TIERRA DE VOLCANES


Había sido una semana llena de descubrimientos.

El Espíritu Santo nos estaba llenando de conocimientos nuevos y mirábamos todo lo que estaba sucediendo, bajo la Luz con que Dios iluminaba todos los acontecimientos.

Y todo era asombroso. Terroríficamente asombroso.

Vivir así, además de emocionante, es bastante enriquecedor.

Porque se mezclan la inmensa alegría de la Presencia Divina, junto con el dolor que envuelve mirar al desnudo las acciones de Satanás y la impotencia de que la mayoría de la gente ignora todo esto y no hace NADA; ni siquiera quiere CONOCER, para defenderse.

Estábamos trabajando en la tarea que el Espíritu Santo nos había asignado, cuando recibí en mi computadora, la última notificación de uno de los noticiarios que nos mantienen informados de lo que sucede en el mundo.

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Publicado: 19 mar 2019 19:41 GMT

El mayor número de movimientos telúricos se sintió en el sur del país.

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El titular del noticiario se leía escueto y sentí como si hubiera recibido un puñetazo en el estómago y me faltara el aliento.

Entonces pensé:

“Bueno hace medio milenio éramos el Ombligo de la Luna (es lo que significa México en náhuatl), ahora con cinco placas tectónicas bajo nuestros pies, somos el Ombligo de la Tierra y cuando todas decidan moverse y cambiar la fisonomía del planeta, seremos el Ombligo de la Nueva Creación…

Mientras esto sucede, no cabe duda que los mexicanos seremos los adoradores más apasionados de todo el Universo… Pues con todo lo que la Tribulación implica sobre nosotros, no va a quedar espacio para los ateos.

Tenemos que aprender a MORIR y a vivir cada día como si fuese el último, pero ¿Quién será capaz de comprender esto?

Y recordé un mensaje que Abba le había dicho tiempo atrás a JV:  

Septiembre 23 de 2017

No quisieron entender con Mis Palabras

Hoy en la mañana, estando en Misa, a la hora del rezo del Padre Nuestro, veo a Dios Padre y le digo:

 “Padre, no quieren entender, les he transmitido lo que me has dicho y no quieren hacer caso”,

Y en seguida me responde:

“No quisieron entender con Mis Palabras que les diste, ahora tendrán que entender con las Obras” (o sea, con los DESASTRES que se vendrán).

Yo seguí absorta con mis pensamientos:

Ya no se trata de si quieren creer y convertirse, entonces nos arrodillaremos por el pánico o tendrán que sostener sus ideas apóstatas en el Infierno.

Todos tendremos que bailar al son con que nos toquen  los volcanes y los terremotos. Y todos los sucesos con los que la Naturaleza decida zarandearnos…”

¡Verdaderamente grandioso y luego…!

Entonces Jesús le dijo al Padre Celestial:

–      ¿Ya viste lo que está pensando tu hija?

Desde que me convertí por medio de la Renovación Carismática y aprendí a Orar, me acostumbré a estar en contacto con el Cielo en una comunicación constante.

Aprendí a tratar a Dios, como una Persona independiente de mí, pero que me acompaña constantemente porque forma parte de mi ser,  igual que cualquier otro miembro de mi cuerpo.  Así que lo invito a todo lo que hago y siempre que le informo algo, lo hago como si Él no supiera nada, aunque ÉL lo sabe TODO.

Me enseñó a vivir en el mundo, pero sin pertenecer a él. A convivir en el mundo, manteniéndome lejos de ser atrapada por sus corrientes y sus ideas. No ha sido fácil, pero sí es posible.

De esta forma me ha educado, transformado mi forma de pensar  y en los años que tengo de conocerlo, ÉL ES una parte tan intrínseca, que ya no sé cómo viviría sin ÉL. Más bien me cuestiono, cómo pude vivir sin ÉL los primeros 28 años de mi vida.

Así que cuando vaMos de vacaciones, de compras, de paseo, de visita, a las convivencias sociales, al cine, a trabajar, a investigar e inclusive una vez que fuiMos a ver la película ‘El Secreto en la Montaña’. Y observaMos en la pantalla del cine, el desarrollo de un trágico y romántico melodrama de un amor homosexual, la disfruté junto con Jesús y recibí una tremenda lección de amor, con los comentarios mentales que Él me hizo sobre la película.

Cómo soy la única en mi familia que me convertí  totalmente, mis acciones y relaciones familiares son completamente mundanas, pero de una manera muy particular.

Como mi prioridad fundamental es Dios, lo demás lo he manejado de acuerdo a ello y persevero en que nada, ni nadie, me distraigan de ese objetivo.

Soy templo viviente del Espíritu Santo y el estar plenamente consciente de esta Presencia dentro de mi ser, me ayuda tremendamente a  vencer las tentaciones, porque he comprendido plenamente que cuando pecamos; también OBLIGAMOS a Dios, a ser Testigo  y partícipe involuntario de nuestras fechorías.

Al explicarles todo esto, entenderán mejor lo que me sucedió aquel Martes 19 de Marzo.

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Yo seguía el maratónico  correr de mis pensamientos, cuando el Padre Celestial me detuvo en seco,

al preguntarme con mucha dulzura:

–     ¿Hay algo que quieras compartirMe?

Dí un gran suspiro, señalando la pantalla de la computadora, con la noticia que me había inquietado, le dije:

–     Abba  casi todos los seres que amo son tibios o incrédulos… Si trato de advertirles no solo no me creerán; van a burlarse con más ganas de mí y no habré conseguido NADA, más que algunos blasfemen y eso no lo soportaré.

Conozco lo que sucederá con mi hermoso país y lloro por ello. Pero no puedo hacer nada contra la INCREDULIDAD que encadena a la mayoría de los que pudiéramos hacer algo.

Yo estaba preocupada por la ciudad de México y no le dejo en mis oraciones. ¿Pero qué quieres que sienta cuando me entero que estoy viviendo en el estado más vulnerable de todo el país?

Y no sólo eso…

Mi hermosa ciudad en la que vivo, tiene en su área conurbada SIETE volcanes dormidos y algunos de los que amo,  están al alcance de cualquiera de ellos.  Todos en mi familia, escogieron vivir en bosques, cañadas, miradores, colinas y lagunas maravillosas…

Y TODOS Y CADA UNO ha construido su casa junto a un volcán dormido.

Esto, que en su momento constituyó un privilegio, ahora se ha convertido en una terrible amenaza.

Pero esto que yo acabo de enterarme, pocos lo saben y NADIE LO COMPRENDE.

Además, ¿A DÓNDE PODEMOS IRNOS, SI TODO EL PAÍS ES TIERRA DE VOLCANES?

Soy la loca de la casa y si trato de advertirles no voy a conseguir nada…

Tú vas a aprovechar los delirios maníacos de Satanás, para transformar nuestro planeta y algunos conocerán la gloria de la Nueva Creación y a otros los tomarás en cada embestida de Satanás…

Pero nadie conocemos, cual será nuestro destino: ser tomados o dejados, sólo Tú lo sabes…

ÉL me preguntó:

–    ¿Te preocupa?

Yo le contesté con honestidad:

–     En realidad no. Cualquiera que sea tu Voluntad con respecto a mí, yo la acepto. Llevarme o dejarme, haz lo que quieras conmigo. Lo único que te pido, es que me ayudes a no perderme. Yo no quiero estar con Satanás, ni ahora, ni nunca.

Y tampoco quiero dejarle a ninguno de los de mi familia que  él piensa que ya le pertenecen.  Y Tú sabes porqué…Los sollozos me ahogaron.

Sentí como el Amor Infinito del Padre Celestial me rodeó y me inundó, como si me abrazara y me dijo:

–   Y….

Yo continué en medio de mis sollozos:

–    Yo no quiero que les suceda nada. Sé que somos culpables de atraer tu Justicia. Y nos merecemos todo lo que viene sobre nosotros.  Sé que nosotros le hemos dado mucho poder a Satanás con nuestra maldad y falta de perdón.

Pero NO QUIERO QUE NADIE SE PIERDA.  En el último terremoto a mí se me olvidó el Magnificat y terminé hablándote como lo hago normalmente.

TODOS los demás olvidaron el Padre Nuestro y algunos terminaron mezclándolo con palabrotas. Muchos sólo te invocaban: ¡Dios Mío!

Cuando hay pánico, surge nuestro verdadero ‘yo’ y los ateos desaparecen.

Creo que es el momento más difícil y peligroso para siquiera pensar en volvernos hacia Ti.  Pero en instantes así, ¿Qué nos puede garantizar un regreso seguro a tus brazos?

Sobre todo cuando la emergencia por sobrevivir, hace que se nulifique todo lo demás. Por eso Satanás provoca todo con mayor  premura.

Y sentí el dolor como una oleada que me envolvió y agudizó mi angustia.Entonces, al mismo tiempo que sentí cómo la fortaleza del Padre me invadía y fue como si una fuerza interna fortaleciera todo mi esqueleto y me ayudara a sostenerme, oí su Voz dulce y llena de ternura:

–   ¿Ya olvidaste el Poder de la Intercesión?

Como un relámpago acudieron una avalancha de recuerdos y  recordé cómo fue la lección de esa enseñanza en particular…

Logré musitar con agradecimiento y FE:

–        ¡Oh Abba! Es cierto. Aunque sea como un último recurso, podemos arrebatarle las almas a Satanás.

Y me postré dando gracias y alabanzas.

Mientras recordaba lo sucedido un par de años después de mi conversión.

Todo había comenzado cuando era una adolescente demasiado ingenua.

Yo tenía catorce años y hubo una gran fiesta en la hacienda de mis abuelos, estaban celebrando la boda de una de mis primas y fue un acontecimiento lleno de regocijo que reunió a la numerosa parentela que era nuestra enorme familia.

El jolgorio era manifiesto y las viandas abundantes, al igual que el tequila.Hacía rato que había terminado la hora de la comida, ya era avanzada la tarde, cuando yo entré a la casa y fui a la biblioteca de mi abuelo.

El día había sido muy ajetreado y me recosté en el diván que había junto al gran ventanal que daba hacia un balcón, en el que  se apreciaba uno de los rincones favoritos del huerto, al que mi abuelo le tenía un cariño muy especial.

Había tomado un libro y casi me quedo dormida, cuando de repente me encontré entre los brazos de un hombre que me besaba con gran pasión y era evidente que había tomado bastante, porque se mezclaba el olor del tequila, con el de una agradable loción varonil.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando descubrí  la identidad de mi atracador, mientras luchaba por escapar de sus apasionados arrebatos que me tenían tan confundida, como descontrolada.

¡Caramba! ¿Qué estaba sucediendo?

Este hombre era uno de mis tíos favoritos. Mayor que yo 17 años, lo quería muchísimo y además había sido el sacerdote que celebró el matrimonio de mi prima.

Ahora yo me afanaba por liberarme de sus fuertes brazos y de sus manos, que habían desgarrado mi blusa en su intento por desnudarme.

Aún no comprendo cómo fue que conseguí escapar de él con mi integridad femenina intacta, pero con el alma hecha pedazos por un desengaño brutal.Salí huyendo hacia mi recámara, que estaba en el piso superior y para mi gran fortuna, no hubo testigos del desgraciado incidente, pues todos estaban afuera, disfrutando de la fiesta.

Guardé un mutismo absoluto y jamás compartí con nadie mi terrible experiencia.

Pero yo cambié y me convertí, en la ‘oveja negra’ de la familia.

Todos estaban escandalizados por mi fobia hacia lo religioso y porque no entendían mi rebeldía, pues solamente asistía a Misa en las bodas, los bautizos y los funerales.

En mi absurdo resentimiento, también arrasé con Dios y nunca dí explicaciones a nadie por mi comportamiento.

Esto en una familia que era muy prolífica en vocaciones religiosas y con un catolicismo a ultranza, que movía todas las áreas de la ancestral vida familiar, era no sólo revolucionario, sino totalmente incomprensible.

Todos estaban convencidos que Satanás me había arrancado la FE y yo era un caso perdido de ateísmo enigmático.

A mi tío lo aborrecí, con la misma fuerza con que lo amaba, porque nunca dejé de amarlo.  Después de mi conversión en la plaza de toros, empecé a sentir la ‘URGENCIA’ de perdonarlo y de hacerlo partícipe de la experiencia tan maravillosa con la que Dios había cambiado mi vida.

La cosa llegó a tal punto, que un día decidí ir a visitarlo al pueblo donde laboraba cómo párroco y preparé todo, sin decirle a nadie del plan que puse en práctica.

Llamé a la oficina y avisé, para que mi suplente se hiciera cargo de mis tareas.

Encargué a mis hijos con una de mis hermanas y le pedí a mi esposo que me prestara el automóvil nuevo, que apenas tenía dos meses que lo habíamos comprado.

Él me dio las llaves diciendo:

–    Te lo presto con la condición de que me lo devuelvas lavadito y reluciente.

Y salí de mi casa cómo lo hacía todas las mañanas a las 8.00 am, pero en lugar de ir a mi trabajo, enfilé rumbo a la vía corta a la Cd. De México.   Eran casi la 13.00 hs cuando antes de llegar a Querétaro, tomé la desviación que me llevaría hasta el poblado donde estaba mi tío y después de saludarlo, él me miraba totalmente pasmado; porque se habían cumplido 14 años de que yo no le dirigía la palabra.

Me invitó a comer y charlamos sobre la familia.

Después de la sobremesa, le dije que tenía que tratar un asunto muy importante y me invitó a pasar a la notaría de la parroquia.

Cuando nos quedamos solos, le relaté mi conversión en la plaza de toros y lo que había significado el descubrimiento, de que Jesús es Verdaderamente un Dios Vivo y Resucitado.

También le manifesté toda la furia, que su falta de respeto había despertado en mi corazón…

Y le dije que la razón de mi visita, era porque quería otorgarle mi perdón; porque el Dios del que me había enamorado no podía vivir en un corazón que guardase resentimientos.

Él me miró, pero no dijo una palabra.

Pensé que tal vez el viaje, había sido totalmente inútil.

Entonces miré mi reloj y dije:

–     ‘Tío, ya casi son las cuatro de la tarde y yo tengo que estar en Guadalajara, a más tardar a las 19.30hs. Por favor discúlpeme pero otro día lo visitaré con más calma.’

Me levanté del sillón que había ocupado para platicar frente a él.

Había llevado conmigo los tres libros del Padre Octavio Michellini:

Confidencias de Jesús a un Sacerdote. Y sacándolos de mi bolso, los deposité sobre su escritorio y me dí la vuelta para salir. 

Él continuaba sentado, sin moverse del lugar que había elegido frente a mí.

Al llegar a la puerta, oí su voz que me dijo:

–   ‘Rosa, espera. Ora por mí y ruégale en tus oraciones; para que ÉL también tenga piedad…’

Yo me regresé y poniendo mis manos sobre su cabeza, oré en voz alta por él.

Cuando terminé, pude ver las lágrimas que descendían por sus mejillas.

Recordé cuando Jesús tocó mi corazón y también las lágrimas lavaron mi arrepentimiento.

Lo bendije y lo besé en la frente.

Entonces me despedí apresurada y salí corriendo para subirme en el auto y regresarme.

Estaba contenta y a la vez preocupada.

Tanto, que ¡Olvidé ponerme el cinturón de seguridad!

En 1981, los carros no eran ‘chismosos’ cómo los de ahora.

Y con este garrafal descuido emprendí el camino de regreso.

Así que prendí nuevamente mi grabadora y puse mis casettes de alabanzas.

Venía preocupada, porque no quería dar ninguna explicación a nadie y esto solo sería posible si lograba llegar  a tiempo.

Recorrí el camino de regreso lo más veloz que podía.  Así llegué a un tramo de la carretera, que tiene una particularidad:

Entre Atotonilco y Tototlán Jal., hay una recta muy larga, donde se pueden mirar los vehículos a la distancia, como si fueran juguetitos.

Allí pisé el acelerador hasta el fondo y sólo veía como la aguja del velocímetro, rebotaba sobre los 200 kms.

En mi vida había manejado a esa velocidad y con mi flamante automóvil nuevo, de un precioso color jade, me parecía que volaba.

Delante de mí en mi propio carril, vi a lo lejos un automóvil rojo oscuro…

Y cómo del lado contrario no venía nadie, me preparé para rebasarlo, sin disminuir la velocidad.

Como veía el camino despejado para mí, en ningún momento hice ningún movimiento de absolutamente nada.

Y de repente, sentí como si me hubieran sujetado suavemente entre el pecho y la espalda.

Mi grabadora y todo lo que traía suelto, salieron volando contra el parabrisas y el tablero…Y vi cruzar delante de mí, a un enorme y bellísimo corcel negro,

Que se perdió galopando entre el sembradío de maíz que ya tenía las milpas altas y que estaba del otro lado de la carretera.

Yo no entendía que había pasado.

Y fue entonces cuando miré, parado justo a unos cinco metros frente a mí, el carro tinto que había visto antes y que había decidido rebasar.

Y observé como el chofer tenía los brazos levantados, como esperando el inminente choque.

Lo que pasó fue que la aparición del caballo fue tan repentina, (No sé a qué velocidad iría) Que él SI frenó de golpe y el carro se le coleó, haciendo que se metiera en mi carril…

Y quedando justo, para que yo lo chocara por detrás.

Cómo yo traía mucha prisa, me preparé para sacarle la vuelta y fue cuando me percaté…

¡Que yo seguía pisando el acelerador!

NO HABÍA HECHO NINGÚN MOVIMIENTO DE ABSOLUTAMENTE NADA.

NO había movido la palanca de velocidades y mi auto estaba detenido, como si estuviera en neutral.  Hice todas las maniobras para poner primera y arrancar, rodee al otro auto y le hice un ademán de saludo al chofer.

Fue cuando pude ver que tenía una cara de terror absoluto y su semblante estaba más verde que mi carro.

No sé cómo estuvo, pero el trayecto que por la mañana me tomó cinco horas, eran exactamente las 7.30 pm cuando estaba pagando la caseta de entrada, de la autopista en Guadalajara.

Llegué a mi casa y lavé el carro.

Cuando recogí mis cosas del interior, pude ver que la grabadora estaba quebrada, pero el parabrisas estaba intacto.

Todas mis cosas se habían salido de mi bolso y se habían desparramado por todos lados.

Mientras las recogí y las regresé a mi bolso, pensaba que si los sucesos hubieran seguido su curso normal, me hubieran levantado de la carretera con una espátula.

Y un escalofrío me recorrió de pies a cabeza.

Fui por mis hijos, les dí de cenar y los arropé en su cama.  Me dí una ducha y mientras me miraba en el espejo del lavabo, empecé a asimilar lo que había pasado…

Y me enfermé del estómago.

Apenas me había puesto mi pijama, cuando llegó mi marido y me dijo:

–     ‘Qué bien mujercita. Así si te presto el auto, las veces que quieras.’

Yo me entregué en las manos de Dios, porque no tenía la menor idea de lo que iba a contestarle, cuando se fijara en el velocímetro y me preguntara por los más de 800 km que le agregué al kilometraje.

Afortunadamente nunca me dijo nada.

Al día siguiente, me encontré con una de mis hermanas en la casa de mi madre y buscando hablarme a solas me dijo:

–   ‘Puedes explicarme que andabas haciendo ayer por la tarde. Porque Jesús me puso a orar por ti por más de tres horas. Y me dio una visión.

Te ví en la carretera de México y una Legión de Ángeles, te estuvieron cuidando por todo el trayecto, hasta tu casa.

Yo pensé: ‘¿En qué lío se habrá metido ahora mi hermana, que ya armó una revolución en el Cielo y necesita un ejército de guardaespaldas.?’  Como lo sucedido con mi tío era mi gran secreto, no estaba dispuesta a dar ninguna explicación y me zafé como pude, diciéndole que después le contaría.

Pero las cosas no eran tan simples.

La siguiente vez que fui con mi grupo de Oración, Alfonso me preguntó:

–     ´Rosita. El lunes como a las 4.00pm Jesús nos quitó a todos de lo que estábamos haciendo y nos puso a orar por ti, con una urgencia como nunca nos había pasado.

Y nos dijo que cuando vinieras, tú nos platicarías el motivo. Rezamos dos Rosarios completos de 15 Misterios y seguimos intercediendo casi hasta las 8.00pm.

Lo más extraño, es que como a las 18.00 pm,  yo ví a Satanás parado sobre un camino, abarcándolo de lado a lado y con una espada lista, para destruirte.’

Después de concluir su relato, todos me miraban expectantes, esperando la explicación que les aclararía, el porqué de una intercesión tan urgente.

Fue entonces que me dí cuenta que mi viaje super-secreto había dejado de serlo y yo debía glorificar a Dios dando testimonio de lo que había pasado; así que les conté todo.

Alfonso dijo:

–    Con razón estaba tan furioso contra ti. No sólo le arrancaste el alma de un sacerdote; sino el de TODA la Comunidad que él pastorea.  Esa noche cuando oré, le di las gracias al Señor por su Protección y por su Amor tan patentes.

Y en la Biblia me salió el Salmo 91, del cual jamás podré olvidar los versículos 11 y 12:

Salmos, 91

  1. El que mora en el secreto de Elyón pasa la noche a la sombra de Sadday,
  2. diciendo a Yahveh: «¡Mi refugio y fortaleza, mi Dios, en quien confío!»
  3. Que él te libra de la red del cazador, de la peste funesta;
  4. con sus plumas te cubre, y bajo sus alas tienes un refugio: escudo y armadura es su verdad.
  5. No temerás el terror de la noche, ni la saeta que de día vuela,
  6. ni la peste que avanza en las tinieblas, ni el azote que devasta a mediodía.
  7. Aunque a tu lado caigan mil y diez mil a tu diestra, a ti no ha de alcanzarte.
  8. Basta con que mires con tus ojos, verás el galardón de los impíos,
  9. tú que dices: «¡Mi refugio es Yahveh!», y tomas a Elyón por defensa.
  10. No ha de alcanzarte el mal, ni la plaga se acercará a tu tienda;
  11. que él dará orden sobre ti a sus ángeles de guardarte en todos tus caminos.
  12. Te llevarán ellos en sus manos, para que en piedra no tropiece tu pie;
  13. pisarás sobre el león y la víbora, hollarás al leoncillo y al dragón.
  14. Pues él se abraza a mí, yo he de librarle; le exaltaré, pues conoce mi nombre.
  15. Me llamará y le responderé; estaré a su lado en la desgracia, le libraré y le glorificaré.
  16. Hartura le daré de largos días, y haré que vea mi salvación.

Todo esto me devolvió los bríos y le dije a ABBA:

–      Abba, a todos tus hijos a los que llames cuando sucedan los terremotos y las explosiones de los volcanes, yo te los entrego cubiertos con la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.

Dales la Gracia del arrepentimiento y la conversión, para que mueran deseando tu Presencia Santísima. Perdónales sus pecados y permite que alcancen tu Misericordia y tu Salvación.

Y te lo suplico, no tomes en cuenta las blasfemias que su pánico les dicte. Recíbelos como a tus hijos pródigos y ayúdame a seguir perseverante en todas las pruebas de esta Purificación.

TE ADORO Y TE AMO SOBRE TODAS LAS COSAS, AYÚDAME A DEMOSTRÁRTELO.  

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