432 FALSOS ADORADORES


432 IMITAR A JESUS ES EL EJEMPLO QUE SALVA

374 El día de la Parasceve.

Por las calles de Jerusalén y en el barrio de Ofel.

Salen del Templo, que hormiguea de gente

para sumergirse en el hormigueo de las calles en que todos se mueven presurosos,

atareados en los últimos preparativos pascuales;.

Y los que llegan con retraso buscan afanosamente una habitación,

un vestíbulo, un sitio cualquiera. para transformarlo en cenáculo para comer e1 cordero.

Es fácil así encontrarse.

También es fácil no reconocerse, en medio de este gentío que se agolpa,

agitado continuamente.

Y que hace pasar ante los ojos caras de todas las edades

de todas las regiones en que hay israelitas y donde la sangre pura de Israel

ha contraído, por mezclas de sangre o simplemente por mimetismo, semejanzas con otras razas.

De forma que se ven hebreos que parecen egipcios…

Y también que, por los labios salientes, las narices chatas y el ángulo facial,

parecen cruzamientos con nubienses;

otros que, por las caras afiladas, pequeñas, las extremidades gráciles, las miradas perspicaces,

delatan su procedencia de las colonias griegas o su mezcla con griegos;

mientras que otros, hombres altos y fuertes, de rostros escuadrados,

revelan claramente que no son del todo ajenos a los latinos.

Y hay también muchos que nosotros modernos diríamos que son circasianos o persas,

con un vestigio de ojos mongólicos o indios: en los rostros blanquísimos de los primeros,

en los rostros aceitunados de los segundos.

¡Un bonito calidoscopio de caras y vestidos!

Los ojos se cansan, tanto que es fácil que al final miren sin ver.

Pero lo que a uno le pasa desapercibido otro lo observa.

Es, pues, comprensible que lo que le pasa desapercibido al Maestro,

siempre un poco absorto dentro de sí cuando lo dejan en paz

y no le hacen preguntas; 

lo note uno u otro de los que están con El.

Y los apóstoles, los que van más cerca de Jesús, se señalan unos a otros

lo que ven, y cuchichean entre sí, con una serie de comentarios…

Muy humanos, respecto a las personas señaladas.

Jesús capta uno de estos comentarios incisivos,

sobre un ex discípulo que pasa con empaque, fingiendo no verlos:

Y pregunta:

–          ¿A quién decís esas palabras?

Santiago de Zebedeo lo señala,

diciendo:

—          A ese mochuelo.

Ha hecho como que no nos veía.

Y no es el único que lo hace.

Pero cuando debías curarlo y te buscaba,

¡Ah, entonces sabía vernos!

¡A ver si le regresa la pústula maligna!

–            ¡¡Santiago!!

¿Con estos sentimientos estás a mi lado y te preparas a comer el cordero?

Verdaderamente tú eres más incoherente que él.

Él se ha separado con franqueza,

cuando ha sentido que no podía hacer lo que Yo decía.

Tú te quedas, pero no haces lo que digo.

¿No eres entonces más pecador que él?

Santiago se pone colorado y avergonzado hasta de los compañeros.

Juan, para ayudar a su hermano que ha sido corregido,

exclama: 

–          ¡Es que duele ver que actúan así, Maestro!

Nuestro amor se rebela al ver su desamor…

–            Sí, ya.

¿Y pensáis que los vais a llevar al amor de esta forma?

Desaires, malas palabras, insultos… 

Nunca han llevado a un rival o a uno que piense de forma distinta al

punto a donde se querría llevar.

Son la dulzura, la paciencia, la caridad, perseverantes a pesar de todas las negativas,

las que al final consiguen.

Yo comprendo vuestro corazón, que sufre al no verme amado, y lo compadezco.

Pero querría percibiros, veros más sobrenaturales en vuestras acciones

y en vuestros medios para hacer que me amen.

¡Ánimo, Santiago, ven aquí!

No he hablado para avergonzarte.

Comprendámonos, amémonos al menos entre nosotros, amigos míos…

¡Que ya hay mucha incomprensión y dolor para el Hijo del hombre!

Santiago, tranquilizado, vuelve junto a Jesús.

Caminan un rato en silencio

Luego Tomás interviene bruscamente, con una fuerte exclamación:

–            ¡Pero es una verdadera vergüenza!

–            ¿El qué? – pregunta Jesús.

–             ¡Pues la vileza de muchos! Maestro.

¿No ves cuántos fingen que no te conocen?

–            ¿Y qué?

¿Cambiará, acaso, su modo de actuar una iota de lo que está escrito acerca de mí?

No. Sólo para ellos se cambia lo que se podría escribir.

Porque en los libros eternos se podría decir de ellos:

«Los discípulos buenos», y se escribirá:

«Los que no fueron buenos, aquellos para quienes fue nada la Venida del Mesías».

Palabra tremenda, ¿Sabéis?

Peor que la de: «Adán, con Eva, pecó».

Porque Yo puedo anular aquel pecado.

Pero no podré anular este de renegar del Verbo Salvador…

Vamos a torcer por esta parte.

Yo me detengo con los hermanos, con Simón Pedro y Santiago en el barrio de Ofel.

Judas de Simón se quedará también.

Simón Zelote, Juan y Tomás irán al Getsemaní por los talegos. 

Pedro, todavía inquieto, 

dice: 

—             Sí, así no se le atravesará el cordero a Jonás.

Los otros ríen…

–              ¡Tranquilo, tranquilo!

No te asombres de que tenga miedo.

Mañana todos podríais tener miedo, también tú.

–           ¿Yo, Maestro?

Es más fácil que el mar de Galilea se transforme en vino que no que tenga miedo yo – afirma Pedro con seguridad.

–            Sin embargo… la otra noche…

Simón… no parecías muy valiente en la escalera del palacio de Cusa –

Muerde Judas de Keriot, sin mucha ironía pero…

Siempre con el sarcasmo suficiente como para punzar a Pedro.

–             ¡Estaba agitado porque… temía por el Señor!

No por otra cosa.

Judas aplaca: 

–            ¡Bien! ¡Bien!

Esperemos que no tengamos nunca… 

Miedo a quedar mal nosotros, ¿Eh?» 

Dándole una palmada en el hombro, protector y maligno…

En otros momentos su modo de actuar habría desencadenado una reacción.

Pero Pedro, desde la noche anterior, vive en estado de…

Admiración por Judas y lo soporta en todo.

Jesús dice:

–            Felipe y Nathanael con Andrés y Mateo,

que vayan al palacio de Lázaro, a decir que ya vamos para allá.

Se separan estos últimos.

Y los otros siguen con Jesús.

Los discípulos, menos Esteban e Isaac, van con los apóstoles que han sido enviados al palacio.

En el barrio de Ofel, hay una nueva separación.

Los encargados de ir al Getsemaní se encaminan, raudos, junto con Isaac.

Esteban se queda con Jesús.

Junto con los hijos de Alfeo, Pedro, Santiago y Judas de Keriot.

Y para no estar parados en el cruce, prosiguen lentamente en la misma dirección de los que van al Getsemaní.

Van precisamente por la callecilla que será recorrida por Jesús,

entre sus torturadores la noche del Jueves Santo.

Ahora, que es casi mediodía, está vacía de gente.

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