236 PARÁBOLA DEL BOSQUE PETRIFICADO


236 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

.Una gran fogata está encendida para iluminar la reunión.

Sentados en semicírculos en los campos, hay  muchas personas

Esperan a que Jesús vaya y les hable.

Entretanto ellos conversan de las cosas que han pasado durante el día.

Entre ellos está también Abel, con el cual muchos se congratulan; 

diciendo que todos creían en su inocencia.  

Abel objeta: 

–      ¡Pero me habríais matado!

Y No puede contenerse de responder el jovencito,

señalando: 

–       Incluso tú.

Que me habías saludado delante de la puerta de mi casa,

precisamente a la hora en que asesinaron a Joel.

El hombre se ruboriza, pero no contesta nada.

Y Abel añade:

–      Pero te perdono en Nombre de Jesús. 

En esos momentos Jesús ya ha salido del aprisco y está yendo hacia ellos.

Alto, vestido de blanco, en medio de los apóstoles, seguido por los pastores y las mujeres.  

Cuando llega, los saluda diciendo: 

–       Paz a todos vosotros.

Si el hecho de haber venido ha valido para instaurar el Reino de Dios entre vosotros;

bendito sea el Señor.

Si haber venido ha valido para hacer brillar la inocencia, bendito sea el Señor.

Si haber llegado a tiempo de impedir un delito;

sirve para dar a tres que son culpables el modo de redimirse, bendito sea el Señor.

Ahora bien, de entre todas las cosas que esta jornada sugiere meditar…

¿Y qué meditaremos mientras la noche desciende a envolver en tinieblas, la alegría de dos corazones

y el remordimiento de otros tres?

¿Y  en sus tinieblas esconde, como bajo un pudoroso velo, las lágrimas de gozo de los primeros?

¿Y  las lágrimas abrasadoras de los otros?

Mas Dios las ve.

Entre todas estas cosas, está la que indica que nada de lo que Dios ha dado como Ley, es inútil.

Israel observa mucho, sólo nominalmente, la Ley que Dios ha dado;

en realidad no la observa.

Ahí está la Ley.

La analizan, la escrutan, la descuartizan…

Hasta que muere torturada con minuciosas sutilezas.

Ahí está.

Pues bien, de la misma forma que un cadáver momificado no tiene vida;

ni respiración ni circulación de sangre;

a pesar de tener la apariencia de alguien que, inmóvil, duerme.

La Ley tampoco tiene vida ni respiración ni sangre en demasiados corazones; demasiados, demasiados.

En una momia uno se puede sentar como si fuera una banqueta.

En ella se pueden apoyar objetos, vestidos o inmundicias, si se quiere.

Y no se rebela porque no tiene vida.

Así, muchos hacen de la Ley una banqueta, un apoyo, un lugar donde arrojar sus  porquerías;

seguros como están de que no se rebelará en su conciencia, porque para ellos ha muerto.

Podría comparar a buena parte de Israel con los bosques petrificados; 

que se ven diseminados por el valle del Nilo y en el desierto egipcio.

Eran verdaderos bosques, de árboles vivos nutridos de savia;

susurrante su follaje bajo el sol, bellos con sus abundantes frondas, flores y frutos.

Hacían del lugar en que se alzaban un pequeño paraíso terrenal, grato a hombres y animales;

que olvidaban la aridez desolada del desierto;

la sed abrasadora que las arenas, penetrando en la garganta con su polvo ardiente, producen en el hombre;

Olvidaban al despiadado sol que calcifica en poco tiempo los cadáveres, descargándolos;

consumiendo sus carnes y convirtiéndolas en polvo;

dejando yacentes, entre las curvas de las arenas, abundantes esqueletos,

limpios como por la mano de un atento artesano.

Olvidaban todo en la verde sombra susurrante, rica de frutos y agua que daban nuevas fuerzas;

aliviaban, devolvían el coraje para nuevos trayectos.

Luego, por causa desconocida, cual cosas malditas;

no sólo se secaron,

como los árboles que cuando mueren sirven todavía para encender fuego en los hogares del hombre.

O sirven a los peregrinos de países lejanos, para hacer hogueras que iluminen la oscuridad;

mantengan alejadas a las fieras y disipen la humedad de la noche.

No sólo se secaron, sino que no sirvieron tampoco para leña: se hicieron de piedra; piedra.

Trunk of petrified tree in Petrified Forest National Park

Parecía como si, por un sortilegio, la sílice del suelo hubiera subido de las raíces al tronco;

a las ramas, a las hojas.

Luego, los vientos quebraron las ramitas más delgadas, que se habían hecho como de alabastro, duro y frágil al mismo tiempo.

Las ramas más resistentes están allí, unidas a sus fuertes troncos, para engaño de las cansadas caravanas;

que con el reflejo cegador del sol o la luz espectral de la luna; 

ven perfilarse las sombras de los troncos que se alzan enhiestos en las llanuras elevadas.

O en el fondo de esos valles que reciben el agua, sólo durante las fecundas crecidas.

Caravanas que, por el ansia de un refugio, de alivio, de un pozo, de frutos frescos…

Y por el cansancio de los ojos cegados por el sol en las arenas desprotegidas,

se lanzan hacia los bosques fantasmas,

¡Verdaderamente fantasmas!

Ilusoria apariencia de cuerpos vivos; real presencia de cosas muertas.

Yo los he visto.

Me quedaron impresos, a pesar de que fuera poco más de un párvulo,

como una de las cosas más tristes de la Tierra.

Así me parecieron hasta que no toqué, medí, pesé, las cosas totalmente tristes de la Tierra;

totalmente tristes por estar completamente muertas.

Las cosas inmateriales, o sea, las virtudes y almas muertas:

las primeras, muertas en las almas;

las almas, muertas por haberse matado.

“La Ley está en Israel, pero su presencia es como la de los árboles petrificados en el desierto.

Han venido a ser sílice.

Muertos.

Objeto de engaño.

Objeto destinado a disgregarse sin servir;

antes al contrario, perjudicando, porque crean espejismos que seducen

Y atrayendo hacia su muerte, alejan de los verdaderos oasis.

Y hacen morir de sed, de hambre, de desolación.

Es una muerte que atrae a otros a la muerte, como se lee en algunas fábulas de mitos paganos.

Hoy habéis tenido un ejemplo de lo que es una Ley reducida a piedra,

en un alma también petrificada:

es pecado de todo tipo, creador de desventura.

Que os sirva para saber vivir.

Y saber hacer revivir la Ley en vosotros, con toda su integridad;

iluminada por Mí con luces de misericordia.

La noche está solemne.

Las estrellas nos miran y con ellas Dios.

Alzad la mirada al cielo estrellado y elevad el espíritu a Dios.

Y, sin críticas hacia esos desdichados que ya han recibido el castigo de Dios.

Y sin orgullos por no tener su pecado;

prometed a Dios y prometeos a vosotros mismos no caer en la aridez de los árboles malditos,

de los desiertos y valles de Egipto.

Jesús ha dado su discurso sobre la Ley, la hipocresía para obedecerla por la falta de fe

y finaliza diciendo:

–       Nada es inútil de cuanto Dios estableció en su Ley.

La Ley que dio, Israel la observa de Nombre, pero no en la realidad.

Son ilusorias apariencias de cuerpos vivos.

Reales presencias de cosas muertas:

las cosas inmateriales; esto es, la virtud y las almas muertas.

La Ley existe en Israel,

pero se ha convertido como las plantas petrificadas en el desierto de Egipto;

en el Valle del Nilo;

en un espejismo que produce la muerte.

Tuvisteis hoy un ejemplo de lo que significa una Ley reducida a piedra en corazones

que se habían petrificado.

Cuando no actuamos bien, nuestro corazón se va endureciendo y nos volvemos solitarios, egoístas, desconfiados. Y necesitamos que Alguien nos sane…

Es causa de toda clase de pecados y desventuras.

Si el haber llegado a tiempo para impedir un crimen, sirve también para dar un medio para redimirse a tres culpables,

Bendito sea el Señor.

 

Ya es muy noche.

Las estrellas nos están mirando y también Dios.

Levantad la mirada al cielo estrellado y elevad hacia Dios vuestro corazón,

sin criticar a los infelices que Dios ha castigado.

La paz sea con vosotros.

Los bendice y luego se retira al vasto recinto del aprisco, rodeado de rústicos pórticos;

bajo los cuales los pastores han extendido mucho heno para que sirva de lecho a los siervos del Señor.

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