Archivos diarios: 4/01/21

R ATENCIÓN MÉXICO…


Enero 03 de 2021

Mensaje de la Santísima Virgen María de Guadalupe a J. V.

Hijitos Míos, Soy vuestra Madre, la Siempre Virgen María, en Mi Advocación de Guadalupe.

Mis pequeños, Me duelen estos momentos que estáis pasando. 

Mi Padre ha querido que ésta sea la Casita escogida por Él para presentarMe ante el mundo.

Sois Mi México, sois Mi Hogar verdadero, porque en vosotros existe un corazón bello, un corazón sincero, un corazón honesto; sois pequeños, pero amorosos. 

Ciertamente, os habéis desviado y eso Me duele, pero también es necesario que sepáis que cuando Mi Dios y Señor escoge a una persona, a un lugar, a una ciudad,

Satanás, en su envidia, atacará muy fuertemente de regreso porque no le gusta que seáis bendecidos, que seáis cuidados por Nosotros. 

Estos son momentos de gran lucha entre Yo, vuestra Madre, y la Serpiente.

Vosotros, Mis pequeños hijos Míos, estáis sufriendo fuertemente por los ataques de Satanás a través de la masonería eclesiástica y de la masonería gubernamental,

QUE CIERTAMENTE ÉSTOS SE HAN VUELTO HIJOS DE SATANÁS

Me duele deciros todo esto, pero están actuando como Judas en estos tiempos,

aquellos ministros de Mi Iglesia que se han vuelto en contra del Amor de Mi Hijo, de Sus Leyes, de Su Predicación, de la Doctrina que os ha dejado y que tanto Le ha costado.

Aquellos que han escogido también el camino de Satanás, tanto del gobierno como los civiles, son aquellos que Le gritaban a Mi Hijo que Le crucificaran.

“Guadalupe” en náhuatl significa: “aplasta la cabeza de la serpiente”Es justo Génesis 3,15: María Vencedora del Maligno.  Y la imagen de la tilma, es una pintura exacta como la detalla el Apocalipsis 12,

Y Le siguen crucificando porque son seguidores del Mal, seguidores de Satanás que Le siguen blasfemando, que Le siguen golpeando, que Le siguen quitando almas…

Y que no quieren ellos regresar al buen camino.

Como os dije, son tiempos difíciles en esta gran lucha de la cual, ciertamente, saldré victoriosa y vosotros los que estáis Conmigo, que sois Mi Calcañal,

gozaréis grandemente Mi Triunfo, junto con Mi Hijo, sobre el poder de la Serpiente que tanto os ha venido atacando a lo largo del tiempo.

 Él sabe que está vencido y que pronto se terminará su tiempo de ataque contra todo lo que es de Mi Señor y Mi Dios.

Debéis aumentar la Oración, Mis pequeños.

Ciertamente, junto con el ayuno y la penitencia, más fácilmente os haréis vencedores sobre el Mal y liberaréis…

más bien, liberareMos a esta tierra promisoria de la que tanto bien saldrá para el futuro de la Tierra.

Basílica cerrada y sin peregrinos en este Doce de Diciembre 2020

Es un lugar en donde Yo he asentado Mis Pies y os sigo protegiendo, aun a pesar de que muchos de vosotros, Mis hijos mexicanos, Me estáis dando la espalda…

Y ya no queréis acercaros a vivir vida de pureza y santidad, como Mi Hijo os lo ha pedido.

Mientras no pongáis de vuestra parte,

MIENTRAS NO OS ARREPINTÁIS DE VUESTROS PECADOS.

Mientras no cambiéis de vida, el yugo estará sobre vosotros.

Desgraciadamente, sois un pueblo apático que no defiende lo suyo…

Y ¡Tenéis que salir adelante, Mis pequeños!

Os tenéis que unir en oración y actuar en paz, que es la forma de atacar a Satanás, no devolverle maldad sino actuar en el amor.

¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y en hueo de mi mano?

Porque sois un pueblo muy amoroso, un pueblo sencillo, un pueblo que sabe amar a su Dios y a Mí, vuestra Madre.

MUCHAS PRUEBAS PASARÉIS,

Y DOLOROSAS,

SI NO ENTENDÉIS QUE OS DEBÉIS UNIR EN ORACIÓN

Y DEJAR LA MALA VIDA QUE LLEVÁIS.

Vais a ser un pueblo que dará ejemplo ante el mundo de que Mi Dios y Señor, vuestro Dios y Yo, vuestra Madre, la Siempre Virgen María,

viviMos en vuestro corazón y viviMos en vuestra patria.

SON TIEMPOS MUY DELICADOS, DOLOROSOS,

PERO EN LOS CUALES VOSOTROS PODRÉIS

DISMINUIR, DETENER E IMPEDIR

EL ACOSO DE SATANÁS SOBRE VOSOTROS

CON LO QUE SE OS HA PEDIDO TANTO,

QUE ES EL REZO DEL SANTO ROSARIO.  

Ciertamente, con este dolor que estáis padeciendo, con este gobierno que os quiere quitar la Oración, que os quiere quitar la vida en Dios, ha crecido el fervor en muchos hogares.

Y esto sucede porque sabéis que Mi Señor y Mi Dios siempre saca un bien de un mal con el que os ataca Satanás.

Acrecentad vuestra oración y la vida sacramental, acrecentad las buenas obras y dejad vuestros pecados a un lado.

Manteneos, a través de la Confesión, vivos en pureza y santidad.

Dejad que Mi Santo Espíritu descienda sobre vosotros, pueblo fiel y amoroso Conmigo, vuestra Madre.

Ciertamente, estoy intercediendo por vosotros porque son momentos difíciles y muy dolorosos, que vosotros mismos os los habéis buscado y que ahora están sobre vosotros.

porque os apartasteis de la Fe, de la Oración y del Amor.

“No te aflijas mamá. Dame tu bendición. Y si no volvemos a vernos en esta vida, nos veremos en el Cielo” José Sanchez del Río

Tenéis que volver a ser los que erais antes:

Pueblo de familia, pueblo de ayuda entre unos y otros, pueblo lleno de Fe y de amor por Mi Dios y por Mí, vuestra Madre.

OS REPITO:

SOIS UN PUEBLO QUE DARÁ EJEMPLO A NIVEL MUNDIAL

DE CÓMO SE DEBEN COMPORTAR TODOS LOS DEMÁS PUEBLOS DE LA TIERRA.

 ¡Cambiad, Mis pequeños! Cambiad y volved a las buenas costumbres de vuestros abuelos, quienes Me tenían una Fe a prueba de todo.

Mucha sangre santa ha mojado vuestro suelo y eso os ayuda para que sigáis recibiendo bendiciones constantes del Cielo.

Muchos mártires hay en vuestro pueblo y esto os debe conmover para regresar a lo que verdaderamente sois vosotros:

Pueblo escogido por el Cielo para dar ejemplo al mundo entero.

Con la Oración venceréis a las potencias del Mal.

Uníos en la oración profunda, fervorosa y de corazón y venceréis el ataque de Satanás que tenéis en vuestro gobierno y en la Iglesia.

Defended también, con vuestra oración, a los buenos sacerdotes que todavía tenéis pero que los tienen alejados.

Ellos son buenos, son ejemplo todavía de lo que la verdadera Iglesia debe ser.

Orad por ellos y orad para que sigáis teniendo almas fieles, santas, almas sacerdotales verdaderas que defiendan lo que Mi Hijo os dejó.

Todas las iglesias cerradas por la Pandemia…

Muchos de vosotros sois mártires por el dolor que lleváis en vuestro corazón al ver cómo se os está destruyendo,

cómo os están afectando estos mandatos gubernamentales que os quieren quitar la Oración y la Fe,

pero no podrán porque tenéis muy arraigado en vuestro ser, ya como marca Divina, estas dos características de todo buen cristiano:

LA FE Y EL AMOR A VUESTRO DIOS Y A MÍ, VUESTRA MADRE

No dejéis, pues, que Satanás siga su obra sobre vosotros, que siga destruyendo lo que ya habíais vosotros construido.

Venceréis porque así está escrito, pero NO ALARGUÉIS EL SUFRIMIENTO al no querer luchar y defender lo que es vuestro.

Visión: Veo llamas verdes, amarillas…

Y nos dice nuestra Madre Santísima:

Hijitos Míos, se os ha pedido mucha oración por los acontecimientos que estáis viviendo y viviréis en la Tierra,

En el Purgatorio sufrimos el Getsemaní y el Calvario SIN PALIATIVOS, TAL COMO LO SUFRIÓ JESÚS, por nuestra NEGATIVA TERRENAL a cooperar en La Redención

pero el hombre también se olvida de las almas sufrientes, de las almas que se están purificando, por eso ve Mi hijo estas llamas, porque son llamas purificadoras,

pero también estas almas están sufriendo de más, porque no hay suficientes oraciones ni Misas bien dichas que les puedan ayudar a que salgan pronto del Purgatorio.

El dolor es grande ahí, pero siempre con la esperanza de que podrán salir, pero es fuerte ese dolor y muy largo.

Los hombres se han olvidado de lo que os pidió Mi Hijo, que os amarais los unos a los otros, pero esto lo tomáis solamente para los que estáis viviendo actualmente sobre la Tierra,

siendo que las almas que ya pasaron a ese estado de purificación, las olvidáis y sufren,

En el Purgatorio tenemos que APRENDER a AMAR HASTA ALCANZAR LA SANTIDAD, completamente SOLOS, sin la ayuda Divina…

Y SUFREN MUCHO, porque hay muchas almas que no estaban bien preparadas, espiritualmente hablando, almas que se habían olvidado de Nuestro Dios y Señor,

almas que no siendo completamente malas, no llevaban una vida espiritual correcta.

Así os podría enumerar muchas situaciones en las que el hombre vive y que por eso os merecéis una purificación, a veces muy fuerte,

a veces menos fuerte, pero necesaria para que podáis ir avanzando, como almas purificadas, hacia ese PASO DE SANTIDAD, al que todos debéis llegar para poder entrar al Reino de los Cielos.

Realmente, el Purgatorio es un lugar donde os iréis purificando para alcanzar, como os dije, la santidad de vuestras almas,

pero recordad que ellas en ese paso también están velando por vosotros; sufren, pero en su sufrimiento también hay amor,

En el Purgatorio estamos SOLOS y se sufre LA SENTENCIA EN LA CRUZ DE NUESTROS PROPIOS PECADOS, que merecemos… PROPORCIONADA POR LA JUSTICIA DIVINA

hay amor hacia vosotros que estáis todavía misionando sobre la Tierra.

Debéis vosotros acudir a ellas para que os ayuden en vuestra misión, para que os protejan de la Maldad de Satanás, porque ellas ya dieron ese paso y conocen mucho más el cómo se debe vivir en la Tierra,

pero si ellas están orando por vosotros, si ellas interceden por vuestro bien, haced lo mismo y cumplid con lo que os pidió Mi Hijo, que os amarais los unos a los otros. 

Él no os dijo que os amarais solamente mientras estuvierais en la Tierra, debéis amaros siempre.

Y si sabéis que las almas necesitan de vuestra Oración, es un acto de caridad muy grande y, sobre todo, de amor hacia vuestros hermanos que dependen de vosotros,

de vuestra oración, penitencias, ayunos, Misas, todo lo que podáis hacer por ellos, porque muy necesitados están de vuestra intercesión.

En el TERCER NIVEL DEL PURGATORIO, se sufre el calvario completo de Jesús, con todo el Rigor de la Justicia Divina, igual que en el INFIERNO; porque los demonios pueden torturarnos, para purificarnos por los pecados con que fuimos cómplices del Maligno…

Os pido, Mis pequeños, que no las dejéis solas,

ayudadles a que pronto salgan de ahí, de ese lugar de Purificación, para que alcancen ya el Reino de los Cielos.

Lo que hagáis por ellas, ellas lo harán por vosotros cuando estéis en ese lugar de purificación.

Visión: Veo a la Santísima Virgen María, Su manto es de color verde claro, el velo es de Su mismo vestido.

Su rostro es rosado fuerte. Lleva en Sus manitas el Santo Rosario, el cual le llega hasta las rodillas.

Todo lo veo con un fondo verde claro.

Mis hijitos, Mis pequeños, cuánto os agradezco todo el bien que hacéis por el alma de vuestros hermanos al interceder por ellos ante Mí, vuestra Madre,

con el Santo Rosario que os he pedido que recéis, tanto para el bien vuestro como para el de ellos.

NO TEMÁIS A LOS ACONTECIMIENTOS QUE ESTÁN YA A LA PUERTA,

OS ESTARÉ PROTEGIENDO. 

Mi Hijo os agradece todas las almas que vosotros habéis sacado del Purgatorio con vuestras oraciones y Misas, con vuestros ofrecimientos personales.

Pertenecéis al Cielo, Mis pequeños, os lo aseguro, pertenecéis al Cielo.

Seguid adelante, os amo, os cuido y os protejo de todo mal. 

Estoy atenta a vuestras peticiones, a vuestras necesidades, pedidMe, Mis pequeños, lo que deseéis para el bien vuestro y el de vuestros hermanos.

Esto ha de cambiar, estáis viviendo grandes dolores en los que Yo os acompaño;

vosotros también Me habéis acompañado en los dolores de la Pasión de Mi Hijo y os lo agradezco tanto.

ESTE ES EL MOMENTO DE VUESTRA PASIÓN

 Y por eso Me presento con vosotros así, en esta luz verde que está indicando una esperanza. 

Una esperanza grande para las almas que confían en Mí.

Y para llevarlos hacia Mi Hijo.

Mucho amor habéis también vosotros derramado al ver por las dificultades y necesidades de vuestros hermanos;

habéis visto por las necesidades de ellos y esto os lo agradezco mucho.

ORACIÓN + FE = MILAGROS

Y os aseguro que nada os faltará en alimentos, en recursos,

para que no os preocupéis en estos tiempos de la escasez que vendrá.

Os estaMos cuidando, pero más os cuidaMos en el bien y en la pureza de vuestra alma.

Daos, daos todo lo que podáis, Mis pequeños, para agradecerLe a Mi Hijo por Su Donación, que Él se dio en totalidad por vosotros.

Recordad que el agradecimiento es signo de amor entre los que verdaderamente se aman, porque Mi Hijo os ama infinitamente y sé que vosotros también Le amáis a Él.

Por eso vuestro agradecimiento es recíproco: Él os agradece todo lo que hacéis por vuestros hermanos y vosotros Le agradecéis todas Sus Bendiciones.

Estáis en Mi Corazón, seguid adelante haciendo el bien a Mi Hijo, haciendo el bien a vuestros hermanos…

Y no os apartéis de Mí, vuestra Madre y seguros estaréis.

Os bendigo Mis pequeños, os dejo Mi Corazón en vuestro Corazón.

Y os sigo cuidando para llevaros hasta el Corazón Purísimo y Santísimo de Mi Hijo Jesucristo.

Os amo a todos, amo a Mi México.

Que la Paz de vuestro Dios en Su Santísima Trinidad quede en cada uno de vosotros.

Yo os bendigo en Nombre de  Mi Padre, en Nombre de Mi Hijo, en Nombre de Mi Esposo, el Santo Espíritu de Dios y en Mi Nombre, María, la Sierva del Señor.

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40 EXAMEN EN EL TEMPLO


40 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

 Preparativos para la mayoría de edad de Jesús y salida de Nazaret.

Veo a María encorvada hacia un barreño de barro, mezclando algo que despide vapor en el aire frío y sereno que llena el huerto de Nazaret.

Es pleno invierno.

Lo deduzco del hecho de que, menos los olivos, todos los árboles están deshojados y exhaustos.

Arriba, un cielo tersísimo y un sol que aun siendo radiante no logra templar la tramontana que hay, que sopla y hace chocar unas con otras las desnudas ramas…

U ondular las ramitas entre grises y verdes de los olivos.

La Virgen María lleva un vestido tupido de color marrón casi negro, que la cubre enteramente.

Se ha colocado delante una tela basta, a manera de mandil, para protegerlo.

Saca de la tina el palo conque estaba removiendo el contenido.

Veo que del palo caen gotas de un bonito color bermejo.

María observa, se moja un dedo con las gotas que caen…

Y prueba el color en el mandil.

Parece satisfecha.

Entra en la casa y vuelve a salir con muchas madejas de blanquísima lana y las echa, una a una, en la tina, con paciencia y cautela.

Mientras está haciendo esto, su cuñada María de Alfeo sale del taller de José.

Se encuentran y se saludan empezando a conversar…

Maria de Alfeo pregunta:

 –    ¿Queda bien?

María responde:

–     Espero que sí.

–     Me aseguró esa gentil que se trata de la misma tinta y del mismo sistema de teñir, que utilizan en Roma.

Si me lo dio es porque se trataba de tí y por haber hecho aquellas labores.

Ella dice que no hay quien borde como tú, ni siquiera en Roma. Debes haber perdido la vista haciéndolas…

María sonríe y hace un movimiento de cabeza como diciendo:

–     ¡Son cosas sin importancia!.

La cuñada mira las últimas madejas de lana antes de pasárselas a María.

 Y exclama:

–     ¡Qué bien las has hilado!

Son hilos tan finos y uniformes que parecen cabellos. Tú todo lo haces bien…

Y ¡Qué rápida! ¿Estas últimas serán más claras?

–     Sí, para la túnica; el manto es más oscuro.

Las dos mujeres se ponen a trabajar juntas:

Primero, en la tina.

Luego sacan las madejas, ya de un lindo color purpúreo…

Y corren veloces a sumergirlas en el agua helada que llena el pilón, colocado bajo la fina vena que mana y cae…

Produciendo notas de risitas apenas perceptibles.

Aclaran una y otra vez…

Y luego extienden las madejas sobre unas cañas aseguradas a los árboles, de unas ramas a otras.

María cleofás dice:

–     Con este viento se secarán bien y rápido.  

María aconseja: 

–     Vamos donde José.

Hay lumbre. Debes estar helada.

Has sido buena conmigo ayudándome. He acabado pronto y con menos esfuerzo. Gracias.

–     ¡Oh! ¡María!

¿Qué no haría yo por tí! Estar a tu lado es motivo siempre de gozo.

Además… todo este trabajo es por Jesús. Y, ¡Es tan encantador tu Hijo!…

Ayudándote a ti para la celebración de su mayoría de edad, me parecerá sentirme yo también madre suya.

Y las dos mujeres entran en el taller, lleno de ese olor a madera cepillada que es típico de los talleres de carpintero.

Y la visión sufre una interrupción… 

Para continuar después, en el momento de la partida de Jesús para Jerusalén a los doce años.

Su figura es bellísima.

Está tan desarrollado, que parece un hermano menor de su joven Madre, pues ya le llega a María a los hombros.

Su cabeza, rubia y ensortijada, de melena hasta más abajo de las orejas, ya no tiene el pelo corto, como en los primeros años de su vida, parece un casco de oro repleto de relucientes bucles laborados.

Va vestido de rojo, un bonito rojo de rubí claro: una túnica que le llega hasta los tobillos dejando ver sólo los pies, calzados con sandalias; es una túnica suelta, de mangas largas y amplias.

En el cuello, en los bordes de las mangas y en la base, grecas tejidas con colores sobrepuestos, muy bonitas…

Veo el momento en que Jesús entra, acompañado de su Madre, en el comedor de la casa de Nazaret.

Jesús tiene doce años.

Es un muchacho alto, bien formado, fuerte, aunque no gordo.

Parece, por su complexión, más adulto de lo que realmente es.

Le llega ya a su Madre a la altura de los hombros.

Su rostro es todavía redondeado y rosado, es todavía el rostro de Jesús niño. 

Rostro que con el paso del tiempo, con la edad juvenil y viril, se alargará.

Y tomará un cromatismo indefinido, una tonalidad como la de ciertos alabastros delicados que tienden apenas al amarillo- rosa.

Sus ojos son todavía ojos de niño.

Son grandes y miran bien abiertos, con una chispa de alegría perdida en la seriedad de la mirada.

Pasado el tiempo, ya no estarán tan abiertos…

Los párpados descenderán hasta medio cerrar los ojos, para velarle al Puro y Santo, el exceso de mal que hay en el mundo.

Solamente en los momentos de los milagros…

O cuando ponga en fuga a los demonios o a la muerte, o para curar las enfermedades y los pecados…

Solamente entonces los abrirá y centellearán, aún más que ahora.

Pero, ni siquiera entonces tendrán esta chispa de alegría, mezclada con la seriedad..

La muerte y el pecado estarán cada vez más cerca y más presentes.

Y con ambos, el conocimiento, con su faceta humana de la inutilidad del sacrificio, a causa de la voluntad contraria del hombre.

Sólo en rarísimos momentos de alegría, por estar con los redimidos…

Y especialmente con los puros, generalmente niños, brillarán de júbilo estos ojos santos y buenos.

Ahora, estando con su Madre, en su casa, y con San José frente a Él, sonriéndole con amor…

Y con esos primitos suyos que le admiran.

Y con su tía, María de Alfeo, que le está acariciando, se siente feliz.

Mi Jesús tiene necesidad de amor para sentirse feliz.

Y en este momento lo tiene.

Está vestido con una túnica suelta, de lana, de color rojo rubí claro, suave.

Perfectamente tejida, fina y compacta al mismo tiempo.

En el cuello, por la parte de delante, en la base de las mangas largas y amplias, y en la base de la túnica, que llega hasta abajo dejando apenas ver los pies…

Tiene una greca, no bordada, sino tejida en un color más oscuro sobre el color rubí de la túnica.

Lleva sandalias nuevas y bien hechas — no las usuales suelas sujetas al pie con unas correas.  

Deduzco que debe ser obra de su Madre, porque la cuñada la admira y alaba.

Su bonito pelo rubio tiene ya una tonalidad más cargada que cuando era un niño pequeño, con reflejos cobrizos en los aros de los bucles que terminan bajo las orejas;

Ya no son esos ricitos cortos y vaporosos de la infancia…

Pero tampoco es la melena de la edad adulta, ondulada, que termina a la altura de los hombros en delicada forma tubular.

De todas maneras ya tiende a ésta, en color y forma. 

María levanta con su mano derecha la izquierda de Jesús…

Y dice:

– He aquí a nuestro Hijo.

Parece como si se lo quisiera presentar a todos y confirmar la paternidad del Justo, que sonríe.

Y añade:

–     Bendícelo, José, antes de partir para Jerusalén.

No fue necesaria la bendición para su inicio en la escuela, primer paso en la vida.

Hazlo ahora que Él va al Templo para ser declarado mayor de edad.

Y bendíceme también a mí. Tu bendición… (María contiene el llanto) lo fortalecerá a Él y me dará fuerza a mí para separarme de Él un poco más…

José le dice dulcemente:

–     María, Jesús será siempre tuyo.

La fórmula no lesionará nuestras mutuas relaciones. Yo no te voy a disputar a este Hijo, amado nuestro.

Ninguno merece como tú el guiarlo en la vida, ¡Oh Santa mía!

María se inclina, toma la mano de José y la besa: es la esposa,

Y ¡Qué respetuosa y amante de su consorte!

José acoge este signo de respeto y de amor con dignidad.

Más luego alza esa misma mano y la deposita sobre la cabeza de su Esposa,

diciéndole:

–     Sí.

Te bendigo, Bendita. Y a Jesús contigo.

Venid, mis únicos tesoros, honor y finalidad míos.

José se muestra solemne:

Con los brazos extendidos y las palmas vueltas hacia abajo sobre las dos cabezas inclinadas, igualmente rubias y santas.

Pronuncia la bendición:

«El Señor os guarde y os bendiga, tenga misericordia de vosotros y os dé paz. El Señor os dé su bendición».

Y luego dice:

–     En marcha.

La hora es propicia para el viaje.

María coge un manto amplio, de color granate oscuro y en elegantes pliegues lo dispone sobre el cuerpo de su Hijo.

¡Y cómo lo acaricia al hacerlo!

Salen.

Cierran.

Se ponen en marcha.

Otros peregrinos van en la misma dirección.

Fuera del pueblo, las mujeres se separan de los hombres.

Los niños van con quien quieren.

Jesús se queda con su Madre.

Los peregrinos caminan, la mayoría entonando salmos, por las campiñas llenas de hermosura en el más jubiloso tiempo de primavera.

Frescos prados, tiernos cereales, frescos follajes en los árboles hace poco florecidos. 

Hombres cantando por los campos y por los caminos, cantos de pájaros en celo entre las frondas.

Límpidos arroyos, espejo de las flores de las orillas; corderitos saltarines al lado de sus madres…

Paz y alegría bajo el más hermoso cielo de abril.

La visión cesa así.

39 UNA MAESTRA SUBLIME


39 CONOCER A DIOS, ES EMPEZAR A AMARLO

María maestra de Jesús, Judas y Santiago.

Veo la habitación (ya en Nazaret) que habitualmente usan como comedor, la misma en que María teje o cose.

Es la habitación contigua al taller de José, cuyo diligente trabajar se siente; aquí hay, por el contrario, silencio.

María está cosiendo unas piezas de lana alargadas, ciertamente tejidas por Ella, que tienen aproximadamente medio metro de anchas y un poco más del doble de largas;

creo entender que están destinadas a ser un manto para José.

Por la puerta abierta de la parte del huerto-jardín se ve el seto formado por unas matas de enredado ramaje

de esas margaritas pequeñas de color azul-violeta que comúnmente se llaman “Marías” o “Cielo estrellado”.

Desconozco su exacto nombre botánico.

Están florecidas. Por tanto, debe ser otoño.

De todas formas, los árboles tienen todavía un follaje verde tupido y hermoso.

Y las abejas, desde dos colmenas adosadas a una pared soleada, vuelan zumbando, danzando y brillando al sol,

de una higuera a la vid, de ésta a un granado lleno de redondos frutos, algunos de los cuales han estallado ya por exceso de vigor

y muestran sus collares de jugosos rubíes, alineados en el interior de su verde-rojo cofre, de compartimentos amarillos.

Bajo los árboles.

Jesús está jugando con otros dos niños de más o menos su misma edad. Son de pelo rizado y castaño.

Es más, uno de ellos es intensamente moreno:

Una cabecita de corderito negro que hace resaltar aún más la blancura de la piel de su carita redonda, que se abren dos ojazos de un azul tendente al violáceo; bellísimos.

El otro es menos rizado y de un color castaño oscuro, tiene ojos castaños y coloración más morena, aunque con una tonalidad rosácea en las mejillas.

Jesús, con su cabecita rubia, entre los otros dos, oscuros, parece ya aureolado de fulgor.

Están jugando en concordia con unos pequeños carritos en los que hay… distintas mercancías: piedritas, virutas, pedacitos de madera.

Son mercaderes sin duda.

Y Jesús es el que compra para su Mamá, a la que le lleva ora una cosa, ora otra.

María, sonriendo, acepta los objetos comprados.

Pero después de un poco, el juego cambia.

Santiago uno de los dos niños propone:

–     Por qué no hacemos el Éxodo a través de Egipto?

Jesús es Moisés; yo, Aarón; tú… María. 

Judas Tadeo protesta:

–     ¡Pero si yo soy chico!

Santiago se encoge de hombros,

y dice:

–     ¡No importa!

¿Qué más da?

Tú eres María y bailas ante el becerro de oro, que será aquella colmena.

–     Yo no bailo.

Soy un hombre y no quiero ser una mujer; soy un fiel, y no quiero bailar ante el ídolo.

Jesús interviene diciendo:

–     Pues no hacemos este pasaje.

Podemos hacer ese otro de cuando le eligen a Josué sucesor de Moisés.

Así no está ese feo pecado de idolatría y Judas estará contento de ser hombre y sucesor mío. ¿Verdad que estás contento?

–     Sí, Jesús.  

Pero entonces Tú tienes que morir, porque Moisés muere después.

No quiero que Tú mueras; Tú, que siempre me quieres tanto».

–     Todos morimos…

Pero Yo antes de morir bendeciré a Israel. Y dado que aquí sólo estáis vosotros, en vosotros bendeciré a todo Israel.

Es aceptada la propuesta.

Pero luego surge una cuestión:

Si el pueblo de Israel, después de tanto caminar; llevaba o no los carros que tenía al salir de Egipto.

Hay disparidad de ideas.

Se recurre a María.

–     Mamá, Yo digo que los israelitas tenían todavía los carros.

Santiago dice que no. Judas no sabe a quién de los dos dar la razón.

¿Tú sabes si los tenían?

María contesta:

–     Sí, Hijo.

El pueblo nómada tenía todavía sus carros. En los descansos los reparaban. Montaban en ellos los más débiles.

Se cargaba en ellos aquellos víveres o cosas que un pueblo tan numeroso necesitaba.

Todas las demás cosas iban en los carros, menos el Arca, que la llevaban a mano.

La cuestión está resuelta.

Los niños van al final del huerto y desde allí, entonando salmos, vienen hacia la casa

Jesús viene delante cantando salmos con su vocecita de plata.

Detrás de Él vienen Judas y Santiago portando un pequeño carrito elevado al rango de Tabernáculo.

Pero, dado que además de a Aarón y a Josué tienen que representar también al pueblo, se han quitado los cinturones y se han atado al pie los otros carros en miniatura,

y así caminan, serios como si fueran verdaderos actores.

Hacen el recorrido de la pérgola, pasan por delante de la puerta de la habitación donde está María,

y Jesús dice:

– Mamá, pasa el Arca, salúdala.

María se levanta sonriendo y se inclina ante su Hijo que, radiante, pasa, aureolado de sol.

Acto seguido Jesús trepa un poco por el lado del monte que limita la casa, o mejor, el huerto. 

Y subiendo hasta arriba de la peña, seguido por Tadeo, que se queda un poco más abajo…

Arriba de la gruta, erguido, dirige unas palabras a… Israel.

Manifiesta los preceptos y las promesas de Dios, señala a Josué como caudillo, le llama a sí , le anima y le bendice.

Luego pide una… tabla (es la hoja ancha de una higuera) y escribe el cántico, y lo lee;

no todo, pero sí una buena parte de él, y al hacerlo da la impresión de que realmente lo estuviera leyendo en la hoja.

A continuación se despide de Josué, el cual le abraza llorando, y sube más arriba, justo hasta el borde de la peña.

Allí bendice a todo Israel, es decir, a los dos niños que están prosternados en tierra, y luego se acuesta sobre la corta hierbecilla, cierra los ojos y… muere.

María se había quedado, sonriente, a la puerta,

y, cuando lo ve echado en el suelo, rígido,

grita:

–     ¡Jesús!

¡Jesús! ¡Levántate! ¡No estés así! ¡Mamá no quiere verte muerto!.

Jesús se levanta del suelo, sonríe,

y va hacia Ella corriendo, y la besa.

Se acercan lo mismo Santiago y Judas, y María los acaricia también. 

Santiago pregunta:

-¿Cómo puede acordarse Jesús de ese cántico tan largo y difícil y de todas esas bendiciones?

María sonríe y responde sencillamente:

–     Tiene una memoria muy buena y está muy atento cuando yo leo.

–     Yo, en la escuela, estoy atento, pero con tanta lamentación me viene el sueño…

Entonces, ¿No voy a aprender nunca?.

–     Aprenderás. Tranquilo.

Llaman a la puerta.

José atraviesa con paso rápido huerto y habitación, y abre.  

Y saluda a los recién llegados:

–    ¡La paz sea con vosotros, Alfeo y María! 

Su hermano Alfeo y su cuñada, contestan:

–     Y con vosotros.

–    Paz y bendición.

 Un rústico carro tirado por un robusto burro está parado en la calle.

–     ¿Habéis tenido buen viaje?

–     Sí, bueno. 

Maria Cleofás pregunta:

–     ¿Y los niños?

–     Están en el huerto con María.

Ya los niños han venido corriendo a saludar a su mamá.

También María está viniendo, trayendo a Jesús de la mano.

Las dos cuñadas se besan.

–     ¿Se han portado bien?

Maria responde: 

–     Sí, muy bien.

Y han sido muy cariñosos.

José pregunta:

–     ¿La familia está toda bien?

María Cleofás:

–     Todos están bien.

Alfeo dice:

–     Nos han dado recuerdos para vosotros.

De Caná os mandan muchos regalos: uvas, manzanas, queso, huevos, miel.

Y… José, he encontrado exactamente lo que tú querías para Jesús. Está en el carro, en aquella cesta redonda.

La mujer de Alfeo, sonriendo, se inclina hacia Jesús, que la está mirando con unos ojos maravillados, abiertísimos…

Y le besa en esos dos pedacitos de azul

Y dice:

–     ¿Sabes lo que he traído para ti? Adivina.

Jesús piensa, pero no adivina.

Probablemente lo hace a propósito, para que José tenga la alegría de dar una sorpresa.

En efecto, José entra trayendo consigo una cesta redonda.

La deposita en el suelo a los pies de Jesús, desata la cuerda que está sujetando la tapadera, la levanta…

Y una ovejita toda blanca, un verdadero copo de espuma, aparece, dormida sobre un heno muy limpio.

Jesús exclama:

–     ¡Oh! –  con estupor y beatitud.

Mientras hace ademán de echarse hacia el animalito, pero… NO. 

Se vuelve y corre a donde José, que aún está agachado…

Y lo abraza y lo besa dándole las gracias.

Los primitos miran con admiración al animalito, que ahora está despierto y alza su rosado morrito y bala buscando a su mamá.

Sacan de la cesta a la ovejita y le ofrecen un manojo de tréboles.

Ella come, mirando a su alrededor con sus mansos ojos.

Jesús repite una y otra vez:

–     ¡Para mí!

¡Para mí! ¡Padre, gracias!

José pregunta con mucha ternura:

–     ¿Te gusta mucho?

–     ¡Oh, mucho! Blanca, limpia… una cordera… ¡Oh!

Y le echa sus bracitos al cuello a la ovejita, pone su cabeza rubia sobre la cabecita. 

Y se queda así, satisfecho. 

Alfeo dice a sus hijos:

–     También os he traído a vosotros otras dos.

Pero son de color oscuro. Vosotros no sois ordenados como lo es Jesús y si hubieran sido blancas, las tendríais mal.

Serán vuestro rebaño, las tendréis juntas. Y así vosotros dos, golfos, no estaréis ya más por ahí por las calles tirando piedras.

Los dos niños van corriendo al carro para ver a estas otras dos ovejas, más negras que blancas.

Jesús por su parte se ha quedado con la suya.

La lleva al huerto, le da de beber.

Y el animalito le sigue como si lo conociera desde siempre.

Jesús la llama por su nombre:

Le pone por nombre «Nieve».

Ella responde balando jubilosa.

Los llegados ya están sentados a la mesa.

María les sirve pan, aceitunas y queso.

Trae también un ánfora de sidra o de agua de manzanas, no lo sé; veo que es de un color dorado muy claro.

Los niños juegan con los tres animales y ellos se ponen a conversar.

Jesús quiere que estén las tres ovejas, para darles a las otras también agua.

Y un nombre:

–     La tuya, Judas, se llamará “Estrella”, por el signo ese que tiene en la frente;

Y la tuya “Llama”, porque tiene un color como el de ciertas llamas de brezo lánguido.

Los dos primitos, responden:

–     De acuerdo. 

Alfeo dice:

–     Espero haber resuelto así la historia de las peleas entre muchachos.

Tu idea, José, ha sido la que me ha iluminado. Dije: “Mi hermano quiere una cordera para Jesús, para que juegue un poco. Yo me llevo dos para esos golfos.

Para que estén un poco tranquilos y no tener siempre problemas con otros padres por cabezas o rodillas rotas.

Un poco la escuela y un poco las ovejas, lograré tenerlos quietos.

Por cierto, este año tendrás que mandar tú también a Jesús a la escuela. Ya es tiempo.

María, con un tono resoluto, responde:

–    Yo no voy a mandarlo jamás a Jesús a la escuela.

Resulta insólito oírla hablar así, y además antes que José (!).

–     ¿Por qué?

El Niño tiene que aprender, para que a su debido tiempo sea capaz de afrontar el examen de la mayoría de edad…».

–     El Niño sabrá; pero no irá a la escuela. Está decidido.

–     Pues serías la única que actuara así en Israel.

–     Pues seré la única, pero actuaré así.

¿No es verdad, José?

José la apoya:

–     Así es; Jesús no tiene necesidad de ir a la escuela.

María se ha formado en el Templo y es una verdadera doctora en el conocimiento de la Ley.

Será su Maestra. Es también mi deseo.

–     Le estáis mimando demasiado al muchacho.

–     Eso no puedes decirlo.

Es el mejor de Nazaret. ¿Lo has visto alguna vez llorar o hacer alguna pataleta o negarse a obedecer o faltar al respeto?

–     No.

Pero un día será así si lo seguís mimando.

José dice:

–     Tener al lado a los hijos no es mimarlos.

Es quererlos, con mente cabal y buen corazón. Nosotros amamos así a nuestro Jesús. 

 Y dado que María es una mujer más instruida que el maestro, será Ella la Maestra de Jesús.

–     Y cuando sea hombre, tu Jesús será una mujercita temerosa hasta de las moscas.

–     No lo será.

María es una mujer fuerte y sabe educarle virilmente.

Y yo no soy ningún mezquino, y sé dar ejemplos viriles.

Jesús es un niño sin defectos físicos ni morales. Por tanto se desarrollará recto y fuerte en el cuerpo y en el espíritu.

Estate seguro de esto, Alfeo. No dejará mal a la familia.

Y además, ya lo he decidido y es suficiente.

–     Lo habrá decidido María. Tú sólo….

–    ¿Y si así fuera?

¿No es acaso bonito que dos personas que se aman estén en la disposición de tener el mismo pensamiento y la misma voluntad; porque mutuamente abrazan el deseo del otro y lo hacen propio?

Si María desease estupideces, yo le diría que no. Pero lo que pide son cosas llenas de sabiduría, y yo las apruebo y hago mías.

Nosotros nos amamos como el primer día…

Y lo seguiremos haciendo mientras vivamos, ¿Verdad, María?

–     Sí, José.

Y aún en el caso — y ojalá no suceda jamás — de que uno de los dos muriese y el otro no…

Nos seguiríamos amando.

José le acaricia a María la cabeza, como si fuera una hija pequeña,

Y Ella a su vez lo mira con ojos serenos y amorosos.

La cuñada interviene diciendo:

–     Tenéis realmente razón.

¡Si yo fuera capaz de enseñar!… En la escuela nuestros hijos aprenden el bien y el mal. 

En casa, sólo el bien. Pero yo no sé hacerlo… Si María…

María pregunta solícita:

–     ¿Qué quieres, cuñada?

Habla libremente. Tú sabes que te quiero y que me siento contenta cada vez que puedo satisfacerte en algo.

–     No, yo lo que pensaba… era…

Santiago y Judas son sólo un poco mayores que Jesús. Ya van a la escuela… ¡Pero, para lo que saben!…

Por el contrario, Jesús ya sabe muy bien la Ley… Yo quisiera… bueno,

¿Si te pidiera que los tuvieras también a ellos cuando enseñas a Jesús?

Creo que ganarían en bondad y en conocimientos. Al fin y al cabo son primos y sería justo que se quisieran como hermanos.., ¡Qué feliz me sentiría!.

–     Si José y tu marido quieren, yo por mí estoy dispuesta.

Hablar para uno o para tres es igual. Repasar la Escritura es motivo de gozo. Que vengan.

Los tres niños, que habían entrado despacito, han oído estas palabras y están a la espera del veredicto… 

Alfeo dice:

–     Te harán desesperar, María.

–     ¡No! Conmigo siempre se portan bien.

María se vuelve hacia los niños: 

–    ¿Verdad que os vais a portar bien si yo os enseño?

Los dos niños acuden a su lado corriendo, uno a la derecha, el otro a la izquierda.

Le ponen los brazos en torno a los hombros apoyando en ellos sus cabecitas.

Y hacen promesas de todo el bien posible.

–     Déjalos que prueben, Alfeo.

Y déjame probar también a mí. Yo creo que no quedarás descontento de la prueba.

Que vengan todos los días desde la hora sexta hasta la tarde. Será suficiente, créelo. Conozco el arte de enseñar sin cansar.

A los niños hay que tenerlos cautivados y distraídos al mismo tiempo.

Hay que comprenderlos, amarlos y ser amados para conseguir de ellos.

Y vosotros me queréis, ¿No?

La respuesta es dos fuertes besos.

–     ¿Lo ves?

–     Ya lo veo.

Sólo me queda decirte: “Gracias”.

Alfeo dice: 

–     Y Jesús ¿Qué va a decir cuando vea a su mamá entretenida en otros?

¿Tú qué dices, Jesús?

Jesús responde:

–     Yo digo: “Bienaventurados los que le prestan atención y levantan su morada junto a la de Ella”.

Como con la Sabiduría, dichoso aquel que es amigo de mi Madre. Me gozo viendo que aquéllos a quienes amo son sus amigos. 

Alfeo pregunta asombrado:

–     ¿Quién pone tales palabras en labios de este Niño?

José dice:  

–     Nadie, hermano, nadie de este mundo.

La visión cesa en este momento.  

Dice Jesús:

Y María fue Maestra mía, de Santiago y de Judas. 

Y éste es el motivo por el cual hubo entre nosotros amor fraternal, además de por el parentesco; por la ciencia y por haber crecido juntos…

Como tres sarmientos con un único palo como soporte: la Madre mía.

Que en verdad mi dulce Madre era doctora como nadie en Israel.

Sede de la Sabiduría, de la verdadera Sabiduría.

Ella nos instruyó para el mundo y para el Cielo.

Digo que “nos instruyó”, porque yo fui alumno suyo no en modo distinto de mis primos.

Y el “sello” colocado sobre el Misterio de Dios fue mantenido contra las pesquisas de Satanás…

Mantenido bajo la apariencia de una vida común.