LOS ABISMOS DEL INFIERNO 2


Septiembre 1 de 2019 

Hijos míos, mi Paz esté con vosotros

Vuestro Paso por la Eternidad cada vez está más cerca. Cuando lleguéis, seréis juzgados por mi Tribunal Supremo y sabréis cuánto habéis amado y servido y cuánto habéis dejado de amar y servir.

Al llegar, os estará esperando vuestro Ángel de la Guarda, para llevaros al Salón de la Justicia. Mi Madre estará allí, intercediendo por vosotros en compañía de las almas bienaventuradas.

Después del Juicio mis Ángeles os llevarán al sitio que os corresponde, según sea vuestra sentencia.

Una pequeña minoría que se puede contar, irá al Cielo; la inmensa mayoría de la humanidad, irá al Purgatorio o al Infierno.

Mis hijos, una vez más os digo: Alimentaos lo más que podáis de mi Cuerpo y de mi Sangre, para que estéis fortalecidos espiritualmente y vuestra alma pueda resistir el Paso por la Eternidad.

El fuego purificador del Purgatorio, aguarda por la inmensa mayoría de mis hijos y el fuego ardiente del Infierno, aguarda por esta generación ingrata y pecadora.

Hijos míos, el Purgatorio es un lugar de purificación donde van las almas que no estuvieron en completa comunión de amor con Dios y sus hermanos en este mundo.

Está dividido en tres niveles:

Alto, medio y bajo y en cada nivel hay diferentes lugares de expiación.

El Purgatorio alto y medio, es un lugar de purificación de amor, donde las almas sufren por no estar en la Presencia de Dios.

El Primer Purgatorio es visitado por mi Madre y mis Ángeles y Ella, mi Madre, es la encargada de subir las almas al Cielo cuando ya han terminado su purificación.El Segundo Purgatorio, sólo es visitado por mi Amado Miguel.

El, es el Guardián de las almas y baja a este lugar para llevar almas al Primer Purgatorio; en su fiesta o cada vez que la Divina Voluntad de Dios, así lo disponga.

La Santa Intercesión de mi Madre en favor de las almas, hace que muchas suban al Cielo y otras sean libradas del Fuego Eterno.

El Tercer Purgatorio es un lugar de fuego abrasador, fuego de purificación que quema toda la maldad y el pecado.

Allí a las almas se les recuerda toda la maldad y el pecado que cometieron y toda la falta de amor que no tuvieron para con Dios y sus hermanos en este mundo.

Es un lugar de oscuridad y purificación, donde las almas luchan con los demonios que las hicieron caer y casi perder.

Al Tercer Purgatorio van las almas que en este mundo estuvieron apartadas de Dios y vivían en el pecado.

Pero había alguien que oraba por ellas o alcanzaron a pedir perdón antes de morir. O eran devotas de mi Madre y llevaban su escapulario,

O EL PODER DEL ROSARIO DE MI MADRE O DE MI MISERICORDIA

por las almas, les alcanzó para que no se perdieran eternamente.

Quiero deciros hijos míos, que las misas y obras de caridad que hagáis por estas almas del Tercer Purgatorio, sólo les servirán para fortalecerlas en su lucha espiritual.

Estas son las almas más necesitadas del Purgatorio, para que oréis muy especialmente por ellas. Estas almas necesitan mucha oración para poder purificarse y subir a la Gloria Eterna.

Hijos míos, el Cielo, el Purgatorio y el Infierno, son lugares espirituales donde van a parar las almas después del tránsito por este mundo.

Quiero aclararos esto: no son estados, SON LUGARES.

Así como ocupáis espacios en este mundo, así también lo es en la eternidad; con la diferencia de que los espacios son espirituales creados para albergar almas.

El Cielo es un lugar espiritual de Amor, Paz, Gozo y Plenitud, en compañía de Dios.

El Purgatorio es un lugar espiritual de purificación de amor o de fuego purificador.

El Infierno es un lugar espiritual de tormento y fuego que quema y no se extingue, donde van a parar las almas que se rebelaron contra Dios.

Os explico todo esto para que toméis conciencia y sepáis que en la Eternidad no hay estados sino lugares.

Hijos míos, si estáis en pecado mortal, os pido que recapacitéis, dejéis de pecar y cuanto antes volváis a Dios.

Os digo esto, porque si os sorprende mi Aviso en pecado mortal, vuestra alma irá a parar al Infierno y de allí, serán muy pocos los que regresen a este mundo.

Sólo regresarán los pecadores que se hayan arrepentido y quieran cambiar de vida; a esos se les dará la oportunidad de que al regresar retomen el camino de la salvación y se alejen definitivamente del pecado.

Los que no se arrepientan antes de mi Aviso morirán.

Recapacitad pues hijos rebeldes, porque el día de mi Aviso está llegando.

Vuestro Maestro, Jesús Sacramentado

Dad a conocer mis mensajes a toda la humanidad.

http://www.mensajesdelbuenpastorenoc.org/mensajesrecientes.html

  LOS TORMENTOS DEL INFIERNO

(Continuación…)

Luego vi hombres y mujeres que llevaban vendados los ojos y detrás de ellos iban muchos encadenados. Los demonios los insultaban, los golpeaban y los violaban.

Su tormento era muy cruel y pregunté:

–           ¿Quiénes son estos?

Y Jesús me respondió:

–           Son todos los brujos, hechiceros y adoradores del Mal, que se han dejado enceguecer por Satanás. A ellos les esperan los máximos tormentos, porque en la tierra vivieron más cerca de mi Gran Enemigo, que de Mí.

Y sufrirán inmensamente por haber servido en el Mal, libre y voluntariamente.

Los encadenados son todos aquellos que los consultan y todos aquellos que les mandaron hacer un maleficio de brujería. Es preferible que mataran cara a cara y no así…

Pues escrito está que mi Padre no salvará a esa raza. ¡Fuera de mi perros malditos, para ustedes no habrá fuego ni brazas para calentar el pan! (Isaías 47- 12).

En el Reino del Anticristo, son demasiados los satanistas consagrados completamente al Adversario. Oren, oren, porque hay muchos que todavía están vivos y que pueden arrepentirse…

También la multitud que les sigue y sufren tormentos, son los creyentes en horóscopos, invocadores de espíritus; los nigromantes, clarividentes y sus consultantes.

Su idolatría y su contubernio con Satanás, los hace merecedores del Fuego Eterno del Infierno.

Enseguida vi hombres y mujeres atados por cadenas en las manos. Cada uno tiraba por su lado, se derribaban y se caían entre sí.

Los demonios les decían: ¡Por tu culpa sufres!

Unos a otros se azuzaban: ¡Dénles más duro!

Yo pregunté:

–           ¿Quiénes son?

Jesús me dijo:

–           Son todos mis matrimonios que no viven en paz, ni se respetan obedeciendo mis Mandamientos. Viven profanando el Sacramento del Matrimonio y violando los juramentos que hicieron ante Mí.

Su sacrilegio convierte su unión en una maldición. Son dos fieras unidas por una misma cadena.

–           ¿Por qué van al infierno?

–           Besa mi mano.

Lo hice y Él me la colocó en los ojos.

Y vi cómo en esos hogares había insultos, celos, peleas y Satanás le gritaba a JESUS:

¡Mira como tengo a tus matrimonios! ¿De qué te sirvió santificarlos con el Sacramento?

¿Ves cómo están pecando? Y sólo por esto, cómo la primera pareja me pertenecen.  Pero ahora haré que pierdan la gloria… No permitiré que oren, ni que vayan a Misa. No se convertirán, porque no hay quién ore por ellos.

Y ninguno desea arrepentirse y cambiar. ¡Ahora se odian! Y yo haré que se aborrezcan siempre más.  Cuando se divorcien o yo consiga que se enamoren perdidamente de otros.

Con el Adulterio, estarán totalmente perdidos para Ti y ellos mismos me entregarán más almas. ¡Y NO! ¡No me los quitarás!

Y se reía a carcajadas…

Mientras JESUS lloraba.

A continuación vi hombres y mujeres atados por los pies que sufrían peor que los anteriores.

Y pregunté:

–           ¿Éstos quiénes son?

Y Jesús me contestó:

–           Son todos los que viven sin casarse o han cometido adulterio o fornicación.

–           ¿Por qué van al infierno?

Y Él me toco los ojos y vi que JESUS bendecía todas las uniones entre el hombre y la mujer cuando estaban íntimamente, como la primera pareja.

Pero cuando no estaban casados; era Satanás el que consumaba sus uniones, gozando a través de la posesión de sus cuerpos, glorificando la lujuria y golpeando al Señor JESUS.

El Señor me explicó:

–           Los adúlteros, son criminales y ladrones de la peor especie; pues además también perjudican destruyendo las vidas y asesinando las almas de los hijos inocentes.  

Ningún hogar puede cimentarse sobre la traición, el arma favorita de Satanás; ni edificarlo con la sangre y el dolor del prójimo.

Es un crimen pérfido sobre los inocentes, que invoca toda la Justicia divina sobre los trasgresores.

Mientras tanto yo seguía viendo como por medio de este pecado, Satanás le escupía la cara a JESUS diciendo:

–           Mira a tu criatura el hombre… Convertido por mí en una bestia aun peor que ella,

¿De qué te sirvió morir por ellos? Yo destruiré tu Sacramento que les permite unirse santamente y lo convertiré en el sacrilegio, que los sella con mi signo y los convierte en mi posesión absoluta.

Haré de cada lecho un fuego infernal envuelto en pasiones ilícitas… Pues a mí sí me escuchan, aunque yo no les ofrezco ningún reino de paz, sino de mucho dolor…

Y JESUS me dijo:

–           Mi sufrimiento para ellos ha sido inútil, por eso están en el Infierno.

Y entonces vi que uno de los castigos para ellos, es ver al hombre o mujer por el cual se condenaron en su pecho.Satanás les dio un cuchillo filoso, con el que ellos mismos se cortaban y sacaban pedazos de carne hasta llegar al corazón, diciendo con odio:

“¡Maldito, maldito, por tu culpa estoy aquí en este infierno! ¡Te quiero sacar de mi pecho para siempre, pero no puedo!

Luego encontramos hombres encadenados con hombres y mujeres encadenadas con mujeres. Atados por la cintura y que se balanceaban como animales salvajes, arrastrando una presa.

Pregunté:

–           Señor Jesús, ¿Estos quiénes son y porqué sufren?

El Señor Jesús me dijo:

–           Son toda clase de homosexuales y lesbianas, que libremente me rechazaron y no fueron capaces de ser castos ofreciéndome su vida y sus sacrificios.

Y pude ver cómo los demonios se revolcaban en el lecho poseyendo a estos pobres seres, deleitando su lujuria a través de ellos; aumentando sus pasiones sin llegar a ser saciados nunca.

Y también cómo los espíritus que los habían poseído, los atormentaron en sus partes nobles con las que pecaron…

Y de una forma cruelísima y horripilante, les atravesaban palos desde el ano hasta la boca y con  ellos les giraban como si fueran divertidos trofeos…

Yo pregunté:

–           ¿Qué es la presa?…

Y Él me contestó:

–           Son todos aquellos que se acostaron con ellos y usaron el sexo de manera perversa. Toda relación anal la condeno;  porque es contra natura…

Y también condeno a los que cometen crímenes de Odio, contra estos pobrecitos pecadores. No lo olviden nunca: Solamente Yo juzgo

Y EL QUE SE ATREVE A JUZGARLOS CONDENÁNDOLOS, SE CONVIERTE EN CÓMPLICE DEL MISMO PECADO…

Oren porque todavía hay muchos que están vivos y pueden salvarse, al arrepentirse.

La persona homosexual que me ofrezca su castidad a Mí y viva sin hacer pecar a nadie; yo le derramo mi infinita misericordia, porque los amo a todos infinitamente.

Para mí absoluto horror; después vi muchísimos hombres y mujeres con caras de animales, que sufrían espantosamente.

Y al lado de ellos, unos que llevaban unas como cintas de películas y unas hojas o revistas donde habían mujeres y hombres desnudos…

Que también eran atormentados atrozmente a manos de los demonios.

Y le pregunté al Señor:

–           ¿Quiénes son?  ¿También ellos van al infierno?

Jesús me contestó:

–           Sí. Van al infierno porque no se arrepienten. Los primeros son todos los que han tenido intimidad con los animales; rebajándose al nivel de la bestia y aún más que ella; porque si ella tuviese razonamiento, no lo haría.

Mi creación obedece las leyes que les he dado.

Solamente el hombre es un rebelde; instigado por la malicia del Rebelde.

Y todo aquel que hace del sexo una obsesión y una adicción; a través de películas, revistas, chistes grotescos, prostitución, palabras de mal sentido y llenas de obscenidad, aprendidas del Amo al que adoraron

Y  al que ahora pertenecen en cuerpo y alma, por toda la eternidad; son dignos del fuego eterno, con todos sus tormentos.

Pues han aprendido a hablar con la bajeza de Satanás y no el lenguaje del Cielo, viviendo la santidad y pureza de DIOS Uno y Trino.

Había muchos hombres y mujeres de diferentes edades que caminaban como ciegos golpeándose con todo.

Y un demonio estaba al pie de ellos, derribándolos una y otra vez.

Pregunté:

–           ¿Y estos quienes son Señor?

Y Él me dijo:

–           Son todos los borrachos, los alcohólicos y drogadictos; porque han destrozado el templo de Espíritu Santo, donde mora la Trinidad Santa: su propio cuerpo.

Y han hecho daño a sus semejantes, a sus familias, olvidándose del Primer Mandamiento: Amar a DIOS y al prójimo como a sí mismo. Estos no han aprendido ni siquiera a amarse a sí mismos.

Y al lado de ellos, iba una multitud de personas de diferentes edades, con los labios reventados y con humo en la nariz.

Pregunté:

–           ¿Y estos quiénes son?

Y ÉL me contestó:

–           Son los fumadores de toda clase de hierbas, drogas, cigarros o diversos vicios. Y van porque no han amado su propio cuerpo.

Y los que van con ellos, son los mercaderes de la muerte y todos los que se los ofrecieron incitándolos a pecar.

Yo les he dicho, que el que regala un vaso de agua, es digno de cielo eterno. Pero también quien ofrece o induce pecar a alguien, es digno del Fuego Eterno.

Todos lo que están aquí, rechazaron cambiar su vida y nadie oró por ellos, para librarlos de este castigo.

Continuamos caminando y encontramos a una gran muchedumbre de hombres y mujeres con vestuarios indecentes.

Y detrás de ellos, un gran número de hombres y mujeres.

Y pregunté:

–           ¿Por qué están en el Infierno y por qué los atormentan?

Jesús me contestó:

–           Porque usaron su cuerpo para corromper a su prójimo. Y los que se dejaron seducir, tampoco se arrepintieron.

Siguieron muchísimos hombres y mujeres de toda edad.

Hasta niños con las manos cortadas y algunos sin dedos.

Los demonios les clavaban con suma crueldad en todo el cuerpo, una especie de agujas largas y ardientes al rojo vivo, que los hacían lucir como alfileteros flameantes.  Y le pregunté:

–           ¿Quiénes son y porqué están en el infierno?

Y Él me dijo:

–           Son todos los tramposos, los ladrones, los estafadores, los que no pagan sus deudas; los que se dedicaron sólo al trabajo, los avarientos.

Todos los que en su corazón solo estaba el dios dinero y nunca dieron una limosna al pobre, ni ayudaron al más pequeño de sus hermanos.

Son todos aquellos que al final les tendré que decir: ‘¡Apártate de Mi maldito, vete al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles!

Pues tuve hambre y no me dieron de comer, sed y no me dieron de beber. Fui forastero y no me alojaron, desnudo y no me vistieron, enfermo y en la cárcel y no me visitaron. (Mateo 25.)

Todos los llamados a la caridad, los despreciaron con su corazón de piedra.

Enseguida vi familias y padres e hijos golpeándose. De sus bocas salieron llamas de fuego.

Y pregunté:

–           ¿Por qué vienen aquí y por qué los atormenta el demonio. Por qué escupen fuego?

Y Él me dijo:

–           Son los padres que no se hicieron amar y respetar con sus hijos. Y ellos los insultaron. Son los hijos altaneros y groseros con sus padres. Los que terminan maltratándolos y son profanadores del Cuarto Mandamiento.

–           ¿Y ellos por qué están aquí?

–           Al final cuando cada uno se presente ante el justo juez, si no fueron buenos; van a decir: ‘Maldito de mí por no haber respetado y amado a mis padres.’ Y por esa maldición van al infierno.

O van a decir: ‘Maldito soy por no obedecer y seguir la fe católica’ O ‘Malditos mis padres porque no me enseñaron a respetarlos y amarlos.’

Por esa maldición los padres van al infierno. Por eso los padres deben respetar y dar amor a sus hijos. Jamás tratarlos con insultos.

Y entonces vi que en esas casas, donde el padre y la madre, insultan a sus hijos; los demonios salen de sus bocas como gusanos o serpientes que se arrastran.

Y luego van y se meten a los hijos o al cónyuge que está lejos. Y hacen de todo para destruirlos y llenarlos de odio.

También vi que la única manera para acabar esos demonios en esas casas, es rezar el Santo Rosario.

Entonces el Señor me trasladó hasta un camino muy ancho y pavimentado.

Era muy hermoso y estaba muy adornado con fuentes de mucho artificio y grandes monumentos que no reconocí.

Allí vi hombres y mujeres de todas las edades, que llevaban la lengua afuera y un demonio, iba montado sobre sus hombros, metiéndoles su lengua en la boca de ellos.

Era una gran cantidad y le pregunte al Señor:

–           ¿Quiénes son Señor, y por qué traen ese demonio?

Y Jesús me dijo:

–           Son todos los chismosos, calumniadores, mentirosos; son todos aquellos incapaces de domar la lengua.

Que hicieron mal, pues está cargada de veneno mortal, como escrito está en mi apóstol Santiago “Sepan domar su lengua” El demonio que llevan es el demonio del chisme.

No se arrepintieron de su maldad y por eso recorren el Camino del Abismo hacia el infierno, donde los espera un terrible  castigo.

Luego encontramos hombres y mujeres que de sus bocas salían sapos y víboras.

Y Pregunté:

–           ¿Y estos quiénes son?

Jesús estaba muy triste y dijo:

–           Son todos los que pudieron enseñar mi fe y mi doctrina y no lo hicieron. Pero sí enseñaron cosas falsas basadas en teorías sin poderse comprobar.

Son los maestros, escritores, catequistas, sacerdotes y padres de familia. Todos los mentores y todo el que pudo enseñar la Fe en Mí y prefirieron destruir la fe de los demás.  

Toda persona que escandalice y destruya la fe de mis pequeños niños, es digno del Fuego del rigor de Dios; porque está escrito:

Hay del que enseñe otra palabra, hay del que escandalice a uno de estos pequeños; más le valiera amarrarse una piedra de moler al cuello y tirarse al mar.

Conociendo la Verdad, no se arrepintieron y su castigo es de los más tremendos.

A continuación encontramos gente de todas las clases sociales y de diversas edades, que arrojaban dinero al aire y alrededor de ellos; había muchas personas muriéndose de hambre…

Pregunté:

–           ¿Y estos quiénes son y porque van al infierno?

Y Jesús me dijo:

–           Son todos los que desperdician sus riquezas materiales en vanidades y lujos que alimentan la molicie.

Son los que compran cosas innecesarias; hacen fiestas para sus deleites, invitando únicamente a los que pueden corresponderles con algo equivalente  o superior y les retribuyen invitándoles a otras fiestas, donde honran su egolatría.  

Son todos los que desperdiciaron comprando demasiados manjares y exquisiteces y las dejan dañar en sus refrigeradores en vez de regalarlas.

Nunca hacen obras de misericordia, solo piensan en ellos mismos con una idolatría repugnante; mientras alrededor del mundo demasiados menesterosos se mueren de hambre.

Luego vi jóvenes que llevaban audífonos en sus oídos, conectados a un aparato digital. Caminaban como sonámbulos…

Por esos aparatos les entraban escorpiones, sapos y muerte.

Y pregunté:

–           ¿Quiénes son?

Y Jesús me contestó:

–           Son todos aquellos que escuchan música satánica:

rock, la música metálica y se han convertido en adoradores de Satanás que los lleva a la Muerte Eterna y les hace perder el sentido de la vida.

Son todos los que entran al culto satánico en las discotecas o en sus casas se encierran utilizando todas sus energías, en la tecnología maldita del Anticristo.

Para ellos la vida no tiene sentido, ni propósito; se vuelven perezosos y rebeldes. De esta manera la pobre juventud es arrastrada hacia el Abismo y ya no hay inocencia en los mayores de 4 años.

La maldita televisión y la música los han pervertido y su corazón enceguecido se aleja cada vez más de Mí. Satanás los está enseñando a ser impíos y blasfemos.

A continuación vi a una gran multitud de hombres y mujeres de toda clase, que caminaban de espalda y un demonio los arrastraba.

Al caminar tropezaban con otros y los hacían caer.

Pregunté:

–           ¿Señor, éstos quiénes son?

Y Él me dijo:

–           Son todos aquellos que me iban siguiendo por el Camino del Cielo; pero las dificultades, los tropiezos, el desaliento, los problemas con los mismos grupos; los hicieron que me abandonaran y hoy van camino al Infierno, arrastrando consigo a otros.

A todos estos les es difícil volver a Mí. Porque tienen un demonio que los detiene. Este demonio al final los entregará a Satanás y recibirán más honores por haber vencido y llevar como trofeo, a uno de los míos.

Nadie ha orado por ellos y  mi Corazón se hiere continuamente, por estos nuevos Judas que no quieren sufrir por Mí.

Enseguida vimos a hombres y mujeres de diferentes edades y clases; golpeándose el pecho con un cuchillo y luchando por quitar un espectro humano, que ellos sentían adheridos desde el pecho hasta sus ingles.

Al golpearse, sus heridas sangraban mucho, mientras que un demonio les gritaba:

¡Tú has sufrido mucho por culpa de él! ¡Dale más duro! ¡Dale más duro! ¡No le perdones! ¡No le perdones!

Entonces pregunté:

–           ¿Quiénes son éstos Señor y quienes son los que están en su pecho?

El Señor me explicó:

–           Son todos aquellos que nunca han perdonado la falta de sus hermanos, guardan rencores, odio, resentimiento, rencillas, pensando que fueron los únicos que sufrieron.

Las personas que llevan en el pecho, son sus supuestos enemigos. Y por eternidad de eternidades, los llevarán en el pecho como castigo.

Oren mucho, para que los que odian como ellos y todavía están ahora vivos en la Tierra; perdonen como Yo Perdono.

Porque si no perdonan las faltas de sus hermanos y deciden seguir adorando su rencor; mi Padre tampoco les perdonará.

Seguimos caminando y vi hombres y mujeres; jóvenes y niños de todas las clases; iban dando vueltas entre sí como perdidos y confusos…

Los demonios los cubrían con sus sombras mientras les repetían incesantemente:

¡No crean! ¡No crean! ¡No crean!

Y pregunté:

–           ¿Quiénes son?

Y Jesús me dijo:

–           Son todos aquellos, que pertenecen a mi iglesia o pertenecieron, pero que abandonaron los Sacramentos.

O si acuden no creen en ellos, ni en la gracia ni en el poder santificador a través de ellos; porque han despreciado al DIOS de la Verdad, por la mentira.

Quienes más sufrirán, son los que no creyeron en mi Real Presencia en la Sagrada Eucaristía, profanaron mi Iglesia con su presencia blasfema y se hicieron sacrílegos;

pues mi Carne es verdadera comida, mi Sangre es verdadera bebida y quien come mi Carne y bebe mi Sangre; permanece en Mí y yo le resucitaré el Último Día.

Oren mucho por ellos; porque algunos todavía están vivos y pueden convertirse.

Siguió una gran muchedumbre de hombres, jóvenes, mujeres y niños con edad de razón, que caminaban a tientas.

pisaban cualquier luz que los podía iluminar y los demonios les gritaban:

¡No crean! ¡No crean en la Luz! ¡No crean!

Y pregunté:

–           ¿Quiénes son?

Y el Señor Jesús me dijo:

–           Son todos aquellos, que han cometido pecados que no los han confesado: Por pena o porque no creen. O si lo confesaron, no lo hicieron con verdadero arrepentimiento. DIOS conoce el corazón de cada hombre.  

Oren mucho para que se conviertan, pues esos pecados los están arrastrando velozmente hacia el Abismo y Satanás los está esperando para regodearse en martirizarlos, hiriéndome a Mí.

Porque nadie que no confiese su pecado puede entrar en el reino de los cielos.

Entonces exclamé:

–           ¡Oh Señor JESUS, DIOS mío! Entonces ¿Quién puede salvarse?

Él me contestó:

–           Tú ven y sígueme. Ora con el Rosario de mi Madre Santísima.  Para DIOS nada es imposible…

Callé y seguimos caminando.

Encontramos miles, miles y miles que recorrían el fácil y atrayente camino del Infierno.

Ya no pregunté quienes eran ellos. Sólo iba pensando:

¡Misericordia DIOS mío! ¡Misericordia Señor!…

Y empecé a rezar la Coronilla de la Misericordia…

Él tampoco me dijo quiénes eran, ni cuál fue su pecado.

Eran de toda edad y de toda clase.

De una manera inexplicable, comprendí que eran de toda religión, fe y creencia.

Porque DIOS hace juicio sobre toda persona que venga a esta tierra, nazca donde nazca y crea en lo que crea.

Después de mucho caminar y continuar viendo más horrores,  JESUS me dijo:

–           Aquí termina el camino al Infierno.

Y se sentó sobre una piedra. 

Sus llagas sangraban, sus ropas eran rojas y estaba llorando.

Le pregunté:

–           ¿Qué tienes Señor y DIOS mío? ¿Por qué tus vestidos están rojos, si llegaste de blanco? ¿Por qué sangran tus heridas y por qué estás llorando?

Y ÉL me contestó:

–           Soy el Redentor porque cuando redimí al hombre, pagué por TODOS LOS PECADOS DEL MUNDO, incluidos los cometidos por el último hombre que tenga  vida sobre la tierra.

Pero no puedo violentar su libre albedrío. Lloro al saber que para todos ellos, Mi Infinito Sacrificio fue inútil y mi Sangre se derramó en vano.

Pues ellos no quisieron salvarse, me despreciaron. Mis ropas están rojas, empapadas por mi Sangre que he vertido en el dolor de sus pecados, por su salvación.

Y que ellos No quisieron  recibir; ya que Mi Perdón está dado por parte de mi Padre, pero ellos no Me aceptaron como su Salvador.

Y yo les he escrito: al que me reciba lo haré hijo de DIOS. ¡Oh hija mía, cuánto Dolor!  Diles a todos tus hermanos que me ayuden  a la salvación de los hombres y de las almas.

Nos abrazamos y lloramos juntos.

De pronto me encontré en mi habitación, abrazada fuertemente a Él.

El terror era espantoso, todo mi cuerpo temblaba.

Le dije:

–           Señor Jesús, tengo mucho miedo.

Él me colocó la mano sobre la cabeza y me dijo:

–           Esto que has visto no lo contarás hasta dentro de 6 meses; cuando te hayas repuesto completamente.

Luego te llevaré al Cielo y te mostraré el Camino de quienes van por él.

Oramos juntos…

Luego se despidió dejándome su Paz.

Lo vi partir, me volvió a mirar. Aun iba llorando…

Sus ropas estaban rojas y sus llagas sangraban.

Me dijo adiós con la mano y desapareció de mi vista.

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