289 TOMAR LA CRUZ


289 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Es la Fiesta de los Tabernáculos.

Toda la comitiva apostólica ha llegado al Templo, para celebrar la Fiesta de los Tabernáculos.

Luego entran y casi enseguida, se topan con Nicodemo,

el cual hace un gesto respetuoso de saludo;

no se acerca a Jesús;

pero le dirige una sonrisa de avenencia llena de paz.

Las mujeres, no pudiendo ir más allá, se detienen.

Mientras, Jesús con los hombres va a la Oración, al lugar de los hebreos.

Y después que han cumplidos todos los ritos,

se vuelve para reunirse con los que lo esperan en el pórtico de los Paganos

Los pórticos, vastísimos y altísimos, están llenos de gente que escucha las lecciones de los rabíes.

Jesús se dirige a donde ve que están parados los dos apóstoles y los dos discípulos

que había mandado delante.

Enseguida se forma un círculo alrededor de Él;

a los apóstoles y discípulos se unen numerosas personas que estaban, acá o allá,

entre la muchedumbre que llena el patio marmóreo.

Tanta es la curiosidad, que hasta algunos alumnos de rabíes, algunos espontáneamente,

otros mandados por sus maestros, se acercan al círculo que se ciñe en torno a Jesús.

Él, sin rodeo alguno, dice:

–        ¿Por qué os apiñáis alrededor de Mí?

Responded.

Tenéis rabíes conocidos y sabios, bienquistos de todos;

Yo soy el Desconocido y el Malquisto.

¿Por qué, pues, venís a Mí?

Varios responden:

–        te amamos. 

–       «Porque tienes palabras distintas de los otros».

–       «Para ver tus milagros»

–       «Porque hemos oído hablar de ti»,

–        «Porque sólo Tú tienes palabras de vida eterna.

–        Porque tus obras corresponden a las palabras».

          Porque queremos unirnos a tus discípulos».

Jesús mira a cada uno según va hablando;

 como para traspasarlos con la mirada y leer los más ocultos sentimientos;.

Algunos no resisten esa mirada..

Se alejan o se esconden detrás de una columna o de gente más alta.

Jesús continúa:

—      Pero, ¿Sabéis qué quiere decir y qué es el hecho de seguirme?

Doy respuesta solamente a estas palabras, porque la curiosidad no merece respuesta.

Y porque quien tiene hambre de mis palabras, como consecuencia me ama y desea unirse a Mí

Por tanto, los que han hablado se clasifican en dos grupos:

Los curiosos, de los cuales no me ocupo.

Y los que ponen buena voluntad;

a éstos los adoctrino sin engaño, acerca de la severidad de esta vocación.

Venir a Mí como discípulo quiere decir:

Renuncia de todos los amores en aras de un solo amor: el mío.

Amor egoísta a  uno mismo: amor culpable a las riquezas, a la sensualidad o el poder;

amor justo a la propia esposa; santo, hacia la madre o el padre;

amor cariñoso de los hijos y a los hijos o hermanos:

todo debe ceder ante mi amor, si uno quiere ser mío.

En verdad os digo que mis discípulos han de ser más libres que las aves que extienden su vuelo

por el cielo, más libres que los vientos que recorren el firmamento sin ser detenidos

por nadie ni por nada;

libres, sin pesadas cadenas, sin vínculos de amor material,

sin siquiera las finas telarañas de las más leves barreras.

El espíritu es como una delicada mariposa enclaustrada dentro del capullo pesado de la carne;

su vuelo lo puede obstaculizar -o pararlo del todo- simplemente la irisada e impalpable

tela de una araña:

la araña de la propia sensibilidad, de la falta de generosidad en el sacrificio.

Quiero todo, sin reservas

El espíritu tiene necesidad de esta libertad de dar, de esta generosidad de dar,

para poder estar seguro de no caer en la telaraña de las inclinaciones, costumbres, reflexiones,

miedos, tejido todo ello como otros tantos hilos de esa monstruosa araña

que es Satanás, Ladrón de almas.

Si uno quiere venir a Mí y no odia santamente a su padre, a su madre, su mujer y sus hijos,

a sus hermanos y hermanas e incluso la propia vida, no puede ser discípulo mío.

He dicho: “odia santamente”.

En vuestro corazón decís: “El odio -Él lo enseña- no es jamás santo. Por tanto, se contradice”.

No. No me contradigo.

Digo que se odie lo grave del amor, la pasionalidad terrenal del amor al padre y a la madre,

a la esposa y a los hijos, a los hermanos y hermanas, a la propia vida

pero ordeno que se ame, con la libertad ingrávida propia de los espíritus:

a los padres y la vida.

Amadlos en Dios y por Dios, no posponiendo jamás a Dios,

no posponiéndolo a ellos, ocupándoos y preocupándoos, de conducirlos a donde

el discípulo ha llegado, o sea, a Dios Verdad.

Así amaréis santamente a los padres y a Dios.

Y conciliaréis los dos amores.

Y haréis de los vínculos de la sangre no un peso sino alas, no culpa sino justicia.

Debéis estar dispuestos a odiar también vuestra vida para seguirme a Mí.

Odia su vida aquel que, sin miedo a perderla o a que sea humanamente triste, la pone a mi servicio

Pero es sólo apariencia de odio, un sentimiento erróneamente llamado “odio”

por la mente del hombre que no sabe elevarse,

del hombre todo terrenal, superior en poco a los animales.

En realidad, este aparente odio, que es el negar las satisfacciones sensuales a la existencia

para dar cada vez más amplia vida al espíritu, es  amor;

amor es y del más alto que existe, del más bendito.

Negarse las bajas satisfacciones, prohibirse la sensualidad de los deseos,

atraerse reprensiones y comentarios injustos, arriesgarse a sufrir castigos, rechazos,

maldiciones, quizás persecuciones, 

 todo esto es una serie continua de penas

Porque Satanás siempre nos arrebata y NOS ATACA CON LO QUE MÁS AMAMOS…

Mas es necesario abrazarse a ellas e imponérselas como una cruz.

Un patíbulo en que expiar todos los pecados pasados;

para presentarse uno justificado ante Dios;

un patíbulo del cual se obtienen todas las gracias, verdaderas, poderosas,

santas gracias de Dios para aquellos a quienes amamos.

Quien no carga con su cruz y no me sigue;

quien no sabe hacer esto, no puede ser discípulo mío.

Por tanto, los que decís: “Hemos venido porque queremos unirnos a tus discípulos”

pensadlo mucho, mucho.

No es vergüenza, sino sabiduría, sopesarse, juzgarse y confesar, a sí mismo y a los demás:

“No tengo la aptitud del discípulo”.

“Conócete a tí mismo, tórnate consciente de tu ignorancia y entonces serás sabio.”

Los paganos, como base de una de sus disciplinas, tienen la necesidad de “conocerse uno a sí mismo”.

¿Acaso vosotros, israelitas, no vais a saber hacerlo para conquistar el Cielo?

Porque -recordad esto siempre: 

Bienaventurados los que vienen a Mí.

Pero, si venís para luego traicionarme a Mí y al que me ha enviado,

mejor es no venir para nada y seguir siendo hijos de la Ley como habéis sido hasta ahora.

¡Ay de aquellos que primero dicen: “Voy” y luego, traicionando la idea cristiana,

escandalizando a los pequeños y buenos.

¡Perjudican al Cristo!

¡Ay de ellos!..

¡Y los habrá, siempre los habrá! 

Sed, pues, como aquel hombre que, queriendo edificar una torre,

primero calcula atentamente los gastos necesarios y hace balance de su dinero,

para ver si tiene los medios para concluirla.

Y no verse obligado, una vez echados los cimientos, a suspender la obra por falta de dinero.

Si esto sucediera, perdería incluso lo que tenía primero y se quedaría sin torre y sin talentos;

a cambio atraería hacia sí las burlas del pueblo, que diría:

“Éste empezó a edificar, pero no pudo concluir;

ahora tendrá que llenar su estómago con los restos de su construcción inacabada”.

Sed también -sacando así enseñanza sobrenatural de los pobres-hechos de este mundo-

como los reyes de la Tierra, que, cuando quieren hacer la guerra a otro rey

examinan todo con calma y atención, los pros y los contras;

meditan si lo que van a sacar con la conquista les compensa o no el sacrificio de las vidas de sus súbditos;

estudian si es posible conquistar el lugar, 

estudian la posibilidad de victoria de su ejército…

(numéricamente la mitad del de su rival pero más combativo);

y, si, lógicamente, ven que es improbable que diez mil venzan a veinte mil,

entonces, antes de que estalle la batalla, mandan al encuentro de su rival,

-que ya está en guardia a causa de las operaciones militares del otro

una embajada con ricos presentes

y lo amansan, lo apaciguan con pruebas de amistad,

para anular sus sospechas,

en fin firman un tratado de paz, que siempre es más ventajoso,

humana y espiritualmente, que una guerra. 

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