Archivos diarios: 4/09/19

LOS ABISMOS DEL INFIERNO 1


LOS TORMENTOS DEL INFIERNO

29. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo lejos de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. 30. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna. (Mateo 5, 29 y 30)

12. Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas.13.Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición y son muchos los que entran por ella. (Mateo 7, 12 y13)

El mundo actual se mofa y se burla de la existencia del Infierno; sin embargo Jesús nuestro Señor y Salvador, en su Infinita Misericordia insiste en confirmar su real y pavorosa existencia; para lo cual toma almas escogidas para tal fin, mostrándoselos o llevándolas vivas al Infierno. 

“Mientras estaba en la Iglesia después de Misa recibí la siguiente Visión:

Vi un tenebroso lugar donde había un mar de fuego y lo que parecía una enorme puerta de garaje, que se abrió hacia abajo para crear como una caída.

Entonces una multitud de personas se deslizó hasta el mar de fuego.

Oí a esa gente que  estaba gritando en extrema agonía.

Luego los demonios empezaron a torturarlos.

Sus cabezas eran aplastadas y sus cuerpos desgarrados.

A otros que les atormentaron sus genitales, gritaron con inmenso  dolor y también sus manos estaban en llamas.

Entonces, comprendí que este lugar era el Infierno y la gente estaba siendo torturada en esa parte de su cuerpo que utilizaron para cometer tanto pecado.  

Aquellos cuyas cabezas eran aplastadas y cuyos cuerpos fueron desgarrados, eran médicos abortistas.

Lo mismo que ellos hicieron, les fue aplicado entonces.

Aquellos cuyos genitales estaban siendo torturados, habían cometido pecados sexuales.

Y aquellos quienes las manos las tenían en llamas eran Sacerdotes, Obispos, Cardenales y otros, quienes habían abusado de LO MÁS SAGRADO: LA EUCARISTÍA.

JESUS me habló y me dijo que muchos se dirigían al Infierno y que era urgente que hiciéramos Oración de Intercesión.

Yo estaba llorando y pidiéndole a JESÚS que tuviera piedad y que por favor nos salvara.

Después de ver esto jamás podría desearle a alguien que termine en el INFIERNO.

La visión fue tan Aterradora e Inquietante (ESTREMECEDORA AL EXTREMO)

Yo les pido que oren por todos nuestros hermanos y hermanas que han sido engañados por Satanás y que se han convertido en esclavos del pecado.

Oremos a través del CORAZÓN INMACULADO DE NUESTRA BENDITA MADRE A JESÚS,

PARA QUE PUEDAN SALVARLOS.

¿CÓMO ES EL INFIERNO?

Es un lugar sobre el que los sacerdotes no predican más, porque dicen que la gente se asusta o se burla.  Si siguen creyendo en él, menudo favor hacen a los fieles al:

NO RECORDARLES QUE EXISTE…  

QUE NO ESTÁ VACÍO…  

Y QUE ES PARA SIEMPRE.

TESTIMONIO DE SANTA FAUSTINA KOWALSKA (Religiosa polaca canonizada en el año 2000)

Según un fragmento del relato de su diario:

“Hoy he estado en los Abismos del Infierno, conducida por un ángel. Es un lugar de grandes tormentos, ¡Qué espantosamente grande es su extensión!

Los tipos de tormentos que he visto:

El Primer tormento que constituye el Infierno, es la pérdida de Dios.

 El Segundo, el continuo y eterno remordimiento de conciencia.

 El Tercero, es que la condición y aquel destino no cambiarán  jamás.

 El Cuarto tormento, es el fuego que penetra al alma sin destruirla. Es un sufrimiento terrible,  ya que es un fuego completamente espiritual, encendido por la ira divina.

 El Quinto tormento, es la oscuridad permanente. Un horrible y sofocante olor.

Y a pesar de la oscuridad, los demonios y las almas de los condenados se ven unos a otros. Ven todos el mal de los demás y el suyo propio.  

El Sexto tormento, es la compañía constante de Satanás.

El Séptimo tormento, es una desesperación tremenda, el Odio a Dios, las imprecaciones, las maldiciones y las blasfemias.

Todo el Error de haber rechazado a Dios en el Tiempo, está presente para su tormento por toda la Eternidad.

En el Fuego, las llamas simulan fantasmas de lo que adoraron en vida. Las pasiones se colorean en incandescentes pinceladas con los más apetitosos aspectos y rechinando…

Vociferan su recordatorio: “Has querido el fuego de las pasiones. Ahora tienes el Fuego Encendido por Dios, de cuyo Santo Fuego te has burlado.”

Fuego responde a fuego. En el Paraíso es Fuego de Amor Perfecto. En el Purgatorio es Fuego de Amor Purificador.

EN EL INFIERNO ES FUEGO DE AMOR OFENDIDO

Porque los elegidos amaron a la perfección, el Amor se dona a ellos en su Perfección.

Porque los Purgantes amaron tibiamente, el Amor se hace Flama, para llevarlos a la perfección.

Porque los malditos ardieron en todos los fuegos menos en el de Dios, el Fuego de la Ira de Dios, los arde en Eterno. Y en el Fuego está el Hielo, que también quema…

A todos estos tormentos hay que añadir,

EL TORMENTO SUPREMO:

LA CRUZ Y EL CALVARIO

La Cruz y el Calvario aceptados con amor en la Tierra, hacen que el Dolor sea mitigado por Jesús que convertido en el Divino Cireneo, los va dosificando conforme el alma lo soporta.

Y su Amor hace que sean tan dulces, que el Dolor se llega a amar y se desea y se pide con amoroso anhelo. De esta forma el tormento se convierte en una gloria. Una alegría que es tormento y un tormento que es alegría. 

La Cruz y el Calvario que se rehuyó en la Tierra, porque tibiamente se amó; se deben sufrir en el Purgatorio, con toda la crudeza del alma separada de Dios y la anhelante espera.

Es un dolor cuyo tormento es el pensamiento de cuán preferible hubiese sido  sufrir en la Tierra todos los sufrimientos posibles, pero apoyados en Dios.

Porque aquí el Dolor solamente lo mitigan las oraciones y los sufragios de la Iglesia Militante. El Tormento es esperanza y anhelante espera, mientras aprenden solos a amar y alcanzan la perfección.

LA CRUZ Y EL CALVARIO EN EL INFIERNO

SON UNA RÉPLICA EXACTA Y COMPLETA, DEL VIVIDO POR JESÚS

Y SIN ÉL, el Infinito Dolor de la Condenación Eterna.

Porque en el Fuego de Amor Ofendido del Infierno, se recibe y se sufre todo el rigor de la Justicia Divina que golpea tal y como Jesús lo vivió,

POR AMOR Y REDENCIÓN DE LAS ALMAS

Y QUE EL ALMA SE ATREVIÓ A DESPRECIAR

Por TRAICIONAR por las infames y fugaces riquezas materiales y aceptar voluntariamente como Amo al que ahora siguen adorando en su Reino Maldito.

Así como como los justos en el Cielo van aumentando su perfección en la santidad y en el Amor; en el Infierno,  los condenados van aumentando su perfección en la Iniquidad y el Odio.

El alma es un cuerpo espiritual, con una sensibilidad más perfecta aún que el cuerpo físico.

Y este no es un lenguaje metafórico, porque las almas gravadas con las culpas cometidas; tienen una sensibilidad más grande que la carne a la cual revistieron.

¡Y estar en el abrazo de las Tinieblas; después de haber visto la Luz y el Amor que es Dios!

¡Combatir en aquel horror tenebroso que solamente se ilumina con el reflejo del espíritu ardiente y al nombre del pecado por el cual fueron confinados en aquel Horror!

¡No encontrar apoyo en este revuelo de espíritus que se odian y perjudican recíprocamente!

¡Fortaleciéndose sólo en la Desesperación que los enloquece y cada vez les hace más y más malditos!

Nutrirse de ella, apoyarse en ella, matarse con ella.

La muerte nutre a la Muerte.

La Desesperación es muerte y alimenta a estos muertos por toda la eternidad.

Estos son los tormentos que todos los condenados padecen juntos,

Pero esto no  es el extremo de los sufrimientos.

Hay torturas especiales destinadas para cada alma en  particular.

Éstos son los tormentos de los sentidos:

Cada alma padece sufrimientos terribles e indescriptibles, relacionados con la forma en que ha pecado.

Hay cavernas y horribles calabozos; abismos de tormento donde una forma de agonía difiere de otra.  Habría muerto a la vista de aquellas terribles torturas, si no me hubiera sostenido la omnipotencia de Dios.

El pecador debe saber que será torturado por toda la Eternidad, en esos mismos sentidos que suele usar para pecar…

Estoy escribiendo esto por orden de Dios, para que ninguna alma pueda encontrar una excusa diciendo que no hay ningún infierno o que nadie ha estado allí y que por lo tanto nadie puede decir cómo es.

Yo, Sor Faustina por orden de Dios; he visitado los Abismos del Infierno para que pudiera hablar a las almas sobre él y para testificar sobre su existencia…

Los demonios estaban llenos de odio hacia mí; pero tuvieron que obedecerme por orden de Dios. Lo que he escrito es una sombra pálida de las cosas que vi.

Pero noté una cosa: que la mayoría de las almas que están allí, son de aquéllos que no creyeron que hay un Infierno.

Cuando regresé, apenas podía recuperarme del miedo. ¡Cuán terriblemente sufren las almas allí!

Por consiguiente, oro aún más fervorosamente por la conversión de los pecadores.

Y suplico continuamente por la Misericordia de Dios sobre ellos.

“Oh mi Jesús, preferiría estar en agonía hasta el fin del mundo, entre los mayores sufrimientos, antes que ofenderte con el menor de los pecados”.

Sí. El Infierno existe y no está vacío. Quien lo sabe mejor que nadie, es Satanás.

Nuestra Madre Santísima dijo santa Faustina:

“Yo dí al mundo el Salvador  y tú debes hablar al mundo de su Gran Misericordia…  Y preparar al mundo para su Segunda Venida.

Él vendrá, no como un Salvador Misericordioso, sino como un Juez Justo.

Oh, qué terrible es ese día. Establecido está ya.

Porque el gran día de su ira ha llegado y ¿Quién podrá sostenerse en pie? (Apocalipsis 6:17)

ES EL DÍA DE LA JUSTICIA, EL DÍA DE LA IRA DIVINA

Los ángeles tiemblan ante ese día.

Habla a las almas de esa gran misericordia, mientras aún sea el tiempo para conceder la Misericordia. Si ahora tu callas, en aquel día tremendo responderás por un gran número de almas.”

Yo, Sor Faustina, por orden de Dios, estuve en los Abismos del Infierno para hablar a las almas y dar testimonio de que EL INFIERNO EXISTE.

 Los demonios me tenían un gran odio, pero por orden de Dios tuvieron que obedecerme. Lo que he escrito es una débil sombra de las cosas que he visto.

He observado una cosa: la mayor parte de las almas que allí están, son las que no creían que el Infierno existe.    

Vi que un hueco inmenso se abrió bajo los pies del Señor.

No sé si viajamos a través de él, pero de pronto me encontré en el Infierno.

Era una caverna impresionante y aterradora. Escuché gritos y lamentos escalofriantes…

Era un ambiente tenebroso donde había una increíble desesperación, un hedor espantoso y aquel lugar era aterrador.

Sentí mucho miedo; empecé a temblar y me sentí morir de pavor…

Verdaderamente aterrada, exclamé:

–           ¡Hay de mí Señor! ¿Dónde estoy?

El Señor me respondió:

–           No temas nada. Nada te pasará, Yo estoy contigo, observa bien.

Entonces vi una hornilla como la boca de un volcán. De ella salían llamas inmensas. Era como un fondo donde se cocina la caña para hacer miel. Como un lago de azufre hirviendo a borbollones.

Había allí mucha gente que gritaba y pedía auxilio sin ser escuchados. Todos insultaban y maldecían. Unos estaban vestidos lujosamente, otros estaban sin ropa. Creo que estaban con la ropa que los enterraron.

Un hombre muy rico con mantos y anillos en los dedos y cadenas en el cuello, sacaba la mano y decía:

¡Sálvame por esto! Y mostraba algo como un gajo de cebolla. Pero las llamas empezaron a consumir el gajo de cebolla hasta quemarle los dedos.

Y entendí que fue algo que dio, pero sin amor o tal vez haya sido lo único que regaló en su vida.

El tormento era  muy cruel y no había paz.

Le pregunté al Señor:

–           ¿Éste es el rechinar de dientes?

Y ÉL me contestó:

–           No, todavía no es. Es solo parte del sufrimiento de los condenados.

Alrededor de la hornilla había demonios con las piernas cruzadas, todos tenían un trinche largo.

Su aspecto era espantoso: sus ojos rojos, boca malvada, sonrisa malévola, de un color gris, casi negro.

Fumaban y fumaban algo que los hacía más rebeldes. Y bebían un líquido rojizo que los llenaba más de soberbia.

De pronto todos se colocaron de pie en posición de firmes. Los condenados desearon desaparecer… Era una multitud incontable que se consumía en el Lago de Fuego.

El Infierno se estremeció y todo tembló. Por una puerta entró un demonio como de 2 metros de alto, más horrible que todos los otros demonios.

Tenía cuernos, garras, cola y alas como de murciélago.Los demás no tenían nada de eso. Gritó y zapateó. Y todo volvió a temblar.

Pregunté:

–        ¿Quién es?

Jesús me dijo:

–         Es Lucifer, el Rey del Infierno.

Los demás demonios le tenían mucho miedo. A una orden dada por él, todos corrieron ante él con el trinche en la mano y en fila, como un batallón de soldados.

Les dijo algo que no alcancé a escuchar, pues estaba demasiado asustada.

Y tampoco le pregunté al Señor Jesús.

Si Él no me hubiera sostenido en ese momento, yo hubiera muerto de terror.   

El Señor Jesucristo me dijo:

–           Acá no hay paz ni un segundo. Aquí no hay nada de amor. Es el Reino del Odio. Aquí vienen todos aquellos que me despreciaron cuando estaban vivos… Libre y voluntariamente, prefirieron el Mal en lugar del Bien.

Ahora observa bien, pues para algunos comienza el rechinar de dientes; sufrimiento y muerte eterna; gusano que no muere y fuego que no se apaga.

Porque el que no está Conmigo, está contra Mí y está muerto. Esta es la verdadera Muerte. No la que llaman ustedes muerte.

Los demonios corrieron hacia la hornilla después de la orden de Satanás y metieron el trinche.

Sacaron a los condenados traspasados por éstos y ellos se movían como culebras, sin poder soltarse. Gritaban, se contorsionaban, les salía sangre por donde fueron atrapados.

Algunos fueron traspasados por la espalda, otros por las piernas, otros por la cabeza. Todos agarraban los trinches tratando de liberarse.

Eran hombres y mujeres de todas las edades, sus manos sangraban y ellos al mirarlas gritaban de terror.

Pregunté al Señor:

–           ¿Por qué estas almas tienen sangre?

Y Él me respondió:

–           Al Infierno vienen en cuerpo y alma; así como al Cielo van en cuerpo y alma.

Estamos en el Primer Infierno y ellos ya fueron juzgados.

Aquí están todos los condenados desde la creación del mundo y también les dan la bienvenida a los violadores del Quinto Mandamiento.

Pregunté:

–           ¿Quiénes son Señor?

Jesús contestó:

–           Son todos los asesinos, los secuestradores, los atracadores. Todos aquellos que le han quitado la vida a alguien: física, psíquica y espiritualmente. Son aquellos que pudiendo salvar una vida, no lo hicieron.

En las víctimas: su sangre clama, desde la Tierra a Cielo. Y Dios los escucha.

La vida Yo la doy y la quito cuando quiero. Nadie fuera de DIOS puede quitar la vida: ni a un niño, ni a un anciano, ni a un enfermo. Sólo DIOS dispone de ellos.

A quien lo hace; le esperan los más grandes castigos y tormentos, en el Lago de Azufre donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. Oren mucho, porque hay muchos que están todavía vivos y pueden arrepentirse. Oren especialmente por los médicos…

Observa bien.

Los demonios colocaron a los condenados en algo que parecía una lámina de zinc galvanizada y los trincharon entre dos o tres demonios.

Luego, como con una especie de cortaúñas, un poco más largo; les prendían pedazos de carne y poco a poco les arrancaron las uñas, los dedos, el pelo…

Los gritos eran tan desesperados; que parecían aullidos y terminaban en lamentos escalofriantes…

Para que no gritaran, los demonios sacaron una especie de arma no vista nunca en la tierra por mí y se las metieron en la boca.

Aquella arma se abrió como una mano y al cerrarse les agarró la lengua; enseguida se las arrancaron, bien torciéndola o tirando de ella.

Luego con un cuchillo bien afilado, comenzaron a cortarlos en pedazos, volviéndolos bistec y cecina.  Los condenados no podían gritar y sus ojos parecían salírseles de sus órbitas…

Y sus mandíbulas pegaban una con otra haciendo un rechinar de dientes espeluznante.

Después de desprender la carne, trozaron los huesos hasta casi deshacerlos totalmente. Por último, les partían la cabeza, hasta quedar hecha trizas.

Todo era completamente deshecho en aquella lámina: sangre, carne en trozos, huesos.

Aquello era una carnicería espantosa. Y en los huesos había gusanos...

Entonces dije al Señor:

–           Pobres personas. Pensé que no iban a morir, pero por fin murieron. Aunque los pedazos de carne todavía se mueven…

Él me respondió:

–           Aquí no existe la muerte. Fíjate bien.

Los demonios tomaron esa lámina y echaron los trozos de la persona sobre un hueco donde había llamas y fierros filosos. Era como una especie de molino para volver todo polvo.

En la parte de abajo de ese hueco estaba otra vez el hueco de la hornilla.

Al caer ese polvo vi que las personas volvían a tener cuerpo y el que se dejaba agarrar por el trinche, volvía a padecer lo mismo…Entonces pregunté al Señor:

–              ¿Qué pasa? ¿Por qué tienen que volver a vivir?

Y Jesús me contestó:

–           La muerte tal como los hombres la llaman, ya no existe. Aquí se padece la Muerte Eterna, que ES LA SEPARACIÓN DE DIOS.

Y para llegar a este lugar de tormentos, cada uno llegó aquí libremente. Ésa fue la elección de ellos.

Ellos me rechazaron absolutamente al elegir el Reino del Mal y sirviendo al Amo de este lugar. Yo ya no puedo hacer nada por ellos.

Cuando podía me despreciaron y por su libre albedrío; de esta forma llegaron a este Lugar que no fue creado para los hombres.

Para los hombres fue creado el Cielo. Este lugar fue creado para Satanás y sus Ángeles Rebeldes.

Comprendí que a mayor pecado, mayor el sufrimiento. Cada uno paga según sus deudas. Y cada uno tiene castigos diferentes; pero todos sufren atrozmente.

También me di cuenta que con el órgano que pecan y sirvieron al Mal, es con el que más sufren.

Según se hundían en el Lago de fuego; aparecían en un lugar de arenas candentes, al rojo vivo. El calor era sofocante, no se podía respirar y gritaban: ‘¡Tengo sed!’

Entonces un demonio se les subía a la nuca y les abría la boca, desgarrándoselas hasta los oídos.

Otro demonio agarraba la arena caliente, para que la bebieran.

Era tal el desespero, que corrían sin control en la oscuridad iluminada únicamente por las arenas… Chocaban con otros condenados y peleaban entre sí, como perros callejeros.

Al llegar al final había rocas con puertas… Cada uno miraba solo una puerta y al abrirla había un hoyo, donde estaban los animales ponzoñosos y aquellos a los que más temían, cuando estaban en la tierra.

El Señor me dijo que eran castigos psicológicos…

¡Oh pobres condenados! ¡Qué desesperación, que pesadilla sin fin!… Cuando finalmente lograban salir de allí, ellos se veían esos animales por todo su cuerpo y que les salen por la boca y por cada orificio en él.

Desesperados, trataban de huir… Y por lo único que podían correr, es por un desfiladero de piedras cortantes; donde se caían, de frente o de espalda y se cortaban por todas partes.

Al final  había una planicie…

Al que no lograba pararse rápidamente, una piedra redonda lo aplastaba como a una cucaracha. Cuando por fin logran levantarse, se lanzan por un hueco que había y caen a la hornilla del inicio.  Y todo vuelve  a repetirse.

El Señor Jesús me dijo:

–           ¿Te diste cuenta que acá no hay descanso ni un segundo? Ahora te voy a mostrar otro lugar que está esperando a esta generación perversa y malvada.

Te voy a mostrar quien sufre más… Y quienes van por el camino al Infierno.

Vi entonces tres hornos más grandes que el primero y a Satanás que gritaba:

–           Qué se haga el Juicio…  He trabajado bastante para darles la bienvenida a mi reino. ¡JA! ¡JA! ¡JA!… ¡Los odio tanto, como a su Padre y sé cuánto Él sufre, por mi venganza sobre ellos!

¡Gracias a ellos, que me han dado la manera de alcanzarLo; para Destruirlo a Ése en sus hijos! ¡JA! ¡JA! ¡JA! (Lanza una carcajada espeluznante y añade)

He inventado nuevos castigos y tormentos.

Que vengan aquí los que pudieron salvarse y no quisieron.

Que vengan a mí los que me adoraron y me sirvieron en la tierra.

Entonces vi unas mujeres arrastradas con cadenas que llevaban cargas como si fueran mulas; (Eran todas sus culpas) fueron golpeadas atrozmente y atormentadas.

Les abrieron sus vientres, las dejaban gritar y las despedazaban. Les dieron azotes con unas cuerdas como de hierro, mientras las insultaban.

Les mostraban sus hijos que ellas habían asesinado y se los amarraban a sus pechos.

Ellas escuchaban el llanto y los gritos de sus hijos (¡¡¡¿Por qué me mataste mamá?!!!)

Al grito del niño, sus pechos se desgarraban y comenzaban a sangrar; sus oídos sangraban y todo aquello era horripilante.

Y pregunté al Señor:

–           ¿Señor JESUS quienes son esas mujeres y porqué sufren tanto?

Y Él me contestó:

–           Son todas aquellas que matan a sus hijos con el aborto. Sufren porque hicieron de sus vientres tumbas y el vientre es para dar vida.

Él pecado del aborto le es a mi Padre muy difícil de perdonar. No basta con confesarlo, si no hay verdadero arrepentimiento.

Hay que hacer mucha oración y penitencia, pidiendo misericordia a DIOS Padre; así como al hijo que asesinaron.

Pues sus gritos de dolor y sus llantos estan frente al trono de DIOS y su sangre clama justicia, desde la Tierra al Cielo.

Ora mucho por ellas, porque algunas que cometieron sus mismos pecados, están todavía vivas y pueden arrepentirse.

Son muchísimas las que van veloces, por el Camino del infierno.

Satanás se burló de Dios con un grito triunfante:

–           Estos niños fueron sacrificio ritual para mí, en el Aborto deseado, consentido y ejecutado; para aumentar mi poder. Y sus almas inocentes también me pertenecen.  Madres e hijos me han dado el poder para derrotarte y destruirte en ellos; porque son parte de este reino maldito al que me has confinado.

Dime que se siente Nazareno, haberte sacrificado por todos y que ellos me hayan elegido por su propia voluntad. ¡JA! ¡JA! ¡JA! ¡Son míos eternamente; porque yo te los gané!

¡Ellos me eligieron a pesar de tus Mandamientos y de tu Sacrificio de Amor! ¡JA! ¡JA! ¡JA! Y también sus hijos sacrificados libremente, me pertenecen.

¡Porque ellas despreciaron tus leyes que podían rescatarlos y no fueron bautizados!… ¡¿Dónde está tu triunfo, Dios Encarnado?! ¡Muéstrame ahora si te atreves, en dónde está tu Triunfo!

¡Todos son míos! ¡Nadie te ama, ni quiere sacrificarse sufriendo por Ti! Todos me pertenecen. ¡JA! ¡JA! ¡JA!

El final de esta Guerra la están escribiendo tus ‘Amados hijitos’ a los que no les interesa nada tuyo: ni tu Redención, ni tu Amor, ni tus promesas…

Porque han querido ser míos… ¡Porque me han elegido a mí!… ¡A mí!

Por su libre albedrío eligieron ser mis esclavos.   Los que me adoraron, me conocieron y me escogieron.

Y  por sus pecados me pertenecen todos los que han venido hasta aquí.  Yo soy su amo y su rey por la eternidad.

Vi al lado de ellas, un poco separadas; a otros hombres y mujeres que sufrían iguales tormentos que ellas.

Y pregunté:

–           ¿Éstos quiénes son y porqué sufren iguales tormentos?

El Señor me dijo:

–           Son todos los cómplices del aborto, los que las ayudaron… Son médicos, amigos, enfermeros, parientes o alguna persona que escuchó que iban a abortar y no les advirtió:No lo hagas.’

Seguimos caminando por aquel ancho camino y encontramos hombres que venían cabizbajos, con la lengua afuera.

Se las machacaban con piedras, les quemaban las manos y los pies y los atravesaban con punzones.

Los demonios descargaban toda su ira infernal contra estos hombres.

Viendo cómo sufrían, pregunté:

–           ¿Estos quiénes son y porqué sufren tanto?  

Y me dijo el Señor:

–           Son los llamados a la más alta gloria de los cielos pero la han perdido. Se han vendido y ME HAN VENDIDO. Ellos son mis sacerdotes.

Los pecados del sacerdote son doble pena para Mí y por eso su castigo es doble. Son martirizados en la lengua, porque han callado mi Santa Palabra y fueron perros silenciosos, tartamudeando al hablar.

Se han consumido en las pasiones y llenado de mosto y vino. Para ellos son la maldición y el fuego y el fuego eterno.

También vi mujeres y hombres al lado de ellos, que sufrían grandes penas y pregunté

–           ¿Quiénes son estos?

Y Jesús me dijo:

–           Son los que han pecado con ellos. La mujer que hace caer a un sacerdote, más le valiera no haber nacido; porque es más maldita que Judas. Lo mismo el hombre que hace pecar a un sacerdote.

Detrás de ellos había una multitud que seguían ese mismo camino y sufrían iguales tormentos…

Yo pregunté:

–           ¿Y estos quiénes son?

Y Jesús me respondió:

–           Son todos aquellos que se alejaron de Mí y de mi iglesia por el pecado del sacerdote y no oraron por él.

El sacerdote se hizo para salvar a los hombres. Si no lo hace, lo ayudan a condenar.Pues mi palabra dice: ‘Los guardianes de mi templo están ciegos, ninguno hace nada, son todos perros mudos incapaces de ladrar, vigilantes perezosos que les gusta dormir.

Perros hambrientos que jamás se hartan. Y son ellos los pastores, pero no saben comprender, cada uno va por su camino.

Cada uno busca su interés, vengan dicen, busquen vinos y emborrachémonos con los licores, no ayudan al inocente y hacen desaparecer a los hombres fieles’ (Isaias-56-9)”.

Detrás de estos, venían otros hombres y mujeres que sufrían iguales tormentos; al mirarlos le pregunté:

–           ¿Quiénes son?

Y Él me dijo:

–           Son todos los religiosos y religiosas, que han traicionado sus votos. Nadie ha orado por ellos, para que me amen y logren salvarse.

No hablen nunca mal de los míos. Es como si se untaran el dedo con chile y me lo metieran en el ojo. Solamente oren mucho por ellos y no me causen ustedes más tormentos.

Me dio una gran tristeza escuchar este reproche.