407 LA PUERTA ANGOSTA


407 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

Ya no es por la mañana, ni mediodía

El rayo enfermo de un sol que a duras penas orada las desmadejadas nubes de un tiempo

que lucha por restablecerse, dice que el astro se encamina al ocaso y el día al crepúsculo.

Las mujeres ya no están, y tampoco Isaac y Manahén;

Margziam sí, se ha quedado y está feliz al lado de Jesús, que sale de casa

y va caminando con los apóstoles y todos los familiares varones de Tomás

a ver algunas vides, que al parecer tienen un especial valor.

Tanto el anciano como el cuñado de Tomás explican la posición del majuelo

y la rareza de las plantas, que por ahora tienen sólo pequeñas y tiernas hojas.

Jesús, benignamente, escucha estas explicaciones,

interesándose de podas y escardaduras como de las cosas más útiles del mundo.

Al final dice a Tomás sonriendo:

–            ¿Debo bendecir esta dote de tu gemela?

–           ¡Mi Señor!

Yo no soy Doras ni Ismael.

Sé que tu respiro, tu presencia en un lugar, son ya bendición.

Pero si quieres levantar tu diestra sobre estas plantas hazlo,

y su fruto ciertamente será santo.

-¿Y abundante, no?

¿Tú que opinas, padre?

-Basta que sea santo. ¡Santo basta!

Y lo pisaré y te lo mandaré para la próxima Pascua.

Lo usarás en el cáliz del rito.

—         Está dicho.

Cuento con ello.

Quiero, en la próxima Pascua, consumir el vino de un verdadero israelita.

Salen de la viña para volver al pueblo.

La noticia de la presencia en el pueblo de Jesús de Nazaret se ha esparcido,

y todos los de Rama están en las calles, y con fervientes ganas de acercarse.

Jesús lo ve y dice a Tomás:

–           ¿Por qué no vienen?

¿Es que tienen miedo de mí? Diles que los quiero.

¡Tomás no deja que se lo repita dos veces!

Va de uno a otro corrillo, tan rápido que parece una mariposa volando de flor en flor.

Y los que oyen la invitación tampoco esperan a que se lo digan dos veces.

Todos se pasan la voz y, corriendo, van alrededor de Jesús;

de forma que, llegados al cruce donde está la casa de Tomás,

hay ya una discreta aglomeración de personas que respetuosamente habla con los apóstoles

y los familiares de Tomás, preguntando esto o aquello

Se comprende que Tomás ha trabajado mucho durante los meses de invierno,

y mucho de la doctrina evangélica se conoce en el pueblo.

Pero desean una explicación más detallada,

y uno, que se ha quedado muy impresionado por la bendición que Jesús

ha dado a los niños de la casa que lo hospeda y por cuanto ha dicho de Tomás, pregunta:

–            ¿Entonces todos serán justos por esta bendición tuya?

–            No por la bendición.

Por sus acciones.

Les he dado la fuerza de la bendición para confirmarlos en sus acciones.

Pero son ellos los que tienen que cumplir las acciones,

y que éstas sean sólo acciones justas, para conseguir el Cielo.

Yo bendigo a todos..

pero no todos se salvarán en Israel.

—           Es más, se salvarán muy pocos, si siguen como ahora – dice Tomás en tono de queja.

–            ¿Qué dices?

—            La verdad.

El que persigue a Cristo y lo calumnia, el que no practica lo que Él enseña,

no tendrá parte en su Reino – dice Tomás con su voz fuerte.

Uno le tira de la manga:

–             ¿Es muy severo? – pregunta, señalando a Jesús.

–            ¡Lo contrario, demasiado bueno!

–            ¿Yo? ¿Tú que opinas, que me salvaré?

No estoy entre los discípulos.

Pero tú sabes cómo soy y cómo he creído siempre en lo que me decías.

Más no sé hacer.

¿Qué tengo que hacer, exactamente, para salvarme, además de lo que ya hago?

–             Pregúntaselo a Él.

Tendrá mano más suave que la mía, y juicio más justo.

El hombre avanza hacia Jesús y dice:

–            Maestro, yo observo la Ley,

y, desde que Tomás me repitió tus palabras, trato de ser todavía más observante.

Pero soy poco generoso.

Hago lo que no tengo más remedio que hacer.

Me abstengo de hacer lo que no está bien porque tengo miedo del Infierno.

Pero estoy apegado a mis comodidades, y…

lo confieso, me las ingenio mucho para hacer las cosas sin pecar

pero tampoco incomodándome demasiado a mí mismo. ¿Con esta forma de actuar me salvaré?

–            Te salvarás.

Pero, ¿por qué ser avaro con el buen Dios, que tan generoso es contigo?

¿Por qué pretender para uno mismo sólo la salvación, a duras penas arrebatada,

y no la gran santidad que produce inmediatamente eterna paz?

¡Ánimo, hombre

¡Sé generoso con tu alma!

El hombre dice humildemente:

–            Lo pensaré, Señor.

Lo pensaré.

Siento que tienes razón, y que perjudico a mi alma obligándola a una larga expiación

antes de conseguir la paz.

–           ¡Eso es!

Este pensamiento ya es un comienzo de perfeccionamiento.

Otro de Rama pregunta:

–            ¿Señor, son pocos los que se salvan?

–             Si el hombre supiera vivir con respeto hacia sí mismo y amor reverencial a Dios,

todos los hombres se salvarían, como Dios desea.

Pero el hombre no actúa así.

Como un necio, se entretiene con el simulacro, en vez de coger el oro verdadero.

Sed generosos en vuestro deseo del Bien

¿Os cuesta? En eso está el mérito.

Esforzaos en entrar por la puerta estrecha.

La otra, bien ancha y engalanada, es una seducción de Satanás para descaminaros.

La del Cielo es estrecha, baja, austera, adusta.

Para pasar por ella hay que ser ágiles y ligeros y no estar apegados a la pompa ni a la materialidad.

Para poder pasar hay que ser espirituales.

Si no, cuando llegue la hora de la muerte, no lograréis cruzarla.

En verdad, se verá a muchos que tratarán de entrar,

pero tan engrosados de materialidad, tan engalanados de pompas humanas,

tan endurecidos por una costra de pecado,

tan incapaces de agacharse a causa de la soberbia que ya es su esqueleto, que no lo lograrán.

Irá entonces el Amo del Reino para cerrar la puerta

y los que estén afuera, los que no hayan podido entrar en el debido momento, desde fuera,

llamarán a la puerta gritando: «¡Señor, ábrenos!

¡Estamos también nosotros aquí!».

Pero Él dirá: «En verdad os digo que no os conozco, ni sé de dónde venís».

Y ellos: «¿Cómo es posible?

¿No te acuerdas de nosotros?

Hemos comido y bebido contigo, te hemos escuchado cuando enseñabas en nuestras plazas».

Pero Él responderá:

«En verdad no os reconozco.

Cuanto más os miro, más os veo saciados de aquellas cosas que declaré alimento impuro.

En verdad, cuanto más os escruto, más veo que no sois de mi familia.

En verdad, veo ahora de quién sois hijos y súbditos: del Otro.

Tenéis por padre a Satanás,

por madre la Carne, por nodriza la Soberbia, por siervo el Odio,

por tesoro tenéis el pecado y vuestras gemas son los vicios.

En vuestro corazón está escrito «Egoísmo».

Vuestras manos están manchadas de fraudes contra los hermanos.

¡Fuera de aquí! ¡Lejos de mí todos vosotros obradores de iniquidad!».

Y entonces, mientras que Abraham, Isaac, Jacob y todos los profetas y justos del Reino de Dios

se presentarán viniendo de lo profundo del Cielo fúlgidos de gloria,

ellos, los que no tuvieron amor sino egoísmo, no sacrificio sino molicie,

serán arrojados lejos, recluidos en el lugar donde el llanto es eterno y no hay sino terror.

Y los resucitados gloriosos, venidos de oriente y occidente, de septentrión y mediodía,

se congregarán a la mesa nupcial del Cordero, Rey del Reino de Dios.

Entonces se verá que muchos que parecieron «mínimos» en el ejército de la tierra

serán los primeros en la ciudadanía del Reino

10. No temas por lo que vas a sufrir: el Diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel = para que seáis tentados, = y sufriréis una tribulación de = diez días. = Manténte fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida APOCALIPSIS 2

Y, de la misma forma, verán que no todos los poderosos de Israel serán poderosos en el Cielo,

ni todos los que Cristo eligiera para el destino de siervos suyos

habrán sabido merecer la elección para la mesa nupcial.

Antes al contrario, verán que muchos, considerados «los primeros»,

serán no sólo los últimos, sino que no serán ni siquiera últimos.

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