Archivos diarios: 17/02/20

LA SEGUNDA BESTIA 2


CUMPLIMIENTO  

SIETE AÑOS Y SEGUIMOS SIN ACOSTUMBRARNOS

Por Fernando Beltrán | 11 febrero, 2020

Se cumplen 7 años de la renuncia que cambiaría la historia de la Iglesia.

El 11 de febrero de 2013, día de la Virgen de Lourdes, Benedicto XVI anunciaba su renuncia al cargo como Sumo Pontífice, que se materializaría el 28 de febrero.

Hoy se cumplen siete años del anuncio de la renuncia de Benedicto XVI. El 11 de febrero de 2013, el hoy Papa Emérito anunciaba que renunciaba al cargo como Sumo Pontífice.

Fue el 28 de febrero de ese año cuando se hizo efectiva su renuncia y se trasladó a Castel Gandolfo.

A su llegada a Castel Gandolfo, se dirigió a las personas congregadas en la plaza y les dijo: “Soy simplemente un peregrino que inicia la última etapa de su peregrinaje en esta tierra”

On this day, 7 years ago, at a Consistory of Cardinals for three canonizations, Pope Benedict XVI shocked the world, when he announced his intention to resign the Petrine Office on February 28, 2013

En una entrevista con el teólogo Elio Guerrero, autor de una biografía del propio Ratzinger, el Papa emérito explicó que una de las principales razones por las que renunció al pontificado en febrero de 2013 fueron sus limitaciones físicas y problemas de salud, que le impedían seguir viajando y cumplir con su deber como pontífice.

“Tenía dos convicciones bien precisas: después de la experiencia del viaje a México y Cuba, ya no me sentía en la capacidad de hacer un viaje tan fatigoso”, contó Benedicto refiriéndose a la Jornada Mundial de la Juventud que iba a celebrarse ese mismo año en Río de Janeiro.

“Experimenté los límites de mi resistencia física. Sobre todo me di cuenta de que no podía afrontar en el futuro los vuelos transoceánicos por el problema del huso horario”, explicó.

Ratzinger asegura que no se veía capacitado para asistir a la JMJ y que fue esta la principal razón por la que decidió renunciar a su cargo. “Además con la estructura que San Juan Pablo II dio a estas jornadas, la presencia física de un Papa era indispensable.

No se podía pensar en una conexión televisiva o en otras formas respaldadas por la tecnología”, cuenta en la entrevista.

“Esta era una circunstancia por la cual la renuncia era para mí un deber. Tenía finalmente la confianza de que sin mi presencia el Año de la Fe habría llegado a buen fin. La fe, de hecho, es una gracia, un don generoso de Dios para los creyentes”, dijo Benedicto.

Asimismo, explicó que habló de estos problemas con su médico y que “desde entonces en adelante lo que tocaba era decidir en un tiempo relativamente breve la fecha de mi retiro”.

Mucho se habló ese 11 de febrero de 2013, y los días posteriores, sobre lo extraño que sería la convivencia entre dos Papas en el Vaticano.

El tener a dos pontífices vistiendo de blanco -ya que se decidió que Ratzinger siguiera con la sotana blanca y llamándose Benedicto XVI- no parecía que fuera a aclarar ni facilitar las cosas.

Esta situación anómala se llevo con relativa normalidad, excepto para algunas voces, muy minoritarias, que reclamaban como verdadero Papa a Benedicto XVI, aludiendo la invalidez de su renuncia y la imposibilidad de la existencia de dos Papas al mismo tiempo -a pesar de que uno fuera ’emérito’.

Sin embargo, el experimento se llevó con bastante normalidad hasta hace relativamente poco.

Con motivo de los múltiples escándalos sexuales en la Iglesia que salieron a la luz en 2018, Francisco convocó una cumbre especial para abordar la situación con todos los presidentes de las conferencias episcopales del mundo. Benedicto XVI quiso aportar su visión escribiendo un documento al respecto.

Ese documento no fue leído en la cumbre y Benedicto, con el permiso del Santo Padre y la Secretaría de Estado, decidió publicarlo en una revista bávara en Semana Santa. Sin embargo, lo publicó antes el New York Post, el 11 de abril de 2019.

En el documento, Ratzinger relacionaba la oleada de abusos sexuales con el Mayo del 68. Francisco, en cambio, es conocido por sostener que la principal fuente de los abusos es el clericalismo.

Por tanto, el documento fue un arma arrojadiza para que bergoglianos y ratzingerianos alimentaran la tensión, avivando la polarización eclesial.

Polarización que se puso de manifiesto y alcanzo sus cotas más altas el pasado enero, con la publicación de un libro en defensa del celibato sacerdotal en el que aparecían como coautores Benedicto XVI y el cardenal Sarah,

purpurado etiquetado como archienemigo del Papa reinante por parte de los ‘francisquistas’, a pesar de la insistencia del cardenal guineano en su obediencia filial a Bergoglio.

El libro cayó como una bomba ya que la incertidumbre sobre el celibato era máxima, a la espera de la exhortación apostólica del Papa -mañana salimos de dudas- en la que se recogerán los frutos del Sínodo de la Amazonía,

donde gran parte de los Padres sinodales se mostraron favorables a la ordenación de hombres casados para las extensas áreas amazónicas.

La publicación del libro, con la firma del pontífice emérito, poco tiempo antes de que el Papa se pronunciara sobre este mismo tema, fue visto por algunos partidarios del pontificado de Francisco como una presión deliberada sobre la decisión de Bergoglio, buscando influir en su decisión.

Las fuerzas mediáticas de la ‘renovación’ primero atacaron al cardenal guineano, tachándole de mentiroso –e incluso a por el Papa emérito teniendo que salir el secretario particular de Ratzinger, Georg Gänswein, a explicar que todo era un malentendido, en unas declaraciones que no contentaron a nadie.

La historia acabó con la ‘suspensión’ de su cargo, como prefecto de la Casa Pontificia, en el que llevaba precisamente desde 2013, nombrado por Ratzinger.

7 años después, seguimos sin estar acostumbrados a tener ‘dos’ Papas.

BENEDICTO XVI, FRANCISCO Y LA CRISIS DEL PAPADO

Por INFOVATICANA | 07 febrero, 2020

Nuestro Specola analiza hoy las polémicas sobre la convivencia delicada de dos Papas en el Vaticano, situación única en la historia de la Iglesia. Les dejamos el extracto del artículo.

La situación de descomposición que vivimos en el Vaticano, tanto en lo civil como en lo eclesiástico, se está saliendo de cauce y parece que tiene vida propia y nadie la controla.

El Estado de la Ciudad del Vaticano es en teoría un estado soberano, pero esto ya son muy pocos los que lo siguen creyendo.

Los estados actuales tienen sus fronteras demasiado abiertas y no pueden funcionar de otra manera, hay una globalización evidente que vivimos todos los días y que afecta a todos los aspectos de la administración de la llamada soberanía.

Nos guste o no, el Vaticano depende de Italia, incluso para su existencia, y en este contexto tenemos que entender las complicadas intromisiones políticas que estamos viviendo.

Muy poco tiene que ver todo esto con la Iglesia Católica y su finalidad.

La otra crisis, mucho más trascendente que sufrimos, es la del papado.

El papa es el Obispo de Roma y hemos llegado a una situación en la que no ejerce como tal y se dedica a gobernar a los demás obispos, que en teoría son sus iguales.

La renuncia del Papa Benedicto XVI tiene sombras alargadas y una de ellas es la desacralización del papado cómo lo hemos conocido en los últimos tiempos y el fin de la última monarquía.

Hechos como los que están sucediendo con Georg Gänswein son los síntomas de una enfermedad mucho más profunda, de complejo diagnóstico y complicada solución.

Cuando renunció al papado “en plena libertad”, el 11 de febrero de 2013, Benedicto XVI dijo que “para gobernar el barco de San Pedro y anunciar el Evangelio,

el vigor del cuerpo y el alma también es necesario” Lo cual “en los últimos meses”, explicó, le había fallado.

Tenía en mente el crepúsculo del pontificado de Wojtyla y quería evitar que le sucediera lo mismo: el gobierno de la Iglesia en manos de los hombres más cercanos al Papa, siempre lúcidos pero frágiles, que hablaban y actuaban protegiendo su nombre.

La sospecha tácita, en el Vaticano, es que Ratzinger fue perseguido siendo papa por las mismas razones que ahora:

el intento de los nostálgicos de usarlo “contra” su sucesor para apoyar un conflicto que las partes interesadas, aunque diferentes, ni siquiera conciben.

Los “partidarios” bergoglianos consideran con fastidio cada línea escrita por el Papa emérito.

Es evidente que Francisco esta irritado por el espectáculo de las últimas semanas en torno al libro del cardenal Robert Sarah.

‘Desde el fondo de nuestro corazón’, publicado en Francia el 15 de enero, es un texto contra cada excepción al celibato sacerdotal,

con controversias relativas sobre el hecho de si Benedicto XVI era o no el “coautor” y, por lo tanto, sobre la “interferencia” con el Papa actual.

El Sínodo de la Amazonía propuso en octubre permitir la ordenación sacerdotal de hombres casados, para compensar la escasez del clero.

La última palabra la dirá Papa Francisco y se espera su documento en los próximos días. 

El problema no es tanto el contenido del libro. Citando a Pablo VI, Francisco repitió hace un año: “Prefiero dar mi vida antes de cambiar la ley sobre el celibato”.

Además, la disciplina del celibato de mil años ya tiene excepciones: existen sacerdotes casados ​​en las iglesias católicas orientales y el mismo Benedicto XVI, en 2009, dio la bienvenida a los anglicanos con familias que querían regresar a la Iglesia.

Más bien, el problema era la controversia que rodeaba el nombre de Benedicto XVI y las versiones opuestas de las personas más cercanas a él. En Francia, el libro salió con una doble firma.

El arzobispo Georg Gänswein le pidió a Sarah que “elimine el nombre de Benedicto XVI como coautor”, hablando de un “malentendido”.

Sarah respondió que Benedicto XVI estuvo de acuerdo y que “no hubo malentendidos”.

Todo esto ha sido muy mal gestionado, y era inevitable que al secretario personal de Ratzinger le salpicara.

Benedicto XVI le nombró prefecto de la Casa Pontificia y Francisco lo mantuvo en el cargo. Pero la relación no siempre fue fácil.  

También porque hay una ambigüedad sin resolver, nacida precisamente de una declaración de Gänswein, en mayo de 2016: no hay dos Papas, dijo, sino “de facto un ministerio ampliado, con un miembro activo y un miembro contemplativo”.

Un mes después, respondiendo a los periodistas, fue el propio Francisco quien dejó en claro: “Solo hay un Papa. El Papa emérito es para mí un sabio abuelo”.

Nunca olvidaré el discurso a los cardenales del 28 de febrero: allí está mi sucesor entre ustedes, prometo obediencia. Y lo hizo.

Escuché que algunos fueron allí para quejarse del nuevo Papa y los ahuyentaron. Sin embargo, el juego de oposición entre “los dos Papas” ha continuado.

Otros líos, otras controversias.

En 2017, el prefacio de un libro de Sarah que se presenta como una “defensa” del cardenal.

En 2018, la solicitud a Ratzinger de escribir un prefacio a una serie de teología sobre Francisco y Benedicto XVI que declina, lamentando el “prejuicio tonto” que lo pone en contra de Bergoglio,

pero señalando “con sorpresa” la presencia de un erudito que lo atacó: una parte, esto, “oscurecido” por la comunicación del Vaticano.

Muchos ven detrás de la polémica sobre la autoría del libro la venganza del Viganò, monseñor Fake, que tuvo que dejar la comunicación del Vaticano por un ‘malentendido’ con Don Georg.

El año pasado, la publicación planetaria de las “notas” de Benedicto XVI sobre la pedofilia entre el clero, unos meses después de la reunión mundial sobre abuso buscada por Francisco.

Finalmente, el libro sobre el celibato, la caída clásica que hace que el jarrón se desborde: ahora, eso es suficiente.

Gänswein trató de arreglarlo, pero el problema no tenía vuelta atrás y el Papa Francisco aprovecho la ocasión para quitarse de en medio al incómodo acompañante.

‘QUERIDA AMAZONÍA’: NI DIACONISAS NI CURAS CASADOS

Por Fernando Beltrán | 12 febrero, 2020

En la exhortación apostólica fruto del Sínodo de la Amazonía, ‘Querida Amazonía’, el Papa Francisco desecha la ordenación de hombres casados y la ordenación de mujeres.

Por fin salimos de dudas. El Papa Francisco no ha cedido a los anhelos de ciertos sectores de la Iglesia y no tocará el celibato eclesiástico.

Tampoco cederá en lo relativo a la ordenación de diaconisas, aunque eso lo veían sin duda más improbable.

Ayer anunciábamos en exclusiva la firmeza del Papa en defensa del celibato y del sacerdocio y el diaconado exclusivamente masculino.

Hoy, al publicarse la exhortación, las reacciones en el sector progresista no se han hecho esperar. Han sido de decepción, un auténtico jarro de agua fría.

En cuanto a los sitios con falta de sacerdotes, se propone el rezo por las vocaciones sacerdotales y a alentar a los que muestran vocación misionera a adentrarse en la región amazónica.

Por tanto, nada de ordenar hombres casados:

89.- En las circunstancias específicas de la Amazonia, de manera especial en sus selvas y lugares más remotos, hay que encontrar un modo de asegurar ese ministerio sacerdotal. Los laicos podrán anunciar la Palabra, enseñar, organizar sus comunidades, celebrar algunos sacramentos, buscar distintos cauces para la piedad popular y desarrollar la multitud de dones que el Espíritu derrama en ellos.

Pero necesitan la celebración de la Eucaristía porque ella «hace la Iglesia»,[130]y llegamos a decir que «no se edifica ninguna comunidad cristiana si esta no tiene su raíz y centro en la celebración de la sagrada Eucaristía».[131]Si de verdad creemos que esto es así, es urgente evitar que los pueblos amazónicos estén privados de ese alimento de vida nueva y del sacramento del perdón.

90.- Esta acuciante necesidad me lleva a exhortar a todos los Obispos, en especial a los de América Latina, no sólo a promover la oración por las vocaciones sacerdotales, sino también a ser más generosos, orientando a los que muestran vocación misionera para que opten por la Amazonia.[132]

Al mismo tiempo conviene revisar a fondo la estructura y el contenido tanto de la formación inicial como de la formación permanente de los presbíteros, para que adquieran las actitudes y capacidades que requiere el diálogo con las culturas amazónicas. Esta formación debe ser eminentemente pastoral y favorecer el desarrollo de la misericordia sacerdotal.[133]

Y respecto a la ordenación de mujeres podemos leer:

Tal reduccionismo nos llevaría a creer que a las mujeres se les otorgaría un mayor estatus y participación en la Iglesia solo si fueran admitidas en las Ordenes Sagradas.

  1. Esto nos invita a expandir la mirada para evitar reducir nuestra comprensión de la Iglesia a estructuras funcionales. Ese reduccionismo nos llevaría a pensar que se otorgaría a las mujeres un status y una participación mayor en la Iglesia sólo si se les diera acceso al Orden sagrado.

Pero esta mirada en realidad limitaría las perspectivas, nos orientaría a clericalizar a las mujeres, disminuiría el gran valor de lo que ellas ya han dado y provocaría sutilmente un empobrecimiento de su aporte indispensable.

Iglesia Anglicana “moderna”

103.- En una Iglesia sinodal las mujeres, que de hecho desempeñan un papel central en las comunidades amazónicas, deberían poder acceder a funciones e incluso a servicios eclesiales que no requieren el Orden sagrado y permitan expresar mejor su lugar propio.

Cabe recordar que estos servicios implican una estabilidad, un reconocimiento público y el envío por parte del obispo. Esto da lugar también a que las mujeres tengan una incidencia real y efectiva en la organización, en las decisiones más importantes y en la guía de las comunidades, pero sin dejar de hacerlo con el estilo propio de su impronta femenina.

Como anécdota, hay que decir que el Papa coloca en la exhortación un poema de Pablo Neruda, otro de Pedro Casaldáliga y un trozo de un prólogo de Mario Vargas Llosa.

SCHÖNBORN: “FRANCISCO CORRE EL RIESGO DE DECEPCIONAR A TODOS LOS QUE ESPERABAN UNA RESPUESTA EN BLANCO O NEGRO”

Christoph Schönborn

Por INFOVATICANA | 12 febrero, 2020

El cardenal arzobispo de Viena ha concedido una entrevista a Vatican News, en la que comenta la exhortación apostólica del Papa ‘Querida Amazonía’, que se ha publicado hoy.

Les dejamos las preguntas más interesantes de la misma:

Casi todo el debate mediático se ha centrado en el sí o el no a la ordenación sacerdotal de los diáconos casados. ¿Cuál es la perspectiva que surge de este texto?

Francisco corre el riesgo de decepcionar a todos los que esperaban una respuesta en blanco o negro.

Pero una vez más intenta elevar, ampliar y profundizar la perspectiva para superar el conflicto entre dos posiciones. Francisco mira la inmensa complejidad de la “Querida Amazonia”.

No tiene soluciones simples a mano, pero la alegría del Evangelio le da la confianza que nunca puede desanimarnos. Y dice todo esto no solo para la Amazonia, sino para todos nosotros.

Llegamos al problema de la falta de sacerdotes y, por lo tanto, de la imposibilidad de las comunidades de la región amazónica de celebrar la Eucaristía dominical.  

El Papa enfatiza fuertemente que la Eucaristía es la “fuente y cumbre” de toda la vida cristiana. ¿Pero qué significa esto cuando faltan sacerdotes, sin los cuales no puede haber celebración eucarística?

Francisco no da una respuesta rápida a esta pregunta.

Tampoco dedica una sola palabra a la propuesta del Sínodo de abrir la posibilidad de que los diáconos permanentes sean ordenados sacerdotes para las zonas más remotas de la Amazonia.

Veo algunos elementos de la Exhortación como una invitación del Papa a hacer un uso intenso de todos los caminos que hasta ahora han sido muy poco transitados para remediar las consecuencias de la falta de sacerdotes, sin recurrir inmediatamente a los viri probati, los sacerdotes casados como “vía de salida”.

¿Cuáles son estos “caminos poco transitados”?

El Papa invita a los obispos a ser generosos en el envío de misioneros a la Amazonia.

Además, me llamó la atención la nota 132 del texto, que trata con discreción un tema importante mencionado directamente en el Sínodo: algunos países amazónicos envían más sacerdotes a Europa o a América del Norte que a sus vicariatos en la Amazonia.

En el Sínodo se habló del número de estos sacerdotes: solo en Colombia hay 1200.

Si, incluso, un tercio o un cuarto de estos sacerdotes estuvieran disponibles para las diócesis de la Amazonia, no habría escasez de sacerdotes a nivel local.

Una observación que también me sorprendió en el Sínodo: la casi total falta de sacerdotes indígenas. ¿Cómo es posible que después de 500 años de cristianismo prácticamente no haya clero indígena en esta región?

El Papa Francisco recuerda en la nota 133 la falta de seminarios para los indígenas…

Otra sorprendente carencia que hay que tratar de remediar es la de los diáconos permanentes, “que deberían ser mucho más numerosos en la Amazonia”, como leemos en el Documento Final.

¿Por qué esta oportunidad abierta por el Concilio Vaticano II no se ha aprovechado más en la Amazonia?

Aquí hay algunos caminos a seguir para responder a las necesidades de las comunidades: Francisco nos invita a no limitarnos en nuestras respuestas.

Entrevista publicada en Vatican News.

LA INSOPORTABLE RIGIDEZ DE LOS ‘RENOVADORES’

Por Carlos Esteban | 12 febrero, 2020

El oscuro secreto de los ‘renovadores’ es que son insoportablemente rígidos. Toda la ‘apertura’, el ‘diálogo’ y la ‘escucha atenta’ solo valen si conducen exactamente a lo que ellos piden. Si es que no, entonces “la cuestión sigue abierta”.

La reacción de los ‘renovadores’ a Querida Amazonía en redes y medios es realmente luctuosa. Quizá parezca poco apropiada la palabra ‘pataleta’, pero no se nos ocurre ninguna que la defina mejor.

El documento final del Sínodo de la Amazonía les había dado unas esperanzas sobre la ordenación de casados y el diaconado femenino -para abrir boca, naturalmente-,

que el portazo a ambos temas en la exhortación postsinodal les ha dejado boquiabiertos.

Pero, rígidos al fin, no van a cejar ni un minuto ni ceder un milímetro.

La escucha atenta que vale es escucharles atentamente a ellos, que a su vez escuchan atentamente a la opinión progresista del siglo.

Decía el cardenal Walter Kasper que ningún dogma cierra del todo tema alguno, se entiende que en un sentido que no les guste. Y, en esta ocasión, mucho menos.

Tenemos el ejemplo perfecto en la propia presentación a la prensa del documento, de boca de uno de los asistentes, el neocardenal jesuita Michael Czerny, nombrado por Francisco Secretario Especial para el Sínodo de la Amazonía.

A Czerny se le ha preguntado, naturalmente, si había entonces que olvidarse del asunto de los curas casados y las diaconisas, a lo que Su Eminencia no ha respondido, como se nos aconseja en el Evangelio, con un claro sí o un claro no.

Ha dicho Czerny que “el Santo Padre no ha resuelto” esas cuestiones, que “seguirán debatiéndose, discerniéndose, llevándose a la oración, y presentándose a la autoridad correspondiente cuando estén maduras”.

¿Alguien duda de que si el resultado fuera diferente, esas cuestiones dejarían absolutamente de debatirse y discernirse y rezar sobre ellas?

¿Para qué la exhortación, para qué se pronuncia el Papa, si nada está nunca decidido hasta que lo acepta el grupito de ‘minipapas’ autodesignados que no hacen más que seguir los dictados del mundo?

Como podrán seguramente imaginar, no menos rígidos se han mostrado en Alemania, donde llevan a cabo sus obispos un ‘camino sinodal’ con tales trazas de acabar en Cisma

que el mismo que ‘hizo lío’, su presidente el cardenal Marx, ya ha dicho que en marzo deja de presidir la Conferencia Episcopal.

Así, el presidente del Comité Central de Católicos Alemanes, (Zentralkomitees der deutschen Katholiken, ZdK), con voz y voto en el sínodo nacional, Thomas Sternberg, ha reaccionado de un modo no muy distinto a Czerny.

“Desafortunadamente, [la exhortación] no encuentra el coraje para aplicar reformas reales en las cuestiones de la ordenación de los hombres casados ​​y las capacidades litúrgicas de las mujeres, que se han discutido durante cincuenta años”, ha dicho Sternberg.

A lo que podemos añadir: si se han discutido a lo largo de medio siglo y la respuesta sigue siendo “no”, ¿no sería oportuno darse por aludido? ¿Es la verdad que representa la Iglesia cuestión de insistencia?

¿No habría que abandonar tanta rigidez y estar abierto a la posibilidad de que el celibato sacerdotal sea, como dice el Papa:

“un regalo para la Iglesia que conviene conservar, y que quienes desean sacerdotisas harían mejor buscando otra iglesia, como también afirmó en una ocasión el Santo Padre?”

‘TUCHO’ FERNÁNDEZ: “EL PAPA NO HA CERRADO PUERTAS” A LA ORDENACIÓN DE CASADOS

Por Carlos Esteban | 17 febrero, 2020

El arzobispo de La Plata y amigo de antiguo del Papa Francisco Víctor Manuel ‘Tucho’ Fernández ha querido terciar en la polémica sobre la interpretación de ‘Querida Amazonia’ utilizando el órgano oficial de la Santa Sede, L’Ossevatore Romano.

Aunque dirigido a todos, el artículo parece más un guiño a los decepcionados ‘renovadores’, a quienes viene a animar diciendo que esto es solo una pausa, que no se ha cerrado ninguna puerta.

“Ningún cambio de eje”, tranquiliza Tucho. “Hay quien ha sostenido que Francisco ha “cerrado la puerta” a la posibilidad de ordenar hombres casados, además de excluir otras propuestas del sínodo”, escribe Fernández.

“Lo cierto es que Francisco sobre este asunto no ha cerrado ni abierto puertas, solo ha evitado avanzar con soluciones precipitadas”.

Teniendo en cuenta la cercanía de este joven prelado, que debe su prestigioso arzobispado a la ya antigua amistad con Jorge Bergoglio y del que se juzga inspirador de algunas de sus encíclicas más importantes, conviene creerle.

Conviene creer, al menos, que esa es la versión que debe anunciarse a los defraudados renovadores.

No es exactamente nueva. En realidad, es casi imposible pergeñar alguna nueva interpretación de la exhortación, a la que tantos han dedicado tantas, desde el alivio a la decepción, pasando por el recelo.

La de Tucho viene a coincidir grosso modo con la de quienes ven en la negativa del Papa a avanzar en las propuestas más polémicas del sínodo amazónico una rama de olivo presentada al sector conservador para evitar un Cisma.

Solo que con un giro de guion: sí, es cierto que el Papa ha detenido la marcha en el último momento.

Pero no es porque vaya a cambiar de dirección en absoluto, sino porque no es el momento, porque los tiempos no están maduros. Todo llegará.

Llama la atención el arzobispo argentino sobre las palabras del Papa sobre el documento final del Sínodo. “Que no quiere sustituirlo es tan evidente que lo único que hace es “presentar[lo] oficialmente”, escribe.

“Aun no tratándose de una aprobación de tipo canónico que atribuya al documento sinodal un carácter magisterial especial, no obstante, le confiere una fuerza particular

ya que el Papa pide a todos los obispos y agentes de pastoral en la Amazonia que se empeñen “en su aplicación”.

E insiste: “El documento, por tanto, debe aplicarse. Se trata de su recepción, y el término “aplicación” lleva a pensar en una recepción creativa y eficaz”.

Mientras, Fernández llama la atención de los desanimados hacia otros aspectos ‘innovadores’ de la exhortación que han pasado casi desapercibidos en medio de la polémica, y que bien podrían redimir el documento a ojos de la opinión progresista.

Por ejemplo, las posibilidades que abre la creación de un ‘rito amazónico’ -del que no trata específicamente la exhortación en realidad, que solo habla de incorporar elementos autóctonos-; y, sobre todo, el énfasis en la sinodalidad.

La sinodalidad parece el ‘bálsamo de Fierabrás’ para los adeptos de la ‘renovación’, el método que todo lo cura.

Con la pregunta más importante: “Señor Jesús, ¿QUÉ QUIERES QUE HAGAMOS AHORA?…”

En realidad, en sí mismos, ninguno de los dos conceptos tienen por qué ser especialmente aptos para la introducción de novedades eclesiales.

Empezando por el rito, es difícil, sino imposible, introducir en una eventual ‘Missa Amazoniae’ elementos comunes a tantas tribus completamente diferentes como hay en el área, empezando por sus idiomas.

Y ante esa disparidad de lenguas, no sería imposible optar por un idioma neutro, universal, puramente eclesiástico que no sea el español o el portugués de los viejos colonizadores ni el inglés de los nuevos. ¿Qué tal, no sé, el latín?

¿Y quién dice que las costumbres ancestrales de los amazónicos no aconsejen que el celebrante actúe como un jefe tribal liderando al pueblo, es decir, de espaldas?

Sí, sé que suena irónico, pero la experiencia en la infinita elasticidad de la que se ha dotado al Novus Ordo Missae -experiencia común, creo, de todos los católicos hoy- hace un poco absurdo dar por hecho que un nuevo rito vaya a ir necesariamente en la dirección equivocada.

En cuanto a la sinodalidad, la evidencia hasta ahora es que está muy lejos de hacer ‘más representativa’ a la Iglesia.

El Papa elige el asunto, la convocatoria y los asistentes, y nada de lo que digan vale hasta que él lo refrenda. No sé a ustedes, pero a mí eso me parece más parecido a una reunión del Soviet Supremo que a un parlamento al uso.

Fuente: INFOVATICANA