241 LA TÚNICA PÚRPURA


241 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

La gente de Sicaminón, movida por la curiosidad de ver, en espera del Maestro, ha estado asediando todo el día el lugar en que están asentados los discípulos.

Jesús ya tiene un par de días ausente, con todos los discípulos y… 

Las discípulas mientras tanto, no han perdido el tiempo;

se han dedicado a lavar la ropa, polvorienta y sudada.

Así pues, en la pequeña playa hay toda una alegre exposición de ropa secándose al viento y al sol.

Ahora, que está cercano el atardecer.

Y con él se percibe ya la humedad salobreña, del pequeño lugar donde se hospedan; 

se apresuran a recoger la ropa, aunque esté todavía un poco húmeda.

Y a sacudirla y estirarla en todas las direcciones antes de doblarla;

para que los respectivos propietarios la encuentren bien ordenada.

María de Alfeo.

dice: 

–       Vamos a llevarle a María enseguida su ropa. 

¡Ha estado muy sacrificada ayer y hoy en ese cuartito sin aire!…».

Y desde que se fueron María de Magdala, propietaria de un solo vestido, que además es prestado;

ha tenido que estar escondida hasta que estuviera seco.

Susana responde:

–       ¡Menos mal que no se queja nunca!

No pensaba que fuera tan buena y paciente.  

Salomé:

–      Y tan humilde, debes decir.  

La Virgen:

–       Y reservada. ¡Pobre hija!

¡Verdaderamente era el diablo el que la atormentaba!

Una vez que mi Jesús la ha librado, ha vuelto a ser ella como sin duda era de niña.

Y hablando entre ellas vuelven a casa a llevar la ropa lavada.

Entretanto en la cocina, Marta trabaja en preparar las viandas.

La Virgen está limpiando las verduras en una olla de cobre y poniéndolas a hervir para la cena.

Entregándole el vestido de Magdalena a Martha,

Susana dice:

–       Aquí está.

Todo ya seco, limpio y doblado.

Hacía falta.

Ve donde María y dale su ropa

Pasa un rato y las dos hermanas vuelven juntas.   

Martha:

–      Gracias a las dos.

Magdalena sonriendo,

dice:

–      El sacrificio del vestido sin cambiar desde hace días… 

Me era el más penoso.

Ahora me siento toda fresca.  

Martha le aconseja:

–       Sal afuera a sentarte.

Esta haciendo un agradable viento y te vendrá muy bien después de tanto tiempo encerrada. 

Marta, la cual, siendo menos alta y de formas menos esculturales que su hermana;

ha podido ponerse un vestido de Susana o de  María de Alfeo mientras su ropa se lavaba.

Magdalena dice:

–       Esta vez se ha hecho así.

Pero para el futuro nos haremos nuestra pequeña alforja como las demás y no tendremos esta incomodidad. 

María de Alfeo:

–      ¿Cómo?

¿Tienes intención de seguirlo como nosotras?

–       Por supuesto.

A menos que Él me ordene lo contrario.

Ahora voy a la orilla del mar a ver si vienen.

¿Vuelven esta tarde?  

La Virgen responde:

–       Eso espero. 

Estoy preocupada porque ha ido a Fenicia.

Pero pienso que está con los apóstoles. 

Y también que los fenicios quizás son mejores que otros muchos.

Pero querría que volviera, incluso por la gente que lo está esperando.

Cuando he ido a la fuente, una mujer me detuvo para decirme: 

“¿Estás con el Maestro galileo, al que llaman el Mesías?

Ven entonces y mira cómo está mi hijo.

Hace un año que le atormenta la fiebre”.

He entrado en una casita.

¡Pobre criatura! ¡Parecía una florecilla agonizante!

Se lo diré a Jesús.  

Martha añade:

–       Hay otros también que piden igualmente la curación.

Más curación que enseñanza.

La Mamá responde:

–       El hombre difícilmente es todo espiritual.

Siente con mayor fuerza la llamada de la carne y sus necesidades.

–       Pero muchos…

Después del milagro, nacen a la vida del espíritu.

–       Sí, Marta.

Y ese también es un motivo por el que mi Hijo hace tantos milagros.

Por bondad hacia el hombre, pero también para atraerlo, con ese medio, a este camino suyo…

Que, si no, demasiados no lo seguirían.  

Magdalena se va a su mirador para ver si vuelven las barcas…

Juan de Endor por su mala salud, no acompañó a los apóstoles y con él, vienen muchos discípulos;

acercándose a sus respectivas casas

Casi al mismo tiempo, regresa la Magdalena,

diciendo:

–       Están llegando.

Son las cinco barcas que zarparon al alba de ayer.

Las he reconocido muy bien. 

María de Alfeo recoge unas ánforas y sale,

diciendo:

–       Estarán cansados y sedientos.

Voy por más agua.

La fuente es muy fresca.

La Virgen invita:

–       Venid…

Vamos a recibir a Jesús. 

Y sale con la Magdalena y Juan de Endor.

Porque Marta y Susana se quedan trabajando en los fuegos,

rojas y muy ocupadas de ultimar la cena.  

Llegan hasta el pequeño espigón, donde pueden observar el movimiento marítimo de la zona.

Porque costeando la orilla, donde ya otros barcos de pesca, están detenidos,

atracados en uno de los muelles pequeños, que están a lo largo de las entradas al  puerto de la ciudad de Sidón  

Los tres que están esperando a los viajeros, muy atentos en el pequeño muro frente al Mar…

Desde su punta se ve bien todo el golfo, así como la ciudad de que recibe el nombre.

Mientras tanto las barcas, se ven a lo lejos, cómo están regresando.

Y se ven también las cinco barcas que avanzan ligeras, un poco inclinadas por la veloz marcha.

Con la vela bien tirante debido a un ligero viento boreal que favorece a las barcas…

Y alivia a los hombres fatigados por el calor estival   

Juan de Endor,

comenta:

–       Mirad qué bien se manejan Simón y los otros.

Siguen que es una maravilla la barca del guía.

Fijaos, ya han sobrepasado la rompiente;

ahora se internan hacia mar abierto;

para rodear la corriente, que es fuerte en ese punto.

Fijaos…

Ahora va todo bien.

Dentro de poco estarán aquí.

En efecto, las barcas se van acercando cada vez más…

Y ya se puede ver a los que navegan en ellas.

Jesús viene en la primera, junto con Isaac.

Se ha puesto en pie y su alta estatura se manifiesta en toda su majestuosidad,

hasta que la vela al arriarla, lo esconde durante unos minutos.

Dado que la barca virando, pasa de proa a costado, para entrar y ponerse al amparo del muelle,

pasando así frente a los que los esperan y saludan con la mano, desde encima del espigón..

Jesús los  saluda con una sonrisa…

Y ellos empiezan a caminar apresurados, para llegar al punto de arribo cuando la barca se detenga.  

Cuando Jesús pone pie en el andén…

María lo saluda,

diciendo:

–      ¡Dios te bendiga, Hijo!  

Jesús responde:

–      Dios te bendiga, Mamá.

¿Has estado preocupada?

En Sidón no encontramos a quien buscábamos, así que hemos ido hasta Tiro.

Allí hemos encontrado a este jovencito, amigo de nuestro Juan y nuevo discípulo. 

Volviéndose, lo llama:

–       Ven, Hermasteo…

Y presentándolo, agrega:

–       Mira, Juan…

Este joven quiere ser adoctrinado.

Te le confío.

Juan de Endor,

responde emocionado:

–      Lo adoctrinaré sobre tu palabra. 

No te defraudaré.

¡Gracias, Maestro!

Hay muchos que te están esperando. 

La Virgen añade:

–       Hay también un pobre niño enfermo,

Hijo mío. La madre te espera ansiosa.

–       Voy enseguida a verla. 

Juan de Endor interviene:

–     Sé quién es, Maestro.

Te acompaño. Ven, Hermasteo;

así empezarás a conocer la bondad infinita de nuestro Señor –

Bajan: de la segunda barca, Pedro;

de la tercera, Santiago;

de la cuarta, Andrés;

de la quinta, Juan. 

!Los cuatro pilotos navegantes!

Seguidos luego por los otros apóstoles o discípulos que venían con ellos.

Ahora todos se agolpan alrededor de Jesús y María.  

Jesús indica:

–       Id a casa.

Vuelvo enseguida.

Preparad, entretanto, lo necesario para la cena.

Y decid a las personas que están esperando que al anochecer hablaré. 

Pedro pregunta:

–       ¿Y si hay enfermos?

–       Primero los curaré.

Incluso antes de la cena, para que puedan regresar a sus casas felices.

Se separan:

Jesús va con el hombre de Endor y Hermasteo hacia la ciudad.

Los demás vuelven por el camino de la playa guijarrosa, narrando todo lo que han visto y oído.

Contentos como niños que regresaran con sus mamás.

También Judas de Keriot está contento.

Enseña todas las limosnas que le han dado los pescadores de púrpura;

sobre todo, un buen taleguillo de la preciosa materia.  

Y dice a María:

–       Esto para el Maestro.

Si no la lleva El, ¿Quién la podría llevar?

Me llamaron aparte y me dijeron: “Tenemos madréporas de valor en la barca.” 

¡Y fíjate! También me dieron una perla.  

dijeron:

“Un verdadero tesoro.

No sé cómo hemos tenido tanta suerte.  

Te las regalamos con mucho gusto para el Maestro.

Ven a verlas”

Fui, dado que me lo habían pedido, mientras el Maestro estaba retirado en una gruta orando.

Eran corales bellísimos

Y una perla… no grande pero sí bonita.

Les dije: “No os privéis de estas cosas.

El Maestro no lleva ninguna joya.

Más bien, dadme un poco de esa púrpura, para embellecer su túnica.

Tenían este montoncito.

Se empeñaron en dármela toda.

Ten, Madre, haz con ella un bonito trabajo, como tú sabes hacer, para nuestro Señor.

¡Pero hazlo!

Si se da cuenta, querrá que se venda para los pobres.

Y queremos verlo vestido como merece;

¿No es verdad?  

Pedro lo apoya:

–       ¡Sí, sí, cierto!

Yo sufro cuando lo veo vestido con esa simplicidad en medio de otros…

Él, que es Rey…

Mientras que ellos son peor que esclavos.

Y todos emperifollados y acicalados.

¡Y lo miran como a un pobre, indigno de ellos!  

Andrés confirma:

–      ¿Te diste cuenta de cómo se reían esos…?

¡’señores‘ de Tiro cuando nos estábamos despidiendo de los pescadores?  

Santiago de Zebedeo añade:

–       Les dije:

“¡Os debería dar vergüenza ¿Perros! que es lo que sois!

ÉL vale más un hilo de su túnica blanca, que no todos vuestras joyas y vestiduras ostentosas” 

Tadeo  agrega:

–       Yo quisiera…

Dado que le han dado esto a Judas; 

que lo preparases para los Tabernáculos. 

Mientras la Virgen toca las séricas hebras, esponjosas;

de regio y espléndido color.  

María responde admirándolas:

–       Nunca he hilado con la púrpura.

Pero lo intentaré, a ver si soy capaz. 

 Magdalena da su opinión conocedora en cosas finas y bellas,

diciendo: 

–      La que fue mi nodriza es experta en esto.

La encontraremos en Cesárea.

Te enseñará.

Aprenderás enseguida porque tú sabes hacer todo bien.

Yo haría una cenefa para el cuello, para las bocamangas y para la parte baja de la túnica:

púrpura sobre lino o lana blanquísimos, con palmas y rosetones, como los de los mármoles del Santo.

Y con el nudo de David en el centro.

Estaría muy bien y se le verá perfecto. 

Marta agrega:

–       Nuestra madre hizo ese dibujo.

Por lo bonito que era, en la túnica destinada a Lázaro; 

para el viaje de toma de posesión de sus tierras de Siria.

Lo he conservado porque fue la última labor de nuestra madre.

Te lo mandaré.  

María responde:

–       Lo haré orando por vuestra madre.

En esto, han llegado ya a las casas.

Los apóstoles se reparten para reunir a los que esperan al Maestro,

especialmente a los enfermos…

https://paypal.me/cronicadeunatraicion?locale.x=es_X

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: