D77 CALVARIO DE VENEZUELA 4


CUMPLIMIENTO

CARACAS — Para los venezolanos la oscuridad comienza apenas abren los ojos y se preguntan cuánto costarán hoy los bienes y servicios más elementales.

Desde 2016, el poder adquisitivo del bolívar se ha desplomado y cada día se presentan nuevos obstáculos a causa del colapso de un modelo económico sustentado en los controles a la actividad privada y un estatismo exagerado. El resultado de ese modelo ha sido la hiperinflación.

La hiperinflación pasó a ser el principal problema del país desde noviembre de 2017, cuando el Índice de Precios al Consumidor, la metodología para medir la variación mensual de precios de bienes y servicios, mostró un alza superior al 50 por ciento con relación al mes anterior, según cálculos de la Asamblea Nacional.

Las alarmas se encendieron y de inmediato se puso de moda el nombre de Phillip Cagan, el economista que en los años cincuenta señaló ese porcentaje como el momento en que la hiperinflación se materializa de manera innegable.

El deterioro económico venezolano ha ido aparejado con un incesante aumento de la criminalidad. En 2017 se contabilizaron 26.616 muertes, entre las cuales se reseña una novedad: 5535 corresponden a “enfrentamientos con la autoridad”. Es decir, son responsabilidad directa del Estado.Pascualina Morón (la tercera de izquierda a la derecha) se despierta a las 3:00 am para esperar en una línea de más de cien personas que esperan fuera de un supermercado. CreditMeridith Kohut para The New York Times

El efecto social de este fenómeno es el “sálvese quien pueda” marcado por dos termómetros. Uno es el tipo de cambio, que se dispara de la noche a la mañana.

El otro es la búsqueda frenética de alimentos y medicinas, que han empujado a los venezolanos a una sobrevivencia bajo la ley de la selva, una lucha sin reglas, donde “vale todo y nada vale”.

Los mensajes en redes sociales del servicio público de medicinas, por ejemplo, sirven para conectar al familiar desesperado de un enfermo con un revendedor de medicamentos que impone un precio exorbitante;

el empleado de una industria de alimentos le vende el producto a sus allegados al precio de la calle, el vecino te toca el timbre a las siete de la mañana para darte la noticia de que a tu carro le robaron los dos cauchos traseros, la batería y “le ordeñaron” el aceite, como me pasó esta semana.

Alfredo Infante, un sacerdote jesuita, caminaba por el centro de Caracas cuando sintió que el frío le recorría su cuerpo. Como paciente diabético, Infante sabe que esa es la señal inequívoca de un bajón de azúcar. En una panadería pidió una barra de chocolate. “De las pequeñas, por favor”, dijo.

La vendedora puso el chocolate sobre el mostrador y anunció el precio: 250.000 bolívares. Infante quedó estupefacto. “Me vas a cobrar un cuarto de millón de bolívares por un chocolate”, protestó.

El dólar amaneció en casi 300.000 bolívares. Te estoy cobrando menos de un dólar”, explicó la vendedora.

Para entender este “sálvese quien pueda”, deben analizarse los resultados de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) de 2017, un estudio sobre las condiciones de vida en Venezuela que dirigen las tres universidades autónomas más importantes del país.

Encovi revela que los venezolanos han perdido en promedio 11 kilos en los últimos dos años, al igual que otros datos aterradores: el 87 por ciento de los venezolanos se encuentra por debajo de la línea de pobreza; 8,2 millones de venezolanos comen dos o menos comidas al día.

En Venezuela hay una crisis moral y social en medio del hambre.

El presidente Nicolás Maduro anunció esta semana un aumento del salario de 58 por ciento (329.646 bolívares —equivalentes a 1,83 dólares mensuales). El bono de alimentación quedó en 915.000 bolívares.

Pero es solo otro intento de tapar una hemorragia con una curita: el ingreso de los venezolanos sigue siendo por mucho el más bajo de toda América Latina.

Ante el paso arrollador de la hiperinflación nadie quiere tener bolívares, ni en el banco ni debajo del colchón. Apenas reciben el sueldo o la pensión, los venezolanos salen en estampida a los supermercados a comprar comida, aunque no les haga falta en ese momento.

El espiral hiperinflacionario es tan intenso que es común que la gente ande con maletas de efectivo para pagar un café o un almuerzo.

A la hiperinflación se suma la escasez de efectivo, que ha obligado a la población a hacer filas a las puertas de las agencias bancarias y ante los cajeros automáticos para obtener montos cada vez más limitados.

Personas de la tercera edad han perdido la vida en las colas de los bancos tratando de cobrar sus pensiones y jubilaciones.

El dólar, la moneda del país que, según Maduro, quiere arrodillar a Venezuela, se ha convertido en el objeto más deseado de los venezolanos y ha pasado a ser el referente de las transacciones entre particulares a través de la calculadora DolarToday.com, que muestra el cambio del día.

Las amenazas de penas de cárcel establecidas en las leyes cambiarias para quienes realicen operaciones en moneda extranjera ya no surten ningún efecto.

ARTESANÍA CON LOS BILLETES de los bolívares venezolanos 

No es extraño que muchos venezolanos aspiren a tener un ingreso en dólares, así que han puesto su creatividad en función de lograr ese objetivo de las formas más variadas e inimaginables.

Algunos emprendedores han intentado escapar de la hiperinflación incursionando en el mercado de las criptomonedas, donde han encontrado un refugio temporal de la hiperinflación.

Cité a Verónica Sánchez en la plaza Bolívar de Baruta, en el sureste de Caracas, para que me explicara cómo operan en el mercado estas monedas.

En diciembre obtuvo ganancias equivalentes a 3.000.000 bolívares, que le depositaron en su cuenta cuando vendió los satoshi que obtuvo al completar figuras y números, conocidos como captchas, siguiendo las indicaciones de la página web RaiBlocks.

“La ganancia me sirvió para pasar la Navidad y comprarle ropa nueva al muchachito”, me dijo. De hecho, en Venezuela hay tiendas asociadas a las nuevas tecnologías que exhiben carteles con la leyenda “Se aceptan satoshi”. Verónica le dedicó tres horas diarias a completar captchas.

El gobierno también intenta subirse a este tren con su propia moneda virtual, el petro. Se trata de la primera criptomoneda emitida por un gobierno en todo el mundo y cuenta con el respaldo de una reserva petrolera que totaliza 5000 millones de barriles.

Con el petro, el presidente Nicolás Maduro espera evadir las sanciones financieras impuestas por el gobierno de Estados Unidos, pero economistas de tendencias diversas aseguran que el petro no es otra cosa que una “operación de crédito público”.

Es decir, otro mecanismo para endeudarse en una moneda extranjera y que no sacará a Venezuela de la crisis económica. Pero para algunos venezolanos usar dinero virtual podría ser una solución.

“Quiero seguir investigando cómo ganar dinero en internet y estoy atenta a los anuncios del gobierno venezolano para registrarme en el portal que va a manejar el petro”, concluyó Sánchez.

La de los venezolanos es una carrera contrarreloj por convertir todo lo que pueden —sus ahorros, sus bienes y su patrimonio— a dólares. Los billetes verdinegros han empezado a circular para pagar actividades rutinarias.El pago en dólares puede surgir de manera espontánea.

Ignacio Ávalos, profesor universitario y asesor en temas de ciencia y tecnología, me refirió la conversación que tuvo con su médico: “Todos los años voy a hacerme un chequeo. Le pregunté a mí doctor cuánto estaba cobrando por consulta y me dijo que 450.000 bolívares. ‘¿Aceptas dólares?’, le pregunté en broma.

En la cartera tenía dos dólares. ‘Claro que sí. Dámelos’, dijo, ‘y perdona que me quede con el cambio’”. Una amiga trajo de un viaje 50 billetes de un dólar para atender gastos corrientes. Le pagó dos dólares a un joven que montó una biblioteca en su casa. “Él feliz de la vida porque pronto se va para Chile”, dijo mi amiga.

Huir del país ha sido la obsesión de Alejandro Rivas, un técnico en informática de 29 años que ha planeado radicarse, junto con su novia, en Lima, Perú. “Huyo de Venezuela porque no hay futuro, no puedo independizarme, comprar un carro, ni soñar con tener un hijo”. El viaje lo hará por tierra a un costo de 140 dólares.

Grupos de venezolanos en Perú  informan constantemente en Facebook y WhatsApp acerca de rutas y precios. “Siento una mezcla de tristeza y rabia por tener que dejar mí país, a mi familia, a mi papá que tiene un trastorno bipolar. Apenas pueda me lo llevo a Perú”.

El gobierno de Maduro no ha tomado una sola medida para contener la hiperinflación. Todo lo contrario. Sigue financiando el déficit de las cuentas públicas con dinero inorgánico emitido por el Banco Central de Venezuela.

Tampoco tiene previsto pactar un programa de ajustes con el demonizado Fondo Monetario Internacional, que pronostica para el país una inflación del 13.000 por ciento con una contracción económica del 15 por ciento.

El salario mínimo en Venezuela no alcanza para comprar un kilo de pollo, un kilo de carne o un cartón de 30 huevos. Pero podría comprar 248.500 litros de gasolina de 91 octanos.

Un reportaje del portal Prodavinci mostró que el salario mínimo actual no alcanza ni para el 20 por ciento de lo que compraba en 1998, cuando el barril de petróleo tocó un fondo histórico de ocho dólares.

El anuncio del aumento de salario lo hizo el presidente Maduro en una transmisión en Facebook Live. No sorprendió a nadie.

La indiferencia obedece a que los precios de los bienes y servicios más elementales se ajustarán en cuestión de horas, siguiendo la ruta de esta carrera hacia el precipicio en el que alguna vez fuera el país más rico de América Latina.

Hugo Prieto es periodista y narrador venezolano.

ttps://www.nytimes.com/es/2018/03/03/opinion-prieto-hiperinflacion-venezuela/

Detrás de la pulseada por la ayuda, el drama de los desnutridos

La catástrofe humanitaria en Venezuela dejó a miles de personas con serias deficiencias alimentarias

24 de febrero de 2019  

CARACAS.- En los últimos tres años, Yaneidi Guzmán perdió un tercio de su peso en medio del colapso económico de Venezuela que dificulta la compra de alimentos. Y en estos días Guzmán pasó a ilusionarse con la entrada de ayuda humanitaria tan urgentemente necesitada en el país.

La mujer, de 38 años, es uno de los muchos venezolanos que sufren de desnutrición en una nación que alguna vez fue próspera gracias a su petróleo, pero que ha visto decaer su economía en los últimos cinco años bajo el mandato del presidente Nicolás Maduro.

La dieta de los venezolanos se volvió cada vez más deficiente en vitaminas y proteínas debido al control de divisas que restringe las importaciones de alimentos y a sueldos que no van a la par de una inflación de casi 2.000.000% registrada el año pasado.

La creciente desnutrición es una de las razones que esgrimió el líder de la oposición venezolana, Juan Guaidó, a quien decenas de países reconocen como jefe de Estado encargado, para llevar adelante el plan de traer alimentos y medicinas al país.  La iniciativa opositora fue rechazada por Maduro, que negó que hubiera una crisis humanitaria y catalogó el proyecto de sus rivales como un espectáculo para socavar las bases de su gobierno.

El mismo Guaidó se sumó desde su residencia en Caracas a una caravana, el jueves pasado, con diputados de la Asamblea Nacional, para viajar 800 kilómetros hacia la frontera con Colombia, de donde el viernes logró cruzar hacia Cúcuta.

El opositor se guardó los detalles durante toda la semana de cómo entraría la ayuda en momentos en que Maduro anunció el cierre, desde el jueves por la noche, de la frontera con Brasil, y clausuró luego los pasos a Colombia.

La ayuda humanitaria se ha convertido en objeto de una lucha de poderes en Venezuela, luego de que en enero Guaidó invocó la Constitución para asumir como presidente interino tras calificar como fraudulenta la reelección de Maduro en mayo del año pasado.

Sobre esa base, la oposición y gran parte de la comunidad internacional impugnaron la jura para su nuevo “mandato” en enero.

“A mí me gustaría que dejaran entrar esa ayuda”, dijo Guzmán, que a pesar de tener dos trabajos, ambos sueldos no le alcanzan para pagar por los exámenes médicos, las vitaminas y una dieta rica en proteínas que su doctor le prescribió.

Ella y su esposo ganan menos de 30 dólares al mes, que usan para alimentar a sus tres hijas.

Aunque hay un vacío de información oficial, casi dos tercios de los venezolanos perdieron en promedio 11 kilos de peso en 2017, según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida, un estudio realizado por tres grandes universidades del país.

En la casa de Guzmán, en el barrio caraqueño de Petare, cuelga un pequeño cartel de madera donde se lee el salmo “Jehová es mi pastor, nada me faltará”. En la heladera solo guarda unos paquetes de porotos.

Hay veces en que se despierta sin saber qué comerá su familia durante el día. En muchas ocasiones solo comen arroz, lentejas y yuca.

Si bien Guzmán dijo que le gustaría la entrada de ayuda, le preocupa que el envío sea una gota en medio de un océano de necesidades que aqueja a los venezolanos. “Uno no come un solo día”, agregó.Prueba de fuerza

Algunos analistas políticos dicen que la prueba de fuerza entre gobierno y oposición no se basaba tanto en resolver las necesidades inmediatas de Venezuela -que requiere un ingreso continuo y reformas profundas-, sino poner a prueba la lealtad de los militares a Maduro, si se atrevían a bloquear el ingreso de la ayuda.

Algunas organizaciones, como Cáritas, decidieron proporcionar la ayuda que se pueda.

En San Francisco de Yare, un pueblo a 70 kilómetros al sur de Caracas, el vientre del bebé de María Guitia luce distendido, mientras sus brazos son delgados.

La joven de 21 años vive con sus cinco hermanos y dos padres en una habitación con suelo de tierra y sin agua corriente. Sin empleo, viven de trabajos informales y una entrega mensual de alimentos subsidiados por el gobierno.

Guitia tiene que inventar comida con lo poco que tienen, como lentejas y plátanos que poseen en terrenos de su patio. Su hijo perdió peso en los últimos cinco meses, hasta que Cáritas le dio algunos suplementos alimentarios.

Las Naciones Unidas y la Cruz Roja advirtieron contra la politización de la ayuda. Estados Unidos, que presiona por una renuncia de Maduro, envió ayuda para Venezuela en aviones militares a Cúcuta, en una demostración de fuerza.

Guzmán sueña con vivir de su propio trabajo y no de la ayuda extranjera o donaciones del gobierno.

“No es que quiera ser rica o millonaria -dijo-, pero sí darle un futuro bien a mis hijas, que si se enferman uno las pueda llevar al médico, que se alimenten bien”.

Por: C. Rawlins y S. Valderrama

Las cifras de otro día clave para Venezuela: al menos 5 muertos, más de 200 heridos y dos camiones quemados

24 de febrero de 2019  • 08:59

CÚCUTA (Reuters).- Ayer fue otro día clave para Venezuela. Ayer el presidente encargado, el opositor Juan Guaidó, aseguró que entrarían camiones con ayuda humanitaria para aliviar la crisis de abastecimiento que vive el país.

Ayer los militares y las milicias que siguen respaldando al bolivariano Nicolás Maduro salieron al choque de las intenciones de la oposición.

Por los enfrentamientos que se dieron en la frontera cinco personas murieron, más de 200 resultaron heridas y cerca de 50 fueron detenidos.

De acuerdo a lo publicado por el diario El Universal, en el límite entre Colombia y Venezuela 285 personas resultaron lesionadas por represión de militares.

Además, varios camiones con insumos médicos y alimentos debieron retroceder y declinar de su intención de entrar a suelo venezolano debido al ataque de los chavistas, que quemaron al menos dos vehículos cargados con mercaderías necesarias.

En total, ocho vehículos de carga habían partido temprano desde el centro de acopio en los alrededores del puente de Tienditas. Pero dos de ellos fueron prendidos fuego, uno debió ser descargado ante el riesgo de correr la misma suerte y el resto regresó a las bodegas.

Tras la violencia desatada, Guaidó a quien decenas de países reconocen como presidente legítimo ante la denuncia de fraude que recae en las elecciones que llevaron a Maduro a asumir se segundo mandato, dijo que planteará a la comunidad internacional de manera formal que se debe ” tener abiertas todas las opciones para lograr la liberación de esta patria”.

La postura gubernamental en México, NO ES LA DEL PUEBLO. Los mexicanos NO aprobamos la represión brutal de los dictadores.

La resistencia

Molesto por el acopio de ayuda, el presidente Maduro rompió las relaciones diplomáticas con Bogotá, que ya estaban en su menor nivel: “He decidido romper todas las relaciones políticas y diplomáticas con el gobierno fascista de Colombia y todos sus embajadores y cónsules deben salir en 24 horas”.

Asimismo, advirtió respecto de su determinación a quedarse en el poder: “Estoy más duro que nunca, más duro que esta madera, duro de pie, gobernando esta patria.

Soberano coñazo (puñetazo) le estamos metiendo al golpe, a la intervención gringa”, dijo ante miles de seguidores en una avenida de Caracas en una marcha convocada “en defensa de la revolución”.

El gobierno de Maduro rechaza que exista una crisis humanitaria y califica como un “show barato” el intento opositor de pasar asistencia, pese a que desde 2015 al menos 3,4 millones de personas se fueron de Venezuela, según Naciones Unidas.

Enfrentamientos en la frontera colombo-venezolana dejan muertos y cientos de heridos

El relato de las víctimas

Edinson Cisneros tiene 24 años y estuvo en Ureña junto al pueblo para ayudar a descargar las medicinas y los alimentos que llegaron desde Colombia.

Sin embargo, sufruió el peso de la represión. Con un tubo en la nariz, sentado en una camilla, mostró que tenía perforaciones de proyectiles de goma en el costado izquierdo del pecho, en el brazo y en la pierna, además de una lesión abierta en el abdomen.

“Tiraron gases lacrimógenos, demasiados, no aguantó la gente y perdimos fuerzas. Y cuando estábamos tratando de agarrar aire, nos llegaron y nos acribillaron”, aseguró.

Por su parte, José David Morales, de 45 años, mostró restos de proyectiles disparados en el sector El Salto, de Bolívar, y denunció: “¡Presidente (Maduro) esta es tu Fuerza Armada, mira cómo nos disparan!”.

Por otra parte, al hospital de la población brasileña de Pacaraima, en la frontera con Venezuela, llegaron cuatro heridos de bala, que tras recibir los primeros auxilios fueron llevados a Boa Vista, capital del estado limítrofe de Roraima.

Sin embargo, el portavoz del gobierno del estado brasileño de Roraima, Roberto Amaral, dijo que los militares venezolanos ya no dejaban pasar ambulancias con heridos por la frontera hacia Brasil.

Al final del día, más de 60 uniformados venezolanos desertaron a territorio colombiano en medio de la tensión en la región y reconocieron a Guaidó como presidente, según informó la autoridad migratoria nacional colombiana.

Desolación y escenas caóticas en las fronteras con Colombia y Brasil

El puente Simón Bolívar, que une Colombia y Venezuela, quedó lleno de escombros Fuente: Reuters – Crédito: Marco Bello

Con tensión extrema, los venezolanos que viven en Buenos Aires pasaron su peor fin de semana

25 de febrero de 2019  • 17:33

“Con muchísima tensión emocional” describe Eduardo Ruiz, un caraqueño de 34 años, cuando se le pregunta cómo vivió los últimos días las noticias provenientes de su Venezuela natal. Hace más de dos años que reside en Buenos Aires y está acostumbrado a mantener un diálogo fluido con los familiares que quedaron en su país.

Pero su fin de semana fue particularmente angustiante. “El viernes, sábado y domingo estuvimos en una tensión como de novela, pegados a los celulares, portales de noticias y redes sociales.

Las comunicaciones se perdieron, uno mandaba mensajes y no llegaban, las líneas estaban saturadas porque todos querían hablar. No nos movimos de casa para no perdernos nada”, cuenta.

Su chat familiar fue sumando códigos postales en el último tiempo: Australia, Miami, Malta, Buenos Aires. “Estamos regados por el mundo y todos los santos días nos mandamos un mensajito para saber que estamos bien”.

Su principal obsesión, como la de muchos otros compatriotas, es juntar dinero para traer familiares a vivir a este país. Junto a su esposa ya logró ayudar a que vengan unos nueve. “No te imaginas la felicidad que genera. Es como si lo sacaras de la cárcel, traerlos a Buenos Aires y que puedan comer algo que no probaban hace años.

Un tío de mi esposa que llegó hace un tiempo tenía 6 meses sin comer fideos, fijate qué tontería. Fue lo primero que comió cuando llegó. Mi esposa hacía tres años que no probaba una manzana verde. En cuanto aterrizó en Buenos Aires lo primero que quiso hacer fue ir a una verdulería. Comió una manzana y se puso a llorar como si fuera un manjar exquisito. Imaginate”.

En la pensión donde vive Francisco Pérez, en el barrio de Constitución, el temor a las malas noticias se siente en el aire. “Siempre están los nervios, es una residencia donde todos somos venezolanos. Ha pasado ya, a una vecina se le murió su mama porque no consiguió una pastilla.

Muchos otros familiares sufren infartos o ACVs por el estrés. Es un temor que uno tiene todos los días, pensar que si se enferma tu mamá no vas a poder acompañarla, ayudarla o despedirte. El estrés con el que vivimos es muy difícil”, cuenta.

Francisco Perez tiene 28 años y vive en una pensión en la que todos son venezolanos. “El estrés con el que vivimos es muy difícil” Crédito: Rodrigo Néspolo

Ángela Torres trabaja 17 horas por día como manicura a domicilio para poder enviar plata a Venezuela. Es licenciada en RRHH y llegó sola hace dos años: en Caracas quedaron su mamá, su tía y sus tres hijos. Cada quince días intenta enviarles unos cuatro mil pesos.

Hasta que puedan llegar a Buenos Aires, agradece la tecnología que le permite mantenerse conectada con ellos. “Todos los días del mundo, gracias a Dios, puedo hacerles una videollamada y saber de sus vidas”, relata.

Los pequeños tienen 12, 7 y 5 años y se espera que puedan llegar en unos meses. “Es mi mayor sueño”, cuenta. Ángela suele estar permanentemente conectada y este fin de semana la movilizó especialmente: “Estuve llorando todos estos días. Ver que se quema la ayuda humanitaria cuando no hay gasas en los hospitales es completamente horrible, da mucha impotencia”.

Para resistir la tristeza, se junta con sus amigos “paisanos”. “Nos reunimos en casas, nos pasamos contactos, o tomamos una cerveza por Palermo o Plaza Serrano. Hablamos, compartimos y nos consolamos”, cuenta.

“Estoy completamente angustiada por todo lo que está sucediendo. Ellos viven a unas pocas cuadras de Miraflores, donde está el presidente y me preocupa muchísimo lo que pueda suceder.

Yo les digo, porque no se enteran por los medios de allá, que traten de tener agua potable y de salir poco”, cuenta. Su principal miedo: que salgan los colectivos a la calle a disparar a mansalva.

Tras la violencia, las localidades estaban ayer llenas de escombros y escenas de destrucción

25 de febrero de 2019

UREÑA, Venezuela.- Calles desoladas, militares bloqueando vías estratégicas, grupos armados irregulares sembrando el temor: una tensa calma se vivía en poblaciones venezolanas fronterizas con Colombia y Brasil, tras un día de fuertes disturbios por el bloqueo militar a la ayuda humanitaria.

Un cordón de militares venezolanos mantenía bloqueada ayer la entrada de un puente fronterizo que comunica Ureña (Venezuela) con Cúcuta (Colombia).

El día anterior, la vía de acceso al puente internacional Francisco de Paula Santander fue escenario de violencia, después de que efectivos de la militarizada Guardia Nacional y la policía dispersaran con gases lacrimógenos y perdigones de goma una marcha que exigía el paso de la ayuda.

Las calles aledañas amanecieron llenas de escombros, vidrios rotos, basura y cartuchos de perdigones y bombas lacrimógenas.

A primera hora, cerca del puente, la carcasa de un bus quemado por manifestantes seguía atravesada en la vía, frente a la vista de un puñado de curiosos que observaban en su camino hacia el paso.

También hubo cruentos disturbios en la vecina población de San Antonio, donde está el principal paso peatonal binacional: el puente Simón Bolívar. Civiles armados atacaron allí a manifestantes.

Escenas similares se vivieron en el estado de Bolívar, limítrofe con Brasil, cuyo paso fue cerrado el jueves por orden del presidente Nicolás Maduro tras denunciar “provocaciones” con el ingreso de la ayuda.

Nueva jornada de enfrentamientos sacude la frontera entre Colombia y Venezuela

Enfrentamientos entre uniformados y pobladores, mayormente indígenas, dejaron en Santa Elena del Uairén tres muertos y unos 50 heridos entre viernes y sábado, denunciaron opositores y ONG críticas al gobierno.

“Santa Elena de Uairén amaneció casi en toque de queda”, describió Olnar Ortiz, activista de la ONG Foro Penal en la zona. Ortiz señaló que la situación no está militarizada, pero “hay presencia de colectivos”, como llaman en Venezuela a grupos de civiles armados afines al gobierno.

En Ureña y San Antonio se observaba la fuerte presencia de hombres civiles armados.

El gobierno de Maduro había ordenado la noche del viernes el “cierre total” de los cuatro cruces fronterizos del estado de Táchira, colindantes con el departamento colombiano de Norte de Santander, para bloquear la asistencia acopiada desde hacía varios días en Cúcuta.

En tanto, el gobierno de Roraima, estado brasileño limítrofe con Venezuela, decretará hoy el estado de “calamidad pública” en la salud debido al colapso en el sistema de atención, luego del ingreso en masa de venezolanos heridos en episodios de violencia en la frontera, según confirmaron las autoridades. 

Unos 22 venezolanos debieron ser atendidos y permanecen internados con heridas de balas de fusil y perdigones en Boa Vista, capital de Roraima, luego de un día de máxima tensión y enfrentamientos en la frontera. De ellos, 18 debieron ser intervenidos quirúrgicamente.

“Estamos haciendo un esfuerzo para salvar la vida de esas personas. En estos momentos el sistema de atención de salud está colapsado”, dijo un vocero del gobernador de Roraima, Antonio Denarium.

El sistema de salud de Roraima se encuentra “colapsado” debido a la internación en masa de decenas de venezolanos que ayer llegaron heridos desde Santa Elena, Venezuela, ciudad donde se encuentra el paso fronterizo con Brasil.

“La idea es que, decretada la calamidad pública, el gobierno pueda comprar medicamentos con carácter urgente y contratar camas en hospitales particulares para dar cuenta de la demanda. Creemos que va a aumentar el flujo de personas enfermas y heridas en los próximos días”, explicó el vocero del gobierno de Denarium.

Por tercer día consecutivo, el paso fronterizo entre Brasil y Venezuela amaneció ayer cerrado. Luego de un sábado tumultuoso en Pacaraima, ciudad brasileña donde se encuentra el cruce, el clima permanecía tranquilo.

Agencias AFP y AP

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