Archivos diarios: 6/12/20

113 EL MARTIRIO 4


18. Pues la predicación de la cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan – para nosotros – es fuerza de Dios.

113 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Después de Pentecostés, cuando los apóstoles salieron a predicar a distintos lugares,

Santiago de Zebedeo cruzó a través del Mar mediterráneo hasta desembarcar en la Hispania, (Actuales España y Portugal)

Comenzó a predicar en Galicia, a la que llegó después de pasar las Columnas de Hércules y viajó por el Valle del Ebro hasta la Coruña.

Los Hechos de los Apóstoles relatan que éstos se dispersaron por todo el mundo para llevar la Buena Nueva.

Según una antigua tradición, Santiago el Mayor se fue a España.

Primero a Galicia, donde estableció una comunidad cristiana y luego a la ciudad romana de César Augusto, hoy conocida como Zaragoza.

Las enseñanzas del Apóstol no fueron aceptadas y solo siete personas se convirtieron al Cristianismo.

Estos eran conocidos como los “Siete Convertidos de Zaragoza”.

Las cosas cambiaron cuando la Virgen Santísima se apareció al Apóstol en esa ciudad, aparición conocida como la Virgen del Pilar.

Desde entonces la intercesión de la Virgen hizo que se abrieran extraordinariamente los corazones a la evangelización de España.

En el año 42 d.C. dejó discípulos en los lugares donde evangelizó y acompañado de algunos otros,  regresó a Judea.

Pronto tuvo una lucha contra los ardides de un poderoso hechicero llamado Hermógenes.

Pero Santiago estaba tan lleno del Espíritu Santo, que logró la conversión del antiguo mago.

Y éste se volvió uno de sus discípulos más virtuosos y perfectos.

Cuando los judíos se convencieron de que la conversión de Hermógenes era verdadera, hicieron responsable de ella a Santiago.

Alborotados se presentaron ante él, le increparon y trataron de impedirle que siguiera predicando la Doctrina del Crucificado.

Sin embargo el apóstol recurrió a la Sagrada Escritura

Y les demostró cómo en Jesús se habían cumplido todas las profecías que en Ella se contenían, acerca del Nacimiento y el Sacrificio del Mesías.

Y probó estas verdades con tal claridad y se armó tal alboroto, que una vez más se dividieron:

los que se encolerizaron empezaron a insultarlo, pero también hubo muchos que lo oyeron y se convirtieron.

Esto provocó tan enorme indignación en Abiatar, a quién correspondía el Sumo Pontificado aquel año, que sublevó al pueblo contra el apóstol.

Algunos de los amotinados lograron apresarlo y lo amarraron. Cuando le ataron las manos…

Santiago les dijo:

–   Vosotros podéis atar mis manos, pero no mi lengua.

Luego le pusieron una soga al cuello, lo condujeron ante Herodes Agripa y lograron que éste lo condenara a muerte.

Enseguida lo llevaron al Gólgota, donde había sido crucificado Jesús, fuera de la ciudad.

Cuando lo empujaban hacia allá, un tullido invocó al apóstol pidiéndole que le diera la mano, para que lo curase…

Santiago le dijo:

–   Ven tú hacia mí y dame tu mano.

El tullido fue hacia Santiago, tocó las manos atadas del apóstol e inmediatamente sanó.

Más adelante, un paralítico que yacía a la vera del camino, comenzó a suplicarle a gritos que lo sanara.

Santiago lo oyó y le dijo:

–   En Nombre de Jesucristo cuya Doctrina he predicado y defiendo.

Y por cuya causa voy a ser decapitado, te ordeno que te levantes del suelo, completamente curado y que bendigas al Señor.

Al ver este prodigio, el escriba Josías que había sido el que le pusiera la soga al cuello, se arrojó a sus pies, le imploró su perdón y se convirtió.

Santiago le preguntó:

–   ¿Deseas ser bautizado?

Josías respondió llorando:

–   Sí. Por favor recíbeme como cristiano.

–   Pronto serás bautizado en tu propia sangre.

Pero Abiatar que también estaba presente, agarró a Josías, lo zarandeó y…

Le exigió:

–   Si ahora mismo no maldices a Jesús el Crucificado, haré que te degüellen al mismo tiempo que a Santiago.

Josías respondió:

–  A quién maldigo es a ti.

Óyeme bien: ¡Maldito seas tú y maldito sea todo el tiempo que vivas!

Y escucha también  esto: ¡Bendito sea el Nombre de mi Señor Jesucristo por los siglos de los siglos! Amén.

Abiatar ordenó a algunos de los judíos incrédulos, que descargaran sobre el rostro de Josías, una buena tanda de bofetadas.

Y envió un mensajero a Herodes solicitando el permiso necesario, para ajusticiar al escriba convertido.

Al llegar al lugar designado para el suplicio, Santiago pidió al verdugo una redoma con agua.

Cuando se la proporcionaron, con aquella agua bautizó a Josías.  

Y después los dos fueron decapitados.

Era el año 44 d.C. Santiago de Zebedeo fue el primer apóstol de Jesucristo, en ser martirizado.

Abiatar ordenó que dejaran su cuerpo insepulto, como pasto de los perros y de las fieras.

Por la noche sus discípulos ibéricos, con muchas precauciones para no ser vistos, tomaron el cuerpo del apóstol y se lo llevaron al puerto de Jaffa.

Prodigiosamente hallaron una nave que no tenía tripulación.

Se embarcaron en ella, llevando con ellos el cuerpo de Santiago

Y rogaron a Dios que los condujera a donde Él quisiese que aquellos restos fuesen sepultados.

Guiada por un ángel del Señor, la barca comenzó a navegar y a los siete días llegaron al puerto de Iria, en las costas de Galicia;

región de España que estaba gobernada por una mujer llamada Lupa.

Al llegar a tierra, desembarcaron el cuerpo y lo colocaron sobre una piedra enorme,

la cual como si fuese de cera, repentinamente adoptó la forma de un ataúd y se convirtió milagrosamente, en el sarcófago del mártir.

A continuación los discípulos fueron a ver a la reina Lupa, pues ella era la dueña de los contornos y querían una parcela para enterrar a su maestro.

Y le dijeron:

–   Nuestro Señor Jesucristo te envía el cuerpo del apóstol Santiago.

Para que acojas muerto y con benevolencia, al que no quisiste escuchar cuando estaba vivo.

Pero ella los remitió al rey Duyo, que era enemigo declarado del cristianismo, quién los encarceló.

Fueron liberados por un ángel y luego perseguidos por los soldados de Duyo.

El destacamento moriría ahogado, al derrumbarse el puente por el que intentaron cruzar el río, en persecución de los fugitivos.

Los discípulos volvieron con Lupa, quién aterrada por lo que había sucedido, quiso deshacerse de ellos.

Entonces los envió al monte Allicinos, donde les ofreció dolosamente unos bueyes mansos que eran de su propiedad, para trasladar el cadáver.

Pero los bueyes no eran tales, sino toros salvajes.

Al aproximarse los discípulos, les salió al encuentro un pavoroso dragón…

que ante su presencia y al hacer la señal de la Cruz, se esfumó sin dejar rastro.

Enseguida, ellos se acercaron a los toros que no mostraron su natural bravura y se dejaron mansamente uncir  a la carreta.

Luego las bestias empezaron a caminar y se fueron  directamente, como si supieran el camino, llevando el sarcófago hasta el palacio de Lupa.

La reina asombrada por tantos prodigios, ya no se resistió.

Se convirtió y donó su palacio, para que fuera una iglesia y la sepultura del apóstol;

que de esta manera increíble terminó su azarosa travesía.

Después de esto, con el Espíritu Santo en acción, la expansión del cristianismo en la Península Ibérica fue rápida e intensa.

Rostro reconstruido científicamente en la actualidad, del apóstol Santiago de Zebedeo…

Y Santiago se convirtió en el santo Patrono y Protector de España.

+ + + + + + +

Después de Pentecostés, cuando los apóstoles se dispersaron a diferentes regiones, Andrés se fue a Siria;

luego continuó su camino hacia Capadocia, Galacia y Bitinia.

Por donde iba pasando, predicaba el Evangelio.

Hizo muchísimos milagros y la Presencia del Espíritu Santo en él era tan poderosa, que hubo innumerables conversiones.

Pero así como era portentosa su predicación del Evangelio, sufrió muchas persecuciones.

En Amiso, ciudad situada al oriente del Mar Negro y a setenta y seis millas de Sinope, ciudad del Ponto, lo acogió un judío en su casa.

En Sinope había sido apresado Matías.

Fue a verlo y ante su presencia, se le soltaron los grilletes a su compañero y se abrió el portón de la prisión.

De esta manera lo liberó y Matías se fue a predicar al territorio de los caníbales.

Por su parte, Andrés se quedó en la ciudad predicando el Evangelio, expulsando demonios y haciendo milagros.

A los sacerdotes de los templos de Afrodita y Artemisa, no les hizo ninguna gracia que de manera prodigiosa, también fueran destruidas sus estatuas.

Esto, aunado a la violación de su cárcel; los hizo enojar tanto que también a él lo apresaron.

Lo torturaron, le rompieron los dientes, le cortaron los dedos y creyendo que estaba muerto,

lo llevaron fuera de la ciudad y lo lanzaron en un paraje lleno de estiércol.

Jesús lo restauró.

Y Andrés regresó a la ciudad y al mismo lugar totalmente sano, para seguir predicando lleno de gozo y alegría.

Sus adversarios al verlo, se quedaron pasmados.

Pero al escucharlo creyeron, le pidieron perdón y se convirtieron.

En Bizancio resucitó al hijo único, de una mujer que había sido asesinado por sus enemigos.

Duró dos años en Nicea.

Recorrió la región de los antropófagos, las tierras de Scytia, (Actual Moldavia, Ucrania, Hungría y el este de Rusia) Macedonia, Peloponeso y Acaya.

Fundó iglesias, ordenó sacerdotes y consagró como Obispo de Patras a Herodión, uno de los setenta y dos discípulos que menciona el Evangelio.

Predicó en la región de los antropófagos y fue a las tierras de Scytia. (Actual Moldavia, Ucrania, Hungría y el este de Rusia).

Con la evangelización de Andrés, todos los templos paganos fueron quedando desiertos.

Poco antes de la Asunción de María Santísima, los ángeles lo llevaron a Jerusalén.

Y la Virgen le anunció la clase de muerte que iba a tener.

Desde este momento, su deseo más ardiente fue la Cruz.

Egeas, el Procónsul de Acaya estaba en Roma,

cuando su esposa Maximilia fue sanada de un cáncer en los ojos y se convirtió en cristiana.

A su regreso, Egeas prefirió su lealtad a Roma. Y persiguió a los cristianos, tal como lo decretaba el Edicto de Nerón.

Cuando Andrés estuvo frente a Egeas,

éste le dijo:

–   Así que tú eres ese Andrés…

El que destruye los templos de los dioses y seduce a los hombres con la religión que he recibido orden de extirpar.

Andrés le contestó:

–   El emperador no reconoce al Hijo de Dios, que bajó a la Tierra para traer la salvación.

Esos ídolos no son dioses. Son demonios inmundos que quieren alejar a los hombres de Dios, para que Él no los escuche.

Y así poder mantenerlos esclavizados, engañados y llenando sus almas de pecados; que es lo único que se llevarán al otro mundo.

–   Pues si no sacrificas a los dioses, morirás.

–  Tú eres el que debe alejarse de ellos.

Tú que eres juez de hombres, reconoce al Juez que está en los Cielos y adórale.

Entonces se inicia una larga discusión, en la que el apóstol trata de atraerle a la salvación por la Cruz de Cristo.

Pero para el Procónsul, la cruz es el castigo infamante propio de los esclavos, la afrenta suprema entre los gentiles.

Y se mofa de la muerte ignominiosa de Jesús.

Andrés le dice:

–   Las almas perdidas deben ser rescatadas por el Misterio de la Cruz.

El romano nunca podrá esperar la salvación de un crucificado. Para él es una realidad absurda que no comprende.

Y Egeas rechaza la invitación del apóstol.

Y le ordena que sacrifique a los dioses, como lo ordena el edicto.

Andrés le respondió:

–   Si tú conocieras el Misterio de la Cruz, seguramente creerías en Él y también le adorarías.

Estas palabras provocaron la cólera del Procónsul:

–   Te sacrificaré a ti, para que se apacigüen los dioses que enfureciste.

Serás colgado en una cruz, igual que al que tú glorificas.

Y Egeas ordenó que lo flagelaran.

Lo sentenció a morir crucificado y  amarrado a una cruz. Para prolongar su agonía, aumentar sus sufrimientos y hacer su muerte más lenta y dolorosa.

En el lugar del suplicio, Andrés se quitó sus vestiduras y las dio a sus verdugos.

Su rostro estaba radiante y su alma llena de júbilo, al ver su cruz tan ardientemente amada.

La saludó diciendo:

–   “Hace mucho tiempo que he deseado y esperado este feliz momento.

La cruz ha sido consagrada con el Cuerpo de Cristo…”

Después de azotarlo bárbaramente, el apóstol fue amarrado a una Cruz ‘decussata’, (en forma de X)

En ella estuvo dos días.

Y en todo ese tiempo, no dejó de predicar, de exhortar, de aconsejar.

Toda la ciudad se reunió a escucharlo.

Luego la gente se amotinó y quiso liberarle.

Pero Andrés los reprendió y les dijo que no se opusieran a su martirio.

Muchos fueron a la casa del Procónsul a decirle que bajara al apóstol.

Egeas los vio tan irritados, que temió un motín y fue al lugar del suplicio.

Andrés le dijo:

–   ¿A qué vienes?

Si quieres obtener perdón y creer en Cristo, ya lo tienes.

Pero si vienes a bajarme de la cruz, es demasiado tarde; porque ya estoy viendo a mi Rey y lo estoy adorando.

Egeas dio una orden y muchos se acercaron para quitarlo.

Pero en cuanto lo tocaron se paralizaron y no pudieron desatarle.

De pronto, una luz brillante y celestial envolvió al apóstol.

Esa Luz estuvo como media hora.

Andrés se sumergió en la Oración en el Espíritu y…

Luego dijo en voz alta:

–   ¡Oh, mi Señor Jesucristo, recibe mi espíritu!…

Cuando desapareció la luz, Andrés ya había expirado.

Maximilia lo enterró.

Y siguieron sucediendo muchos milagros por las oraciones que hacían en su tumba, pidiéndole su intercesión…

*  *  *  *  *  *  *  

Después de Pentecostés, al igual que los demás apóstoles, Felipe y Bartolomé permanecieron un tiempo en Palestina.

Luego, se fueron a predicar el Evangelio a Siria y siguieron adelante, hasta adentrarse en el Asia Menor.

Su predicación logró muchísimas conversiones, pues el Espíritu Santo obraba muchos prodigios maravillosos.

Pero también tuvieron que soportar muchísimas pruebas…

A Felipe los paganos quisieron obligarlo a hacer un sacrificio a Marte.

Como en aquel tiempo los dragones todavía no se extinguían;

había uno que estaba colocado bajo el pedestal de su estatua y mató con su aliento al sacerdote y a dos soldados.

Pero Felipe hizo huir al dragón y resucitó a los tres muertos.

Esto hizo que aumentara la fama de los apóstoles y su evangelización triunfaba con muchas conversiones.

Durante su paso por Lidia y Misia sufrieron muchas tribulaciones.

Fueron encarcelados, azotados y apedreados, pero a pesar de toda esta persecución, la gracia de Dios los sostenía…

Y los protegió milagrosamente, para que continuaran con su misión, hasta las tierras de Frigia.

En Hierápolis, se encontraron con un hombre que estaba ciego desde hacía cuarenta años y se llamaba Eustaquio.

Los apóstoles anunciaron el Evangelio y le devolvieron la vista, con el Poder del Espíritu Santo.

Luego lo bautizaron y se quedaron en su casa.

La noticia de que Eustaquio había recuperado la vista, se extendió rápidamente por todos lados…

Y una gran multitud se reunió para ver al curado.

Felipe y Bernabé les anunciaron el Evangelio y una gran cantidad de enfermos, fueron sanados.

Expulsaron demonios y hubo muchos milagros, con un gran despliegue de Poder del Espíritu Santo.

Todo esto hizo que muchos creyeran en Cristo y pidieran ser bautizados.

En la ciudad, había un templo muy famoso, donde era adorada una serpiente gigantesca.

La alimentaban y le ofrecían innumerables y variados sacrificios.

Con el poder de la Oración, los apóstoles la vencieron y la mataron.

El gobernador del lugar se llamaba Nicanor y su esposa fue mordida por una cobra.

Estaba agonizando y le dijeron que los extranjeros que se alojaban en la casa de Eustaquio sanaban toda clase de males, con tan solo decir una palabra.

En ausencia del marido, ella se hizo llevar por los esclavos hasta donde estaban Felipe y Bernabé y fue sanada.

Cuando el gobernador regresó, fue informado de que su mujer se había vuelto cristiana.

Nicanor se encolerizó mucho y ordenó que arrestaran a los apóstoles y que quemaran la casa de Eustaquio.

Cuando las órdenes fueron cumplidas,

Nicanor se sentó en el Tribunal del Foro, a presidir el juicio de los evangelizadores.

También se presentaron los sacerdotes del Templo de la Serpiente muerta, 

Y los acusaron.

Expusieron sus quejas ante Nicanor,

diciendo:

–           ¡Oh, noble Nicanor!

¡Castiga la ignominia que le han hecho a nuestros dioses!

Porque desde que estos extranjeros se aparecieron en nuestra ciudad, los templos han sido olvidados.

Y la gente ya no acude a ofrecer sus sacrificios acostumbrados.

Nuestra gran diosa, la serpiente, ha muerto y la ciudad entera se está llenando de iniquidad, pues con sus encantamientos, ellos están corrompiendo a tus súbditos.

 Por eso… ¡Da muerte a estos hechiceros!

Nicanor, ni siquiera dio la oportunidad de que los apóstoles se defendieran.

Y accediendo a las demandas, para vengar el sacro agravio, los condenó a la crucifixión.

El gobernador ordenó que los prisioneros fueran desnudados.

El primero fue Felipe.

Le perforaron orificios entre los huesos del tobillo, por donde hicieron pasar cuerdas.

Y lo crucificaron en una cruz con la cabeza hacia abajo, delante del portal de Templo de la Serpiente.

Y llenándolo de insultos, también le arrojaron piedras.

Después crucificaron a Bartolomé y lo pusieron en la pared del templo.

Pero repentinamente un gran terremoto sacudió la tierra…

Ésta se abrió y se tragó al gobernador, a los sacerdotes acusadores y a una gran cantidad de espectadores incrédulos.

Todos los sobrevivientes, tanto cristianos como paganos, quedaron aterrorizados.

Y lamentándose, rogaron a los apóstoles que se apiadaran de ellos y les ayudaran, a aplacar la irritación del Dios Altísimo del Universo, para que no los aniquilara también a ellos.

Suspendido desde lo alto de la muralla del templo, Felipe oró por sus enemigos, implorando el perdón para ellos.

Y por la Gracia de la Conversión, para que obtuvieran la salvación, al conocer y amar a Dios y a la Doctrina Cristiana.

El Señor accedió a su petición e inmediatamente hizo que la tierra devolviera con vida a las víctimas que se había tragado…

Con excepción del gobernador y los sacerdotes paganos, del Templo de la Serpiente.

Y velozmente se pusieron a quitar de la cruz a los apóstoles.

A Bartolomé lo arrancaron pronto, porque no estaba muy arriba del suelo.

Pero a Felipe, como lo habían suspendido muy arriba; NO pudieron sustraerlo.

Con estos tormentos, fue la Voluntad de Dios la que determinó, que su apóstol pasara de la Tierra al Cielo...

Y muriera en la cruz, como su amado Maestro.

En el lugar donde se derramó su sangre, creció en tres días una vid muy exuberante y hermosa…

Luego le hicieron un funeral con  grandes honores, al cuerpo del apóstol sacrificado.

Fue enterrado junto a sus hijas en Hierápolis.

Bartolomé en cambio, fue sanado milagrosamente de todas sus heridas.

Y todos glorificaron en voz alta el poder de Cristo y expresaron su deseo de ser bautizados.

Bartolomé los catequizó y después de bautizarlos, ordenó como obispo a Eustaquio,

para que se quedara a cargo de la naciente iglesia que había sido consagrada y se reuniría alrededor del sepulcro de Felipe.

Continuando con su misión, Bartolomé llegó hasta la India, proclamando el Evangelio y estableciendo iglesias.

Trabajó varios años pasando por ciudades y aldeas, haciendo muchos milagros y predicando a Cristo.

Tradujo a la lengua local el Evangelio de Mateo y también les dejó por escrito, un Evangelio en lengua hebrea,

el cual sería llevado a Alejandría un siglo más tarde, por el filósofo cristiano Panteno.

De la India se fue a Armenia.

Y aquí los demonios que moraban en los ídolos, se callaron.

Lamentándose con sus últimas palabras, de que Bartolomé los estaba atormentando y que pronto los expulsaría.

Los innumerables prodigios hechos en este renglón, provocó que muchos dejaran a sus dioses y se convirtieran en cristianos.

Polimio el rey de esta tierra, tenía una hija que estaba poseída por el demonio, quién  exclamaba por labios de ella:

–   Bartolomé.

¿También nos arrojarás de este lugar? 

Y se lamentaba dando alaridos.

El rey al oír esto, ordenó buscar inmediatamente a Bartolomé.

Y cuando éste llegó junto a la joven, el demonio huyó al instante dejando libre y sanada a la princesa.

El rey, deseando mostrar su gratitud al apóstol le llevó camellos cargados con oro, plata, perlas y distintas piedras preciosas.

El apóstol las rechazó con humildad,

diciendo:

–  Yo no busco estas cosas, sino más bien el alma de los hombres.

Que son más valiosas que todos los tesoros de la tierra.

Si las consigo y las llevo a las mansiones del Cielo, seré un gran mercader a los ojos del Señor.

El rey Polimio, impactado por estas palabras, creyó en Cristo y en el mensaje del Evangelio que Bartolomé les enseñó.

Se convirtió el rey, junto con la reina y toda la familia real.

Además de una gran cantidad de nobles y de ciudadanos del reino.

Todos fueron bautizados y Bernabé recibió total libertad para predicar en todas partes.

Más de diez ciudades siguieron el ejemplo de su rey,  que renunció al trono y se hizo discípulo del apóstol.

Sin embargo los sacerdotes de los templos paganos se encolerizaron muchísimo contra Bartolomé.

Se lamentaban profundamente por la destrucción de sus dioses y el abandono de sus templos, que eran el sustento de su poder y su riqueza.

Celebraron una asamblea y acordaron quejarse ante el nuevo monarca.

Un hermano de Polimio llamado Astiages lo sucedió en el trono.

Poco tiempo después de que éste iniciara su reinado, se presentaron ante él para quejarse por los daños inferidos a los dioses…

Con la profanación del templo real y la destrucción de las efigies sagradas.

Y acusaron al apóstol de todos los estragos ocasionados por los encantamientos realizados con sus artes mágicas, que habían corrompido a Polimio.

Lo convencieron para que infligiera venganza sobre el sacrílego, por todos estos ultrajes hechos a sus deidades.

Astiages escuchó la denuncia y dejándose llevar por la cólera, ordenó que arrestaran al apóstol.

Y lo trajeran a su presencia.

Cuando Bartolomé fue capturado y llevado ante él,

el rey Astiages le dijo:

–   ¡Así que tú eres el hombre que pervirtió a mi hermano!

Bartolomé contestó:

–    Yo solo le enseñé a conocer al Dios Vivo y Verdadero.

El rey replicó:

–   Pues yo voy a hacer contigo lo que tú hiciste con él.

Así como tú obligaste a Polimio a renegar de nuestros dioses, para creer en el tuyo.

Yo te obligaré a ti a renegar de tu Dios, para que adores al mío.

–   Yo lo que hice fue demostrar que lo que tu hermano adoraba,

ni siquiera son dioses. Son ángeles caídos. Creaturas rebeldes del Único Creador.

Los mostré apresados públicamente,  para que no sigan engañando y les exigí que destruyeran las efigies  de tus ídolos falsos.

Prueba tú a hacer lo mismo.

Si consigues maniatar a mi Dios, te prometo que adoraré al tuyo.

Pero si no lo consigues, porque no tienen tanto poder, continuaré destruyendo tus falsas divinidades.

Y si tú fueses razonable, adorarías a mi Señor, igual que lo hace tu hermano.

Estaban en esto, cuando le dijeron al rey que la imagen de Baldach, otro de sus ídolos, acababa de rodar por el suelo, rompiéndose en minúsculos pedazos.

El rey al oír esta noticia, rasgó su manto púrpura.

Y ordenó que azotaran a Bartolomé.

Y lo hizo crucificar cabeza abajo, hasta que renunciase a su Dios o muriese.

Pero el apóstol sufrió con paciencia la paliza y no dejó de proclamar la Palabra de Dios desde la cruz.

Exhortó a los cristianos a que fueran firmes en su Fe.

Y a los incrédulos a que conocieran la Verdad, guiándose por la Luz de Cristo.

Desde su patíbulo, parecía que estaba en el más cómodo de los púlpitos.

Bartolomé predicaba el Evangelio lleno de amor y de alegría, indiferente a todo lo que le sucedía.

El rey rehusaba escucharlo y miraba pasmado, la increíble resistencia del mártir.

Hasta que Astiages no pudo soportarlo más…

Y ordenó que desollaran vivo al apóstol.

Sin embargo, ni aún así Bartolomé se quedó callado.

Y se puso a alabar y glorificar a Dios, mientras le aplicaban el bárbaro tormento.

Al ver esto, exasperado hasta el límite de su capacidad,

Finalmente el rey ordenó cercenar la cabeza del sentenciado y la separaron de su cuerpo, junto con su piel.

Sólo entonces sus labios enmudecieron…

Cuando fue decapitado y su espíritu voló hacia el Cielo.

Así concluyó la vida terrenal de Bartolomé.

Después los cristianos bajaron su cuerpo de la cruz y junto con la cabeza y su piel;

Lo colocaron en un ataúd y lo enterraron en la ciudad de Albano, (Bakú) en Armenia.

Con sus reliquias seguían operándose muchos milagros, siguieron las conversiones y se fortaleció la Iglesia Cristiana.

P EL ÁNGEL DE LA MUERTE


Diciembre 05 2020

Habla Dios Padre

Hijitos Míos, la muerte, para unos es el momento más deseado de sus vidas, para otros, el más temido.

¿En qué consiste la diferencia?

Hijos Míos, la Muerte es el momento deseado de Mí Corazón; es el momento en el cuál vuestras almas regresan a Su Creador después de un largo viaje,

es el momento del coloquio Divino entre Vuestro Dios con Su creatura, es el momento del intercambio amoroso de las almas con Su Dios; es el pase a una nueva vida.

Vosotros, vuestras almas, Me pidieron el don de la vida para servirMe en la Tierra, para llevar Mí Amor, Mí Compasión a los necesitados, Mí Ternura a los afligidos, Mí Redención a los pecadores.

Vosotros hicisteis un pacto de amor y donación de vuestra voluntad aquí en el Cielo, para bajar a la Tierra y poder ayudarMe en la salvación de las almas;

hicisteis un pacto de amor para procurarMe felicidad al hacer Mí Voluntad.

¿Cómo no voy Yo a resistir abrazaros y buscaros cuando vosotros retornáis a Mí Reino, después de una larga o corta travesía por la Tierra?

¿Cómo no voy Yo a hacer fiesta con los Míos, por vuestro retorno a la Casa Celestial?

¿Cómo no voy Yo a gozar de vuestro regreso triunfal después de que habéis dejado Mí Presencia y Mí Amor entre vuestros semejantes?

Sí, hijitos Míos, la muerte es alegría en el Cielo, es alegría en Mí Corazón, es el momento de la eterna unión;

es el principio de una nueva vida probada en el Amor, después de la donación y triunfo de vuestra alma a Su Dios,

es la coronación a vuestras almas por Su Dios por haberos donado para llevar Su Santo Nombre y Amor a los vuestros.

Esto, hijitos Míos, es en realidad la muerte, vuestra muerte, la cuál no es fin, sino principio,

Principio de Gloria, Principio de Mí Amor a vosotros para un gozo eterno. Es el regreso e intercambio de experiencias de Vuestro Dios con vosotros. 

Es el recuerdo de Mí Presencia en vosotros, de Mis Cuidados amorosos mientras cumplíais vuestra misión, vuestra donación.

Es el recordar vivencias y de aceptar errores. Es momento de purificación gloriosa ante un Dios que os ama por sobre todas las cosas.

Es el momento de enfrentarse a la Verdad de Mí Corazón, pero es el momento del enfrentamiento con Mí Misericordia, con Mí Amor.

Si vuestra alma llega a Mí, deseosa de unión, a pesar de vuestras faltas, deberéis estar seguros de que Yo seré para vosotros Amor Total.

No encontraréis al juez que muchos temen y que os imagináis, sino encontraréis al Padre compasivo, al Padre que entiende perfectamente vuestra pequeñez y que sabrá disculpar todas vuestras faltas.

Si es vuestra humildad y arrepentimiento los que se presenten ante Mí, Yo os abrazaré y enjugaré vuestras lágrimas de dolor por haberMe contristado.


Si es vuestro pequeño amor el que viene ante Mí a dar cuentas al Amor, Yo lo colmaré y lo engrandeceré y será vuestro triunfo eterno ante vuestros hermanos en Mí Reino Celestial.

Hijitos Míos, ¡Cómo deseo el encuentro final! ¡El encuentro del Principio!

Mí Corazón se llena de alegría infinita al ver a las almas que retornan y Yo, como si no supiera nada de vuestras vidas y de vuestra misión en la Tierra,

Me gusta escucharos, Me gusta compartir de vuestra vida pasada, Me gusta vivir con vosotros vuestra vida.

El encuentro final ¡Qué alegría! Deberéis desear y pedirMe éste encuentro final, porque debéis estar seguros que Mí Gozo es grande al teneros nuevamente ante Mí

y porque deseo nuevamente fundiros a Mí Ser y así, Yo compartir con vosotros Mis Gozos y Gloria por toda la Eternidad.

Hijitos Míos, no temáis éstos momentos de gran Gloria y Amor de Mí Corazón.

Si vosotros tenéis plena Fé y Confianza en Mí Amor, no temáis, Yo conozco perfectamente vuestra pequeñez, vuestros defectos y vuestros pecados.

Yo os conozco mejor que vosotros mismos puesto que Yo os creé y os acompañé desde el primer momento de vuestra existencia.

Yo os he amado desde siempre y Mí Amor hacia vosotros, cuando con vuestra libre voluntad, Me pedís bajara al Mundo a servirMe, sabiendo los peligros existentes allá.

Por eso mismo el regreso es gratísimo a Mí Corazón. 

Mí Corazón es extremadamente sensible a las muestras de amor que Me proporcionan las almas al donárseme en vuestra libre voluntad.

Debéis estar gozosos con vuestra muerte, porque Me dáis también a Mí, gran gozo y ésta alegría que Me dáis, no la podréis comprender sino hasta que estéis Conmigo.

No temáis hijitos Míos, a la unión definitiva, deseádla.

Un Padre que os ama con un amor que no puede llegar a medir vuestra pequeña mente humana, os está esperando.

¡Me dáis tanto gozo, os lo aseguro! Tened confianza y venid a Mí arrepentidos y Yo sabré reconfortaros, pero venid.

Que vuestros últimos momentos en la Tierra sean de alegría y cantos jubilosos hacia Vuestro Padre, hacia Vuestro Dios, para que cuando cerréis vuestros ojos

se abran acá en Mí Reino y que vuestro gozo y vuestros cantos se unan a los de Mis Ángeles y Mis Santos.

Los que han de temer su muerte son aquellos que durante su vida se dedicaron a blasfemar Mí Nombre, a atacar Mí Doctrina,

a tratar de evitar la veneración y el amor a Mí Santísima Hija, la Siempre Virgen María.

Para ellos sí seré Juez riguroso, ya que todo lo que tuvísteis en la Tierra, todo lo obtuvisteis de Mí.

Vuestra vida, vuestro bienestar, vuestra salud, vuestros hijos, vuestros dones y capacidades y todo, os lo dí, a pesar de vuestras blasfemias y negaciones,

a pesar de vuestra falta de amor hacia vuestros semejantes, a pesar de haber hecho lo posible por tratar de destruir la Obra de Mí Hijo sobre la Tierra, por haber tratado de destruir Mí Iglesia.

Para aquellos sí seré Juez severo y no Padre amoroso, porque Me tuvieron y Me despreciaron,

porque los consentí por ser Mis hijos “problema” y no quisieron escuchar la voz amorosa de Su padre para volverlos al buen camino.

Estos sí han de temer el momento del encuentro, porque su vida eterna será de llanto y dolor.

Llanto y dolor que primero Me infringieron a Mí, vuestro Dios, y a pesar de Mí Dolor Infinito, vuestra condenación de dará.

Hijitos Míos, los que Me amáis, orad por todas ésas almas, las que no Me aman, las que Me atacan, las que no desean una vida eterna de alegrías y de Amor de Mí Corazón.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

Pedid por su salvación, orad, haced penitencia y ayunos por ellas, para que Yo pueda romper sus duros corazones y pueda introducirMe por las pequeñas resquebrajaduras

y mueva sus corazones al arrepentimiento sincero, para hacerles llegar Mí Luz de Amor y pueda Yo, por vuestra intercesión, ganarMe otra alma para Mí Reino.

Todas las almas Me pertenecen, todos sóis Míos, ¡volved a Mí, hijitos Míos, volved a Mí, os amo!

Uníos a los Méritos de Mí Hijo, unid vuestras pequeñas fuerzas y méritos, a los méritos Omnipotentes de Mí Hijo y así alcanzaréis fuerza insospechada.

Revestíos con Su Vida de ejemplo y amor y purificáos con Su Divina Sangre para que unida a vuestra muerte, os alcance de Mí Hijo, la Gracia de vuestra purificación final

y así os presentéis ante Mí, gloriosos y santos y os haga pasar a Mí Reino por toda la Eternidad.

Vivíd bajo la protección amorosa de Mí Hija, vuestra Madre, la Santísima Virgen María,

“Guadalupe” en náhuatl significa: “aplasta la cabeza de la serpiente”Es justo Génesis 3,15: María Vencedora del Maligno.  Y la imagen de la tilma, es una pintura exacta como la detalla el Apocalipsis 12,

de quién obtendréis todos los cuidados amorosos y santos que vuestras almas necesitan durante vuestra vida sobre la Tierra y que necesitarán al final de ella.

Ella os revestirá con la blancura de Su Manto Virginal y Ella os presentará ante Mí y abogará por vosotros cuando os encontréis ante Mí Presencia.

Confiad plenamente en Ella porque os ama mucho más de lo que un padre o una madre de la Tierra os pueden amar.

Vivir con Ella y amarla, es signo inequívoco de salvación eterna.

Vivid bajo la Inspiración Divina de Mí Santo Espíritu para que os guíe por el sendero del amor, el sendero seguro de la salvación, tanto vuestra como la de vuestros semejantes.

¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y en el hueco de mi mano?

Y vivíd seguros de que vuestro Padre Celestial os está esperando en ése último suspiro de vida, para abrazaros con el abrazo amoroso y comprensivo,

lleno de ternura y de perdón, lleno de disculpas y de salvación, para compartir con vosotros Su Vida Eterna.

Yo os bendigo en Mí Santo Nombre, en el de Mí Hijo y en el del Espíritu Santo de Amor.

Recibid, también, las bendiciones de Mí Hija, la Santísima Virgen María, Madre del Salvador y Redentor del Mundo.

CANTALAMESSA: EN LA ESCUELA DE LA «HERMANA MUERTE»

Kamil Szumotalski/ALETEIA

Ary Waldir Ramos Díaz – publicado el 04/12/20

Curiosamente, una conocida marca española ha puesto en marcha una campaña de Navidad con el mismo mensaje que el predicador del Papa

Mirar la vida desde el punto de vista de la muerte, otorga una ayuda extraordinaria para vivir bien«, dijo el cardenal Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia.

Un memento mori que no solo ha resonado en el Aula Pablo VI, sino también en las redes sociales de España.

Cantalamessa desarrolló la primera predicación de Adviento en el contexto de la pandemia que vive el mundo.

Lo hizo ante el Papa Francisco, los cardenales y monseñores de la Curia Romana que lucieron mascarillas para evitar contagios de Covid en el aula Pablo VI del Vaticano.

¿Estás angustiado por problemas y dificultades? Adelántate, colócate en el punto correcto: mira estas cosas desde el lecho de muerte.

¿Cómo te gustaría haber actuado? ¿Qué importancia darías a estas cosas? ¡Hazlo así y te salvarás! ¿Tienes una discrepancia con alguien? Mira la cosa desde el lecho de muerte.

¿Qué te gustaría haber hecho entonces: haber ganado o haberte humillado? ¿Haber prevalecido o haber perdonado?

Precisamente, la campaña de una conocida marca española subraya este hilo sutil remarcado hoy por Cantalamessa, pero desde la libertad artística de una publicidad:

«Preferís vivir como si la muerte no existiera… Si algo hemos aprendido en este 2020 es que cualquier día, por insignificante, extraño o difícil que parezca… merece ser vivido”.

Entretanto, la predicación del cardenal Cantalamessa llevaba como titulo: “Enséñanos a contar nuestros días y llegaremos a la sabiduría del corazón”.

«Pensar en la muerte nos impide “apegarnos a las cosas (…) El hombre, dice un salmo, «cuando muere no se lleva nada consigo, ni desciende con él su gloria» (Sal 49,18) (…)

La hermana muerte es una muy buena hermana mayor y una buena pedagoga. Nos enseña muchas cosas; basta que sepamos escucharla con docilidad».

«Todos somos mortales y no tenemos una morada estable aquí abajo»; «la vida del creyente no termina con la muerte, porque nos espera la vida eterna».

«No estamos solos a merced de las olas en el pequeño barco de nuestro planeta», porque Cristo acompaña a cada persona.

Recuerda que morirás

El fraile capuchino subrayó que la muerte es parte de la vida misma: «Memento mori: recuerda que morirás».

Asimismo, explicó que en clave kerigmática, el fallecimiento es una clave para proclamar que Cristo ha vencido a la muerte.

Y también en clave sapiencial, de la muerte se pueden «sacar lecciones de ella para vivir bien. Es la perspectiva en la que nos situamos en esta meditación”.

La reflexión sobre la muerte, afirma Cantalamessa la encontramos en los libros sapienciales del Antiguo Testamento, como también en el Nuevo Testamento:

«Mirad porque no sabéis ni el día ni la hora» (Mt 25,13), la conclusión de la parábola del hombre rico que planeaba construir graneros más grandes para su cosecha:

«Insensato, esta misma noche se te pedirá la vida. Y lo que has preparado, ¿de quién será?» (Lc 12,20), y también: «¿De qué le vale al hombre ganar el mundo entero si pierde el alma?» (cf. Mt 16,26).

El Predicador de la Casa Pontificia recordó a San Agustín que niega la filosofía que considera que al final todo se reduce a nada, y por lo tanto nada tiene sentido: «no el nihilismo, sino fe en la vida eterna”.

En este mundo de avances tecnológicos y conquistas, evidenció Cantalamessa: “La presente calamidad ha venido a recordarnos lo poco que depende del hombre «proyectar» y decidir su propio futuro”.

En este sentido, insistió:

“No hay mejor lugar para colocarse para ver el mundo, a uno mismo y todos los acontecimientos, en su verdad que el de la muerte. Entonces todo se pone en su justo lugar”.

Hermana muerte, maestra de vida

Cantalamessa explicó que la muerte nos enseña la importancia de reconciliarnos con nosotros mismo, con los hermanos y la realidad:

“El pensamiento de la muerte es casi la única arma que nos queda para sacudir del letargo a una sociedad opulenta, a la que le ha sucedido lo que le ocurrió al pueblo elegido liberado de Egipto:

«Comió y se sació, —sí, engordó, se cebó, engulló— y rechazó al Dios que lo había hecho» (Dt 32,15)”.

El fraile sostuvo que Jesús «libera del miedo a la muerte a quien lo tiene, no al que no lo tiene e ignora alegremente que debe morir.

Vino a enseñar el miedo a la muerte eterna a aquellos que sólo conocían el miedo a la muerte temporal”.

“La «muerte segunda», la llama el Apocalipsis (Ap 20,6). Es la única que realmente merece el nombre de muerte, porque no es un tránsito, una Pascua, sino una terrible terminal de trayecto”.

“Rehusó la intubación, porque la Eucaristía es su vida y la sigue celebrando en su cama…”

La eucaristía para prepararse a la muerte

El Predicador recordó que en la eucaristía Jesús nos hizo partícipes de su muerte para unirnos a él. Por ende: “Participar en la Eucaristía es la forma más verdadera, más justa y más eficaz de «prepararnos» a la muerte.

En ella celebramos también nuestra muerte y la ofrecemos, día a día, al Padre (…) En ella «hacemos testamento»: decidimos a quién dejar la vida, por quién morir”.

Al final, predicó:

«Con todo esto, no le hemos quitado el aguijón al pensamiento de la muerte, su capacidad de angustiarnos y que Jesús también quiso experimentar en Getsemaní.

Sin embargo, estamos al menos más preparados para acoger el mensaje consolador que nos llega de la fe y que la liturgia proclama en el prefacio de la Misa de difuntos:

«Porque la vida de tus fieles, Señor, no termina, se transforma, y, al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el Cielo.

Hablaremos de esta mansión eterna en los Cielos, si Dios quiere, en la próxima meditación”.