Archivos diarios: 15/06/19

N256 LAS CUATRO MORADAS


JESUS ORÓ Y OBTUVO EL MILAGRO

Jesús está en el Huerto cerca de la tumba desde donde emergió Lazaro, convertido en el exponente vivo de su Poder Divino y habla a un grupo de extranjeros, que junto con Manahém Nicodemo, algunos gentiles amigos de Lázaro y parte de su colegio apostólico, constituyen una nutrida reunión de exponentes de lo que en el futuro será la Iglesia.

Mirando a Lázaro, dice Jesús:

–       “El hombre se quedó allá abajo. ¡El hombre! Tu corazón… Tú sabes lo que sucede al hombre después de la muerte…”.

Lázaro interrumpe con energía:

–     “No, Señor, no recuerdo nada de lo que sucedió”.

Jesús sonríe y le responde:

–      “No me refería a tu saber personal, a tu experiencia propia. Me refería a lo que cualquier creyente sabe lo que le sucede cuando muere”.

Lázaro:

–     “¡Ah!, el juicio particular. Lo sé. Creo. El alma se presenta ante Dios y la juzga”.   

Jesús es el Maestro Divino que evangeliza con amor, a este grupito de almas sedientas de Dios:

–     “Es así. El juicio de Dios es justo e inmutable. Es de infinito valor. Si el alma juzgada es mortalmente culpable, es condenada eternamente. Si es levemente culpable se le envía al Purgatorio. Si es justa va a la paz del Limbo en espera de que Yo abra las puertas del Cielo.

Así, pues, yo he llamado a tu espíritu habiendo sido ya juzgado él por Dios. Si hubieras sido un condenado no te habría podido llamar a la vida porque al hacerlo, habría anulado el juicio de mi Padre: para los condenados no hay cambio.

Son sentenciados para siempre. No estabas, pues, en el número de los condenados. Por lo tanto: o estabas en la categoría de los bienaventurados o en la de los que lo serán después de la purificación.

Piensa bien, amigo mío. Si la voluntad sincera de arrepentimiento que puede tener el hombre siendo todavía hombre o sea, carne y alma, tiene un valor de purificación.  Si un rito simbólico de bautismo en las aguas, que el corazón aceptó por contrición, tiene para nosotros los hebreos fuerza purificadora de las fealdades contraídas en el mundo y por la carne.

¿Qué valor no tendrá el arrepentimiento, más real y perfecto, mucho más perfecto, de un alma ya liberada de la carne, que comprende lo que es Dios, iluminada acerca de la gravedad de sus errores,

Iluminada acerca de la inmensidad de la alegría que ha alejado de sí por horas, años o siglos: la alegría de la paz del Limbo, que poco después será la alegría de la posesión de Dios?

¿Qué será la purificación doble, triple del arrepentimiento perfecto, del amor perfecto, del baño en el ardor de las llamas encendidas por el amor de Dios y por el amor a los espíritus?

¿En el cual y por el cual los espíritus se despojan de toda impureza y surgen bellos como serafines, con una corona que ni siquiera los serafines tienen: con la de su martirio terreno y ultraterreno contra los vicios y por el amor?

¿Qué será? Dilo, pues, amigo mío”.Lázaro reflexiona y contesta:

–     “No sé… una perfección. Mejor… una re-creación”.

Jesús confirma:

–     “Has dicho la palabra exacta. El alma queda como recreada. Se hace semejante a la de un niño. Es nueva. Desaparece todo el pasado, su pasado de hombre.

Cuando desaparezca la Culpa Original el alma, ya sin mancha o sombra de ella, será super-creada y digna del Paraíso.

Yo llamé a tu alma que ya se había re-creado, porque amaba el Bien, por la expiación de los sufrimientos y de la muerte. Y por tu perfecto arrepentimiento y perfecto amor alcanzados aun después de la muerte.

Tú tienes pues, el alma completamente inocente, de un recién nacido.

Si eres un niño recién nacido ¿Por qué quieres poner sobre esta infancia espiritual los vestidos pesados del hombree adulto? Los niños tienen alas y no cadenas para su espíritu alegre.

Los niños me imitan fácilmente, porque no han adquirido todavía ninguna personalidad. Se hacen como Yo soy, porque en su alma limpia de huellas se puede imprimir, sin confusión de rasgos, mi figura y mi Doctrina.   Tienen el alma libre de humanos recuerdos, resentimientos, prejuicios. No hay nada en ella. Y puedo Yo estar en ellas Perfecto, Absoluto, como estoy en el Cielo.

Tú, que te encuentras como un recién nacido, uno que ha nacido nuevamente, porque en tu nueva carne la capacidad motora es nueva, no tiene pasado, ni mancha, ni huellas de lo que fue.

Tú que has vuelto para servirMe, solo para esto, debes más que todos, ser como Yo soy.

Mírame. Mírame bien. Mírate en Mí cual en un espejo. Dos espejos que se miran para reflejar mutuamente la presencia de lo que aman. Tú eres un adulto y un infante.

Adulto por la edad, infante por la limpieza de corazón. Superas a los infantes porque conoces el Bien y el Mal. Y porque supiste escoger el Bien aún antes del bautismo en las llamas del amor”.

“Pues bien, Yo te lo digo, a ti, que te has purificado: «Sé perfecto como lo es nuestro Padre celestial, y como lo soy Yo. Sé perfecto, esto es, sé semejante a Mí que te amé tanto, que he ido contra todas las leyes de la vida y de la muerte, del Cielo y de la Tierra.

(Un milagro sin igual) Para tener de nuevo en la Tierra a un siervo de Dios, a un verdadero amigo mío. Y en el Cielo a un bienaventurado, a un gran bienaventurado».  Esto lo digo a todos: «Sed perfectos».

Y ellos, la mayoría, no tienen el corazón que tú tenías, digno del milagro, digno de ser tomado como instrumento para esta glorificación de Dios en su Hijo. Y ellos no tienen tu deuda de amor para con Dios… Puedo decírtelo, puedo exigírtelo a ti.

Y en primer lugar lo exijo en una cosa: en no guardar rencor a quien te ha ofendido y me ofende.

Perdona. Perdona, Lázaro. Fuiste sumergido en las llamas del amor. Debes ser «amor», para que no tengas otra cosa más que el abrazo de Dios”.

Lázaro:

–     “Y si hago así ¿Habré cumplido la misión para la que me resucitaste?”.

Jesús:

–     “La habrás realizado”

–      “Basta, Señor. No quiero preguntar ni saber más. Mi ideal es servirte. Si te he servido en lo poco que pude, cuando estuve enfermo o muerto, si logro servirte mucho ahora que estoy sano, mi sueño se habrá realizado y no pido más. ¡Sé bendito, Jesús y Maestro mío! Y que también lo sea Aquél que te envió”.

–     “Bendito sea siempre el Señor Dios Omnipotente”.

El tribuno romano Publio Quintiliano interviene:

–     “Dijiste que no conocías las palabras socráticas. ¿Cómo es que sabes entonces estas que dices?”.

Jesús responde:

–     “Yo sé todo. El pensamiento de los hombres —cuanto es pensamiento bueno— no es sino el reflejo de un pensamiento mío. Cuanto no es bueno no es mío, pero lo he leído en los siglos históricos y he sabido, sé y sabré, cuándo fue, es y será dicho. Yo sé”.

–     “Señor, ven a Roma, faro del mundo. Aquí estás rodeado de odio, allí te rodeará la veneración”.

–     “Rodeará al hombre. No al Maestro de lo sobrenatural. Yo he venido para lo sobrenatural, que debo ofrecer a los hijos del pueblo de Dios, a pesar de que sean los más duros con el Verbo”.  El griego Alejandro:

–     “¿Roma y Atenas no te conocerán, entonces?”.

–     “Me conocerán. No temáis. Me conocerán. Los que me quieran, me conocerán, me tendrán”.

–     “Pero si te matan…”.

–     “El espíritu es inmortal. El de cada uno de los hombres. ¿No lo va a ser el mío, Espíritu del Hijo de Dios? Iré con mi Espíritu que obrará… Iré… Veo las muchedumbres infinitas y las Casas elevadas en honor de mi Nombre… Están en todos los lugares… Hablaré en las catedrales y en los corazones…

Nunca terminaré de predicar… El Evangelio recorrerá la Tierra… todos los buenos vendrán a Mí… y he aquí… que me pongo a la cabeza de mi ejército de santos y lo llevo al Cielo. Venid a la Verdad…”

Octavio el centurión exclama:

–      “¡Oh! ¡Señor! Tenemos el alma envuelta en fórmulas y en errores. ¿Cómo lograremos abrir sus puertas?”. Jesús:

–     “Yo abriré las puertas del Infierno, abriré las puertas de vuestro Hades y de mi Limbo. ¿No voy a poder abrir las vuestras? Decid: «Quiero» y como cerraduras hechas con alas de mariposa, caerán pulverizadas al paso de mi Rayo”.

Valeria pregunta:

–      “¿Quién vendrá en tu Nombre?”.

Jesús señala hacia la entrada del huerto diciendo:

–       “¿Veis a aquel hombre que viene hacia aquí junto con otro poco más que adolescente? Ellos irán a Roma y al Mundo. Y con ellos muchos otros. Tan diligentes, como ahora, por el amor a Mí que los impulsa y que no les deja hallar descanso sino a mi lado.

Irán, por el amor de los redimidos por mi Sacrificio, a buscaros, a reuniros, a conduciros a la Luz. – Jesús los llama- ¡Pedro! ¡Juan! Venid.

He terminado, creo. Ahora estoy con vosotros. ¿Tenéis algo más que decirme?”.

Alejandro:

–      “Sí, Maestro. Que nos vamos y llevamos con nosotros tus palabras”.

Jesús:

–     “Germinen en vosotros con raíces eternas. Id. La paz sea con vosotros”.

–       “Salve a Ti, Maestro”.

Se retiran los militares conversando entre sí.

Entonces Jesús se vuelve hacia los que se quedaron y dice con solemnidad:

–      Ahora voy a revelar una gran verdad. Recordadla. Transmitidla a vuestros sucesores. No esperéis siempre a que el Espíritu Santo aclarezca la verdad después de años o siglos de oscuridad. Escuchad.Tal vez diréis:

–    «Pero entonces, ¿Qué razón hay de pertenecer a la religión santa, si al Fin del Mundo seremos tratados de igual modo que los gentiles?».

Os respondo: la misma razón que hay —y es verdadera justicia— para los que, aunque hubieran pertenecido a la religión santa, no serán bienaventurados porque no vivieron como santos.

Un pagano virtuoso, que vivió virtuosamente, convencido de que su religión era buena, alcanzará el Cielo.

¿Cuándo? Al Fin del Mundo, cuando de las Cuatro Moradas en que pueden estar los muertos, (PARAÍSO, PURGATORIO, LIMBO E INFIERNO) queden solo dos: el Paraíso y el Infierno.

Porque la Justicia, en ese momento, deberá conservar y dar estos dos reinos eternos respectivamente, a quien del árbol del libre albedrío escogió los frutos buenos y a quien quiso los malos.

Pero ¡Cuánta espera antes de que un pagano virtuoso llegue a ese premio!… ¿No lo pensáis?

Y esa espera, especialmente desde el momento en que la Redención con todos los consiguientes prodigios, se realice. Y el Evangelio sea predicado en el mundo entero,

Será la purgación de las almas que vivieron con justicia en otras religiones, pero que no pudieron entrar en la Fe verdadera, después de haberla conocido como existente y efectivamente real.  Ellos estarán en el Limbo durante siglos y siglos hasta el Fin del Mundo.

Los creyentes en el Dios verdadero, que no supieron ser heroicamente santos, en el largo Purgatorio, que para algunos podrá terminar en el Fin del Mundo.

Pero después de la espera y expiación, los buenos, cualesquiera que fuera el lugar de donde vinieren, estarán a la derecha de Dios.

Los malvados, cualquiera que sea el lugar de donde vinieren, a la izquierda. Y luego al horrible Infierno.

El Salvador entrará con los buenos en el Reino eterno”.

Romanos 2 – Biblia de Jerusalen

El Justo Juicio de Dios

  1. que no hay acepción de personas en Dios.
  2. Pues cuantos sin ley pecaron, sin ley también perecerán; y cuantos pecaron bajo la ley, por la ley serán juzgados;
  3. que no son justos delante de Dios los que oyen la ley, sino los que la cumplen: ésos serán justificados.
  4. En efecto, cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley;
  5. como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia, y los juicios contrapuestos de condenación o alabanza…
  6. en el día en que Dios juzgará las acciones secretas de los hombres, según mi Evangelio, por Cristo Jesús.

Habla el Espíritu Santo

“La gran misericordia de Dios resplandece más luminosamente aún en las palabras de Pablo que, inspirado, proclama cómo únicamente perecerán aquellos que no reconocen ley alguna —natural, sobrenatural ni racional—

Mientras que aquellos que conocieron la Ley y no la cumplieron, serán condenados por la misma Ley que salva.

Y más aún: que los gentiles que no tienen la Ley sino que, natural y racionalmente, hacen lo que la Ley para ellos desconocida prescribe —entregándose por la sola luz de la razón, por su rectitud de corazón, por sumisión a las voces del Espíritu,Desconocido pero presente, único maestro para su espíritu de buena voluntad. Por obediencia a aquellas inspiraciones que ellos siguen porque su virtud las ama sin saber que de modo inconsciente, sirven a Dios-

Que estos gentiles, que con sus actos dan a entender que la Ley se halla en su corazón virtuoso, serán justificados en el día del Juicio.

Estas tres grandes categorías las observamos en el Juicio Divino y por ellas resplandecen una Misericordia y Justicia perfectas:

Primera categoría:

“Aquellos que no reconocen ley alguna: natural, sobrenatural ni racional, perecerán”.

“Los que no reconocen ley alguna natural, humana, y por tanto racional, ni sobrenatural, ¿Quiénes son? ¿Los salvajes? NO.

Son los Luciferes de la Tierra cuyo número va creciendo progresivamente con el correr de los tiempos cuando por el contrario,

la civilización y la difusión del Evangelio con la predicación inexhausta del mismo, deberían hacer que su número se fuera reduciendo cada vez más.Mas la paz, la justicia y la luz están prometidas a los hombres de buena voluntad y ellos lo son de mala voluntad. Son los rebeldes a toda ley, aún la natural.

Y por tanto, inferiores a los brutos.

Reniegan voluntariamente de su naturaleza de hombres, seres racionales dotados de inteligencia y de alma.

Hacen cosas contra la naturaleza y contra la razón. No merecen sino desaparecer de entre el número de los hombres que fueron creados a imagen y semejanza de Dios.

Y en efecto, perderán su condición de hombres tomando la de demonios querida por ellos”.

. Segunda categoría:

“Aquellos que conocieron la Ley y no la practicaron serán condenados por la misma Ley que salva”.

“Segunda categoría: los hipócritas, los falaces, los que se burlan de Dios. Los que, teniendo la Ley, teniéndola sólo, no la practican.

Y ¿Puede decirse que la tienen de verdad sacando beneficio alguno de Ella? Son semejantes a aquellos que, poseyendo un tesoro lo dejan improductivo y abandonado.

No extraen del mismo frutos de vida eterna ni ventajas para antes de su muerte y Dios les condenará porque tuvieron el Don de Dios.  Y no hicieron uso de él en reconocimiento al Donante que les puso en la parte escogida de la Humanidad: en la de su Pueblo marcado con el signo cristiano”.

Tercera categoría:

“Los gentiles, que no tienen Ley sino que hacen lo que la Ley prescribe. 

Y que llevados por la sola luz de la razón y sumisión a la voz del Espíritu, desconocido y único maestro para su espíritu de buena voluntad sirven a Dios, serán justificados. 

 Será la muchedumbre inmensa sobre la que en el último día aparecerá impreso el sello del Dios vivo”.

“Tercera categoría: los gentiles. Hoy en día damos tal calificación a quienes no son cristianos católicos.

Llamémosles así mientras meditamos las palabras de Pablo. Ellos que sin tener la Ley, hacen naturalmente lo que la Ley prescribe— y es para ellos su ley, mostrando así cómo su espíritu ama la virtud y tiende al Bien supremo

Ellos, cuando juzgue Dios por medio del Salvador las secretas acciones de los hombres, serán justificados. Estos son muchos, en gran número.  Será la muchedumbre inmensa… de toda nación, tribu, pueblo, lengua, sobre la cual en el último día, por los infinitos méritos de Cristo inmolado hasta el derramamiento de la última gota de sangre y humor acuoso,

Aparecerá impreso, como prenda de salvación y premio, antes del último e inapelable Juicio, el Sello del Dios Vivo.

Su virtud, su obediencia espontánea a la Ley les habrá bautizado sin más bautismo, les habrá consagrado sin otro crisma que los infinitos méritos del Salvador”

El Limbo para los gentiles.

 “Y en la tarde los Tiempos, en atención a su Fe, Cristo, por sus méritos, les absolverá del hecho de no haber pertenecido a su grey”.

“El Limbo no será ya en adelante morada de los justos, pues como sucedió en la tarde del Viernes Santo, que el Limbo se vació de los justos que en Él había, porque la Sangre derramada por el Redentor habíales purificado de la Mancha Original

Así será en la Tarde de los Tiempos en que los méritos de Cristo, Triunfador de todos sus Enemigos, les absolverá del hecho de no haber sido de su Grey en atención a su Fe firme de pertenecer a la religión justa.

Y les premiará las virtudes que ejercitaron en vida.

Si así no fuese, Dios defraudaría a estos justos que se impusieron una ley de justicia y defendieron la justicia y la virtud.

Y Dios no defrauda jamás, por más que a veces, se demore su realización; pero siempre es cierto su premio”.