F105 EL CREDO 19 (1)


ESPERO LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS

Con la muerte se experimenta una separación real de cuerpo y alma. El cuerpo continúa un proceso de corrupción, mientras que nuestra alma va al encuentro de Dios.

Cada Domingo en Misa decimos en el Credo: “Creo en la resurrección de los muertos…”. ¿Qué significa esto?
Cuando muere un familiar o un amigo, solemos estar tristes por su muerte. La muerte nos hace pensar en lo desconocido y muchas veces nos preguntamos si nuestro ser querido estará ya en el Cielo con Dios. Si tendrá que esperar para resucitar, qué pasará con su cuerpo y con su alma, etc.
Hoy en día, estamos acostumbrados a darle una respuesta a todo.

Sin embargo NO podemos dar respuesta a muchas interrogantes sobre la muerte y la vida después de la muerte; porque son respuestas que solamente nos las puede contestar la FE. Y cuando las respuestas de Fe son las que menos nos interesan, esta realidad suele incomodarnos y angustiarnos.
De acuerdo con el Catecismo de la Iglesia Católica, los hombres mueren y “los que hayan hecho el Bien resucitarán para la Vida. Y los que hayan hecho el Mal, para la Condenación.”
Dios nos dio una vida temporal en la tierra para ganarnos la vida sobrenatural.

Con la muerte termina nuestra vida en la tierra. (Juan 5, 29, cf. Dn. 12,2). Cristo resucitó con su Propio Cuerpo, pero NO volvió a una vida terrenal. Su cuerpo ES ya un cuerpo Glorioso, un cuerpo Incorruptible, un cuerpo que ya NO está sujeto al Tiempo y al espacio.

Por esto puede aparecer y desaparecer en los lugares; pero a la vez, sigue siendo un cuerpo humano que puede beber y comer.

María NO murió.

“Sólo quedó adormecida” Mientras los ángeles se llevaron su cuerpo, junto con su alma y su espíritu al Cielo, donde la Esperaba su Hijo Resucitado como Ella…

Completa en su ser Tripartito… 

Ellos Dos: Jesús y María, son el ejemplo de lo que nos espera a nosotros los mortales, de acuerdo a cómo aprovechemos el Don de la Vida concedido por Dios Nuestro Señor, al final en nuestro juicio personal…

Dios nos ama a nosotros como seres humanos en cuerpo y en alma. Al Resucitar a la Vida, vamos a tener un gran gozo en cuerpo y en alma.

En Cristo, “todos resucitarán con su propio cuerpo, que tienen ahora” (Concilio de Letrán IV: DS 801) Pero este cuerpo será “Transfigurado en cuerpo de gloria” (Filipenses 3, 21).
Con la Muerte se experimenta una separación real de cuerpo y alma.

El cuerpo del hombre continúa un proceso de corrupción –como cualquier materia viva– mientras que su alma va al encuentro de Dios.

Esta alma estará esperando reunirse con su cuerpo glorificado. Con la Resurrección, nuestros cuerpos quedarán incorruptibles y volverán a unirse con nuestras almas.
Nos podemos preguntar:

¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Cuándo resucitarán?

El “cómo” NO lo podemos entender con la razón, solamente con la Fe. Nos puede ayudar a acercarnos a este gran Misterio, nuestra participación en la Eucaristía que nos da ya, un anticipo de la Transfiguración de nuestro cuerpo por Cristo.

El pan que viene de la tierra, después de haber recibido la invocación de Dios, YA NO ES PAN, sino Eucaristía.
El “Cuándo” será en “el Fin del mundo” (LG 48). El último día, el Fin del Mundo los hombres NO sabemos cuándo va a ser, sólo Dios lo sabe.
Por eso estamos inundados de profecías… Pero NO son más que especulaciones de los hombres, pues Cristo nos dijo claramente que nadie puede saber el día ni la hora en que “la Resurrección de la carne” sucederá. NI siquiera Él mismo, sino sólo el Padre.

NO debemos preocuparnos tanto de conocer la fecha, sino que lo importante es trabajar en nuestra santidad para estar siempre preparados… 

Y así poder alcanzar la gloria de Dios al morir.

¿Qué es la Parusía?

La Parusía de Cristo es la palabra con la que se designa la Segunda Venida de Cristo a la Tierra. Y la Resurrección de los Muertos está íntimamente asociada a ésta.

Pero mientras tanto ¿Podemos gozar de la gloria, de la vida celestial de Cristo resucitado?
Gracias al Bautismo, quedamos unidos a Cristo y podemos participar en la vida celestial de Cristo resucitado.

Gracias al Espíritu Santo, la vida cristiana en la Tierra es desde ahora, una participación en la muerte y en la Resurrección de Cristo. 

Porque en vida, podemos Resucitar de la Segunda Muerte que es la Resurrección Espiritual que nos concede la Conversión, a nuestra alma y a nuestro espíritu.

Y SÓLO CUANDO ESTAMOS “VIVOS” ESPIRITUALMENTE,

PODEMOS COMPRENDER

LAS VERDADES DIVINAS ANUNCIADAS POR JESÚS.

Dios Nos alimenta con su Cuerpo en el Sacramento de la Eucaristía.

La Eucaristía es el Alimento del alma que llena nuestra vida de Gracia.
Al terminar la VIDA DEL CUERPO en la tierra, viene la Muerte; que es en realidad, sólo un pequeño tránsito.

Con la muerte física se acaba nuestro Peregrinar en la Tierra. Se acaba el tiempo de Gracia y de Misericordia que Dios nos ofrece para vivir nuestra vida de acuerdo a lo que Jesucristo vino a enseñarnos; para poder ganarnos el Premio de la Vida Eterna y la Gloria.
La Iglesia nos anima a prepararnos para nuestra muerte.

San Francisco de Asís decía que era mejor HUIR de los pecados que de la Muerte.
¿Por qué existe la Muerte?
La Muerte fue contraria a los designios de Dios. Dios nos había destinado a NO morir. Sin embargo, la Muerte entró en el Mundo como consecuencia del Pecado Original.

La Muerte fue transformada por Cristo.

Jesús quiso morir por amor a nosotros en la Cruz, para darnos a nosotros la Verdadera Vida. 

Cumplió libremente con la Voluntad del Padre. Su Obediencia transformó la muerte en una Bendición.
El sentido de la muerte cristiana lo podemos expresar con estas frases:

“Para mí, la vida es Cristo y morir, una ganancia”. ( Filip. 1,21)
“Dejadme recibir la luz pura, cuando yo llegue allí, seré un hombre”. (San Ignacio de Antioquía)
Yo no muero, entro en la vida” (Santa Teresita del Niño Jesús).
“Deseo partir y estar con Cristo” (San Pablo)En la muerte, Dios llama al hombre hacia Sí.

El hombre puede transformar su propia muerte en el momento anhelado de Unión y Amor hacia el Padre.
Algunas personas podrán decir que la doctrina católica NO se opone a la reencarnación. Afirmarán que la reencarnación puede ser un fenómeno espiritual muy lógico.
Pero debemos CREERLE A JESÚS, que los hombres viven una sola vez. 

Mueren una sola vez y son juzgados para ir a la Vida Eterna (de Felicidad, si fueron justos. Y de infelicidad, si NO cumplieron lo que debían hacer).

Al Final de los Tiempos resucitarán los muertos (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1022 y 1038).
¡NO HAY REENCARNACIÓN DESPUÉS DE LA MUERTE!

Cada uno de nosotros somos uno, único e irrepetible.

¿Qué es la Primera Resurrección?

Daniel 12:2 Resume muy diferentes los dos destinos que enfrenta la humanidad:

“Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna y otros para vergüenza y confusión perpetua.” Todos Resucitarán de entre los muertos. Pero NO todos compartirán el mismo Destino.

El Nuevo Testamento revela el detalle adicional de resurrecciones separadas para los justos y los injustos.
Apocalipsis 20:4-6 menciona una “Primera Resurrección e identifica a los involucrados como “dichosos y santos ”

La Muerte Segunda (el Lago de Fuego, Apocalipsis 20:14) NO tiene poder sobre estas personas.  

La Primera Resurrección…

Entonces ES la Resurrección de todos los creyentes.

Se corresponde con la enseñanza de Jesús de la “Resurrección de los justos” (Lucas 14:14) y la “Resurrección de vida” (Juan 5:29).
La Primera Resurrección se lleva a cabo en varias etapas.

Jesucristo mismo (Las “Primicias”, 1 Corintios 15:20), preparó el Camino para la Resurrección de todos aquellos que creen en Él.  Hubo una Resurrección de los santos de Jerusalén (Mateo 27:52-53) que debe ser incluida en nuestra consideración de la Primera Resurrección.

Todavía se llevarán a cabo la Resurrección de “los Muertos en Cristo” en la Venida del Señor (1 Tesalonicenses 4:16)

Y la Resurrección de los mártires al Final de la Tribulación (Apocalipsis 20:4).
Apocalipsis 20:12-13

Identifica a aquellos que comprenden la Segunda Resurrección como los malvados juzgados por Dios en el Juicio del Gran Trono Blanco, antes de ser arrojados al Lago de Fuego.

La Segunda Resurrección…Entonces, ES la Resurrección de todos los Incrédulos. La Segunda Resurrección está conectada a la Muerte segunda. Se corresponde con la enseñanza de Jesús de la “Resurrección de condenación” (Juan 5:29).
El evento que divide la Primera y la Segunda resurrección parece ser el Reino Milenial.

Los últimos de los justos son resucitados para reinar “con Cristo mil años” (Apocalipsis 20:4), pero “los otros muertos [es decir, los malvados] NO volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años.” (Apocalipsis 20:5).
¡Qué gran regocijo caracterizará la Primera Resurrección!

¡Qué gran Angustia la Segunda! ¡Qué responsabilidad tenemos de compartir el Evangelio! “A otros salvad, arrebatándolos del fuego” (Judas 23).

¿Qué es la Segunda Resurrección?

CREDO APOSTÓLICO

EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

“CREO EN LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE”

El Credo cristiano —Profesión de nuestra Fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y en su Acción creadora, Salvadora y SantificadoraCulmina en la proclamación de la Resurrección de los muertos al Fin de los Tiempos. Y en la Vida Eterna.

Creemos firmemente y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha Resucitado verdaderamente de entre los muertos…

Y que VIVE para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado…

Y que Él los resucitará en el último día (cf. Jn 6, 39-40). Como la suya, nuestra Resurrección será obra de la Santísima Trinidad:

«Si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros (Rm 8, 11; cf. 1 Ts 4, 14; 1 Co 6, 14; 2 Co 4, 14; Flp 3, 10-11).

El término “Carne” designa al hombre en su condición de debilidad y de mortalidad.  (cf. Gn 6, 3; Sal 56, 5; Is 40, 6). La “Resurrección de la Carne” significa que Después de la Muerte, NO habrá solamente vida del alma inmortal…

 Sino que también nuestros “cuerpos mortales” (Rm 8, 11) Volverán a tener vida.

Creer en la Resurrección de los Muertos ha sido desde sus comienzos un elemento ESENCIAL de la FE cristiana. “La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella” (Tertuliano, De resurrectione mortuorum 1, 1):

«¿Cómo andan diciendo algunos entre vosotros que NO HAY resurrección de muertos?

Si NO hay Resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y SI NO Resucitó Cristo, VANA es nuestra Predicación, vana también vuestra FE 

¡Pero NO! Cristo Resucitó de entre los Muertos, como Primicia de los que durmieron» (1 Co 15, 12-14. )

La Resurrección de Cristo y la Nuestra

Revelación progresiva de la Resurrección… La Resurrección de los Muertos fue revelada progresivamente por Dios a su Pueblo.

La Esperanza en la Resurrección corporal de los muertos se impuso como una consecuencia intrínseca de la FE en un Dios creador del hombre todo entero: alma, ESPÍRITU y cuerpo.

El creador del Cielo y de la Tierra es también Aquél que mantiene fielmente su Alianza con Abraham y su descendencia. En esta doble perspectiva comienza a expresarse la FE en la Resurrección.

En sus Pruebas, los mártires Macabeos confiesan:

«El Rey del mundo, a nosotros que morimos por sus Leyes, nos resucitará a una Vida Eterna» (2 M 7, 9).  

Cuando tenemos una Fe firme sabemos que «Es preferible morir a manos de los hombres con la esperanza que Dios otorga de ser {resucitados de nuevo por él» (2 M 7, 14; cf. 2 M 7, 29; Dn 12, 1-13).

Los fariseos (cf. Hch 23, 6) y muchos contemporáneos del Señor (cf. Jn 11, 24) esperaban la resurrección.

Jesús la enseña firmemente. A los saduceos que la niegan responde: “Vosotros NO conocéis ni las Escrituras ni el poder de Dios, vosotros estáis en el error” (Mc 12, 24). La fe en la resurrección descansa en la fe en Dios que “no es un Dios de muertos sino de vivos” (Mc 12, 27).

Pero hay más: Jesús liga la Fe en la resurrección a la Fe en su propia persona: “Yo soy la Resurrección y la Vida” (Jn 11, 25). Es el mismo Jesús el que resucitará en el último día a quienes hayan creído en Él (cf. Jn 5, 24-25; 6, 40) y hayan comido su cuerpo y bebido su sangre (cf. Jn 6, 54).

En su vida pública Ofrece ya un Signo y una prenda de la resurrección devolviendo la vida a algunos muertos (cf. Mc 5, 21-42; Lc 7, 11-17; Jn 11), Anunciando así su propia Resurrección que NO obstante, será de otro orden.

De este acontecimiento único, Él habla como del “Signo de Jonás” (Mt 12, 39), del Signo del Templo (cf. Jn 2, 19-22)

ANUNCIA SU RESURRECCIÓN AL TERCER DÍA después de su muerte (cf. Mc 10, 34).  

Ser testigo de Cristo es ser “testigo de su Resurrección” (Hch 1, 22; cf. 4, 33), “haber comido y bebido con él después de su Resurrección de entre los muertos” (Hch 10, 41).

La esperanza cristiana en la Resurrección está totalmente marcada por los encuentros con Cristo Resucitado. Nosotros resucitaremos como Él, con Él, por Él.

Desde el principio, la Fe cristiana en la resurrección ha encontrado incomprensiones y oposiciones (cf. Hch 17, 32; 1 Co 15, 12-13). “En ningún punto la Fe cristiana encuentra más contradicción que en la Resurrección de la Carne” (San Agustín, Enarratio in Psalmum 88, 2, 5).

Se acepta muy comúnmente que después de la muerte, la vida de la persona humana continúa de una forma espiritual. Pero ¿Cómo creer que este cuerpo tan manifiestamente mortal pueda resucitar a la Vida Eterna?

Cómo resucitan los muertos

¿Qué es resucitar? En la muerte separación del alma y el cuerpo, el cuerpo del hombre cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado.

Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la Resurrección de Jesús.

¿Quién resucitará? Todos los hombres que han muerto: “los que hayan hecho el Bien resucitarán para la Vida. Y los que hayan hecho el Mal, para la Condenación” (Jn 5, 29; cf. Dn12, 2).

Los cuerpos espirituales son inmortales. Y se UNIRÁN a un cuerpo que fue mortal y murió; pero que resucitará con la vida inmortal a un Destino de Gloria o de Condenación Eterna.

¿Cómo? Cristo resucitó con su propio cuerpo: “Mirad mis manos y mis pies; Soy YO mismo” (Lc 24, 39)

«Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida?  Los muertos resucitarán incorruptibles. En efecto, es necesario que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad y que este ser mortal se revista de inmortalidad (1 Cor 15,35-37. 42. 53).

¿Cuándo? Sin duda en el “‘Ultimo Día” (Jn 6, 39-40. 44. 54; 11, 24); “al Fin del Mundo”

En efecto, la Resurrección de los Muertos está íntimamente asociada a la Parusía de Cristo:

«El Señor mismo, a la orden dada por la Voz de un Arcángel y por la Trompeta de Dios; bajará del Cielo. Y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar» (1 Ts 4, 16).

Resucitados con Cristo

Si es verdad que Cristo nos resucitará en “el Útimo Día”, también lo es que nosotros ya hemos resucitado con Cristo. En efecto, gracias al Espíritu Santo, la Vida Cristiana en la Tierra es desde ahora, una participación en la Muerte y en la Resurrección de Cristo:

«Sepultados con él en el Bautismo, con él también habéis resucitado por la Fe en la Acción de Dios, que le Resucitó de entre los muertos.  Así pues, si habéis Resucitado con Cristo. Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la Diestra de Dios» (Col 2, 12; 3, 1).

Cuando experimentamos por primera vez el estar “VIVOS” espiritualmente es una sensación increíble e infinitamente gratificante… Porque los sentidos espirituales, son mucho más sensibles que los sentidos corporales.

Y el contemplar nuestro cuerpo espiritual sano y luminoso por la vida que nos trasmite el Espíritu Santo, es una plenitud gloriosa que solo el que lo experimenta lo puede comprender.

Entonces adquiere un significado absoluto, el Mensaje de Jesús cuando dijo:

Juan, 8 31. “Decía pues Jesús a los judíos que habían creído en él:

«Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, 32. Y conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres.» 33. Ellos le respondieron: «Nosotros somos descendencia de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Os haréis libres?» 34.  Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: Todo el que comete Pecado es un Esclavo. 35. Y el esclavo NO se queda en casa para siempre; mientras el Hijo se queda para siempre. 36. Si pues, el Hijo os da la Libertad, seréis realmente Libres.”(Biblia de Jerusalén) 

Cuando lo vivimos, es entonces que comprendemos completamente la Tremenda Ruina que significa el Pecado y la ESCLAVITUD denigrante a la que NOS somete Satanás…

Así como lo que ES tener el alma y el espíritu ‘vivos’ o lo contrario: muertos. 

Para quién nunca lo ha vivido, ES una experiencia tan traumatizante el contemplar a los ‘muertos vivientes’ por el Pecado…

Porque espiritualmente la corrupción y la maldad SON tan evidentes, tienen sus características propias y la única analogía que nos da un pálido reflejo de la horripilante fealdad que manifestamos, es la que podemos apreciar en el popular video de Michael Jackson llamado  ‘Thriller’…

PORQUE EXACTAMENTE ASÍ ES CÓMO LUCEN LOS MUERTOS ESPIRITUALES

POR EL PECADO REITERADO, QUE NOS DEFORMA ESPIRITUALMENTE

ESPECIALMENTE EL DE LA LUJURIA

(Los obsesionados por EL GIMNASIO, LOS TRATAMIENTOS ESTÉTICOS, la Belleza, la Vanidad y el Racismo; van a sufrir un tremendo colapso, cuando contemplen su miserable realidad y constaten que la van a soportar eternamente)

Y la letra es tan espeluznante, que resulta inevitable el preguntarse… ¿Seguirían cantando si supieran que no es una fantasía rítmica, sino una verdad escalofriante?

¡¿Aparte de todo el rollo espiritual que implica TODA una Guerra…?!  Todos los días, de toda nuestra vida mortal…

A Satanás le resulta gracioso también el  BURLARSE de la triste realidad con que NOS abruma, nos rodea Y EL INDIGNANTE SOMETIMIENTO CON QUE NOS MANIPULA!  

Satanás ES IMPLACABLE. Por eso es indispensable vivir consagrados y refugiados dentro de los Sagrados Corazones de Jesús y de María. 

Y desde allí plantear la estrategia de un combate perseverante y sostenido, que le haga letales ataques por medio de la Oracion de Poder, que lo persuadan de que es muy mala idea enfrentarse a nosotros, los valientes soldados cristianos que NO LE TEMEMOS A LA MUERTE…

Sus ataques incesantes, Nos FORTALECEN hasta el punto que podemos de exclamar:

“¡¿VAS A MATARME?!   Porque mi alma y mi espíritu, NO los alcanzarás…

«El cuerpo es para el Señor y el Señor para el cuerpo. Y Dios que resucitó al Señor, NOS resucitará también a nosotros mediante su poder. ¿NO sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?  No os pertenecéis. Glorificad por tanto, a Dios en vuestro cuerpo» (1 Co 6, 13-15. 19-20)  

Morir en Cristo Jesús

Para Resucitar con Cristo, es necesario morir con Cristo. Es necesario “dejar este cuerpo para ir a morar cerca del Señor” (2 Co 5,8). En esta “partida” (Flp 1,23) que es la Muerte, el alma se separa del cuerpo. Se reunirá con su cuerpo el día de la Resurrección de los Muertos

La Muerte

“Frente a la Muerte, el enigma de la condición humana alcanza su cumbre” . En un sentido, la Muerte corporal es natural, pero por la FE sabemos que realmente es “salario del pecado” (Rm 6, 23; cf. Gn 2, 17). Y para los que mueren en la gracia de Cristo, ES una participación en la Muerte del Señor, para poder participar también en su Resurrección (cf. Rm 6, 3-9; Flp 3, 10-11).

La Muerte es el Final de la vida Terrena. Nuestras vidas están medidas por el Tiempo, en el curso del cual cambiamos, envejecemos y MORIMOS. Como en todos los seres vivos de la tierra, al final aparece la Muerte como terminación normal de la vida.

Este aspecto de la Muerte da urgencia a nuestras vidas… El recuerdo de nuestra mortalidad sirve también para hacernos pensar, que NO contamos más que con un tiempo limitado para llevar a término nuestra vida:

«Acuérdate de tu Creador en tus días mozos,  mientras no vuelva el polvo a la tierra, a lo que era…  Y el espíritu vuelva a Dios que ES quien lo dio» (Qo 12, 1. 7).

La muerte es consecuencia del pecado. Intérprete auténtico de las afirmaciones de la Sagrada Escritura (cf. Gn 2, 17; 3, 3; 3, 19; Sb 1, 13; Rm 5, 12; 6, 23) y de la Tradición, el Magisterio de la Iglesia enseña que la muerte entró en el mundo a causa del pecado del hombre.

Por tanto, la muerte fue contraria a los designios de Dios Creador, y entró en el mundo como consecuencia del pecado (cf. Sb 2, 23-24). “La muerte temporal de la cual el hombre se habría liberado si no hubiera pecado” es así “el último enemigo” del hombre que debe ser vencido (cf. 1 Co 15, 26).

La muerte fue transformada por Cristo. Jesús, el Hijo de Dios, sufrió también la muerte, propia de la condición humana. Pero, a pesar de su angustia frente a ella (cf. Mc 14, 33-34; Hb 5, 7-8), la asumió en un acto de sometimiento total y libre a la voluntad del Padre.

La obediencia de Jesús transformó la maldición de la muerte en bendición (cf. Rm 5, 19-21).

El sentido de la muerte cristiana

Gracias a Cristo, la muerte cristiana tiene un sentido positivo. “Para mí, la vida es Cristo y morir una ganancia” (Flp 1, 21). “Es cierta esta afirmación: si hemos muerto con él, también viviremos con él” (2 Tm 2, 11). La novedad esencial de la muerte cristiana está ahí: por el Bautismo, el cristiano está ya sacramentalmente “muerto con Cristo”, para vivir una vida nueva; y si morimos en la gracia de Cristo, la muerte física consuma este “morir con Cristo” y perfecciona así nuestra incorporación a El en su acto redentor:

«Para mí es mejor morir en Cristo Jesús, que reinar de un extremo a otro de la tierra. Lo busco a Él, que ha muerto por nosotros; lo quiero a Él, que ha resucitado por nosotros. Dejadme recibir la luz pura; cuando yo llegue allí, seré un hombre» (San Ignacio de Antioquía, Epistula ad Romanos 6, 1-2).

En la muerte, Dios llama al hombre hacia sí. Por eso, el cristiano puede experimentar hacia la muerte un deseo semejante al de san Pablo: “Deseo partir y estar con Cristo” (Flp 1, 23); y puede transformar su propia muerte en un acto de obediencia y de amor hacia el Padre, a ejemplo de Cristo (cf. Lc 23, 46):

«Mi deseo terreno ha sido crucificado; hay en mí un agua viva que murmura y que dice desde dentro de mí “ven al Padre”» (San Ignacio de Antioquía,Epistula ad Romanos 7, 2).

«Yo quiero ver a Dios y para verlo es necesario morir» (Santa Teresa de Jesús, Poesía, 7).

«Yo no muero, entro en la vida» (Santa Teresa del Niño Jesús, Lettre (9 junio 1987).

La visión cristiana de la muerte (cf. 1 Ts 4, 13-14) se expresa de modo privilegiado en la liturgia de la Iglesia:

«La vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma. Y al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo. (Misal  Romano,  Prefacio de difuntos).

La muerte es el fin de la peregrinación terrena del hombre, del tiempo de gracia y de misericordia que Dios le ofrece para realizar su vida terrena según el designio divino y para decidir su último destino. Cuando ha tenido fin “el único curso de nuestra vida terrena”  ya no volveremos a otras vidas terrenas. “Está establecido que los hombres mueran una sola vez” (Hb 9, 27). NO hay “reencarnación” después de la muerte.

La Iglesia nos anima a prepararnos para la hora de nuestra muerte (“De la muerte repentina e imprevista, líbranos Señor”: Letanías de los santos), a pedir a la Madre de Dios que interceda por nosotros “en la hora de nuestra muerte” (Avemaría) y a confiarnos a san José, patrono de la buena muerte… 

«Habrías de ordenarte en toda cosa como si luego hubieses de morir. Si tuvieses buena conciencia no temerías mucho la muerte. Mejor sería huir de los pecados que de la muerte. Si hoy no estás aparejado, ¿Cómo lo estarás mañana?» (De imitatione Christi 1, 23, 1).

«Y por la hermana muerte, ¡loado mi Señor!
Ningún viviente escapa de su persecución;
¡Ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!»

(San Francisco de Asís, Canticum Fratris Solis)

Resumen

Caro salutis est cardo (“La carne es soporte de la salvación”) (Tertuliano, De resurrectione mortuorum, 8, 2). Creemos en Dios que es el creador de la carne; creemos en el Verbo hecho carne para rescatar la carne; creemos en la resurrección de la carne, perfección de la creación y de la redención de la carne.

Por la muerte, el alma se separa del cuerpo, pero en la resurrección Dios devolverá la vida incorruptible a nuestro cuerpo transformado reuniéndolo con nuestra alma. Así como Cristo ha resucitado y vive para siempre, todos nosotros resucitaremos en el último día.

“Creemos […] en la verdadera resurrección de esta carne que poseemos ahora”  No obstante, se siembra en el sepulcro un cuerpo corruptible, resucita un cuerpo incorruptible (cf. 1 Co 15, 42), un “cuerpo espiritual” (1 Co 15, 44).

Como consecuencia del pecado original, el hombre debe sufrir “la muerte corporal, de la que el hombre se habría liberado, si no hubiera pecado” 

Jesús, el Hijo de Dios, sufrió libremente la muerte por nosotros en una sumisión total y libre a la voluntad de Dios, su Padre.

Por su Muerte venció a la muerte, abriendo así a todos los hombres la posibilidad de la salvación.

¡SÍGUEME EN LA TIERRA Y TE LLEVARÉ AL CIELO!…

 

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