364 UN GRAN PECADOR


364 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Sobre un arroyo que baja al lago Tiberíades, hay un puente.

Jesús y los suyos esperan a que lleguen los demás, bajo la sombra de la tupida

arboleda que hay en las riberas.

poco a poco van llegando y se unen alegres al Maestro y a sus compañeros.

Relatan todo lo sucedido en su viaje y los milagros que hicieron cada uno.

Cuando toca el turno a Judas de Keriot, dice:

–       Menos yo que no logré hacer nada.

Y al confesarlo se ve, que se siente avergonzado.

Santiago de Zebedeo le responde:

–         Te dijimos que la razón era porque teníamos ante nosotros a un gran pecador.

y luego explica:

¿Sabes Maestro?

Se trata de Jacobo que está muy enfermo y por eso te llama.

Y además porque teme a la muerte y al juicio de Dios.

Pero es más avaro que nunca.

Ahora que prevé una ruina en sus cosechas que destruyó el hielo.

Perdió toda la semilla.

Tampoco puede sembrar porque está enfermo y porque su sierva,

enflaquecida con el trabajo y el hambre, pues economiza la harina;

ya que tiene miedo de quedarse sin comer y no puede arar el campo.

Tal vez pecamos porque trabajamos todo el Viernes, más allá del crepúsculo.

Aramos una gran extensión de terreno.

Felipe, Juan y Andrés saben hacerlo.

También yo.

Fue un trabajo duro.

Simón, Mateo y Bartolomé venían detrás de nosotros;

limpiando los surcos de las plantas muertas.

Judas fue a pedir un  poco de semilla en tu Nombre…

Y le dieron semilla seleccionada.

Y al día siguiente la sembramos.

Por eso nos tardamos un poco.

Porque empezamos cuando el sol se ocultaba.

Que nos perdone el Eterno, por el motivo por el que pecamos.

Mientras tanto Judas se quedó con el enfermo para convertirlo.

Él sabe hablar mejor que nosotros.

Por lo menos así lo admiten Bartolomé y Zelote.

Pero Jacobo estuvo sordo a toda razón.

Quería que se le curara, porque la enfermedad le cuesta.

Se ponía furioso contra su sierva y para calmarlo, pues decía:

“Me convertiré si me curo’

Judas le impuso las manos;

pero sin ningún resultado.

Y nos lo dijo desalentado.

También nosotros lo intentamos, pero no obtuvimos ningún milagro.

Judas sostiene ahora que la razón es que está en desgracia ante Ti;

porque te ofendió y está avergonzado.

Nosotros creemos que es porque estábamos ante un pecador obstinado,

que pretende obtener todo lo que quiere.

Poniendo límites y dando órdenes aún a Dios.

¿Quién tiene la razón?

–        Vosotros siete.

Habéis dicho la verdad.

Andrés dice:

–        Lo que nos llena de tristeza es el estado del alma de Jacobo.

Y hubiera querido curarle más el alma que el cuerpo…

Jesús pregunta:

–          ¿Y Judas y Ana?

¿Cómo están sus campos?

Andrés responde:

–        Muy dañados.

Pero tienen recursos y ya está todo solucionado.

¡Pero ellos son buenos!

Ten. Te mandan este donativo y estos alimentos.

Esperan verte en alguna ocasión.

Lo que entristece es el estado espiritual de Jacob.

Habría deseado curarle el alma más que el cuerpo… .

–        ¿Y en los otros lugares?

Santiago de Zebedeo responde:

–       ¡Oh!

Mateo curó en el camino de Debaret, cerca del pueblo, a uno que tenía fiebres

y que volvía de un médico que lo había desahuciado.

Nos hospedamos en su casa y la fiebre no volvió desde la puesta del sol

hasta la aurora, y él afirmaba que se sentía bien y fuerte.

Luego, en Tiberíades, fue Andrés el que curó a un barquero,

que se había roto un hombro cayendo en el puente.

Le impuso las manos y el hombro quedó curado.

¡Imagínate! ¡El hombre! Nos quiso llevar sin pagar a Mágdala y a Cafarnaúm,

luego a Betsaida y allí se ha quedado;

porque allí están los discípulos Timoneo de Aera, Felipe de Arbela, Hermasteo

y Marcos de Josías, uno de los liberados del demonio cerca de Gamala.

Quiere ser discípulo también José el barquero…

Los niños, en casa de Juana, están bien.

Ya no parecen los mismos.

Estaban en el jardín jugando con Juana y Cusa…

–        Los he visto.

Yo también he pasado por allí.

Jesús dice:

–       Seguid.

Santiago continúa:

–        En Mágdala fue Bartolomé el que convirtió a un corazón vicioso

y curó un cuerpo vicioso.

¡Qué bien habló!

Explicó que el desorden del espíritu genera desorden en el cuerpo.

Y que toda concesión a la deshonestidad degenera en pérdida de la tranquilidad,

de la salud y al final del alma. 

Cuando lo vio arrepentido y convencido…

Le impuso las manos y el hombre quedó curado.

Querían retenernos en Mágdala.

Pero nosotros obedecimos: pasada la noche, proseguimos para Cafarnaúm.

Allí había cinco que pedían les concedieras una gracia.

Y ya estaban para marcharse desconsolados.

Los curamos.

No vimos a ninguno porque embarcamos de nuevo enseguida para Betsaida,

para evitar preguntas de Elí, Urías y sus compañeros.

‘¡En Betsaida!…

¡Cuenta tú, Andrés, a tu hermano!…

Termina tú Santiago de Zebedeo.

Santiago:

–        ¡Oh! ¡Maestro!

¡Simón! ¡Si vierais a Margziam!

¡No se le reconoce!…

Pedro exclama preguntando:

–         ¡Maldición!

¿Qué?, ¿Es mujer ahora?

Andrés reclama:

–        ¿Pero qué dices, hombre?

Es un jovencito muy apuesto, alto, delgado, porque ha crecido mucho…

¡Una cosa maravillosa!

Nos costó reconocerlo. Está tan alto como tu mujer y yo…

Pedro exulta de alegría;

al oír que su hijo adoptivo se ha desarrollado.

Y objeta:

–         ¡Hombre, ni yo ni tú ni Porfiria somos palmas!

Al máximo se nos podrá comparar con una zarza…

Andrés comenta:

–        Sí, hermano.

Pero en las Encenias, no más, era todavía un niñito escasamente desarrollado,

que apenas si nos llegaba a los hombros.

Ahora es verdaderamente un hombre joven, por la estatura, la voz y la gravedad.

Ha hecho como esas plantas que no crecen durante años y luego, al improviso,

se desarrollan de forma asombrosa.

Tu mujer ha estado muy ocupada en alargar túnicas o hacerlas nuevas.

Y las hace con dobladillos muy anchos y amplios pliegues en la cintura,

porque prevé, con razón, que Margziam seguirá creciendo.

Y en sabiduría crece todavía más.

Maestro, la humildad de Nathanael no te había dicho que durante casi dos meses

Bartolomé ha sido maestro del más pequeño y heroico de los discípulos,

que se levanta antes del amanecer para llevar a pastar a las ovejas,

cortar la leña, sacar agua, encender el fuego, barrer, hacer las compras

por amor a su mamá de adopción.

Y luego, por la tarde y hasta bien entrada le noche, estudia y escribe

como un pequeño doctor. ¡Fíjate!

Ha reunido a todos los niños de Betsaida,

y los sábados les imparte pequeñas lecciones evangélicas.

Así, los pequeños, excluidos de la sinagoga porque no molesten en las funciones,

tienen su jornada de oración como los mayores.

Me han dicho las madres que es bonito oírle hablar…

Que los niños lo quieren…

Y le obedecen con respeto y se hacen mejores, cada día más…

¡Qué discípulo más grande va a ser!

Pedro exclama maravillado:

–        ¡Pues fíjate!,

¡Fíjate! Yo… estoy emocionado…

¡Mi Margziam!

Pero ya también en Nazaret, ¿Eh?:

¡Qué heroísmo por… aquella niña! ¿Raquel, verdad?

Pedro se para a tiempo.

Y se pone como la púrpura por el miedo a haber dicho demasiado.

Por suerte, Jesús viene en su auxilio.

Y Judas está meditabundo, distraído…

0 finge estarlo.

Jesús dice:

–         Raquel.

Tienes buena memoria. Está curada.

Y sus campos producirán mucho trigo.

Hemos pasado por allí Yo y Santiago.

Mucho puede el sacrificio de un niño justo.

–        En Betsaida fue Santiago el que realizó un milagro en aquel pobre lisiado.

Y Mateo, por el camino, yendo a la casa de Jacob, curó a un niño.

Y precisamente hoy, en la plaza de aquel pueblecito que está al pie del puente,

Felipe y Juan han hecho curaciones: el primero a un enfermo de los ojos;

el segundo, a un niño endemoniado.

Jesús aprueba:

–         Lo habéis hecho todos bien.

Muy bien. Ahora vamos a ir hasta aquel pueblo de las laderas.

Nos detendremos en alguna casa para dormir.  J

Juan pregunta:

–        ¿Y tú, Maestro mío, qué has hecho?

¿Cómo está María?

¿Y la otra María? 

Jesús responde:

–        Están bien y os saludan a todos.

Están preparando túnicas y cuanto se necesita para el peregrinaje de primavera.

Están ya deseando que llegue, para estar con nosotros.

Juan afirma:

–        Susana y Juana y nuestra madre tienen la misma ansia. 

Bartolomé dice:

–         También mi mujer, con las hijas;

quiere ir este año, después de tantos, a Jerusalén.

Dice que nunca volverá a ser tan bonito como este año…

No sé por qué lo dice.

Pero ella sostiene que lo siente en el corazón.

Felipe agrega:

–          Entonces seguro que vendrá también la mía.

No me lo ha dicho…

Pero lo que hace Ana lo hace siempre María.

Simón Zelote pregunta:

–         ¿Y las hermanas de Lázaro?

Vosotros que las habéis visto…

Tomás responde:

–        Obedecen con sufrimiento a la orden del Maestro.

Y a la necesidad…

Lázaro está muy enfermo, ¿Verdad, Judas?

Casi siempre está en la cama.

Pero esperan con mucha ansia al Maestro.

Jesús dice:

–         Pronto será Pascua e iremos a casa de Lázaro.

–         ¿Pero Tú qué has hecho en Nazareth y Corozaín?

–         En Nazaret he saludado a los parientes y amigos.

Y a los parientes de los dos discípulos.

En Corozaín he hablado en la sinagoga y he curado a una mujer.

Nos hemos detenido donde la viuda.

Se le ha muerto la madre.

Un dolor y un alivio al mismo tiempo,

por los pocos recursos y por el tiempo que la asistencia a la enferma

quitaba del trabajo de la viuda, que se ha puesto a hilar por cuenta de terceros.

Pero ya no está desesperada.

Tiene asegurado lo necesario y se siente satisfecha con eso.

José va todas las mañanas donde un carpintero del Pozo de Jacob,

para aprender el oficio.

Mateo pregunta:

–        ¿Son mejores los de Corozaín?

Jesús confiesa con franqueza:

–        No, Mateo.

Son cada vez peores.

Y nos han tratado mal.

Los notables, es natural, no el pueblo llano.

Felipe dice:

–        Es un lugar muy poco recomendable.

No vuelvas.

–         Sería causa de dolor para el discípulo Elías, para la viuda y la mujer curada hoy.

Y las otras personas buenas.

Tomás agrega:

–        Sí.

Pero son tan pocos, que…

Yo no me ocuparía más de ese lugar.

Tú lo has dicho: “Es imposible de labrar”

Pedro dice:

–        Una cosa es la resina y otra los corazones.

Algo permanecerá, como semilla hundida bajo muchas glebas muy compactas.

Tardará mucho en nacer, pero, al final, nacerá.

Lo mismo Corozaín.

Un día nacerá lo que he sembrado.

No hay que desmoralizarse ante las primeras derrotas.

Jesús dice:

–        Oíd esta parábola.

Podría ser titulada: “La parábola del buen labrador”.

Un rico tenía una grande y hermosa viña.

En ella había también higueras de distintas variedades.

A la viña se dedicaba un sirviente, experto viñador y podador de árboles frutales,

que cumplía con su deber con amor a su señor y a las plantas.

Todos los años, el rico, en el mejor período del año, iba reiteradas veces a su viña

para ver madurar las uvas y los higos.

Y probar estos frutos cogiéndolos de las plantas con sus manos.

Un día pues, se acercó a una higuera de muchísima calidad;

el único árbol de esa calidad que había en la viña.

Pero también aquel día, como en los dos años anteriores,

la encontró llena de follaje

y nada fruta.

Llamó al viñador y dijo:

“Hace tres años que vengo a buscar fruta a esta higuera y no encuentro sino hojas.

Se ve que el árbol ha terminado de dar frutos.

Córtalo, pues.

Es inútil que esté aquí ocupando sitio y ocupando tu tiempo, para después

no acabar en nada.

Córtala, échala al fuego, limpia de raíces el terreno.

Y en el lugar suyo planta un arbolito nuevo.

Dentro de algunos años dará fruto”.

El viñador, que era paciente y amoroso, respondió:

“Tienes razón. Pero déjame todavía un año.

No corto el árbol.

Es más, con mayor dedicación aún, le cavaré el suelo de alrededor,

Lo abonaré, lo podaré.

¿Quién sabe, a lo mejor da todavía fruto?

Si después de esta última prueba no da fruto, obedeceré tu deseo y lo cortaré”.

Corozaín es la higuera que no da frutos.

Yo soy el buen Labrador.

El rico impaciente sois vosotros.

Dejad actuar al buen Labrador.

Simón Zelote pregunta:

–        De acuerdo.

Pero tu parábola no concluye.

¿La higuera, al año siguiente, dio fruto?

–        No dio fruto y fue cortada.

Pero el labrador quedó justificado de haber cortado un árbol que todavía era joven

y pujante, porque había hecho todo su deber.

Yo también quiero ser justificado por aquellos a quienes tenga que meter la segur

y separarlos de mi viña, donde son árboles estériles o plantas venenosas,

cobijos de serpientes, acaparadores de jugos nutritivos, parásitos o elementos

tóxicos, que deterioran y dañan a los compañeros discípulos.

O bien, que entran sin haber sido llamados, reptando con sus malignas raíces

para proliferar en mi viña, rebeldes a todo injerto, venidos sólo para espiar,

menoscabar y hacer estéril mi campo.

A éstos los cortaré cuando todo haya sido intentado para convertirlos.

Por ahora, antes de la segur, alzo las tijeras y el cuchillo del podador,

desramo e injerto…

Será un trabajo duro, para Mí, que lo hago.

Y para los que lo sufran.Pero hay que hacerlo.

Para que se pueda decir en el Cielo: “Ha cumplido todo.

Pero ellos, cuanto más los ha podado, cuanto más ha injertado o removido la tierra

de alrededor o abonado, con sudor y lágrimas, fatiga y sangre;

ellos se han hecho cada vez más estériles y malos”…

Hemos llegado al pueblo. Id todos adelante y pedid alojamiento.

Tú, Judas de Keriot, quédate conmigo.

Se quedan solos y en la penumbra de la noche, caminan uno al lado del otro,

en el máximo silencio.

Por fin Jesús dice, como hablando consigo mismo:

–         Y no obstante, aunque se haya caído en desgracia de Dios

por haber infringido su Ley, siempre podemos volver a ser lo que éramos,

renunciando al pecado…

Judas no responde nada.

Jesús sigue:

–         Y si hemos comprendido que no podemos seguir recibiendo de Dios el poder,

porque Dios no está donde está Satanás,

con facilidad se puede solucionar, prefiriendo lo que Dios concede

a lo que quiere nuestra soberbia.

Judas calla.

Jesús – y ya están a la altura de la primera casa del pueblo.

Todavía, como hablando consigo mismo,

dice:

–         Y pensar que he sufrido áspera penitencia para que se enmiende

y torne al Padre suyo…

Judas se estremece, levanta la cabeza, lo mira…

Pero no dice nada.

También Jesús lo mira..

Y luego pregunta:

–        Judas,

¿A quién estoy hablando?

–        A mí, Maestro.

Por Ti,  ya no tengo poder.

Judas sabe “por quéYA NO TIENE NINGÚN PODER...

Pero una cosa es SABERLO….

Y otra muy distinta, ES ADMITIRLO… 

Judas admite furioso:

Porque me lo has quitado para aumentárselo a Juan, a Simón, a Santiago,

A TODOS, excepto a mí.

¡No me amas, eso es lo que pasa!

Los apóstoles continúan relatando los milagros.

Y las conversiones que obtuvieron mientras van caminando.

Jesús dice:

–         Bueno.

Estamos enfrente del poblado.

Id todos a pedir hospedaje.

Menos Judas de Keriot, que se queda conmigo.

Cuando se quedan solos en la sombra del atardecer,

caminan juntos en el mayor silencio.

Finalmente, como si hablara consigo Mismo, Jesús dice:

–        Y sin embargo si se ha caído en desgracia de Dios,

por haber traspasado su Ley;

Se puede volver a ser lo que se era antes, renunciando al pecado

Judas no hace ningún comentario.

Jesús continúa:

–        Y si uno comprende que no tiene el poder de Dios;

porque Dios no está donde está Satanás.

Esto se puede remediar fácilmente…

Dando preferencia a lo que Dios concede y no a lo que nuestra soberbia pretende.

Judas no habla.

Jesús continúa:

–          Y pensar que he sufrido una áspera penitencia…

Para que él vuelva en sí y regrese a su Padre…

Judas tiene un sobresalto.

Levanta la cabeza.

Lo mira…

Pero no dice nada.

También Jesús lo mira…

Y luego pregunta:

–        Judas. ¿A quién he estado hablando?

Judas responde enojado:

–        A mí, Maestro.

Por tu culpa ya no tengo más poder.

Me lo quitaste para aumentar el de Juan, el de Simón, el de Santiago.

¡EL DE TODOS!…

¡Lo que pasa es que no me amas!

Y yo terminaré por no amarte y por maldecir la hora en que te amé.

Arruinándome ante los ojos del mundo, por causa de un rey imbécil 

que se deja vencer aún de la plebe.

No esperaba esto de Ti.

–        Ni tampoco Yo de Ti.

Pero no te he engañado.

Nunca te he forzado. ¿Por qué te quedaste a mi lado?

–         Porque te amo.

Ya no puedo separarme de Tí.

Me atraes y me causas repugnancia.

Te necesito como necesito el aire para respirar y…

¡Me causas miedo!…

¡Ah! ¡Soy un maldito!

¡Estoy condenado!

¿Por qué no me liberas del Demonio que me domina? ¡Tú que puedes!…  

La cara de Judas está amarilla, descompuesta, enloquecida.

Reflejando el miedo y el odio…

Jesús lo mira con tristeza y mucho Dolor…

Y dice:

–          Porque no hay arrepentimiento en Ti.

Estás lleno de rencor contra Dios;

como si Él fuera el culpable de tu pecado. 

Judas entre dientes, pronuncia una terrible blasfemia…

Los discípulos llegan,

y dicen:

–           Maestro.

Hemos encontrado alojamiento, repartidos en diferentes lugares…

–           Está bien.

Yo voy con Judas de Keriot.

Judas rechaza:

–           No.

Prefiero estar solo.

No me siento bien.

No te dejaría descansar.

–          Como quieras.

Entonces iré con Bartolomé.

Vosotros haced lo que queráis.

Mientras tanto vayamos a donde hay más lugar, para poder cenar juntos…

Nota importante:

Se les suplica incluir en sus oraciones a una ovejita que necesita una cirugía ocular,

para no perder la vista.

Y a un corderito, de nuestro grupo de oración, un padre de familia joven,

que necesita una prótesis de cadera, para poder seguir trabajando por ellos.

¡Que Dios N.S. les pague vuestra caridad….!

Y quién de vosotros quiera ayudarnos,

aportando una donación económica; para este propósito,

podrán hacerlo a través de éste link

https://paypal.me/cronicadeunatraicion?locale.x=es_XC

19. que nosotros tenemos como segura y sólida ancla de nuestra alma, y = que penetra hasta más allá del velo, =Hebreos 6

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