408 APÓSTROFE A JERUSALÉN


408 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

363 Apóstrofe a Jerusalén.

Mientras Jesús está hablando, al improviso llegan unos fariseos.

Forman parte de un peregrinaje que se dirige a Jerusalén,

o que viene, en busca de alojamiento, de una Jerusalén saturada.

Ven la concentración de gente y se acercan para ver.

Pronto descubren la rubia cabeza de Jesús resplandeciente, contra el fondo oscuro de la casa de Tomás.

Irrumpen gritando:  –

¡Dejad paso, que queremos decir unas palabras al Nazareno!

Sin ningún entusiasmo se separa la gente.

Los apóstoles ven venir hacia ellos al grupo farisaico.

—        ¡Maestro, paz a T

Jesús responde:

–          La paz a vosotros.

¿Qué queréis?

–           ¿Vas a Jerusalén?

–          Como todo fiel israelita.

–          ¡No vayas!

Te espera un peligro allí.

Lo sabemos porque venimos de allá, al encuentro de nuestras familias.

Hemos venido a advertirte, porque hemos sabido que estabas en Rama.

Pedro, escamado y dispuesto a empezar una discusión.

Pregunta:

–          ¿Quién os lo ha dicho, si es lícito preguntarlo?

Le responden con altivez:

–         No es asunto de tu incumbencia, hombre

Basta con que sepas, tú que nos llamas serpientes;

que hay muchas serpientes cerca del Maestro,

Y que deberías desconfiar de los demasiados,

y de los demasiado poderosos, discípulos.

–           ¿Cómo dices?

¿No querrás insinuar que Mannahém o…

Jesús interrumpe con majestad:

–          Silencio, Pedro.

Y tú, fariseo, has de saber que ningún peligro puede apartar de su deber a un fiel.

Si se pierde la vida, no pasa nada

Lo grave es perder la propia alma contraviniendo a la Ley.

Pero tú lo sabes…

Y sabes que Yo lo sé.

¿Por qué, entonces, me tientas?

¿No sabes, acaso, que sé por qué lo haces?

–           No te tiento.

Te digo la verdad.

Muchos de nosotros serán enemigos tuyos, pero no todos.

Nosotros no te odiamos.

Sabemos que Herodes te busca….

Y te decimos: márchate.

Márchate de aquí, porque si Herodes te captura te mata seguro

Lo está deseando.

–          Lo está deseando, pero no lo hará.

Esto lo sé Yo.

¿Y sabéis lo que os digo?:

id a decirle a esa vieja raposa, que la persona que él busca está en Jerusalén.

Pues vengo expulsando demonios y obrando curaciones, sin esconderme.

Y lo seguiré haciendo hoy, mañana y pasado mañana…

Mientras dure mi tiempo.

Y es que es necesario que siga caminando hasta tocar el final.

Y es necesario que hoy y luego otra vez, y otra…

Y otra más, entre en Jerusalén; porque no es posible que mi camino se detenga antes.

Y debe cumplirse en justicia…

O sea, en Jerusalén.

–           El Bautista murió en otro lugar.

–           Murió en santidad.

Y santidad quiere decir: `Jerusalén».

Porque, si bien ahora Jerusalén quiere decir «Pecado»,

ello se refiere sólo a lo que sólo es terrestre y pronto perecerá.

Yo me refiero a lo eterno y espiritual…

O sea, a la Jerusalén de los Cielos.

En ella, en su santidad, mueren todos los justos y los profetas.

En ella moriré Yo, e inútil es vuestro deseo de inducirme al pecado.

Y moriré además, entre las colinas de Jerusalén; pero no por mano de Herodes,

sino por voluntad de quien me odia más refinadamente que él;

porque ve en Mí al usurpador del Sacerdocio apetecido, al purificador de Israel

de todas las enfermedades que lo corrompen.

No le carguéis pues, a Herodes todo el afán de matar;

tomad, más bien, cada uno vuestra parte…

en efecto, el Cordero está encima de un monte al que suben por todas partes,

lobos y chacales, para degollarlo y…

Los fariseos huyen bajo la granizada de estas verdades que queman…

Jesús los mira mientras huyen.

Luego se vuelve hacia mediodía,

hacia un claror más luminoso, que quizás indica la zona de Jerusalén…

Y, con tristeza, dice:

–             ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a tus profetas y apedreas a los que te son enviados!

¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como reúne el ave en el nido a sus pequeñuelos

bajo sus alas, y tú no has querido!

Pues bien, tu verdadero Amo dejará desierta tu Casa.

Él vendrá, hará – como establece el rito – lo que deben hacer el primero y el último de Israel,

y luego se marchará.

Ya no permanecerá dentro de tu recinto, para purificarte con su Presencia.

Y te aseguro que ni tú ni tus habitantes me volveréis a ver, en mi verdadera figura,

hasta que llegue el día en que digáis:

«Bendito el que viene en nombre del Señor»…

Y vosotros de Rama recordad estas palabras,

Y todas las otras, para no tener parte en el Castigo de Dios.

Sed fieles…

Podéis marcharos.

La paz sea con vosotros

Y Jesús se retira a la casa de Tomás con todos los familiares de éste…

Y con sus apóstoles.

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