362 ENAMORADO DE MARÍA


362 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

A la mañana siguiente, Jesús con los suyos atraviesa la llanura de Esdrelón.

Al llegar al cruce de caminos dice a sus apóstoles:

–               Ahora dividámonos.

Yo voy a Nazareth con mis hermanos, con Pedro y Tomás.

Vosotros, bajo la guía de Simón Zelote, iréis por el camino del Tabor.

Y de las caravanas, a Debaret, a Tiberíades, Mágdala, Cafarnaúm.

Y de allí iréis hacia Merón y os detenéis en casa de Jacob para ver si se ha convertido.

Y lleváis mi bendición a Judas y Ana.

Os quedaréis donde más os insistan.

Y por una noche en cada lugar.

Por la tarde del sábado nos encontraremos en el camino de Sefet.

Yo pasaré el Sábado en Corozaím, en casa de la viuda.

Pasad a avisárselo.

De este modo daremos paz al corazón de Judas, que terminará por convencerse

de que Juan no está ni siquiera en rincones hospitalarios.

Judas replica:

–        Maestro. Lo creo…

–       Pero siempre es mejor que te convenzas;

para que no vayas a avergonzarte ante Caifás y Annás;

como Yo no me avergüenzo ante ti y ante nadie al afirmar que Juan ya no está

con nosotros.

Me llevo a Tomás a Nazareth.

Así también él podrá tranquilizarse allí, al ver con sus propios ojos…

Tomás responde:

–         Maestro, ¿Y crees que a mí eso me importa?

Al contrario.

Me desagrada no haberlo visto.

Habrá sido lo que habrá sido;

pero desde que lo conocimos, fue siempre mejor que muchos famosos fariseos.

Me basta con saber que no ha renegado de Ti.

Que no te ha causado ninguna pena.

¡Y lo demás no me importa! ¡Créemelo!

Aunque estuviese en mi casa, no tendría ningún escrúpulo por ello.

Espero que pienses que tu Tomás no tiene más que una curiosidad natural.

Y que no abriga ninguna mala intención de espionaje voluntario,

involuntario o autorizado.

Ningún deseo de hacer daño…

Judas explota furioso:

–        ¡Me estás ofendiendo!

¡Insinúas! ¡Mientes!

¡Tú mismo viste que mi conducta en todo este tiempo, ha sido muy buena!

¿Por qué has dicho eso?

¿Qué puedes achacarme?

¡Habla!…

Jesús ordena:

–        ¡Silencio!

Tomás me respondió a Mí, que le hablé.

Creo en las palabras de Tomás.

Pero así lo quiero y así se hará.

Nadie entre vosotros tiene el derecho de reprochar mi modo de proceder.

–      No te lo reprocho.

Es que me hirió su insinuación y…

Tomás pregunta:

–        Sois doce.

¿Por qué te ha herido solo a ti, lo que dije a todos?

–       Porque fui yo quien buscó a Juan.

Jesús interviene:

–      También tus otros compañeros lo hicieron y otros discípulos lo harán.

Pero nadie se sentirá ofendido por las palabras de Tomás.

No es ningún pecado preguntar con honradez por el condiscípulo.

No hay razón para sentirse mal, ante palabras semejantes, cuando en nosotros

no existe más que amor y rectitud.

Cuando nada remuerde el corazón.

Cuando no es quisquilloso;

a no ser que el diente del remordimiento lo haya mordido.

¿Por qué quieres ante la presencia de tus compañeros hacer estas bravatas?

¿Quieres hacerte sospechoso de algún pecado?

¡La ira y la soberbia son dos pésimas compañeras, Judas!

Arrastran a perder el seso.

Y uno que lo pierde, ve lo que no hay y dice lo que no debería decir….

Así como la avaricia y la lujuria arrastran a acciones culpables,

con tal de sentirse satisfechas. ¡Líbrate de estas malas esclavas!

Entretanto recuerda que durante los meses que no estuviste,

hubo siempre  concordia entre nosotros.

Y siempre hubo obediencia y respeto. Nos hemos amado, ¿Comprendes?…

Y volviéndose a los demás-

¡Adiós queridos amigos!

Idos y amaos.

Hablad poco y haced el bien.

¡La paz sea con vosotros!

Los bendice y ellos se van.

Y luego dice a los que se quedan:

–        ¿Estáis contentos vosotros dos de  venir conmigo a Nazareth?

Pedro contesta con toda su impetuosidad:

–       ¿Y lo preguntas?

Tomás, más tranquilo, pero con su cara regordeta resplandeciente de alegría,

añade:

–        ¿No sabes que para mí estar al lado de tu Madre

es una dulzura que no encuentro palabras para describírtela?

¡Pero ahora mi amor es María!

Un amor que los sentidos desconocen

¡Estos mueren cuando pienso en Ella!

Es un amor que alegra mi espíritu.

En Ella existe toda la perfección, toda la Gracia, toda la belleza.

Su agraciado corazón es un jardín de hermosas flores…María es mi amor.

Antes de ser discípulo había pensado en formar una familia.

Y ya había puesto mis ojos en algunas muchachas, para escoger entre ellas

a la que sería mi esposa.

No había hecho promesa de no casarme..

Ella, estoy seguro.

Supera ante los ojos de Dios, a cualquier belleza angelical…

María es mi amor.

No estoy consagrado virgen, y no era contrario a tener una familia;  ya había puesto

mi mirada en algunas jóvenes, sin decidirme sobre cuál elegir por esposa.

¡Pero ahora… ahora!…

¡Que sí, que mi amor es María!

El inasible amor para la carne.

¡Pero la carne muere con sólo pensar en Ella!

El letificante amor para el espíritu.

¡Ah!, todo lo que he visto en las mujeres

incluso las más queridas, como mi madre y mi hermana gemela -,

todo lo que de bueno veo en ellas, lo comparo con lo que veo en tu Madre,

Y digo dentro de mí:

“En Ella habita toda justicia, toda gracia y belleza.

Plantío de flores paradisíacos es su espíritu amable…

Un poema su figura…”.

¡Oh, porque nosotros israelitas no osamos pensar en los ángeles

y con pávida reverencia observamos a los querubines del Santo de los Santos!…

¡Qué necios!

¿Y no sentimos luego diez veces más de devotísimo temblor mirándola a Ella!

Ella, que estoy seguro supera ante los ojos de Dios toda belleza angélica…

Jesús mira a Tomás que ama tanto a su Madre, que parece como espiritualizarse.

Es tan grande su sentimiento por María que hasta su cara se transforma…l

Y le muda la expresión bondadosa del rostro.

Jesús dice:

–      Bueno.

Por algunas pocas horas estaremos con Ella.

Jesús mira al enamorado de su Madre,

que parece espiritualizarse de tanto como su sentimiento hacia María

Nos detendremos hasta pasado mañana.

Luego vamos a ir a Tiberíades, a ver a los dos niños y a tomar una barca

para Cafarnaúm.

Pedro pregunta:

–        ¿Y a Betsaida?

–         Al regreso,

Simón. Al regreso iremos a Betsaida para recoger a Margziam,

para el peregrinaje de Pascua…

Y es la noche del mismo día, en Nazaret, en la casita pacífica

Y se oye el coloquio delicado entre la Madre y el Hijo.

–         Todo ha ido bien, Madre mía.

Ahora tienen paz.

Tus oraciones han ayudado a los peregrinos.

Y ahora, como rocío sobre flores quemadas, se están curando de su dolor.

–         ¡Quisiera yo curar el tuyo, Hijo mío!

¡Cuánto habrás sufrido!

En tus sienes y en tus mejillas hay un hoyo.

Una arruga te cruza la frente como si fuera una espada.

¿Quién te ha herido, corazón mío?

–       ¡El haber tenido que causar un dolor, Madre!

–       ¿Sólo esto, Jesús mío?

¿No te han dado ninguna aflicción tus discípulos?

–        No Madre.

Se han portado como santos.

–      Los que estaban contigo…

Quiero decir, ¿Todos?

–      Estás viendo que te he traído a Tomás para premiarlo.

Hubiera traído también a los que no estuvieron aquí la otra vez;

pero tuve que enviarlos a otra parte a precederme…

–       ¿Y Judas de Keriot?

–       Judas va con ellos.

María abraza a su Hijo y reclina la cabeza sobre su espalda, llorando…

Jesus acaricia lo rubios cabellos…

Y pregunta con ternura:

–     ¿Por qué lloras, Madre?

María no dice nada.

Llora.

Solo a la tercera vez que le pregunta;

con voz apagada responde:

–      Porque tengo miedo.

Quisiera que te abandonase…

Peco al desear esto, ¿No es así?

Pero es que tengo mucho, mucho miedo de él por Ti…

–       Solo si la muerte se lo llevase, las cosas cambiarían…

Más, ¿Por qué la muerte debería llevárselo?

–       No soy tan mala para desearlo.

¡También él tiene una madre!

Y es un alma…

Un alma que todavía puede salvarse…

¡Oh, Hijo mío!

¿No sería para él un bien la muerte?

Jesús lanza un suspiro

y murmura:

–       Para muchos la muerte sería un bien… -y cambia de tema.

Jesús le cuenta todo, menos su aflicción, después de la partida de los perseguidos…

Y luego, en voz alta:

–        ¿Has sabido algo de la anciana Juana?-¿Sus campos?…

–        He ido con María de Alfeo y Salomé de Simón después de las granizadas.

Pero su trigo, al haber sido sembrado con retraso, no había nacido todavía…

Y no se ha dañado.

Hace tres días volvió María para ver cómo iba.

Dice que parece una alfombra.

Los campos más lindos de esta tierra.

Raquel está bien y la anciana contenta.

También María de Alfeo está contenta,

ahora que Simón es todo para ti.

Mañana lo verás.

Viene todos los días.

Hoy acababa de salir cuando has llegado.

¿Sabes?, Ninguno se dio cuenta de nada.

Alguno habría hablado, si se hubiera dado cuenta de que estaban aquí.

Pero… si verdaderamente no estás cansado, cuéntame su viaje…

Y Jesús cuenta todo a la Madre atenta, menos su sufrimiento en la gruta de Yiftael.

Nota importante:

Se les suplica incluir en sus oraciones a una ovejita que necesita una cirugía ocular,

para no perder la vista.

Y a un corderito, de nuestro grupo de oración, un padre de familia joven,

que necesita una prótesis de cadera, para poder seguir trabajando por ellos.

¡Que Dios N.S. les pague vuestra caridad….!

Y quién de vosotros quiera ayudarnos,

aportando una donación económica; para este propósito,

podrán hacerlo a través de éste link

https://paypal.me/cronicadeunatraicion?locale.x=es_XC

19. que nosotros tenemos como segura y sólida ancla de nuestra alma, y = que penetra hasta más allá del velo, =Hebreos 6

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