Archivos diarios: 24/08/21

EL SACRIFICIO



13. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir. Juan 16, 13

23 de agosto de 2021

Habla Dios Espíritu Santo

La Tierra es un altar.

UN ENORME ALTAR.

Fue creada para ser un Altar de Alabanza  Perpetua a su Creador.

Pero el hombre con su Pecado, la ha convertido en un Altar de Expiación.

La Tierra debe como todos los demás astros del Universo,

cantar los Salmos a su Creador.

También la Tierra canta el Salmo de las Esferas,

como el Cielo con los vientos, con las aguas, con las voces de las plantas y de los animales.

Sobre el Templo de la Tierra solo falta el hombre, que tiene una misión

que debiera ser algo más que un deber, una alegría: AMAR A DIOS.

Dar inteligente y voluntariamente, Culto de Amor a Dios,

correspondiéndole por el Amor que Él ha dado al hombre,

dándole la vida y dándole el Cielo, después de la Vida.

Y la Tierra está llena de Pecado y por eso debe ser Altar de Expiación Perpetua,

De Sacrificio Perpetuo, sobre el cual ardan las hostias que sufren: los inocentes y los santos.

Las almas víctimas que se unen a la Gran Víctima y se inmolan por todos.

Y de esta manera se convierte la injusticia en Redención.

El sudor y el trabajo fertilizan los campos.

El sacrificio de  las víctimas, fertiliza los corazones y los prepara para la salvación.

SER CRISTIANO  =    INMOLACIÓN.

Debemos vivir en el Amor

y alcanzar en la Escuela del Sufrimiento,

la cima del Sacrificio y la caridad:

ALMAS VÍCTIMAS CRUCIFICADOS POR EL AMOR

EL MARTIRIO

Con el ‘callar, aceptar, sufrir y ofrecer’, se vence a Satanás.

Con esto se da muerte al ‘yo’, a la propia voluntad.

El ‘yo’ es orgullo y a Satanás no hay nada que lo irrite más, que un acto de humildad.

Y LA VERGÜENZA DE SER VENCIDO

POR UN HOMBRE INFERIOR A ÉL POR NATURALEZA;

LO EXASPERA Y LO HIERE

Vivir para los hombres o para Dios.

La diferencia la establece la medida del sacrificio de nuestro egoísmo.

La vida cristiana es un perpetuo heroísmo.

Porque es una lucha contra el Mundo, el demonio y la Carne.

La libertad que Dios nos concede, no nos permite ser hipócritas:

O CON JESÚS O CONTRA ÉL.

Tu corazón se volcará a lo que le dediques: tiempo, dinero. energía.

Si somos de Dios no podemos pactar alianzas con el Enemigo.

El que quiere servir a dos amos, con alguno queda mal.

Y al que se acerca a Satanás, éste lo arrebata sin contemplaciones.

Judas quiso adorar en dos altares y es muy conocido en donde terminó.

El sacrificio que Dios quiere,

es el espíritu compungido, obediente, amoroso;

porque puede también realizar un sacrificio de Alabanzas,

de alegría, de amor y no solo de expiación.

CUANDO LE SACRIFICAMOS NUESTRA VOLUNTAD

A SU VOLUNTAD,

HAY QUE INVOCAR LAS LÁGRIMAS DE MARÍA,

QUE NOS VIGORIZAN

E INFUNDEN VALOR,

PARA UN MAYOR SACRIFICIO.

El Crecimiento en el Amor aumenta el hambre de sacrificio…

Y el sacrificio más tremendo, se vuelve soportable, cuando se sabe su utilidad.

Entonces sobre las lágrimas florece una sonrisa…

Y sobre la angustia, una seguridad.

El hombre espiritual deja de ser esclavo de los sentidos

y siempre tiene en los labios con amorosa resignación, estas palabras:

“No lo que yo quiero, Padre mío.

Hágase tu Voluntad.”

¡Padre, SI QUIERES aparta de Mí éste Cáliz! Pero NO SE HAGA MI VOLUNTAD, sino la Tuya!

EL SACRIFICIO ES AMOR

OFRENDADO AL AMOR.

La Perfección está compuesta del fruto de incontables sacrificios.

EL SACRIFICIO Y LA PENITENCIA,

SON EL CAMINO DE LA SALVACIÓN.

Para ser verdadero cristiano se debe amar.

y reparar por los que han esterilizado el amor en su corazones.

La forma más elevada del amor es el sacrificio que imita al Amor Supremo:

EL AMOR REDENTOR. 

Jesús como Rey del espíritu,

solo ofreció privaciones, sacrificios y dolores,

que le serán cambiados en gloria,

al que persevere hasta el fín y no claudique del Camino del Calvario,

Esa cruz me pertenece Señor, ¡Crucifícame Jesús, porque te adoro sobre todas las cosas! Y ayúdame a Amar, haciendo Tu Voluntad y NO la mía…´´

que está sembrado de Dolor y de lágrimas.

NO HAY RESURRECCIÓN SIN CRUCIFIXIÓN.

La victoria está en el sacrificio.

EL SACRIFICIO ES OFRENDA DE AMOR

OFRECIDA AL PADRE.

Los dones vienen de Dios. El amor es mérito del hombre.

El sacrificio es amor.

Es el que hace esplendoroso el altar del corazón.

El holocausto voluntario perfuma

como el Incienso más agradable y es más precioso para Dios,

que el perfume de todas las flores de la Tierra.

En el Purgatorio estamos SOLOS y se sufre LA SENTENCIA EN LA CRUZ DE NUESTROS PROPIOS PECADOS, que merecemos… PROPORCIONADA POR LA JUSTICIA DIVINA

Cada renuncia va envuelta con el oro de la Caridad que la ofrece a Dios

EN UN CULTO VERDADERO

para que tome valor de Redención

y así la Tierra se salvará con el sacrificio.

El Sacrificio es el que ABRE los oídos del espíritu

y es la sangre que lava la lengua que habla de Dios.

Jesús es el Verbo del Padre y su Palabra es lo más sagrado,

porque es la que da la Vida Eterna.

NO PUEDE ser Profeta de Jesús,

el que NO se crucifica totalmente con Él

y convierte su vida en un sacrificio continuo.

Las almas víctimas están totalmente FUSIONADAS con Dios,

Juan 14, 11

e igual que Jesús está en el Padre y es uno con Él; 

las almas que se inmolan ven realizarse el Misterio

de que Dios las trabaje para que sean espejos purísimos

en donde se reproduzca la imagen de Jesús Crucificado,

tal y como Él está en la Cruz:

coronadas, azotadas, clavadas, desoladas, traspasadas y desamparadas.

En cada uno de estos aspectos se convierten en un retrato viviente,

para que el Padre se complazca en ellas

y derrame gracias sobre los pecadores.

Como Iglesia, tenemos el deber sagrado de morir por Dios,

abandonadas y crucificadas.

En el altar de la Tierra no fue consumada más

que la Carne y la Sangre del Hombre-Dios.

En el altar del Cielo son ofrecidas las Hostias vivientes

como oblación de suavísimo olor ardiente

sobre el altar del sacrificio de un corazón enamorado de Dios,

constituyendo con esto: el Verdadero Culto a Dios.

LA PENITENCIA

Cuando Dios creó al hombre, se hizo un Templo perfecto para Sí Mismo

y puso en él sólo una necesidad: la del Amor.

Amor de hijos hacia su Padre. Amor de súbditos para su Rey.

Y amor de creaturas para su Creador.

Y si el ácido de la Culpa no hubiese corroído las raíces del amor;

éste habría crecido potente en nosotros como un gozo;

como una necesidad que produce alivio cuando se realiza, igual que lo es el respirar.

Y el amar se hubiera efectuado sin fatiga,

porque el amor es la respiración y la sangre que hace vital al espíritu.

Peor que la ruina y la destrucción que hacen las bombas nucleares en el mundo material;

más nefasta fue la Culpa.

Pues trastornó la Obra Maestra de la Creación

y desbarató, en la raíz del hombre; aquel conjunto perfecto,

de carne dócil al espíritu

y aquel armónico contorno que pusiera Dios alrededor de su hijo;

para que fuera un rey feliz.

Desaparecido el amor del hombre para con Dios;

desapareció el Amor de la Tierra para con el hombre.

Se desencadenó la ferocidad entre los seres inferiores;

entre éstos y el hombre y…

¡El Horror de los horrores!..

¡ENTRE LOS MISMOS HOMBRES!

La sangre hirvió a causa del Odio,

y se derramó contaminando el altar de la Tierra

Y DE LA SEMILLA DE LA CULPA

NACIÓ UNA PLANTA DE AMARGO FRUTO

Y DE PUNZANTES RAMAS:

EL DOLOR.

El Pecado evolucionó en perversión y ferocidad;

haciendo que el Dolor se hiciera más vasto y complicado.

Jesús, el Dios-Hombre. Vino a santificar el Dolor,

sufriéndolo por nosotros.

ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

Y fundiendo el suyo que es Infinito, con el nuestro; para darle mérito.

Dos son las necesidades primordiales del hombre:

EL AMOR Y EL DOLOR  

¡Satanás también PERVIRTIÓ ESTO!

O ¿Cómo explican el éxito de 50 sombras de Gray?)

El Amor que nos impide cometer el mal.

Y el Dolor que lo repara.

Esta es la ciencia que se debe aprender:

SABER AMAR Y SABER SUFRIR

El que aprende a dominar el arte de sufrir se convierte en penitente.

SOLO LA PENITENCIA Y EL AMOR

PESAN A LOS OJOS DE DIOS;

Cuando nos crucificamos y Dios nos convierte en corredentores, somos pararrayos de la Justicia Divina… Y TENEMOS EL PALIATIVO DEL CIELO. EL SUFRIMIENTO SE TORNA GOZO

PARA DETENER LOS ACONTECIMIENTOS Y DESVIARLOS….

PENITENCIA

Su nombre causa horror,

pero sus efectos dan frutos preciosos en el campo de las virtudes,

porque surge de la humildad y es el FUEGO,

que conserva, desarrolla y fortalece las virtudes.

De ella nace el propio desprecio.

Se desprende el ansia de padecer…

Y se fortalece el hambre de crucifixión.

La Penitencia atrae a Dios y sirve para expiar y merecer,

porque es el arrepentimiento activo.

LA EXPIACIÓN POR EL DOLOR DADO A DIOS.

Y UN DOLOR REPARADOR

A TRAVÉS DE UN CASTIGO INFLIGIDO

CON OBJETO DE DESAGRAVIARLO.

La Penitencia da luz y agilidad de espíritu,

porque doma la carnalidad y es el arma más poderosa contra los vicios.

Porque ataca directamente todos los pecados capitales

e impide que el alma se hunda en la molicie.

La Penitencia nos arranca del fango,

y nos dispara en el vuelo hacia el encuentro del Amor.

La Penitencia es un secreto entre el alma y Dios,

consumado por amor a Él, a los hermanos y hacia nosotros mismos,

para que el espíritu vuelva a ser rey.

Es la muralla que protege la castidad.

Desarma la Justicia de Dios y la convierte en Gracias.

Purifica las almas; apaga el fuego del Purgatorio;

En el INFIERNO, EL REINO DEL ODIO están peor, los demonios desquitan su Odio y se sufre el Calvario de Jesús,  CON TODO EL RIGOR DE LA JUSTICIA DIVINA

eleva el alma de la Tierra

Y ES LA COOPERACIÓN A LA REDENCIÓN:

PORQUE LA PENITENCIA Y EL SACRIFICIO,

ARRANCAN LAS ALMAS A SATANÁS.

La penitencia es la humillación que le infiltra el hombre a sus bajezas y miserias:

ES TRABAJAR PARA DERRIBAR EL “YO”

Se debe pedir a Dios, a través de una vida de Penitencia

que nos lave de tanta humanidad

y que nuestro corazón arda, por el celo de Dios y de las almas.

Y que nos convierta en carbones encendidos por la Caridad.

Y si no sabemos imponernos penitencias,

hay que aceptar aquella de la vida que no es plena,

¡Aceptemos la TRIBULACIÓN, COMO CRISOL! ¡Y demos gracias enmedio de las lágrimas!

diciendo:

‘Si esta pena viene de Dios, hágase señor tu Voluntad.’

Si viene de un pobre hermano cautivo:

‘Padre, yo te la ofrezco para que tú lo perdones y él se redima.’

Cuando se hace así,

todo es puro y entonces se alcanza la pureza del Corazón

que lo convierte en Trono de Dios.

Y aún el más perfecto de los penitentes,

arrastra en su sacrificio escorias de imperfecciones humanas,

de Odios, de Egoísmos…

Y Jesús enseñó que por más que ayunemos con la boca;

si después no se ayuna con el corazón

dejando de perjudicar con las obras, con las palabras,

y hasta con el pensamiento, al prójimo;

le resulta detestable nuestro ayuno, que da muerte a nuestra alma.

Porque las prácticas sin la caridad,

sólo pavimentan el camino para el infierno…

La Penitencia que le agrada a Dios, sólo la conoce Dios.

Es mejor pasar por inmortificados a los ojos del mundo…

y de esta manera la practicamos con la pureza de corazón necesaria.

“Bienaventurados los limpios de corazón…”

8. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Mateo 5

La Penitencia abre los ojos del espíritu.

Los ojos del espíritu ‘ven’ las sublimes visiones

y ellas anulan la sensibilidad corporal.

ES LO QUE NOS AYUDA A SOPORTAR

LOS HORRENDOS SUPLICIOS SONRIENDO.

EL ÉXTASIS

ANULA LA SENSIBILIDAD DOLORÍFICA.

Cuando alcanzamos la perfección en el amor,

podemos ver con su perfección,

la Perfección de Dios sin velos y con una verdadera anulación,

lo material desaparece.

La alegría de la visión, suprime la miseria de la carne sensible al sufrimiento.

SIGLO XXI, y Odio de ISIS

Y empezamos a gozar del Paraíso.

La Penitencia no mata más que lo que va a morir.

No debe haber temor por el cuerpo al que se debe amar poquísimo:

sólo como se ama y se cuida un vestido,

que tarde o temprano se vuelve inservible.

Los cilicios y las disciplinas no son las que matan.

Los penitentes no mueren de esto.

Mueren por la Caridad que los consume

y que arde en ellos como un horno.

Porque la hoguera del amor consume más de lo que destruye la austeridad.

La Penitencia purifica el cuerpo y el alma.

El ayuno corporal, purifica los sentidos

y es una reparación por los que aman la carne, como la cosa más preciosa

y solamente buscan la felicidad en los placeres sensuales y materiales.

El ayuno es una tremenda fuerza de oposición

contra los males con los que Satanás inunda las almas;

porque no solo de pan vive el hombre.

La Penitencia se ejerce con el control de las pasiones

y la mortificación de los sentidos,

controlando la lengua y guardando silencio exterior e interior.

Huyendo de la murmuración y el descontento;

de los chismes y la fácil tentación del juicio y la condena.

La Penitencia es sufrimiento para el cuerpo y luz para el espíritu.

Fortifica la debilidad y alcanza las gracias de Dios.

Con la Penitencia se preparan los caminos

y caen las cadenas de la esclavitud y el Pecado.

La Penitencia nos ayuda a vencer las tentaciones

1. Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.

y a vencer a Satanás en los corazones que se desea redimir.

PORQUE CIERTOS DEMONIOS SE VENCEN

SÓLO CON LA ORACIÓN Y LA MORTIFICACIÓN

CON LA PENITENCIA SE ENCIENDE EL AMOR

EN LOS CORAZONES APAGADOS

Los hombres no saben cuántas lágrimas; cuantos dolores; cuantas penitencias;

cuantos sacrificios; son el precio de su existencia.

Creen tener la vida por la madre que los ha engendrado

y por el padre que les ha dado el pan. 

Esto es verdad, si se calcula con la medida de los brutos,

que así tienen la vida.

Pero la Verdadera Vida para darles tiempo para convertirse,

ES OBRA DE LAS ALMAS VÍCTIMAS

Cuando nos crucificamos y Dios nos convierte en corredentores, somos pararrayos de la Justicia Divina… Y nuestra intercesión, ES PODEROSÍSIMA…

Muchos no mueren eternamente por estos héroes, para ellos desconocidos,

que metiéndose entre los hombres y Dios,

con los brazos levantados trasfieren hacia sí mismos;

como si fueran un pararrayos,

los castigos divinos.

Y les trasfunden un poco de la sangre espiritual, que es sangre de Gracia,

que circula en le Gran Cuerpo Místico,

A LOS QUE SE ESTÁN DESVANECIDOS

POR LAS ENFERMEDADES MORALES.

Pero todo esto lo hacen a través del tamiz de su yo sacrificado

y es como se filtra este bien a los malvados.

La Tierra tiene mucha necesidad de Penitencia,

para que los débiles puedan tener fuerzas para resistir a Satanás.

Y aún el más perfecto de los penitentes,

arrastra en su sacrificio escorias de imperfecciones humanas, de odios, de egoísmos…

la Penitencia; al tener subyugado al pólipo que lo humano, lleva adherido en su fondo;

confiere luz y agilidad al espíritu.

La penitencia nos arranca de la carnalidad

y nos lanza como bólidos al encuentro del Amor.

La Penitencia debe siempre precederlo todo

porque es la que amerita las alegrías.

Toda visión nace de una precedente penitencia

Y CADA PENITENCIA ABRE EL CAMINO,

PARA LA MÁS ALTA CONTEMPLACIÓN.

Sacrificio. Sacrificio. Sacrificio.

Debe ser nuestra vida, nuestra fuerza, nuestra gloria.

En la Tierra el Amor de Jesús DOSIFICA nuestro calvario, Y ÉL ES EL CIRENEO que nos ayuda a recorrer el Camino…

Sólo cuando las almas se adormecen en Dios,

ES CUANDO DEJAN DE SER HOSTIAS,

PARA CONVERTIRSE EN DIOSES.

SU VIDA ES UN TOTAL

SACERDOCIO.

El Pensamiento del Crucificado,

¡Qué ligeras hace todas las penitencias del cuerpo y los dolores internos!

A Dios se le encuentra en la Cruz

y la misión es ser un reflejo de Jesús Crucificado.

LAS ALMAS VÍCTIMAS SON

LOS GIGANTES DEL AMOR.

Expían por amor de los hermanos,

Los pequeños “Cristos”, las ALMAS VÍCTIMAS Y CORREDENTORAS

y esto es amor del prójimo llevado hasta el Heroísmo.

Se ofrece al Dios Ofendido al que le brinda consuelo por la ofensa recibida

y esto es Amor de Dios llevado hasta el Heroísmo.

El Amor es el Sacrificador Eterno.

El que inmoló al Dios hecho Carne y…

329 APÓSTOL Y VÍCTIMA


329 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Jesús va con Simón Zelote y Margziam hasta una casa en Caná de Galilea

Los acoge una casa pobre,

con una abuelita rodeada de un buen pelotón de niños de diez a dos años apenas.

La casa está en medio de unas parcelas poco cuidadas, muchas de ellas convertidas de nuevo

en prados, en que se yerguen algunos árboles frutales.  

Jesús saluda:

–        La paz a ti, Juana.

¿Va mejor hoy?

¿Han venido a ayudarte?

La mujer contesta:

–        Sí, Maestro y Jesús.

Y me han dicho que volverán para sembrar.

Nacerá con retraso, pero me han dicho que sí que nacerá todavía.

–         Nacerá, sin duda.

Lo que sería milagro de la tierra y de la semilla se convertirá en milagro de Dios;

por tanto, milagro perfecto.

Tus campos serán los más hermosos de esta región.

Y estos pajaritos que te circundan tendrán grano abundante para sus bocas.

No llores más.

El año que viene irá ya mucho mejor.

Pero Yo te seguiré ayudando.

O mejor, te ayudará una mujer que tiene tu mismo nombre y que nunca se sacia de ser buena.

Mira, esto es para ti.

Con esto podrás salir adelante hasta la cosecha.

La anciana toma bolsa y mano de Jesús juntas.

Y besa esta mano llorando.

Luego pregunta:

–        Dime, Señor,

¿Quién es esta criatura buena, para que yo diga su nombre al Señor?

–       Una discípula mía y hermana tuya.

Su nombre lo conocemos Yo y el Padre de los Cielos.

–        ¡Oh, eres Tú!…

–        Yo soy pobre, Juana.

Doy cuanto me dan.

Lo único mío que puedo dar es el milagro.

Siento no haber tenido antes noticia de tu desventura.

Nada más decírmelo Susana, he venido.

Tarde ya.

Pero así resplandecerá más la obra de Dios.

–        ¡Tarde!

Sí. ¡Tarde!

¡La guadaña de la muerte, lo hizo muy rápida aquí!

Y se ha llevado a los jóvenes.

No a mí, que ya no sirvo; no a éstos, que todavía no sirven.

Se llevó a los que podían trabajar.

¡Maldita luna de Elul, cargada de malignos influjos!

–        No maldigas al planeta; que no tiene nada que ver…

¿Son buenos estos niños?

Venid aquí.

¿Veis?

Éste también es un niño sin padre ni madre.

Y ni siquiera puede vivir con su abuelo.

Pero Dios no lo abandona de todas formas.

Y no lo abandonará mientras sea bueno. ¿Verdad, Margziam?

Margziam asiente y habla a los pequeños,

por edad más pequeños que él; aunque algunos le sacan un buen tramo de estatura, 

ya que han hecho círculo en torno a él.

Dice:

–        ¡Oh, es verdad que Dios no abandona!

Yo lo puedo decir.

Mi abuelo rezó por mí.

Y, sin duda, también mi madre y mi padre desde la otra vida.

Y Dios ha escuchado esas oraciones, porque es muy Bueno y siempre escucha las oraciones de

los justos, estén vivos o hayan muerto ya.

Por vosotros, sin duda, han orado vuestros muertos.

Y esta abuelita tan hermosa.

¿La queréis?  

Los niños, como una bandada de pajaritos,

responden con un coro:

–        Sí, sí…

Los piídos de la huérfana nidada se alzan entusiastas.

Jesús calla para escuchar el coloquio de su pequeño discípulo y de los huerfanitos.  

Margziam continúa:

–        Hacéis bien.

No se debe hacer llorar a los ancianos.

No se debe hacer llorar a nadie, porque quien causa dolor al prójimo causa dolor a Dios.

¡Pues mucho menos a los ancianos!

El Maestro trata bien a todos.

Bueno, pues con los ancianos, como con los niños, es todo caricias.

Porque los niños son inocentes y los ancianos sufren.

¡Han llorado ya mucho!

¡Hay que quererlos el doble, el triple, diez veces más;

por todos los que no los quieren ya.

Jesús dice siempre que quien no honra al anciano, como quien maltrata al niño;

es doblemente malo.

Porque los ancianos y los niños no se pueden defender.

Por tanto, sed buenos con vuestra anciana madre.

Uno de los más grandecitos, 

dice:

–        Yo alguna vez no la ayudo… 

–        ¿Por qué?

¡Comes el pan que ella te ofrece con su trabajo!

¿No sientes en el pan, el sabor del llanto cuando la entristeces?

¿Y tú, mujer… (la mujer tendrá al máximo diez años y es una criatura muy menudita y pálida),

la ayudas?

Sus hermanitos dicen en coro:

–        ¡Raquel es buena!

Se queda despierta hasta tarde, para hilar la poca lana y el poco estambre que tenemos.

Y se ha enfermado con las fiebres por trabajar en el campo, preparando las tierras para la

simiente cuando nuestro padre se estaba muriendo.

–       Dios te premiará – dice serio Marziam.  

Raquel dice:

–        Ya me ha premiado confortando a la abuela.

Jesús interviene:

–        ¿No pides nada más?

–        No, Señor.

–       ¿Pero estás curada?

—       No, Señor.

Pero no importa.

Ahora, aunque me muera, la abuela está socorrida.

Antes me apenaba morir porque la ayudaba.

–        Pero la muerte es fea, niña…

–        Dios, de la misma forma que me ayuda mientras vivo, me ayudará cuando muera.

Iré con mi mamá..

¡No llores, abuela!

También te quiero a ti, amor.

No lo volveré a decir, si te hace llorar.

Es más, si quieres, le diré al Señor que me cure…

No llores, mamaíta mía… – y abraza a la ancianita desolada.  

Margziam suplica:

–        Cúrala, Señor.

A mi abuelo lo hiciste feliz, por mí.

Haz feliz a esta anciana, ahora.  

Jesús dice con seriedad:

–        Las gracias se obtienen con sacrificio.

¿Qué sacrificio haces para obtenerla?  

Margziam piensa…

Busca la cosa cuya renuncia es más penosa…

Luego sonríe:

–        No tomaré miel durante toda una luna.

–        ¡Poco!

La de Kisléu está ya muy avanzada…

–        Digo luna para decir cuatro fases.

Y… fíjate… que en estos días está la fiesta de las Luces y los bollos de miel…

–        Es verdad.

Bien, pues entonces Raquel sanará por mérito tuyo.

–        Ahora vámonos.

Adiós, Juana.

Antes de mi partida volveré.

Adiós, Raquel, y tú, Tobiolo.

Sé siempre bueno.

Adiós a todos vosotros, pequeños.

Quede con vosotros mi bendición y en vosotros mi paz.

Salen, seguidos de las bendiciones de la anciana y de los niños.

Margziam, habiendo terminado de ser “apóstol y víctima”;

se pone a saltar como un cabritillo corriendo adelante.

Simón observa sonriendo:

–        Su primera predicación y su primer sacrificio.

Promete, ¿No te parece, Maestro?

–        Sí.

Pero ya ha predicado otras veces.

También a Judas de Simón…

–        …Al cual parece que el Señor le habla a través de los niños…

Quizás para impedir venganzas por parte de él…

–        Venganzas no…

No creo que llegue a tanto.

Pero sí reacciones turbulentas.

Quien merece reproche no ama la verdad…

Y a pesar de todo hay que decirla…

Jesús suspira.

Simón lo observa.

Luego pregunta:

–        Maestro, dime la verdad.

Lo has apartado.

Y has tomado la decisión de mandar a todos a casa para las Encenias,

para impedir que Judas esté ahora en Galilea.

No te pregunto ni quiero que me digas por qué es conveniente que el hombre de Keriot

no esté entre nosotros.

Me basta con saber si he acertado.

Todos pensamos esto, ¿sabes?

El mismo Tomás.

Y me ha dicho:

“Yo voy sin poner objeciones, porque comprendo que detrás hay un motivo serio”.

Y ha añadido: “Y el Maestro hace bien así.

Demasiados Nahum, Sadoq, Yocanán y Eleazar en las amistades de Judas…”.

¡Tomás no es estúpido!

Ni tampoco malo, si bien es muy hombre.

En su afecto por Ti es muy sincero…

–        Lo sé.

Y es verdad lo que habéis pensado.

Pronto conoceréis el motivo…

–        No te lo preguntamos.

–        Pero tendré que pediros ayuda y os lo tendré que decir.

Vuelve Margziam corriendo:

–        Maestro, allí, donde termina el sendero en el camino, está tu primo Simón;

todo sudado, como si hubiera corrido mucho.

Me ha preguntado:

“¿Dónde está Jesús?”.

He respondido: “Viene detrás, con Simón Zelote”.

Me ha dicho: “¿Pasa por aquí?”.“Sí, sí” he respondido.

“Pasa por aquí de regreso a casa, a menos que no haga como los pájaros, que vuelan

y van por todas partes para volver al nido.

¿Quieres verlo?” he preguntado yo también.

Tu hermano se ha quedado indeciso.

Pero quiere verte, estoy seguro.  

Simón dice:

–        Maestro, ha visto ya a su mujer…

Vamos a hacer esto:

yo y Margziam te dejamos libre;

damos la vuelta por detrás de Nazaret.

Total… no tenemos prisa en llegar…

Y Tú vas por el camino normal.

–        Sí.

Gracias, Simón. Adiós a los dos.

Se separan.

Jesús acelera el paso hacia el camino principal.

Ya se ve a Simón, jadeante y secándose el sudor, apoyado en un tronco.

En cuanto ve a Jesús, levanta los brazos…

Pero luego los deja caer de nuevo y baja la cabeza descorazonado.

Jesús llega adonde él, le pone una mano en un hombro,

y le dice:

–        ¿Qué quieres de mí, Simón?

¿Hacerme feliz con una palabra tuya de amor, que desde hace muchos días espero?

Simón baja más la cabeza,

y calla…

–        Dime, entonces.

¿Soy un extraño para ti?

No, la verdad es que sigues siendo mi buen hermano Simón.

y Yo, para ti, el pequeño Jesús que llevabas en brazos, no sin esfuerzo, pero con mucho amor,

cando volvimos a Nazaret.

El hombre se tapa el rostro con las manos y se desliza al suelo de rodillas,

gimiendo:

–        ¡Oh, mi Jesús!

Soy yo el culpable, pero ya he recibido suficiente castigo…

–        Vamos, ¡Levántate!

¡Somos parientes!

Vamos, ¿Qué quieres?

–        ¡Mi hijo! Está…

Y el llanto no le permite seguir.

–        ¿Tu hijo?

Sí… ¿Qué?

–        Está agonizando.

Con él muere también el amor de Salomé…

Yo me quedo con dos remordimientos: haber perdido a mi hijo y a mi mujer juntos…

Esta noche he creído que ya hubiera muerto verdaderamente.

Ella me parecía una hiena.

Me gritaba a la cara: “¡Asesino de tu hijo!”.

He suplicado que no sucediera, jurándome a mí mismo ir a Ti, si el niño se recobraba;

aun a costa de ser rechazado -que por lo demás me lo merezco -, para manifestarte esto:

que solamente Tú puedes impedir mi desventura.

A la aurora el niño se ha recobrado un poco…

He salido inmediatamente de mi casa, hacia la tuya, por detrás de la ciudad para no encontrar obstáculos…

He llamado.

María me ha abierto y se ha asombrado.

Habría podido tratarme mal.

Y, sin embargo, no ha dicho sino: “¿Qué te sucede, pobre Simón?”.

Y me ha acariciado como si fuera todavía un niño…

Esto me ha hecho llorar mucho.

La soberbia y la vacilación han terminado así.

No puede ser verdad lo que nos dijo Judas, tu apóstol; no mi hermano.

Esto a María no se lo he dicho, pero me lo digo a mí mismo, dándome golpes de pecho

y diciéndome a mí mismo todo tipo de injuria, desde aquel momento.

A ella le he dicho: “¿Está Jesús?

Es por Alfeo.

Se me está muriendo…”.

María me ha dicho:

“¡Corre! Está hacia Caná, con el niño y un apóstol.

Por el camino que va a Caná.

Pero date prisa.

Ha salido al alba.

Estará para volver.

Oraré para que lo encuentres”.

¡Ninguna palabra de reprensión, ni siquiera una, para mí, que tantas merezco!

–        Yo tampoco te reprendo;

sino que te abro los brazos para…

–        ¡Ay! ¡Para decirme que Alfeo ha muerto!…

–        No.

Para decirte que te quiero.

–       ¡Ven, entonces!

¡Pronto! ¡Pronto!…

–        No.

No hace falta.

–       ¿No vienes?

¡Ah, ¿No perdonas?!

¿O es que Alfeo ha muerto?

Pero, aunque hubiera muerto,

¡Jesús, Jesús, Jesús, Tú que resucitas a los muertos, rescátame a mi criatura!

¡Jesús bueno!… ¡Jesús santo!…

¡Jesús al que yo he abandonado!…

¡Oh, Jesús, Jesús, Jesús!…

El llanto del hombre llena el camino solitario.

Y de rodillas nuevamente, convulso, soba la túnica de Jesús o le besa los pies;

atormentado por el dolor, por el remordimiento, por el amor paterno…

Jesús le pregunta:

–        ¿No has pasado por casa antes de venir aquí?

–        No.

He venido corriendo hasta aquí como un loco…

¿Por qué?

¿Hay algún otro dolor?

¿Salomé ha huido?

¿Se ha vuelto loca?

Lo parecía ya esta noche…

–      Salomé me ha hablado.

Ha llorado. Ha creído.

Ve a casa, Simón.

Tu hijo está curado.

–        ¡Tú!…

¡Tú! ¡¿Tú has hecho esto, por mí, que te he ofendido creyendo a esa serpiente?!

¡Señor, no soy digno de tanto!

¡Perdón! ¡Perdón! ¡Perdón!

Dime qué quieres que haga para reparar, para decirte que te amo, para convencerte de que

sufría mostrándome falto de cordialidad;

para decirte que desde que estás aquí, incluso antes de que Alfeo se pusiera tan enfermo,

¡Deseaba hablar contigo!…

Pero… Pero…

–        Déjalo.

Son cosas pasadas.

Yo ya no me acuerdo de ellas.

Haz tú lo mismo.

Y olvida también las palabras de Judas de Keriot.

Es un muchacho.

De ti quiero solamente esto:

que tú, ni ahora ni nunca, digas esas palabras a mis discípulos, a mis apóstoles…

Y menos que a nadie, a mi Madre.

Esto solamente.

Ahora, Simón, ve a tu casa.

Ve. Queda en paz…

No te demores en gozar de la alegría que llena tu hogar. Ve.

Lo besa y lo empuja dulcemente hacia Nazareth.

–        ¿No vienes conmigo?

–        Te espero en mi casa, con Salomé y Alfeo.

Ve. Y recuerda que es por tu mujer, que ha sabido creer sólo en la verdad

por quien tienes la alegría presente.

Por ella.

–        Quieres decir que a mí…

–        No.

Quiero decir que he sabido percibir el arrepentimiento en ti.

Y el arrepentimiento te ha venido por el grito acusador de ella…

¡Verdaderamente Dios grita por la boca de los buenos, reprende, y aconseja!…

Y he visto la fe humilde y fuerte de Salomé.

Ve, te digo.

No tardes más en decirle “gracias”.

Casi lo empuja rudamente para convencerlo de que se marche.

Y cuando Simón por fin se marcha, lo bendice…

Luego menea la cabeza, en un mudo soliloquio…

Y lentas lágrimas descienden por el rostro quebrado…

Una sola palabra da la dirección de su pensamiento: ¡Judas!…

Se encamina hacia casa por el mismo camino que había tomado el Zelote,

detrás del límite de la ciudad.