Archivos del mes: 31 julio 2020

AVISO IMPORTANTE


Amadísimos hermanitos:

A los que recientemente se han agregado a nuestra comunidad les damos la más cariñosa de las bienvenidas y para TODOS los que están leyendo estás líneas, que la Paz de nuestro ABBA Santísimo les inunde con su Amor y permanezca en  vuestros hogares.

Tenemos un aviso y una aclaración muy importantes:

Como seguramente ya se dieron cuenta, por la PREMURA de los tiempos y los acontecimientos, estamos trabajando a marchas forzadas y esto es obligados por las circunstancias.

Nosotros en Crónica de Una Traición somos los asistentes del Espíritu Santo y uds. son los receptores de la Voluntad Trinitaria; pero TODOS sin excepción somos Apóstoles de los Últimos Tiempos y tenemos el deber de recoger las redes con destreza y cuidado, como les sucedió a los primeros, en la Pesca Milagrosa. 

Y NO DEBEMOS PERDER NINGÚN ALMA.

Ya sea en el mundo con sus tribulaciones, ya sea en el Universo o en el Purgatorio, cada uno de uds, está trabajando en diferentes partes de la Viña y ya saben o intuyen, el trabajo que deben hacer o ya están haciendo. 

En nuestra Comunidad de Oración, cada uno tenemos diferentes ministerios y estamos enfocados en trabajarlos con toda la entrega de que somos capaces.

Cuando tus rodillas tocan el suelo, tu corazón se regocija con el Cielo”

A mí me toca entre otras cosas, la publicación de los post que realizan mis hermanitos del grupo de apostolado, con el que trabajo y la trasmisión de la Voluntad Divina sobre lo que TODOS estamos haciendo.

Porque somos un equipo de doce, que se multiplica con uds. Y estamos bajo el comando de San Miguel Arcángel y nuestra Madrecita Guadalupana. 

Todos unidos con un mismo objetivo: ¡Arrancar de las Garras de Satanás el Botín de almas que él considera suyo e irrecuperable para Jesús!  Y por esto somos guerreros de élite en el ejército Mariano.

Cuando nació este Blog se llamó Crónica de una Traición, porque se originó en la historia de Judas revelada por N.S. Jesucristo a María Valtorta y la persona que escribió el bosquejo, lo hizo extrayéndolo de los escritos originales, cuando no había computadoras ni internet, hace más de 50 años.

Cuando esto sucedió, la Obra de María Valtorta estaba prohibida por el magisterio de la Iglesia, en el Vaticano… y estaba siendo golpeada por la controversia que trató de desacreditarla; polémica que aún permanece hasta hoy.

Todo esto fue publicado a partir de agosto del año 2012 y está en los archivos de este blog.

Pero  esa primera versión fue el compendio de las experiencias del apóstol fallido en un relato muy ligero y no están incluidas las enseñanzas que daba Jesús cuando evangelizaba.

Lo que logres de pie, agradécelo de rodillas. Lo que no consigas hablando, hazlo orando. Lo que no puedas hacer, Deja que Dios lo HAGA por tí.

Lo que estamos leyendo ahora partir del primer post: 1 LA RENUNCIA TOTAL, publicado el  03 de Julio de 2020 y consecutivamente todos los días del mes, con su número correspondiente;

es la versión completa con las enseñanzas que ABBA quiere que practiquemos y con el USO de todos los Carismas del Espíritu Santo, porque los necesitaremos.

Tengo el deber de comunicarles que ya no estamos en posición de convencer a NADIE para que acepte las verdades que quedarán expuestas con el color azul en la publicación de cada post.

El que CREA creyó y practicó. Al que se resista a CREER, se le multiplicarán los problemas, porque ya no habrá soluciones humanas, en una batalla que es totalmente sobrenatural.

Lamento decirles todo esto y si no quieren rezagarse, más vale que le dediquen los veinte minutos que requiere la lectura rápida de cada post, para que al menos se ENTEREN de lo que ABBA desea que aprendamos.

Porque definitivamente, cada artículo contiene variadas enseñanzas y sólo MEDITÁNDOLAS les sacaremos el provecho necesario para nuestro crecimiento espiritual.

No olviden pedir DISCERNIMIENTO al Espíritu Santo, van a tener bastantes sorpresas al momento de practicar los Carismas.

El cristiano debe tener identidad de realeza con corazón de siervo.

También cuando sientan curiosidad o algo les incite a querer una respuesta, lo más sencillo es lo más efectivo:

¡Díganselo a Jesús! Él les dirá que hacer. Y vayan por su respuesta.

La BILOCACIÓN es estupenda para esto y no tiene que ver NADA, con el deseo de protagonismo.

 Tal vez ya lo comprobaron y se dieron cuenta que lo más prudente, es mantener un perfil bajo como Clark Kent y si sienten la tentación de andar presumiendo como supermán, ya saben de quién es la trampa.

Están pasando demasiadas cosas para mantenernos impávidos y ABBA quiere operarios diligentes.

Si tienen alguna duda, sugerencia o comentario, escríbanlo en los comentarios y nosotros respetaremos su privacidad, porque estamos para su servicio y para ayudarles en lo que necesiten.

Que la Paz de N.S. Jesucristo se mantenga en sus corazones y que los Bendiga como sólo Él puede hacerlo. Los amamos con el Corazón de Jesús.

https://cronicadeunatraicion.com/2020/07/03/la-renuncia-total/

Las batallas más importantes, SE GANAN ORANDO.

P ¡NO SÓIS DEL MUNDO!


Julio 27 2020

Habla la Santísima Trinidad

¿Cuándo entenderéis, Mis pequeños, que estáis en el mundo, pero que NO pertenecéis al Mundo?

He dado un tiempo de vida y una misión específica a cada uno de vosotros, el tiempo no lo conocéis. 

Vuestra misión os he dicho es el AMAR, amarMe y salvar almas.

¿Habéis llevado bien vuestra misión en vuestra existencia?

Os aferráis demasiado al mundo, a vuestra vida en el mundo, y os repito:

 ¡NO SÓIS DEL MUNDO!

Vinisteis a cumplir una misión, vinisteis a servirMe y el tiempo que tenéis, ése lo conozco Yo. 

Regresaréis y Me daréis cuentas de lo que hicisteis con el tiempo que os concedí y con la misión que os pedí llevarais a cabo.

A lo que llamáis muerte, la cual se puede dar de múltiples formas, es el fin de vuestro tiempo y lo debéis ver así, Mis pequeños.

Lo que debéis temer, cuando estéis ante Mí, es si cumplisteis con la misión que Yo os encomendé.

Los que ya están ante Mí cumplieron un tiempo, pero no necesariamente cumplieron su misión

Y DE ESO SERÉIS JUZGADOS, NO POR EL TIEMPO DE VIDA,

SINO POR LA MISIÓN QUE OS ENCOMENDÉ.. 

La viña, de la que habla la parábola, es el Mundo y estáis vosotros en el mundo, cuidando la viña.

Cuidando que las almas que están a vuestro alrededor, crezcan en vida espiritual para que puedan regresar a Mí, pero con las manos llenas.

Con las manos llenas de buenas obras, que éstas son las almas que ayudasteis vosotros a salvar.

¿Qué habéis hecho con Mi Amor? ¿Tenéis Mi Amor en vuestro corazón o es el mundo el que está en vuestro corazón?

Satanás se encarga de apartaros de vuestra misión, y os vuelvo a repetir nuevamente: 

Estáis en el mundo, PERO NO SÓIS DEL MUNDO, vuestra misión es espiritual y de eso os tomaré cuentas.

¿Estáis esperando el momento de Mi regreso, como las vírgenes prudentes, teniendo la lámpara encendida?

ya que esa lámpara encendida, es Mi Amor en vosotros.

¿Estáis actuando en el bien? ¿Sois mensajeros de Mi Bien? ¿Sois mensajeros de Mi Amor en el mundo?

¿Las almas que están a vuestro alrededor os siguen porque Me ven a Mí en vosotros?

¿Ayudáis a vuestros hermanos a que entiendan cómo debe ser Mi Amor entre vosotros

o ¿Los estáis llevando al mundo porque os habéis vuelto del mundo?

Mis pequeños, hay mucha confusión en vosotros, os aferráis al mundo, os repito:

queréis las cosas del mundo y éstas son temporales, son pasajeras, son sin importancia, no sirven para vuestra salvación,

pero sí os pueden llevar a vuestra destrucción espiritual y a perder vuestra vida eterna en el Reino de los Cielos.

Tenéis que centraros, Mis pequeños,

¿Estáis preparados para llegar a Mí cuando se termine vuestro tiempo? 

No importa cómo llegaréis, si será una enfermedad, si será una catástrofe, si será una muerte natural,

¿Estaréis preparados para presentaros ante Mí y darMe cuentas de vuestra misión bien realizada o mal realizada?

Mis pequeños, preocupaos vosotros los que todavía no estáis llamados, los que estáis todavía en el mundo cumpliendo vuestra misión,

Preocupaos porque, si os mando llamar cuando se termine vuestro tiempo, ¿Qué cuentas Me daréis?

Visión: Veo a Dios Padre sentado en un trono, todo es luz, Él también es Luz. Veo que se le forma una cruz en el pecho y delante de esa cruz, veo al Espíritu Santo.

Estoy viendo a la Santísima Trinidad: Dios Padre en grande, luego la Cruz en el pecho y, enfrente de la Cruz, al Espíritu Santo abriendo las alas.

Hijitos Míos, ciertamente Soy un Dios Severo, pero Justo.

Soy Severo contra todas aquellas almas que se apartaron de Mis Leyes y de Mi Amor, que causaron mucho daño espiritual a sus hermanos;

aquellos que se opusieron a llevar una vida de paz y sobre todo, de crecimiento espiritual.

La ingratitud del hombre es muy grande. ¿Me juzgáis a Mí, vuestro Dios?

¡Me juzgáis a Mí cuando os va mal, cuando tenéis problemas en vuestra existencia, en vuestra sociedad o entre los pueblos!

¡Me juzgáis a Mí, vuestro Dios, que Soy todo Amor, que Mi Misericordia se derrama y se ha ido derramando a lo largo de vuestra existencia y vosotros no respondéis a ella! 

¿No os dais cuenta de que vuestros actos negativos, pecaminosos, contrarios a Mis Leyes, a Mi Amor, son los que causan vuestras desgracias?

Yo mantengo Mi Promesa hecha al pueblo elegido, que ahora sois todos vosotros, porque ellos también fallaron.

 Mi promesa fue: “Yo seré vuestro Dios si cumplís, ¡Sí cumplís!, con Mis Leyes y os mantenéis limpios de corazón, si respetáis Mi Amor y todo lo que venga de Mí”

 Y ¿Qué habéis hecho vosotros?

Queréis hacer vuestra propia vida, vuestras propias leyes; os habéis apartado de lo que Yo os ordené para que tuvierais una vida bendecida por Mí.

Yo no Me aparto del hombre hasta que el hombre, él mismo se aparta de Mí al adorar a cosas, a personas, a todo aquello que antepongan ante Mí, vuestro Dios y Creador.

 Mi Palabra, Mis Promesas son eternas, Yo no os fallo, vosotros sois los que falláis. 

El pecado es obra del hombre, Yo no peco, Soy la Santidad Absoluta.

Vosotros sois los que os apartáis de Mí,

queréis ser consentidos a pesar de que pecáis y Me causáis dolor a Mi Sacratísimo Corazón.

Vuestras obras son abominables a Mis ojos y todavía queréis que Yo os consienta.

Todo lo que estáis padeciendo, y habéis padecido a lo largo de vuestra existencia, es por causa de vuestro pecado.

Os queréis siempre aprovechar de Mi Misericordia y de Mi Benevolencia, pecáis y luego queréis buscar Mi Perdón, que ciertamente os lo doy,

pero en vosotros no hay la promesa de no querer volver a ofenderMe. 

Jugáis con Mi Misericordia y esto no puede seguir así, Mis pequeños.

Ahora tenéis que enfrentar el resultado de vuestros pecados, de vuestra apostasía.

La maldad está siempre a vuestro alrededor, Satanás continuamente os está atacando.

Os preocupáis de lo que sucederá, de lo que vendrá: que si habrá guerras, que si habrá persecuciones, que si habrá dolores fuertes de purificación.

Estáis siempre viendo un futuro de cosas malas que os pueden quitar vuestra alegría diaria.

Estáis ciegos, no hay sabiduría en vosotros.

Diario tenéis que padecer una batalla contra Satanás, diario vuestra alma está en peligro de perderse.

Diario Satanás os lleva a negarMe, a estar en contra Mía. 

¿Qué nombre tiene lo que ocupa mis pensamientos, la mayor parte del tiempo? Es el nombre de mi ídolo…

Vosotros continuamente causáis abominación a Mi Presencia porque os preferís a vosotros mismos, adoráis a otros dioses,

buscáis por todos lados que os vaya bien, no importando si Me dais a Mí la espalda, y ¿todavía así queréis que Yo os consienta?

Ciertamente, siempre os estoy cuidando, porque Soy vuestro Padre, Soy vuestro Dios, mantengo Mi Palabra de cuidaros, de protegeros,

porque sé que satanás, en su maldad, es muy superior a vosotros y os puede destrozar en cualquier momento, pero vosotros no reaccionáis. 

Vuestra lucha como os dije, ES DIARIA.

De día y de noche, Satanás os ataca en todo momento y vosotros solamente estáis esperando dolores futuros cuando los tenéis en todo momento,

Y a Mí Me causáis muchos dolores porque estáis apartándoos de Mi Gracia, estáis pecando contra Mí y de ahí vienen vuestras ingratitudes:

Os veis solamente a vosotros mismos, estáis viendo por vuestras comodidades, estáis viendo que Yo os consienta, que os dé todo lo que necesitáis.

Y vosotros ni siquiera veis por Mí, por Mi Amor.

Hay mucha ingratitud, os repito, de parte vuestra.

Queréis ser amados, sois egoístas, pero no queréis amarMe, porque al ser amado se le respeta, se le busca, se le ama y se le evita todo dolor.

Y ESTO IMPLICA QUE VOSOTROS DEJÉIS VUESTRA VIDA DE PECADO,

Y ESTO NO LO QUERÉIS HACER,

POR ESO ES MI DOLOR CONTRA VOSOTROS,

No trates de ACOMODAR las palabras de Dios a tu vida… TIENES QUÉ ACOMODAR TU VIDA a las Palabras de Dios…

PORQUE YO SIEMPRE VEO POR VOSOTROS,

POR VUESTRO BIEN PARA QUE NO OS FALTE NADA,

Y ME RESPONDÉIS CON DOLOR, CON PECADO,

Y APOSTATANDO DE MÍ, VUESTRO DIOS.

No esperéis los acontecimientos futuros, ¡Ved los acontecimientos diarios que tenéis!

Que esos también os pueden llevar a la Muerte Eterna. 

Diario tenéis que librar una guerra contra Satanás y contra vosotros mismos.

Y NO OS PREPARÁIS PARA ELLO.

¿Cómo os vais a preparar contra una batalla mayor cuando ni siquiera os preparáis para las batallas de todos los días?

Ponéis en juego en todo momento a vuestra alma.

En cualquier momento se puede terminar vuestro tiempo de vida, ¿cómo estará vuestra alma en ese momento? Os repito: 

No esperéis los acontecimientos futuros, no os distraigáis en esa tentación que os pone Satanás, porque son distracciones reales para que no os preparéis en todo momento.

Si no estáis viviendo vida de Gracia, en cualquier momento podéis morir eternamente,

si en esos momentos pido vuestro regreso e inicio vuestro juicio. Meditad esto Mis pequeños,

VIVID EL PRESENTE, VIVID EN ESTADO DE GRACIA, LLENAOS DE MI AMOR,

Y ESTO OS DARÁ LA SEGURIDAD DE GANAR LA VIDA ETERNA.

 Hijitos Míos, os he pedido que seáis perfectos como Mi Padre, vuestro Padre, es Perfecto.

Y en lo primero que debéis ser perfectos Mis pequeños, es en la Fe. 

Cuando vosotros aceptáis que Nuestra Santísima Trinidad es la que os Guía, es la que os Ama, es la que os quiere llevar a la Perfección,

debéis estar plenamente agradecidos y sobre todo, debéis aceptar plenamente Nuestra Voluntad.

Somos Perfectos en el Amor.

Nuestra Santísima Trinidad es Perfecta en el Amor.

Y en el Amor no puede haber Odio, no puede haber Maldad, no puede haber cosas escondidas, Mentiras,

TODO AQUELLO QUE VIVÍS AHORA

Y A LO CUAL DESGRACIADAMENTE

OS HABÉIS ACOSTUMBRADO, MIS PEQUEÑOS

Si queréis vivir en la Verdad y en el Amor, debéis dejaros guiar por Mi Santo Espíritu que vive en vuestro interior.

La maldad que os rodea os lleva por caminos oscuros, por caminos de maldad, por caminos que no os van a dar cosas buenas, ni os van a ayudar a llegar a la perfección a la que estáis llamados.

Ciertamente al vivir en la imperfección Mis pequeños, vosotros debéis aceptar como cuando sois pequeñitos, que se os llame la atención cuando estáis cometiendo un mal.

Y a veces hasta necesitáis ser reprendidos con un castigo para que entendáis que el camino que estáis tomando no es el correcto.

Pero para eso también necesitáis ser perfectos en la Humildad, reconocer que no sois lo que debierais ser ni lo que Nosotros buscaMos en vosotros, que es el ser obedientes, amorosos.

Que cumpláis con los Mandamientos que se os han dado, con las Leyes entregadas a vosotros para que llevéis una vida clara, una vida santa, una vida llena de virtudes y de amor.

Yo os pregunto, ¿Acaso habéis llevado una vida de esta manera?

Dejáis mucho que desear Mis pequeños, no sois esas almas buenas, esas almas santas que buscaMos en vosotros. 

Ciertamente el pecado os ha engañado y os ha llevado por caminos incorrectos,

pero vosotros habéis aceptado en vuestra vida esa maldad, esa mentira, ese desamor entre vosotros.

Y eso os ha causado muchas tribulaciones, como lo que estáis padeciendo en estos momentos.

Todo esto os lo habéis ganado vosotros por haber aceptado la maldad en vuestra vida. 

SATANÁS OS ESTÁ DESTRUYENDO Y YO SE LO HE PERMITIDO

Como un castigo para que volteéis a Mí, vuestro Dios y Me reconozcáis como vuestro Dios.

Que reconozcáis que NO habéis cumplido con los Mandamientos que se os han dado,

Que reconozcáis que habéis dañado Mi Sacratísimo Corazón, que reconozcáis que debéis volver al camino del bien.

Habéis querido hacer vuestra voluntad y en vuestra imperfección caéis fácilmente en el error.

Y es lo que estáis viviendo Mis pequeños, error.

Y esto os ha llevado al caos de vida, al caos en la Naturaleza, al caos en vuestra vida personal, espiritual. 

No Me buscáis, no imploráis Mi Regreso a la Tierra, no buscáis que Mi Santo Espíritu guíe vuestra existencia, guíe vuestros pensamientos, vuestras palabras, vuestras acciones.

No Me llamáis a Mí, vuestro Padre, vuestro Dios, para que os ayude a retomar vuestra existencia; primeramente aceptando vuestro error y pidiendo perdón de corazón por vuestras faltas.

Si verdaderamente sois humildes, debéis aceptar de corazón vuestros errores en todos sentidos:

Principalmente en haberMe hecho a un lado de vuestra existencia, en haber apostatado de la Fe y del Amor que se os han dado,

O ¿Acaso vivís amándoos los unos a los otros como Mi Hijo os pidió?

¿Acaso os ayudáis de corazón como Yo, vuestro Padre, os lo he pedido?

No, Mis pequeños, no lo habéis hecho

Y menos invocáis el Nombre de Mi Hijo, para que os ayude a caminar en esta Tierra,como Él caminó,

dejando una estela de Paz, de Amor, de una Armonía Santa, entre aquellos que sí Le aceptaron y Le siguieron.

Vivís en un caos espiritual y éste se manifiesta en vuestros actos, en vuestros errores a vuestro alrededor, en vuestro trato humano, en vuestra vida conMigo.

Buscáis solamente vuestros gustos, vuestros placeres, como si fuerais todavía niños chiquitos, niños chiquitos que no quieren tener todavía responsabilidades.

Y ¡Ya las tenéis, hijos Míos! ¡Abrid los ojos! Tenéis responsabilidades y primeramente hacia Mí, vuestro Dios.

No sabéis agradecerMe, no sabéis amarMe, no sabéis llevarMe en vuestro corazón;

en cambio, sí habéis dejado entrar en vuestro corazón la maldad de Satanás.

Os aprovecháis de vuestros hermanos, buscáis los momentos en que les podéis quitar algo y si os reprenden, devolvéis con amenazas o castigos el que se os haya llamado la atención.

¿Acaso agradecéis lo que Yo hago por vosotros, llamándoos la atención, reprendiéndoos y aun castigándoos? 

Si fuerais sabios, reconoceríais que os merecéis lo que os está pasando,

Yo NO os lo estoy mandando,

LO ESTOY PERMITIENDO

Es Satanás el que os manda todos estos castigos, porque os apartasteis de Mi Gracia. 

Desde antiguo Yo prometí que os cuidaría de todo mal,

mientras vosotros os mantuvierais cumpliendo Mis Leyes, Mis Mandamientos, si vivierais en Mi Amor,

pero vosotros no habéis cumplido vuestro pacto, que es el aceptar lo que os he pedido.

YO OS HE DICHO QUE HASTA QUE NO OS ARRODILLÉIS Y ME PIDÁIS PERDÓN,

PERO UN PERDÓN QUE SALGA DESDE LO MÁS PROFUNDO DE VUESTRO CORAZÓN,

CON LA INTENCIÓN DE NO VOLVER A OFENDERME,

4. Jonás comenzó a adentrarse en la ciudad, e hizo un día de camino proclamando: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida.»

ES CUANDO TODO CAMBIARÁ A VUESTRO ALREDEDOR.

No os estáis portando como almas maduras, almas buenas, almas santas.

Y por eso tenéis que ser reprendidos, para que a través del Dolor desgraciadamente, podáis entender que vais por mal camino.

Soy vuestro Padre y tengo el derecho de reprenderos, de castigaros, no por maldad.

Sino para hacer que vosotros entendáis que habéis escogido el camino del Mal.

En lugar de seguir el camino del bien que se os ha trazado en diferentes formas, en diferentes momentos. 

Sois esos hijos desobedientes, esos hijos malos que os habéis querido salir de vuestro hogar para hacer vuestra voluntad,

21. El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.”

Y ojalá regresarais como el hijo pródigo que aceptó sus errores,

que aceptó haber caminado en el mal, que aceptó el haber desperdiciado los bienes que se le dieron y acongojado, humillado, maltratado, regresó con su padre a pedir perdón.

SOIS LOS HIJOS PRÓDIGOS QUE ESPERO REGRESÉIS A MÍ

Y YO, DE TODO CORAZÓN, OS PERDONARÉ,

OS PONDRÉ NUEVAMENTE EL ANILLO DE HIJOS MÍOS EN VUESTRA MANO

Y OS ABRIRÉ LAS PUERTAS DEL PARAÍSO,  AL CUAL PERTENECÉIS.

Ojalá Mis pequeños, entendáis antes de que lo más fuerte de la Purificación llegue a vosotros.

Y no os dé tiempo del arrepentimiento que busco en vosotros y os lleguéis a perder eternamente.

Que Mi Santo Espíritu os bendiga, os proteja, os guíe en Mi Santísima Trinidad.

Os doy la Bendición, Mis pequeños, para que retoméis el camino del Bien y del Amor.

Yo no os estoy castigando, es vuestra necedad y soberbia que el mismo maligno suscita en vosotros, quien os castiga.

Escoged, Mi Paraíso o vuestro mundo actual.

En vosotros está la decisión. De Mí sólo puede salir Bien, Paz, Verdad y Amor.

Os bendigo entrañablemente hijitos Míos de Mi Corazón.

Os Amo y Os espero al final del camino, a las puertas de Mí Reino Celestial, ya de Nuevo en Nuestro Mundo.

Ahí estaré como Padre Amoroso os estrecharé junto a Mí Corazón, para gozar en vosotros Mí Amor.

Os amo y deseo sólo vuestro bien.

Que Mi Santo Espíritu os bendiga, os proteja, os guíe en Mi Santísima Trinidad.

Os doy la Bendición, Mis pequeños, para que retoméis el camino del Bien y del Amor.

Yo os bendigo en Mi Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

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26 ISACC APÓSTOL PRIMICIA


26 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Apenas está amaneciendo en un fresco valle rumoroso, lleno de aguas que van hacia el Sur entre saltos y espumas de un pequeño torrente argentino, que asperja su risueña frescura sobre los herbazales de las orillas.

Y pareciera como si su linfa subiese también por las pendientes, por el verdor de éstas.

Son las laderas esmeraldas de verde veteado que sube desde el nivel del suelo, a través de los matorrales y los arbustos del monte bajo, hasta las copas de los altos árboles.

Donde hay muchos nogales entre un bosque salpicado de zonas abiertas intercaladas y rellanos exuberantes de pasto sano y nutritivo para el ganado.

Jesús desciende con los suyos y con los tres pastores, hacia el torrente.

Pacientemente se detiene cuando hay que esperar a una oveja que se queda rezagada…

O a uno de los pastores que debe ir por una cordera que se desvía.

Ahora es exactamente el Buen Pastor.

También Él se ha procurado una larga rama para apartar los ramajes de las móreas,  de los espinos y clemátides que salen al paso por todas partes, tratando de atrapar los vestidos.

Ello completa su figura de pastor.

Elías dice:

–    ¿Ves? Yuttá está allá arriba. Ahora cruzaremos el torrente; hay un vado por el que se puede pasar en verano, sin necesidad de recurrir al puente. Habría sido más breve venir por Hebrón, pero no has querido.

Jesús reponde:

–    No. A Hebrón después. Siempre primero, donde están los que sufren.

Los muertos ya no sufren, cuando son justos. Y Samuel era un justo.

Además, para los muertos que necesitan oraciones, no es necesario estar junto a sus huesos para ofrecerlas.

Los huesos, ¿Qué son? Prueba del poder de Dios, que con la tierra creó al hombre. Nada más.

También los animales tienen huesos, aunque su esqueleto es menos perfecto que el del hombre.

Sólo el hombre rey de la Creación tiene posición erecta, como rey que está por encima de sus súbditos.

Y su rostro mira recto y hacia arriba sin necesidad de torcer el cuello.

Hacia arriba, donde está la morada del Padre. Pero no son más que huesos, polvo que vuelve a ser polvo.

La Bondad eterna ha decidido reconstruirlos en el Día eterno para proporcionarles a los bienaventurados un gozo aún más vivo.

Pensad: no sólo los espíritus serán reunidos y se amarán como y mucho más que  en la Tierra; que incluso gozarán de volverse a ver con el aspecto que tuvieron en la Tierra:

los niños de pelo rizado y tiernos como los tuyos, Elías.

Los padres y las madres de un corazón y de un rostro todo amor como los vuestros, Leví y José.

Es más, para ti, José, significará el conocer por fin esos rostros cuya nostalgia sientes.

Ya no habrá huérfanos, ni viudos, entre los justos, allá arriba…

En cualquier parte se puede ofrecer sufragio por los muertos.

Es oración de un espíritu, por el espíritu de quien estaba con nosotros al Espíritu perfecto, que es Dios y que está en todas partes.

¡Oh, santa libertad de todo lo que es espiritual! Ni distancias, ni destierros, ni prisiones, ni sepulcros…

Nada que divida o encadene reduciendo a penosa impotencia lo que está fuera o por encima de las cadenas de la carne.

Vosotros vais, con la parte mejor de vosotros, a vuestras personas queridas; ellos, con su parte mejor, vienen a vosotros.

Y todo gira, con esta efusión de espíritus que se aman, en torno al Fulcro eterno, a Dios: Espíritu perfectísimo, Creador de todo cuanto fue, es y será.

Amor que os ama y os enseña a amar… Pero… hemos llegado al vado, creo.

Veo una fila de piedras que sobresale de la poca agua del fondo.

–     Sí, es aquél, Maestro.

En tiempo de crecida es una cascada rumorosa, ahora no es más que siete hilos de agua que ríen entre las seis voluminosas piedras del vado.

En efecto, seis piedras de gran tamaño, bastante regulares, están depositadas, a un poco más de un palmo de distancia entre sí, sobre el fondo del torrente,

Y el agua, que hasta este punto formaba un única cinta brillante, se separa en siete cintas menores dándose prisa en reunirse pasado el vado, en un único frescor que sigue su curso entre los cantos del fondo.

Los pastores vigilan el paso de las ovejas, de las cuales una parte pasa por encima de las piedras y otra parte prefiere meterse en el agua, de no más de un palmo de profundidad.

Y beber en esta diamantina ola que espuma y ríe.

Jesús pasa por las piedras y detrás de El los discípulos.

Continúan caminando por la otra margen del torrente.

Elías pregunta

–    ¿Me has dicho que quieres que Isaac sepa de tu Presencia, pero sin entrar en el pueblo?.

–    Sí, así lo deseo.

–    Entonces conviene que nos separemos.

Yo iré a verlo, Leví y José se quedarán con el rebaño y con vosotros. Subo por aquí. Tardaré menos.

Elías afronta la subida de la abrupta pendiente, hacia unas casas que arriba  muestran su blancura resplandeciendo al sol.

Llega ante las primeras casas, entra por una pequeña bocacalle entre casas y huertos. Continúa caminando algunas decenas de metros.

Tuerce y va a dar a una calle más ancha, que lo lleva a una plaza donde está todavía el mercado, donde  amas de casa y vendedores se desgañitan en torno a los árboles que dan sombra a la plaza.

Elías camina con seguridad hasta el punto en que la plaza vuelve a ser una calle bastante bonita, quizás la más bonita del pueblo.

En la esquina hay una mísera  habitación con la puerta abierta.

Casi en la entrada hay una cama de pobre aspecto y encima de ella un esquelético enfermo que gimiendo, pide un óbolo a todos los que pasan.

Elías entra como un cohete.

–    Isaac… soy yo.

–   ¿Tú? No te esperaba. Has venido la pasada luna.

–    Isaac… Isaac… ¿Sabes por qué he venido?

–    No lo sé… Estás emocionado… ¿Qué sucede?

–    He visto a Jesús de Nazaret, ya hombre y rabí. Ha venido a buscarme… Y quiere vernos.

¡Oh! ¡Isaac! ¿Te sientes mal?

Isaac parece desmayarse, pero toma nuevas fuerzas.

–    No. La noticia… ¿Dónde está? ¿Cómo es? ¡Oh, si pudiera verlo!

–    Está abajo, hacia el valle. Me manda a decirte  exactamente en estos términos: “Ven, Isaac, que quiero verte y bendecirte”.

Ahora voy a llamar a alguien que me ayude a llevarte abajo.

–    ¿Ha dicho eso?

Isaac echa hacia arriba las cobijas, mueve las piernas inertes, las saca fuera del jergón…

Y las apoya con fuerza en el suelo.

Elías lo mira asombrado y dice:

–    Eso. Pero, ¿Qué haces?

–    Me pongo en camino.

Se levanta, aún un poco inseguro y tambaleante.

Todo en un instante, ante la mirada atónita de Elías…

Que acaba entendiendo y da un grito…

Se asoma una mujer curiosa, ve al enfermo en pie, cubriéndose — no tiene otra cosa — con una de las cobijas,

Y se echa a correr gritando como una gallina.

Isaac lo urge:

–    Vamos… vamos por aquí, para tardar menos y no toparnos con mucha gente… Rápido, Elías.

Y salen corriendo por la puertecita de un huertecillo posterior.

Empujan la puerta de ramas secas, están afuera; marchan rápidamente por una calleja miserable, luego abajo por un camino entre huertos.

Y continúan bajando, por los prados y arboledas, hasta el torrente.

Elías señala a un centenar de metros…

–    Allí está Jesús. Es Aquél alto, hermoso, rubio, vestido de blanco, con el manto rojo…

Isaac corre, abre el rebaño que pace… 

Y con un grito de triunfo, de alegría, de adoración, se postra a los pies de Jesús.

Que dice sonriente:

–    Levántate, Isaac. He venido a traerte paz y bendición.

Levántate, que quiero saber cómo es tu rostro.

Pero Isaac no puede levantarse. Han sido demasiadas emociones juntas.

Se queda, con su feliz llanto, contra el suelo.

–    Has venido inmediatamente. No te has preguntado si podías…

–   Tú me has dicho que viniera… Y he venido.

Elías interviene:

–    Ni siquiera ha cerrado la puerta, ni ha recogido las limosnas, Maestro.

–    No importa. Los ángeles estarán en su casa vigilando. ¿Estás contento, Isaac?

–    ¡Oh, Señor!

–    Llámame Maestro.

–    Sí, Señor, Maestro mío. Aunque no estuviera curado, me habría sentido dichoso de verte.

¿Cómo he podido obtener de Tí tanta gracia?

–    Por tu fe y paciencia, Isaac. Sé lo que has sufrido…

–    ¡Nada, nada! ¡Ya nada! ¡Te he encontrado a Tí! ¡Vives! ¡Existes! Esto sí que es real…

Lo demás, todo lo demás, pertenece al pasado. Pero, Señor y Maestro, ahora ya no te vas, ¿Verdad?.

–    Isaac, tengo todo Israel que evangelizar. Yo parto…

Pero, si bien es cierto que no puedo quedarme, tú sí me puedes servir y seguir. ¿Quieres ser mi discípulo, Isaac?

–   ¡No voy a servir!

–   ¿Sabrás confesar mi presencia en el mundo? ¿Confesarlo contra las burlas y las amenazas?

¿Y decir que Yo te he llamado y has venido?

–    Aunque Tú no quisieras, diría todo eso. En esto te desobedecería, Maestro. Perdona que lo diga.

Jesús sonríe.

–    ¿Ves cómo eres capaz de ser discípulo?

Isaac es un hombre que tiene alrededor de cincuenta y cinco años. 

Y dice:

–    ¡Oh, si sólo es para hacer esto!…

Creía que era más difícil, que se necesitase ir a aprender con los rabíes para servirte a Tí, Rabí de los rabíes… E ir a aprender cuando se es anciano…

–    Tú ya has aprendido todo lo que se enseña en una escuela, Isaac.

–    ¿Yo? No.

–    Tú, sí. ¿No has seguido creyendo y amando, respetando y bendiciendo a Dios y al prójimo, evitando tener envidias, o desear lo ajeno, e incluso lo que era tuyo y ya no tenías?

¿No has seguido diciendo sólo la verdad, aunque ello te perjudicase?

¿No has evitado fornicar con Satanás cometiendo pecados? ¿No has hecho todo esto en estos treinta años de desventura?

–    Sí, Maestro.

–   ¿Ves? Ya has concluido los estudios. Sigue así y añade la manifestación de mi presencia en el mundo. No hay nada más que hacer.

–    Ya te he predicado. Señor Jesús.

A los niños que se acercaban cuando sin apenas poder sostenerme en pie, llegué a este pueblo.

Pidiendo un pan y haciendo todavía algunos trabajos de esquilador o haciendo productos lácteos.

Y luego, cuando venían alrededor de mi cama, cuando ya la enfermedad se había hecho fuerte y me había aniquilado desde la cintura para abajo.

Les hablaba de ti a los niños de entonces y a los niños de ahora, hijos de aquellos…

Los niños son buenos y creen siempre…

Hablaba de cuándo habías nacido… de los ángeles… de la Estrella y de los Magos…

Y de tu Madre…

¡Dime!: ¿Vive?

–    Vive y te envía saludos. Siempre hablaba de vosotros.

–    ¡Quién pudiera verla!

–    La verás. Irás un día a mi casa. María te saludará con la palabra “amigo”.

–    María… sí. Decir ese nombre es como tener miel en la boca…

Hay una mujer en Yuttá, ahora es ya mujer madre desde hace poco de su cuarto hijo, que entonces era una niña, una de mis pequeñas amigas…

Bueno, pues a sus hijos les ha puesto por nombre: María y José a los dos primeros.

Y no atreviéndose a llamar al tercero Jesús, lo ha llamado Emmanuel, como signo de bendición para sí misma, para su casa y para Israel.

Y está pensando en qué nombre ponerle al cuarto, que ha nacido hace seis días.

¡Ah, cuando sepa que estoy curado, y que Tú estás aquí!… Buena como el pan hecho por la propia madre es Sara e igualmente Joaquín, su esposo.

¿Y sus familiares? Por ellos estoy vivo. Siempre me han dado posada y me han ayudado.

–    Vamos adonde ellos a pedir alojamiento para las horas de sol y llevarles bendición por su caridad.

–    Por aquí, Maestro. Más cómodo para el rebaño y más oportuno para pasar desapercibido a la gente, que ciertamente está agitada.

La anciana que me ha visto ponerme en pie, ya debe haber hablado.

Siguen el torrente; lo dejan más al sur para tomar un sendero en subida más bien pronunciada a lo largo de un espolón del monte en forma de quilla de nave. 

Ahora el torrente va en dirección contraria a quien sube; discurre en el fondo, entre dos cadenas montañosas que se entrecruzan formando un valle accidentado y hermoso.

Llegan hasta una tapia sin argamasa que delimita la propiedad que desciende bruscamente hacia el valle.

Está rodeada por los prados con los manzanos, las higueras y los nogales.

Ahí está la casa blanca grande, con su ala saliente que protege la escalera formando un pórtico y mirador.

Sobresale la pequeña cúpula en la parte más alta y el huerto-jardín con el pozo, la pérgola, los cuadros…

Un gran murmullo sale de la casa.

Isaac se adelanta, entra llamando con fuerte voz:

–      ¡María, José, Emmanuel! ¿Dónde estáis? Venid aquí con Jesús.

 

Acuden tres críos: una niña de casi cinco años y dos niños de los cuatro a los dos, el último todavía con el paso un poco inseguro.

Se quedan con la boca abierta ante el… ‘resucitado‘.

Luego la niña grita:

–    ¡Isaac! ¡Mamá! ¡Isaac está aquí! ¡Es verdad lo que ha visto Judit!

De una habitación donde hay gran murmullo de voces, sale una mujer.

Es la madre de lozano aspecto, morena, alta, exuberante, hermosa toda con sus vestidos de fiesta:

Trae un vestido de cándido lino, como una rica túnica, que desciende hasta los tobillos formando pliegues.

Y que está ceñida a las caderas por un chal de rayas multicolores que pende con flecos hasta la rodilla, por detrás.

Ella lo mira asombrada, diciendo:

–     ¡Isaac! ¿Pero cómo es posible? Judit… Creía que el sol le había hecho perder la cabeza… ¡Andas!… ¿Qué sucedió?

–     ¡El Salvador! ¡Oh! ¡Sara! ¡Él es ya una realidad y ha venido!

–    ¿Quién? ¿Jesús de Nazaret? ¿Dónde está?

–     ¡Allí, detrás del nogal! ¡Y dice que si lo puedes recibir!

–     ¡Joaquín! ¡Madre! ¡Todos! ¡Venid! ¡Está aquí el Mesías!

Salen todos corriendo: mujeres, hombres, muchachos, niños; salen dando gritos, chillando…

Pero, al ver a Jesús, alto y majestuoso, pierden toda vehemencia y quedan como petrificados.

Jesús saluda:

–      Paz a esta casa y a todos vosotros, la paz y la bendición de Dios

Jesús se dirige despacio, sonriente, hacia el grupo de personas:  

–     Amigos, ¿queréis recibir en vuestra casa al Viandante? – y sonríe aún más.

Su sonrisa vence los temores.

El esposo tiene el valor de hablar:

–     Entra, Mesías. Si te hemos amado sin conocerte, más te amaremos conociéndote.

La casa hoy está de fiesta por tres cosas: por Tí, por Isaac y por la circuncisión de mi tercer hijo varón. Bendícelo, Maestro.

¡Mujer, trae al niño! Entra, Señor.

Entran en una estancia adornada para fiesta: mesas, viandas, alfombras y ramilletes por todas partes.

Vuelve Sara con un recién nacido en los brazos y se lo presenta a Jesús.

–     Dios esté con él, siempre. ¿Qué nombre tiene?

–     Ninguno. Ésta es María, éste es José, éste es Emmanuel, éste… no tiene nombre todavía…

Jesús mira fijamente a los dos esposos, uno al lado del otro.

Sonríe diciendo:

–    Pensad un nombre, si hoy debe ser circuncidado…

Los dos se miran, lo miran, abren los labios, los cierran sin decir nada.

Todos están atentos.

Jesús insiste:

–    Muchos nombres grandes, dulces, benditos, tiene la historia de Israel más dulces y benditos ya han sido puestos, pero quizás quede todavía alguno.

A una voz los dos esposos exclaman:

–    ¡El tuyo, Señor!

Y la esposa añade:  

–    Pero es demasiado santo…

Jesús sonríe y pregunta:

–   ¿Cuándo se le circuncida?.

–    Estamos esperando al que lo hace.

–    Estaré presente en la ceremonia.

Bien, antes de nada os doy las gracias por mi Isaac. Ahora ya no tiene necesidad de los buenos, pero los buenos siguen teniendo necesidad de Dios.

Llamasteis al tercero “Dios con nosotros”.  A Dios lo tuvisteis desde que tuvisteis caridad con mi siervo.

Benditos seáis. En la Tierra y en el Cielo será recordada vuestra acción.

–    ¿Isaac se va ahora? ¿Nos deja?

–    ¿Os duele? Él debe servir a su Maestro. No obstante, volverá, y Yo también vendré.

Vosotros, entre tanto, hablaréis del Mesías… ¡Hay tanto que decir para convencer al mundo!… 

José el esposo, señala:

–    Llega la persona que esperábamos.

Entra un personaje pomposo con un sirviente.

Hay saludos y reverencias.

El hombre pregunta con altiva gravedad:

–   ¿Dónde está el niño?

Joaquín el esposo, señala:

–    Aquí está. Pero antes saluda al Mesías, está aquí.

–    ¿El Mesías?… ¿El que ha curado a Isaac? Ya, ya lo sé.

Hablaremos de esto en otro momento. Tengo mucha prisa. Rápido, el niño y su nombre.

Los presentes se sienten desconcertados por los modales del hombre.

Jesús, sin embargo, sonríe como si los desaires no tuvieran que ver con Él.

Toma al pequeñuelo, le toca en la frente con sus hermosos dedos, como para consagrarlo.

Y dice:

–    Su nombre es Iesaí

Y se lo vuelve a dar al padre; el cual, con el hombre soberbio y con otros, va a una habitación cercana.

Jesús se queda dónde está, hasta que regresan con el infante, que viene chillando desesperadamente.

Jesús, para consolar a la angustiada madre dice:

–   Dame al pequeñuelo, mujer. Dejará de llorar.

El niño, cuando es depositado en las rodillas de Jesús, efectivamente se calla. 

Jesús forma un grupo aparte, con todos los niños alrededor. 

Enseguida se agregan los pastores y los discípulos.

Afuera se oye balar a las ovejas, Elías las ha metido en el aprisco.

En la casa hay rumor de fiesta.

Traen dulces y bebidas a Jesús y a los suyos.

Pero Jesús distribuye éstas entre los pequeños.

Joaquín pregunta:

–   ¿No bebes Maestro? ¿No lo aceptas? Te lo damos de corazón.

–   Lo sé, Joaquín, y lo acepto de corazón.

Pero déjame que primero dé gusto a los pequeñuelos; ellos constituyen mi alegría…

Isaac interviene:

–    No hagas caso de ese hombre, Maestro.

–    No, Isaac. Ruego porque vea la Luz.

Jesús se vuelve hacia su predilecto:

–   Juan, lleva a los dos niños a ver las ovejas. 

Y a la niña mayor le dice:

–    Y tú, María, acércate más y dime:

 –   ¿Quién soy Yo?

Ella dice muy solemne:

–     Tú eres Jesús, Hijo de María de Nazaret, nacido en Belén.

Isaac te vio y me puso el nombre de tu Mamá para que yo fuera buena.

–     Tienes que ser buena como el ángel de Dios.

Más pura que una azucena florecida en las altas cumbres, pía como el levita más santo, para imitarla. ¿Lo serás?

–    Sí, Jesús.

Judas la corrige:

–    Di “Maestro” o “Señor”, niña.

Jesús declara:

–    Deja que me llame con mi Nombre, Judas. Sólo pasando por labios inocentes no pierde el sonido que tiene en los labios de mi Madre.

Todos, en los siglos futuros pronunciarán ese Nombre, pero unos por un interés, otros por otro… y muchos para hacerlo objeto de blasfemia.

Sólo los inocentes, sin cálculo y sin odio, lo pronunciarán con amor semejante al de esta pequeña y al de mi Madre.

Incluso los pecadores, sintiéndose necesitados de piedad, me invocarán.

¡Sin embargo, mi Madre y los niños…!

¿Por qué me llamas Jesús? – pregunta, acariciando a la pequeña.

La niña levanta su carita, abraza sus rodillas y…

responde riendo:

–    Porque te quiero… como a mi padre, a mamá y a mis hermanitos.

Jesús se inclina y la besa…

25 LOS PRIMEROS ADORADORES


25 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Las alturas se hacen mucho más elevadas y boscosas que las de Belén; suben cada vez más, transformándose en una verdadera cadena montañosa.

Jesús va el primero, proyectando su mirada hacia delante y alrededor, como buscando algo. No habla.

Escucha más las voces del arbolado, que las de los discípulos, que van unos metros detrás de Él, hablando bajo entre sí. 

(Todo en la Creación está vivo, tiene su reflejo en el mundo espiritual y la Naturaleza canta alabanzas al Señor. Y con el alma VIVIENTE y el sentido del Oído espiritual despierto, percibimos el mundo espiritual y podemos comunicarnos con todas las creaturas. La SINTONÍA, es el AMOR. Por eso tanto el profeta Daniel como San Francisco de Asís, entonaron los cánticos de Alabanza)

Una esquila suena lejana, pero el viento porta su campanilleo.

Jesús sonríe.

Se vuelve y dice:

–    Oigo algunas ovejas.

Simón pregunta:

–    ¿Dónde, Maestro?

–     Me parece que hacia aquella colina. Pero el bosque no me deja ver.

Juan, sin decir una palabra se quita la túnica, el manto lo llevan todos en bandolera enrollado, porque tienen calor.

Se queda sólo con la prenda corta y abraza el tronco alto y liso de un fresno.

Y sube…

Sube hasta que puede ver.

Baja rápido y dice:

–    Sí, Maestro. Hay muchos rebaños y tres pastores. Allí, detrás de aquella espesura.

Vuelven a caminar ya seguros.

–   ¿Serán ellos?

–    Preguntaremos, Simón; si no son, nos sabrán decir algo… Se conocen entre ellos.

Avanzan unos cien metros más, luego un amplio pacedero verde, del todo circundado de gruesos árboles añosos.

Se ven muchas ovejas en el prado ondulado, rozando la abundante hierba.

Tres hombres las custodian.

Uno es anciano, ya completamente cano, los otros parecen tener treinta años uno y el otro, unos cuarenta.

Jesús acelera el paso y…

Judas previene:

–    Cuidado, Maestro. Son pastores…

Pero Jesús ni siquiera responde.

Continúa, alto, hermoso, dándole el sol de poniente en el rostro, con su túnica blanca.

Se le ve tan luminoso, que parece un ángel…

Al llegar al lindero del prado, saluda:

–    La paz esté con vosotros, amigos.

Los tres se vuelven sorprendidos.

Silencio.

Luego el anciano pregunta:

–   ¿Quién eres?

–    Uno que te ama.

–    Serías el primero desde hace muchos años. ¿De dónde vienes?

–    De Galilea.

–   ¿De Galilea? ¡Ah!

El hombre lo mira atentamente.             

Los otros dos pastores se acercan y el anciano repite:

–    De Galilea.

Y añade en voz baja como para sí mismo:   

–    También El venía de Galilea…

Y vuelve a cuestionar:

–    ¿De qué lugar, Señor?

Jesús precisa:

–     De Nazaret.

La cara del anciano se ilumina e indaga:

–    ¡Ah! Entonces dime. ¿Ha regresado un Niño, con una mujer de nombre María y un hombre de nombre José, un Niño aún más hermoso que su Madre? ¡Qué flor más encantadora jamás vi en las laderas de Judá!

Un Niño nacido en Belén de Judá, en tiempos del edicto. Un Niño que luego huyó, para gran fortuna del mundo. ¡Un Niño que… yo daría la vida por saber que vive y es ya un hombre!

–   ¿Por qué dices que el que huyera ha sido una gran fortuna para el mundo?

–    Porque Él era el Salvador, el Mesías. Y Herodes lo quería muerto.  Yo no estaba cuando huyó con su padre y su madre…

Cuando tuve noticias de la matanza y volví,  porque yo también tenía hijos (un sollozo) Señor… y mujer (sollozo) y sentía que los habían matado (otro sollozo).

Pero te juro por el Dios de Abraham, que temblaba por Él, más que por mi misma carne.

Luego supe que había huido. Y ni siquiera pude preguntar, ni siquiera pude recoger a mis criaturas degolladas… Me apedreaban como a un leproso, como a un inmundo, como a un asesino… 

Y tuve que huir a los bosques, llevar una vida de lobo… Hasta que encontré a un propietario de ganado.

Oh, pero no es como era Ana!…

Es duro y cruel… Si una oveja se disloca una pata, si el lobo me roba un cordero…

Recibo palos hasta sangrar, me quita mi poca paga o debo trabajar en los bosques para otros.

Hacer algo, pero pagar siempre el triple del valor.

Pero no importa. Siempre le he dicho al Altísimo:

“Que yo pueda ver a tu Mesías. Que al menos pueda saber que vive, y todo lo demás no es nada“.

Señor, te he referido cómo me trataron los de Belén y cómo me trata el patrón. Habría podido devolver mal por mal o hacer el mal robando, para no sufrir a causa del patrón.

Pero sólo he querido perdonar, sufrir, ser honesto, porque los ángeles dijeron:

Gloria a Dios en los Cielos altísimos y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad“.

–    ¿Dijeron eso exactamente?

–     Sí, Señor créelo tú, tú al menos, que eres bueno. Conoce tú al menos y cree, que el Mesías ha nacido. Nadie quiere creerlo ya.

Pero los ángeles no mienten…

Y nosotros no estábamos borrachos como decían.

Éste, (señala al más joven) ¿Ves?, era un niño entonces.

Y fue el primero que vio al ángel. Sólo bebía leche. ¿Puede la leche emborracharlo a uno?

Los ángeles dijeron:

“Hoy en la ciudad de David ha nacido el Salvador que es Cristo, el Señor. Lo reconoceréis por esto: encontraréis a un Niño recostado en un pesebre, envuelto en pañales“.

–     ¿Dijeron eso exactamente? ¿No entendisteis mal? ¿No os equivocáis, después de tanto tiempo?

–     ¡Oh, no! ¿Verdad, Leví? Para no olvidarlo, ya de por sí no habríamos podido, porque eran palabras del Cielo y se escribieron con el fuego del Cielo en nuestros corazones.

 Todas las mañanas, todas las tardes, cuando sale el Sol, cuando brilla la primera estrella,

las recitamos como oración, como bendición, como fuerza y consuelo, con el Nombre de Él y de su Madre.

–     ¡Ah!, ¿Decís: “Cristo”?

–     No, Señor. Decimos: “Gloria a Dios en los Cielos altísimos y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad, por Jesucristo que nació de María en un establo de Belén y que siendo el Salvador del mundo, estaba envuelto en pañales en un pesebre”.

–           Pero, en definitiva, ¿Vosotros a quién buscáis?

–          A Jesucristo, Hijo de María, el Nazareno, el Salvador.

A Jesús se le ilumina el Rostro, al manifestarse a estos tenaces adoradores suyos.

Tenaces, fieles, pacientes.

Y dice: 

–          Soy Yo.

Los tres se arrojan simultáneamente al suelo y besan los pies de Jesús llorando de alegría…

Exclamando:

–          ¡Tú!

–          ¡Oh!

–           ¡Señor, Salvador, Jesús nuestro!

Jesús dice feliz:

–           Levantaos.  

–           Levántate, Elías. Y tú, Leví.  Y tú, que no sé quién eres.

El pastor más joven responde:

–      José. Hijo de José.

Jesús presenta a sus compañeros:

–      Éstos son mis discípulos. Juan es galileo; Simón y Judas, judíos.

Los pastores ya no están rostro en tierra, pero sí todavía de rodillas, echados hacia atrás sobre los calcañares.

Adoran al Salvador, con ojos de amor, labios temblorosos de emoción, rostros pálidos o enrojecidos, de alegría.

Jesús se sienta en la hierba.

–      No, Señor. En la hierba Tú no, Rey de Israel.

–      No os preocupéis, amigos. Soy pobre; un carpintero, para el mundo. Rico sólo de amor para el mundo, y del amor que los buenos me dan.

He venido a estar con vosotros, a partir con vosotros el pan de la noche, a dormir a vuestro lado sobre el heno, a recibir consuelo de vosotros…

–     ¡Oh, consuelo! Somos incultos y estamos perseguidos.

–     Yo también lo estoy.

No obstante, vosotros me dais lo que busco: amor, fe y esperanza que resiste durante años y florece. ¿Veis?

Habéis sabido esperarme, creyendo sin ninguna duda que era Yo. Y Yo he venido.

–     ¡Oh, sí! Has venido. Ahora, aunque muera, ya nada me causa la pena de algo esperado y no obtenido.

–     No. Elías. Tú vivirás hasta después del triunfo del Cristo. Tú, que has visto mi alba, debes ver mi fulgor.

¿Y los otros? Erais doce: Elías, Leví, Samuel, Jonás, Isaac, Tobías, Jonatán, Daniel, Simeón, Juan, José, Benjamín.

Mi Madre me repetía siempre vuestros nombres como los de mis primeros amigos.

Los pastores lo miran emocionados.

–   ¡Oh!

Los pastores están cada vez más conmovidos.

Jesús indaga:

–   ¿Dónde están los demás?

–   El anciano Samuel, muerto de viejo hace veinte años.

A José lo mataron por combatir en la puerta del aprisco, para dar tiempo a su esposa, madre desde hacía pocas horas, de huir con éste; que yo recogí por amor de mi amigo y por…

Para seguir teniendo niños a mi alrededor.

También tomé conmigo a Leví… lo perseguían.

Benjamín es pastor en el Líbano con Daniel.

Simeón, Juan y Tobías, que ahora se hace llamar Matías en recuerdo de su padre, al cual también lo mataron, son discípulos de Juan.

Jonás está en la llanura de Esdrelón, al servicio de un fariseo.

Isaac tiene la espalda hecha cisco, está en la absoluta miseria y solo, está en Yuttá. Le ayudamos como podemos…

Pero estamos todos en la ruina y es como gotas de rocío en un incendio.

Jonatán es ahora siervo de un noble de Herodes.

–   ¿Cómo habéis logrado, especialmente Jonatán, Jonás, Daniel y Benjamín, conseguir estos trabajos?

–   Me acordé de Zacarías, tu pariente… Tu Madre me había enviado a él.

Cuando nos volvimos a juntar en las gargantas de Judea, fugitivos y malditos, los llevé donde Zacarías.

Fue bueno. Nos protegió, nos dio de comer. Nos buscó un patrón como pudo.

Yo ya había recibido del herodiano todo el rebaño de Ana… y me quedé a su servicio…

Cuando el Bautista llegó a la edad madura y empezó a predicar, Simeón, Juan y Tobías se fueron con él.

–     Pero ahora el Bautista está prisionero.

–     Sí. Y ellos vigilan en torno a Maqueronte, con un puñado de ovejas para no levantar sospechas.

Ovejas que les ha dado un hombre rico, discípulo de Juan, tu pariente.

–     Quisiera verlos a todos.

–     Sí, Señor. Iremos a decirles: “Venid, Él vive, Él se acuerda de nosotros y nos ama”.

–     Y os quiere entre sus amigos.

–    Sí, Señor.

–    Pero en primer lugar, iremos adonde Isaac.

Samuel y José ¿Dónde están enterrados?

–    Samuel en Hebrón. Quedó al servicio de Zacarías.

José… no tiene tumba, Señor. Lo quemaron con la casa.

–    Pronto estará en la Gloria, no entre las llamas de los crueles, sino entre las llamas del Señor.

Yo os lo digo: a tí José, hijo de José, te lo digo. Ven, que Yo te bese para decir gracias a tu padre.

Elías pregunta:

–    ¿Y mis hijos?

–    Ángeles, Elías. Ángeles que repetirán el “Gloria” cuando el Salvador sea coronado.

–    ¿Rey?

–     No. Redentor. ¡Oh, cortejo de justos y santos! ¡Y delante las falanges blancas y purpúreas de los párvulos mártires!

Una vez abiertas las puertas del Limbo, subiremos juntos al Reino inmortal.

¡Y luego iréis vosotros y volveréis a encontrar padres, madres e hijos en el Señor! Creed.

–     Sí, Señor.

–    Llamadme Maestro. Llega la noche, nace la primera estrella. Di tu oración antes de la cena.

–    No yo. Tú.

–    Gloria a Dios en los Cielos altísimos y paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad que han merecido ver la Luz y servirla. El Salvador se encuentra entre ellos.

El Pastor de la estirpe real está en medio de su rebaño. La Estrella de la mañana ha nacido.

Regocijáos, justos, regocijáos en el Señor! Él, que ha hecho la bóveda de los cielos y los ha sembrado de estrellas,

 Él, que puso como límite de las tierras los mares; Él, que ha creado los vientos y los rocíos, y regulado el curso de las estaciones para dar pan y vino a sus hijos.

Ved cómo ahora os manda un Alimento más elevado: el Pan vivo que baja del Cielo, el Vino de la eterna Vid.

 Venid vosotros, primicias de mis adoradores, venid a conocer al Padre en verdad, para seguirlo en santidad y obtener así eterno premio. 

Jesús ha orado en pie con los brazos extendidos; los discípulos y los pastores están de rodillas.

Después se distribuye pan y una escudilla de leche acabada de ordeñar.

Y dado que son tres los tazones de calabazas vaciadas, primero comen Jesús, Simón y Judas.

Luego Juan, al cual Jesús le pasa su taza, con Leví y José.

Elías come el último.

Las ovejas no pastan más, se reúnen en un gran grupo compacto en espera de ser conducidas a su aprisco.

Los tres pastores las conducen al bosque, debajo de un rústico cobertizo de ramas cercado con cuerdas.

Ellos se ponen a prepararles a Jesús y a los discípulos un lecho de heno.

Se encienden algunos fuegos, para ahuyentar los animales salvajes.

Judas y Juan cansados se echan, y al poco tiempo ya están dormidos.

Simón querría hacerle compañía a Jesús, pero al cabo de un poco él también se queda dormido, sentado en el heno y con la espalda apoyada en un poste.

Permanecen despiertos Jesús y los pastores.

Y hablan:

De José, de María, de la huida a Egipto, del regreso…

Luego, después de estas preguntas de amor, llegan las preguntas más elevadas:

¿Qué hacer para servir a Jesús? ¿Cómo hacerlo ellos, rudos pastores?

 Jesús instruye y explica:

–      Ahora Yo voy por Judea. Los discípulos os tendrán siempre al corriente. Después os llamaré. Entretanto, reuníos.

Que cada uno tenga noticias de los demás y que sepan que Yo estoy en el mundo, como Maestro y Salvador.

 Y como podáis, manifestadlo a otras gentes.

No os prometo que seréis creídos. Yo he recibido escarnio y golpes, vosotros también los recibiréis.

Pero, de la misma forma que habéis sabido ser fuertes y justos en esta espera, sedlo más aún ahora que sois míos.

Mañana iremos hacia Yuttá. Luego a Hebrón.

¿Podéis venir?

–    ¡Oh, sí! Los caminos son de todos y los pastos son de Dios.

Sólo Belén nos está vedada, a causa de un odio injusto.

Los otros pueblos saben todo… pero se conforman con burlarse de nosotros llamándonos borrachos.

Por eso poco podremos hacer aquí.

–    Os llamaré a otro lugar. No os abandonaré.

–    ¿Durante toda la vida?

–     Durante toda mi vida.

–     No. Antes moriré yo, Maestro. Soy viejo.

–    ¿Tú crees? Yo no. Uno de los primeros rostros que vi fue el tuyo, Elías y será uno de los últimos.  Me llevaré conmigo en mi pupila tu rostro desencajado, a causa del dolor por mi muerte.

Pero luego será el tuyo el que lleve en el corazón lo radiante de una mañana triunfal y con él esperarás la muerte…

La muerte: el encuentro eterno con el Jesús que adoraste cuando era pequeñito.

También entonces los ángeles cantarán el Gloria: “por el hombre de buena voluntad”.

D VIVEN EN EL TERCER LAMENTO


REVELACIONES Y PROFECÍAS 

LOS SANTOS ARCÁNGELES

30.12.2011

El alma vive, se mantiene dentro del hombre y necesita ser nutrida para que evolucione, para que se despegue de lo mundano.

Nosotros, Protectores de los hombres, sufrimos por cada acto cometido con mala intención.

Miramos cómo el hombre se aleja de la unidad con su Padre y se enlaza con lo pecaminoso y perverso.

Todo en el Cosmos se mantiene en constante movimiento, las fuerzas del Universo están siendo contaminadas por los actos del hombre, que están en total discordancia con la Voluntad de Dios.

Estos actos atraen como IMÁN los desastres sobre la Tierra y dentro de la Tierra.

EL UNIVERSO SE ADMIRA ANTE LA TESTARUDEZ HUMANA,

Y LA TIERRA SE LIMPIA DE LA INMUNDICIA DEL PECADO.

SAN MIGUEL ARCÁNGEL

03.11.2015

El hombre se ha tornado totalmente necio, se cree autosuficiente, en el instante más álgido de la Humanidad en el cual el hombre está a un punto de romper ese hilo conductor,

que ha mantenido a todos los hombres, creaturas de Dios, de una u otra forma, en una ecuanimidad.

Y en este instante se encuentra en un punto – repito -, álgido, en el cual entrará en la etapa del  mayor desastre de esta generación.

30.09.2018

Los desastres aumentan en los países, la tiranía en las naciones es más fuerte, la ira hace del hombre un esclavo del Mal.

18.11.2019

El incremento de los desastres naturales se potencia en la criatura humana vacía del VERDADERO AMOR Y FE hacia Nuestro Rey y Señor Jesucristo.

14. Y nada tiene de extraño: que el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. 2 Corintios 11, 14

El Demonio es amado y festejado por el hombre.

Los desastres de la Naturaleza son y serán aumentados en su fuerza, la humanidad lo verá y se asombrará pero no se doblegará ante NUESTRO REY Y SEÑOR JESUCRISTO

SINO AL CONTRARIO,

DESATARÁN SU IRA CONTRA LA TRINIDAD SACROSANTA Y SUS FIELES.

NUESTRA MADRE SANTÍSIMA

28.11.2009

Hijos Míos de Mi Corazón Inmaculado:

¡LAS PROFECÍAS SE CUMPLIRÁN, PORQUE EL HOMBRE NO CAMBIA!

Miro con dolor cómo la humanidad se va a castigar a sí misma por su desobediencia.

EL DOLOR VIENE GENERADO POR TANTO CRIMEN, POR TANTA BLASFEMIA. 

Hijitos: el error del Comunismo se esparce por la Tierra como el aire y las Señales se dan día a día sin que la mayoría se percate de ello, como está sucediendo en este momento.

La hambruna será cada día mayor, los desastres naturales aumentarán,

el deseo de poder de las grandes potencias desembocará en grandes calamidades para toda la humanidad. 

18.04.2010

Con dolor en Mi Corazón miro, vivo y padezco la desolación de Mis hijos.

A aquellos que son tocados por la mano de los desastres de la naturaleza les digo:

les amo, les protejo, les auxilio y les beso el corazón para minimizar el dolor de las tragedias que están viviendo.

Mis ángeles les alientan, aun cuando no sean conscientes de ello.

14.07.2010

Sí, Mis amados hijos: La Tribulación está a un abrir y cerrar de ojos de la humanidad.

Caminan en total desobediencia, aturdidos por el ruido que no les permite escuchar con claridad el llamado urgentísimo del Cielo. 

La voluntad del hombre, una vez más le lleva a enfrentarse ante una cruel realidad:

EL HOMBRE SE CASTIGA A SÍ MISMO.

Recrudecen los desastres en toda la Tierra, la Naturaleza se estremecerá próximamente y el hombre traerá Dolor por su propia mano.

07.01.2011

Amados, el corazón del hombre se ha recubierto y endurecido con el pecado.

Debido a esto, Mis llamados son desatendidos, Mi Amor burlado y Mi Palabra desmentida.

El mal crece en la medida en que ustedes alejan a Mi Hijo y a Mí, del corazón.

Hijos, el aire viene con fuerza y con enfermedad.

La Tierra se agrieta nuevamente.

Un nuevo desastre se acerca: el agua es contaminada.

El Fuego sale a la superficie, el hombre sufre. Permanezcan alerta.

23.09.2012

Hijos, sean cautos, no es Mi Hijo el que se aleja del hombre; es el hombre el que al alejarse de Su Señor, ATRAE SOBRE SÍ el reclamo de la Creación,

la cual se manifiesta en los desastres naturales y demás señales.

NO SEAN SORDOS, LAS SEÑALES SE MANTIENEN

MIREN A LO ALTO

EN EL FIRMAMENTO SE REFLEJARÁ EL PODER DIVINO.

04.12.2013

La Naturaleza se mantiene dolida por el abuso del hombre hacia Ella y el mismo hombre ha acarreado el Dolor que ésta le causa.

Permanezcan atentos, miren con detenimiento los desastres naturales que sobrevienen a la humanidad.

01.08.2015

ESTOS INSTANTES NO SON COMO OTROS ANTERIORES

 Escucho a Mis hijos decir: siempre han ocurrido desastres, siempre ha temblado, siempre ha habido pestes, siempre… siempre…

Pero como en este instante, ¡NO!, amados Míos,

ni como en los venideros instantes en que todo recrudecerá.

Los terremotos aumentarán y su intensidad será mayor.

 El Agua limpiará la Tierra de todo el mal que el hombre vertió sobre ella.

23.04.2016

Deténganse a recapacitar en el sufrimiento de toda la Humanidad, en los desastres naturales, sociales y económicos de este instante…,

Es una convulsión total la que vive la Humanidad en este instante. 

 La Tierra se estremece con fuerza y continuará estremeciéndose. 

 El mar actúa diferente, los fenómenos naturales no se pueden comparar con la envergadura del pasado.

Estos son gigantes que se levantan contra el hombre, pero no porque hayan sido creados para que castiguen y purifiquen al  hombre,

sino porque el hombre emana tanta negatividad hacia Mi Hijo, tanta maldad hacia Mi Hijo,

la Creación, al no encontrar una semejanza con la creatura humana,

vuelve su mirada hacia esa creatura y al mirar la hechura de Dios, desea despertarla del Mal en que vive, arrebatarla de las garras de Satanás,

y la Creación, ante esa negatividad que emana el hombre, le llama por el único medio que conoce lo creado por la Mano de Dios, LE LLAMA POR EL AMOR

Y ES QUE EL HOMBRE CREE QUE EL AMOR ES ÚNICAMENTE CUANDO LAS COSAS SE ENCUENTRAN BIEN,

EL AMOR A LA VEZ LLAMA A ACTUAR BIEN

Y ES LO QUE HACE EN ESTE INSTANTE LA NATURALEZA,

ESTREMECIÉNDOSE SÍ, AGITÁNDOSE LAS AGUAS, SÍ;

ASÍ LA NATURALEZA LLAMA AL HOMBRE A QUE DESPIERTE

Y QUE RETORNE A SU DIOS Y A SU SEÑOR.

21.06.2016

Hijos Míos, aumentarán las causas de desastres en la Tierra.

El hombre actuará con mayor cizaña, la mente humana será invadida con una fijación:

dar muerte al hermano, lacerar a los niños y provocar el terror y la incertidumbre.  

23.09.2016

Oren hijos, la Humanidad atónita mirará por instantes el desastre que estremece al mundo.

Luego olvidará al que ha sufrido.

15.01.2017

Deben mantenerse alerta con respecto a la Naturaleza:

Los terremotos harán que las aguas de los mares se levanten y penetren en tierra.

Los vientos acarrearán desastres y el Sol calentará la Tierra.

Y el fuego arderá y arrasará grandes extensiones en varios países.  

13.09.2017

Es así como ustedes viven de desastre en desastre, la Creación le dice al hombre que no ofenda más a Mi Hijo, pero el hombre todo lo soluciona con darle explicaciones científicas.

Solo quienes van viviendo la Tribulación saben que lo que padecen no es algo que puedan llamarle normal.

El hombre dice haber vivido instantes de angustia y no habrá vivido angustia igual que en la Purificación.

Es el instante de la gran prueba del Pueblo de Mi Hijo, en donde los desastres naturales y la ciencia mal empleada por el hombre se volverán en su contra

y contaminarán cuanto le ha sido dado al hombre por el Padre Eterno.

16.04.2018

El terrorismo, brazo de Satanás, cobra la vida de los inocentes.

El Fuego llama al fuego y el hombre posee armas para causar el mayor desastre en la Tierra.

NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

25.12.2009

Amado Pueblo Mío:

Hijos, escúchenme: No deseo que se acerquen a Mí por temor, sino por amor.

Y es precisamente este Mi amor, el que hoy les urge a retornar al verdadero camino.

No sean indiferentes a cuanto acontece en la Creación, no permanezcan ciegos ante los desastres  naturales que no son otra cosa que la misma Naturaleza sintiéndoles indiferentes a Su Creador.

¡Cuántos Me llaman Padre, y en su corazón reina la maldad!

¡Cuántos pronuncian Mi Nombre y profieren blasfemias con igual facilidad!

La Creación Me reclama, el hombre Me desprecia.

 01.05.2010

HOY LES LLAMO A HACER SILENCIO INTERIOR;

UN JINETE CABALGA SOBRE LA HUMANIDAD

Jinete Negro de la Muerte y de la GUERRA

Y UN DESASTRE VIENE SOBRE SU LOMO. 

Permanezcan alerta, hijos, alerta ante los llamados de Mi Madre.

No los desechen, no los desatiendan.

21.06.2010

Hijos: se han acostumbrado a vivir rodeados de todo lo creado para su bienestar.

Esta es la causa por la que hoy han derribado Mi Creación, reduciéndola a una sombra. 

ABUSAN DE MI AMOR.

Soy blasfemado, pisoteado. Aman lo pasajero y Me aborrecen. Viven en medio de ídolos.

Han surcado la Tierra con el pecado, recibirán  una cosecha desmedida de Dolor, desastres y frustración.

La Tierra se moverá, el agua va tomando posesión de la misma. 

No se podrán regir por las estaciones.  El sol no volverá a ser benevolente.

VIVEN EN EL TERCER LAMENTO.

El Mal se mueve con el aire, contaminando las mentes, desvirtuando Mis llamados, engañándoles solapadamente.

Miro con tristeza a esta generación que convive con el pecado en total familiaridad.

¡QUÉ SOBERBIOS SON CONMIGO!

El amor de Mi Madre por ustedes es Paciencia Divina que en ésta Mi Palabra se vierte una y otra vez.

09.09.2010

Amados, se da una continua LUCHA ESPIRITUAL: el demonio enemigo de las almas, ha encontrado tierra fértil en el mal proceder de los hombres.

Y ataca con furia a fin de robar a los Míos y posesionarse de Mi Iglesia.

 Quieren socavar la fe de Mis hijos, y éstos, Me alejan e ignoran Mis llamados y los de Mi Madre.

Esta mala respuesta de Mi Pueblo atraerá más desastres sobre toda la Tierra.

Esto no es una amenaza, es el resultado que el mismo hombre se ha generado:

Es Mi Misericordia que les llega con total Amor, advirtiéndoles cuanto se acerca, para que corrijan su proceder, ya que viven instantes cortos, MUY CORTOS.

HE ACORTADO EL TIEMPO DEL HOMBRE, PARA SALVAR ALMAS,

ANTES DE QUE VENGA EL CASTIGO.

¿LA TIERRA SE HUNDE?

27.09.2010

El Enemigo del alma desarrolla su gran ofensiva en contra de todo Mi Pueblo, los desastres naturales continúan ante una tierra hueca que se derrumba.

Las mentes ambiciosas y crueles marcarán el punto exacto para el inicio de la Guerra,

en una humanidad enardecida, que ha sido preparada poco a poco mediante la tecnología, para mirar la guerra y las matanzas, como algo normal y cotidiano.

El hombre ha sido entrenado 24 horas al día en los nuevos campos de concentración llamados: “hogares o centros de recreación”.

Este ha sido un plan urdido por el Enemigo y que dará su fruto.

17.04.2011

¡CUÁNTA OFENSA, CUÁNTA OFENSA!…

Y YO LES PRESENTO MI MISERICORDIA PARA QUE NO SE EXTRAVÍEN MÁS.

¡Cuántos Padrenuestros han recitado, sin la mínima conciencia del contenido de cada palabra que pronuncian!

La vida transcurre en medio de la indecisión de Mi Pueblo.

Se han forjado una serie de acontecimientos dolorosos, han enfrentado constantemente desastres naturales y embates impetuosos causados por el mal uso del poder de la tecnología y la ciencia.

12.02.2012

El hombre de este instante mira con desprecio cuanto se le avecina, como si conviviera con el Dolor, cuando no le ha tocado aún.

No miren con indiferencia los acontecimientos de los hermanos que padecen a causa de los desastres naturales o de sus dirigentes, o por enfermedades, no los miren de lejos.

Los acontecimientos cabalgan, éstos caminan acercándose de nación en nación.

15.07.2012

LES ANUNCIO, NO PARA ATEMORIZARLES

SINO PARA QUE CAMBIEN DE VIDA Y SE REENCUENTREN CONMIGO.

Los aliados del Mal siguen órdenes con premura. 

Luego de sucedido esto, los gobernantes serán incapaces de emitir criterios, ya no serán tan importantes.

El Mal les dará órdenes y ellos obedecerán. 

Las transacciones bancarias serán cosa del pasado; en ese instante no podrán realizar ninguna transacción.

El hambre se esparcirá, los alimentos serán reducidos para la población, entre ellos el agua quedará contaminada  y los desastres se harán presentes;

LA GEOGRAFÍA DE LA TIERRA NO SERÁ LA MISMA

  24.03.2013

LA CONVERSIÓN LLEGA A LA HUMANIDAD,

 De lo contrario no sería amor. Llega de la mano del crisol del Anticristo que luchará en contra de Mi Pueblo,

Llega de la mano del sufrimiento y la de mutilación, de la mano de la hambruna y de la soledad,

de la mano de la persecución y de la destrucción ocasionada por los desastres naturales, ante una Tierra que al igual que el hombre, desea renovarse.

02.05.2013

La Naturaleza lamenta en medio de su dolor la inconsciencia de los Míos, vertiendo el fuego que anida y arde en los volcanes.

Permanezcan alerta ante  el poder de las grandes Naciones.

Éstas,  manipulando la ciencia, crean cataclismos y con las consecuencias de los desastres naturales inducidos,  ejercen sobre Mis hijos el dominio en instantes de Tribulación,

logrando así su objetivo: instaurar  un gobierno único  con el falso afán de auxiliarse y les alejarán de Mi Corazón con una sola religión que ofrece el libertinaje y el poder terreno.

09.12.2013

La ofensa contra la vida humana, la matanza de inocentes en tierras especialmente abonadas para Mi Madre,  y   entregadas al Mal por el libre albedrío del hombre,

ha imantando  los desastres de la Naturaleza sobre la tierra del Tepeyac, desde donde Mi Madre eligió  acunar y gobernar espiritualmente las Américas.

04.01.2015

LA NATURALEZA HA DESPERTADO Y EL HOMBRE SUFRIRÁ.

Los volcanes inactivos se activarán, grandes desastres invadirán la Tierra, han tomado poder ante la maldad del hombre que ataca a su Dios,

dando muerte a los inocentes y levantándose en contra del don de la Vida.

Los mares causarán dolores a la Humanidad.

El proceder del hombre en contra de Mi Voluntad le hará sufrir las consecuencias de su ciencia mal empleada,

cuando esta se disperse como el viento, dejando su estela de dolor en cada criatura humana a la que llegue.

04.08.2015 

MI AMOR ES TAN INFINITO QUE LLEVA IMPLÍCITO MI JUSTICIA.

EN ESTE INSTANTE LA CREACIÓN REACCIONA

ANTE TANTA OFENSA DE LA HUMANIDAD.

¿Cómo es que no miran que todo se acelera?…

¿Cómo es que no reconocen los Signos de este instante?…

¿Cómo es que no miran los desastres naturales que suceden con gran frecuencia e intensidad?…

¿Cómo es que no son conscientes de que la tierra se mueve constantemente más que en el pasado?…

¿Cómo es que no miran que aparecen plagas, de las cuales ni siquiera habían escuchado y sucedieron durante el cautiverio de Mi Pueblo?

23.09.2015

NO HIJOS, YO NO LOS CASTIGO…   

 LAS GRANDES POTENCIAS DESEAN ELIMINAR

LA MAYOR PARTE DE LA POBLACIÓN MUNDIAL

Y YO LUCHO CONTRA ELLOS POR USTEDES, POR AMOR A USTEDES, 

PORQUE POR AMOR A USTEDES DERRAMÉ MI SANGRE PARA REDIMIRLES.

Cuando ocurren desastres naturales o desgracias en las amiflias, Me culpan a Mí.

Mi Misericordia es infinita, pero Mi Justicia está pronta y Mi Justicia es el resultado del irrespeto del hombre hacia Mí, de la desobediencia y la soberbia del hombre.

La Humanidad atrae hacia sí misma el Castigo.

Hijos Míos, cada evento profetizado que se cumpla debe ser para ustedes una señal de fortaleza, porque saben que Yo me acerco más.

17.05.2016

Oren hijos Míos, los desastres naturales aumentan, oren por Suecia, Estocolmo.

05.06.2016

Amados hijos, la Tierra se encuentra con un sobrecalentamiento que el Sol le está emanando, esto eleva la temperatura interna de la Tierra

y debido a que la Creación les desconoce, los volcanes que han causado mayores destrucciones en el pasado entran en erupción.

Los volcanes que dormían despiertan, las aguas al calentarse rápidamente se evaporan con más rapidez

y con igual rapidez caen sobre la superficie terrestre, causando irremediables desastres por toda la Tierra.

18.06.2016

Pueblo Mío, cuando la criatura humana no es capaz de mirarse a sí misma, causa tal desastre sobre los hermanos que deja profundas heridas,

las que llevan dentro un desprecio hacia quien actúa de esa forma.

09.08.2016

¡DESPIERTEN!, NO PERMITAN QUE LA FE DECREZCA.

Permanezcan despiertos, hijos Míos, no confíen en los acuerdos de los hombres que gobiernan las grandes naciones,

sean conscientes de que en este instante el hambre cobra vidas, las enfermedades no se detienen, los desastres naturales continúan en su apogeo.

16.08.2016

ESTA GENERACIÓN SE HA DESATADO EN CONTRA DE TODO LO DIVINO,

EN CONTRA DE MI MADRE SANTÍSIMA…

ESTA GENERACIÓN SE HA PRONUNCIADO EN MI CONTRA.

ASÍ ES Y SERÁ EL TIEMPO EN QUE VIVE: 

Calamidades, enfermedades, desastres naturales, grandes cataclismos,

levantamientos de hombres en contra de hombres, matanza de inocentes,

irrespeto e incumplimiento de la Ley Divina, de los Sacramentos y demás prácticas de piedad.

MIRO A MIS HIJOS PADECER A CAUSA DE DESASTRES NATURALES,

el esperado Gran Terremoto se acerca a Mis hijos.

23.10.2016

EL HOMBRE, ALEJADO DEL BIEN, ATRAE AL MAL

Y LAS CONSECUENCIAS SON FUNESTAS PARA LA HUMANIDAD.

 La indiferencia hacia el hombre de parte de la Creación es inminente, por ello los desastres aumentan y con ellos el Dolor de Mis hijos.

Este es el instante en que la Tierra, oprimida por el pecado del hombre, se estremece con fuerza,

las aguas se agitan, el fuego avanza sin descanso,

el aire, tomando formas que intimidan al hombre, es motivo de alertas continuas.

09.01.2017

Amada Mía, la Humanidad no se detendrá hasta que padezca lo que ha generado… 

Del espacio se acerca parte de la Purificación, la fuerza y vibración que poseen Objetos Celestes que viajan por el espacio, influirán directamente sobre la Órbita de la Tierra,

causando que el Eje de la Tierra se mueva y las entrañas de la Tierra y el centro de gravedad de la Tierra correspondan a esa vibración y magnetismo, alterando la normal rotación.

Los desastres aumentarán; uno y otro terremoto se darán sin que el hombre logre auxiliarse con prontitud, ya que las condiciones lo impedirán.

La furia de las aguas inundará las costas y las comunicaciones serán alteradas al extremo.

Entonces el hombre verá que su tecnología no logra mantenerse por sí sola, sino depende de lo creado por la Mano Divina para continuar avanzando.

No es el hombre el Creador sino el esclavo de lo que ha creado…

Nada llega más allá de donde Nuestra Trinidad lo permite.

tercer lamento

29.05.2017

HIJOS, DEBEN CONOCERME Y RECONOCERME,

DEBEN DISCERNIR PARA QUE NO CREAN TODO,

PERO TAMBIÉN PARA QUE NO NIEGUEN TODO.

“Porque vendrán muchos en Mi Nombre diciendo: “yo soy el cristo” y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras, mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.

Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores.” (Mt 24, 5-8)

El incremento de falsos mesías, el incremento de guerras, el incremento de hambrunas, plagas y desastres naturales…

Estos Acontecimientos son Señales para esta generación.

 20.08.2017

Hijos, no creen en Mi Palabra, no creen que el grado tan alto de pecados interviene en la atracción de desastres en la Tierra y los acelera. 

NO ATIENDEN CUANDO LES LLAMO A PRESTAR ATENCIÓN

SOBRE LA CONTINUA Y CRECIENTE OLA DE VIOLENCIA EN LA HUMANIDAD

Y QUE LA MISMA TIERRA VOMITA EL PECADO DEL HOMBRE.

18.03.2018

Amado Pueblo Mío, no continúen ignorando que cuando ustedes obran y actúan para el Mal, ese mal es emanado por ustedes y se une con el mal de otras creaturas

y atraen los desastres naturales sobre la Humanidad atrayendo cuerpos celestes hacia la Tierra.

Deben mantenerse alerta con respecto a la Naturaleza:

los terremotos harán que las aguas de los mares se levanten y penetren en tierra,

los vientos acarrearán desastres y el Sol calentará la Tierra

y el fuego arderá y arrasará grandes extensiones en varios países.

P TRES APÓSTOLES DIFERENTES


Julio 16_2020

Habla Nuestro Señor Jesucristo

Hijitos Míos, Yo Soy el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, dichosos aquellos que se acercan a Mí.

Dichosos los que con Fe y en amor se acercan a Mí, limpios de corazón y con deseos de alimentarse con este Alimento Divino, que os dejé en la Última Cena.

Mis pequeños, a través de Mis apóstoles os dejé el Sacramento del perdón de los pecados. Le dije a Pedro: “Lo que ates en la Tierra, atado quedará en el Cielo; lo que desates en la Tierra, desatado quedará también en el Cielo.

Mis pequeños, es un Sacramento que Yo he dejado en los sucesores de Pedro, en los ministros de Mi Iglesia.

Les he dejado el poder de perdonar vuestros pecados, cualquier pecado, porque Yo Soy vuestro Dios.

Menos el pecado contra el Espíritu Santo, que ese no es perdonable porque es cuando dudáis de Mi Palabra, cuando dudáis de Mi Providencia Divina que os puede perdonar todo pecado,

CUANDO DUDÁIS DE QUE YO SOY OMNIPOTENTE

Y QUE PUEDO DAROS TODO,

PERO, POR LA DUDA,

DETENÉIS MI PODER DE PERDÓN.

Dichosos vosotros los que estando en pecado, los que estando en esa situación mortal para vuestra alma, os acercáis a Mí y Me pedís con humildad, el perdón de vuestras faltas,

y Yo, a través de Mis ministros, perdono vuestros pecados.

Yo os dejo nuevamente en posición de poder recibir el Alimento Divino, Mi Cuerpo y Mi Sangre, que os va a dar vida con este otro Sacramento, el Sacramento de la Eucaristía.

Otra Verdad que vosotros tenéis entre vosotros, una gran Verdad, un hecho, un milagro inmenso que ni los Ángeles se imaginaban:

Que pudiera Yo quedarMe entre los hombres, que pudiera Yo seguir alimentando a los hombres como alimenté a Mis apóstoles en la Última Cena, es otro Sacramento de vida.

Yo Soy la Resurrección y la Vida. Me mataron porque no querían conocer la Verdad, querían seguir manteniéndose en la oscuridad.

Pero resucité y os sigo dando vida, tenéis vida en Mí, una plena vida en Mí a través de los Sacramentos, que son Sacramentos de vida.

Mis pequeños, cuando os acercáis a Mí y tenéis esa confianza plena de que, estando conMigo, tendréis todo lo necesario para tener Mi Vida y poderla transmitir, el Reino será vuestro. 

LA FE, LA FE ES IMPRESCINDIBLE PARA OBTENER LOS SACRAMENTOS,

QUE CIERTAMENTE LOS TENÉIS A VUESTRA DISPOSICIÓN,

PERO SI NO CREÉIS, SI NO OS ACERCÁIS A ELLOS,

NO OBTENDRÉIS ESA VIDA QUE TENGO PARA VOSOTROS.

Yo Soy el Cordero, el Cordero que se inmoló para que vosotros tuvierais Vida y que la tuvierais en abundancia, pero se necesita Fe y un gran amor hacia Mí, vuestro Dios, vuestro Redentor.

Yo Soy el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo y que os da vida, porque Yo, que Soy la Vida, Me di por todos vosotros.

Venid pues, Mis pequeños, entrad a Mi redil,

entrad para que seáis de las almas escogidas, almas que creéis que Yo Soy vuestro Dios.

Almas que estáis seguras de que Yo, vuestro Dios, os daré Vida Eterna. 

CONFIAD PLENAMENTE EN MÍ, VUESTRO DIOS,

Y ESTARÉIS CONMIGO ETERNAMENTE,

VENCERÉIS FÁCILMENTE A LAS HUESTES DEL MAL.

SATANÁS NO PUEDE CONTRA AQUELLOS QUE ESTÁN LLENOS DE MI VIDA,

AQUELLOS QUE TIENEN UNA FE PLENA EN MÍ,

VUESTRO DIOS Y SALVADOR.

VENCÍ AL MAL, BAJÉ A LOS INFIERNOS

Muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó. de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado. a la derecha de Dios Padre. Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar. a vivos y muertos.

PARA DEMOSTRARLE A SATANÁS QUIEN SOY YO.

Soy un Dios de Vida, él es la Muerte y lo vencí.

Así que Mis pequeños, venid a Mí, NO os quedéis con vuestros pecados, NO DUDÉIS de que Yo os voy a dar vida.

Os repito: Yo vencí al Mal, venid pues a Mí y seréis vencedores y tendréis vida plena conMigo.

Porque ya por el simple hecho de haberMe aceptado vosotros como vuestro Redentor, también estáis invitados a aceptar la cruz,

la cruz que a veces tanto teméis, pero sin que os deis cuenta la lleváis, y para cada quien es diferente, de acuerdo a su misión.

Os he hablado del sacrificio cruento, como el que Yo llevé en muy alto grado, y del sacrificio incruento, que a veces no se ve, pero que se lleva y que no lo podéis evitar.

En la Tierra el Amor de Jesús DOSIFICA nuestro calvario, Y ÉL ES EL CIRENEO que nos ayuda a recorrer el Camino…

 Lleváis una Cruz de acuerdo a vuestra misión y esta cruz conlleva ese sacrificio cruento o incruento, la diferencia la hace el amor. 

Podéis llevar un sacrificio cruento como el Mío, pero ese sacrificio llevaba un Amor Divino que es el que os salvó, es el que os redimió y es el que os ha levantado nuevamente a nivel de hijos de Dios.

Hermanos Míos, Mis pequeños, una Gracia muy especial os concedí estando en la Cruz, pidiéndole a Mi Madre, la Siempre Virgen María que, viendo a Juan, viera a todos vosotros y que os cuidara a todos vosotros. 

COMO OS DIJE, TODOS LLEVÁIS UNA CRUZ,

Y CUANDO LA ACEPTÁIS

Y LA ACEPTÁIS CON AMOR Y COMO OFRENDA,

COMO YO ME OFRENDÉ POR VOSOTROS,

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

ESTARÉIS LLEVANDO A MUCHAS ALMAS, COMO LAS VUESTRAS,

HACIA LA REDENCIÓN Y A SU SALVACIÓN ETERNA.

El sacrificio incruento muchas veces no se nota y es el que padecéis cada uno de vosotros, por lo que hacéis todos los días,

por ejemplo, los que sois padres, el hecho de trabajar para llevar el pan a vuestro hogar y vosotras, como madres, de mantener la paz, el amor, dentro de vuestra familia

y aprovechar lo que el padre lleva al hogar y saberlo administrar, también conlleva a veces un sacrificio, especialmente cuando no alcanza para cubrir con las necesidades que tenéis.

Son sacrificios que os emparentan con la Sagrada Familia que, a pesar de haber sido una Familia muy especial sobre la Tierra,

también padeciMos Mis Padres, María, José y Yo Pequeñito, sufriMos,

Y ESO ES UNA CRUZ INCRUENTA PERO DOLOROSA,

PERO TAMBIÉN OFRECIDA Y ACEPTADA,

PORQUE SE ACEPTABA LA VOLUNTAD DE MI PADRE

EN LO QUE SUCEDÍA EN NUESTRA VIDA

Esa es la gran diferencia entre que vosotros ACEPTÉIS O NO vuestra cruz y el efecto que va a causar, esa negación o esa donación.

Cuando vosotros aceptáis vuestra cruz incruenta, pero con amor, os unís a Mí, vuestro Dios, vuestro Redentor.

Y camináis junto conMigo, levantando almas, especialmente las de vuestro hogar y luego dando buen ejemplo a vuestros hermanos;

Otros tirarán la cruz, tratarán a toda costa de llevar una vida sin problemas, pero aquí cometerán muchos errores, quizá robarán, quizá cometerán pecados mayores con tal de llevar una vida cómoda y regalada,

y lo que pudiera haber sido salvación para uno y para su familia, por otro lado es condenación de esta persona por el abandono de esposa e hijos,

y así se pueden seguir dando ejemplos de cuando uno no acepta Mi Voluntad, como vuestro Dios, para levantaros hacia la santidad.

El libre albedrío y la aceptación a Mi Voluntad cambia todo, Mis pequeños. 

Tenéis a Pedro, a Pablo y a Judas, tres ejemplos diferentes y Apóstoles los tres.

Pedro, un personaje iletrado, pescador, quizá hasta grosero.

Pablo, gente con mucha cultura, con mentalidad fuerte y con respeto a Yahveh, a Mi Padre.

Y buscando que nadie afectara lo que él había aprendido y que amaba con todo su corazón, a su religión.

Y Judas, que estuvo entre Mis Apóstoles, que le di mucho tiempo muy especial para él, para su conversión y no la aceptó; buscaba solamente los bienes del mundo.

Me vio hacer Milagros, tuvo Mi Predicación, como muchos, muchos la hubieran querido tener, estar junto a Mí, vuestro Dios, y él no la aceptó;

tuvo todas las oportunidades para ser santo, para ser un Apóstol Mío y ser una columna de la Iglesia, como lo fueron los otros Apóstoles, y no las aceptó, fue el traidor.

Pedro, hombre rudo pero dócil, amoroso, obediente y se dio plenamente a Mí, se dio plenamente por la Iglesia, se dio plenamente también por vosotros.

Pablo, hombre amante de su ley, de la ley de donde había crecido, de la ley farisaica y no permitía que hubiera algo diferente,

porque amaba de corazón lo que había aprendido desde pequeño, pero le faltaba esa parte que Yo os vine a traer, el Amor.

Hombre rudo pero que tuvo que aprender, con la caída que Yo permití que tuviera, a conocer el Amor, el amor fraterno.

MARTIRIO DE ESTEBAN

Yo os vine a traer una Evangelización de Amor y de libertad, y la de él era de imposición al grado de hasta permitir el asesinato de aquellos que no quisieran tomar el conocimiento que él tenía antes,

y por eso frente a él murió Esteban y no hizo nada por su defensa, porque no pertenecía a lo que él sabía y seguía.

Tres personajes diferentes, dos que se quedaron conMigo y uno el traidor, la diferencia es el amor y por otro lado la soberbia y el no querer darse a los demás.

Pedro y Pablo se dieron en totalidad, mantuvieron su fe hasta el final, se dieron en totalidad en su predicación y se ganaron la palma del triunfo.

Judas quiso mantenerse en el poder humano, vivir para un gusto humano, sin importarle el crecimiento espiritual, ni el propio, ni el de los demás.

Aprended pues de ellos, Mis pequeños. Vosotros tenéis Mi Predicación, vosotros tenéis también el libre albedrío de tomar Mi Amor o despreciarlo;

vosotros podéis escoger entre ver por Mi rebaño, por vuestros hermanos, por su salvación a través de vuestra oración, a través de vuestro ejemplo,

a través de vuestra vida, llevándoMe a Mí en vuestras palabras y obras,

o podéis buscar solamente la vida fácil.

Mis pequeños, la Iglesia está viviendo momentos difíciles, su espiritualidad ha caído, ya no hay Pedros ni Pablos suficientes para que se pueda adornar mi Iglesia con esas almas.

 Parece que satanás va ganando la batalla, pero Mi Promesa persiste, no será vencida por satanás y permanecerá hasta el fin de los siglos.

OS LLAMO A TODOS A TOMAR VUESTRA CRUZ,

OS LLAMO A TODOS PARA ACEPTAR MI VOLUNTAD EN VUESTRA VIDA

Y AYUDARME EN LA CONVERSIÓN DE VUESTROS HERMANOS

Y EN SU SALVACIÓN ETERNA;

OS LLAMO A TODOS A SER CORREDENTORES

A TRAVÉS DEL OFRECIMIENTO

DE VUESTRAS PENAS, DOLORES,

QUE TODOS TENÉIS EN VUESTRA VIDA.

OfrecedMe vuestras pequeñas o grandes cruces, que son vuestros fracasos, vuestros éxitos, vuestros tormentos, vuestros dolores,

pero principalmente vuestro amor, porque os he dicho que nunca podréis separar el dolor del amor y, si estáis trabajando para Mí, vuestro Dios, lo entenderéis fácilmente.

ALMAS VÍCTIMAS CRUCIFICADOS POR EL AMOR

Yo Me di por vosotros y mucho dolor padecí a lo largo de Mi tiempo de Evangelización pero hubo mucho Amor, porque Yo en todo momento pensaba en vuestra salvación.

No despreciéis, pues, lo que tenéis oportunidad para darMe vuestros dolores, vuestras alegrías y vuestra cruz llena de amor.

Hijitos Míos, os he pedido varias veces que acudáis a Mí y Me pidáis el don de Discernimiento y Sabiduría, muy importantes para vuestra vida espiritual.

 El Don de Discernimiento es un escudo contra todo aquello que vosotros escuchéis o lo que veíais,

Satanás es muy astuto y os tratará siempre de llevar por caminos muy contrarios a lo que Yo os he dado.

Con el Discernimiento Santo que Yo os concedo, vosotros podréis conocer la verdad de lo que escuchéis o de lo que veáis.

 Todos vosotros estáis desarmados si no entráis en una vida espiritual profunda; satanás os puede hacer creer que lo que vosotros imagináis sea bueno, y realmente sea malo, todos vosotros sois débiles a su ataque.

Cualquiera de vosotros, no importa el nivel que tengáis social, cultural, Mis mismos sacerdotes, religiosos o aún el mismo Papa, TODOS, todos podéis ser tentados por Satanás.

Yo mismo, vuestro Dios, fui tentado por él en el desierto.

Ciertamente Yo, como Dios, lo rechacé y no pudo contra Mí.

Adán y Eva, vuestros Primeros Padres, tenían un nivel espiritual muchísimo mayor que el que tenéis vosotros actualmente, fueron tentados y cayeron. 

No creáis todo cuanto se os diga, lo que leáis o lo que os imaginéis que debe que ser lo correcto, todo deberá pasar por el filtro que es el Discernimiento Santo.

Ciertamente vosotros no podréis conocer el interior del pensamiento de vuestros hermanos, pero el Discernimiento que Yo os concedo os dará la Verdad de lo que se esté diciendo o de lo que vosotros veáis a vuestro alrededor. 

OS REPITO: NO IMPORTA QUIÉN SEA EL QUE OS DIGA CIERTAS COSAS,

QUE AUNQUE SUENEN ESPIRITUALMENTE CORRECTAS,

ES MENTIRA LO QUE REALMENTE SE OS ESTÁ DANDO;

HAY MUCHA MENTIRA A VUESTRO ALREDEDOR

Y HASTA ESTÁ VINIENDO DE ALTOS GRADOS EN MI MISMA IGLESIA.

Satanás es el Príncipe de la Mentira y él os puede confundir fácilmente.

Y solamente a través del Discernimiento que Yo os concedo, si es que Me lo pedís, es como saldréis airosos de la batalla.

La Sabiduría os dirá qué hacer con el resultado del Discernimiento que vosotros hagáis, del conocimiento verdadero o falso que llegue a vosotros.

La Sabiduría os va a decir por dónde caminar, cómo desenvolveros durante vuestra misión aquí en la Tierra.

 A la Sabiduría la deberéis seguir a ojos cerrados aquí en la Tierra, con total confianza porque viene de Mí.

 La Sabiduría, muy diferente a la inteligencia humana, es la que os va a llevar por caminos rectos, por caminos de santidad.

ESTO OS PIDO, QUE ME LO PIDÁIS A MÍ VUESTRO DIOS,

PARA LA IGLESIA, PARA SUS MINISTROS, SACERDOTES, RELIGIOSAS,

QUE ELLOS TENGAN ESTE DISCERNIMIENTO SANTO Y LA SABIDURÍA DIVINA,

PORQUE AUN LA MISMA IGLESIA HA SIDO INFILTRADA POR EL ENEMIGO. 

“Oh Jesús Sacerdote, guarda a tus sacerdotes en el recinto de tu Corazón Sacratísimo, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu Preciosísima Sangre. Entregamos en tus divinas manos a TODOS tus sacerdotes. Tú los conoces. Defiéndelos, Ayúdalos y SOSTENLOS, para que el Maligno no pueda tocarlos. Amén

Debéis proteger a Mis sacerdotes y religiosas porque ellos son más fuertemente atacados que vosotros, porque ellos son los que deben guiar a los fieles.

Y si Satanás los lleva al error, ellos, Mis ministros, llevarán al error a infinidad de hermanos vuestros.

Por vuestro propio bien, orad por ellos para que sean protegidos y, sobre todo, para que sean santos, porque ellos son los que os pueden dar los Sacramentos, os pueden administrar la vida que dan los Sacramentos.

 Protegedlos, orad por ellos incesantemente, no os detengáis, el ataque de Satanás es continuo, más para ellos que para vosotros.

Y vosotros mismos también os debéis proteger para que Satanás no os saque de esta tarea tan importante, que es la protección de toda la Humanidad contra sus ataques.

Orad de día y de noche, no os canséis de hacerlo, Mis pequeños, vuestra vida espiritual depende de ello.

Vosotros tenéis una cruz de cada día, que no os podéis apartar de ella ni la podéis negar, porque la Cruz viene por el Pecado que se cometió por vuestros Primeros Padres.

Vosotros debéis padecer vuestra cruz y qué mejor cuando os unís a Mí, vuestro Dios.

Ahora os causa penurias, tenéis dolores, tenéis sufrimientos; pero vendrá el tiempo en que os daréis cuenta de lo que vosotros hicisteis al haber ofrecido vuestra vida junto con la Mía en la Tierra.

Cuando lleguéis al Reino de los Cielos gozaréis inmensamente el haberos ofrecido a Mí y haber unido toda vuestra vida, toda vuestra cruz a la Mía.

“Oh Jesús Sacerdote, guarda a tus sacerdotes y a tus religiosos, en el recinto de tu Corazón Sacratísimo, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu Preciosísima Sangre. Entregamos en tus divinas manos a TODOS tus sacerdotes y religiosos. Tú los conoces. Defiéndelos, Ayúdalos y SOSTENLOS, para que el Maligno no pueda tocarlos. Amén

Gozad pues, desde ahora, Mis pequeños, ésos grandes momentos que tendréis Conmigo cuando lleguéis al Reino de los Cielos.

Y gozad Mi Cruz y agradeced la vuestra, porque muchas almas, muchas almas se van a poder salvar a través de vuestros ofrecimientos y de vuestro amor.

Yo os bendigo en Nombre de Nuestro Padre Dios, en Mi Nombre y en Nombre del Amor del Espíritu Santo. Acudid a Nuestra Madre Santísima, Mi Madre,

para que os lleve de la mano y os aliente a seguir adelante a pesar de que las cosas se vuelvan adversas en vuestra vida terrena.

Viviendo vida espiritual, ésta logra fortaleceros para vencer cualquier obstáculo.

En el TERCER NIVEL DEL PURGATORIO, SE SUFRE EL CALVARIO DE JESUS CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA

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24 RECEPCIÓN EN BELÉN


24 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Más tarde…

La noche cubre la tierra. La luna ilumina con su claridad.

Los ruiseñores cantan entre las ramas de los olivos. Un río cercano es como una cinta de plata melodiosa.

De los prados segados se levanta el olor del heno. Algún mugido. Algún balido…

Y estrellas… estrellas y más estrellas.

En campo lleno de estrellas en el manto del cielo, que parece una sombrilla de piedras preciosas, sobre las colinas de Belén.

Siguen caminando hasta…

Judas dice:

–        Pero aquí son ruinas… ¿A dónde nos llevas? La ciudad está más allá.

Jesús contesta:

–        Lo sé. Ven. Sigue el río, detrás de Mí. Unos pocos pasos más y después…

Después te ofreceré la habitación del Rey de Israel.

Judas encoge los hombros y calla.

Llegan a un montón de casas en ruinas. Restos de habitaciones.

Una cueva entre dos hendiduras de una gran muralla.

Jesús pregunta:

–    ¿Tenéis yesca?

Simón saca de su alforja una lamparita y se la da.

Jesús avanza hasta la entrada y levantando la lamparita,

Dice:

–      Entrad. Ésta es la alcoba en donde nació el Rey de Israel.

Judas está espantado…

Y pregunta:

–      ¿Juegas, Maestro? Esta es una cueva.

De veras que yo aquí no me quedo. Me repugna. Está húmeda, fría, apestosa, llena de escorpiones, tal vez de serpientes…

Jesús dice:

–      Y con todo, amigos. Aquí, el veinticinco de las Encenias. De la Virgen nació Jesús, el Emmanuel; el Verbo de Dios hecho carne por amor del hombre.

Yo que les estoy hablando. Entonces como ahora, el mundo fue sordo a las voces del Cielo que le hablaban al corazón. Y rechazó a mi Madre. Y aquí…

No, Judas. No apartes con disgusto tus ojos de esos murciélagos que andan revoloteando.

De esas lagartijas, de esas telarañas. No levantes con desdén tu hermosa y recamada vestidura, para que no roce el suelo cubierto por el  excremento de animales.

Esos murciélagos descienden de los que fueron los primeros juguetes que miraban los ojos del Niño a quién cantaban los ángeles el ‘Gloria’,

Que escucharon los pastores que estaban ebrios solamente de alegría extática; de la verdadera alegría.

Esas lagartijas color esmeralda, fueron los primeros colores que hirieron mi pupila, junto con el blanco vestido y el rostro de mi Madre.

Esas telarañas fueron el baldaquín de mi cuna real. Ese suelo…

¡Oh! Lo santificaron los pies de Ella; la santa, la gran santa, la Pura, la inviolada,

La Doncella Deípara, la que tenía que dar a  Luz.

La que por obra de Dios dio a luz sin intervención humana.

Ella, la sin Mancha; ha hollado este suelo.

Tú puedes pisarlo y a través de las plantas de tus pies, quiera Dios que suba a tu corazón, la Pureza que Ella derramó…

Simón se ha arrodillado.

Juan va derecho al pesebre y apoyando la cabeza sobre la madera, llora.

Judas está aterrado…piensa…

Recuerda las Profecías…

Reflexiona…

Finalmente se deja vencer por la emoción…

Y olvidando su hermosa vestidura. Se arroja al suelo.

Toma la orla de la túnica de Jesús, la besa y se golpea el pecho diciendo:

–       Maestro Bueno, ¡Ten misericordia de la ceguera de tu siervo! Mi soberbia cae…

Te veo cual Eres. No el rey que yo pensaba. Sino el Príncipe Eterno, el Padre del Siglo Futuro. El Rey de la Paz.

¡Piedad, Señor mío y Dios mío! ¡Piedad!

Jesús lo mira con infinita compasión y dice:

–        Sí. ¡Toda mi piedad! Ahora dormiremos en donde durmieron el Infante y la Virgen.

Allí donde Juan ha tomado el lugar de mi Madre en adoración…

Aquí, en donde Simón parece mi padre adoptivo.

O si os parece, os platicaré de aquella noche…

Judas exclama:

–       ¡Oh! ¡Sí, Maestro! Háblanos de tu florecimiento a la vida.

Simón confirma:

–        Para que sea perla de luz en nuestros corazones y para que lo podamos contar al mundo.

Juan dice sonriendo y llorando:

–        Y venerar a tu Madre, no solo porque es tu madre, sino por ser…

¡Oh! ¡La Virgen!

Jesús los invita:

–        Venid al heno. Escuchad.

Y Jesús empieza a hablar de la Noche de su Nacimiento…

–        Cuando ya mi Madre estaba próxima a dar a luz, llegó por orden de César Augusto, el bando que publicó su delegado imperial Publio Sulpicio Quirino.

En Palestina el gobernador era Senzio Saturnino. El bando era para hacer el censo de todos los habitantes del imperio.

Los súbditos tenían que ir a su lugar de origen para inscribirse en los registros del imperio.

José, el esposo de mi Madre y Ella, obedecieron.

Salieron de Nazareth, para venir a Belén, cuna de la estirpe real.

Era invierno y estaba haciendo mucho frío…

Todos escuchan muy atentos.

La mañana siguiente al amanecer…

Son las primeras horas de una luminosa mañana de verano.

El cielo toma unas pinceladas de rosa en algunas finas nubecitas que parecen deshiladuras de gasa perdidas en una alfombra de raso turquino.

Hay todo un cantar de pájaros, ya ebrios de luz: gorriones, mirlos, petirrojos silban, gorjean, riñen por un tallito, por una larva, por una ramita que llevarse al nido, por una larva para llenar el buche.

Por una ramita que les sirva como dormitorio.

Las golondrinas se lanzan como saetas, desde el cielo al pequeño riachuelo para mojarse el pecho de nieve, coloreado en su ápice de óxido.

Y tomada la frescura de la ola, atrapada la mosquita que aún duerme colgada de un tierno tallo, se vuelven hacia arriba con un rapidísimo zigzag, como el destello de una hoja bruñida, chillando alegres.

Dos aguzanieves, vestidas de seda cenicienta, pasean graciosas como dos damiselas a lo largo de la orilla del riachuelo,

manteniendo bien alta la larga cola adornada de velludillos negros; se miran en el agua, se ven hermosas.

Continúan su paseo mientras un mirlo, verdadero pilluelo del bosque, les hace burla y los silba por detrás con su largo pico amarillo.

Dentro de un tupido manzano silvestre, que se yergue solitario junto a las ruinas, una ruiseñora llama insistentemente a su compañero.

Y se calla sólo cuando lo ve llegar con una larga larva que se retuerce oprimida por el fino pico.

Dos palomas zuranas, que probablemente huyeron de algún palomar ciudadano y que han elegido vivir libremente entre las grietas del torreón derruido,

se entregan canturreando a sus manifestaciones de afecto: él seductor, pudorosa ella.

Jesús, con los brazos cruzados, contempla a todos estos los pajarillos que cantan, charlan, pelean, vuelan, se cortejan.

Alimentan a sus polluelos, se bañan, juegan…

Y sonríe al ver a sus criaturas tan alegres.

Simón pregunta detrás de Él:

–      ¿Tan temprano, Maestro?

Jesús contesta:

–       Sí. ¿Todavía están durmiendo los otros?

–       Todavía.

–       Son jóvenes. Yo me bañé en el río. El agua está fresca y despeja la mente.

–       Ahora sigo yo.

Mientras Simón se baña y luego se viste;

asoman la cabeza Judas y Juan.

Los dos saludan y preguntan:

–        Dios te guarde, Maestro.

–        ¿Estamos retrasados?

Jesús les contesta amoroso:

–        No. Apenas amanece. Pero apresurémonos, porque ya nos vamos.

Los dos se asean y se visten.

Cuando están listos, Jesús arranca unas florecillas que han brotado entre las piedras.

Las guarda en una cajita de madera mientras dice:

–    Se las llevaré a mi Madre. Le gustarán. ¡Vámonos!

Judas pregunta:

–       ¿A dónde, Maestro?

–        A Belén.

–       ¿De veras? A mí me parece que no nos sopla buen aire…

–        No importa. Iremos a donde bajaron los Magos y donde me encontraron a Mí.

–        Si es así, Maestro. Perdona y permite que organice yo. En Belén en el albergue, seré yo el que hable y pregunte.

En Judea no hay mucho cariño para los galileos y mucho menos aquí. Tú y Juan parecéis galileos por los vestidos tan sencillos y luego… ¡Esos cabellos!

¿Por qué os gusta tenerlos tan largos?… Simón y yo os daremos nuestro manto y vosotros nos daréis el vuestro.

Simón, dale el tuyo a Juan.

Y yo al Maestro. –mientras habla, hace lo que dice- Así… así… ¿Ves?

Al punto parecéis un poco más judíos.

Ahora, esto…- lo cubre con el capucho.

Se lo acomoda en las mejillas, para ocultar sus largos cabellos rubios.

Luego hace lo mismo con Juan.

Judas admira su obra:

–       ¡Ah! ¡Ahora está mejor! ¡Tengo el sentido práctico!

Jesús recomienda:

–        Sí. Es cierto, Judas. Tienes el sentido práctico, no hay duda. Pero procura que no exceda al otro sentido.

–       ¿A cuál, Maestro?

–        Al sentido espiritual.

–        Lo haré. Pero en ciertos casos es mejor comportarse como políticos, más que como diplomáticos.

Jesús pregunta perplejo:

–        ¿Qué quieres decir con eso?

Judas explica conciliador:

–        Escucha. No te enojes. Es por tu bien. No me desmientas si digo algunas cosas que no son tan verdaderas.

–        ¿Qué quieres dar a entender? ¿Por qué mentir? Yo Soy la Verdad y no amo la mentira. Ni en Mí, ni en los míos.

–        Pero… es que sólo diré medias mentiras ‘convenientes’. O más bien, verdades a medias.

Por otra parte, seré yo el que hable. En el fondo, habrá un poco de verdad.

Mentira más, mentira menos…

–         Pero, Judas. ¿Por qué engañar?

–         No te preocupes, Maestro. El mundo se gobierna con mentiras. Algunas veces son necesarias.

Bueno, para contentarte, diré que venimos de lejos y que somos judíos. Esto es verdad en un 75%

Y tú, Juan. ¡No abras para nada la boca! Nos delatarías.

Juan dice:

–         No diré nada.

Judas advierte:

–         Si las cosas salen bien… aunque no estoy tan seguro; diremos lo que falta.

No lo espero. Soy astuto y las tomo al vuelo.

Jesús advierte:

–         Ya lo veo, Judas. Y me gustaría que fueras más sencillo.

Judas toma una actitud despreocupada y dice:

–         Ser así,  sirve para muy poco. En tu grupo seré yo el que tome las misiones difíciles. Déjame que yo me las arregle.

Jesús no lo desea mucho, pero cede.

Empiezan a caminar y rodean las ruinas. 

Encuentran un grupo de camellos y dromedarios.

Entran en Belén.

Van a la plaza. Es día de mercado y está llena de gente.

Y llegan al albergue.

Por el portón abierto sale una hilera de asnos cargados con mercancías.

Judas es el primero en entrar.

Adopta una pose arrogante y mira altanero a su alrededor.

Agarra a un mozo bajito, sucio, andrajoso.

Y le grita:

–      ¡Mozo! ¡El patrón! ¡Pronto!

¡Muévete rápido que no estoy acostumbrado a esperar!

El muchacho por ir rápido, tira la escoba.

Jesús exclama:

–      ¡Pero, Judas! ¡Qué modales!

Judas responde sin abandonar su postura:

–      Por favor, Maestro. No digas nada. Déjame que yo me las entienda. Nos deben creer ricos y de ciudad.

El patrón viene corriendo y se deshace en inclinaciones delante de Judas que se ve muy majestuoso con su rica vestidura de color oro pálido.

Con rayas y franjas de diferentes colores y el manto rojo acerino de Jesús.

Judas habla con altivez:

–      Nosotros venimos de lejos. Somos judíos de la comunidad asiática.

Señala a Jesús y agrega:

–     Este betlemita de nacimiento busca a sus queridos amigos de aquí.

Y nosotros junto con Él venimos desde Jerusalén, donde hemos adorado al Altísimo en su Casa. ¿Puedes darnos informes?

El hombre contesta obsequioso:

–     Señor, estoy para servirte. Ordena.

–     Necesitamos noticias de muchos. Buscamos a Anna, la mujer que habitaba aquí frente al albergue.

–     ¡Oh! ¡Desgraciada! No encontrarás a Anna sino en el Seno de Abraham y a sus hijos con ella.

–     ¿Muerta? ¿Por qué?

–     ¿No sabéis nada de la masacre de Herodes?

¡Todo el mundo habló de él y hasta César lo declaró: ‘Cerdo que se alimenta de sangre’ ¡Bah!

¡Oh, qué he dicho! ¡No me denuncies! ¿Eres en realidad judío?

–      He aquí la señal de mi tribu.

Le muestra un símbolo bordado en su vestido….

Y continúa:

–       Así pues, habla.

–       A Anna la mataron los soldados de Herodes, con todos sus hijos, menos una.

–      ¿Pero por qué?… ¡Era muy buena!

–      ¿La conociste?

Judas apenas tiene 23 años de edad y se le notan.

Pero no se desconcierta en lo más mínimo.

Y miente descaradamente:

–       ¡Vamos que sí!

El hombre hace un gesto evadiendo.

Y responde:

–      La mataron porque dio hospitalidad a los que se decían ser padre y madre del Mesías… pero mejor vayamos a aquella habitación.

Las paredes tienen oídos. Y hablar de ciertas cosas, es peligroso.

Los pasa a una habitación pequeña y se sientan sobre un diván.

El hombre continúa:

–      ¡Ea! ¡He tenido buen olfato! No por nada soy hospedero. Tengo la malicia en la sangre. En este negocio hay que usarla porque conoces mucha gente.

Yo no los quise. Hubiera podido encontrarles un rincón. Pero sólo eran unos galileos pobres y desconocidos. ¡He! ¡A Ezequias no se le engaña!

Luego, luego se notaba que eran diferentes. Aquella mujer tenía algo que me hacía rechazarla.

Anna era más inocente que una ovejilla. Y los hospedó un tiempo, ya con el niño.

Decían que era el Mesías. ¡Oh! ¡Cuánto dinero gané en aquellos días! ¡Qué censo, ni qué nada! Venían aún aquellos que no tenían nada a qué venir.

Durante meses vinieron muchos de tierras lejanas. ¡Qué ganancias tuve!

Finalmente vinieron tres reyes poderosos.

Tres Magos… ¡Qué sé yo! Tenían un cortejo que no acababa nunca.

Me rentaron todas las habitaciones y me compraron con oro tanto heno, como para todo un mes.

Y al día siguiente se fueron, dejándolo todo.

¡Oh! Yo solo puedo hablar bien del Mesías verdadero o falso que haya sido. Me permitió ganar dinero por montones.

Yo no he tenido ningún desastre. Ni siquiera muertos, porque apenas me había casado. ¡Pero a los demás!…

–     Queremos ver los lugares de la matanza.

–    ¿Los lugares?… pero eso ocurrió en todas las casas. Fueron muchísimos muertos. Venid conmigo.

Suben por una escalera hasta una gran terraza.

Desde lo alto se ven grandes terrenos y toda Belén extendida como un abanico abierto sobre sus colinas.

–     ¿Veis aquellas ruinas?

Allí ardieron también las casas, porque los padres defendieron a sus hijos con las armas.

¿Veis aquello que parece un pozo cubierto de hierba?…

Son los restos de la sinagoga. Fue quemada junto con el arquisinagogo que aseguraba que aquel era el Mesías.

La quemaron los que enloquecieron por el dolor en la masacre de sus hijos.

Allá…

¿Veis aquellos sepulcros? Son los de las víctimas.

Todos eran unos niños inocentes.

También los padres y las madres de ellos.

¿Veis aquel tanque de agua?

El agua se volvió roja, después de que los sicarios lavaron sus armas y sus manos en ella.

Allá está el río.

También enrojeció con la sangre que recogía de las cloacas.

Y allí, exactamente frente a mí. Está lo único que queda de Anna.

Jesús está llorando.

El hospedero le pregunta:

–      ¿La conocías mucho?

Judas le responde:

–       Era como una hermana para su Madre.

se vuelve hacia Jesús y le pregunta:

–      ¿O no es así, amigo mío?

Jesús contesta:

–       Sí.

El hospedero dice:

–       Lo comprendo.

Y se queda pensativo.

Jesús se acerca a Judas y le dice algo en voz queda.

Judas dice al hospedero:

–     Mi amigo quiere ir a aquellas ruinas.

–     ¡Que vaya! ¡Pertenecen a todos!

Se van y el hospedero queda desilusionado, pues no le piden hospedaje.

Atraviesan la plaza y suben por la escalera, que es lo único que está en pie.

Al subir, Jesús dice:

–     Por aquí, mi Madre me hizo saludar a los Magos y por aquí bajamos para ir a Egipto.

Hay gente que los mira a los cuatro en las ruinas y uno pregunta:

–     ¿Parientes de la muerta?

El hospedero contesta:

–      Amigos.

Una mujer grita:

–       Por lo menos vosotros no hagáis daño a la muerta, como lo hicieron sus enemigos mientras vivía y después escaparon ilesos.

Jesús está de pie sobre el balconcillo, de espaldas al pequeño muro.

Detrás de Él no hay nada.

Esto hace que el sol al iluminarlo, resalta más su vestidura de lino blanquísimo, con el manto multicolor de Judas, cayéndole por la espalda.

Atrás, al fondo de lo que fuera el jardín de Anna y que ahora es una ruina llena de arbustos.

Jesús extiende los brazos…

Y Judas que ve el gesto, dice con angustia:

–     ¡Oh, no!… ¡No hables! ¡Sé prudente!

Pero Jesús llena la plaza con su potente voz:

–      ¡Hombres de Judá y de Belén, escuchadme! ¡Oídme vosotras, mujeres de la sagrada tierra de Belén!

¡Oíd a uno que viene de David. Que ha sufrido persecuciones. Que se honra con hablaros y lo hace para darles luz y consuelo!

¡Escuchadme!

La multitud deja de hablar, de pelear, de comprar y se amontona.

Dicen varios al mismo tiempo:

–         Es un rabí.

–         Ciertamente que viene de Jerusalén.

–       ¿Quién es?

–        ¡Qué hermoso es!

–        ¡Qué voz tiene!

–        ¡Qué ademanes!

–        ¡Y es de descendencia de David!

–        ¡Entonces es nuestro!

–        ¡Oigamos! ¡Oigamos!

Y todos se acercan a la escalera que ahora sirve de púlpito.

Jesús dice:

–        De lejanas tierras he venido a  venerar la tumba de Raquel.

He escuchado el bramido de dolor de Jacob, en el dolor de los esposos viudos que están sin mujer porque el dolor las mató…

Lloro junto con vosotros. Pero oíd, hermanos de la tierra mía.

Belén, tierra bendita, la más pequeña entre las ciudades de Judá, pero la mayor ante los ojos de Dios y del linaje humano…

Al principio todos quedan admirados con su sabiduría.

Pero a lo largo del discurso, al mencionar al Salvador y después a las profecías y a la Madre de Él,

Empiezan a dar indicios de agitación.

Judas suplica:

–       ¡Calla, Maestro! ¡Por favor, vámonos!

Pero Jesús no le hace caso y continúa:

–        …al Mesías que salvó la Gracia de Dios Padre de los tiranos, para conservarlo para el pueblo, para la salvación del mismo y…

Lo interrumpe una que mujer grita.

Se abre el vestido y  mostrando una teta mutilada sin el pezón,

dice:

–       ¡Aquí! ¡Aquí en esta teta me degollaron a mi primogénito!

¡La espada le partió la cara, junto con mi pezón! ¡Oh! ¡Eliseo, mío!

El último grito es histérico.

Y empieza la gritería y el tumulto.

–     ¿Y yo?…

–     ¿Y yo? He ahí mi palacio: tres tumbas en una que el padre vigila. Marido e hijos juntos.

–      Si existe el Salvador que me devuelva a mis hijos, a mi esposo y que me salve de la desesperación.

–      ¡Qué me salve Belcebú!

–      ¡A nuestros hijos! ¡A nuestros hijos!

–      ¡A nuestros maridos y padres!

–      ¡Qué nos los devuelva si existe!

Jesús agita los brazos para imponer silencio.

Luego dice:

–      Hermanos de la misma tierra. Gustoso devolvería también la carne, es decir, los hijos.

Pero Yo os digo: sed buenos. Resignaos. Perdonad. Esperad y alegraos con la esperanza.

Regocijaos con la seguridad de que pronto volveréis a tener a vuestros hijos; ángeles en el Cielo, porque el Mesías va a abrir pronto la Puerta del Cielo.

Y si fuereis justos, la muerte será vida que viene y amor que regresa…

Un hombre grita:

–       ¡Ah!… ¡Así que Tú eres el Mesías!…

–       ¡En el Nombre de Dios! ¡Dilo!

Jesús baja los brazos con un ademán dulce y calmado, que parece un abrazo,

Y contesta:

–       Lo Soy.

Esto es como un detonante.

–      ¡Lárgate!

–      ¡Lárgate!…

–       Entonces…

–       ¡Tú tienes la culpa!

Vuela una piedra entre silbidos e insultos.

Judas tiene un bello gesto…

¡Si así hubiera sido siempre!

Se interpone ante el Maestro, con el manto desplegado.

Enfrenta a la multitud enfurecida.

Y sin miedo alguno recibe todas las pedradas.

La sangre le corre por las heridas… pero él parece no advertirlo.

Y dice a Juan y a Simón:

–      ¡Llevaos a Jesús a aquel bosque! ¡Yo iré después! ¡Id, en nombre del Cielo!

Se vuelve hacia la multitud y les grita:

–      ¡Perros rabiosos! ¡Soy sacerdote del Templo! ¡Y al Templo y a Roma os denunciaré!

Todos se paralizan por un momento, por el miedo.

Pero luego retoman las piedras.

¡Y se las arrojan sin ninguna compasión!

Judas las recibe impávido…

Es imposible no pensar:

¡Qué formidable apóstol hubiera sido, si siempre se hubiera mantenido así!

¡Y con injurias responde a las maldiciones que le lanzan!

Aún más. Coge al vuelo una piedra y la revierte contra la cabeza de un viejillo que grazna como garza desplumada.

Y como tratan de atacar la escalerilla.

Rápido toma una rama seca que está tirada en el suelo y le da vueltas sin piedad, azotando espaldas cabezas y manos,

hasta que los soldados acuden y se abren paso con  sus lanzas.

Uno de ellos le pregunta:

–        ¿Quién eres y porqué esta riña?

Judas se sacude la tierra y dice con displicencia:

–        Un judío asaltado por estos plebeyos.

Estaba conmigo un rabí a quién los sacerdotes conocen. ÉL hablaba a estos perros. Pero se han desencadenado y nos atacaron.

–        ¿Quién eres?

–        Judas de Keriot. Pertenecía al Templo, pero ahora soy discípulo del Rabí, Jesús de Galilea.

Soy amigo de Simón el fariseo; de Yocana el saduceo; de Sadoc, el gran escriba; de José de Arimatea, consejero del Sanedrín.

Y todo esto puedes comprobarlo con Eleazar ben Annás, el gran amigo del Procónsul.

–       Lo verificaré. ¿A dónde  vas?

–       Con mi amigo a Keriot y después a Jerusalén.

–       Vete tranquilo. Te cuidaremos la espalda.

Judas da al soldado unas monedas.

Debe ser cosa ilícita pero usual, porque el soldado las toma, saluda y sonríe.

Judas salta…

Y se va brincando y corriendo a campo traviesa, hasta llegar a donde están sus compañeros.

Jesús le pregunta preocupado:

–       ¿Estás muy herido?

Judas contesta alegremente:

–       No es gran cosa, Maestro. Y… ¡Fue por Ti!

Pero también yo me defendí. Aunque creo que estoy todo manchado.

Juan dice:

–        Aquí hay un arroyito.

Y moja un pedazo de tela y limpia la mejilla de Judas al tiempo que le dice:

–        Tienes sangre en la cara.

Jesús agrega:

–        Me desagrada, Judas… Pero mira que decir también a ellos que era judío, según tu sentido práctico…

–        Pero eres judío por nacimiento…  Son unos brutos.

Espero que te habrás convencido Maestro y que no insistirás…

–       ¡Oh, no! No por miedo. Sino porque ahora es inútil. Cuando no se nos quiere, no se maldice y lo mejor es retirarse; rogando por las multitudes que mueren de hambre y que no ven el Pan.

Vámonos por este camino retirado…

Creo que por aquí se puede llegar a Hebrón…

Pastores sí que encontraremos…

Judas se sobresalta y pregunta:

–        ¿Para qué nos den otra apedreada?

–         ¡No! Para decirles “Yo Soy”

Judas levanta los brazos y exclama:

–        ¡Ah! Está perfecto. ¡Diles que eres Dios!

Entonces sí nos irá peor y ahora sí que nos darán de palos. ¡Hace treinta años que padecen por causa tuya!…

Jesús sencillamente dice:

–        Veremos…

23 CONSECUENCIAS EN BELEN


22 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús encabeza el pequeño grupo que camina en fila india por un sendero pedregoso polvoriento, que el sol del estío ha quemado.

Y está bordeado por la hierba que crece bajo la sombra de los grandes olivos, cargados de aceitunas.

Zelote, Juan y Judas de Keriot, le siguen bajo la sombra de los árboles.

El suelo está cubierto con las florecillas del olivo que cayeron después de la fecundación.

Exactamente en donde el camino da una vuelta en ángulo recto, hay una construcción de forma cúbica, sobre la que está una pequeña cúpula.

Está cerrada como si estuviese abandonada.

Más allá se ve un pequeño poblado con numerosas casitas esparcidas.

Simón exclama:

      ¡Allí está el sepulcro de Raquel!

Judas pregunta:

–      Entonces ya casi llegamos. ¿Entramos en la ciudad?

Jesús dice:

       No, Judas. Primero os enseñaré un lugar…Después entraremos en la ciudad.

Y como todavía hay sol y será una noche con luna casi llena, podremos hablar a la población.

     ¿Querrán oírnos?

Han llegado al antiguo sepulcro pintado de blanco.

Jesús se detiene a beber agua, en un pozo cercano.

Una mujer que ha venido a sacar agua, le ofrece,

y Jesús le pregunta:

–      ¿Eres de Belén?

La mujer contesta:

–      Sí. Pero ahora en tiempo de cosecha, estoy con mi marido en este lugar, para cuidar del huerto y los frutos que han nacido. ¿Tú eres Galileo?

–     Nací en Belén; pero vivo en Nazareth de Galilea.

–    ¿También Tú eres perseguido? La familia.

    Pero ¿Por qué dices “tú también”? ¿Hay muchos perseguidos entre los betlemitas?

–    ¿No lo sabes? ¿Cuántos años tienes?

–     Treinta.

–     Si es así…Naciste exactamente cuándo… ¡Oh! ¡Qué desgracia! Pero, ¿Por qué nació Él aquí?

–    ¿Quién?

–     Aquel que era llamado el Salvador. ¡Maldición a esos estúpidos borrachos de cerveza que vieron ángeles en las nubes!

Oyeron voces celestiales en los balidos y rebuznos.

Y en medio de su embriaguez, confundieron a tres miserables con los más santos de la tierra.

¡Malditos sean ellos!… y ¡Quién les creyó!

–      Pero con todas tus maldiciones no explicas lo que sucedió. ¿Por qué maldices?

–      Porque… Óyeme, primero dime: ¿A dónde vas?

–     A Belén. Debo saludar a viejos amigos y llevarles el saludo de mi Madre.

Pero antes necesito saber muchas cosas; porque nosotros los de la familia, hace muchos años que estamos ausentes.

Dejamos la ciudad cuando Yo tenía unos cuantos meses…

–     Antes de la desgracia. Si no te repugna la casa de un campesino, ven con nosotros a compartir el pan y la sal, Tú y tus compañeros.

Hablaremos durante la cena y os daré hospedaje hasta mañana.

Tengo una casa muy pequeña, pero en el pajar hay mucho heno amontonado.

La noche es cálida y serena, creo que podrás dormir.

–      Que el Señor de Israel pague tu hospitalidad. Con gusto voy a tu casa.

–      El peregrino siempre trae bendiciones consigo, vamos.

Pero antes todavía debo echar seis cántaros de agua en las verduras que acaban de nacer.

–      Yo te ayudo.

–      No. Tú eres un señor. Lo dice tu modo de obrar.

      Soy un obrero, mujer,-señala a Juan- y éste es pescador.

Éstos son judíos, hombres de una casta superior. Yo no

Y al decir esto toma el cántaro que estaba junto al brocal del pozo y lo baja.

Los demás preguntan a la mujer:

–       Decidnos donde está la hortaliza.

–       Muéstranosla y la regaremos.

Ella los mira con agradecimiento:

–       Dios os bendiga. Tengo los riñones destrozados con tanto trabajo. Venid…

Y mientras Jesús llena su cántaro.

Los otros tres se van con ella.

Después regresan con dos cántaros vacíos. Los llenan y se van.

Y así lo hacen unas diez veces.

Judas está sonriente y feliz.

Su bello rostro se ilumina al decir:

–      No termina de bendecirnos. Hemos arrojado tanta agua en la hortaliza, que por lo menos dos días, la tierra estará húmeda, Maestro.

Pero… ¿Sabes?… creo que no somos gratos.

Jesús lo mira y pregunta:

–      ¿Por qué lo dices, Judas?

–       Porque se la trae contra el Mesías.

Le dije: “No blasfemes. ¿Acaso no sabes que el Mesías es la mayor gracia para el pueblo de Dios?

Yeové lo prometió a Israel y ¿Tú lo odias?”

Y ella me respondió: “No lo odio a Él.

Sino al que los pastores borrachos y los malditos Magos de Oriente, llamaron Mesías”

Y… puesto que Eres Tú…

–      No importa. Sé que he sido puesto para prueba y contradicción de muchos. ¿Le dijiste Quién Soy Yo?

–      No. No soy un tonto. Quise librar tu espalda y la nuestra.

–      Hiciste bien.

No por las espaldas, sino porque Yo deseo manifestarMe cuando lo considere conveniente. Continuemos…

Después de otros tres cántaros, la mujer los guía hasta una casa que está en medio de la huerta y donde su esposo la está esperando.

Jesús saluda:

–       La paz sea en esta casa.

El hombre responde:

–      Quienquiera que Tú seas, la bendición sea contigo y con los tuyos. Entra.

Y les lleva un lavamanos para que los cuatro se refresquen y se limpien.

Después se sientan a la mesa.

El anfitrión dice:

–      Os agradezco lo que hicieron a nombre de mi mujer. Nunca había tratado a los galileos. Me habían dicho que eran vulgares y buscapleitos.

Pero vosotros habéis sido gentiles y buenos. ¡Estabais ya cansados y trabajasteis tanto! ¿Habéis venido de muy lejos?

Jesús contesta:

–      De Jerusalén.

El hombre se vuelve hacia su esposa y le dice:

–      Mujer. Trae la comida.

Mirando a sus invitados agrega:

–      No tengo más que pan y verduras. Aceitunas y queso. Sólo soy un campesino.

Jesús, sonriendo con dulzura responde:

–      Yo tampoco soy un señor. Soy un carpintero.

–     ¿Tú? ¿Con esos modales?

La mujer interviene:

–      El huésped es de Belén, te lo dije.

Y si los suyos son perseguidos, tal vez habrán sido ricos e instruidos; como Josué de Ur y los otros… ¡Pobres desgraciados!

Jesús interroga:

–      ¿Eran familias betlemitas?

El campesino se asombra:

–      ¿Cómo?… si eres de Belén, ¿No sabes quiénes eran?

La mujer contesta:

–      Se fue antes de la matanza.

El hombre dice:

–      ¡Ah! Comprendo.

De otro modo, nadie hubiera quedado. ¿No has regresado allá?

–      No.

–      ¡Qué desgracia! Encontrarás a muy pocos de los que quieres saludar. Muchos fueron asesinados.

Muchos huyeron. Muchos fueron dispersos y muchos desaparecieron.

Y no se sabe si en el desierto o fueron arrojados a la cárcel, para castigarlos por su rebelión. Más…

¿Quién hubiera podido permanecer inerte; cuando fueron degollados tantos inocentes? ¡No!

¡No es justo que sigan viviendo David y Elías! ¡Mientras tantos inocentes fueron asesinados!

Jesús indaga:

–      ¿Quiénes son esos dos? ¿Y qué fue lo que hicieron?

Massacre of the Innocents, the gothic sculpture in Chartres cathedral

–       En la matanza que hizo Herodes, más de treinta infantes en la ciudad y otros tantos en la campiña; fueron asesinados. Y casi todos eran varones.

Porque en medio de la furia, de la oscuridad, de la confusión; esos crueles hombres arrancaron de las cunas, de los lechos maternos y de las casa que asaltaron, hasta a las niñitas…

Y  las mataron como los arqueros matan a las gacelas que están mamando la leche de su madre. Y bien… ¿Todo esto por qué?…

Porque un grupo de pastores que para no helarse de frío en lo más crudo del invierno; habían bebido mucha cerveza.

Empezaron a delirar diciendo que habían visto ángeles; habían oído cantos celestiales y recibido de ellos indicaciones para encontrar al Mesías…

Y nos dijeron a todos nosotros los de Belén: “Venid y adorad al Mesías, que acaba de nacer” ¡Imagínate! ¡El Mesías en una cueva!

Pero debo reconocer que en realidad todos estábamos ebrios. Hasta yo que en ese entonces era sólo un jovencillo y mi mujer era una niña.

Porque todos creímos y fuimos a ver en una pobre mujer galilea, a la Virgen que da a luz; la misma de la que hablaron los Profetas.

Pero ¡Si estaba con un vulgar galileo, que ciertamente era su marido! Entonces…

¿Cómo podía ser la Virgen?

 

En resumidas cuentas, ¡Creímos!…

Regalos, adoraciones. Los hogares se abrían para hospedarlos…

¡Oh! ¡Pobre Anna! Perdió los bienes, la vida y también a los hijos de su hija mayor; que fue la única que se salvó, porque estaba en Jerusalén.

Perdieron los bienes, porque la casa la quemaron y todo el sembradío fue destruido por órdenes de Herodes.

 

Hasta hoy es un campo desierto, en el que pacen los animales.

Jesús pregunta:

–     ¿Toda la culpa es de los pastores?

El campesino contesta:

–     ¡No! También de tres brujos que vinieron del reino de Satanás. tal vez eran compadres de los otros tres…

¡Y nosotros tan estúpidos que nos sentimos tan honrados!

¡Y el Arquisinagogo! Lo matamos porque juró que las profecías se cumplían exactamente con las palabras de los pastores y  de los Magos.

–     Entonces, ¿Toda la culpa fue de los pastores y de los Magos?

–     No, Galileo. También fue culpa nuestra, nuestra credulidad. ¡Tanto que esperábamos al Mesías! Siglos de espera.

Muchas desilusiones sufridas en los últimos tiempos a causa de los falsos Mesías. Uno era galileo como Tú. Otro se llamaba Teoda.

¡Mentirosos! ¡Ellos Mesías! ¡No eran más que aventureros rapaces en busca de fortuna!

Debía de habernos servido la lección, para que abriésemos los ojos. Por el contrario…

–     Y entonces, ¿Por qué maldecís solamente a los pastores y a los Magos?

Si también vosotros os juzgáis tontos; deberíais de maldeciros a vosotros mismos. La maldición no la permite el mandamiento del amor.

¿Estáis seguros de estar en lo justo? ¡No podría haber sido cierto que los pastores y los Magos hubiesen dicho la verdad que Dios Mismo les reveló!

¿Por qué debe pensarse que fuesen mentirosos?

–     Porque no se habían cumplido los años de la Profecía.

Después lo reflexionamos.

Después que la sangre que enrojeció los tanques de agua y los ríos, nos abrió los ojos del discernimiento.

Con una gran paz, Jesús dice:

–      Y el Altísimo; llevado por un gran amor por su Pueblo; ¿No habría podido anticipar la venida del Salvador?

¿En qué apoyaron los Magos su dicho? Me has dicho que vinieron del Oriente…

–      En sus cálculos sobre una nueva estrella.

–     ¿Y acaso no está dicho: Una estrella nacerá de Jacob y una vara se alzará de Israel?

¿No es Jacob el gran patriarca que vivió en esta tierra de Belén, a la que quiso como a la pupila de sus ojos, porque en ella murió su amada Raquel?…

Y no acaso por boca del profeta, Dios dijo: Brotará un retoño de la raíz de Jesé y saldrá una flor de esta raíz. Isaí, padre de David, nació acá.

El retoño que está en el tronco fue cortado a raíz, con la usurpación de los tiranos. ¿No es acaso la “Virgen” que dará a luz a un niñito sin intervención de hombre, de otro modo no sería virgen, sino por la Voluntad Divina? 

¿Y por esto será el Emmanuel; el Hijo de Dios que será Dios y llevará a Dios al Pueblo como su Nombre lo dice?

¿Y acaso la Profecía no dice que será anunciada a los pueblos de las tinieblas?

¿Esto es a los paganos, con una luz grande; como la estrella que vieron los Magos; la gran luz de las dos profecías: la de Balam y de Isaías?

Hasta la misma matanza que hizo Herodes, ¿Acaso no está profetizada?:

Se ha oído un gran lamento allá arriba…Es Raquel que llora a sus hijos.”

Jesús continúa:

–     Estaba indicado que los huesos de Raquel llorarían lágrimas en su sepulcro de Efratá; cuando a causa del Salvador, hubiera venido la recompensa al Pueblo Santo.

Lágrimas que después se cambiarían en sonrisa celestial, como el arco iris que se forma con las últimas gotas del temporal y que parece decir: ¡Ea! ¡Ahora todo está sereno!

El campesino, no muy convencido, cuestiona:

–    Eres muy docto. ¿Eres Rabí?

–    ¡Sí!

–    Lo creo. Hay luz y verdad en tus palabras.

Sin embargo… todavía hay muchas heridas que manan sangre en esta tierra de Belén, a causa del verdadero o falso Mesías. Nunca le aconsejaría a Él que viniese para acá.

La tierra lo rechazaría como se rechaza a un bastardo, por el que mueren los hijos verdaderos.

Pero, si era Él… murió con los otros degollados.

–     ¿Dónde viven ahora Leví y Elías?

El hombre se pone en guardia y sospecha:

–     ¿Los conoces?

–     No conozco su rostro. Pero… son unos desgraciados y siempre tengo compasión por los infelices.

Quiero ir a verlos.

–     ¡Humm! Serás el primero después de seis lustros.

Aún son pastores y están al servicio de un rico herodiano de Jerusalén que se apoderó de muchos bienes de los que murieron. ¡Siempre hay alguien que gana!

Los encontrarás con los ganados que cuidan, por las vertientes que van a Hebrón.

Pero, te daré un consejo: que los betlemitas no te vean hablar con ellos. Te iría muy mal.

Los soportamos, porque está el herodiano. Si no fuera por eso…

–     Sí. Está el odio. ¿Por qué odiar?

–     Porque es justo. Porque nos hicieron mucho daño.

–     Ellos creyeron hacer un bien.

–     Pero hicieron daño. Y el daño lo tenemos.

Debimos haberlos matado, como ellos mataron con su torpeza. Pero todos estábamos como intoxicados.

Ahora mismo los mataríamos si no estuviera en medio su patrón.

–     Hombre, Yo te lo digo. No hay que odiar. No hay que desear el mal. Aquí no hay culpa. Dilo a los betlemitas:

‘Cuando haya caído el odio de vuestros corazones, veréis al Mesías.

Entonces lo conoceréis porque Él vive. Él ya no estaba cuando sucedió la matanza.

Yo te lo digo: no fue culpa de los pastores, ni de los Magos el que haya sucedido esa desgracia.

Fue Satanás. El Mesías ha nacido aquí.

Ha venido a traer la Luz a la tierra de sus padres. Hijo de Madre Virgen de la estirpe de David, en las ruinas de la Casa de David.

Ha abierto al mundo el torrente de gracias eternas. Ha mostrado la vida al hombre…

El campesino se levanta y señalando la puerta, grita:

–    ¡Largo! ¡Largo de aquí! ¡Sal de aquí Tú, secuaz del falso Mesías! ¡Tú lo defiendes!…

Judas se pone de pie, violento e iracundo.

Toma del brazo al campesino y lo sacude,

al tiempo que dice amenazante:

–     Cálmate, hombre. Soy judío y tengo amigos poderosos. Puedo hacer que te arrepientas del insulto. 

El hombre se atemoriza.

Pero insiste:

–     ¡No! ¡No! ¡Fuera de aquí! No quiero pleitos con los betlemitas. Ni con Roma. Ni con Herodes. ¡Idos de aquí, malditos!…

Jesús siente su corazón destrozado.

Interviene diciendo:

–     Vámonos, Judas. No reacciones. Dejémosle con su rencor. Dios no entra donde hay ira. ¡Vámonos!

Judas amenaza:

–     Sí. Vámonos. Pero me las pagarán.

–     No digas nada. Están ciegos… Y habrá tantos a lo largo de mi camino…

Salen detrás de Simón.

Afuera, detrás de la esquina del pajar, encuentran a la mujer,

que toda contrita les dice:

–      Perdona a mi marido, Señor. –le da unos huevos- Mira, ten. Están frescos. Es lo único que tengo.

Perdónanos. ¿Dónde dormirás hoy?

Jesús los toma y la tranquiliza:

–       No te preocupes. Sé a dónde ir. Tranquilízate en tu buen corazón. Adiós.

Caminan unos metros en silencio.

Después, Judas explota:

–       ¡Es el colmo! ¡Pero Tú…no hacerte adorar! ¿Por qué no hiciste que ese puerco blasfemo besara el lodo?…

¡A tierra! ¡Arrojado al polvo por haberte faltado a Ti! ¡Al Mesías!… ¡Oh! ¡Yo lo hubiera hecho!

¡Los rebeldes tienen  que ser castigados con fuego milagroso! ¡Eso es lo único que los persuade!

–       ¡Oh! ¡Cuántas veces habré de oír lo mismo! ¡Si debiese convertir en cenizas a todo el que me ofenda!… No, Judas. He venido para crear; no para destruir.

–                     Lo que Tú digas. Pero mientras tanto, otros te destruyen.

Jesús no contesta.

Judas está tan furioso, que no comprende en absoluto lo que considera una pasividad inexplicable, pero que es la mansedumbre característica del Hombre-Dios.

Y siguen avanzando en silencio, por el camino bordeado de huertos y olivos cargados de aceitunas.

Más tarde, Simón pregunta:

–     ¿A dónde vamos ahora, Maestro?

–     Venid conmigo. Conozco un lugar…

Judas lo interrumpe todavía más irritado:

–      Pero si nunca has estado aquí desde que huiste. ¿Cómo es que lo conoces?

–      Lo conozco. No es hermoso. Pero estuve una vez ahí.

No es en Belén. Es afuera. Un poco, nada más… Vamos por acá…

Jesús toma la delantera.

Le siguen Simón, Judas y por último, Juan.

En el silencio interrumpido por el roce de las sandalias contra las piedrecillas del camino, se percibe un llanto.

Jesús pregunta volteándose:

–      ¿Quién llora?

Judas contesta:

–       Es Juan. Está atemorizado.

Juan protesta:

–       No. No tengo miedo. Ya tenía la mano en el cuchillo que pende de mi cintura…

Pero me acordé de tu ‘no matar’. Perdona, siempre lo dices.

Judas le pregunta:

–       Entonces ¿Por qué lloras?

–       Porque sufro al ver que el mundo no ama a Jesús. No lo reconoce y no quiere reconocerlo.

¡Oh, qué dolor! Es algo así como si con espinas de fuego me restregasen el corazón. Como si hubiera visto pisoteada mi madre y escupida la cara de mi padre. Todavía peor.

Como si hubiera visto a los caballos romanos profanar el Templo y comer en el Arca Santa y descansar en el lugar donde está el Santo de los Santos.

Jesús lo consuela:

–      No llores, Juan mío. Repetirás lo mismo una y otra vez: Él era la Luz que vino a brillar en las tinieblas, pero las tinieblas no lo comprendieron.

Vino al mundo que Él había hecho, pero el mundo no lo conoció. Vino a su ciudad, a su casa; pero los suyos no lo recibieron.

Juan redobla su llanto.

Y Jesús le pide:   

–        ¡Oh! ¡No llores así!

Juan obedece y suspira:

–        Esto no sucede en Galilea.

Judas, confirma:

–        Pero… ni siquiera en Judea. Jerusalén es la capital y hace tres días que te lanzaban hosannas a Ti, el Mesías.

Aquí, lugar de pastores burdos, campesinos y hortelanos; no se puede tomar como punto de partida.

Los Galileos…

Jesús ordena:

–      Basta, Judas. No conviene perder la calma. Estoy tranquilo. También estadlo vosotros.

Judas, ven aquí. Debo hablarte…

Judas va hacia donde está Jesús,

que le dice:

–     Toma la bolsa. Te encargarás de los gastos de mañana.

Judas pregunta:

–     ¿Y ahora en donde nos albergaremos?

Jesús sonríe y calla.

Dando media vuelta empieza a caminar y todos lo siguen.

22 REGRESO A BELÉN


22 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La mañana siguiente,  Jesús pasea con Judas Iscariote de arriba abajo; cerca de una de las puertas del recinto del Templo.

Judas pregunta:

–      ¿Estás seguro de que vendrá?

Jesús responde:

–       Lo estoy. Al alba salió de Betania y en Get-Sammi debía encontrarse con mi primer discípulo.

Jesús se detiene y mira fijamente a Judas.

Lo tiene frente a Sí. Lo estudia.

Después le pone una mano sobre la espalda y le pregunta:

–       Judas,  ¿Por qué no me dices lo que estás pensando?

Judas se sorprende:

–       ¡Quée!… no pienso en nada en especial en este momento, Maestro. Pienso que hasta te hago demasiadas preguntas. No puedes lamentarte de mí mutismo.

–       Es verdad. Me haces muchas preguntas y me das muchas noticias. Pero no me abres tu corazón.¿Crees que me interesan mucho las noticias sobre el censo o sobre la estructura de esta o aquella familia?

No soy un ocioso que haya venido aquí a pasar el tiempo. Tú sabes para que vine. Y puedes comprender bien que lo que para Mí tiene el mayor interés, es el ser Maestro de mis discípulos.

Por eso exijo de ellos, sinceridad y confianza. ¿Te amaba tu padre, Judas?

–         Me amaba mucho. Era yo su orgullo. Cuando regresaba de la escuela y años después, cuando regresaba de Jerusalén a Keriot, quería que le dijera todo.

Se interesaba en todo lo que hacía. Si había cosas buenas, se alegraba. Si no lo eran tanto, me consolaba.

Y si había cometido algún error y me habían reprendido, me mostraba la justicia de la reprensión o en donde estaba mal lo que yo había hecho.

Pero lo hacía tan dulcemente… que más que un padre, parecía un hermano mayor. Casi siempre terminaba de este modo: “Esto te digo, porque quiero que mi Judas sea un justo. Quisiera ser bendecido a través de mi hijo.”

Judas está tiernamente conmovido por la evocación de su padre.

Jesús que ha estado mirando atentamente a su discípulo, dice:

–        Mira Judas. Puedes estar seguro de todo lo que te digo. Nada hará más feliz a tu padre, que el que seas un discípulo fiel.

El espíritu de tu padre se regocijará allí donde está, en espera de la luz; porque así te educó; al ver que eres mi discípulo.

Más para que lo seas verdaderamente, debes decirte: “El padre que parecía un hermano mayor, lo he encontrado en mi Jesús.

Y a Él, igual que el padre amado al que todavía lloro; le diré todo para que sea mi guía. Para tener sus bendiciones y sus dulces reproches.”

Quiera el Eterno y tú sobre todo, hacer que Jesús no tenga otra cosa que decirte: “Eres bueno. Te bendigo.”

Judas exclama impulsivo:

–         ¡Oh, sí! ¡Sí, Jesús; sí! Si me llegas a amar tanto como él; podré ser bueno como Tú quieres y como mi padre quería. Mi padre podrá sacar aquella espina de su corazón.

Pues él siempre me mimaba mucho y me decía: “Estás sin guía, hijo y te hace mucha falta.” ¡Cuándo sepa que te tengo a Ti!

–         Te amaré como ningún otro hombre sería capaz. Te amaré tanto…Mucho te amaré. No me desengañes.

–         No, Maestro, no. Sé que estoy lleno de contradicciones. Envidias, celos, manías de ser el primero en todo. La carne me arrastra.

Todo choca dentro de mí contra los impulsos buenos. Todavía hace poco, me causaste mucho dolor. Mejor dicho… Tú no. Me lo causó mi naturaleza malvada.

Pensaba que yo era tu primer discípulo… Y Tú me dijiste que tienes a otro.

–       Tú lo viste. ¿No recuerdas que en la Pascua, estaba Yo en el Templo con unos Galileos?

–       Pensé que eran tus amigos. Creí que yo era el primer elegido para esto y con ello, el predilecto.

–         En mi corazón no hay distinción entre los últimos y los primeros. Si el primero faltase y el último fuese santo; entonces sí que a los ojos de Dios habrá distinción.

Pero Yo… Yo los amaré igual: con un amor de dicha al santo y con un amor que sufre al pecador. Pero…

Jesús se interrumpe y exclama con alegría:

–         ¡Oh! Ahí viene Juan con Simón. Juan es mi primero y Simón es el que estaba enfermo.

Judas hace un mohín y dice:

–        ¡Ah! ¡El leproso! Lo recuerdo. ¿Y ya es tu discípulo?

–         Desde el día siguiente.

–         ¿Y por qué yo tuve que esperar tanto?

–         ¿Judas?…

–         Es verdad. Perdón.

Cuando llegan, Juan y Jesús se saludan con un beso mutuo.

Simón se  postra a los pies de Jesús, besándolos y diciendo:

–        ¡Gloria a mi Salvador! Bendice a tu siervo para que sus acciones sean santas a los ojos de Dios y yo le dé gloria por haberme dado a Ti.

Jesús le pone las manos sobre la cabeza y le dice:

–        Sí. Te bendigo para agradecerte tu trabajo. Levántate Simón. ¡Éste es el nuevo discípulo! También él quiere la Verdad. Y por esto es un hermano para todos vosotros.

Se saludan entre sí. Los dos judíos con mutuo escudriño. Juan con franqueza.

Jesús pregunta:

–       ¿Estás cansado, Simón?

Simón sonríe:

–        No, Maestro. Junto con la salud me ha venido tal fuerza, como no la había tenido antes.

–        Y sé que la usas bien. He hablado con muchos y sé lo que han trabajado a favor del Mesías.

Simón ríe contento y dice:

–         Ayer hablé de Ti a un israelita honrado. Espero que un día lo conocerás. Quiero ser yo quién te lleve a él.

–         No es imposible.

Judas interrumpe:

–         Maestro, me prometiste venir conmigo a Judea.

–         Iré. Simón continuará instruyendo a la gente sobre mi venida. Amigos, el tiempo es breve y la gente es mucha. Ahora voy con Simón.

Al atardecer nos encontraremos en el camino del Monte de los Olivos y distribuiremos el dinero a los pobres. ¡Id!

En su interior, Judas está renuente a separarse de Jesús; pero obedece con prontitud.

Y dice:

–           Vamos, Juan.

Y los dos apóstoles más jóvenes, se alejan alegremente.

Cuando Jesús queda solo con Simón, le pregunta:

–        ¿Esa persona de Betania, es un verdadero israelita?

–        Lo es. Existen en él, todas las ideas imperantes; pero tiene verdadera ansia por el Mesías.

Y cuando le dije: “Él está entre nosotros” me contestó: “Feliz de mí, que vivo en estos tiempos.”

–        Algún día iremos a su casa, a llevarle mi bendición. ¿Qué te parece el nuevo discípulo?

–        Se ve que es muy joven y parece inteligente.

–        Lo es. Tú que también eres judío; lo comprenderás y lo compadecerás más que los otros, por sus ideas.

–        ¿Es un deseo o una orden?

–        Es una dulce orden. Tú que has sufrido, puedes tener mayor comprensión. El dolor es maestro de muchas cosas.

–         Porque Tú me lo mandas, seré para él comprensión.

–         Así es. Probablemente mi Pedro y no tan solo él; se admirará un poco de cómo cuido y me preocupo más por este discípulo. Pero algún día lo entenderán…

Cuando uno no ha madurado en su formación, tiene más necesidad de cuidado. Los demás… ¡Oh! Los otros se formarán por sí mismos, tan sólo por el contacto. No quiero hacer todo Yo.

Pido la voluntad del hombre y la ayuda de los demás, para formar a un hombre. Os llamo para que me ayudéis… Y agradezco mucho la ayuda.

–        Maestro, ¿Te imaginas que él te proporcionará desilusiones?

–        No. Pero es joven y se formado en el Templo y en Jerusalén.

–        Oh! Cerca de Ti, se curará de todos los vicios de esta ciudad… Estoy seguro.

Jesús murmura:

–        Así sea.

Y luego dice con voz más fuerte:

–        Ven conmigo al Templo. Evangelizaré al Pueblo…

Y se van juntos.

Al día siguiente.

Al rayar el alba, Jesús está con Juan, Simón y Judas, en la cocina de la casita.

Y les dice:

–      Amigos. Os ruego que vengáis conmigo por la Judea. Si no os cuesta mucho. Sobre todo a ti, Simón.

El apóstol le pregunta:

–     ¿Porqué, Maestro?

Jesús contesta:

–     El camino es muy duro por los montes de Judea y tal vez para ti sea más duro si te encuentras con algunos de los que te hicieron daño.

–     Por lo que toca al camino, me siento fuerte y no siento ninguna fatiga. Mucho menos si voy contigo. Por lo que toca a quién me dañó… el odio cayó junto con las escamas de la lepra.

Y no sé, créemelo; en qué has hecho el mayor milagro, si al curarme la carne corroída o el alma que ardía con el rencor. Pienso que no me equivoco si afirmo, que el milagro más grande fue en el alma.

Una llaga del espíritu, no se cura tan fácilmente.

Y Tú me has curado de un golpe, en una forma completa.  

El hombre no se cura de un hábito moral, si Tú no aniquilas ese hábito con tu querer santificante. Aunque uno lo quiera hacer con todas sus fuerzas.

–     No te equivocas al juzgar así.

Judas pregunta un poco resentido:

–    ¿Por qué no lo haces así con todos?

Juan pone una mano sobre el brazo de Judas y le dice cariñoso:

–     Lo hace, Judas. ¿Por qué le hablas así al Maestro? ¿No te sientes cambiado, desde que estás con Él?

Yo era discípulo de Juan el Bautista; pero me siento totalmente cambiado, desde que Él me dijo: ‘Ven’

Y mirando a Jesús agrega:

–     Perdón, Maestro. Hablé en tu lugar. Es que no quiero que Judas te cause ningún dolor.

Jesús lo tranquiliza:

–       Está bien, Juan. No me ha causado ninguna pena como discípulo. Cuando lo sea, si continúa con su modo de pensar, me causará dolor.

Vendrá un día en que tendréis la Sabiduría, con su Espíritu… entonces podréis juzgar justamente.

Judas pregunta:

–        ¿Y todos podremos juzgar justamente?

–       No, Judas.

–       ¿Pero hablas de nosotros los discípulos o de todos los hombres?

–       Hablo refiriéndome primero a vosotros y después a los demás. Cuando llegue la hora; el Maestro instituirá discípulos y los enviará por el mundo…

–       ¿No lo estás haciendo ya?…

–       Por ahora no os empleo más que para que digáis: “El Mesías está aquí. Venid a Él.”

Entonces os haré capaces de que prediquéis en mi Nombre y que hagáis milagros en mi Nombre…

–      ¡Oh! ¿También milagros?

–      Sí. En los cuerpos y también en las almas.

Judas  está feliz ante la idea y exclama gozoso:

–      ¡Oh! ¡Cómo nos admirarán!

Juan mira pensativamente a Jesús y su cara se nubla con un gesto de dolor.

Luego dice con un dejo de tristeza en la voz:

–       Entonces ya no estaremos más con el Maestro.

Y yo tendré temor de hacer lo que es de Dios, a mi manera de hombre.

Simón dice:

–      Juan, si el Maestro lo permite, me gustaría decirte lo que pienso.

Jesús contesta:

–      Díselo a Juan. Deseo que mutuamente os aconsejéis.

–      Ya sabes que es un consejo.

Jesús sonríe y calla.

Simón le dice a Juan:

–      Creo que no debes y no debemos temer. Si nos apoyamos en la sabiduría del Maestro Santo y en su promesa. Si Él dice: “Os enviaré”.

Y promete vestir nuestra miseria intelectual, con los rayos de la potencia que el Padre le da para nosotros, debemos estar seguros que lo hará y que lo podremos hacer, por su infinita misericordia.

Todo saldrá bien, si no introducimos el orgullo, el deseo humano en nuestro obrar. Pienso que si corrompemos nuestra misión, que es del todo espiritual, con elementos que son terrenales,

entonces la promesa de Cristo se depreciará; no por incapacidad suya, sino porque nosotros la rebajaremos con nuestra soberbia. No sé si me explico bien…

Judas le dice:

–      Lo has hecho muy bien. Yo me equivoqué. Pero sabes… Pienso que en el fondo desear ser admirados como discípulos del Mesías, es porque somos suyos a tal punto, que haremos lo que Él hace.

Y todo proviene de aumentar más la figura poderosa de Él entre el pueblo. ¡Alabanzas al Maestro que tiene tales discípulos! Esto es lo que quería decir yo.

Simón le contesta:

–       No es todo error lo que dices. Pero, mira Judas. Provengo de una casta que es perseguida por haber entendido mal lo que es el Mesías.

Si lo hubiésemos esperado con una justa visión de su Ser, no habríamos caído en errores que son blasfemias a la Verdad y rebelión contra la ley de Roma. Por lo cual tanto Dios, como Roma; nos han castigado.

Hemos querido ver en el Mesías, sólo a un hombre conquistador y a un libertador humano de Israel. A un nuevo líder y más grande que el héroe, Judas Macabeo. Sólo esto y ¿Por qué?

Porque cuidábamos más de nuestros intereses; de la patria y de los ciudadanos, que de Dios. ¡Oh! El amar la  patria es una cosa santa; pero ¡Qué es frente el Cielo eterno! La patria verdadera es la celestial.

Cuando fui perseguido y anduve fugitivo, me escondía en las cuevas de las bestias. Compartía con ellas el lecho y la comida, para escapar de los romanos y sobre todo, de las delaciones de falsos amigos.

También cuando en espera de la muerte, probé el olor del sepulcro en mi cueva de leproso… ¡Cuánto he pensado y he visto! He visto con el espíritu, la figura verdadera tuya, Maestro y Rey del espíritu.

La tuya, ¡Oh, Mesías! Hijo del Padre que llevas al Padre y no a los palacios de polvo; no a las deidades de fango. ¡Tú! ¡A Ti! ¡Oh, me es fácil seguirte!

Perdona mi entusiasmo que se explaya de este modo, porque te veo cómo te había imaginado. Te reconocí inmediatamente, porque mi alma ya te había conocido…

Jesús sonríe y contesta:

–       Por esto te llamé. Y por eso te llevo conmigo, ahora en mi primer viaje a Judea. Quiero que completes el reconocimiento.

Y quiero que también éstos jóvenes, aprendan a ser capaces como tú, de llegar a la verdad por medio de una meditación constante.

Y sepan cómo su Maestro ha llegado a esta hora. Después entenderéis. Hemos llegado ya a la Torre de David. La Puerta Oriental está cerca.

Judas pregunta:

–      ¿Saldremos por ella?

–       Sí, Judas. Primero iremos a Belén. Allí nací. Es bueno que lo sepáis, para que lo digáis a los demás. También esto entra en el conocimiento del Mesías y de la Escritura.

Encontraréis las profecías escritas en las cosas, con voces que no pertenecen más a la Profecía, sino a la historia. Daremos la vuelta, donde están los palacios de Herodes.

Judas dice:

–        Donde vive la vieja zorra, malvada y lujuriosa.

Jesús advierte:

–       No juzguéis. Sólo Dios es Quién juzga. Vayamos por aquella vereda, entre las hortalizas, nos cobijaremos bajo la sombra de un árbol, cerca de algún lugar hospitalario hasta que el sol deje de quemar.

Después…

Jesús continúa instruyendo…

Y emprenden la marcha hacia Belén.

21 DOS POLOS OPUESTOS


21 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús camina hacia la baja y blanca casa que hay en medio del olivar.

Un jovencito que trae utensilios de jardinería, lo saluda:

–     Dios sea contigo, Rabí. Tu discípulo Juan ha venido, pero se ha vuelto a marchar, a buscarte.

–    ¿Hace mucho?

–     No, acaba de cruzar aquel sendero. Creíamos que vendrías por la parte de Betania…

Jesús se encamina ligero, da la vuelta a una prominencia del terreno y ve a Juan bajando casi corriendo hacia la ciudad.

Lo llama.

El discípulo se vuelve con el rostro iluminado por la alegría, regresa corriendo y

Grita:

–    ¡Maestro mío!

Jesús le abre los brazos y los dos se abrazan afectuosamente. 

Juan dice:

–      Venía a buscarte… Creíamos que habías estado en Betania, como dijiste.

Jesús informa:

–      Sí. Eso quería. Tengo que empezar también a evangelizar los alrededores de Jerusalén. Pero después me he entretenido en la ciudad… para instruir a un nuevo discípulo.

–      Maestro, todo lo que Tú haces está bien hecho y sale bien. ¿Lo ves? También esta vez nos hemos encontrado enseguida.

Los dos caminan.

Jesús tiene un brazo sobre los hombros de Juan, el cual siendo más bajo, mira a Jesús de abajo arriba, feliz de esa intimidad.

Vuelven así hacia la casita.

–      ¿Hace mucho que has venido?

–       No, Maestro. Con el alba he salido de Docco, junto con Simón; ya le he dicho lo que querías.

Después nos detuvimos un tiempo en los campos de los alrededores de Betania, compartiendo la comida y hablando de Tí a campesinos que hemos encontrado por allí.

Cuando el fuego del sol ha disminuido, nos hemos separado.

Simón ha ido a ver a un amigo suyo al que también quiere hablar de ti: es el dueño de casi toda Betania. Él ya lo conocía cuando aún vivían sus respectivos padres.

Mañana viene aquí Simón. Me ha encargado decirte que se siente feliz de estar a tu servicio. Simón es muy competente.

Quisiera ser como él, pero soy un muchacho ignorante.

–      No, Juan. Tú también haces muy bien las cosas.

–     ¿Te sientes realmente contento de tu pobre Juan?

–      Muy contento, Juan mío. Mucho.

–      ¡Maestro mío!

Juan se inclina con ímpetu a tomar la mano de Jesús y la besa. Y se la pasa por la cara como una caricia.

Han llegado ya a la casa. Entran en la cocina baja y humosa.

Jonás el dueño, los saluda:

–       La paz sea contigo. 

Jesús responde:

–       Paz a esta casa a ti y a quien vive contigo. Viene conmigo un discípulo.

–       Habrá pan y aceite también para él.

Juan dice:

–       He traído pescado seco que me dieron Santiago y Pedro. Al pasar por Nazaret, tu Madre me ha dado pan y miel para Tí. He caminado sin detenerme, pero de todas formas estará duro.

–        No importa, Juan. Tendrá el sabor de las manos de mi Madre.

Juan extrae sus tesoros de la bolsa que había dejado en un rincón y empieza a preparar el pescado seco:

lo mojan unos instantes en agua caliente, después lo untan y lo asan directamente sobre el fuego.

Jesús bendice el alimento y se sienta con el discípulo a la mesa.

También están sentados Jonás y su hijo.

La madre va y viene trayendo el pescado, aceitunas negras, verduras hervidas y condimentadas con aceite.

Jesús ofrece miel.

La mujer objeta diciendo que no quiere privarle del dulce obsequio, de su mamá.

Pero Jesús la extiende en el pan y se la ofrece a la madre, diciendo:

–      Es de mi colmena, mi Madre cuida las abejas. Cómela. Es buena. Tú eres tan buena conmigo María, que mereces esto y más.  

La cena termina rápidamente en medio de una breve conversación.

Nada más acabar, después de dar las gracias por el alimento recibido,

Jesús dice a Juan:

–       Ven. Salgamos al olivar. La noche está templada y clara. Será agradable estar afuera.

El dueño de la casa dice:

–      Maestro, yo me despido de ti. Estoy cansado, y también mi hijo. Vamos a descansar. Dejo la puerta entornada y el candil encima de la mesa. Ya sabes cómo se hace.

–          Sí, claro, Jonás, vete a descansar. Y apaga también el candil. Hay una luz de luna tan clara, que veremos incluso sin él.

–      Y tu discípulo, ¿Dónde va a dormir?

–      Conmigo. En mi estera hay sitio también para él. ¿Verdad, Juan?

Juan, ante la idea de dormir al lado de Jesús, entra en éxtasis y lleno de felicidad toma algo del talego que había puesto en el rincón.

Caminan un poco y llegan a una prominencia del terreno desde la que se ve toda Jerusalén.

Jesús dice:

–       Sentémonos aquí y hablemos.

Juan sin embargo, prefiere sentarse a sus pies, sobre la hierba. Apoyándose en las rodillas de Jesús. 

Parece un niño junto a la persona que más quiere. 

Y muy contento dice:

–       Desde aquí es bonito, Maestro. Mira qué grande parece la ciudad de noche; más que de día.

Jesús contesta:

–       Es porque la luz de la luna difumina sus contornos. Observa: parece como si el límite se ensanchara en una luminosidad de plata. Mira la cúspide del Templo, allí arriba. ¿No parece suspendida en el vacío?

–       Es como si la  que la llevasen los ángeles en sus alas de plata.

Jesús suspira.

–     ¿Por qué suspiras, Maestro?

–      Porque los ángeles han abandonado el Templo. Su aspecto de pureza y santidad está sólo en sus  muros. Los que deberián reflejarlo en el alma del Templo, son los primeros en quitárselo.

Porque el Templo tiene, debería tener… alma de Oración y santidad. Pero los que lo representan, son incapaces de manifestarlo.

No se puede dar lo que no se tiene, Juan.

Aunque sean muchos los sacerdotes y los levitas que viven allí, ni siquiera una décima parte son capaces de dar vida al Lugar Santo.

Tienen las fórmulas, pero no la vida de ellas. Dan muerte. Le comunican la muerte que hay en su espíritu muerto a lo santo.

Son cadáveres, que tienen calor tan sólo por la putrefacción que los hincha.

Y así como ahora los ángeles han abandonado el Templo, después el Espíritu Santo también abandonará la Iglesia, cuando sus sacerdotes repitan los errores que están cometiendo éstos.

Juan al oírlo, se siente apenado.

Y pregunta:

–      ¿Te han maltratado, Maestro?

Jesús responde:

–       No. Es más, me han dejado hablar cuando lo he solicitado.

–      ¿Lo has solicitado? ¿Por qué?

–       Porque no quiero ser Yo el que empiece la guerra. La guerra vendrá igualmente, porque Yo infundiré miedo; un estúpido miedo humano a algunos.

Y seré un reproche para otros; pero esto debe estar en su libro, no en el mío.

Después de un momento de silencio, Juan habla otra vez.

Y dice:

–       Maestro, conozco a Anás y a Caifás. Mi padre los provee siempre con el mejor pescado. Y cuando estuve en Judea por causa de Juan el Bautista, venía también al Templo y ellos nos trataban bien a nosotros, los hijos de Zebedeo.

–      Lo sé.

 Jesús está serio.

–      Bueno, pues si lo ves oportuno, le hablaré de Tí al Sumo Sacerdote. Y luego si quieres, yo conozco a uno que está en relación de negocios con mi padre.

Es un mercader de pescado. Tiene una casa bonita y grande junto al Hípico, porque son personas ricas. Es un hombre bueno y sé que podemos contar con él.

Estarías más cómodo y te cansarías menos.

Además, para venir hasta aquí se tiene que atravesar ese suburbio de Ofel, tan sórdido y mugriento. Siempre lleno de asnos y de gente pendenciera.

–      No, Juan. Te lo agradezco, pero estoy bien aquí. ¿Ves cuánta paz? Se lo he dicho también esto al otro discípulo que me hacía la misma propuesta. Él decía: “Para estar mejor considerado”.

–      Yo lo decía para que te cansaras menos.

–      No me canso. Por mucho que camine, no me cansaré jamás. ¿Sabes qué es lo que me cansa? La falta de amor. ¡Oh, eso,… qué carga!… Es como si llevara un peso muy grande en el corazón.

–      Yo te amo, Jesús.

–      Sí, y me consuelas. Te quiero mucho Juan, te querré siempre porque tú no me traicionarás nunca.

Juan está aterrado.

–     ¡Traicionarte!… ¡Oh!

–      Y sin embargo, habrá muchos que me traicionen… Juan, escucha. Te he dicho que me detuve aquí para aleccionar a un nuevo discípulo. Es un joven judío, instruido y conocido.

–      Entonces tendrás que trabajar mucho menos que con nosotros, Maestro. Me alegro de que tengas alguno más capacitado que nosotros.

–     ¿Crees que tendré que trabajar menos?

–     ¡Digo yo! Si es menos ignorante que nosotros, te entenderá mejor y te servirá excelente, sobre todo si te ama perfectamente.   

–      ¡Qué si lo has dicho bien! Pero el amor no está en proporción a la instrucción y ni siquiera con la educación.

Uno que jamás ha amado y ama por primera vez, lo hace con toda la fuerza del primer amor. Lo mismo sucede con el primer amor del pensamiento.

El amado penetra, se imprime más en un corazón y un pensamiento vírgenes de otro amor; que en aquel en quién ya ha habido otros amores.

Pero Dios dispondrá.

Oye, Juan. Te ruego que seas amigo suyo. Mi corazón tiembla al ponerte a ti, cordero sin trasquilar; con el experto de la vida. Él reconocerá tu inexperiencia.

Pero también eres águila y si el experto te quisiera hacer tocar el suelo lleno de fango y oscuridad, del buen sentido humano; tú con un golpe de alas, sabrás librarte y volarás hacia el sol

Por eso te ruego que seas amigo de mi nuevo discípulo, porque los demás no lo aceptarán fácilmente, ni lo querrán mucho. Especialmente, Pedro.

Quiero que le trasmitas tu corazón….

–      ¿Yo? ¡Oh, Maestro!… Pero, ¿No bastas Tú?

–      Yo soy el Maestro. A mí no se me dirá todo. Tú eres el condiscípulo un poco más joven, con quien será más fácil abrirse.

No digo que me refieras lo que él te diga. Odio a los espías y a los traidores. Sí te pido que lo evangelices con tu fe y caridad, con tu pureza, Juan.

Es una tierra contaminada con aguas muertas: hay que secarla con el sol del amor, purificarla con la honestidad de pensamientos, deseos y obras. Cultivarla con la Fe. Tú puedes hacerlo.

–       Si crees que puedo… ¡Sí! Si Tú dices que puedo hacerlo, lo haré. Por amor a Tí…

–       Gracias, Juan.

–       Maestro, has hablado de Simón Pedro y recordé lo primero que tenía que decirte. La alegría de oírte me lo había alejado del pensamiento:

Cuando regresamos de Cafarnaúm después de Pentecostés, encontramos la acostumbrada suma del desconocido. El niño se la llevó a mi madre, ella la entregó a Pedro y él me la devolvió diciendo que tomase un poco para el regreso y la estancia en Docco.  

Que el resto te lo diese a Ti, para lo que puedas necesitar… Pues Pedro también piensa que aquí todo es incómodo. Yo solo tomé dos denarios para dos pobres que encontré cerca de Efraím.

Por lo demás, me he mantenido con lo que me había dado mi madre y lo que me dieron algunas buenas personas, a las que prediqué tu Nombre. Aquí tienes la bolsa. 

Y Juan se la entrega.

Jesús la recibe diciendo:

–            Mañana la distribuiremos entre los pobres. De esta forma también Judas aprenderá nuestro modo de administrarnos.

–            ¿Ya vino tu primo?  ¿Cómo hizo para llegar tan pronto? Estaba en Nazareth y no me dijo que vendría.

–            No. Judas es el nuevo discípulo. Es de Keriot. Tú lo viste en Pascua, aquí. La tarde en que curé a Simón. Estaba con Tomás.

Juan exclama admirado:

–            ¡Ah! ¡Es él!…

Juan se queda perplejo.

Jesús confirma:

–            Es él. ¿Y qué hace Tomás?

–            Obedeció tus órdenes. Dejó a Simón Cananeo y fue al encuentro de Felipe y Bartolomé, por el camino del mar.

–            ¡Bien! Quiero que os améis sin preferencia. Os ayudéis mutuamente. Os compadezcáis, el uno al otro. Nadie es perfecto, Juan. Ni los jóvenes; ni los viejos.

Pero si tenéis buena voluntad, llegaréis a la perfección y lo que os falte, lo supliré Yo. Sois como los hijos de una familia santa, en la que hay muchos temperamentos desiguales.

Quién es duro; quién suave. Quién valiente, quién tímido. Quién impulsivo y quién muy cauto. Si fueseis todos iguales, seríais una fuerza en un solo temperamento y una flaqueza en todo lo demás.

Pero de esta manera hacéis una unión perfecta; porque os completáis mutuamente. El amor os une. Debe uniros el amor por un único motivo: Dios.

–            Y por Ti, Jesús.

–            La causa de Dios es primera. Y después el amor hacia su Mesías.

–            Y Yo… ¿Qué es lo que soy en nuestra familia?

–            Eres la paz amorosa del Mesías de Dios. ¿Estás cansado Juan? ¿Quieres regresar? Yo me quedo a Orar.

–            También yo me quedo contigo a Orar. Déjame que me quede contigo a Orar.

–            Quédate.

Jesús recita unos salmos y Juan lo sigue.

Pero la voz se acaba pronto y el jovencito se queda dormido, con la cabeza apoyada en las rodillas de Jesús, que sonríe y extiende su manto sobre la espalda del más joven de sus apóstoles.

Lo mira con amor y mentalmente hace la comparación entre éste y el otro discípulo que acaba de aceptar.

Juan era discípulo del Bautista y se ha despojado hasta de su modo de pensar y juzgar; entregándose completamente, para ser moldeado por su Maestro.

UVAS

Dice Jesús:

Una comparación más entre mi Juan y otro discípulo, comparación en la que aparece aún más límpida la figura de mi predilecto.

Éste se despoja incluso de su modo de pensar y juzgar para ser “el discípulo”. Juan es aquel que se dona sin querer retener de sí, del sí mismo anterior a la elección, ni siquiera una molécula.

Judas, sin embargo, es aquel que no se quiere despojar de sí mismo: la suya es, por tanto, una donación irreal; lleva consigo su yo enfermo de soberbia, de sensualidad, de avaricia.

Conserva su manera de pensar y con ello neutraliza los efectos de la Gracia. Y no hay donación. NO SE ENTREGA.

Judas: cabeza de todos los apóstoles frustrados Y FALLIDOS. ¡Y son tantos…!

Juan: ejemplo de los que se hacen hostia por mi amor: tu modelo.

Yo y mi Madre somos las Hostias excelsas. Alcanzarnos es difícil, es más, imposible, porque nuestro sacrificio fue de una aspereza total.

¡Pero mi Juan!…

Es UNA DONACIÓN ABSOLUTA, esa hostia que pueden imitar mis amantes de todas las clases:

Virgen, mártir, confesor, evangelizador, siervo de Dios y de la Madre de Dios, activo y contemplativo; él es un ejemplo para todos: es aquel que ama.

Observa los distintos modos de razonar.

Juan se siente NADA Y ES COMPLETAMENTE DÓCIL. Acepta TODO, no pide razones, se siente satisfecho con hacerMe felíz.

 Judas investiga, cavila, escudriña, OPONE RESISTENCIA aparenta ceder pero en realidad no cambia su modo de pensar. 

¿Y no os habéis sentido invadidos de paz ante su amor sencillo y encantador? ¡Mi Juan!

Es mi descanso su confianza absoluta: “Todo lo que Tú haces Maestro; está bien hecho.” 

Y por eso será el Predilecto. Porque será mi paz llena de amor.

¡Y mi pequeño Juan, al que deseo ver cada vez más semejante a mi predilecto!

Aceptad todo, diciendo siempre como el Apóstol: “Todo lo que Tú haces está bien hecho, Maestro”

Para merecer siempre que se os diga: “Eres mi amorosa paz”.

También necesito alivio Yo, DADME VUESTRO CORAZÓN dádmelo. Y yo os daré Mí Corazón para descanso vuestro.