Archivos diarios: 24/09/21

359 UN MILAGRO ANUNCIADO


359 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

335 La falsa amistad de Ismael ben Fabí, y el hidrópico curado en sábado.

Jesús va caminando rápidamente por una vía de primer orden que el viento frío,

de una mañana de invierno barre y endurece los campos, aquende y allende

la vía, apenas presentan una tímida pelusa de gramíneas que ya brotan,

en un velo de verde en que hay una promesa de futuro pan…

Pero una promesa que apenas si ha sido pensada.

Los surcos umbrosos carecen todavía de este verde bendito;

sólo los que están en lugares más soleados tienen ese verdear, tan leve

y ya tan festivo; porque habla de próxima primavera.

Los árboles frutales están todavía desnudos;

ni siquiera una yema se hincha en sus oscuras ramas.

Sólo los olivos presentan su eterno pardo verde,  triste tanto bajo el sol de Agosto

como bajo este claror de reciente mañana invernal.

Y como ellos, también tienen verde – un verde pastoso de cerámicas acabadas de

pintar – las carnosas hojas de las cactáceas.

Jesús camina, como sucede a menudo, dos o tres pasos más adelante que los discípulos.

Van todos bien tapados con sus mantos de lana.

Llegando a un punto, Jesús se detiene, se vuelve,

y pregunta a los discípulos:

–          ¿Conocéis bien el camino?

Alguien contesta.

–          El camino es éste.

Pero… ¿La casa?…

No se sabe, porque está en el interior…

Quizás allí, donde aquella mata de olivos…

–       No.

Debe estar allá al final, donde aquellos árboles grandes sin hojas…

–         Debería haber un camino para carros…

En definitiva, no saben nada con precisión.

No se ven personas, ni por la vía ni por los campos.

Van sin rumbo definido, hacia adelante, buscando el camino.

Encuentran una pequeña casita de pobres, con dos o tres terrenitos cultivados alrededor.

Una niña saca agua de un pozo.

Jesús dice:

–           Paz a ti, niña.

Mientras se detiene en el limen del seto, que tiene una abertura para quien va o viene.

–        Paz a ti. ¿Qué quieres?

–        Una información.

¿Dónde está la casa de Ismael el fariseo?

–      Vas mal por aquí, Señor.

Tienes que volver a la bifurcación….

Y tomar el camino que va hacia donde se pone el sol.

Pero tienes que caminar  mucho, mucho.

Porque tienes que regresar allí, a la bifurcación.

Y caminar mucho.

¿Has comido?

Hace frío y se siente más con el estómago vacío.

Entra, si quieres.

Somos pobres.

Pero tú tampoco eres rico.

Te puedes adaptar. Ven.

Y llama con voz aguda:

–          ¡Mamá!

Se asoma a la puerta una mujer de unos treinta y cinco años.

Su cara es honesta, aunque un poco triste.

Lleva en brazos a un niño de unos tres años, medio desnudo.

Y dice:

–          Entra.

El fuego está encendido.

Voy a darte leche y pan.

Jesús responde:

–          No vengo sólo.

Tengo conmigo a estos amigos.

–          Que entren todos y que la bendición de Dios descienda sobre los peregrinos,

mis huéspedes.

Entran en una cocina baja y oscura alegrada por un fuego vivo.

Se sientan acá o allá en rústicos arquibancos.

Ella dice:

–          Ahora os preparo…

Es pronto…

No he puesto en orden nada todavía… Perdonad.

Jesús pregunta:

–          ¿Vives sola?

–          Tengo marido e hijos. Siete.

Los dos mayores están todavía en el mercado de Naím.

Tienen que ir ellos, porque mi marido está enfermo.

¡Qué pena!…

Las niñas me ayudan.

Este es el más pequeño.

Pero tengo otro muy poco mayor que él.

El pequeñuelo, ya vestido con su tuniquita, corre descalzo hacia Jesús.

Y lo mira con curiosidad.

Jesús le sonríe.

Ya son amigos.

El niño  pregunta con confianza:

–           ¿Quién eres?

–           Soy Jesús.

La mujer se vuelve y lo mira atentamente.

Se ha quedado ahí, con un pan en las manos, entre el hogar y la mesa.

Abre la boca para hablar, pero calla.

El niño continúa:

–        ¿A dónde vas?

–        Voy por los caminos del mundo.

–        ¿Para qué?

–        Para bendecir a los niños buenos y a sus casas; donde hay fidelidad a la Ley.

La mujer hace otra vez un gesto.

Luego hace una seña a Judas de Keriot, que es el que está más cerca de ella.

Judas se inclina hacia la mujer.

Y ésta pregunta:

–       ¿Pero quién es tu amigo?

Y Judas, todo presumido;

parece como si el Mesías fuera tal por su mérito y bondad:

Le responde:

–        Es el Rabí de Galilea,

Jesús de Nazaret. ¿No lo sabes mujer?

–       ¡Esta vía queda apartada y yo tengo muchas penas!…

Pero… ¿Podría hablarle?

–       Puedes.

Judas lo concede, como si fuera una persona importante del mundo,

concediendo audiencia…

Jesús sigue hablando con el niño, que le pregunta si tiene también Él niños.

Mientras la niña vista antes y otra más mayorcita, traen leche y avíos de mesa;

la mujer se acerca a Jesús.

Un momento de pausa…

Y luego con un grito ahogado:

–      ¡Jesús, piedad de mi marido!

Jesús se levanta.

La domina con su estatura, pero la mira con tanta bondad;

que ella recobra la seguridad

Jesús pregunta.

–       ¿Qué quieres que haga?

Ella explica:

–        Está muy enfermo.

Hinchado como un odre.

No puede ya agacharse y trabajar.

No puede descansar porque se ahoga.

Se agita…

Y nuestros hijos son todavía pequeñitos…

–      ¿Quieres que lo cure?

¿Pero, por qué lo quieres de Mí?

Ella lo mira con seguridad y dice:

–        Porque Tú eres Tú.

No te conocía, pero había oído hablar de Ti.

La fortuna te ha conducido a mi casa,

después de haberte buscado yo tres veces en Naím y en Caná.

Dos veces estaba también mi marido.

Ir en carro le hace sufrir mucho.

Y no obstante, te buscaba…

Está también fuera ahora, con su hermano…

Nos habían comunicado que el Rabí, dejada Tiberíades;

iba hacia Cesárea de Filipo.

Ha ido allí a esperarte…

–      No he ido a Cesárea.

Voy a casa del fariseo Ismael y luego hacia el Jordán…

Ella lo interroga.

–       ¿Tú, que eres bueno, donde Ismael.

–       Sí. ¿Por qué?

–       Porque… porque…

Señor, sé que dices que no hay que juzgar…

Que hay que perdonar y que tenemos que amarnos.

No te había visto nunca.

Pero he tratado de saber de Ti lo más que podía.

Y rogaba al Eterno poderte escuchar al menos una vez.

No quiero hacer nada que te desagrade…

Pero, ¿Cómo se puede no juzgar a Ismael y amarlo?

No tengo nada en común con él.

Y por tanto, no tengo nada que perdonarle.

Nos sacudimos las insolencias que nos lanza;

cuando encuentra nuestra pobreza en su camino,

con la misma paciencia con que nos sacudimos el barro y el polvo,

que nos echa cuando pasa rápido con sus carruajes.

Pero amarlo y no juzgarlo…

Es demasiado difícil…

¡Es muy malo!

–        ¿Es muy malo?

¿Con quién?

–        Con todos.

Subyuga a sus siervos, presta con usura…

Y es exigente hasta la crueldad.

Sólo se ama a sí mismo.

Es el más cruel de la comarca.

No lo merece, Señor.

–     Lo sé.

Dices la verdad.

–      ¿Y Tú vas allí?

–       Me ha invitado.

–       Desconfía, Señor.

No lo habrá hecho por amor.

No te puede amar.

Y Tú… no lo puedes amar.

–       Yo amo también a los pecadores, mujer.

He venido para salvar a quien está perdido…

–      Pero a éste no lo salvarás.

¡Oh, perdón por haber juzgado!

Tú eres sabio…

Todo lo que haces está bien hecho.

Perdona a mi necia lengua y no me castigues.

Jesús dice:

–       No te castigo.

Pero no lo vuelvas a hacer.

Ama a los malvados también.

No por su maldad;

sino porque con el amor es como se obtiene para ellos la misericordia

que convierte.

Tú eres buena y tienes deseos de serlo más todavía.

Amas la Verdad, y la Verdad que te está hablando te dice que te ama

porque eres compasiva para con el huésped y el peregrino, según la Ley.

Y así has educado a tus hijos.

Dios será tu recompensa.

Yo tengo que ir a casa de Ismael;

que me ha invitado para presentarme a muchos amigos suyos,

que me quieren conocer.

No puedo esperar más a tu marido.

Has de saber que está regresando.

Pero, exhórtale a sufrir todavía un poco…

Y dile que venga enseguida a casa de Ismael.

Ven tú también.

Lo curaré.

–     ¡Oh, Señor!…

La mujer está de rodillas a los pies de Jesús y lo mira con sonrisa y llanto.

Luego dice: « ¡Pero hoy es Sábado!…».

–       Lo sé.

Necesito que sea Sábado para decirle a Ismael algo al respecto.

Todo lo que Yo hago lo hago con una finalidad clara y sin error.

Sabedlo todos.

También vosotros, amigos míos que tenéis miedo y querríais que me comportara

según las conveniencias humanas, para no recibir, de lo contrario, daño.

Os guía el amor. Lo sé.

Pero tenéis que saber amar mejor a quien amáis.

No posponiendo nunca el interés divino al interés de vuestro amado.

Mujer, voy y te espero.

La paz sea perenne en esta casa en que se ama a Dios y a su Ley,

se respeta el vínculo matrimonial, se educa santamente a la prole,

se ama al prójimo y se busca la Verdad.

Adiós.

Jesús pone la mano en la cabeza de la mujer y de las dos mocitas. bendiciéndolas

y luego se inclina para besar a los niños más pequeños.

Y sale.

Nota importante:

Se les suplica incluir en sus oraciones a una ovejita que necesita una cirugía ocular,

para no perder la vista.

Y a un corderito, de nuestro grupo de oración, un padre de familia joven,

que necesita una prótesis de cadera, para poder seguir trabajando por ellos.

¡Que Dios N.S. les pague vuestra caridad….!

Y quién de vosotros quiera ayudarnos,

aportando una donación económica; para este propósito,

podrán hacerlo a través de éste link

https://paypal.me/cronicadeunatraicion?locale.x=es_XC

19. que nosotros tenemos como segura y sólida ancla de nuestra alma, y = que penetra hasta más allá del velo, =Hebreos 6

 

358 EL JUEGO DE LA NIGROMANCIA


358 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Un viento helado cabalga a través de las colinas septentrionales y hace mucho frío.

Los ocho apóstoles van bien envueltos en sus mantos que solo dejan ver

un pedazo de nariz y los ojos entumecidos.

Juan dice:

–        Ahora bien, si Yo por mí mismo ya hubiera seleccionara a quien merece el Milagro,

el Amor, la Palabra de Dios.

y a QUIEN   

NO LA MERECE… 

Podría hacerlo por derecho divino y por divina capacidad,

Para que los que quedasen excluidos, aunque fueran verdaderos diablos,

¡Y vaya que gritarían fuerte el día de su Juicio Individual!

“¡El culpable es tu Verbo, que no quiso adoctrinarnos!”

Pero esto no podrán decirlo…

O sea, lo dirán mintiendo una vez más.

Y serán juzgados por ello”.

Mateo pregunta:

–        ¿Entonces, no acoger la doctrina es ser un réprobo?

–          Eso no lo sé.

No sé si todos los que no crean serán realmente réprobos.

Si os acordáis, hablando a Síntica, dio a entender que los que obran con honestidad en la vida

no son réprobos, aunque crean en otras religiones.

Pero se lo podemos preguntar.

Claro que Israel, que tiene conocimiento del Mesías y que ahora cree parcialmente y mal,

en el Mesías, o que lo rechaza, será severamente juzgado.

Su hermano Santiago, observa:

–    El Maestro habla mucho contigo.

Y sabes muchas cosas que nosotros no sabemos.

–        Culpa tuya y vuestra.

Yo le pregunto con sencillez.

Algunas veces pregunto cosas que deben darle una imagen de su Juan,

como si fuera una persona muy necia.

Pero no me importa dar esta imagen.

Me basta con conocer su pensamiento.

Y tenerlo dentro de mí para hacerlo mío.

Deberíais hacer lo mismo vosotros.

¡Pero tenéis siempre miedo!… ¿Y de qué?

¿De ser ignorantes?

¿De ser superficiales? ¿De ser cabezotas?

Deberíais tener miedo sólo de estar todavía pobremente preparados cuando Él se marche.

Lo dice siempre…

Y me lo digo siempre, para prepararme a la separación…

Pero siento que significará siempre un gran dolor…

Andrés exclama:

–          ¡No me lo recuerdes!

Y repiten lo mismo los otros.

Y suspiran.

Judas Tadeo pregunta a Santiago.

–          Pero, ¿Cuándo sucederá?

Dice siempre: “Pronto”.

Pero “pronto” puede ser dentro de un mes o de años.

Es muy joven y el tiempo pasa muy rápido…

Santiago de Alfeo palidece visiblemente y agacha la cabeza.

Tadeo pregunta:

–         ¿Qué te pasa, hermano?

Te estás poniendo muy pálido…

–        ¡Nada, nada! Pensaba…

Y Judas Tadeo se inclina para verlo bien…

–          ¡Pero si se te saltan las lágrimas!

¿Qué te pasa?…

–         No más que lo que os pasa a vosotros…

Pensaba en cuando estemos solos.

Santiago de Zebedeo, señalando a Pedro, que ha dejado a Jesús solo.

Y que ahora corre, gritando palabras que el viento impide oír.

Pregunta:

–         ¿Pero qué le pasa a Simón de Jonás, que se adelanta corriendo y gritando,

como un cormorán en día de tempestad?

Aceleran el paso y ven que Pedro ha tomado un senderillo que viene de la ya cercana Sefori.

Mientras se preguntan si va a Sefori por orden de Jesús por aquel atajo.

Pero luego, observando bien, ven que los dos únicos viandantes que de la ciudad vienen,

hacia la vía principal son Tomás y Judas.

Y varios se preguntan:

–       ¡Atiza!

–        ¡Aquí?

–        ¿Precisamente aquí?

–         ¿Y qué hacen aquí?

–        De Nazaret, si acaso, tenían que ir a Caná y luego a Tiberíades…

Zelote que siente que la sospecha, cual serpiente despertada, alza su cabeza,

en el corazón de muchos.

dice con prudencia:

–        Quizás venían buscando a los discípulos.

Era su misión.

Mateo aconseja:

–        Vamos a acelerar el paso.

Jesús está solo y parece que nos espera…

Van.

Y llegan donde Jesús al mismo tiempo que Pedro, Judas y Tomás.

Jesús está palidísimo…

Tanto que Juan pregunta:

–        ¿Te encuentras mal?

Pero Jesús le sonríe y hace un gesto de negación.

Mientras tanto, saluda a los dos que han regresado después de tanta ausencia.

Abraza primero a Tomás, pujante y alegre como siempre;

pero que se pone serio mirando al Maestro, tan  manifiestamente cambiado.

Y pregunta solícito:

–          ¿Has estado enfermo?

Jesús responde:

–          No, Tomás.

En absoluto. ¿Y tú?

¿Has estado bien, contento?

–          Yo sí, Señor.

Siempre bien y siempre contento.

Sólo me faltabas Tú para hacer beato a mi corazón.

Mi padre y mi madre te agradecen el que me hayas mandado un tiempo.

Mi padre estaba un poco enfermo, así que he trabajado yo.

He estado donde mi hermana gemela y he conocido al sobrinito.

Le hemos puesto el nombre que me dijiste.

Luego vino Judas…

Y me ha hecho dar más vueltas que una tórtola en período de amores: arriba, abajo…

Donde había discípulos.

Él ya se había movido, por su propia cuenta, no poco.

Pero bueno, ahora te contará él, porque ha trabajado como diez y merece que lo escuches.

Jesús lo deja.

Y ahora es el turno de Judas, que ha esperado pacientemente y que se acerca franco,

desenvuelto, triunfante.

Jesús lo perfora con su mirada de zafiro.

Pero lo besa y recibe su beso, igual que con Tomás.

Y las palabras que siguen son afectuosas.

Jesús pregunta:

–          ¿Y tu madre, Judas, ha estado contenta de tenerte?

¿Está bien esa santa mujer?

Judas responde alegremente:

–          Sí, Maestro.

Y te bendice por haberle enviado a su Judas.

Quería mandarte unos presentes.

Pero, ¿Cómo podía llevármelos conmigo acá y allá por montes y valles?

Puedes estar tranquilo, Maestro.

Todos los grupos de discípulos que he visitado trabajan santamente.

La idea se va extendiendo cada vez más.

Yo he querido personalmente,

controlar las repercusiones de ella en los más poderosos escribas y fariseos.

A muchos de ellos ya los conocía, a otros los he conocido ahora, por amor a Ti.

He tratado con saduceos, herodianos…

¡Oh, te aseguro que me han machacado bien la dignidad!…

¡Pero, por amor a Ti, haré esto y más!

He sido desdeñosamente rechazado, he recibido anatemas.

Pero también he logrado suscitar simpatías en algunos que tenían prevenciones respecto a Ti.

La posesión demoníaca perfecta, proporciona la fuerza y la determinación, para permanecer en el Mal...

No quiero tus elogios.

Me basta con haber cumplido mi deber.

Y agradezco al Eterno el que me haya ayudado siempre.

He tenido que usar el milagro en algunos casos, lo cual me ha dolido;

porque merecían rayos y no bendiciones.

Pero Tú dices que hay que amar y ser pacientes…

Lo he sido, para honor y gloria de Dios y para alegría tuya.

Espero que muchos obstáculos queden abatidos para siempre;

mucho más si consideramos que por mi honor he garantizado que ya no estaban aquellos dos

que creaban tanta sombra.

Después me vino el escrúpulo de haber afirmado lo que no sabía con certeza.

Y entonces quise verificar para poder tomar las oportunas medidas,

para no ser hallado en embuste, lo cual me habría colocado para siempre en una situación

sospechosa ante los que caminan hacia la conversión…

¡Fíjate! ¡He ido a ver incluso a Anás y a Caifás!…

¡Oh, querían reducirme a cenizas con sus censuras!…

Pero yo me he mostrado tan humilde y persuasivo, que al final me han dicho:

“Bueno, pues si las cosas están exactamente así…

Pensábamos que estaban de otro modo.

Los rectores del Sanedrín, que podían conocer la situación, nos habían referido lo contrario y…”.

Simón Zelote que se ha contenido hasta ese momento, pero no más.

Y está lívido por el esfuerzo hecho.

lo interrumpe:

–          No querrás decir que José y Nicodemo han sido unos embusteros»

–         ¿Y quién ha dicho eso?

¡Todo lo contrario!

José me vio cuando salía de donde Anás y me dijo: “¿Por qué estás tan alterado?”

Le conté todo.

Le dije también que, siguiendo el consejo suyo y de Nicodemo,

Tú, Maestro, habías despedido al presidiario y a la griega.

Porque los has despedido, ¿No es verdad?

Judas lo pregunta mirando fijamente a Jesús con sus ojos de azabache,

brillantes hasta la fosforescencia.

Parece como si quisiera perforarlo con la mirada para leer lo que Jesús ha hecho.

Jesús, que sigue frente a Judas, cercanísimo,

dice sereno:

–         Te ruego que continúes tu narración, que me interesa mucho.

Es un relato exacto, que puede ser muy útil.

–          ¡Ah!, bueno.

Decía que Anás y Caifás han cambiado de opinión.

Lo cual significa mucho para nosotros, ¿No es verdad?

¡Y luego!… ¡Ahora os voy a hacer reír!

¿Sabéis que los rabíes me metieron en medio y me sometieron a otro examen,

como si fuera un menor en el paso a la mayoría de edad?

¡Y qué examen! Bien.

Los convencí y ya no me entretuvieron más.

Entonces me vino la duda y el miedo de haber dicho algo que no fuera verdad.

Y pensé tomar conmigo a Tomás e ir de nuevo a donde estaban los discípulos.

O donde se podía pensar que se hubieran refugiado Juan y la griega.

He estado con Lázaro, con Mannahém, en el palacio de Cusa, con Elisa de Betsur;

en Béter en los jardines de Juana, en el Getsemaní;

en la casita de Salomón del otro lado del Jordán, en Agua Especiosa;

donde Nicodemo, donde José…

–         ¿Pero no lo habías visto ya?

–          Sí.

Y me había asegurado que no había vuelto a ver a esos dos.

Pero… ya sabes… yo quería asegurarme…

Resumiendo: he inspeccionado todos los lugares en que pensaba que pudiera estar él…

Y no creas que sufría por no encontrarlo.

Sería injusto.

Siempre – y Tomás lo puede confirmar – siempre que salía de un lugar sin haberlo encontrado.

Y sin haber visto siquiera algún indicio de él, decía: “¡Alabado sea el Señor!”,

Y decía: “¡Oh, Eterno, haz que no lo encuentre jamás!”.

Exactamente así. El suspiro de mi alma…

El último lugar fue Esdrelón….

¡Ah, a propósito!

Ismael ben Fabí, que está en su palacio de los campos de Meguiddó,

desea invitarte a su casa…

Pero yo en tu lugar no iría…

Jesús pregunta:

–          ¿Por qué?

Iré sin falta.

También Yo deseo verlo.

Es más, iremos enseguida.

En vez de ir a Seforis, vamos a Esdrelón.

Y pasado mañana, que es vigilia de sábado, a Meguiddó.

Y de allí a la casa de Ismael».

Judas se opone:

–          ¡No, no, Señor!

¿Por qué? ¿Piensas que te estima?

–          Pero, si has ido a hablar con él y lo has cambiado a favor mío…

¿Por qué no quieres que vaya?

–          No fui a hablar con él…

Estaba él en las tierras y me reconoció.

Pero yo – ¿verdad, Tomás? – quería huir cuando lo vi.

No pude porque me llamó por el nombre.

Yo… sólo puedo aconsejarte que no vayas nunca más donde ningún fariseo, escriba

o seres semejantes.

No es útil para Ti.

Quedémonos nosotros solos con el pueblo y basta.

Incluso Lázaro, Nicodemo, José… será un sacrificio… pero es mejor, para no crear celos,

ni rencores y dar armas a las críticas…

En la mesa se habla…

Y ellos estudian deslealmente tus palabras.

Pero, volvamos a Juan…

Yo estaba yendo a Sicaminón, a pesar de que Isaac, que lo he visto en los confines de Samaria,

me había jurado que desde Octubre no lo había vuelto a ver.

–         Pues Isaac ha jurado una cosa verdadera.

Pero esto que aconsejas respecto a los contactos con escribas y fariseos,

se contradice con lo que has dicho antes.

Tú me has defendido…

Eso has hecho, ¿No es verdad?

Has dicho: “He desmontado muchas prevenciones contra Ti”.

Has dicho esto, ¿No es verdad?

–          Sí, Maestro.

–         ¿Y entonces por qué no puedo Yo mismo terminar de defenderme?

Así que iremos a casa de Ismael.

Y tú, ahora vuelves y vas a avisarle.

Contigo van Andrés, Simón el Zelote y Bartolomé.

Nosotros nos detendremos donde los campesinos.

Respecto a Sicaminón, venimos de allí.

Éramos once.

Te aseguramos que Juan no está allí.

Y tampoco en Cafarnaúm, o en Betsaida, Tiberíades, Magdala, Nazaret, Corozaín,

Belén de Galilea.

Y así sucesivamente en todas las etapas que quizás tenías pensado recorrer para…

Tu propia seguridad respecto a la presencia de Juan entre los discípulos o en casas amigas.

Jesús habla sereno, con tono natural…

Y no obstante, algo debe haber en Él, que turba a Judas…

El cual por un instante, cambia de color.

Jesús lo abraza como para besarlo…

Y, mientras lo tiene así, su mejilla al lado de la de Judas,

le susurra quedo:

–          ¡Desdichado!

¿Qué has hecho de tu alma!

–          Maestro… yo…

La posesión demoníaca perfecta NO PUEDE reverenciar a Dios, porque Satanás lo odia y a sus instrumentos, es lo que les trasmite…

–            ¡Vete!

¡Que apestas a infierno más que el mismo Satanás!

¡Calla!…

Y arrepiéntete si puedes.

Judas…

Cualquier otro hubiera escapado a todo correr. ¡Pero él!…

Dice con desfachatez en alta voz:

–          Gracias, Maestro.

Lo que sí que te rogaría antes de marcharme, serían dos palabras en secreto.

Todos se separan bastantes metros.

–          ¿Por qué, Señor, me has dicho esas palabras?

Me han dolido.

–          Porque son la verdad.

Quien trata con Satanás se coge el olor de Satanás.

–          ¡Ah! ¿Es por la nigromancia?

¡Qué miedo me has hecho pasar! 

¡Una broma! ¡Ha sido sólo un juego!

¡Sólo fue una broma de niño curioso!

Y me ha servido para conocer a algunos saduceos y perder el hambre de la nigromancia.

Como ves, me puedes absolver con toda tranquilidad.

Son cosas inútiles cuando se tiene tu poder.

Tenías razón. ¡Venga, Maestro!

¡Es tan leve el pecado!…

Grande es tu sabiduría. Pero, ¿Quién te lo ha dicho?

Jesús lo mira severamente y no responde.

El día que Jesús estuvo una jornada entera intercediendo por él, en la cueva de Yiftael

con La Oración Profunda, el Padre le mostró al Hijo lo que el apóstol indigno,

hacía mientras tanto….

Y por qué el Milagro solicitado, le estaba NEGADO…

Judas con posesión diabólica perfecta… ¡Este magnífico actor, se le parece mucho en la fisonomía, al verdadero Judas…!

Judas se siente un poco atemorizado, al comprender que el Señorío de Jesús como Dios,

le ha proporcionado el conocimiento…

Y trata de minimizarlo…

–          ¿Pero verdaderamente me has visto en el corazón el pecado?

–          Y me has causado repugnancia. ¡Vete!

Y no digas ni una sola palabra más.

Y Jesús le vuelve la espalda.

Regresa adonde los discípulos y les ordena que cambien de camino.

Pero primero despide a Bartolomé, Simón y Andrés;

los cuales van hasta donde Judas y se echan a andar a buen paso.

Los que se quedan, por el contrario, caminan lentamente, desconocedores de la verdad

que sólo Jesús conoce.

Tan desconocedores, que elogian a Judas por su actividad y sagacidad.

Y el honesto de Pedro se acusa sinceramente del pensamiento temerario,

que tenía en el corazón respecto a su compañero…

Jesús sonríe, una sonrisa leve, de persona un poco cansada;

como si estuviera abstraído y apenas oyera el charloteo de sus compañeros,

que de las cosas saben sólo aquello que su humanidad les permite saber.

Nota importante:

Se les suplica incluir en sus oraciones a una ovejita que necesita una cirugía ocular,

para no perder la vista.

Y a un corderito, de nuestro grupo de oración, un padre de familia joven,

que necesita una prótesis de cadera, para poder seguir trabajando por ellos.

¡Que Dios N.S. les pague vuestra caridad….!

Y quién de vosotros quiera ayudarnos,

aportando una donación económica; para este propósito,

podrán hacerlo a través de éste link

https://paypal.me/cronicadeunatraicion?locale.x=es_XC

19. que nosotros tenemos como segura y sólida ancla de nuestra alma, y = que penetra hasta más allá del velo, =Hebreos 6