Archivos diarios: 17/08/21

UN EXORCISTA PRIVILEGIADO 1


Para comprender plenamente lo IMPORTANTÍSIMO QUE ES LA CONVERSIÓN

y para ayudarnos a reflexionar seriamente en el tremendo peligro que significa la TIBIEZA

y el modernísimo, CRISTIANISMO LIGTH;

voy a compartirles dos testimonios que espero que al menos los pongan a pensar

en la manera cómo están viviendo su religiosidad cristiana

y apliquen las reformas necesarias, si quieren hacer más perfecta su unión con Dios.

Por la IGNORANCIA ESPIRITUAL, de la que adolecemos la inmensa mayoría de las personas;

no comprendemos plenamente la inmensa TRAGEDIA que significa el Pecado.

Para darnos una idea, basta meditar con verdadera contemplación…

los Misterios Dolorosos del Rosario

Y horrorizarnos con el Infinito Sufrimiento de nuestro Redentor.

En 1980, yo tenía 28 años; estaba casada y tenía tres niños pequeños, la mayor de cinco años.

Trabajaba en una importante empresa federal, había sido educada en colegio de monjas

y mi familia era ultraconservadora en lo que a la práctica de las ‘buenas costumbres’ se refiere.

Mi madre era terriblemente estricta y yo estaba convencida de ser buena católica,

pues estaba criando a mis hijos en el santo temor de Dios, como me enseñaron a mí.

Si alguien me hubiera dicho que tenía un catolicismo de tradiciones,

pero exento de verdadera FE; no lo hubiera aceptado jamás.

Pero un día de otoño, tuve que enfrentar mi triste realidad; 

en el Congreso de Renovación Carismática que se celebró en la Plaza de Toros de la ciudad donde radico: Guadalajara.

El padre Emiliano Tardiff era uno de los conferencistas,

y para no alargar demasiado esto; sólo les voy a decir que Dios en su Infinita Bondad,

me demostró mi gran error y me convertí.

¿CÓMO APRENDÍ LO QUE VERDADERAMENTE ES EL PECADO? 

Después de mi conversión en la plaza de toros,

el Señor me llevó a un curso de Evangelización de un mes en el Templo de San Luis Gonzaga;

éramos 356 catecúmenos y desde el momento en que llegamos,

el sacerdote nos aclaró que no podíamos faltar a ninguna plática;

porque el que lo hiciera no recibiría la imposición de manos.

Había un pastorcito para cada dos bancas y todas nuestras dudas nos las aclaraban ellos.

Fue un adoctrinamiento completo desde el conocimiento más primario de la Doctrina Cristiana.

En la banca que estaba delante de mí,

había un joven como de unos 23 años con el cabello rubio y rostro de querubín,

que luego se casó con la joven que lo acompañaba y que se llamaba David.

Durante la  segunda semana, un viernes y un sábado; David ya no fue al seminario

y luego volví a verlo el lunes siguiente, con un parche negro en uno de sus ojos azules,

que le hacía lucir como si fuera un pirata;

él explicó que el sacerdote le había dado permiso por razones médicas.

La pastorcita lo recibió y él siguió asistiendo hasta finalizar el curso,

donde después nos daría su portentoso testimonio…

Conforme avanzábamos en el conocimiento de nuestra religión,

iban creciendo mis expectativas con respecto al Dios Maravilloso que estaba descubriendo

y me iba enamorando más de Él.

Hasta que llegó el día más esperado de mi vida.

El día que representaba nuestro Pentecostés personal…

Finalizamos el retiro y en la misa de consagración en la que el obispo,

además de los sacerdotes que nos habían evangelizado,

nos impusieron las manos en la cabeza y recibimos el Bautismo en el Espíritu Santo.

Yo miraba fascinada el despliegue asombroso de los dones bellísimos del Espíritu Santo,

en un maravilloso Pentecostés, que se volvía a realizar en aquella tarde de finales de Enero.

Veía a mi alrededor, como unos hablaban y cantaban en lenguas;

otros profetizaban o describían visiones celestiales;

otros más, interpretaban lo que se hablaba en lenguas…

Y muchos lloraban de felicidad por la Presencia Tangible de Dios, en aquella fiesta celestial.

Todos alababan y bendecían…

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Y el obispo se mostraba muy satisfecho.

Cuando llegó mi turno, primero el sacerdote y después el obispo,

pusieron sus manos en mi cabeza y oraron por mí.

Y yo… NADA.

No tuve ninguna manifestación extraordinaria de absolutamente nada.

En mi interior, yo me sentía muy decepcionada.

Lentamente regresé a mi lugar, me senté y sin poder evitarlo comencé a llorar en silencio.

Aunque trataba de pasar inadvertida y que nadie se diera cuenta de lo que me sucedía,

no pude refrenar las lágrimas que brotaban de mis ojos y que casi me ahogaban.

Aunque con mi pequeño manto de encaje, casi me cubrí todo el rostro,

mi pastorcita me había seguido;

se sentó junto a mí, me abrazó y me preguntó qué sucedía…

Me sentí como una niña que hubiera sido invitada a una gran fiesta;

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todos disfrutaron de un banquete maravilloso y recibieron muchos regalos.

Menos yo.

Con voz entrecortada por el llanto le contesté:

–      Teresita, Jesús no me quiere.

A mí no me regaló nada.

Ella sonrió y dijo:

–          No digas eso.

A ti te dio regalos más preciosos que los que son aparatosos.

–          Pero yo esperaba verlo o cuando menos oírlo.

–          Muchos que reciben esos carismas, pronto se olvidan de Él;

o son incapaces de seguirlo por el Camino de la Cruz.

–       No.

A mí no me dieron nada.

Creo que soy la única en toda esta iglesia, que tiene las manos vacías.

¡Mira a todos los demás!

Mi pastorcita tenía entre sus carismas, visión y profecía, además de muchos otros dones,

Y tal vez haciendo uso de ellos, me dijo:

fe-fanoy me dijo:

–          Tienes el don de la Fe.

Yo seguía desilusionada y nada me consolaba.

Y con mi franqueza de siempre,

le contesté:

–          ¿Eso para qué me sirve?

¿Acaso no todos la tenemos? Por eso venimos aquí.

–          La que Dios te acaba de dar,

la vas a necesitar mucho en tu ministerio.

Los dones que recibiste no pueden verse;

pero son los más importantes de todos.

En el futuro, también te darán muchos otros carismas

con los cuales vas a servir poderosamente al Señor.

Ahorita no puedes comprenderlo.

Pero algún día lo harás…

Ven vamos a orar al Sagrario, para dar Gracias.

No muy convencida la acompañé,

y oramos.

parabola de los talentos

En ese momento no tenía la más remota idea, de que cada uno de esos maravillosos ‘dones’,

eran los ‘Talentos’ de la parábola.

Y que teníamos una gran responsabilidad sobre cada uno de ellos.

Pero esa era una lección que paulatinamente aprendería en el futuro,

al comenzar a caminar por la nueva vida que como templo del Dios Vivo,

empezaría a partir de aquel día…

EL MILAGRO DE DAVID

Álvaro Ramírez dijo en una ocasión: “La FEG ha dado para todo”.

Cierto. En 64 años de vida ha servido para hacer grilla estudiantil, tener diputados y pistoleros,

defender al sistema político mexicano, protestar contra Vietnam;

reivindicar el nacionalismo – pero también el socialismo científico–,

solicitar precios bajos en los boletos del pasaje urbano, secuestrar y reprimir,

hacer negocios chuecos, pelearse a muerte entre los mismos compañeros

y tener dos víboras con dos cabezas:

una dentro de la UdeG (Universidad de Guadalajara) y otra fuera.

Fuente:  http://www.proceso.com.mx/?p=293122

Para entender plenamente la historia de David y si quieren comprender todo,

el link de la Revista Proceso les informa una parte de la historia de Jalisco.

UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA

Universidad de Guadalajara,

Sobre todo en la época en que el presidente mexicano Luis Echeverría Alvarez,

concedió refugio político a cientos de chilenos que fueron rescatados por el gobierno mexicano

con tendencias izquierdistas,

después del golpe de estado contra Salvador Allende.

Y fue entonces cuando la FEG, (Federación de Estudiantes de Guadalajara)

empezó una guerra sucia contra la naciente y opositora FER, (Federación de Estudiantes Revolucionarios)

que convirtió nuestra bella ciudad en un campo de batall;

donde estallaban balaceras, un día sí y el otro también, en los lugares más inesperados.

Después de este breve y necesario preámbulo;

volvamos al día cuando lloré…

porque según yo, había salido con las manos vacías de dones celestiales.

Al terminar la ceremonia y la santa Misa de Acción de Gracias, tuvieron lugar los testimonios.

Y el párroco de la Iglesia, tomó el micrófono,

y dijo:

–       ¿Recuerdan cuando les dije que el que faltara a una plática, ya no iba a recibir la imposición de manos?

Bueno, pues un día se me acercó un joven que me dijo:

Padre, pasado mañana me operan del cerebro y yo quiero pedirle permiso de faltar el Viernes y el Sábado.

El Lunes me presentaré de nuevo, si Ud. Me lo permite.’

Yo pensé, este cuate está loco, ¿Cómo va a venir después de dos días de haber sido operado del cerebro?

Para no hacer polémica, lo autoricé.

¡Y grande fue mi sorpresa cuando lo ví el lunes con su parche en el ojo,

muy dispuesto a seguir con la evangelización!

Ahora se queda con ustedes David…N, para contarles como le fue.

Entonces al costado del altar, donde se leen las lecturas;

subió mi compañerito de la banca de adelante y muy sonriente con su parche de pirata,

empezó así:

–      Hermanos, primero déjenme contarles la historia de mi conversión. –y las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas-

Desde hace varios años, mi mamá era muy devota del Espíritu Santo.

En la casa tenía un grupo de Oración de carismáticos y cada semana se reunían para orar.

Le encantaba la música y tocaba varios instrumentos;

cuando tocaba el piano, ella compuso un canto que se escucha en todas las misas y dice:

‘Entre tus manos, está mi vida Señor…’ ¿Lo conocen?

Bueno, pues mi santa madre lo compuso.

Soy integrante de la FEG y voy a hablarles con mi léxico antiguo.

Mi mamá estaba con todos sus beatos, cucarachas de iglesia,

embelesados con sus cantos religiosos que me molestaban tanto…

Y luego llegaba yo quemando llanta…

Y entraba a la casa como una tromba, diciendo ‘Abran paso, bola de…!”#$%&/

No me estorben.’

Seguido por mis amigos, que eran igual que yo.

Mi mamá se ponía de todos colores, pero no me decía nada;

sólo se le llenaban sus ojos de lágrimas.

Se apartaban todos asustados aunque ya me conocían…

Y nadie hablaba una palabra.

Yo entraba hasta la habitación donde teníamos las armas.

Y después salía con mis compinches armados hasta los dientes,

para hacer lo que teníamos que hacer.

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Imagínense el contraste;

después que yo me iba ellos seguían orando…

Y mi madre nunca se cansó de repetirme con dulzura:

Hijo, recapacita. Está en juego tu salvación. Mira…’

Aunque trataba de no faltarle al respeto, ¡Cómo me fastidiaba su insistencia!

Lograba zafarme como podía…

Y siempre que quería hablarme de Dios, yo salía huyendo.

Pero un día se enfermó y se puso muy grave.

Cuando estaba agonizando, yo me incliné sobre su lecho y

¡Cómo me arrepentí de todo lo que yo le había hecho!

Pero para mi desgracia o mi bendición en este caso, era más terca que yo.

Y me tiró de pechito:

–          David, de esto ya no me voy a levantar.

El Señor me está esperando.

Si me amas, quiero que me jures delante de Dios, que vas a ir al Congreso de Septiembre en la plaza de toros.

Mira este es tu boleto. Ya te lo compré.

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¡Júramelo niño mío, júramelo!

Es lo único que me detiene para ya descansar en paz.

David, ¿Me lo juras?…

Hermanos, díganme ¿Cómo se le niega algo a una madre, en un momento así?

Aunque yo no tenía ni la más remota intención de cumplirlo, se lo juré.

Y ella partió para siempre.

Cuando llegó la fatídica fecha, yo estaba renuente…

Y le daba vueltas al boleto con ganas de tirarlo a la basura.

Pero algo muy fuerte me detenía…

Y finalmente me decidí: “Voy a ir.

Entro a la plaza y me salgo como bala. Yo creo que con eso ya cumplí…

Y me voy a olvidar de todas estas chingaderas…”

Y como lo pensé lo hice.

Llegué, entregué el boleto, entré a la plaza y estaba llena hasta el tope.

Oí los cantos y recordé el grupo que cantaba en mi casa, mientras mi madre tocaba el piano…

Pensando en todo esto, me senté más o menos a la mitad del graderío.

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Y cuando oí los cantos, me acordé de mi mamá y de todas las cosas que ella me decía…

y que yo no quería oír.

Entonces dije:

Bueno. Me quedo un poquito más.’

Me quedé mirando la arena y las graderías y dije:

¡Caray! Está más lleno que cuando hay corridas…’

Entonces cuando menos acordé, la gente había desaparecido, como si una nube la hubiera cubierto…

Y pensé: ‘¡Diablos! Ya estoy imaginando cosas.

Estos chiflados ya me contagiaron de sus delirios’

Pero en ese mismo instante, ví a una persona delante de mí.

Y cómo yo estaba sentado y agachado; sólo le veía los pies y la parte baja de una túnica blanquísima.

Observé y ví que a pesar de que traía unas sencillas sandalias,

se podía mirar los agujeros de dos llagas rojas y brillantes, como si las acabaran de abrir.

Empecé a levantar la mirada muy despacio y solamente llegué hasta la cintura,

porque ya no pude seguir…

Mi cabeza me estallaba…

¡No puede ser que yo esté mirando a…!

¡OH NO! ¡Esto no es posible!

¡Porque yo…! ¡Porque yo soy…!

¡Yo soy…!

¡Oh, No!

¡Yo soy…!

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Y una Voz hermosísima y llena de dulzura,

completó lo que yo tenía atorado en la garganta,

mientras me extendía dos manos varoniles y preciosas,

que también tenían dos llagas impresionantes

y en los dedos fulguraban dos argollas matrimoniales de fino oro.

A estas alturas, la voz de David era un ronco sollozo entrecortado,

que sin vergüenza alguna, continuó mientras seguía llorando:

Era Jesús de Nazareth.

Y me dijo firmemente y con ternura:

–          ERES UN ASESINO.

Lo sé.

Pero también eres mi hijo y aún así, TE AMO.

. Y TODOS TUS PECADOS YA LOS PAGUÉ EN LA CRUZ.

Estoy aquí, ante ti; por las oraciones y los sufrimientos de tu madre.  

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Yo no fui capaz de levantar el rostro y nunca le miré la cara.

Sentía una vergüenza que me es imposible describírselas.

Entonces Él, extendió la mano derecha hacia mí y me ofreció una de las argollas,

que pareció más deslumbrante todavía,

mientras me decía:

Si tú me aceptas esta Alianza, se hará efectiva la Redención que pagué por ti.

Y vendrás a mi Reino donde ya se encuentra tu madre Conmigo.

Lo único que pude hacer fue extender mi mano izquierda;

mientras Jesús me deslizaba la alianza en mi dedo anular…

Y luego Él se ponía la otra en su dedo anular.

Se despidió diciéndome: ‘Ve al sacerdote y confiésate.

Y esta Alianza es un Pacto de Amor entre tú y Yo’

Cuando desapareció, ya no pude controlar mis lágrimas.

A pesar de que todos los sacerdotes que estaban confesando afuera y alrededor de la plaza de toros,

tenían unas colas enormes para oír confesiones, no sé como encontré uno que se estaba desocupando,

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y duré confesándome ¡Cuatro horas!

Cuando el padre me dio la absolución, me sentí ligero como una pluma…

Y disfruté los otros dos días del retiro.

¡Fue una cosa gloriosa, como no la había vivido jamás!

L A   B A L A   F U G I T I V A

Un tiempo después, se dieron las circunstancias para que yo terminara viviendo esta evangelización con todos ustedes.

Pero justamente cuando estaba a punto de venir;

me llamaron para decirme que ya estaba programado todo para la operación que yo necesitaba…

Y que ya tenía un par de años esperando.

Le pedí al Señor que Él me ayudara, porque no quería perderme la evangelización…

Y por eso le pedí permiso al señor cura.

Lo que pasa es que…

¿Se acuerdan de la balacera que hubo afuera de la Facultad de Leyes, donde hubo varios muertos y muchos heridos?

Bueno, pues uno de los heridos era yo.

Tenía una esquirla de bala alojada en el cerebro…

Y otro balazo quedó a un par de mm del corazón ¡Sin tocarlo!

Y los doctores no me habían querido operar,

porque las dos intervenciones eran muy peligrosas…

No querían que me les muriera en el quirófano.

Preferían esperar a ver si la bala se movía un poquito, para que ya no fuera tan peligroso.

Así pasó el tiempo y yo seguía con mi vida normal, salvo unos dolores de cabeza.

Pero después de Navidad no sé qué pasó, que de repente me llamaron,

y dije:

Bueno, si me muero; al menos voy a estar con Jesús… 

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Y voy a ver a mi mamá.’

En el Hospital Santa María Chapalita, el neurocirujano decidió,

que por lo que mostraba la radiografía,

podía operarme sacándome el globo ocular

y a través de la cavidad del ojo, hacer la incisión y extraer la esquirla.

Y así lo hizo.

Luego me volvió a poner el ojo en su lugar y no tengo cicatrices visibles.

Solo tengo que traer este parche y voy a ir la próxima semana, para que me den de alta.

Pero también quiero platicarles otro milagro que me hizo Jesús.

Cuando me tenían anestesiado, todo salió tan bien; que el doctor quiso aprovechar la anestesia,

para sacarme la bala que tenía en el pecho…

Y mandó pedir el aparato de rayos X ambulatorio;

para ver si la bala ya se había movido lo suficiente, para operarme sin peligro.

Pero ¿Qué creen?

En la radiografía no salía nada;

más que la trayectoria cicatrizada en los pulmones…

Y la bala… ¡No estaba!

El doctor se enojó mucho y dijo que las balas no desaparecen así como así.

Y lo que había pasado, era que ese mugrero de aparato, ya se había descompuesto.

Me llevaron dormido hasta la sala de rayos X y la bala tampoco apareció.

Todavía dormido, me llevaron de tour por toda la ciudad…

Y hasta en el Hospital Civil,

hospital civil de Gua

Hospital Civil Fray Antonio Alcalde, en la ciudad de Guadalajara

LA BALA TAMPOCO APARECÍA.

Aquí están las radiografías miren. –Y levantó triunfante un sobre grande y café,

que contenía todos los estudios médicos que le realizaron durante toda la noche,

por todos los hospitales de Guadalajara.

Luego David agregó:

–     No me querían dar de alta.

Pero yo les dije: Jesús es mejor Médico que ustedes y ÉL me sacó la bala.

Ya me voy porque mañana tengo un compromiso muy importante.

Dejen de chingar y mejor pónganse a leer el Evangelio de San Marcos…

Y verán todas las cosas que ÉL SABE HACER.

(Esto se lo oí decir a mi mamá muchas veces:

que si le quitaban al Evangelio de San Marcos los milagros, ¡Se quedaban sin Evangelio!)

San Marcos Evangelista

Por lo pronto yo me quité la bata y me vestí.

Y los doctores estaban tan desconcertados, que ni siquiera intentaron detenerme,

pues sabían muy bien quién era yo.”

La forma tan graciosa como David hablaba y el constatar las maravillas de Jesús,

nuestro Dios Vivo y Resucitado que seguía haciendo tales milagros,

hizo que toda la Iglesia estallara en aplausos y alabanzas para Nuestro Dios Vivo y Poderoso.

324 PÉRDIDA Y DUELO


324 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús sale de casa llevando al niño de la mano.

No entran en el centro de Nazaret;

al contrario, salen del centro por la misma calle recorrida por Jesús la primera vez que dejó

su casa para la vida pública;

llegados a las primeros árboles de olivos, dejan la vía principal para seguir senderos

que van por entre los árboles;

en busca del sol templado que ha seguido a días de temporal.

Jesús invita al niño a correr y a saltar.

Pero Margziam responde:

–        Prefiero estar a tu lado.

Ya soy grande y soy un discípulo.

Jesús sonríe por esta…

competente profesión de edad y dignidad.

Verdaderamente, es un muy pequeño discípulo, el que camina a su lado:

nadie le echaría más de diez años.

Pero nadie puede negar que sea un discípulo y menos de todos Jesús, que

se limita a decir:

–       «Pero te vas a aburrir estando callado mientras Yo hago oración.

Te traía conmigo con intención de que te divirtieras.

No podría divertirme estos días…

Pero estar a tu lado me consuela mucho…

Te he añorado mucho durante este tiempo…

porque… porque…

El niño aprieta los labios temblorosos y no dice nada más.

Jesús le pone una mano en la cabeza,

y dice:

–        Quien cree en mi palabra, no debe estar triste como los que no creen.

Yo digo la verdad siempre.

Digo la verdad también cuando aseguro que no hay separación, entre las almas de los justos

que están en el seno de Abraham y las de los justos que están en la tierra.

Yo soy la Resurrección y la Vida, Margziam.

Y transmito la Vida incluso antes de cumplir mi misión.

Siempre me has dicho que tus padres anhelaban la venida del Mesías y le pedían a Dios

vivir mucho para verlo.

Porque creían en Mí.} y se han dormido en esta fe.

Por lo tanto ya están salvados por ella, ya han resucitado y viven por ella.

Porque esta fe da vida dando sed de justicia.

Piensa tú cuántas veces habrán resistido a las tentaciones, para ser dignos de encontrar al Salvador…

–        Pero han muerto sin haberte visto, Señor..

. Y han muerto de esa forma…

Yo vi sacar de la tierra a todos los muertos del pueblo ¿Sabes?…

A mi mamá, a mi padre… a mis hermanitos…

¿Qué me importa si para consolarme me decían: «Los tuyos no están así. No han sufrido»?

¡Oh, que no han sufrido!…

¿Acaso eran plumas las rocas que les cayeron encima?

¿Era aire la tierra y el agua que los ahogó?

¿Su razón acaso no habrá sufrido sintiéndose morir, pensando en mí?…

El niño está muy nervioso por el dolor.

Gesticula vivamente erguido frente a Jesús, casi agresivo…

Pero Jesús comprende ese dolor, esa necesidad de expresarlo…

Y lo deja hablar.

Jesús no es de esos que a quien delira por un verdadero dolor le dice:

«Calla, que me escandalizas».

El niño prosigue:

–        ¿Y después?

¿Qué sucedió después?

¡Ya sabes lo que sucedió después!

Si no hubieras venido Tú, me habría convertido en una fiera.

O habría muerto como una serpiente en el bosque.

Y no habría vuelto a reunirme con mi mamá, con mi padre, con mis hermanos,

porque odiaba a Doras y…

Y ya no amaba a Dios como antes cuando estaba mi mamá, que me quería y que me  hacía amar al prójimo.

Sentía casi odio por los pájaros, que se llenaban el buche, que tenían plumas calientes,

que rehacían sus nidos…

yo, que tenía hambre, que llevaba una túnica rota, que ya no tenía casa…

Los alejaba de mí…

Yo, que siento amor por los pájaros,;

por la ira que me venía al compararme con ellos.

Y luego lloraba porque sentía que había sido malo y que merecía el Infierno…

–        ¡Ah! ¿Te arrepentías, entonces, de ser malo?

–        Sí, Señor.

¿Pero, cómo podía ser bueno?

Mi anciano padre (el abuelo) era bueno.

Pero él decía: «Dentro de poco terminará todo. Soy viejo…»

¡Pero yo no era viejo!

¿Cuántos años, antes de poder trabajar como un hombre y no comer como un perro callejero?

Si no hubieras venido Tú, habría acabado siendo un maleante.

–        No habrías acabado maleante, porque tu mamá oraba por ti.

¿Ves como vine y te tomé conmigo?

Esto es prueba de que Dios te amaba y de que tu madre velaba por ti.

El niño guarda silencio, pensando.

Mira tanto al suelo que pisa, que parece como si buscara luz en él, mientras va caminando 

al lado de Jesús, por la hierba un poco requemada a causa de viento boreal,

muy helado de los días anteriores.

Luego levanta la cabeza,

y pregunta:

–        ¿Pero no habría sido una prueba más bonita,

si no hubiera llamado de este mundo a mi mamá?

Jesús sonríe por la lógica humana de la mente infantil.

Pero explica, serio y bueno:

–        Mira, Margziam.

Para que comprendas, te voy a poner una comparación.

Tú me has dicho que te gustan los pajaritos,

¿No es verdad?

Escúchame ahora.

¿Los pajaritos están hechos para volar o para estar en una jaula?

–        Para volar.

–       Bien.

¿Y las mamás de los pajaritos cómo los alimentan cuando son pequeños?

–        Les dan la comida en el pico.

–       Sí.

¿Pero qué les dan?

–       Semillas, moscas, larvas, migas de pan o trocitos de fruta que se encuentran, volando por ahí.

–       Muy bien.

Ahora escúchame.

Si esta primavera encontraras un nido en el suelo, con las crías dentro y la madre encima,

¿Qué harías?

–       Lo levantaría.

–       ¿Todo?

¿Así como está?

¿También con la madre?

–       Todo.

Porque es demasiado triste ser una cría y no tener mamá.

–      Verdaderamente en el Deuteronomio está escrito, que se tomen sólo a las crías

y se deje libre a la madre, sagrada para generar.

–       Pero si es una buena mamá no se marcha.

Corre a donde están sus polluelos.

La mía habría hecho eso.

Ni siquiera a Ti me habría entregado para siempre, porque todavía soy un niño.

Venir también ella conmigo no habría podido, porque mis hermanitos eran todavía más

pequeños que yo.

Así que no me habría dejado que me fuera.

–        Está bien.

Pero, escucha: según tú,

¿Demostrarías más amor a esa madre de los pajaritos y a los propios polluelos,

teniendo la jaula abierta para que entrara y saliera con el alimento apropiado;

o teniendo prisionera también a la madre?

–       ¡Hombre!…

Le demostraría más amor dejándola entrar y salir hasta que sus pequeñuelos fueran grandes…

y le demostraría todo el amor si, quedándome con ellos, una vez que fueran grandes,

la dejase libre a ella, porque el pájaro está hecho para volar…

Verdaderamente… para ser bueno completamente…

debería dejar que se marcharan también los polluelos ya crecidos y devolverlos al estado libre…

Sería el más auténtico amor que podría demostrarles…

Y el más justo…

¡Ah, sí! El más justo, porque obrando así no haría sino permitir que se cumpliera cuanto Dios

ha querido para los pájaros…

–       ¡Exactamente, Margziam!

¿Has hablado verdaderamente como un sabio!

¡Serás un gran maestro de tu Señor, y quien te escuche te creerá,

porque hablarás como persona sabia!

–       ¿Sí, Jesús?

La carita, antes inquieta y triste, luego sombría por la reflexión, concentrada en el esfuerzo de

juzgar lo mejor, se tranquiliza y resplandece de alegría laudatoria.

–       Sí, Margziam.

Ahora observa esto:

tú, sólo porque eres un niño excelente, juzgas así.

Imagínate cómo juzgará Dios, que es Perfección en todo, respecto a las almas y su bien.

Las almas, son como pájaros que la carne aprisiona en su jaula.

La tierra es el lugar al que son conducidas con la jaula.

Pero aspiran ardientemente a la libertad del Cielo, anhelan el Sol que es Dios,

el Alimento justo para ellas, que es la contemplación de Dios.

Ningún amor humano, ni siquiera el santo amor de la madre por sus hijos o de los hijos por su

madre, es tan fuerte como para ahogar este deseo de las almas de reunirse con su Origen,

que es Dios.

Como tampoco Dios, por su perfecto amor hacia nosotros, encuentra razón alguna que sea tan

fuerte como para superar su deseo de reunirse con el alma que lo desea.

¿Y entonces qué sucede?

Algunas veces la ama tanto que le dice: «¡Ven! Te libero».

Y lo dice aunque haya niños en torno a una madre.

El ve todo, sabe todo, todo lo que hace lo hace bien.

Cuando libera a un alma, podrá no parecerles así a los hombres con su intelecto relativo, pero es así;

cuando libera a un alma, siempre lo hace por un bien mayor, de esa propia alma y de sus allegados.

Él entonces -ya te lo he dicho otras veces – añade al ministerio del ángel custodio

el ministerio de esa alma que ha llamado a Sí, y que ama a sus allegados con un amor exento

de lastres humanos, pues los ama en Dios.

Cuando libera a un alma;

Él mismo se encarga de sustituirla a ella, en los cuidados hacia los que siguen en la tierra.

¿No lo ha hecho contigo acaso?

¿No ha hecho de ti, pequeño hijo de Israel, mi discípulo, mi sacerdote del mañana?

–       Sí, Señor.

–       Ahora, fíjate.

Yo liberaré a tu madre y no tendrá necesidad de tus sufragios.

Pero tú, si ella hubiera muerto después de la Redención y hubiera necesitado sufragios,

habrías podido sufragarla como sacerdote.

Fíjate: sólo habrías podido gastar en ofrendas a un sacerdote del Templo, para que se llevase

a cabo un sacrificio por ella, de víctimas como corderos o palomas u otro producto de la tierra;

esto si hubieras seguido siendo el pequeño labriego Yabés junto a tu madre.

¡Sin embargo, tú, Margziam, sacerdote de Cristo, podrías celebrar para ella directamente el

Sacrificio verdadero de la Víctima perfecta, en cuyo Nombre todo perdón es concedido!

–       ¿Y ya no lo voy a poder hacer?

–       No por tu padre, tu madre y tus hermanitos;

pero lo podrás hacer por amigos y discípulos tuyos. ¿No es hermoso todo esto?

–       Sí, Señor.

–       Volvamos, pues, a casa, sosegados.

–       Sí…

¡Pero no te he dejado hacer oración!…

Lo siento…

–       ¡Pero si hemos hecho oración, hombre!

Hemos considerado las verdades, hemos contemplado a Dios en sus bondades… 

esto es oración.

Has hecho oración como un verdadero adulto.

Animo, ahora!

Vamos a cantar un bonito salmo de alabanza por la alegría que tenemos.

Y entona: «Un bonito canto ha brotado de mi corazón…».

Margziam une su voz de plata al bronce y oro de la de Jesús.