Archivos diarios: 12/09/21

344 CAMINO A ANTIOQUÍA


344 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

En efecto, por un lado del patio viene el carro.

Un carro sólido al que está unido un robusto caballo guiado por el hospedero;

por el otro, vienen hacia ellos los dos discípulos.

Síntica, pregunta: 

–        ¿Es hora de marcharnos? 

Pedro responde: 

–        Sí. Es la hora.

¿Estás cubierto bien, Juan?

¿Van mejor tus dolores?

–         Sí.

Estoy envuelto en lana y la unción con el ungüento me ha hecho bien

¿Por qué el bálsamo de María no surte el mismo efecto en Juan de Endor,

sanándolo milagrosamente;

como sucede en el marinero griego del barco de Nicómedes el cretense?

Porque los milagros son signos, para CONVERTIR, -resucitar espiritualmente- a los paganos. 

Sabemos que vivimos en un mundo gobernado por el Maligno;  

Y esto debería hacernos reflexionar muchas cosas...

En el mundo actual, hasta los católicos que asisten regularmente a la iglesia

Cumplen con TODOS los rituales, sin faltar a ninguno.

Y se sienten católicos perfectos…  

Cuando lo reflexionamos a la luz espiritual del Espíritu Santo

¡SON PAGANOS!

¿Qué nombre tiene lo que ocupa mis pensamientos la mayor parte del tiempo? Es el nombre de mi ídolo…

En la siguiente entrega del “exorcista privilegiado”, entenderán mejor esto…

Y también entenderán el porqué del desprecio de los hebreos hacia los paganos…

Los milagros NO SE HICIERON para proporcionarnos COMODIDAD a los corredentores;

son una “ayuda” de nuestro  evangelizador.

Juan de Endor, como víctima expiatoria, DEBE sufrir el destino que él mismo eligió…

También las enfermedades, son parte de nuestro destino expiatorio...

Pero esto jamás debemos verlo con un criterio miope y derrotista…

Nuestro privilegio como CORREDENTORES es que somos guerreros privilegiados,

que PODEMOS INFLIGIR un daño catastrófico a las hordas y las fortificaciones

del ANTICRISTO…

Señor, te entrego mis sufrimientos, UNIDOS al de tu hijo santísimo Jesucristo en la Cruz  para que sean destruídos los planes del Anticristo….

Pedro dice: 

–        Entonces sube;

que ahora subimos también nosotros.

.Y ultimada la carga, todos ya en el carro, salen por la amplia puerta,

después de repetidos aseguramientos del hospedero de que e1 caballo es dócil.

Cruzan una plaza que les ha sido indicada.

Y entran por una calle que bordea los muros de la ciudad, hasta que salen por una puerta;

después siguen el curso de un profundo canal y luego el propio río.

Es un camino bonito y bien mantenido, que va en dirección norte-este,

pero siguiendo los meandros del río.

Por el otro lado hay montes muy verdes, con sus pendientes, sus concavidades, sus barrancas.

Y ya se ven en los matorrales del monte bajo, en los lugares más expuestos al sol,

llenarse las gemas de mil arbustos. 

Síntica. exclama: 

–        ¡Cuántos arrayanes! 

Mateo añade: 

–       ¡Y laurel! 

Juan de Endor. dice: 

–        Cerca de Antioquía hay un lugar sagrado dedicado a Apolo.

–        Quizás el viento ha traído las semillas hasta aquí…

Zelote dice: 

–        Quizás.

Pero éste es un lugar todo lleno de plantas hermosas. 

Y Juan de Endor preguntya:

–        Tú, que has estado aquí,

¿Crees que pasaremos por Dafne?

Para suscitar en los dos discípulos pensamientos consoladores,

Zelote contesta: .

–        Por fuerza.

Veréis uno de los valles más bonitos del mundo.

Aparte del culto obsceno y degenerado en orgías que cada vez son más asquerosas,

es un valle de paraíso terrenal.

Y si en él entra la Fe, se transformará en un paraíso verdadero.

Somos los Apóstoles de los Últimos Tiempos..

¡Cuánto bien podréis hacer aquí!

Os deseo corazones fértiles como fértil es el suelo… – 

Pero Juan agacha la cabeza,

y Síntica suspira.

El caballo trota cadencioso.

Pedro, estando todo centrado en el esfuerzo de guiar

aunque el animal va seguro sin necesidad de guía o estímulo, no habla.

Así que el camino discurre bastante rápidamente.

Llegan a un puente y se detienen para comer y para que el caballo descanse.

El sol está en su zenit y se ve toda la hermosura de la gloriosa naturaleza.

Pedro observando en derredor.,

dice: 

–        De todas formas…

prefiero estar aquí antes que en el mar… 

–        ¡Pero qué tempestad!

Juan muy sonriente,

dice:   

–       El Señor ha orado por nosotros.

Lo he sentido cerca cuando orábamos en el puente de la nave.

Cerca como si estuviera en medio de nosotros… 

–        ¿Y dónde estará?

No estoy tranquilo pensando que no tiene ropa…

¿Y si se moja?

¿Y qué come?

Es capaz de hacer ayuno…

Santiago de Alfeo, dice con seguridad: 

–       Puedes estar convencido de que lo hace, para ayudarnos a nosotros. 

Tadeo agrega:

–       Y también por otros motivos.

Nuestro hermano está muy afligido desde hace un tiempo.

Creo que se mortifica continuamente para vencer al mundo.

Santiago de Zebedeo., corrige: 

–        Querrás decir: al demonio que hay en el mundo.

–        Es lo mismo. 

Andrés suspira:

–        No lo va a conseguir.

Tengo el corazón oprimido por mil miedos… 

No sin aflicción, Juan de Endor., añade: 

–       ¡Ahora que nosotros estarnos lejos, todo irá mejor! 

Tadeo responde resuelto: 

–        No pienses eso.

Tú y ella no erais nada respecto a las “grandes culpas” del Mesías,

según los grandes de Israel. 

Juan de Endor., dice: 

–        ¿Estás seguro?

Yo, dentro de mi sufrimiento, tengo en el corazón también la espina,

de haber sido con mi llegada causa de mal para Jesús.

Si estuviera seguro de que no es así, sufriría menos.  

Tadeo le pregunta:

–        ¿Me crees veraz, Juan?

–        ¡Sí que lo creo!

–        Pues bien, entonces, en nombre de Dios y mío,

te aseguro que tú has dado sólo una sola pena a Jesús:

la de tener que mandarte aquí en misión.

En todas las otras penas suyas, pasadas, presentes y futuras, tú no estás implicado.

La primera sonrisa, después de tantos días de lóbrega melancolía, ilumina el rostro

agobiado de Juan de Endor,

que dice:

–        ¡Qué alivio me das!

El día me parece más luminoso, más ligero mi mal, más consolado el corazón.

¡Gracias, Judas de Alfeo! ¡Gracias!

Vuelven a subir al carro.

Y pasando por el puente, toman la otra orilla del río,

el otro camino, que va derecho hacia Antioquía, a través de una zona fertilísima.

Simón Zelote señalando, explica: 

–        ¡Allí está

En aquel valle poético está Dafne, con su templo y sus bosquecillos.

Y allá, en aquella llanura, se ve Antioquía.

Y sus torres que se alzan sobre las murallas.

Entraremos por la puerta que hay al lado del río.

La casa de Lázaro no está muy lejos de las murallas.

Las casas más bonitas han sido vendidas.

Queda ésta, que fue lugar de parada tanto para el personal de Teófilo como para sus clientes;

con muchas caballerizas y graneros.

Ahora vive en ella Felipe. Un buen viejo.

Un fiel de Lázaro.

Os encontraréis bien.

Y, juntos, iremos a Antigonio, donde estaba la casa en que vivían Euqueria y sus hijos,

que entonces eran niños…

Pedro observa:  

–        Muy fortificada esta ciudad, ¿Eh?-

Que respira tranquilo ahora que ve que su primer intento como auriga ha ido bien.

–        Mucho.

Murallas de altura y anchura grandiosas.

Más de cien torres, que como veis, parecen gigantes enhiestos encima de las murallas.

Y fosos infranqueables al pie de ellas.

El Silpio también contribuye con sus cimas a la defensa.

Y hace de contrafuerte de las murallas en la parte más débil…

Ahí está la puerta.

Es mejor que pares y entres sujetando el bocado.

Yo te guío porque sé el camino…

Pasan la puerta, vigilada por romanos.

Juan apóstol dice:

–        Quién sabe si está aquí ese soldado de la puerta de los Peces…

Jesús se alegraría de saberlo…

Pedro, turbado por la idea de ir a una casa desconocida,

ordena: .

–        Lo buscaremos.

Pero ahora camina raudo.

Juan obedece sin decir nada;

se limita a mirar atentamente a todos los soldados que ve.

Un camino corto, luego una casa sólida y sencilla.

O sea, un alto muro sin ventanas.

Solamente un portal en el centro del muro. 

Zelote dice: 

-.       Aquí es. Para.

–        ¡Anda, Simón, habla tú ahora!

–       ¡Sí, hombre, si ello te agrada, hablo yo!

Y Zelote llama al recio portón.

Simón se presenta como un enviado de Lázaro.

Entra solo.

Sale con un anciano alto y de noble porte, que se prodiga en profundas reverencias.

Y da a uno del servicio, la orden de abrir el portón para permitir entrar al carro;

luego se disculpa por hacerles pasar a todos por esa puerta, en vez de por la puerta de casa.

con cuatro recios plátanos en los cuatro ángulos y otros dos en el centro

que amparan un pozo y un pilón para abrevar a los caballos.

El administrador ordena a su subordinado;

–        Preocúpate del caballo

Y dice a los que recibe como huéspedes:

–       «Por favor, venid.

Bendito sea el Señor, que me manda siervos suyos y amigos de mi jefe.

Ordenad, que vuestro siervo escucha».

Pedro se pone colorado, porque especialmente a él van esas palabras y esas reverencias.

Y no sabe qué decir…

Le ayuda el Zelote.

–        Los discípulos del Mesías de Israel…  

De que te habla Lázaro de Teófilo, que a partir de ahora vivirán en tu casa,

para servir al Señor,

no necesitan sino descansar.

¿Nos enseñas dónde pueden habitar?

–        Siempre tenemos preparadas habitaciones para peregrinos,

como era costumbre de mi ama.

Venid, venid…

Y, seguido por todos, entra en un pasillo y luego en un pequeño patio.

Al final de este patio, está la verdadera casa.

Abre la puerta.

Va por un vestíbulo.

Tuerce a la derecha.

Hay una escalera. Suben.

Otro pasillo con habitaciones a los lados.  

El anciano dice: 

–        Aquí tenéis.

Que sea agradable vuestra permanencia.

Voy a decir que traigan agua y ropa.

Dios sea con vosotros.

Y se marcha.

Abren las contraventanas de las habitaciones que eligen.

Las murallas y fuertes de Antioquía están frente a las ventanas de un lado;

el tranquilo patio adornado de rosales trepadores,

por ahora pobres a causa del período del año en que están, se ve por las del otro lado.

Y, después de tanto caminar, por fin una casa, una habitación, un lecho…

Para algunos, sólo una etapa; para otros… 

Nota importante:

Se les suplica incluir en sus oraciones a una ovejita que necesita una cirugía ocular,

para no perder la vista.

Y a un corderito, de nuestro grupo de oración, un padre de familia joven,

que necesita una prótesis de cadera, para poder seguir trabajando por ellos.

¡Que Dios N.S. les pague vuestra caridad….!

Y quién de vosotros quiera ayudarnos,

aportando una donación económica; para este propósito,

podrán hacerlo a través de éste link

https://paypal.me/cronicadeunatraicion?locale.x=es_XC

19. que nosotros tenemos como segura y sólida ancla de nuestra alma, y = que penetra hasta más allá del velo, =Hebreos 6