259 LA MUJER EN LA IGLESIA


259 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Mirando a Judas de Keriot,

la Virgen dice:

–       Hablaré con Jesús.

Si Él acepta, vendrás a mi casa.

No me preocupo del juicio del mundo.

No lesiona mi alma.

Sólo me puede causar horror ser culpable yo ante Dios.

La calumnia me deja indiferente.

De todas formas, no me calumniarán;

porque Nazaret sabe que su hija no es escándalo de su ciudad.

Además… ¡Que pase lo que pase!…

Lo que me preocupa es que te salves en tu espíritu.

Voy donde Jesús.

Queda en paz.

Se emboza en su velo, blanco como el vestido.

Y empieza a caminar ligera, por el sendero que conduce a una loma cubierta de olivos.

Busca a su Jesús.

Y lo encuentra absorto en profunda meditación.

Lo llama:

–       Hijo, soy yo…

Escucha.

Jesús sonríe feliz:

–       ¡Oh, Mamá!

¿Vienes a orar conmigo?

¡Qué alegría, qué consuelo me das!

–       ¿Qué, Hijo mío?

¿Sientes tu espíritu cansado?

¿Estás triste?

¡Díselo a tu Madre!

–      Sí, cansado, tú lo has dicho.

Y afligido.

No tanto por el cansancio y las miserias que veo en los corazones,

cuanto porque veo que mis amigos no cambian.

Pero no quiero ser injusto con ellos.

Uno sólo me produce cansancio:

Judas de Simón…

–       Hijo, vengo a hablarte de él…

–      ¿Ha hecho algo malo?

¿Te ha adolorado?

–       No.

Pero me ha causado la pena que me causaría el ver a una persona muy corrompida…

¡Pobre hijo! ¡Qué enfermo está en su espíritu!

–       ¿Sientes compasión de él?

¿Ya no te da miedo? Antes sí…

–       Hijo mío, mi compasión supera a mi miedo.

Quisiera ayudaros a Ti y a él a salvar su espíritu.

Tú lo puedes todo, no tienes necesidad de mí;

pero dices que todos deben cooperar con el Cristo en la redención…

¡Y este hijo está tan necesitado de redención!…

–       ¿Qué más debo hacer de lo que ya hago por él?

–       Tú no puedes hacer más.

Pero podrías dejarme intentarlo a mí.

Me ha rogado que le permita estar en nuestra casa;

porque le parece que así podrá liberarse de su monstruo…

Jesús nueve la cabeza negando…

¿Meneas la cabeza?

¿No quieres?

Bien, se lo diré…

–       No, Mamá.

No es que no quiera.

Meneo la cabeza porque sé que es inútil.

Judas es como uno que se está ahogando y que, a pesar de ver que se está ahogando;

rechaza por orgullo la soga que le echan para sacarlo a la orilla.

No tiene la voluntad de venir a la orilla.

De vez en cuando, sintiendo el terror de ahogarse, busca y pide ayuda, se agarra a la soga…

Pero luego por el orgullo, suelta la ayuda, la rechaza, quiere salir él solo..

Y se hace cada vez más pesado a causa del agua fangosa que traga.

Pero, para que no se diga que he dejado una posibilidad sin intentar, hágase esto también.

Pobre Mamá mía…

Sí, pobre Mamá, que te sometes por amor a un alma;

al sufrimiento de tener a tu lado a una persona…

Que te da miedo.

–       No, Jesús, no digas eso.

Soy una pobre mujer, porque todavía estoy sujeta a antipatías.

Regáñame.

Lo merezco.

No debería sentir repulsión por ninguna persona, por tu amor.

Pero ésa es mi pobreza, sólo ésa.

¡Ah, si pudiera devolverte a Judas espiritualmente curado!

Darte un alma es darte un tesoro.

y quien da un tesoro no es pobre. ¡Hijo!…

¡Voy y le digo a Judas que das tu consentimiento!

Dijiste: “Día llegará en que dirás: “¡Qué difícil es ser la Madre del Redentor!”.

Ya lo he dicho una vez… por Áglae…

Pero, ¿Qué es una vez!

¡La Humanidad son muchos!…

Y Tú eres Redentor de todos.

¡Hijo!… ¡Hijo!…

De la misma forma que te llevé a la pequeñuela en mis brazos, para que la bendijeras,

deja que te traiga en mis brazos a Judas, para que lo bendigas…

–       Mamá…

Mamá… Judas no te merece.

–       Jesús mío,

cuando no te decidías a entregar a Margziam a Pedro, te dije que sería un bien para él.

No puedes decir que Pedro no se haya renovado desde ese momento…

Déjame ocuparme de Judas.

–      De acuerdo.

Hágase como deseas.

¡Bendita seas, por tu intención amorosa por Mí,

y por Judas!

Ahora vamos a orar juntos, Mamá.

¡Es tan dulce orar contigo!…

Y los dos oran juntos.

Horas más tarde…

Acaba de empezar el alba cuando salen de la casa en que se habían hospedado.

Juan de Endor y Hermasteo se despiden de Jesús nada más llegar al camino.

María por su parte, con las mujeres, prosigue junto con su Hijo

por un camino que se abre paso entre los olivares de las colinas.

Van hablando también de los hechos de ese día.

Pedro dice:

–      ¡Qué loco ese Felipe!

¡A punto de repudiar a su mujer y a su hija, si no te hubieras metido a hacerlo razonar!

Tomás agrega.

–       Esperemos que le dure el arrepentimiento de ahora.

Y que no le dé enseguida de nuevo la locura de la aversión hacia las mujeres.

En el fondo, si el mundo va adelante, es por las mujeres.

Y muchos se echan a reír por la ocurrencia.

Bartolomé responde:

–       Cierto.

Es verdad.

Pero su condición impura es mayor que la nuestra y…

Tomás argumenta:

–      ¡Vamos hombre!

¡Si nos referimos a impureza!…

Nosotros tampoco somos ángeles.

Lo que quisiera saber es si después de la Redención, seguirá siendo así para la mujer.

Nos enseñan a honrar a nuestra madre,

a tener el máximo respeto para con nuestras hermanas

las hijas, las tías, las nueras, las cuñadas…

Y luego…

¡Anatemas a diestra y siniestra!

En el Templo no; estar con ellas muchas veces, no…

¿Qué pecó Eva?

De acuerdo.

También pecó Adán.

Dios dio a Eva su castigo y bastante severo.

¿No es suficiente?

Bartolomé:

–       Pero Tomás,

Si hasta Moisés la considera impura.

–       Moisés, que si no hubiera sido por las mujeres se hubiera ahogado…

Mira, escúchame un momento por favor, Bartolomé

Te recuerdo, a pesar de no ser docto como tú sino sólo un orfebre;

que Moisés cita las impurezas físicas de la mujer para que la respetemos;

no para condenarla.

La discusión se incrementa.

Jesús, que va adelante precisamente con las mujeres, con Juan y Judas, se detiene.

Se vuelve e interviene:

–       Dios tenía ante sí un pueblo moral y espiritualmente deforme;

contaminado por sus contactos con idólatras.

Quería convertirlo en un pueblo fuerte en lo físico y espiritual.

Dio como preceptos las normas saludables para la fortaleza física

y para la honestidad de costumbres.

No podía hacer otra cosa para frenar la concupiscencia del varón

para que los pecados por que fue sumergida la tierra

y fueron quemadas Sodoma y Gomorra no se repitieran.

En el futuro, la mujer redimida no vivirá esta opresión que vive ahora.

Seguirán existiendo las prohibiciones dictadas por la prudencia física;

pero los obstáculos que encuentra para acercarse al Señor quedarán eliminados.

Yo ya los elimino, para preparar a las primeras sacerdotisas del tiempo futuro.

Felipe está atónito y pregunta:

–       ¿Pero habrá mujeres sacerdotes!?

–       No me entendáis mal.

No serán sacerdotisas como los hombres.

No consagrarán, no administrarán los dones de Dios:

los Sacramentos que por ahora no podéis conocer

pero sí pertenecerán lo mismo a la clase sacerdotal,

cooperando con los sacerdotes de muchas maneras para el bien de las almas.

Bartolomé pregunta, incrédulo

–       ¿Van a predicar?

–       Como ya predica mi Madre.

Mateo inquiere:

–       ¿Van a hacer peregrinajes apostólicos?

–       Sí.

Y llevarán la Fe muy lejos.

Tengo que decirlo:

Lo harán con más heroísmo que los hombres.

Judas, riendo con cierta sorna,

dice:

–       ¿Van a hacer milagros?

–      Alguna hará también milagros.

SOR MARIA DE JESUS DE ÁGREDA, oraba y ayunaba. Y desde su celda EN ESPAÑA le decía a Jesús: “Señor, ayer el jefe de los sioux nos torturó hasta matarnos; ¿Crees que ahora sí se den por vencidos y accedan a escucharnos? Hoy que regresemos dices que también estaremos con los cherokees y los cheyennes; entonces  también el Espíritu Santo tendrá que multiplicar los rosarios, porque ya aumentaron las mujeres que me están enseñando a bordar, mientras rezamos…”

De todas formas, no os baséis en los milagros como si fuera lo esencial.

Las mujeres santas harán también muchos milagros de conversiones, con la Oración.

Nathanael:

–       ¡Mmm…!

Las mujeres rezar hasta el punto de hacer milagros!

–      No seas cerrado, como un escriba, Bartolomé.

¿Qué concepto tienes de la Oración?

–      Dirigirse a Dios con las fórmulas que sabemos.

–      Es eso y más.

La Oración es la conversación del corazón con Dios.

Y debería ser el estado habitual del hombre

La mujer, por su vida más retirada que la nuestra

y porque tiene una facultad afectiva más fuerte que la nuestra,

tiene más predisposición que nosotros para esta conversación con Dios.

En ella encuentra consuelo de sus dolores, alivio de sus fatigas,

que no son sólo las de la casa y las de engendrar,

sino también el soportarnos a nosotros los hombres;

encuentra aquello que enjuga sus lágrimas y devuelve la sonrisa a su corazón.

Porque la mujer sabe hablar con Dios.

Y sabrá hacerlo todavía mejor en el futuro.

Los hombres serán los gigantes de la doctrina;

las mujeres serán siempre las que con su Oración sostengan a los gigantes y al mundo.

Porque, efectivamente,

por sus oraciones se evitarán muchas desventuras

y muchos castigos quedarán suspendidos.

Así pues, harán milagros, por lo general invisibles, conocidos sólo por Dios,

pero no por ello irreales.

Tadeo dice:

–       También Tú hoy has hecho un milagro invisible, pero real.

¿No es verdad, Maestro?

–       Sí, hermano.

Felipe observa:

–      Mejor hubiera sido hacerlo visible.

–      ¿Querías que transformara a la pequeña en un niño?

El milagro en realidad es una alteración del destino de las cosas,

por tanto es un benéfico desorden,

que Dios concede para complacer la oración del hombre

y mostrarle así que lo ama

O para persuadir de que Él es el que ES.

Pero, dado que Dios es orden, no viola de forma exagerada el orden.

La niña ha nacido mujer y mujer seguirá siendo.

La Virgen. suspira:

–       ¡Me sentía muy apenada esta mañana!

Susana pregunta:

–      ¿Por qué?

La niña despreciada no era tuya.

Y añade:

–      Yo, cuando veo alguna desgracia en un niño, digo:

“¡Menos mal que no tengo niños!”

–      No digas eso, Susana

Eso no es caridad.

También yo podría decirlo, porque mi única Maternidad ha trascendido las leyes naturales.

Pero no lo digo, porque siempre pienso:

“Si Dios no hubiera querido que fuera virgen,

quizás esa semilla habría caído en mí y sería la madre de ese infeliz”

Y así tengo compasión de todos…

Porque digo: “Podría haber sido hijo mío”,

Y como madre, querría que todos fueran buenos, que estuvieran sanos, que fueran amados

y merecedores de amor, porque eso es lo que desean las madres para sus hijos

Responde dulcemente María.

Y Jesús la mira con unos ojos tan radiantes, que parece vestirla de luz.

Judas dice en voz baja:

–       Por eso tienes compasión de mí…

–      De todos.

Aunque se tratara del asesino de mi Hijo,

porque pienso que sería el más necesitado de perdón…

Y de amor.

Porque, sin duda, todos lo odiarían.

Pedro dice:

–       Mujer,

tendrías que empeñarte mucho en defenderlo, para darle tiempo de convertirse…

Yo sería el primero en quitarlo de en medio…

Jesús concluye:

–       Hemos llegado al lugar de la despedida.

Madre, Dios sea contigo.

Y contigo, María.

También contigo, Judas.

Se besan.

Jesús añade:

–      Recuerda que te he concedido una cosa muy grande, Judas.

Haz que sea un bien para ti y no un mal.

Adiós.

Y Jesús con los once restantes y Susana, se van ligeros hacia oriente.

Mientras María, la cuñada de María y el Iscariote siguen recto.

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Las monjas que intercedieron para salvar al Papa…

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