345 PEDAGOGOS EN ANTIGONIO


345 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

El anciano Felipe mientras sirve a los huéspedes leche humeante,

dice: .

–       Mi hijo Tolmái ha venido para los mercados.

Hoy, a la sexta, regresa a Antigonio.

El día está templado.

¿Queréis ir, según vuestro deseo? 

Pedro responde:

–        Iremos, seguro.

¿Cuándo has dicho?

–        A la sexta.

Podréis volver mañana, si queréis; o si preferís, en la víspera del sábado, al caer de la tarde, cuando vienen para las funciones del sábado todos los subalternos hebreos

o los que han entrado en la fe.

–        Lo haremos así.

Se podría incluso elegir ese lugar, para que vivieran éstos.

–        Será un placer en todo caso, aunque los pierda.

Porque es un lugar salubre.

Y podríais hacer mucho bien con los subalternos, algunos de los cuales

son todavía los que dejó el amo.

Otros provienen de la bondad de la bendita ama, que los rescató de amos crueles.

Por eso no son todos israelitas.

Pero ahora ya no son tampoco paganos.

Hablo de las mujeres.

Los hombres, todos, están circuncidados.

No sintáis aversión…

Pero están todavía muy lejos de la justicia de Israel.

Los santos del Templo, que son perfectos, se escandalizarían de ellos…

Pedro exclama:

–       ¡Ah, ya!

¡Ya! ¡Ya!…

¡Bueno, bien!

Ahora podrán progresar aspirando sabiduría y bondad de los enviados del Señor…

¿Estáis oyendo cuántas cosas que hacer tenéis aquí? – termina Pedro, dirigiéndose a los dos.

Síntica promete:

–        Lo haremos.

No defraudaremos al Maestro

Y sale para preparar lo que cree oportuno.

Juan de Endor pregunta a Felipe:

–        ¿Piensas que en Antigonio voy a poder hacer un poco de bien,  también a otros,

enseñando como pedagogo?

–        Mucho bien.

El anciano Plauto ha muerto ya hace tres lunas y los niños de los gentiles no tienen escuela.

En cuanto a los hebreos, no hay maestro, porque todos los nuestros huyen de ese lugar

que está cerca de Dafne.

Se necesita uno que sea…

que sea… como era Teófilo…

Sin rigideces para… para…

Pedro concluye expeditivo.

–        Sí, en fin,

sin fariseísmo, quieres decir.

–        Eso… sí…

No quiero criticar…

Pero pienso…

Maldecir no sirve para nada.

Mejor sería ayudar…

Como hacía la ama, que con su sonrisa conducía a la Ley más y mejor, que un rabí.

Juan de Endor exclama:

–        ¡Ahora comprendo por qué me ha enviado aquí el Maestro!

Soy exactamente el hombre con los requisitos precisos…

¡Haré su voluntad!

¡Hasta el último respiro!

Ahora creo, creo con firmeza que es exclusivamente una misión de predilección ésta mía.

Voy a decírselo a Síntica.

Vais a ver como nos quedamos allí..

Voy, voy a decírselo.

Y sale, animado como hacía tiempo no lo estaba.

Pedro exclama:

–        ¡Altísimo Señor, te doy las gracias y te bendigo!

Sufrirá todavía, pero no como antes…

¡Ah, qué alivio! 

Y luego siente el deber de explicar a Felipe un poco, de la forma que puede,

el por qué de su alegría:

«       Debes saber que los…“rígidos” de Israel – tú los llamas “rígidos” – persiguen a Juan.

–        ¡Ah, comprendo!

Perseguido político como… como… – y mira al Zelote.  

Simón confirma:

–        Sí, como yo y más;

por otros motivos también.

Porque, además de por la casta distinta, los irrita por ser del Mesías.

Por lo cual, dicho sea de una vez por todas, él y ella quedan confiados a tu fidelidad…

¿Comprendes?

–        Comprendo.

Y sabré cómo moverme.

–        Ante los demás, ¿Cómo los vas a llamar?

–        Dos pedagogos recomendados por Lázaro de Teófilo,

él para los niños, ella para las niñas.

Veo que tiene bordados y telares…

Gente extranjera hace y vende muchas labores femeninas en Antioquía.

Pero son labores toscas y recargadas

Ayer he visto una labor suya que me ha recordado a la buena ama mía…

Serán labores muy solicitadas…

Pedro dice:

–        Una vez más, alabado sea el Señor.

Judas Tadeo., responde: 

–        Sí.

Esto disminuye en nosotros el dolor de la ya próxima despedida.

–        ¿Ya os queréis marchar?

Y Tadeo explica:

–        Tenemos que marcharnos.

La tormenta nos ha hecho perder tiempo.

Para los primeros días de Sabat tenemos que estar con el Maestro.

Nos está esperando, porque ya vamos con retraso.   

Se separan y va cada uno a sus asuntos:

Felipe a donde lo llama una mujer;

los apóstoles al sol, en la azotea. 

Santiago de Alfeo pregunta: 

–        Podríamos partir el día siguiente del sábado.

¿Qué os parece? 

Todos asienten…

–       ¡Por mí!…

¡Fíjate tú! 

Pedro:   

–       Todos los días me levanto con el tormento de Jesús solo, sin ropa, desatendido,

y todas las noches me acuesto con el mismo tormento.

De todas formas, hoy lo decidimos.

Andrés comenta:

–        Decidme.

¿Creéis que el Maestro sabía todo esto?

Hace días que me pregunto cómo sabía que encontraríamos al cretense;

cómo ha visto con anticipación el trabajo de Juan y Síntica;

cómo, cómo… en definitiva, muchas cosas.  

Zelote dice:

–        Verdaderamente creo que el cretense tiene épocas fijas de estancia en Seleucia.

Quizás Lázaro se lo dijo a Jesús…

Y Él, por ello, decidió la partida sin esperar a la Pascua… 

Santiago de Alfeo. pregunta: 

–        ¡Sí! ¡Eso!

¿Y Juan cómo va a celebrar la Pascua? 

Mateo dice:

–        Pues como todos los israelitas… 

Tadeo dice:

–        No.

Sería caer en la boca del lobo».

-¿Pero qué dices, hombre?

Entre tanta gente, ¿Quién lo va a descubrir?

Pedro dice y corta la frase: 

–       El Iscar…

¡Oh, ya hablé!

No penséis en ello.

Es un capricho de mi mente…

Pedro está colorado, afligido por haber hablado.

Judas Tadeo le pone una mano en el hombro, sonriendo con su sonrisa grave,

y dice:

–        ¡Bueno, hombre!

Todos pensamos lo mismo…

Pero mejor no decírselo a ninguno.

Bendigamos, más bien, al Eterno, que ha desviado la mente de Juan, de este pensamiento.

Todos, abstraídos, guardan silencio.

Pero para ellos, verdaderos israelitas, es una preocupación el cómo va a poder celebrar

la Pascua en Jerusalén, el discípulo exiliado…

Y vuelven sobre el tema. 

Mateo dice:

–        Yo creo que Jesús proveerá.

Quizás Juan lo sabe.

Basta preguntárselo.

Juan suplica:

–        No lo hagáis.

No creéis deseos y espinas donde apenas si se acaba de establecer la paz.

Santiago de Alfeo. confirma: 

–        Sí.

Es mejor preguntárselo al Maestro mismo

Andrés pregunta: 

–       ¿Cuándo lo veremos?

¿Qué pensáis vosotros? 

Santiago de Zebedeo dice: 

–        Si partimos el día siguiente del sábado,

para el final de la luna estaremos seguro en Tolemaida…

Tadeo observa:

–        Si encontramos nave… 

Y su hermano añade:

–        Y si no hay tempestad.

–        Por lo que se refiere a la nave, siempre hay alguna que parte para. Tiro.  

Y pagando, haremos que se haga escala en Tolemaida aunque la nave vaya para Joppe.

Zelote pregunta a Pedro:

–        ¿Tienes todavía?

–       . Contando incluso con que me ha pelado bien ese ladrón del cretense,

a pesar de todas sus declaraciones de querer favorecer a Lázaro.

Pero tengo que pagar la permanencia de la barca y la de Antonio…

Y no toco los denarios que me han dado para Juan y Síntica.

Son sagrados.

Los dejo intactos, a costa incluso de no comer.

Zelote comenta:

–       Haces bien.

Ese hombre está muy enfermo.

Él cree que podrá ejercer la función de pedagogo.

Yo creo que su única función será la de enfermo, pronto… 

Santiago de Zebedeo, confirma: .

–        Sí, también yo creo eso.

Síntica, más que labores, tendrá que hacer ungüentos 

Juan dice admirado:

–        Ese ungüento, ¿Eh?

¡Qué prodigio!

Síntica me ha dicho que quiere hacer más

y usarlo para poder entrar en familias de aquí».

Mateo proclama: 

–       ¡Buena idea!

Un enfermo que se cura es siempre un discípulo conquistado, y con él los suyos

  Pedro exclama: 

      ¡Ah, no, eso no! 

Andrés cuestiona y con él, otros más:

—      ¿Cómo?

¿Quieres decir que el milagro no arrastra hacia el Señor?  

Pedro interroga:

–        Sois unos niñitos!

¡Parece que acabáis de bajar del Cielo!

¿Pero no veis lo que le hacen a Jesús?

¿Se ha convertido Elí de Cafarnaúm

¿Y Doras?

¿Y Oseas de Corazín?

¿Y Melquías de Betsaida?

¿Y – perdonad los de Nazaret

 y toda Nazaret por los cinco, seis, diez milagros cumplidos,

hasta el último, el de vuestro sobrino? 

Ninguno replica, porque es la amarga verdad…

Después de unos minutos de silencio,

Juan dice: 

–        No hemos encontrado todavía al soldado romano.

Jesús ya lo había dado a entender..

Zelote dice: . 

–        Se lo diremos a los que se quedan.

Es más, será otra misión más en su vida.

Vuelve Felipe

diciendo:

–        Mi hijo está ya listo.

Se ha dado prisa.

Está con su madre, que prepara regalos para los nietos.

–        ¿Es buena tu nuera, no?

–        Buena.

Ha sido consuelo mío en la pérdida de mi José.

Es como una hija.

Era sierva de Euqueria. La educó ella.

Venid a reponer fuerzas antes de poneros en marcha.

Los otros ya lo están haciendo…

.Y,precedidos por el carro de Tolmái, nieto de Felipe, trotan hacia Antigonio…

Llegan pronto a esta pequeña ciudad.

Sepultada en la feracidad de sus jardines, protegida de las corrientes por las cadenas de

montes que tiene alrededor; 

suficientemente lejanas para no ahogarla, pero suficientemente cercanas para protegerla

y derramar sobre ella los efluvios de sus bosques de árboles resinosos y esenciales;

toda llena de sol, alegra la vista y el corazón con sólo cruzarla.

Los jardines de Lázaro están al sur de la ciudad.

Están precedidos por un paseo, por ahora sin frondas, a lo largo del cual están las casas

de los que trabajan en los jardines.

Son casitas bajas, pero bien cuidadas.

A sus puertas se asoman caras de niños que observan curiosos…

Y de mujeres que saludan sonriendo.

Las razas distintas se manifiestan en la diversidad de los rostros.

Tolmái, en cuanto traspasan la cancilla donde empieza la propiedad,

hace un especial chasquido de tralla al ir pasando por delante de todas las casas;

debe ser como una señal

Y los que viven en ellas, tras haber observado, entran de nuevo y luego vuelven a salir,

cierran las puertas y empiezan a caminar por el paseo, detrás de los dos carros,

que van al paso y luego se paran en el centro de una confluencia de senderos

(dirigidos, como los radios de una rueda, en todas las direcciones

entre muchos campos dispuestos en cuadros, unos desnudos, otros de un verde perenne,

custodiados por laureles, por acacias o árboles semejantes.

O por otros árboles que a través de los tajos incididos en su tronco

rezuman leche olorosa y resinas).

En el ambiente hay un olor mixto de aromas balsámicos, resinosos, fragantes.

Panales por todas partes.

Y pilones para el riego, en que beben palomas blanquísimas.

Y, en zonas especiales, de tierra desnuda, recientemente cavada,

escarban gallinitas también blancas custodiadas por muchachas.

Tolmái restalla la tralla repetidas veces,

hasta que todos los súbditos del pequeño reino se reúnen en torno a los recién llegados.

Entonces empieza su presentación:

–       Escuchad.

Felipe, jefe nuestro y padre de mi padre, manda y recomienda a estos santos de Israel,

venidos aquí por voluntad de nuestro patrón.

Que Dios esté siempre con él y con su casa.

Mucho nos quejábamos porque aquí faltaba la voz de los rabíes santos.

He aquí que la bondad del Señor y de nuestro patrón, lejano pero que mucho nos ama

Dios le compense el bien que ofrece a sus siervos,

nos procuran lo que nuestro corazón soñaba.

En Israel ha aparecido Aquel que había sido prometido a las gentes.

Ya nos lo habían dicho durante las Fiestas en el Templo y en la casa de Lázaro.

Pero ahora realmente ha llegado para nosotros el tiempo de la gracia,

porque el Rey de Israel ha pensado en sus siervos más pequeños

y ha enviado a sus ministros a portarnos sus palabras.

Éstos son sus discípulos.

Y dos de ellos vivirán en medio de nosotros, aquí o en Antioquía;

enseñando la Sabiduría para ser instruidos en orden al Cielo.

Y también la otra que se necesita para la tierra.

Juan, pedagogo y discípulo de Cristo, enseñará a nuestros niños estas dos sabidurías;

Síntica, discípula y maestra con la aguja, enseñará la ciencia del amor a Dios

y el arte del trabajo femenil a las muchachas.

Recibidlos como bendición del Cielo y amadlos como los ama Lázaro de Teófilo y Euqueria

– gloria a sus almas y paz – Y como los aman las hijas de Teófilo, Marta y María,

nuestras amadas señoras y discípulas de Jesús de Nazaret, el Rabí de Israel,

el Prometido, el Rey.

El pequeño pueblo de hombres, vestidos con cortas túnicas, de manos terrosas

que sostienen utensilios de jardinería;

de mujeres, de niños de todas las edades, escucha asombrado.

Luego bisbisean.

Finalmente saludan con una profunda reverencia…

Y Tolmái empieza las presentaciones:

–        Simón de Jonás, el jefe de los enviados del Señor;

Simón el Cananeo, amigo de nuestro señor;

Santiago y Judas, hermanos del Señor;

Santiago y Juan, Andrés y Mateo.

Y luego, a los apóstoles y discípulos:

–        Ana, mi mujer, de la tribu de Judá, como, por lo demás, mi madre,

porque somos puros, venidos con Euqueria de Judá.

José, el varón consagrado al Señor,

y Teoqueria, primogénita, que en el nombre lleva el recuerdo de los justos señores,

sabia hija y amante de Dios como una verdadera israelita.

Nicolái y Dositeo. Nicolái es nazireo. Dositeo es el tercero de los hijos; ya lleva casado

(y un fuerte suspiro acompaña el anuncio de esto) varios años con Hermiona.

Ten aquí, mujer…

Se adelanta una jovencísima morenita con un lactante en brazos.

–       Ésta es.

Es hija de un prosélito y de una griega.

Mi hijo la vio en Alejandrocena de Fenicia,cuando fue para unas compraventas…

Y la quiso para sí…

Y Lázaro no se opuso, antes al contrario me dijo: “Mejor así que al mal”.

Y no es ningún mal.

Pero yo quería sangre de Israel…

La pobre Hermiona está con la cabeza agachada como una acusada.

Dositeo está visiblemente agitado y se ve que sufre.

Ana, la madre y suegra, mira con ojos entristecidos…

Juan, a pesar de ser el más joven,

siente la necesidad de elevar los espíritus humillados

y dice:

–        En el Reino del Señor no hay ya griegos o israelitas, romanos o fenicios;

sino solamente hijos de Dios.

Cuando, a través de estos que han venido, conozcas la Palabra de Dios,

sentirás elevarse tu corazón a nuevas luces.

Y ésta ya no será “la extranjera” sino la discípula, como tú y como todos,

del Señor nuestro Jesús.

Hermiona levanta la humillada cabeza y sonríe con gratitud a Juan.

En los rostros de Dositeo y de Ana se ve la misma expresión de agradecimiento.

Tolmái responde austero:

–        Y Dios quiera que sea así,

porque, aparte del origen, nada tengo que recriminar a mi nuera.

El que está en sus brazos es Alfeo, el último nacido, que del padre de ella, prosélito,

ha tomado el nombre.

La pequeña de los ojos de cielo bajo los rizos de ébano es Mírtica, del nombre de la madre

de Hermiona.

Y éste, el primogénito, es Lázaro, porque así lo quiso el señor nuestro, y el otro es Hermas.

Juan. interviene nuevamente,

diciendo:

–        El quinto se debe llamar Tolmái y la sexta Ana,

para decir al Señor y al mundo  que tu corazón se ha abierto a nuevas comprensiones.  

Tolmái se inclina sin decir nada.

Luego reanuda las presentaciones:

–       Éstos son dos hermanos de Israel: Miriam y Silvano, de la tribu de Neftalí.

Y éstos son Elbónides Danita y Simeón judío.

Luego, aquí están los prosélitos, que eran romanos, caridad de Euqueria hecha obra; 

arrancados por ella al yugo y a gentilidad: Lucio, Marcelo, Solón, hijo de Elateo.

Síntica observa: 

–        Nombre griego.

–        De Tesalónica.

Esclavo de un siervo de Roma – el desprecio es manifiesto al decir “siervo de Roma” –

Euqueria lo tomó, junto con el padre agonizante, en un momento confuso;

si el padre murió pagano, Solón es prosélito…

Priscila ven aquí adelante con tus hijos…

Una mujer alta y delgada, de rostro aquilino, se adelanta empujando a una niña y a un niño;

cogidas de la falda lleva a dos pequeñuelos.

–        Ésta es la mujer de Solón, que fue liberta de una romana ya difunta.

Y Mario, Cornelia, María y Martila, gemelas.

Priscila es experta en esencias.

Amiclea, ven con tus hijos. Ésta es hija de prosélitos.

Y prosélitos son los dos niños, Casio y Teodoro.

Tecla, no te escondas

Es la mujer de Marcelo.

Su dolor es que es estéril. También hija de prosélitos.

Éstos son los colonos.

Ahora a los jardines.

Venid.

Y los guía por la vasta propiedad, seguido de los jardineros,

que explican los cultivos y trabajos;

mientras las muchachas vuelven a sus gallinitas,

que han aprovechado la ausencia de las guardianas para irse a otros lugares,

sobrepasando los límites, establecidos.

Tolmái explica:

–        Se las trae aquí para limpiar la tierra de larvas, antes de la siembra de los cultivos anuales.

Juan de Endor sonríe a las gallinitas, que cloquean

y dice:

–        Parecen las que tenía yo…

Y se agacha para echar miguitas de pan que tenía en el talego,

hasta que se ve rodeado de polluelas.

Y ríe porque una de ellas, petulante, le arrebata el pan de los dedos.  

Pedro exclama:

–        ¡Menos mal!

Dando con el codo a Mateo y señalando a Juan, que juega con los pollos…

Y a Síntica, que está hablando griego con Solón y Hermiona.

Luego vuelven hacia la casa de Tolmái

que explica:

–        Éste es el sitio.

Pero, si queréis enseñar, se puede hacer un lugar.

¿Os quedáis aquí o…?  

Juan de Endor suplica:

–        ¡Sí, Síntica!

¡Aquí! ¡Es más bonito!

Antioquía me ahoga de recuerdos… 

Síntica concede:

–        ¡Sí, hombre, claro!

Como quieras.

Basta con que tú estés bien.

Para mí todo es igual.

No miro ya hacia atrás… sólo adelante, adelante…

¡Ánimo, Juan!

Aquí estaremos bien.

Niños, flores, palomas y gallinas para nosotros, pobres criaturas.

Y para nuestra alma el gozo de servir al Señor.

¿Qué opináis vosotros? 

Pregunta volviéndose a los apóstoles.  

Pedro dice:

–        Pensamos como tú, mujer

–        Pues ya está dicho.

–        Muy bien.

Nos iremos contentos…

Juan de Endor, vuelve a su dolor…

exclamando:

–        ¡Oh, no os marchéis!

¡No os volveré a ver!

¿Por qué tan pronto? ¿Por qué?… – 

–        ¡No nos marchamos ahora!

Estamos aquí hasta… hasta que seas…

Pedro no sabe expresar lo que será Juan,

Y para que no se vea que también él está repleto de lágrimas,

abraza a Juan, que está llorando,

y trata de consolarlo así…  

Nota importante:

Se les suplica incluir en sus oraciones a una ovejita que necesita una cirugía ocular,

para no perder la vista.

Y a un corderito, de nuestro grupo de oración, un padre de familia joven,

que necesita una prótesis de cadera, para poder seguir trabajando por ellos.

¡Que Dios N.S. les pague vuestra caridad….!

Y quién de vosotros quiera ayudarnos,

aportando una donación económica; para este propósito,

podrán hacerlo a través de éste link

https://paypal.me/cronicadeunatraicion?locale.x=es_XC

https://paypal.me/cronicadeunatraicion?locale.x=es_XC

19. que nosotros tenemos como segura y sólida ancla de nuestra alma, y = que penetra hasta más allá del velo, =Hebreos 6

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