189 EL MILAGRO ESPECTACULAR


189 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA 

Una vez que se ha calmado el griterío,

Jesús empieza a hablar:

“El Señor dijo a Josué:

“Habla a los hijos de Israel y diles: Separad las ciudades de que os hablé por medio de Moisés para los fugitivos; 

para que en ellas se puedan refugiar los que involuntariamente hayan matado a una persona,

pudiendo evitar así la ira del pariente próximo, del vengador de la sangre'”.

Pues bien, Hebrón es una de estas ciudades.

También está escrito:

“Los ancianos de la ciudad no entregarán al inocente en manos de quien lo busca para matarlo;

antes bien lo acogerán, le darán morada y permanecerá allí hasta el juicio y hasta la muerte del sumo sacerdote de entonces,

después de lo cual podrá volver a su ciudad y a su casa”.

En esta ley está ya presente y establecido el amor misericordioso hacia el prójimo.

Dios ha impuesto esta ley porque no es lícito condenar al acusado sin haberlo escuchado, ni matar en un momento de ira.

Lo mismo puede decirse también para los delitos y las acusaciones de orden moral.

No es lícito acusar si no se conoce, ni juzgar sin haber oído al acusado.

Mas, hoy día, a las acusaciones y condenas debidas a culpas supuestas en todos o a culpas imaginadas, se ha añadido una nueva serie:

La que se dirige y se pronuncia contra los que se presentan en nombre de Dios.

Durante los siglos pasados, se ha repetido contra los Profetas; ahora es contra el Precursor del Cristo y contra el Cristo.

Ya lo habéis visto.

Juan, atraído con engaño fuera del territorio de Siquem, espera la muerte en las prisiones de Herodes,

porque nunca se doblegará ante ninguna mentira ni amaño alguno.

De todas formas se podrá truncar su vida, cortarle la cabeza.

Mas no podrán quebrar su honestidad, ni separar su alma de la Verdad,

a la que él ha servido fielmente en sus más distintas formas: divinas, sobrenaturales o morales.

De la misma forma, se persigue al Cristo, con furia doble, diez veces mayor, porque

Él no se limita a decir: “No te es lícito” a Herodes.

sino que con vehemencia va diciendo en nombre de Dios y por el honor de Dios esto mismo,

por todos aquellos lugares donde entra y encuentra pecado o sabe que hay pecado,

sin excluir a ninguna categoría.

¿Cómo es posible esto?

¿Es que ya no hay siervos de Dios en Israel?

Sí los hay.

Lo que pasa es que son “ídolos”.

En la carta de Jeremías a los exiliados, están escritas entre muchas cosas éstas.

Quiero que pongáis atención en ellas;

porque toda palabra del Libro es una enseñanza que, desde que el Espíritu la hace escribir por un hecho presente, se refiere a un hecho futuro.

Así pues, está escrito:

…”Cuando entréis en Babilonia veréis dioses de oro, plata, piedra, madera…

Cuidaos de no imitar las obras de los extranjeros. Y no tengáis miedo a sus ídolos…

Decid en vuestro corazón:

“Sólo a ti se te debe adorar, Señor”‘.

La carta enumera las particularidades de estos ídolos, que tienen lengua fabricada por un artífice;

de la que no se sirven contra sus falsos sacerdotes, que los despojan de su oro para ataviar a las meretrices…

Y luego toman el oro profanado por el sudor de la prostitución para volver a componer al ídolo;

de estos ídolos que pueden ser corroídos por la herrumbre o la polilla…

que están limpios y ordenados solamente cuando el hombre los lava y los compone;

pues por sí mismos nada pueden hacer a pesar de tener en la mano el cetro o la segur. 

Y termina el Profeta diciendo: “Por tanto, no los temáis”. Luego añade: “Estos dioses son inútiles como vasijas rotas.

Sus ojos están llenos del polvo que levantan los pies de los que entran en el templo.

Están bien custodiados:

Como en una tumba o como quien hubiera ofendido al rey, porque cualquier persona podría despojarlos de sus valiosas vestiduras.

No ven la luz de las lámparas; son en el templo como las vigas.

Las lámparas lo único que hacen es ahumarlos, mientras lechuzas, golondrinas u otros pájaros vuelan sobre sus cabezas y los motean de excrementos.

Y los gatos se guarecen entre sus vestiduras y las rompen.

Por tanto no hay que tenerles miedo, son cosas muertas.

El oro no les sirve para nada, sólo es una cosa externa; si no se limpia no brillan.

Tampoco sintieron nada cuando los fabricaron.

El fuego no los despertó.

Los compraron a precios fabulosos.

Los llevan a donde el hombre quiere, porque son vergonzosamente impotentes…

¿Y por qué pues, se les llama dioses?

Porque se les dedica adoración, ofrendas y la pantomima de falsas ceremonias:

Los que las celebran no las sienten, quienes las ven no creen en ellas.

Si se les hace algún mal, como si es un bien, no responden.

Son incapaces de elegir o destronar a un rey.

No pueden devolver las riquezas, ni tampoco el mal.

No pueden salvar a un hombre de la muerte, ni al débil de las manos del déspota.

No sienten piedad ni por las viudas ni por los huérfanos. Asemejan a las piedras de la montaña…

Así, más o menos, dice la carta.

Mirad, ya no tenemos santos sino ídolos, en las filas del Señor;

por este motivo el mal es capaz de alzarse contra el bien:

El mal que motea de excremento el intelecto y el corazón de los que ya no son santos y anida entre sus falsas vestiduras de bondad.

Ya no saben pronunciar las palabras de Dios.

Es lógico: su lengua es obra humana y hablan por tanto, palabras de hombre.

¡Cuando no de Satanás! 

Sólo saben arremeter insensatamente contra inocentes y pobres;

pero guardan silencio ante la corrupción grave.

En efecto, habiéndose corrompido todos, no pueden acusar al otro de las mismas culpas propias:

Con ambición – no por el Señor sino por Satanás -, trabajan aceptando el oro de la lujuria y del desmán.

Y lo trafican y sustraen, en manos de un frenesí que desborda todo límite y arrasa cuanto encuentra a su paso.

Sin cesar, se les deposita encima el polvo que fermenta sobre ellos.

Externamente su rostro está limpio, pero el ojo de Dios ve muy sucio su corazón.

La herrumbre del odio y el gusano del pecado los corroe.

No saben cómo hacer para salvarse.

Blanden maldiciones, como cetros o hachas, sin saber que sobre ellos pesa la maldición.

Están encerrados en su pensamiento y en su odio, cual cadáveres en sus sepulcros o prisioneros en sus cárceles-

Y permanecen ahí agarrándose a las barras, pues temen que una mano los aleje de ese lugar:

En efecto donde están, estos muertos son todavía algo, momias, nada más que momias de aspecto humano.

Y sólo el aspecto, pues su cuerpo está reducido a madera seca;

mientras que fuera serían objetos desechados por el mundo que busca la Vida, que necesita la Vida como el niño el pecho materno…

Y que acepta a quien le da Vida y no hedor de muerte.

Están en el Templo sí, y el humo de las lámparas – de los honores – los ahuma…

Pero la luz no les llega; todas las pasiones – los pájaros y gatos – anidan en ellos; 

pero el fuego de la misión no les da el místico tormento de ser consumidos por el fuego de Dios.

Son -refractarios al Amor

El fuego de la caridad no los enciende, la caridad no los viste con sus áureos esplendores:

La caridad de dúplice forma y origen:

Caridad para con Dios y para con el prójimo, la forma; caridad de Dios y del hombre, el origen.

Dios se aleja en efecto, del hombre que no ama, siendo así que el origen divino cesa;

el hombre se aleja del malvado, cesando así el segundo origen.

La Caridad arrebata todo al hombre que no tiene amor.

Se dejan comprar con precio maldito, se dejan llevar a donde quieren la ganancia y el poder.

¡No, no es lícito! Ninguna moneda puede comprar la concienci.

Y menos aún la de los sacerdotes y maestros.

No es lícito mostrarse sumisos ante las cosas fuertes de la Tierra cuando quieren conducirnos a obrar en contra de lo que Dios ha  establecido:

Esto no es sino impotencia espiritual. Y está escrito:

“El eunuco no entrará en la asamblea del Señor”.

Si, pues no puede ser del pueblo de Dios el impotente por naturaleza, ¿Podrá ser su ministro el impotente de espíritu?

En verdad os digo que muchos sacerdotes y maestros, habiendo perdido su virilidad espiritual,

han venido a ser, culpablemente eunucos espirituales.

Muchos. ¡Demasiados!

Meditad, observad, comparad…

Y os daréis cuenta de que tenemos muchos ídolos y pocos ministros del Bien, que es Dios.

Ahora se ve por qué sucede que las ciudades-refugio no son ya tales.

Ya no se respeta nada en Israel.

Los santos mueren por el odio hacia ellos, de los no santos.

Pues bien, mi propuesta es una llamada.

Os llamo en nombre de nuestro Juan, que se está consumiendo por haber sido santo;

que sufre ahora la acción punitiva por ser Precursor mío y por haber tratado de quitar de los caminos del Cordero las inmundicias.

Venid a servir a Dios. El tiempo está cercano. No os coja desapercibidos la Redención.

Haced que llueva en terreno sembrado; si no, en vano caerá la lluvia.

Vosotros, habitantes de Hebrón, debéis ir a la cabeza, porque habéis convivido aquí con Zacarías e Isabel, los santos que merecieron del Cielo a Juan

Aquí Juan ha esparcido el perfume de su gracia con verdadera inocencia de párvulo.

 Y desde su desierto, os ha enviado el incienso anticorruptor de su Gracia, prodigio de penitencia.

No defraudéis a vuestro Juan, que ha llevado el amor al prójimo hasta una altura casi divina,

de forma que ama al último habitante del desierto cuanto a vosotros, paisanos suyos.

Estad seguros que impetra la Salud para vosotros.

Y la Salud está en seguir la Voz del Señor y creer en su Palabra.

Venid en masa, de esta ciudad sacerdotal, al servicio de Dios.

Yo paso y os llamo:

No seáis menos que las meretrices, a las cuales les es suficiente una palabra de misericordia,

para abandonar el camino recorrido precedentemente y tomar el del Bien.

Cuando he llegado me han preguntado:

“Pero, ¿No nos guardas rencor?”.

¡Rencor! ¡No; antes bien, amor!

Espero incluso veros entre las filas de mi Pueblo, del Pueblo que guío hacia Dios en el nuevo éxodo hacia la verdadera Tierra Prometida:

El Reino de Dios, al otro lado del Mar Rojo de los sentidos, más allá de los desiertos del pecado;

libres ya de todo tipo de esclavitud, hacia la Tierra eterna, de pingües delicias, colmada de paz…

¡Venid! Es el Amor que pasa; quien quiera puede seguirle, porque para ser acogidos por El se requiere solamente buena voluntad.

Jesús ha terminado en medio de un silencio atónito.

Parece que muchos están sopesando las palabras que han escuchado…

Prueban su sabor, las degustan, las confrontan.

Mientras esto sucede y Jesús cansado y sudoroso, se sienta a hablar con Juan y Judas.

Y he aquí que se alza un clamor al otro lado del muro…

Gritos confusos que luego se vuelven más claros:

–     ¿Está el Mesías? ¿Está?

La respuesta es afirmativa.

Entonces pasan adelante a un hombre contrahecho que de tan torcido como está parece una “S”.  

La gente lo reconoce:

–     ¡Es Masala!

–     ¡Demasiado contrahecho!

–     ¿Qué puede esperar?

–     ¡Ahí está su madre!

–    ¡Pobrecilla!

El arquisinagogo: 

–    Maestro, su marido la rechaza por ese aborto de hombre de su hijo.

Así que vive aquí de la caridad; pero ahora es ya anciana y le queda poca vida…

El aborto de hombre – realmente es así – está ante Jesús.

No puede ni siquiera ver su rostro de lo encorvado y torcido que está.

Parece una caricatura de hombre-chimpancé o de un camello humanizado.

La madre, anciana y mísera, ni siquiera habla.

Sólo emite una voz que parece un gemido: 

–     Señor. Señor…

Creo…

Jesús pone sus manos sobre los hombros sesgados del hombre, que apenas si le llega a la cintura…

Levanta su rostro hacia el Cielo

y dice con voz potente:

–     ¡Enderézate y sigue los caminos del Señor!

El hombre experimenta un brusco movimiento…

Y como impulsado por un resorte, queda derecho como el más perfectode los hombres.

E1 movimiento ha sido tan repentino, que parece como si se hubieran roto unos resortes, que lo tuvieran contenido en esa posición anómala.

Ahora le llega a Jesús a los hombros

Lo mira y cae de rodillas, con su madre, ante su Salvador.

Y ambos le besan los pies

Es indescriptible la reacción de la muchedumbre…

A pesar de todas las resistencias, Jesús se ve obligado a permanecer en Hebrón;

porque la gente está dispuesta a formar barreras en las salidas para impedirle marcharse.

Así…

Entra en la casa del anciano arquisinagogo, que tan cambiado está respecto al año pasado…

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