Archivos diarios: 4/08/21

313 UNA LECCIÓN PATERNAL


313 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Ya también Arbela ha quedado lejos.

Se han añadido a la comitiva Felipe de Arbela y el otro discípulo cuyo nombre es Marcos.

El camino está embarrado, como si hubiera llovido mucho.

El cielo está ceniciento.

Un riachuelo, bastante digno de este nombre, corta el camino de Aera.

Lleno por las lluvias -que está claro que han arreciado con furia en esta zona -,

no presenta ciertamente un color cerúleo, sino amarillo rojizo,

como si portase aguas pasadas por terrenos ferruginosos.  

Santiago de Zebedeo sentencia:

–        Ya el tiempo se ha puesto mal.

Has hecho bien despidiendo a las mujeres.

Este tiempo ya no es adecuado para que  estén por los camino.

Y Simón el Zelote, siempre sereno, incluso en su absoluta dedicación al Maestro,

proclama:

–        E1 Maestro todo lo que hace lo hace bien.

No es torpe como nosotros.

Ve y prevé todo en el mejor de los modos, y más por nosotros que por Él.

Juan, contento de ir al lado de Jesús, lo mira de abajo arriba con su rostro risueño,

y dice:

–        Eres el Maestro más encantador y bueno que jamás tuvo la tierra;

tiene ni tendrá, además del más santo.

Hermasteo, que siente mucha ternura por Juan de Endor,

pregunta:

–        Esos fariseos…

¡Qué desilusión

También el mal tiempo ha contribuido a convencerlos, de que verdaderamente Juan de Endor no estaba

Pero, ¿Y por qué la tienen tomada con él de esa forma?

Jesús responde:

–         Esa aversión no es contra él ni por él.

Es un instrumento que mueven contra Mí.

Felipe de Arbela dice:

–        Bien.

Pues el agua los ha requete-convencido de que era inútil esperar. y sospechar de Juan de Endor.

¡Viva el agua!

Ha servido también para tenerte yo en mi casa cinco días.

Andrés agrega:

–        ¡Qué preocupados estarán los de Aera!

Ya será mucho si no vemos venir a nuestro encuentro a mi hermano.

Mateo observa:

–        ¿A nuestro encuentro?

Vendrá detrás de nosotros .

–        No.

Iba por el camino del lago.

Porque desde Gadara iba al lago y luego con alguna barca a Betsaida, para ver a su  mujer

y decirle que el niño está en Nazaret y que él pronto regresaría.

De Betsaida a Merón tomaba el camino de Damasco durante un tramo.

Y luego el camino de Aera.

Está, sin duda, en Aera.

Pasa un momento de silencio.

Luego Juan dice sonriendo:

–        ¡Pero esa viejecita, Señor!

Simón Zelote comenta:

–        Estaba casi convencido…

De que le ibas a conceder la alegría de morir apoyada en tu pecho, como a Saúl de Keriot. 

Jesús responde:

–        Mi amor ha sido mayor incluso.

Porque espera a llamarla a Mí en el momento en que el Cristo vaya a abrir las puertas del Cielo.

No tendrá que esperarme mucho la pequeña madre.

Ahora vive con su recuerdo y con la ayuda de tu padre Felipe, su vida será menos triste.

Yo os bendigo de nuevo a ti y a tu familia.

Una nube más espesa que la que cubre el cielo vela ahora la alegría de Juan.

Jesús lo ve,

y dice:

–        ¿No estás contento de que la ancianita vaya pronto al Paraíso?

Juan contesta:

–        Sí…

Pero no estoy contento porque ello querrá decir que Tú te marchas…

¿Por qué morir, Señor?

–        Quien ha nacido de mujer muere.

–        ¿Vas a tenerla sólo a ella, Señor?

–        ¡Oh, no..!.

Y qué exultante será el paso de estos que salvo como Dios y que he amado como hombre!…

Atraviesan otros dos pequeños ríos, muy cercanos el uno del otro.

Empieza a llover en la llana región que se abre ante los peregrinos una vez superados los cerros

(donde se cruzan con el camino que aprovecha un valle para proseguir hacia el norte).

Al noroeste se delinea una alta, poderosa sierra sobre cuyos montes se superponen nubes y más nubes,

que casi crean nuevos, ilusorios montes de nubes encima de los reales, de roca,

cubiertos de bosques a los lados y de nieves en sus cúspides.

Pero es una sierra muy lejana.

Timoneo añade:

–        Aquí agua, allá nieve.

Es la cadena del Hermón.

En las cúspides hay ahora una capa más vasta de blancura.

Si en Aera tenemos sol, veréis lo bonito que es cuando el sol pone rosa el pico mayor.

Pues se siente impulsado por el amor patrio a cantar las bellezas de su región.  

Mateo pregunta:

–        Sí, pero mientras tanto llueve.

¿Está lejos todavía Aera? 

–        Mucho.

Llegaremos. hasta la noche. 

Mateo, poco entusiasta de caminar con este mal tiempo,

finaliza diciendo:

–        Que Dios nos salve entonces de que nos tome alguna enfermedad.

Van todos arrebozados en sus mantos, debajo de los cuales llevan los sacos de viaje,

para resguardarlos de la humedad y resguardar así la ropa para poderse cambiar al llegar

pues la que llevan está ya chorreando de agua y los bajos están completamente cargados de lodo.

Jesús va a la cabeza, absorto en sus pensamientos.

Los demás van dando mordiscos a sus respectivos panes.

Juan dice alegremente:

–        No tenemos necesidad de buscar fuentes para calmar la sed.

Basta con volver hacia atrás la cabeza y abrir la boca.

Y los ángeles nos dan el agua.

Hermasteo, que, siendo joven también, tiene en común con Felipe de Arbela y Juan

la envidiable suerte de tomarse todo con alegría,

dice:

–        Simón de Jonás se quejaba de los camellos.

Pero ya preferiría yo estar encima de aquella torre sacudida por un terremoto,

que no en este barro.

¿Tú qué opinas?

Y Juan replica:

–        Digo que en todas partes estoy bien, con tal de que esté Jesús…

Los tres jóvenes se dan a una animada conversación entre ellos.

Los cuatro mayores aceleran hasta alcanzar a Jesús.

La pareja restante:  Timoneo y Marcos, se pone al final, platicando animadamente..

Andrés dice:

–        Maestro, en Aera estará Judas de Simón… 

Jesús confirma:

–        Ciertamente.

Y con él Tomás, Natanael y Felipe.

Santiago suspira:

–        Maestro…

Voy a extrañar estos días de paz.

Jesús reprende dulcemente:

–        No debes decir eso, Santiago.

–        Lo sé…

Pero no puedo evitarlo… – y lanza otro gran suspiro.

–        Estará también Simón Pedro con mis hermanos.

¿No te alegras de ello?

–        ¡Mucho!

Maestro, ¿Por qué Judas de Simón es tan distinto de nosotros?

Jesús, como INSTRUMENTO perfecto de la Santísima Trinidad, canaliza en este preciso instante a Yeovhé..

Pués el Padre Celestial, desea responder personalmente a esta inquietud apostólica… 

NADIE, salvo uno y  Jesús percibe el cambio,…

porque como Templo Viviente, el Mesías siempre hace la Voluntad del Padre…

Y ES el ABBA Santísimo, el que inicia el siguiente diálogo, del que el grupo completo participa: 

El Altísimo Creador cuestiona:  

–        ¿Por qué el agua se alterna con el sol, el calor con el frío, la luz con las tinieblas?

Santiago responde:

–        Pues porque no se podría tener siempre una cosa.

Moriría la vida en la Tierra.

¡Así es, Santiago.

–        Sí, pero eso no tiene que ver con Judas…

–        Respóndeme.

¿Por qué las estrellas no son todas como el Sol, grandes, calientes, espléndidas, poderosas?

–        Porque…

La Tierra se abrasaría bajo tanto fuego.

–        ¿Por qué las plantas – me refiero a todos los vegetales – no son como aquellos nogales?

–        Porque..

Los animales no podrían comérselas.

–       ¿Y entonces por qué no son todas como hierbas?

–        Porque…

No tendríamos leña para el fuego, para las casas, para hacer utensilios,

como carros, barcas, muebles.

–        ¿Por qué los pájaros no son todos águilas y todos los animales elefantes o camellos?

–        ¡Buenos estaríamos si fuera así!

–        ¿Esta variedad te parece entonces una cosa buena, no?

–        Sin duda.

–        Juzgas entonces que…

¿Por qué, según tú, Dios la ha hecho?

–        Para ofrecernos la mayor ayuda posible.

–        Entonces para bien, ¿no?

¿Estás seguro de ello?

–        Como de que vivo en este momento.

–        Entonces, si ves justo que haya variedad de especies animales, vegetales y astrales,

¿Por qué pretendes que todos los hombres sean iguales?

Cada uno tiene su misión y su forma.

¡La infinita diversidad de especies!

¿Te parece signo de potencia o de impotencia del Creador?

–        De potencia.

Una sirve para hacer resaltar a la otra.

–        Muy bien.

También Judas sirve para lo mismo.

Y tú les sirves a tus compañeros, y tus compañeros a ti.

Tenemos treinta y dos dientes en la boca;

pero, si los miras bien, entre sí son muy diferentes.

No sólo por lo que respecta a las tres clases,

sino incluso entre los elementos de una misma clase.

Pues bien, puesto que estás comiendo, observa su oficio.

Verás que incluso los que parecen poco útiles y que trabajan poco;

son precisamente los que hacen el primer trabajo de cortar el pan y de llevarlo a los  otros,

que lo desmenuzan, para pasarlo a los otros que lo transforman en papilla.

¿No es así?

A ti te parece que Judas no hace nada, o que su actuación es negativa.

Te recuerdo que ha evangelizado y bien, la Judea meridional.

Y que – tú lo has dicho – sabe tener tacto con los fariseos

–        Es verdad.

Mateo observa:

–        También es muy hábil para obtener dinero para los pobres.

Pide, sabe pedir como no lo sé hacer ni siquiera yo…

Quizás porque el dinero ahora me da asco.

Simón Zelote ha estado muy atento y cuando Jesús lo mira distraídamente;

baja la cabeza y agacha el rostro, carmesí de tan rojo como se ha puesto.

Pues él es el único, que estuvo viendo asombrado y totalmente fascinado,

el “sagrario viviente” en que se convirtió Jesús,

mientras el Padre Celestial, impartió su inolvidable enseñanza…

Andrés lo ve y pregunta:

–       ¿Te encuentras mal?

Da una respuesta balbuceante...

–        No, no…

El cansancio… no sé.

Jesús lo mira fijamente,

Y Simón se pone cada vez más rojo.

Pero Jesús no dice nada..