Archivos del mes: 30 junio 2020

10 MILAGRO EN SIMÓN ZELOTE


10 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús está junto a sus seis discípulos. Tanto el otro día como hoy no está Judas Tadeo, que también había expresado su deseo de ir a Jerusalén con Jesús.

Deben ser todavía las fiestas pascuales, porque continúa habiendo un gran gentío por la ciudad. Anochece. Muchos se apresuran hacia las casas.

También Jesús se dirige a la casa en que lo hospedan. No es la del Cenáculo. Ésta es una casa que está entre tupidos olivos.

Desde la pequeña y agreste explanada que tiene delante, se ven descender colina abajo en escalones, los árboles.

Deteniéndose a la altura de un pequeño torrente escaso de agua, que discurre por el valle situado entre dos colinas poco altas.

En la cima de una colina está el Templo; en la otra colina, sólo olivos y más olivos.

Jesús está en la parte baja de la ladera de esta colina que sube sin asperezas: verdes árboles, todo tranquilo.

Se acerca un aldeano que conoce a Juan y le dice:

–         Juan, hay dos hombres que esperan a tu amigo.

El joven apóstol pregunta:

–        ¿Dónde están? ¿Quiénes son?

–        No lo sé. Uno, sin duda, es judío. El otro… no sabría decirte. No se lo he preguntado.

–        ¿Dónde están?

–        Esperando en la cocina y… Y sí, hay otro. Está lleno de llagas.

Lo mantuve apartado, porque no quisiera que estuviera leproso. Dice que quiere ver al Profeta que ha hablado en el Templo.

Jesús, que hasta ese momento había estado callado,

 Declara:

–         Vamos primero adonde éste. Di a los otros que vengan, si quieren. Hablaré aquí en el olivar, con ellos.

 Y se dirige hacia el punto indicado por el hombre.

Pedro pregunta:

–         ¿Y nosotros? ¿Qué hacemos?

Jesús responde:

–         Venid, si queréis.

Un hombre todo cubierto y embozado está apoyado en el pequeño, rústico muro que sostiene un escalón del terreno, el más cercano al límite de la propiedad.

Debe haber subido hasta allí por un senderillo que sigue el curso del torrente y conduce a ese lugar.

Cuando ve a Jesús venir hacia él, grita:

–         ¡Atrás, atrás! ¡Pero ten piedad!

Y descubre su torso dejando caer el vestido. Si el rostro aparece cubierto de costras, el tronco es un recamado de llagas:

Unas ya convertidas en agujeros profundos, otras simplemente como rojas quemaduras. Otras más, blanquecinas y brillantes como si tuvieran encima un cristal blanco.

Jesús siente una infinita compasión.

Y dice:

–          ¡Estás leproso! ¿Qué quieres de Mí?

El hombre suplica: 

–          ¡No me maldigas! ¡No me apedrees! Me han dicho que anteayer tarde te has manifestado como Voz de Dios y Portador de la Gracia. Me han dicho que has asegurado que alzando tu signo sanas todo mal.

Álzalo sobre mí. Vengo de los sepulcros. Allí. Me he arrastrado como una serpiente entre los arbustos del torrente para llegar hasta aquí sin ser visto.

He esperado a que anocheciera para hacerlo, porque en la penumbra se me identificaba menos. He osado… he encontrado a éste de la casa, que es rico en bondad. No me ha matado. Sólo me ha dicho: «Espera apoyado en el muro».

Ten Tú también piedad».

Y dado que Jesús se acerca.

Él solo, porque los seis discípulos y el propietario del lugar, con los dos desconocidos, se han quedado lejos y muestran claramente repulsa insiste:

–          ¡No más adelante! ¡No más! ¡Estoy infectado!

Pero Jesús prosigue.

Lo mira con tanta piedad, que el hombre se echa a llorar y se arrodilla hasta casi tocar con el rostro en el suelo y gime:

–        ¡Tu signo! ¡Tu signo!

–        Será levantado en su hora. Pero a ti te digo: «Levántate. Queda curado. Lo quiero. Y tú, séme signo en esta ciudad que debe conocerme.

 ¡Levántate, digo! ¡Y no peques, en reconocimiento hacia Dios!

El hombre se levanta lentamente.

Parece surgir de las hierbas altas y florecidas como de un sudario y está curado.

Se mira con los últimos restos de luz. Está curado.

Y Grita:

–           ¡Estoy limpio! ¡Oh!, ¿Qué debo hacer ahora por ti?.

–           Obedecer a la Ley. Vete al sacerdote. Sé bueno en el futuro. Ve.

El hombre hace amago de echarse a los pies de Jesús, pero se acuerda que todavía es impuro, según la Ley. Y se contiene.

Eso sí, se besa las manos y manda el beso a Jesús, llorando de alegría.

Los otros se han quedado de piedra.

Jesús vuelve la espalda al hombre que ha sido curado.

Y sonriendo, los hace volver en sí:

–           Amigos, no era más que una lepra de la carne, veréis caer la lepra de los corazones. ¿Sois vosotros los que me buscáis?

Dice a los dos desconocidos:    

–           Aquí estoy. ¿Quiénes sois?

–          Te hemos oído la otra tarde,  en el Templo. Te hemos buscado por la ciudad. Uno que dice ser pariente tuyo nos ha informado de que estabas aquí.

–          ¿Por qué me buscáis?

–          Para seguirte, si nos aceptas, porque Tú tienes palabras de verdad.

–          ¿Seguirme? ¿Pero sabéis hacia dónde voy?

–          No, Maestro, pero ciertamente a la gloria.

–          Sí. Pero a una gloria no de la Tierra. A una gloria que tiene su sede en el Cielo y que se conquista con virtud y sacrificio. ¿Por qué queréis seguirme? – vuelve a preguntar.

–          Para tener parte en tu gloria.

–          ¿Según el Cielo?

–           Sí, según el Cielo.

–           No todos pueden llegar. Porque Satanás insidia, más que a los demás a los que desean el Cielo y sólo quien sabe fuertemente querer resiste.

¿Por qué seguirme, si seguirme a mí quiere decir lucha continua con el Enemigo que está en nosotros, con el mundo enemigo y con el Enemigo, que es Satanás?

–           Porque así lo quiere nuestro espíritu, que ha quedado conquistado por ti. Eres santo y poderoso. Queremos ser tus amigos.

–           ¡¡¡Amigos!!!….

 Jesús se calla y suspira.

Después mira fijamente a quien ha estado hablando, que ahora ha echado hacia atrás el manto que cubría su cabeza. Es Judas de Keriot.

Cuestiona:

–            ¿Quién eres, tú que hablas mejor que un hombre del pueblo?

–            Judas soy, de Simón. De Keriot  soy. Pero soy del Templo o estoy en el Templo. Espero al Rey de los judíos y sueño con Él.

Te he sentido Rey en la palabra. Rey te he visto en el gesto. Tómame contigo.

–            ¿Tomarte? ¿Ahora? ¿Enseguida? NO.

–            ¿Por qué, Maestro?

–            Porque es mejor sopesarse a sí mismo antes de tomar caminos muy escarpados.

–            ¿No crees en mi sinceridad?

–             Lo has dicho. Creo en tu impulso. Pero no creo en tu constancia. Piénsalo, Judas.

Yo ahora me iré y volveré para Pentecostés. Si estás en el Templo, me verás. Sopésate a ti mismo. 

Y volviéndose hacia el otro desconocido, le pregunta:

–             ¿Y tú quién eres? 

–              Otro que te vio. Querría estar contigo. Pero ahora me da miedo.

–              No. La presunción es perdición. El temor puede ser obstáculo, pero si viene de la humildad es una ayuda. No temas.

También tú piensa, y cuando vuelva…

–              ¡Maestro, eres muy santo! Tengo miedo de no ser digno. No de otra cosa. Porque respecto a mi amor no temo…

–              ¿Cómo te llamas?

–             Tomás, llamado Dídimo.

–             Recordaré tu nombre. Vete en paz.

Jesús se despide de ellos y se retira a la acogedora casa para cenar.

Los seis que están con Él quieren saber muchas cosas.

Juan pregunta:

–            ¿Por qué, Maestro, has hecho diferencia entre los dos?… Porque una diferencia ha habido. Los dos tenían el mismo impulso…

Jesús le responde:

–             Amigo, un impulso, aun siendo el mismo, puede tener distinto contenido y causar distinto efecto. Es cierto que los dos tienen el mismo impulso. Pero uno no es igual que el otro en el fin.

Y el que parece el menos perfecto es el más perfecto, porque no lleva germen de gloria humana. Me ama porque me ama.

Todos responden:

–            ¡También yo!

–            Y yo también.

–            Y yo.

–            Y yo.

–            Y yo.

–            Y yo.

–            Lo sé. Os conozco por lo que sois.

–            ¿Entonces somos perfectos?

–            ¡Oh, no! Pero, como Tomás, lo seréis si permanecéis en vuestra voluntad de amor. ¡¿Perfectos?! ¡Oh, amigos!, ¿Y quién es perfecto sino Dios?

–            ¡Tú lo eres!

–            En verdad os digo que no por mí soy perfecto, si creéis que Yo soy un profeta. Ningún hombre es perfecto. Pero Yo soy perfecto porque el que os habla es el Verbo del Padre.

Parte de Dios, su Pensamiento que se hace Palabra, Yo tengo la Perfección en mí. Y tal me debéis creer, si creéis que Yo soy el Verbo del Padre.

Y no obstante, ¿Lo veis, amigos?, Yo quiero ser llamado el Hijo del hombre, porque me anonado cargándome todas las miserias del hombre, para llevarlas — mi primer patíbulo— y anularlas después.

«Llevarlas», no «tenerlas». ¡Qué peso, amigos!

Pero lo porto con alegría. Mi alegría es portarlo, porque siendo el Hijo de la humanidad, haré a la humanidad hija de Dios. Como el primer día.

Jesús habla dulcemente, sentado ante la sobria mesa, gesticulando serenamente con las manos sobre la mesa.

El rostro un poco inclinado,  iluminado de abajo a arriba por la lamparita de aceite que está colocada encima de la mesa.

Sonríe levemente. Es Maestro ya sólo por su aspecto grandioso y muy amigo en el trato.

 Los discípulos lo escuchan atentos.

–           ¿Maestro… por qué tu primo, aún sabiendo dónde habitas, no ha venido?

–           ¡Pedro mío!… Tú serás una de mis piedras, la primera. Pero no todas las piedras son fáciles de usar. ¿Has visto los mármoles del palacio pretorio? Arrancados fatigosamente del seno montano, ahora son parte del Pretorio.

Mira por el contrario esos cantos que resplandecen allí, bajo el rayo de luna, entre las aguas del Cedrón. Procedentes de aquéllos, ahora están en el lecho del torrente. Y si uno los quiere ¿Ves?, enseguida se dejan coger.

Mi primo es como las primeras piedras de que hablo… El seno del monte, que es la familia, me lo disputa.

–            Yo quiero ser en todo como los cantos del torrente. Por ti estoy dispuesto a dejarlo todo: casa, esposa, pesca, hermanos. Todo, Rabí, por ti.

–            Lo sé, Pedro. Por esto te amo. Pero también Judas vendrá.

–           ¿Quién? ¿Judas, de Keriot? Por mí que no venga. Es un señorito, pero prefiero,  me prefiero incluso a mí mismo…

Todos se echan a reír de la salida de Pedro.

–          ¿A qué viene esa risa? Quiero decir que prefiero un galileo genuino, tosco, pescador, pero sin fraude. A los de ciudad que… no sé… Bueno, el Maestro entiende lo que quiero decir.

–           Sí, entiendo, pero no juzgues. Tenemos necesidad los unos de los otros en la Tierra. Y los buenos están mezclados con los malvados como las flores en el campo. La cicuta está al lado de la salutífera malva.

–           Yo quisiera preguntar una cosa….

–           ¿Qué, Andrés?

–           Juan me ha hablado del milagro hecho en Caná. Teníamos gran esperanza de que hicieras uno en Cafarnaúm. Y has dicho que no hacías un milagro sin haber cumplido antes la Ley.

¿Por qué, entonces, en Caná? Y, ¿Por qué aquí y no en tu tierra?

–           Toda obediencia a la Ley es unión con Dios y por tanto aumento de nuestra capacidad. El milagro es la prueba de la unión con Dios, de la presencia benévola y complaciente de Dios.

Por ello he querido cumplir con mi deber de israelita antes de comenzar la serie de prodigios.

–          Pero la Ley no te obligaba a ti.

–          ¿Por qué? Como Hijo de Dios, no; como hijo de la Ley, sí. Israel, por ahora, sólo me conoce como esto segundo…

Incluso más adelante casi todo Israel me conocerá sólo así, más aún, como menos todavía. Pero no quiero escandalizar a Israel y obedezco a la Ley.

–          Eres santo.

–          La santidad no dispensa de la obediencia. Más aún, la perfecciona. Además de todo, hay que dar ejemplo. ¿Qué dirías de un padre, de un hermano mayor, de un maestro, de un sacerdote que no dieran buen ejemplo?

–         ¿Y Caná entonces?

–          Caná era el gozo de mi Madre que había que llevar a cabo. Caná es el anticipo que se debe a mi Madre. Ella es la Anticipadora de la Gracia. Aquí honro a la Ciudad Santa, haciendo de ella, públicamente, la iniciadora de mi poder de Mesías.

Allí en Caná, sin embargo, honraba a la Santa de Dios, a la Toda Santa. Por Ella el mundo me tiene. Es justo que para Ella sea mi primer prodigio en el mundo.

Llaman a la puerta.

Es Tomás nuevamente.

Entra y se echa a los pies de Jesús.

–         Maestro… no puedo esperar a tu retorno. Permíteme quedarme contigo. Estoy lleno de defectos, pero tengo este amor solo, grande, verdadero, mi tesoro. Es tuyo, es para ti. Déjame, Maestro…

Jesús le pone la mano sobre la cabeza.

–         Quédate, Dídimo. Sígueme. Bienaventurados los que tienen voluntad sincera y tenaz. Benditos vosotros.

sois más que parientes, porque me sois hijos y hermanos no según la sangre que muere, sino según la voluntad de Dios y vuestra voluntad espiritual.

Y Yo digo que no tengo pariente más cercano que quien hace la voluntad del Padre mío. Y vosotros la hacéis, porque queréis el bien.

¡AYUDADME, PEQUEÑITOS!


Junio 25 de 2020

Habla Dios Padre

Hijitos Míos, pequeños Míos, os he dicho que así como el cuerpo necesita alimento para crecer, para mantenerse sano, para desarrollarse y para poder ser alguien en la vida dando frutos, lo mismo sucede con las almas.

Las almas también se tienen que alimentar para que crezcan y den fruto.

Esta humanidad perversa, muy similar al pueblo escogido, se ha alejado de su Dios.

Os llamo de diferentes formas, trato de llamar vuestra atención, para que os deis cuenta del error en el que vivís.

Yo os trato de proteger contra las fuerzas del Mal y vosotros os escabullís, ya no tenéis confianza en vuestro Dios.

Sois como un adolescente que se cree fuerte, capaz de moverse solo por el mundo y hasta que no comete graves errores, se da cuenta que necesitaba la guía paterna o materna.

Sois todavía ese pueblo inmaduro como niño, como adolescente, traviesos, groseros.

Pueblo inmaduro que no quiere crecer en la virtud, que no quiere crecer en la vida.

Quiere ser consentido, pero no crecer ni dar lo que debe de dar el hijo agradecido.

Queréis seguir siendo consentidos, pero viviendo en el pecado, viviendo a espaldas de vuestro Dios y esto no puede ser, Mis pequeños.

Y no lo digo por Mí, porque Yo Soy el Perfecto; lo digo por vosotros que necesitáis crecer, que necesitáis desarrollaros;

que necesitáis ser adultos en la Gracia y en el Amor que Yo os quiero dar.

Mis pequeños, cuando el alma realmente CRECE y aprende a AMAR, como Mi Hijo os enseñó,

es cuando ya estáis aprendiendo realmente a llevar a cabo vuestra MISIÓN, es cuando realmente estáis viendo lo que debe de ser vuestra vida sobre la Tierra.

Se dice fácil y lo oís continuamente, -que debéis AMAR-, pero para vosotros esa palabra ya casi no significa lo que debe de significar para Mí.

O son amoríos ligeros, pecaminosos. O es amor en el que dais lo mínimo, porque os distraéis y no queréis dar en total donación.

Siempre mantenéis reserva para vosotros mismos, no os soltáis completamente a vuestro Dios y a vuestros hermanos.

Siempre con esa reserva en la que os protegéis tontamente, porque no sabéis daros en totalidad, como Yo Me doy en totalidad por vosotros.

No habéis aprendido a desprenderos, ni aún de las cosas bellas que Yo os doy.

No habéis aprendido todavía Mis pequeños, que cuando vosotros os negáis a vosotros mismos

ES CUANDO YO ENTRO PERFECTAMENTE EN EL ALMA

Y AL PERDER VUESTRO “YO”, ME ENCONTRÁIS A MÍ

Y ENTONCES ES CUANDO HABITO YO PLENAMENTE

EN CADA UNO DE VOSOTROS.

El olvidaros de sí mismos, os va a traer un bien infinitamente superior: el tenerMe a Mí, vuestro Dios.

Entended esto Mis pequeños, ya no actuéis como niños distraídos, como niños inmaduros, como niños que no se percatan de la realidad espiritual que debéis vivir.

Sed maduros ya en Mis enseñanzas, en Mi Vida y sobre todo en los frutos que debéis dar a vuestros hermanos.

Por eso el mundo en el que habitáis es un mundo de TIBIEZA, porque no podéis dar mucho, porque no tenéis mucho en vuestro corazón.

Os mantenéis con el mínimo necesario, tibios, inmaduros, mediocres y no queréis llegar a esa perfección a la que habéis sido llamados.

Sois Mis hijos, Yo Soy el Perfecto y Yo no puedo permitir la mediocridad en los Míos.

El niño consentido no lucha por temor a la caída, por temor al dolor y se conforma con lo mínimo.

Las almas que valen, las almas valientes, son las que se llevan el Premio, son siempre las que tienen más, porque han arriesgado todo.

Y el Premio es infinitamente superior a lo que arriesgaron.

Yo no Soy un Dios de mediocres, Yo no Soy un Dios para aceptar la mediocridad de sus hijos.

Esa cruz me pertenece Señor, ¡Crucifícame Jesús, porque te adoro sobre todas las cosas! Y ayúdame a Amar, haciendo Tu Voluntad y no la mía…´´

Creced ya Mis pequeños, os da flojera, no queréis trabajar para vuestra propia perfección; es egoísmo, es falta de caridad, no hay amor en vuestro corazón.

Porque no queréis tomar el compromiso de ser perfectos, porque después deberéis dar a vuestros hermanos lo que de Mí aprendisteis.

Os acompaño durante vuestra vida.

VENID A MÍ

YA NO OS APARTÉIS

TOMAD DE MÍ TODO LO QUE NECESITÉIS PARA VOSOTROS MISMOS,

PARA VUESTROS HERMANOS,

Cuando oraba, levitaba y quedaba absorto totalmente. A veces el mismo virrey que iba a consultarlo, aunque Martín era de pocos estudios, tenía que aguardar mucho rato a la puerta de su celda, esperando a que terminara el éxtasis. Tenía el don, para leer corazones y siempre daba el consejo preciso. Podía predecir la vida propia y la ajena, incluido el momento de la muerte.

PARA QUE MADURÉIS, PARA QUE DEIS MUCHO FRUTO.

Arrepentíos de vuestro pasado y Yo lo olvidaré de inmediato.

Deseo hombres nuevos, Vida Nueva en vuestro interior; pero ese es el compromiso que cada uno de vosotros deberá hacer Conmigo, vuestro Dios.

Dejad ya vuestros temores, el sentir que perderéis mucho, que arriesgáis mucho al dejar que vuestro Dios actúe en vosotros.

No es así Mis pequeños, os lo he dicho dadMe, dadMe todo vuestro ser, toda vuestra voluntad, todas vuestras capacidades, todas vuestras riquezas.

DejadMe a Mí actuar en vosotros y así Yo os satisfaré, os daré todo y haré hombres nuevos,

almas nuevas que gozarán Mi Presencia activa en su corazón.

DadMe, dadMe, que Yo os daré al ciento por uno.

Quitad vuestro lastre de vuestra espalda que no os deja caminar, que no os deja volar hacia esa perfección y dejad que Mi Santidad, Mi Perfección os invada.

Porque os he dicho que cada uno de vosotros tenéis una misión única y esta es diferente a todas las de vuestros hermanos.

No debéis envidiar lo que otros tengan, vuestros ojos deben estar puestos solamente en Mí.

Vais conociendo vuestra misión a lo largo de vuestra existencia, algunos la conocerán antes, porque así es vuestra misión y otros la conocerán después.

Y es muy importante Mis pequeños esto que os he dicho, porque vuestros ojos deben de estar puestos en Mí.

¿Qué estáis haciendo para servirMe, a Mí?

Romanos 12, 6-8 1 Corintios 12, 8-10 1 de Corintios 12, 28-30 Efesios 4, 11-12

Si vosotros os la pasáis envidiando lo que tienen vuestros hermanos, o los dones que Yo os he concedido para llevar a cabo vuestra misión.

O si tienen más o menos bienes del mundo, eso no os debe importar a vosotros.

Vosotros sois únicos para Mí, vuestra misión es única y es muy importante que la llevéis a cabo como Yo os la he pedido.

Y eso es lo único que os debe importar a vosotros, cumplir conMigo, cumplir con lo que Yo os he pedido.

Imaginad que tenéis dentro de un cuarto riquezas inmensas y es una puerta muy fuerte que nadie la puede abrir y ésta, solamente se puede abrir con una llave.

Y ESA LLAVE LA TENÉIS ALGUNO DE VOSOTROS.Es un trabajo sencillo, pero importantísimo, esas riquezas están ahí y nadie las puede tocar, si el encargado no abre ésa puerta con la Llave, que se le ha pedido proteger.

Otros, tendrán misiones aparentemente más importantes; ir a luchar por defender Mi Iglesia.

Serán personajes fuertes, robustos, que a primera vista os impresionen por su fuerza, por sus capacidades;

en cambio el primer personaje es pequeñito, aparentemente insignificante, porque nada más tiene que cuidar ésa Llave.

El pequeño podrá envidiar al fornido que está haciendo grandes cosas.

Entended esto que os estoy diciendo, Mis pequeños.

Martín seguía los modelos de santidad de Santo Domingo de Guzmán, San José, santa Catalina de Siena y San Vicente Ferrer. Y mantenía entrevistas sobrenaturales con Santa Rosa de Lima y San Juan Macías, que también estaban recluídos en  sus conventos.

Cada uno de vosotros fuisteis creados para la misión que tenéis que llevar a cabo.

El fornido, ese valeroso soldado no tiene la Llave y no puede sacar esas riquezas de ése cuarto, porque no tiene la Llave, la tiene el pequeño.

Y el pequeño, si es puesto en el campo de batalla, no podrá quizá ni levantar el arma que se le dé.

Entonces no queráis tomar la vida de otros, tratar de ser quien no sois ante Mis Ojos.

TODOS VOSOTROS SOIS IMPORTANTES

PORQUE OS HE DADO UNA MISIÓN PARTICULAR PARA SERVIRME,

 ASÍ QUE NO ENVIDIES LO QUE TIENEN LOS DEMÁS

 LLEVAD A CABO VUESTRA MISIÓN LO MEJOR POSIBLE

 CON LOS CUIDADOS MÁS DELICADOS QUE ME PODÁIS DAR

Y CON UN DESEO GRANDE DE SERVIRME.

Aprended de esta lección Mis pequeños y os repito, no veáis a vuestro alrededor.

VedMe a Mí a Mis Ojos, durante toda vuestra existencia, y dadMe cuenta de la misión que os concedí a cada uno de vosotros, en lo particular.

Yo, vuestro Padre y vuestro Dios, os he dado un regalo inmenso: el alma.

Mis pequeños, es parte de Mí vuestra alma, Soy Yo en vosotros.

 Como dicen las escrituras, el ALMA está guardada en una vasija de barro; sois tierra, como lo sabéis.

7. Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente. GÉNESIS 2, 7

Barro al que Yo le di vida y de ahí salieron vuestros primeros padres.

El barro ahora se queda en la tierra, se queda en el barro, se une al barro de la tierra; pero el ALMA, el ALMA CRECE y así debe ser vuestra alma en este tiempo.

Creced, CRECED Mis pequeños; recordad que de todo mal, Yo siempre saco un bien y estos son momentos de crecimiento espiritual.

No penséis en el barro, no penséis en vuestro exterior, que éste se quedará aquí en la Tierra.

PENSAD EN VUESTRA ALMA QUE ES PARTE MÍA

Y YO SOY OMNIPOTENTE,

Y LAS ALMAS QUE SE ACERCAN A MÍ

ADQUIEREN ESA OMNIPOTENCIA

Ciertamente, vuestra vasija de barro no permite que la omnipotencia de vuestra alma se desarrolle; porque vuestra alma todavía está envuelta en el pecado,

Pero cuando se libere, entenderéis la Potencia que llevabais en vuestro interior.

En estos momentos dejad que vuestra Fe os haga entender esto.

Tenéis un gran regalo que Yo os di, pero con vuestra Oración podéis hacer grandes cosas; porque la Omnipotencia de Mi Ser, que vive en vosotros, puede realizar grandes prodigios.

Porque es el amor, Mi Amor, el que los va a realizar para el bien de vosotros y de vuestros hermanos.

Veis cómo de un mal Yo siempre saco un bien. 

OS REÚNO Y VUESTRA POTENCIA DE ORACIÓN

SOR MARIA DE JESUS DE ÁGREDA, oraba y ayunaba. Y desde su celda le decía a Jesús: «Señor, ayer el jefe de los sioux nos torturó hasta matarnos ¿Crees que ahora sí se den por vencidos y accedan a escucharnos? Hoy que regresemos dices que también estaremos con los cherokees y los cheyennes; entonces  también el Espíritu Santo tendrá que multiplicar los rosarios, porque ya aumentaron las mujeres que me están enseñando a bordar, mientras rezamos…»

UNIDA A MI AMOR, QUE ESTÁ EN VOSOTROS

PUEDE REALIZAR GRANDES PRODIGIOS

GRANDES MILAGROS

PEDID PARA QUE MI AMOR SE EXTIENDA POR TODOS LADOS,

PARA QUE LAS SOMBRAS SE DISIPEN

 Para que la maldad de los hombres se vuelva paz, amor, armonía…

Y vuelva a ser éste el Paraíso que Yo creé para vuestros primeros padres y que vosotros, como descendientes de ellos, tenéis derecho a vivir en ese Paraíso.

Cuerpo incorrupto de la Dama de azul de los Llanos, Sor Maria de Jesús de Ágreda, (2 de abril de 1602 – 24 de mayo de 1665), abadesa del convento.

Pero pedídmeLo de corazón, pedidLe a Mi Omnipotencia en vosotros, que se realice ese milagro de amor,

que volváis a ese tiempo de Alegría y de una Paz infinita que solamente podéis obtener estando en Mí, vuestro Señor y vuestro Dios.

No escatiméis, NO DUDÉIS, utilizad pues esa Potencia de Amor, para que podáis ayudar a vuestros hermanos y os podáis ayudar a vosotros mismos. 

PEDIDME UN AUMENTO DE FE EN VOSOTROS,

UNA CONFIANZA PLENA Y UNA SABIDURÍA INFINITA

PARA QUE PODÁIS VOSOTROS UTILIZARLA EN AYUDAR,

EN SER LOS CRISTOS DE ESTE MUNDO,

EN SER LOS CRISTOS DE ESTE MOMENTO,

EN DEJARME VIVIR PLENAMENTE ENTRE TODOS VOSOTROS 

Satanás, satanás está vencido y todavía os molestará más; pero esa Potencia de Amor que lleváis en vuestro interior y unidos todos en esa intención, podéis vencerlo.

No dudéis, Mis pequeños, no dudéis.

Porque mucha compasión debe haber en vuestro corazón hacia vuestros hermanos que se encuentran en el Mal, ante vuestros hermanos que viven en el error,

especialmente en éstos momentos de Purificación, en los cuales veréis que son destruidos algunos lugares, como se destruyó Sodoma y Gomorra.

Donde el Mal habitaba, donde el Mal se difundía, donde el Mal era vida de todos los días.

Que nunca salga de vuestra boca ni de vuestro pensamiento, la frase “se lo merecían”, 

porque vosotros no conocéis el corazón de vuestros hermanos, no conocéis su historia, no conocéis su ambiente.

A TRAVÉS DE LA COMPASIÓN, LA CARIDAD FLORECERÁ EN VOSOTROS

Y así, podréis ayudar mucho más en el amor hacia vuestros hermanos en compasión, que en la crítica destructiva, malsana, que os lleva a degradaros espiritualmente.

En la Compasión, vosotros levantaréis almas, ayudaréis, aún a pesar del pecado que tengan.

Recordad que Mi Compasión hacia vosotros, os levantó y os está llevando a éstos niveles bellos espirituales que estáis viviendo.

Si Yo he tenido Compasión de vosotros; vosotros, por haber ya crecido en virtud la debéis tener para vuestros hermanos.

ORACIÓN + FE = MILAGROS

No critiquéis, AMAD, haréis mejor trabajo para Mi Corazón en ésta forma que criticando, porque al criticar caeréis en soberbia, en vanidad,  y caeréis peor que ellos.

Os amo, Mis pequeños y os quiero perfectos, como Yo Soy Perfecto, por eso os guío, os enseño.

Me tomo Mi tiempo para dároslo, para estar con vosotros, para llevaros a ésas alturas que no os imagináis que existan.

Aquél que se acerca a Mí, Fuente de Vida y de Amor, de Pureza, de Santidad, de Omnipotencia y Divinidad, podrá obtener de Mí grandes cosas, grandes regalos, si se acerca a Mí pequeñito, amoroso, sediento, humilde.

Venid a Mí, os necesito a todos y especialmente a aquellos por los que Mi Hijo bajó: a los más enfermitos, a los más necesitados, a los muertos espiritualmente.

Es vuestra hora, es vuestro tiempo, el de levantar a vuestros hermanos, en el daros por vuestros hermanos.

 ¿Puede acaso, la hoja de un árbol, luchar contra una corriente y detenerla? NO, Mis pequeños.

Yo Soy ésa Corriente que inunda, que está ya entre vosotros.

Vosotros, pequeñas hojitas de árbol, si tenéis la sabiduría os dejaréis llevar por Mi Corriente, por Mi Sabiduría, por Mi Amor,

pero todos aquellos que traten de oponerse a toda ésa Fuerza tremenda que voy suscitando ya entre vosotros,

se dañarán, caerán y no podrán hacer el bien debido.

La Sabiduría os indicará cómo deberéis dejaros guiar por Mí, por ésa Fuerza tremenda, Divina, que se tiene ya que implantar en los corazones,

QUE TIENE QUE MODIFICAR A LA TIERRA ENTERA,

QUE TIENE QUE TRAER LAS BELLEZAS DEL CIELO NUEVAMENTE,

Se le atribuye el don de la bilocacion. Sin salir de Lima, fue visto en México, en África, en China y en Japón, animando a los misioneros que se encontraban en dificultad o curando enfermos. Mientras permanecía encerrado en su celda, lo vieron llegar junto a la cama de ciertos moribundos a consolarlos o curarlos. Muchos lo vieron entrar y salir de recintos, estando las puertas cerradas. En ocasiones salía del convento, a atender a un enfermo grave y volvía luego a entrar sin tener llave de la puerta y sin que nadie le abriera. Preguntado cómo lo hacía, siempre respondía: ‘yo tengo mis modos de entrar y salir.’

PARA QUE LAS PODÁIS VIVIR

Aquellos que están en Mi Contra, aquellos que no Me favorecen con su estado de vida, aquellos que se oponen a Mí y a Mis enseñanzas, tendrán que caer.

Serán arrollados por Mi Fuerza, se dañarán; porque no podrán luchar contra Mí vuestro Dios, vuestro Padre, vuestro Creador.

Anunciadles Mis pequeños que el Cielo se acerca a la Tierra, que la vida cambiará para bien del hombre, que todo será renovado en Pureza y Santidad.

Que las almas crecerán, porque se dejarán llevar por ésta Corriente Divina, que ya está llegando al Mundo, con Fuerza arrolladora,

que irá purificando a todos los pueblos de la Tierra y que saneará de todo pecado a las almas.

Dejaos llevar por Mí, dejad que Yo os lleve como brisa suave, como riachuelo; que os va cuidando, que os va consintiendo.

De los relatos que se guardan de sus milagros, se deduce que Fray Martín de Porres no les daba mayor importancia. Al imponer silencio acerca de ellos, lo hacía con joviales bromas, llenas de donaire y humildad. En su vida los milagros, formaban parte de algo natural y cotidiano.

DejadMe, Mis pequeños, hacer Mi obra en vosotros, confiad en Mí, vuestro Dios, que de Mi solamente sale Belleza, Santidad, crecimiento espiritual, una vida desconocida que aún no habéis sentido ni vivido.

Confiad en Mí vuestro Dios, que os transformaré y haré de vosotros nuevas almas, que gozaréis de los bienes del Cielo aquí en la Tierra.

Gozad y vivid alegres, a pesar de que lo que esté a vuestro alrededor traiga infelicidad a muchos.

Confiad en Mí vuestro Dios, que Yo estaré con todos aquellos que se dejen llevar libremente por Mis deseos amorosos.

Confiad en que tendréis un nuevo Hogar, muy superior al que estáis acostumbrados ahora.

Os prometo grandes cosas, y Yo cumplo, Mis pequeños, porque tengo el Poder para hacerlo.

Confiad y ya vivid desde ahora agradecidos a ésta gran promesa que os hago.

Ya que si he invertido Mi tiempo, Mis enseñanzas, Mi guía amorosa en vosotros, en cada uno de vosotros; vosotros deberéis perseverar, aún a pesar de que todo se vea obscuro a vuestro alrededor.

Ésa perseverancia santa, os hará alcanzar vuestra meta.

Ciertamente pronto se vendrá la Obscuridad, obscuridad espiritual a la Tierra.

La perseverancia os abrirá el camino, junto con la Fortaleza.

Deberéis estar atentos Mis pequeños cuando se vaya dando todo esto, para que vosotros podáis ayudar a vuestros hermanos para que no caigan en ésa negligencia,

en ése temor, en ésa tibieza, en ésa negación que destruye al hombre, a su alma, a su espiritualidad.

Deberéis perseverar, porque ya Me conocéis; porque sabéis cómo actúa el Amor entre los hombres, cómo puede levantar aún a aquél que está prácticamente muerto a la Gracia.

Porque el Espíritu de Dios NO NOS HACE COBARDES, al contrario, NOS DA PODER para amar a los demás y nos fortalece para que podamos vivir, una buena vida cristiana, 2Tim 1-7

Es ahí en donde se obra el Milagro en la Fe, en la Perseverancia, en la Fortaleza, en la lucha fiel que tendréis que padecer en éstos tiempos de gran prueba.

EL MILAGRO SE DARÁ ENTRE VOSOTROS,

VOSOTROS DEBERÉIS PROCURARLO Y PEDIRLO,

PARA EL BIEN DE VUESTROS HERMANOS

LA HUMILDAD OS AYUDARÁ

A QUE EL MILAGRO SE DÉ FÁCILMENTE

Mis pequeños, estáis acostumbrados que el Milagro, solamente grandes almas lo pueden lograr.

¿Acaso creéis que éstas almas no eran pecadoras? ¿Qué no tenían defectos y debilidades?

¡Claro que los tenían, Mis pequeños! Pero lo que hacía el Milagro a pesar de su debilidad, de su pecado, ES EL AMOR.

El amor por sus hermanos, la necesidad que veían en sus hermanos y que el amor en su corazón,

movió a Mi Corazón, para lograr ésa ayuda, tanto espiritual, como material o física hacia sus hermanos.

ESTÁIS OBLIGADOS MIS PEQUEÑOS AL MILAGRO

PORQUE EL MILAGRO SALVARÁ A MUCHAS ALMAS

Y ASÍ ES COMO MUCHOS DE VOSOTROS

AYUDARÉIS A VUESTROS HERMANOS A VOLVER A MÍ,

A TRAVÉS DE MI PODER EN VOSOTROS.

YO TRABAJANDO A TRAVÉS DE CADA UNO DE VOSOTROS,

PRODUCIRÉ ÉSOS MILAGROS DE VIDA,

Ésos Milagros de Amor, ésos Milagros que modificarán a la Tierra entera, por vuestro deseo sincero de Amar y de amarMe.

Que mi Paz y mi Amor queden con vosotros.

Yo os bendigo en Mi Santo Nombre, en el de Mi Hijo Jesucristo, en el de Mi Santo Espíritu de Amor y en el Nombre de Mi Hija Santísima, la Siempre Virgen María, Madre del Redentor y Madre vuestra por siempre.

http://diospadresemanifiesta.com/

LA GRAN PERSECUCIÓN


JUNIO 25 2020 5:35 P.M.

LLAMADO DE MARÍA ROSA MÍSTICA AL PUEBLO DE DIOS

Hijitos de mi Corazón, la Paz de mi Hijo esté con todos vosotros y mi Protección Maternal, os acompañe siempre.

Mis Amados Niños, El Nuevo Orden Mundial ha comenzado, duras pruebas le esperan al Pueblo de Dios.

Los Gobernantes de muchas naciones, los Medios y Organismos Internacionales, le sirven a este nuevo Gobierno Mundial,

que traerá esclavitud, control, sometimiento y pobreza; especialmente a los habitantes de las naciones llamadas Tercermundistas.

En el último reinado de mi Adversario toda la humanidad estará sometida por el Nuevo Orden Mundial.

ESTE SERÁ EL ÚNICO GOBIERNO QUE REGIRÁ EN EL MUNDO

DURANTE EL ÚLTIMO REINADO DE MI ADVERSARIO

¡Siento gran tristeza en mi Corazón de Madre de la humanidad, al ver cómo será esclavizado el Pueblo de Dios!

Las Persecuciones contra los cristianos y católicos, han comenzado en el Mundo;

en muchas naciones del lejano oriente y en aquellas donde rige el régimen ateo comunista, mis pobres hijitos están siendo torturados, desaparecidos, encarcelados y despojados de sus bienes y derechos.

Todos aquellos a los cuales les comprueben que son católicos o cristianos, el estado los priva de todos sus servicios.

EN MUCHAS NACIONES SER CRISTIANO O CATÓLICO, ES YA UN DELITO

Las Casas de mi Hijo en estas naciones están siendo quemadas, destruidas y sus Tabernáculos profanados.

En el Sagrario te amo, en el Sagrario te espero, en el Sagrario te aguardo.

Mi Jesús Sacramentado, está siendo pisoteado y expulsado de ellas.

¡Oh, que Dolor siento, al ver a mi Hijo nuevamente humillado y maltratado, por las manos de los verdugos al servicio del Mal!

El Pueblo de Dios está comenzando el Destierro, las persecuciones y atropellos, van en aumento.

MUCHOS DE MIS HIJITOS EN ESTAS NACIONES

POR SU FALTA DE FE Y CONFIANZA EN DIOS,

ESTÁN RENUNCIANDO PÚBLICAMENTE A SU FE,

Y LO MÁS TRISTE, A MI HIJO JESÚS,

TODO POR CONSERVAR SU VIDA Y SUS BIENES

Hijitos, muy pronto en todas las naciones comenzarán las persecuciones al Pueblo de Dios.

Cuando el Nuevo Orden Mundial se vaya afianzando en el Mundo;

los atropellos, las torturas, los encarcelamientos y la muerte, será lo que le espera a los Hijos de Dios.

Mis Niños, el Nuevo Orden Mundial lo que busca es acabar con la religión Cristiana y Católica;

quieren borrar el Nombre de mi Hijo Jesús, de la mente y el corazón, de su Pueblo Fiel.

DÉJAME QUE TE AYUDE HERMANO

PEQUEÑITOS, NO TEMÁIS,

YO, SOY LA PASTORA DEL REBAÑO DE MI HIJO

Y CUIDO DE ÉL

Consagraos a Nuestros Dos Corazones y permaneced firmes en la Fe, para que podáis superar estas pruebas;

por ningún motivo vayáis a traicionar a mi Hijo, renunciando a vuestra Fe; acordaos que el Cielo no os abandonará.

El poder de Nuestros Dos Corazones, os protegerá y acompañará, para que podáis vencer todos los ataques de mi Adversario y sus huestes del Mal.

Que la Paz de mi Hijo, permanezca en vosotros y mi Amor y Protección Maternal, os acompañe siempre.

Os Ama, vuestra Madre, María Rosa Mística

Dad a conocer mis mensajes a toda la Humanidad, mis Amados Niños.

http://www.mensajesdelbuenpastorenoc.org/mensajesrecientes.html

9 EXPULSION DE LOS MERCADERES


9 IMITAR A JESÚS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

 Jesús entra con Pedro, Andrés, Juan y Santiago Felipe y Bartolomé, en el recinto del Templo.

Dentro y fuera hay una grandísima muchedumbre. Son peregrinos que desde todas las partes de la ciudad, llegan en grupos.

Desde el alto de la colina en que está construido el Templo, ven las calles de la ciudad estrechas y retortijadas.

Y un hormiguear de gente.

Parece como si entre el blanco crudo de las casas, hubiera extendido una cinta en movimiento de mil colores.

Sí, la ciudad tiene el aspecto de un juguete singular hecho de cintas multicolores entre dos hilos blancos, convergente todo hacia el punto en que resplandecen las cúpulas de la Casa del Señor.

Pero luego dentro, hay … una verdadera verbena.

Ha sido anulado cualquier tipo de reconocimiento de lugar sagrado.

Hay quien corrige y quien llama, quien contrata los corderos y grita. Lanzando maldiciones por el precio desorbitado de las cosas.

Hay quien empuja hacia los recintos a los pobres animales, que equilibra en lugares toscamente separados con cuerdas o estacas, en cuya entrada está el mercader o propietario, a la espera de los compradores.

Leñazos, balidos, blasfemias, unos que llaman a otros, insultos a los peones que no se muestran solícitos en las operaciones de reagrupamiento y selección de los animales.

Y a los compradores que regatean el precio o que se van.

Mayores insultos a quienes previsores, han traído su propio cordero.

Alrededor de los bancos de los cambistas, otro griterío.

Se entiende que el Templo funciona como una especie de Bolsa Financiera y además bolsa negra.

El valor de las monedas no es fijo.

Hay un precio legal, pero los cambistas imponen otro, apropiándose de una cantidad arbitraria por el cambio de las monedas.

¡Y no se andan por las ramas en las operaciones de usura!…

Cuanto más pobre es uno y viene de más lejos, más los fraudean.

Más a los viejos que a los jóvenes. Y a los que vienen de fuera de Palestina, más que a los viejos.

Unos pobres viejecitos miran una y otra vez su dinerillo ahorrado durante todo el año, sólo Dios sabe con cuánto sacrificio.

Se lo sacan y se lo vuelven a meter junto al pecho cien veces, yendo de uno a otro cambista, terminando por volver con el primero, que se venga de su inicial deserción aumentando la prima del cambio…

Y las monedas de valor abandonan entre suspiros, las manos del propietario y pasan a las garras del usurero para ser cambiadas por monedas de menos valor.

Luego otra tragedia de selección, de cuentas y de suspiros ante los vendedores de corderos; quienes a los viejos medio ciegos, les encasquetan los corderos más míseros.

Una pareja de ancianitos, él y ella empujan a un pobre corderito que los sacrificadores han encontrado defectuoso.

Se entrecruzan por un lado, malos modales y palabrotas; por otro, llanto y ruegos.

 Y el vendedor no se conmueve:

–        Para lo que queréis gastar, galileos, es incluso demasiado lo que os he dado. ¡Marchaos o añadís otros cinco denarios por uno mejor!

El viejecito replica:

–       ¡Por el amor de Dios! ¡Somos pobres y viejos!

¿Quieres impedirnos celebrar la Pascua, que es quizás la última? ¿No te es suficiente lo que has pedido por un animal pequeño?

El mercader responde desdeñoso:

–       Dejad paso, zarrapastrosos. Viene hacia mí José, el Anciano. Me honra con su preferencia.

E inclinándose solícito, cambia la altanería por servilismo.

Diciendo:

–       ¡Dios sea contigo! ¡Ven, escoge!

Uno de los fariseos más poderosos José de Arimatea, entra en el recinto y toma un magnífico cordero.

Pasa vestido pomposamente soberbio, sin mirar a los dos pobrecillos que gimen a la entrada del recinto. Casi los choca al salir con un hermoso cordero que bala.

Jesús viene caminando y se acerca a la escena, de este pequeño drama. 

También ha hecho su compra y Pedro que ha llevado a cabo el trato en lugar de Él, trae un hermoso cordero.

Pedro querría ir enseguida hacia el lugar donde se sacrifica, pero Jesús se desvía hacia los dos viejecitos asustados, llorosos, indecisos; medio arrollados por la muchedumbre e insultados por el vendedor.

Jesús, ES tan alto que la cabeza de los dos abuelitos le llega a la altura del corazón, pone una mano sobre el hombro de la mujer y pregunta:

 –         ¿Por qué lloras, mujer?

La anciana se vuelve y ve a este joven alto, solemne con su hermoso vestido blanco y con su manto también de nieve todo nuevo y limpio.

Piensa que ES un doctor por el vestido, el aspecto y queda totalmente asombrada, porque los doctores y los sacerdotes no hacen caso de la gente, ni tutelan a los pobres contra la avidez de los mercaderes.

Le cuenta por qué lloran.

Jesús se dirige al mercader de los corderos,

 Diciéndole:

–          Cambia este cordero a estos fieles; no es digno del altar. Como tampoco es digno que tú te aproveches de dos viejecitos, porque son débiles y están indefensos.

El mercader lo mira de arriba abajo, sopesándolo con desprecio:

–          ¿Y Tú quién eres?

Jesús responde imperturbable:

–           Un justo.

–           Tu acento y el de tus compañeros dicen que eres galileo. ¿Puede, acaso, haber en Galilea un justo?

–           Haz lo que te digo y sé justo tú.

El mercader incita a sus compañeros:

–           ¡Oíd! ¡Oíd al galileo defensor de los de su condición! ¡Quiere enseñarnos a nosotros, los del Templo!

Y el hombre se ríe y se burla, imitando sarcásticamente la cadencia galilea, que es más melodiosa que la judía.

Se forma un corro de gente.

Y otros mercaderes y cambistas salen en defensa de su colega contra Jesús.

Entre los presentes hay dos o tres rabíes irónicos.

Uno de ellos pregunta lleno de sarcasmo:

–         ¿Eres doctor?

Cuando es necesario, este carisma del Espíritu Santo nos convierte en ‘héroes‘ y así,

el ‘celo apostólico‘ inflama el Corazón divino y…

Jesús responde con firmeza:

–          Tú lo has dicho.

–          ¿Qué enseñas?

–          Enseño esto: a hacer la Casa de Dios casa de oración y no un lugar de usura y de mercado. Esto enseño.

Se le ve terrible a Jesús.

Parece el arcángel puesto en el umbral del Paraíso perdido. No tiene espada llameante en las manos, pero tiene rayos en los ojos-

Y fulmina a los burladores y a los sacrílegos. No tiene nada en la mano, sólo su santa IRA.

Y con ésta, caminando veloz e imponente entre banco y banco, desbarata las monedas tan meticulosamente apiladas por tipos; vuelca mesas grandes y pequeñas

Y TODO CAE con estruendo al suelo, entre un gran ruido de metales y tablas que chocan y gritos de ira, de pánico y de aprobación.

Luego, arrancando de las manos a los mozos de los ganaderos unas sogas con que sujetaban bueyes, ovejas y corderos.

Hace de ellas un azote bien duro, en que los nudos para formar los lazos corredizos son flagelos.

Y lo levanta y lo voltea y lo baja, sin piedad.

El inesperado granizo golpea cabezas y espaldas.

Los fieles se apartan admirando la escena.

Los culpables, perseguidos hasta la muralla externa, se echan a correr dejando por el suelo dinero y detrás animales grandes y pequeños en medio de un gran enredo de piernas, de cuernos, de alas.

Se huye corriendo o volando.

Mugidos, balidos, chillidos de pichones y tórtolas, junto a carcajadas y gritos de fieles detrás de los prestamistas dados a la fuga.

Ahogan incluso el lamentoso coro de los corderos, degollados ciertamente en otro patio.

Acuden sacerdotes, rabíes y fariseos.

Jesús está todavía en medio del patio, de vuelta de su persecución.

Con el azote está todavía en su mano.

Y lo cuestionan:

–        ¿Quién eres?

 –       ¿Cómo te permites hacer esto, turbando las ceremonias prescritas?

–        ¿De qué escuela provienes?

 –       Nosotros no te conocemos, ni sabemos quién eres.

Jesús se yergue majestuoso como nunca.

Ciertamente ES el Dios-Hombre Encarnado. 

Y con Voz potentísima declara:

–         Yo soy Él que puede. Todo lo puedo. Destruid este Templo verdadero y Yo lo levantaré de nuevo para dar gloria a Dios.

No turbo la santidad de la Casa de Dios y de las ceremonias, sois vosotros los que la turbáis permitiendo que su morada se transforme en sede de usureros y mercaderes.

Mi escuela es la escuela de Dios.

La misma que tuvo todo Israel por boca del Eterno que habló a Moisés.

¿NO ME CONOCÉIS? ¡ME CONOCERÉIS!

¿NO SABÉIS DE DONDE VENGO? ¡LO SABRÉIS!

Y volviéndose hacia el pueblo, sin preocuparse ya más de los sacerdotes.

Alto, vestido de blanco, el manto abierto y ondeante tras los hombros, con los brazos abiertos como un orador en lo más vivo de su discurso, dice:

– ¡Oíd, vosotros de Israel! En el Deuteronomio está escrito:

«Constituirás jueces y magistrados en todas las puertas… y ellos juzgarán al pueblo con justicia, sin propender a parte alguna.

No tendrás acepción de personas, no aceptarás donativos, porque los donativos ciegan los ojos de los sabios y alteran las palabras de los justos.

Con justicia seguirás lo que es justo para vivir y poseer la tierra que el Señor tu Dios te dé.

¡Oíd, oh vosotros de Israel! Dice el Deuteronomio:

«Los sacerdotes y los levitas y todos los de la tribu de Leví no tendrán parte ni herencia con el resto de Israel, porque deben vivir con los sacrificios del Señor y con las ofrendas hechas a Él.

NADA tendrán entre las posesiones de sus hermanos, porque el Señor es su herencia».

¡Oíd, oh vosotros de Israel! Dice el Deuteronomio:

«No prestarás con interés a tu hermano ni dinero ni trigo ni cualquier otra cosa. Podrás prestar con interés al extranjero; mas a tu hermano le prestarás, sin interés, aquello de que tenga necesidad.

Esto ha dicho el Señor.

Ahora bien, vosotros mismos veis que sin justicia hacia el pobre sojuzga en Israel. No hacia el justo, sino hacia el fuerte se propende.

Y ser pobre, ser pueblo, quiere decir ser oprimido. ¿Cómo puede el pueblo decir:

«Quien nos juzga es justo» si ve que sólo a los poderosos se les respeta y escucha, mientras que el pobre no tiene quien lo escuche?

¿Cómo puede el pueblo respetar al Señor si ve que no lo respetan los que más deberían hacerlo? ¿Es respeto al Señor la violación de su Mandamiento?

¿Y por qué entonces los sacerdotes en Israel tienen posesiones y aceptan donativos de publícanos y pecadores?

¿Los cuales actúan así, para que les sean benignos los sacerdotes, de la misma forma que éstos actúan así, para tener ricas arcas?

Dios es la herencia de sus sacerdotes.

Para ellos Él, el Padre de Israel, es como en ningún caso Padre.

Y pone los medios para que reciban el alimento como es justo; pero no más de lo que sea justo. No ha prometido a sus siervos del Santuario bolsa y posesiones.

En la Eternidad, por su justicia tendrán el Cielo, ¡Cómo lo tendrán Moisés y Elías y Jacob y Abraham, pero en esta Tierra no deben tener más que vestido de lino y diadema de oro incorruptible: pureza y calidad!

Y que el cuerpo sea siervo del espíritu que es siervo del Dios verdadero. Y no sea el cuerpo señor del espíritu, y contra Dios.

Se me ha preguntado con qué autoridad hago esto. ¿Y ellos?

¿Con qué autoridad profanan el Mandamiento de Dios, y a la sombra de los sagrados muros, permiten usura contra los hermanos de Israel, que han venido para cumplir el mandato divino?

Se me ha preguntado de qué escuela provengo y he respondido: «De la escuela de Dios».

Sí, Israel. Yo vengo y te llevo de nuevo a esta escuela santa e inmutable.

Quien quiera conocer la Luz, la Verdad, la Vida, quien quiera volver a oír la Voz de Dios que habla a su pueblo, venga a Mí.

Seguisteis a Moisés a través de los desiertos, ¡Oh, vosotros de Israel! Seguidme; que Yo os conduzco, a través de un desierto sin duda más dificultoso, hacia la verdadera Tierra Santa.

Por mar abierto al mandato de Dios, a ella os llevo. Levantando mi Signo, os curo de todo mal.

Ha llegado la hora de la Gracia. La esperaon los Patriarcas, murieron esperándola. La predijeron los Profetas y murieron con esta esperanza. La soñaron los justos y murieron confortados por este sueño.

Ha surgido ahora. Venid «El Señor va a juzgar un momento a otro en su pueblo y será misericordioso para sus servidores», como prometió por boca de Moisés.

La gente, arracimada en torno a Jesús, se ha escuchado escucharlo estupefacta.

Luego comenta las palabras del nuevo Rabí y hace preguntas a sus compañeros.

Jesús se dirige hacia otro patio, separado de este por un pórtico.

Los amigos lo siguen …

CUANDO ABBA PROVEE


EL EVANGELIO NO ES UNA MENTIRA

La multiplicación de los panes y los peces es uno de los milagros de Jesús quien, con una pequeñísima cantidad de alimento, fue capaz de dar de comer a toda una multitud.

El suceso está contado seis veces en los Evangelios: los cuatro evangelistas describen la primera, en que cinco mil hombres son saciados con cinco panes y dos peces.

Mateo el Apóstol y Marcos, además relatan la segunda en que cuatro mil hombres se alimentan de siete panes y «unos pocos pescados».

La primera multiplicación de los panes puede apreciarse en cuatro textos «paralelos», escrito por cada uno de los cuatro evangelistas.

En el Evangelio de Mateo está en el capítulo 14, versículos 13 a 21. En Marcos: capítulo 6.30-44. En Lucas: capítulo 9, vers. 10-17. En Juan: 6.1-15.

LA PROVIDENCIA DIVINA

Está el caso de un sacerdote jesuita en Texas, en su misión en El Paso, el padre Richard M. Thomas, relata:

Que desde hace más de veinte años había organizado el trabajo misionero a los mexicanos empobrecidos y mexico-americanos.

Dice que él y los que trabajan en la misión han encontrado la multiplicación inexplicable de comida en decenas de ocasiones.

Ha ocurrido en una cárcel que visitan.

Ha ocurrido en el lugar conocido como Rancho del Señor.

Se ha producido con familias pobres que limpian en los vertederos.

 El otoño  fue la última vez que recuerdo. No sabíamos que se estaba multiplicando hasta más tarde, cuando se contó todo.

‍Ellos estaban sirviendo sándwiches de jamón y queso.

La mujer que trajo la comida usó dos barras de pan, envolviendo cada sándwich en una servilleta y sirviéndolos en una clínica.

Había hecho 26 sándwiches. Cuando llegó a la clínica le dio seis o siete sándwiches a los trabajadores voluntarios y luego comenzó a repartirlos a las madres, que estaban allí para obtener la leche para sus hijos.

Yo estaba de pie justo al lado de ella y entonces me dijo que no iban a alcanzar. Pero aún así, 26 madres tomaron sus bocadillos y cuando todo había terminado todavía había bocadillos de sobra.

Cuando estaba conduciendo de regreso a su casa le dio más sándwiches a la gente pobre en la calle.

La mayor parte del tiempo, todo sucedió de manera imperceptible.  

“Es como el florecimiento de una rosa”, dice el sacerdote.

En gran parte es de bajo perfil, no dramático. Me ha pasado varias veces, en diversos lugares, con un número distinto de personas.

En otra ocasión, fuimos a visitar a la cárcel, la semana anterior a la  Pascua.

Estábamos dando a los prisioneros un plato especial de México: budín de pan.

Y como nosotros estábamos dando también afuera, la señora me dijo que no sería suficiente, ya que los presos fuera de las celdas eran 75 u 80.

Los reclusos “iban y venían”, y sin embargo el budín de pan no disminuyó. Tampoco la limonada. Estos presos seguían viniendo y nosotros seguíamos entregando.

Comprendimos que Dios estaba multiplicando budín de pan, dice el padre Thomas.

Todo el mundo tenía un plato con budín de pan y también limonada.

Todos los prisioneros consiguieron toda la limonada que querían.

Esto se prolongó durante media hora.

Y nos dimos cuenta de lo que estaba sucediendo.

Pudimos ver allí la limonada que seguía saliendo.

Luego repartimos también a los policías y guardias, todo lo que querían; que fue más de lo previsto. Después que nadie quería más, se acabó todo.

No es muy dramático. Dios es sutil. Pero no había ninguna duda al respecto. No hay redoble de tambor. – dice el sacerdote.  

SEGUNDO TESTIMONIO

Esto sucedió al padre Dwight Longenecker, un anglicano que se pasó al catolicismo y dice:

Cuando yo era un pastor anglicano joven, vivía en un apartamento con mi hermano menor, yo era un estudiante de teología que vivía por la Fe.

Realmente no tenía dinero y estaba viviendo a salto de mata con lo poco que podía ganar mientras estudiaba.

Todo era muy emocionante, mientras dependíamos de la Providencia  divina y veiámos los pequeños milagros, con los cuales el Señor nos amparaba.

Después que tenía un trabajo, una casa y un sueldo, dejaron de suceder cosas y yo me sentía aburrido. Un día me lamenté con mi hermano…

Así que él dijo: 

–     ¿Por qué no das la mitad de tu dinero? Eso hará que sea interesante”

Repliqué: 

–     Está bien. Vamos a hacerlo.    

 –    Por cierto creo que aumentarán nuestros huéspedes, porque hay más estudiantes que vendrán a vivir aquí.

Empecé a dar la mitad de mi dinero y vivimos con el resto y tenía razón.

En un año mi apartamento estaba lleno de otros seis chicos que vivían con nosotros, en una informal comunidad religiosa.

Rezábamos juntos y hacíamos en trabajo de la iglesia.

Cuando llegaron los empleos a tiempo parcial, contribuyeron a nuestras necesidades financieras.

No le dije a nadie que estaba regalando la mitad de mi sueldo y que lo que había dejado tenía que proporcionar para ocho de nosotros.

Para ayudar a alimentar a todo el mundo, mi hermano se levantaba temprano y horneaba dos panes.

Él fue a la panadería local y compró una gran bolsa de 25 kilos de harina.

Esto fue en Junio.

El panadero estimaba que si mi hermano horneaba dos panes al día, la harina duraría hasta Septiembre.

Y habríamos tenido que usarla para entonces, porque si no lo hacíamos se llenaría de gorgojos.

Con la nueva gente necesitábamos más pan y mi hermano comenzó a hornear tres o incluso cuatro panes al día.

En Diciembre nos dimos cuenta de que la harina no se había agotado.

Duró tres meses más de lo que debería y no tenía gorgojos.

Entonces uno de los chicos tuvo un buen trabajo y él nos ayudaría a comprar la harina cuando la necesitábamos.

¿Experimentamos una multiplicación de alimentos similar a la que tuvo Elías y la viuda? (1 Reyes 17:8-24)

Creo que lo hicimos. Y eso es una de las razones por las que creo en los milagros.

Un milagro es por definición, una suspensión o una excepción a las leyes naturales.

1 de Reyes 17, 15

¿Fue nuestra harina de pan multiplicada milagrosamente?

Bueno, creo que si fue un milagro. Y ¡Gracias a Dios!»

Y la fuente que nos proveyó esta información concluye:

“Tan pronto como lo digo, otros pensamientos preocupantes vienen a la mente. Si se trató de un milagro, ¿Por qué de repente se detuvo?

Si Dios proveyó la harina para el pan nuestro por unos pocos meses, ¿Por qué no hace milagros y detiene las hambrunas?

¿Por qué niños pequeños todavía mueren de hambre?

Respuesta: TENEMOS QUE PONER NUESTRA CARIDAD EN ACCIÓN.

Al final, un milagro es por definición, algo que desafía no sólo nuestras expectativas, sino nuestra lógica.

Los milagros están fuera del dominio de la lógica humana por sí solos.

Ellos son parte de un plan más grande y extraño que no podemos ver. «

Ese plan, y ese reino opera con una lógica que está más allá de nuestra lógica y un razonamiento que es más extraño y más grande que el nuestro.

El problema con los testimonios de oídas, es que NO ACLARAN nuestras dudas y sí aumentan la confusión, cuando NO TENEMOS EL ALMA VIVA, por la experiencia de la conversión.

Porque el Alma viva, contiene al Dios Viviente y Él MISMO nos ayuda a COMPRENDERLO y a agradecer, tanto lo sutil, como lo clamoroso.

¿CÓMO PODEMOS REALIZAR UN MILAGRO DE MULTIPLICACIÓN?

Mi Amada Familia del Cielo:

Después de mi donación y cuando ABBA me convirtió en apóstol, recuerdo MUCHÍSIMAS veces en que mi Señor Jesús me mostró su Bondad y su maravilloso Amor, en diferentes maneras portentosas.

Por principio de cuentas, les suplico que cuando vean funcionar los Carismas del Espíritu Santo, JAMÁS lo atribuyan a mérito propio.

Recuerden que somos templos vivos del Espíritu Santo o sea, una especie de envase que lo Contiene Y ES ÉL, EL QUE HACE TODAS LAS COSAS.

Dios lo hace porque ÉL es Bueno y tiene piedad de nuestra absoluta miseria. Porque si lo hiciera por nuestros méritos, ¡UFFF! el Cielo estaría casi vacío y nosotros jamás veríamos la Gloria de Dios.

En los primeros años, cuando ya experimentaba el Amor de Coparticipación y trabajábamos en diversos ministerios, en el grupo carismático de nuestra parroquia. 

Hacíamos retiros donde el Señor nos tomaba y Él enseñaba a los catecúmenos, que luego entregábamos al párroco y en una Misa,

En una renovación del Sacramento de la CONFIRMACIÓN al estilo Pentecostés, el Espíritu Santo derramaba sus Dones y así aumentaba el Rebaño de Jesús. 

Luego cada uno iba descubriendo sus Talentos y se integraban a los diferentes ministerios, que dos santos sacerdotes pastoreaban y organizaron, para servir al Señor.

Antes de cada retiro ayunábamos y orábamos…

Y JESÚS DECIDÍA quienes iban a ENSEÑAR los diferentes TEMAS a impartir.

Cuando CADA QUIÉN sabíamos nuestra asignatura designada, debíamos aumentar nuestro AYUNO, nuestra ENTREGA y nuestra meditación del EVANGELIO, para saturarnos de las enseñanzas contenidas en la BIBLIA. 

Luego dejábamos que el Señor ACTUARA.

A mí NO ME GUSTABAN las telenovelas en la TV. me parecían una locura barata y melodramática de desperdiciar un tiempo valioso para cosas más interesantes.  

Y en varias ocasiones me sucedió, que mientras Jesús PREDICABA a través mío, me dejaba pasmada con lo que hacía.

En una ocasión, nuestro grupo de oyentes eran de un municipio cercano a la ciudad donde vivía y mi tema asignado era el PERDÓN.

Gran sorpresa me llevé, cuando JESÚS empezó a hablar de la telenovela «Marimar» donde la VENGANZA parecía haberse servido con todos los aderezos. 

Y durante más de una hora, JESÚS estuvo hablando sin que yo ENTENDIERA NADA, porque incluía personajes, situaciones e interacciones de la telenovela, para puntualizar sus enseñanzas.

Mientras mantenía FASCINADOS a todos sus oyentes, yo sólo entendía lo kerigmático; pero no tenía la mínima idea de quiénes eran los involucrados, ni porqué habían hecho lo que hicieron.  

Hasta el día de hoy, ignoro de qué se trata «Marimar», porque siguen sin gustarme las telenovelas.

Creo que tengo que aumentar mi crecimiento espiritual en la MORTIFICACIÓN, porque como aprendiz en la escuela del SUFRIMIENTO, sigo estando reprobada. 

Y tal vez “MARIMAR” sea otra de mis lecciones a estudiar. 

Porque también me dijo que viera la telenovela «Senda de Gloria» ya que todo lo relatado en ella IBA A REPETIRSE en México y varias partes del mundo. 

Y necesitamos aprender, cómo tenemos que conducirnos, cuando esos eventos sucedan. 

Un día tuvimos una evangelización en una finca campestre que nos facilitaron en un rancho al norte, donde comienza la sierra de Zacatecas.  

Nos prestaron las instalaciones, pero nosotros debíamos llevar las provisiones.

Y cómo siempre he sido muy respetuosa con las Sagradas Escrituras, a todos nuestros invitados no les pedimos cuota para gastos; porque para mí, traficar con Dios es simonía.

Era un retiro para jóvenes, con duración de tres días, en un puente de fin de semana.

Llevamos provisiones para nuestros sesenta invitados y los doce siervos del Ministerio de Evangelización.

Como sucede en las bodas, con los agregados a los invitados: 

Muchos padres decidieron acompañar a sus retoños ¡Y lo hicieron acompañados de sus demás hijos! 

Y muchos amigos de ellos, decidieron que era una buena oportunidad para vacacionar y pachanguear.

Y más si era una ocasión en la que ¡No se iba a gastar ni un peso, más que el transporte!

Pero esto, no lo prevenimos en absoluto. ¿Pueden imaginar mi consternación, cuando vi cuadruplicada la asistencia, además de nuestros catecúmenos originales?

Y teníamos que alimentar a aquella multitud que llegó confiada en una invitación que no exigía nada, más que la presencia física. 

Cómo es lógico, al iniciar el segundo día, nuestras provisiones estaban casi agotadas; quedaban unas cuantas cosas que alcanzarían escasamente para alimentarnos a los doce…

¡Y todavía faltaba la comida del sábado y la del domingo! ¿Qué íbamos a hacer?

De mis once ayudantes, SÓLO UNO TUVO FE.

Los demás se hicieron los desentendidos, buscaron un pretexto y ¡Casi desaparecieron!…  

Estábamos aislados en una colina, a muchos kilómetros de la ciudad, rodeados por un bosque y ¡Ninguna tienda para comprar nada!… 

 Yo estaba llorando en la cocina lamentándome y diciéndome:

–     Querías conocer el Evangelio de su primera fuente. ¡Anda! ¿Cómo vas a resolver esto?”

Estaba tan abrumada, que casi no hice caso cuando el encargado de cuidar la finca, entró y depositó un envoltorio en el escurridor del fregadero, diciéndome: 

–     Los acabo de sacar de la presita. Ya los limpié y espero que le sirvan. Si necesita más, dígame.

Aunque ahorita hay muy pocos, porque el patrón vino la semana pasada y se llevó casi todos los que ya estaban crecidos.  

Pocos minutos después entró Griselda, la única que mantenía la Fe y me dijo: 

–     ¿Ya viste lo que trajo don Juan? Limpió y arregló una docena de pescados para que hagamos ceviche. Ahora está platicando con Francisco (su esposo).

Pero me dijo que lo que nos haga falta, se lo pidamos sin pena.

Creo que entre los dos van a bajar unos aguacates de los árboles y podremos hacer guacamole. ¡Excelente noticia! ¿No crees?

¡CEVICHE! Esta palabra fue cómo un campanazo en mi cerebro y corrí a abrir mi Biblia…

El Evangelio de San Juan capítulo 14, v.12 estaba palpitante frente a mis ojos y me recordó la multiplicación de los panes y los pescados.

Entonces le pedí a Griselda que me acompañara a Orar.

Fuimos al Oratorio y le entregué TODO a Jesús.

En una pequeña cesta pusimos nuestros escasos víveres y también se los ofrendé a ABBA.

Y las dos alabamos a la Santísima Trinidad y le pedimos que repitiese aquel Milagro.

Dimos las Gracias por anticipado y regresamos a la cocina.

Preparamos los pescados, junto con 1k de jitomates y cuatro cebollas.

Lo pusimos en un bol grande y empezamos a preparar el ciento de tostadas de nos quedaban… Y a distribuirlas con tres tostadas por plato.

Y pusimos a los demás a repartir.

En mi interior cantaba alabanzas al Espíritu Santo y me concentraba en mi labor culinaria.

Yo preparaba sin mirar nada más, que una cucharada grande que depositaba en cada tostada; la distribuía sobre la tostada, mientras alababa y le rogaba al Señor que ayudara a mi Fe tan raquítica.

No sé cuánto tiempo transcurrió. Yo preparaba las tostadas y Griselda las entregaba para que las distribuyeran.

 ¡Sinceramente no entiendo CÓMO! El ceviche no se acababa y siempre parecía ser la misma cantidad. 

El colmo llegó cuando muchos preguntaban cuál era la receta, porque estaba muy sabroso y…

 ¡Todos repitieron plato! 

Y exactamente cuando todos estaban satisfechos, se acabó el ceviche.

Yo estaba muda por el asombro y el agradecimiento. ¡Y dejé de preocuparme por el día siguiente!

El Domingo terminó la evangelización y en la comida Jesús repitió el prodigio.

Con tres kg de frijoles recién cocidos y tres kg de tortillas aderezadas con un guacamole, ¡Comimos casi 300 personas!

A la olla sólo le agregamos  agua, mientras seguía hirviendo. Y han sido los frijoles más deliciosos de TODA mi vida.

Para concluir esto, también voy a platicarles cómo Jesús me enseñó a bendecir la basura.

Yo trabajaba y un día por muchas circunstancias unidas, nadie comió en la casa.

Cómo nadie lo hirvió, ni lo guardó en el refrigerador; un riquísimo Caldo de Res que tenía kilo y medio de carne y mucha verdura, se echó a perder.

¡Olía terriblemente mal! Y cuando estaba a punto de tirarlo, Jesús me dijo que lo bendijera.

Obedecí y ¡Oh, sorpresa! Ya no olía mal y cuando lo probé, tampoco sabía mal. 

LOS MILAGROS NO SON PARA QUE LOS SANTOS RESUELVAN SU COMODIDAD

Entonces pensé en reservarlo para la comida y Jesús me reprendió diciéndome que el Milagro no lo había hecho para mí.

Luego me enseñó a bendecirlo MULTIPLICÁNDOLO y me mandó que lo tirara en el cesto de la basura.

Y completó la enseñanza diciéndome que cuando tirara comida hiciera lo mismo y sus ángeles la llevarían a quién la estaba necesitando.

Cuando pasa el camión de la basura por mi casa, lo bendigo junto con TODOS los contenedores en el mundo.

MULTIPLICO todo su contenido alimenticio, al mismo tiempo que el DESPERDICIO de los privilegiados por la RIQUEZA,

Y SE LO ENTREGO A ABBA. 

Desde ese día dejé de sentirme culpable por el desperdicio de la comida y la Oración es más o menos así:

“Amadísimo Padre Celestial. Tú que Eres infinitamente Bueno. Infinitamente Poderoso. Infinitamente Misericordioso, escucha la Oración que te presento a través del Inmaculado Corazón de María y por la Sangre de Jesús:

Te doy Gracias porque en esta casa no hace falta nada y tu Amor nos provee hasta de las cosas que deseamos sin merecerlo.

(Con cada crucesita hay que hacer una bendición en el aire)

+ Yo bendigo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo estos alimentos y te ruego que los multipliques las veces que sea necesario.

+ en las mesas de los que no tienen que comer + Y se los des junto con tu Espíritu Santo para saciar también su hambre espiritual.

+ Gracias Padre Santo porque lo haces por tu infinita bondad y misericordia para los hijos que amas. Amén

Cristo espera que le AYUDEMOS a repartir su GENEROSIDAD

8 LAS BODAS DE CANÁ


8 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En la cocina de Pedro además de Jesús, están Pedro y su mujer, Santiago y Juan. Al parecer están en la sobremesa después de cenar  y están conversando.

Jesús muestra interés por la pesca y cada quién hace su aporte sobre el tema.

Entonces entra Andrés y dice:

–         Maestro, está aquí el dueño de la casa en que vives, con uno que dice ser tu primo.

Jesús se levanta y va hacia la puerta, diciendo que pasen.

Y cuando a la luz de la lámpara de aceite y de la lumbre del fogón, ve entrar a Judas Tadeo.

Exclama:

–         ¿Tú, Judas?

Tadeo responde:

–         Yo, Jesús.

Se besan. Judas Tadeo es un hombre apuesto, en la plenitud de la hermosura viril.

Es alto, aunque no tanto como Jesús, de robustez bien proporcionada, moreno como lo era San José de joven, de color aceitunado, no térreo.

Sus ojos son de tono azul pero con tendencia al violáceo. Tiene barba cuadrada y morena, cabellos ondulados y castaños como la barba.

–         Vengo de Cafarnaúm. He ido allí en barca y he venido también en barca para llegar antes. Me envía tu Madre con un mensaje:

«Susana se casa mañana. Te ruego, Hijo, que estés presente en esta boda». María participa en la ceremonia y con ella mi madre y los hermanos. Todos los parientes están invitados. Sólo Tú estarías ausente. Los parientes te piden que complazcas en esto a los novios.

Jesús se inclina ligeramente abriendo un poco los brazos y dice:

– Un deseo de mi Madre es ley para mí. Pero iré también por Susana y por los parientes. Sólo… lo siento por vosotros…

Y mirando a Pedro y a los otros, explica a su primo:

 –        Son mis amigos.

Y los nombra comenzando por Pedro. Por último dice:  

–        Y éste es Juan.

Su tono es tan especial, que mueve a Judas Tadeo a mirar más atentamente, provocando el rubor del predilecto.

Jesús termina la presentación diciendo:

–        Amigos, éste es Judas hijo de Alfeo, mi primo hermano, porque es hijo del hermano del esposo de mi Madre; un buen amigo mío en el trabajo y en la vida.

Pedro lo invita:

 –       Mi casa está abierta para ti como para el Maestro. Siéntate.

Luego dirigiéndose a Jesús, Pedro dice:

–        ¿Entonces? ¿Ya no vamos contigo a Jerusalén?

Jesús responde:

–        Claro que vendréis. Iré después de la fiesta. Únicamente que ya no me detendré en Nazaret.

–        Haces bien, Jesús, porque tu Madre será mi huésped durante algunos días. Así hemos quedado, y volverá a mi casa también después de la boda – esto dice el hombre de Cafarnaúm.

–         Entonces lo haremos así. Ahora, con la barca de Judas, Yo iré a Tiberíades y de allí a Caná. Y con la misma barca volveré a Cafarnaúm con mi Madre y contigo.

El día siguiente después del próximo sábado te acercas, Simón si todavía quieres, e iremos a Jerusalén para la Pascua.

–           ¡Sí que querré! Incluso iré el sábado para oírte en la sinagoga. 

Tadeo pregunta:

–           ¿Ya predicas, Jesús?

–           Sí, primo.

Santiago de Zebedeo:

   –        ¡Y qué palabras! ¡No se oyen en boca de otros!

Tadeo suspira. Con la cabeza apoyada en la mano y el codo sobre la rodilla, mira a Jesús y suspira. Parece como si quisiera hablar y no se atreviera.

Jesús lo anima para que hable:

–           ¿Qué te pasa, Judas? ¿Por qué me miras y suspiras?

–           Nada.

–           No. Nada no. ¿Ya no soy el Jesús que tú estimabas? ¿Aquel para quien no tenías secretos?

–           ¡Sí que lo eres! Y cómo te echo de menos a ti, Maestro de tu primo más mayor…

–           ¿Entonces? Habla.

–           Quería decirte… Jesús, sé prudente. Tienes una Madre que aparte de ti no tiene nada. Tú quieres ser un «rabí» distinto de los demás.

Y sabes mejor que yo, que las castas poderosas no permiten cosas distintas de las usuales, establecidas por ellos.

Conozco tu modo de pensar, es santo. Pero el mundo no es santo y oprime a los santos.

Jesús, ya sabes cuál ha sido la suerte de tu primo Juan…

Lo han apresado y si todavía no ha muerto es porque ese repugnante Tetrarca tiene miedo del pueblo y del rayo divino. Asqueroso y supersticioso, como cruel y lascivo.

SAN JUAN BAUTISTA

¿Qué será de ti? ¿Qué final te quieres buscar?

  –         Judas, ¿Me preguntas esto tú, que conoces tanto acerca de mi pensamiento? ¿Hablas por propia iniciativa? No. ¡No mientas!

Te han mandado, no mi Madre por supuesto, a decirme esto…

Judas baja la cabeza y calla.

–           Habla, primo.

–           Mi padre… y con él José y Simón. Sabes, por tu bien… por afecto hacia ti y María. No ven con buenos ojos lo que te propones hacer… Y querrían que Tú pensaras en tu Madre…

–           ¿Y tú qué piensas?

–           Yo… yo.

–           Tú te debates entre las voces de arriba y de la Tierra. No digo de abajo, digo de la Tierra. También vacila Santiago, aún más que tú.

Pero Yo os digo que por encima de la Tierra está el Cielo, por encima de los intereses del mundo está la causa de Dios. Necesitáis cambiar de modo de pensar. Cuando sepáis hacerlo seréis perfectos.

–           Pero… ¿Y tu Madre?

–           Judas, sólo Ella tendría derecho a recordarme mis deberes de hijo, según la luz de la Tierra. O sea, mi deber de trabajar para Ella, para hacer frente a sus necesidades materiales, mi deber de asistencia y consolación estando cerca de mi Madre.

Y Ella no me pide nada de esto. Desde que me tuvo, Ella sabía que habría de perderme, para encontrarme de nuevo con más amplitud que la del pequeño círculo de la familia.

Y desde entonces se ha preparado para esto.

No es nueva en su sangre esta absoluta voluntad de donación a Dios. Su madre la ofreció al Templo antes de que Ella sonriera a la luz.

Y Ella me lo ha dicho las innumerables veces que me ha hablado de su infancia santa, teniéndome contra su corazón en las largas noches de invierno o en las claras de verano llenas de estrellas.  

Y Ella se ofreció a Dios ya desde aquellas primeras luces de su alba en el mundo.

Y más aún se ofreció cuando me tuvo, para estar donde Yo estoy, en la vía de la Misión que me viene de Dios.

 Llegará un momento en que todos me abandonen. Quizás durante pocos minutos, pero la vileza se adueñará de todos…

Y pensaréis que hubiera sido mejor, por cuanto se refiere a vuestra seguridad, no haberme conocido nunca.

Pero Ella, que ha comprendido y que sabe, Ella estará siempre conmigo. Y vosotros volveréis a ser míos por Ella.

María le enseñó a dar los primeros pasos a QUIÉN ES el CAMINO.

Con la fuerza de su amorosa, segura Fe, Ella os aspirará hacia sí, y, por tanto hacia Mí, porque Yo estoy en mi Madre y Ella en mí, y Nosotros en Dios.

Esto querría que comprendierais vosotros todos, parientes según el mundo, amigos e hijos según lo sobrenatural. Tú y contigo los otros, no sabéis Quién es mi Madre.

Si lo supierais, no la criticaríais en vuestro corazón por no saberme tener sujeto a Ella, sino que la veneraríais como a la Amiga más íntima de Dios,

LA PODEROSA QUE TODO LO PUEDE EN ORDEN AL CORAZÓN DEL ETERNO PADRE,

que todo lo puede en orden al Hijo de su corazón.

Ciertamente iré a Cana. Quiero hacerla feliz. Comprenderéis mejor después de esta hora.

Jesús ha sido majestuoso y persuasivo.

Judas lo mira atentamente. Piensa.

Y dice:

–          Yo también sin duda iré contigo, con esto, si me aceptas… porque siento que dices cosas justas. Perdona mi ceguera y la de mis hermanos. ¡Eres mucho más santo que nosotros!…

–          No guardo rencor a quien no me conoce. Ni siquiera a quien me odia. Pero me duele por el mal que a sí mismo se hace. ¿Qué tienes en esa bolsa?–          La túnica que tu Madre te manda. Mañana será una gran fiesta. Ella piensa que su Jesús la necesita para no causar mala impresión entre los invitados.

Ha estado hilando incansable desde las primeras luces hasta las últimas, diariamente, para prepararte esta túnica. Pero no ha ultimado el manto. Todavía le faltan las orlas. Se siente desolada por ello.

–          No hace falta. Iré con éste. Y aquél lo reservaré para Jerusalén. El Templó es más que una boda. Ella se alegrará.

Pedro dice:

 –          Si queréis estar para el alba en el camino que lleva a Caná, os conviene levar anclas enseguida. La Luna sale, la travesía será buena.

Jesús se despide:

–           Vamos entonces. Ven, Juan. Te llevo conmigo. Simón Pedro, Santiago, Andrés, ¡Adiós! Os espero el sábado por la noche en Cafarnaúm. ¡Adiós! mujer. Paz a ti y a tu casa.

Salen Jesús con Judas y Juan.

Pedro los sigue hasta la orilla y colabora en la operación de partida de la barca.

Al día siguiente…  

En una característica casa oriental: un cubo blanco más ancho que alto, con raras aberturas, terminada en una azotea que está rodeada por un pequeño muro de aproximadamente un metro de alto.

Y sombreada por una pérgola de vid que trepa hasta allí y extiende sus ramas sobre más de la mitad de esta soleada terraza que hace de techo.

Una escalera exterior sube a lo largo de la fachada hasta una puerta, que se abre a mitad de altura.

En el nivel de la calle hay unas puertas bajas y distanciadas, no más de dos por cada lado, que dan a habitaciones también bajas y oscuras.

La casa se alza en medio de un espacio amplio mitad jardín y huerto, que tiene en el centro un pozo. Hay higueras y manzanos.

Su parte frontal mira hacia el camino y un sendero  entre la hierba, la une a lo que parece un camino principal.

Pareciera  que la casa está en la periferia de Cana en un campo se extiende tras la casa con sus lejanías verdes y apacibles. El cielo está sereno y despejado.

 Se acercan dos mujeres con amplios vestidos y un manto que hace también de velo.

Vienen por el camino y luego por el sendero. Una pareciera de  cincuenta años y viste de oscuro. La otra como de treinta y cinco años, trae un vestido amarillo pálido y manto azul.

Es muy hermosa, esbelta y tiene un porte lleno de dignidad, a pesar de ser toda gentileza y humildad.

Cuando está más cerca, se ve el color pálido del rostro, los ojos azules y los cabellos rubios que pueden verse sobre la frente bajo el velo. Es María Santísima.

Hablan entre ellas. La Virgen sonríe. Cerca ya de la casa, alguien encargado de ver quiénes van llegando, lo comunica.

Y salen a su encuentro hombres y mujeres, todos vestidos de fiesta, que las acogen con gran alegría, especialmente a María.

Son las primeras horas de la mañana y se nota en el campo que tiene ese aspecto fresco por el rocío que hace aparecer más verde a la hierba y por el aire aún exento de polvo.

La estación primaveral  se engalana en el trigo de los campos aún tierno y sin espiga, todo verde.

Las hojas de la higuera y del manzano están tiernas y también las de la parra. Pero no hay flores, ni frutos en ningún árbol.  

María, agasajada por el dueño de la casa, un anciano que la acompaña y que es también su pariente, sube la escalera exterior y entra en una amplia sala que parece ocupar una buena parte de la planta alta.

Los recintos de la planta baja son las habitaciones, las despensas, los trasteros y las bodegas.

Mientras que ésta sería el recinto reservado para usos especiales, como fiestas de carácter excepcional como hoy, que ha sido adornado con ramas verdes, esterillas y mesas ricamente surtidas de viandas.

En el centro, suntuosamente provista de manjares, hay una de estas mesas; encima, ya preparado, ánforas y platos colmados de fruta.

A lo largo de la pared está otra mesa, aderezada, aunque menos ricamente.

Y en la pared opuesta hay una especie de largo aparador y encima de él platos con quesos, tortas con miel, dulces y otros manjares.

En el suelo junto a esta misma pared, hay otras ánforas, una especie de tinajas y tres grandes recipientes con forma de jarras de cobre.

María escucha benignamente a todos; después se quita el manto y ayuda a terminar los preparativos del banquete.

Va y viene, poniendo en orden los divanes, acomodando las guirnaldas de flores, mejorando el aspecto de los fruteros, comprobando si en las lámparas hay aceite.

Sonríe y habla poquísimo y en voz muy baja; pero escucha mucho y con mucha paciencia.

Un gran rumor de instrumentos musicales viene del camino.

Todos menos María, corren afuera. Entra la novia toda adornada y feliz, rodeada de parientes y amigos; al lado del novio, que ha sido el primero en salir presuroso a su encuentro.

Mientras tanto en el camino principal, Jesús vestido de blanco con un manto azul marino, viene con Juan y Judas Tadeo.

Al oír el sonido de los instrumentos, el compañero de Jesús pregunta algo a un aldeano y transmite la respuesta a Jesús.

Jesús sonríe ampliamente y dice:

–          Vamos a darle una satisfacción a mi Madre.

Y se encamina por las tierras, con sus dos compañeros, hacia la casa.

Cuando Jesús llega, el vigía avisa a los demás.

El dueño de la casa junto con su hijo el novio y con María, bajan a su encuentro y lo saludan respetuosamente. Reciben cariñosamente a los recién llegados.

Cuando se encuentran Madre e Hijo hay un saludo lleno de amor y de respeto.

–        La paz está contigo» va acompañada de una mirada y una sonrisa de tal naturaleza, que valen por cien abrazos y cien besos.

 El beso tiembla en los labios de María pero no lo da. Sólo pone su mano blanca y menuda sobre el hombro de Jesús y apenas le toca un rizo de su larga cabellera.

Jesús sube al lado de su Madre; detrás los discípulos y los dueños de la casa.

Entra en la sala del banquete, donde las mujeres se ocupan de añadir asientos y cubiertos para los tres invitados en la mesa principal.

Se expande por todo el lugar la Voz de tenor, viril y llena de dulzura del Maestro decir al poner pie en la sala:

–          La paz sea en esta casa y la bendición de Dios descienda sobre todos vosotros.

Un saludo global y lleno de majestad para todos los presentes.

Jesús domina con su aspecto y estatura a todos. Es el invitado, pero parece el rey del convite más que el novio, más que el dueño de la casa.

Jesús toma asiento en la mesa del centro, con los novios, los parientes de los novios y los amigos más notables.

A los dos discípulos, por respeto al Maestro, se les coloca en la misma mesa.

Jesús está de espaldas a la pared en que están las tinajas y los aparadores.

Por ello no lo ve, como tampoco ve el afán del mayordomo con los platos de asado, que van siendo introducidos por una puertecita que está junto a los aparadores.

Hay una cosa notable: menos las respectivas madres de los novios y menos María, ninguna mujer está sentada en esa mesa.

Todas las mujeres están y meten bulla como si fueran cien, en la otra mesa que está pegando a la pared.

Y se las sirve después de que se ha servido a los novios y a los invitados importantes.

Jesús está al lado del dueño de la casa. Tiene enfrente a María, que está sentada al lado de la novia.

El banquete comienza. No falta el apetito, ni tampoco la sed. Los que comen y beben poco son Jesús y su Madre la cual además, casi no habla.

Jesús es parco de palabras. Es un hombre afable que expone su parecer, pero después se recoge en sí como quien está habituado a meditar.

Sonríe y María se alimenta de la contemplación de su Jesús, como Juan; que está hacia el fondo de la mesa y atentísimo a los labios de su Maestro.

María se da cuenta de que los criados cuchichean con el mayordomo y de que éste está turbado.

Y comprendiendo lo que sucede.

Llama la atención de Jesús:

–        Hijo – dice en voz muy baja- Hijo, no tienen más vino.

Jesús sonríe aún más dulcemente al decir:

 –      Mujer, ¿Qué hay YA entre tú y Yo?

Y sonríe María, como dos que saben una verdad, que es su gozoso secreto y que ignoran todos los demás.

Jesús explica el significado de la frase:

Ese «ya», que muchos traductores omiten, es la clave de la frase y explica su verdadero significado.

Yo era el Hijo sujeto a la Madre hasta el momento en que la voluntad del Padre me indicó que había llegado la hora de ser el Maestro.

Desde el momento en que mi misión comenzó, ya no era el Hijo sujeto a la Madre, sino el Siervo de Dios.

Rotas las ligaduras morales hacia la que me había engendrado, se transformaron en otras más altas, se refugiaron todas en el espíritu, el cual llamaba siempre «Mamá» a María, mi Santa.

El amor no conoció detenciones, ni enfriamiento, más bien habría que decir que jamás fue tan perfecto como cuando, separado de Ella como por una segunda filiación,

Ella me dio al mundo para el mundo, como Mesías, como Evangelizador.

Su tercera sublime mística maternidad, tuvo lugar cuando, en el suplicio del Gólgota, me dio a luz a la Cruz, haciendo de mí el Redentor del mundo.

«¿Qué hay ya entre tú y Yo?». Antes era tuyo, únicamente tuyo. Tú me mandabas, yo te obedecía. Te estaba «sujeto».

Ahora soy de mi Misión.

¿Acaso no lo he dicho?: «Quien, una vez puesta la mano en el arado, se vuelve hacia atrás a saludar a quien se queda, no es apto para el Reino de Dios».

Yo había puesto la mano en el arado para abrir con la reja no la tierra sino los corazones y sembrar en ellos la palabra de Dios.

Sólo levantaría esa mano una vez arrancada de allí para ser clavada en la Cruz y abrir con mi torturante clavo el corazón del Padre mío, haciendo salir de él el Perdón para la Humanidad.

Ese «ya», olvidado por la mayoría, quería decir esto:

«Has sido todo para mí, Madre, mientras fui únicamente el Jesús de María de Nazaret, y me eres todo en mi espíritu.

Pero desde que soy el Mesías esperado, soy del Padre mío.

Espera un poco todavía y acabada la Misión, volveré a ser todo tuyo; me volverás a tener entre los brazos como cuando era niño,

y nadie te disputará ya este Hijo tuyo, considerado un Oprobio de la Humanidad, la cual te arrojará sus despojos para cubrirte incluso a tí del oprobio de ser madre de un reo.

Y después me tendrás de nuevo, Triunfante.

Y después me tendrás para siempre, tú también triunfante, en el Cielo.

Pero ahora soy de todos estos hombres. Y soy del Padre que me ha mandado a ellos».

Esto es lo que quiere decir ese pequeño y tan denso de significado, «ya».

Entonces…

María ordena a los criados:

–        Haced lo que El os diga.

María ha leído en los ojos sonrientes del Hijo el asentimiento, revestido de una gran enseñanza para todos los «llamados».

Y Jesús ordena a los criados:

–        Llenad de agua los cántaros.

Inmediatamente los criados obedecen y llenan las tinajas de agua traída del pozo, se oye rechinar la polea subiendo y bajando el cubo que gotea.

Luego el mayordomo sirve en una copa un poco de ese líquido con ojos de estupor, probarlo con gestos de aún más vivo asombro, degustarlo y hablarles al dueño de la casa y al novio.

María mira una vez más al Hijo y sonríe.

Luego, tras una nueva sonrisa de Jesús, inclina la cabeza ruborizándose tenuemente; se siente muy dichosa. 

Un murmullo recorre la sala, las cabezas se vuelven todas hacia Jesús y María; hay quien se levanta para ver mejor, quien va a las tinajas…

Sigue un profundo silencio y después, un coro de alabanzas a Jesús.

Pero Él se levanta y dice:

–         Agradecédselo a María.

Y se retira del banquete. Los discípulos lo siguen.

En el umbral de la puerta vuelve a decir:

–         La paz sea en esta casa y la bendición de Dios descienda sobré vosotros – y añade: – Adiós, Madre.

Jesús dice:

 Cuando dije a los discípulos: «Vamos a hacer feliz a mi Madre», había dado a la frase un sentido más alto de lo que parecía.

No la felicidad de verme, sino de ser Ella la iniciadora de mi actividad taumatúrgica y la primera benefactora de la Humanidad.

Recordadlo siempre: mi primer milagro se produjo por María; el primero: símbolo de que es María la llave del milagro.

Yo no niego nada a mi Madre.

Por su Oración anticipo incluso el tiempo de la Gracia.

Yo conozco a mi Madre, la segunda en bondad después de Dios. Sé que concederos una gracia es hacerla feliz, porque es la Toda Amor.

Por esto, sabiéndolo, dije; «Vamos a hacerla feliz».

Además quise mostrar al mundo su potencia junto a la mía.

Destinada a unirse a mí en la carne, puesto que fuimos una carne: Yo en Ella, Ella en torno a mí, como pétalos de azucena en torno al pistilo oloroso y colmado de vida

Destinada a unirse a mí en el Dolor, puesto que estuvimos en la cruz Yo con la carne y Ella con su espíritu.

De la misma forma que la azucena perfuma tanto con la corola como con la esencia que de ésta se desprende, era justo unirla a mí en la Potencia que se muestra al mundo.

Os digo a vosotros lo que les dije a aquellos invitados:

«Dad gradas a María. Por Ella os ha sido dado el Dueño del milagro y por Ella tenéis mis gracias, especialmente el Perdón». 

CARISMA DE MILAGROS 1


IMITAR AL MAESTRO, ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Acaba de suceder el asesinato de San Juan Bautista en Maqueronte.

Ya es de noche cuando Jesús regresa a la casa. Entra sin hacer ruido. Sube la escalera.

En la gran habitación de arriba, están todos. Nadie habla y nadie duerme.

Jesús entra despacio y Tomás es el primero que lo ve.

Pega un brinco y dice:

–     ¡Oh, Maestro!

Todos se acercan y Jesús con voz cansada, como de quién ha sufrido mucho; responde a las condolencias que le muestran:

–      Lo comprendo. Pero solo quien no cree, puede sentirse desolado ante la muerte. Nosotros sabemos y creemos.

Juan no se ha separado de nosotros. Ahora, él está cerca de Mí. ¿Ya cenasteis?

Pedro dice:

–       No, Maestro. Te estábamos esperando. Ya estábamos preocupados por tu retraso.

–      ¡Ea! Preparad la cena, porque luego iremos a otras partes. Tengo necesidad de aislarme entre mis amigos. Y mañana, si nos quedamos aquí, nos veremos rodeados de gente.

–       Yo te juro que no lo soportaría. Y mucho menos a esas almas viperinas de los fariseos. ¡Y sería muy duro que se les escapase una sonrisa en la sinagoga al vernos!

–      Bien Simón. También pensé en esto y por eso vine para llevaros.

Rodeado de los suyos, ofrece y distribuye el parco alimento que comen sin ganas. La cena termina en unos minutos.

Jesús dice para animarlos:

–       Contadme qué habéis hecho.

Pedro comenta:

–      Estuve con Felipe en la campiña de Betsaida. Predicamos el Evangelio y curamos a un niño.

Felipe, que no quiere apropiarse de una gloria que no le pertenece, aclara:

–       Fue Simón quién lo curó.

Pedro agrega:

–      ¡Oh, Señor! No sé cómo lo hice. Rogué mucho con todo el corazón. Sentí mucha compasión por el niño. Lo ungí con el aceite y lo froté con mis manos ásperas… Y se curó.

Cuando ví que el color volvía a su carita y abrió sus ojitos. Que revivía, en una palabra; casi hasta tuve miedo.

Jesús le pone la mano en la cabeza, sin decir nada.

Tomás explica:

–      Juan llamó la atención, porque arrojó a un demonio. Pero a mí me tocó hablar.

Mateo añade:

–     También lo hizo tu hermano Judas Tadeo.

Santiago de Alfeo agrega:

–      Pues también Andrés. 

Recuerden esto, cuando los lleven a misionar con el Coronavirus…

Bartolomé relata:

–      Simón Zelote curó a un leproso. ¡Oh! ¡No tuvo miedo de tocarlo! A mí me dijo después: ‘No tengas miedo.

A nosotros no se nos pega ningún mal físico, por voluntad de Dios.’

Jesús confirma:

–       Dijiste bien, Simón. ¿Y vosotros dos?

Santiago de Zebedeo estaba hablando con los tres pastores, discípulos del Bautista.

Y Judas está solo y con la cara mustia.

Santiago de Zebedeo:

–      ¡Oh! Yo no hice nada. Pero Judas hizo grandes milagros: curó a un ciego, un paralítico y un endemoniado. A mí me pareció que era un lunático. Pero la gente así lo afirmó…

Pedro pregunta:

–      ¿Y por qué estás con esa cara, si Dios te ayudó?

Judas responde con altanería:

–       También sé ser humilde.

Santiago continúa:

–       Hasta fuimos huéspedes de un fariseo. Yo me sentí mal. Pero como Judas tiene mucho tacto, se adaptó y le quitó los humos.

El primer día estaba muy soberbio. Pero luego… Todo cambió… ¿Verdad Judas?

Éste asiente sin decir una palabra.  

Jesús dice:

–        Muy bien. y lo haréis siempre mejor. La próxima semana, estaremos juntos. Simón, ve con Santiago a preparar las barcas.

Pedro objeta:

–      ¿Para todos, Maestro? No cabemos.

–     ¿No puedes conseguir otra?

–      Si se la pido a mi cuñado, sí. Voy a verlo.

–      Ve. No le des muchas explicaciones.

Parten los cuatro pescadores. Los demás bajan a tomar sus alforjas y mantos.

Mannaém es el hermano de leche, de Herodes Antipas. 

Se queda solo Mannaém con Jesús.

Mannaém pregunta:

–      ¿Maestro, vas lejos?

Jesús contesta:

–      Están cansado y afligidos. También Yo. Pensaba ir a Tariquea. Por los campos, para aislarme en medio de la paz…

–      Traigo caballo, Maestro. Si me permites, te seguiré a lo largo del lago. ¿Estarás mucho tiempo fuera?

–      Una semana. No más.

–      Entonces regresaré, Maestro. Bendíceme esta vez que es la primera en que nos despedimos. Quítame un peso del corazón.

–      ¿Cuál Mannaém?

–      El remordimiento de haber abandonado a Juan. Tal vez si hubiera estado…

–      No. Era su hora. Yo sé que él estuvo contento al ver que venías a verme. No tengas este peso.

Más bien trata de librarte pronto del único peso que tienes: el gusto de ser hombre. Hazte espíritu Mannaém. Lo puedes. Tienes la capacidad para hacerlo…

Hasta pronto, Mannaém. Mi Paz sea contigo.

Mannaém se arrodilla y Jesús lo bendice. Lo levanta y lo besa.

Vuelven a entrar los demás y regresan los pescadores.

–        Está arreglado, Maestro. Podemos irnos.

–        Está bien. despídanse de Mannaém que se queda aquí, hasta mañana por la tarde.

Recoged los alimentos y el agua para el camino y vámonos. No hagáis ruido.

Todos se despiden de Mannaém que se queda en el umbral y se van por la calle solitaria, bañada por la luna.

Se dirigen al lago y suben a las barcas…

Varios días después…

Cuando Jesús pone pie en la ribera del Jordán, cerca de Tariquea.

Mucha gente lo está esperando. Y le vienen al encuentro sus primos, con Simón Zelote.

Éste dice:

–      Maestro, las barcas nos denunciaron… tal vez Mannaém fue también una señal.

Mannaém se excusa:

–      Maestro, partí de noche para que nadie me viera y no hablé con nadie. Créemelo. Cuando me preguntaron que donde estabas, siempre respondí: ‘Ya partió’

Creo que la culpa la tiene un pescador, que dijo que te había dado su barca…

Pedro grita:

–      ¡Ése imbécil de mí cuñado! ¡Y se lo dije que no hablase! ¡Le dije que íbamos a Betsaida y que si hablaba le arrancaba la barba!

¡Y lo voy a hacer! ¡Oh, que si se la arranco! ¿Y ahora? ¡Adiós paz, aislamiento y descanso!…

Jesús declara:

–       Está bien Simón. Nosotros ya tuvimos nuestros días de paz. Además, parte de lo que me proponía lo obtuve:

adoctrinaros, consolaros y tranquilizaros; para impedir ofensas y choques con los fariseos de Cafarnaúm.

Ahora vamos con esas personas que nos aguardan. Vamos a premiar su Fe y su amor. ¿Y acaso no es este amor, algo que consuela? Sufrimos por el odio. Aquí hay amor y por lo tanto, gozo.

Pedro se calma como un viento que se apacigua en un instante.

Jesús va hacia el grupo de enfermos que lo esperan con el deseo clavado en su rostro. Cura a uno por uno con amor y con mansedumbre. 

Incluyendo al hijo de un escriba que le dice:

–       ¿Lo ves? Huyes. Pero es inútil hacerlo. Odio y amor son sagaces en encontrar. Aquí te encontró el amor, como se dice en el Cántico.

Para muchos, eres ya el Esposo del Cántico. Se acerca uno a Ti como la Sulamita; desafiando los guardias de ronda y las cuadrigas de Aminadaf.

Jesús lo mira con dolor, porque con el Don de leer corazones y que para nosotros SERÁ IMPRESCINDIBLE, en estos tiempos…

Le pregunta:

–      ¿Por qué dices esto? ¿Por qué?

–      Porque es verdad. Venir es peligroso, pues eres odiado. ¿No sabes que Roma te espía y que el Templo te aborrece?

–     ¿Por qué me tientas? Pones trampas en tus palabras para trasmitir al Templo y a Roma, mis respuestas. No te curé a tu hijo con trampas…

El escriba, al oír el suave reproche; avergonzado baja la cabeza  y confiesa:

–      Veo que realmente lees en los corazones de los hombres. Perdóname.

Veo que realmente eres santo. Perdóname. Vine trayendo dentro de mí el fermento que otros me pusieron…

–      Y que encontró un  lugar propicio…

–      Así es. Es la verdad. Pero ahora regreso sin este fermento. Esto es, me voy con uno nuevo.

–      Lo sé. Y no te guardo rencor. Muchos son culpables por su voluntad. Otros por la ajena. Diferente será la medida con que Dios los juzgará.

Tú escriba, trata de ser justo y de no corromperte en lo futuro, como eras antes.

Cuando el mundo te presione mira la gracia viviente que es tu pequeño hijo, que fue salvado de la muerte… Y sé agradecido con Dios.  

Jesús Dios Encarnado se considera humanamente un siervo y esto no debemos olvidarlo, con la euforia que nos produce el vernos a nosotros mismos «milagreando»

Se le atribuye el don de la bilocacion. Sin salir de Lima, fue visto en México, en África, en China y en Japón, animando a los misioneros que se encontraban en dificultad o curando enfermos. Mientras permanecía encerrado en su celda, lo vieron llegar junto a la cama de ciertos moribundos a consolarlos o curarlos. Muchos lo vieron entrar y salir de recintos, estando las puertas cerradas. En ocasiones salía del convento, a atender a un enfermo grave y volvía luego a entrar sin tener llave de la puerta y sin que nadie le abriera. Preguntado cómo lo hacía, siempre respondía: ‘yo tengo mis modos de entrar y salir.

¡Mucho CUIDADO con Satanás!

El escriba reafirma:

–      Y contigo. 

Jesús corrige con firmeza:

–      Con Dios. A Él se le dé toda gloria y alabanza. Soy su Mesías y Soy el primero en alabarlo y glorificarlo. El primero en obedecerlo.

Pues el hombre no se envilece honrando y sirviendo a Dios en verdad. Se envilece sirviendo al pecado.

–       Dices bien. ¿Siempre hablas así? ¿Para todos?

–       Para todos. La verdad es sólo una.

–       Habla entonces. Porque todos estamos aquí, mendigos de una palabra tuya o de una gracia tuya. Y una vez más…  Perdóname.

Era sincero en mis convicciones. Creía servir a Dios combatiéndote.

–       Eres sincero y por esto mereces comprender a Dios, que no es mentira. Pero tus convicciones no han muerto todavía. Yo te lo digo.

Son como la grama que se quema. Por arriba parece muerta, pues el fuego es duro. Pero las raíces están vivas.

Si no vigilas te verás nuevamente invadido por la grama. ¡Israel es duro para morir!

–      ¿Por qué debe morir Israel? ¿Es una planta mala?

–       Debe morir para resucitar.

–       ¿A una reencarnación espiritual?

–        A una evolución espiritual. No hay reencarnaciones de ninguna clase.

LA MENTIRA QUE IMPIDE LA BÚSQUEDA DE LA SANTIDAD Y ESPOLEA LA IDEA DE LA IMPUNIDAD ANTE EL CASTIGO.

Especialmente los Saduceos…

–      Hay quienes creen en esto.

–      Están en un error.

–      El helenismo nos ha traído también estas creencias. Y los doctos se alimentan de ellas y se glorían como de un alimento delicadísimo.

–      Contradicción absurda en que incurren los que lanzan el anatema, a los que no observan los seiscientos trece preceptos menores.

–       Es verdad. Pero las cosas son así. Agrada imitar lo que más se odia.

–       Entonces imitadme, pues me odiáis. Y será mejor para vosotros.

El escriba no puede evitar sonreír ante esta inesperada salida de Jesús.

La gente los escucha con la boca abierta.

–        Pero Tú en confianza dime, ¿Qué crees que sea la reencarnación?

–        Un error. Ya te lo dije.

LA FALACIA DE LA REENCARNACIÓN

–      Hay quienes dicen que los vivos nacen de los muertos. Y los muertos de los vivos porque lo que existe no se destruye.

–      Lo que es eterno, en realidad no se destruye. Pero dime según tú, ¿El Creador conoce límites?

–      No, Maestro. ¡Ni pensarlo!

–      Dijiste bien. ¿Puede entonces imaginarse que Él permitiría que un espíritu se reencarne porque no puede haber otros espíritus?

–      No se debería pensar en esto y con todo, hay quién lo piensa así.

–      Y lo que es peor: En Israel se piensa en ello. El pensamiento en la inmortalidad del alma, debería ser perfecto en un israelita.

El espíritu no trasmigra sino del Creador a la existencia y de ésta, al Creador… Ante quién se presenta después de la vida, para que se le juzgue digno de vida o muerte.

Ésta es la verdad. Y a donde se le envía, allí se queda para siempre.

–       ¿No admites el Purgatorio?

–       Sí. ¿Por qué lo preguntas?

En el Purgatorio tenemos que APRENDER a AMAR HASTA ALCANZAR LA SANTIDAD, completamente SOLOS, sin la ayuda Divina…

–       Porque dijiste: ‘A donde se le envía, allí se queda’ El Purgatorio es temporal.

–       Exactamente. Al decir vida eterna, lo introduzco en este pensamiento. El Purgatorio es ya vida. Amortecida pero vital…  

Después de la estadía temporal en el Purgatorio, el espíritu conquista la vida perfecta. La alcanza sin límites.

Dos cosas quedarán: El Cielo y El Abismo. El Paraíso y El Infierno.

Dos categorías: los Bienaventurados y los condenados.

Pero de los tres reinos que ahora existen, ningún espíritu volverá a revestirse de carne; sino hasta que llegue la Resurrección Final

que terminará para siempre con la encarnación de los espíritus en los cuerpos, de lo inmortal en lo mortal.

–       De lo eterno, ¿No?

–       Eterno es Dios. La eternidad consiste en no tener ni principio, ni fin. Y esto es Dios.

La inmortalidad consiste en seguir viviendo, desde el momento en que se empezó a vivir. Y esto es el espíritu del hombre. He aquí la diferencia.

–       ¿Y Tú?

–       Yo viviré, porque también Soy Hombre y al espíritu divino uní el alma del Cristo en cuerpo humano.

–      Dios es llamado ‘El que vive’.

–      Y así es. No conoce la muerte. Él es vida. Vida inagotable. No vida de Dios, sino Vida. Sólo esto. Son minucias, ¡Oh, escriba!

Pero es en las minucias donde se esconde sabiduría y verdad.

–      ¿Así hablas  a los gentiles?

–      No así. No entenderían. Les muestro el sol, como lo mostraría a un niño que ha sido ciego y corto de inteligencia. Y que curado milagrosamente, recibe también una gran capacidad intelectual. 

Pero vosotros de Israel no sois ciegos, ni cortos de inteligencia. Hace siglos que el dedo de Dios os abrió los ojos y despejó vuestra mente…

–      Es verdad, Maestro. Y sin embargo somos ciegos y cortos de inteligencia.

–      Os habéis hecho así. No queréis el milagro que os ama.

–      Maestro…

–      Es verdad, escriba.

Éste baja la cabeza y calla.

Jesús lo deja y sigue avanzando. Al pasar cerca de Marziam y del hijo del escriba que juegan con unas piedras de colores, los acaricia.

Horas más tarde los rayos del sol se filtran a través de los árboles, tiñéndolos con el tinte grisáceo del atardecer.

Los apóstoles se lo hacen notar a Jesús, que continúa adoctrinando.

–      Maestro, ya es tarde.

–      El lugar es solitario y no hay caseríos o poblados.

–      Dí al pueblo que se vaya a Tariquea o a los poblados, para que compre alimentos y busque alojamiento.

Jesús responde:

–       No es necesario que se vayan. Dadles de comer. Pueden dormir igual que como lo hicieron por esperarme.

–       No quedan sino cinco panes y dos pescados, Maestro. Lo sabes.

–       Traédmelos.

Andrés va a buscar a Marziam que es el que trae la bolsa. Lo encuentra jugando con otros niños.

Y le dice:

–       Ven, Marziam. ¡El Maestro te necesita!

Marziam deja plantados a sus amiguitos y rápido va.

Los otros niños lo siguen y pronto, Jesús se ve rodeado del grupo de pequeñuelos.

Los acaricia mientras Felipe saca de la bolsa un envoltorio con pan y dos gruesos pescados asados.

Le presentan al Maestro estos alimentos que son insuficientes para los dieciocho que forman la comitiva apostólica. .

Enseguida Jesús ordena:

–      Está bien. Traedme cestos. Diecisiete. Cuantos sois vosotros. Marziam dará comida a los niños…

Jesús mira detenidamente al escriba que no se separa de Él y le pregunta:

–      ¿Quieres también tú dar comida, a los que tienen hambre?

–       Lo querría, pero ni yo mismo la tengo.

–       Dales de la mía. Te lo permito.

–       Pero… ¿Piensas dar de comer a cinco mil hombres; además de las mujeres y los niños con dos pescados y esos cinco panes?

O cinco millones, ¿Quién puede ponerle límites a Dios? Al romper las leyes matemáticas, MULTIPLICAREMOS las veces que sea necesario…

PORQUE EL CORONAVIRUS TRAE UNA ESTELA DE HAMBRUNA…

Jesús confirma:

–       Sin duda. No seas incrédulo. Quién cree, verá realizarse el milagro.

–       ¡Oh! ¡Entonces yo también quiero distribuir la comida!

–       Bien. Haz que te den un canasto.

Regresan los apóstoles con canastos de todos tamaños. Grandes y pequeños.

–       Está bien. Poned todo delante. Haced sentar a la gente en orden, en líneas regulares, lo más que se pueda.

Y mientras hacen esto, Jesús levanta el pan con los pescados encima.

Los ofrece, ora y los bendice.

El escriba no le quita los ojos de encima, ni un instante.

Enseguida Jesús despedaza en dieciocho partes, los cinco panes y  los dos pescados.

ORACIÓN + FE = MILAGROS

Pone uno de cada cosa en cada cesto.  

Y dice:

–       Tomadla hora y dad cuanto quieran. Id. Marziam, vete a dar a tus compañeritos.

El niño levanta el cesto que le correspondió y se lo lleva a los otros niños.

Y exclama:

–      ¡Oh, qué pesado! –Y camina penosamente como si llevase una carga muy pesada.

Los apóstoles, los discípulos, Mannaém, el escriba; miran dudosos su andar…

Luego toman sus canastos y moviendo la cabeza, se dicen mutuamente:

–       ¡El niño se burla!

–       ¡No pesa más que antes!

Aun así se dirigen todos hacia la gente y empiezan a distribuir.

Dan. Dan. Dan.

Y de vez en cuando se vuelven sorprendidos, siempre avanzando más lejos.

Y miran a Jesús que con los brazos abiertos, apoyado en un árbol, sonríe de su admiración.

La distribución es larga y abundante.

El  único que no muestra sorpresa es Marziam.

Que feliz regresa y dice a Jesús:

–        Dí mucho, mucho, mucho… Porque sé lo que es el hambre.

Jesús le sonríe y lo acaricia.

Y el niño se poya en Él.

Poco a poco regresan todos los apóstoles y los discípulos; mudos por el estupor.

El último, es el escriba que no dice una sola palabra; pero que hace algo que es más elocuente que un discurso:

Se arrodilla y besa la orla del vestido de Jesús…

Que sonriente dice:

–       Tomad vuestra parte y dadme un poco. Comamos la comida de Dios.

Comen pan y pescado.

Cada uno según su apetito.

Entre tanto la gente, que ya está harta; cambia impresiones.

Los que están alrededor de Jesús, se atreven a hablar al ver que Marziam, después de que terminó su pescado, se pone a charlar con sus compañeritos.

LA FE EN ACCIÓN

El escriba pregunta:

–      Maestro, ¿Por qué el niño experimentó al punto el peso y nosotros no? Yo hasta lo registré por dentro y vi que eran los mismos.

Comencé a sentir el peso cuando me dirigí a la multitud. Pero si hubiese pesado lo que di, hubiese sido necesario un par de mulas, para que lo cargasen.

Y hubiese sido necesario no un canasto, sino un carro grande, lleno de comida.

Al principio me mostré parco, pero luego me puse a dar mucho y para no ser injusto, volví a pasar por los primeros

, para darles otra vez; porque a ellos les había dado poco y sin embargo bastó.

Juan dice:

–      También yo experimenté que pesaba mucho el cesto, cuando empecé a caminar. Y al punto di mucho, porque comprendí que era un milagro.

Mannaén por su parte:

–      Yo por el contrario. Me detuve y me senté para echar en el manto el peso y ver…

Y ví panes, panes y más panes. Y muchos pescados…

Entonces me fui a repartir, dando gracias a Dios… ¡Me sentí tan feliz!…

Bartolomé comenta:

–       También yo los conté porque no quería hacer el ridículo. Eran cincuenta pedacitos de pan.

Me dije: ‘Le daré a cincuenta personas’ conté. Pero al llegar a cincuenta, el peso era el mismo.

Miré adentro y todavía había panes y pescados.

Seguí adelante y di a cien más. Pero jamás disminuían y seguí dando, dando y dando…

Recuerden que la LUJURIA MATA LA FE. Y ser castos incluye la masturbación. ¡Pídanle SU PUREZA a Jesús!

Tomás suspira, avergonzado inclina la cabeza y dice:

–      Yo  dije: ‘¿Y para qué sirven?’ ¡Jesús ha querido jugarnos una broma!…

Y los miraba… Y los miraba, oculto detrás de un árbol.

Con la esperanza y desesperanza, de ver que aumentasen…

¡Pero siempre eran los mismos!

Iba a regresar, cuando pasó Mateo diciendo:

–      ¿No has visto qué hermosos son?

Pregunté desconcertado:

–      ¿Qué?…

–      Los panes y los pescados.

–      ¿Estás loco? Yo veo siempre los mismos pedazos…

Mateo sonrió y me dijo:

–      Ve a distribuirlos con Fe y verás…

Eché en el cesto los pedazos y me fui a regañadientes.

Y luego… ¡Perdóname Jesús, porque soy un pecador!

Jesús objeta:

–       No. Eres un hombre con el espíritu del mundo. Y razonas como el mundo…

Judas de Keriot confiesa:

–      Entonces también yo, Señor. Hasta pensé en dar una moneda junto con el pan, diciendo dentro de mí: ‘Comerán en otra parte.’

Esperaba ayudarte para que hicieses un buen papel. Pues… ¿Qué cosa soy yo? ¿Cómo Tomás o peor que Tomás?

Jesús lo mira fijamente y dice serio:

–     Más que Tomás, ‘Tú eres Mundo’… 

–     ¡Pero pensé en hacer una limosna para ser ‘Cielo’! Se trataba de dinero mío, personal…

–     Limosna para ti mismo. Para tu orgullo. Limosna para Dios, el cual no tiene necesidad de ella.

Y la limosna para tu orgullo es culpa; no mérito.

Judas baja la cabeza y calla.

Entonces Pedro pregunta a los primos de Jesús:

–       ¡Y ustedes?

Tadeo dice con gravedad:

–       Nos acordamos de Caná…

Y Santiago de Alfeo complementa:

–     Y no dudamos.

El escriba se guarda un mendrugo.

Pedro pregunta:

–      ¿Para qué lo quieres?

–      Para… recuerdo.

–      También yo tengo uno. –dice Pedro. 

Y agrega:

–      Lo meteré en una bolsita que colgaré al cuello de Marziam.

Juan dice:

–      Yo llevaré uno a nuestra mamá.

Los demás dicen apenados:

–      ¿Y nosotros?

–       Nos comimos todo…

Jesús dice:

–      Levantaos. Id nuevamente con los canastos y recoged lo que haya sobrado.

De entre la gente, escoged a los pobres y traedlos aquí.

Despediré a la gente; después de que haya provisto con más a los pobres. Luego nos iremos a las barcas.

Los apóstoles obedecen y regresan con doce canastos llenos de restos sobrantes y una treintena de personas…

7 EL «SIGNO» DE LA GUERRA


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EL CARISMA DE SANACIÓN 1


IMITAR AL MAESTRO, ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En la casa de Cafarnaúm, se preparan para el Sábado.

Mateo, que cojea todavía, recibe a los compañeros.

Les brinda agua y frutas frescas. Les pregunta sobre las misiones.

Pedro arruga la nariz al ver que hay fariseos vagabundeando cerca de la casa.

Y dice:

–        Tienen ganas de amargarnos el Sábado. Quisiera ir al encuentro del Maestro y decirle que se vaya a Betsaida, para que éstos se queden con un palmo de narices.

Andrés le pregunta:

–      ¿Y crees que el Maestro lo haría?

Y Mateo observa:

–       Además… En la habitación de abajo está el pobre infeliz que lo espera.

Pedro insiste:

–       Podríamos llevarlo en la barca a Betsaida y yo o cualquier otro ir al encuentro del Maestro, que hoy regresa de Corozaím.

Como Felipe tiene a su familia en Betsaida y nada le daría más gusto, dice entusiasmado:

–      Pues vamos…

Pedro agrega:

–       ¡Tanto más que estáis viendo cómo han reforzado la guardia con escribas! Vamos sin perder tiempo. Vosotros con el enfermo, pasáis por el huerto y salís por atrás de la casa.

Yo llevo la barca hasta el pozo de la higuera y Santiago hará lo mismo. Simón Zelote y los hermanos de Jesús, irán al encuentro del Maestro.

Judas de Keriot grita:

–        ¡Yo no voy con el endemoniado!

–       ¿Por qué? ¿Tienes miedo de que se te pegue el demonio?

–        No me hagas enojar, Simón de Jonás. Dije que no voy y no voy.

–        Ve con los primos al encuentro de Jesús.

–         No.

–         ¡Uf! Ven en la barca.

–         No.

–         En resumidas cuentas… ¿Qué es lo que quieres? Eres siempre el de los obstáculos…

–        Quiero quedarme en donde estoy. No temo a nadie y no me escapo. Por otra parte, el Maestro no estaría contento con ello.

Sería causa para otro sermón de reproche y no me lo quiero merecer por vuestra culpa. Id vosotros. Yo me quedaré a informar…

Pedro grita:

–        ¡Así no! Todos o nadie.

Zelote, que estaba mirando hacia el camino, dice muy serio:

–        Entonces nadie. Porque el Maestro ya está aquí. Vedlo que se acerca.

Pedro disgustado, rezonga entre la barba y va a encontrar a Jesús con los demás.

Y después de los saludos le dicen del endemoniado ciego y mudo que con los familiares le esperan desde hace mucho tiempo.

Mateo explica:

–          Está como inerte. Se echó sobre unos sacos vacíos y de allí no se ha movido. Los familiares tienen confianza en Ti. Ven a tomar algo y luego lo curarás.

Jesús objeta:

–          No. Voy al punto donde está él. ¿En dónde?

–          En la habitación de abajo, cerca del horno. Allí lo puse junto con sus familiares. Porque hay muchos fariseos y también escribas que parecen estar al asecho.

Pedro refunfuña:

–         Es cierto. Y sería mejor no darles gusto.

Jesús pregunta:

–        ¿No está Judas de Simón?

Pedro vuelve a rezongar:

–         Se quedó en casa. Siempre hace lo que otros no hacen.

Jesús lo mira pero no reprende.

Se apresura a ir a la casa. Saluda a Judas, que parece muy ocupado en acomodar los trastes.

Jesús dice:

–          Sacad al enfermo.

Un fariseo extraño a Cafarnaúm, replica:

–        No es un enfermo. Es un endemoniado.

–        Es siempre una enfermedad del espíritu…

–        Le ha impedido el ver y el hablar.

–        La posesión es siempre una enfermedad del espíritu, que se extiende a los miembros y a los órganos. Si me hubieses dejado terminar; hubieras sabido que me refería a esto.

También la fiebre está en la sangre cuando uno se enferma. Y luego, a través de la sangre, ataca las diferentes partes del cuerpo. 

Por eso para usar del Carisma de Sanación con éxito, debemos averiguar DÓNDE está el problema.

Ahora hay muchos enfermos, con la POSESIÓN DIABÓLICA PERFECTA, como la de Judas. 

El fariseo no puede replicar más y se calla.

Llevan al endemoniado ante Jesús.

Se ve inerte y aniquilado.

La gente se agolpa, junto con los notables de Cafarnaúm, los fariseos, escribas, Jairo y un centurión romano, con otros gentiles.

Cuando «vemos» cuales son los demonios autores del tormento y con el Don de ciencia infusa, también conocemos cómo entraron…

Haciendo el ademán de imperio, Jesús ordena:

–        ¡En Nombre de Dios, deja las pupilas y la lengua de éste! Lo quiero. Sal de ésta criatura. Ya no te es lícito tenerla. ¡Largo!

El milagro se desenvuelve con un grito de rabia del demonio…

Y termina con uno de alegría del liberado que exclama:

–        ¡Hijo de David! ¡Hijo de  David! ¡Santo Rey!

Jesús comisiona a los apóstoles
14. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado.
15. Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación.
16. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará.
17. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas,
18. agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.»
La ascensión
19. Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.
20. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.

Un escriba pregunta:

–       ¿Cómo supo que fue Él quien lo curó?

Otro fariseo contesta:

–       ¡Si todo es una comedia!

–       ¡Esta gente ha sido pagada para representarla! –contesta uno más alzando los hombros.

Jairo el sinagogo replica:

–      ¿Quién le pagó? ¿Se puede saber?

–       Tú también.

–       ¿Con qué fin?

–       Para hacer célebre Cafarnaúm.

–       No envilezcas tu inteligencia, diciendo estupideces. Y tu lengua, ensuciándola con mentiras. Sabes que no es verdad. Y deberías comprender que estás repitiendo una sandez.

Lo que sucedió aquí, ha sucedido en muchas partes de Israel. ¿Habrá siempre quién pague?

Yo no sabía que la plebe fuese tan rica, pues es la única que ama al Maestro.

–        Tú eres el sinagogo y lo amas.

–        Allí está Mannaém, el hermano de Herodes. En Bethania está Lázaro, el hijo de Teófilo.

–       Ellos no pertenecen a la plebe.

–       Pero ellos y yo somos honestos. No engañamos a nadie y menos en asuntos de creencia. No nos lo permitimos, pues tememos a Dios y a Él le agrada la honestidad.

Los fariseos le dan la espalda a Jairo y atacan a los familiares del curado:

–        ¿Quién os dijo que viniesen aquí?

–         Muchos que fueron sanados.

–         ¿Qué os dieron?

–        ¿Darnos? La seguridad de que Él lo sanaría.

–        ¿Pero de veras estaba enfermo?

–         ¡Oh, cabezas fraudulentas! ¿Pensáis que todo esto fue una pantomima? Si no nos creéis vayan a Gadara y preguntad por la desgracia de Anna de Ismael.

Se arma una discusión entre los que creen y  los que no creen.

Un escriba dice desdeñoso:

–       Pero no aumentéis el fanatismo del pueblo con vuestras afirmaciones.

–       ¿Y qué es entonces, según vosotros?

–       ¡Un Belzebú!

Varios gritan al mismo tiempo:

–       ¡Lenguas de víboras!

–       ¡Queréis quitarnos la alegría del Mesías!

–       ¡Blasfemos!

–       ¡Usureros!

–       ¡Ruina nuestra!…

Y se enciende más la disputa.

Jesús que había ido a la casa a beber un poco de agua, se asoma al umbral a tiempo para oír la necia acusación farisea:

–        Este es un Belcebú, porque los demonios lo obedecen. 

–        El gran Belcebú, su padre le ayuda y es con su poder que arroja a los demonios.

Jesús se acerca derecho y severo; pero tranquilo. Se detiene frente al grupo de escribas y fariseos.

Los mira agudamente y les dice:

–         Aún en la tierra vemos que un reino dividido en partidos contrarios, se debilita internamente…

Y en un larguísimo discurso habla de la astucia y la maldad de Satanás que vive para ‘robar, dañar, mentir, ofender, meter confusión, destruir…’

Del pecado contra el Espíritu Santo y de la posesión diabólica. 

NUESTRA MISIÓN ESTÁ PRIMERO

Casi ha terminado cuando dicen a Jesús:

–         Maestro, están tu Mamá y tus hermanos.

–         Da orden de que se aleje la gente, para que puedan acercarse a Ti, pues tienen una razón importante que los obligó a venir a buscarte.

21. Otro de los discípulos le dijo: «Señor, déjame ir primero a enterrar a mi padre.» 22. Dícele Jesús: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos.» MATEO 8

Jesús levanta su cabeza y ve el rostro angustiado de María que lucha por no llorar, mientras que José de Alfeo, le habla irritado con gestos enérgicos.

Y la cara de Simón, claramente afligida y disgustada…

Pero Jesús no sonríe y no da ninguna orden.

Deja a la Afligida en su dolor y a sus primos, donde están.

Mira a la multitud y responde a los apóstoles que están cerca y que tratan de hacer valer la sangre sobre el deber.

Solamente dice:

–       ¿Quién es mi madre? ¿Quiénes son mis hermanos?

Gira los ojos. Hay severidad en su rostro, que palidece por la violencia que debe hacerse a Sí Mismo, para colocar el deber sobre el afecto y la sangre.

Y lograr negar su unión con su Madre, para servir al Padre.

Señala con un largo ademán a la multitud que se aprieta a su alrededor.

–      He aquí mi madre. He aquí a mis hermanos. Los que hacen la voluntad de Dios, son mis hermanos y hermanas, son mi madre. No tengo otros.

Los míos serán esto si cumplen la Voluntad Divina y con mayor perfección que cualquier otro;

en hacer la voluntad de Dios hasta el sacrificio total de cualquier otro querer o voz de sangre y de afectos.

La multitud ruge como un mar agitado por el viento.

Estaban al acecho por si curaba en Sábado.

Los escribas son los primeros en huir diciendo:

–        ¡Es un demonio! ¡Reniega hasta de su sangre!

Los parientes, hermanos de Judas Tadeo y Santiago de Alfeo, se adelantan:

–        ¡Es un loco!

–        ¡Tortura hasta a su madre!

Los apóstoles:

–       En verdad que en esta palabra concentra todo el heroísmo.

La multitud dice:

–       ¡Cómo nos ama!

A duras penas, María con José y Simón, se abren paso.

María toda dulzura. José, todo rabia. Simón, todo turbado.

Llegan hasta Jesús.

José al punto lo ataca:

–        Eres un loco. Ofendes a todos. No respetas ni siquiera a tu Madre. Pero ahora estoy aquí y te lo impediré. ¿Es verdad que vas de acá para allá como trabajador?

Si es verdad, ¿Por qué no trabajas en tu carpintería, para alimentar a tu Madre?

¿Por qué mientes diciendo que tu trabajo es la predicación? Ocioso e ingrato que eres; si luego vas a buscar en casa ajena un trabajo remunerado. ¡Responde!

Jesús se vuelve.

Toma de la mano al niño, lo levanta sosteniéndolo por las axilas y dice:

–        Mi trabajo fue para dar de comer a este inocente y a su familia. Y persuadirles de que Dios es Bueno. Se predicó a Corozaím la humildad y la caridad.

Y no sólo a Corozaím, sino también a ti José, hermano injusto. Te perdono porque sé que la sierpe te mordió. 

Con el Don de DISCERNIMIENTO, Jesús SABE lo que Satanás hizo a través de Judas y ahora TAMBIÉN TRATA DE IMPEDIR  que realice su MISIÓN.

Te perdono a ti también, Simón inconstante. A mi Madre no tengo nada que perdonar, ni Ella a Mí, porque juzga con justicia. Que el mundo haga lo que quiera.

Yo hago lo que Dios quiere. Y con la bendición del Padre y mi Madre soy más feliz; que si todo mundo me aclamase como Rey suyo.

Satanás siempre NOS ATACA o nos obstaculiza con lo que más amamos.

Ven Madre, no llores. Ellos no saben lo que hacen. Perdónalos.

María dice:

–        ¡Oh, Hijo! ¡Yo sé! Tú sabes. No hay nada que decir…

–         No hay otra cosa qué decir, más que: ‘Idos en paz.’

Jesús bendice a la multitud y tomando de la mano a María, sube la escalera…

 

6 EL PRIMER APÓSTOL


6 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús camina solo por una vereda que corta dos parcelas de cultivo.

Juan se dirige hacia Él por un sendero completamente distinto que hay entre las tierras; al final le alcanza, pasando por una abertura del seto.

Juan es un jovencito con el color rosáceo de las mejillas lisas, una bella sonrisa en su boca bien dibujada y la mirada pura de sus ojos color turquesa oscuro, donde asoma la limpieza del alma virgen y la inocencia del niño que no ha dejado de ser, aunque empieza a convertirse en un hombre.

Tiene una larga cabellera rubio oscura que ondula al ritmo de su paso, que es tan veloz que parece que corriera.

Llama, cuando está para pasar el seto:

 –       ¡Maestro!

Jesús se detiene y se vuelve sonriendo.

–        ¡Maestro, suspiraba por Tí! Me han dicho en la casa donde estás que habías venido hacia la campiña… Pero no exactamente a dónde. Y temía no verte.

 Juan habla levemente inclinado, con mucho respeto.

Y no obstante, se le ve lleno de confidente afecto en su actitud y en la mirada que levanta hacia Jesús, con la cabeza ligeramente en dirección al hombro.

Jesús responde con ternura:

–        He visto que me buscabas y he venido hacia ti.

–        ¿Me has visto? ¿Dónde estabas, Maestro?

–        Allí – y Jesús indica un grupo de árboles lejanos que  por el color del ramaje, parece que son olivos.

Y agrega sonriente: 

–         Estaba allí, orando y pensando en lo que voy a decir esta tarde en la sinagoga. Pero lo he dejado enseguida, nada más verte.

Fue con la vista espiritual.

–         ¿Y cómo has podido verme si yo apenas distingo ese lugar, escondido detrás de aquel promontorio?

–         Y sin embargo, ya ves que he salido a tu encuentro porque te he visto. Lo que no hace el ojo lo hace el amor».

–          Sí, lo hace el amor. Entonces, me amas, ¿No, Maestro?

–          Y tú, ¿Me amas Juan, hijo de Zebedeo?

–          Mucho, Maestro. Tengo la impresión de haberte amado siempre. Antes de conocerte, mi alma te buscaba. Y cuando te he visto, ella me ha dicho: «He ahí a quien buscas». Yo creo que te he encontrado porque mi alma te ha sentido.

–          Tú lo dices Juan, y es así. Yo también he venido hacia ti porque mi alma te ha sentido. ¿Durante cuánto tiempo me amarás?

–          Siempre, Maestro. Ya no quiero amar a nadie que no seas Tú.

–          Tienes padre y madre, hermanos, hermanas; tienes la vida y con la vida, la mujer y el amor. ¿Serás capaz de dejarlo todo por Mí?

–          Maestro… no sé… pero me parece si no es soberbia el decirlo, que tu predilección será para mí, padre, madre, hermanos, hermanas e incluso mujer. De todo sí, de todo me consideraré saciado, si Tú me amas.

–          ¿Y si mi amor te comporta sufrimientos y persecuciones?

–           Será como nada, Maestro, si Tú me amas.

–           Y el día que Yo debiera morir…

–           ¡No! Eres joven, Maestro… ¿Por qué morir?

–           Porque el Mesías ha venido para predicar la Ley en su verdad y para llevar a cabo la Redención. Y el mundo aborrece la Ley y no quiere redención. Por eso persigue a los mensajeros de Dios.  

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

–           ¡Oh, que esto no suceda! ¡No le manifiestes este pronóstico de muerte a quien te ama!… Pero, aunque tuvieras que morir, yo te amaría de todas formas. Deja que te ame.

Juan tiene una mirada suplicante.

Más humilde que nunca, camina al lado de Jesús y parece como si mendigara amor.

Jesús se detiene. Lo mira, lo taladra con la mirada de sus ojos profundos.

Y poniéndole la mano sobre su cabeza inclinada, le dice:

–           Quiero que me ames.

–           ¡Oh, Maestro!

Juan se siente feliz. Aunque sus pupilas brillen por el lanto contenido.

Ríe con esa joven boca suya bien dibujada. Toma la mano divina, la besa en el dorso y la aprieta contra su corazón.

Luego, continúan su camino.

–           Has dicho que me buscabas…

–           Sí. Para anunciarte que mis amigos quieren conocerte… Y porque… ¡Oh, qué ganas tenía de estar de nuevo contigo! Te he dejado hace pocas horas… y ya no podía seguir sin ti.

–           Entonces, ¿Has sido un buen anunciador del Verbo?

–           También Santiago Maestro, ha hablado de ti de manera… convincente.

–           De forma que incluso quien desconfiaba…Y no es culpable, porque la prudencia era la causa de su reserva, se ha persuadido. Vamos a confirmarlo del todo.

–           Tenía un poco de miedo…

Jesús detiene el paso y dice:

–           ¡No! ¡No miedo a mí! He venido por los buenos y más aún por quien está en el error. Yo quiero salvar, no condenar.

Con los honestos seré todo Misericordia.

Intercesoramente, Juan interviene

–           ¿Y con los pecadores?

–           También. Por deshonestos entiendo los que lo son espiritualmente, y con hipocresía fingen ser buenos, mientras que realizan obras malvadas.

Y hacen esas cosas y de esa forma, para obtener algún beneficio propio y sacar algún provecho del prójimo. Con éstos seré severo.

–           Simón entonces puede sentirse seguro. Es auténtico como ningún otro.

–           Así me gusta, y así quiero que seáis todos.

–           Simón quiere decirte muchas cosas.

–           Lo escucharé después de hablar en la sinagoga. He dicho que se avise no sólo a los ricos y a los sanos sino también a los pobres y a los enfermos. Todos tienen necesidad de la Buena Nueva.

E1 poblado está cercano. Algunos niños juegan en la calle; uno, corriendo se choca con las piernas de Jesús.

Y se hubiera caído, si Él no lo hubiese aferrado con solicitud.

El niño llora de todas formas, como si se hubiera hecho daño.

 Y Jesús sujetándolo, le dice:

–        ¿Un israelita que llora? ¿Qué habrían debido hacer los miles y miles de niños que se hicieron hombres atravesando el desierto siguiendo a Moisés?

Pues bien, más por ellos que por los otros, porque el Altísimo ama a los inocentes y cuida providentemente de estos angelitos de la Tierra.

De estas avecillas sin alas, como de los pájaros del bosque y de los aleros, justamente por éstos envió tan dulce maná. ¿Te gusta la miel? ¿Sí? Bueno, pues si eres bueno comerás una miel más dulce que la de tus abejas.

–         ¿Dónde? ¿Cuándo?

–         Cuando, después de una vida de fidelidad para con Dios, vayas a Él.

–         Sé que no iré a Él si no viene el Mesías. Mamá me dice que por ahora cada uno de nosotros, israelitas, somos como Moisés y morimos teniendo ante nuestros ojos la Tierra Prometida.

Dice que nos damos a la espera de entrar en ella y que sólo el Mesías hará que entremos.

–        ¡Pero qué israelita tan genial! Pues bien, Yo te digo que cuando mueras entrarás enseguida en el Paraíso, porque el Mesías para entonces, habrá abierto ya las puertas del Cielo. Pero tienes que ser bueno.

Una mujer aparece y el niño grita:

–        ¡Mamá! ¡Mamá! 

El niño se desata de los brazos de Jesús y corre hacia una joven esposa que regresa con un ánfora de cobre.

–        ¡Mamá! El nuevo Rabí me ha dicho que iré inmediatamente al Paraíso cuando muera, y que comeré mucha miel… pero si soy bueno. ¡Seré bueno!

–        ¡Dios lo quiera! Perdona, Maestro, si te ha molestado. ¡Está lleno de vitalidad!

–        La inocencia no molesta, mujer. Dios te bendiga, porque eres una madre que cría a los hijos en el conocimiento de la Ley.

La mujer se sonroja ante esta alabanza y responde:

–        Que Dios te bendiga también a ti – y desaparece con su pequeño.

Juan pregunta:

–       ¿Te gustan los niños, Maestro?

Jesús contesta:

–        Sí, porque son puros y sinceros… y amorosos.

–         ¿Tienes sobrinos, Maestro?

–         No tengo sino una Madre. Pero en Ella están presentes la pureza, la sinceridad, el amor de los niños más santos junto a la sabiduría, justicia y fortaleza de los adultos.

En mi Madre tengo todo, Juan.

–         ¿Y la has dejado?

–         Dios está por encima incluso de la más santa de las madres.

–         ¿La conoceré yo?

–          La conocerás.

–         ¿Y me querrá?

–          Te amará porque Ella ama a quien ama a su Jesús.

–         ¿Entonces no tienes hermanos?

–         Tengo algunos primos por parte del marido de mi Madre. Pero todo hombre es para mí un hermano y para todos he venido. Henos aquí delante de la sinagoga.

Yo entro; tú vendrás después con tus amigos.

Juan se va y Jesús entra en una estancia cuadrada que tiene el típico aparato de luces colocadas en triángulo y de atriles con rollos de pergamino.

Ya hay una multitud que espera y ora.

También Jesús ora.

La multitud bisbisea y hace comentarios detrás de Él.

Jesús se inclina para saludar al jefe de la sinagoga y luego pide un rollo, tomado al azar.

Jesús empieza la lección…

–          El Espíritu me mueve a leer esto para vosotros. Al principio del séptimo libro de Jeremías se lee: «Esto dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel:

‘Enmendad vuestros hábitos y Vuestros sentimientos, y entonces habitaré con vosotros en este lugar,

No os hagáis falsas ilusiones con esas palabras vanas que repetís: aquí está el Templo del Señor.

Porque si vosotros mejoráis vuestros hábitos y sentimientos, si hacéis justicia entre el hombre y su prójimo, si no oprimís al extranjero, al huérfano y a la viuda,

si no esparcís en este lugar la sangre inocente, si no seguís a los dioses extranjeros, para desventura vuestra, entonces Yo habitaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres para siempre».

Oíd, vosotros, de Israel. Yo vengo a iluminaros las palabras de luz que vuestra alma ofuscada ya no sabe ni ver ni entender. Oíd. Mucho llanto cae sobre la tierra del pueblo de Dios:

Lloran los ancianos al recordar las antiguas glorias, lloran los adultos bajo el peso del yugo, lloran los niños sin porvenir de gloria.

Mas la gloria de la Tierra no es nada respecto a una gloria que ningún opresor, aparte de Satanás y la mala voluntad, puede arrebatar.

¿Por qué lloráis? ¿Cómo es que el Altísimo que siempre fue bueno para con su pueblo, ahora ha vuelto hacia otro lugar su mirada y niega a sus hijos la visión de su Rostro?

¿Ya no es el Dios que abrió el mar y por él hizo pasar a Israel y por arenas lo condujo y nutrió. Y lo defendió contra los enemigos?

¿Y para que no perdiese la pista del camino del Cielo, como dio a los cuerpos la nube, les dio la Ley a las almas? ¿Ya no es el Dios que dulcificó las aguas y proporcionó el maná a los que estaban extenuados?

¿Ya no es el Dios que quiso estableceros en esta tierra y estrechó con vosotros una alianza de Padre a hijos? Y entonces, ¿Por qué ahora el pueblo extranjero os ha abatido?

Muchos entre vosotros murmuran: «¡Y, sin embargo, aquí está el Templo!».

No basta tener el Templo e ir a él a rezar a Dios. El primer templo está en el corazón de cada hombre y en él se debe llevar a cabo una santa Oración.

Pero no puede ser santa si antes el corazón no se enmienda. Y con el corazón los hábitos, los afectos, las normas de justicia respecto a los pobres, respecto a los siervos, respecto a los parientes, respecto a Dios.

Mirad. Yo veo ricos de duro corazón que depositan pingües ofrendas en el Templo, pero no saben decirle al pobre: «Hermano, toma un pan y un denario. Acéptalo. De corazón a corazón. Que esta ayuda no te humille a ti, y no me ensoberbezca a mí el dártela».

Veo que hay quien ora y se lamenta ante Dios de que no lo escucha prontamente. Y después, al mísero en ocasiones, de su propia sangre, que le dice: «Escúchame» y le responde con corazón de piedra: «No».

Veo que lloráis porque quien os domina desangra vuestra bolsa.

Pero luego vosotros sacáis la sangre a quien odiáis, y no os horroriza el vaciar un cuerpo de sangre y de vida.

¡Oh, israelitas! El tiempo de la Redención ha llegado. Más, preparad sus vías en vosotros con la buena voluntad. Sed honestos, buenos; amaos los unos a los otros.

Ricos, no despreciéis; comerciantes, no cometáis fraudes; pobres, no envidiéis.

Sois todos de una sangre y de un Dios. Todos estáis llamados a un destino. No os cerréis con vuestros pecados el Cielo que el Mesías os va a abrir.

¿Que hasta ahora habéis errado? Ya no más. Caiga todo error.

Simple, buena, fácil es la Ley que vuelve a los Diez Mandamientos iniciales; pero deben estar inmersos en la Luz del Amor.

Venid. Yo os mostraré cuáles son:

Amor, amor, amor. Amor de Dios a vosotros, de vosotros a Dios. Amor entre vosotros. Siempre amor, porque Dios es Amor y son hijos del Padre los que saben vivir el amor.

Yo estoy aquí para todos y para dar a todos la luz de Dios. He aquí la Palabra del Padre que se hace alimento en vosotros. Venid, gustad, cambiad la sangre del espíritu con este alimento.

Todo veneno desaparezca, toda concupiscencia muera. Se os ofrece una gloria nueva, la Eterna. La alcanzarán los que hagan de la Ley de Dios estudio verdadero de su corazón.

Empezad por el amor. No hay nada más grande. CUANDO SEPÁIS AMAR, sabréis ya todo.

Y Dios os amará. Y Amor de Dios quiere decir ayuda contra toda tentación.

La bendición de Dios descienda sobre quien le eleva un corazón lleno de buena voluntad.

Jesús ha terminado de hablar.

ROSTRO MAESTRO

Se oye el bisbiseo de la gente. Después de himnos muy salmodiados, la asamblea se disuelve.

Jesús sale a la placita.

En la puerta están Juan y Santiago con Pedro y Andrés.

Jesús los saluda:

–          La paz esté con vosotros. Éste es el hombre que para ser justo necesita no juzgar sin conocer primero, pero que es honesto reconociendo su equivocación.

Simón, ¿Has querido verme? Aquí me tienes. Y tú, Andrés, ¿Por qué no has venido antes?

Los dos hermanos se miran turbados.

Andrés susurra:

–           No me atrevía…

Pedro está rojo, no habla.

 Pero cuando oye que Jesús le dice al hermano:

–         ¿Hacías algo malo viniendo? Sólo el mal no se debe osar hacer.

Interviene con franqueza:

–          He sido yo. Él quería traerme inmediatamente hacia ti. Pero yo… yo he dicho… Sí, he dicho: «No creo», y no he querido. ¡Oh, ahora me siento mejor!…

Jesús sonríe y dice:

–          Por tu sinceridad, te manifiesto que te amo.

–          Pero yo… yo no soy bueno… no soy capaz de hacer lo que has dicho en la sinagoga. Soy iracundo y si alguno me ofende… ¡bueno!…

Soy codicioso y me gusta tener dinero. Y al vender el pescado, bueno… no siempre… no siempre he estado limpio de fraude. Y soy ignorante.

Quiero seguirte, tengo poco tiempo y así recibir la luz. ¿Qué puedo hacer? Quisiera ser como Tú dices… Pero… 

Jesús sonríe ampliamente y declara:

–         No es difícil, Simón. ¿Conoces un poco la Escritura? ¿Sí? Pues bien, piensa en el profeta Miqueas.

Dios quiere de ti lo que dice Miqueas. No te pide que te arranques el corazón, ni que sacrifiques los afectos más santos. Por ahora no te lo pide.

Un día tú le darás a Dios, sin que te lo demande, incluso a ti mismo. Pero Él espera a que un sol y un rocío de ti, sutil tallo de hierba, hagan palma robusta y gloriosa.

Por ahora te pide esto: practicar la justicia, amar la misericordia, poner toda la atención en seguir a tu Dios.

Esfuérzate en hacer esto y quedará cancelado el pasado de Simón, y tú serás el hombre nuevo, el amigo de Dios y de su Cristo. No serás ya Simón, sino Cefas, piedra segura en que me apoyaré.

–          ¡Esto me gusta! Esto lo entiendo. La Ley es así… Es así… mira, ¡Yo ya no sé practicarla de la forma que la presentan los rabinos!… Pero esto que Tú dices, sí. Me parece que lo lograré. Tú me vas a ayudar, ¿No? ¿Resides en esta casa?… Conozco al dueño.

–          Estoy aquí. Pero voy a ir a Jerusalén. Y después predicaré por Palestina. Para esto he venido. De todas formas, volveré aquí frecuentemente.

–          Vendré a oírte de nuevo. Quiero ser tu discípulo. Un poco de luz entrará en mi cabeza.

–          En el corazón sobre todo Simón, en el corazón. Y tú, Andrés, ¿No hablas?

Andrés responde:

–          Escucho, Maestro.

Pedro agrega:

–          Mi hermano es tímido.

–          Será un león. Está anocheciendo. Que Dios os bendiga y os conceda buena pesca. Id.

–          La paz sea contigo.

Se van.

Nada más salir, Pedro observa:

–          ¿Qué habrá querido decir antes, con eso de que pescaré con otras redes y otro tipo de peces?

Andrés cuestiona:

–          ¿Por qué no se lo has preguntado? Querías decir muchas cosas, y luego casi ni hablas.

–          Me daba… vergüenza. ¡Es tan distinto de los demás rabinos!

Juan suspira con anhelo y gran nostalgia.

Y dice:

–          Ahora va a Jerusalén… Yo quería pedirle que me dejara ir con Él… pero no me he atrevido…

Pedro responde:

–          Vete a decírselo, muchacho. Nos hemos despedido de Él así, sin más… sin ni siquiera una palabra de afecto… Al menos, que sepa que lo admiramos. Ve, ve. Yo me encargo de comunicárselo a tu padre.

–          ¿Voy, Santiago?

–           Ve.

Juan se echa a correr…

Y también corriendo, vuelve lleno de júbilo:

–            Le he dicho: «¿Quieres que vaya contigo a Jerusalén?». Me ha respondido: «Ven, amigo». ¡Ha dicho «amigo»! Mañana a esta hora vendré aquí. ¡Ah! ¡A Jerusalén con Él!…

Y vuelve a partir corriendo.

Jesús dice:

 Quiero que tú y todos os fijéis en la actitud de Juan, en un aspecto que siempre pasa desapercibido.

Lo admiráis porque es puro, amoroso, fiel. Pero no os dais cuenta de que fue grande también en humildad. Él, primer artífice de que Pedro viniera a mí, modestamente calla este detalle.

El apóstol de Pedro y por tanto, el primero de mis apóstoles, fue Juan:

Primero en reconocerme, primero en dirigirme la palabra, primero en seguirme, primero en predicarme. Y, sin embargo, ¿Veis lo que dice?:

«Andrés, hermano de Simón, era uno de los dos que habían oído las palabras de Juan [el Bautista] y habían seguido a Jesús.

El primero con quien se encontró fue su hermano Simón, al cual le dijo: «Hemos encontrado al Mesías’

Y lo condujo a donde estaba Jesús».

Justo además de bueno, sabe que Andrés se angustia por tener un carácter cerrado y tímido. Sabe que querría hacer muchas cosas pero que no logra hacerlas y desea para él en la posteridad, el reconocimiento de su buena voluntad.

Quiere que aparezca Andrés como el primer Apóstol de Cristo respecto a Simón, a pesar de que la timidez y la dependencia respecto a su hermano, le hubieran creado un sentimiento de derrota en el apostolado.

¿Quiénes, entre los que hacen algo por Mí, saben imitar a Juan y no se autoproclaman insuperables apóstoles, pensando que su éxito proviene de un complejo de cosas; que no son sólo santidad, sino también audacia humana, fortuna?

¿Y la circunstancia de estar junto a otros menos audaces y afortunados, pero quizás más santos que ellos?

Cuando tengáis algún éxito en el campo del bien, no os gloriéis de ello como si fuera mérito sólo vuestro.

Alabad a Dios, señor de los apostólicos obreros.  Y tened ojo limpio y corazón sincero para ver y dar a cada uno la alabanza que le corresponde.

Ojo límpido para discernir a los apóstoles que cumplen holocausto,.

Y que son las primeras, verdaderas palancas en el trabajo de los demás. Sólo Dios los ve a éstos, que tímidos pareciera que no hacen nada.

Y son sin embargo, los que le roban al Cielo el Fuego de que están investidos los audaces.

Corazón sincero en cuanto a decir: «Yo actúo, pero éste ama más que yo, ora mejor que yo, se inmola como yo no sé hacer y como Jesús ha dicho: «

Dentro de la propia habitación con la puerta cerrada para orar en secreto:

Yo, que intuyo su humilde y santa virtud, quiero darla a conocer y decir:

‘Yo soy instrumento activo; éste, fuerza que me imprime movimiento; porque, injertado como está en Dios, me es canal de celeste fuerza».

Y la bendición del Padre, que desciende para recompensar al humilde que en silencio se inmola para dar fuerza a los apóstoles,

descenderá también sobre el apóstol que sinceramente reconoce la sobrenatural y silenciosa ayuda, que le viene a él del humilde, y el mérito de éste, que la superficialidad de los hombres no nota. Aprended todos.

¿Es mi predilecto? Sí.

Pero, ¿No tiene también esta semejanza conmigo? Puro, amoroso, obediente, mas también humilde. Yo me miraba en él y en él veía mis virtudes.

Lo amaba, por ello, como un segundo Yo. Veía la mirada del Padre depositada en él, reconociéndolo como un pequeño Cristo.

Y mi Madre me decía:

–    «Siento en él un segundo hijo. Me parece verte a ti, reproducido en un hombre».

¡Oh…, la Llena de Sabiduría cómo te conoció dilecto mío! Los dos azules de vuestros corazones de pureza se fundieron en un único velo para protegerme amorosamente.

Y vinieron a ser un solo amor, antes incluso de que Yo diera a la Madre a Juan y a Juan a la Madre.

Se habían amado porque habían reconocido su mutua similitud:

Hijos y hermanos del Padre y del Hijo.