Archivos diarios: 11/08/20

R EL VALLE DE LÁGRIMAS


Agosto 10 2020

Habla la Santísima Virgen María

Visión: Veo un faro, un faro con luz. Es de noche, hay una gran turbulencia en el mar, las olas altas se mueven de un lado al otro y me dice la Santísima Virgen:

Hijitos Míos, Yo Soy Faro de Salvación.

Estos son tiempos de gran turbulencia espiritual, veis maldad por todos lados.

Veis idolologías erróneas que muchos van aceptando como verdad absoluta y dejan a un lado las Verdades Reales y Divinas de Nuestro Dios en Su Santísima Trinidad.

Estos son tiempos de gran confusión donde Satanás se ha introducido a todos niveles de la educación, de las creencias y la cultura.

Y va haciendo que vosotros perdáis el rumbo de las Verdades que se os han dejado en las Sagradas Escrituras.

Mucho mal hay a vuestro alrededor, ciertamente hay maldad como, por ejemplo, la gente que se dedica al robo, 

pero la maldad mayor es cuando se destruyen las creencias que se os dejaron como camino para llegar al Cielo de regreso.

Hijitos Míos, Yo, como faro de Salvación, os voy tomando, os voy guiando, os voy alumbrando el verdadero camino, voy llevando a las almas de regreso hacia el redil de Mi Hijo.

Es una desgracia Mis pequeños, que el mundo tenga que entrar en una Tribulación tal, como no la ha habido antes, como en Fátima os anuncié, para que muchas almas regresen al Redil de Mi Hijo.

NO ACTUÁIS CON SABIDURÍA,

OS DEJÁIS LLEVAR POR LO PRIMERO QUE MUEVE VUESTRAS EMOCIONES

Y NO CONSTATÁIS, EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS,

SI LO QUE ESTÁIS APRENDIENDO ES VERDADERO O FALSO.

Simplemente lo tomáis porque os emocionáis con ese nuevo conocimiento y tarde, a veces muy tarde, os dais cuenta del error tan grave que cometisteis al seguir esas ideologías, generalmente satánicas, que os desviaron del camino de la perfección.  

Yo Soy ese Faro de Salvación que ven los hombres cuando ya prácticamente, todo lo sienten perdido;

entonces aparezco Yo, vuestra Madre, vuestra Madre que cuida siempre a Sus hijos y los lleva ante Su Dios, Mi Hijo, vuestro Salvador. 

Satanás es muy ruin con las almas, cuando toma a una alma y la engaña, la va llevando por caminos oscuros y llega un momento en que ya no puede salir de ahí, porque no sabe cómo y además, no tiene las bases tampoco.

Bases espirituales correctas para salir de ellos y es cuando Me presento Yo, vuestra Madre, para arrebatarle vuestras almas a Satanás y llevaros por un camino que no conocíais y así, podáis regresar a la Verdad de Nuestro Dios.

Nunca os separéis de Mí, Mis pequeños, Soy vuestra Madre, así Me lo pidió Mi Hijo, que cuidara de vosotros en todo momento.

Satanás no tiene corazón, él quiere destruiros, él os tiene una gran envidia, os quiere destruir para que erréis el camino y os condenéis, como él también perdió todo y en el Infierno está.

Orad, orad intensamente, Mis pequeños, y nunca perdáis la confianza en vuestro Dios y en Mí, Mis pequeños. 

Siempre os estareMos cuidando, aunque no Nos veáis, aunque no Nos sintáis, siempre estareMos ahí junto a vosotros esperando que veáis esa Luz Salvadora,

Esa luz que ven los marinos y que al momento en que la ven, la paz llega a ellos porque saben qué rumbo tomar para llegar a la playa.

Soy vuestra Madre, Mis pequeños, no lo olvidéis. 

Os estoy cuidando, pero también poned de vuestra parte para que alcancéis vuestra salvación, recordad que la salvación no se impone, se toma con cariño y agradecimiento.

Cuando en el Salve Regina rezáis esa parte de que estáis en un valle de lágrimas, es una realidad, Mis pequeños,

¡ESTÁIS EN UN VALLE DE LÁGRIMAS!

El Príncipe  de este Mundo, con el pecado con el que hizo que cayeran vuestros Primeros Padres, convirtió el Paraíso, el Mundo, la Creación bellísima que había creado Nuestro Dios para vosotros, en un Valle de Lágrimas.

5. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Estáis viviendo una irrealidad espiritual, y lo digo así porque Nuestro Padre Dios, Mi Señor y Mi Dios, no creó esto que estáis viviendo, esto se ha dado por causa del pecado.

Estáis viviendo en un Valle de Lágrimas, que es lo que también el hijo pródigo vivió cuando él se separó de su padre, el rey,

cuando se llevó toda su herencia y todo lo que para él era bello antes en el palacio, antes de salir de él, por vivir vida de pecado;

convirtió también su vida en un valle de lágrimas, al grado que sufrió muchísimo al no tener ya lo que tenía en el reino.

Mis pequeños, estáis viviendo con pecados y con maldad a vuestro alrededor.

Lo que estáis viviendo va en contra totalmente de lo que Nuestro Padre, Nuestro Creador, Nuestro Dios, pensó para la Creación;

ESTÁIS VIVIENDO LA MALDAD DE SATANÁS

Y EN CIERTA FORMA VOSOTROS LA HABÉIS ACEPTADO

LA HABÉIS TOMADO COMO MEDIO DE VIDA

Y ESO DESGRACIADAMENTE ES LO QUE CONOCÉIS

Y MANTENÉIS ENTRE VOSOTROS

Estáis viviendo en un valle de lágrimas donde ya no hay virtud, no hay amor entre vosotros, no buscáis el bien entre hermanos

y menos aún buscáis el respeto, el amor, la adoración que se merece Nuestro Dios, Nuestro Creador, el Padre de todo cuanto existe.

Mis pequeños, mucha maldad hay a vuestro alrededor, mucho error ha diseminado Satanás entre los hombres y vosotros podríais levantar todo esto a como era antes si os volvieras a Él,

21. El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.”

Si realmente cambiarais de forma de ser, de forma de pensar y que fuerais como el hijo pródigo, que os arrepintierais de corazón y que quisierais regresar a Él pidiéndole perdón

Y de esta forma, Nuestro Dios, Nuestro Padre, os recibiría con los brazos abiertos e inmediatamente cambiaría todo.

Recordad a Nínive, cómo siendo una ciudad también de maldad, de error y de pecado, se arrepintieron; hubo un comportamiento sano y santo y todo volvió a la normalidad.

O sea, al estado de Gracia, dejando el pecado, dejando la maldad en la que vivían, que ciertamente no sucedió en Sodoma y Gomorra.

DE ALGUNA FORMA TAMBIÉN TUVIERON ELLOS ALGÚN AVISO DE NUESTRO PADRE DIOS,

PERO NO QUISIERON ENTENDER,

EL PECADO ESTABA DEMASIADO ARRAIGADO EN EL CORAZÓN DEL HOMBRE,

SE MANTUVIERON EN SU PECADO Y FUERON DESTRUIDAS ESAS DOS CIUDADES

Ahora os pregunto, Mis pequeños: ¿Queréis terminar como Sodoma y Gomorra?

¿Queréis ser aniquilados totalmente o queréis ser los hijos pródigos que está esperando Nuestro Padre Dios que seáis todos vosotros?

El Cielo es para vosotros, las Puertas del Cielo están abiertas porque Mi Hijo las abrió por vosotros, con Su Donación, con Su Redención,

pero vosotros no queréis entender, no brota de vosotros ese amor que necesita Nuestro Padre Dios para enternecerse de vosotros, perdonaros, perdonar la culpa que os merecéis por vuestros pecados

y que os absuelva de vuestras faltas, regreséis al bien y recibáis nuevamente Sus Bendiciones.

De vosotros depende, Mis pequeños, que obtengáis las Bendiciones de Nuestro Dios, de vosotros depende.

 Hijitos Míos, el Amor siempre va a uniros, el Amor nunca separa, el Amor soporta mucho, así como Yo he soportado tanto pecado de la humanidad y aún os sigo buscando.

Así es el Amor, Mis pequeños, y así es lo que os pido también a vosotros, que tengáis Amor hacia vuestros hermanos,

que haya un Amor profundo y sincero hacia todos aquellos que os rodean, hacia aquellos que conocéis y los que no conocéis, todos sois una familia y todos necesitáis de Mi Amor.

Nadie puede entrar al Reino de los Cielos si no está purificado y santificado en el Amor que Yo os he dejado. El pecado siempre os va a separar de Mí, Mis pequeños. 

Estáis viviendo momentos de la historia en los que al pecado ya no lo tomáis así como es, vuestro corazón se ha vuelto traicionero contra Mi Amor.

El pecado va royendo, va destruyendo vuestro corazón y vais dejando, cada vez más y más, que éste entre en vuestra vida, en vuestra forma de ser.

Sabéis que hay muchos tipos de pecado, pero hay uno el cual casi no le dais importancia, que es el pecado de omisión y ese va muy fuertemente en contra de la Caridad, contra el Amor.

 El pecado de omisión es aquel en el cual vosotros no os dais por vuestros hermanos, no dais de lo que tenéis, tanto de lo espiritual como de lo material.

ESTOS TIEMPOS VAN A SER TAN GRAVES

QUE VOSOTROS PODRÉIS IR REPARANDO ESE PECADO DE OMISIÓN,

QUE HABÉIS MANTENIDO DURANTE VUESTRA VIDA,

PORQUE VAIS A TENER QUE DAR CON AMOR O CASI POR OBLIGACIÓN

A VUESTROS HERMANOS DE LO QUE TENÉIS, 

(No olviden USAR el Carisma de los Milagros)

Pero eso os va a ir llevando poco a poco hacia la Virtud de compartir el Verdadero Amor a vuestros hermanos y eso es lo que quiere Mi Hijo, Mis pequeños,

1 de Reyes 17, 15

Que vosotros compartáis de lo que tenéis y que hagáis la verdadera familia a la que estáis llamados, que debéis ser cada uno de vosotros, para que os podáis unir fácilmente, cuando dejéis esta Tierra, a la vida del Cielo

 a vuestra familia que os está esperando, y no estoy hablando de la familia que tuvisteis en la Tierra, sino de la Familia Celestial porque en el Cielo todos sois hermanos en Cristo Jesús, Mi Hijo.

ASÍ QUE, MIS PEQUEÑOS, LUCHAD CONTRA ESE PECADO DE OMISIÓN. 

QUE LA CARIDAD SIEMPRE ESTÉ CON VOSOTROS,

QUE DEIS A VUESTROS HERMANOS DE CORAZÓN LO QUE TENGÁIS,

 puede ser un consejo, puede ser una ayuda material, puede ser el amor que muchos, muchos esperan, porque ya casi no hay amor entre los hombres, verdadero amor.

Visión: Cuando íbamos a empezar el Santo Rosario, estaba aquí la Santísima Virgen, Su Presencia era muy fuerte, duró un ratito.

Se veía bellísima, pero duró poquito y luego veo a Dios Nuestro Señor crucificado, que baja al Purgatorio.

Entonces las almas, todas las almas querían como tocarlo, me imagino para que los perdonara y salieran del Purgatorio.

A partir de ahí me hicieron sentir mucho dolor, el dolor que tienen en Su Corazón por tantas almas que se van a perder.

HIJITOS MÍOS, GRANDES,

GRANDES DESASTRES SE ACERCAN PARA TODA LA HUMANIDAD,

GRANDES DESASTRES SE AVECINAN Y LA HUMANIDAD NO ESTÁ PREPARADA PARA SALVARSE

(EMPIEZO A SOLLOZAR)

ESE ES EL DOLOR QUE TENEMOS HIJO MÍO,

QUE TE HEMOS COMPARTIDO.

Nos duele tanto ver este Desastre Espiritual que se aproxima, las almas no están preparadas porque no viven en estado de Gracia,

Y se van a perder millones de almas porque viven en estado de pecado grave (sigo sollozando)

 Es un Gran Dolor el que se aproxima y la humanidad no lo toma en cuenta, no toma en cuenta su estado actual.

Por más que trataMos de que esta humanidad entienda, que esta humanidad se arrepienta, no quiere, ¡NO QUIERE!

Soy vuestra Madre, la Siempre Virgen María, y busco el bien de vuestras almas, como Me lo pidió Mi Hijo, pero no responden, no responden las almas, no quieren regresar a su Hogar Eterno.

¡CUÁNTA MALDAD HAY EN LOS CORAZONES!

¡CUÁNTA INGRATITUD HAY HACIA NUESTRO DIOS Y SEÑOR!

¡CUÁNTA INDOLENCIA HAY HACIA EL SACRIFICIO ETERNO DE MI HIJO!

El terrible SACRILEGIO de la comunión en la mano y dada por los ministros laicos…

¡CUÁNTA TRAICIÓN HAY HACIA SU CUERPO Y SU SANGRE DIVINOS!

¡CUÁNTOS SACRILEGIOS A DIARIO SE LLEVAN A CABO CONTRA EL CUERPO Y SANGRE DE MI HIJO!

¡CONTRA TODO LO QUE ES DIVINO, CONTRA TODO LO QUE VIENE DEL CIELO!

Orad, orad todo el tiempo, Mis pequeños, orad todo el tiempo que podáis, salvad cuantas almas podáis.

Los DESASTRES van a ser tremendos, no va a dar tiempo de que las almas se arrepientan, no están preparadas, ¡No están preparadas para bien morir!

El Cielo Eterno ora junto con vosotros, pero el hombre ha sellado su corazón y mantiene el Mal dentro de él, no permite que el Bien Divino entre a sus corazones y les purifique de sus faltas.

Orad, interceded, ayunad, haced sacrificios, penitencias, por vuestros hermanos; para que su corazón se abra antes del tiempo señalado de las grandes catástrofes y se puedan arrepentir y salvar.  

Cuando estamos crucificicados junto con Cristo, nuestra intercesión ES PODEROSÍSIMA Y DEVASTADORA CONTRA SATANÁS…

Pedid, pedid Mis pequeños al Cielo, que vuestra Oración sea poderosa.

Uníos a la Comunión de los Santos, vivid de ahora en adelante para salvar almas.

¡Cuánto dolor! ¡Cuánto dolor Nos causan estas almas que han cerrado su corazón a la Gracia!

AcompañadMe Mis pequeños a orar, a interceder. Amadlas aunque no las conozcáis, son vuestros hermanos, orad por ellas.

Que la bendición de vuestro Dios quede con vosotros y que la Luz del Espíritu Santo, Mi Esposo, os lleve hacia la unión fraterna con la que debéis llegar al final de vuestra existencia.

Y que debéis dejar aquí también entre vuestros hermanos, ese amor fraterno, filial, un amor profundo como el que os enseñó Mi Hijo.

Yo os bendigo en Nombre de Nuestro Padre Dios, en Nombre de Mi Hijo, el Salvador, en Nombre de Mi Esposo, el Santo Espíritu de Amor y en Mi Nombre, vuestra Madre Santísima, la Siempre Virgen María.

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40 UN HOMBRE DESCONCERTANTE


40 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús está con Simón en Jerusalén. Se abren paso entre la muchedumbre de vendedores y de asnos, parece una procesión por la calzada -.

 Jesús dice:

–        Subamos al Templo antes de ir al Get Sammi. Oraremos al Padre en su Casa.

–       ¿Sólo eso, Maestro?

–       Sólo eso. No puedo entretenerme. Mañana al alba, es la cita en la Puerta de los Peces y si la muchedumbre insiste, me va a impedir ir.

Quiero ver a los otros pastores. Los disemino como verdaderos pastores por Palestina para que congreguen a las ovejas y sea conocido el Dueño del rebaño al menos de nombre;

de modo que cuando ese nombre Yo lo pronuncie, ellas sepan que soy Yo el Dueño del rebaño y vengan a Mí y Yo las acaricie.

–       ¡Es dulce tener un Dueño como Tú! Las ovejas te amarán.

–       Las ovejas…, no las cabras.

Después de ver a Jonás, iremos a Nazaret y luego a Cafarnaúm. Simón Pedro y los otros sufren por tanta ausencia…

Iremos a darles este motivo de gozo y a dárnoslo a nosotros mismos. Incluso el verano nos aconseja que lo hagamos.

La noche está hecha para el descanso y demasiado pocos son los que posponen el descanso al conocimiento de la Verdad. El hombre…

¡El hombre! Se olvida demasiado de que tiene un alma y piensa sólo en la carne y se preocupa sólo de la carne.

El sol durante el día es violento, impide caminar y enseñar en las plazas y por los caminos. Tanto cansa, adormece los espíritus y los cuerpos.

Pues entonces… Vamos a adoctrinar a mis discípulos; a la agradable Galilea, verde y fresca de aguas. ¿Has estado allí alguna vez?

–       Una vez, de paso y en invierno, en una de mis penosas peregrinaciones de un médico a otro. Me gustó…

–      ¡Oh, es hermosa siempre; durante el invierno y más aún, en las otras estaciones!

Ahora, en verano, tiene unas noches tan angelicales… Sí, de lo puras que son, parecen hechas para los vuelos de los ángeles. El lago…

El lago, con su cinturón de montes más o menos cercanos que lo resguardan, parece hecho justamente para hablar de Dios a las almas que buscan a Dios.

Es un trozo de cielo caído entre el verde; y el firmamento no lo abandona, sino que se refleja en él con sus astros, multiplicándolos así… como queriendo presentárselos al Creador diseminados sobre una lastra de zafiro.

Los olivos descienden casi hasta las olas y están llenos de ruiseñores… Y también cantan su alabanza al Creador que hace que vivan en ese lugar tan dulce y plácido.

¿Y mi Nazaret? Toda extendida bajo el beso del sol, toda blanca y verde, sonriente entre los dos gigantes del grande y del pequeño Hermón.

Y el pedestal de montes en que se apoya el Tabor, pedestal de suaves pendientes del todo verdes, que elevan hacia el sol a su señor, frecuentemente nevado,

pero tan hermoso cuando el sol ciñe su cima, que toma aspecto de alabastro rosado…

En el lado opuesto, el Carmelo es de lapislázuli a ciertas horas de sol intenso en las que todas las venas de mármoles o de aguas, de bosques o de prados, se muestran con sus distintos colores;

y es delicada amatista bajo la primera luz, mientras que por la tarde es de berilo violeta-celeste; y es un solo bloque de sardónica cuando la luna lo muestra todo negro contra el plateado lácteo de su luz.

Y luego, abajo, al Norte, el tapiz fértil y florido del llano de Esdrelón.

Y luego… ¡Oh…, Simón!, ¡Allí hay una Flor… una Flor hay que vive solitaria difundiendo fragancia de pureza y amor para su Dios y para su Hijo! Es mi Madre.

La conocerás, Simón, y me dirás si existe criatura semejante a Ella, incluso en humana gracia, sobre la faz de la Tierra.

Es hermosa, pero toda hermosura queda pequeña ante lo que emana de su interior.

Si un bruto la despojase de todas sus vestiduras, la hiriera hasta desfigurarla y la arrojara a la calle como a un vagabundo, seguiría viéndosela como Reina y regiamente vestida, porque su santidad le haría de manto y esplendor.

Toda suerte de males puede darme el mundo, pero Yo le perdonaré todo, porque para venir al mundo y redimirlo la he tenido a Ella,

la humilde y gran Reina del mundo, que éste ignora, y por la cual, sin embargo ha recibido el Bien y recibirá aún más durante los siglos.

Hemos llegado al Templo. Observemos la forma judía del culto.

Pero en verdad te digo que la verdadera Casa de Dios, el Arca Santa, es su Corazón, cubierto por el velo de su carne purísima, bordado de filigrana por sus virtudes.

Ya han entrado y caminan por el primer rellano.

Pasan por un pórtico, dirigiéndose a un segundo rellano.

Simón dice:

–       Maestro. Mira Judas, allí, entre aquel corro de gente. Y hay también fariseos y miembros del Sanedrín. Voy a oír lo que dice. ¿Me dejas?

–       Ve. Te espero junto al Gran Pórtico.

Simón va rápido y se coloca de forma que puede oír sin ser visto.

Judas habla con gran convencimiento:

–        … Y aquí hay personas, que todos vosotros conocéis y respetáis, que pueden decir quién era yo.

Pues bien, os digo que Él me ha cambiado. El primer redimido soy yo. Muchos entre vosotros veneran al Bautista. El también lo venera, y le llama “el santo igual a Elías por misión, más aún mayor que Elías”.

Ahora bien, si tal es el Bautista, Éste, al cual el Bautista llama “el Cordero de Dios”.

Y por su propia santidad, jura haberle visto coronar por el Fuego del Espíritu de Dios mientras una voz desde los Cielos lo proclamaba “Hijo de Dios muy amado al que se debe escuchar”,

Este no puede ser sino el Mesías. Lo es. Yo os lo juro. No soy un inculto ni un estúpido. Lo es. Yo le he visto obrar y he oído su palabra y os digo: es Él, el Mesías.

El milagro le sirve como un esclavo a su amo. Enfermedades y desventuras caen como cosas muertas y nace alegría y salud. Y los corazones cambian aún más que los cuerpos.

Ya lo veis en mí. ¿No tenéis enfermos? ¿No tenéis penas que necesiten ser aliviadas? Si las tenéis, venid mañana, al alba, a la Puerta de los Peces.

Ahí estará Él trayendo consigo la felicidad. Entretanto, ved cómo yo, en su nombre, a los pobres les doy este dinero.

Judas distribuye unas monedas a dos lisiados y a tres ciegos, y por último fuerza a una viejecita a aceptar las últimas monedas.

Luego despide a la multitud y se quedan él, José de Arimatea, Nicodemo y otros tres que por sus vestiduras, son sacerdotes del Templo.

Judas exhala con satisfacción:

–      ¡Ah, ahora me siento bien! No tengo ya nada, y soy como Él quiere. 

José exclama:

–      Verdaderamente no te reconozco. Creía que era una broma, pero veo que vas en serio.

–      ¡En serio! ¡Si yo soy el primero que no me reconozco! Sigo siendo una bestia inmunda respecto a Él, pero ya estoy muy cambiado.

Un sacerdote pregunta:

–       ¿Y vas a dejar de pertenecer al Templo?

–       ¡Sí! Soy del Cristo. Quien lo conoce, a menos que sea un áspid, no puede más que amarlo. Y no desea nada más aparte de Él.

Nicodemo pregunta:

–       ¿No va a volver aquí?

–       Claro que volverá, pero no ahora.

–       Quisiera oírlo.

–       Ya ha hablado en este lugar, Nicodemo.

–       Lo sé. Pero yo estaba con Gamaliel… Lo vi… pero no me detuve.

–       ¿Qué dijo Gamaliel, Nicodemo?

–       Dijo: “Algún nuevo profeta”. No dijo nada más.

–       ¿Y no le expresaste lo que yo te dije, José? Tú eres amigo suyo… 

–       Lo hice, pero me respondió: “Ya tenemos al Bautista y según la doctrina de los escribas, al menos deben pasar cien años entre éste y aquél, para preparar al pueblo a la venida del Rey.

Yo digo que hacen falta menos – añadió – porque el tiempo se ha cumplido ya – Y terminó: “Sin embargo, no puedo admitir que el Mesías se manifieste así…

Un día creí que comenzaba la manifestación mesiánica, porque su primer destello era verdaderamente resplandor celeste; pero luego… se hizo un gran silencio.  Y pienso que me he equivocado”.

–       ¿Por qué no se lo vuelves a decir? Si Gamaliel estuviera con nosotros y vosotros con él…

Otro sacerdote objeta:

–       No os lo aconsejo.  

El Sanedrín es poderoso y Anás lo rige con astucia y avidez. Si tu Mesías quiere vivir, le aconsejo que permanezca en la oscuridad; a menos que se imponga con la fuerza, pero entonces está Roma…

–        Si el Sanedrín lo oyera, se convertiría al Cristo.

–        ¡Ja! ¡Ja! ¡Ja! – se ríen los tres sacerdotes.

Y dicen:

–        Judas, te creíamos sí, cambiado, pero todavía inteligente.

–        Si es verdad lo que dices de Él, ¿Cómo puedes pensar que el Sanedrín lo siga?

–        Ven, ven, José. Es mejor para todos. Dios te proteja, Judas. Lo necesitas.

Y se marchan.

Judas se queda sólo con Nicodemo.

Simón se aleja sin hacerse notar y va donde el Maestro.

Está totalmente desconcertado y anuncia:

–        Maestro, me acuso de haber pecado de calumnia con la palabra y con el corazón.

Ese hombre me desorienta. Lo creía casi un enemigo tuyo, y lo he oído hablar de ti de una forma que pocos entre nosotros lo hacen, especialmente aquí donde el odio podría matar primero al discípulo y luego al Maestro.

Y le he visto dar dinero a los pobres y tratar de convencer a los miembros del Sanedrín…

Jesús responde:

–       ¿Lo ves, Simón? Me alegro de que lo hayas visto en una ocasión. Referirás esto también a los demás cuando lo acusen.

Bendigamos al Señor por esta alegría que me das, por tu honestidad al decir “he pecado” y por la obra del discípulo que creías malvado y no lo es.

Oran durante largo tiempo y luego salen.

Jesús pregunta:

–      ¿No te ha visto?

Simón contesta:

–       No. Estoy seguro.

–       No le digas nada. Es un alma muy enferma.

Una alabanza sería semejante al alimento dado a un convaleciente de una gran fiebre de estómago. Le haría empeorar, porque se gloriaría al tener conciencia que los demás se fijan en él. Y donde entra el orgullo…

–       Guardaré silencio. ¿A dónde vamos?

–       A donde  Juan; estará a esta hora calurosa en la casa de los Olivos.

Caminan ligeros, buscando la sombra por las calles, calles verdaderamente de fuego a causa del intenso sol.

Salen del suburbio polvoriento, atraviesan la puerta de la muralla, salen a la deslumbrante campiña; de ésta a los olivos, de los olivos a la casa.

En la cocina fresca y oscura por la cortina que han colocado en la puerta está Juan. 

Jesús lo llama:

–       ¡Juan!

Juan sonríe felíz:

–      ¿Tú, Maestro? Te esperaba por la noche.

–       He venido antes. ¿Cómo te has sentido durante este tiempo, Juan?

–       Como un cordero que hubiera perdido a su pastor.

Les hablaba a todos de ti, porque ello ya significaba tenerte un poco. He hablado de ti a algunos familiares, a conocidos, a otras personas y a Anás…

También a un lisiado que lo he hecho amigo mío con tres denarios; me los habían dado y yo se los he dado a él.

Y a una pobre mujer de la edad de mi madre, que lloraba entre un grupo de mujeres a la puerta de una casa.

Le pregunté: “¿Por qué lloras?”. Me respondió: “El médico me ha dicho: `Tu hija está enferma de tisis. Resígnate. Con los primeros temporales de Octubre morirá”.

Ella es lo único que tengo; es hermosa, buena, y tiene quince años. Iba a casarse para la primavera y en lugar del cofre de bodas le tengo que preparar el sepulcro”.

Le respondí:

–       Yo conozco a un Médico que te la puede curar si tienes Fe.

–       Ya ninguno la puede curar. La han visto tres médicos. Ya escupe sangre.

–       El mío – dije – no es un médico como los tuyos, no cura con medicinas, sino con su poder; es el Mesías…”.

Entonces una viejecita dijo:

–       ¡Cree, Elisa! ¡Conozco a un ciego al que Él le ha devuelto la vista!

La madre entonces pasó del desánimo a la esperanza, y te está esperando… ¿He hecho bien? No he hecho más que esto.

–       Has hecho bien. Por la noche iremos a ver a tus amigos. ¿Has vuelto a ver a Judas?

–       No, Maestro. Pero me ha mandado comida y dinero.

Yo se lo he dado a los pobres. Me había dicho que podía usarlo porque era suyo.

–       Es verdad. Juan, mañana vamos hacia Galilea…

–       Esto me alegra, Maestro. Pienso en Simón Pedro. ¡Con qué ansia te esperará! ¿Pasaremos también por Nazaret?

–       Sí, y allí esperaremos a Pedro, a Andrés y a tu hermano Santiago.

–       ¡Oh!, ¿Nos quedamos en Galilea?

–       Sí, durante un tiempo.

Juan se pone muy feliz.