30 UN SUEÑO EQUIVOCADO


30 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Pareciera que el nudo más angosto de las montañas de Judea, se encuentra entre Hebrón y Yuttá.

Porque  en este valle  que se despliega ante vastos horizontes en los que emergen montes aislados, que ya no forman una cadena, hay diversas plantaciones de cereales distribuidas en terrenos muy bien cuidados:  

Cebada, centeno y también bonitos viñedos en las partes más soleadas. Más arriba, lindos bosques de pinos, abetos y otros árboles de maderas preciosas.

Por un camino ondulante llegan a un pequeño poblado, Jesús y tres de sus apóstoles.

Judas está verdaderamente exaltado…

Y dice:

–    Éste es un suburbio de Keriot. Te ruego que vengas a mi casa de campo. Mi madre te espera allí. Después iremos a Keriot.  

Jesús replica:

–    Como quieras, Judas; pero también podíamos habernos quedado aquí para conocer a tu madre.

–   ¡Oh, no! Es un barracón. Mi madre viene en tiempo de cosecha, pero después vuelve a Keriot. ¿No quieres que mi ciudad te vea? ¿No quieres traer aquí tu Luz? 

–    Si que quiero, Judas, pero ya sabes que no me detengo a considerar la humildad del lugar que me hospeda.

–    Pero hoy eres mi invitado…

Y Judas sabe ser hospitalario.

Caminan todavía unos metros entre casas pequeñas esparcidas por el campo.

Mujeres y hombres, avisados por los niños, se asoman. Está muy claro que se ha despertado la curiosidad.

Judas ha lanzado un grito de reclamo.

Y dice:

–    He aquí mi pobre casa. Perdona su pobreza.

La casa no es ninguna barraca: es un cubo de un solo piso pero amplio y bien cuidado, dentro de un terreno tupido y floreciente de árboles frutales.

Un camino privado muy limpio, va desde la calzada a la casa.

–   ¿Me permites que me adelante, Maestro?

–    Como quieras.

Judas se adelanta.

Simón dice:

–    Maestro, Judas ha preparado algo grande. Antes lo sospechaba, pero ahora estoy seguro. Tú dices: ‘Espíritu, espíritu, espíritu…’ Pero él no lo entiende así.

Jamás te entenderá, pues solo piensa en lo material. O lo hará muy tarde… -corrige finalmente para no mortificar  a Jesús.

Jesús suspira y calla.

Llegan a una bella casa que está en medio de un jardín frondoso y muy bien cultivado. 

Judas sale con una mujer que tiene alrededor de cuarenta años.

Es muy alta y muy hermosa.

Inmediatamente se nota que es de ella, de quién Judas ha heredado su belleza y su cabello castaño oscuro, abundante y ondulado.

Sus ojos son iguales y diferentes.

Tienen el mismo color gris oscuro; pero los de ella, tienen una mirada suave y más bien triste; mientras que los de Judas, son imperiosos y astutos.

Cuando llegan ante Jesús, ella se postra como una verdadera súbdita y dice:

–   Te saludo, Rey de Israel. Haz el favor de que tu sierva te dé hospitalidad.

Jesús la mira con amor y dice:

–   La paz sea contigo, mujer. Y Dios sea contigo y con tu hijo.

Ella contesta con una voz que es más bien un suspiro, que una respuesta:

–   ¡Oh sí, con mi hijo!…

Jesús la toma por los antebrazos diciendo:

–    Levántate madre. También yo tengo una madre y no puedo permitir que me bese los pies.

En nombre de mi madre te beso, mujer. Es tu hermana en el amor… -y añade enigmáticamente- … y en el destino doloroso de madre de los señalados.

Judas pregunta un poco inquieto:

–    ¿Qué es lo que quieres decir, Mesías?

Pero Jesús no le responde. Está abrazando cariñosamente a la mujer, a la que ha levantado del suelo y a quién besa en las mejillas.

Y luego, con ella de la mano; camina hacia la casa.

Entran en una habitación fresca y adornada con festones. Sobre las mesas hay bebidas y frutas frescas.

Ella hace una señal a la sierva y ésta trae agua y toallas.

La madre de Judas trata de quitar las sandalias a Jesús, para lavarle los pies llenos de polvo. 

Pero Jesús se opone diciendo:

–    No, madre. La madre es una criatura muy santa.  Sobre todo cuando es honrada y buena como tú lo eres; para permitir que lo hagas como si fueras una esclava.

Ella voltea y mira fijamente a Judas, con una mirada extraña…

Y luego se va.

Mientras tanto Jesús se ha refrescado y cuando está a punto de ponerse las sandalias…

La mujer regresa con un par nuevo y dice:

–    Aquí están éstas, Mesías nuestro. Creo que las hice bien… Tal y como las quería Judas. Él me dijo: ‘Un poco más grandes que las mías, pero igual de anchas’

Jesús mira a Judas con un mudo reproche y pregunta:

–   ¿Por qué, Judas?

Judas responde:

–   ¿No quieres permitirme que te haga un regalo? ¿Acaso no eres mi Rey y mi Dios?

–   Sí, Judas. Pero no debías haber causado tantas molestias a tu madre. Tú sabes como  Soy Yo…

–   Lo sé. Eres Santo. Pero también debes aparecer como un Rey Santo.

Así es como debe ser. El mundo en el que nos movemos está compuesto de tontos.

A nueve de cada diez, les importan mucho las apariencias y es necesario imponerse con la presencia.

Porque esto es muy importante… Yo lo sé.

Jesús calla y se amarra las sandalias de fina piel roja, que van desde el empeine hasta las pantorrillas.  Son mucho más hermosas, exquisitas y elegantes; que las sencillas sandalias de obrero que usa Jesús.

Son semejantes a las de Judas, que parecen unos mocasines a los que apenas si se les ve algo del pie.

Entonces la madre de Judas, le entrega una túnica nueva diciendo:

–   También el vestido Rey mío. Lo tenía preparado para mi Judas.

Pero él te lo regala. Es de lino; fresco y nuevo. Por favor, permite que una madre te vista, como si fueses su hijo.

Jesús vuelve a mirar a Judas, pero no contradice. Se suelta en el cuello la cinta y cae la amplia túnica. Quedándose solamente con la túnica corta.

La mujer le pone el vestido nuevo y le ofrece un cinturón que es una faja muy rica, recamada con hilos de oro; de la que sale un cordón, que termina con muchos hilos.

Es indudable que los elegantes vestidos frescos y limpios de polvo, son muy confortables. Pero Jesús no parece muy contento…

Los demás también se han aseado

Y Judas; como el anfitrión perfecto, invita:

–   Ven Maestro. Son de mi pobre huerto. Éste es el jugo de manzanas que mi madre prepara. –le alarga un vaso de cristal labrado exquisitamente.

Y agrega:     

–   Tú Simón, tal vez te guste más, este vino blanco. Toma. Lo elaboramos en mi viñedo. Y tú Juan, ¿Igual que el maestro?

Juan asiente con la cabeza.

Judas está feliz, mostrando sus hermosos vasos y en lo más profundo de su corazón, se regodea con la oportunidad de presumir que lo que posee, no sólo es lo mejor de lo mejor…

Sino que sólo un sacerdote, descendiente de la clase sacerdotal; es decir, la élite del Pueblo de Israel; tiene la riqueza y la clase para honrar a Dios.

La madre habla poco. Mira una y otra vez a su Judas.

Pero mira mucho más a Jesús. 

Y cuando Él antes de comer; le ofrece la fruta más hermosa y jugosa: un durazno muy grande y de un color que manifiesta su punto óptimo, para ser ingerido;

Mientras le dice:

–     Primero es la madre.

Una lágrima como una perla, asoma a sus ojos.

Judas pregunta:

–   ¿Mamá; todo lo demás está listo?

Ella contesta titubeante:

–   Sí, hijo mío. Creo que todo lo he hecho bien. Yo he vivido siempre aquí… Y no sé…  no conozco las costumbres de los reyes.

Jesús interviene interrogante:

–    ¿A qué costumbres te refieres, mujer? ¿A qué reyes?  Pero… ¿Qué has hecho, Judas?

Judas contesta a la defensiva:

–    Pero… ¿Acaso no eres Tú, el Rey Prometido a Israel? Es hora de que el mundo te salude como a tal.

Lo que debe suceder, tiene que ser por vez primera aquí en mi ciudad y en mi casa. Yo te venero como a tal.

Por el amor que me tienes, respeto tu Nombre de Mesías, de Rey. El Nombre que los profetas te dieron por orden Yeove. Y por favor no me desmientas.

Jesús se dirige a todos:

–    Mujer… Amigos, permítanme un momento. Debo hablar con Judas. Debo darle órdenes precisas.

Su Voz es una orden perentoria.

La madre y los discípulos se retiran. 

Y Luego, volviéndose hacia el discípulo que conoce perfectamente su identidad..,

Lo cuestiona con severidad:

–     Judas, ¿Qué has hecho? ¿Hasta ahora me has entendido tan poco? ¿Por qué me has rebajado hasta el punto de hacerme tan solo un poderoso de la tierra?

¿Aún mucho más: a uno que se esfuerza en ser poderoso?

¿No entiendes que es una ofensa a mi misión y hasta un obstáculo?

Sí. No digas que no: OBSTÁCULO. Israel está sujeto a Roma.

Tú sabes lo que ha sucedido cuando alguien con apariencia de cabecilla, ha querido levantarse contra Roma y crea sospechas de fomentar una guerra de liberación.

Has oído justamente en estos días, como se ensañaron contra un Niño, tan solo porque se pensó que fuese un futuro Rey, según el mundo.

¡Y tú!…  ¡Tú! ¡Oh, Judas!…  ¡Pero qué es lo que esperas de un poder mío, humano!  ¿Qué esperas?… 

¡Te he dado tiempo para que pensaras! Y decidieras.

Te hablé muy francamente desde la primera vez. Te he rechazado, porque sabía…  Porque sé. Sí. Porque sé… 

Porque lo leo y veo, lo que hay en ti.

¿Por qué quieres seguirme, si no quieres ser como Yo quiero? Vete, Judas. No te hagas daño y no me lo hagas… ¡Vete!…  Es lo mejor para ti.

No eres un obrero apto para esta obra… Es muy superior a ti.

En ti hay mucha soberbia. Concupiscencia con sus tres ramas. Autosuficiencia.

Tú misma madre debe tener miedo de ti. Tienes inclinación hacia la mentira. ¡No! Así no debe ser el que me siga…

Judas, Yo no te odio. No te maldigo y tan solo te digo con el dolor del que ve que no se puede cambiar al que ama…

Tan solo te digo: ‘Vete por tu camino. Ábrete camino en el mundo, que es el lugar que tú quieres:

Pero No te quedes conmigo’ 

¡Mi camino! ¡Mi Palacio! ¡Oh, cuánta aflicción hay en ellos! ¿Sabes en donde seré Rey? ¿Sabes cuándo seré proclamado Rey?…

¡Cuando sea levantado en un madero infame y tendré mi Sangre por púrpura!

¡Por corona un tejido de espinas; por bandera un cartelón de burla! Por trompetas, tambores, organillos y cítaras, que saluden al proclamado Rey: ¡Blasfemias de todo un pueblo!

De mi Pueblo, que no habrá entendido nada.

¿Y sabes por obra de quién todo esto? De uno que no me habrá entendido, QUE NO HABRÁ ENTENDIDO NADA.

Corazón de bronce hueco en el que la soberbia, la sensualidad y la avaricia, para entonces ya habrán destilado sus humores y éstos habrán engendrado una maraña de serpientes que servirán como cadena para mí y…

Y MALDICIÓN PARA ÉL. Los demás no conocen tan claramente mi suerte. Y te ruego que no lo digas. Que esto quede entre tú y Yo. 

Por otra parte es un regaño…  Y tú callarás por no decir: ‘Me regañaron¿Has entendido, Judas?

Judas está muy colorado. De pié ante Jesús, está avergonzado, con la cabeza baja.

Se deja caer y llora con la cabeza pegada a las rodillas de Jesús.

Suplica:

–    Maestro, te amo. No me rechaces. Soy un necio. Sí, soy soberbio… pero no me apartes de Ti. No, Maestro. Será la última vez que falto. Tienes razón. No he reflexionado.

Pero también en este error, hay amor. Quise proporcionarte mucho honor. Y que los demás te lo diesen porque te amo. ¡Ea, pues; Maestro! Yo estoy a tus rodillas.

Me has dicho que serás para mí un padre y te pido perdón. Te pido que me hagas un adulto santo. No me despidas, Jesús.

Jesús, Jesús, Jesús… No todo es maldad en mí. ¿Lo ves?… Por Ti he dejado todo y he venido.

Tú vales más que los honores y victorias que obtenía yo, cuando servía a otros. Tú en realidad Eres el amor del pobre e infeliz Judas; que querría darte tan solo alegrías y que en cambio te da dolores…  

Jesús está fatigado, por un tremendo cansancio espiritual… 

Es indispensable mirar este diálogo con el Carisma de Discernimiento…

Y lo interrumpe:

–    Basta, Judas. Una vez más, te perdono… Te perdono esperando… esperando que en el futuro me comprendas.

Una sombra pasa por la mirada de Judas y aparece el verdadero motivo de su insistencia:

Pero Judas se obstina y sin querer revela el verdadero motivo por el que no quiere ser expulsado del grupo apostólico:

–   Sí, Maestro, sí. Ahora ya no quieras en modo alguno, desmentirme. Pues esto haría de mí, una burla.

Todo Keriot sabe que he venido con el descendiente de David; el Rey de Israel… Y esta ciudad mía se ha preparado para recibirte.

Pensé que hacía bien. Quise presentarte de tal forma, que todos te temieran y te obedecieran.

También Simón y Juan…

Y a través  de ellos trasmitir a los demás… cómo se equivocan al tratarte como un igual.

Ahora…  también mi madre será objeto de burla, por ser la madre de un hijo mentiroso y loco.

Por ella, Señor mío, te suplico… Y te juro que yo…

Jesús lo interrumpe:

–   No jures por Mí. Jura por ti mismo, si puedes; para no pecar más en este sentido.

Por tu madre y por los ciudadanos, no me marcharé. Levántate…

–                 ¿Qué dirás a los demás?

–                 La verdad.

–                 ¡Nooooo!

–                 La Verdad. Ya te he dado órdenes para hoy. Siempre existe la manera de decir la Verdad con caridad… Llama a tu madre y a los demás.

Jesús está severo y no sonríe.

 

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