337 LAS FLORES TRIUNFALES DEL SALVADOR


337 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

AL día siguiente, perseguidos por un tiempo lluvioso y frío, que dificulta la marcha,

reanudan el viaje por el mismo camino, el único de este pueblo,

que parece un nido de águila en la cima de un pico solitario.

Tiene que bajar del carro también Juan de Endor,

porque el camino cuesta abajo, es todavía más peligroso que cuesta arriba,

Y aunque el burro por sí solo no correría peligro, el peso del carro,

fuertemente empujado hacia adelante por el desnivel,

hace que el pobre animal vaya muy mal.

Como van también mal sus conductores, que hoy tienen que sudar no ya para empuja;

sino para retener el vehículo, que podría despeñarse, provocando alguna desgracia. 

O por lo menos, pérdida de la carga.

El camino es así, horrible hasta llegar a un tercio, aproximadamente, de su longitud

(el último tercio respecto al valle).

Y se bifurca: un ramal, más cómodo y llano que va hacia el oeste.

Se paran a descansar y se secan el sudor.

Pedro premia al borrico que tiembla todo, de jadeo y que sacude las orejas resoplando,

ciertamente absorto en una profunda meditación, sobre la dolorosa condición de los asnos

y sobre los caprichos de los hombres que escogen estos caminos.

Al menos también Simón de Jonás atribuye a estas consideraciones,

la expresión pensativa del animal.

Y para subirle los ánimos, le cuelga al cuello una saca de habas forrajeras.

Mientras el asno quebranta el duro alimento con ávido placer,

también los hombres comen pan, queso y beben la leche de que sus odres están llenos.

Termina la comida.

Pero Pedro quiere dar de beber al asno,

mientras comenta:

–       «Mi Antonio, que merece los honores más que César» 

Y va con un cubo que tiene en el carro, a sacar agua a un torrente cercano,

que discurre hacia el mar

Jesús dice: .

–        Ahora podemos reanudar la marcha…

Iremos incluso al trote, porque pienso que detrás de aquel collado es todo llanura…

Los apóstoles objetan:

–        Pero nosotros no podemos trotar.

De todas formas, caminaremos ligero.

Pedro llama:

–        ¡Vamos, Juan y tú, mujer, montad y vamos!

Jesús en cuanto suben los dos;

dice

–        Yo también subo, Simón.

Y guío Yo.

Todos los demás seguidnos…

Pedro pregunta:

–        ¿Por qué?

¿Te encuentras mal

¡Estás muy pálido!…

–        No, Simón.

Quiero hablar a solas con ellos… 

Y señala a los dos que, como Él, están pálidos también;

intuyendo que ha llegado el momento del adiós.

Pedro concede:

–        Ah! Bien.

Sube, sube.

Nosotros te seguimos.  

Y Pedro se agrega al grupo de los apóstoles caminantes.

Mientras Jesús se sienta en la tabla que sirve de asiento, para el conductor,

y dice:

–        Ven aquí a mi lado, Juan.

Y tú, Síntica, acércate…

Juan se sienta a la izquierda del Señor.

Síntica a sus pies, casi en el borde del carro, de espaldas al camino;

con la cara levantada hacia Jesús.

Colocada así, sentada sobre los talones, relajada como si soportara un peso agotador;

abandonadas las manos en su regazo y unidas para mantenerlas quietas, porque tiemblan;

Se le ve la cara cansada, sus bellísimos ojos de color negro-violeta

están como empañados por el mucho llanto vertido; bajo la sombra de su velo y su manto;

muy cubierta con ambos, parece una Piedad desolada.

¡Y Juan…!

El pobre y penitente Juan de Endor…

Pareciera que si al final del camino le esperara el patíbulo, estaría menos turbado.

El asno se pone al paso, tan obediente y juicioso, que no obliga a su nuevo conductor,

a una estrecha vigilancia. 

Y Jesús aprovecha de ello, para abandonar las riendas y tomar la mano de Juan;

poniendo la otra en la cabeza de Síntica.

Diciendo:

–        Hijos míos, os agradezco toda la alegría que me habéis procurado.

Este año ha estado para Mí, tachonado de flores de alegría;

porque he podido tomar vuestras almas,

y ponérmelas delante, para no ver las cosas feas del mundo.

Y perfumarme el aire viciado por el pecado del mundo,

e infundirme dulzura y confirmarme, en la esperanza de que mi Misión no es inútil.

Margziam, tú, Juan mío; Hermasteo, tú, Síntica; María de Lázaro, Alejandro Misax y otros más…

Sóis las flores triunfales del Salvador, al que sólo sienten como tal, los rectos de corazón…

¿Por qué meneas la cabeza, Juan?

–        Porque eres Bueno y me pones entre los rectos de corazón.

Pero yo siempre tengo en mi pensamiento mi pecado…

–      Tu pecado es el fruto de una carne azuzada, por dos malvados.

Tu rectitud de corazón es el substrato de tu yo honesto, deseoso de cosas honestas;

desgraciado, porque estas cosas te fueron arrebatadas por la muerte o la maldad;

mas no por ello menos vivo aun, bajo el cúmulo de tanto dolor.

Fue suficiente que la Voz del Salvador se filtrara en las profundidades,

donde tu yo se marchitaba;

para que saltaras y te pusieras en pie,

Liberándote de todo peso, para venir a Mí. ¿No es así?

Pues entonces eres recto de corazón; mucho;

mucho más recto que otros que no tienen tu pecado,

pero que tienen otros mucho peores; porque son pecados meditado…

Y conservados vivos, obstinadamente…

Benditos seáis pues, mis Flores de mi triunfo de Salvador;

en este mundo,  tardo en comprender y enemigo, que da de beber amargura…

y aversión al Salvador.

Habéis representado el amor. ¡Gracias!

En las horas más penosas que he vivido este año;

os he tenido presentes, para recibir de vosotros consuelo y apoyo.

En las horas más penosas que viviré, os tendré todavía más presentes.

Hasta la muerte.

Y estaréis conmigo eternamente.

Os lo prometo.

Os confío mis más estimados intereses…

O sea, la preparación de mi Iglesia de Asia Menor.

Allí no puedo ir, porque aquí en Palestina, está mi lugar de misión.

Y porque la mentalidad reaccionaria de los importantes de Israel;

me perjudicaría con todos los medios, si fuera a otro lugar distinto.

¡Ya quisiera tener otros Juanes y otras Sínticas, para otros países!

¡De modo que mis apóstoles encontraran arada la Tierra para esparcir la semilla,

en la Hora que ha de llegar!

Sed dulces y pacientes. Y al mismo tiempo fuertes, para penetrar y soportar.

Encontraréis cerrazón y escarnio.

No os descorazonéis por ello.

Pensad esto: “Comemos el mismo pan y bebemos el mismo cáliz que bebe nuestro Jesús”.

No sois más que vuestro Maestro y no podéis pretender mejor suerte que la suya.

La mejor suerte es ésta: compartir lo que es del Maestro.

Doy una sola orden: que no os desaniméis;

 que no pretendáis daros una respuesta acerca de esta lejanía;

que no es un destierro, como quiere pensar Juan,

sino que es antes al contrario;

un poneros a las puertas de la Patria antes que a todos los demás

como a siervos más formados que ningún otro.

El Cielo desciende para vosotros, como materno velo…

Y el Rey de los Cielos ya os acoge en su seno, os protege bajo sus alas de luz y amor,

como a los primogénitos de la inconmensurable nidada, de los siervos de Dios;

del Verbo de Dios;

que en Nombre del Padre y del eterno Espíritu, os bendice para ahora y para siempre.

Y orad por Mí, el Hijo del hombre que se está acercando a todas sus torturas de Redentor.

¡Oh, verdaderamente mi Humanidad está para conocer todas las más amargas experiencias,

que van a triturarla!...

Orad por Mí. Tendré necesidad de vuestras oraciones…

Serán caricias…

Serán profesiones de amor…

Serán ayudas, para no llegar a decir:

“La Humanidad está hecha sólo de demonios”…  

(¡Y vaya que sí lo está...!)

–        ¡Adiós, Juan!

Vamos a darnos el beso del adiós…

No llores de ese modo…

Aun a costa de arrancarme jirones de carne, te habría tenido conmigo;

si no hubiera visto todo el bien que esta separación producirá para ti y para Mí.

Eterno bien…

Adiós, Síntica.

Sí, besa si quieres mis manos;

pero piensa que si la diversidad de sexo me veda besarte como a una hermana;

a tu alma sí le doy mi beso fraterno…

Y esperadme, con vuestro espíritu. Iré. 

(Con el Carisma de la Ubicuidad)

Me tendréis cerca de vuestros trabajos y de vuestras almas.

Sí, porque, si bien el amor por el hombre, ha encerrado mi Naturaleza Divina,

en carne mortal; no ha podido limitar su libertad.

Libre soy de ir, como Dios, a quien merece tener consigo a Dios.

Adiós, hijos míos.

El Señor está con vosotros…

Y se deshace del abrazo convulso de Juan, que circunda con fuerza sus espaldas.

Y de Síntica, que se ha agarrado a sus rodillas.

Y salta del carro. hace un gesto de saludo a sus apóstoles,.

Y se echa a correr por el camino ya recorrido;

rápido como ciervo perseguido.

E1 asno, al sentir caer del todo las riendas, que antes estaban encima de las rodillas de Jesús;

se ha detenido del todo.

Y también, están atónitos los ocho apóstoles;

mirando al Maestro que se aleja cada vez más.  

Juan de Zebedeo,

susurra:

–        Lloraba… 

Santiago de Alfeo, en voz baja,

agrega:

–        Y estaba pálido como un muerto… 

Santiago de Zebedeo, observa:

–        Ni siquiera ha tomado su talego…

Ahí está en el carro… 

Mateo pregunta:

–       ¿Y ahora cómo se las va a componer?

Tadeo lanza toda su poderosa voz,

llamándolo:

–        ¡Jesús!  ¡Jesús!  ¡Jesús!…

Pero un recodo del camino absorbe dentro del verde de sus plantas al Maestro;

sin que Él se vuelva siquiera a mirar a quién lo llama…

–       Se ha marchado…

Pedro está desolado.

Y lo manifiesta su voz:

–       Lo único que podemos hacer…

Es ponernos en marcha también nosotros… –

Mientras se sube al carro y agarra las riendas, para arrear al burro.

Y el carro se pone en camino, con su chirrido;

acompañado del rítmico sonido de los cascos herrados…

Y del angustioso llanto de los dos que, abatidos en el fondo del carro,

gimen amargamente:

–       No lo volveremos a ver:

–       Nunca, nunca…

Nota importante:

Se les suplica incluir en sus oraciones a una ovejita que necesita una cirugía ocular,

para no perder la vista.

Y a un corderito, de nuestro grupo de oración, un padre de familia joven,

que necesita una prótesis de cadera, para poder seguir trabajando por ellos.

¡Que Dios N.S. les pague vuestra caridad….!

Y quién de vosotros quiera ayudarnos,

aportando una donación económica; para este propósito,

podrán hacerlo a través de éste link

https://paypal.me/cronicadeunatraicion?locale.x=es_XC

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