417 LA APÓSTOL DE ANTIOQUÍA


417 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

366  Las cartas de Antioquía.

Jesús hace un gesto de silencio y abre el rollo de Síntica.

Lee:

«Síntica al Señor Jesús con todo el amor de que es capaz.

A la Madre bendita, veneración y alabanza.

A los hermanos en el Señor, gratitud y bendición.

A Margziam el abrazo de su hermana distante.

Juan te ha expuesto, Maestro, nuestra vida.

Muy sintéticamente, te ha dicho lo que hace y lo que yo, como mujer, hago.

Tengo mi pequeña escuela llena de niñas.

Gano mucho espiritualmente, porque las gano para Ti, ¡Oh mi Señor!

Hablando del verdadero Dios a través incluso del trabajo.

Esta región, donde tantas razas se han mezclado, es una maraña enredada de religiones.

Tan enredada, que… ya no son sino religiones impracticables;

deshiladuras de religiones que ya no sirven para nada.

En medio, rígida e intransigente, la fe de los israelitas,

que con su peso rompe los hilos ya deteriorados de

las otras, sin obtener nada.

Juan, teniendo varones, debe actuar con prudencia.

Yo, con las niñas, me muevo más libremente.

Ser mujer es siempre una inferioridad;

tanto, que a las familias de distintas religiones,

no les importa si las niñas se mezclan en una única escuela

Basta con que aprendan el productivo arte del bordado.

Y bendito sea este concepto despreciativo que el mundo tiene de nosotras las mujeres,

porque así me permite extender cada vez más mi radio de acción.

Los bordados se venden maravillosamente, la fama se difunde, vienen damas de lejos.

A todas les puedo hablar de Dios…

¡Ah, los hilos, que, en el telar o en la tela, se transforman en flores, animales, estrellas, también sirven,

con sólo quererlo, para encauzar a las almas hacia la Verdad!

Conociendo varias lenguas, puedo usar el griego con los griegos,

el latín con los romanos, el hebreo con los hebreos;

es más, en esta última lengua progreso cada vez más con la ayuda de Juan.

Otro medio de penetración es el ungüento de María.

He hecho mucho ungüento nuevo

con las esencias que existen aquí, mezclando en él una porcioncita del

originario para santificarlo.

Úlceras y dolores, heridas y dolor de pecho desaparecen.

Verdad es que yo, mientras unto y vendo, no ceso de repetir los dos Nombres santos: Jesús-María.

Es más, haciendo una relación con el significado griego de Cristo,

he llamado a este bálsamo “Ungüento Mirra”.

¿Es así, no?

¿No posee, acaso, la esencia salutífera de la Mirra de Dios que te engendró, Óleo precioso que nos haces reyes?

Muchas veces me debo quedar levantada para poder preparar más ungüento.

Le rogaría a la Santa que preparase también Ella más.

Y que me lo mandase para los Tabernáculos,

para poderlo mezclar con el otro, hecho por la ínfima sierva de Dios.

De todas formas, si no fuera correcto lo que hago, dímelo, Señor, y jamás lo volveré a hacer.

El amado Juan me ensalza mucho.

¿Qué debería decir yo de él, entonces?

Sufre agudamente, pero tiene una fortaleza maravillosa.

Si no conociera su secreto, estaría asombrada.

Pero desde aquella noche en que, regresando de un enfermo, lo descubrí extático y transfigurado…

Y oí sus palabras y me arrodillé porque intuí que Tú estabas Presente ante tu siervo,

ya no puedo asombrarme.

Quizás algún hermano sí que se asombrará si oye que no deploro el no haber visto yo misma.

¿Por qué debería hacerlo?

Todo está bien, todo lo que Tú das es suficiente.

Cada uno recibe la parte que merece y que le es necesaria.

Bien está pues, que Juan te tenga en forma visible y yo sólo en el espíritu.

¿Soy feliz?

Como mujer, hecho de menos el tiempo en que estaba contigo y María.

Pero como alma, soy felicísima, porque sólo ahora te sirvo, mi Señor.

Pienso que el tiempo es nada.

Pienso que la obediencia es moneda para entrar en tu Reino.

Pienso que ayudarte es gracia que supera cuanto la pobre esclava podía soñar, incluso en horas de delirio.

Y que Tú me has concedido ayudarte.

Pienso que, separada ahora, te tendré al final para toda la Eternidad.

Y canto la canción de Juan cual calandria en primavera por los campos de oro de la Hélade.

Mis niñas la cantan porque dicen que es bonita.

Yo las dejo cantar al compás del telar, tan semejante al del remo de aquel día lejano;

porque pienso que decir tu Nombre, Madre, es prepararse a la Gracia.

Juan me ruega que añada la noticia de que te ha enviado un magnífico ciudadano de Antioquía.

Se llama Nicolái.

Es su primera conquista para tu Rebaño.

Tenemos mucha confianza en que Nicolái no defraude el concepto que tenemos de él en nuestro corazón.

Bendice a tu sierva, Señor.

Bendícela, Madre.

Bendecidme todos, santos, y tú, niño bendito que creces en sabiduría junto al Señor».

Jesús concluye:

–           Esto escribe Síntica.

Y ha añadido una apostilla sin que Juan lo supiera.

Dice: “Juan sólo en el espíritu se manifiesta grande y se refuerza;

en lo demás declina, a pesar de todos los cuidados.

Tiene muchos proyectos para el principio del verano, pero creo que no podrá llevar a cabo lo que dice.

Creo que el invierno ahogará su exigua vida…

Pero está en paz.

Y se santifica con las obras y el sufrimiento.

¡Mantenle la fuerza con tu Presencia, mi Señor!

Te pido que me sometas a mí a cualquier pena a cambio de este don para tu discípulo.

Enviando las presentes con Tolmái a Lázaro, te suplico que les digas a él y a sus hermanas que

recordamos su bondad hacia nosotros y que constante y ardientemente oramos por ellos».

Todos se intercambian de nuevo impresiones.

Andrés se inclina para preguntar algo a María, pero se queda sorprendido al ver lágrimas en su cara.

Muchos de los presentes, ´preguntan:

–           ¿Por qué llora?

–            Cómo es eso, Madre? –

Margziam dice:

Yo sé por qué llora.

–           ¿Por qué llora?

–            Porque Juan ha recordado la muerte del Señor.

–             Ya, claro.

¿Es verdad?

Jesús responde:

–           Porque lo ha sabido de mi boca, para su consuelo.

–           ¡Mmm!

¡Consuelo!…

Sí, consuelo.

La promesa de que no esperará mucho a tener el Reino.

El lo merece porque os ha superado en la voluntad y obediencia.

Vamos a volver a casa.

Vamos a preparar las respuestas para dárselas a Tolmái;

tú, Margziam, adjuntarás tus libros.

–            ¡Ah! ¡Comprendo!

¡Comprendo!

¡Escribía para ellos!…

–             Sí. Vamos.

Mañana iremos al Templo…

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