281 LAS OBRAS DE MISERICORDIA


281 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús está en las llanuras de Corozaín, extendidas a la largo del valle del alto Jordán,

entre el lago de Genesaret y el de Merón.

Una campiña llena de viñas en que ya se empieza a vendimiar.

Está hablando a una muchedumbre que rebasa el centenar y donde se incluyen los apóstoles y discípulos,

que ya salen a misionar evangelizando, las distintas regiones,

que constituyen  la provincia gobernada por Poncio Pilatos.

Jesús continúa su enseñanza sobre la Perfección del Amor y las Obras de Misericordia:

VISITAR A LOS PRESOS

¿Creéis que en las cárceles están sólo los delincuentes?

La justicia humana tiene un ojo ciego y el otro alterado por perturbaciones visuales.

Y es así que ve camellos donde hay nubes o confunde una serpiente con una rama florecida

. Juzga mal.

Y peor todavía porque es frecuente que el que la dirige cree nubes de humo para que la justicia vea peor aún.

Pero, aunque todos los presos fueran ladrones y homicidas,

no es justo que nosotros nos hagamos ladrones y homicidas quitándoles la 

esperanza del perdón con nuestro desprecio.

¡Pobres presos!

Sintiéndose bajo el peso de su delito, no se atreven a alzar los ojos a Dios.

En verdad, cargan sus cadenas más en el espíritu que en los pies.

Pero, ¡Ay si desesperan de Dios!:

Unen entonces a su delito hacia el prójimo, el de la desesperación de obtener perdón.

La cárcel, como la muerte en el patíbulo, es expiación.

Pero no basta con pagar la parte debida a la sociedad humana por el delito cometido;

hay que pagar también y principalmente, la parte debida a Dios, para expiar, para obtener la vida eterna.

Y el que es rebelde y está desesperado, sólo expía respecto a la sociedad.

Al condenado o al prisionero vaya el amor de los hermanos.

Será una luz entre las tinieblas.

Será una voz.

Será una mano que señala hacia lo alto, mientras la voz dice:

“Que mi amor te exprese que también Dios te ama,

Él, que me ha puesto en el corazón este amor hacia ti, hermano desventurado”

Y la luz permite vislumbrar a Dios, Padre compasivo.

Con mayor razón aún, vaya vuestra caridad para consuelo de los mártires de la injusticia humana,

de los que no son culpables de ninguna manera;

o de aquellos que han sido conducidos a matar por una fuerza cruel.

No añadáis vuestro juicio donde ya se ha juzgado.

No sabéis la razón de por qué un hombre pudo matar.

No sabéis tampoco que muchas veces el que mata no es sino un muerto

un autómata carente de razón porque un incruento asesino se la ha quitado con la mezquindad de una cruel traición.

Dios sabe las cosas.

Basta.

En la otra vida se verán muchos de las cárceles, muchos que mataron y robaron, en el Cielo,

y se verán muchos, que parecieron sufrir robo y muerte homicida, en el Infierno,

porque, en realidad, los verdaderos ladrones de la paz, honradez, confianza ajenas,

los verdaderos asesinos de un corazón, fueron ellos: las pseudo-víctimas:

víctimas sólo en cuanto que recibieron en el extremo momento el golpe

pero después de que durante años, en el silencio, lo habían descargado ellos.

El homicidio y el hurto son pecados.

Pero, entre quien mata y roba arrastrado por otros a estas acciones y luego se arrepiente,

quien induce a otros al pecado y no se arrepiente de ello,

recibirá mayor castigo el que induce al pecado sin sentir remordimiento.

Por tanto, no juzgando nunca, sed compasivos con los presos.

Pensad siempre que, si fueran castigados todos los homicidios y robos del hombre,

serían muy pocos los hombres y mujeres que no morirían en las cárceles o en los patíbulos.

¿Esas madres que conciben y luego no quieren traer a la luz el propio fruto, cómo habrán de llamarse?

¿No hagamos juegos de palabras!

Digámosles sinceramente su nombre: ‘Asesinas”.

¡Los hombres que roban reputaciones y puestos, cómo los llamaremos?

Pues sencillamente como lo que son: “Ladrones”.

¡Esos hombres y mujeres que por ser adúlteros o por ser atormentadores familiares para con los suyos,

impulsan a éstos al homicidio o al suicidio!

Y lo mismo los grandes de la tierra que llevan a la desesperación a sus subordinados,

y con la desesperación a la violencia, qué nombre tienen?

Éste: “Homicidas”.

¿Y entonces?

¿No huye ninguno?

Ya veis que se vive sin darle mayor importancia a la cosa en medio de estos presidiarios

escapados a la justicia, que llenan las casas y las ciudades,

que nos pasan rozando por las calles y duermen en las posadas con nosotros y con nosotros comparten la mesa.

¿Y quién está libre de pecado?

Si el dedo de Dios escribiera en la pared de la sala en que celebran su festín

los pensamientos de los hombres -en la frente- las acusadoras palabras

de lo que fuisteis, sois o seréis,

pocas frentes llevarían escrita, con letras de luz, la palabra “inocente”.

Las otras frentes, con letras verdes como la envidia, negras como la traición o rojas como el delito,

llevarían las palabras “adúlteros”, “asesinos'”. “ladrones”, “homicidas”.

Sed pues sin soberbia, misericordiosos para con los hermanos menos afortunados, humanamente,

que están en las cárceles expiando lo que vosotros no expiáis por la misma culpa:

saldrá beneficiada vuestra humildad. 

ENTERRAR A LOS MUERTO

La contemplación de la muerte es escuela de la vida.

Quisiera poder conduciros a todos ante la muerte y decir:

“Sabed vivir como los santos para sufrir sólo esta muerte:

pasajera separación del cuerpo del espíritu,

para luego resucitar en triunfo eternamente, reintegrados, dichosos”.

Todos nacemos desnudos.

Todos morimos y venimos a ser restos destinados a corromperse.

Reyes o pordioseros, así se nace, así se muere.

Y aunque la fastuosidad del rey permita una más duradera conservación del cadáver,

siendo la desintegración el destino de la carne muerta.

Las mismas momias, ¿Qué son

¿Carne? No.

Materia fosilizada por las resinas, lignificada.

No será víctima de los gusanos, por haber sido vaciada y quemada por los extractos,

pero sí de la carcoma, como una madera vieja.

Pero el polvo se convierte de nuevo en polvo, porque así lo ha dicho Dios.

Y a pesar de todo, por el solo hecho de que este polvo haya envuelto al espíritu

y por éste haya sido vivificado, hay que pensar que, cual cosa que ha tocado una gloria de

Dios -tal es el alma del hombre-,

hay que pensar que es polvo santificado de forma no distinta,

de los objetos que han estado en contacto con el Tabernáculo.

Al menos hubo un momento en que el alma fue perfecta: mientras el Creador la creaba.

Si después la Mancha la desfiguró, quitándole perfección

no obstante, por el solo hecho de su Origen ya comunica belleza a la materia.

Y por esa belleza que viene de Dios el cuerpo se embellece y merece respeto.

Somos templos y como tales, merecemos honor,

de la misma forma que siempre reciben honor los lugares en que estuvo el Tabernáculo.

Dad pues a los muertos, la caridad de un descanso venerado, en espera de la resurrección,

viendo en la admirable armonía del cuerpo humano la mente divina que lo ideó

y el divino pulgar que lo modeló con perfección.

Y venerando incluso en el cadáver la obra del Señor.

Pero el hombre no es solamente carne y sangre.

Es también alma y pensamiento.

También éstos sufren y deben ser socorridos misericordiosamente

El que inocentemente peca, inocentemente se condena…

Hay ignorantes que hacen el mal sólo porque no conocen el bien

¡Cuántos, que no saben o saben mal, las cosas de Dios y las leyes morales!

Cual hambrientos flaquean porque nadie les da de comer, caen en el marasmo

por falta de verdades que los nutran.

Id e instruidlos, pues para esto os reúno y envío.

Dad el pan del espíritu para el hambre de los espíritus.

Instruir a los que no saben corresponde, en lo espiritual, a dar de comer a los hambrientos;;

Y si ofrecer un pan al cuerpo que flaquea, de forma que ese día no muera, será premiado,

¿Qué premio recibirá aquel que dé de comer a un espíritu hambriento de verdades eternas y le dé así eterna vida?

No seáis avaros de lo que sabéis.

Os ha sido dado gratis y sin medida.

Dadlo sin avaricia, porque es cosa de Dios como el agua del cielo y ha de darse como se nos da a nosotros.

No seáis avaros, y tampoco soberbios, de lo que sabéis.

Antes bien, dad con humilde generosidad.

“Y dad el alivio límpido y benéfico de la Oración a los vivos y a los muertos que tienen sed de gracias.

No se debe negar el agua a las gargantas sedientas.

¿Y qué se deberá dar a los corazones de los vivos angustiados;

qué, a los espíritus en pena de los muertos?

Oraciones, oraciones activas, de amor y espíritu de sacrificio; por tanto, fecundas.

La oración debe ser verdadera, no mecánica como sonido de rueda en el camino.

¿Qué hace avanzar al carro, el sonido o la rueda?

La rueda, que se consume para hacerlo avanzar.

Lo mismo para la oración vocal y mecánica y la oración activa.

La primera es sonido, nada más;

la segunda es obra en que se desgastan las fuerzas y crece el Sufrimiento:

pero se obtiene la finalidad.

Orad más con el sacrificio que con los labios,

y proporcionaréis alivio a los vivos y a los muertos, haciendo la segunda obra de misericordia espiritual.

Las oraciones de los que saben orar salvarán más al mundo que las fragorosas, inútiles , mortíferas batallas.

Hay muchas personas con saber en el mundo, pero que no saben creer con firmeza.

Titubean, titubean, como aferrados por dos sogas opuestas.

Y no caminan ni un solo paso;

se cansan las fuerzas y no se logra nada.

Son los vacilantes.

Son los de los “pero”, los de los “sí” los de los “¿Y luego?”;

los de las preguntas: “¿Será así?”, “¿Y si no fuera así?”, “¿Voy a poder?”, “¿Y si no lo logro?”, etc.

Son esos convólvulos que si no encuentran dónde agarrarse no suben.

Y aunque lo encuentren, se bambolean para un lado o para otro.

Y no sólo hay que procurarles el soporte, sino que hay que colocarlos en él a cada cambio de la jornada.

¡Verdaderamente hacen practicar la paciencia y la caridad más que un párvulo retrasado!

¡Pero, en nombre del Señor, no los abandonéis!

Dad toda la Fe luminosa, la fortaleza ardiente, a estos prisioneros de sí mismos, de su enfermedad neblinosa.

Guiadlos hacia el sol y hacia lo alto.

Sed maestros y padres para con estas personas inseguras.

Sin cansancios ni impaciencias.

Los cristianos que viven el evangelio de San Evangelista: un evangelio que NO EXISTE, pero que ellos han acomodado a su manera de vivir. Con la Palabra de Dios que les gusta, DESECHANDO lo que les disgusta….(Porque se NIEGAN A OIR LO QUE NO LES CONVIENE)

¿Qué le hacen caérsele el alma a los pies a uno?

Muy bien.

También vosotros muchas veces me la hacéis caer a Mí.

Y más todavía al Padre que está en el Cielo, que debe pensar muchas veces,

que parece inútil el que la Palabra se haya hecho Carne,

ya que el hombre, aun oyendo hablar ahora al Verbo de Dios, sigue dudando

¡No querréis ya presumir de estar por encima de Dios y de Mí!

Abrid pues las cárceles a estos prisioneros de los “pero” y de los “si”

Romped las cadenas de los “¿voy a poder?”, “¿Si no lo logro?”

Persuadidlos de que basta con hacer lo mejor posible todo;

Dios está contento así

No se puede servir a Dios en dos altares, con una rodilla adorando los placeres del mundo y justificando el pecado… y con la otra pretender ganar el Cielo negándonos a ser corredentores.

Y, si los veis deslizarse y caer de su soporte, no paséis de largo;

levantadlos otra vez; como hacen las madres,

que no siguen su camino si su pequeñuelo se cae,

sino que se paran, lo levantan, lo limpian, lo consuelan,

lo sujetan, hasta que se le pasa el miedo de caerse otra vez;

y esto lo hacen durante meses y años si el niño es débil de piernas

VESTID A LOS DESNUDOS DEL ESPÍRITU

PERDONANDO a quien os ofende

La ofensa es anticaridad.

La anticaridad desnuda de Dios.

Por tanto, quien ofende se queda desnudo

y sólo el perdón del ofendido devuelve los vestidos a la desnudez;

AMANDO AL ENEMIGO

porque los lleva de nuevo  a Dios.

Dios espera a que el ofendido haya perdonado para perdonar.

Perdonar tanto al que ha sido ofendido por el hombre como al ofensor del hombre y de Dios.

Porque, ¡digámoslo claramente!, ninguno está libre de ofensas a su Señor.

Pero Dios nos concede el perdón, si nosotros se lo concedemos al prójimo,

y se lo concede a este prójimo si el ofendido por éste perdona

Seréis tratados de la misma forma como os comportéis con los demás.

Perdonad, pues, si queréis perdón.

Y exultaréis en el Cielo por la caridad que habéis dado, como por un manto de estrellas

colocado sobre vuestros santos hombros.

SED MISERICORDIOSOS CON LOS QUE LLORAN

Son los heridos de esta vida, los enfermos del corazón, de los sentimientos de su corazón.

No os cerréis dentro de vuestra serenidad como en una fortaleza.

Sabed llorar con el que llora, consolar al afligido, llenar el vacío de quien ha quedado privado, por la muerte, de un familiar;

sed padres para los huérfanos, hijos para los padres, hermanos recíprocamente los unos de los otros.

Amad. ¿Por qué amar solamente a los que son felices?

Ellos tienen ya su parte de sol.

Amad a los que lloran.

Para el mundo, son los que menos suscitan amor.

Pero el mundo no conoce el valor de las lágrimas.

Vosotros lo conocéis.

Amad, pues, a los que lloran.

Amadlos si lloran con resignación;

amadlos más todavía si sufren con rebeldía:

no los reprendáis, sino sed dulces con ellos para persuadirlos de la verdad del dolor

y de la verdad sobre el dolor.

Pueden, tras el velo del llanto, ver deformado el rostro de Dios,

reducido a una expresión de un excesivo, vindicativo poder

No. ¡No os escandalicéis!

No es sino alucinación producida por la fiebre del dolor.

Socorredlos para que la fiebre desaparezca.

Sea vuestra fresca Fe, hielo que ofrecéis al que delira.

Dios NO le da las batallas mas duras a sus soldados más fuertes, ÉL FORMA A SUS SOLDADOS DE ÉLITE, a través de las batallas más duras.

Y, cuando desaparezca la fiebre aguda, para dejar paso a la postración

y al atontamiento extrañado del que sale de un trauma,

entonces, como a niños cuya formación ha sido retardada por una enfermedad,

reanudad vuestras palabras sobre Dios, como si se tratara de algo nuevo,

hablando dulcemente, pacientemente…

¡Ah, una bonita fábula con intención de distraer a ese eterno niño que es el hombre!

Luego callad

No impongáis…

El alma trabaja por sí sola:

“¿Entonces no era Dios?”, decid:

“No. Él no quería hacerte daño, porque te quiere; incluso por aquellos que ya no te quieren.

O por haber muerto o por otros motivos”.

cuando el alma dice: “Pero lo he acusado”,

decid: “Lo ha olvidado porque era fiebre”.

Y cuando dice: “Entonces… lo anhelo”,

decid: “¡Está ahí!, a la puerta de tu corazón, esperando a que le abras”.

SOPORTAD A LAS PERSONAS PESADAS

Entran en la pequeña casa de nuestro yo y crean molestias,

de la misma forma que los peregrinos respecto a la casa en que vivimos.

Pues bien, de la misma forma que os he dicho que acojáis a éstos,

os digo también que acojáis a aquéllos.

¿Os resultan pesadas?

Vosotros no las amáis, debido a la molestia que os causan;

sin embargo ellas, mejor o peor, os aman.

Acogedlas por este amor.

Y aunque vinieran indagando, odiando, insultando, ejercitad la paciencia y la caridad.

Podéis mejorar a estas personas con vuestra paciencia

podéis escandalizarlas con vuestra anti-caridad.

Os debe doler el que pequen, por ellas; pero más os debe doler el hacerles pecar.

Y pecar vosotros mismos.

Recibidlas en Nombre mío si no podéis recibirlas por amor vuestro.

ABBA te ofrezco este sacrificio por las benditas almas del purgatorio… ayúdame a hacerlo… y dame tu corazón para amar…

Dios os recompensará yendo Él mismo después, a devolveros la visita.

Y a borrar, con sus sobrenaturales caricias, el desagradable recuerdo.

En fin, haced por sepultar a los pecadores para preparar su retorno a la Vida de la Gracia.

¿Sabéis cuándo hacéis esto?

Cuando los amonestáis con paterna, paciente, amorosa insistencia.

Es como si fuerais enterrando poco a poco las fealdades del cuerpo,

antes de deponer éste en el sepulcro en espera de la orden de Dios

“Levántate y ven a Mí”.

¡No purificamos, nosotros hebreos, a los muertos por respeto al cuerpo que habrá de resucitar?

Reprender a los pecadores es como purificar sus miembros, que es la primera operación de la sepultura

La Gracia del Señor hará el resto.

Purificadlos con caridad, lágrimas y sacrificios.

Sed heroicos para arrebatar a un espíritu de la corrupción.

¡Sed heroicos!

No quedará sin premio.

Jesús amó a Judas SABIENDO que era su Traidor….

Porque, si se premia el ofrecimiento de un vaso de agua a un sediento del cuerpo,

¿Qué habrá de recibir el que aleje de la sed infernal a un espíritu?

He dicho.

Éstas son las Obras de Misericordia del cuerpo y del espíritu, que aumentan el amor.

Id y ponedlo en práctica.

Y que la paz de Dios y mía, sea con vosotros ahora y siempre

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