305 LA CREACIÓN DEL ALMA


305 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Y el camino serpentea bordeando las pequeñas elevaciones que hay inmediatamente después de Gerasa.

Bajo un calorcillo de sol que cada vez se siente más, en una bella campiña que acaba siendo toda llana.

Un camino que está bien conservado y por el que se camina cómodamente.

Y se reemprende la marcha después del alto del mediodía.

Es casi de noche cuando por primera vez se escucha reír con ganas a Síntica:

Margziam le ha contado algo gracioso y ha hecho reír a todas las mujeres.

La griega se inclina a acariciar al niño y a rozarle la frente con un beso,

tras lo cual el niño empieza otra vez a saltar como si no sintiera cansancio.

Pero todos los demás sí que están cansados,

de tal forma que la decisión de pernoctar en la fuente del Camellero es recibida con alegría.

El mercader dice:

–        Hago noche siempre ahí.

La etapa de Gerasa a Bosrá es demasiado larga, para los hombres y para los animales.

–        Es humano este mercader.

Observan entre sí los apóstoles, comparándolo con Doras…

La “fuente del Camellero” no es sino un puñado de casas alrededor de numerosos pozos.

Una especie de oasis no en la aridez del desierto, porque aquí no hay aridez.

Es un oasis en la amplitud deshabitada de los campos y huertos de árboles frutales

que se intercalan durante millas y que en este anochecer de Octubre,

emanan la misma tristeza que el mar a la hora del crepúsculo.

Así que ver casas, oír rumor de voces, llantos de niños,

sentir el olor de las chimeneas humeantes, ver las primeras lamparillas encendidas,

es dulce como volver al propio hogar.

Mientras los camelleros se detienen para que los camellos beban una primera vez,

los apóstoles y las mujeres siguen a Jesús.

Y con el mercader, entran en la…

muy prehistórica posada que los hospedará durante la noche…

En la austera, fumosa, vasta habitación, donde han cenado y donde van a dormir los hombres,

Mientras los domésticos preparan las yacijas hechas con heno amontonado encima de unos cañizos;

se reúnen todos, cerca de un amplio hogar, que ocupa toda la pared estrecha de la habitación.

El fuego está encendido porque la noche ha traído consigo humedad y frío.  

Pedro suspira,

diciendo:

–        Mientras no se llene de lluvia el tiempo…

El mercader lo tranquiliza:

–        Debe terminar todavía esta luna, antes de que venga el mal tiempo.

Aquí hace así por la noche, pero mañana tendremos sol.

–        ¡Es por las mujeres, eh!

No por mí.

Soy pescador. Vivo en el agua.

Y te aseguro que prefiero el agua a las montañas y al polvo.

Jesús habla con las mujeres y con sus dos primos.

Lo están escuchando también Juan de Endor y el Zelote.

Sin embargo, Timoneo, Hermasteo y Mateo, están leyendo uno de los volúmenes de Juan;

los dos israelitas le explican a Hermasteo los pasajes bíblicos de mayor oscuridad para él.

Margziam los escucha embelesado, pero con una carita que se vela de sueño.

Lo ve María de Alfeo y lo invita,

diciendo: 

–        Ese niño está cansado.

Ven, amor, que vamos a dormir.

Ven, Elisa; ven, Salomé. Ancianos y niños están mejor en la cama.

Y haríais bien todos en iros a la cama, que estáis cansados.

Pero, aparte de las ancianas, excepto Marcela y Juana de Cusa, ninguno se mueve.

En cuanto, recibida la bendición, se marchan.

Mateo susurra:

–       ¿Quién les hubiera dicho a estas mujeres hace poco, que iban a tener que dormir

en la paja, muy lejos de casa?  

Magdalena afirma categórica:

–        Jamás he dormido tan bien

Y Marta lo confirma.

Pero Pedro da la razón a su compañero:

–        Mateo tiene razón.

Me pregunto, y no lo entiendo, por qué os ha traído a vosotras aquí el Maestro

Magdalena: 

–       Hombre, ¡Pues porque somos las discípulas!  

Y Pedro:

–       ¿Entonces, si fuera… a tierras de leones, iríais?

–       ¡Pues claro, Simón Pedro!

¡Como si fuera mucho caminar unos pasos!

¡Y, además, con Él al lado!…

–        Hablando de pasos, la verdad es que son muchos.

Y para mujeres que no están acostumbradas…

Pero las mujeres protestan tanto, que Pedro se encoge de hombros y calla.

Santiago de Alfeo, alzando la cabeza, ve una sonrisa tan luminosa en el rostro de Jesús,

que le pregunta:

-¿Nos quieres decir la verdadera finalidad de este viaje, sólo con nosotros, con las mujeres?.

Y… ¿Con poco fruto respecto al esfuerzo?

–        ¿Podrías pretender ver ahora el fruto de la semilla enterrada en los campos que hemos atravesado?

–        No.

Lo veré en primavera.

–       Yo también te digo: “Lo verás a su tiempo”.

Los apóstoles no replican nada.

Se alza la voz argentina de María:

–        Hijo mío, hoy veníamos hablando entre nosotras de lo que has dicho en Ramot.

Cada una de nosotras tenía impresiones y reflexiones distintas.

¿Querrías manifestarnos tu pensamiento?

Yo decía que lo mejor era llamarte en ese momento.

Pero ibas hablando con Juan de Endor.

Síntica declara:

–        La verdad es que he sido yo la que ha suscitado la cuestión.

Porque soy una pobre pagana y no tengo las espléndidas luces de vuestra fe.

Sed indulgentes conmigo.   

Magdalena dice impulsiva:

–        ¡Quisiera yo tener tu alma, hermana mía!

Y, siempre exuberante, la abraza y la mantiene junta a sí con un brazo.

Con su espléndida belleza parece iluminar ella sola la mísera barraca y transferir hasta aquí

la opulencia de su casa suntuosa.

La griega, estrechada a ella, completamente distinta pero también de un físico singular,

coloca una nota de pensamiento junto al grito de amor que parece emanar siempre

de la pasional María;

Mientras que, sentada, su dulce rostro alzado hacia su Hijo, las manos entrecruzadas casi como

si estuviera orando, recortado en el fondo de la negra pared su perfil purísimo,

la Virgen es la perpetua Adoradora.

Susana está en la penumbra del rincón, adormilada.

Marta, activa a pesar del cansancio y de las insistencias de los demás,

aprovecha la luz del hogar para asegurar unas hebillas en el vestidito de Margziam.

Jesús dice a Síntica:

–        Pero no era un pensamiento penoso, porque te he oído reír.

–        Sí, por el niño…

Que resolvía la cuestión con soltura diciendo:

“Yo sólo quiero volver si vuelve Jesús.  Pero si quieres saber todo, ve.

Y luego vuelve y nos dices si te acuerdas”.

Se echan a reír todas otra vez…

Y dicen que Síntica había pedido a María explicación sobre el recuerdo que las almas conservan

y que da razón de cierta posibilidad en los paganos de tener vagos recuerdos de la Verdad.

–       Yo decía::

“¿Será que esto confirma la teoría de la reencarnación en que creen muchos paganos?”

Y tu Madre, Maestro, me explicaba que lo que Tú dices es distinto.

Ahora te pido que me expliques también esto, mi Señor. 

Jesús dice:

–       Escucha.

No debes creer que, porque los espíritus tengan espontáneos recuerdos de Verdad,

esté demostrado que vivimos varias vidas.

Ya conoces suficiente para saber cómo fue creado el hombre, cómo pecó, cómo fue castigado.

Te ha sido explicado cómo Dios incorpora en el animal-hombre un alma individual.

Es creada cada vez una y jamás un alma es usada para posteriores encarnaciones.

Esta certeza debería anular mi aserción acerca del recuerdo de las almas.

Debería… para cualquier otro ser aparte del hombre, dotado de un alma hecha por Dios.

El animal no puede recordar nada, naciendo una sola vez; el hombre puede recordar,

a pesar de nacer una sola vez.

Recordar con su parte mejor: el alma.

¿De dónde viene el alma, toda alma de hombre?

De Dios.

¿Quién es Dios? El Espíritu inteligentísimo, potentísimo, perfecto.

Esta cosa admirable que es el alma, cosa creada por Dios para darle al hombre su imagen  y semejanza

como signo indiscutible de su Paternidad santísima, presenta dotes propias de Aquel que la creó:

es, pues, inteligente, espiritual, libre, inmortal, como el Padre que la creó.

Sale perfecta del Pensamiento divino y en el instante de su creación es igual,

durante una milésima de instante, que la del primer hombre:

una perfección que entiende la Verdad por don dado gratis.

Una milésima de instante.

Luego, una vez formada, es lesionada por la Culpa Original.

Para que entiendas mejor, te diré que es como si Dios estuviera grávido del alma que crea,

y el creado, al nacer, fuera herido por una señal incancelable.

¿Me comprendes?

–        Sí. Mientras es pensada es perfecta.

Una milésima de instante, este pensamiento creador.

Luego, el pensamiento traducido a hecho, el hecho queda sujeto a la ley provocada por la Culpa.

–        Bien has respondido.

El alma se encarna, por tanto, así en el cuerpo humano, llevando consigo, cual gema celada en el

misterio de su ser espiritual, el recuerdo del Ser Creador; o sea, de la Verdad.

El niño nace. Puede ser bueno, puede ser magnífico o pérfido;

puede serlo todo porque en su querer es libre.

El ministerio de los ángeles con sus luces ilumina sus “recuerdos”;

el artero los cubre de tinieblas.

Al barro se le subió el lodo a la cabeza, diciendo que NO EXISTE EL ALFARERO

Según que el hombre desee las luces y aspire por tanto, también a una virtud cada vez mayor,

haciendo al alma señora de su ser,

he aquí que aumenta en ella la facultad de recordar, como si la virtud fuera haciendo cada vez

más sutil la pared que se interpone entre el alma y Dios.

Así se comprende por qué los hombres virtuosos de todos los pueblos sienten la Verdad

(no perfectamente, por estar embotados por doctrinas contrarias o por letal ignorancia,

pero sí suficientemente como para ofrecer páginas de formación moral a los pueblos

a que pertenecen).

¿Has comprendido?

¿Estás convencida?

–        Sí. Concluyendo:

La religión de las virtudes practicadas heroicamente, predispone al alma a la Religión verdadera

y al conocimiento de Dios».

–       Exacto.

Y ahora ve a descansar con mi bendición.

Y tú también, Mamá.

Y vosotras hermanas y discípulas.

La paz de Dios descienda sobre vuestro descanso.

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