Archivos del mes: 30 agosto 2020

53 LUZ Y SAL DE LA TIERRA


53 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús y todos los suyos, ya son trece más Él, están siete en cada barca, en el lago de Galilea.

Jesús va en la barca de Pedro la primera, junto con Pedro, Andrés, Simón, José y los dos primos.

En la otra van los dos hijos de Zebedeo con Judas Iscariote, Felipe, Tomás, Natanael y Mateo.

Las barcas avanzan ligeras, con las velas desplegadas, impulsadas por un viento boreal que apenas encrespa el agua en pequeños pliegues, marcados por un hilo de espuma que dibuja un tul sobre el azul turquesa del hermoso lago sereno.

Avanzan, dejando detrás dos estelas que en la base confunden sus espumas, porque casi navegan emparejadas, con  la barca de Pedro apenas unos dos metros más adelante.

De barca a barca, a pocos metros la una de la otra, hay un intercambio de comentarios, noticias, en los cuales los galileos están ilustrando y explicando a los judíos los puntos del lago… 

Con todas sus carácterísticas particulares de los poblados que bordean las riberas; con su comercio, con las personalidades que allí residen, las distancias desde el lugar de partida y de llegada, entre Cafarnaúm y Tiberíades. 

Ahora las barcas no pescan, están sólo preparadas para el transporte de las personas, en un paseo donde los pescadores llevan la batuta del conocimiento marítimo y lo comparten alegremente con sus compañeros,

Jesús está sentado en la proa. Está disfrutando de la belleza que lo circunda, del silencio, del cielo despejado, del viento fresco que le acaricia el rostro, de las olas que con suave vaivén, mueven las barcas

y bañan las playas en las riberas verdes esparcidas entre los poblados, que lucen totalmente blancos y hermosos, enmarcados por las colinas en la lejanía. 

Porque son un verdadero deleite las bellezas que circundan en la Tierra Prometida, para el gozo de los que la contemplan…

Jesús está recargado sobre un montón de velas, con la cabeza inclinada sobre el espejo zafiro del hermoso lago reflejado en sus ojos y que se confunden en todo ese azul prístino de cielo y de mar.

Parece distraído a la conversación de los discípulos. 

Va totalmente absorto en sus pensamientos, muy hacia delante en la proa, como si lo único que le interesara es cuanto vive bajo la transparencia del agua. 

Pedro le pregunta dos veces que si el sol que ya está en su cenit, no le molesta. Luego le ofrece pan y queso.

Pero Jesús no quiere nada y Pedro lo deja en paz.

Un grupo de lujosas barcas de recreo, pequeñas y ligeras, adornadas con baldaquines de púrpura y mullidos cojines, se atraviesan en el camino que llevan las barcas de los pescadores.

Estrépito de música, risas y perfumes, pasan con ellas. Pues las hermosas mujeres, acompañadas con alegres romanos, palestinos, griegos y otras provincias del imperio, como lo indican sus lujosas vestiduras.

Son jóvenes, ricos y despreocupados, se deleitan con un derroche de alegría, entre un festin de viandas y licores.

Un joven griego delgado, espigado, moreno como una aceituna casi madura, lujosamente ataviado, con un vestido rojo corto, delimitado en la parte baja por una preciosa greca y sujeto a la cintura por un cinturón que es una obra maestra de orfebrería,  hablando en su idioma nativo…

Dice con gran homenaje:

–   ¿La Hélade es hermosa? Pero ni siquiera mi olímpica patria tiene este azul y estas flores.

En realidad no es extraño que las diosas la hayan abandonado para venir aquí. Arrojemos flores sobre las diosas, ¡Que ya no son griegas, sino judías!

Y esparce sobre las mujeres que van en su barca, pétalos de espléndidas rosas. Y avienta flores completas a la barca más cercana.

Un romano responde:

–    ¡Deshoja! ¡Arroja más, griego! Pues Venus está conmigo. Yo no desfloro. ¡Yo recojo las rosas de esta hermosa boca! ¡Es mucho más dulce!

Y se inclina a besar la boca entreabierta y sonriente de la bellísima rubia que tiene la cabeza entre sus piernas y va recostada entre cojines.

En este momento ya las barcas grandes tienen literalmente encima a las barcas pequeñas.

Y están a punto de chocar, tanto por la impericia de los bogadores, como por juego del viento.

Pedro grita muy enojado:

–     ¡Tened cuidado, si queréis seguir viviendo! – mientras vira, dando un golpe de pértiga para evitar la embestida.

Improperios de hombres y gritos espantados de las mujeres, se intercambian entre las barcas.

Los romanos insultan a los galileos:

–     ¡Alejaos, perros judíos!

Pedro, rojo como un gallo de pelea, de pie sobre el borde de la barca que se balancea; con las manos en la cintura, responde vivamente y no perdona a nadie. Ni a romanos, ni griegos, ni hebreos y hebreas.

Y especialmente a estas últimas les dedica un ramillete de floridos agravios que es mejor dejar en la pluma…

El altercado dura mientras la maraña de quillas y de remos, no se deshace.

Y cada quién se va por su camino.

Jesús no cambió de posición. Se quedó sentado y ausente. Sin mirar, ni decir nada. Ni a las barcas, ni a sus ocupantes.

Apoyado sobre el codo, sigue mirando la lejana ribera, como si no sucediese nada a su alrededor.  

Entonces a Él también le avientan una flor, que casi le pega en la cara y se oye una risa femenina.

Es la rubia del romano, que dice:

–   ¡También los dioses abandonaron el Olimpo! ¡Allí está Apolo, esperándome!…

Y suelta una cantarina carcajada, que resuena en un silencio  sepulcral…

TODOS han sido testigos del piropo y la insinuación…

Pero Él… Sin dirigirles siquiera una mirada… ¡NADA!

Jesús permanece impertérrito.  Apoyado sobre un codo, ha seguido mirando la ribera lejana como si nada sucediese.  

La rosa cae sobre las tablas y llega hasta los pies de Pedro que hierve como una caldera.

Cuando las barcas se alejan, la rubia se pone de pie y mira atentamente el sereno, inaccesible e indiferente rostro de Jesús; que parece tan lejano del mundo.

Y su carcajada cantarina, viaja por el aire como si tuviera amplificador.

El percance de tráfico marítimo se convierte en una anécdota más y…

Mientras los romanos comentan y las mujeres se regocijan con el incidente…

En las barcas hebreas,

Judas de Keriot pregunta:

–     Dime, Simón. Responde, tú que eres judío como yo. ¿Esa guapísima rubia que estaba en el regazo del romano, la que se ha puesto en pie hace poco, no es la hermana de Lázaro de Betania?

Simón Cananeo responde seco:

–     No sé nada. He vuelto al mundo de los vivos hace poco y esa mujer es joven.

Judas dice con ironía:

–     ¡Supongo que no irás a decirme que no conoces a Lázaro de Betania!

Sé perfectamente que eres amigo suyo y que has estado donde él con el Maestro.  

Simón responde cortante:

–    ¿Y si eso fuera así?

Judas permanece implacable:

–     Dado que es así, digo yo, tienes que conocer también a la pecadora que es hermana de Lázaro. ¡La conocen hasta las tumbas!

Hace diez años que da que hablar de sí. Apenas fue púber, comenzó a ser ligera de cascos. ¡Pero, desde hace más de cuatro años!… No es posible que ignores el escándalo, aunque estuvieras en el “valle de los muertos”.

Habló de ello toda Jerusalén.

Lázaro se encerró entonces en Betania. Bueno, hizo bien. Nadie habría vuelto a poner el pie en su espléndido palacio de Sión por el que ella iba y venía.

Quiero decir: ninguno que fuera santo. En los pueblos… ¡Ya se sabe!… Y además, ahora ella está por todas partes, menos en su casa… Ahora está de seguro, en Mágdala…

Tal vez encontró algún nuevo amor… ¿No respondes? ¿Puedes decirme que no es verdad?

–     No rebato. Callo.

–    ¿Entonces es ella? ¡Tú también la has reconocido!

Simón suspira, antes de responder:

–     La conocí cuando era niña y pura.

Ahora vuelvo a verla… No obstante, la reconozco. Impúdicamente reproduce la efigie de su madre, una santa.

–     Y entonces, ¿Por qué casi negabas que fuera la hermana de tu amigo?

–     Especialmente si somos honestos tratamos de mantener cubiertas nuestras llagas y las de aquellos que amamos.

Judas absorbe el inevitable golpe y se ríe forzadamente.

Pedro observa:

–     Así es, Simón. Y tú eres una persona honesta.

Judas insiste, dirigiéndose a Pedro:

–    ¿Y tú la reconociste? Seguro que vas a Mágdala a vender tus pescados. ¡¿Y quién sabe cuántas veces la habrás visto?! ¿Tú la habías reconocido?

Pedro contesta, con un dejo de fastidio:

–      Muchacho, debes saber que cuando uno tiene las espaldas cansadas por un trabajo honesto, las hembras no apetecen; se desea sólo el lecho honesto de nuestra esposa.  

Judas no se apacigua:

–     ¡Eh! ¡Pero lo bello a todos gusta! Al menos que no se vea otra cosa, se le mira.

–     ¿Para qué? ¿Para decir: ‘No es comida para tu mesa’?

De mi trabajo en el lago he aprendido varias cosas y una de ellas, es que peces de agua dulce y de fondo; no están hechos para agua salada ni vertiginosa.

–     ¿Qué quieres decir?

–      Quiero decir que cada uno debe estar en su lugar; para no morir de mala muerte.

–     ¿Te hacía morir la Magdalena?

–      No. Tengo el cuero duro. Pero ya que me lo dices. ¿Acaso tal vez, tú te sientes mal?

Incluso me habrías soportado a mí con tal de estar más cerca… Es tan cierto lo que digo, que me honras con tu palabra por gracia suya, después de tantos días de silencio. 

Judas exclama escandalizado:

–      ¿Yo? ¡Pero si ni siquiera me hubiera visto! Ella sólo miraba al Maestro!

–      ¡Ja!, ¡Ja!, ¡Ja! ¡Mentiroso! ¡Y dices que no estabas mirándola! ¿Cómo has podido ver a dónde miraba, sí no la estabas mirando?

Todos se ríen ante la fina observación irónica de Pedro; menos Judas, Jesús y el Zelote.

Jesús, que parecía que no oía; pone fin a la discusión preguntando a Pedro:

–     ¿Es aquello Tiberíades?

Pedro responde:

–      Sí, Maestro. Ahora llegamos.

Jesús señala una pequeña ensenada:

–      Espera. ¿Puedes meterte en aquel lugar tranquilo? Quiero hablaros solo a vosotros, antes de entrar en la ciudad.

Pedro contesta solícito:

–      Mido el fondo y te lo diré.

Pedro echa una pértiga larga y lentamente va hacia la playa.

Finalmente dice:

–    Se puede, Maestro. ¿Quieres que me acerque más?

Jesús responde:

–    Todo lo que puedas. Hay sombra y paz. Me gusta.

Pedro va hasta la ribera y como a unos quince metros,

Jesús le dice:

–     Detente.

Y a los de la otra barca:

–     Vosotros, acercaos lo más que podáis para oír.

Jesús deja su lugar y se sienta en el centro de la barca; de tal forma que todos le puedan oír:

–    ‘Escuchad:

Os parecerá que algunas veces no ponga atención a vuestras conversaciones y que por eso sea Yo, un Maestro descuidado, que no se preocupa de sus discípulos.

Tened en cuenta que mi alma no os abandona ni un instante.

¿Habéis visto a un médico cuando estudia a un enfermo de un mal que no conoce y que tiene síntomas raros?

No separa sus ojos de él. Después de haberlo visitado, lo vigila. Cuando duerme y cuando está despierto.

Por la mañana y por la tarde, cuando está callado y cuando habla; porque todo puede ser un medio y guía; para descifrar la enfermedad que oculta y curarla.

Os tengo unidos con hilos invisibles, pero sensibilísimos que están en Mí y me trasmiten aún las más leves vibraciones de vuestro ‘yo’.

Os dejo que penséis que sois libres, para que manifestéis cada vez más lo que sois. Cosa que sucede cuando un alumno o un maníaco, cree que el vigilante lo ha perdido de vista.

¿Qué sois? ¿Qué debéis ser? Sois la Sal de la Tierra. Y debéis ser la luz del mundo. Os escogí Yo…

Vosotros sois un grupo de personas, pero formáis un núcleo; o sea, una cosa sola.

Por tanto, sois un complejo que se forma como ente.

Y que debe ser estudiado en sus características singulares más o menos buenas, para formarlo; amalgamarlo, quitarle las aristas, enriquecer sus lados poliédricos y hacer de él una única cosa perfecta.

Por tanto, Yo os estudio; me sois objeto de estudio incluso cuando dormís.

La sal de la tierra
13. «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.

¿Qué sois vosotros? ¿Qué tenéis que llegar a ser? Vosotros sois la sal de la tierra; tales debéis llegar a ser: Sal de la Tierra.

Con la sal se preservan las carnes de la corrupción y no sólo la carne, sino muchos otros alimentos.  Pero, ¿Acaso podría la sal salar, si no fuera salada?

Yo quiero salar el mundo con vosotros, para sazonarlo de UN SABOR CELESTIAL. Pero, ¿Cómo podéis salar si me perdéis sabor?

¿Qué os hace perder sabor celeste? Lo que es humano.

El agua del mar, del verdadero mar, no es buena para beber por lo salada que es ¿No es verdad?

Y a pesar de todo, si uno coge una copa de agua de mar y la echa en una hidria de agua dulce puede beber, porque el agua de mar está tan diluida que ha perdido su acritud.

La Humanidad es como el agua dulce que se mezcla con vuestra salinidad celeste.

Aún más; suponiendo que se pudiera derivar un río del mar e introducirlo en el agua de este lago, ¿Acaso podrías volver a encontrar ese hilo de agua salada?

¡NO! Habría quedado perdido entre tanta agua dulce. Esto sucede con vosotros cuando sumergís vuestra misión, en mucha humanidad.

Sois hombres. Sí. Lo sé. Pero ¿Y Yo quién soy? Yo soy Aquel que tiene consigo toda la Fuerza.

Y ¿Qué hago Yo? Os comunico esta fuerza, puesto que os he llamado.

Pero ¿Para qué sirve que os la comunique si la desparramáis bajo avalanchas de carnalidad y de sentimientos humanos?

VOSOTROS SÓIS, DEBÉIS SER, LA LUZ DEL MUNDO. 

Os he elegido: Yo, Luz de Dios, entre los hombres; para continuar iluminando al Mundo una vez que YO haya vuelto al Padre.

Pero, ¿Podéis iluminar si no sois más que unos candiles apagados o humeantes? ¡NO!

Es más, con vuestro humo peor es el humo turbio, que la absoluta muerte de una mecha. Nublaís ese vestigio de luz que aún pueden tener los corazones.

¡OH, DESDICHADOS AQUELLOS QUE BUSCANDO A DIOS SE DIRIJAN A LOS APÓSTOLES

Y EN VEZ DE LUZ OBTENGAN HUMO!

SACARÁN DE ELLO ESCÁNDALO Y MUERTE.

AHORA BIEN, LOS APÓSTOLES INDIGNOS RECIBIRÁN MALDICIÓN Y CASTIGO

¡Habéis sido llamados para grandes cosas, pero al mismo tiempo tenéis un Grande, Tremendo Compromiso!

Acordaos de que aquel a quien más se le da más está obligado a dar.

Y a vosotros se os da el máximo, en instrucción y en don. Sois instruidos por mí, Verbo de Dios, y recibís de Dios el don de ser “los discípulos”, o sea, los continuadores del Hijo de Dios.

Quisiera que esta elección vuestra fuera siempre objeto de vuestra meditación, y que continuarais escrutándoos y sopesándoos…

Y si uno siente que es apto SÓLO PARA SER FIEL – no quiero siquiera decir: “si uno no se siente más que pecador e impenitente”.

Digo sólo: “si uno se siente apto para ser sólo un fiel” – pero no siente en sí nervio de apóstol, es mejor que se retire.

El mundo, para sus amantes, es muy vasto, bonito, suficiente, vario. Ofrece todas las flores y todos los frutos aptos para el vientre y para la sensualidad.

Yo no ofrezco más que una cosa: LA SANTIDAD. Ésta en la Tierra, es la cosa más angosta, pobre, abrupta, espinosa, perseguida que hay.

En el Cielo su angostura se vuelve inmensidad; su pobreza, riqueza; su espinosidad, alfombra florida; su escabrosidad, sendero liso y suave; SU PERSECUCIÓN, PAZ Y BEATITUD. 

Pero aquí, ser santo supone un esfuerzo heroico. Yo no os ofrezco más que esto.

¿Queréis permanecer conmigo? ¿No os sentís capaces de hacerlo? ¡Oh, no os miréis asombrados o apenados! Aún muchas veces me oiréis hacer esta pregunta.

Cuando la oigáis, pensad que mi Corazón al hacerla llora, porque se siente herido por vuestra sordera ante la vocación.

Examinaos, entonces…

Y luego juzgad con honestidad y sinceridad. Y DECIDID.  Decidid para no ser réprobos.

Decid: “Maestro, amigos, me doy cuenta de que no estoy hecho para este camino. Os doy un beso de despedida y os digo: rogad por mí”. Mejor es esto que traicionar. Mejor esto…

¿Qué decís? ¿A quién, traicionar? ¿A quién? A Mí.

A mi causa, a la causa de Dios, porque Yo soy uno con el Padre, y a vosotros. Sí. Os traicionaríais. Traicionaríais vuestra alma, dándosela a Satanás.

¿Queréis seguir siendo hebreos? Pues Yo no os fuerzo a cambiar. PERO NO TRAICIONÉIS. No traicionéis a vuestra alma, al Cristo y a Dios.

Os juro que ni Yo ni mis fieles os criticarán, como tampoco os señalarán con el dedo para desprecio de las turbas fieles.

Hace poco un hermano vuestro ha dicho una gran sabiduría: “Nuestras llagas y las de los que amamos uno trata de mantenerlas escondidas”.

Pues bien, quien se separase sería una llaga, una gangrena que nacida en nuestro organismo apostólico, se desprendería por necrosis completa; dejando un signo doloroso que con todo cuidado mantendríamos escondido.

No. No lloréis, vosotros los mejores, no lloréis. Yo no os guardo rencor, ni soy intransigente por veros tan lentos. Os acabo de tomar y no puedo pretender que seáis perfectos.

Pero es que ni siquiera lo pretenderé dentro de unos años, después de decir cien y doscientas veces inútilmente, las mismas cosas…

Es más, escuchad:

Pasados unos años seréis al menos algunos, menos ardorosos que ahora que sois neófitos.

La vida es así… la humanidad es así… Pierde el ímpetu después del arranque inicial. 

Jesús se levanta de repente y continúa:

PERO OS JURO QUE YO VENCERÉ.

Depurados por natural selección, fortificados por una mixtura sobrenatural vosotros, los mejores; seréis mis héroes, los héroes del Cristo, los héroes del Cielo.

“Oh Jesús Sacerdote, guarda a tus sacerdotes en el recinto de tu Corazón Sacratísimo, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu Preciosísima Sangre. Entregamos en tus divinas manos a TODOS tus sacerdotes. Tú los conoces. Defiéndelos, Ayúdalos y SOSTENLOS, para que el Maligno no pueda tocarlos. Amén

EL PODER DE LOS CÉSARES SERÁ POLVO RESPECTO A LA REALEZA DE VUESTRO SACERDOCIO.

Vosotros pobres pescadores de Galilea; vosotros ignotos judíos, vosotros, números entre la masa de los hombres presentes, seréis más conocidos, aclamados, venerados, que César,

 Y que todos los Césares que tuvo y que tendrá la Tierra.

Vosotros conocidos, vosotros benditos en un próximo futuro y en el más remoto de los siglos, hasta el Fin del Mundo.

Para este sublime destino os elijo a vosotros, que sois honestos en la voluntad. Y para que seáis capaces de él, os doy las líneas esenciales de vuestro carácter de apóstoles.

Estad siempre vigilantes y preparados.

Vuestros lomos estén ceñidos, siempre ceñidos, y vuestras lámparas encendidas, como es propio de quienes de un momento a otro tienen que partir o acudir al encuentro de uno que llega.

Y LA VERDAD ES QUE VOSOTROS SÓIS…

Seréis hasta que la muerte os detenga, los incansables peregrinos que van en busca de los errantes.

Y hasta que la muerte la apague, vuestra lámpara debe ser mantenida alta y encendida para indicar el camino a los extraviados que van hacia el Redil de Cristo.

Tenéis que ser fieles al Dueño que os ha colocado en cabeza para este servicio.

Será premiado aquel siervo al que el Dueño encuentre siempre vigilante y la muerte sorprenda en estado de gracia.

No podéis, no debéis decir: “Soy joven. Tengo tiempo de hacer esto o aquello y luego pensar en el Dueño, en la muerte, en mi alma”.

Mueren tanto los jóvenes como los viejos, los fuertes como los débiles.

Y viejos y jóvenes, fuertes y débiles, están igualmente sujetos al asalto de la Tentación.

Tened en cuenta que el alma puede morir antes que el cuerpo y podéis llevar en vuestro caminar sin saberlo, un alma putrefacta. ¡Es tan insensible el morir de un alma!

Como la muerte de una flor: sin un grito, sin una convulsión… Inclina sólo su llama como corola cansada y se apaga.

Después, mucho después alguna vez, inmediatamente después otras veces, el cuerpo advierte que lleva dentro un cadáver putrefacto y se vuelve loco de espanto.

Y SE MATA POR HUIR DE ESTE CONNUBIO…  

¡Oh, no huye! Cae exactamente con su alma agusanada sobre un bullir de sierpes en la Gehena.

No seáis deshonestos como intermediarios o leguleyos que se ponen de parte de dos clientes opuestos. No seáis falsos como los politicastros que llaman “amigo” a éste y a aquél, y luego son enemigos de ambos.

No penséis actuar de dos modos. De Dios nadie se burla. A Dios no se le engaña.

Comportaos con los hombres como os comportáis con Dios, porque una ofensa hecha a los hombres es como si hubiera sido hecha a Dios.

Desead ser vistos por Dios como deseáis ser vistos por los hombres. Sed humildes. No podéis acusar a vuestro Maestro de no serlo. Yo os doy el ejemplo. Haced como hago Yo.

Humildes, dulces, pacientes. El mundo se conquista con esto, no con violencia y fuerza.

Sed fuertes y violentos contra vuestros vicios, eso sí; arrancadlos de raíz, a costa incluso de dejaros desgarrados pedazos de corazón.

22. «La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
23. pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá! Mateo 6

Hace unos días os he dicho que vigiléis las miradas, mas no lo sabéis hacer. Os digo: sería mejor que os quedarais ciegos arrancándoos los ojos libertinos que acabar siendo lujuriosos.

Sed sinceros. Yo soy Verdad en las cosas excelsas y en las humanas. Deseo que también vosotros seáis auténticos.

¿Por qué andarse con engaños conmigo o con los hermanos o con el prójimo? ¿Por qué jugar con engaño?

¿Tan orgullosos como sois, y no tenéis el orgullo de decir: “Quiero que no me puedan considerar mentiroso”?

Y sed auténticos con Dios. ¿Creéis que lo engañáis con formas de oraciones largas y vistosas? ¡Pobres hijos! ¡Dios ve el corazón! Haced el bien castamente.

Me refiero también a la limosna. Un publicano ha sabido hacerlo antes de su conversión. ¿Y vosotros no vais a saberlo hacer?

Sí, te alabo, Mateo, por la casta ofrenda semanal de la que sólo Yo y el Padre sabíamos que era tuya.

Y te cito como ejemplo. Esto también es castidad, amigos.

No descubrir vuestra bondad, de la misma forma que no desvestiríais a una hija vuestra adolescente ante los ojos de una multitud.

Sed vírgenes al hacer el bien. El acto bueno es virgen cuando resulta exento de connubio con pensamiento de alabanza y de estima, o exento de soberbia.

Sed fieles esposos de vuestra vocación a Dios. No podéis servir a dos señores. El lecho nupcial no puede acoger a dos esposas contemporáneamente.

Dios y Satanás no pueden compartir vuestros amorosos abrazos.

El hombre no puede, como tampoco lo pueden ni Dios ni Satanás, compartir un triple abrazo en antítesis entre los tres que se lo dan.

Manteneos al margen de hambre de oro, como de hambre de carne; de hambre de carne, como de hambre de poder.

12. = ¡Feliz = el hombre = que soporta = la prueba! Superada la prueba, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman. 13. Ninguno, cuando sea probado, diga: «Es Dios quien me prueba»; porque Dios ni es probado por el mal ni prueba a nadie. 14. Sino que cada uno es probado por su propia concupiscencia que le arrastra y le seduce. 15. Después la concupiscencia, cuando ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte. Santiago 1

Satanás os ofrece esto. ¡Oh, sus falaces riquezas! Honores, éxito, poder, abundancias: mercados obscenos cuya moneda es vuestra alma.

Contentaos con lo poco. Dios os da lo necesario. Basta.

Esto os lo garantiza, de la misma forma que se lo garantiza al ave del cielo, y vosotros valéis mucho más que los pájaros.

Pero Dios quiere de vosotros confianza y sobriedad. Si tenéis confianza, no os defraudará: si tenéis sobriedad, su don diario os bastará.

No seáis paganos, siendo, de nombre, de Dios. Paganos son aquellos que, más que a Dios, aman el oro y el poder para aparecer como semidioses.

Sed santos y seréis semejantes a Dios eternamente. No seáis intransigentes. Todos sois pecadores; por tanto, quered ser con los demás como querríais que los demás fueran con vosotros: llenos de compasión y perdón.

No juzguéis. ¡Oh, no juzguéis! Ya veis – a pesar de que hace poco que estáis conmigo – cuántas veces, siendo inocente, he sido ilícitamente mal juzgado y acusado de pecados inexistentes.

El mal juicio es ofensa, y sólo los verdaderos santos no devuelven ofensa por ofensa.

Por tanto, absteneos de ofender para no ser ofendidos. Así no faltaréis ni a la caridad, ni a la santa, amable, suave humildad, la enemiga de Satanás junto con la castidad.

Perdonad, perdonad siempre. Decid: “Perdono, Padre, para que Tú perdones mis infinitos pecados”.

Haceos mejores cada hora que pase, con paciencia, con firmeza, con heroicidad. ¿Quién puede deciros que llegar a ser bueno no sea penoso?

La castidad no es una cuestión fácil. Vas contracorriente todos los días. Aristóteles decía: “No hay conquista más grande, que la conquista de uno mismo. Es una libertad, la libertad de hacer lo correcto. La castidad es un entrenamiento. Le estoy siendo fiel a mi esposa, antes de conocerla… Eduardo Verástegui

Es más, os digo: es el mayor entre los esfuerzos.

Pero el premio en el Cielo; por tanto, merece la pena consumirse en este esfuerzo.

Y amad. ¡Oh!, ¿Qué palabra debería decir para induciros al amor? No existe ninguna que sea adecuada para convertiros a él, ¡Oh, pobres hombres a los que Satanás azuza!

Entonces, he aquí que Yo digo: “Padre, acelera la hora del lavacro. Esta tierra está seca. Este rebaño tuyo está enfermo. Pero hay un rocío que puede aplacar la aridez y limpiar.

Abre, abre su fuente. Ábreme a Mí, ábreme. Padre, Yo ardo por hacer tu deseo, que es el mío y el del Amor Eterno. ¡Padre!, ¡Padre!, Padre! Dirige tu mirada sobre tu Cordero y sé Tú su Sacrificador”.

Jesús se manifiesta realmente inspirado.

Erguido en pie, con los -brazos extendidos en cruz, el rostro hacia el cielo, con el azul del lago detrás, con su vestido de lino, parece un arcángel orante.

52 EL LLAMADO DE MATEO


52 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Está haciendo mucho calor. El mercado ha terminado y en la plaza vacía, hay unos cuantos ociosos y unos niños que juegan.

Jesús, en medio de sus apóstoles, llega del lago a la plaza.

Acaricia a los niños que corren a su encuentro y le platican sus confidencias. Una niña muestra un golpe que le sangra en la frente y de ello acusa al hermanito.

Jesús dice:

–      ¿Por qué has herido así a tu hermanita? ¡No está bien!

El niño se mortifica y contesta:

–      No lo hice a propósito. Quería tumbar aquellos higos y tomé un bastón. Era muy pesado y se me cayó sobre ella. Cogía higos también para ella.

Jesús le pregunta:

–     ¿Es verdad, Juana?

Entre hipos la niña contesta:

–      Es verdad.

–      Entonces puedes ver que tu hermano no te quiso hacer daño.

Quería hacerte feliz. Ahora, al punto haced las paces y daos un beso. Los buenos hermanitos y también los buenos niños, jamás deben saber lo que es el rencor. ¡Ea, pues!

Los dos niños se besan con lágrimas.

Los dos lloran juntos. Ella porque le duele el golpe. Y él porque le pesa haber causado ese dolor.

Jesús sonríe al ver ese beso lleno de lagrimones.

Y dice:

–     ¡Y ahora, porque veo que sois buenos, Yo os cortaré los higos!

Como es muy alto extiende el brazo y sin esfuerzo alguno, los corta y se los da.

Acude una mujer:

–     Juana. Tobías. ¿Para qué molestáis al Maestro? ¡Oh, Señor! Perdona…

Jesús dice:

–     Mujer. Se trataba de hacer las paces.

Y las hice con el objeto mismo que provocó la guerra: los higos. A los niños les gustan los higos dulces y a Mí… me gustan los corazones dulces e inocentes. Me quitan mucha amargura.

La mujer señala a unos fariseos:

–      Maestro, son los señores esos, los que no te aman.

Pero nosotros, el pueblo; te queremos mucho. Ellos son pocos. Y nosotros muchos…

–     Lo sé, mujer. Gracias por tu consuelo. La paz sea contigo.

¡Adiós, Juana! ¡Adiós, Tobías! Sed buenos. No se porten mal. Y ya no se peleen. ¿Lo recordarán?

Los dos niños responden juntos:

–           Sí.

–           Sí, Jesús.

Jesús sonriente, al empezar a caminar, dice a sus discípulos:

–     Ahora que con la ayuda de los higos, los cielos se han despejado de las nubes que había. Vámonos a… ¿A dónde queréis ir?

Ellos no saben y mencionan diferentes lugares.

Pero Jesús mueve la cabeza sonriendo.

Pedro dice:

–     Yo renuncio. A menos que Tú no lo digas… hoy tengo ideas negras.

Tú no viste; pero cuando desembarcamos, estaba ahí Elí, el fariseo. ¡Más verde que lo acostumbrado! ¡Y nos miraba en una forma, que…!

Jesús dice:

–    ¡Dejadlo que mire!

Judas exclama:

–    ¡Eh! No hay remedio. ¡Pero te aseguro Maestro, que para hacer las paces con ese, no bastan los higos!

–    ¿Qué fue lo que dije a la mamá de Tobías? ‘He hecho las paces con el objeto mismo de la guerra’

Y trataré de hacer las paces al volver a ver a los principales de Cafarnaúm, que según ellos les he ofendido. De este modo se contentarán. Probablemente no lo lograré; porque falta en ellos la voluntad de hacer las paces.

Cuando llegan a la plaza, Jesús va directo al banco de la alcabala,…

Y donde Mateo está haciendo sus cuentas y verificando el dinero que subdivide en categorías y lo pone en bolsitas de diversos colores.

Luego las coloca en una caja fuerte de hierro, que dos esclavos transportan a otro lugar.

Apenas si levanta la cabeza para ver al que se había retrasado en pagar.

Mientras tanto, Pedro jala de una manga a Jesús:

–     No tenemos nada que pagar, Maestro. ¿Qué haces?

Jesús no le hace caso.

Mira atentamente a Mateo, que se ha puesto de pie al punto, en actitud reverente.

Le da una segunda mirada que traspasa.

No es la del Juez severo de otras veces.

Es una mirada de llamamiento, de amor, que lo envuelve totalmente.

Mateo se sonroja completamente. No sabe qué hacer, ni qué decir.

Cuando Dios te quiere, TE BUSCA,  te sigue, te persigue y te consigue…

Majestuosamente, Jesús ordena:

–      Mateo, hijo de Alfeo, ha llegado la hora. ¡Ven!… ¡Sígueme!

Totalmente asombrado, Mateo responde:

–    ¿Yo?… ¡Maestro! ¡Señor! ¿Pero sabes quién soy? Lo digo por Ti. No por mí…

–     Ven y sígueme; Mateo, hijo de Alfeo. –repite Jesús con voz más dulce.

–    ¡Oh! ¿Cómo es posible que yo haya alcanzado favor ante Dios?… ¿Yo?… ¿Yo?…

–     Mateo, hijo de Alfeo. He leído en tu corazón. Ven. Sígueme.

La tercera invitación es una caricia….

–           ¡Oh! ¡Al punto, Señor!

Y Mateo, con lágrimas en los ojos…

Sale por detrás del banco sin preocuparse siquiera por recoger las monedas esparcidas sobre él. No pide la caja fuerte, ni le importa nada más.

Camina hacia el Maestro diciendo:

–     ¿A dónde vamos, Señor? ¿A dónde me llevas?

–     A tu casa. ¿Quieres dar hospedaje al Hijo del Hombre?

–     ¡Oh! Pero…pero… ¿Qué dirán los que te odian?

–     Yo escucho lo que se dice en los Cielos y es: ‘¡Gloria a Dios por un pecador que se salva!

Y el Padre dice: ‘Para siempre la Misericordia se levantará en los Cielos y se derramará sobre la Tierra. Porque con un Amor Eterno. Con un Amor Perfecto, te amo. Y por eso, también contigo uso de Misericordia…”

Ven. Y que al venir a tí; además de santificar tu corazón; santifique también tu casa…’

–    La tengo ya purificada por una esperanza que tenía en el alma. ¡Pero cómo podía creer que se convertiría en realidad! ¡Oh! ¡Yo con tus santos!…

Y mira a los discípulos.

–    Sí. Con mis amigos. Venid. Os uno y sed hermanos.

Los discípulos están tan estupefactos, que no saben qué decir.

Detrás de Jesús y de Mateo, caminan por la plaza que está completamente desierta.

Siguen por una calle estrecha que arde bajo un sol abrasador. No hay ser viviente alguno en las calles. Tan solo polvo y sol.

Entran en una casa muy hermosa, con un portón que se abre hacia fuera.

Un hermoso atrio está lleno de sombra y frescura. Llegan a un pórtico ancho que hay en el jardín.

Y Mateo dice:

–    ¡Entra, Maestro mío! –luego ordena a los siervos-  ¡Traed agua y de beber!

Los criados obedecen al instante.

Mateo sale a dar órdenes, mientras Jesús y los suyos se refrescan.

Regresa y dice:

–           Ahora, ven, Maestro. La sala está fresca.

Ahora vendrán mis amigos. ¡Oh! ¡Quiero hacer una gran fiesta! Es mi regeneración. ¡Es tan maravilloso!… ¡Esta es la verdadera circuncisión! Me has circundado el corazón con tu amor. ¡Maestro, será la última fiesta!

Ya no habrá más fiestas para el publicano Mateo. No más fiestas mundanas. Sólo la fiesta interna de haber sido redimido y de servirte a Ti. De ser amado por Ti.

¡Cuánto he llorado! No sabía cómo hacer… Quería ir…pero… ¿Cómo ir a Ti? A Ti, Santo… ¿Con mi alma sucia?

Jesús declara:

–    Tú la lavabas con el arrepentimiento y la caridad. Para Mí y para el prójimo.

Jesús se vuelve hacia sus discípulos y llama…

–     Pedro; ven aquí.

Pedro que todavía no ha hablado, pues sigue tan asombrado, da un paso adelante.

Los dos hombres, casi de la misma edad; de estatura baja y robustos; están frente a frente.

Y Jesús ante ellos, los mira con una gran sonrisa.

Luego dice:

–     Pedro. Me has preguntado muchas veces quién era el desconocido de las bolsas que llevaba Santiago. Míralo. Lo tienes enfrente.

Pedro exclama:

–    ¿Quién? ¡Este, lad…! ¡Oh, perdona Mateo! Pero…

¡Quién lo hubiera pensado! Y exactamente tú. Nuestra desesperación por la usura, ¿Qué fueses capaz de arrancarte cada semana, un pedazo de corazón, al dar ese rico óbolo?

Mateo apenado, inclina la cabeza y dice:

–      Lo sé. Injustamente os tasé.

Pero mirad. Me arrodillo ante todos vosotros y os digo: ¡No me arrojéis! Él me ha acogido. No seáis más severos que Él.

Pedro, que está junto a Mateo; lo levanta de un golpe.

En peso, ruda, pero cariñosamente.

Y dice:

–    ¡Ea! ¡Ea! ¡Ni a mí, ni a todos los demás!

A Él, pídele perdón. A nosotros… ¡Ea! Todos hemos sido ladrones, igual que tú… ¡Oh! ¡Lo dije!  ¡Maldita lengua! Pero soy así.

Lo que pienso, lo digo. Lo que tengo en el corazón; lo tengo en los labios… Y besa a Mateo en las mejillas.

Los otros también lo hacen con más o menos cariño.

Andrés lo hace con reserva, debido a su timidez.

Judas de Keriot se muestra frío. Parece como si abrazara a un montón de serpientes, pues apenas si lo toca.

Se oye un rumor en la entrada y Mateo sale.

Entonces Judas de Keriot se acerca a Jesús.

Está escandalizado  y dice:

–    Pero, Maestro. Me parece que esto no es prudente. Ya te empezaron a acusar los fariseos de aquí.

Y Tú… ¡Un publicano entre los tuyos! ¡Primero una prostituta y luego un publicano! ¿Acaso has determinado arruinarte? Si es así… ¡Dilo, que…!

Pedro interviene irónico:

–    Que nosotros desfilamos. ¿Es así?

Judas le contesta con altanería:

–    ¿Y quién está hablando contigo?

–     Sé que no estás hablando conmigo.

Pero yo por el contrario; hablo con tu alma de refinado señorito. Con tu purísima alma. Con tu sabia alma. Sé que tú, miembro del Templo; sientes el hedor del pecado en nosotros; pobres, que no pertenecemos al Templo.

Sé que tú, judío perfecto; amalgama de fariseo, saduceo y herodiano. Medio escriba y migaja de esenio. ¿Quieres otras palabras nobles?…

Te sientes mal entre nosotros. Como una alosa cualquiera en una red de pescados sin valor. Pero ¿Qué quieres qué hagamos? Él nos tomó y nosotros nos quedamos.

Si te sientes mal, vete tú. Respiraremos mejor todos. También Él.

Cómo puedes ver; está descontento de mí y de ti. De mí; porque falto a la paciencia y también a la caridad. Pero más de ti; que no entiendes nada.

Con todo tu tejido de nobles atributos y que no tienes ni caridad, ni humildad, ni respeto. No tienes nada, muchacho.

Solo un gran humillo… y quiera Dios que ese humo, no sea nocivo.

Jesús, de pie. Disgustado, con los brazos cruzados, la boca cerrada y los ojos duros; ha dejado que hable Pedro.

Después le dice:

–    ¿Ya terminaste, Pedro? ¿También tú has purificado tu corazón de la levadura que había dentro?

Has hecho bien. Hoy es Pascua de Ácimos para un hijo de Abraham. El llamado del Mesías es como la sangre del cordero sobre vuestras almas.

Y donde está, no bajará más la culpa. No bajará si el que la recibe le es  fiel. Mi llamado es liberación. Y se le festeja con diversas clases de levadura.

A Judas, no le dice nada.

Pedro, mortificado; guarda silencio.

Y Jesús agrega:

–    Mateo regresa con amigos.

No les enseñemos otra cosa que no sea virtud. Quien no pueda soportar esto, váyase. No seáis iguales a los fariseos: que oprimen con preceptos y son los primeros en no observarlos.

Mateo vuelve a entrar con dos romanos y empieza el banquete.

Jesús está en medio, entre Pedro y Mateo.

Hablan de muchas cosas. Y Jesús, con paciencia explica a Ticio y a Cayo, lo que desean. Hay muchas quejas contra los fariseos que los desprecian…

Y Jesús responde a todas sus inquietudes.

Dice:

–    Pues bien. Venid a quien no os desprecia. Y luego obrad en tal forma, que al menos los buenos, no os puedan despreciar.

Cayo dice:

–    Tú eres bueno; pero eres solo.

Jesús  objeta, señalando a sus discípulos:

–    No. Estos son como Yo.

Y además, está el Padre, que ama a quien se arrepiente y quiere volver a su amistad.

21. El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.”

Si al hombre le faltase todo, pero tuviese al Padre, ¿No sería la alegría del hombre la más completa?

De esta forma se va desarrollando la conversación.

Y el banquete ha llegado a los postres; cuando un criado hace señas al dueño de la casa y luego le dice algo en voz baja.

Entonces Mateo dice a Jesús:

–    Maestro. Elí, Simón y Joaquín, piden permiso para entrar y hablarte. ¿Quieres verlos?

Jesús contesta:

–    ¡Claro que sí!

–     Pero… mis amigos son gentiles.

–      Y ellos vienen a ver exactamente esto.

Que los vean. De nada serviría esconderlo. No serviría para el bien, porque la malicia aumentará el hecho, hasta llegar a decir que también había prostitutas. Que entren.

Mateo inclina la cabeza.

Los tres fariseos entran.

Miran alrededor con una sonrisa proterva y están a punto de hablar.

Pero Jesús, que se ha levantado y va a su encuentro junto con Mateo.

Mientras pone una mano en la espalda de Mateo, les dice:

–    ¡Oh! ¡Hijos verdaderos de Israel! Os saludo y os doy una gran noticia, que ciertamente alegrará vuestros corazones perfectos de israelitas.

Los cuales quieren como él, que todos los corazones observen la Ley, para dar Gloria a Dios. Pues bien; Mateo, hijo de Alfeo; desde hoy no es más el pecador; el escándalo de Cafarnaúm.

Una oveja roñosa de Israel ha sido curada. ¡Alegraos!

Después se curarán otras ovejas pecadoras en vuestra ciudad; de cuya santidad os interesáis mucho y también serán gratas y santas ante…? ¡Eh Señor. Mateo deja todo para servir a Dios.

¡Dad el beso de paz al israelita extraviado que torna al seno de Abraham!

El fariseo Simón, dice con desprecio y sarcasmo:

–    ¿Y torna con los publicanos en estrepitoso banquete?

¡Oh! ¡De verdad que se trata de una conversión favorable! Elí. Mira. Ahí está ese Josías, el procurador de mujeres.

Elí responde:

–    También está Simón; hijo de Isaac el adúltero.

–    Y aquel es Azharías: el cantinero en cuyo casino, los romanos y los judíos juegan a los dados; pelean, se emborrachan y van en busca de mujeres.

El fariseo Joaquín, dice:

–    Pero, Maestro. ¿Sabes al menos quienes son esos?

Jesús contesta amable:

–     Lo sé.

Elí dice:

–     ¿Y vosotros? Vosotros de Cafarnaúm. Vosotros, discípulos. ¿Por qué lo habéis tolerado?

¡Me admiras, Simón de Jonás!

Pedro se queda callado.

Simón inquiere, escandalizado:

–    ¡Tú, Felipe, que aquí todos conocen!

¡Tú, verdadero israelita! ¿Cómo es posible que tú hayas permitido que tu Maestro comparta la comida con publicanos y pecadores?

Felipe los mira sin turbarse, pero también guarda silencio.

Joaquín:

–     ¡Ya no hay más vergüenza en Israel!

Los tres están escandalizadísimos.

Y lo manifiestan con una andanada de frases condenatorias.

Jesús interviene:

–     Dejad en paz a mis discípulos. Solamente Yo lo quise.

Simón dice con sarcasmo:

–    ¡Eh! ¡Bien! Se comprende.

¡Cuando se quiere hacer santos a otros y uno no lo es; se cae pronto en errores que son imperdonables!

–    ¡Y cuando de educa a los discípulos en la falta de respeto!

¡Todavía me está quemando la risa irreverente que me hizo ese judío del Templo! ¡A mí! ¡A Elí el fariseo! No se puede hacer otra cosa que faltar al respeto a la   Ley.

Se enseña lo que se sabe.

Jesús responde con firmeza:

–    Te equivocas Elí. Os equivocáis todos.

Se enseña lo que se sabe, es verdad. Y Yo que sé la Ley, la enseño a quien no la sabe: a los pecadores. Vosotros… os conozco dueños de vuestra alma.

Los pecadores no lo son. Busco y busco su alma. Se las vuelvo a dar, para que a su vez me la traigan. Tal como está: enferma, herida, sucia.

Y Yo la curo y la limpio. Para esto he venido. Los pecadores son los que tienen necesidad del Salvador. Y vengo a salvarlos. Comprendedme. No me odiéis sin razón.

Jesús es dulce, persuasivo, humilde.

Pero ellos son como tres cardos espinosos. Y salen muy enojados.

Judas de Keriot murmura impotente:

–    Se fueron. Ahora nos criticarán por todas partes.

Jesús dice:

–    ¡Dejad que lo hagan!

Procura solo que el Padre, no tenga nada que criticarte. No te apenes, Mateo. Ni vosotros, amigos suyos. La conciencia nos dice: ‘No hagáis el Mal.’ Y eso es más que suficiente.

Y Jesús vuelve a sentarse en su lugar…

51 INICIA LA PERSECUCIÓN


51 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús está en Betsaida.

Habla de pie en la barca en que ha venido, que está casi encallada en la arena de la orilla, atada a una estaca de un pequeño espigón rudimentario.

Mucha gente, sentada en semicírculo sobre la arena, lo está escuchando.

Jesús acaba de empezar su discurso:

«… En esto veo que me amáis también vosotros los de Cafarnaúm, que me habéis seguido dejando negocios y comodidades con tal de oír la Palabra que os adoctrina.

Sé también que ello, más que el hecho de dejar de lado esos negocios, con el consiguiente perjuicio a vuestra bolsa, os acarrea burlas e incluso menoscabo social.

Sé que Simón, Elí, Urías y Joaquín se muestran contrarios a Mí; hoy contrarios, mañana enemigos. Y os digo, porque no engaño a nadie, ni quiero engañaros a vosotros, mis fieles amigos, que para perjudicarMe,

para proporcionarMe dolor, para vencerMe aislándome; ellos, los poderosos de Cafarnaúm, usarán todos los medios… Tanto insinuaciones como amenazas, tanto el escarnio como la calumnia.

TODO USARÁ EL ENEMIGO  COMÚN, PARA ARRANCAR ALMAS A CRISTO.  Convirtiéndolas en presa propia.

Os digo: Quien persevere se salvará; mas os digo también:

QUIÉN AME MÁS LA VIDA Y EL BIENESTAR que la Salud Eterna, es libre de marcharse, de dejarMe, de ocuparse de la pequeña vida y del transitorio bienestar. Yo no retengo a nadie.

El hombre es un ser libre. Yo he venido a liberar aún más al hombre. Liberarlo del pecado, para el espíritu. Y de las cadenas:

Una religión deformada, opresiva, que no hace sino sofocar bajo ríos de cláusulas, de palabras, de preceptos, la verdadera Palabra de Dios: limpia, concisa, luminosa, fácil, santa, perfecta.

Mi Venida es criba de las conciencias: Yo recojo mi trigo en la era y lo trillo con la doctrina de sacrificio y lo cierno con el cernedor de su propia voluntad.

La cascarilla, el sorgo, la veza, la cizaña, volarán ligeros e inútiles; para caer pesados y nocivos y ser alimento de volátiles.

En mi granero no entrará sino el trigo selecto, puro, consistente, bueno. El trigo son los santos.

Desde hace siglos existe un duelo entre el Eterno y Satanás.

Satanás, enorgullecido por su primera victoria sobre el hombre, le dijo a Dios:

“Tus criaturas serán mías para siempre. Ni siquiera el Castigo, ni la Ley que quieres darles, NADA, las hará capaces de ganarse el Cielo,

Y esta Morada tuya, de la cual me expulsaste a mí, que soy el único inteligente entre los seres creados por Tí; esta Morada, se te quedará vacía; inútil, triste como todas las cosas inútiles”.

Y el Eterno respondió al Maldito:

Podrás esto mientras tu veneno, solo, reine en el hombre. Pero Yo mandaré a mi Verbo y su Palabra neutralizará tu veneno, sanará los corazones, los curará de la demencia con que los has manchado o convertido en diablos. Y volverán a Mí.

Como ovejas que descarriadas, vuelven a encontrar al pastor; volverán a mi Redil.

Y EL CIELO SERÁ POBLADO: para ellos lo he hecho.

Rechinarán tus horribles dientes de impotente rabia, allí, en tu hórrido reino; prisionero y maldito, sobre ti los ángeles volcarán la piedra de Dios y la sellarán.

Tinieblas y Odio os acompañarán a ti y a los tuyos.

Los míos tendrán sin embargo, Luz, Amor, canto y beatitud, libertad infinita, eterna, sublime”.

Satanás, con risotada burlesca juró:

`Juro por mi Gehena que vendré cuando llegue la hora. Omnipresente estaré junto a los evangelizados. Y veremos si eres Tú el vencedor o lo soy yo”.

Sí, para cribaros Satanás os insidia y Yo os rodeo. Los contendientes somos dos: Yo y él.

Vosotros estáis en el medio.

EL DUELO DEL AMOR Y EL ODIO,

DE LA SABIDURÍA Y LA IGNORANCIA,

DE LA BONDAD Y EL MAL,

ESTÁ SOBRE VOSOTROS Y EN TORNO A VOSOTROS.

Yo Soy suficiente para repeler los malvados golpes dirigidos a vosotros.

Me coloco en medio entre el arma satánica y vuestro ser.

Y ACEPTO SER HERIDO EN LUGAR DE VOSOTROS, PORQUE OS AMO.

Pero en vuestro interior, vosotros debéis repeler CON VUESTRA VOLUNTAD los golpes, corriendo hacia Mí, poniéndoos en mi Camino, que es Verdad y Vida.

QUIEN NO ANHELA EL CIELO, NO LO TENDRÁ. 

Quien no es apto para ser discípulo del Cristo será como cascarilla ligera que el viento del mundo se llevará consigo.

Los Enemigos del Cristo son semilla nociva que renacerá en el reino satánico.

Sé por qué habéis venido, vosotros de Cafarnaúm.

Y tengo la conciencia tan libre del pecado que se me atribuye. Y en nombre del cual, inexistente, se me murmura a mis espaldas.

Insinuándoos que oírme y seguirme significa complicidad con el pecador, que no temo dar a conocer la razón de ello a estos de Betsaida.

Entre vosotros, habitantes de Betsaida, hay algunos ancianos que no se han olvidado por distintas razones, de la Beldad de Corozaín; hay hombres que pecaron con ella, hay mujeres que por su causa lloraron.

LlORARON…  Y aún no había venido Yo a decir: “¡Amad a quien os perjudica!” –

Lloraron para después regocijarse, cuando vinieron a saber que la había mordido la podredumbre que rezumaba de sus entrañas impuras, hacia afuera de su espléndido cuerpo:

De aquella lepra más grave que le había roído su alma de adúltera, homicida y meretriz.

Adúltera setenta veces siete, con cualquiera con tal de que tuviese el nombre “hombre” y tuviese dinero. Homicida siete veces siete de sus concepciones ilegítimas; meretriz sólo por vicio, ni siquiera por necesidad.

¡Os comprendo, esposas traicionadas!

Comprendo vuestro regocijo, cuando se os dijo: “Las carnes de la Beldad están más fétidas y más descompuestas que las de un animal muerto tendido en la cuneta de una vía transitada, presa de cuervos y gusanos”.

Mas Yo os digo: SABED PERDONAR.

Dios ha llevado a cabo vuestra venganza; luego ha perdonado. Perdonad también vosotras.

Yo la he perdonado en vuestro nombre, porque sé que sois buenas, mujeres de Betsaida que me saludáis gritando: “¡Bendito sea el Cordero de Dios! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!“.

Si soy Cordero y me reconocéis como tal. Sí, vengo a estar entre vosotras Yo, Cordero.

Vosotras debéis transformaros todas en ovejas mansas, incluso aquellas a las que un lejano, ya lejano dolor de esposa traicionada, inviste de instintos como los de una fiera que defiende su guarida.

Yo, siendo Cordero, no podría permanecer entre vosotras si os comportarais como tigres y hienas.

Aquel que viene en el Nombre santísimo de Dios a recoger a justos y a pecadores, para conducirlos al Cielo ha ido también adonde la arrepentida y le ha dicho: “Queda limpia. Ve. Expía”.

Esto lo ha hecho en sábado. De esto se me acusa. Acusación oficial.

La segunda acusación es el hecho de haberme acercado a una meretriz.

Una mujer que fue meretriz; en ese momento no era sino un alma que lloraba su pecado. Pues bien, digo: Lo he hecho y seguiré haciéndolo.

Traedme el Libro, escrutadlo, estudiadlo, desentrañad su contenido.

Encontrad si os resulta posible, un punto que prohíba al médico atender a un enfermo; a un levita ocuparse del altar, a un sacerdote no escuchar a un fiel… sólo porque sea sábado.

Yo, si lo encontráis y me lo mostráis diré, dándome golpes de pecho:

“Señor, he pecado en tu presencia y en presencia de los hombres. No soy digno de tu perdón, pero si Tú quieres mostrarte compasivo con tu siervo, te bendeciré mientras dure mi soplo vital”.

Porque esa alma era una enferma, y los enfermos tienen necesidad del Médico.

Era un altar profanado y tenía necesidad de ser purificado por un levita.

Era un fiel que se dirigía a adorar al Templo verdadero del Dios verdadero y tenía necesidad del sacerdote que en él le introdujera.

En verdad os digo que Yo soy el Médico, el Levita, el Sacerdote.

En verdad os digo que, si no cumplo con mi deber perdiendo siquiera una sola de las almas que sienten anhelo de salvación, no salvándola; Dios Padre me pedirá cuentas y me castigará por esta alma perdida.

Este sería mi pecado, según los grandes de Cafarnaúm.

Habría podido esperar para hacerlo, al día siguiente del sábado. Sí. Pero, ¿Por qué retardar otras veinticuatro horas la readmisión en la paz de Dios de un corazón contrito?

En ese corazón había humildad verdadera, cruda sinceridad, dolor perfecto.

Yo leí en ese corazón. La lepra estaba todavía en su cuerpo, más el corazón ya no la padecía debido al bálsamo de años de arrepentimiento, de lágrimas, de expiación.

Ese corazón, para que Dios se acercara a él; sin que esta cercanía contaminase el aura santa que circunda a Dios, NO tenía necesidad sino de que Yo volviera a consagrarlo. Lo he hecho.

Ella salió del lago limpia en la carne sí, pero aún más limpia en el corazón.

¡Cuántos, cuántos de los que han entrado en las aguas del Jordán obedeciendo al mandato del Precursor no han salido tan limpios como ella!

Porque el bautismo de éstos no era el acto voluntario, sentido, sincero, de un espíritu que deseara prepararse a mi venida, sino sólo una forma de aparecer perfectos en santidad ante los ojos del mundo;

Por tanto, era hipocresía y soberbia: dos culpas que aumentaban el cúmulo de culpas preexistentes en su corazón.  

El bautismo de Juan no es más que un símbolo. Os quiere decir: “Limpiaos de la soberbia humillándoos llamándoos pecadores; de las lujurias, lavándoos sus escorias”.

Es el alma la que debe ser bautizada con vuestra voluntad, para estar limpia en el banquete de Dios.

No existe ninguna culpa tan grande que no pueda ser lavada, primero por el arrepentimiento, luego por la Gracia, finalmente por el Salvador.

No hay pecador tan grande que no pueda levantar el rostro humillado y sonreír a una esperanza de redención.

Es suficiente su completitud en la renuncia a la culpa, su heroicidad en el resistir a la tentación, su sinceridad en la voluntad de renacer.

Voy a manifestaros una verdad que a mis enemigos les parecería una blasfemia; pero vosotros sois mis amigos.

Hablo especialmente para vosotros, mis discípulos ya elegidos, aunque también para todos los que me estáis escuchando. Os digo que los ángeles, espíritus puros y perfectos, que viven en la luz de la Santísima Trinidad,

en ella, dentro de su perfección, padecen, y así lo reconocen, una inferioridad respecto a vosotros, hombres lejanos del Cielo.

Su inferioridad es el no poderse sacrificar, no poder sufrir para cooperar en la redención del hombre. Y – ¿Qué os parece? – Dios no toma a un ángel suyo para decirle “sé el Redentor de la Humanidad”, sino que toma a su Hijo.

Y sabiendo que, a pesar de ser incalculable el Sacrificio e infinito su poder, todavía le falta algo – y es bondad paterna que no quiere hacer diferencia entre el Hijo de su amor y los hijos de su poder –

17. Y una voz que salía de los cielos decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco.» MATEO 3

a la suma de los méritos destinados a ser contrapuestos a la suma de los pecados que de hora en hora la Humanidad acumula;

sabiendo esto, no toma a otros ángeles para colmar la medida y no les dice “sufrid para imitar al Cristo”, sino que os lo dice a vosotros, a vosotros, hombres.

Os dice: “Sufrid, sacrificaos, sed semejantes a mi Cordero, sed corredentores…”. ¡Oh…, veo cohortes de ángeles que, dejando por un instante de volar en el éxtasis adorante en torno al Fulcro Trino, se arrodillan, vueltos hacia la tierra,

y dicen: “¡Benditos vosotros, que podéis sufrir con Cristo y por el eterno Dios nuestro y vuestro!

Muchos no comprenderán todavía esta grandeza; es demasiado superior al hombre.

Pero cuando la Hostia sea inmolada, cuando el Trigo eterno torne a la vida para nunca más morir, después de recogerlo, trillarlo, mondarlo y sepultarlo en las entrañas de la tierra,

entonces vendrá el Iluminador superespiritual e iluminará a los espíritus (incluso a los más obtusos, que, a pesar de serlo, hayan permanecido fieles al Cristo Redentor).

Entonces comprenderéis que no he blasfemado, sino que os he anunciado la más alta dignidad del hombre: la de ser corredentor, a pesar de que antes no fuera más que un pecador.

Mientras tanto preparaos a ella con pureza de corazón y de propósitos.

Cuanto más puros seáis, más comprenderéis; porque la impureza – del tipo que sea – es en todo caso humo que obnubila y grava vista e intelecto.

Sed puros. Comenzad a serlo por el cuerpo para pasar al espíritu. Comenzad por los cinco sentidos para pasar a las siete pasiones.

Comenzad por el ojo, sentido que es rey y que abre el camino a la más mordiente y compleja de las hambres.

22. «La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso;
23. pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡Qué oscuridad habrá! Mateo 6

El ojo ve la carne de la mujer y apetece la carne. El ojo ve la riqueza de los ricos y apetece el oro. El ojo ve la potencia de los gobernantes y apetece el poder.

Tened ojo sereno, honesto, moderado, puro, y tendréis deseos serenos, honestos, moderados y puros. Cuanto más puro sea vuestro ojo, más puro será vuestro corazón.

Estad atentos a vuestro ojo, ávido descubridor de los pomos tentadores. Sed castos en las miradas, si queréis ser castos en el cuerpo.

Si tenéis castidad de carne, tendréis castidad de riqueza y de poder; tendréis todas las castidades y seréis amigos de Dios.

No temáis ser objeto de burlas por ser castos, temed sólo ser enemigos de Dios.

Un día oí decir: “El mundo se burlará de ti, considerándote mentiroso o eunuco, si muestras no tender hacia la mujer”.

En verdad os digo que Dios ha puesto el vínculo matrimonial para elevaros a imitadores suyos procreando, a ayudantes suyos poblando los Cielos.

Pero existe un estado más alto, ante el cual los ángeles se inclinan viendo su sublimidad sin poderla imitar.

Un estado que, si bien es perfecto cuando dura desde el nacimiento hasta la muerte, no se encuentra cerrado para aquellos que, no siendo ya vírgenes, arrancan su fecundidad, masculina o femenina.

“Oh Jesús Sacerdote, guarda a tus sacerdotes en el recinto de tu Corazón Sacratísimo, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu Preciosísima Sangre. Entregamos en tus divinas manos a TODOS tus sacerdotes. Tú los conoces. Defiéndelos, Ayúdalos y SOSTENLOS, para que el Maligno no pueda tocarlos. Amén

Y anulan su virilidad animal, para hacerse fecundos y viriles sólo en el espíritu.

Se trata del eunuquismo sin imperfección natural ni mutilación violenta o voluntaria, el eunuquismo que no impide acercarse al altar; es más, que en los siglos venideros, servirá al altar y estará en torno a él.

Es el eunuquismo más elevado, aquel cuyo instrumento amputador es la voluntad de pertenecer a Dios sólo, y conservarle castos el cuerpo y el corazón para que eternamente refuljan con la candidez que el Cordero aprecia.

He hablado para el pueblo y para los elegidos de entre el pueblo. Ahora, antes de entrar a partir el pan y condividir la sal en la casa de Felipe, os bendigo a todos; a los buenos, como premio;

a los pecadores, para animarlos a acercarse a Aquel que ha venido a perdonar. La paz sea con todos vosotros.

Jesús desciende de la barca y pasa entre la multitud que se le agolpa en torno.

En la esquina de una casa está todavía Mateo, quien ha escuchado desde allí al Maestro, no atreviéndose a más.

Cuando llega a ese punto, Jesús se detiene y como bendiciendo a todos, bendice una vez más mirando a Mateo.

Y luego reprende la marcha entre el grupo de los suyos, seguido por el pueblo. 

Y desaparece en una casa…

P ¡Y ESTÁ ESCRITO!


“Oh Jesús Sacerdote, guarda a tus sacerdotes en el recinto de tu Corazón Sacratísimo, donde nadie pueda hacerles daño alguno; guarda puros sus labios, diariamente enrojecidos por tu Preciosísima Sangre. Entregamos en tus divinas manos a TODOS tus sacerdotes. Tú los conoces. Defiéndelos, Ayúdalos y SOSTENLOS, para que el Maligno no pueda tocarlos. Amén

Agosto 26 2020 

Habla Nuestro Señor Jesucristo

Hijitos Míos, la Cruz es como una escalera que os va llevando poco a poco al Reino de los Cielos. La Fe, la Fe os abre todas las puertas.

Mis pequeños, un alma sin Fe es un alma vacía, es un alma muerta, es un alma que no tiene futuro.

Un alma con Fe puede hacer grandes milagros, porque Yo estoy con esas almas. 

VOSOTROS DEBÉIS APRENDER A HACER MILAGROS, MIS PEQUEÑOS.

PORQUE POR LA FE VOSOTROS ME LLAMÁIS;

CIERTAMENTE VOSOTROS NO HARÉIS EL MILAGRO,

ES LA FE EN QUE YO ESTOY EN VOSOTROS

LA QUE VA A HACER EL MILAGRO.

La Fe lo hace todo posible, en la Fe hay amor intenso.

Vosotros movéis Mi Corazón al llevar a cabo el milagro porque hay Fe en vosotros, hay un deseo grande de hacer un bien a un hermano vuestro. 

Vosotros actuaréis, en estos tiempos nuevos por venir, con una gran Fe; Yo estaré entre vosotros, caminaré nuevamente entre los hombres.

El amor os unirá fuertemente a Mi Corazón, volveréis a sentir lo que sentían vuestros Primeros Padres, Adán y Eva, que caminaban conMigo, hablaban conMigo, todo lo hacían conMigo.

Ese es el regalo grande que os tengo preparado para aquellos que por Fe y por amor Me han seguido, que han soportado persecución,

que han soportado blasfemias, porque Me habéis defendido.

El mundo está contra vosotros porque Me amáis, porque tenéis Fe en que existo,

en que vivo entre vosotros, en que os asisto en todo lo que necesitáis.

El hombre ha perdido la Fe, no confía en que Yo estoy entre vosotros y en vosotros. ¿Acaso no observáis vuestro alrededor?

Cómo la Naturaleza se mueve, actúa; cómo vosotros mismos buscáis con Fe cosas que no entendéis que existen, pero que no entendéis por no tener Fe y no tener confianza en Mí.

Veis los astros en el firmamento, ¿Por qué no se caen?, ¿Por qué no chocan entre ellos? Todo tiene un principio y un fin, ¿Quién mueve todo eso?

Soy Yo, vuestro Dios, todo lleva un orden y Yo estoy atrás de todo ese orden.

Ciertamente, el Pecado Original llevó todo al desorden, pero lo creado lleva un orden porque Yo os protejo.

Satanás quisiera destruir todo lo creado, pero no puede porque Yo estoy muy por encima de él.

Todo esto que vendrá, esta purificación que ya estáis viviendo, llevará nuevamente a la Naturaleza, a todo lo creado, visible e invisible, a un orden perfecto, al Primer Orden.

Vosotros manteneos en Fe, Mis pequeños, y en una confianza plena en que, si estáis conMigo, podréis pasar a ese Nuevo Mundo que os tengo preparado.

El desorden está alrededor vuestro, Satanás ha llevado todo al desorden y lo estáis viviendo; desgraciadamente, muchos de vosotros os habéis acostumbrado a ese desorden.

Todo volverá a la sencillez, a la humildad, al Amor Verdadero.

Venid conMigo, Mis pequeños, venid conMigo, acompañadMe a la Cruz, ésta os lleva a la perfección de vida.

Esa cruz me pertenece Señor, ¡Crucifícame Jesús, porque te adoro sobre todas las cosas! Y ayúdame a Amar, haciendo Tu Voluntad y no la mía…´´

Os he dicho al principio que la Cruz es como una escalera para llegar al Cielo, mientras más meditéis en ella, amándola, porque fue la Cruz la que os ha dado la Redención y con ella vuestra salvación,

así iréis subiendo de niveles espirituales hasta alcanzar la perfección en vuestra santidad.

Tenéis que poner de vuestra parte, Yo os doy el principio de las cosas, pongo en vuestro corazón ese deseo de mejoraros y queda en vosotros buscar vuestra perfección.

Solamente Satanás es el que os presiona para vivir en el Mal, Yo os tengo siempre asegurado el Bien y no presiono, a pesar de que Yo quisiera que todos actuarais en el Bien, pero es vuestro libre albedrío el que escoge.

Os he dicho que ciertamente, el actuar en el bien y en estos tiempos de Gran Tribulación, os lleva a ataques de vuestros mismos hermanos.

Yo os voy dando las Verdades de la Fe. 

ESCRITO ESTÁ QUE,

SIEMPRE QUE VA A HABER UN CAMBIO EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD,

YO OS PREPARO A TRAVÉS DE VIDENTES Y PROFETAS

PARA QUE PODÁIS ENTENDER LOS MOMENTOS QUE VAIS VIVIENDO,

PERO QUEDA EN VOSOTROS EL ACEPTAR O EL RECHAZAR ESAS AYUDAS.  

Si aceptáis la ayuda, ahorraréis mucho tiempo y dolores; si no aceptáis esa ayuda, erraréis el camino y probablemente tarde os daréis cuenta de vuestro error de haber escogido un camino incorrecto.

Entended que Yo, vuestro Dios, siempre quiero lo mejor para vosotros, pero seguís siendo esos niños tercos, como el pueblo judío,

que por más que Yo quería ayudarles, Me negaban, Me daban la espalda, Me traicionaban, adoraban a otros dioses, Me hacían a un lado.

Es el hombre que ha abierto su corazón a Satanás y Satanás os desvía, os lleva por caminos incorrectos, os lleva a la negación del Bien, que Soy Yo.

Y sufrís, Y SUFRÍS MUCHO y no queréis entender que podéis llegar hasta la Muerte Eterna, si os mantenéis en vuestras necedades de seguir abriéndoos hacia el Mal a donde Satanás os lleva.

Hay un Bien y un Mal, vosotros escogéis, tenéis vuestro libre albedrío, vosotros escogéis hacia dónde queréis ir. 

Vuestra decisión os va a llevar hacia el camino correcto, que es la salvación eterna, u os va a llevar por el camino incorrecto y la condenación eterna.

Y VA A SER VUESTRA DECISIÓN. 

Y esto os lo digo porque luego Me echáis la culpa de vuestros males y vosotros sois los que escogéis.

Tened cuidado, pues, con lo que decís y sobre todo, cómo os referís a Mí, vuestro Dios, que Soy la Bondad absoluta;.

El sufrimiento es INEVITABLE, por eso lo mejor es santificarlo con la donacion voluntaria con la crucifixión de la voluntad.

Yo nunca os voy a llevar hacia un mal, el Mal lo escogisteis vosotros.

PUES, MUCHO CUIDADO CON LO QUE DECÍS

PORQUE ESO OS PUEDE LLEVAR UN CASTIGO,

UN CASTIGO FUERTE, PORQUE YO SOY VUESTRO DIOS.

MIS PEQUEÑOS, EL TIEMPO SE ACERCA,

EL TIEMPO DE LA GRAN LIBERACIÓN.

NO ENTENDÁIS ESTOS MOMENTOS COMO DE DOLOR Y DE TRISTEZA,

MEJOR ENTENDEDLOS COMO DE LIBERACIÓN

EN DONDE SATANÁS OS DEJARÁ DE MOLESTAR,

DEJARÁ DE CAUSAROS TANTO MAL,

COMO LO HA VENIDO HACIENDO POR SIGLOS. 

Dejad que Yo mueva vuestra vida, que os lleve hacia la perfección de vuestros actos, de vuestros pensamientos, de vuestro futuro.

Vosotros no sois lo suficientemente sabios para escoger el camino correcto.

Si realmente el hombre hubiera entendido, desde un principio cuando Yo Me di por vosotros, y hubiera ascendido por la Cruz, como os dije, como escalera creciendo en Virtudes, en amor.

Porque eso es la ascensión del alma, IR CRECIENDO EN AMOR, ir creciendo en perfección.

En este tiempo debiera estar ya gozando en la Tierra lo que se goza en el Cielo; pero el hombre continuamente Me da la espalda.

Cae y tarda un tiempo en reconocer su error y tarda en levantarse también por su soberbia.

Hasta que no lleguéis a una humildad verdadera y profunda, hasta que no reconozcáis ante Mi Presencia que Me necesitáis y que os queréis apartar del Mal.

Hasta que no os deis cuenta de que no podéis caminar solos, que Me necesitáis a Mí para mejoraros y perfeccionaros, es cuando avanzaréis en ascensión rápida hacia Mí.

Estar ante la Cruz, meditar todo lo que Yo hice por vosotros, os va llevando a esa escalera ascensional de perfección.

Estar ante la Cruz y dejarMe a Mí tomaros de la mano, explicaros lo que es Mi Amor y hacia dónde os lleva Mi Amor.

Es cuando vosotros entenderéis que no perdéis vuestro tiempo estando ante Mí y escuchándoMe en vuestro corazón.

La perfección se logra en la sencillez, en la humildad y en el agradecimiento que Me debéis por haberMe dado por vosotros.

POCOS, MUY POCOS son los que Me agradecen las Bendiciones que Yo derramo a diario para vuestra vida, para vuestro ser, para vuestra alma, para todo lo que necesitáis.

Falta mucha gratitud de parte vuestra; debéis aprender, Mis pequeños, a agradecer porque en el agradecimiento reconocéis lo que Yo he hecho por vosotros.

Sed más sencillos, sed humildes, sed servidores Míos, y así es como escalaréis más rápidamente esta Cruz de salvación que os llevará a vuestra santidad y hacia vuestra perfección eterna.

Hijitos Míos, el pueblo en aquel tiempo Me seguía, pero porque les interesaba que Yo los sanara y les diera de comer.

Perfectamente sabían y conocían Mis Milagros, y por eso Me seguían para que los curara de todos sus males y poder comer hasta saciarse.

RECONOCÍAN QUE YO ESTABA PRODUCIENDO MILAGROS PARA EL PUEBLO,

COSA QUE EN ESTE TIEMPO SATANÁS ESTÁ TRATANDO DE OPACAR.

LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES FUE UNA ACCIÓN DIVINA Y NO UN ACTO HUMANO,

MI ACCIÓN DIVINA CONSISTIENDO EN MULTIPLICAR

LO QUE EL HOMBRE NO PUEDE HACER:

DARLE DE COMER A MILES DE PERSONAS

Y PARTIENDO SOLAMENTE DE POCOS PANES Y POCOS PESCADOS.

11. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. 12. En verdad, en verdad os digo: EL QUE CREA EN MÍ, HARÁ ÉL TAMBIÉN LAS OBRAS QUE YO HAGO,el que crea en Mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre. Juan 14, 12

Satanás quiere opacar esta Acción Divina del Milagro.

Ese fue tiempo de grandes Milagros en aquel pueblo al que Yo bajé para servirle y que luego Me traicionó.

Estos son tiempos en que Satanás quiere opacar Mi Divinidad entre los hombres, haciendo pasar todos estos Actos Divinos como un acto humano, actos buenos, compartir con amor lo que se tiene.

Pero no es así, Mis pequeños, esos son engaños de Satanás queriendo hacer que Mi Figura Divina quede como la de un simple hombre y no es así, Mis pequeños.

SOY VUESTRO DIOS, SOY EL REDENTOR, SOY EL MESÍAS,

DEBÉIS RESPETAR MI PRESENCIA ENTRE VOSOTROS,

MI PRESENCIA DIVINA, MI PRESENCIA SANTA, MI PRESENCIA OMNIPOTENTE.

El “buenismo” NO ES santidad

TENED CUIDADO MIS PEQUEÑOS,

CON AQUELLOS QUE TRATAN DE OPACAR MI DIVINIDAD,

YO ESTOY CON VOSOTROS

Y EL MAL SIEMPRE VA A ESTAR TRATANDO DE DESTRUIR MI OBRA,

ENTRE VOSOTROS, PARA VUESTRA SALVACIÓN.

Ciertamente, Me seguían aquellos para recibir su sanación de cuerpo, e insisto ¡De cuerpo!

Pero no había un cambio sustancial en el alma; querían su sanación de cuerpo para seguir pecando, querían el alimento para estar fuertes para seguir pecando.

No entendieron Mi Presencia entre ellos, y aún ahora no la acaban de entender.

Yo vine para que cambiarais de mentalidad hacia lo espiritual.

Y NO para reformar vuestro cuerpo, darle vida a vuestro cuerpo, para sanaros para que vosotros sigáis haciendo vuestra vida humana, pecadora.

Mi Presencia en este Mundo ha sido para que vosotros vivierais una vida de Cielo aquí en la Tierra.

Vida espiritual, vida grande en el Amor, vida grande en pureza y santidad.

Pero no la quisieron tomar, querían nada más alimento de cuerpo, sanación de sus cuerpos, pero aquellos

NUNCA QUISIERON ACEPTAR QUE VIVÍAN EN PECADO

Y QUE NECESITABAN CAMBIAR DE VIDA. 

ORACIÓN + FE = MILAGROS

ESA FUE LA RAZÓN DE QUE DÍAS DESPUÉS DE QUE HICIERA TODOS ESTOS ACTOS GRANDIOSOS,

MILAGROS PATENTES QUE ELLOS RECONOCIERON ASÍ,

ME TRAICIONARAN Y PIDIERAN MI MUERTE.

NO HABÍA UN CAMBIO DEL ALMA

Si realmente hubieran hecho un cambio sustancial en su interior, no hubieran pedido por Mi Muerte en la Cruz.

Simplemente vieron que se acababa esa posibilidad de curación de cuerpo y alimento para cuerpo,

Y ME TRAICIONARON

¡Que no sea así con vosotros, Mis pequeños! Que no sea así…

Que en vosotros haya realmente un cambio en vuestra alma, porque vuestra vida, vuestra vida espiritual es eterna, la vida temporal de vuestro cuerpo pronto se terminará.

Cambiad Mis pequeños, hacia esa vida espiritual a la que estáis llamados, dejad estela de amor entre vosotros, dejad vida espiritual entre los vuestros.

No minimicéis vuestra vida solamente en un momento de vida corporal aquí en la Tierra que se terminará, lo espiritual perdura, lo material se hace polvo y se lo lleva el viento.

Desde hace tiempo se os ha anunciado una Gran Persecución religiosa para estos tiempos.

Ciertamente, la Persecución ha sido continua pero esporádica en algunos pueblos, en algunas ciudades en el Mundo, pero ahora viene una Persecución religiosa contra todos Mis seguidores.

Ya os había dicho que aquellos que Me siguieran tendrían que tomar también su cruz y seguirMe. 

Si alguno quiere VENIR EN POS DE MÍ, niéguese a sí mismo, tome su cruz y SÍGAME.” Marcos 8, 34

ESTOS SON TIEMPOS EN QUE DEBÉIS TOMAR VUESTRA CRUZ, MIS PEQUEÑOS.

¿Acaso no veis la similitud? Porque ya os he dicho que iríais a padecer lo mismo que Yo padecí. 

Esta similitud de que los judíos, los fariseos, los escribas, se ampararon y se protegieron con las leyes romanas para asesinarMe…

Manipularon las leyes, MINTIERON, levantaron falsos para que se Me asesinara, cuando Yo no era responsable de todo aquello que Me imputaban.

Ahora son tiempos también en que aquellos que son los Testigos de Satanás, que han comprado a los gobiernos de la Tierra,

se están amparando en las leyes para obligaros a que se os dé algún tipo de medicamento para asesinaros.

Escrito está que, de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, LA PESTE vendrá sobre la Tierra y se llevará cuando menos una tercera parte de la humanidad. 

ESTA PESTE, causada por el hombre, os afectará y eliminará a una gran cantidad de seres humanos, cumpliéndose así lo que escrito está.

Luego vendrá algo también fuerte, que serán los desastres naturales y guerras pequeñas en algunos lugares, que también se llevará otra tercera parte de la humanidad…

Y CON ESTO SE SEGUIRÁ CUMPLIENDO LO QUE ESCRITO ESTÁ..

Y quedará un poco menos del 25% de la humanidad entera.

Se os ha dicho también que hasta la más mínima coma o punto que está escrito, se ha de cumplir. Todo esto os lo digo, Mis pequeños,

para que no dudéis lo que escrito está y para que os preparéis para estos momentos que tenéis ya sobre vosotros.

 No por el hecho de que los dudéis u os queráis esconder de ellos, no se darán. Os vuelvo a repetir: Escrito está y se han de dar.

Por eso os pido que os preparéis para que la muerte no os tome estando en grave pecado.

Y por otro lado, así como Yo, que fui injustamente sentenciado pero ofrecí Mi Muerte por vuestra vida,

ahora también vosotros, Mis pequeños, ofreced vuestra muerte para la resurrección de tantos hermanos vuestros que viven en pecado, para que se arrepientan y se puedan salvar.

EL RESTO FIEL ES UN GRUPO DE ALMAS ESCOGIDAS;

SON EL MEJOR TRIGO QUE EXISTE ACTUALMENTE

Y ES EL QUE SERÁ EL POSEEDOR DE LAS NUEVAS TIERRAS, LOS NUEVOS CIELOS,

MI AMOR SOBRE ELLOS.

 Este es el premio para aquellas almas que nunca Me abandonaron, que protegieron la Fe y Mi Amor entre los hombres.

A los que debéis cuidar, Mis pequeños, e interceder por ellos, son aquellos, como os dije, que no están preparados para bien morir, y son muchos, muchos hermanos vuestros que se pueden condenar. 

Abogo por ellos ante vosotros, os pido vuestra intercesión, vuestro amor por ellos, pedidMe que los salve. Mi Sangre Preciosa se dio por todos vosotros, tomadla y ofrecédMela por cada uno de ellos para que se puedan salvar.

Vuestro Dios os ama infinitamente, ¡Agradecédselo!

Mi Madre os protege, os guarda y os llena de Su Amor y de Sus Bendiciones

Yo os bendigo en Nombre de Mí Padre, Creador de todo lo bello que véis y de los que no véis,

en Mí Santo Nombre, de Redentor del género humano y en Nombre de Mí Santo Espíritu, Dios del Conocimiento y de la Sabiduría Divina y humana.

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50 UNA FAMILIA DIVIDIDA


50 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Mañana de mercado en Cafarnaúm. La plaza está llena de vendedores de los más diversos tipos de mercancías.

Jesús, que llega a este lugar desde el lago, ve que vienen a su encuentro sus primos Judas y Santiago.

 Acelera el paso en dirección a ellos y después de abrazarlos con afecto,

Jesús pregunta apremiante:

–     ¿Vuestro padre?… ¿Qué ha sucedido?

Tadeo responde:

–      Nada nuevo respecto a su vida.

–     ¿Por qué has venido, entonces? Te había dicho: “quédate allí.”

Judas baja la cabeza y calla.

Ahora es Santiago quien no se contiene:

–      Por culpa mía él no te ha obedecido. Sí, por culpa mía; pero es que no he podido soportar más.

Todos en contra. Y, ¿Por qué? ¿Hago mal acaso, en amarte? ¿Acaso hacemos mal? Hasta ahora me había frenado un escrúpulo de estar actuando mal.

Pero ahora que sé las cosas, ahora que Tú has dicho que ni siquiera el padre está por encima de Dios, no he aguantado más.

He tratado verdaderamente de ser respetuoso, de hacer comprender las razones, de enderezar las ideas.

He dicho: “¿Por qué combatís contra mí? Si es el Profeta, si es el Mesías,

¿Por qué queréis que el mundo diga: `Su familia fue enemiga suya; entre los que lo seguían ella faltó’?

¿Por qué, si es el infeliz que vosotros decís, no debemos nosotros los de la familia estarle cercanos en su demencia, con el fin de impedir que sea nociva no sólo para Él sino también para nosotros?”.

¡Oh!, Jesús, yo hablaba así para razonar humanamente, como razonaban ellos.

Tú sabes efectivamente, que ni yo ni Judas te creemos demente; sabes que en ti vemos al Santo de Dios; que hemos dirigido siempre nuestra mirada a ti como a nuestra Estrella mayor.

Pero, no han querido entendernos.

Ni siquiera han querido seguir escuchándonos.

Y entonces yo me he marchado. Ante el dilema “o Jesús o la familia”, te he elegido a ti.

Aquí estoy, a nada que me aceptes; si no, seré el más infeliz de los hombres, porque no tendré nada: ni tu amistad ni el amor de la familia. 

Jesús contesta:

–      ¿En esto estamos? ¡Santiago mío, mi pobre Santiago!

Habría deseado no verte sufrir así, porque te quiero. Pero si Jesús-Hombre llora contigo, Jesús-Verbo se alegra íntimamente por ti. Ven.

Estoy seguro de que la alegría de ser portador de Dios a los hombres aumentará de hora en hora tu gozo, hasta llegar al pleno éxtasis en la hora extrema de la Tierra y en la eterna del Cielo.

Jesús se vuelve y llama a sus discípulos, que se habían detenido prudentemente a unos metros de distancia.

–      Venid, amigos. Mi primo Santiago ahora forma parte de mis íntimos y por tanto es nuestro amigo.

¡Cuánto he deseado esta hora, este día, para él, mi perfecto amigo de infancia, mi buen hermano de juventud!

Los discípulos acogen con alegría al nuevo llegado y a Tadeo, que hacía días que no lo veían. 

–      Hemos estado en casa. Te buscábamos. Pero estabas en el lago.

–     Sí, en el lago, durante dos días con Pedro y los demás. Pedro ha tenido buena pesca. ¿No es cierto?

Pedro refunfuña:

–     Sí, y ahora – esto me disgusta – tendré que dar muchos didracmas a aquel ladrón… – y señala al recaudador Mateo, cuyo banco está asediado por gente que paga por la tierra o las mercancías.

Jesús dice:

–     Digo Yo que todo será proporcionado. Cuanto más pescas, más pagas, pero también ganas más.

–     No, Maestro. Si pesco más, gano más; pero si pesco el doble de peso, ése no es que me haga pagar el doble, sino que me hace pagar el cuádruplo… ¡Aprovechado!

–     ¡Pedro!… Pues vamos a ir exactamente allí al lado. Deseo hablar. Siempre hay gente junto a aquel banco de recaudación. 

Pedro masculla enojado:

–     ¡Hombre claro!, gente y maldiciones».

–     Pues bien, Yo iré a introducir bendiciones. Quién sabe… a lo mejor entra un poco de honestidad en el recaudador.

–     No, Tú tranquilo, que tu palabra no pasará a través de su piel de cocodrilo.

–     Lo veremos.

–    ¿Qué le piensas decir?

–     Directamente, nada. Pero, por mi modo de expresarme, él será también destinatario de mis palabras.

–    ¿Vas a decir que tan ladrón es el salteador de caminos como el que despelleja a los pobres, que trabajan para obtener el pan y no mujeres o borracheras?

–     Pedro, ¿Quieres hablar tú en vez de Mí?

–     No, Maestro. No sabría hablar bien.

–     Y con la amargura que tienes dentro, te dañarías a ti y lo dañarías a él.  

Ya están cercanos al banco de los impuestos.

Pedro tiene intención de pagar.

Jesús lo detiene y dice:

–     Dame las monedas; hoy pago Yo.

Pedro lo mira atónito y le da una bolsa de piel, con dinero.

Jesús espera su turno y cuando se encuentra frente al recaudador…

Dice:

–     Pago por ocho canastas de pescado de Simón de Jonás.

Las canastas están allí, a los pies de los peones. Comprueba, si lo crees oportuno; de todas formas entre hombres honestos debería bastar la palabra, y creo que tú me consideras tal. ¿Cuánto es la tasa?

Mateo, que estaba sentado detrás de su banco, en el momento en que Jesús dice «creo que tú me consideras tal», se pone en pie.

Es bajo y más bien anciano, más o menos como Pedro.

Su rostro muestra el cansancio propio de quien se goza la vida.

Muestra también Mateo un claro estado de turbación. Primero tiene la cabeza agachada, luego la levanta y mira a Jesús.

Y Jesús lo mira fijo, serio, dominándolo con toda su imponente estatura.

Ante el silencio expectante…

Jesús repite:

–     ¿Cuánto?

Mateo responde:

–     No hay tasa para el discípulo del Maestro – y añade en voz más baja: – Ruega por mi alma.

–     La llevo en mí, porque recojo a los pecadores. Pero tú… ¿Por qué no la cuidas?

Dicho esto, Jesús le vuelve la espalda y torna adonde Pedro, que se ha quedado de piedra, como también los demás.

Bisbiseos, gestos…

Jesús se pone junto a un árbol, a unos diez metros de Mateo.

Y empieza a hablar.

–     El mundo es comparable a una gran familia, cuyos componentes tienen distintos oficios, todos necesarios.

En él hay agricultores, pastores, viñadores, carpinteros, pescadores, albañiles; quién trabaja la madera o el hierro, quién escribe; hay soldados, oficiales destinados a misiones especiales, médicos, sacerdotes…, de todo hay.

El mundo no podría estar compuesto de una sola categoría; son todas necesarias, todas santas, si hacen todas lo que deben con honestidad y justicia.

Pero, ¿Cómo se puede alcanzar esto, si Satanás tienta por tantas partes? Pues pensando en Dios, que ve todas las cosas, incluso las obras más escondidas,

Y pensando en su ley, que dice: “Ama a tu prójimo como te amas a ti mismo, no le hagas lo que no querrías que te hicieran a ti, no robes en ningún modo“.

Decid, vosotros que me escucháis: Cuando uno muere, ¿Acaso se lleva consigo las bolsas de sus dineros? Y aunque fuera tan necio como para querer tenerlas consigo en el sepulcro,

¿Puede, acaso, usarlas en la otra vida? No. Sobre la podredumbre de un cuerpo corrompido las monedas se transforman en pedazos de metal corroídos.

En cambio, en otro lugar, su alma estaría desnuda, más pobre que el bendito Job, privada de la más insignificante moneda, aunque aquí y en la tumba hubiera dejado muchísimos talentos.

Os digo más, ¡escuchad, escuchad! En verdad os digo que teniendo riquezas difícilmente se gana el Cielo.

Antes al contrario, generalmente con ellas se pierde, aunque sean riquezas adquiridas honestamente por herencia o ganadas, porque pocos son los ricos que las saben usar con justicia.

¿Qué hace falta, entonces, para conseguir este Cielo bendito, este reposo en el seno del Padre? Hace falta no tener avidez de riquezas.

No tener avidez en el sentido de desearlas a toda costa, incluso faltando a la honestidad y al amor; no tener avidez en el sentido de que, teniendo esas riquezas, se amen más que al Cielo y al prójimo,

negándole caridad al prójimo necesitado; no tener avidez por cuanto las riquezas pueden dar, o sea, mujeres, placeres, rica mesa, vestiduras pomposas, lo cual ofende a quien pasa frío y hambre.

Hay, sí, hay una moneda para cambiar las monedas injustas del mundo por divisa que vale en el Reino de los Cielos, y es la santa astucia de hacer riquezas eternas de las riquezas humanas, a menudo injustas o causa de injusticia;

se trata de ganar con honestidad, devolver lo que se obtuvo injustamente, usar de los bienes con moderación y desapego,

sabiéndose separar de ellos, porque antes o después nos dejan… ¡Ah, pensad esto! mientras que el bien realizado no nos abandona jamás.

Todos querríamos ser llamados “justos” y que nos creyeran tales, ser premiados como tales por Dios.

Pero, ¿Cómo puede Dios premiar a quien sólo tiene nombre de justo, no teniendo las obras?

¿Cómo puede decir “te perdono”, si ve que el arrepentimiento es sólo verbal y que no va acompañado de una verdadera mutación de espíritu?

No existe arrepentimiento mientras dura el apetito hacia el objeto por el que se produjo nuestro pecado.

Cuando uno, en cambio, se humilla, -se mutila del miembro moral de una mala pasión, que puede llamarse mujer u oro, diciendo: “Por ti, Señor, no más de esto”,

entonces es cuando verdaderamente está arrepentido, y Dios lo acoge diciendo: “Ven; te quiero como a un inocente, como a un héroe”.

Jesús ha acabado.

Se marcha sin ni siquiera volverse hacia Mateo, que se había acercado al círculo de quienes escuchaban, desde las primeras palabras.

Llegados cerca de la casa de Pedro, su mujer acude a su encuentro para decirle algo.

Pedro hace señas a Jesús para que se acerque.

Y dice:

–     Está la madre de Judas y Santiago. Quiere hablar contigo, pero no desea ser vista. ¿Cómo lo hacemos?

Jesús responde:

–     Hacemos esto: Yo entro en casa como para descansar y todos vosotros vais a distribuir el óbolo a los pobres. Ten también las monedas de la tasa condonada. Ve.

Jesús dirige a todos un gesto de despedida, mientras Pedro les habla para persuadirlos de que vayan con él.

Jesús pregunta a la mujer de Pedro:

–    ¿Dónde está la madre, mujer?

Ella contesta:

–     En la terraza, Maestro, donde aún hay sombra y frescor. Sube… Hay además más libertad que en casa.

Jesús sube por la pequeña escalera.

En un ángulo, bajo la tupida pérgola de vid, sentada en un pequeño banco colocado junto al pretil, toda vestida de oscuro, muy cubierto el rostro por el velo, está María de Alfeo. Llora bajo, calladamente.

Jesús la llama:

–     ¡María!, ¡Mi querida tía!

Ella levanta un pobre rostro angustiado y tiende las manos:

–     ¡Jesús! ¡Cuánto dolor hay en mi corazón!

Jesús está a su lado. La fuerza a permanecer sentada, pero Él se queda de pie.

No se ha quitado todavía el manto, elegantemente dispuesto en pliegues; tiene una mano sobre el hombro de su tía, la otra entre las manos de ella.

–    ¿Qué te pasa? ¿Por qué tanto llanto?

–     Jesús, me apresuré a salir de casa diciendo: “Voy a Caná a buscar huevos y vino para el enfermo”.

Con Alfeo está tu Madre, que lo atiende como Ella sabe hacer, y estoy tranquila. Pero en realidad, he venido aquí. He caminado presurosa todas las noches para llegar antes. No puedo más…

De todas formas el cansancio no es importante. ¡Lo que verdaderamente me duele es el pesar que tengo en el corazón!… Mi Alfeo… mi Alfeo… mis hijos… Pero ¿Por qué entre quienes son de la misma sangre hay tanta diferencia?

¿Por qué esta diferencia es como las dos piedras de un molino para triturar el corazón de una madre? ¿Están contigo Judas y Santiago? ¿Sí? Entonces ya lo sabías…

¡Jesús! ¿Por qué mi Alfeo no comprende? ¿Por qué muere, por qué quiere morir así? ¿Y Simón y José? ¿Por qué, por qué no están contigo, sino contra ti?

–    No llores, María. Yo no les guardo rencor. Esto se lo he dicho también a Judas. Comprendo y siento compasión. Si es por esto por lo que lloras, no llores más.

–    Por esto, sí, porque te ofenden. Por esto y, además… además, y además… porque no quiero que mi esposo muera como enemigo tuyo. Dios no lo perdonará… y yo… no lo tendré ya ni siquiera en la otra vida…

María está verdaderamente angustiada. Llora con grandes lagrimones sobre la mano izquierda que Jesús le deja sin oponer resistencia.

Y María se la besa de vez en cuando, y de vez en cuando alza su pobre rostro lleno de dolor.

Jesús dice:

–    No, No. No hables así. Yo perdono. Y si perdono Yo…

–   ¡Ven, Jesús! Ven a salvarle el alma y el cuerpo, ven. Dicen también, para acusarte, que has arrebatado dos hijos a un padre que está muriendo, y lo van diciendo por Nazaret, ¿Comprendes?

Y dicen también: “Por todas partes hace milagros y en su casa no sabe hacerlos”

Y se ponen en contra de mí porque te defiendo diciendo: “¿Qué puede hacer, si prácticamente lo habéis echado con vuestros reproches; qué puede hacer si no creéis?”

–    Es así, es como has dicho: “si no creéis”. ¿Cómo puedo actuar donde no se cree?

–    ¡Tú puedes todo! ¡Yo creo por todos! Ven. Haz un milagro… por tu pobre tía…

Jesús está apenadísimo y lo manifiesta en su Voz.

Al decir:

–    No puedo.

En pie, erguido, apretando contra su pecho la cabeza de María, que sigue llorando, parece como si confesara a la naturaleza serena su impotencia, como si la tomara por testigo de su pena de no poder por decreto eterno.

La mujer llora más vehementemente.

 

–    Escucha, María. Sé buena. Te juro que si pudiera, si hacerlo estuviera bien, lo haría; arrancaría esta gracia al Padre, por ti, mi Madre, Judas y Santiago e incluso, sí, también por Alfeo, por José y Simón.

Pero no puedo. Tu corazón está ahora muy afligido y no puedes comprender la justicia de este no poder mío. Te la expreso, pero de todas formas no la entenderás.

Cuando llegó la hora del tránsito de mi padre – y tú sabes en qué medida era justo y mi Madre lo quería – Yo no lo devolví a la vida.

No es justo que la familia en que un santo vive esté exenta de las inevitables desventuras de la vida. Si así fuera, Yo debería ser eterno sobre la Tierra.

Y en cambio moriré pronto y María, mi santa Madre, no podrá arrebatarme a la muerte. No puedo. Lo que puedo hacer, y lo haré, es esto…

Jesús se ha sentado y ha puesto la cabeza de su pariente sobre el hombro.

Y trata de consolarla:

 –     Esto: prometerte, por este dolor, la paz a tu Alfeo, asegurarte que no serás separada de él, darte mi palabra de que nuestra familia será reunida en el Cielo, compuesta de nuevo para toda la eternidad.

Y que, mientras Yo viva, e incluso después, infundiré mucha paz a mi querida tía, mucha fuerza, hasta hacer de ella una apóstol ante tantas pobres mujeres más fácilmente accesibles a ti, mujer.

Serás mi dilecta amiga en este tiempo de evangelización. La muerte – no llores – la muerte de Alfeo te libera de los deberes conyugales y te eleva a los más sublimes de un místico sacerdocio femenino,

muy necesario ante el altar de la gran Víctima y entre muchos paganos que doblegarán más su ánimo ante el heroísmo santo de las mujeres discípulas que ante el de los discípulos.

¡Oh, tu nombre, querida tía, será como una llama en el cielo cristiano!… No llores más. Ve en paz, fuerte, resignada, santa. Mi Madre… ha sido viuda antes que tú… y te consolará como Ella sabe hacer.

Ven. No quiero que partas sola bajo este sol. Pedro te acompañará con la barca hasta el Jordán y de allí a Nazaret con un asno. Sé buena.

–    Bendíceme, Jesús. Dame fuerza.

–    Sí, te bendigo y te beso, tía bondadosa.

Y la besa tiernamente, teniéndola aún durante largo tiempo contra su corazón, hasta que la ve calmada.

49 LA BELDAD DE COROZAÍN


49 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús sale de la casa de la suegra de Pedro junto con sus discípulos a excepción de Judas Tadeo.

El primero que lo ve es un muchacho, el cual lo dice incluso a quien no desea saberlo.

Jesús va a la orilla del lago y se sienta en el borde de la barca de Pedro.

Se ve inmediatamente rodeado de gente de la ciudad que lo acoge en modo festivo, por haber vuelto.

Y le hace mil preguntas, a las que Jesús responde con su insuperable paciencia, sonriente y tranquilo, como si todo ese vocerío fuera una armonía celeste.

Viene también el arquisinagogo.

Jesús se levanta para saludarlo.

Es un recíproco saludo lleno de respeto oriental.

El hombre dice:

–      Maestro, ¿Puedo esperar que vengas para la instrucción al pueblo?

Jesús responde:

–      Sin duda, si tú y el pueblo lo deseáis.

–      Lo hemos deseado durante todo este tiempo. Ellos te lo pueden decir.

El pueblo, efectivamente, asiente con nuevos gritos.

–      Si es así, iré durante el crepúsculo. Ahora marchaos todos. Tengo que ir a ver a una persona que está deseosa de Mí.

La gente se aleja a regañadientes, mientras Jesús, Pedro y Andrés emprenden la travesía por el lago.

Los otros discípulos se quedan en la orilla.

La barca navega a vela por un breve espacio. Luego los dos pescadores la dirigen hacia una pequeña ensenada, entre dos bajas colinas que originalmente parecen haber sido una sola.

La ensenada está hundida en el centro por erosión de aguas o por movimiento telúrico y forma un minúsculo fiordo que no es noruego y no tiene abetos;

sino sólo despeinados olivos, nacidos quién sabe cómo en esas paredes escarpadas, entre peñas desmoronadas y cortantes rocas salientes.

Olivos que entrelazan sus frondas, retorcidas por los vientos del lago, que aquí parecieran muy activos, hasta formar una especie de techo, bajo el cual espumea un pequeño torrente caprichoso.

Todo rumor porque es todo cascadas, todo espuma porque cae de metro en metro; formando un encantador curso de agua.

Andrés salta al agua para arrastrar la barca lo más posible contra la orilla y atarla a un tronco.

Mientras Pedro ata la vela y asegura una tabla como puente para Jesús.

Pedro dice:

–     No obstante, te aconsejo descalzarte, quitarte la túnica y hacer como nosotros. Ese loco (y señala al riachuelo) agita enormemente el agua del lago y con ese balanceo el puente no está seguro.

Jesús obedece sin discutir.

En tierra calzan de nuevo las sandalias.

Jesús se pone también la túnica.

Los otros dos permanecen con las prendas cortas de debajo, que son oscuras.

Jesús pregunta:

–      ¿Dónde está?

–      Se habrá adentrado en la espesura al oír voces. Ya sabes… con lo que tiene encima y con su pasado…

–     Llámala.

Pedro grita fuerte:

–     ¡Soy el discípulo del Rabí de Cafarnaúm! ¡Está aquí el Rabí! ¡Ven fuera!

Nadie da señales de vida.

Andrés explica:

–     No se fía. Un día hubo quien la llamó diciendo: “Ven, que hay comida“, y luego le tiró piedras.

Nosotros la vimos entonces por primera vez, porque yo al menos, no la recordaba cuando era la Beldad de Corazín.

–     ¿Y qué hicisteis entonces?

–      Le arrojamos un pan y algo de pescado.

Y un trapo hecho un pedazo de vela rota que teníamos para secarnos, porque estaba desnuda. Luego huimos para no contaminarnos.

–     ¿Cómo es que volvisteis entonces?

–      Maestro… Tú estabas fuera y nosotros pensábamos en qué podíamos hacer, para darte a conocer cada vez más. Pensamos en todos los enfermos, en todos los ciegos, lisiados, mudos… y también en ella.

Dijimos: “Probemos”. Ya sabes… muchos… por culpa nuestra claro, nos han considerado locos y no nos han querido escuchar. Otros, por el contrario, nos han creído.

A ella le he hablado yo en persona. He venido solo con la barca durante varias noches de luna. La llamaba, le decía: “Encima de la piedra, al pie del olivo, hay pan y pescado. Ven sin miedo”, y me marchaba.

Ella yo creo que debía esperar a verme desaparecer para venir, porque nunca la veía.

La sexta vez la vi en pie sobre la orilla, exactamente ahí donde estás Tú. Me estaba esperando…

¡Qué horror! No me eché a correr porque pensé en TÍ… dijo: “¿Quién eres? ¿Por qué esta piedad?”.

Dije: “Porque soy discípulo de la Piedad”.

“¿Quién es?”

“Es Jesús de Galilea.”

“¿Y os enseña a tener piedad de nosotros?”

“De todos”.

“¿Sabes quién soy?”

Eres la Beldad de Corazín; ahora, la leprosa”.

“¿Y para mí también hay piedad?”.

“Él dice que su piedad llega a todos y nosotros, para ser como Él, la debemos tener con todos.”

A1 llegar a este punto Maestro, la leprosa blasfemó sin querer. Dijo: “Entonces también Él debe haber sido un gran pecador”.

Le dije: “No. Es el Mesías, el Santo de Dios”. Habría querido decirle: “Maldita seas por tu lengua”, pero no dije sino eso porque me hice este razonamiento: “Destruida como está, no puede pensar en la misericordia divina”.

Entonces se echó a llorar y dijo: “Si es el Santo, no puede, no puede tener piedad de la Beldad. De la leprosa podría… pero de la Beldad no. Y yo que esperaba…”.

Le pregunté: “¿Qué esperabas, mujer?”.

“La curación… volver al mundo… entre los hombres… morir como una mendiga, pero entre los hombres…, no como un animal salvaje en una guarida de fieras a las que incluso causo horror”.

Le dije: “¿Me juras que, si vuelves al mundo, serás honesta?”.

Y ella: “Sí. Dios me ha herido justamente, por haber pecado. Estoy arrepentida. Mi alma lleva consigo su expiación, pero aborrece el pecado para siempre”.

Me pareció entonces que podía prometerle salvación en tu nombre.

Me dijo: “Vuelve, vuelve… Háblame de Él. Que mi alma lo conozca antes que mi ojo…”.

Y venía a hablarle de ti… como sé hacerlo. 

–      Y Yo vengo a dar la salvación a la primera convertida de mi Andrés»

Porque es Andrés quien ha estado hablando, mientras Pedro ha remontado el torrente, saltando de piedra en piedra y llamando a la leprosa.

Al fin ella muestra su horrendo rostro entre las ramas de un olivo. Ve. Se le escapa un grito. 

Pedro exclama:

–      ¡Venga, baja! ¡No quiero lapidarte! Allí está el Rabí Jesús. ¿Lo ves?

La mujer se deja caer, casi rodando por la pendiente y llega a los pies de Jesús, antes de que Pedro regrese junto al Maestro.

Y con voz gutural implora:

–       Piedad, Señor!

Jesús dice misericordioso:

–      ¿Puedes creer que Yo te la puedo dar?

–       Sí, porque eres santo y yo estoy arrepentida.

Yo soy el Pecado, pero Tú eres la Misericordia. Tu discípulo ha sido el primero que ha tenido misericordia de mí y ha venido a darme pan y Fe.

Límpiame, Señor; antes el alma que la carne. Porque soy tres veces impura y si me concedieras una limpieza, una sola, te pido la de mi alma pecadora.

Antes de oír tus palabras repetidas por él, yo decía: “Curarme para volver entre los hombres”. Ahora que sé y digo: “Ser perdonada para tener vida  eterna”.

–      Te concedo perdón. Pero nada más aparte de esto…

–      ¡Bendito seas! Viviré en la paz de Dios en mi escondrijo… libre…

Libre de remordimientos y de temores. ¡No más temor a la muerte, ahora que he sido perdonada;! ¡No más miedo a Dios, ahora que Tú me has absuelto!

–     Ve al lago y lávate. Estate dentro hasta que te llame.

Ella, misérrimo espectro de mujer esquelética, corroída, de cabellera despeinada, dura, canosa; se levanta del suelo y baja.

Y se mete en el agua del lago, con su harapo de vestido que bien poco cubre.

Pedro dice:

–     ¿Por qué le has dicho que se lave? Es cierto que su hedor apesta; pero… no comprendo.

–     Mujer, sal y ven aquí. Coge ese pedazo de tela que está en esa rama.

Es el trozo de tela usado por Jesús para secarse, después del breve paso de la barca a tierra.

La mujer obedece y emerge, completamente desnuda, habiendo quedado despojada de su andrajo dentro del agua,  para tomar el pedazo de tela seco.

Pedro, que la estaba mirando, es el primero que grita.

Andrés, más tímido, le había dado la espalda, pero ante el grito de su hermano se vuelve y grita a su vez.

La mujer, que tenía los ojos tan fijos en Jesús, que no se ocupaba de nada más; ante esos gritos, ante esas manos que la señalan, se mira…

Y ve que con su vestido hecho jirones se ha quedado en el lago también su lepra.

Y en lugar de correr se agacha, acurrucándose en la orilla, llena de vergüenza por su desnudez.

Emocionada hasta tal punto, que sólo se siente capaz de llorar con un lamento largo y extenuado, que es más desgarrador que cualquier grito.

Jesús se dirige hacia ella…

Llega y la cubre con el pedazo de tela.

Le acaricia ligeramente la cabeza y…

Le dice:

–     Adiós. Sé buena. Has merecido la gracia por la sinceridad de tu arrepentimiento. Crece en la Fe del Cristo y obedece a la ley de la purificación.

La mujer sigue llorando, llorando, llorando sin parar.

Sólo al oír el roce que hace la tabla al meterla Pedro de nuevo en la barca, levanta la cabeza, tiende los brazos y grita:

–      ¡Gracias, Señor. Gracias, bendito! ¡Oh, bendito, bendito!…

Jesús le hace un gesto de adiós, antes de que la barca vuelva el espolón del pequeño fiordo y desaparezca…

Hacia el atardecer Jesús, ahora con todos los discípulos, entra en la sinagoga de Cafarnaúm después de recorrer la plaza y la calle que a ella conducen.

La noticia del nuevo milagro debe haber corrido ya, porque se oye mucho murmullo y muchos comentarios.

Justo en el umbral de la puerta de la sinagoga está el futuro apóstol Mateo.

Está ahí quieto, medio dentro y medio fuera, como si estuviese turbado por todas las miradas que le lanzan.

O incluso con disgusto por algún epíteto poco agradable que le dirigen.

Dos fariseos togados recogen premeditadamente sus amplios mantos, como si temieran pescarse la peste con sólo rozarlos con el vestido de Mateo.

Jesús al entrar, lo mira fijamente durante un instante y durante un instante se detiene.

Mateo se limita a bajar la cabeza.

Pedro, apenas traspasada la puerta, le dice en voz baja a Jesús:

–    ¿Sabes quién es ese hombre más acicalado y perfumado que una mujer?

Es Mateo, nuestro recaudador… ¿A qué viene aquí? Es la primera vez. Quizás no ha encontrado a los compañeros y sobre todo a las compañeras, con los que pasa el sábado,

gastándose en orgías lo que nos chupa en tasas duplicadas y triplicadas… para el fisco y para el vicio.

Jesús mira a Pedro tan severamente, que Pedro se pone más colorado que una amapola y baja la cabeza, deteniéndose de modo que de ser el primero, pasa a ser último en el grupo apostólico.

Cuando Jesús está ya en su puesto, después de los cantos y las oraciones con el pueblo, se vuelve para hablar.

El arquisinagogo le pregunta si quiere algún rollo,

Pero Jesús responde:

–     No hace falta. Ya tengo el tema.

Y comienza:

–      El gran rey de Israel, David de Belén, después de haber pecado lloró, contrito su corazón, gritando a Dios su arrepentimiento y solicitando de Dios perdón.

David había tenido el espíritu oscurecido por la niebla de la lujuria y esto le había impedido continuar viendo el Rostro de Dios y comprender su Palabra. “El Rostro” he dicho.

En el corazón del hombre hay un punto que se acuerda del Rostro de Dios, es el punto más preciado, nuestro Sancta Sanctorum,

aquel del cual vienen las santas inspiraciones y las santas decisiones; el que perfuma como un altar, resplandece como una hoguera, canta como sede de serafines.

Pero, cuando el pecado produce humo en nosotros, entonces ese punto se entenebrece tanto, que cesa la luz, el perfume, el canto,

quedando sólo un mal olor de denso humo, sabor amargo de sensualidad satisfecha y un sabor acre de ceniza.

Mas cuando vuelve la luz, porque un siervo de Dios la lleva consigo a quien ha quedado en la oscuridad, he aquí que entonces éste ve su fealdad, su condición inferior y horrorizado de sí, exclama como el rey David:

“Ten piedad de mí, Señor, según tu gran misericordia; por tu infinita bondad, lávame de mi pecado” y no dice: “No puedo ser perdonado; por tanto, insisto en pecar”

Sino que dice: “Me siento humillado, contrito sí, pero te lo suplico: Tú que sabes cómo he nacido en la culpa, aspérjame y límpiame, para que vuelva a ser como nieve de las cimas”.

Y dice: “Mi holocausto no consistirá en carneros y bueyes, sino en la verdadera contrición del corazón, porque sé que es esto lo que quieres de nosotros y no lo desprecias.

Esto decía David después del pecado. Y después de que el siervo del Señor, Natán, le hubiera llamado al arrepentimiento.

Con mayor razón los pecadores deben decir esto ahora que el Señor no les manda un siervo suyo, sino al Redentor Mismo, su Verbo, el Cuál justo y dominador no sólo de los hombres sino también del Cielo y del Abismo,

ha emergido en medio de su pueblo como la luz de la aurora que brilla sin nubes cuando el sol sale por la mañana.

Ya habéis leído cómo el hombre, en manos de Satanás, es más débil que un tísico moribundo, aunque primero fuera el “fuerte”.

Sabéis cómo Sansón quedó reducido a nada tras haber cedido a la lujuria. Quiero que conozcáis la lección de Sansón, hijo de Manué, destinado a vencer a los filisteos opresores de Israel.

Condición primera para ser tal, era que desde su concepción fuera mantenido virgen de lo que estimula la sensualidad sin freno y une en connubio las entrañas del hombre con carnes impuras.

O sea, vino, licores y carnes grasas, que encienden en los costados un fuego impuro.

Condición segunda: que para ser el libertador fuera consagrado al Señor desde su infancia y permaneciese tal con continua castidad y celibato.

Consagrado es aquel que no sólo externamente, sino también internamente se conserva santo. Entonces Dios está con él.

Pero la carne es carne y Satanás es Tentación.

Y la Tentación toma como instrumento, para combatir a Dios en un corazón y en sus santos decretos, la carne que excita al hombre: la mujer.

He aquí que entonces tiembla la fuerza del “fuerte” y viene a ser un ser débil que despilfarra el don que Dios le ha dado.

Escuchad: Sansón fue atado con siete cuerdas de nervios frescos, con siete cuerdas nuevas, fue fijado al suelo con siete trenzas de sus cabellos. Y él siempre había vencido.

Pero no se tienta en vano al Señor, ni siquiera en su bondad. No es lícito. Él perdona una y otra vez; pero para continuar perdonando, exige la voluntad de abandonar el pecado.

Necio quien dice: “¡Señor, perdón!” y luego no evita lo que le induce a un continuo pecado.

Sansón, tres veces victorioso, no evita a Dalila, la lujuria, el pecado. Y completamente harto – dice el Libro – y habiendo decaído de ánimo – dice el Libro – develó el secreto: “Mi fuerza está en mis siete trenzas”

¿No hay ninguno entre vosotros que, cansado, con el gran cansancio del pecado, sienta que pierde el ánimo – porque nada abate como la mala conciencia y esté para entregarse vencido al Enemigo?

No, quienquiera que seas, no, no lo hagas.

Sansón dio a la Tentación el secreto de someter sus siete virtudes: las siete simbólicas trenzas, sus virtudes, o sea, su fidelidad de nazareo. Se durmió cansado, sobre el seno de la mujer y fue vencido:

Ciego, esclavo, incapaz, por haber negado la fidelidad a su voto. Y no volvió a ser el “fuerte”, el “libertador”, sino cuando en el dolor de un arrepentimiento verdadero, encontró de nuevo su fuerza…

Arrepentimiento, paciencia, constancia, heroísmo… y Yo os prometo, ¡Oh pecadores!, que seréis los libertadores de vosotros mismos.

En verdad os digo que ningún bautismo vale, ni ningún rito sirve, si no hay arrepentimiento y voluntad de renunciar al pecado.

En verdad os digo que no hay pecador tan pecador que no pueda hacer renacer con su llanto las virtudes que el pecado le ha arrancado de su corazón.

Hoy una mujer, una culpable de Israel, castigada por Dios por su pecado, ha obtenido misericordia por su arrepentimiento.

He dicho misericordia. Menos misericordia obtendrán aquellos que hacia ella no la tuvieron y se ensañaron sin piedad con esta mujer que ya había sido castigada.

¿Éstos no tenían lepra de culpa en sí mismos? Que cada cual se examine… y tenga piedad para obtener piedad.

Yo os tiendo la mano por esta arrepentida que vuelve con los vivos después de una segregación de muerte.

Simón de Jonás no Yo, retirará el óbolo por la arrepentida que en el umbral de la muerte, vuelve a la Vida verdadera.

Y no murmuréis, vosotros, los grandes. No murmuréis.

Yo no estaba cuando ella era “la Beldad”, pero vosotros sí estabais. Y no quiero decir más.  

Uno de los dos viejos, reclama:

–     ¿Nos acusas de haber sido sus amantes? 

–     Que cada cual se ponga frente a su corazón y a sus acciones. Yo no acuso, hablo en nombre de la Justicia.

Vámonos…

Jesús sale con los suyos.

Pero a Judas lo paran los dos que parecen conocerlo bastante.

Y le dicen:

–     ¿Tú también estás con Él? 

–     ¿Es santo realmente?

Judas Iscariote respinga, con una de esas reacciones suyas que desorientan:

–      Os deseo que lleguéis al menos a entender su santidad.

–      Sí, pero ha curado en sábado.

–      No. Ha perdonado en sábado.

Y ¿Qué día más apto para el perdón que el sábado? ¿No me dais nada para la redimida?

–     No damos nuestro dinero a las meretrices. 

–    Porque es dinero ofrecido al Templo santo.

Judas se ríe irreverentemente y los deja plantados.

Llega hasta donde el Maestro cuando está entrando de nuevo en la casa de Pedro.

El cual le está diciendo:

–      Mira: el pequeño Santiago, nada más salir de la sinagoga; me ha dado hoy dos bolsas en vez de una.

Como siempre por encargo de ese desconocido. ¿Quién es, Maestro? Tú lo sabes… Dímelo.

Jesús sonríe:

–      Te lo diré cuando hayas aprendido a no murmurar de nadie.

Y todo termina.

P ¡VIDA O MUERTE ETERNA!


7. Entonces se entabló una batalla en el cielo: = Miguel = y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron,
8. pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos.
9. Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él. Apoc. 12

MENSAJE DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL

19 DE AGOSTO DEL 2020

Pueblo de Dios:

RECIBAN LA PAZ DIVINA NECESARIA EN CADA CRIATURA HUMANA.

En el momento en que en el mundo el furor de la humanidad se levante en la mayoría de los países y los hombres se abalancen contra sus hermanos.

Y la paz sea anhelada y deseada porque la discordia se haya plantado en la Tierra, pregúntense:

¿EN QUÉ MOMENTO DEL APOCALIPSIS SE ENCUENTRAN?

 Cuando miren a los que acudían a la Misa diaria y recibían la Eucaristía…

Cuando miren a los que rezaban en todo momento y lugar, a los que no dejaban lugar a dudas de su religiosidad…

Cuando miren a los que vestían en forma exageradamente pudorosa ir a las madrigueras por temor a la persecución y nieguen a Nuestro Rey y Señor Jesucristo como “Su Señor y Su Dios” para salvar la vida…

17. Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.

TENGAN LA SEGURIDAD DE QUE LA PERSECUCIÓN NO DECLINARÁ… 

Sino en su lugar se estará fortaleciendo contra el verdadero Pueblo de Nuestro Señor y Rey Jesucristo.

En los sitios alejados, en los sótanos de antiguos templos, en improvisados lugares, quizá en los menos pensados, acudirán para escuchar la Santa Misa y recibir a Cristo presente en la Sagrada Eucaristía,  

de manos de Sacerdotes fieles, adoradores de Cristo Eucaristía, amadores de Nuestra Reina y Madre de Cielos y Tierra,

ante la clara y definitiva división de quienes se mantienen apegados al verdadero Magisterio de la Iglesia de Nuestro Señor y Rey Jesucristo

y los que han vivido siendo fariseos dentro de la Iglesia, siendo desde ya, perseguidores del Pueblo fiel.

Pueblo de Dios: No actúen como los fariseos  (mt. 23), actúen como hijos fieles a nuestro Rey y Señor Jesucristo,

CONVIRTIÉNDOSE ANTE LA INMINENTE PURIFICACIÓN

QUE LLEGA DEL CIELO HACIA LA TIERRA

Y LA INMINENTE SECUENCIA DE ACONTECIMIENTOS

YA ANUNCIADOS ANTERIORMENTE

a ustedes; para que oren, ofrezcan ayunos, privaciones, auxilien a los necesitados y a los desesperados, les ofrezcan el pan del testimonio del vivir en la Voluntad Divina.

El hombre posee libre albedrío, el que tiene que utilizar para adorar, para obrar y actuar, como verdadero hijo de Dios, para ser humilde y no soberbio y orgulloso. El altivo se llegará a estancar en el camino.

Oren a tiempo y destiempo, el Gran Estremecerse llega, el tiempo no es tiempo es el ¡YA! esperado y temido a la vez.

1 Pedro 5, 8

Sin detenerse con los que desean perderles, ustedes continúen en el camino señalado, sin alejarse; sin olvidar que el Demonio anda como león rugiente en busca de quienes devorar.

Sean cautos en el obrar y actuar, no se confundan con los confundidos; sean cautos, son el Pueblo de Dios y no hijos del Mal. 

LA IGLESIA DE NUESTRO REY Y SEÑOR JESUCRISTO PADECE EN DEMASÍA,

LOS ERRORES LLEVARÁN A LA PÉRDIDA DE LA FE,

DE AHÍ QUE SEA TAN NECESARIA LA FE INAMOVIBLE,

LA FE EN LA PRESENCIA DE NUESTRO REY Y SEÑOR JESUCRSTO

EN CADA UNO DE SUS HIJOS. 

Oren hijos de Dios, OREN POR LA CONVERSIÓN DE TODOS. 

Oren hijos de Dios, oren para que continúen fieles.

Oren, oren por los países que padecen en el estremecerse esperado y no deseado.

Oren, oren por aquellos que dominados por la soberbia serán causantes del extravío de sus hermanos.

Oren, por los que padecen hambre, los atribulados, por la verdad en los gobernantes en la Tierra.

Amado Pueblo de Dios, el momento venidero es de engaño, no se extravíen, por ello es importantísima la oración con el corazón, el que se preparen para el GRAN AVISO (*) y se encuentren en paz. 

Oren por Chile y por Colombia. Los proyectos del Mal no se detienen.

Al final el Inmaculado Corazón de Nuestra Reina y Madre de Cielos y Tierra triunfará y el Mal no tocará al hombre. 

Pueblo de Dios: ¡NO SE DETENGAN!

SON MOMENTOS PARA QUE SE MANTENGAN EN GUARDIA.

NO OLVIDEN QUE EL AVISO LLEGA,

Y COMO RELÁMPAGO, TOCA AL HOMBRE 

¿QUIÉN ES COMO DIOS?

¡NADIE COMO DIOS!

San Miguel Arcángel

(*) Revelaciones sobre el Gran Aviso de Dios a la humanidad …

https://www.revelacionesmarianas.com/

AGOSTO 19 DE 2020 – 1: 15 P.M.

LLAMADO DE DIOS PADRE A LA HUMANIDAD

Pueblo mío, mi Paz esté con vosotros.

Hijos míos, la Humanidad está por entrar en el tiempo de las grandes purificaciones que la acrisolarán, sólo los que perseveren en la Fe y confíen en Dios, podrán superar estas pruebas que se avecinan.

Días de Purificación como nunca antes se habían visto en la Tierra están llegando.  Os digo:

TODOS LOS ELEMENTOS DE LA CREACIÓN están ya en total transformación y estos cambios que renovarán la faz de la Tierra traerán desastres, hambruna, dolor y muerte a la Humanidad.

El Reloj del Tiempo está en cuenta regresiva y ya falta muy poco para que todo se consuma en su totalidad.

¡Corred, corred, insensatos a poner vuestras cuentas en orden, porque el Jinete de mi Justicia ya está cabalgando por la Tierra!

El día de mi Aviso ya fue fijado y millones de almas por no estar preparadas se van a perder en su Paso por la Eternidad.

Preparaos espiritualmente para que no os coja el Aviso, sin el Perdón y la Gracia de Dios;

ESTE TRANSCENDENTAL DÍA ESTÁ TOCANDO A LA PUERTA DE VUESTRA ALMA

que os coja con las cuentas ajustadas y el aval de las buenas obras para que sea vuestro mayor gozo y NO, vuestra peor pesadilla

¡Oh, almas que vagáis errantes por este mundo sin Dios y sin Ley! ¡Oh, tibios de corazón que continuáis en tibieza sin definiros!

¿Qué estáis esperando pecadores y tibios para volver a Mí de corazón?

Acordaos que llegaré como Ladrón en la noche a ajustar cuentas y si os encuentro dormidos por el pecado o sin definiros, y con las lámparas apagadas, os aseguro que os apartaré de Mí.

Y OS CERRARÉ LA PUERTA PARA QUE NO PODÁIS CENAR CONMIGO.

¡ENTONCES, SERÁ EL LLANTO Y EL CRUJIR DE DIENTES!

¡CUANDO DESPERTÉIS EN LA ETERNIDAD, EN LAS PROFUNDIDADES DEL ABISMO!

¡Humanidad pecadora y tibia, el tiempo se os está agotando, el Aviso está llegando; DESPERTAD, ¡DESPERTAD!

 ¡DESPERTAD de vuestro letargo espiritual, porque de seguir en PECADO Y EN TIBIEZA, lo que os espera en la Eternidad, será el Fuego abrasador del Infierno, de donde muchos no regresarán!

No ignoréis esto, para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. (2 Pedro 3. 8, 10)

Os pregunto entonces, tibios y pecadores: ¿Vuestras almas sí resistirán en el Infierno por el tiempo que dure el Aviso?

¡Oh, mortales insensatos, si no recapacitáis y volvéis a Dios lo antes posible, os aseguro que en vuestro Paso por la Eternidad, os vais a perder eternamente!.

Son mis últimos llamados Humanidad tibia y pecadora, respeto vuestro libre albedrío; de vosotros depende la Vida o la Muerte Eterna.

¿De qué le sirve al hombre ganar el Mundo entero, si está perdiendo su alma? (Mateo 16, 26)

¡Recapacitad hijos insensatos y no pequéis más, porque faltan ya milésimas de tiempo para la llegada del Aviso!

HACED UNA BUENA CONFESIÓN DE VIDA ANTE UNO DE MIS SACERDOTES

Y REPARAD POR VUESTROS PECADOS,

PARA QUE CUANDO LLEGUE EL DÍA DE VUESTRO PASO POR LA ETERNIDAD

PODÁIS SENTIR EL GOZO Y VER LA GLORIA DE DIOS.

Quedad en mi Paz, Pueblo Mío

Vuestro Padre, Yahve, Señor de las Naciones

Dad a conocer Hijos míos mis mensajes de salvación, en todos los confines de la Tierra.

http://www.mensajesdelbuenpastorenoc.org/mensajesrecientes.html

48 DEJARLO TODO…


48 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús sale al huerto, que aparece todo lavado por el temporal de la tarde anterior y ve a su Madre inclinada hacia unas plantitas.

Va donde Ella y la saluda. ¡Qué dulce es su beso!

Jesús la ciñe los hombros con el brazo izquierdo, la acerca hacia sí y la besa en la frente, en el límite del pelo; luego se inclina para que su Madre lo bese en la mejilla.

Pero lo que completa la delicadeza es la mirada que acompaña al beso:

La de Jesús, toda amor, dentro de lo que tiene de majestuosa y protectora; la de María, toda veneración, aun siendo toda amor.

Cuando se besan así, parece como si el mayor fuera Jesús y Ella fuera la hija jovencita que, de su padre o de su hermano mucho mayor que ella, recibe el beso de la mañana.

Jesús pregunta:

–      ¿Han dañado tus flores el granizo de ayer por la tarde y el viento de la noche?

La voz un poco ronca de Pedro, responde antes que María:

–       No, Maestro. Lo único que ha sucedido es que han quedado muy desordenadas sus ramas.

Jesús levanta la cabeza y ve a Simón Pedro, que lleva sólo la túnica corta, trabajando en enderezar algunas ramas curvadas en lo alto de la higuera.

Jesús inquiere:

–      ¿Ya trabajando?

Pedro contesta:

–       Los pescadores dormimos como los peces:

A todas horas, en cualquier sitio, pero sólo el tiempo que nos dejan descansar y uno se acostumbra.

Esta mañana he oído chirriar la puerta, al alba, y me he dicho: “Simón, Ella ya está levantada. ¡Venga!, ¡Rápido! Ve a ayudarle con tus rudas manos”.

Pensaba que Ella había estado preocupada por sus flores durante esta noche llena de viento. Y no me he equivocado. ¡Conozco a las mujeres!…

Mi mujer también, cuando hay tormenta, da vueltas en la cama como un pez en la red y piensa en sus plantas… ¡Pobrecilla!

Alguna vez le digo: “Estoy seguro de que das menos vueltas cuando tu Simón está en el lago a merced de las olas como una pequeña ramita”. Pero soy injusto, porque es una buena esposa.

No se diría que su madre… Bien: cállate, Pedro, esto no viene a cuento.

No es correcto murmurar y dar a conocer imprudentemente lo que es bueno callar. ¿Ves, Maestro, cómo también en mi cabeza de asno ha entrado tu palabra?

Jesús responde riendo:

–       Tú te lo dices todo. A mí no me queda más que aprobar y admirar tu sabiduría de arboricultor.

María observa:

–       Ya ha atado todos los sarmientos que se habían soltado, ha apuntalado ese peral que está sobrecargado, y ha pasado esas cuerdas bajo aquel granado que ha crecido sólo por una parte.  

–       Sí, parece un viejo fariseo; sólo pende hacia donde le interesa. Yo lo he trabajado como si de una vela se tratara y le he dicho: “¿No sabes que lo justo está en el medio? Ven aquí, cabezón; si no, te rompes por exceso de peso”.

Ahora me he metido con esta higuera, aunque es por egoísmo. Pienso en el hambre de todos: ¡Higos frescos y pan caliente! ¡Ni siquiera Antipas tiene una comida tan buena!

Pero hay que ir con cuidado, porque la higuera tiene ramas tan tiernas como el corazón de una jovencita cuando dice su primera palabra de amor y yo peso, y los higos mejores están arriba.

Con estos primeros rayos de sol se han secado ya. Deben ser una delicia.

Y volviéndose hacia Juan, que va saliendo del taller de carpintería,

Pedro le dice:   

–      ¡Tú, muchacho! No estés sólo mirándome. ¡Despierta! Dame ese cesto.

Juan obedece y trepa a la gruesa higuera.

Cuando los dos pescadores bajan, ya han salido también del taller Simón Zelote, José y Judas Iscariote. 

María trae pan fresco, pequeños panes oscuros y redondeados.

Y Pedro, con su navaja los abre y sobre ellos abre los higos.

Ofrece primero a Jesús, luego a María y a los demás.

Comen con gusto en el huerto refrescado, transido de hermosura bajo el sol de una mañana serena; serena incluso por la reciente lluvia que ha limpiado la atmósfera.

Pedro dice:

–     Es viernes… Maestro, mañana es sábado…

Judas Iscariote observa:

–     No has descubierto nada nuevo.

–     No, pero el Maestro sabe lo que quiero decir…

Jesús contesta:

–     Lo sé. Esta tarde iremos al lago, donde has dejado la barca. Y navegaremos hacia Cafarnaúm. Mañana hablaré allí.

Pedro está muy felíz.

Entran en grupo Tomás, Andrés, Santiago, Felipe, Bartolomé y Judas Tadeo, que pasaron la noche en casa de Alfeo, el tío de Jesús.

Se saludan.

Jesús dice:

–     Quedémonos aquí juntos; así habrá un nuevo discípulo. Mamá, ven.

Se sientan… en una piedra, en una banqueta… haciendo un círculo en torno a Jesús, quien a su vez se ha sentado en el banco de piedra que está contra la casa.

Y tiene a su lado a su Madre y a los pies a Juan, que ha elegido sentarse en el suelo con tal de estar cerca.

Jesús habla, despacio y con majestuosidad, como siempre:

–     ¿A qué compararé la formación apostólica?

A la naturaleza que nos circunda. Podéis ver cómo la tierra en invierno parece muerta, pero dentro de ella actúan las semillas y las linfas se nutren de humores, depositándolos en las frondas subterráneas, así podría llamar a las raíces;

Para luego disponer de ellos en gran abundancia, para las frondas superiores, cuando haya llegado el tiempo de florecer.

Vosotros también sois comparables a esta tierra invernal, árida, desnuda, fea. Pero sobre vosotros ha pasado el Sembrador y ha echado una semilla.

Por vosotros ha pasado el Cultivador y ha cavado alrededor de vuestro tronco, plantado en la tierra dura, duro y áspero como ella, para que a las raíces les llegase el sustento de humores de las nubes y del aire.

Y así se fortaleciera el tronco con este alimento para futuro fruto.

Y vosotros habéis acogido la semilla y aceptado la remoción de la tierra, porque tenéis la buena voluntad de fructificar en el trabajo de Dios.

Compararé también la formación apostólica a la tormenta de ayer, que azotó y plegó, aparentemente con inútil violencia. Mirad, sin embargo, el bien que ha producido.

Hoy la atmósfera está más pura, nueva, sin polvo, sin ese calor sofocante; el sol es el mismo de ayer, pero sin ese ardor que asemejaba a fiebre: hoy llega hasta nosotros a través de estratos purificados y frescos.

Las hierbas, las plantas, se sienten aliviadas como los hombres, porque la limpieza, la serenidad, son cosas que alegran.

También las discordias sirven para llegar a un más exacto conocimiento y a una clarificación; si no, serían sólo maldad. Y ¿Qué son las discordias sino las tormentas provocadas por nubes de distinta especie?

Y estas nubes ¿No se acumulan poco a poco en los corazones con los malhumores inútiles, con los pequeños celos, con las oscuras soberbias?

Luego viene el viento de la Gracia y las une para que descarguen todos sus malos humores y vuelva el tiempo sereno.

También es semejante la formación apostólica al trabajo que Pedro estaba haciendo esta mañana para alegrar a mi Madre:

Es enderezar, atar, sostener o soltar, según las tendencias y las necesidades, para hacer de vosotros “hombres fuertes” al servicio de Dios.

Enderezar las ideas equivocadas, atar los arranques carnales, sostener las debilidades, cortar si es necesario las tendencias, desligar las esclavitudes y las timideces.

Vosotros tenéis que ser libres y fuertes, como águilas que, dejado el pico nativo, son sólo del vuelo cada vez más alto: el servicio a Dios es el vuelo, las afecciones son el pico.

Uno de vosotros hoy está triste porque su padre declina hacia la muerte y declina hacia ella con el corazón cerrado a la Verdad y al hijo suyo que la sigue; no sólo cerrado, sino hostil.

Aún no le ha dicho e1 injusto “vete” de que ayer hablaba, autoproclamándose por encima de Dios, pero su corazón cerrado y sus labios sellados no son todavía capaces de decir tampoco: “Sigue la voz que te llama”.

No pretenderían, ni el hijo ni quien os habla, oír decir de esos labios: “Ven y contigo venga el Maestro. Bendito sea Dios por haber elegido en mi casa un siervo suyo, creando así un parentesco más excelso que la sangre con el Verbo del Señor”.

Pero al menos Yo, por su bien, y su hijo por un motivo aún más complejo, querríamos oírle palabras no enemigas.

No llore este hijo. Sepa que en Mí no hay ni rencor ni desdén hacia su padre, sino sólo piedad.

He venido, y me he detenido un tiempo, aun conociendo la inutilidad de mi permanencia, para que un día este hijo no me dijera: “¿Por qué no viniste?“.

He venido para persuadirle de que todo es inútil cuando el corazón se encierra en el rencor.

He venido también para confortar a una buena mujer que sufre por esta división de la familia, como incisión de cuchillo que le separase haces de fibras.

Pero, tanto este hijo como esta buena mujer, persuádanse de que en Mí no responde el rencor al rencor. Yo respeto la honestidad del creyente anciano fiel, aunque tenga una fe desviada,  a lo que ha sido su religión hasta esta hora.

En Israel hay muchos así… Por eso os digo: me aceptarán más los paganos que los hijos de Abraham.

La humanidad ha corrompido la imagen del Salvador, rebajando su realeza sobrenatural al nivel de una pobre idea de soberanía humana.

Yo tengo que cortar la dura corteza del hebraísmo; penetrar, herir para llegar al fondo y llevar al alma misma de tal hebraísmo la fecundación de la nueva Ley.

Sí, verdaderamente Israel, crecido en torno al núcleo vital de la Ley del Sinaí, se ha hecho símil a un monstruoso fruto, de pulpa en estratos cada vez más fibrosos y duros,

externamente protegidos por una cáscara que no sólo es impenetrable, sino que además impide, tenacísima, la expulsión del germen.

El Eterno juzga que ha llegado el momento de que Yo cree la nueva planta de la Fe en el Dios Uno y Trino.

Yo, para permitir que la Voluntad de Dios se cumpla y que el hebraísmo pase a ser cristianismo, debo mellar, perforar, penetrar, abrir camino hasta el núcleo.

Y darle calor con mi amor, para que resurja y se agrande, germine, CREZCA, crezca, crezca y venga a ser la vigorosa planta del cristianismo, religión perfecta, eterna, divina.

En verdad os digo que el hebraísmo sólo será perforable en la proporción de uno a cien.

Por tanto, no reputo réprobo a este israelita que no me acepta y que no quisiera darme a su hijo.

Por eso le digo al hijo: No llores por la carne y la sangre que sufren sintiéndose rechazados por la carne y la sangre que las engendraron. Por eso digo:

No llores tampoco por el espíritu. Tu sufrimiento actúa, más que cualquier otra cosa, en favor del espíritu tuyo y del suyo, de este padre tuyo que ni comprende ni ve.

Y digo también: No te crees remordimientos por ser más de Dios que de tu padre.

Os digo a todos vosotros: Dios es más que el padre, que la madre, que los hermanos.

Yo he venido a unir la carne y la sangre según el espíritu y el Cielo, no según la tierra.

Por ello debo desunir las carnes y las sangres para tomar conmigo a los espíritus aptos para el Cielo ya desde esta tierra, para tomar a los siervos del Cielo.

Por ello he venido a llamar a los “fuertes”, a hacerlos aún más fuertes porque de “fuertes” está hecho mi ejército de mansos: mansos para con los hermanos, fuertes respecto al propio yo y el yo de la sangre familiar.

No llores, primo. Tu dolor, te lo aseguro, actúa ante Dios en favor de tu padre y de tus hermanos, más que cualquier palabra, no sólo tuya, sino incluso mía.

“El sacrificio más grato para el Señor, es el de la voluntad.”

No entra la palabra allí donde el prejuicio crea una barrera; créelo. Pero la Gracia entra y el sacrificio es imán de gracia.

En verdad os digo que cuando Yo llamo para ir a Dios, no hay obediencia más alta. Y es necesario cumplirla sin detenerse a calcular cuánto y cómo reaccionarán los demás ante vuestro ir hacia Dios.

Ni siquiera detenerse para enterrar al propio padre. Seréis premiados por este heroísmo y el premio será no sólo para vosotros, sino también para aquellos de quienes, con un grito del corazón, os separáis.

Y cuya palabra frecuentemente os hiere más de lo que hiere una bofetada, porque os acusa de ser hijos ingratos, y os maldice en su egoísmo, como rebeldes.

No. No rebeldes, santos.

Los primeros enemigos de los llamados son los familiares.

Pero, entre amor y amor, hay que saber distinguir y amar sobrenaturalmente; o sea, amar más al Dueño de lo sobrenatural que a los siervos de ese Dueño.

Amar a los parientes en Dios y no por el contrario, amarlos más que a Dios.

Jesús calla y se levanta, yendo donde su primo Judas Tadeo, el cual, con la cabeza baja, apenas logra contener el llanto.

Lo acaricia.

Y trata de consolarlo:

–      Judas… Yo he dejado a mi Madre para seguir mi misión.  

Que ello te disuelva toda duda sobre la honestidad de tu forma de actuar.

Si no hubiera sido un acto bueno, ¿Lo habría hecho Yo respecto a mi Madre, teniendo en cuenta, sobre todo, que no tiene a nadie aparte de mí?

Judas se pasa la mano de Jesús por el rostro y asiente con la cabeza, pero no puede decir nada más. 

Jesús agrega:

–      Vamos nosotros dos, solos, como cuando éramos niños y Alfeo pensaba que Yo era el más juicioso entre los muchachos de Nazaret.

Vamos a llevarle al anciano estos hermosos racimos de uva de oro. Que no crea que me olvido de él y que soy enemigo suyo.

También tu padre y Santiago se alegrarán. Le diré que mañana estaré en Cafarnaúm y que su hijo queda todo para él. Ya sabes, los viejos son como los niños:

Son celosos y sospechan siempre que se los olvida; hay que compadecerlos…

Jesús desaparece de la escena dejando en el huerto a los discípulos enmudecidos por la revelación de un dolor y de una incompatibilidad entre un padre y un hijo por causa de El.

María, suspirando apenada, vuelve de acompañar a Jesús hasta la puerta.

47 LA PROFECÍA DE CAÍN


47 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús ha llevado a los suyos a la sombra de un enorme nogal, que pende desde donde está – elevado respecto al huerto de María – hasta el mismo huerto.

Jesús continúa instruyéndolos.

El día está borrascoso, se avecina una tormenta; quizás por eso Jesús no se ha alejado mucho de la casa.

María va y viene de la casa al huerto y del huerto a la casa.

Y cada vez que lo hace levanta la cabeza y sonríe a su Jesús, que está sentado en la hierba, junto al tronco, rodeado de discípulos.

 Jesús dice:

–      Ayer os anuncié que lo que había provocado una palabra imprudente habría servido de lección hoy. La lección es ésta:

Tened por seguro – y sea regla en vuestro actuar – que nada de cuanto está escondido permanece siempre oculto.

O Dios se ocupa de dar a conocer las obras de un hijo suyo a través de sus signos milagrosos, o a través de las palabras de los justos que reconocen los méritos de un hermano.

O es Satanás quien, a través de la boca de un imprudente – no quiero decir más -, revela lo que los buenos, para no incitar a la anticaridad, han preferido callar.

O altera las verdades, creando así confusión en los pensamientos. Por tanto, siempre llega el momento en que lo oculto se da a conocer.

Tened, pues, siempre esto presente en vuestro pensamiento. Sea para vosotros freno respecto al mal, sin que por otro lado os sintáis incitados a proclamar el bien que realizáis.

¡Cuántas veces uno actúa por bondad, verdadera bondad, pero humana!

Y siendo humana su actuación, o sea, de no perfecta intención, desea que los hombres la conozcan, se enoja y se amarga viendo que pasa desapercibida y estudia la forma de manifestarla.  

No, amigos; así no. Haced el bien y dádselo al Señor eterno. Él sabrá darlo a conocer también a los hombres, si es bueno para vosotros.

Si, por el contrario, ello pudiera anular bajo un reflujo de complacencia de orgullo, vuestro comportamiento justo, entonces el Padre lo mantendrá secreto,

reservándose el daros en el Cielo la gloria correspondiente, en presencia de toda la Corte celeste.

Quien vea un acto jamás juzgue por las apariencias. No acuséis nunca a nadie, porque las acciones de los hombres pueden en ocasiones presentar feo aspecto y celar otros motivos.

Un padre, por ejemplo puede decirle a un hijo suyo ocioso y entregado a la crápula: “Vete”, y ello puede parecer crueldad e incumplimiento de los deberes paternos; pero no siempre lo es.

Su “vete” está sazonado con un llanto amarguísimo (más del padre que del hijo); a su “vete” le acompañan las palabras “volverás cuando te hayas arrepentido de tu ociosidad” y el voto de que se cumplan.

Por otra parte, es un acto de justicia hacia los otros hijos, porque impide que un crapuloso consuma en vicios no sólo lo suyo, sino también lo de los demás.

Malo será en cambio, si esa palabra la dice un padre que se encuentre en culpa respecto a Dios y respecto a la prole,

porque en su egoísmo se juzgará a sí mismo superior a Dios y considerará que su derecho se extiende también al espíritu de su hijo.

No. El espíritu es de Dios, y ni siquiera Dios violenta la libertad del espíritu a donarse o no donarse. Para el mundo parecen iguales estos actos.

El sufrimiento es INEVITABLE, por eso lo mejor es santificarlo con la donacion voluntaria con la crucifixión de la voluntad.

Y sin embargo, ¡Qué distintos son el uno del otro! El primero es justicia, el segundo es arbitrio culpable. Por tanto, no juzguéis nunca a nadie.

Ayer Pedro le dijo a Judas: “¿Qué maestro has tenido?”. Que no vuelva a decirlo. Que nadie eche la culpa a los otros de lo que ve en uno o en sí mismo.

Los maestros tienen una misma palabra para todos los discípulos. ¿Por qué entonces, diez discípulos resultan justos y diez malvados?

Porque cada uno añade por su parte lo que tiene en el corazón y ello pesa hacia el bien o hacia el mal.

¿Cómo es posible, entonces, acusar al maestro de haber enseñado mal, porque el bien que ha inculcado quede anulado por el exceso de mal que reina en un corazón determinado?

El primer factor de éxito está en vosotros. El maestro trabaja vuestro yo. Pero si vosotros no sois susceptibles de mejora, ¿Qué puede hacer el maestro? ¿Qué soy Yo?

En verdad os digo que no habrá maestro más sabio, paciente y perfecto que Yo. Y no obstante, incluso de alguno de los míos se dirá: “Pero, ¿Quién fue su maestro?“.

No os dejéis vencer nunca, al juzgar, por motivos personales. Ayer Judas, amando su tierra más de lo justo, estimó que en Mí había injusticia hacia ella.

Frecuentemente el hombre subyace bajo estos elementos imponderables que son el amor patrio o el amor a una idea. Y se desvía, como alción desorientado, de su meta.

La meta es Dios. Ver todo en Dios para ver bien.

No ponerse a sí mismo, no poner ninguna cosa por encima de Dios. Y si uno realmente se equivoca… ¡Pedro!, ¡Todos!, no seáis intransigentes.

El error que tanto os fastidia, cometido por uno de vosotros, ¿Realmente no lo habéis cometido nunca vosotros? ¿Estáis seguros?

Y, aun admitiendo que no lo hayáis cometido nunca, ¿Qué habréis de hacer? Pues agradecérselo a Dios. Nada más.

Y velar. Vigilar mucho. Continuamente. Para no caer mañana en lo que hasta hoy ha podido ser evitado. ¿Veis?

El cielo está nublado porque el granizo está próximo. Nosotros, escrutando el cielo, hemos dicho: “No nos alejemos de casa”.

Ahora bien, ¿Por qué no sabemos juzgar dónde puede haber peligro para el alma?

Si sabemos juzgar así respecto a las cosas que, a pesar de ser peligrosas, no son nada en relación a los peligros que hay, pecando, de perder la amistad de Dios.

Mirad: ved allí a mi Madre. ¿Podéis pensar que en Ella haya tendencia alguna al mal? Pues bien, dado que el amor la impulsa a seguirMe, dejará su casa cuando mi amor lo desee.

Pero esta mañana después de habérmelo pedido una vez más – porque Ella, mi Maestra, me decía: “Que entre tus discípulos esté también tu Madre, Hijo: Yo quiero aprender tu doctrina”

Ella, que ya poseía esta doctrina su seno y antes aún en su espíritu, por don dado por Dios a la futura Madre de su Verbo Encarnado – Ella ha dicho:

“No obstante… juzga, si puedo ir contigo sin la posibilidad de perder la unión con Dios; sin que eso que es mundo, y que Tú dices que penetra con sus hedores, pueda corromper este corazón mío que fue y es y quiere ser sólo de Dios.

Yo me someto a examen y por cuanto sé, me parece que puedo hacerlo, porque… (y en esto, sin saberlo, se ha procurado la más alta alabanza)

Porque no encuentro diferencia entre mi paz cándida cuando era una flor del Templo y ésta que tengo en mí, ahora que desde hace más de seis lustros soy la mujer de casa.

Pero yo soy indigna sierva que conoce mal y juzga aún peor, las cosas del espíritu.-Tú eres el Verbo, la Sabiduría, la Luz, y puedes ser luz para tu pobre Mamá, que acepta el no volver a verte, antes que ser no grata al Señor”

Y Yo le he tenido que decir, temblándome el corazón de admiración: “Mamá, Yo te lo digo, no serás corrompida por el mundo; antes bien, el mundo será embalsamado por ti”.

Mi Madre – lo acabáis de oír – ha sabido ver los peligros de vivir en el mundo, que son peligros también para Ella. También para Ella.

Y vosotros, hombres, ¿Pretendéis no verlos? ‘¡Ay!, Satanás verdaderamente está al acecho y sólo los que vigilen resultarán vencedores.

¿Los demás? ¿Preguntáis acerca de los demás? Para los demás, lo que está escrito.

Tomás pregunta:

–    ¿Qué está escrito, Maestro?

–    Y Caín se abalanzó sobre Abel y lo mató.

Y el Señor le dijo a Caín ¿Dónde está tu hermano? ¿Qué has hecho de él? El grito de su sangre llega hasta Mí.

Por tanto, serás maldito sobre la Tierra que ha conocido el sabor de la sangre humana por mano de un hermano que ha abierto las venas a su hermano.

Y no cesará esta horrible hambre de la Tierra de sangre humana. Y la Tierra, envenenada por esta sangre será más estéril que una mujer seca por la edad. Y huirás, buscando paz y pan. Y no lo encontrarás. 

Tu remordimiento te hará ver sangre en cada flor y en cada tallo de hierba, en toda agua y alimento. El cielo te parecerá sangre y sangre el mar.

Del cielo, de la tierra, del mar, llegarán a tí tres voces: la de Dios, la del Inocente, la del Demonio. Y para no oírlas, te darás muerte. 

Pedro observa:

–     No habla así el Génesis.

Jesús replica: 

–      No, el Génesis no; Yo lo digo.

Y no yerro. Lo digo para los nuevos Caínes de los nuevos Abeles, para quienes, por no vigilar respecto a sí mismos y al Enemigo, vendrán a ser una cosa con él.

Juan dice:

–       Pero, entre nosotros, no habrá de esos, ¿No es cierto, Maestro?

–       Juan, cuando sea desgarrado el Velo del Templo, una gran verdad brillará escrita en toda Sión. 

 –     ¿Cuál, mi Señor?

–       Que los hijos de las tinieblas en vano han estado en contacto con la Luz. Recuérdalo, Juan.

–      ¿Seré yo, Maestro, un hijo de las Tinieblas?

–       No, tú no. Pero recuérdalo para explicar el Delito al mundo.

–      ¿Qué delito, Señor? ¿El de Caín?

–       No. Ese es el primer acorde del himno de Satanás. Hablo del Delito perfecto, el inconcebible Delito,

aquel que, para comprenderlo hay que mirarlo a través del sol del divino Amor y a través de la mente de Satanás.

Porque sólo el Amor perfecto y el perfecto Odio, solo el infinito Bien y el infinito Mal, pueden explicar tal Donación y tal Pecado. 

Jesús ha hablado del DEICIDIO y ha profetizado el castigo del Caín y de los Caínes de Dios...

La tormenta ruge su cercanía…

Y Jesús dice:

–      ¿Oís? Parece como si Satanás estuviera oyendo y gritase de deseo de llevarlo a cabo.

Vámonos, antes de que la nube rompa en relámpagos y granizo.

Y bajan corriendo por la pendiente, saltando al huerto de María mientras la tormenta estalla furiosamente.

P ¿POR QUÉ EL PURGATORIO?


Agosto 17 2020

Habla Dios Padre

Hijitos Míos, muchas veces os habréis preguntado por qué después de morir, tenéis que pasar por el Purgatorio.

Mis pequeños, bajasteis del Cielo vuestro Hogar, un lugar lleno de bellezas, de Pureza, de Santidad, de Amor, virtudes en extremo.

Vinisteis a la Tierra a servirMe, para que bajarais y enseñarais a vuestros hermanos todo lo que se vive en el Cielo en alto grado.

Vuestros Primeros Padres vivían así, por eso Yo Me recreaba en ellos y os he explicado que, al decir que Yo bajaba a Mi Paraíso Terrenal, era bajar al corazón de Ellos,

que eran ya seres terrenales pero que vivían todo lo que se vive en el Cielo: Pureza, Santidad, Amor, y todo lo que os podáis imaginar en bellezas espirituales.

Vosotros si os compararais con Ellos, si realmente sois honestos con vosotros mismos y os preguntara si sentís que estáis viviendo el máximo de vuestras virtudes, el máximo del amor, el máximo de las bellezas espirituales,

¿Qué me podríais contestar, Mis pequeños?

El Purgatorio es el lugar en donde vais a recobrar la vida espiritual que se vive en el Cielo. 

Al bajar a la Tierra, Satanás os ataca llevándoos al lado contrario, hacia la oscuridad, hacia la maldad, hacia todo aquello que no es virtuoso:

A vicios, muerte, envidias y más, para que perdáis esa Luz Divina con la que bajasteis.

Vosotros os iréis limpiando en el Purgatorio e iréis retomando nuevamente la vida del Cielo. 

Es un lugar en el que ciertamente, habréis de sufrir porque preferisteis muchas veces enlodaros con las cosas del mundo, con la Maldad de Satanás.

Y eso conlleva una penitencia, porque enlodasteis vuestra alma, que es parte Mía, de Mi Ser Divino, pero tenéis una esperanza al estar en el Purgatorio:

Que ese sufrimiento os va a ir llevando a una purificación y que más tarde, os regresará a vuestro hogar del cual salisteis.

Y regresaréis nuevamente viviendo las Virtudes, el Amor, todo lo que se vive en el Cielo en su máximo esplendor.

POR ESO OS HE PEDIDO QUE VOSOTROS VAYÁIS VIVIENDO EL CIELO EN LA TIERRA,

QUE DEJÉIS QUE MI SANTO ESPÍRITU YA OS VAYA CAMBIANDO,

OS VAYA PURIFICANDO, OS VAYA GUIANDO,

HACIA ESA PERFECCIÓN DE VIRTUDES Y DE AMOR

Y DE ESTA FORMA, SÓLO PASÉIS UN BREVE TIEMPO EN EL PURGATORIO

Para que regreséis a vuestro Hogar eterno, a vuestra Vida después de la vida, que es el vivir conMigo, vuestro Dios,

en donde recordaréis y viviréis nuevamente la vida que llevabais antes de bajar a la Tierra a trabajar para Mí, vuestro Dios.

La vida en la Tierra debe ser una vida de Caridad y de Amor al extremo, y por eso el martirio se da cuando os dais en extremo,

ya sea que os deis por amor por Mí, al defender vuestra Fe, u os deis por algún hermano vuestro, por defenderlo, por llevarlo hacia el bien.

La vida en el Amor es una vida de Cielo, y vosotros debéis buscarla en todo momento, por eso es la perfección a la que os he llamado y es la que os puede dar Mi Santo Espíritu que vive en vosotros.

DejadLo a Él guiaros libremente.

Vosotros, cuando sois pequeñitos, os dejáis guiar por vuestros padres, y ellos os van enseñando muchas cosas,

como el ser buenos, virtuosos en la Tierra con vuestros hermanos, con los amiguitos, con todos aquellos con los cuales entablaréis relaciones en lo futuro.

Vosotros le llamáis “buena educación” y eso es lo que Yo quiero en vosotros, una buena educación espiritual

que ciertamente se va a manifestar en vuestros actos, en vuestras palabras hacia los demás y en buenos deseos para su crecimiento espiritual.

Quiero que seáis perfectos, porque solamente así podréis entrar al Reino de los Cielos; un alma no puede entrar imperfecta, con fallas.

Y por eso tenéis que pasar tiempo en el Purgatorio, si es que no pusisteis toda vuestra atención en iros mejorando en vuestra vida terrena.

Sed perfectos como Yo Soy Perfecto, vuestro Padre, se os ha dicho; y es que la perfección os va a llevar a un gozo tremendo en el Reino de los Cielos.

Vosotros vivís en la Tierra en la imperfección del amor, especialmente. Y después con las virtudes, con el trato humano y espiritual, por eso no os podéis vosotros imaginar las bellezas del Cielo,

porque vuestra mente vive también en la imperfección, pero podéis imaginar en algún momento, simplemente cuando os he dicho que lo primero que se vive al llegar al Reino de los Cielos es la Paz.

Y la Paz total, la Paz absoluta, que es la que se vive allá, solamente la da la vida al máximo en todas las Virtudes.

Ya no os tendréis que preocupar por lo que dirán o lo que harán los que están a vuestro alrededor,

porque estaréis viviendo junto a almas que ya alcanzaron también la perfección espiritual.

Por eso es el Cielo, porque son todas las bellezas juntas las cuales debéis vosotros buscar a toda costa, y ya desde ahora en la Tierra.

Tratad pues Mis pequeños, de interiorizaros en estas verdades y pedidMe que Mi Santo Espíritu os vaya llevando a la perfección ya desde ahora,

para que el paso de aquí al Reino de los Cielos sea rápido, sencillo y sobre todo, deseadlo con todo vuestro corazón.

Porque por eso os he pedido la conversión.

El Día del Juicio ante el Tribunal de Cristo, seremos recompensados. O nuestras obras serán quemadas como la paja. Tal vez recibamos alguna recompensa, QUIZÁS NINGUNA.

Ciertamente, muchos Me podréis decir: “Creo, estoy convertido”,

pero, Mis pequeños, una cosa es creer y otra cosa es hacer; tanto vuestra creencia en Mí como los hechos que debieran brotar de vosotros por creer en Mí, dejan mucho que desear.

POR ESO OS HE PEDIDO LA PERFECCIÓN. 

Las almas entran al Cielo en un estado de perfección en el Amor y en el actuar en ese Amor. 

Vosotros estáis llamados a la perfección, como Yo, vuestro Padre y vuestro Dios, Soy Perfecto.

Un padre, una madre en una familia, les gusta tener en su hogar todo en orden.

Y especialmente con los hijos; os gusta que vuestros hijos sean obedientes, sean buenos, sean hombres de bien, trabajadores.

O sea, con todas las Virtudes que vosotros quisierais en una persona, que ciertamente vosotros mismos debéis buscarlas primero,

porque no podéis exigir a los demás lo que vosotros no tenéis en vosotros.

La perfección se va logrando también con la eliminación de toda la maldad que traéis en vosotros,.

Y ESO SE VA REALIZANDO AL VIVIR EN LAS VIRTUDES

Y SOBRE TODO, EN EL AMOR. 

SATANÁS OS ESTÁ ATACANDO CONTINUAMENTE

PARA IMPEDIROS LA ENTRADA AL REINO DE LOS CIELOS;

Ten por cierto que cuanto más crecen los asaltos del Enemigo, tanto más cerca del alma está Dios. Piensa y compenétrate bien de esta verdad cierta y reconfortante.

 Yo le permito que actúe sobre vosotros y no en total libertad, siempre está limitado, porque con el poder satánico que tiene, si os atacara en total libertad y fuerza, OS DESTROZARÍA. 

pero en ese actuar contra vosotros, que Yo permito, es para que de ahí surja un bien, y esto lo debéis entender perfectamente, Mis pequeños, por lo que os voy a decir: 

Todos vosotros, salvo unos cuantos que mueren en una situación especial, como el martirio, TENDRÉIS que pasar por el Purgatorio.

EL PURGATORIO ES UN LUGAR TREMENDO DE PURIFICACIÓN,

CIERTAMENTE TENDRÉIS LA ESPERANZA DE SALIR EN ALGÚN TIEMPO

PARA LLEGAR PURIFICADOS Y SANTIFICADOS AL REINO DE LOS CIELOS,

PERO MIENTRAS TANTO, EN EL PURGATORIO SUFRIRÉIS,

En el Purgatorio tenemos que APRENDER a AMAR HASTA ALCANZAR LA SANTIDAD, completamente SOLOS, sin la ayuda Divina…

A VECES MUCHO, DEPENDIENDO DE VUESTROS PECADOS,

A VECES MENOS, DEPENDIENDO TAMBIÉN

DE LO QUE HAYÁIS LOGRADO EN LA TIERRA PARA EVITAR ESE SUFRIMIENTO

Y EN ESO ME QUIERO CENTRAR EN ESTOS MOMENTOS.

Debéis utilizar todo lo que suceda durante vuestra vida para que lo toméis para reparar vuestros pecados, porque tenéis muchos cada uno de vosotros,

Y tenéis que limpiaros para poder entrar al Reino de los Cielos.

Por eso os he dado la oportunidad de que ofrezcáis todo sufrimiento mientras viváis.

Estos sufrimientos pueden ser los que Yo permita en vosotros, que serán mayores con los que Satanás os ataque,

Porque él en su Maldad, y sabiendo vuestras flaquezas, os va a atacar donde más os duela.

Y ese sufrimiento será mayor que el que vosotros mismos os impongáis como penitencias.

Esto es algo muy importante, Mis pequeños:

AQUEL DOLOR QUE VOSOTROS OS IMPONGÁIS LIBREMENTE PARA OFRECÉRMELO

Cuando nos crucificamos y Dios nos convierte en corredentores, somos pararrayos de la Justicia Divina…

Y QUE LO UNÁIS A LOS MÉRITOS DE MI HIJO,

QUE CON ELLO LE QUITÁIS A ÉL DOLORES,

LOS DOLORES QUE ÉL ACEPTÓ POR VUESTRA SALVACIÓN,

TENDRÁ MÁS MÉRITO REPITO, PORQUE IRÉIS CONTRA VOSOTROS MISMOS.

A nadie, a ninguno de vosotros os gusta sufrir, siempre queréis estar en una situación agradable y óptima, de ahí radica precisamente el mayor valor de vuestra penitencia:

Vais a sacrificar vuestra estabilidad, vuestro gozo diario, vuestra vida sin molestias, a Mí, vuestro Dios; para el bien de las almas, para vuestro propio bien.

Esa molestia o dolor que os impongáis porque es hecho con amor, va a valer muchísimo más que el dolor que Yo permita en vosotros, como lo que está pasando en estos momentos.

No tiene sentido que ellos estén luchando y gastando energías, si los demás NO ENTIENDEN que deben permanecer en casa…

ESTE CONFINAMIENTO AL CUAL OS LLEVAN LOS GOBIERNOS,

ES UN DOLOR QUE VIENE DE FUERA,

QUE NO OS LO ESPERABAIS Y TENÉIS QUE PADECERLO,

Y lo padecéis con coraje, con grosería hacia aquellos que os lo están obligando, y con dolor, porque os quitan vuestra estabilidad, tanto económica como anímica.

Y tenéis que soportarlo a fuerza, pero al decir “a fuerza” quisierais evitarlo a toda costa.

En cambio, la penitencia y el sacrifico propio que os impongáis y aunque sea más pequeño, que lo que estáis padeciendo,

va a valer mucho más para vuestro bien y para todas aquellas almas para quien queráis vosotros ofrecerlo.

Ese es el ejemplo que os dio Mi Hijo Jesucristo: Yo le pedí que se ofreciera por vosotros, por vuestra salvación, por vuestro bien espiritual, temporal y futuro,

Él aceptó Mi Palabra, Él aceptó el Dolor que le imponían, pero fue aceptado.

Él mismo se dio por vosotros, abrazó la Cruz por vuestro Bien y con ese Amor ofrecido, con ese Dolor ofrecido, ganó para todos vosotros vuestra salvación y vuestra entrada nuevamente al Reino de los Cielos.

QUIERO QUE ESTO LO ENTENDÁIS PERFECTAMENTE, MIS PEQUEÑOS,

Y QUE TODO MOMENTO DE VUESTRA EXISTENCIA

SEA OFRECIDO POR VUESTRO BIEN Y POR EL DE VUESTROS HERMANOS

PASADOS, PRESENTES, FUTUROS.

 RECORDAD QUE PARA MÍ, VUESTRO DIOS,

TODO ES UN ETERNO PRESENTE

Y LO QUE VOSOTROS OFREZCÁIS,

CON ELLO LOGRARÉIS EL BIEN PARA MUCHAS ALMAS.

 Vuestros sacrificios, penitencias, unidos a los Méritos de Mi Hijo, valen muchísimo, Mis pequeños;

podéis salvar muchas almas y ayudar a que vuestra propia alma pase por el Purgatorio rápidamente,

porque ya vosotros mismos os estáis purificando con vuestra donación particular

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

al ofrecer vuestros sacrificios, penitencias, por el bien de vuestros hermanos y por vuestro propio bien.

Por eso os pido, Mis pequeños, que aprovechéis estos momentos en los que os está atacando Satanás.

Estas molestias que tenéis en vuestro cuerpo, en vuestra familia, en vuestra economía; tomadlos y abrazad ese sufrimiento que ahora tenéis,

como Mi Hijo abrazó la Cruz por vuestra salvación.

Abrazad estos momentos y los que vendrán con gusto, porque os evitarán mucho dolor, mucho dolor en el Purgatorio.

QUIERO QUE TENGÁIS ESTO BIEN PRESENTE:

EL DOLOR DEL PURGATORIO ES TREMENDO

En el TERCER NIVEL DEL PURGATORIO, SE SUFRE EL CALVARIO DE JESUS CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA

SOIS MIS HIJOS Y OS AMO INFINITAMENTE

Y LO QUE MENOS QUIERO PARA VOSOTROS ES QUE SUFRÁIS,

POR ESO OS PIDO QUE TOMÉIS ESTOS CONSEJOS QUE OS DOY.

Como os dije, Satanás os ataca y os atacará todavía más fuerte, aprovechad ese ataque de Maldad y sacadle un bien,

tanto para vosotros como para todos vuestros hermanos que aunque no los conocéis, recibirán vuestra donación, también para su propio bien.

YA OS HE DICHO QUE SON TIEMPOS DE MUCHO DOLOR

Y ME CAUSA MUCHO DOLOR EL VEROS

La FE sin obras está muerta

QUE NO ACTUÁIS COMO VERDADEROS HERMANOS,

QUE NO OS CUIDÁIS LOS UNOS A LOS OTROS,

QUE NO VEIS POR EL HERMANO ABATIDO Y SUFRIENTE,

QUE NO VEIS POR AQUEL QUE NECESITA DE VUESTRA AYUDA,

TANTO MATERIAL COMO ESPIRITUAL

Y en este sentido Me quiero dirigir ahora hacia vuestras hermanas, las benditas ánimas del Purgatorio: 

Por esa apatía espiritual ellas están sufriendo más, porque ellas van saliendo del Purgatorio gracias a las Misas bien dichas y a vuestras oraciones,

Los sufrimientos en el Purgatorio expían nuestros propios pecados, PERO YA NO TIENEN MÉRITOS DE CORREDENCIÓN, porque éstos se terminan con la muerte…

Pero ya no hay mucho ni de lo uno ni de lo otro: no hay Misas ya dichas que tengan un valor alto, ni tampoco hay suficientes oraciones para que ellas puedan salir pronto del lugar de purificación.

SABÉIS QUE EL DOLOR AHÍ ES TREMENDO,

PERO EXISTE LA ESPERANZA DE QUE EN ALGÚN MOMENTO SALDRÁN

Y QUE GOZARÁN ETERNAMENTE EN EL REINO DE LOS CIELOS,

PERO MIENTRAS TANTO SU DOLOR ES TREMENDO. 

MUCHOS SE IMAGINAN QUE SOLAMENTE ES UN PASO,

UN MOMENTO EN EL QUE SE ESTARÁ EN EL PURGATORIO,

En el Purgatorio sufrimos el Getsemaní y el Calvario SIN PALIATIVOS, TAL COMO LO SUFRIÓ JESÚS, por nuestra NEGATIVA TERRENAL a cooperar en La Redención

Y EN LA GRAN MAYORÍA DE LOS CASOS MIS PEQUEÑOS, NO ES ASÍ.

Sabed que hay diferentes niveles en el Purgatorio, el más bajo está prácticamente tocando el Infierno y ahí las almas son todavía tremendas, malas;

pero, por alguna oración de alguien o por un hecho particular, esas almas se salvaron, pero necesitan un tiempo más largo de purificación

que aquellas almas que trataron de estar toda su vida conMigo, pero que no cumplieron totalmente todo lo necesario para entrar al Reino de los Cielos al momento de su muerte.

La hermandad espiritual debe crecer en vosotros, Mis pequeños, y debéis aprender a ver el dolor en vuestros hermanos y tratar de evitarlo en lo más que podáis;

así mismo tiene que ser con las Benditas ánimas del Purgatorio, vuestras oraciones intercediendo por ellas, vuestras misas dichas con todo el amor hacia Mí, vuestro Padre, vuestro Dios,

con la intención de que se purifiquen muchas almas y vayan saliendo del Purgatorio.

La pena de Daño en el Purgatorio, ES LA AUSENCIA DE DIOS, el sufrimiento que Jesús experimentó y lo hizo sudar sangre en Getsemaní…

Penitencias, ayunos, sacrificios, buenas obras, todo lo que podáis para irle quitando dolor a esos hermanos vuestros, son necesarios

para que ellas ya puedan gozar eternamente conMigo, pero necesitáis ser más conscientes de esta realidad espiritual,

no estarán un momento y ya saldrán, son tormentos fuertes según cómo vivieron en su vida.

EN EL PURGATORIO SE CONCIENTIZA EL PECADO, EN LO QUE FALLASTEIS,

Y ADEMÁS NO SOLAMENTE EL DOLOR QUE ME CAUSASTEIS,

SINO EL QUE CAUSASTEIS A VUESTROS HERMANOS

Y TODO LO QUE ESE PECADO LUEGO VA CAUSANDO ALREDEDOR VUESTRO.

23. Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti,
24. deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda.
25. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel.
26. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.

 TODA ACCIÓN TIENE UNA REACCIÓN

Y A VECES NO VEIS ESA REACCIÓN,

QUE PUEDE SER MUY LARGA, QUE PUEDE AFECTAR A MUCHAS ALMAS.

Una palabra o una acción dicha en público que afecte a las almas, ya con ello afectasteis a muchísimas almas y éstas, a la vez, quizá después lo proclamen a otros hermanos vuestros.

Y aquel que comete una falta así, que cause afectación espiritual a muchas almas, tendrá que pagar por todo el daño causado a todas esas almas.

Y por eso su tiempo en el Purgatorio será mayor, si es que llega al Purgatorio y no se pierde eternamente.

Por eso debéis cuidar vuestros pensamientos, vuestras palabras, vuestras obras, vuestras omisiones, porque para mucha gente a vuestro al rededor,

para muchas almas que os están observando, podéis ser un buen ejemplo y ayudar a muchas almas a crecer en Virtud y en Amor,

pero podéis ser también un mal ejemplo y causar una destrucción espiritual, a veces tan tremenda que afectará a muchas almas y que quizá hasta se puedan perder eternamente por culpa vuestra.

Tenéis que cuidaros, tenéis que cuidar vuestra forma de ser, os repito, vuestras palabras, obras, acciones, omisiones, todo esto puede causar un mal a muchas almas y tendréis que responder por ellas al momento de vuestro juicio.

Reparad, Mis pequeños, reparad por vuestras faltas pasadas, ciertamente perdonadas, pero el daño que habréis hecho a otras almas, eso tendrá que ser también purgado.

 Cuidad pues, Mis pequeños, cuidad vuestra alma y cuidad a vuestros hermanos, rogadMe porque pronto salgan del Purgatorio.

Os repito, ahora el tiempo de Purgatorio ES MÁS LARGO porque hay muy pocas almas que estén orando por ellas.

Son vuestros hermanos, lo que hagáis por ellas, tarde o temprano, también será un bien para vosotros.

Porque un alma, que por vuestra intercesión sale del Purgatorio, ella desde el Cielo Me rogará por vuestra salida de ahí, es un bien que os hacéis los unos a los otros.

Cuando obráis en el amor, Mi Amor cae sobre todas las almas y os favorece a todos.

No desperdiciéis, pues, toda ocasión que tengáis para ayudar a vuestros hermanos, vivos y difuntos, y así iréis procurando con ello que vuestra salida del Purgatorio sea pronta.

Yo os Bendigo en Mi Santo Nombre, en el de Mi Hijo Jesucristo, en el de Mi Santo Espíritu de Amor y en el Nombre de Mi Hija Santísima, la Siempre Virgen María, Madre del Redentor y Madre vuestra por siempre.

 

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