Archivos diarios: 23/07/21

EPISTOLARIO REVELADOR


Cómo fueron los Combates Cuerpo a Cuerpo del PADRE PÍO con el Demonio

El Diablo le dio suficientes pruebas de su existencia al Padre Pío,

obligándolo a afrontar «ásperos combates».

Tales batallas fueron reconocidas en la correspondencia del fraile y fueron auténticos combates,

algunos de ellos

con sangre derramada.

Estas son algunos de los sucesos que le ocurrieron al Padre Pío con el demonio.

EL PADRE PÍO SUFRIÓ VARIEDAD DE ATAQUES DEL DEMONIO

Cuenta el Padre Gabriele Amorth que desde su infancia, el padre Pío disfrutó de visiones celestiales;

pero que también experimentó presencias diabólicas espeluznantes.

Estos le atormentaban en las formas más terribles.

De vez en cuando le azotaban con cadenas pesadas, dejándolo herido y sangrando.

Afortunadamente, el propio Padre Pío describe muchos de sus encuentros con los demonios.

En una carta al Padre Benedetto el 3 de junio 1919 el Padre Pio dice:

 “No tengo un minuto libre.

Padre Pío: “Es Satanás quien ha sido introducido en el seno de la Iglesia, vendrá a gobernar una falsa Iglesia”

Todo mi tiempo los uso en arrebatar a mis hermanos de las garras de Satanás”.

Los relatos de su director espiritual en 1911 en el monasterio de Venafro son particularmente descriptivos.

Esa fue la primera vez Padre Pio reveló su rica vida interior, sus visiones extáticas y sus tormentos diabólicos.

El diablo se le aparecía como un gato negro feo o en la forma de un animal verdaderamente repugnante.

La intención era aterrorizarlo.

Otras veces los demonios venían como niñas jóvenes, desnudas y provocadoras,

realizando bailes obscenos, para poner a prueba la castidad del joven sacerdote.

27. Por tanto, quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor.
28. Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la copa.
29. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo.
30. Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y muchos débiles, y mueren no pocos. 1 Corintios 11,23-29.

LAS FALSIFICACIONES DEL DEMONIO

Pero el Padre Pío sintió su mayor peligro cuando el diablo trataba de engañarlo,

tomando la forma de uno de sus superiores (su superior provincial o su director espiritual) 

ESPEJISMOS ESPIRITUALES

O en una forma sagrada (el Señor, la Virgen, o San Francisco).

Aprendió una «regla de oro», que también encontramos en los escritos de Santa Teresa de Jesús,

y que enseñó algunos de sus seguidores espirituales.

Se dio cuenta que hay una cierta timidez cuando la Virgen o el Señor se aparecen,

seguido de una sensación de paz cuando la visión se van.

Por otro lado, un diablo en forma sagrada provoca una inmediata sensación de alegría

y de atracción, sustituido posteriormente por el remordimiento y tristeza.

En una carta a su director espiritual el 18 de diciembre de 1912, el Padre Pio dijo:

La otra noche, el diablo se me apareció como de uno de nuestros padres

 y me dio una orden muy estricto del Padre Provincial de no escribir para usted nada más.

Porque está en contra de la pobreza y es un serio obstáculo a la perfección.

Confieso mi debilidad, querido Padre, porque lloré amargamente, creyendo que se trata de un hecho.

Nunca sospeché ni siquiera débilmente, que se trataba de una de las trampas del ogro

hasta que el ángel me reveló el fraude”.

LOS ATAQUES FÍSICOS

Respecto a los ataques físicos del demonio hay muchas cartas, menciones y testimonios.

En una ocasión, el Padre Francesco estaba a punto de salir de la celda del Padre Pío.

Y dijo éste, “No se vaya, de lo contrario el demonio vendrá”.

Se quedó un tiempo, pero después se fue y a unos pocos pasos de distancia 

oyó un ruido terrible, y regresó.

El Padre Pio había sido asaltado.

‍El Padre Pio reveló la ferocidad alucinante de la malicia diabólica:

“El ogro no va a admitir la derrota; ha aparecido en casi todas las formas.

Durante los últimos días, me ha hecho visitas junto con algunos de sus seguidores

armados con palos y armas de hierro y lo que es peor, su propia forma de diablos.»

El Padre Pio reveló los increíbles sufrimientos a los que le sometía el diablo:

“¿Quién sabe cuántas veces me ha tirado para sacarme de la cama y me arrastró por la habitación?….

La otra noche fue una de las peores.

Desde las diez de la noche cuando fui a la cama hasta las cinco de la mañana, 

el maligno no dejaba de golpearme…

Realmente pensé que era la última noche de mi vida; o si no me muero, me volvería loco.

A las cinco en punto de la mañana, cuando el Maligno me dejó,

todo mi ser estaba envuelto en dolores y temblando de pies a cabeza.

Duró unas pocas horas. 

Estaba sangrando de la boca…”

En la noche del 5 de julio de 1964, un grito de pedido de ayuda se escuchó en el convento:

“Hermanos, ayuda”

Era el Padre Pío pidiendo ayuda a sus hermanos, quienes corrieron a ayudarlo.

Y encontraron Padre Pio tendido en el piso sangrado de la nariz y la frente,

y con heridas encima de la ceja derecha.

Estas batallas contra el demonio las dio también por otras personas.

¿PADRE PÍO EXORCISTA?

El padre Pío podía distinguir con claridad si el alma de una persona estaba poseída por Satanás.

Le comunicaría entonces el peligro a la persona sola.

Momentos cruciales en ocasiones se producían en el confesionario.

‍Durante la confesión, a veces hacía un gesto como para alejar algo.

Tal vez le estaba pidiendo al Señor para liberar al penitente de una tentación o mal hábito.

Muchas de las luchas más difíciles del Padre Pío con los demonios,

se producían cuando trataba de rescatar a las almas de la posesión diabólica,

ya sea en el confesionario o cuando él estaba orando por uno de sus seguidores espirituales.

El Padre Pío nunca se realizó exorcismos oficiales.

Él, sin embargo, tenía un Discernimiento extraordinario para las almas en peligro.

Muchas personas supuestamente poseídas por los demonios fueron llevados ante el Padre Pío,

y su actitud cambiaba con cada caso diferente.

Digamos que él podía decir si la posesión era susceptible de liberación o no.

Una vez el Padre Pío liberó un joven simplemente pronunciando las palabras «Vete».

Pero tales liberaciones repentinas eran extremadamente raras.

‍Otra vez don Faustino Negrini acompañado de una persona joven llamado Agnese Salamoni,

que había sido maldecido por ser la «niña modelo de la parroquia» f

ue capturada por una repentina posesión diabólica.

‍El Padre Pio dijo que una simple bendición sobre ella y que parecía dar sus frutos.

El mismo Don Faustino completó la liberación, después de 13 años de oración.

‍Parece que el Padre Pío tenía la sensación de que aún no había llegado su hora de liberación.

EL PERRO DE 1906

Uno de los primeros contactos que el Padre Pío ha tenido con el Príncipe del Mal,

remonta al año de 1906 cuando Padre Pío volvió del convento de Sant  ‘Elia a Pianisi.

Una noche de verano no logró dormirse por el bochorno sofocante.

De la habitación vecina le llegó el ruido de los pasos de un hombre.

El Pobre fraile Anastasio no puede dormir como yo, pensó el Padre Pío.

Quiero llamarlo, al menos para hablar un poco.

Fue a la ventana y llamó el compañero.

Pero la voz  se le quedó en  la garganta: al observar que sobre el alféizar de la ventana vecina

se asomó un monstruoso perro.

‍Así lo contó el mismo Padre Pío:

Por la puerta con terror; vi entrar un gran perro, de cuya boca salió mucho humo.

Caí sobre la cama y oí que dijo: ‘es él, es él’ – mientras estuve en aquella posición.

Vi aquel animal que saltó sobre el alféizar de la ventana,

y luego de esto se lanzó sobre el techo del frente,

y desapareció.

EL PADRE PÍO MOLESTA MÁS QUE SAN MIGUEL ARCÁNGEL

Las luchas entre el Padre Pío y Satanás se agriaron cuando el  Padre Pío liberó a los poseídos.

Más de una vez, el Padre Tarcisio contó que antes de  salir del cuerpo de un poseído,

el Malvado ha gritado:

«Pío nos das más molestias tú que San Michele» 

Y también: «Padre Pío, no nos arranques las almas y no  te molestaremos.»

Pero veamos cómo el mismo Padre Pío describe en las cartas mandadas a sus directores espirituales,

los asaltos de Satanás.

Carta al padre Agostino, del 18 de enero de 1912:

... Barba Azul no quiere ser derrotado. Él ha venido a mí casi asumiendo todas las formas.

Desde  varios días  acá, me viene a visitar, junto con otros de sus espíritus infernales armados de bastones y piedras.

Lo que es peor; es que ellos, vienen con sus semblantes.

Tal vez cuántas veces, me ha sacado de la cama y me ha arrastrado por la habitación.

¡Pero paciencia! Jesús, la Mamá, el angelito, San José  y el padre San Francisco

siempre están conmigo.

PIDE AYUDA AL ANGEL DE LA GUARDA

La carta a Agostino del 5 de noviembre de 1912: Estimado Padre:

Yo no puedo explicarle, a usted cómo ellos están pegándome.

A veces yo pienso que me voy a morir.

El sábado yo pensé que ellos realmente quisieron matarme,

yo no hallaba a qué santo pedirle ayuda.

Yo me dirigí a mi ángel de la guarda, suplicándole ayuda,

me hizo esperar largo tiempo,…  

y finalmente, él voló  alrededor de mí y con su voz angélica cantó himnos de alabanza a Dios.

Entonces una de esas escenas usuales pasó; 

Yo le reñí severamente, porque él me había hecho esperar tanto por su ayuda,

a pesar de que lo había llamado urgentemente.

Y por castigo, yo no quise mirarlo a la cara,

yo quería que él recibiera más que un castigo de mí, yo quise huirle.

Pero, él pobre, me miró llorando,

él me tomó, hasta que yo lo mirara, yo lo miré fijamente en la cara y vì que él lo sentía.

LOS DEMONIOS NO QUIEREN QUE EL PADRE PIO CUENTE SUS BATALLAS

Carta al Padre Agostino  del 18 de noviembre de 1912…..

El enemigo no quiere dejarme solo, me pega continuamente.

‍Él intenta envenenar mi vida con sus trampas infernales.

Él se molesta mucho porque yo le cuento estas cosas.

Él me hace pensar en no decirle, los hechos que pasan con él.

Él me dice que lo narre a las visitas buenas que yo recibo;

de hecho él dice que le gustan sólo estas historias.

El pastor ha estado informado de la batalla que yo tengo con estos demonios,

y con  referencia a sus cartas; él me sugirió que yo vaya a su oficina a abrir las cartas.

Pero en cuanto yo abrí la carta, junto con el pastor,

encontramos que la carta estaba sucia de tinta.

¿Era la venganza del  diablo?

Yo no puedo creer, que usted me ha enviado la carta sucia;

porque usted sabe que yo no puedo ver bien.

Al principio nosotros no pudimos leer la carta,

pero después de poner el Crucifijo en la carta;

nosotros tuvimos éxito leyéndola, aun cuando nosotros no  éramos capaces de leer en letras pequeñas…

GOLPEADO EN FORMA BRUTAL

La carta al Padre Agostino del 13 de febrero,  de 1913:

Ahora, que veintidós días han pasado, desde que Jesús permitió a los diablos para descargar su enojo sobre mí.

Mi Padre, mi cuerpo todo se machuca de las palizas que yo he recibido en el presente por nuestros enemigos.

En varias oportunidades, ellos me han quitado mi camisa incluso,

y me han golpeado de  una manera brutal…

JESÚS LO LEVANTA

Carta al Padre Benedetto de fecha  18 de marzo de 1913:

Estos diablos no dejan de pegarme, mientras  que también me tumban de la cama.

¡Ellos igualmente me quitan mi camisa, para pegarme!

Pero ahora ellos no me asustan ya.

Jesús me ama, 

Él me alza a menudo y me pone en la cama.

CON SATANÁS EN EL CONFESIONARIO

Satanás fue más allá de todos los límites de provocación,  con el Padre Pío;

hasta le dice que él era un penitente.

Éste es el testimonio del Padre Pío:

Un día, mientras yo estaba oyendo las confesiones, un hombre vino al confesionario dónde yo estaba.

Él era alto, guapo, vestido con algo de refinamiento y era amable y cortés.

Comenzó a confesar sus pecados; los cuales, eran de cada tipo: contra Dios, contra el hombre y contra las morales.

¡Todos los pecados eran molestos!

Yo estaba desorientado, por todos los pecados que él me dijo, y respondí.

Le traje la Palabra de Dios, el ejemplo de la Iglesia, la moral de los Santos,

pero el penitente enigmático se opuso a mi palabras justificando, con habilidad extrema y

cortesía, todo tipo de pecado.

Él vació todas las acciones pecadoras y él intentó hacerlas normal, natural,

y humanamente comprensibles todas sus acciones pecadoras.

Y esto no solamente para los pecados que eran repugnantes contra Dios, Nuestra Señora, y los Santos,

él fue rotundo sobre la argumentación sobre pecados morales muy sucios y ásperos.

Las respuestas que él me dio con experimentada malicia me sorprendieron.

Yo me pregunté: ¿Quién es él? ¿De qué mundo viene él?

E intenté mirarlo bien, leer algo en su cara.

Al mismo tiempo concentré mis oídos a cada palabra, para darle el juicio correcto que merecían.

Pero de repente; a través de una luz vívida, radiante e interior yo reconocí claramente quién era él.

Con autoridad divina yo le dije: diga…….

”Viva Jesús por siempre” “Viva María eternamente”.

En cuanto yo pronuncié estos nombres dulces y poderosos,

Satanás desapareció al instante en un goteo de fuego, mientras dejaba un hedor insoportable.

EL PADRE PÍO SE TRANSFORMA EN JESÚS

Don Pierino es sacerdote y uno de los hijos espirituales del padre Pío que estaban al mismo tiempo presentes.

Fr. Pierino cuenta la historia:

‍Un día, el Padre Pío estaba en el confesionario, detrás de las cortinas.

Las cortinas del confesionario no estaban cerradas totalmente y yo tuve la oportunidad de mirar al Padre Pío.

Los hombres, mientras miraban los registros, se apartaron, todos en una sola fila.

Del lugar dónde yo estaba, yo leía el Breviario, intentando siempre mirar al Padre.

Por la puerta de la iglesia pequeña, entró un hombre.

Él era guapo, con los ojos pequeños y negros, pelo canoso, con una chaqueta oscura y los pantalones bien arreglados.

Yo no quise distraerme, y seguí recitando el breviario, pero una voz interior me dijo: «¡Detente y mira!”.

Yo miraba al  Padre Pío.

Ese hombre,  simplemente se detuvo delante del confesionario, después de que el penitente anterior se marchó.

‍Él desapareció rápidamente entre las cortinas, mientras estaba de pie, delante del Padre Pío.

‍Entonces yo no vi más al hombre cabello oscuro.

Algunos minutos después, el hombre se hundió en el suelo con sus piernas ensanchadas.

En la silla en el confesionario, de pronto ya no vì al Padre Pío y en su lugar vì a Jesús,

pero, Jesús era rubio, joven y guapo y miró fijamente  al hombre, quien tuvo por tumba al suelo.

‍Entonces de nuevo logré ver al Padre Pío que surgió  otra vez.

Él volvió para tomar su asiento en su mismo lugar y su apariencia emergió de la de de Jesús.

Ahora podía ver claramente al Padre Pío.

‍Yo oí su voz inmediatamente: «¡Dense prisa!”

¡Nadie notó este acontecimiento! 

Todos continuamos de nuevo en lo que estábamos.

Fuente: Foros de la Virgen María

303 EL APÓSTOL DEL CAMELLO


303 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Largas son las horas de un día cuando no se sabe qué hacer.

Y verdaderamente no saben qué hacer este sábado los que están con Jesús,

en una ciudad donde no conocen a nadie,

en una casa en que se ven divididos por las diferencias de lengua y costumbres,

como si no fueran ya suficientes los prejuicios hebreos,

para tenerlos divididos de los caravaneros y de los servidores de Alejandro Misax.

Por eso muchos están todavía en la cama, o dando cabezadas al sol que calienta el vasto patio

cuadrado de la casa.

Un patio adecuadísimo para recibir caravanas, con pilas, con argollas clavadas en las paredes

o en las columnas de un rústico pórtico dispuesto a lo largo de los cuatro lados,

y numerosas caballerizas, henales y pajares en tres de los lados.

Las mujeres están retiradas en sus habitaciones: no se ve ni una sola.

Margziam encuentra motivo de distracción incluso en este patio cerrado:

observa el trabajo de los estableros, que almohazan a los mulos, cambian las camas,

examinan las pezuñas, remachan las herraduras flojas…

O -y ello suscita en él aún mayor interés, porque es una cosa nueva-

observa encandilado lo que hacen los camelleros, preparando ya desde hoy la carga

para cada uno de los animales,

distribuyéndolo en proporción al animal, equilibrándolo,

y cómo les hacen arrodillarse y levantarse para poderlos cargar y descargar,

para premiarlos después con un puñado de legumbres secas que parecen habas,; en fin…

Una distribución de bayas de algarrobo,

que también los hombres mastican con gusto.

Margziam está verdaderamente asombrado y mira alrededor de sí para encontrar a alguien

con quien compartir su asombro.

Pero queda desilusionado porque los adultos no están atentos a los camellos:

unos hablan entre sí, otros están adormilados.

Se acerca a Pedro, que duerme como un bendito, apoyada la cabeza sobre el blando heno.

Le tira de una manga.

Pedro abre medio ojo y pregunta:

–       ¿Qué pasa?

¿Quién me requiere?

El niño contesta: 

–        Yo.

Ven a ver los camellos.

–        Déjame dormir.

He visto muchos camellos… Son animales feos.

El niño va donde Mateo, que está haciendo cuentas, pues en este viaje el tesorero es él:  

Margziam le dice: 

–        He estado viendo los camellos, ¿Sabes?

Comen como las ovejas, ¿Sabes?

Y se arrodillan como los hombres y parecen barcas subiendo y bajando cuando caminan.

¿Tú los has visto?

Mateo, que ha perdido la cuenta por la interrupción, responde con un seco: «Sí»

Y vuelve a sus monedas.

Otra desilusión…

Margziam mira a su alrededor…

Allí están Simón y Judas Tadeo hablando…

Y corriendo a su encuentro dice:

–        ¡Qué bonitos son los camellos!

¡Y qué buenos!

Los han cargado y descargado.

Y se han agachado para que los hombres no se fatigaran.

Luego han comido algarrobas.

También los hombres.

A mí me gustaría…

Pero no sé cómo lograr que me entiendan. 

Ven… – y coge de la mano a Simón.

Simón, absorto en el pacífico debate con Tadeo, responde distraídamente:

–        Sí, bonito…

Ve, ve, pero ten cuidado de no hacerte daño.

Margziam lo mira perplejo…

Simón ha dado una respuesta fuera de lugar.

Casi llora.

Se aleja desilusionado y va a apoyarse en una columna…

Jesús sale de una habitación y lo ve muy murrioso y solo.

Se acerca al niño, le pone una mano encima de la cabeza y

le pregunta: 

–         ¿Qué haces todo solo y triste?

–         Ninguno me hace caso…

–        ¿Qué querías de ellos?

–         Nada…

Hablaba de los camellos…

Son bonitos… me gustan.

Estar ahí arriba debe ser como estar en una barca…

Y comen algarrobas;

también los hombres…

Jesús comprende y dice: 

–        ¿Y quieres subir arriba y comer las algarrobas.

Ven, vamos donde los camellos.

Y lo toma de la mano y va al fondo del vasto patio con el niño, que se ha calmado por completo.

Va derecho hacia un camellero y lo saluda con una sonrisa.

Éste se inclina y sigue observando a su animal…

Está colocándole la cabezada y regulándole las bridas.

Jesús dice: 

–        Hombre, ¿Me entiendes?

El camellero responde: 

–        Sí, señor.

Hace veinte años que os conozco.

–        Este niño tiene un deseo grande: subir a un camello.

Y un deseo pequeño: comer una algarroba…

Jesús sonríe más vivamente todavía.

–        ¿Tu hijo?

–       No tengo hijos.

No tengo mujer.

–        Tú, eres muy guapo y fuerte,

¿No has encontrado mujer?

–         No la he buscado.

–        ¿No has sentido deseo de mujer?

–        No. Nunca.

El hombre lo mira estupefacto.

Luego dice:

–        Yo nueve hijos en Isquilo…

Voy: hijo. Voy: hijo. Siempre.

–         ¿Los quieres a tus hijos?

–         ¡Sangre mía!

Pero trabajo duro.

Yo aquí, hijos allí. Lejos…

Pero para que tengan pan ellos.

¿Entiendes?

–        Entiendo.

Entonces puedes comprender a este niño que quisiera montar en el camello

y comer unas algarrobas.

–        Sí. Ven.  

Y tomando al niño lo lleva hacia el camello,

mientras pregunta: 

¿Miedo? ¿No? Bien.

¡Bonito el niño! También yo. Uno así.

Así moreno. Aquí.

Coge aquí. Fuerte 

Y le pone la mano en el original agarre de la parte delantera de la silla.

–       Sujetar.

Ahora voy yo.

Y camello arriba.

No miedo, ¿eh?

Y el hombre trepa hasta la alta silla, se coloca bien e incita al camello,

el cual, obediente, con una fuerte arfada, se alza.

Margziam ríe contento.

Y mucho más contento,

dado que el camellero le ha puesto en la boca una magnífica algarroba.

El hombre pone el camello al paso, a lo largo del patio;

luego, al trote; en fin, al ver que Margziam no tiene miedo, grita algo a un compañero

y éste abre la grandísima puerta trasera del patio,

y el camellero desaparece con su carga hacia el verde de la campiña.

Jesús vuelve hacia la casa y entra en una habitación grande donde están las mujeres.

Sonríe tanto, que María le

pregunta:

–        ¿Qué sucede, Hijo mío, que estás tan contento?

–        Es la alegría de Margziam…

Que está galopando montado en un camello.

Salid para que lo veamos volver.

Salen todos al patio y se sientan en un pequeño muro bajo, cabe los pilones.

Los apóstoles que no duermen se acercan;

los que estaban asomados a las ventanas de la habitación miran hacia abajo,

ven y se acercan también.

Sus voces altas y juveniles, son las de Juan y los dos Santiagos,

despiertan a Pedro y Andrés,

y hacen reaccionar a Mateo.

Ahora están al completo, pues viene también Juan de Endor con los dos discípulos.   

Pedro pregunta: 

–        Pero, ¿Dónde está Margziam, que no lo veo? 

Jesús responde: 

–       De paseo en el camello.

Ninguno de vosotros lo escuchaba…

Lo he visto triste y he puesto el remedio oportuno.

Pedro, Mateo y Simón recuerdan:

–        ¡Ah! ¡Claro!

Hablaba de camellos… y de algarrobas.

Y todos recuerdan:

–        ¡Pero yo tenía sueño!

–        Yo tenía cuentas que hacer, para darte la 

relación de lo que he recibido de los gerasenos y de lo que he dado como limosna»;

–        ¡Y yo estaba hablando de cosas de fe con tu hermano!».

–        No importa.

Me he ocupado Yo.

De todas formas, dicho sea de paso, también es amor ocuparse de los juegos de un niño…

Pero ahora vamos a hablar de otra cosa.

Fuera, toda la ciudad está de fiesta.

De nuestro sábado el único recuerdo que hay es una alegría general.

Es mejor que ahora nos quedemos aquí dentro, con mucha más razón,

considerando que si quieren pueden encontrarnos.

Saben dónde estamos.

Ahí está Alejandro inspeccionando sus camellos.

Voy a decirle que falta uno por mi culpa.

Y Jesús va raudo hacia el mercader y le habla.

Vuelven juntos.

El mercader dice:

–        Muy bien.

Se divertirá, y le sentará bien una carrera bajo el sol.

Puedes estar seguro de que el hombre lo tratará bien.

Calipio es un hombre recto.

A cambio de la carrera te pido algunas palabras.

Esta noche pensaba en tus palabras…

En las de Ramot entre Tú y la mujer, en las de ayer.

Ayer tenía la impresión de estar subiendo a un alto monte, como los de la tierra en que habito,

que tiene su cima verdaderamente en las nubes.

Impulsabas hacia arriba, hacia arriba, hacia arriba.

Me sentía como enganchado por un águila: una de esas de nuestro monte mayor,

el primero que emergió del Diluvio.

Todo lo veía nuevo, cosas en las que nunca había pensado, todas hechas de una luz…

Y las comprendía.

Luego se me han embrollado.

Sigue hablando.

–        ¿Y de qué tengo que hablar?

–         No sé…

Todo era hermoso. Lo que decías de volvernos a encontrar en el Cielo…

He comprendido que allí se amará de forma distinta y, no obstante, igual.

Por ejemplo: no tendremos las inquietudes de ahora…

Y, no obstante, seremos todos para uno y uno para todos,

como si fuéramos una única familia.

¿Me equivoco?

–        No.

Es más, formaremos una sola familia incluso con los que todavía viven.

Las almas no quedan separadas por la muerte.

Estoy hablando de los justos.

Ellos constituyen una sola gran familia.

Imagínate un gran templo donde haya unos que adoran y oran y otros que trabajan;

los primeros oran por éstos también, y éstos trabajan para los que oran.

Lo mismo las almas.

Nosotros trabajamos aquí en la tierra.

Ellos nos ayudan con sus oraciones.

Y nosotros debemos ofrecer nuestros sufrimientos por su paz.

Es una cadena que no se rompe.

El Amor une a los que vivieron con los que viven.

Y los que viven deben ser buenos para volverse a unir con los que vivieron

y desean que estén con ellos.

Síntica hace un gesto involuntario que frena inmediatamente.

Pero Jesús lo ve y la invita a salir de la circunspección que ella siempre observa.

–       Pensaba…

Ya hace días que lo pienso y, a decir verdad, me turba,

porque me parece que creer en tu Paraíso significa perder para siempre a mi madre

y a mis hermanas… Un sollozo quiebra la voz de Síntica, y no continúa para no llorar.

–        ¿Qué pensamiento es este que tanto te turba?

–       Yo ahora creo en Tí.

A mi madre no sé pensarla sino como pagana.

Era buena… ¡Muy buena! ¡Eran muy buenas también mis hermanas!

La pequeña Ismene era la criatura más buena que la Tierra haya tenido.

Pero eran paganas…

Sin embargo cuando yo era como ellas pensaba en el Hades y decía:

«Volveremos a estar juntas». Ahora ya no existe el Hades.

Existe tu Paraíso, el Reino de los Cielos para los que han servido con justicia al Dios verdadero.

¿Y esas pobres almas?

¡No tienen culpa de haber nacido griegas!

Ninguno de los sacerdotes de Israel vino a decir: «El Dios verdadero es el nuestro».

¿Y entonces? ¿Sus virtudes, nada?

¿Sus sufrimientos, nada?

¿Tinieblas eternas y eterna separación de mí?

Te digo: ¡Un tormento!

Me parece como haberlas renegado.

Perdona, Señor… Yo lloro…

Y se postra de rodillas y llora desolada.

Alejandro Misax dice:

–      ¡Sí!

Yo también pensaba si, haciéndome justo,

volvería a ver a mi padre, a mi madre, a mis hermanos, a mis amigos…

Jesús posa sus dedos sobre la cabeza morena de Síntica,

y dice:

–       Constituye culpa cuando, conociendo la Verdad se persiste en el Error;

no cuando uno está convencido de estar en la verdad y ninguna voz se ha acercado nunca

a decir: «Traigo la verdad.

Abandonad vuestras quimeras por esta Verdad y tendréis el Cielo».

Dios es justo.

¿Crees que no va a premiar la virtud por el hecho de que se haya formado aislada

entre la corrupción de un mundo pagano?

Tranquilízate, hija.

–       ¿Y el pecado original?

¿Y el culto nefando? Y…

Más cosas -para amontonarse sobre el alma afligida de Síntica-

saldrían de la boca de los israelitas,

si Jesús, con un gesto, no impusiera silencio.

Dice:

–        El pecado original es común a todos, de Israel y no de Israel.

No es particularidad de los paganos.

El culto pagano constituirá culpa cuando la Ley de Cristo esté difundida en el mundo.

La virtud será siempre virtud a los ojos de Dios.

Y, por la unión mía con el Padre, digo y lo digo en su Nombre,

traduciendo en palabras el Pensamiento santísimo,

que los caminos del poder misericordioso de Dios son tantos

y tan totalmente orientados a la dicha de los virtuosos,

que serán eliminadas las barreras entre las almas,

y los que merecieron paz paz tendrán.

No sólo esto, sino que digo que en el futuro los que, convencidos de estar en la Verdad,

sigan la religión de sus padres con justicia y santidad, no serán malquistos de Dios

ni castigados por El.

Es la malicia, la falta de buena voluntad, el rechazar deliberadamente la Verdad conocida,

es, sobre todo, el impugnar la Verdad revelada y luchar contra ella,

es el vivir vicioso lo que realmente separará para siempre las almas de los justos

de las de los pecadores.

Levanta el espíritu abatido, Síntica.

Estas melancolías son un asalto infernal por la ira que Satanás siente hacia ti,

presa para siempre perdida.

El Hades no existe. Existe mi Paraíso.

Pero no es causa de dolor, sino de dicha.

Nada de la Verdad debe ser causa de abatimiento o duda;

antes al contrario, fuerza para creer cada vez más y con gozosa seguridad.

Pero tú manifiéstame siempre tus razones.

Quiero que tengas luz segura y firme como la del Sol.

Síntica, todavía arrodillada, le toma la mano y la besa…

El crrr crrr del camellero da a entender que el camello está para volver, al paso, sin hacer ruido

en la tupida hierba que hay fuera de la puerta trasera, la cual abre sin demora

uno de los hombres de la caravana.

Y Margziam vuelve contento, colorado por la carrera:

un minúsculo hombrecito subido a la alta grupa.

Ríe agitando los brazos mientras el camello se arrodilla, se deja deslizar desde la original silla,

acaricia al camellero de piel morena.

Y luego corre hacia Jesús gritando:

–        ¡Qué bonito!

¿Vinieron en estos animales para adorarte los Sabios de Oriente?

¡Y yo voy a ir con ellos a predicarte por todas partes!

El mundo parece más grande visto desde allí arriba,

y dice: «¡Venid, venid, vosotros que conocéis la Buena Nueva!».

¡Oh! ¿Sabes?…

También ese hombre la necesita…

Y también tú, mercader, y todos tus hombres…

¡Cuánta gente espera, y muere sin poderla recibir!…

Más gente que la arena del río. ¡Todos sin ti, Jesús!

¡Dísela pronto a todos!

Y se le abraza a la cintura levantando la cabeza.

Jesús se agacha para besarlo y promete:

–        Verás el Reino de Dios evangelizado en los confines más lejanos de Roma. ¿Contento?

–        Yo sí.

Luego iré a decirte: «Mira: éste, aquél y aquel otro país te conocen».

Entonces sabré los nombres de esas tierras lejanas.

¿Y Tú qué me dirás?

–        Te diré: «Ven, pequeño Margziam.

Recibe una corona por cada país en que me has predicado.

Y luego ven aquí, a mi lado, como aquel día en Gerasa;

descansa de tus fatigas porque has sido un siervo fiel

y ahora es justa tu bienaventuranza en mi Reino».