Archivos diarios: 12/07/20

P ¡NECESITO CIRENEOS!


JULIO 09 2020 11: 20 A.M

LLAMADO URGENTE DE JESÚS EL BUEN PASTOR A SUS OVEJAS REBELDES

Ovejas de mi Grey, mi Paz sea con vosotras

Rebaño mío, todo se está cumpliendo como está escrito, lo que sale de mi boca no regresa a Mí sin haber dado el fruto que espero.

Esta humanidad no ha querido escucharme, se niega a poner en práctica las instrucciones que el Cielo le está enviando a través de sus mensajeros.

Las grandes pruebas están por llegar y de continuar dándome la espalda y no la cara, serán millones de almas las que se van a perder.

¡Humanidad aletargada, despertad de una vez! Mirad la cantidad de signos y señales en el Cielo y en la Tierra, que se os están dando para que despertéis de vuestro letargo y volváis a Dios.

Signos y señales que os llaman a la conversión sincera y que os avisan de la Parusía de vuestro Rey y Salvador.

16. Y dicen a los montes  y las peñas:  «Caed sobre nosotros y ocultadnos de la vista del que está sentado en el Trono y de la cólera del Cordero.
17. Porque ha llegado el Gran Día de su Cólera y ¿Quién podrá sostenerse?» APOC. 6, 16-17

¡Humanidad ingrata y pecadora, no sigáis adormecida por el pecado, porque el tiempo de Justicia Divina no conoce de Misericordia y os va a coger apartada de Dios!

Ovejas de mi Rebaño,

EL JINETE DE LA GUERRA, DE LA DESOLACIÓN Y DE LA MUERTE, SE APROXIMA;

YA COMENZÓ A DERRAMAR SU COPA SOBRE LOS HABITANTES DE LA TIERRA.

La guerra apagará la voz de una tercera parte de la humanidad, su flagelo azotará a todas las naciones.

Rebaño mío, todo ha sido planeado por los grandes Reyes y las Élites, que gobiernan este mundo,

para que el conflicto bélico de estos últimos tiempos se extienda por todas las naciones y diezme gran parte de la población mundial.

La Guerra será aprovechada para esparcir por el aire de las naciones la Muerte Silenciosa.

NINGÚN LUGAR EN LA TIERRA SE LIBRARÁ DEL AZOTE DE LA GUERRA,

LAS CONSPIRACIONES ABUNDARÁN

Y LAS NACIONES ALIADAS AL DRAGÓN ROJO DEL COMUNISMO

Atacarán sin previo aviso ni declaración de guerra a aquellas naciones que le sirven al Gran País del Norte.

El Águila de la gran Nación del Norte, caerá; el Dragón Rojo del comunismo dominará el mundo por un tiempo; su dominio se extenderá hasta el último reinado del Anticristo.

LA HOZ Y EL MARTILLO, SOMETERÁ LAS NACIONES

Y MI REBAÑO CAMINARÁ AL DESTIERRO

¡Ovejas rebeldes!, ¿Qué estáis esperando para volver al redil?

Os estoy haciendo mis últimos llamados; responded con balidos para que pueda escucharos y rescataros,

porque ya me encuentro a la puerta del redil y muy pronto la cerraré, y ya no vais a poder entrar.

Es vuestra vida la que está en juego, acordaos que los lobos andan ya sueltos y buscan devoraros y robaros el alma.

¡Apresuraos, no tardéis, para que no tengáis de qué lamentaros!

Mi Paz os dejo, mi Paz os doy. Arrepentíos y convertíos, porque el Reino de Dios está cerca.

Vuestro Maestro y Pastor, Jesús el Buen Pastor

Dad a conocer mis mensajes de salvación a toda la humanidad, Rebaño mío

http://www.mensajesdelbuenpastorenoc.org/mensajesrecientes.html

Julio 09_2020

Habla Nuestro Señor Jesucristo

Hijitos Míos, cuando caminé entre los hombres, os dije alguna vez: Si vosotros, viendo las nubes podéis pronosticar el clima que vendrá.

Ahora, usando el Discernimiento, os deberéis dar cuenta también de lo que está por presentarse ante vosotros.

Hijitos Míos,estáis viendo Tribulación alrededor de vosotros:

TRIBULACIONES, GUERRAS, PESTES,

PERO SOBRE TODO, FALTA DE AMOR ENTRE LOS HOMBRES,

APOSTASÍA, MALDAD, ALEJAMIENTO TOTALMENTE DE MIS LEYES Y DE MI AMOR

YA OS HABÍA PROFETIZADO QUE,

EMPEZANDO LOS ACONTECIMIENTOS DE LA TRIBULACIÓN QUE SE OS VIENE,

TODO SE IBA A PRECIPITAR EN ACONTECIMIENTOS PARA LA GRAN PURIFICACIÓN. 

Yo os sigo preparando alrededor del mundo, os sigo buscando, sois Mis hermanos; vine a salvaros, Me di por vosotros, y vosotros seguís distraídos con el mundo.

Satanás os ataca en forma descomunal y el hombre, por falta de Discernimiento, no quiere entender que estos son momentos previos a la Gran Tribulación, en donde algunos perderán la vida eterna y otros difícilmente la alcanzarán.

Y lo digo así, Mis pequeños, porque no estáis preparados para GANAR plenamente el Reino de los Cielos. 

Dios utiliza las Maldades de Satanás para entrenarnos y hacernos crecer espiritualmente…

Os he dicho que Yo permito estos ataques de Satanás, como los que estáis viviendo, para que de ahí saquéis un bien para vuestra salud espiritual.

PARA VUESTRA CONVERSIÓN

PARA VUESTRO ARREPENTIMIENTO

PARA VOLVER A MÍ

¿De qué os han servido los bienes del mundo? Estáis perdiendo el Reino de los Cielos.

Os habéis llenado de muchas cosas del mundo, os habéis distraído de vuestra misión, que es espiritual.

Estáis sufriendo todos. ¿De qué os sirven los grandes lujos?

¿El desperdicio de los bienes de este mundo, que utilizasteis como una exageración para vuestro bienestar?

La POBREZA, no viene por la disminución de las riquezas, sino por la MULTIPLICACIÓN de los deseos.

Aún podéis comprar el Cielo con los bienes que tenéis del mundo, al compartir de los bienes de este mundo con los más necesitados.

Yo mismo compartía a los pobres de lo que los ricos Me daban.

Son tiempos TODAVÍA de reflexión para que vosotros podáis comprarMe el Cielo, Mis pequeños. 

Dad de lo vuestro con amor a los más necesitados, dad con amor de lo que tengáis para el bien de los pobres,

Y VOSOTROS MISMOS, LOS QUE TENÉIS MUCHO,

ACERCAOS A MÍ PARA EL PERDÓN DE VUESTRAS FALTAS

Mucho se os dio, pero poco habéis compartido.

¿Qué es la AVARICIA? Un continuo vivir en la POBREZA, por temor a ser pobre.

La AVARICIA es una enfermedad del hombre.

Queréis tener más, atesorar más; queréis sobresalir ante los demás por lo que tenéis en bienes materiales y eso no os va a servir para ganar el Cielo. 

El Cielo se gana con amor, con la caridad que mostréis a vuestros hermanos, con el respeto a Mis Mandamientos, a Mis Leyes, así es como os ganáis el Cielo.

Estáis a momentos ya de las grandes tribulaciones. 

Todavía os quedan segundos para que podáis ganar el Cielo, para que lo compréis, dando a vuestros hermanos de lo que tenéis. 

Siempre, como os he dicho, de un mal con que os afecta Satanás, Yo saco un bien. 

Recordad las obras de Misericordia en estos momentos, todos podéis acudir a ellas y hacer méritos para vuestra salvación.

No trates de ACOMODAR las palabras de Dios a tu vida… TIENES QUÉ ACOMODAR TU VIDA a las Palabras de Dios…

Tenéis las Sagradas Escrituras, repasadlas, llevadlas a vuestro corazón,

Y LUEGO ACTUAD SEGÚN ESA SABIDURÍA QUE SE OS HA DADO

Estáis muy alejados de las Verdades que se os han dado, y el Mal se acerca estrepitosamente.

La forma en que os podréis defender de todo ese Mal es con Mi Amor, viviendo en Mi Amor, y así os defenderéis contra la Maldad de Satanás.

No hay otra forma mejor que vivir en Mi Amor, darlo a vuestros hermanos.

Y vivir en agradecimiento pleno hacia todos los cuidados que se os dan para vuestra salvación.

LOS NIVELES DE. HIJO ESPIRITUAL. Dios no está buscando habilidad sino disponibilidad. Tomando como referencia cinco palabras griegas que describen etapas de crecimiento en el desarrollo humano de un hijo en lo natural, estudiaremos el proceso de madurez de un hijo, pero aplicado al ámbito espiritual. Nepio. Paidion. Teknon. Telio. Patter.

Estos son momentos de reflexión para que crezcáis en Mis Verdades, no perdáis ya el tiempo, Mis pequeños.

NO PENSÉIS EN UN FUTURO LEJANO,

NO HAGÁIS PLANES QUE NO VAN A LLEGAR A SER. 

Vivid el presente y tratad de sacar adelante ese presente de la mejor forma, llevando siempre Mi Amor en vuestro corazón.

No os imagináis Mis pequeños, la Gran Tribulación que sufriréis e insisto, NO estáis preparados para lo que se viene.

Tomad Mis Palabras Mis pequeños seriamente, ¡NO ESTÁIS PREPARADOS PARA LO QUE SE VIENE

Necesitáis más Oración, más vida en Penitencia, más acercamiento a Mis Verdades y sobre todo, vivirlas ya entre vosotros. 

“Bienaventurados los que LAVAN SUS VESTIDURAS para tener derecho al Árbol de la Vida y para entrar por las Puertas de la Ciudad” Apoc. 22, 14

Aunque os hayáis apartado por mucho tiempo de Mí, podéis todavía ganar el Reino de los Cielos.

 Recordad la parábola en donde le di un denario al que trabajó todo el día y también al que trabajó por una hora.

Mi Reino es para todos,

PERO DEBÉIS TRABAJAR POR ÉL,

OS LO DEBÉIS GANAR CON VUESTRO ESFUERZO

Y VIVIENDO EN EL AMOR.

Son momentos de actuar según lo que Yo os enseñé.

Repasad esos momentos en las Sagradas Escrituras, hacedMe vivir nuevamente en vosotros, dejadMe vivir en vosotros.

FUISTEIS ENVIADOS A LA TIERRA

A CAMBIAR A ESTE MUNDO DE MALDAD, DE DESAMOR;

POR UN MUNDO EN EL QUE SE PUEDA VIVIR COMO SE VIVE EN EL CIELO.

Os quedan segundos como os dije, TODAVÍA podéis hacer algo por vuestro bien y por el de vuestros hermanos.

Mi Amor os defenderá de la Maldad de Satanás, pero tenéis que poner de vuestra parte, tenéis que olvidaros de vosotros mismos.

Y debéis dejar que Yo vuestro Señor, vuestro Dios, vuestro Redentor, VIVA EN VOSOTROS, para que os lleve a vivir eternamente en el Reino de los Cielos.

En la Tierra el Amor de Jesús DOSIFICA nuestro calvario, Y ÉL ES EL CIRENEO que nos ayuda a recorrer el Camino…

Hijitos Míos, Mi Amor y Mi Perdón siempre estarán a vuestra disposición.

Soy vuestro Dios Jesucristo que Me he dado por vosotros.

Viví para vosotros, tuvisteis la Gracia de la Redención, porque así Mi Padre Me lo pidió.

Visión: Veo el momento en que el Cirineo le está ayudando a Dios Nuestro Señor a cargar la Cruz. Veo cómo le pesa mucho también al Cirineo, a pesar de que está sano, fuerte, le pesa mucho.

Mi Señor Jesús queda a un lado de él mientras se está acomodando la Cruz el Cirineo, está muy débil, ¡Muy débil! Y aun así iba cargando esa Cruz tan pesada. Gracias, mi Jesús.

Siguen caminando y me dice:

Voy junto a esta muchedumbre, Me gritan, Me lanzan piedras, Me blasfeman, Me gritan palabras injuriosas y voy soportando todo por vuestra Redención.

Voy viendo a cada una de las personas, las conozco porque viví entre ellas, a varias de ellas curé, a algunas de ellas resucité, les di Palabras de Vida, los alimenté y en esos momentos, parezco ser el enemigo de ellos.

Me tratan como un ladrón, un traidor o un asesino y Yo no Me merezco nada de eso, fui todo lo contrario para ellos:

Los amé, los cuidé, les hice ver las injusticias que obraban los fariseos y los escribas sobre ellos y ahora Me están odiando,

cuando una semana antes, aparentemente, todos Me amaban y Me proclamaban rey.

En esta muchedumbre está representada toda la Humanidad.

Ciertamente hay gente buena en quienes Mi Predicación llegó a su corazón, que aceptaron que Yo era su Mesías.

Otros Me traicionaron, otros actuaban como si no Me conocieran y fuera Yo el enemigo que entraba a su pueblo y les hubiera hecho mucho daño y por eso Me apedreaban.

Entre ellos, entre esa muchedumbre, había maldad y bondad, como la ha habido siempre en la humanidad.

En esos momentos, a pesar de aquellos que Me odiaban, apedreaban, blasfemaban, Oraba Yo por ellos, le pedía a Mi Padre por su salvación. 

En ese momento Yo era el Dios Redentor, no era el Dios de Justicia que vendría después.

En ese momento Mi tarea era levantar al género humano nuevamente hacia la santidad, al haberles llevado Mi Palabra, Mi Ejemplo.

Y haber hecho Milagros que nunca antes nadie había realizado.

Me tuvieron a Mí, vuestro Dios, entre ellos y prefirieron seguir al Mal, seguir a aquellos que Me atacaron, fariseos, escribas, que querían deshacerse de Mí porque los había mostrado ante el mundo.

Mucha maldad de parte de las autoridades de la iglesia, del Templo y ellos mismos NO QUISIERON ver en Mí al Mesías; los expuse ante la muchedumbre y no les gustó.

No quisieron humillarse, conocían Mis Milagros y NO QUISIERON ACEPTARME, prefirieron seguir viviendo en el Mal. 

Pudo ser el gran pueblo que Mi Padre había escogido desde el Principio de los tiempos, era la Promesa del Padre, que serían Su pueblo.

Pero se desviaron, prefirieron el mundo, sus riquezas, que de nada les sirvieron.

DESPRECIARON A DIOS MISMO. Yo, sufriendo ante los hombres.

Cómo quisiera Mis pequeños, que cada uno de vosotros fuera un Cirineo,

Que al menos tomarais la parte que os toca de esa Cruz tan pesada que Yo llevaba y que os arrepintierais de todo corazón de vuestros pecados, por los cuales Yo Me estaba dando para purificaros.

Cómo quisiera que fuerais ese Cirineo para que Me aliviarais de Mis dolores, que taparais Mis oídos para no escuchar lo que Me gritaban.

Cómo quisiera que fuerais ese Cirineo para que Me protegierais de esas piedras, de esa mugre que Me lanzaban, a Mí, el Puro, el Santo, vuestro Dios.

En ese momento Yo llevaba todos los pecados del mundo y de todos los tiempos en Mi interior.

Y exteriormente Me ensuciaban, Me maltrataban, se querían deshacer de Mí a toda costa.

Así es el hombre, estoy siempre junto a vosotros para ayudaros, pero no tomáis de Mí todo aquello que os sirva para vuestra santificación. 

ESTOY JUNTO A VOSOTROS,

ESPERANDO QUE ME AYUDÉIS A CARGAR LA CRUZ

Y QUE DE MÍ RECIBÁIS EL PERDÓN DE VUESTRAS FALTAS

POCOS, MUY POCOS DE LOS QUE ME AMABAN ME SIGUIERON

¡NO ME TRAICIONÉIS, MIS PEQUEÑOS! OS HE DADO TANTO

AcompañadMe, acompañadMe en el trayecto de la Cruz, decidMe cosas bonitas al oído, quitadMe la Sed y el Dolor que tengo

con el arrepentimiento de vuestros pecados y con el bien que le hagáis a vuestros hermanos,

que por lo menos algo de Mi Predicación y de Mis Palabras queden siempre en vuestro corazón.

Yo, vuestro Dios, bajé del Cielo a Enseñar al hombre a vivir como se vive en el Cielo, y a conocer las Verdades que se conocen allá.

Me agrada tanto cuando decís Mi Nombre.

Cuando Me nombráis ante los hombres, en ese momento se abren los Cielos y grandes Bendiciones caen sobre vosotros.

Cuando Mi Nombre es escuchado entre vosotros, con esto Me alagáis mucho, Mis pequeños, porque la humanidad ya no Me busca.

La Humanidad está como esa multitud que solamente quiere ver tortura, quiere ver dolor, quiere ver sangre,

PERO NO QUISIERON VER LO MÁS GRANDE QUE TENÍAN ENTRE ELLOS, QUE ES MI AMOR.

El hombre es cruel. Pocos, muy pocos tienen un corazón que ame, prefieren producir dolor que producir amor.

Todo esto y más llevaba Yo cargando en la cruz y el Cirineo Me ayudaba.

¿Cuántos de vosotros Me podréis ayudar, en estos tiempos, a que Mi Cruz no se haga tan pesada?

¿Cuántos Me ayudaréis a que descanse un poco de tanto dolor, de tanta maldad que se ve en este mundo?

Necesito Cirineos, necesito almas que Me amen, necesito vivir en estos tiempos en el corazón de aquellos que Me quieran reproducir, en los que Yo pueda ser otro Cristo en ellos. 

La humanidad necesita más redención, y eso se dará con vuestra Oración de intercesión, Mis pequeños. 

MUCHAS ALMAS ESTÁN POR PERDERSE,

LOS ACONTECIMIENTOS SE ACERCAN,

VIENEN ACELERADOS LOS TIEMPOS;

EL CORAZÓN DEL HOMBRE SIGUE IMPÁVIDO, INAMOVIBLE, PECADOR,

NO BUSCA EL HOMBRE ESTAR BIEN CONMIGO, VUESTRO REDENTOR.

¿Acaso estáis esperando al Cristo Justiciero, cuando todavía tenéis al Cristo Redentor que os puede dar el perdón de vuestros pecados y llevaros al Reino Eterno?

Todavía tenéis unos cuantos segundos de existencia para que os acerquéis a Mí, a vuestro Dios Redentor. ¡Acercaos! ¡Arrodillaos! ¡PedidMe perdón! 

OS HE DICHO QUE HASTA QUE NO OS ARRODILLÉIS,

¡OH, HUMANIDAD PERVERSA!

TENDRÉIS PAZ, PERO TENÉIS OÍDOS SORDOS

 Vuestra mente vive solamente para el mundo; vuestras riquezas que añoráis, y por las que habéis vivido y que atesorasteis, no os servirán para vuestra salvación. Preocupados estáis por los bienes del mundo y se os está olvidando lo más importante: Que no habéis alimentado a vuestra alma ni la habéis puesto en condición de pureza y santidad,

para que se pueda presentar ante Mí al momento en que se os pida que regreséis al Reino de los Cielos para ser juzgados.

Os falta Sabiduría para ser precavidos por el bien de vuestras almas, no os interesan los bienes espirituales, no habéis buscado el bien mayor, que es vuestra Vida Eterna.

Y cuando os deis cuenta de que ese era vuestro tesoro mayor, vuestra alma y el estado de Gracia en ella, muchos ya no tendréis posibilidad de arrepentimiento y os condenaréis.

¡Cuánta oscuridad hay en vuestra mente! ¡Cuánta maldad hay en vuestra vida! ¡Cuánto error en vuestros actos!

MOMENTOS DE GRANDES DESASTRES SE ACERCAN

San Juan María Vianney el santo cura de Ars

Y NO ENCONTRARÉIS QUIÉN OS PERDONE VUESTROS PECADOS.

CORRERÉIS PARA UN LADO Y PARA OTRO,

LOS CIELOS SE ABRIRÁN,

LAS ESTRELLAS CAERÁN SOBRE LA TIERRA

Y ARRASARÁN NUMEROSOS PUEBLOS,

LAS PRESAS SE ROMPERÁN

Y NUMEROSOS PUEBLOS QUEDARÁN BAJO LAS AGUAS

Os lo había advertido ya, pero no habéis movido un solo dedo, no habéis creído en Mis Palabras, no habéis creído en Mis profecías que se daban para vuestro bien, tendréis que padecer vuestros errores.

Se os dan todavía oportunidades de arrepentimiento, porque os amo, pero no las queréis tomar.

Os tendréis que presentar ante vuestro Dios, Cristo Jesús, como Juez.

¡Y cuánto dolor padeceréis en esos momentos al veros como realmente vuestra alma está: nauseabunda!

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

¡Recapacitad ya, Mis pequeños! Quiero vuestra salvación, Me costó muy cara vuestra Redención,

DadMe cuando menos la alegría de vuestro arrepentimiento, para que Yo vea y viva el agradecimiento de vuestra alma al ser salvada,

al reconocer vuestros pecados y al reconocer en Mí, vuestro Dios Redentor.

Insisto: El Tiempo ha llegado ya a su límite, segundos tenéis para ese arrepentimiento.

¡Aprovechadlo, Mis pequeños, ¡Aprovechadlo!

Yo os Bendigo en el Santo Nombre de Mí Padre, en el de Mí Amor Redentor y en el del Amor de Vida de Mí Santo Espíritu.

http://diospadresemanifiesta.com/

9 EL APÓSTOL TOMÁS


9 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Es la casita del Olivar en la baja y ancha cocina oscura en sus paredes ahumadas, apenas iluminada por la llamita de aceite puesta encima de la rústica mesa larga y estrecha, a la que están sentadas ocho personas: 

Jesús y los seis discípulos, más el dueño de la casa; cuatro por cada lado.

Jesús, aún vuelto de espaldas en su taburete porque aquí no hay más que taburetes sin respaldo, de tres patas (cosas de campo) 

Está hablando todavía con Tomás.

La mano de Jesús ha bajado desde la cabeza de Tomás a su hombro.

Jesús dice:

–        Levántate, amigo. ¿Has cenado ya?.

–        No, Maestro. He recorrido pocos metros con el otro que estaba conmigo, luego le he dejado y me he regresado diciéndole que quería hablar con el leproso curado…

He dicho esto porque pensaba que rehuiría de acercarse a un impuro. He acertado.

Pero yo te buscaba a ti, no al leproso… Quería decirte: “¡Acéptame!”… He estado dando vueltas arriba y abajo por el olivar, hasta que un joven me ha preguntado qué hacía.

Debe haber creído que era una persona malintencionada… Estaba cerca de una pilastra, en donde empieza la propiedad.

El dueño de la casa sonríe.

Y aclara:

–          Es mi hijo – y añade – Está de guardia en el molino. Tenemos todavía en las cuevas, debajo del molino, casi toda la cosecha del año. Ha sido muy buena. Nos ha dado mucho aceite.

En tiempos de aglomeraciones siempre se unen malandrines para desvalijar los lugares no custodiados.

Hace ocho años, precisamente durante la Parasceve, nos robaron todo. Desde entonces una noche cada uno, montamos buena guardia. Su madre ha ido a llevarle la cena.

Tomás continúa:

–          “¿Qué quieres?” me ha dicho, con un tono tal que, para salvar mi espalda de su bastón, le he explicado en seguida: 

–           Busco al Maestro, que está viviendo aquí”.

Entonces me ha respondido:

–          “Si es verdad lo que dices, ven a la casa”.

Y me ha acompañado hasta aquí.

Es él quien ha llamado a la puerta y no se ha marchado hasta que ha oído mis primeras palabras.

Jesús pregunta:

–           ¿Vives lejos?

–            Estoy en la otra punta de la ciudad, cerca de la Puerta Oriental.

–           ¿Estás solo?

–            Estaba con mis parientes. Pero se han marchado a donde otros familiares que están en el camino de Belén. Yo me he quedado para buscarte día y noche, hasta que te hubiera encontrado.

Jesús sonríe y dice:

–            Entonces, ¿No te espera nadie?

–            No, Maestro.

–            El camino es largo, está oscura la noche, las patrullas romanas están por la ciudad. Yo te digo: si quieres, quédate con nosotros.

Tomás se llena de felicidad y lo demuestra emocionado:

–             ¡Oh…, Maestro!

–             Haced un hueco vosotros. Y dadle todos algo al hermano.

Por su parte, Jesús le da la porción de queso que tenía delante.

Explica a Tomás:

–             Somos pobres y la cena casi se ha terminado. Pero hay mucho corazón en quien da .

Y a Juan, que está sentado a su lado, le dice:

–             Cédele el puesto al amigo.

Juan se levanta enseguida y va a sentarse en la esquina de la mesa, cerca del dueño de la casa.

–             Siéntate, Tomás. Come.

Y luego dice a todos:

 –          Esto haréis siempre amigos, por ley de caridad. La Ley de Dios ya de por sí, protege al peregrino. Pero ahora en mi Nombre, lo deberéis amar más aún.

Cuando uno en nombre de Dios os pida un pan, un sorbo de agua, un lugar donde cobijarse, en nombre de Dios debéis dárselo. Y Dios os recompensará. Esto debéis hacerlo con todos.

También con los enemigos. Ésta es la Ley nueva.

Hasta ahora se os había dicho: “Amad a los que os aman y odiad a los enemigos”. Yo os digo: “Amad también a los que os odian”. ¡Si supierais cómo os amará Dios si amáis como Yo os digo!

Y si uno dijere: “Quiero ser compañero vuestro en servir al Señor Dios verdadero y en seguir a su Cordero”, entonces debéis quererlo más que a un hermano de sangre, porque estaréis unidos por un vínculo eterno: el del Cristo.

Pedro ha perdido su habitual humor jovial.

Y enfadado, cuestiona:

–           Pero, ¿si te topas con uno que no es sincero? Decir: “Quiero hacer esto o aquello” es fácil. Pero no siempre la palabra refleja la verdad.

Jesús con gran paciencia explica:

–           Pedro, escucha. Hablas con sensatez y justicia. Pero, mira: mejor es pecar de bondad y de confianza que de desconfianza y dureza. Si haces el bien a un indigno, ¿Qué mal te acarreará ello? Ninguno.

Antes bien, el premio de Dios para ti permanecerá siempre activo, mientras que él recibirá el demérito de haber traicionado tu confianza.

–          ¿Ningún mal, ¿¡Eh!? A veces quien es indigno no se conforma con la ingratitud, sino que va más allá y llega incluso a difamar, a dañar el patrimonio y la vida misma.  

–          Cierto. Pero ¿Esto disminuirá tu mérito? No. Aunque todo el mundo creyera las calumnias, aunque te quedaras en la ruina más que Job, aunque el cruel te quitase la vida, ¿Qué cambiaría a los ojos de Dios? Nada.

O más bien sí habría un cambio, pero en favor tuyo. Dios, a los méritos de la bondad, uniría los méritos del martirio intelectual, financiero, físico…

–          ¡Bien, bien! Será así.

Pedro no habla más. Malhumorado como está, tiene la cabeza apoyada en la mano.

Jesús se dirige a Tomás:

–           Amigo, antes te he dicho, en el olivar: “Cuando vuelva por aquí, si todavía quieres, serás mío”. Ahora te digo: “¿Estás dispuesto a hacer un favor a Jesús?”.

–           Sin duda.

–          ¿Y si este favor puede comportar un sacrificio?

–           Servirte no es ningún sacrificio. ¿Qué quieres?

–           Quería decirte… Pero, tú tendrás cosas que resolver, afectos…

–           ¡Nada, nada! ¡Te tengo a ti! Habla.

–           Escucha. Mañana al alba, el leproso dejará los sepulcros para encontrar a alguien que ponga al sacerdote en conocimiento de lo sucedido. Tú lo primero que harás será ir a los sepulcros. Es caridad.

Y dirás fuerte: “Tú, que ayer has quedado limpio, sal fuera. Me manda a ti Jesús de Nazaret, el Mesías de Israel, el que te ha curado”.

Haz que el mundo de los “muertos-vivos” conozca mi Nombre y arda de esperanzas, y que quien a la esperanza una la fe venga a mí, para que le cure.

Es la primera forma de la limpieza que Yo traigo, la primera forma de la resurrección de que soy dueño.

Un día otorgaré una limpieza mucho más profunda… Un día los sepulcros sellados arrojarán a los muertos verdaderos, que aparecerán para reír, a través de sus cuencas vacías y sus mandíbulas descarnadas,

por el lejano júbilo — oído no obstante por los esqueletos — de los espíritus liberados del Limbo de espera. Aparecerán para sonreírle a esta liberación y para conmoverse sabiendo a qué la deben…

Tú ve. Él se acercará ti. Harás lo que él te pida que hagas. Le ayudarás en todo, como si fuera un hermano para ti.

Y le dirás también: “Cuando estés completamente purificado, iremos juntos por el camino del río, más allá de Doco y Efraím. Allí el Maestro Jesús te espera, y me espera, para decirnos en qué le debemos servir”.

–           Así lo haré. ¿Y el otro?

–           ¿Quién? ¿El Iscariote?

–           Sí, Maestro.

–           Para él persiste mi consejo. Déjale decidir por sí mismo y durante un largo tiempo. E incluso trata de no verte con él.

–           Estaré con el leproso. Por el valle de los sepulcros sólo andan los impuros o quien por piedad tiene contacto con ellos.

Pedro masculla unas palabras.

Jesús oye y cuestiona:

–           Pedro, ¿Qué te pasa? ¿Callas o murmuras? Pareces descontento. ¿Por qué?

–           Me siento descontento. Nosotros somos los primeros y Tú no nos ofreces un milagro. Nosotros somos los primeros y Tú sientas a tu lado a un extraño. Nosotros somos los primeros y Tú le confías a él una misión y no a nosotros.

Nosotros somos los primeros y… sí, exactamente, y parecemos los últimos. ¿Por qué los esperas en el camino del río? Para confiarles alguna misión, claro. ¿Por qué a ellos y no a nosotros?

Jesús lo mira. No se muestra airado. Hasta incluso sonríe como se le sonríe a un niño celoso. Se levanta, va lentamente hacia Pedro, le pone la mano en el hombro.

Y dice sonriendo:

–           ¡Pedro, Pedro, eres un niño grande, un niño mayor!

 

Y a Andrés, que está sentado junto a su hermano, le dice:

 –          Ve a sentarte donde Yo estaba sentado.

Y se sienta al lado de Pedro, lo toma por el hombro y le habla, estrechándole contra su costado:

–           Pedro, a ti te parece que Yo cometo injusticia, pero no es injusticia lo que hago; antes bien, es una prueba de que sé lo que valéis. Mira. ¿Quién necesita pruebas? Quien todavía no está seguro.

 Ahora bien, Yo os sabía tan seguros de mí, que no he sentido la necesidad de daros pruebas de mi Poder. Aquí, en Jerusalén, hacen falta pruebas.

Aquí, donde el vicio, la irreligión, la política, tantas cosas del mundo, ofuscan los espíritus hasta el punto de que no pueden ver la Luz que pasa.

Pero allí, en nuestro hermoso lago, tan puro bajo un cielo puro, allí entre gente honesta y deseosa de bien, no son necesarias las pruebas. Tendréis milagros. A ríos derramaré sobre vosotros las gracias.

Pero, mira lo que os he estimado, Yo os he tomado conmigo sin exigir pruebas y sin sentir la necesidad de daros pruebas, porque sé quiénes sois. Amados, muy amados, y muy fieles a mí.

Pedro se calma:

–            Perdóname, Jesús.

–            Sí, te perdono porque tu gesto de enojo es amor. Pero acaba en la envidia, Simón de Jonás. ¿Sabes qué es el corazón de tu Jesús? ¿Has visto alguna vez el mar, el verdadero mar? ¿Sí?

Pues bien, ¡mi Corazón es mucho más amplio que el ancho mar! Y en él hay lugar para todos, para toda la Humanidad. Y el más pequeño tiene, como el más grande, un lugar. Y el pecador, como el inocente, encuentra amor en él.

A éstos les encargo una misión. Seguro. ¿Me quieres prohibir el darla? Yo os he elegido, no vosotros. Por tanto puedo, libremente, juzgar cómo emplearos.

Y si a éstos los dejo aquí con una misión — que también puede ser una prueba, como puede ser misericordia el espacio de tiempo dejado al Iscariote

¿Puedes reprochármelo? ¿Sabes si a ti no te reservo una más grande? ¿Y no es la más hermosa la de oír que te digo: “Tú vendrás conmigo”?

Pedro se ruboriza avergonzado.

–            ¡Es cierto, es cierto! ¡Soy un animal! Perdón…

–            Sí, todo, todo el perdón. ¡Oh, Pedro!… Pero os ruego a todos: no discutáis nunca por los méritos o por los puestos. Habría podido nacer rey; he nacido pobre, en un establo.

Podría haber sido rico; he vivido del trabajo, y ahora de la caridad. Y, no obstante, creedlo amigos, no hay nadie más grande que Yo a los ojos de Dios; que Yo que estoy aquí: siervo del hombre.

–           ¿Siervo Tú? ¡No, jamás!

–           ¿Por qué, Pedro?

–            Porque yo te serviré.

–            Aunque me sirvieras como una madre sirve a su pequeñuelo, Yo he venido para servir al hombre. Seré su Salvador. ¿Qué servicio puede ser comparado a éste?

–           ¡Maestro, Tú lo explicas todo, y lo que parecía oscuro se torna claro enseguida!

–            ¿Contento ahora, Pedro? Entonces déjame terminar de hablar con Tomás.

Y volviéndose hacia el recién llegado, pregunta:

 –           ¿Estás seguro de reconocer al leproso? No hay ningún otro curado, pero podría haberse ido ya, a la luz de las estrellas, para tratar de encontrar un viandante solícito.

Y quizás otro, por el ansia de entrar en la ciudad, ver a los familiares… podría ocupar su puesto.

Escucha su retrato. Yo estaba cerca de él y a la luz del crepúsculo lo he visto bien. Es alto y delgado. Piel oscura como de mestizo, ojos profundos y negrísimos bajo unas cejas de nieve.

Cabellos blancos como el lino y tirando a rizados, nariz larga, chata hacia la punta como la de los libios, labios gruesos, especialmente el inferior, y salientes.

 Es tan aceitunado, que el labio tiende al violáceo. En la frente le ha quedado una antigua cicatriz, que será la única mácula, ahora, limpio como estará de costras y de porquería.

–            Es un viejo, si es todo blanco.

–            No, Felipe. Lo parece, pero no lo es. La lepra lo ha hecho cano.

–            ¿Qué es? ¿Tiene mezcla de razas?

–            Tal vez, Pedro. Tiene parecido con los pueblos de África.

–            ¿Será israelita, entonces?

–            Ya lo sabremos. ¿Y sí no lo fuera?

–             ¡Ah!, si no lo fuera, se marcharía. Ya está bien con haber merecido que se le cure.

–             No, Pedro. Aunque fuera un idólatra, no lo rechazaré. Jesús ha venido para todos. Y en verdad te digo que los pueblos de las tinieblas precederán a los hijos del pueblo de la Luz…

Jesús suspira. Luego se levanta. Da gracias al Padre con un himno y bendice.

La visión cesa así.

El Espíritu Santo dice:

Jesús ha enviado a Tomás por ese leproso sanado porque es Simón, el apóstol. Luego les mostraré cuando él y Judas Tadeo vayan en pos del Maestro.