290 PARÁBOLA DE LOS TALENTOS


290 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús continúa enseñando lo que realmente significa seguirlo…

Eso es lo que debéis hacer vosotros antes de empezar la nueva vida

y de tomar partido contra el mundo.

Porque ser discípulo mío significa eso:

presentar batalla a la vortiginosa y violenta corriente del mundo, de la carne, de Satanás.

Si no os sentís con valor de renunciar a todo por amor a Mí,

no vengáis, porque no podéis ser discípulos míos.  

Un escriba que se ha mezclado en el grupo,

admite diciendo: 

–        Bien.

Lo que dices es verdad

Pero, si nos despojamos de todo, 

¿Con qué te servimos?

La Ley tiene prescripciones que son como monedas que Dios ha dado al hombre

para que, usándolas, se compre la vida eterna.

Dices: “Renunciad a todo” y mencionas el padre, la madre, las riquezas, los honores.

Dios ha dado también estas cosas y nos ha dicho, por boca de Moisés,

que las usáramos con santidad para aparecer justos ante los ojos de Dios.

Si nos quitas todo, ¿Qué nos das?

–        He dicho, rabí, que el verdadero amor.

Os doy mi doctrina, que no quita ni una iota a la antigua Ley; antes bien, la perfecciona.

–        Entonces todos somos discípulos iguales, porque todos tenemos las mismas cosas

–       Todos según la Ley mosaica

no todos según la Ley que perfecciono Yo según el Amor.

Pero no todos en ésta, alcanzan la misma suma de méritos.

Entre mis propios discípulos no todos obtendrán una suma de méritos igual;

y alguno de ellos, no sólo no alcanzara suma alguna;

sino que perderá incluso su única moneda: su alma.

–        ¿Cómo?

A quien más se le da, más le quedará.

Tus discípulos y más tus apóstoles, te siguen en tu misión.

Y conocen tu forma de actuar; han recibido muchísimo.

Mucho han recibido tus discípulos efectivos;

menos, los discípulos que lo son sólo de nombre.

Nada han recibido los que, como yo, te oyen sólo por una contingencia

Es evidente que en el Cielo los apóstoles tendrán muchísimo;

mucho, los discípulos efectivos; menos, los discípulos de nombre; nada, los que son como yo.

–        Humanamente es evidente.

Y humanamente puede ser también un mal.

Porque no todos son capaces de hacer  producir los bienes recibidos.

Escucha esta parábola, y perdona si adoctrino demasiado tiempo aquí;

pero es que Yo soy la golondrina que va de paso,

y estaré poco tiempo en la Casa del Padre, pues he venido para todo el mundo.

Y además, este pequeño mundo que es el Templo de Jerusalén,

no quiere dejarme recoger el vuelo y permanecer donde la gloria del Señor me llama.

–        ¿Por qué dices eso?

–        Porque es la verdad

El escriba mira a su alrededor y agacha la cabeza.

Ve que lo que ha dicho Jesús es verdad.

Lo ve en demasiados rostros de miembros del Sanedrín, rabíes y fariseos,

que han ido engrosando cada vez más la aglomeración de gente que hay en torno a El:

rostros verdes de bilis o purpúreos de ira;

miradas que equivalen a maldiciones y a esputos de veneno;

rencor en fermentación por todas partes; deseos de pegarle a Cristo,

que queda en deseo, sólo por miedo a los muchos que circundan al Maestro con devoción

y que están dispuestos a todo por defenderlo.

Miedo quizás también a represalias por parte de Roma,

que mira con benignidad al pacífico Maestro galileo.

Jesús reanuda sereno la exposición de su pensamiento con la parábola.

Y continúa:

–        Un hombre, antes de emprender un largo viaje y ausentarse por un largo período,

llamó a todos sus siervos y les confió todos sus bienes

A uno le dio cinco talentos de plata; a otro, dos de plata; a uno, uno sólo, de oro.

A cada uno según su grado y habilidad.

Y luego se marchó.

Entonces, el siervo que había recibido cinco talentos de plata negoció sagazmente sus talentos,

y, pasado un tiempo, le produjeron otros cinco.

E1 que había recibido dos talentos de plata hizo lo mismo, y dobló la suma recibida.

Pero el que había recibido más de su señor (un talento de oro puro),

víctima del miedo a no saber negociar, del miedo a los ladrones, a mil quimeras;

víctima sobre todo, de la holgazanería;

cavó un profundo hoyo en el suelo y escondió el dinero de su señor.

Pasaron muchos, muchos meses.

Volvió el amo.

Llamó enseguida a sus súbditos para que restituyeran el dinero que habían recibido, en depósito.

Vino el que había recibido cinco talentos de plata y dijo:

“Aquí tienes, mi señor. Me diste cinco talentos.

Me parecía mal no hacer producir lo que me habías dado;

así que me las he ingeniado para ganar otros cinco. No he podido más…”.

El amo le respondió:

–          Bien, muy bien, siervo bueno y fiel.

Has sido fiel en lo poco, te has aplicado con buena voluntad, has sido honesto.

Te daré autoridad sobre muchas cosas.

Entra en la alegría de tu señor.

Luego vino el otro, el de los dos talentos,

y dijo

–        Me he permitido emplear tus bienes para beneficio tuyo.

Aquí tienes las cuentas para que veas cómo he empleado tu dinero. ¿Ves?

Eran dos talentos de plata. Ahora son cuatro.

¿Estás contento, mi señor?”.

Y el amo dio a este siervo bueno la misma respuesta que había dado al primero.

Vino por último aquel que, por gozar de la máxima confianza del amo, había recibido el talento de oro.

Desenrolló el paño en que lo conservaba, lo sacó y dijo:

–        Me confiaste lo que tenía mayor valor, porque me juzgas prudente y fiel,

de la misma forma que yo sé que eres intransigente, exigente y que no toleras pérdidas de tu dinero,

sino que si te sobreviene la desgracia te resarces con quien tienes a tu lado,

porque, en verdad, cosechas donde no sembraste, recoges donde no esparciste,

siendo así que no perdonas un centavo ni al encargado de tus tierras ni a tu banquero, por ninguna razón

Tu dinero debe ser el que tú dices.

Ahora bien, yo, temiendo disminuir este tesoro, lo he cogido y lo he escondido.

No me he fiado de nadie, ni siquiera de mí mismo.

Ahora lo he desenterrado y te lo devuelvo.

Aquí tienes tu talento”.  

El amo, airado respondió:

“¡Oh, siervo inicuo y holgazán!

Verdaderamente no me has amado porque no me has conocido,

ni has amado mi bienestar porque has dejado el talento improductivo.

Has traicionado la estima que había depositado en ti

Te desautorizas a ti mismo.

Por ti mismo te acusas y te condenas.

Sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido.

¿Por qué, entonces, no has obrado de forma que pudiera cosechar y recoger?

¿Así respondes a mi confianza?

¿Así me conoces?

¿Por qué no has llevado el dinero a los banqueros,

de forma que a mi regreso lo hubiera retirado con los intereses?

Te había instruido para ello con especial esmero, mas tú, necio holgazán, no lo has tenido en cuenta.

Te sea, pues, arrebatado el talento y todos los demás bienes;

que sean para el que tiene diez talentos”

Y muchos objetaron:

–       Pero tiene ya diez.

Y éste se queda sin nada… 

–        Eso es.

A quien tiene, y trabaja con eso que tiene, le será dado más, hasta que le sobre.

Pero a quien no tiene, porque no quiso tener, le será arrebatado incluso lo que se le dio.

Respecto al siervo parásito que ha traicionado mi confianza

y ha dejado improductivos los dones recibidos, arrojadlo de mi propiedad.

Y que se aleje con lágrimas en los ojos y remordimiento en el corazón.

Ésta es la parábola

Ves, rabí, que le quedó menos al que más tenía,

porque no supo merecer la conservación del don de Dios.

No se puede afirmar que uno de esos que llamas discípulos sólo de nombre,

que tienen poco con que negociar.

Y de los que, como dices, me escuchan sólo por una contingencia,

y que tienen la única moneda de su alma, no lleguen a poseer el talento de oro 

arrebatado a uno de los más beneficiados y sus frutos correspondientes.

Las sorpresas del Señor son infinitas, porque infinitas son las reacciones del hombre.

Veréis a gentiles que alcanzan la Vida Eterna, a samaritanos recibiendo el Cielo…

Y veréis a israelitas puros y seguidores míos perder el Cielo y la eterna Vida.

Jesús calla.

Y, como queriendo truncar toda discusión, se vuelve hacia los muros del Templo.

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