar da principio una danza báquica, llena de gritos desenfrenados y licenciosos desbordes.

Acompañados del son de cítaras, tambores, laúdes y címbalos, en una música incitante a dar rienda suelta a la pasión.

Marco Aurelio mantiene en todo momento una actitud tranquila, digna y un tanto seria.

Su carácter reservado y su calma intrigan a todos los augustanos, pero especialmente al César y a Popea…

Tanto Marco Aurelio como Petronio participan del banquete y beben vino, pero sin perder la sobriedad.

Se mantienen sonrientes y ecuánimes.

Entrada la noche Faonte, el liberto del César se acercó y murmura unas palabras a su oído.

El César hace un gesto de asentimiento…

Están en el salón que Nerón llama su ‘Paraíso de deleites’ y que forma parte del sector de la casa de Tiberio que fue construida para sus placeres.

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Los esclavos siguen trayendo más viandas y licores que sirven en la espléndida vajilla ribeteada en oro y las ricas copas artísticamente diseñadas y decoradas con escenas voluptuosas y acordes a la ocasión.

Los manjares y las bebidas han sido especialmente preparados con afrodisíacos.

Entonces Tigelino se acercó a Nerón y a Popea, diciéndoles algo en voz tan baja que…

Petronio que está al lado del César, lo único que pudo captar fue la respuesta del emperador:

–           No importa. Aún nos queda el Circo. Entonces será un espectáculo digno de la multitud.

Lo que Tigelino les ha comunicado, es que por la enfermedad de Alexandra, no ha sido posible sacarla de la prisión y no participará de la fiesta de esa noche.

Popea no logró ocultar su desencanto y su frustración.

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Después de un tiempo prudencial le solicitó a Nerón permiso para retirarse, pues se siente indispuesta.

Y no pudo evitar mirar al tribuno con rencoroso desprecio y a Petronio con una ominosa mirada, que acompañó con su eterna y congelada sonrisa.

El César se levantó para escoltar a Popea que se despidió de los presentes y a los que Nerón les dice que regresará pronto.

Y efectivamente, un poco más tarde volvió al salón, para disfrutar de la sorpresa preparada por Vitelio.

Entre los asistentes al banquete está el joven Aulo Plaucio, un hombre lleno de belleza y gallardía que es amante de Nerón y que tiene una gran voz de barítono.

Nerón había dicho siempre y le ha hecho creer que lo ama y que lo nombrará su heredero al trono del imperio.

En todos los banquetes, después que Popea se retira; él hace las delicias del emperador.

Entre los acordes de la música, el aroma del incienso y las bromas con que el César está demostrando su gran satisfacción en esta noche en particular…

Nadie se percata de la señal que Tigelino le hace a Nerón.

Enseguida éste llamó a Faonte, a Doríforo y a Aulo Plaucio.

Cuando llegaron ante él, ordenó a los libertos que lo sujetaran y ante la sorpresa general; éstos lo tiraron sobre el lecho imperial y lo inmovilizaron…

Mientras el César, haciendo derroche de violencia, lo violó.

Después de esta infamia, Nerón se levantó como si nada hubiera sucedido…

Y declaró:

–           Que mi madre bese ahora a mi sucesor.

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A continuación,  lo acusó de conspiración y ordenó que lo torturaran.

Recomendando que los verdugos lo hieran de manera que se sienta morir y que su muerte sea lenta en el suplicio.

Y luego, envanecido por hacer todo siempre impunemente, se volvió hacia Petronio, lo miró con crueldad y advertencia…

Y dijo con displicencia:

–           Ningún Príncipe ha sabido cuanto puede hacerse desde el poder.

Enseguida miró a Vitelio, agregando:

–       Veamos querido amigo, lo que has preparado para nuestro deleite.

Después de que los libertos se llevaron a Aulo Plaucio, que se había desmayado de terror.

Vitelio se levantó, hizo una reverencia a Nerón y se acercó a Aminio Rebio, que a su vez descorrió una cortina casi transparente que había en un extremo del salón.

Detrás de ella, está un grupo de varones y doncellas que evidentemente han presenciado todo lo  sucedido.

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Y todo esto fue hecho a propósito, para quebrantarles el espíritu…

Y mostrarles lo que les espera, al que tenga la osadía de no someterse.

Tigelino les da una orden y ellos avanzan formando una larga fila de un extremo a otro del enorme salón.

Para que el emperador y sus invitados, puedan verlos y examinarlos bien a todos.

Son veinticuatro mujeres y veintidós hombres, cuyas edades oscilan entre los quince y los veinticinco años.

Todos están totalmente desnudos y llevan una corona de rosas en la cabeza.

Han quedado de pie, frente al César y sus convidados.

Lo más sorprendente es que mantienen una dignidad majestuosa…

A pesar de la humillación que debe significarles el no llevar ninguna prenda de vestir que los cubra…

Marco Aurelio reconoció a varios y sintió una gran opresión.

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Cuando vio a Margarita, la hermana de Alexandra, un profundo dolor se le clavó en el pecho.

Inclinando la cabeza, cerró los ojos y oró…

Petronio permaneció imperturbable. Conoce a Nerón.

Y con su elegancia característica, ni un solo músculo de su rostro, delató sus verdaderos pensamientos y sentimientos…

Séneca, movió la cabeza casi imperceptiblemente y la inclinó para esconder la expresión de su rostro…

Trhaseas frunció el entrecejo y una fugaz sombra de desaprobación nubló su semblante. Y se sumió en sus reflexiones…

Lucano pareció sorprenderse, pero asumió su actitud de siempre.

Plinio solo miró, pero no demostró nada.

Marcial levantó una ceja y no manifestó lo que pensaba. Mantuvo una actitud expectante…

Todos los demás miraron a los jóvenes con una mezcla de admiración, curiosidad morbosa, intensa avidez, lujuria y lascivia.

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Nerón los observó atenta y detenidamente a cada uno de ellos…

Y con una sonrisa, dirigió una mirada de aprobación a Vitelio, Tigelino y Aminio Rebio, que han esperado expectantes su dictamen.

Ellos los seleccionaron.

Y están seguros de que ni siquiera el exigente y perfeccionista Petronio, podrá poner una sola objeción a aquel estupendo grupo de jóvenes…

Que son una muestra excelente de juventud y belleza:

Cuerpos y rostros perfectos. Portes regios y de gran dignidad, sin llegar a la altivez.

Esta promete ser una gran orgía y una noche de placeres incomparables…

Vitelio le prometió que ha preparado con ellos una serie de fantasiosas representaciones, en las cuales él podrá elegir a los que más le agraden, para su placer personal.

Están por gustar de un deleite nuevo y bastante raro… Porque a pesar de su edad, todos son vírgenes…

Lo único que molestó a Nerón y mucho; fue que ninguno al mirarlos él a la cara, bajase la mirada, ni el rostro.

No fueron retadores ni altivos.

Sólo le miraron ellos a su vez con tranquilidad y sin hacer ninguna inclinación. Sin el menor rastro de temor o servilismo.

Sin ninguna turbación o nerviosismo.

¡Y nadie le hizo una reverencia!

Y esto último, lo consideró un gran insulto a su megalomanía.

Petronio también notó esto.

Y conociendo al César, aumentó su admiración y su respeto por los cristianos.

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Y también su preocupación por lo que sucedería a continuación…

Nerón dio la espalda a sus prisioneros y por unos instantes permaneció así.

Su rostro regordete toma una expresión concentrada y terrible…

Mientras parece reflexionar, con su mano izquierda se toca su corona de laurel.

Y tomando la orla de su manto cuajado de estrellas de oro y perlas, con un ademán regio lo levantó con su mano derecha y dándose vuelta, lo soltó hacia atrás.

Enseguida,  miró a los jóvenes cristianos. Caminó lentamente frente a ellos…

Los fue recorriendo uno a uno con lentitud y una expresión maligna y cruel en sus ojos azules, que hizo estremecer a quienes lo conocen muy bien.

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Luego dijo con voz muy pausada:

–           Estas hermosas cabezas, caerán en cuanto yo lo ordene.

Sorpresivamente, una voz muy serena y varonil, respondió:

–           El poder que Dios te ha concedido tiene un límite.

Nerón se volvió con rapidez, buscando entre los hombres al que habló…

Y que al parecer NO está enterado de que a nadie le está permitido hablar, a menos que el emperador lo haya interrogado primero.

Y con una voz contenida y terrible, preguntó:

–            ¿Quién dijo eso?

Da un paso al frente un joven que hubiera podido ser el modelo con el cual Miguel Ángel esculpió su ‘David’ y…

Que con su armoniosa voz, confirmó:

–           Yo…

Y ante la mirada interrogante del César, agregó:

–       Mi nombre es Oliver y soy cristiano.

Cierto es que tienes poder sobre nosotros.

Eres nuestro emperador y como a tal te respetamos.

Pero no puedes ir más allá de lo que te ha sido concedido.

A tu pesar, también tú obedeces los Designios misteriosos del Dios Único y Verdadero.

Nerón amenazó con voz glacial:

–           Puedo hacer contigo lo que acabo de hacer con Aulo Plaucio.

Inesperadamente, una voz dulce entre las vírgenes, se elevó con impresionante firmeza…

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Y dijo:

–           ¡NO! Porque somos Templos vivos del Dios Único y Verdadero. Y NO puedes profanarlos a tu placer.

Nerón se volteó rápidamente, para conocer a la que se ha atrevido a hablarle de ese modo.

Y vio a la más jovencita entre las doncellas que están ahí.

–           ¿Quién eres tú? –preguntó con un tono vibrante de ira.

Ella se irguió aún más.

Y su voz continuó tranquila declarando:

–           Fátima. Soy cristiana. Y te repito: Somos Templos Vivos del Espíritu Santo.

Y estamos aquí, NO PARA TU DELEITE, sino para dar testimonio del Dios Altísimo.

Nerón la fulmina con la mirada, antes de decir con voz escalofriante:

–           ¿Sabes que puedo enviarte para que te deshonren los gladiadores y se diviertan contigo hasta que se cansen?…

Otra voz dulce y femenina lo interrumpió:

–           Puedes. Claro que puedes ¡Si Dios te lo permite!… 

Y sin que nadie se lo ordenase, da un paso al frente identificándose:

–       Soy Margarita y soy cristiana…

Y tú eres esclavo del amo al que perteneces: Satanás.

Y es él a través de ti, el que verdaderamente nos quiere destruir.

Tú solamente eres su miserable instrumento…

La joven virgen se yergue imponente y mira severamente a Nerón…

Su actitud es tan digna que parece una Reyna más majestuosa que la misma Popea.

Y tan solemne que parece una diosa, pues irradia la misma Presencia que un día dejara pasmado a Marco Aurelio…

Cuando Alexandra dijo que el herido permaneciera entre los cristianos…

Petronio la admira literalmente con la boca abierta…

Todos están paralizados por el asombro, pues nadie le ha censurado jamás nada al emperador y esta actitud es inaudita…

Esta virgen bellísima parece una deidad airada y sus palabras manifiestan su severidad implacable…

Trhaseas se cubre la boca tratando de cubrir la exclamación que se le escapa admirado:

–           ¡Athena Parthenos!

Definitivamente las cosas para el César, no están resultando como las esperaba…

Entonces dijo con tono lastimero:

–           ¿Qué clase de religión impera en vosotros que os hace hablar así? Soy tu emperador.

El tono grave de otra voz masculina, rasga el aire:

–           ¿Acaso ignoras que no hay religión si es violenta y oprime a los que no quieren?

Da un paso al frente mientras agrega:

–      Soy Sergio y soy cristiano.

Nerón exclama con desprecio:

–           ¡Cristiano! ¿Cómo se llama tu Dios?

–            El Altísimo Señor del Universo: Yeové, el Padre Eterno. Jesucristo su Hijo y el Espíritu Santo.

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Nerón pregunta perplejo:

–           ¿Son tres dioses?

Otra voz masculina le responde:

–           NO.

Y el que habló dio un paso al frente mientras continua:

–      Son Tres Personas Distintas y un solo Dios Verdadero.

Todopoderoso. Creador, Dueño y Señor de todo el Universo.

Los que le adoramos somos cristianos. Mi nombre es Joshua.

Nerón suelta una carcajada y se burla:

–       ¡Todopoderoso!

Y con gran sarcasmo agrega:

–      ¿No es acaso ese hebreo que fue crucificado con los malhechores en el principado de Tiberio y murió en la Palestina?

Una joven que todavía no cumple los 18 años, se adelanta y proclama:

–         Sí. Murió en la Cruz para salvarnos. Su nombre es Jesús.

Dios lo resucitó y Reina Glorioso desde el Cielo. Y Gobierna todo el Universo y el mundo espiritual e invisible.

Agrega con voz  muy dulce, identificándose:

–         Mi nombre es Jade y soy cristiana.

El César la mira fijamente por un momento demasiado largo…

Enseguida se dibuja en su rostro una sonrisa escalofriante y pregunta suavemente:

–           Si es como dices. ¿Por qué ha dejado que cayerais en mis manos?

En este momento yo soy vuestro dios.

Y os enseñaré a comportaros ante vuestro emperador.

Yo voy a demostraros cuál es el verdadero poder. –Estas palabras las declara Nerón con el rostro oscurecido por una expresión despiadada e inhumana.

En el silencio que sigue, solo se oye el chisporroteo de las lámparas de aceite…

porque hasta los músicos se han quedado paralizados, viendo el contraste total entre la cara de los aterrorizados comensales…

Y el semblante tranquilo de todos los jóvenes.

Después de un momento se oye como una campana, otra voz resonante y firmemente armoniosa:

–           Mi nombre es Daniel y soy cristiano.

¡Y te aclaro que NO haremos lo que esperas de nosotros, según lo que estamos concluyendo!– Dice mientras recorre con una mirada significativa…

Las pinturas y las estatuas que adornan el salón.

Y finaliza con tono solemne, como si fuera un maestro, ante un alumno díscolo:

–       En este lugar al que nos has traído…

Nerón lo mira colérico…

Sin decir una sola palabra, va hacia su pretoriano más próximo y le saca la espada de su vaina.

Con gesto feroz mira al que habló al último y camina hacia él…

Mientras sentencia airado e implacable:

–           ¡Doblegaré tu locura!

El joven lo mira impasible y declara:

–           Puedes aplicarme las torturas más crueles, pero NO me perjudicarás.

Tú en cambio, estás preparando tu alma, para tormentos eternos.

Y los que me inflijas serán dulces, comparados con los que te esperan a ti.

Y te los infligirá el que ahora te induce a atormentarnos.

Nerón se acerca furioso y lo atraviesa con la espada de tal forma…-espada-sangrienta-

Que la punta de la misma sale por la espalda del infortunado, goteando sangre…

Cuando la saca con un movimiento violento; la espada ensangrentada salpica sus vestiduras de color amatista y antes de que pueda decir nada…

La voz del joven que está al lado del que ha sido herido, se oye con acento triunfal:

–           Yo soy Iván y también soy cristiano…

Y debes saber que los que temen a Dios, no pueden ser perjudicados, ni doblegados por los tormentos.

Los suplicios resultan ser sus ganancias para la Vida Eterna, porque todo lo sufren por Cristo.

Es el mayor de todos.

Un  joven como de unos veinticinco años. De rubios cabellos oscuros y ensortijados. Y con unos bellos ojos verdes como el mar.

–           ¡¡¡Aaaahhh!!!

Esta exclamación de sorpresa y admiración, que brota de todas las gargantas, impide una respuesta al insolente.

Nerón voltea y se queda mudo y boquiabierto…

El joven que acaba de herir en forma tan atroz, en lugar de derrumbarse, se ha erguido aún más.

Y su herida ha sanado instantáneamente de forma impresionante, ante los ojos de todos los asistentes a este drama tan singular…

El César está impactado, pero su ferocidad es más fuerte y su crueldad prevaleció.

Dirige una mirada significativa hacia Aminio Rebio: hombre infame, afeminado y cruel.

Y éste se acerca al insolente, obedeciendo la orden silenciosa del emperador…

Con su mano derecha acaricia con lascivia, el cuerpo perfecto de Iván…

Y éste le dice con tono tranquilo:

–           No lo hagas. ¡Detente o lo lamentarás!…El Ángel del Señor está conmigo y no te permitirá lo que pretendes…

Aminio Rebio no lo escucha y mucho menos le hace caso.

Excitado por la lujuria ante la hermosura llena de gallardía de aquel cuerpo perfecto y musculoso…

Lo manosea con sumo deleite, lleno de lascivia…

Pero de repente se aparta como si hubiese sido herido por un rayo.

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Y grita con inmenso dolor:

–           ¡No veo! ¡No veo! El ángel me ha herido en los ojos y no puedo ver nada.

¡Piedad! ¡Piedad! –y se hace para atrás trastabillando, como hacen los ciegos cuando no tienen quién los guié.

Fátima grita con júbilo:

–           ¡Dios resguarda su santuario! Y ¡Ay de vosotros que pretendéis profanarlo!…

Todos los que antes los miraran con lujuria, han perdido la avidez y ven cómo se está arruinando su grandioso festín sexual…

Nerón está estupefacto y aterrado…

Pero arrebatado por la ira como si fuera una fiera herida.

Ordena a sus libertos que los cristianos sean conducidos a la tortura y que los verdugos desplieguen contra ellos toda su violencia…

Concluye diciendo:

–           Yo mismo supervisaré los tormentos. ¡Llévenselos!

Y volviéndose a los invitados del frustrado banquete, les dice:

–        ¡Vamos! La fiesta apenas comienza…

Todos lo miran pasmados, entre admirados y aterrorizados…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA

61.- DOLOR DE UNA EMPERATRIZ


A la mañana siguiente, descansado y perfectamente arreglado. Elegante como siempre, Marco Aurelio regresó a la prisión.

Pero allí le aguarda un suceso inesperado.

Por lo general todos los guardias pretorianos que por turno custodian la cárcel Mamertina, lo conocen y lo dejan pasar sin oponerle el menor obstáculo.

Pero esta vez los soldados no le permitieron pasar.

Un centurión se acercó y le dijo:

–           Perdona, noble tribuno. Hoy tenemos la orden de no dejar entrar a nadie.

Marco Aurelio palideció y repitió:

–           ¿Una orden?

El soldado le miró con expresión compasiva y contestó:

–           Sí, señor. Una orden del César. En la prisión hay muchos enfermos y hay temor de que los visitantes puedan difundir el contagio por toda la ciudad.

–           ¿Dices que la orden es solo por el día de hoy?

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–           La guardia se releva al mediodía.

Marco Aurelio permaneció silencioso, con una gran opresión en el corazón.

El soldado se le acercó más y le dijo en voz baja:

–           Vuelve tranquilo señor. El guardián y Bernabé cuidan de ella.

Y al decir esto se inclinó y en un parpadeo trazó con su espada un pescado sobre las baldosas del pavimento…

Marco Aurelio le dirigió una mirada rápida y le dijo:

–           ¿Y tú eres pretoriano y cristiano?

El militar contestó señalando la prisión:

–           Sí. Me llamo Fabián, hasta que me llegue el turno de entrar allí.

–           Yo también adoro a Cristo.

–           ¡Alabado sea su Nombre! Lo sé señor. Pero no puedo dejarte entrar a la prisión. Escribe una carta y se la entregaré al guardián.

–           Gracias hermano mío. Que la Paz esté contigo.

Y estrechó la mano del soldado y se alejó de allí.

La opresión en su corazón desapareció.

El sol ya está en lo alto iluminando los muros de la cárcel y Marco Aurelio sintió su calor como una caricia que le traspasa hasta el alma y envuelve su corazón con un nuevo consuelo.

Aquel soldado cristiano fue para él otro testimonio viviente del Poder de Cristo.

Se detuvo y miró hacia el cielo.

Vio las nubes rosadas sobre el Capitolio y el Templo de Júpiter Stator.

capitolio-2

Y dijo:

–           ¡Oh, Señor Jesús! ¡Hoy no la he visto, pero creo en tu Misericordia y en tu Amor!

En la casa encontró a Petronio, que después de que llegó ya había tomado su baño, se había ungido el cuerpo y se disponía a descansar.

Pero al ver a su sobrino tan elegante y bien dispuesto, con el rostro apacible y tan tranquilo como si ya hubiera pasado la tempestad…

Se quedó asombrado y confundido.

Y por primera vez no pudo aparentar su acostumbrada indiferencia…

Frunciendo el entrecejo preguntó:

–           ¿Ha pasado algo que yo no sepa? ¿Por qué te veo así?… -y Petronio movió las manos como si no comprendiera.

Marco Aurelio lo mira confuso y pregunta:

–           Así ¿Cómo?… ¿Qué tratas de decir?

–           No sé. ¡Tan cambiado! Casi pareces el mismo de antes… ¡No! Mejor que antes.

¿Qué tienes? Hay algo en ti… Lo percibo, pero no lo entiendo.

–           ¡Ah! ¡Ya sé!…

Y  Marco Aurelio comenzó a relatarle todo lo acontecido en los últimos días:

Su visita al Tullianum, su encuentro con Cástulo, con Fabián y lo que le sucedió al recibir la Primera Comunión.

Luego concluyó emocionado:

–           ¡Te imaginas! ¡Tener a Dios dentro de mí! Siento una Paz tan grande. ¡Es una experiencia maravillosa!

Se me quitó la desesperación y la tristeza. El Dolor casi desapareció y es como si lo tuviese anestesiado. Y luego, tengo en todo mi ser una felicidad tan plena, que es como si me hubiera embriagado…

Pero ésta es una embriaguez que no quiero que me deje nunca.

Estoy lleno de la Paz de Dios y me siento muy tranquilo. Eso es todo. Y NO…

De todo lo demás, nada ha cambiado. La situación sigue exactamente igual.

Petronio lo mira perplejo. Apenas puede creer lo que oye…

petronio

Marco Aurelio lo mira sonriente y concluye:

–           He decidido que no les vamos a dar el gusto de regodearse con nuestra derrota ¿Qué te parece?

Después de una larga pausa, Petronio confirma:

–           ¡Me parece estupendo! – Está muy contento, a la vez atónito y desconcertado por completo…

Pero haciendo a un lado estas emociones, dice al tribuno:

–           Tengo noticias que darte. Estuve hoy en casa de Aminio Rebio a quién el César también fue a visitar. No sé por qué se le ocurrió a la Augusta llevar consigo al pequeño Rufio Crispino, hijo de su matrimonio anterior.

Tal vez esperaba que el corazón del César se ablandara ante la infantil hermosura del niño. Desgraciadamente éste venía cansado y se quedó dormido, como le sucedió una vez a Vespasiano, durante la declamación que hacía César.

Viendo esto, Enobarbo se enojó y le arrojó una copa de oro a la cabeza de su hijastro, hiriéndolo gravemente…

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Popea se desmayó y todos pudimos oír a Nerón cuando dijo:

–         ‘¡Estoy harto ya de esa ralea!’… y eso, bien lo sabes tú, equivale a una sentencia de muerte.

Marco Aurelio declaró:

–           El castigo de Dios pende sobre la cabeza de la Augusta… ¿Por qué me cuentas esto?

–           Te lo cuento porque la cólera de Popea os ha perseguido a ti y a Alexandra. Ocupada ahora en su propia desventura, puede que abandone la idea de su venganza y sea más fácil influir en su ánimo.

La voy a ver esta tarde y hablaré con ella.

–           Gracias. Esta sí es una excelente noticia. ¿Pero que no ha sido anunciado para hoy la Inauguración de los Ludus Matutinus?

–           Sí. Pero Nerón lo pospuso para dentro de diez días… Y mientras más tiempo tengamos disponible, mejor. No se ha perdido todo aún.

Pero el mismo Petronio no cree en lo que está diciendo porque sabe perfectamente que después de la rebuscada respuesta con la que el César contestó a la petición de Alituro, en la cual se comparó con Bruto, ya no puede haber salvación para Alexandra.

orgiaTambién se reservó por compasión a Marco Aurelio, lo que oyó decir en casa de Aminio Rebio:

Que el César y Tigelino decidieron elegir para ellos y para sus amigos, a las más lindas doncellas y hermosos jóvenes cristianos, para profanarlos antes de la tortura…

En cuanto a los demás, serán entregados el día del espectáculo a los pretorianos y a los guardianes de las fieras.

Está convencido de que su sobrino no sobrevivirá a su esposa y desea endulzarle estos últimos días con todas las esperanzas y alegrías que le sea posible proporcionarle…

Y por eso agregó:

–           Hoy le diré a la Augusta: ‘Salva a Alexandra para Marco Aurelio y yo salvaré para ti, a Rufio’ y me propongo meditar seriamente como hacerlo.

Este asunto es muy delicado. Una sola palabra dicha a Enobarbo en el momento oportuno, puede salvar o perder a una persona.

En el peor de los casos ganaremos tiempo…

Marco Aurelio dijo abrazándolo:

–           Gracias. Te amo, tío. Estoy pidiéndole a Dios por ti.

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Petronio se emocionó y dijo un poco precipitado:

–           Sería mejor me demostraras tu agradecimiento, comiendo y durmiendo bien. ¡Por Zeus!

Ni en sus mayores tribulaciones, descuidó jamás Odiseo el alimento y el descanso. Me imagino que habrás pasado en la cárcel la noche entera.

–           Pues fíjate que no. Ya te dije que ayer me vine, dormí y descansé y… Bueno, cené un poco.-dice Marco Aurelio como un niño cogido en falta.

Y sonriendo con cariño agregó:

–          Pero te prometo que haré todo eso que deseas.

Petronio levantó un dedo y dijo:

–           Me encargaré de que Aurora haga que te alimentes como es debido.

Y se despidieron.

Petronio se fue a dormir y Marco Aurelio se fue a la biblioteca a escribir la carta para Alexandra.

Cuando la terminó la llevó al centurión Marcelo, que se la dio inmediatamente al guardia.

Al poco rato, el soldado regresó trayendo un saludo de Alexandra y la promesa de responderle un poco más tarde.

El tribuno decidió dar un paseo y luego regresar por la contestación de su esposa.

Está el sol ya muy alto y mucha gente afluye al Forum.

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Cuando Marco Aurelio va de regreso a la prisión ve una lujosa litera que va abriéndose paso y pasa junto a él.

Dentro de ella, vestido elegantemente de blanco, va un augustano cuyo rostro está oculto por un rollo de papiro que va leyendo con mucha atención.

Un apretado grupo de gente estorba el paso de la litera, el hombre hace a un lado el rollo de papiro…

Y asomando la cabeza grita:

–           ¡Dispersad esa plebe! ¡Pronto!

Al hacer esto, ha quedado frente a Marco Aurelio…

Y al reparar en ello, tomó bruscamente el rollo de papiro y volvió a cubrirse el rostro.

El tribuno se lleva la mano a la frente creyendo que sufre una alucinación, porque el ‘augustano’ es nada más y nada menos que Prócoro Quironio en persona.

A Marco Aurelio se le aclararon muchas cosas en un instante y se acercó a la litera de Prócoro saludándolo, con una mirada penetrante.

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El griego contestó con altivez y dándose mucha importancia.

–           Joven, te saludo pero no me detengas, porque me urge llegar a casa de mi amigo, el noble Tigelino.

Marco Aurelio, aferrándose a uno de los bordes de la litera y mirándolo fijamente…

Le dijo con voz reprimida:

–           ¿Por qué traicionaste a Alexandra?

Prócoro exclamó temblando de terror:

–           ¡Oh, grandioso Apolo!

Pero en los ojos de Marco Aurelio no hay nada amenazante. Y recuperándose rápidamente, recuerda que ahora es un hombre rico e influyente.

Y vuelve a hablar con arrogancia:

-¡Tú ordenaste que me mataran y que me enterraran en el jardín! ¿Ya se te olvidó?

Siguió un profundo silencio.

Y luego dijo Marco Aurelio con voz ronca:

–           Es verdad que te ofendí, Prócoro.marco aurelio

La humildad del tribuno encrespa la soberbia del griego.

Este se irguió y castañeteando los dedos, lo que en Roma es una demostración de burla y desprecio, contestó con una voz tan fuerte…

Para que todos pudieran oírle a su alrededor:

–           Amigo, si tienes alguna petición que presentarme ven a mi casa del Esquilino por la mañana, a la hora en que recibo a mis clientes después del baño.

Mientras tanto los corredores han abierto paso a los portadores y están listos para proseguir la marcha.

Prócoro hizo una señal con la mano y la litera continuó rápida su camino detrás de los corredores que gritan:

–           ¡Abrid paso a la litera del noble augustano Prócoro Quironio! ¡Paso! ¡Paso!

Marco Aurelio regresó con paso lento a la prisión.

Y en una plegaria silenciosa, perdonó a Prócoro y a todos los que lo habían sumido en aquel drama que destroza su corazón…

Luego imploró la misericordia para todos…

Y finalizó:

–           ¡Dios mío, ayúdame!…

Marcelo le entregó la carta de Alexandra.

Marco Aurelio la apretó contra su pecho y se fue a casa de Petronio, para leerla con más calma.

Y cuando llegó, desenrolló el largo papiro.

Su esposa, en aquella carta escrita apresuradamente, se despide de él para siempre.

Sabe que ya a nadie le está permitida la entrada a la prisión y que solo podrá ver al joven tribuno desde la arena.

Le suplica que cuando sea llevada de la prisión Mamertina al circo, asista al espectáculo; pues desea verle por última vez en la vida, antes de partir para el Cielo.

En su carta no hay el más leve indicio de temor.

Al contrario, lo exhorta a que sea valiente y que no olvide que después de Cristo, ella lo adora con todo su ser.

Dice que tanto ella como sus compañeros de cárcel, ansían el momento de estar en la arena, para librar el combate final y en donde hallarán para siempre la libertad…

La verdadera libertad de las tribulaciones de esta vida…

Que no olvide que ella le ama. Que le ama tanto como él  ni siquiera puede imaginarse…

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Que recuerde las enseñanzas de Cristo y así podrá alegrarse con ella en su martirio.

Cada una de sus palabras demuestra un estado de euforia espiritual y sobre todo un desprendimiento total de todo lo que hay en la vida terrenal y que él mismo ya había advertido en todos los presos que están en la cárcel Mamertina.

Así como también su Fe imperturbable y su alegría por la esperanza en que todas las promesas de Jesús, se verán cumplidas más allá de la muerte:

“Ya sea que me libere Cristo en esta vida o después de la muerte, Él me unió a ti cuando nos casamos y por lo tanto soy tuya.

Y aunque no hayamos consumado nuestro matrimonio, somos un solo cuerpo, así como ya somos una sola alma.

 Porque sé que piensas y sientes lo mismo que yo. Y deseas estar unido a mí, tanto como yo lo deseo amadísimo esposo mío…

Te imploro que no llores por mí. Y no te dejes dominar por el dolor y el sufrimiento.

Tú sabes como hay que entregarlo a Jesús e implorar de la Virgen María, su auxilio y protección.”

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Es muy evidente que para ella la muerte no significa la disolución de su matrimonio.

Con una confianza infantil, asegura a Marco Aurelio, que una vez terminados sus sufrimientos y después de las torturas (No importa cuales sean), en la arena ella entregará su vida por amor a Cristo.

Y que cuando vaya al Cielo, le dirá a Dios que su esposo Marco se quedó en Roma, ansiando unirse también a ella para poder adorarlo juntos, por toda la Eternidad…

Está segura de que el Señor la escuchará y pondrá una solución que los va a hacer muy felices…

Y también le pedirá a Jesús que su alma vuelva a él, aunque solo sea por un instante a decirle que está más viva que nunca…

Con el misterio de la Comunión de los Santos, estará en contacto con él…  

Que todos sus tormentos, sufrimientos y torturas habrán quedado en el olvido, porque ella será verdaderamente dichosa y bienaventurada.

Toda aquella carta respira felicidad y una gran esperanza.

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Solo hay en ella una petición relacionada con asuntos terrenales:

Que si algo queda de su cuerpo, quiere que Marco Aurelio lo recupere del spolarium (lugar donde son depositados los gladiadores muertos) y la sepulte como su esposa, en la tumba donde él mismo reposará algún día…

Marco Aurelio leyó aquella carta con el ánimo acongojado y al mismo tiempo siente dentro de sí, aquella Paz que lo fortalece.

En su corazón comparte la misma esperanza, la Fe y los pensamientos que animan a su esposa.

En la biblioteca, se levanta y deja a un lado sobre la mesa, la carta.

Y se dispone a escribir a su vez, la contestación.

Después de reflexionar un poco, se sienta y escribe a Alexandra que irá diariamente a montar guardia al pie de los muros del Tullianum.

Y pide a la joven que crea que tal vez Jesús aún quiera salvarla para él… Y regresarla a sus brazos aún en el mismo circo, pues él cree que Él, puede realizar ese milagro para los dos…  

Pero cuando Marco Aurelio llegó a la cárcel esa mañana.

Marcelo el centurión abandonó las filas, se le acercó y le dijo:

–           Escúchame señor. Cristo te ama tanto que ha hecho un milagro en tu favor. Anoche el liberto del César y los enviados del Prefecto vinieron a elegir doncellas y jóvenes cristianos a quienes aguarda la deshonra.

Preguntaron por tu esposa. Pero nuestro Señor Jesús le mandó una fiebre, la cual está haciendo mortíferos estragos entre los prisioneros del Tullianum y entonces a ella la dejaron en paz, porque estaba inconsciente…

Y bendito sea el Nombre de Jesucristo, porque la enfermedad que la ha liberado de la vergüenza, puede también salvarla de la muerte en la arena.

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Marco Aurelio tuvo que apoyarse en el hombro del soldado, para no caer desvanecido.

El joven tribuno, permaneció por algún tiempo con la cabeza inclinada…

Luego la levantó y dijo en voz baja:

–           Dices bien, Marcelo. Cristo que la salvó de la deshonra, la salvará también de la muerte.

Gracias hermano mío. Ruega por nosotros y yo rogaré por ti. Que la Paz sea contigo.

Después de despedirse, se sentó luego en un peñasco, al pie de las murallas de la prisión y allí estuvo todo el día.

Al caer la tarde, regresó a la casa de Petronio.

Mientras tanto, Petronio había entrado a su biblioteca…

Leyó la carta de Alexandra que se había quedado sobre la mesa donde él escribe…

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Y después de leerla, estuvo mucho rato pensativo y reflexionando como nunca lo había hecho en su vida…

Luego tomó una resolución y antes de que Marco Aurelio regresara, se fue a visitar a la Augusta.

Encontró a Popea, a la cabecera del lecho del pequeño Rufio.

El niño a consecuencia de la herida en la cabeza, lucha ahora por su vida.

Y su madre, con el corazón amargado por la desesperación y el terror, asiste impotente a sus delirios por la fiebre, pensando al mismo tiempo que si logra salvarlo, ello solo servirá para que enseguida perezca con una muerte más terrible.

Ocupada exclusivamente en su propio dolor, nada quiere oír de los problemas de Marco Aurelio.

Pero Petronio la aterrorizó:

–           Tú has ofendido a una Divinidad nueva y desconocida. Tú Augusta, según parece adoras al Jehová hebreo.

Pero los cristianos afirman que Cristo es Hijo suyo. Reflexiona ahora si no te estará persiguiendo la cólera del Padre.

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¿Quién podrá afirmar que no es la venganza de Éste, la que ha caído sobre ti? Y quién sabe  si la vida de Rufio no depende sino de esto: de la manera en como tú obres.

Popea lo miró espantada y preguntó:

–           ¿Qué me aconsejas?

–           Aplacar a las deidades ofendidas.

–           ¿Y cómo?

–           Alexandra está enferma. Influye tú sobre el César o sobre Tigelino, para que sea entregada a Marco Aurelio.

Popea exclama con acento desesperado:

–           ¿Y piensas que yo pueda hacer eso? Mira lo que me está pasando…

–           Puedes hacer otra cosa entonces. Si Alexandra mejora, su destino es morir en el Circo.

Dirígete al Templo de Vesta y pide a la Virgo Magna, que trate de estar como de manera fortuita cerca del Tullianum, en el momento en que conduzcan a los presos a la muerte y ordene que dejen en libertad a la doncella.

Ella puede hacerlo y la gran vestal no te podrá negar eso.

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–           Pero ¿Y si Alexandra muere de fiebre?

–           Dicen que el Dios de los cristianos es Vengativo pero Justo. Es posible que Tú logres aplacarlo, sólo con el deseo de ir en auxilio de esa joven.

–           Si es así, que me dé una señal indicativa de que Rufio sanará.

Petronio se encogió de hombros y dijo:

–           ¡Oh, divinidad! Yo no he venido a verte como enviado de Él. Me limito a decirte:

Que es preferible que te encuentres en buena armonía con todos los dioses, tanto romanos como extranjeros.

Popea dijo con la voz quebrantada:

–           ¡Está bien! ¡Iré!

Petronio respiró con fuerza y aliviado.

Y pensó:

–           ¡Al fin he podido hacer algo!

Al regresar a su casa recordó el enojo y la frustración tanto del César como de Tigelino, por no haber podido apoderarse de Alexandra, por la fiebre que la consumía…

Y después de ver a su sobrino le dijo:

–           Ruega a tu Dios que no muera Alexandra de la fiebre que le aqueja. Porque si ella se salva, la gran vestal ordenará su liberación. La Augusta en persona le pedirá que lo haga.

Pero Marco Aurelio objetó:

–           Si ella no lo hace, Cristo la salvará.- convencido por la Fe y la esperanza.

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Mientras tanto Popea, que por la salud de su hijo está dispuesta a ofrecer hecatombes a todos los dioses del Universo, se dirigió esa misma noche a través del Forum hasta el Templo de Vesta.

Dejando encargado a su niño a su fiel nodriza Amelia, quién también ha sido su propia nana.

Pero es demasiado tarde, porque en el Palatino ya ha sido decretada la sentencia de muerte contra el niño.

Así pues, apenas la litera de Popea desapareció a través de la Gran Puerta, entraron dos libertos del César al aposento del pequeño Rufio.

Uno de ellos se arrojó sobre Amelia y la amordazó.

El otro se apoderó de una estatuilla de bronce y mató de un solo golpe en la cabeza a la pobre mujer.

Luego, los dos se acercaron a Rufio.

El pequeño, atormentado por la fiebre y sin darse cuenta de lo que ocurre a su alrededor, sonrió a los hombres…

Éstos le quitaron a la nodriza el cinturón y poniéndolo alrededor del cuello del inocente niño, lo estrangularon.

Éste, apenas pudo llamar una sola vez a su madre…Y murió.

Lo envolvieron en una sábana y montando en los caballos que los estaban esperando, se dirigieron con el cadáver hasta el puerto de Ostia, donde lo arrojaron al mar.

Popea no encontró a la Virgo Magna y regresó al Palatino.

Y al encontrar vacío el lecho de su hijo y rígido el cadáver de Amelia, se desmayó.

Cuando recuperó el conocimiento empezó a gritar y sus desesperados alaridos se oyeron toda la noche…

Pero el César le ordenó que asistiera a una fiesta que iba a dar ese día.

Y de esta manera, Popea debió ataviarse con su túnica de color amatista y acudir al banquete con una sonrisa que enmascara su inmenso dolor.

Es una estatua regia. Hermosa como una diosa.

Coronada en sus áureos cabellos, anonadada y muda, como el ángel de la muerte…

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HERMANO EN CRISTO JESUS:

ANTES DE HABLAR MAL DE LA IGLESIA CATOLICA, CONÓCELA